Nos reencontramos con un viejo conocido de este blog, Gary ("La jauría del vicio", "Se busca vivo o muerto") Sherman quien, asociado a dos "mostros" del calibre de Dan O´Bannon y Ronald Sushett -responsables de libreto de "Alien, el 8º pasajero", dato este generosamente explotado con lógicos fines comerciales en el icónico cartel (aquí expuesto)- ejerciendo de guionistas (según una novela de Chelsea Quinn Yarbro), tira adelante la que podríamos calificar como su película más reputada, "Muertos y Enterrados", una de esas piezas de cultísimo del sagrado cine de horror yanki de los ochenta con la que nunca terminé de congeniar del todo. Jamás la consideré mala, solo que no le veía yo "lo qué", menos comparándola con otros títulos del mismo periodo capaces de hacerme el culo pesicola. Recientemente decidí revisarla por comprobar cómo el tiempo, y mi marchitamiento humano, afectarían a tal percepción.
En un pueblecito costero de lo más insignificante y tranquilo, comienzan a producirse crímenes salvajes contra turistas y visitantes eventuales. Lo más inexplicable y escalofriante es que los responsables son una parte considerable de los mismos, en apariencia, amables habitantes. No estoy destripando nada, que se ve desde buen arranque y forma parte de los varios enigmas presentes a lo largo del film. El sheriff local entra de cabeza en el escaso grupo de aquellos que no participan del mondongo homicida y, por supuesto, lo desconoce, hasta que los cadáveres comienzan a apestufar. Se inicia así una investigación que le llevará a descubrir un terrible secreto... seguido de otro todavía peor.
Solo por la época, y sus inevitables más agradecidas características narrativo-estéticas, es imposible decir algo netamente negativo de "Muertos y Enterrados" (tampoco es que lo pretenda). La atmósfera a base de niebla continua. Esa extraña fotografía semi etérea. Los contundentes crímenes perfectamente maquinados en el apartado látex por el gran Stan Winston (destacando en cuestiones de brutalidad el del pobre médico) y una historia muy interesante que, tal vez, flojee un pelo hacia el clímax. Sigo sin vibrar con ella, ni me entran ganas de correr a por el blu-ray, pero desde luego la cosa resulta un solvente entretenimiento de calidad media-tirando-a-superior.
Protagonizan el cristo James Farentino, la guapa Melody Anderson ("Dale Arden" en el legendario "Flash Gordon" de 1980), un joven Robert Englund (¡este hombre estaba en todas partes!), Lisa Blount enseñando las tetas, el veterano Jack Albertson dando vida al excéntrico responsable de la morgue local, Michael Currie (jefe de "Harry Callahan" en sus dos últimas aventuras), Christopher Allport (la primera víctima, lo habíamos visto en "El asesino tras la máscara" y volveríamos a verlo en el "Jack Frost" costroso de los 90), la oronda faz de Barry Corbin y Michael Pataki, el poli de los "Spiderman" televisivos quien, paralelamente, ejercía como director de cine "exploitation", suyas son "La mansión de los condenados" -bastante olvidable, según recuerdo- y "La otra Cenicienta" -es decir, el famoso cuento pasado por el prisma del pajerío soft-.
Por cierto, justo en torno al cartel de "Muertos y Enterrados" se centró en una ocasión nuestra simpática sección de caratuleo chungo, por si gustan...
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sábado, 13 de junio de 2026
sábado, 26 de abril de 2025
PUEBLO MALDITO / AULLIDOS 4
Es comprensivo que, tras los desvaríos de Philippe Mora efectuados con la primera y segunda secuelas del clásico de Joe Dante, los desalmados seres humanos obcecados en no poner fin a tan errática franquicia decidieran comenzar de cero. Para ello, ficharon a un director veterano de capa caída pero con experiencia en el género fantástico, John Hough (aviso: después de consumir la reseñada, dolerá recordarle a los mandos de "Drácula y las mellizas", "La leyenda de la mansión del infierno" y "Objetivo: Patton" entre sus films respetados, o "Incubus", "Biggles, el viajero del tiempo" y "Escóndete y tiembla" entre los menos pero, como ven, más acordes a nuesas apetencias), encargando al guionista de turno regresar a la novela original de Gary Brandner y sus propias secuelas formato escrito, que las hubo. ¿¿Y quién fue el valiente que se atrevió a aceptar la tarea?? alguien que, a partir de ahí, plantaría semillas en la saga, Clive Turner. Al muchacho le carcomía la ambición, quería dirigir y producir, lo que le llevó a continuos conflictos con John Hough. Según las malas lenguas (es decir, Imdb), Turner rodó escenas nuevas a espaldas del realizador. Y cuando había quejas respecto al guion, señalaba a un aparentemente inexistente Freddie Rowe como culpable. Esa constante y continua revisión del libreto obligó en muchas ocasiones a tirar adelante la película de forma básicamente improvisada. Irónicamente, y a pesar de los pesares, a nivel adaptativo -en cuanto al material literario- esta cuarta entrega gasta una mayor fidelidad que la película inaugural, de ahí el subtitulo en inglés, "The Original Nightmare" (la pesadilla original, payo). Para su aterrizaje en España, sufrió una de aquellas mutaciones tan propias del video-clubismo de la época, y la saga en particular, "Pueblo Maldito". Actualmente puedes dar con ella en plataformas directamente como "Aullidos 4".
Entre los puntos de conexión narrativos con el "Aullidos" de 1981 tenemos a una mujer mediática (en este caso novelista de éxito), achuchada por el estrés, acudiendo a una casa de campo para hacer reposo, lastimosamente situada a la vera de una comunidad de licántropos. También está la lugareña sexy y misteriosa, que seduce al maromo de aquella. Este resulta ser un guaperas en plan "Geyperman", rollo Lorenzo Lamas (aunque guarde más similitudes con Miles O'Keeffe), genuinamente hilarante. Cada vez que aparece en escena, cuesta no echarse una risotada. Le pone cuadriculado rostro, y tableta, Michael T. Weiss, de discretita trayectoria, tanto como el resto del personal situado frente a la cámara, destacando a la protagonista Romy Walthall, quien retomaría a su personaje en la infame -ver más abajo- "Aullidos 7". Lo de la peña oculta tras la cámara es otro cantar. Hough y Turner aparte, localizamos a Steve Johnson encargándose de los efectos especiales (a pesar del descontento general, repetiría en "Aullidos 6" o, como se la conoció por aquí, "Escalofrío: the freaks") y dos productores de cierto calibre, el hoy poderoso Avi Lerner, fundador de "Nu Image / Millennium Films", y el veterano (y de turbia reputación) Harry Alan Towers, a quien debemos varias entregas del "Fu-Manchu" cinematográfico de los 60, "El millón de ojos de Sumuru" de Lindsay Shonteff, algunas cosas de Jesús Franco y, ya más para acá, "Al borde de la locura", "Emparedada" o "El fantasma de la ópera" y "Alianza Macabra", ambas con Robert Englund. Entre finales de los ochenta y mediados de los noventa, y con el saludable fin de abaratar costes, a Towers le dio por tirar de Sudáfrica como plató. Todas sus películas situadas en ese lapso pasaron por el trance, y "Pueblo Maldito" no es una excepción (salvo algunos exteriores rodados en USA para evitar dar mucho el cante). Encargándose de la segunda unidad, Cedric Sundstrom, posterior director de "actioners" costrosos tipo "Fuego contra fuego" y las tercera más cuarta entregas de "El guerrero americano". Su hermano Neal terminaría a los mandos de, justamente, "Aullidos 5: El regreso" ¿¿nepotismo??.
Aunque no he leído los libros de Gary Brandner, sí me he informado sobre las respectivas tramas y, aparentemente, ninguna incluye la de "Pueblo Maldito" en torno a una monja asesinada cuyo fantasma ronda por el lugar (tampoco la del campanario maldito traído desde Rumanía tocho a tocho). En cualquier caso, una compañera de conventos de aquella, ya retirada, se unirá a la escritora en su investigación. Llegado el momento, y con el fin de demostrar que la monja ectoplasmática y ella eran colegas de "profesión", extrae del bolso una enorme fotaca, tamaño folio y perfectamente alisada, donde ambas posan alegremente ahí en plan "selfie" portando sus hábitos. Otro instante de pura comedia involuntaria. Juntaletras y ex-monja se meterán en mil líos hasta dar con unos hombres / mujeres lobo que se habrán hecho esperar básicamente una hora y pico de película. Cuando aparecen, pues tampoco es que brillen muchísimo, aunque sí merece destacarse la transformación de uno: primero se derrite como un helado expuesto al sol, hasta formar un charco. Y, segundos después, de este emerge en su forma "licántropica". ¿Original? puede. ¿Aparatoso? También.
Lo de invertir en paciencia para ver a los peludos se convertiría en casi un ritual afín al resto de la franquicia. Llegado cierto punto -la séptima dosis-, los productores incluso pensaron en NO incluirlos, lo que habría sido la bomba. "Suerte" que Clive Turner, por entonces ya coronado amo y señor del caos, se opuso. Había extendido sus garras de guionista a las de actor (en la quinta) y, directamente, protagonista y director de la mentada, y terrible, "Aullidos 7". Fue una de sus últimas contribuciones al arte de fabricar películas, y con justicia.
Bien, a estas alturas sobra decir que "Pueblo Maldito / Aullidos 4" es un mojón de cuidado (superado en aciertos y calidad por las dos entregas siguientes, especialmente la sexta). Telefilmesca, sosa, desaboría, aburrida y con un nivel muy bajo de truculencia + tetas... que haberla/s hayla/s (fascinante la incursión descarada y gratuita de una pava desnuda en la caratula), pero no compensa.
Sin embargo, como materia reseñable es oro puro.
Entre los puntos de conexión narrativos con el "Aullidos" de 1981 tenemos a una mujer mediática (en este caso novelista de éxito), achuchada por el estrés, acudiendo a una casa de campo para hacer reposo, lastimosamente situada a la vera de una comunidad de licántropos. También está la lugareña sexy y misteriosa, que seduce al maromo de aquella. Este resulta ser un guaperas en plan "Geyperman", rollo Lorenzo Lamas (aunque guarde más similitudes con Miles O'Keeffe), genuinamente hilarante. Cada vez que aparece en escena, cuesta no echarse una risotada. Le pone cuadriculado rostro, y tableta, Michael T. Weiss, de discretita trayectoria, tanto como el resto del personal situado frente a la cámara, destacando a la protagonista Romy Walthall, quien retomaría a su personaje en la infame -ver más abajo- "Aullidos 7". Lo de la peña oculta tras la cámara es otro cantar. Hough y Turner aparte, localizamos a Steve Johnson encargándose de los efectos especiales (a pesar del descontento general, repetiría en "Aullidos 6" o, como se la conoció por aquí, "Escalofrío: the freaks") y dos productores de cierto calibre, el hoy poderoso Avi Lerner, fundador de "Nu Image / Millennium Films", y el veterano (y de turbia reputación) Harry Alan Towers, a quien debemos varias entregas del "Fu-Manchu" cinematográfico de los 60, "El millón de ojos de Sumuru" de Lindsay Shonteff, algunas cosas de Jesús Franco y, ya más para acá, "Al borde de la locura", "Emparedada" o "El fantasma de la ópera" y "Alianza Macabra", ambas con Robert Englund. Entre finales de los ochenta y mediados de los noventa, y con el saludable fin de abaratar costes, a Towers le dio por tirar de Sudáfrica como plató. Todas sus películas situadas en ese lapso pasaron por el trance, y "Pueblo Maldito" no es una excepción (salvo algunos exteriores rodados en USA para evitar dar mucho el cante). Encargándose de la segunda unidad, Cedric Sundstrom, posterior director de "actioners" costrosos tipo "Fuego contra fuego" y las tercera más cuarta entregas de "El guerrero americano". Su hermano Neal terminaría a los mandos de, justamente, "Aullidos 5: El regreso" ¿¿nepotismo??.
Aunque no he leído los libros de Gary Brandner, sí me he informado sobre las respectivas tramas y, aparentemente, ninguna incluye la de "Pueblo Maldito" en torno a una monja asesinada cuyo fantasma ronda por el lugar (tampoco la del campanario maldito traído desde Rumanía tocho a tocho). En cualquier caso, una compañera de conventos de aquella, ya retirada, se unirá a la escritora en su investigación. Llegado el momento, y con el fin de demostrar que la monja ectoplasmática y ella eran colegas de "profesión", extrae del bolso una enorme fotaca, tamaño folio y perfectamente alisada, donde ambas posan alegremente ahí en plan "selfie" portando sus hábitos. Otro instante de pura comedia involuntaria. Juntaletras y ex-monja se meterán en mil líos hasta dar con unos hombres / mujeres lobo que se habrán hecho esperar básicamente una hora y pico de película. Cuando aparecen, pues tampoco es que brillen muchísimo, aunque sí merece destacarse la transformación de uno: primero se derrite como un helado expuesto al sol, hasta formar un charco. Y, segundos después, de este emerge en su forma "licántropica". ¿Original? puede. ¿Aparatoso? También.
Lo de invertir en paciencia para ver a los peludos se convertiría en casi un ritual afín al resto de la franquicia. Llegado cierto punto -la séptima dosis-, los productores incluso pensaron en NO incluirlos, lo que habría sido la bomba. "Suerte" que Clive Turner, por entonces ya coronado amo y señor del caos, se opuso. Había extendido sus garras de guionista a las de actor (en la quinta) y, directamente, protagonista y director de la mentada, y terrible, "Aullidos 7". Fue una de sus últimas contribuciones al arte de fabricar películas, y con justicia.
Bien, a estas alturas sobra decir que "Pueblo Maldito / Aullidos 4" es un mojón de cuidado (superado en aciertos y calidad por las dos entregas siguientes, especialmente la sexta). Telefilmesca, sosa, desaboría, aburrida y con un nivel muy bajo de truculencia + tetas... que haberla/s hayla/s (fascinante la incursión descarada y gratuita de una pava desnuda en la caratula), pero no compensa.
Sin embargo, como materia reseñable es oro puro.
domingo, 7 de marzo de 2021
IN SEARCH OF DARKNESS PART 2
Fíjate tu, en la reseña de la primera parte de "In search of darkness" me preguntaba ande andaban Tom Savini o Linnea Quigley, a los que les gusta más una cámara que a un tonto una piruleta. Pues ahora ya lo sabemos: esperando salir en la segunda parte. Y aquí están. Casi parece que mi queja fuese tomada en consideración, porque pal caso no se limitan a hablar de las pelis en las que metieron mano, disponen también de su propio rincón, donde rememoran las respectivas trayectorias casi al completo. Justamente, esa vendría a ser la genuina novedad de este "In search of darkness part 2" con respecto a la precedente, que además de los ya conocidos repasos a toda velocidad de sendos títulos emblemáticos de los años ochenta (y que, en esta ocasión, se expanden no solo a cosas más oscuras y costrosas como "The Boogens", "Hollywood Chainsaw Hookers" de nuestro amigo Fred Olen Ray o un par de títulos de la pizpireta Jackie Kong, también a otras extremadamente populares y cuya presencia en un documental sobre cine de terror podría ser discutida, como la maravillosa "La tienda de los horrores") incluyen cápsulas en las que se detienen a charlar extensamente -todo lo que permite el espacio que le reservan- de temas como el terror italiano, los vídeo-juegos de temática horrorífica, proyectos no-natos o movidas más genéricas, así como los arriba mentados recorridos por las filmografías de otros invitados de lujo del calibre de Robert Englund o Nancy Allen. Se siguen echando de menos habituales como Bruce Campbell o John Landis, e insisto en ello a ver si, así, salen en la tercera.
Entre los momentos álgidos, tenemos a Joe Dante hablando otra vez de los exploitations de sus títulos de éxito, en el caso anterior eran las secuelas de "Aullidos", aquí se centra en "Gremlins" y lo que la siguió. A Joe Bob Briggs esputando una gran verdad sobre aquellos films que, estirando el elemento humorístico, pretenden ganarse de forma deshonesta un lugar de honor en el podio de las cult-movies (un zasca a la Troma??). O al técnico de efectos especiales Steve Johnson que, al haber participado en una gran parte de los títulos diseccionados, puede añadir mucha información. Y, de paso, nos aclara el misterio de cómo Linnea Quigley y él se hicieran pareja tras tener que sacarle un molde de las tetas para "La noche de los demonios" (coñas aparte, lo cierto es que conocía esa historia y verla, por fin, contada por sus protagonistas me hizo mucha gracia).
En el lado de lo criticable, está algo que ya veíamos en la primera, esos ridículos "speechs" en los que se habla del cine de terror como si fuese la cura para el cáncer, pretendiendo de este modo darle una pátina de respetabilidad o, peor, positividad de cara al mainstream (y el media que suele detestarlo y acusarlo de violento) que no necesita para nada. ¡Cómo odio esas cosas!. Me encanta la devoción del yanki medio, pero en estos aspectos suele perder el pedal y tomárselo demasiado en serio, aplicando un exceso de emotividad a algo que, ciertamente, no le pertoca (es ya cansino el rollo de que las "final girls" de los slashers inspiran para superar momentos duros de la vida de uno... ¡no me jodas!).
Con todo, y teniendo en cuenta la extensa duración, "In search of darkness part 2" sigue siendo igual de disfrutable que la otra. Imposible no emocionarse si creciste consumiendo todos estos títulos impepinables y, sí, es cierto: Ya no se hacen así, ni se harán nunca, ni -lo más importante- nadie ha sido + es capaz de mimetizarlas de modo correcto, así que basta ya de intentarlo, por favor (o de ocultar sus incapacidades tras la cantinela para engañar a los fanes).
Entre los momentos álgidos, tenemos a Joe Dante hablando otra vez de los exploitations de sus títulos de éxito, en el caso anterior eran las secuelas de "Aullidos", aquí se centra en "Gremlins" y lo que la siguió. A Joe Bob Briggs esputando una gran verdad sobre aquellos films que, estirando el elemento humorístico, pretenden ganarse de forma deshonesta un lugar de honor en el podio de las cult-movies (un zasca a la Troma??). O al técnico de efectos especiales Steve Johnson que, al haber participado en una gran parte de los títulos diseccionados, puede añadir mucha información. Y, de paso, nos aclara el misterio de cómo Linnea Quigley y él se hicieran pareja tras tener que sacarle un molde de las tetas para "La noche de los demonios" (coñas aparte, lo cierto es que conocía esa historia y verla, por fin, contada por sus protagonistas me hizo mucha gracia).
En el lado de lo criticable, está algo que ya veíamos en la primera, esos ridículos "speechs" en los que se habla del cine de terror como si fuese la cura para el cáncer, pretendiendo de este modo darle una pátina de respetabilidad o, peor, positividad de cara al mainstream (y el media que suele detestarlo y acusarlo de violento) que no necesita para nada. ¡Cómo odio esas cosas!. Me encanta la devoción del yanki medio, pero en estos aspectos suele perder el pedal y tomárselo demasiado en serio, aplicando un exceso de emotividad a algo que, ciertamente, no le pertoca (es ya cansino el rollo de que las "final girls" de los slashers inspiran para superar momentos duros de la vida de uno... ¡no me jodas!).
Con todo, y teniendo en cuenta la extensa duración, "In search of darkness part 2" sigue siendo igual de disfrutable que la otra. Imposible no emocionarse si creciste consumiendo todos estos títulos impepinables y, sí, es cierto: Ya no se hacen así, ni se harán nunca, ni -lo más importante- nadie ha sido + es capaz de mimetizarlas de modo correcto, así que basta ya de intentarlo, por favor (o de ocultar sus incapacidades tras la cantinela para engañar a los fanes).
sábado, 14 de septiembre de 2019
SEÑALADO POR LA MUERTE
Steven Seagal lleva 30 largos años interpretando al mismo personaje, algo que resulta incluso fascinante. Salvo casos muy muy concretos, y atípicos, siempre ha hecho de duro poli, agente, militar, guerrillero, loquesea y sin moverse del cine de acción/thriller. Creo que es un caso único en la historia del séptimo arte. Claro que hace ya tiempo que la filmografía del pétreo actor anda estancada de mierda en mierda. Mucha. Ahora se anuncia una absurda y tardía secuela de su film de debut, "Por encima de la ley", pero ya veremos si fructifica. De momento centrémonos en los años durante los que Seagal se encontraba en pleno despegue, ganándose a pulso un puesto de honor entre los "action heroes" de toda la vida. "Por encima de la ley" y "Difícil de matar" no acababan de convencer. Faltaba LA PELÍCULA de Steven Seagal, y a mi juicio llegó con "Señalado por la muerte".
Narrativamente no cuenta nada que no hayamos visto mil veces. Incluso en la época de su estreno: Un agente de la D.E.A, harto de ver que su lucha contra el crimen no sirve para nada, se retira. Vuelve a la tierra natal y se instala con su querida familia. Pero ¡ah amigo!, resulta que la zona está dominada por un clan de rastafaris malvados que osan vender drogas a los buenos chicos blancos norteamericanos de barrio residencial. Encima, su jefe es un psicópata de ojos verdes obsesionado con el vudú y la magia negra. No hace falta decir que, aunque a regañadientes, Seagal terminará enfrentado con todos ellos. Su familia sufrirá, lo que la liará más parda y será motivo suficiente para que nuestro héroe duro, y chulesco hasta lo desagradable, no deje ni una sola rasta derecha.
En su época fui a ver "Señalado por la muerte" entusiasmado. Era fan de Steven Seagal. Y me flipó. Me encantó. Básicamente por ser su película más truculenta -con fugaces pero contundentes destellos gore- y lidiar tímidamente con el terror, lo que le daba un rollo un poco distinto.
Steven Seagal es el único "action heroe" que logra hacerme empatizar con los villanos, porque las hostias que les mete DUELEN. Pero de verdad. Hacen auténtico daño. Son retorcidas y sádicas. Todavía me da escalofríos ese plano dedicado a demostrar, con todo detalle, cómo Seagal le rompe el brazo a uno de los rastafaris. Ay!. ¿Y qué me dicen de la manera en la que despacha al jefe de los malos? Creo que ningún pillastre del cine ha sufrido una muerte más burra, cito (spoilers!): Seagal usa sus pulgares para hundirle los ojos en primerísimo primer plano (agh!), luego lo levanta por el aire y lo lanza contra su rodilla, partiéndole la espina dorsal (uff!). Una vez el pobre individuo se ha convertido en un muñequito inerte, lo lanza por el hueco del ascensor para terminar ensartado en un puntiagudo hierro (toma!). ¿Quién da más?.
El reparto de "Señalado por la muerte" va cargadito de rostros reconocibles, Keith David, Joanna Pacula, la "scream queen" Danielle Harris, Kevin Dunn, Peter Jason, el inevitable Danny Trejo, la actriz porno Teri Weigel (que sale en pelotas, claro. Interpreta a la concubina de un mafioso, exactamente el mismo papel que hizo en "Depredador 2") y el entrañable casi figurante de color Jeffrey Anderson-Gunter. Los guionistas son los mismos de "Poltergeist". El director es un personaje no exento de interés, Dwight H. Little, que comenzó en los ochenta dirigiendo subproductos de acción y aventuras para pasar luego al terror con "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" (donde conoció a Danielle Harris) o el "Fantasma de la ópera" con Robert Englund. Luego de "Señalado por la muerte" dirigió a Brandon Lee en "Rapid Fire". Le siguieron "Liberad a Willy 2" y "Murder at 1600 (Asesinato en la Casa Blanca)", un vehículo de lucimiento para Wesley Snipes que fracasó, lo que acabó condenando a Dwight H. Little a currar en televisión.
"Señalado por la muerte" es de 1990, pero podemos decir que, a su manera, todavía conserva parte del espíritu del buen cine de acción de la década previa, aquel que ya no se hace, lo que contribuye a que, sin ser un peliculón en lo suyo, entretenga un buen rato.
Narrativamente no cuenta nada que no hayamos visto mil veces. Incluso en la época de su estreno: Un agente de la D.E.A, harto de ver que su lucha contra el crimen no sirve para nada, se retira. Vuelve a la tierra natal y se instala con su querida familia. Pero ¡ah amigo!, resulta que la zona está dominada por un clan de rastafaris malvados que osan vender drogas a los buenos chicos blancos norteamericanos de barrio residencial. Encima, su jefe es un psicópata de ojos verdes obsesionado con el vudú y la magia negra. No hace falta decir que, aunque a regañadientes, Seagal terminará enfrentado con todos ellos. Su familia sufrirá, lo que la liará más parda y será motivo suficiente para que nuestro héroe duro, y chulesco hasta lo desagradable, no deje ni una sola rasta derecha.
En su época fui a ver "Señalado por la muerte" entusiasmado. Era fan de Steven Seagal. Y me flipó. Me encantó. Básicamente por ser su película más truculenta -con fugaces pero contundentes destellos gore- y lidiar tímidamente con el terror, lo que le daba un rollo un poco distinto.
Steven Seagal es el único "action heroe" que logra hacerme empatizar con los villanos, porque las hostias que les mete DUELEN. Pero de verdad. Hacen auténtico daño. Son retorcidas y sádicas. Todavía me da escalofríos ese plano dedicado a demostrar, con todo detalle, cómo Seagal le rompe el brazo a uno de los rastafaris. Ay!. ¿Y qué me dicen de la manera en la que despacha al jefe de los malos? Creo que ningún pillastre del cine ha sufrido una muerte más burra, cito (spoilers!): Seagal usa sus pulgares para hundirle los ojos en primerísimo primer plano (agh!), luego lo levanta por el aire y lo lanza contra su rodilla, partiéndole la espina dorsal (uff!). Una vez el pobre individuo se ha convertido en un muñequito inerte, lo lanza por el hueco del ascensor para terminar ensartado en un puntiagudo hierro (toma!). ¿Quién da más?.
El reparto de "Señalado por la muerte" va cargadito de rostros reconocibles, Keith David, Joanna Pacula, la "scream queen" Danielle Harris, Kevin Dunn, Peter Jason, el inevitable Danny Trejo, la actriz porno Teri Weigel (que sale en pelotas, claro. Interpreta a la concubina de un mafioso, exactamente el mismo papel que hizo en "Depredador 2") y el entrañable casi figurante de color Jeffrey Anderson-Gunter. Los guionistas son los mismos de "Poltergeist". El director es un personaje no exento de interés, Dwight H. Little, que comenzó en los ochenta dirigiendo subproductos de acción y aventuras para pasar luego al terror con "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" (donde conoció a Danielle Harris) o el "Fantasma de la ópera" con Robert Englund. Luego de "Señalado por la muerte" dirigió a Brandon Lee en "Rapid Fire". Le siguieron "Liberad a Willy 2" y "Murder at 1600 (Asesinato en la Casa Blanca)", un vehículo de lucimiento para Wesley Snipes que fracasó, lo que acabó condenando a Dwight H. Little a currar en televisión.
"Señalado por la muerte" es de 1990, pero podemos decir que, a su manera, todavía conserva parte del espíritu del buen cine de acción de la década previa, aquel que ya no se hace, lo que contribuye a que, sin ser un peliculón en lo suyo, entretenga un buen rato.
sábado, 27 de mayo de 2017
LOS FOTOCROMOS DE "FREDDY CONTRA JASON"
Tras muchos años de espera, y mucho cacareo, el proyecto de enfrentar en una misma peli a Freddy Krueger y Jason Voorhees (entonces ya propiedad de New Line) finalmente se materializó bajo la tutela de Ronny Yu.
Al parecer fue todo un éxito. Pero digo yo que no lo sería tanto si nunca generó ni la secuela rumoreada, ni tampoco ese extraño delirio en el que iban a incluir al Ash de "Evil Dead" en el petate. De hecho, comenzó a oírse también que había ideas para un "Pinhead versus Michael Myers" pero, afortunadamente, no llegaron a cuajar.
Lo que sí llegó, y fue a las pantallas, es este "Freddy contra Jason" precedido por una encuesta en la red que daba la oportunidad a los fans de votar quién querían que ganase. Yo voté a Jason. Estaba claro que no iba a ganar ninguno, porque ahí fuera había demasiado dinero, er, digo, demasiado público encariñado con ambos como para arriesgarse a perderlo. Pero al final, de alguna manera, digamos que el amigo Voorhees acabó alzándose victorioso.
Al parecer fue todo un éxito. Pero digo yo que no lo sería tanto si nunca generó ni la secuela rumoreada, ni tampoco ese extraño delirio en el que iban a incluir al Ash de "Evil Dead" en el petate. De hecho, comenzó a oírse también que había ideas para un "Pinhead versus Michael Myers" pero, afortunadamente, no llegaron a cuajar.
Lo que sí llegó, y fue a las pantallas, es este "Freddy contra Jason" precedido por una encuesta en la red que daba la oportunidad a los fans de votar quién querían que ganase. Yo voté a Jason. Estaba claro que no iba a ganar ninguno, porque ahí fuera había demasiado dinero, er, digo, demasiado público encariñado con ambos como para arriesgarse a perderlo. Pero al final, de alguna manera, digamos que el amigo Voorhees acabó alzándose victorioso.
Tiene sentido. A fin de cuentas, Freddy solo había sido una moda pasajera ya algo olvidada para cuando se lanzó "Freddy contra Jason", por lo que su voto no pudo contar con el respaldo de la masa que, años atrás, había acudido a los cines, limitándose a los fans, menos que los del de la máscara de hockey. Por una sencilla razón, este último llevaba más años currándoselo, nunca había sido un personaje masificado y su cantera de adoradores era más fiel y apasionada que la de Krueger. La magia de ser una figura de culto. Además, este era un niño deforme marginado en continua venganza contra guapos y folladores, mientras que el otro, el de las garras, era un irritante asesino de críos.
Fui a ver "Freddy contra Jason" en su estreno y no sabría decirles qué sensación me dejó. Así que decidí volver a verla hace poco, justo con el fin de escribir algo coherente que acompañara a sus incompletos fotocromos, y me quedé igual. No sé qué decir. Ni me gustó, ni me disgustó. Tiene sus cosas buenas, como el generoso gore, alguna idea suelta (Jason en llamas matando pseudo ravers o la cabaña en medio de un lago donde vive y guarda los cadáveres de sus víctimas, que Freddy adquiera un aspecto más demoníaco cuando se enfada...) y que es una chorrada más o menos entretenida.
Igual que con el remake oficial de "Viernes 13", hubo bulla porque no se fichó a Kane Hodder para encarnar al tío de la máscara, pero joder, seamos prácticos, ¡¿qué cojones importa?!. Robert Englund sí había hecho suyo a Freddy desde buen principio. ¿Pero Hodder?. Además, en cuanto a físico y fiereza, prefiero los Jasons de las tercera y cuarta partes. El de la peli que nos ocupa, independientemente de quien lo interpretara, ya mola, ahí todo gigantón y de piel grisácea. Nada que objetar.
Al final lo mejor de la función es Monica Keena, que, a pesar de estar recauchutada, me la comería con pan y cebolla. Claro que no dejó mucha huella, porque su carrera posterior quedó estancada en las "cloacas" del cine olvidable, y encima pasó otra vez por quirófano para acabar de jorobar más su aspecto, lástima.
En fin, no sé, supongo que "Freddy contra Jason" era una ocurrencia demasiado obtusa para que diera como resultado una peli excelente y generara algo más allá del chiste que en el fondo era y sigue siendo.
Igual que con el remake oficial de "Viernes 13", hubo bulla porque no se fichó a Kane Hodder para encarnar al tío de la máscara, pero joder, seamos prácticos, ¡¿qué cojones importa?!. Robert Englund sí había hecho suyo a Freddy desde buen principio. ¿Pero Hodder?. Además, en cuanto a físico y fiereza, prefiero los Jasons de las tercera y cuarta partes. El de la peli que nos ocupa, independientemente de quien lo interpretara, ya mola, ahí todo gigantón y de piel grisácea. Nada que objetar.
Al final lo mejor de la función es Monica Keena, que, a pesar de estar recauchutada, me la comería con pan y cebolla. Claro que no dejó mucha huella, porque su carrera posterior quedó estancada en las "cloacas" del cine olvidable, y encima pasó otra vez por quirófano para acabar de jorobar más su aspecto, lástima.
En fin, no sé, supongo que "Freddy contra Jason" era una ocurrencia demasiado obtusa para que diera como resultado una peli excelente y generara algo más allá del chiste que en el fondo era y sigue siendo.
lunes, 15 de febrero de 2016
C.H.U.D.
Un fotógrafo descubre un buen día, a través de una serie de
vagabundos que moran en las cloacas, que en estas habitan una serie de
monstruos -se refieren a ellos siempre
en plural, aunque el espectador siempre vea solo uno- que, hablando en plata,
se están comiendo a la gente. Tras descubrir esto, el fotógrafo junto con uno
de los vagabundos y la policía, se pone a investigar a ver que es lo que
demonios pasa, y se descubre que estos monstruos son generados por la basura y
los residuos tóxicos. Y mientras va ocurriendo todo esto, los protagonistas
hablan y hablan, y hablan, y hablan…
Un pequeño clásico de los vídeo clubes y un pequeño éxito de
los mismos, al menos en los USA, dónde tras su pequeño estreno en pocas salas
–y distribuida por New World- llegó a generar un pastizal en formato domestico.
Tampoco fue discreto su paso por los estantes de los video clubes españoles,
donde llamaba poderosamente la atención el monstruito protagonista, sin duda
mucho más chanante en la carátula del vídeo que en la propia película.
“C.H.U.D.” vendrían a ser las siglas de “Canibalistic Humanoid Underground Dweller”
(¿A que mola?) o lo que vendría a ser lo mismo, “Humanoide canibalista que
habita en el subsuelo”. Y aunque luego en la propia película se daría otra
definición de las siglas (“Contamination Hazard
Urban Disposal” que vendría a ser algo así como “Contaminación peligrosa
por basura urbana”), en la versión española estas siglas dieron lugar al
cachondo subtítulo de “Caníbales Humanoides Ululantes Demoníacos”. Y la verdad
es que de cachonda la película no tiene nada. Es más, se antoja seria, muy
seria. Lo que sería una cosa a tener en cuenta de no ser porque la película
entera, pese al interesante punto de partida, es un autentico rollazo en el que
se escasea en todo lo referente al monstruito y los asesinatos, en pro de una
larga investigación por parte de los personajes principales que deriva en
conversaciones eternas que merman el resultado final de la película. Ergo, aún
resultando simpática en su conjunto, la verdad es que es un bodrio. Pero el
aburrimiento es su talón de Aquiles porque lo cierto es que no es una película
que esté en absoluto mal realizada, ni tiene ningún tipo de estridencia
voluntaria o involuntaria. Vamos, que se deja ver, que es una película muy
digna…. Pero taaaaaan aburrida….Eso no fue óbice para que un año después de su
concepción, se presentara a todo tipo de festivales de cine fantástico ganando
el gran premio en el, antaño, mítico festival de cine fantástico de Avoriaz.
Así mismo, se puede destacar un reparto
plagado, sino de fulgurantes estrellas, si de personalidades que luego tendrían
su peso en el cine mainstream, caso este el de John Goodman, que aparece un
momentín interpretando a un policía un tanto desagradable. Asi mismo, uno de
los papeles principales, el del vagabundo, tenía que haber sido interpretado
por un Robert Englund en ciernes, que rechazó el papel a favor de otra cosilla
que le había salido a la vez; tenía que interpretar a un tal Freddy Krueger en
una película de Wes Craven. Se decidió por el tal Krueguer cediendo el papel a
su amigo Daniel Stern cuyo momento de mayor gloria fue cuando tuvo papeles
destacados en “Hanna y sus Hermanas” o “Cowboys de ciudad” además de aparecer
en “Leviathan, el demonio del abismo”, posteriormente. También tenemos a un
jovencito John Heard al que hemos visto en
cosas como “Jo ¡Que noche!” o “Gladiator”, secundando al otro
jovenzuelo. Pero la nota exótica se da cuando, después de “C.H.U.D.” ambos
actores – Heard y Stern- aparecieron juntos en las películas “Un lugar llamado
Milagro” y “Solo en casa” ¡Que maldita coincidencia! ¡Ambos salen de “C.H.U.D”!
Por otro lado, se dice por ahí, que el guión
original de la película, firmado oficialmente por Parne Hall era tan desastroso, que ante la disconformidad
de Daniel Stern ante una puta mierda como aquella, se le invitó a reescribirlo.
Así que eso hizo en compañía de
Christopher Curry, añadiendo y quitando cosas a su antojo, y dejando la
película un poco mas niquelada. Aún así, y a saber por qué, ambos decidieron no
salir acreditados en la película, y ceder la autoría al guionista original.
Total, “C.H.U.D.” no deja de ser una mierdecilla…
En cuanto a la dirección, esta recae en manos
de un correcto Douglas Cheek, que aunque nunca más volvió a dirigir una
película, al menos se ha ganado la vida honradamente como editor de película y
telefilmes de la más variada índole.
Para finalizar, decir que, como la película
fue un éxito en resumidas cuentas, cuatro años después generó una secuela
“C.H.U.D.2: Bud the CHUD” que si me da el punto, lo mismo me veo un día de
estos y la “Revieweo” por aquí.
martes, 10 de noviembre de 2015
ON THE CHEAP: MY LIFE IN LOW BUDGET FILMMAKING (DE GREYDON CLARK)
Alumno aventajado nada menos que de Al Adamson, y cineasta genuinamente exploiter e independiente, Greydon Clark, ya anciano, pensó que lo que tenía que contar era lo suficientemente interesante como para auto editarse un libro que recopilase datos y anécdotas de su carrera en esto del séptimo arte de baja estofa. A Clark debemos un puñado de películas, algunas de las cuales, por no decir todas, se han ganado justificada fama de “malas pero divertidas”, aunque también las tiene directamente insufribles. Por ejemplo, quizás su título más popular sea “Llegan sin avisar”, que se adelantó por completo a “Depredador” (en el libro, Clark asegura que Schwarzenegger reconoció abiertamente esa deuda), seguido del más “mainstream”, “Lambada, el baile prohibido”. Entre medias localizamos muchas otras cosuchas como la insalubre “El regreso de los extraterrestres”, comedias insufribles como “Waco” (un spoof de terror que no funciona la agarres por donde la agarres... como puedas) o “Joysticks” (esta ni la terminé), historias de cabezas rapadas malos (“Skinhead”) o más de bichos purulentos, destacando “Uninvited”.
Todas ellas, y algunas otras, son diseccionadas en un libro que Clark construye como si fuese el guión de una peli, diálogos incluidos (¡que portentosa memoria tiene el hombre!, ¡o cómo se lo inventa todo!). Estructura esta que pronto se vuelve monótona y cansina, con un nivel cero de imaginación. Lo extraño es que el cineasta parece sentir predilección por contar las anécdotas más chorras y con menos enjundia antes de ofrecernos algo realmente jugoso. O realmente divertido. Que se centre en cómo explica a sus jóvenes e ignorantes ayudantes para qué sirve el montaje, es de un evidente y una inutilidad que asombran. Y es que en realidad el fin de estas memorias es mostrarnos a nosotros, incrédulos e irrespetuosos espectadores, cómo se jugaba el cuello (y la casa, y la salud...) financiando sus películas independientes (en algunos casos a un paso de ser caseras). Tal vez crea que sabiéndolo vamos a ser más benevolentes juzgando los resultados… pero no creo que sirva de mucho. A mi no me cuentes milongas, la peli me gustará o no, pero saber cómo se hizo y los problemas que tuvo puede ser interesante, desde luego, sin embargo no influirá en mi parecer.
También se pasa más de la mitad del libro demostrando lo buen tipo, paciente, comprensivo, buencha, majete, amable, generoso, afectuoso, respetuoso y progresista que era y es (¡y qué malos e inútiles todos los demás!). Un auténtico ángel a juzgar por sus palabras. Además, la peña que le rodeaba le tenía en gran consideración y alababan continuamente su arte y su capacidad de dirigir y resolver pifostios. ¡¡Que seria del mundo del cine sin el talento de Greydon Clark, por dios!!. Ejecuta esa práctica tan fea de tirar la piedra, esconder la mano y disculparse después poniendo cara de perrito apaleado. ¡Mal, feo!.
Si superamos tan irritante y constante práctica, encontraremos un puñado de curiosos personajes bien populares que cruzaron por la vida del cineasta, siempre asociándose a ellos en el peor momento de sus carreras. El mismo Al Adamson, que como todo exploiter del periodo era un auténtico hijo de puta. Martin Landau, George Kennedy, Tony Curtis, Chuck Connors, Joe Don Baker o, muy especialmente, un Menahem Golan post-“Cannon” cuyo único fin en la vida era competir con su hermano y ganarle. Produjo “Lambada, el baile prohibido” justamente por eso, porque Yoram Globus andaba pariendo su propia peli del tema. Y si contrató a Clark sin haber visto nada de su autoría fue, simplemente, porque le contaron que era muy rápido y quería estrenar el resultado antes que el otro. En resumen, la peli le importaba un huevo. Y sí, Clark era un fenómeno en cuestión de velocidad, aspecto que lograba acudiendo a las salidas estéticas y narrativas más simples, bobaliconas y visualmente elementales. Basando su única técnica de dirección de actores -a tenor de sus propias palabras- en decirles “Estás sobreactuando, rebájalo un poco” (cosa esta a la que alude en dos ocasiones diferentes, como si hubiese olvidado que ya lo había explicado en un capítulo previo). Pero no solo de viejas glorias se nutren las memorias de Greydon Clark, también aparecen Dean Cundey, Cibbyl Shepherd, Robert Englund o Michael Moore (sí, ese) en los inicios o mejores momentos de sus trayectorias artísticas.
La única vez que el tipo echa un poco de mierda sobre su propio tejado es cuando habla del fallecimiento del "stunt" Vic Rivers en el rodaje de su película "Hi-Riders (Los intrépidos salvajes)". Se confiesa responsable... eso sí, tras dejar claro que, legalmente y según el juez -y el resto de "stunts" presentes-, estaba libre de culpa.
Tampoco pasarán a la historia de la literatura cinematográfica todas las partes dedicadas a cuestiones monetarias, a cómo negociaba con inversores privados o con el banco. A los consejos legales de abogados. En fin, a todo aquello que, aunque en el universo de un cineasta súper-comercial y artesano como Clark encajan con lógica, a mi me importan un huevo. Son aburridas y me confirman que ese es el tipo de director/hombre de negocios que nunca estará en mi lista de favoritos. También Juan Piquer era un astuto empresario, pero luego ya ven lo que paría el pobre.
En un momento dado, y tras rodar un thriller "hitchcockiano" de lo más convencional originalmente destinado a la caja tonta, el autor confiesa que se sentía especialmente satisfecho de aquella película porque evitaba los típicos elementos propios del cine de explotación. Ni efectismos, ni violencia, ni tetas. Sin embargo fue su único fracaso real, así que pa la siguiente volvió al redil. No es nada nuevo, ningún exploiter lo era por placer (salvo Michael Findlay), ni disfrutaba haciendo lo que hacía, pero siempre me resultará triste leerlo.
La única parte de la obra que transmite alguna clase de emoción real, de humanidad y sentimiento, es aquella centrada en el fallecimiento prematuro de su abnegada esposa. Lo que justifica el que cada vez que le dedica algunas líneas en las páginas previas exagere sus atributos de entregada y sacrificada ama de casa que nunca jamás da un "no" por respuesta. Su fallecimiento fue lo que puso fin a la carrera de Clark.
Otra parte que me llegó es aquella en la que el hombre explica cómo en el cine de bajo presupuesto se suelen crear fuertes lazos de unión y afecto entre el equipo implicado durante el tiempo que dura el rodaje, sean ya actores o técnicos, pero que, del mismo modo, todo se desvanece sin remisión cuando concluye la experiencia. Uno puede pensar que ha hecho nuevos amigos/hermanos... y luego, plof!, nada de nada. Es algo que yo mismo viví cuando formé parte de "Al Pereira vs the Alligator Ladies" y nunca acabé de entenderlo. Leer en el libro que, por lo visto, es algo normal y extrapolable a todas las culturas me reconforta y me consuela.
Greydon Clark es un director que jamás ha destacado por su imaginación e inventiva. Sus películas suelen ser planas, monótonas, insulsas, funcionales, correctas pero desencantadas y sin brizna de personalidad. Bien, pues sus memorias son exactamente así. Solo se las recomendaría a aquellos curiosos que, como yo, quieran saber qué se oculta tras la realización de un producto netamente "exploitation”, pero que estén dispuestos a llegar al final sin ver colmadas sus expectativas.
Todas ellas, y algunas otras, son diseccionadas en un libro que Clark construye como si fuese el guión de una peli, diálogos incluidos (¡que portentosa memoria tiene el hombre!, ¡o cómo se lo inventa todo!). Estructura esta que pronto se vuelve monótona y cansina, con un nivel cero de imaginación. Lo extraño es que el cineasta parece sentir predilección por contar las anécdotas más chorras y con menos enjundia antes de ofrecernos algo realmente jugoso. O realmente divertido. Que se centre en cómo explica a sus jóvenes e ignorantes ayudantes para qué sirve el montaje, es de un evidente y una inutilidad que asombran. Y es que en realidad el fin de estas memorias es mostrarnos a nosotros, incrédulos e irrespetuosos espectadores, cómo se jugaba el cuello (y la casa, y la salud...) financiando sus películas independientes (en algunos casos a un paso de ser caseras). Tal vez crea que sabiéndolo vamos a ser más benevolentes juzgando los resultados… pero no creo que sirva de mucho. A mi no me cuentes milongas, la peli me gustará o no, pero saber cómo se hizo y los problemas que tuvo puede ser interesante, desde luego, sin embargo no influirá en mi parecer.
También se pasa más de la mitad del libro demostrando lo buen tipo, paciente, comprensivo, buencha, majete, amable, generoso, afectuoso, respetuoso y progresista que era y es (¡y qué malos e inútiles todos los demás!). Un auténtico ángel a juzgar por sus palabras. Además, la peña que le rodeaba le tenía en gran consideración y alababan continuamente su arte y su capacidad de dirigir y resolver pifostios. ¡¡Que seria del mundo del cine sin el talento de Greydon Clark, por dios!!. Ejecuta esa práctica tan fea de tirar la piedra, esconder la mano y disculparse después poniendo cara de perrito apaleado. ¡Mal, feo!.
Si superamos tan irritante y constante práctica, encontraremos un puñado de curiosos personajes bien populares que cruzaron por la vida del cineasta, siempre asociándose a ellos en el peor momento de sus carreras. El mismo Al Adamson, que como todo exploiter del periodo era un auténtico hijo de puta. Martin Landau, George Kennedy, Tony Curtis, Chuck Connors, Joe Don Baker o, muy especialmente, un Menahem Golan post-“Cannon” cuyo único fin en la vida era competir con su hermano y ganarle. Produjo “Lambada, el baile prohibido” justamente por eso, porque Yoram Globus andaba pariendo su propia peli del tema. Y si contrató a Clark sin haber visto nada de su autoría fue, simplemente, porque le contaron que era muy rápido y quería estrenar el resultado antes que el otro. En resumen, la peli le importaba un huevo. Y sí, Clark era un fenómeno en cuestión de velocidad, aspecto que lograba acudiendo a las salidas estéticas y narrativas más simples, bobaliconas y visualmente elementales. Basando su única técnica de dirección de actores -a tenor de sus propias palabras- en decirles “Estás sobreactuando, rebájalo un poco” (cosa esta a la que alude en dos ocasiones diferentes, como si hubiese olvidado que ya lo había explicado en un capítulo previo). Pero no solo de viejas glorias se nutren las memorias de Greydon Clark, también aparecen Dean Cundey, Cibbyl Shepherd, Robert Englund o Michael Moore (sí, ese) en los inicios o mejores momentos de sus trayectorias artísticas.
La única vez que el tipo echa un poco de mierda sobre su propio tejado es cuando habla del fallecimiento del "stunt" Vic Rivers en el rodaje de su película "Hi-Riders (Los intrépidos salvajes)". Se confiesa responsable... eso sí, tras dejar claro que, legalmente y según el juez -y el resto de "stunts" presentes-, estaba libre de culpa.
Tampoco pasarán a la historia de la literatura cinematográfica todas las partes dedicadas a cuestiones monetarias, a cómo negociaba con inversores privados o con el banco. A los consejos legales de abogados. En fin, a todo aquello que, aunque en el universo de un cineasta súper-comercial y artesano como Clark encajan con lógica, a mi me importan un huevo. Son aburridas y me confirman que ese es el tipo de director/hombre de negocios que nunca estará en mi lista de favoritos. También Juan Piquer era un astuto empresario, pero luego ya ven lo que paría el pobre.
En un momento dado, y tras rodar un thriller "hitchcockiano" de lo más convencional originalmente destinado a la caja tonta, el autor confiesa que se sentía especialmente satisfecho de aquella película porque evitaba los típicos elementos propios del cine de explotación. Ni efectismos, ni violencia, ni tetas. Sin embargo fue su único fracaso real, así que pa la siguiente volvió al redil. No es nada nuevo, ningún exploiter lo era por placer (salvo Michael Findlay), ni disfrutaba haciendo lo que hacía, pero siempre me resultará triste leerlo.
La única parte de la obra que transmite alguna clase de emoción real, de humanidad y sentimiento, es aquella centrada en el fallecimiento prematuro de su abnegada esposa. Lo que justifica el que cada vez que le dedica algunas líneas en las páginas previas exagere sus atributos de entregada y sacrificada ama de casa que nunca jamás da un "no" por respuesta. Su fallecimiento fue lo que puso fin a la carrera de Clark.
Otra parte que me llegó es aquella en la que el hombre explica cómo en el cine de bajo presupuesto se suelen crear fuertes lazos de unión y afecto entre el equipo implicado durante el tiempo que dura el rodaje, sean ya actores o técnicos, pero que, del mismo modo, todo se desvanece sin remisión cuando concluye la experiencia. Uno puede pensar que ha hecho nuevos amigos/hermanos... y luego, plof!, nada de nada. Es algo que yo mismo viví cuando formé parte de "Al Pereira vs the Alligator Ladies" y nunca acabé de entenderlo. Leer en el libro que, por lo visto, es algo normal y extrapolable a todas las culturas me reconforta y me consuela.
Greydon Clark es un director que jamás ha destacado por su imaginación e inventiva. Sus películas suelen ser planas, monótonas, insulsas, funcionales, correctas pero desencantadas y sin brizna de personalidad. Bien, pues sus memorias son exactamente así. Solo se las recomendaría a aquellos curiosos que, como yo, quieran saber qué se oculta tras la realización de un producto netamente "exploitation”, pero que estén dispuestos a llegar al final sin ver colmadas sus expectativas.
viernes, 30 de enero de 2015
EL GRAN GUARDAESPALDAS
Plagada de estrellas, acompañan a Arnie y a Bridges en el drama, actores de la talla de Joe Spinell, Robert Englund, Sally Field, R.G. Armstrong (“Depredador”, “Los chicos del maíz” o “Mi nombre es ninguno”), la musa de la contra-cultura Helena Kallianiotes (“Easy Rider”) o Scatman Crothers (“El Resplandor”).Como curiosidad, como sea, si que funciona.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
LAS AVENTURAS DE FORD FAIRLANE
Entendemos como película de culto aquella que, habiendo sido
un fracaso en taquilla, a lo largo de su existencia se va granjeando una legión
de fans que la reivindican. “Las aventuras de Ford Fairlane” sería un claro
caso. Y, además, un caso curioso, porque
si bien es cierto que en los USA, donde fracasó, es una película que no tiene
nada de especial y pasó inadvertida, en países
como Noruega o Hungría tiene cierto culto. Pero dónde de verdad tiene culto y
fans, es en España donde ha cuajado
del todo, mucho más que en esos otros países, y muchísimo más que en los
Estados Unidos. De hecho, España es donde más DVDs se vendieron en el momento de su lanzamiento. En cine apenas congregó a 150.000 espectadores (siendo yo uno de ellos).Soy muy fan, no ya de la película, sino de su
protagonista Andrew Dice Clay.
El culto que esta generó en España viene de un pase
que le dedicó "Antena 3" en su espacio estrella de cine. Ahí muchos la descubrieron con un doblaje que parecía hecho por
aficionados, y en el que el lenguaje populachero del protagonista, lleno de
expresiones más propias de un garrulo español que de un detective roquero de
Brooklyn –al que da vida Clay- caló hondo en cierto sector. De hecho, a día de
hoy podemos escuchar en la calle frases de Ford Fairlane tales como “Tanto hijo
de puta y tan pocas balas” o “La madre que os parió, hijos de puta”, con el
aire teatral que le otorgaba el actor de
doblaje al que le asignaron el personaje, y con la misma facilidad que
escuchamos las frases de Chiquito de la Calzada.
Mucho se sorprenderían esos fans si la vieran en versión
original subtitulada y comprobaran que todas las expresiones del doblaje, salvo
en contadas excepciones, son literales, son las mismas que usaba en inglés Andrew Dice Clay, ergo, a mi lo que
me sorprende es que esas expresiones salgan de la boca del actor americano, no
del doblaje. Luego, indagando más en el protagonista y su humor,
descubrí que es lo soez dentro de lo soez, y que en todas las
frases mete las palabras “Fuck” o “Motherfucker”, muchas veces de manera
indiscriminada y sin venir a cuento, así que todo cuadra.
Pero ese doblaje tan malo y a la vez tan gracioso, no es una
cosa anecdótica, que va. Resulta que a
principios de los noventa, fuera por el motivo que fuera, los actores de doblaje
convocaban huelgas regularmente, y no ejercían durante cortos periodos
de tiempo. Las películas tenían que ser dobladas, así que comenzaron a hacerlo
con gente de la televisión Gallega, o como en la que nos ocupa,
sustituyendo al doblador por un no profesional. En este caso se contó
con Pablo Carbonell, líder de “Los Toreros Muertos”, y que ya empezaba a hacer
algún que otro papelillo en cine, para darle voz en castellano a Ford Fairlane.
Y fue un acierto. De hecho, la película goza de la fama que goza hoy en España gracias al doblaje de Carbonell. Si esa huelga de actores no se hubiera llevado
a cabo, “Las aventuras de Ford Fairlane” sería hoy una más, sin apenas
gracia.
Y es que Andrew Dice Clay es un
espantosísimo actor, pésimo, y Carbonell se limita a imitar su forma de
hablar. ¡Y lo clava! Si tienen el DVD póngansela
en ambos idiomas y comprobarán que no
hay diferencia alguna.
“Las aventuras de Ford Fairlane” está basada en una serie de
relatos escritos por el novelista Rex Weiner, que se publicaban semanalmente
en revistas centradas en el rock & roll
tales como el “New York Rocker” o "L.A. Weekly" y cuenta la historia de
un músico que viaja
hasta Los Angeles para convertirse en estrella, pero, por las veleidades del
destino acaba como detective especializado en casos relacionados
con el rock. Esta vez, es contratado por enigmáticas personas para
encontrar a una groupie que ha desaparecido, justo después de la supuesta
muerte por sobredosis de una estrella de heavy metal. Entre gilipollada y
gilipollada, tendrá que resolver algo
más que esa desaparición.
La película, acumuladora de “Razzies” (para los rezagados,
decir que se trata de los premios a los peores del año) hasta la médula en
1990, y famosa por ser una malísima película, en realidad no es tan mala como
dicen. Yo creo que es una gran comedia de acción, subgénero este hasta ahora
representado por sosas “Buddy Movies” de manual, que no le llegan al forro a
esta. Bien rodada por Renny Harlin, con un ritmo poco menos que trepidante, la
mala interpretación de Clay/Carbonell, no deja de ser un aliciente a una
película entretenidísima, que, efectivamente, sin Clay/Carbonell no sería lo
mismo (de hecho no sería de culto) pero se podría ver
perfectamente. Incluso, diría que se trata de una muy buena película y ¿por qué
no? lo mejor que ha hecho Harlin en su
irregular carrera. Las escenas de acción son más que decentes, y la
galería de chascarrillos, demencial. Imposible aburrirse. Con esta, no.
En el reparto tenemos nada menos que a Robert Englund
haciendo de malo psicópata, y el resto lo componen cameos de
estrellas de la música como puedan ser Vince Neil (de los "Motley Crüe"), Tone Löc o Sheila. E, y actores como
Wayne Newton (“Licencia para matar”, “Campeón de campeones 2”), Priscilla
Presley (“Agárralo como puedas”, “Austin Powers”), Lauren Holly (“Dos tontos
muy tontos”, “Dragón, la vida de Bruce Lee”) o Ed O’Neill (“A la caza”,
“Cinturón Rojo”).
Por lo que a mí respecta, ¡cojonudísima!
viernes, 14 de febrero de 2014
976 EVIL, EL TELÉFONO DEL INFIERNO
Con el cine de terror, a veces no me queda otra cosa que
llevarme las manos a la cabeza con según que películas. Porque, el fanatismo,
hace confundir la velocidad con el tocino, y se escriben autenticas
barbaridades sobre las pelis. Como con las religiones. En el nombre de la
religión se han cometido actos atroces… apliquen esto al cine de terror.
Porque si bien reconozco este “976-Evil, el teléfono del
infierno” como un pequeño clásico de nuestros vídeo clubs – la carátula es
súper reconocible y estaba en todas partes- no me dio nunca por verla en su
momento, así que la veo por primera vez, teniendo todas a su favor, solo por la
buena prensa que arrastra la peli.
Bien, pues es malísima. Que haya gente que le guste por los
motivos que sean, lo acepto, pero que haya quien diga que esta es una película
buena… a ese había que fusilarle, por ignorante.
Resulta que hay un número de teléfono al que si llamas, este
te dice tu “Horroroscopo”, y si sigues las instrucciones de la voz que te va
diciendo las cosas, estas se hacen
realidad… no sin que haya funestas consecuencias. Así tenemos a un par de
hermanos, el rebelde y ligón y el “nerd” medio retrasado, virgen y
agilipollado, a los que les da por llamar de vez en cuando. Con el primero no
pasa nada, porque llama, se queda escuchando y se va a casita, se toma las
llamadas como un chiste. Pero el segundo, no tiene tanta voluntad, y hace lo
que la voz del teléfono le dice, por lo que acabará, no ya adorando al diablo,
sino convirtiéndose en uno, que irá dando cuenta del resto del reparto
adolescente.
Aburrida, lenta, sosa… no pasa nada en ningún momento,
incluso cuando la cosa se pone molona, con el muchacho convertido en diablo,
siguen sin ocurrir cosas. Escasa en gore y/o FX, la película es estúpida a más no poder.
Siguiendo con el rollo cliché ochentoso, tenemos por ahí a
una banda de medio punkos, medio “Newaveros” que son muy macarras y malcarados
y que juegan a póquer en una cabina de proyección de un cine llamado “El
diablo” que está llena de pósters de películas de terror- por ejemplo
“Critters” o “Maniac”-, y que tiene bastante importancia en la película. Y todo
eso me parece muy bien, pero ¿Alguien me explica porqué están en esa cabina de
proyección? En algún momento, incluso, se les ve proyectar películas, pero ¿Es
que trabaja alguno de ellos allí? ¿Es que son ocupas?, Nunca lo sabremos. Y
como eso, un montón de cosas en esta mala película.
Se trata del debut en la dirección de Robert Englund, el
sempiterno Freddy Kruegger, que toma buena nota de las películas en las que
intervino como tal, porque el protagonista de esta, ese demonio chabacano, no
deja de soltar chistecitos cuando va a matar a sus víctimas… podemos pensar que
la influencia sean los cómics de Spider-man… pero no. Es el puto Freddy, que
quiere crear otro Freddy, sin éxito alguno.
Su siguiente película años después, “Killer Pad”, ya
directamente, era una comedia.
Obviamente, si juzgamos la labor de dirección de Englund por
estas dos películas, la verdad es que es una faceta que más le hubiera valido
dejar en un recóndito lugar de su subconsciente, porque como actor, lo que hace
entra dentro de unas directrices que un sector del público agradece, pero como
director, es una puta mierda.
En el papel protagonista, como ese muchacho al que posee un
demonio tenemos a un actor de verdadero culto, Stephen Geoffreys, cuyo momento
de máximo esplendor, fue casi al principio de su carrera, interpretando a “El
Rata” en “Noche de miedo (1985)", para después protagonizar esta que nos ocupa y
acabar su carrera, durante los noventa, haciendo porno gay, usando pseudónimos,
el más conocido de todos ellos, el de Sam Ritter. Tras ganarse las garrofas
comiendo pollas, volvió al cine que le dio la fama, el de terror, esta vez en
su vertiente más videoclubera y hace relativamente poquito.
Junto a él, tenemos a Pat O´Bryan (“Lucha sin limites”) y
una actriz a la que yo sigo, y que se prodiga poco la jodía como es Lezlie
Deane, a la que te entraron ganas de follarte en “Mi novia es un diablo”,
“Plump Fiction” o “Pesadilla final: La muerte de Freddy”, en la que intervino
gracias a la recomendación de Robert Englund, que ya había trabajado con ella
en esta.
Muy mala. Al que vuelva a decir que es buena, o entrañable o
algo de carácter positivo, me lo cargo.
jueves, 9 de enero de 2014
SANITARIUM
Kerry Valderrama (no confundir con Juanito), uno de los
actores de aquella cosa que acogieron en su seno los sectores más “gafapastas”de
los territorios filmicos, una cinta de terror con toques de cine de autor para
que estos asquerosos puedan justificar- y salir impunes- el visionado de una
cinta de género que se titulaba “Monsters”, junto con sus amigos
cortometrajistas –e intuyo que Latinos- Bryan Ortiz y Bryan Ramirez, pone en
marcha este “Sanitarium” (no confundir con “Sanatorium”) que pretende ser una
suerte de puesta al día de “Creepshow”. No lo digo por decir; al final, durante
los créditos, vemos portadas de cómic, así como viñetas calcadas a las que
aparecían en la película de George A. Romero, como dando a entender que la
película que acabamos de ver es muy deudora tanto de la saga de “Creepshow”,
como de los tebeos “Creepy”. Claro, que de estas intenciones se da cuenta uno
al final de la película, porque por esas viñetas es obvio… que si, que vemos
que es de episodios… pero, ¿Rollo “Creepshow”? ¡Unos huevos así de gordos!
A parte de esto, me gustaría saber dónde empieza el
homenaje, y dónde termina el plagio en lo que a las viñetas se refiere, porque
por lo demás, esto no huele a “Creepy” ni a kilómetros de distancia.
Esto no deja de ser un pequeño bodrio videoclubero en el que
Valderrama piensa que para hacer terror lo mejor es darle un poquito de rollo
autoral a su película, y así hará una cosa respetable, cuando la verdad es que
es, con todas las letras, un pedazo de mierda.
Y es una pena, porque la idea no deja de estar mal; se trata
de una película ambientada en un manicomio, y con un psiquiatra que va
recibiendo a nuevos desequilibrados como nexo de unión para las historias que
veremos a continuación. Se nos va contando la historia de cada uno que el
doctor nos presenta.
No está mal el planteamiento. A eso hay que añadirle, un
reparto de viejas glorias que rellenan el reparto y lo hacen del todo
atractivo.
Pero la película hace aguas ella solita, únicamente, por lo
pretencioso que es su puto director/productor, y tres historias que van en
“Crescendo”: de mierda a más mierda. Por eso, y porque el resultado final,
reniega totalmente de todos los referentes de este tipo de cine
(hipócritamente, a juzgar por el guiño final de las viñetas) no viendo atisbos
ni del rollito “Creepy”, ni de nada de capítulos que se le parezca. Es como si
el director conociera “Creepshow”, pero solo de oídas, como si nunca la hubiera
visto, y aún así, pretender homenajear algo que por todos es sabido que es
bueno.
Es más, si no fuera por un monstruo que aparece en la
película, y que es el toque fantástico que adscribe (con calzador) esto al cine
de género –pero que se justifica estando este monstruo en la mente del chaval
protagonista del capítulo y no en lahistoria- parecería un dramón por capítulos. Y es que cuesta
mucho encontrarse una cosa tan aburrida y mal encaminada como esta en el mundo.
Yo creía que el gilipollismo era una cosa exclusiva de los españoles, pero ya
veo que los yankies también gastan de eso.
Las historias cuentan, la primera de todas ellas, los
avatares de un melenas que hace esculturillas de las que luego hace
exposiciones, y que terminan por hablarle. La segunda cuenta la historia de un
niño que soporta abusos sexuales, y que en un momento dado, aparece un monstruo
para despedazar al pederasta, pero luego resulta que el monstruo es él propio
niño. Y la tercera, interminable, cuenta una especie de conspiranoia, en que a
causa de los extraterrestres, un tipo se obsesiona con el fin del mundo y se
vuelve chaveta.
Una autentica pena, porque en el reparto tenemos, y lo que
es peor, en papeles destacados, a actores que siempre mola verlos, todos
provenientes del “mainstream”, pero que al final este les ha dado la espalda.
Tenemos a John Glover (“Gremlins 2”, “Los fantasmas atacan al jefe”), MalcolmMcDowell, Robert Englund, o Lou Diamond Phillips.
En definitiva, que me gusta la idea, me gusta el reparto
(ellos están todos muy bien) y me gusta la teoría, pero la practica… Esto se ha
ido al carajo porque los directores son unos pedantes, y porque, aunque saben
filmar, no saben contar una historia. Y mucho menos tres.
Más o menos, este es el debut en el largo del triunvirato.
“Cuentos de terror (sin sangre)” era mucho mejor que esto.
Absolutamente prescindible.
sábado, 23 de marzo de 2013
ALIANZA MACABRA / THE MANGLER
Que tiempos aquellos en los que las respectivas carreras de Tobe Hooper y Stephen King estaban en pleno apogeo y a algún tio listo se le ocurrió que ya era hora de que uniesen fuerzas. Hooper aún arrastraba su "Matanza de Texas" (de la que únicamente habían pasado cinco años) y King iba a ser adaptado por segunda vez tras la estupenda "Carrie". Les hablo de 1979 y de "Salem´s Lot" o "El misterio de Salem´s Lot" o el infame "Phantasma 2" que, tratándose de un producto destinado a la caja tonta, y sin ser ni mucho menos la repolla, sí cumplía unos mínimos (incluso para alguien tan poco amigo de los vampiros como yo). A mediados de los temibles 90, con el terror sufriendo una de sus peores épocas, a otro tío -no tan- listo se le ocurrió que sería buena idea reunir de nuevo a Hooper y King en los roles de adaptador/adaptado tras tantos años desde aquel lejano "momento de gloria" (vale, en "Sonámbulos" habían vuelto a coincidir, pero sin lengua). Claro que entonces las carreras de ambos estaban ya bastante tocadas. El cineasta había rodado la infame "Combustión espontánea" y unos cuantos productos televisivos de menor calado, y el escritor pues puede que no pasara un momento TAN bajo, pero las adaptaciones que más triunfaban en aquellos tiempos eran las ajenas al terror, como "Eclipse total" o la estupenda "Cadena perpetua". El género de nuesos amores había quedado relegado a productos de segunda, simpáticos como "The Langoliers", sí, pero bien distantes del brillo de la mejor etapa de King-en-la-pantalla. Por todo eso, poco podíamos esperar de este "The Mangler" o "Alianza macabra".
En una lavandería de esas industriales, una enorme planchadora cobra vida tras probar la sangre y comienza a papearse a todo el que se aproxima demasiado. La cosa ya viene de lejos, de un pacto de origen diabólico tras el que se esconde el dueño del lugar, un anciano de lo más repulsivo. El inevitable poli protagonista, en inevitable crisis personal, será el encargado de descubrir el lío con la ayuda de un cuñado conocedor de toda clase de ciencias ocultas.
Vale, siempre he dicho que jugar con la idea de un objeto muerto que cobra vida para asesinar, no solo es terreno trillado, también muy delicado, porque resulta harto sencillo caer en el más absoluto y profundo de los ridículos. Da igual que Stephen King sea un especialista en el tema, sigue siendo un concepto que da pié a mucha caca y penuria (el relato del que parte la peli pertenece a su antología "El umbral de la noche", de donde también surgió "Maximum Overdrive", el debut en la dirección del escritor con una panda de camiones asesinos y un hostión en taquilla). Consciente de ello, Tobe Hooper opta por enfocar su película desde el humor, pero uno que surge de cierto tono irreal, semi-grotesco e incluso un pelín surrealista. El cineasta carga las tintas estéticamente, un poco en la línea de dos expertos en el barroquismo -y el agobio- como Tim Burton o Terry Gilliam (pero al estilo Hooper, quien no era nuevo en esas lides, basta repasar sus trabajos para la "Cannon"). Robert Englund, protagonista de la función, tomó buena nota de ello e interpreta al malvado dueño de la lavandería echando mano de unos cuantos histrionismos. Ted Levine (el famoso "Buffalo Bill" de "El silencio de los corderos") da vida al alucinado policía y, también, se suma al carro de la demencia, sobreactuando y encargándose de soltar los previsibles diálogos con fin apaciguador: "¿Una planchadora poseída por un demonio?, sí claro!". Y, justamente, ésta misma, la máquina que da nombre al film (a la que se bautiza como "la trituradora", que es lo que significa "The mangler"), es la que gasta el mayor de todo los excesos estilísticos, a base de unas formas pantagruélicas y un tamaño mas bien descomunal. Claro, todo esto está muy bien, quiero decir, es un buen intento por parte de Tobe Hooper de sacar algo potable de una serie de ideas tan estúpidas y absurdas... pero no lo consigue. Por un lado carga mucho (aunque a mi ya me suelen agobiar esta clase de excesos, así que no soy objetivo) y por otro, no logra que "The mangler" nos deje de parecer una chorrada. La parte final, con la máquina totalmente liberada, arrastrándose cual gusano y echando fuego cual dragón, es ya el cachondeo total y absoluto y, directamente, epitafio para la peli.
Sin embargo, tal vez estoy siendo injusto y la culpa no es totalmente del director de "La masacre de Toolbox", ya que, según fuentes (es decir, según Imdb), este solo rodó una parte de la peli, largándose del plató cuando aún no había terminado y otorgando las riendas al productor. Claro que yo no noto diferencia alguna.......
En la parte buena cabe destacar el elemento gore, bastante generoso, bastante gráfico y bastante bien facturado. Sí, queridos, podréis gozar todos viendo cómo la planchadora atrapa, aplasta, revienta y retuerce los cuerpos de sus agónicas víctimas, sin disimulos. De hecho, cuando el cadáver de la primera es descubierto por la policía, de entrada te lo muestran en rápidos flashes, tal y como Hooper hiciera al principio de "La matanza de Texas" con el mítico cadáver putrefacto, pero luego, planteándote tirar ya de pause para verlo bien, te lo enseñan perfectamente en un plano abierto e iluminado. Gracias a dios!.
Junto a Hooper, King, Englund y Levine, encontramos al legendario Harry Alan Towers en producciones ejecutivas, lo que explica la presencia de Sudáfrica como país co-productor.
El caso es que "The Mangler" debió funcionar bien de alguna manera, ya que en el 2002 hubo un "The Mangler 2" y en el 2005 un "The Mangler Reborn". ¡Que me lopliquen!.
Claro que no hacía falta soltar semejante parrafada para hablar de las poco honrosas mediocridades de la peli (sí, lo sé, demasiado tarde... lo siento), bastaba con señalar que estamos ante una producción de 1995 y todo habría quedado claro desde buen principio. Como dicen en no recuerdo qué película: "Sí amigo, aquel no fue un buen año..." yo diría más, aquella no fue una buena década.
En una lavandería de esas industriales, una enorme planchadora cobra vida tras probar la sangre y comienza a papearse a todo el que se aproxima demasiado. La cosa ya viene de lejos, de un pacto de origen diabólico tras el que se esconde el dueño del lugar, un anciano de lo más repulsivo. El inevitable poli protagonista, en inevitable crisis personal, será el encargado de descubrir el lío con la ayuda de un cuñado conocedor de toda clase de ciencias ocultas.
Vale, siempre he dicho que jugar con la idea de un objeto muerto que cobra vida para asesinar, no solo es terreno trillado, también muy delicado, porque resulta harto sencillo caer en el más absoluto y profundo de los ridículos. Da igual que Stephen King sea un especialista en el tema, sigue siendo un concepto que da pié a mucha caca y penuria (el relato del que parte la peli pertenece a su antología "El umbral de la noche", de donde también surgió "Maximum Overdrive", el debut en la dirección del escritor con una panda de camiones asesinos y un hostión en taquilla). Consciente de ello, Tobe Hooper opta por enfocar su película desde el humor, pero uno que surge de cierto tono irreal, semi-grotesco e incluso un pelín surrealista. El cineasta carga las tintas estéticamente, un poco en la línea de dos expertos en el barroquismo -y el agobio- como Tim Burton o Terry Gilliam (pero al estilo Hooper, quien no era nuevo en esas lides, basta repasar sus trabajos para la "Cannon"). Robert Englund, protagonista de la función, tomó buena nota de ello e interpreta al malvado dueño de la lavandería echando mano de unos cuantos histrionismos. Ted Levine (el famoso "Buffalo Bill" de "El silencio de los corderos") da vida al alucinado policía y, también, se suma al carro de la demencia, sobreactuando y encargándose de soltar los previsibles diálogos con fin apaciguador: "¿Una planchadora poseída por un demonio?, sí claro!". Y, justamente, ésta misma, la máquina que da nombre al film (a la que se bautiza como "la trituradora", que es lo que significa "The mangler"), es la que gasta el mayor de todo los excesos estilísticos, a base de unas formas pantagruélicas y un tamaño mas bien descomunal. Claro, todo esto está muy bien, quiero decir, es un buen intento por parte de Tobe Hooper de sacar algo potable de una serie de ideas tan estúpidas y absurdas... pero no lo consigue. Por un lado carga mucho (aunque a mi ya me suelen agobiar esta clase de excesos, así que no soy objetivo) y por otro, no logra que "The mangler" nos deje de parecer una chorrada. La parte final, con la máquina totalmente liberada, arrastrándose cual gusano y echando fuego cual dragón, es ya el cachondeo total y absoluto y, directamente, epitafio para la peli.
Sin embargo, tal vez estoy siendo injusto y la culpa no es totalmente del director de "La masacre de Toolbox", ya que, según fuentes (es decir, según Imdb), este solo rodó una parte de la peli, largándose del plató cuando aún no había terminado y otorgando las riendas al productor. Claro que yo no noto diferencia alguna.......
En la parte buena cabe destacar el elemento gore, bastante generoso, bastante gráfico y bastante bien facturado. Sí, queridos, podréis gozar todos viendo cómo la planchadora atrapa, aplasta, revienta y retuerce los cuerpos de sus agónicas víctimas, sin disimulos. De hecho, cuando el cadáver de la primera es descubierto por la policía, de entrada te lo muestran en rápidos flashes, tal y como Hooper hiciera al principio de "La matanza de Texas" con el mítico cadáver putrefacto, pero luego, planteándote tirar ya de pause para verlo bien, te lo enseñan perfectamente en un plano abierto e iluminado. Gracias a dios!.
Junto a Hooper, King, Englund y Levine, encontramos al legendario Harry Alan Towers en producciones ejecutivas, lo que explica la presencia de Sudáfrica como país co-productor.
El caso es que "The Mangler" debió funcionar bien de alguna manera, ya que en el 2002 hubo un "The Mangler 2" y en el 2005 un "The Mangler Reborn". ¡Que me lopliquen!.
Claro que no hacía falta soltar semejante parrafada para hablar de las poco honrosas mediocridades de la peli (sí, lo sé, demasiado tarde... lo siento), bastaba con señalar que estamos ante una producción de 1995 y todo habría quedado claro desde buen principio. Como dicen en no recuerdo qué película: "Sí amigo, aquel no fue un buen año..." yo diría más, aquella no fue una buena década.
martes, 12 de marzo de 2013
NEVER SLEEP AGAIN
Mastodontico documental que analiza, tomándose su tiempo, y
sin dejarse ni un solo cabo suelto, toda la saga de “Pesadilla en Elm Street”
desde la primera entrega hasta “Freddy vs Jason”y que cuenta con casi toda la
plantilla de todas las películas de la franquicia; declaraciones de Wes Craven, de Jack Sholder,
de Rachel Talalay, de Robert Englund, de Alice Cooper, de John Carl Buechler,
de…. casi todos, excepto Johnny Depp.
Y está bien la cosa, se cuentan cosas interesantes, vemos
fotos de pre-producción donde vemos el look que lucía Freddy al principio, con
boina en lugar de sombrero, vemos que pinta tenía como Freddy Krueger, David Warner, que fue la primera elección para interpretar al pedófilo…La cantidad de
datos, notas y curiosidades que se cuentan en “Never Sleep Again”, es infinita,
además servido todo a una velocidad de vértigo, tropecientos cortes que le
confieren al documental un ritmo casi de video clip.
El tema es, que yo veo las películas cuando salgo de
trabajar, llego a casa a altas horas de la madrugada. Y decido ponerme el
documental pensando que su duración será la estándar. ¿Y que es lo que pasa?
Que se trata de un documental de ¡¡¡Cuatro horas de duración!!! Y amigos, eso,
por muy interesante que esté, y a esas horas, deja K.O. a cualquiera.
Independientemente de que no son horas para ponerse a ver
este tipo de cosas, el tema está en que la primera hora y media de película,
que es en la que se habla de la primera película de la saga, y parte de la
segunda, transcurre fluida y entretenida, pero a partir de ahí, la cosa decae
peligrosamente. El aburrimiento acaba campando a sus anchas, y el ritmo ligero
que lleva acaba saturando. Terminamos del Freddy hasta la coronilla.
Por otro lado, el documental, es un puto spot del remake de
2010, ya que salió justo a la vez que la película en los U.S.A. Una cosa muy
oportunista, como no.
Dirigen la cosa Andrew kasch y Daniel Farrands, director
especializado en rodar doces sobre sagas míticas de terror, como ya demostró en
“His name was Jason” y tantos otros.
lunes, 6 de febrero de 2012
EL FANTASMA DE LA ÓPERA (1989)
No contento con ensuciar la memoria de Edgar Allan Poe a base de infra-adaptaciones videocluberas, el legendario exploiter Harry Alan Towers (ayudado por Menahem Golan desde su flamante/fugaz "21th Century"), decidió que tocaba echarle el guante a otro clásico y someterlo a un baño de modernez. El elegido fue Gaston Leroux. Robert Englund, entonces en la cresta de la ola e imagino que hasta los cojones de tener que actuar con la cara llena de potingues, interpreta al fantasma (¿¿"Freddy goes to the opera"??).En fin, la trama ya os la sabéis: Compositor brillante pero condenado por su rostro deforme, se oculta en las catacumbas de una ópera. Enamorado de la aspirante a protagonista en la función que se estrena en ese momento, relegada a sustituta de la odiosa diva de turno, hace lo que está en su mano -es decir, aniquilar- para que la chica escale puestos. Por aquello de darle un toque distinto, a la narración se le añaden elementos extraídos de "Fausto" (este fantasma no sufre los avatares de un ataque con ácido, sino que vende el alma al diablo para que su música sea eterna) y Jack, el destripador (el mozo corretea por las callejuelas de la ciudad, con capa y sombrero, matando incautos viandantes a los que despelleja). De hecho, también podríamos añadir en el pack a "La matanza de Texas", ya que el fantasma cubre su horrible faz con la piel humana que extrae en sus fechorías. Justamente, la única escena genuinamente potable es aquella en la que procede al cambio con todo detalle (minuto 56).
Y digo "la única escena..." porque mucho me temo que "El fantasma de la ópera", versión Englund, no funciona. Sus artífices intentan dotarla de un rollo moderno, con un poco de gore, un malvado más agresivo y cabrón, en definitiva, un tono más pensado para las plateas adolescentes. Sin embargo, al mismo tiempo lo mezclan todo con un rollo clasicorro, pretendidamente elegante y estéticamente barroco. Intenta ser muy bonita visualmente, y tal vez lo sea, pero ambos lenguajes no casan bien. Ninguno de los dos manda sobre el otro, y el resultado se resiente. Es imposible que esta peli, con todo el paripé de época, las escenas de ópera y los mariconismos forzados, pudiera satisfacer al aficionado jovenzuelo medio, más acostumbrado a cosas video-cliperas y truculentas. Probablemente ese fue el motivo de su fracaso (y dolió, porque sin ser una superproducción, se nota que hay bastante guita invertida en el asunto). Contribuyen a ello el aburrimiento, el que no logre interesarte en ningún momento (salvo la secuencia comentada del "desmaquillado"), el inicio y el final situados en tiempos "actuales" carentes de sentido, y el desenlace, una gilipollez interminable.
Acompaña a un sobreactuado Englund, Jill Schoelen, que has visto en muchas pelis-mierdas como "Curse 2: the bite", "Clase sangrienta" o la secuela telefílmica de "Cuando llama un extraño". Dirige Dwight H. Little, que venía de facturar la cuarta parte de "Halloween" y luego hizo "Señalado por la muerte" para Steven Seagal y "Rapid Fire" para Brandon Lee. Al muchacho no debió irle muy bien porque acabó prisionero de la caja tonta (hasta hoy).
Muy olvidable. Se nota que fue parida un año antes de arrancar los horribles 90.
domingo, 22 de enero de 2012
AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (9): DANDO GATO POR LIEBRE
En la era dorada del vídeo-club, y teniendo en cuenta que por entonces meterse en tal menester resultaba siempre beneficioso para tus arcas, aparecieron mogollón de infra-distribuidoras que hurgaban en sus catálogos y lanzaban películas de tercera división para las que confeccionaban cutre-caratulas engañosas. El ejemplo más extremo venía cuando se valían de material ajeno fácilmente detectable, en ocasiones ni tan siquiera disimulado. No solo no tenían nada que ver con lo que contenía la cinta, es que, además, infligían gravemente cuestiones de copyright. Los casos son cientos y miles, pero hoy he reunido aquí algunos de los más reconocibles, descarados y divertidos...

"Sombras de medianoche" es la única película dirigida, escrita, producida, montada e interpretada por Wes Olsen. En los USA incluso la distribuye Troma bajo su título original, "The Dark Side of Midnight", del año 1984. Se trata de un thriller en torno a los crímenes que un tal The Creep comete en las inmediaciones de un pueblecito. No he tenido la suerte de verla, pero según me informo, entra de lleno en la categoría de "tan mala que es buena".

Esta es una de mis favoritas, por varias razones. Para comenzar, la imagen descaradamente robada, y sin añadidos ni colorantes, del film "El desafío de las águilas" con, sí, ¡Clint Eastwood!, al que reconocemos perfectamente y al que, lógico, no localizamos en el reparto. Luego tenemos el sello que la distribuye, ¿"Ízaro-Cannon"?, noooo!!!, se trata de "Pícaro-Zannon" que, encima, ni tan siquiera es el nombre de la distribuidora, solo parte del engaño (esta en realidad se llama "Multinacional Europe Productions"). Nótese la mutación de Ízaro a pícaro, detalle más que coherente y consecuente con la estafa. Hay que decir que esta NO es ni mucho menos la única vez que se utiliza tal estratagema, existen más films bajo el discutible sello de "Pícaro-Zannon". Olé.

No hace falta estar muy puesto para reconocer en esta imagen a Arnold Schwarzenegger sacado de la caratula del film "Ejecutor". Sin más cambios ni variaciones que las que pueda aportar la poca habilidad del ilustrador. En cuanto a "Mercenarios", se trata de una producción bélica italiana situada en la segunda guerra mundial y rodada el año 1987 ("Mercenari dell'apocalisse"). El director, John R. Dowson, en realidad se llama Leandro Lucchetti. El reparto es genuino, ese tal Karl Landgren fue bautizado como Bruno Bilotta, y me molaría saber si el parecido fonético con Dolph Lundgren, entonces bastante de moda tras intervenir en "Rocky 4", es algo expreso o simple casualidad.
"La ira de los dioses" es un peplum italiano del 1960 protagonizado por la tetuda Jayne Mansfield. El título original no podía ser más distinto al español: "Gli amori di Ercole". Para ilustrar esta edición de "Light Entertainment Group" pillaron una imagen bien grande de la película "Los Bárbaros", dirigida en 1987 por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato, con sus dos reconocibles protagonistas peleándose (Peter y David Paul) , brillo en la espada incluido, y, ¡hala!, tirando millas...

Otra de mis favoritas. Esta no requiere mucho esfuerzo. Producción asiática de quinta división (nótese que la caratula no incluye ningún nombre) para cuya cubierta pillaron una imagen más que reconocible y, por aquello de disimular, le metieron un pegote en la cabeza absolutamente cutre que incluso empeora el flagrante delito.
Fijo que los boxeadores atizándose pertenecen también a otro film... pero a saber cual. Se aceptan sugerencias.

Otro caso curiosísimo. Aunque en la caratula no aparezca por ningun lado, ni en la cubierta, ni en el texto de atrás, "La venganza de las mujeres vampiras" viene protagonizada nada menos que por el mítico "Santo, el enmascarado de plata". De hecho, se trata de la secuela de uno de sus títulos más respetados, "Santo contra las mujeres vampiro", rodada en 1962, ocho años antes de la que ahora tratamos.

Y terminamos con, cuanto menos, el caso más risible y divertido del pack. Otro añejo peplum al que se intenta disfrazar de producto reciente lleno de espectáculo. Este film en realidad se titula "Golia alla conquista di Bagdad", lo rodó en 1965 Domenico Paolella (que en la caratula es rebautizado Paolelli) y cuenta en su reparto con uno de esos yankees cachetas afincados en italia, Rock Stevens, seudónimo de Peter Lupus, aún hoy activo. Para la ocasión, Vicine/Cineman retitula absurdamente al film como "The Aligator" con la intención de sacarse un nuevo superhéroe de la manga (ya que en realidad el prota se supone que es Goliath) y se curra esta caratula patética y horripilante que parece un exploit algo retarded de los "Masters del universo". Para mear, no echar gota y partirse de risa.

Y a pesar de lo que la caratula pueda hacernos creer, Robert Englund no aparece por ninguna parte... que sí, que el tipo del sombrero y la mirada siniestra es Englund, de cuando interpretó al fantasma de la ópera en 1989 y de la mano de Dwight H. Little.

El título,"Pesadilla Mortal El Esqueleto" parece más adecuado para un film de terror que para uno bélico, sin embargo, en realidad la peli, producción inglesa del año 1972, sí se titula "Nightmare", es decir, pesadilla. Curioso.

"La ira de los dioses" es un peplum italiano del 1960 protagonizado por la tetuda Jayne Mansfield. El título original no podía ser más distinto al español: "Gli amori di Ercole". Para ilustrar esta edición de "Light Entertainment Group" pillaron una imagen bien grande de la película "Los Bárbaros", dirigida en 1987 por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato, con sus dos reconocibles protagonistas peleándose (Peter y David Paul) , brillo en la espada incluido, y, ¡hala!, tirando millas...

Otra de mis favoritas. Esta no requiere mucho esfuerzo. Producción asiática de quinta división (nótese que la caratula no incluye ningún nombre) para cuya cubierta pillaron una imagen más que reconocible y, por aquello de disimular, le metieron un pegote en la cabeza absolutamente cutre que incluso empeora el flagrante delito.
Fijo que los boxeadores atizándose pertenecen también a otro film... pero a saber cual. Se aceptan sugerencias.

A este elemento ya de por sí algo bizarro, tenemos que añadir que la escalofriante imagen de la cubierta no pertenece a "La venganza de las mujeres vampiras" (de título real "La venganza de las mujeres vampiro", en singular y masculino), sino al "Drácula" dirigido en 1979 por John Badham y del que podéis leer la reseña aquí. En concreto, la tipa vampirizada se supone que es el personaje de Mina, verlo para creerlo.
Ya que estamos, aclarar también que la imagen superior de la parte trasera, la de la moza con una estaca clavada en la frente, pertenece a "Superstición" La de debajo todavía no ha sido detectada.... pero todo se andará.
Ya que estamos, aclarar también que la imagen superior de la parte trasera, la de la moza con una estaca clavada en la frente, pertenece a "Superstición" La de debajo todavía no ha sido detectada.... pero todo se andará.

Y terminamos con, cuanto menos, el caso más risible y divertido del pack. Otro añejo peplum al que se intenta disfrazar de producto reciente lleno de espectáculo. Este film en realidad se titula "Golia alla conquista di Bagdad", lo rodó en 1965 Domenico Paolella (que en la caratula es rebautizado Paolelli) y cuenta en su reparto con uno de esos yankees cachetas afincados en italia, Rock Stevens, seudónimo de Peter Lupus, aún hoy activo. Para la ocasión, Vicine/Cineman retitula absurdamente al film como "The Aligator" con la intención de sacarse un nuevo superhéroe de la manga (ya que en realidad el prota se supone que es Goliath) y se curra esta caratula patética y horripilante que parece un exploit algo retarded de los "Masters del universo". Para mear, no echar gota y partirse de risa.
¡Cuánta maravillosa desvergüenza!
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