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viernes, 26 de febrero de 2010

¿POR QUÉ ES MEJOR QUE EL NUEVO "FREDDY KRUEGER" NO SEA ROBERT ENGLUND?

A medida que se aproxima el estreno del remake de "Pesadilla en Elm Street", no paro de oir un quejido por parte del fandom que ya comienza a crisparme. Llevo semanas planteándome si escribir esto o no, y hoy, hasta la polla ya de leerlo por enésima vez (el quejido, digo) he decidido aporrear el teclado.
¿Por qué es mejor que el nuevo "Freddy Krueger" NO sea Robert Englund?, por el mismo motivo que Alexandre Aja no incluyó un cameo de Michael Berryman en su versión de "Las colinas tienen ojos", para evitar la familiaridad con la audiencia, ergo la sensación de cachondeo / broma privada, ergo apostar por el miedo y la inquietud antes que por el chascarrillo coleguista. Y bien que hizo. Ese es UNO de los motivos, pero hay otros más obvios.
Muchos parecen haber olvidado -y suelen olvidar- que la función del cine de terror es, eso, dar terror, dar miedo, y que en el "Pesadilla en Elm Street" original "Freddy Krueger" era una presencia amenazadora, inquietante, terrorífica... ¿por qué?, pues porque, maquillaje, interpretación, garras y etc a un lado, el tipo que lo interpretaba no era un actor famoso, no existía capacidad de familiaridad entre él y el espectador. Cuando eso cambió, "Freddy Krueger" dejó de dar miedo y se convirtió en la estrella mediática que anunciaba "Pepsi" y salía con los "Fat Boys" en un vídeo-clip. Lo que por un lado era bueno, por otro era malo... esa conversión del de las uñas en un payaso afectaba, obviamente, a las pelis que protagonizaba, cada vez más efectistas y, en el peor de los casos, chorras, horteras y ridículas. La prueba la tenéis en "Freddy vs. Jason", que básicamente era una comedia.
Michael Bay y su equipo imagino que querrían recuperar el tono del film original y parir un "Freddy" tan oscuro y peligroso como el que interpretó ese actor (casi) desconocido. ¿Solución?, pillar otro que, a niveles de popularidad, estuviera en la misma posición que Robert Englund en 1984. ¿Os imagináis un "Pesadilla en Elm Street 2010" con el lagarto bueno de "V" -y a su edad, otro aspecto a tener en cuenta- dando la nota?... sí, claro, a aquellos que tienen las entregas originales mitificadas y enfocan el terror como algo divertido y risible, les encantaría, pero a los demás, que son mayoría, les resultaría tirando a patético, no pillarían la "broma" y, peor aún, todo haría gala de un amargo tono nostálgico.
Y ¡¡cuidao!! que a mi me mola Robert Englund. Me gustaba en "V" y me gustaba como "Krueger". ¡Joder, incluso le pedí un autógrafo cuando lo cacé por Sitges en 1989 (o 1990, no recuerdo bien)!... pero no soy tan cegato como para darme cuenta de que incluirlo como "Freddy" en el nuevo "Pesadilla..." sería una gran cagada (o que "Jason Voorhees" es un tío con una máscara de hockey, así que me la suda que tras ella esté Kane Hodder).
Apuesto por un regreso a "Elm Steet" tan serio, terrorífico e impactante como lo fue la primera de todas... y en ese terreno, el bueno de Roberto ¡SOBRA!.

martes, 27 de julio de 2010

PESADILLA EN ELM STREET (EL ORIGEN)

Tal y como me temía, del más que digno remake de "Pesadilla en Elm Street" no he escuchado y leído más que mierda, igual que pasó con "Paranormal Activity" y hoy es una de mis películas favoritas. Y es que rajar se nos da a todos muy bien. Pues miren, "Pesadilla en Elm Street (El origen)" contra todos los pronósticos está cojonuda, sin duda uno de los mejores remakes de películas recientes, a pesar de ser una versión “crepúsculo-ultimatespiderman-buffycazavampiros” muy, muy destinada no ya a las quinceañeras, si no a las doceañeras, que harán (o deberían hacer) del nuevo "Freddy Krueger" su nuevo Robert Pattinson.
Lo bueno, es que no es una revisión plano a plano. Digamos que se han recreado las escenas más famosas de la primera entrega de la saga (bañera, chica ensangrentada al fondo del pasillo en bolsa de plástico, calderas, cama que emana sangre…) con un argumento un pelín más frío y soso que, eso sí, se adapta como un guante a los nuevos tiempos. O sea, que el “bla, bla, bla” es nuevo, pero los asesinatos los mismos (¡gran acierto!).
Es tan de hoy la película, que incluso a mitad del visionado no sabía si amarla u odiarla… casi, hacen un intento políticamente correcto de limpiar la imagen de "Freddy" (y con esto creo que la destripo un poquillo). Se plantea el hecho de que pudiera ser que los padres de los niños de "Springwood", lo quemaran vivo sin saber a ciencia cierta si había violado o no a los niños… y con eso juguetean durante el metraje.
En el apartado técnico la cosa es inmejorable; efectos especiales artesanos (hay C.G.I. pero con cuentagotas e inapreciable), gore muy bruto para lo que son estas cosas hoy en día, buena dirección (quizás la escena de la bañera, que es el santo y seña de esta nueva versión, ha quedado un poco soseras, pero mola de todas formas), una puesta en escena antológica y un ritmo a prueba de bombas. Una película de lo más divertida… pero, ¿da miedo?, pues miren, "Freddy" a estas alturas es "Freddy" y, aunque lo vistan de seda, "Freddy" se queda. No da nada de miedo (en la de Wes Craven, sí lo daba), pero ojo, tampoco da risa. Y es que lo mejor de la película, también contra todo pronostico (mucho gilipollas odia la peli, solo por el hecho de que "Freddy" no es Robert Englund) es el actor que le da vida, Jackie Earle Haley, visto en "Watchmen", en "Shutter Island", siendo secundario en cientos de películas de diversas cataduras (sale en "Semi-pro", sale en "Maniac Cop 3") y que fue nominado en 2007 al Oscar como mejor secundario por "Little Children". Crea un "Freddy Krueger" muy inspirado en el de Robert Englund, pero más sereno, sombrío y, para que quede algo de la esencia, y e ahí el único fallo, suelta UN único chiste. Por lo demás, menudo hijoputa está hecho este "Freddy", de profesión jardinero antes de palmar. No es mejor que el de Englund, pero tampoco peor, simplemente es el que toca ahora y, sinceramente, tampoco se me ocurre un actor mejor. Y el look es de lo más acertado. En lo único que varía es en el maquillaje, que imita ahora quemaduras reales; si a ti te prenden fuego, es más probable que se te quede la cara como a Jackie Earle Haley (que ya de por sí la tiene bastante jodida) que como a Robert Englund, más parecido a una pizza tal y como ya bromeaban en alguna de las secuelas.
¿Tics típicos? en los 80 "Freddy" movía la lengua con lascivia, ahora frota sus cuchillas entre sí, haciendo un ruido espeluznante.
El director es Samuel Bayer, que debuta en el largometraje (tras tropecientos vídeo-clips) de manera magistral con esta película, y aunque hace poco declaró que nunca más haría cine de terror, y que no participaría en una posible secuela, ahora, tras el bombazo que ha sido la peli en los USA, se confirma una secuela del remake y su nombre suena como posible director.
Que sí, cojones, que no es por llevar la contraria, que "Pesadilla en Elm Street (El origen)" es cojonudísima, y como "Viernes 13 (2009)" tampoco estaba mal, no solo los dos psycho-killers más importantes de la historia del cine siguen en espléndida forma, si no que, y no suelo equivocarme, vaticino una más que pronta secuela del "crossover". Time to time.

viernes, 15 de abril de 2011

LA NUEVA PESADILLA

A mediados de los 90, el grado de putismo de Freddy Krueger había alcanzado ya cotas absurdas. Después de tantas pelis, tantos anuncios, tanto merchandising desbocado y tanta tontería, se había convertido en una pálida sombra de lo que fue. El más famoso, simpático y amado pederasta del cine era un personaje casi infantil, totalmente blanco, ridículo y nada amenazador. Su padre, el papanatas de Wes Craven, decidió hacer una peli que, no solo le devolviera la dignidad, también recuperara sus más aterradoras virtudes. Semejante invento se tituló "La nueva pesadilla" (o "La nueva pesadilla de Wes Craven"... aunque podría haberse titulado "La nueva pesadilla del espectador") y se suponía que, contando con guión y dirección del mismo tipo que hizo el "Pesadilla en Elm Street" original, el mito iba a volver por la puerta grande. Nada más falso. La gente (y sobre todo, los productores) habían olvidado uno de los aspectos más recurrentes en la carrera de Wes Craven, su capacidad de pifiarla tremebundamente tras parir un éxito. Bien, este último hacía ya años que quedaba atrás, y era momento de que Mr.Craven volviera a tropezar. Cosa que hizo sonoramente.
El mayor tributo de "La nueva pesadilla" consiste en narrar la historia desde el otro lado de las cámaras. Es decir, los protas son los perpetradores del primer film, Heather Langenkamp se interpreta a si misma (tan sosamente como siempre), Robert Englund hace de Robert Englund, Wes Craven de Wes Craven, Robert Shaye (jefe de "New Line") de Robert Shaye y John Saxon de John Saxon (más algunos de los actores secundarios que se prestan a escuetos roles... o directamente, cameos). Toda esa parte es la más graciosa, en la que se retratan las movidas entre bambalinas y Craven aprovecha para echar unas cuantas puyas al resto de pelis... y a sí mismo... no sé yo si lo hace adrede o no, pero aparece como un gilipollas pretencioso que no acepta que únicamente hace pelis de terror adolescente y las reviste de pajas mentales filosóficas (por cierto, en su mesa del comedor reposa la Maria, el trofeo oficial del Festival de Sitges). Total, que Freddy Krueger, el personaje, era algo así como "la cárcel metafórica" de una entidad maligna. Al morir el personaje, dicha entidad se quedó con ganas de más, así que transmutó en su propio Freddy y decidió putear a aquellos que le vieron nacer y crecer y, muy especialmente, a la churri que lo mató en el film original, la mentada Langenkamp (que, por cierto, se supone tiene un hijo... un niño de lo más repugnante, feo y odioso... de verdad, yo tengo uno así y lo lanzo por la ventana). Pues vale.
En aquellos tiempos se habló mucho de que Krueger aparecería con una imagen más dura y terrorífica... y sí, se intenta... lleva pantalones de cuero negro y botazas, los colores de su jersey son más oscuros, su maquillaje más feo que en los títulos precedentes, sus uñas de acero más largas y él se gasta un poco más de mala uva, además de reservarse la aparición hacia la parte final del film. Sin embargo, cuando se deja ver, resulta patético... muy fácil de tumbar y con unos caretos que provocan la risotada. Una pena. La cosa en general es una pifia tremendamente aburrida y previsible, directamente mala, a la que no la salva ni la nostalgia. Después de ver esto, no me sorprende que para el nuevo Freddy buscaran a otro actor y apostaran por hacerlo más hijo de puta, porque ¿quien quería un payaso en la pesadilla del nuevo siglo?.
Recuerdo haber visto "La nueva pesadilla" en el cine, con un amigo, y bostezar tanto como hace un par de noches. La cuestión es que fue un merecido fracaso de taquilla y Krueger no volvió a asomar el careto hasta que "Jason Voorhees" salió en su ayuda.
Lo dicho, mala de esas que duelen.

viernes, 14 de febrero de 2014

976 EVIL, EL TELÉFONO DEL INFIERNO

Con el cine de terror, a veces no me queda otra cosa que llevarme las manos a la cabeza con según que películas. Porque, el fanatismo, hace confundir la velocidad con el tocino, y se escriben autenticas barbaridades sobre las pelis. Como con las religiones. En el nombre de la religión se han cometido actos atroces… apliquen esto al cine de terror.
Porque si bien reconozco este “976-Evil, el teléfono del infierno” como un pequeño clásico de nuestros vídeo clubs – la carátula es súper reconocible y estaba en todas partes- no me dio nunca por verla en su momento, así que la veo por primera vez, teniendo todas a su favor, solo por la buena prensa que arrastra la peli.
Bien, pues es malísima. Que haya gente que le guste por los motivos que sean, lo acepto, pero que haya quien diga que esta es una película buena… a ese había que fusilarle, por ignorante.
Resulta que hay un número de teléfono al que si llamas, este te dice tu “Horroroscopo”, y si sigues las instrucciones de la voz que te va diciendo las cosas,  estas se hacen realidad… no sin que haya funestas consecuencias. Así tenemos a un par de hermanos, el rebelde y ligón y el “nerd” medio retrasado, virgen y agilipollado, a los que les da por llamar de vez en cuando. Con el primero no pasa nada, porque llama, se queda escuchando y se va a casita, se toma las llamadas como un chiste. Pero el segundo, no tiene tanta voluntad, y hace lo que la voz del teléfono le dice, por lo que acabará, no ya adorando al diablo, sino convirtiéndose en uno, que irá dando cuenta del resto del reparto adolescente.
Aburrida, lenta, sosa… no pasa nada en ningún momento, incluso cuando la cosa se pone molona, con el muchacho convertido en diablo, siguen sin ocurrir cosas. Escasa en gore y/o FX,  la película es estúpida a más no poder.
Siguiendo con el rollo cliché ochentoso, tenemos por ahí a una banda de medio punkos, medio “Newaveros” que son muy macarras y malcarados y que juegan a póquer en una cabina de proyección de un cine llamado “El diablo” que está llena de pósters de películas de terror- por ejemplo “Critters” o “Maniac”-, y que tiene bastante importancia en la película. Y todo eso me parece muy bien, pero ¿Alguien me explica porqué están en esa cabina de proyección? En algún momento, incluso, se les ve proyectar películas, pero ¿Es que trabaja alguno de ellos allí? ¿Es que son ocupas?, Nunca lo sabremos. Y como eso, un montón de cosas en esta mala película.
Se trata del debut en la dirección de Robert Englund, el sempiterno Freddy Kruegger, que toma buena nota de las películas en las que intervino como tal, porque el protagonista de esta, ese demonio chabacano, no deja de soltar chistecitos cuando va a matar a sus víctimas… podemos pensar que la influencia sean los cómics de Spider-man… pero no. Es el puto Freddy, que quiere crear otro Freddy, sin éxito alguno.
Su siguiente película años después, “Killer Pad”, ya directamente, era una comedia.
Obviamente, si juzgamos la labor de dirección de Englund por estas dos películas, la verdad es que es una faceta que más le hubiera valido dejar en un recóndito lugar de su subconsciente, porque como actor, lo que hace entra dentro de unas directrices que un sector del público agradece, pero como director, es una puta mierda.
En el papel protagonista, como ese muchacho al que posee un demonio tenemos a un actor de verdadero culto, Stephen Geoffreys, cuyo momento de máximo esplendor, fue casi al principio de su carrera, interpretando a “El Rata” en “Noche de miedo (1985)", para después protagonizar esta que nos ocupa y acabar su carrera, durante los noventa, haciendo porno gay, usando pseudónimos, el más conocido de todos ellos, el de Sam Ritter. Tras ganarse las garrofas comiendo pollas, volvió al cine que le dio la fama, el de terror, esta vez en su vertiente más videoclubera y hace relativamente poquito.
Junto a él, tenemos a Pat O´Bryan (“Lucha sin limites”) y una actriz a la que yo sigo, y que se prodiga poco la jodía como es Lezlie Deane, a la que te entraron ganas de follarte en “Mi novia es un diablo”, “Plump Fiction” o “Pesadilla final: La muerte de Freddy”, en la que intervino gracias a la recomendación de Robert Englund, que ya había trabajado con ella en esta.
Muy mala. Al que vuelva a decir que es buena, o entrañable o algo de carácter positivo, me lo cargo.

lunes, 27 de octubre de 2008

JACK BROOKS, MONSTER SLAYER

Muchas veces, al leer algo sobre una peli a uno se le ponen los dientes largos y se crea unas expectativas. Luego, rara vez, se ven cumplidas. "Jack Brooks, Monster Slayer" no es (por si acaso pensaban lo contrario) una excepción. Todo lo que había leído sobre ella era bueno. Y se puede ver, pero no es para tanto.
El fontanero Jack Brooks tiene descontrolados ataques de ira por culpa de un trauma. De pequeño, vio como su familia era devorada por un monstruo. Además de darle a las tuberías, asiste a las clases de un profesor, magistralmente interpretado por Robert Englund. Con el fin de hacerle la pelota, un día Jack acude a su casa para desatascarle las tuberías. Hurgando por allí encuentra una caja con restos dentro, entre ellos un corazón palpitante. Pronto el profesor es poseído por un demonio y empieza el festival de casquería.
A ver, ya digo que está sobrevalorada. Aunque, verdaderamente, la única pega que le pongo es que hasta que llega todo lo divertido, pasa una hora larga. No nos aburrimos, pero nos agotamos de tanto esperar.
El rey de la función es Robert Englund, que hace de la sobreactuación un arte. El personaje de Jack Brooks está también muy divertido, y cuando se encuentra con todo el percal (estudiantes poseídos por demonios) ¿sabéis como se enfrenta a ellos? ¡A base de hostias! Sí señor, se los va cargando a puñetazos y eso está muy bien. Al menos es original.
Lo que está claro es que con este Jack Brooks intentar sacarse una franquicia del bolsillo, algo así como un sucesor de "Ash Williams" (de "Evil Dead"). Y aunque está simpático, lógicamente no alcanza al gran Bruce Campbell.
El dire es un canadiense llamado Jon Knautz.

domingo, 26 de septiembre de 2010

EL COCO VUELVE A DAR MIEDO

Vi el primer "Pesadilla en Elm Street" cuando salió editado en vídeo. Nos sentamos mi hermana, una amiga suya , mi hermano mayor y yo en el sofá y le dimos al "play". Me cagué de miedo. La segunda no llamó mi atención y con la tercera fui al cine. De ahí en adelante, las vería todas en la pantalla grande (incluida la de 3D, claro). Lo curioso de la que hacía tres fue que la consumí en dos ocasiones. La segunda durante la primera Maratón de Cotxeres de Sants a la que asistí. Que hermoso recuerdo.
Con todo esto quiero decir que el yo "aficionado al cine de terror" creció con Freddy Krueger. ¡Cojones!, si incluso en 1989 pillé a Robert Englund andando por Sitges y le pedí un autógrafo. "Sleep Killz!" escribió encima de su firma el actor. ¿Que si era fan de Krueger?... no, fan no, pero sí es cierto que al principio no le odiaba tanto como lo terminaría odiando luego.
¿Y qué causó ese cambio de perspectiva?, sin duda las consiguientes secuelas de "Pesadilla en Elm Street", especialmente la quinta. Salí del cine maldiciendo los huesos de su director y la madre que lo parió. También contribuyó a ello, y mucho, que el personaje se convirtiera en un monigote mediático, un cómico, un monstruo que ya no daba miedo, anunciaba "Pepsi" y rapeaba. Una puta de los medios. Detestaba que Freddy fuera un tío enrollado y por eso mi simpatía se fue evaporando y Jason Voorhees, con el que compartía amores, se acabó ganando mi absoluta atención y afecto (a fin de cuentas es un pobre "freak" -de verdad- que no hace más que vengarse de los guaperas idiotas que le ignoraron. ¿Qué es Freddy?, ¡un jodido pederasta!). El último motivo por el que Krueger no me cae bien es por su condición de icono para una generación muy específica, una que aborrezco.
No falla, todos los -auto-denominados- fans del cine fantástico y de terror de una generación posterior a la mía son los que tienen a Krueger en un pedestal, los que le votan cuando se hacen listas de "tu monstruo favorito", esos mismos que confunden la gimnasia con la magnesia y dicen adorar el terror cuando lo que ellos adoran son las comedias de terror. No les pongas horror serio y traumático porque lo despreciarán.
El remake de "Pesadilla en Elm Street" ya me cayó en gracia desde un principio porque osaba pasarse por el forro las características intocables de la saga original y ofender a los fans acérrimos del de las uñas. Todos comenzaron a llorar porque no habían contado con Robert Englund para el rol del monstruo, y muchos siguen echando pestes de la peli, una vez vista, porque, sí amigos, tiene muy poco de divertida. Y eso, yo lo aplaudo (a parte, ya metí en su momento la chapa al respecto, quien quiera leerlo, que le de a ESTO).
Vi ayer noche el nuevo "Pesadilla en Elm Street" y, sin que me hiciera vibrar, reconozco que me sorprendió. Me sorprendió su seriedad. Me sorprendió su sobriedad. Me sorprendió que no se abuse de efectos especiales (como en la peli madre, no olvidemos que las secuelas eran auténticos festivales gratuitos de látex), incluso que no abuse de gore a falta de nada mejor que ofrecer. Y, obvio, lo que más me sorprendió y moló fue volver a ver un Freddy Krueger malo, malísimo, un auténtico hijo de puta antipático y despiadado. ¡Por fin!. A este Krueger no lo veréis anunciando refrescos ni haciendo el paria, es demasiado desagradable. Bravo por Jackie Earle Haley y su aportación. Ha nacido un nuevo Freddy, no es un payaso, no es una puta, no es enrollado... y mola mil.
¿Que si la nueva "Pesadilla en Elm Street" es mejor que la de Wes Craven?, no, mejor no, pero se permite el gusto de, siendo un remake, no repetir plano por plano lo que vimos en el film de origen. Partiendo de los mismos ingredientes, cocina su propio plato.
AQUÍ pueden leer la acertada reseña que mi compadre Víctor hizo de la peli en su momento.

martes, 31 de agosto de 2010

2001 MANIACS: FIELD OF SCREAMS

El "2000 Maníacos" original de don Herschell Gordon Lewis, es, guste o no, un pequeño clásico del cine de terror. No fue el primero en explotar el gore como subgénero y/o atractivo comercial (eso lo hizo "Blood Feast" del mismo Lewis), pero sí el primero en combinar gore y comedia, tendencia esta que con el paso del tiempo se acabaría imponiendo del todo. Muchos años después saldría a la luz "2001 Maníacos", el remake oficial con Tim Sullivan dirigiendo, Eli Roth y su clan (Scott Spiegel entre ellos) produciendo y Robert Englund en el rol principal del "jefe" de los maníacos. La peli no es que fuera gran cosa, a su delirante y descerebrada primera parte le seguía una segunda que se obcecaba en tomarse demasiado en serio. Pero bueno, para un visionado tontuno funcionaba. Su modesto pero notable éxito pronto generó el rumor de una secuela. Se habló de "2002 Maniacs", creo, y se habló de "2001 Maniacs: Beverly Hillbillies"... pero algo no acabó de funcionar debidamente porque la segunda parte finalmente parida ni cuenta con Robert Englund (sustituido por Bill Moseley, del que hablaba hace poco), ni con el clan Eli Roth, ni con la mitad del presupuesto de aquella (lo que debería acercarla más a la miseria de medios de la peli antigua y, sin embargo, parece que en aquella se invirtió bastante más dinero -y talento-) y, en fin... que el resultado es absolutamente horrendo.
Los maníacos del título quieren seguir matando yankis, pero el sheriff del condado les prohíbe hacerlo. Después de cargárselo (una muerte directamente inspirada en la peli original), deciden que en lugar de esperar, saldrán a la caza y captura de víctimas. Casualmente en su camino se cruzará un autocar en el que viaja el equipo de televisión de un reality show sobre una sosías (muy descarada) de Paris Hilton (en una parodia de aquella cosa titulada "The Simple Life"). La mezcla sería explosiva... si la peli no resultara tan dolorosamente mala.
En fin, lo que más choca en un principio de "2001 Maniacs: Field of Screams" es su cutrismo, lo chapucera que es, lo increíblemente pobre que resulta en todos sus aspectos (especialmente ver la población de "Plaseant Valley" convertida en un grupito de 10 individuos). Luego, viene su guion sin sentido ni lógica, sus chistes facilones, escatológicos (desde una óptica muy infantil) y patéticos que intentan compensar con un chorro de sexo y violencia. Aquí se denota la tendencia sexual de su realizador, Tim Sullivan, pues el film está plagado de jovencitos monos musculosos medio en pelotas. Obvio, las tetas también abundan, así como las coñas políticamente incorrectas que no ofenden a nadie (en el reparto hay de todo, hispano, judío, gay...estratégicamente colocados para dar pie a sus respectivos chistes). El gore es explícito y llamativo (destacando la tía partida en dos verticalmente mediante sierra circular), pero al estar tratado con humor, pues ya sabéis, no es lo mismo.
Herschell Gordon Lewis y su socio de la época, David Friedman, son los productores ejecutivos (y eso que en el Festival de Sitges Lewis decía no estar nada satisfecho del anterior remake... pero ya se sabe...).
Resumiendo, "2001 Maniacs: Field of Screams" es una de las mayores mierdas que he visto este año, ¡me costó un cojón llegar hasta el final!... así que, tu mismo.

martes, 11 de octubre de 2011

KILLER PAD

Una de las últimas incursiones de Robert Englund en la dirección, ha sido esta comedia de horror en la que tres jóvenes se mudan a Los Ángeles (problemas de dinero no existen en esta peli) y se compran una enorme casa. Pronto son advertidos, de que esa casa es en realidad la puerta del infierno, pero como el que viene a advertirles es mexicano, pues se lo dice en español y por ende, los chavales no se enteran. Ni cortos ni perezosos, montan allí una megafiesta en la que parte de los invitados, son asesinados por el diablo de variopintas formas.
La película no vale mucho. Entretiene y eso, pero digamos que no anda sobrada de buenos momentos. Los chistes son más bien flojos. Los efectos especiales son muy cutres, creo intuir que intencionadamente. Esto no ocurre cuando el gore hace acto de presencia, ya que hay un par de efectos muy logrados y que harán las delicias del aficionado (si es que se digna en ver la película). Los protagonistas, como suele pasar en este tipo de películas, dan cierta grima como ya ocurría en COLEGA DONDE ESTA MI COCHE, película esta, de la que Englund se nutre afanosamente, con la intención, por supuesto, de llegar al mismo tipo de público. No en vano, los productores son los mismos, y eso queda claro en la caratula.
Lo que yo no entiendo, es como a los productores no se les ha ocurrido en la portada, poner bien grande la típica frasecita promocional “dirigida por Freddy Krueger”. Hubiera tenido cierta gracia.
Eso si, al señor Englund, se le llena la boca hablando de ella, y comentando lo bien que se lo ha pasado haciéndola. Seguro que mucho mejor que nosotros viéndola.
Para ver e irse a dormir después.

lunes, 6 de febrero de 2012

EL FANTASMA DE LA ÓPERA (1989)

No contento con ensuciar la memoria de Edgar Allan Poe a base de infra-adaptaciones videocluberas, el legendario exploiter Harry Alan Towers (ayudado por Menahem Golan desde su flamante/fugaz "21th Century"), decidió que tocaba echarle el guante a otro clásico y someterlo a un baño de modernez. El elegido fue Gaston Leroux. Robert Englund, entonces en la cresta de la ola e imagino que hasta los cojones de tener que actuar con la cara llena de potingues, interpreta al fantasma (¿¿"Freddy goes to the opera"??).
En fin, la trama ya os la sabéis: Compositor brillante pero condenado por su rostro deforme, se oculta en las catacumbas de una ópera. Enamorado de la aspirante a protagonista en la función que se estrena en ese momento, relegada a sustituta de la odiosa diva de turno, hace lo que está en su mano -es decir, aniquilar- para que la chica escale puestos. Por aquello de darle un toque distinto, a la narración se le añaden elementos extraídos de "Fausto" (este fantasma no sufre los avatares de un ataque con ácido, sino que vende el alma al diablo para que su música sea eterna) y Jack, el destripador (el mozo corretea por las callejuelas de la ciudad, con capa y sombrero, matando incautos viandantes a los que despelleja). De hecho, también podríamos añadir en el pack a "La matanza de Texas", ya que el fantasma cubre su horrible faz con la piel humana que extrae en sus fechorías. Justamente, la única escena genuinamente potable es aquella en la que procede al cambio con todo detalle (minuto 56).
Y digo "la única escena..." porque mucho me temo que "El fantasma de la ópera", versión Englund, no funciona. Sus artífices intentan dotarla de un rollo moderno, con un poco de gore, un malvado más agresivo y cabrón, en definitiva, un tono más pensado para las plateas adolescentes. Sin embargo, al mismo tiempo lo mezclan todo con un rollo clasicorro, pretendidamente elegante y estéticamente barroco. Intenta ser muy bonita visualmente, y tal vez lo sea, pero ambos lenguajes no casan bien. Ninguno de los dos manda sobre el otro, y el resultado se resiente. Es imposible que esta peli, con todo el paripé de época, las escenas de ópera y los mariconismos forzados, pudiera satisfacer al aficionado jovenzuelo medio, más acostumbrado a cosas video-cliperas y truculentas. Probablemente ese fue el motivo de su fracaso (y dolió, porque sin ser una superproducción, se nota que hay bastante guita invertida en el asunto). Contribuyen a ello el aburrimiento, el que no logre interesarte en ningún momento (salvo la secuencia comentada del "desmaquillado"), el inicio y el final situados en tiempos "actuales" carentes de sentido, y el desenlace, una gilipollez interminable.
Acompaña a un sobreactuado Englund, Jill Schoelen, que has visto en muchas pelis-mierdas como "Curse 2: the bite", "Clase sangrienta" o la secuela telefílmica de "Cuando llama un extraño". Dirige Dwight H. Little, que venía de facturar la cuarta parte de "Halloween" y luego hizo "Señalado por la muerte" para Steven Seagal y "Rapid Fire" para Brandon Lee. Al muchacho no debió irle muy bien porque acabó prisionero de la caja tonta (hasta hoy).
Muy olvidable. Se nota que fue parida un año antes de arrancar los horribles 90.

domingo, 22 de enero de 2012

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (9): DANDO GATO POR LIEBRE

En la era dorada del vídeo-club, y teniendo en cuenta que por entonces meterse en tal menester resultaba siempre beneficioso para tus arcas, aparecieron mogollón de infra-distribuidoras que hurgaban en sus catálogos y lanzaban películas de tercera división para las que confeccionaban cutre-caratulas engañosas. El ejemplo más extremo venía cuando se valían de material ajeno fácilmente detectable, en ocasiones ni tan siquiera disimulado. No solo no tenían nada que ver con lo que contenía la cinta, es que, además, infligían gravemente cuestiones de copyright. Los casos son cientos y miles, pero hoy he reunido aquí algunos de los más reconocibles, descarados y divertidos...



"Sombras de medianoche" es la única película dirigida, escrita, producida, montada e interpretada por Wes Olsen. En los USA incluso la distribuye Troma bajo su título original, "The Dark Side of Midnight", del año 1984. Se trata de un thriller en torno a los crímenes que un tal The Creep comete en las inmediaciones de un pueblecito. No he tenido la suerte de verla, pero según me informo, entra de lleno en la categoría de "tan mala que es buena".
Y a pesar de lo que la caratula pueda hacernos creer, Robert Englund no aparece por ninguna parte... que sí, que el tipo del sombrero y la mirada siniestra es Englund, de cuando interpretó al fantasma de la ópera en 1989 y de la mano de Dwight H. Little.



Esta es una de mis favoritas, por varias razones. Para comenzar, la imagen descaradamente robada, y sin añadidos ni colorantes, del film "El desafío de las águilas" con, sí, ¡Clint Eastwood!, al que reconocemos perfectamente y al que, lógico, no localizamos en el reparto. Luego tenemos el sello que la distribuye, ¿"Ízaro-Cannon"?, noooo!!!, se trata de "Pícaro-Zannon" que, encima, ni tan siquiera es el nombre de la distribuidora, solo parte del engaño (esta en realidad se llama "Multinacional Europe Productions"). Nótese la mutación de Ízaro a pícaro, detalle más que coherente y consecuente con la estafa. Hay que decir que esta NO es ni mucho menos la única vez que se utiliza tal estratagema, existen más films bajo el discutible sello de "Pícaro-Zannon". Olé.
El título,"Pesadilla Mortal El Esqueleto" parece más adecuado para un film de terror que para uno bélico, sin embargo, en realidad la peli, producción inglesa del año 1972, sí se titula "Nightmare", es decir, pesadilla. Curioso.



No hace falta estar muy puesto para reconocer en esta imagen a Arnold Schwarzenegger sacado de la caratula del film "Ejecutor". Sin más cambios ni variaciones que las que pueda aportar la poca habilidad del ilustrador. En cuanto a "Mercenarios", se trata de una producción bélica italiana situada en la segunda guerra mundial y rodada el año 1987 ("Mercenari dell'apocalisse"). El director, John R. Dowson, en realidad se llama Leandro Lucchetti. El reparto es genuino, ese tal Karl Landgren fue bautizado como Bruno Bilotta, y me molaría saber si el parecido fonético con Dolph Lundgren, entonces bastante de moda tras intervenir en "Rocky 4", es algo expreso o simple casualidad.


"La ira de los dioses" es un peplum italiano del 1960 protagonizado por la tetuda Jayne Mansfield. El título original no podía ser más distinto al español: "Gli amori di Ercole". Para ilustrar esta edición de "Light Entertainment Group" pillaron una imagen bien grande de la película "Los Bárbaros", dirigida en 1987 por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato, con sus dos reconocibles protagonistas peleándose (Peter y David Paul) , brillo en la espada incluido, y, ¡hala!, tirando millas...


Otra de mis favoritas. Esta no requiere mucho esfuerzo. Producción asiática de quinta división (nótese que la caratula no incluye ningún nombre) para cuya cubierta pillaron una imagen más que reconocible y, por aquello de disimular, le metieron un pegote en la cabeza absolutamente cutre que incluso empeora el flagrante delito.
Fijo que los boxeadores atizándose pertenecen también a otro film... pero a saber cual. Se aceptan sugerencias.



Otro caso curiosísimo. Aunque en la caratula no aparezca por ningun lado, ni en la cubierta, ni en el texto de atrás, "La venganza de las mujeres vampiras" viene protagonizada nada menos que por el mítico "Santo, el enmascarado de plata". De hecho, se trata de la secuela de uno de sus títulos más respetados, "Santo contra las mujeres vampiro", rodada en 1962, ocho años antes de la que ahora tratamos.
A este elemento ya de por sí algo bizarro, tenemos que añadir que la escalofriante imagen de la cubierta no pertenece a "La venganza de las mujeres vampiras" (de título real "La venganza de las mujeres vampiro", en singular y masculino), sino al "Drácula" dirigido en 1979 por John Badham y del que podéis leer la reseña aquí. En concreto, la tipa vampirizada se supone que es el personaje de Mina, verlo para creerlo.
Ya que estamos, aclarar también que la imagen superior de la parte trasera, la de la moza con una estaca clavada en la frente, pertenece a "Superstición" La de debajo todavía no ha sido detectada.... pero todo se andará.


Y terminamos con, cuanto menos, el caso más risible y divertido del pack. Otro añejo peplum al que se intenta disfrazar de producto reciente lleno de espectáculo. Este film en realidad se titula "Golia alla conquista di Bagdad", lo rodó en 1965 Domenico Paolella (que en la caratula es rebautizado Paolelli) y cuenta en su reparto con uno de esos yankees cachetas afincados en italia, Rock Stevens, seudónimo de Peter Lupus, aún hoy activo. Para la ocasión, Vicine/Cineman retitula absurdamente al film como "The Aligator" con la intención de sacarse un nuevo superhéroe de la manga (ya que en realidad el prota se supone que es Goliath) y se curra esta caratula patética y horripilante que parece un exploit algo retarded de los "Masters del universo". Para mear, no echar gota y partirse de risa.

¡Cuánta maravillosa desvergüenza!

sábado, 23 de marzo de 2013

ALIANZA MACABRA / THE MANGLER

Que tiempos aquellos en los que las respectivas carreras de Tobe Hooper y Stephen King estaban en pleno apogeo y a algún tio listo se le ocurrió que ya era hora de que uniesen fuerzas. Hooper aún arrastraba su "Matanza de Texas" (de la que únicamente habían pasado cinco años) y King iba a ser adaptado por segunda vez tras la estupenda "Carrie". Les hablo de 1979 y de "Salem´s Lot" o "El misterio de Salem´s Lot" o el infame "Phantasma 2" que, tratándose de un producto destinado a la caja tonta, y sin ser ni mucho menos la repolla, sí cumplía unos mínimos (incluso para alguien tan poco amigo de los vampiros como yo). A mediados de los temibles 90, con el terror sufriendo una de sus peores épocas, a otro tío -no tan- listo se le ocurrió que sería buena idea reunir de nuevo a Hooper y King en los roles de adaptador/adaptado tras tantos años desde aquel lejano "momento de gloria" (vale, en "Sonámbulos" habían vuelto a coincidir, pero sin lengua). Claro que entonces las carreras de ambos estaban ya bastante tocadas. El cineasta había rodado la infame "Combustión espontánea" y unos cuantos productos televisivos de menor calado, y el escritor pues puede que no pasara un momento TAN bajo, pero las adaptaciones que más triunfaban en aquellos tiempos eran las ajenas al terror, como "Eclipse total" o la estupenda "Cadena perpetua". El género de nuesos amores había quedado relegado a productos de segunda, simpáticos como "The Langoliers", sí, pero bien distantes del brillo de la mejor etapa de King-en-la-pantalla. Por todo eso, poco podíamos esperar de este "The Mangler" o "Alianza macabra".
En una lavandería de esas industriales, una enorme planchadora cobra vida tras probar la sangre y comienza a papearse a todo el que se aproxima demasiado. La cosa ya viene de lejos, de un pacto de origen diabólico tras el que se esconde el dueño del lugar, un anciano de lo más repulsivo. El inevitable poli protagonista, en inevitable crisis personal, será el encargado de descubrir el lío con la ayuda de un cuñado conocedor de toda clase de ciencias ocultas.
Vale, siempre he dicho que jugar con la idea de un objeto muerto que cobra vida para asesinar, no solo es terreno trillado, también muy delicado, porque resulta harto sencillo caer en el más absoluto y profundo de los ridículos. Da igual que Stephen King sea un especialista en el tema, sigue siendo un concepto que da pié a mucha caca y penuria (el relato del que parte la peli pertenece a su antología "El umbral de la noche", de donde también surgió "Maximum Overdrive", el debut en la dirección del escritor con una panda de camiones asesinos y un hostión en taquilla). Consciente de ello, Tobe Hooper opta por enfocar su película desde el humor, pero uno que surge de cierto tono irreal, semi-grotesco e incluso un pelín surrealista. El cineasta carga las tintas estéticamente, un poco en la línea de dos expertos en el barroquismo -y el agobio- como Tim Burton o Terry Gilliam (pero al estilo Hooper, quien no era nuevo en esas lides, basta repasar sus trabajos para la "Cannon"). Robert Englund, protagonista de la función, tomó buena nota de ello e interpreta al malvado dueño de la lavandería echando mano de unos cuantos histrionismos. Ted Levine (el famoso "Buffalo Bill" de "El silencio de los corderos") da vida al alucinado policía y, también, se suma al carro de la demencia, sobreactuando y encargándose de soltar los previsibles diálogos con fin apaciguador: "¿Una planchadora poseída por un demonio?, sí claro!". Y, justamente, ésta misma, la máquina que da nombre al film (a la que se bautiza como "la trituradora", que es lo que significa "The mangler"), es la que gasta el mayor de todo los excesos estilísticos, a base de unas formas pantagruélicas y un tamaño mas bien descomunal. Claro, todo esto está muy bien, quiero decir, es un buen intento por parte de Tobe Hooper de sacar algo potable de una serie de ideas tan estúpidas y absurdas... pero no lo consigue. Por un lado carga mucho (aunque a mi ya me suelen agobiar esta clase de excesos, así que no soy objetivo) y por otro, no logra que "The mangler" nos deje de parecer una chorrada. La parte final, con la máquina totalmente liberada, arrastrándose cual gusano y echando fuego cual dragón, es ya el cachondeo total y absoluto y, directamente, epitafio para la peli.
Sin embargo, tal vez estoy siendo injusto y la culpa no es totalmente del director de "La masacre de Toolbox", ya que, según fuentes (es decir, según Imdb), este solo rodó una parte de la peli, largándose del plató cuando aún no había terminado y otorgando las riendas al productor. Claro que yo no noto diferencia alguna.......
En la parte buena cabe destacar el elemento gore, bastante generoso, bastante gráfico y bastante bien facturado. Sí, queridos, podréis gozar todos viendo cómo la planchadora atrapa, aplasta, revienta y retuerce los cuerpos de sus agónicas víctimas, sin disimulos. De hecho, cuando el cadáver de la primera es descubierto por la policía, de entrada te lo muestran en rápidos flashes, tal y como Hooper hiciera al principio de "La matanza de Texas" con el mítico cadáver putrefacto, pero luego, planteándote tirar ya de pause para verlo bien, te lo enseñan perfectamente en un plano abierto e iluminado. Gracias a dios!.
Junto a Hooper, King, Englund y Levine, encontramos al legendario Harry Alan Towers en producciones ejecutivas, lo que explica la presencia de Sudáfrica como país co-productor.
El caso es que "The Mangler" debió funcionar bien de alguna manera, ya que en el 2002 hubo un "The Mangler 2" y en el 2005 un "The Mangler Reborn". ¡Que me lopliquen!.
Claro que no hacía falta soltar semejante parrafada para hablar de las poco honrosas mediocridades de la peli (sí, lo sé, demasiado tarde... lo siento), bastaba con señalar que estamos ante una producción de 1995 y todo habría quedado claro desde buen principio. Como dicen en no recuerdo qué película: "Sí amigo, aquel no fue un buen año..." yo diría más, aquella no fue una buena década.

martes, 16 de octubre de 2007

HATCHET

Como película de horror y "slasher" del nuevo siglo "Hatchet" funciona. Adam Green dirige su "carta de amor" al subgénero con brío, ritmo, sentido del humor, muy consciente de quién será su público potencial y, sí, gore, muchísimo gore de lo más bestia. El lugar donde se desarrolla la historia resulta ideal, un pantano, y el asesino también merece un aprobado considerable. Decía el Señor Director que últimamente los "slashers" se habían acomodado demasiado a la insulsa fórmula de dotar a sus killers de excesivo elemento "humano", es decir, todos son gente normal que, motivada por un trauma o intereses más básicos (herencias, dinero, venganzas), un día pierden los papeles y comienzan a dar cuchilladas. Pero, ¿dónde están los monstruos?, ¿dónde están esos tipos corpulentos, deformes, con fuerza sobrehumana, casi prehistóricos, imposibles de aniquilar y que llevan con orgullo su condición de máquinas de matar?, los mismos individuos que nos lo hicieron pasar teta en cualquiera de las secuelas de "Viernes 13" o en "Madman", "The Prey", "Hell Night", "Don´t go in the woods alone"... incluso si me apuran, "Pesadilla en Elm Street". Pues ahí radica el mayor acierto de esta película, su asesino tiene un nombre que suena bien (Victor Crowley), un origen de leyenda urbana, es deforme, enorme, con muchísima mala uva y ha nacido para aniquilar, sin más, porque si (es especialmente memorable la secuencia en la que Crowley se deja ver bien por primera vez, en ella Green no pierde el tiempo, se abre la puerta de la cabaña, aparece el monstruo gritando hacha en mano, y en menos de 1 minuto ya ha masacrado a un par de infelices). Si a esto le añadimos que es Kane "Jason Voorhees" Hodder el que le pone cuerpo (y rostro a su padre) y que por el relato pululan Robert Englund, Tony "Candyman" Todd y John Carl Buechler (director de la séptima "Viernes 13" y en "Hatchet" actor y técnico de maquillajes) entonces está claro que este film tiene todos los números para robarnos el corazón. 
Pero... ¡ah, ese pero!, Adam Green puede "engañar" a los espectadores más jóvenes incluyendo en el póster promocional de su peli un lapidario slogan, "Horror Americano de la vieja escuela". Sin embargo, los que vivimos ésa época dorada sabemos que estamos ante una gran falacia. Puede que para algunos el "Horror Americano de la vieja escuela" sea "Evil Dead 2" o las desventuras de Freddy Krueger, pero para mi, y muchos otros, los "buenos tiempos", y más específicamente del "slasher" que teóricamente homenajea "Hatchet", están entre finales de los 70 e inicios de los 80, y durante esos años jamás vimos "pelis de psicópatas" con un humor tan obvio y un gore tan gran guiñolesco. 
El gore de "Hatchet" es brutal y grotesco... pero no es serio, es bufonesco, más deudor de "Braindead" o "Toxic Avenger" que de las escabechinas gráficas, realistas, impactantes y hasta ofensivas de "Maniac" o "The Burning". ¿Y el humor?, bien, esa es una característica completamente deudora del revival "slasher" de los 90 a raíz de "Scream" y en ningún momento del material que Adam Green cita como verdadera inspiración. 
Llamadme quisquilloso o tiquismiquis, pero con semejante publicidad yo me esperaba un regreso real, sincero y honesto al "slasher" primigenio, y no otra vuelta de tuerca a los tics del horror moderno, siempre escudados tras el humor y el exceso por miedo a no ser tomados en serio. ¿Para cuando una de asesinos enmascarados sin chascarrillos ni molestas innovaciones?. 

Aún así, si nos tomamos "Hatchet" como un refrito más de los muchos que se producen hoy día, entonces estamos ante un film simpático, entretenido y que bien merece un visionado... incluso puede que dos.

domingo, 7 de marzo de 2021

IN SEARCH OF DARKNESS PART 2

Fíjate tu, en la reseña de la primera parte de "In search of darkness" me preguntaba ande andaban Tom Savini o Linnea Quigley, a los que les gusta más una cámara que a un tonto una piruleta. Pues ahora ya lo sabemos: esperando salir en la segunda parte. Y aquí están. Casi parece que mi queja fuese tomada en consideración, porque pal caso no se limitan a hablar de las pelis en las que metieron mano, disponen también de su propio rincón, donde rememoran las respectivas trayectorias casi al completo. Justamente, esa vendría a ser la genuina novedad de este "In search of darkness part 2" con respecto a la precedente, que además de los ya conocidos repasos a toda velocidad de sendos títulos emblemáticos de los años ochenta (y que, en esta ocasión, se expanden no solo a cosas más oscuras y costrosas como "The Boogens", "Hollywood Chainsaw Hookers" de nuestro amigo Fred Olen Ray o un par de títulos de la pizpireta Jackie Kong, también a otras extremadamente populares y cuya presencia en un documental sobre cine de terror podría ser discutida, como la maravillosa "La tienda de los horrores") incluyen cápsulas en las que se detienen a charlar extensamente -todo lo que permite el espacio que le reservan- de temas como el terror italiano, los vídeo-juegos de temática horrorífica, proyectos no-natos o movidas más genéricas, así como los arriba mentados recorridos por las filmografías de otros invitados de lujo del calibre de Robert Englund o Nancy Allen. Se siguen echando de menos habituales como Bruce Campbell o John Landis, e insisto en ello a ver si, así, salen en la tercera.
Entre los momentos álgidos, tenemos a Joe Dante hablando otra vez de los exploitations de sus títulos de éxito, en el caso anterior eran las secuelas de "Aullidos", aquí se centra en "Gremlins" y lo que la siguió. A Joe Bob Briggs esputando una gran verdad sobre aquellos films que, estirando el elemento humorístico, pretenden ganarse de forma deshonesta un lugar de honor en el podio de las cult-movies (un zasca a la Troma??). O al técnico de efectos especiales Steve Johnson que, al haber participado en una gran parte de los títulos diseccionados, puede añadir mucha información. Y, de paso, nos aclara el misterio de cómo Linnea Quigley y él se hicieran pareja tras tener que sacarle un molde de las tetas para "La noche de los demonios" (coñas aparte, lo cierto es que conocía esa historia y verla, por fin, contada por sus protagonistas me hizo mucha gracia).
En el lado de lo criticable, está algo que ya veíamos en la primera, esos ridículos "speechs" en los que se habla del cine de terror como si fuese la cura para el cáncer, pretendiendo de este modo darle una pátina de respetabilidad o, peor, positividad de cara al mainstream (y el media que suele detestarlo y acusarlo de violento) que no necesita para nada. ¡Cómo odio esas cosas!. Me encanta la devoción del yanki medio, pero en estos aspectos suele perder el pedal y tomárselo demasiado en serio, aplicando un exceso de emotividad a algo que, ciertamente, no le pertoca (es ya cansino el rollo de que las "final girls" de los slashers inspiran para superar momentos duros de la vida de uno... ¡no me jodas!).
Con todo, y teniendo en cuenta la extensa duración, "In search of darkness part 2" sigue siendo igual de disfrutable que la otra. Imposible no emocionarse si creciste consumiendo todos estos títulos impepinables y, sí, es cierto: Ya no se hacen así, ni se harán nunca, ni -lo más importante- nadie ha sido + es capaz de mimetizarlas de modo correcto, así que basta ya de intentarlo, por favor (o de ocultar sus incapacidades tras la cantinela para engañar a los fanes).

lunes, 15 de junio de 2009

VUELO A LAS ESTRELLAS

Un avión de pasajeros super-sónico despega. Como es de esperar, sufre un accidente (los cachos de un satélite destruido colisionan con el) y se sale de la atmósfera, directo al espacio. Pronto, los chicos de la NASA se pondrán manos a la obra para el rescate.
Aquí se produjo el caso inverso de "Aterriza como puedas" con respecto al cine catastrofista del que se reía. "Vuelo a las estrellas" es la versión seria de -más o menos- lo que se cuenta en "Aterriza como puedas 2". Eso sí, dado que el género se encontraba ya en horas bajas, el artefacto fue producido directamente pa la caja tonta... aunque ello no les impidió contar con algunos nombres de prestigio como los de John Dykstra en los más que solventes efectos especiales (responsable de los innovadores trucajes de "Star Wars") o Lalo Schifrin en el soundtrack (suya es la fabulosa partitura de "Dirty Harry"). Como solían hacer en este tipo de pelis, también aquí se contó con un reparto coral, más una estrella en horas bajas, pero todo en plan rudimentario... os puedo citar a Lee Majors, Lauren Hutton o Ray Milland... aunque a mi lo que me hizo verdadera gracia fue ver a un jovenzuelo Robert Englund en un papel casi invisible.
El resultado es un divertimento en toda regla, de lo más sano y entretenido. A ratos ingenuo, como esas irritantes dosis de melodrama barato (pero muy adecuado dado su origen) o la redomada absurdez de que la NASA apenas tarde 60 minutos en lanzar un "Columbia", y otro, y otro. Pero en general se aguanta muy bien y presenta algunas ideas que, aunque descabelladas, son resultonas... como el que hayan de meter a un tipo en un ataúd de acero para trasladarlo por el espacio, o el enorme tubo con el que conectan las dos naves de rigor y por el que pasarán algunos pasajeros... hasta que la inevitable tragedia haga acto de presencia.
Cuando acaba, te quedas con una notable sonrisa de oreja a oreja. Ya no se hacen cositas como esta, y mira que lo lamento.

sábado, 14 de septiembre de 2019

SEÑALADO POR LA MUERTE

Steven Seagal lleva 30 largos años interpretando al mismo personaje, algo que resulta incluso fascinante. Salvo casos muy muy concretos, y atípicos, siempre ha hecho de duro poli, agente, militar, guerrillero, loquesea y sin moverse del cine de acción/thriller. Creo que es un caso único en la historia del séptimo arte. Claro que hace ya tiempo que la filmografía del pétreo actor anda estancada de mierda en mierda. Mucha. Ahora se anuncia una absurda y tardía secuela de su film de debut, "Por encima de la ley", pero ya veremos si fructifica. De momento centrémonos en los años durante los que Seagal se encontraba en pleno despegue, ganándose a pulso un puesto de honor entre los "action heroes" de toda la vida. "Por encima de la ley" y "Difícil de matar" no acababan de convencer. Faltaba LA PELÍCULA de Steven Seagal, y a mi juicio llegó con "Señalado por la muerte".
Narrativamente no cuenta nada que no hayamos visto mil veces. Incluso en la época de su estreno: Un agente de la D.E.A, harto de ver que su lucha contra el crimen no sirve para nada, se retira. Vuelve a la tierra natal y se instala con su querida familia. Pero ¡ah amigo!, resulta que la zona está dominada por un clan de rastafaris malvados que osan vender drogas a los buenos chicos blancos norteamericanos de barrio residencial. Encima, su jefe es un psicópata de ojos verdes obsesionado con el vudú y la magia negra. No hace falta decir que, aunque a regañadientes, Seagal terminará enfrentado con todos ellos. Su familia sufrirá, lo que la liará más parda y será motivo suficiente para que nuestro héroe duro, y chulesco hasta lo desagradable, no deje ni una sola rasta derecha.
En su época fui a ver "Señalado por la muerte" entusiasmado. Era fan de Steven Seagal. Y me flipó. Me encantó. Básicamente por ser su película más truculenta -con fugaces pero contundentes destellos gore- y lidiar tímidamente con el terror, lo que le daba un rollo un poco distinto.
Steven Seagal es el único "action heroe" que logra hacerme empatizar con los villanos, porque las hostias que les mete DUELEN. Pero de verdad. Hacen auténtico daño. Son retorcidas y sádicas. Todavía me da escalofríos ese plano dedicado a demostrar, con todo detalle, cómo Seagal le rompe el brazo a uno de los rastafaris. Ay!. ¿Y qué me dicen de la manera en la que despacha al jefe de los malos? Creo que ningún pillastre del cine ha sufrido una muerte más burra, cito (spoilers!): Seagal usa sus pulgares para hundirle los ojos en primerísimo primer plano (agh!), luego lo levanta por el aire y lo lanza contra su rodilla, partiéndole la espina dorsal (uff!). Una vez el pobre individuo se ha convertido en un muñequito inerte, lo lanza por el hueco del ascensor para terminar ensartado en un puntiagudo hierro (toma!). ¿Quién da más?.
El reparto de "Señalado por la muerte" va cargadito de rostros reconocibles, Keith David, Joanna Pacula, la "scream queen" Danielle Harris, Kevin Dunn, Peter Jason, el inevitable Danny Trejo, la actriz porno Teri Weigel (que sale en pelotas, claro. Interpreta a la concubina de un mafioso, exactamente el mismo papel que hizo en "Depredador 2") y el entrañable casi figurante de color Jeffrey Anderson-Gunter. Los guionistas son los mismos de "Poltergeist". El director es un personaje no exento de interés, Dwight H. Little, que comenzó en los ochenta dirigiendo subproductos de acción y aventuras para pasar luego al terror con  "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" (donde conoció a Danielle Harris) o el "Fantasma de la ópera" con Robert Englund. Luego de "Señalado por la muerte" dirigió a Brandon Lee en "Rapid Fire". Le siguieron "Liberad a Willy 2" y "Murder at 1600 (Asesinato en la Casa Blanca)", un vehículo de lucimiento para Wesley Snipes que fracasó, lo que acabó condenando a Dwight H. Little a currar en televisión.
"Señalado por la muerte" es de 1990, pero podemos decir que, a su manera, todavía conserva parte del espíritu del buen cine de acción de la década previa, aquel que ya no se hace, lo que contribuye a que, sin ser un peliculón en lo suyo, entretenga un buen rato.

martes, 10 de noviembre de 2015

ON THE CHEAP: MY LIFE IN LOW BUDGET FILMMAKING (DE GREYDON CLARK)

Alumno aventajado nada menos que de Al Adamson, y cineasta genuinamente exploiter e independiente, Greydon Clark, ya anciano, pensó que lo que tenía que contar era lo suficientemente interesante como para auto editarse un libro que recopilase datos y anécdotas de su carrera en esto del séptimo arte de baja estofa. A Clark debemos un puñado de películas, algunas de las cuales, por no decir todas, se han ganado justificada fama de “malas pero divertidas”, aunque también las tiene directamente insufribles. Por ejemplo, quizás su título más popular sea “Llegan sin avisar”, que se adelantó por completo a “Depredador” (en el libro, Clark asegura que Schwarzenegger reconoció abiertamente esa deuda), seguido del más “mainstream”, “Lambada, el baile prohibido”. Entre medias localizamos muchas otras cosuchas como la insalubre “El regreso de los extraterrestres”, comedias insufribles como “Waco” (un spoof de terror que no funciona la agarres por donde la agarres... como puedas) o “Joysticks” (esta ni la terminé), historias de cabezas rapadas malos (“Skinhead”) o más de bichos purulentos, destacando “Uninvited”.
Todas ellas, y algunas otras, son diseccionadas en un libro que Clark construye como si fuese el guión de una peli, diálogos incluidos (¡que portentosa memoria tiene el hombre!, ¡o cómo se lo inventa todo!). Estructura esta que pronto se vuelve monótona y cansina, con un nivel cero de imaginación. Lo extraño es que el cineasta parece sentir predilección por contar las anécdotas más chorras y con menos enjundia antes de ofrecernos algo realmente jugoso. O realmente divertido. Que se centre en cómo explica a sus jóvenes e ignorantes ayudantes para qué sirve el montaje, es de un evidente y una inutilidad que asombran. Y es que en realidad el fin de estas memorias es mostrarnos a nosotros, incrédulos e irrespetuosos espectadores, cómo se jugaba el cuello (y la casa, y la salud...) financiando sus películas independientes (en algunos casos a un paso de ser caseras). Tal vez crea que sabiéndolo vamos a ser más benevolentes juzgando los resultados… pero no creo que sirva de mucho. A mi no me cuentes milongas, la peli me gustará o no, pero saber cómo se hizo y los problemas que tuvo puede ser interesante, desde luego, sin embargo no influirá en mi parecer.
También se pasa más de la mitad del libro demostrando lo buen tipo, paciente, comprensivo, buencha, majete, amable, generoso, afectuoso, respetuoso y progresista que era y es (¡y qué malos e inútiles todos los demás!). Un auténtico ángel a juzgar por sus palabras. Además, la peña que le rodeaba le tenía en gran consideración y alababan continuamente su arte y su capacidad de dirigir y resolver pifostios. ¡¡Que seria del mundo del cine sin el talento de Greydon Clark, por dios!!. Ejecuta esa práctica tan fea de tirar la piedra, esconder la mano  y disculparse después poniendo cara de perrito apaleado. ¡Mal, feo!.
Si superamos tan irritante y constante práctica, encontraremos un puñado de curiosos personajes bien populares que cruzaron por la vida del cineasta, siempre asociándose a ellos en el peor momento de sus carreras. El mismo Al Adamson, que como todo exploiter del periodo era un auténtico hijo de puta. Martin Landau, George Kennedy, Tony Curtis, Chuck Connors, Joe Don Baker o, muy especialmente, un Menahem Golan post-“Cannon” cuyo único fin en la vida era competir con su hermano y ganarle. Produjo “Lambada, el baile prohibido” justamente por eso, porque Yoram Globus andaba pariendo su propia peli del tema. Y si contrató a Clark sin haber visto nada de su autoría fue, simplemente, porque le contaron que era muy rápido y quería estrenar el resultado antes que el otro. En resumen, la peli le importaba un huevo. Y sí, Clark era un fenómeno en cuestión de velocidad, aspecto que lograba acudiendo a las salidas estéticas y narrativas más simples, bobaliconas y visualmente elementales. Basando su única técnica de dirección de actores -a tenor de sus propias palabras- en decirles “Estás sobreactuando, rebájalo un poco” (cosa esta a la que alude en dos ocasiones diferentes, como si hubiese olvidado que ya lo había explicado en un capítulo previo). Pero no solo de viejas glorias se nutren las memorias de Greydon Clark, también aparecen Dean Cundey, Cibbyl Shepherd, Robert Englund o Michael Moore (sí, ese) en los inicios o mejores momentos de sus trayectorias artísticas.
La única vez que el tipo echa un poco de mierda sobre su propio tejado es cuando habla del fallecimiento del "stunt" Vic Rivers en el rodaje de su película "Hi-Riders (Los intrépidos salvajes)". Se confiesa responsable... eso sí, tras dejar claro que, legalmente y según el juez -y el resto de "stunts" presentes-, estaba libre de culpa.
Tampoco pasarán a la historia de la literatura cinematográfica todas las partes dedicadas a cuestiones monetarias, a cómo negociaba con inversores privados o con el banco. A los consejos legales de abogados. En fin, a todo aquello que, aunque en el universo de un cineasta súper-comercial y artesano como Clark encajan con lógica, a mi me importan un huevo. Son aburridas y me confirman que ese es el tipo de director/hombre de negocios que nunca estará en mi lista de favoritos. También Juan Piquer era un astuto empresario, pero luego ya ven lo que paría el pobre.
En un momento dado, y tras rodar un thriller "hitchcockiano" de lo más convencional originalmente destinado a la caja tonta, el autor confiesa que se sentía especialmente satisfecho de aquella película porque evitaba los típicos elementos propios del cine de explotación. Ni efectismos, ni violencia, ni tetas. Sin embargo fue su único fracaso real, así que pa la siguiente volvió al redil. No es nada nuevo, ningún exploiter lo era por placer (salvo Michael Findlay), ni disfrutaba haciendo lo que hacía, pero siempre me resultará triste leerlo.
La única parte de la obra que transmite alguna clase de emoción real, de humanidad y sentimiento, es aquella centrada en el fallecimiento prematuro de su abnegada esposa. Lo que justifica el que cada vez que le dedica algunas líneas en las páginas previas exagere sus atributos de entregada y sacrificada ama de casa que nunca jamás da un "no" por respuesta. Su fallecimiento fue lo que puso fin a la carrera de Clark.
Otra parte que me llegó es aquella en la que el hombre explica cómo en el cine de bajo presupuesto se suelen crear fuertes lazos de unión y afecto entre el equipo implicado durante el tiempo que dura el rodaje, sean ya actores o técnicos, pero que, del mismo modo, todo se desvanece sin remisión cuando concluye la experiencia. Uno puede pensar que ha hecho nuevos amigos/hermanos... y luego, plof!, nada de nada. Es algo que yo mismo viví cuando formé parte de "Al Pereira vs the Alligator Ladies" y nunca acabé de entenderlo. Leer en el libro que, por lo visto, es algo normal y extrapolable a todas las culturas me reconforta y me consuela.
Greydon Clark es un director que jamás ha destacado por su imaginación e inventiva. Sus películas suelen ser planas, monótonas, insulsas, funcionales, correctas pero desencantadas y sin brizna de personalidad. Bien, pues sus memorias son exactamente así. Solo se las recomendaría a aquellos curiosos que, como yo, quieran saber qué se oculta tras la realización de un producto netamente "exploitation”, pero que estén dispuestos a llegar al final sin ver colmadas sus expectativas.

lunes, 15 de febrero de 2016

C.H.U.D.

Un fotógrafo descubre un buen día, a través de una serie de vagabundos que moran en las cloacas, que en estas habitan una serie de monstruos  -se refieren a ellos siempre en plural, aunque el espectador siempre vea solo uno- que, hablando en plata, se están comiendo a la gente. Tras descubrir esto, el fotógrafo junto con uno de los vagabundos y la policía, se pone a investigar a ver que es lo que demonios pasa, y se descubre que estos monstruos son generados por la basura y los residuos tóxicos. Y mientras va ocurriendo todo esto, los protagonistas hablan y hablan, y hablan, y hablan…
Un pequeño clásico de los vídeo clubes y un pequeño éxito de los mismos, al menos en los USA, dónde tras su pequeño estreno en pocas salas –y distribuida por New World- llegó a generar un pastizal en formato domestico. Tampoco fue discreto su paso por los estantes de los video clubes españoles, donde llamaba poderosamente la atención el monstruito protagonista, sin duda mucho más chanante en la carátula del vídeo que en la propia película.
“C.H.U.D.” vendrían a ser las siglas de  “Canibalistic Humanoid Underground Dweller” (¿A que mola?) o lo que vendría a ser lo mismo, “Humanoide canibalista que habita en el subsuelo”. Y aunque luego en la propia película se daría otra definición de las siglas  (“Contamination Hazard Urban Disposal” que vendría a ser algo así como “Contaminación peligrosa por basura urbana”), en la versión española estas siglas dieron lugar al cachondo subtítulo de “Caníbales Humanoides Ululantes Demoníacos”. Y la verdad es que de cachonda la película no tiene nada. Es más, se antoja seria, muy seria. Lo que sería una cosa a tener en cuenta de no ser porque la película entera, pese al interesante punto de partida, es un autentico rollazo en el que se escasea en todo lo referente al monstruito y los asesinatos, en pro de una larga investigación por parte de los personajes principales que deriva en conversaciones eternas que merman el resultado final de la película. Ergo, aún resultando simpática en su conjunto, la verdad es que es un bodrio. Pero el aburrimiento es su talón de Aquiles porque lo cierto es que no es una película que esté en absoluto mal realizada, ni tiene ningún tipo de estridencia voluntaria o involuntaria. Vamos, que se deja ver, que es una película muy digna…. Pero taaaaaan aburrida….Eso no fue óbice para que un año después de su concepción, se presentara a todo tipo de festivales de cine fantástico ganando el gran premio en el, antaño, mítico festival de cine fantástico de Avoriaz.
Así mismo, se puede destacar un reparto plagado, sino de fulgurantes estrellas, si de personalidades que luego tendrían su peso en el cine mainstream, caso este el de John Goodman, que aparece un momentín interpretando a un policía un tanto desagradable. Asi mismo, uno de los papeles principales, el del vagabundo, tenía que haber sido interpretado por un Robert Englund en ciernes, que rechazó el papel a favor de otra cosilla que le había salido a la vez; tenía que interpretar a un tal Freddy Krueger en una película de Wes Craven. Se decidió por el tal Krueguer cediendo el papel a su amigo Daniel Stern cuyo momento de mayor gloria fue cuando tuvo papeles destacados en “Hanna y sus Hermanas” o “Cowboys de ciudad” además de aparecer en “Leviathan, el demonio del abismo”, posteriormente. También tenemos a un jovencito John Heard al que hemos visto en  cosas como “Jo ¡Que noche!” o “Gladiator”, secundando al otro jovenzuelo. Pero la nota exótica se da cuando, después de “C.H.U.D.” ambos actores – Heard y Stern- aparecieron juntos en las películas “Un lugar llamado Milagro” y “Solo en casa” ¡Que maldita coincidencia! ¡Ambos salen de “C.H.U.D”!
Por otro lado, se dice por ahí, que el guión original de la película, firmado oficialmente por Parne Hall  era tan desastroso, que ante la disconformidad de Daniel Stern ante una puta mierda como aquella, se le invitó a reescribirlo. Así  que eso hizo en compañía de Christopher Curry, añadiendo y quitando cosas a su antojo, y dejando la película un poco mas niquelada. Aún así, y a saber por qué, ambos decidieron no salir acreditados en la película, y ceder la autoría al guionista original. Total, “C.H.U.D.” no deja de ser una mierdecilla…
En cuanto a la dirección, esta recae en manos de un correcto Douglas Cheek, que aunque nunca más volvió a dirigir una película, al menos se ha ganado la vida honradamente como editor de película y telefilmes de la más variada índole.
Para finalizar, decir que, como la película fue un éxito en resumidas cuentas, cuatro años después generó una secuela “C.H.U.D.2: Bud the CHUD” que si me da el punto, lo mismo me veo un día de estos y la “Revieweo” por aquí.