Es comprensivo que, tras los desvaríos de Philippe Mora efectuados con la primera y segunda secuelas del clásico de Joe Dante, los desalmados seres humanos obcecados en no poner fin a tan errática franquicia decidieran comenzar de cero. Para ello, ficharon a un director veterano de capa caída pero con experiencia en el género fantástico, John Hough (aviso: después de consumir la reseñada, dolerá recordarle a los mandos de "Drácula y las mellizas", "La leyenda de la mansión del infierno" y "Objetivo: Patton" entre sus films respetados, o "Incubus", "Biggles, el viajero del tiempo" y "Escóndete y tiembla" entre los menos pero, como ven, más acordes a nuesas apetencias), encargando al guionista de turno regresar a la novela original de Gary Brandner y sus propias secuelas formato escrito, que las hubo. ¿¿Y quién fue el valiente que se atrevió a aceptar la tarea?? alguien que, a partir de ahí, plantaría semillas en la saga, Clive Turner. Al muchacho le carcomía la ambición, quería dirigir y producir, lo que le llevó a continuos conflictos con John Hough. Según las malas lenguas (es decir, Imdb), Turner rodó escenas nuevas a espaldas del realizador. Y cuando había quejas respecto al guion, señalaba a un aparentemente inexistente Freddie Rowe como culpable. Esa constante y continua revisión del libreto obligó en muchas ocasiones a tirar adelante la película de forma básicamente improvisada. Irónicamente, y a pesar de los pesares, a nivel adaptativo -en cuanto al material literario- esta cuarta entrega gasta una mayor fidelidad que la película inaugural, de ahí el subtitulo en inglés, "The Original Nightmare" (la pesadilla original, payo). Para su aterrizaje en España, sufrió una de aquellas mutaciones tan propias del video-clubismo de la época, y la saga en particular, "Pueblo Maldito". Actualmente puedes dar con ella en plataformas directamente como "Aullidos 4".
Entre los puntos de conexión narrativos con el "Aullidos" de 1981 tenemos a una mujer mediática (en este caso novelista de éxito), achuchada por el estrés, acudiendo a una casa de campo para hacer reposo, lastimosamente situada a la vera de una comunidad de licántropos. También está la lugareña sexy y misteriosa, que seduce al maromo de aquella. Este resulta ser un guaperas en plan "Geyperman", rollo Lorenzo Lamas (aunque guarde más similitudes con Miles O'Keeffe), genuinamente hilarante. Cada vez que aparece en escena, cuesta no echarse una risotada. Le pone cuadriculado rostro, y tableta, Michael T. Weiss, de discretita trayectoria, tanto como el resto del personal situado frente a la cámara, destacando a la protagonista Romy Walthall, quien retomaría a su personaje en la infame -ver más abajo- "Aullidos 7". Lo de la peña oculta tras la cámara es otro cantar. Hough y Turner aparte, localizamos a Steve Johnson encargándose de los efectos especiales (a pesar del descontento general, repetiría en "Aullidos 6" o, como se la conoció por aquí, "Escalofrío: the freaks") y dos productores de cierto calibre, el hoy poderoso Avi Lerner, fundador de "Nu Image / Millennium Films", y el veterano (y de turbia reputación) Harry Alan Towers, a quien debemos varias entregas del "Fu-Manchu" cinematográfico de los 60, "El millón de ojos de Sumuru" de Lindsay Shonteff, algunas cosas de Jesús Franco y, ya más para acá, "Al borde de la locura", "Emparedada" o "El fantasma de la ópera" y "Alianza Macabra", ambas con Robert Englund. Entre finales de los ochenta y mediados de los noventa, y con el saludable fin de abaratar costes, a Towers le dio por tirar de Sudáfrica como plató. Todas sus películas situadas en ese lapso pasaron por el trance, y "Pueblo Maldito" no es una excepción (salvo algunos exteriores rodados en USA para evitar dar mucho el cante). Encargándose de la segunda unidad, Cedric Sundstrom, posterior director de "actioners" costrosos tipo "Fuego contra fuego" y las tercera más cuarta entregas de "El guerrero americano". Su hermano Neal terminaría a los mandos de, justamente, "Aullidos 5: El regreso" ¿¿nepotismo??.
Aunque no he leído los libros de Gary Brandner, sí me he informado sobre las respectivas tramas y, aparentemente, ninguna incluye la de "Pueblo Maldito" en torno a una monja asesinada cuyo fantasma ronda por el lugar (tampoco la del campanario maldito traído desde Rumanía tocho a tocho). En cualquier caso, una compañera de conventos de aquella, ya retirada, se unirá a la escritora en su investigación. Llegado el momento, y con el fin de demostrar que la monja ectoplasmática y ella eran colegas de "profesión", extrae del bolso una enorme fotaca, tamaño folio y perfectamente alisada, donde ambas posan alegremente ahí en plan "selfie" portando sus hábitos. Otro instante de pura comedia involuntaria. Juntaletras y ex-monja se meterán en mil líos hasta dar con unos hombres / mujeres lobo que se habrán hecho esperar básicamente una hora y pico de película. Cuando aparecen, pues tampoco es que brillen muchísimo, aunque sí merece destacarse la transformación de uno: primero se derrite como un helado expuesto al sol, hasta formar un charco. Y, segundos después, de este emerge en su forma "licántropica". ¿Original? puede. ¿Aparatoso? También.
Lo de invertir en paciencia para ver a los peludos se convertiría en casi un ritual afín al resto de la franquicia. Llegado cierto punto -la séptima dosis-, los productores incluso pensaron en NO incluirlos, lo que habría sido la bomba. "Suerte" que Clive Turner, por entonces ya coronado amo y señor del caos, se opuso. Había extendido sus garras de guionista a las de actor (en la quinta) y, directamente, protagonista y director de la mentada, y terrible, "Aullidos 7". Fue una de sus últimas contribuciones al arte de fabricar películas, y con justicia.
Bien, a estas alturas sobra decir que "Pueblo Maldito / Aullidos 4" es un mojón de cuidado (superado en aciertos y calidad por las dos entregas siguientes, especialmente la sexta). Telefilmesca, sosa, desaboría, aburrida y con un nivel muy bajo de truculencia + tetas... que haberla/s hayla/s (fascinante la incursión descarada y gratuita de una pava desnuda en la caratula), pero no compensa.
Sin embargo, como materia reseñable es oro puro.
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sábado, 26 de abril de 2025
jueves, 11 de noviembre de 2010
AULLIDOS 7
La verdad es que llegó un momento en el que comencé a dudar si la séptima entrega de la franquicia de "Aullidos" no sería una leyenda urbana, porque parecía casi imposible visionarla o leer sobre ella. Pero no, sí existió, y ayer noche pude por fin verla... aunque la palabra adecuada sería sufrirla. Resulta curioso, trágico y fascinante cómo un film tan chulo y entrañable como el de Joe Dante pudo acabar derivando, con el paso de los años, a este "Aullidos 7" (en los USA "The Howling: New Moon Rising" o "The Howling: Mystery Woman"), es decir, a la más baja muestra de serie Z, casi rozando el amateurismo mal aplicado (repito por si algun lerdo nosentera que para mi lo amateur es maravilloso, salvo cuando intenta fingir ser otra cosa, ahí es cuando me entran dolores y arcadas).¿Y de qué va "Aullidos 7"?, buf! a ver... de un tio que llega a un pueblo de la américa ultra-profunda coincidiendo con misteriosos crímenes. Hay quien sospecha que es un hombre lobo, tanto al misterioso asesino como el recién llegado (motivos hay), aunque también podría ser alguien aprovechando la ocasión para cargarle el muerto al pobre idiota.
En fin, que sí, que es una pedazo de mierda risible de esas duras, duras. Verla entre colegas fijo que es un cachondeo, pero solo, ¡¡ouch!!, duele. Todo ello se desarrolla, como decía, en un pueblo de la américa más paleta. Tenemos tíos vestidos de cowboy pa dar y regalar y, sobre todo, una banda sonora trufada de country, ¡¡pero asaco!!, hay veces en las que suenan hasta tres temas seguidos. Sin contar los números de baile y, directamente, las secuencias de bandas actuando en un garito. Acabas hasta las pelotas (y eso que a mi no me desagrada el country), sobre todo porque en 60 minutos de peli solo hay UN asesinato, y ni siquiera vemos al monstruo. En realidad este no aparece hasta el final del todo, horripilante "morphing" mediante, y es tan cutre y triste como cabría esperar. De por medio, además de música country, tenemos momentos de humor voluntario dolorosamente patéticos, muchos diálogos sin sentido ni motivo, infra-actuaciones (el 99% del cast son peña real que habita el pueblo y que, obvio, no se dedican a la interpretación) y dos tíos -un cura y un policía que es la combinación perfecta entre El Fary y David Carradine (no exagero)- hablando de hombres lobo y tirando de flash-backs. En estos podremos ver las únicas explosiones y el único gore de toda la peli, ya que se tratan de extractos de las cuarta y quinta entregas, que no porque sí están producidas por el mismo baranda que se encarga de "Aullidos 7", Clive Turner... y no solo de dirigirla, también produce, escribe, monta e ¡interpreta al protagonista!. Dado que el caballero actuó en (y produjo) la quinta entrega, se supone que en esta séptima es el mismo personaje aunque... ¡con distinto nombre!. Está guay eso de que, por fin, una de las entregas de "Aullidos" haga referencia a los títulos previos, incluso sale la misma actriz que protagonizaba "Aullidos 4" recordando su terrible experiencia... lástima que haya tenido que ser en la peor.
Resumiendo, un despropósito en toda regla trasladable a la caratula del VHS yankee, que aquí les dejo, donde se asegura que es "Una de las mejores películas de hombres lobo jamás hechas" según Los Angeles Magazine (claro que luego, en letras pequeña, vemos que dicha reseña hace única y exclusiva referencia al "THe Howling" original, no a esta séptima demencia). Por ahí también dicen que los responsables son los mismos de la saga "Pesadilla en Elm Street" o la novena de "Viernes 13"... y todo porque "New Line" se encargó de su distribución en vídeo. ¡Los hay mu listos, oiga!.
viernes, 20 de enero de 2017
AULLIDOS 2
Con lo maja y resultona que era el “Aullidos” de Joe Dante,
es muy curioso lo condenadamente mala que es esta secuela. Mala, malísima, pero también muy graciosa.
Una especie de investigador llega a la conclusión de que la mujer a la que están dando el último adiós en un funeral es una licántropo. Así que, tras la noticia, la hermana de la muerta y su maromo se
van con el tipo este a Rumanía con el
fin de cargarse a una jamona (Sybil Danning) que responde al nombre de Stirba,
quien se saca las tetas cuando le viene en gana, y es la jefa de todos los hombres lobo. Entre tanto, la banda new wave “Babel” toca su canción, y
los punks arrasan con todo a su paso, o
regalan gafas de sol fardonas a Christopher lee.
Eso es lo que alcanza a comprender mi cerebro para construir
una sinopsis de “Aullidos 2”, “Your sister is a werewolf” como subtítulo de
algunas versiones o “Striba, The Werewolf Bitch” de otras.
Basada chabacanamente en la segunda novela de las tres que
componen “The Howling” y rodada en Checoslovaquia, este pedazo de mierda sigue,
por los pelos, el argumento que dejó la de Joe Dante y viene dirigida por Philippe Mora, quien también se encargó de “Aullidos 3”.
Cuentan que como “Aullidos 2” se
filmó en co-producción con Checoslovaquia, el equipo andaba hasta las trancas de autóctonos desconocedores de cómo afrontar la confección de una película. Concretamente, la ineptitud del que le tocó a Mora como asistente de director afectó tanto a la película que se nota en
pantalla. Y vaya si se nota, lo que no sabemos es si culpar al checoslovaco o se trata de una excusa barata inventada por Philippe Mora.
La presencia de Christopher Lee es meramente
alimenticia y por poco no se nos convierte en un John Carradine más. Él mismo aseguraba que esta era su peor película.
Pero la verdadera protagonista de “Aullidos 2” es la
secuencia de créditos finales, donde vamos viendo, entrelazadas entre si, tomas
falsas, la actuación del grupo “Babel” y, al ritmo de la música, una y otra
vez, con cada golpe de batería, las ubres de Sybil Danning, cuyo arrogante y
agresivo destete, repetido en esta secuencia hasta 18 veces, da lugar a pensar que se
están mofando de ella, y de la propia película. A saber. Cosa de los
montadores, o de Mora, o de su putísima madre.
Así pues, resulta un producto simpático, un despropósito
calamitoso en el que nunca sabemos lo que pasa, y en el que además de punks podemos ver enanos, despelote, negras y hombres lobos que atacan en exteriores
diurnos desde estudios con fondos negros. ¡Véanla!
lunes, 1 de junio de 2009
AULLIDOS
Hay algo de mágico y maravilloso en esto de repasar un viejo clásico -moderno- del horror. Y también en regodearse escribiendo reseñas como la que sigue.Ayer noche tenía mono de "Aullidos", y me puse a verla. Naturalmente gocé plenamente de ella, me entretuvo, despertó mi lado nostálgico y reafirmó el hecho de que, como el terror de aquella década, no lo ha habido y no lo habrá. Lo digo de entrada: Esta es una gran película. Tu y yo lo sabemos... pero siempre hay despistados y mentes impuras que tal vez no hayan tenido la grandiosa suerte de verla, a ellos va destinado el presente escrito.
"Aullidos" es, junto a la también cojonuda "Un hombre lobo americano en Londres", uno de los mejores films de terror de su década, así como las dos más logradas muestras de cine licántropo producido entonces ya que, entre otros motivos, fueron pieza clave para modernizar el mito del hombre lobo, tanto narrativamente como en los efectos especiales. Sí, la primera mutación mega-gráfica fue invento -justamente Oscarizado- de Rick Baker para "Un hombre lobo americano en Londres". Si "Aullidos" se "adelantó" fue, sencillamente, porque el responsable de estas (un pelín más exageradas que en el film de John Landis), Rob Bottin, era alumno de Baker, quien le aconsejó / ayudó durante el rodaje de la reseñada (como bien indican los créditos finales), para mayor posterior cabreo de Landis.
Ya que hablo de los dos films en cuestión, cabe mencionar que en ocasiones se crean disputas sobre cual es mejor o peor... bien, yo creo que ninguna gana a ninguna... es más, se complementan perfectamente, y en lo que una falla, la otra acierta (y viceversa). Aunque sí es bien cierto que "Aullidos" es un trabajo más "tradicional" que "Un hombre lobo americano en Londres".
Hay un asesino que ronda por la ciudad. Se ha citado con una famosa presentadora televisiva y se monta el consabido tinglado. Durante el encuentro, algo extraño ocurre, la mujer grita horrorizada y la policía abate al criminal. Con el fin de recuperarse del sustazo, será enviada a pasar unos días a una especie de colonia. El problema es que está infestada de hombres lobo y, entre estos, ronda un "viejo amigo" ... supuestamente muerto.
Hay un asesino que ronda por la ciudad. Se ha citado con una famosa presentadora televisiva y se monta el consabido tinglado. Durante el encuentro, algo extraño ocurre, la mujer grita horrorizada y la policía abate al criminal. Con el fin de recuperarse del sustazo, será enviada a pasar unos días a una especie de colonia. El problema es que está infestada de hombres lobo y, entre estos, ronda un "viejo amigo" ... supuestamente muerto.
Joe Dante, director, venía de la factoría Roger Corman (quien se marca un divertido cameo, rebuscando posibles monedas olvidadas en una cabina telefónica) y había dirigido la, también entrañable, "Piraña". Era joven y rebosaba talento, algo que se plasma perfectamente en esta peli. Al guión, John Sayles (quien también se marca un papelito como forense), gran guionista de cine fantástico, mediocre director de pelis más "de autor". En dicha tarea le acompaña Terence H. Winkless, a quien le aguardaba una extensa carrera en los dominios de la "serie B" (su debut en la dirección lo hizo con la curiosa "The Nest"). Ambos adaptan una novela original de Gary Brandner.
El reparto está plagado de maravillosos rostros populares: Una guapísima Dee Wallace (apuntito de ser la madre del mejor amigo humano de "E.T."), Patrick Macnee, Dennis Dugan (hoy director de comedias ultra-mainstream), Kevin McCarthy y Dick Miller (inseparables del mejor cine de Joe Dante), John Carradine, Slim Pickens, Elisabeth Brooks (resulta difícil olvidarse de esta ultra-sexy mujer lobo, tristemente fallecida de cáncer cuando solo tenía 46 tacos), Robert Picardo y más, muchos más. Cómo no, por ahí también rula Forrest J. Ackerman, luciendo entre las manos un ejemplar de su mítico "Famous Monsters". La excelente banda sonora la firma un inconmensurable Pino Donaggio. En el equipo técnico descubrimos a gente tan curiosa como Mark Goldblatt en el montaje (entonces futuro director del primer "Punisher" y montador de grandes films de acción en Hollywood), Robert Burns en la dirección artística (cosa que años antes hiciera en "La matanza de Texas" de donde, by the way, se recupera uno de sus cadáveres momificados para ambientar la tienda regentada por Dick Miller), Doug Beswick, David Allen, Greg Cannom (talentos en el terreno de los efectos especiales y/o la stop-motion) o Peter Manoogian (quien poco después se convertiría en realizador para la factoría de Charles Band).
"Aullidos" es una de aquellas películas que, por mucho que las ves, siempre descubres nuevos detalles, cosillas que le dan color y vida y contribuyen a su condición actual de clásico, desde su guión, hasta su fotografía, pasando por otros apartados técnicos y/o artísticos, va repleta de energía. Cierto que en ocasiones, y por aquello de la época y tal, roza el ridículo (los licántropos en dibujos animados fornicando, el caniche del final....), pero se le perdona muy mucho, y más como está hoy día el panorama. Las transformaciones son retorcidamente deliciosas y los hombres lobo en sí mismos me parecen geniales, con un aspecto fiero y una agilidad sorprendente... en eso, creo yo, le ganaron la partida al yanki desubicado en Londres.
El film fue un éxito y, como bien sabéis, generó una ristra de interminables secuelas, todas bastante chusqueras -aunque curiosas-, que alcanzarían hasta el número ocho.
El reparto está plagado de maravillosos rostros populares: Una guapísima Dee Wallace (apuntito de ser la madre del mejor amigo humano de "E.T."), Patrick Macnee, Dennis Dugan (hoy director de comedias ultra-mainstream), Kevin McCarthy y Dick Miller (inseparables del mejor cine de Joe Dante), John Carradine, Slim Pickens, Elisabeth Brooks (resulta difícil olvidarse de esta ultra-sexy mujer lobo, tristemente fallecida de cáncer cuando solo tenía 46 tacos), Robert Picardo y más, muchos más. Cómo no, por ahí también rula Forrest J. Ackerman, luciendo entre las manos un ejemplar de su mítico "Famous Monsters". La excelente banda sonora la firma un inconmensurable Pino Donaggio. En el equipo técnico descubrimos a gente tan curiosa como Mark Goldblatt en el montaje (entonces futuro director del primer "Punisher" y montador de grandes films de acción en Hollywood), Robert Burns en la dirección artística (cosa que años antes hiciera en "La matanza de Texas" de donde, by the way, se recupera uno de sus cadáveres momificados para ambientar la tienda regentada por Dick Miller), Doug Beswick, David Allen, Greg Cannom (talentos en el terreno de los efectos especiales y/o la stop-motion) o Peter Manoogian (quien poco después se convertiría en realizador para la factoría de Charles Band).
"Aullidos" es una de aquellas películas que, por mucho que las ves, siempre descubres nuevos detalles, cosillas que le dan color y vida y contribuyen a su condición actual de clásico, desde su guión, hasta su fotografía, pasando por otros apartados técnicos y/o artísticos, va repleta de energía. Cierto que en ocasiones, y por aquello de la época y tal, roza el ridículo (los licántropos en dibujos animados fornicando, el caniche del final....), pero se le perdona muy mucho, y más como está hoy día el panorama. Las transformaciones son retorcidamente deliciosas y los hombres lobo en sí mismos me parecen geniales, con un aspecto fiero y una agilidad sorprendente... en eso, creo yo, le ganaron la partida al yanki desubicado en Londres.
El film fue un éxito y, como bien sabéis, generó una ristra de interminables secuelas, todas bastante chusqueras -aunque curiosas-, que alcanzarían hasta el número ocho.
De obligada visión. Espero que a nadie se le ocurra hacer un remake de esta, ¡por dios!.
domingo, 17 de enero de 2010
AULLIDOS 5: EL REGRESO
Siempre me ha hecho mucha gracia el fenómeno de las secuelas directas para vídeo y dvd. Eso de que una peli de éxito genere continuaciones de más baja calidad, pero que siguen dando la suficiente pasta como para que no dejen de producirse. "Aullidos" no solo es una de las más longevas que ha habido, puede que incluso fuese la primera en sufrirlo (y si no, al menos sí la primera de la que yo fui consciente). Lo curioso es que, al revés de lo habitual, los mejores títulos los encontramos hacia al final. Es decir, las primeras secuelas directas, la 2 y la 3 (de la mano del Sr. Philippe Mora) eran horripilantes. La 4, otro chuzo. Sin embargo, el tema se recupera un poquito con las 5 y 6... solo un poquito, ¿eh? (es cierto que con las 7 y 8 volvemos a los abismos, pero esa es otra historia).De la 6 hablaré en breve, pues la tengo lista para visionar. De momento, centrémonos en la previa.
Lo primero es lo primero: A estas alturas la franquicia ya había dejado de tener la más mínima conexión con el film-madre y, supongo, decidieron tirar por otros derroteros. La única cosa que las unía era su "interés" en la licantropía, y para de contar. El título era un evidente y mero gancho comercial. Asumido eso, lo que aquí tenemos es una historia tipo "Diez Negritos" con goticas de "La bestia debe morir", en la que una serie de personajes con un secreto común, son conducidos a un viejo castillo que lleva cinco siglos cerrado y sobre el que pesa una maldición. A la vez que presenciamos las trifulcas y patochadas de los invitados, descubrimos que uno de ellos es un hombre lobo. La "coña" está en averiguar quien.
En su época recuerdo que este "Aullidos 5" me moló, y es que las anteriores eran tan malas (salvo la de Joe Dante, y con especial énfasis en las 2 y 3) que superarlas tampoco resultaba complicado. El director de esto, Neal Sundstrom (responsable de un montón de cosas raras y co-director de otro clásico de los vídeo clubs, "Space Mutiny", junto a David Winters), se intenta currar una atmósfera gótica... no es que lo consiga, pues el en general "look" fibroso de la imagen, y su planificación telefílmica, lo impiden, pero el intento se agradece. La banda sonora está potable, y los coros que suenan cada vez que muere alguien, son un puntazo. La historia no aburre en exceso a pesar del lerdismo de sus personajes y, bueno, el hombre lobo hace apariciones bastante escuetas en las que no lo vemos excesivamente bien (lo mismo que el elemento sangre, muy discretito). Eso sí, hay unas pocas tetillas.
Resumiendo, que "Aullidos 5" no es gran cosa y puede que muchos la encuentren monótona e insípida, pero con un poquito de paciencia, puede ser un moderado entretenimiento de sobremesa u hogareña noche de finde.
sábado, 24 de julio de 2021
CON LA BESTIA DENTRO
Desde luego, la carrera de Philippe Mora es un rato marciana. Parisino de origen, pero afincado en Australia, dispone de un bagaje totalmente artístico dedicado a la pintura y/o ilustración. Poco podía pensarse entonces que este señor acabaría esputando títulos tan reconocibles, por su negación, como las dos primeras secuelas de "Aullidos" (la segunda de las cuales tenemos reseñada por acá). Mora siempre lo ha justificado afirmando que, cinematográficamente, se ha ido moviendo entre lo personal y lo comercial. Supongo que dentro de este segundo grupo situará el título que reseñamos a continuación, "Con la bestia dentro". Tampoco me sorprendería que, considerando tal dato, y a vista de los resultados, el filmmaker no tuviese demasiada estima por el género terrorífico, que únicamente abordaría con soberbia cuando tocaba agenciarse un bocata.
Una mujer es atacada por una especie de bestia peluda con forma humana que la viola y se pira. Sobrevive y da a luz a un chavalote en apariencia normal... hasta que llega a la adolescencia y las hormonas comienzan a fluctuar. Es aquí cuando se comporta raro y descubrimos que el espíritu de la bestia anda en su interior y piensa utilizarlo para vengarse de los que le condenaron a ser lo que fue.
Mis dos primeros intentos de consumir "Con la bestia dentro" fueron una cinta de VHS, cortesía de Warner Home Video, y un ripeo de la misma. En ambas ocasiones lo que vi me aburrió. El otro día repetí mediante plataforma digital con una versión restaurada, HD y el copón bendito. Vamos, que se veía de puta madre. Y me gustó un poco más. Así, deduzco que, aún siendo un amante de lo lo-fi, en ocasiones la buena calidad también puede obrar milagros en mi enfermiza psique. Aunque cuando digo que me gustó más, tampoco estoy hablando aquí de jarana, bailes y celebraciones. Dejémoslo en un "ta bien" de esos que "ta bien" me vienen ocasionalmente.
"Con la bestia dentro", "The beast within" en v.o., está basada en una novela de Edward Levy y quien se encargó de mutarla a guion fue nada menos que Tom Holland, entonces futuro guionista de "Psicosis 2, El regreso de Norman" o "Curso 1984" y director de "Noche de miedo" o "Muñeco Diabólico". Bonito currículum. Obviamente, lo más destacable son las escenas del monstruo atacando, no excesivamente sangrantes pero que nos dejan contentos. Y, por supuesto, ese final delirante en el que nuestro joven protagonista se convierte en la bestia, a base de babas, deformidades y algún cantoso muñecote de látex. Contaban en "In search of darkness 2" que en aquellos momentos acababan de perfeccionar el truquito para hinchar artificialmente el rostro de los actores. En "Aullidos" y "Un hombre lobo americano en Londres" dieron buena cuenta de ello. Aquí, sin embargo, tan entusiasmados estaban con el juguete, que perdieron el pedal y decidieron ir más allá, dándole a los pulmones hasta que la cabeza del actor parecía un auténtico globo sonda que por poco no estalla. Debajo de tanta goma y tanto aire estaba Paul Clemens, un tipo que con sus peculiares facciones y, sobre todo, su exagerada e histriónica interpretación, aporta un aire "raruno". Agobiante. Le siguen nombres tan agradecidos como los de Ronny Cox y un montón de esos segundones carismáticos que has visto en chorromil películas: Don Gordon, R.G. Armstrong o L.Q. Jones. Bien por todos ellos.
A día de hoy, y aunque no haga mucho ruido, Philippe Mora sigue activo. Activísimo. Tiene la cartera a rebosar de proyectos. Entre todos destaca, por curioso, "Philippe Mora's The Growling", que no queda muy claro si es un documental, una ficción o una mezcla de ambos. Obviamente, va vinculada a sus dos infames aportaciones a la saga de "Aullidos". Y es que estamos con lo de siempre: el cineasta que, por cuestiones alimenticias, se ve obligado a tirar de esos títulos en su filmografía que, mala prensa mediante, le avergüenzan. Sin embargo, y gracias justamente a esa misma mala prensa, son los más famosillos de los que dispone y le otorgan aún cierta velada popularidad (aunque por los motivos equivocados). Triste. Son los peligros de tontear con el cine comercial, de género, y afrontarlo con arrogancia y desdén, mirándolo por encima del hombro y considerándolo basurilla. Con el tiempo, siempre vuelve para tomarse la revancha. Como la misma bestia interior de esta película.
Una mujer es atacada por una especie de bestia peluda con forma humana que la viola y se pira. Sobrevive y da a luz a un chavalote en apariencia normal... hasta que llega a la adolescencia y las hormonas comienzan a fluctuar. Es aquí cuando se comporta raro y descubrimos que el espíritu de la bestia anda en su interior y piensa utilizarlo para vengarse de los que le condenaron a ser lo que fue.
Mis dos primeros intentos de consumir "Con la bestia dentro" fueron una cinta de VHS, cortesía de Warner Home Video, y un ripeo de la misma. En ambas ocasiones lo que vi me aburrió. El otro día repetí mediante plataforma digital con una versión restaurada, HD y el copón bendito. Vamos, que se veía de puta madre. Y me gustó un poco más. Así, deduzco que, aún siendo un amante de lo lo-fi, en ocasiones la buena calidad también puede obrar milagros en mi enfermiza psique. Aunque cuando digo que me gustó más, tampoco estoy hablando aquí de jarana, bailes y celebraciones. Dejémoslo en un "ta bien" de esos que "ta bien" me vienen ocasionalmente.
"Con la bestia dentro", "The beast within" en v.o., está basada en una novela de Edward Levy y quien se encargó de mutarla a guion fue nada menos que Tom Holland, entonces futuro guionista de "Psicosis 2, El regreso de Norman" o "Curso 1984" y director de "Noche de miedo" o "Muñeco Diabólico". Bonito currículum. Obviamente, lo más destacable son las escenas del monstruo atacando, no excesivamente sangrantes pero que nos dejan contentos. Y, por supuesto, ese final delirante en el que nuestro joven protagonista se convierte en la bestia, a base de babas, deformidades y algún cantoso muñecote de látex. Contaban en "In search of darkness 2" que en aquellos momentos acababan de perfeccionar el truquito para hinchar artificialmente el rostro de los actores. En "Aullidos" y "Un hombre lobo americano en Londres" dieron buena cuenta de ello. Aquí, sin embargo, tan entusiasmados estaban con el juguete, que perdieron el pedal y decidieron ir más allá, dándole a los pulmones hasta que la cabeza del actor parecía un auténtico globo sonda que por poco no estalla. Debajo de tanta goma y tanto aire estaba Paul Clemens, un tipo que con sus peculiares facciones y, sobre todo, su exagerada e histriónica interpretación, aporta un aire "raruno". Agobiante. Le siguen nombres tan agradecidos como los de Ronny Cox y un montón de esos segundones carismáticos que has visto en chorromil películas: Don Gordon, R.G. Armstrong o L.Q. Jones. Bien por todos ellos.
A día de hoy, y aunque no haga mucho ruido, Philippe Mora sigue activo. Activísimo. Tiene la cartera a rebosar de proyectos. Entre todos destaca, por curioso, "Philippe Mora's The Growling", que no queda muy claro si es un documental, una ficción o una mezcla de ambos. Obviamente, va vinculada a sus dos infames aportaciones a la saga de "Aullidos". Y es que estamos con lo de siempre: el cineasta que, por cuestiones alimenticias, se ve obligado a tirar de esos títulos en su filmografía que, mala prensa mediante, le avergüenzan. Sin embargo, y gracias justamente a esa misma mala prensa, son los más famosillos de los que dispone y le otorgan aún cierta velada popularidad (aunque por los motivos equivocados). Triste. Son los peligros de tontear con el cine comercial, de género, y afrontarlo con arrogancia y desdén, mirándolo por encima del hombro y considerándolo basurilla. Con el tiempo, siempre vuelve para tomarse la revancha. Como la misma bestia interior de esta película.
jueves, 3 de junio de 2010
AULLIDOS (THE BREED)
Muchos dieron por sentado que esta peli era el remake oficial del "Aullidos". Sin embargo, no es el caso. Se trata de una producción del Sr. Wes Craven donde se narran las trifulcas de un grupo de jóvenes (destacando entre ellos la sexy Michelle Rodriguez) que se las piran de finde a una cabaña en una isla para, pronto, convertirse en el blanco de interés de un grupo de perros retocados genéticamente, la mar de fieros e inteligentes. A partir de ahí la consigna será sobrevivir (y escapar)Pues no se yo qué decirles.... todo es muy mainstream, muy predecible, muy blanco (afortunadamente, las agresiones a los canes tampoco se pasan de cabronas y retorcidas)... pero muy correcto, bien facturado, realista (la cosa resulta notablemente sobria y sin excesivas salidas de tono) y, como suelo decir, perfectamente visible. Ese tipo de peli que sirve para pasar el rato y luego borras de tu disco duro... o mejor dicho, de tus dos discos duros.
martes, 9 de febrero de 2010
ESCALOFRÍO, THE FREAKS / AULLIDOS 6
Nos encontramos ante la sexta entrega de la franquicia de los aulladores videocluberos. Esta en concreto siempre tuvo bastante buena prensa, más considerando lo mal encaminada que iba la saga a esas alturas. Y sí, tras el visionado nocturno de ayer puedo confirmaros que no está ni tan mal, aunque la mejor nota se la lleva la idea de base, porque el conjunto va perdiendo piezas a medida que avanza.A un pueblecito de mala muerte llegan un forastero, amable pero misterioso, y una siniestra feria. Coincidiendo con eso, una habitante (la responsable del banco) desaparece, ¿alguien la ha asesinado?... ¿es posible que ese forastero sea un hombre lobo?... claro, y también que el propietario de la feria sea un vampiro, ¡no te jode!... pues han acertado en ambos casos. De hecho, el chupasangre se muere por cazar al licántropo y añadirlo a su exitosa colección de monstruos y deformidades.
Está guapo eso de que en esta peli el hombre lobo sea el bueno, incapaz de matar a un gatito (además, literalmente) y los crímenes, que de entrada y por supuesta lógica le atribuimos, son en realidad obra del otro.
¿Hombre lobo contra vampiro?, ¡guau!, hoy es algo que lo tenemos hasta en la puta sopa, pero en 1991 aún era relativamente novedoso. Como digo, la historia está bastante entretenida y bien desarrollada, por lo menos mantiene el interés hasta el minuto 50, lo que ya es mucho. A partir de entonces comienzan las absurdas incongruencias, como cuando el pueblo entero descubre que el forastero es lo que es y no parece impresionarles en exceso. Finalmente, y tras varias trifulcas, los dos monstruos se enfrentarán cuerpo a cuerpo (naturalmente ganará el peludo, lo que me permite remarcar que la muerte del vampiro está muy curiosa en cuanto a efectos).
En el reparto destacan algunos rostros sutilmente reconocibles, Bruce Payne (el malo de la peli de "Dragones y mazmorras"), el enano Deep Roy (multi-empleado como "Oompa Loompa" en la horrorosa "Charlie y la fábrica de chocolate" de Tim Burton) o Carol Lynley (en "Dark Tower"). El director de sonoro nombre, Hope Perello, tiene un escueto curriculum en un campo puramente zetoso. En los efectos destaca Steve Johnson (si miras en el imdb, verás su nombre asociado a multitud de films muy conocidos) que en aquella época estaba demasiado distraído follándose a Linnea Quigley... supongo que eso explica el miserable aspecto de su hombre lobo, lo peor del pifostio.
Si no tienes nada mejor que hacer, o llueve en el exterior o eres un adicto a la saga "Aullidos", pues sí...
jueves, 18 de agosto de 2011
COMMUNION
Entre finales de los 80 y principios de los 90, la carrera de Christopher Walken -que siempre he creído tiene cara de lesbiana- no se encontraba en su mejor momento. Iba haciendo cosillas de cierto nombre (como su papel de malo en "Batman Vuelve"), pero realmente no volvió a ser "cool" y a estar en boca de todos hasta que el copión de Quentin Tarantonto le fichó para la irritante "Pulp Fiction". Tal vez esa sea la razón de que en 1989 accediera a intervenir en este incomprensiblemente reputado "Communion". Claro, ¿qué pasa?, que Walken en manos de un director talentoso, se muestra comedido y es capaz de lograr grandes actuaciones. Pero. ¿y en manos del responsable de "Aullidos 2" y "Aullidos 3"?, es decir, el colega Philippe Mora, pues ahí el actor, sin control alguno, se desata y su gracioso histrionismo alcanza cotas surrealistas, llegando a ser genuinamente excesivo y cargante. Seguro que Mora estaba convencido de que, disponiendo de un actor tan prestigioso y respetado, no tendría que preocuparse mucho de dirigirlo, y le dejó hacer. El resultado es un film muy pretencioso y dramático, con el que te echas unas buenas risas. Gracias a Christopher Walken, sin duda, pero también a otros factores. Entre ellos, el rollo "auteur" y casi "artístico" que se marca el director, genuinamente ridículo.
La película se basa en una conocida novela autobiográfica de Whitley Strieber, escritor de temática fantástica que por lo visto sufrió una experiencia de abducción extraterrestre y decidió contarla, de ahí que el prota del libro y la peli sea él mismo. La cosa va... coño, pues eso, de un padre de familia que, gozando de un par de findes en la montaña, cree que unos marcianos se han colado en su casa y le han metido una sonda por el culo. Se pasa toda la peli debatiéndose entre la realidad, los sueños y la locura... lo que, uno, da mucho juego a los desvaríos estéticos y visuales de Philippe Mora (mi favorito: marcianos enanos y azules bailando alegremente en su nave) y, dos, da mucho juego a los desvaríos interpretativos de Walken, esos de los que hablaba arriba (como cuando su amigo, luciendo un sombrero a lo Daniel Boone, le habla de gnomos como si fueran escalofriantemente reales).
Todo ello se traslada también a otros apartados del film, sobre todo cuando intentan crear situaciones dramáticas, realistas y espontáneas, de esas de "Oscar" y que, de tan exageradas, únicamente nos provocan la risotada. Contribuyen unos efectos especiales potables pero un poco chungos para el "nivel" que se gasta el film, ya que literalmente algunos de ellos cantan a muñecote que da gusto (especialmente los que cuelgan de hilos). Como toda buena peli pretenciosa que se precie, el final no se entiende... pero supongo que ya se trata de eso.
En fin, que se puede ver, tampoco digo que sea insufrible, otra cosa es que se pueda tomar en serio. Al final, y no me cansaré de decirlo, lo mejor es el show de cucamonas de Christopher Walken (algo que muchos confunden con una buena interpretación).
lunes, 9 de diciembre de 2013
EL HOMBRE QUE VIO LLORAR A FRANKENSTEIN
“El hombre que vio llorar a Frankenstein”, más que un
documental sobre la figura de Paul Naschy, es, al igual que el libro que se
editó por las fechas en las que se rodó el documental, un sentido homenaje a un
hombre que, efectivamente, había hecho mucho por el cine fantástico en nuestro
país, y que, además, acababa de morir.
Lo que se traduce, hablando “barriobajeramente”, en una monumental “comida de
polla”. Me parece bien, sobretodo porque en ningún momento se hace alusión a la
posible calidad de sus películas y, aunque tampoco se dice lo contrario, se
trata de un documental tremendamente honesto.
Y funciona a la perfección, porque si, de cualquier forma, como
fan de Naschy que me considero, el hecho de que fuera un documental de
cabezotes parlantes en el que dinosaurios de nuestro cine fantástico aparecen
parloteando sobre las bondades de Jacinto Molina, ya me hubiera bastado, imagínense
la impresión que me llevo de este que, además, cuenta con la presencia de fans
yankies, y celebres, de los que yo también puedo, o no, ser fan.
Así, presentado –muy
bien, además- por Mick Garris, el documental cuenta con la presencia de gente
como Don Glut, que dirigió la primera película americana de Naschy, la
horrorosa, pero curiosa “Countness´s Drácula Orgy of Blood” que afirma que
cuando se enteró de que a Naschy se le homenajeaba en los USA, corrió a
contratarle para pegarse el gustazo de dirigirle en una película, o dos de los
directores cuyas películas sobre hombres lobo, son las mejores que se han
rodado en la historia, Jonh Landis (“Unhombre lobo americano en Londres”) y Joe Dante (“Aullidos"). Mientras que el
primero comenta que era un gran fan del hombre lobo español, y cuenta
curiosidades sobre los estrenos yankies de sus películas – “La marca del hombre
lobo” se estrenó en USA con el engañoso título de “Frankenstein bloody horror”-
el segundo nos indica que uno de los hombres lobo de “Aullidos”, que lleva por
nombre Jack Molina, se llama así en
homenaje a Jacinto Molina, uno de los hombres lobo mas queridos por él.
Así mismo, Caroline Munro, discreta como ella sola, cuenta,
como siempre, la gran profesionalidad de su partenaire en “El Aullido del diablo” y Del Howison nos cuenta el encontronazo de Naschy con Forrest Ackerman.
Por lo demás, declaraciones de Javier Aguirre, Miguel Iglesias Bonns, Ángel Sala, Jack Taylor, María José Cantudo, Antonio Mayans,
así como de distintos familiares de Naschy, que entre lo que cuentan, las
imágenes de archivo y el repaso, no ya a la filmografía del actor/guionista/director,
si no a su propia vida, convierten el documental en una cosa harto entretenida,
y en una obra imprescindible para completistas de la obra de Naschy.
Produce el asunto
“Sci Fi World” (si, la revista), y
dirige Ángel Agudo, el mismo que se encargó de escribir la ultima
biografía de Naschy en salir al mercado.
Atentos a los títulos de crédito iniciales, calcados en
cuanto a estilo, a los de la serie “Masters of horror”. Claro que eso, quizás sea porque está Mick Garris de por medio.
Recomendable.
lunes, 14 de septiembre de 2015
MATINEE
Recuerdo perfectamente cuando se estrenó allá por 1993 -que yo tendría unos tiernos 16 o 17 años- la
nueva película de Joe Dante, director al que yo admiraba sobremanera por culpa,
por un lado de “Aullidos”, por otro y sobretodo por “Gremlins”. Además, la
película tenía todas las de ganárseme y contar con mis simpatías “Matinee”; Una
peli inspirada en los avatares de William Castle y sus “Gimmicks” que además
ofrecía un póster de lo más sugestivo. Y fui a ver la película completamente
entregado y predispuesto… y me pareció un solemne coñazo.
Y pasa el tiempo, los años, y yo sigo teniendo en mente que
es un puñetero coñazo. Y no se por qué, el otro día viendo la que probablemente
sea mi película favorita “Ed Wood”, me da por acordarme de “Matinee”, de manera
que 22 años después vuelvo a verla por segunda vez sin acordarme prácticamente
ni de un solo fotograma de la misma.
Y recién vista, me reitero; “Matinee” es el mayor coñazo que
ha parido madre. Es absolutamente aburrida, petarda y pesada. Es una película odiosa,
y la prueba palpable de que Dante ya
había dado al cine todo lo que tenía que darle –a pesar de que, en su
momento, me gustó “Pequeños Guerreros”-.
Cuenta la historia de un productor de películas de Serie B,
en plenos años 60, que va por los cines
de las provincias proyectando sus películas de monstruos, a la vez que tunea
los cines en los cuales proyecta, con una serie de descargas eléctricas en las
butacas, efectos especiales artesanales y
teatrillos a la entrada del cine, con el fin de promocionar las
películas de terror que produce y darle algo más al público –vaya, los
“Gimmicks”-. Da la casualidad de que la
población está aterrada ya que hay alerta de bomba atómica y están más
susceptibles de lo normal a pasar miedo. Por otro lado, tenemos un niño
aficionado al cine de terror, que entre sus primeros amores y los problemas en
casa con las películas de miedo, se hace amigo de este productor, al reconocer,
en uno de los teatrillos que se monta, a uno de los actores. Pronto llega el
estreno, y vemos la película y lo que ocurre en torno a ella durante la
proyección, ya sea esto los famosos “Gimmicks” o un macarrilla que roba la
recaudación a punta de navaja.
El problema que tiene “Matinee” es que Joe Dante venía de
trabajar con Spielberg y viene mal
criado, y si por un lado quiere ofrecernos lo que podríamos interpretar como su
homenaje a la serie B cincuentera, por otro lado nos mete una subtrama con
niños repelentes de por medio al más puro estilo Zemeckis que tira de espaldas.
Porque además la película no es una película de un presupuesto muy grande para
querer hacer una de Spielberg. Así pues, siendo mucho mejor todo lo
concerniente a el tema del sosias de Castle, esto se queda cojo y perjudicado
por los putos amoríos de los insoportables niños. Por momentos roza la
vergüenza ajena. Se supone que ha de
enternecer y emocionar; no lo consigue.
No mejor es el meridiano de la película, que se nos muestra
gran parte de la proyección de una película con “Gimmicks”, la inventada para
lo ocasión por Dante y que lleva por título “Mant”, que cuenta los sinsabores
de un hombre que debido a un problema radiactivo se convierte en hormiga. Pues
que quieren que les diga, las imágenes que recrean eso –y que se eternizan en
pantalla- me parecen de una ambientación de mierda y que hace alarde de un
humor como para tontos e impropio de alguien que si, como Dante, se ha criado
viendo este tipo de películas, debería abordarlas con un poco más de respeto y
no con esa guasa, que no le va bien a la película, máxime cuando el personaje
sosias de William Castle es un hombre de negocios emprendedor que se toma muy
en serio el asunto. Dante comete el error de mostrarnos las imágenes de la
ficticia peli de serie B, sobre la que gira todo el argumento, a modo de
chufla. Mal.
Todo esto daría igual en el fondo, si el resultado de la
película fuera, al menos, entretenido… pero es que si en la adolescencia el
visionado en cine se me hizo soporífero, tendrían que verme hace un rato,
resoplando y cagándome en la puta. Ni
tan siquiera es una película a la que el paso del tiempo le conceda un culto o
un estatus, es una película justamente olvidada, y no me extraña en absoluto.
Es vomitiva. Ciertamente espantosa.
“Matinee” en nuestro país no llegó ni a los 100.000
espectadores en cines. Muchos me parecen, visto lo visto.
Tenemos en el reparto, como este William Castle al que le
han cambiado el nombre (y que no pienso mirar a ver como lo han llamado, que no
me apetece) a un siempre excelente John Goodman demarcándose de sus papeles
habituales de la época (o tipo chungo o “Rafi, un rey de peso”) y que se
prodiga como lo mejor de la película, secundado por gente como Cathy Moriarty
(vista en “Poli de guardería” o “Los Reyes del Mambo”), el habitualísimo de
Dante y por otro lado, protagonista de muchas de las películas que homenajea aquí ( y proveniente de la factoría Corman,
oportunamente), Dick Miller (desaprovechado,
exactamente igual que siempre), o John Sayles visto en “Piraña”, “Aullidos”, o ya, fuera de casa en
cosas como “Gridlock´d” o “Algo Salvaje”, además de contar con una envidiable
carrera como guionista dando cuerpo y forma a films como “Los Siete magníficosdel espacio” o “Salvaje Kid”, además de tener otra carrera paralela y prolífica
como director, con una filmografía en la que no hay ni un solo título
destacable o reconocible por mi parte.
Probablemente, la peor película de Joe Dante, y eso incluye
las últimas que ya ni se estrenan en nuestro país.
viernes, 25 de agosto de 2023
UN CUBO DE SANGRE
Rodada bajo el título provisional de “The living dead”, “Un cubo de sangre”, encargo de la "American Internacional Pictures" para Roger Corman, es el paradigma del “cine de culto”, no solo porque existe un nutrido grupo de fans que la reivindican desde hace años, sino también porque se trata de una película que, aunque resultó rentable, no supuso un éxito de taquilla ni mucho menos, recaudando en su carrera teatral poco más de 180.000 dólares. Lo que sucede es que como sus gastos de producción apenas rozaron los 50.000, esta película, rodada en tan solo 5 días reaprovechando los decorados del film “The diary of a High School Bride”, generó algo de dinero.
Lo que convierte en especial “Un cubo de sangre”, es que probablemente sea una de las mejores de cuantas dirigió Roger Corman —con permiso de “El hombre con rayos X en los ojos”— y una de las dos o tres películas en las que Dick Miller es el principal protagonista. Casi parece concebida para su lucimiento.
Por otro lado, muy inteligentemente, el film se mofa de la cultura "beatnik", muy en boga en la California de finales de los 50, así como del mundo del arte en general, retratando a todos estos hipsters del pasado como ignorantes poseurs sin criterio que, en realidad, no se enteran de nada. Una película totalmente atemporal y de la que deberían aprender muchos hipsters malasañeros a los que a día de hoy les sucede lo mismo que a los "beatniks" que nos muestra "Un cubo de sangre": Que son retrasados mentales.
Cuenta la historia de Walter Paisley (luego, a modo de guiño, Miller interpretaría a un montón de personajes con este nombre en infinidad de títulos: “Aullidos”, “Kill Bots” o “En los límites de la realidad”), un camarero bastante inepto que se gana la vida en una cafetería de "beatniks" donde se suele recitar poesía o algunos artistas exponen sus obras. En esa tesitura, Walter anhela ser artista y que le adulen, pero sus acercamientos al mundo de la escultura nunca son fructíferos. Accidentalmente, mata al gato de su casera, así pues, para esconder el cuerpo lo recubre con arcilla. De este modo, se lo lleva a la cafetería haciéndolo pasar por una obra suya. Todos quedan asombrados ante el talento de Walter y el realismo de su escultura y le exigen la creación de más obras. Como este es un tanto inútil, decide seguir haciendo más creaciones de similar índole… para las que se verá obligado a matar a unas cuantas personas.
Con guion de Charles B Griffith, “Un cubo de sangre” hace alarde de un sentido del humor negrísimo y una cordura a prueba de balas, que la convierten en una película de bajo presupuesto sin demasiado que envidiar a propuestas mainstream del mismo periodo. De hecho, Corman, que tampoco tenía el proyecto como propio, cuando vio los resultados y la rentabilidad en taquilla a poco que fuera la gente a verla, continuó haciendo películas del mismo estilo para AIP, siendo la siguiente, bastante inferior a esta, una de sus más queridas y populares: “La pequeña tienda de los horrores”.
Por otro lado Dick Miller, mientras rodaba, tuvo siempre la sensación de estar haciendo una película maravillosa, pero se le llevaban los demonios cuando comprobaba que en era en realidad todo funcionaba bajo mínimos y eso perjudicaría mucho el resultado. Durante años se estuvo lamentando de ello, pese a que se trata de una de sus películas más recordadas.
“Un cubo de sangre” es estupenda, altamente entretenida, con algunos gags de morirse de risa y una prueba viviente de que Roger Corman, cuando le apetecía, a parte de uno de los mejores hombres de negocios de la historia, también era un gran director que sabía sacar provecho a cuatro pesetas. Y sí, muy por encima de otras, podríamos decir que sería mi película favorita de Corman.
A lo largo de los años “Un cubo de sangre” generó un culto sonadísimo que propició un remake en forma de telefilm titulado “The death artist”, dirigido por Mike McDonald y protagonizado por Anthony Michael Hall en 1995, así como un musical laureado con buenas críticas en su momento.
Lo que convierte en especial “Un cubo de sangre”, es que probablemente sea una de las mejores de cuantas dirigió Roger Corman —con permiso de “El hombre con rayos X en los ojos”— y una de las dos o tres películas en las que Dick Miller es el principal protagonista. Casi parece concebida para su lucimiento.
Por otro lado, muy inteligentemente, el film se mofa de la cultura "beatnik", muy en boga en la California de finales de los 50, así como del mundo del arte en general, retratando a todos estos hipsters del pasado como ignorantes poseurs sin criterio que, en realidad, no se enteran de nada. Una película totalmente atemporal y de la que deberían aprender muchos hipsters malasañeros a los que a día de hoy les sucede lo mismo que a los "beatniks" que nos muestra "Un cubo de sangre": Que son retrasados mentales.
Cuenta la historia de Walter Paisley (luego, a modo de guiño, Miller interpretaría a un montón de personajes con este nombre en infinidad de títulos: “Aullidos”, “Kill Bots” o “En los límites de la realidad”), un camarero bastante inepto que se gana la vida en una cafetería de "beatniks" donde se suele recitar poesía o algunos artistas exponen sus obras. En esa tesitura, Walter anhela ser artista y que le adulen, pero sus acercamientos al mundo de la escultura nunca son fructíferos. Accidentalmente, mata al gato de su casera, así pues, para esconder el cuerpo lo recubre con arcilla. De este modo, se lo lleva a la cafetería haciéndolo pasar por una obra suya. Todos quedan asombrados ante el talento de Walter y el realismo de su escultura y le exigen la creación de más obras. Como este es un tanto inútil, decide seguir haciendo más creaciones de similar índole… para las que se verá obligado a matar a unas cuantas personas.
Con guion de Charles B Griffith, “Un cubo de sangre” hace alarde de un sentido del humor negrísimo y una cordura a prueba de balas, que la convierten en una película de bajo presupuesto sin demasiado que envidiar a propuestas mainstream del mismo periodo. De hecho, Corman, que tampoco tenía el proyecto como propio, cuando vio los resultados y la rentabilidad en taquilla a poco que fuera la gente a verla, continuó haciendo películas del mismo estilo para AIP, siendo la siguiente, bastante inferior a esta, una de sus más queridas y populares: “La pequeña tienda de los horrores”.
Por otro lado Dick Miller, mientras rodaba, tuvo siempre la sensación de estar haciendo una película maravillosa, pero se le llevaban los demonios cuando comprobaba que en era en realidad todo funcionaba bajo mínimos y eso perjudicaría mucho el resultado. Durante años se estuvo lamentando de ello, pese a que se trata de una de sus películas más recordadas.
“Un cubo de sangre” es estupenda, altamente entretenida, con algunos gags de morirse de risa y una prueba viviente de que Roger Corman, cuando le apetecía, a parte de uno de los mejores hombres de negocios de la historia, también era un gran director que sabía sacar provecho a cuatro pesetas. Y sí, muy por encima de otras, podríamos decir que sería mi película favorita de Corman.
A lo largo de los años “Un cubo de sangre” generó un culto sonadísimo que propició un remake en forma de telefilm titulado “The death artist”, dirigido por Mike McDonald y protagonizado por Anthony Michael Hall en 1995, así como un musical laureado con buenas críticas en su momento.
jueves, 25 de septiembre de 2008
UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES
Recuerdo que hace unos años un amigo y yo debatimos cual era mejor film de licántropos, "Un hombre lobo americano en Londres" o "Aullidos". Yo defendí la de Joe Dante con uñas y dientes. Pero ese mismo día, o al siguiente, me puse la de John Landis y tuve que reconocer la verdad: era, es, mucho mejor, a pesar del cariño que le pueda tener, y le tengo, a la del Sr.Dante. Y con el aún muy reciente visionado de ayer noche, lo confirmo.
Lo que más me sorprendió de "Un hombre lobo americano..." es el elemento pesadillas. De chaval me dieron mucho miedo, y es que aún hoy los malos sueños de un David Naughton todavía no consciente de su condición animal son muy inquietantes y, lo mejor, están introducidos en la peli como cualquier otra escena, quiero decir, no se ve primero al tipo durmiendo, o están rodadas con un look distinto... para nada, aparecen y desaparecen sin más, y en algunos casos no sabes que son eso, pesadillas, hasta que han pasado unos segundos (como la terrorífica y muy original masacre familiar). Cojonudo (aunque Landis reconoce que ese elemento está muy inspirado en Buñuel... en fin, ¡nada es perfecto!).
El resto de la peli es igual de redonda. Esa fotografía hiper-realista, la cámara que se toma las cosas con calma, y el mismo hombre lobo, al que vemos bastante menos de lo que hoy día sería normal (¡y es de látex!, bendito sea). "Un hombre lobo americano en Londres" es tremendamente entretenida, casi ni me di cuenta de que se acababa, me dije "¿Ya?". Tiene un ritmo tranquilo, pero no perezoso, y las secuencias en las que aparece la criatura son, en su mayoría, muy acojonantes, destacando el ataque en los páramos, puro cine de miedo (idem con el del metro).
Por otro lado, sorprende la inaudita (sobre todo para los tiempos que corren) mala hostia de John Landis, cebándose a conciencia con un personaje la mar de simpático y agradable (el mentado Naughton), que termina como todo hombre lobo debería. El desenlace es terriblemente trágico, pero magistralmente sobrio y conciso.
De los oscarizados efectos especiales de Rick Baker no hace falta hablar, todos los conocemos y admiramos. Son, junto a los de "La Cosa", de aquellos a los que el tiempo no hace excesiva mella, y demuestran que donde esté el látex y demás cachivaches, que se quite el resto.
Resulta curioso que David Naughton quedara para el resto de su carrera relegado a pelis segundonas (ese delirante "Hot Dog"), televisión o cameos por, justamente, el film comentado. También tenemos a Jenny Agutter, que además de muy buena actriz, es tremendamente guapa. Y por ahí pulula un Rik Mayall pre-"The Young Ones".
Lástima que la carrera de John Landis acabara yéndose a tomar por culo a causa del infame accidente durante el rodaje de "En los límites de la realidad", pues sus primeros films hacían presagiar que estábamos ante un cineasta repleto de talento y personalidad. Por todo eso, nunca pudo hacer SU segunda parte, sin embargo, algún listo produjo una de horripilante recuerdo, "Un hombre lobo americano en París".
¡Aaaay los grandes clásicos modernos del horror!.
Lo que más me sorprendió de "Un hombre lobo americano..." es el elemento pesadillas. De chaval me dieron mucho miedo, y es que aún hoy los malos sueños de un David Naughton todavía no consciente de su condición animal son muy inquietantes y, lo mejor, están introducidos en la peli como cualquier otra escena, quiero decir, no se ve primero al tipo durmiendo, o están rodadas con un look distinto... para nada, aparecen y desaparecen sin más, y en algunos casos no sabes que son eso, pesadillas, hasta que han pasado unos segundos (como la terrorífica y muy original masacre familiar). Cojonudo (aunque Landis reconoce que ese elemento está muy inspirado en Buñuel... en fin, ¡nada es perfecto!).
El resto de la peli es igual de redonda. Esa fotografía hiper-realista, la cámara que se toma las cosas con calma, y el mismo hombre lobo, al que vemos bastante menos de lo que hoy día sería normal (¡y es de látex!, bendito sea). "Un hombre lobo americano en Londres" es tremendamente entretenida, casi ni me di cuenta de que se acababa, me dije "¿Ya?". Tiene un ritmo tranquilo, pero no perezoso, y las secuencias en las que aparece la criatura son, en su mayoría, muy acojonantes, destacando el ataque en los páramos, puro cine de miedo (idem con el del metro).
Por otro lado, sorprende la inaudita (sobre todo para los tiempos que corren) mala hostia de John Landis, cebándose a conciencia con un personaje la mar de simpático y agradable (el mentado Naughton), que termina como todo hombre lobo debería. El desenlace es terriblemente trágico, pero magistralmente sobrio y conciso.
De los oscarizados efectos especiales de Rick Baker no hace falta hablar, todos los conocemos y admiramos. Son, junto a los de "La Cosa", de aquellos a los que el tiempo no hace excesiva mella, y demuestran que donde esté el látex y demás cachivaches, que se quite el resto.
Resulta curioso que David Naughton quedara para el resto de su carrera relegado a pelis segundonas (ese delirante "Hot Dog"), televisión o cameos por, justamente, el film comentado. También tenemos a Jenny Agutter, que además de muy buena actriz, es tremendamente guapa. Y por ahí pulula un Rik Mayall pre-"The Young Ones".
Lástima que la carrera de John Landis acabara yéndose a tomar por culo a causa del infame accidente durante el rodaje de "En los límites de la realidad", pues sus primeros films hacían presagiar que estábamos ante un cineasta repleto de talento y personalidad. Por todo eso, nunca pudo hacer SU segunda parte, sin embargo, algún listo produjo una de horripilante recuerdo, "Un hombre lobo americano en París".
¡Aaaay los grandes clásicos modernos del horror!.
domingo, 7 de marzo de 2021
IN SEARCH OF DARKNESS PART 2
Fíjate tu, en la reseña de la primera parte de "In search of darkness" me preguntaba ande andaban Tom Savini o Linnea Quigley, a los que les gusta más una cámara que a un tonto una piruleta. Pues ahora ya lo sabemos: esperando salir en la segunda parte. Y aquí están. Casi parece que mi queja fuese tomada en consideración, porque pal caso no se limitan a hablar de las pelis en las que metieron mano, disponen también de su propio rincón, donde rememoran las respectivas trayectorias casi al completo. Justamente, esa vendría a ser la genuina novedad de este "In search of darkness part 2" con respecto a la precedente, que además de los ya conocidos repasos a toda velocidad de sendos títulos emblemáticos de los años ochenta (y que, en esta ocasión, se expanden no solo a cosas más oscuras y costrosas como "The Boogens", "Hollywood Chainsaw Hookers" de nuestro amigo Fred Olen Ray o un par de títulos de la pizpireta Jackie Kong, también a otras extremadamente populares y cuya presencia en un documental sobre cine de terror podría ser discutida, como la maravillosa "La tienda de los horrores") incluyen cápsulas en las que se detienen a charlar extensamente -todo lo que permite el espacio que le reservan- de temas como el terror italiano, los vídeo-juegos de temática horrorífica, proyectos no-natos o movidas más genéricas, así como los arriba mentados recorridos por las filmografías de otros invitados de lujo del calibre de Robert Englund o Nancy Allen. Se siguen echando de menos habituales como Bruce Campbell o John Landis, e insisto en ello a ver si, así, salen en la tercera.
Entre los momentos álgidos, tenemos a Joe Dante hablando otra vez de los exploitations de sus títulos de éxito, en el caso anterior eran las secuelas de "Aullidos", aquí se centra en "Gremlins" y lo que la siguió. A Joe Bob Briggs esputando una gran verdad sobre aquellos films que, estirando el elemento humorístico, pretenden ganarse de forma deshonesta un lugar de honor en el podio de las cult-movies (un zasca a la Troma??). O al técnico de efectos especiales Steve Johnson que, al haber participado en una gran parte de los títulos diseccionados, puede añadir mucha información. Y, de paso, nos aclara el misterio de cómo Linnea Quigley y él se hicieran pareja tras tener que sacarle un molde de las tetas para "La noche de los demonios" (coñas aparte, lo cierto es que conocía esa historia y verla, por fin, contada por sus protagonistas me hizo mucha gracia).
En el lado de lo criticable, está algo que ya veíamos en la primera, esos ridículos "speechs" en los que se habla del cine de terror como si fuese la cura para el cáncer, pretendiendo de este modo darle una pátina de respetabilidad o, peor, positividad de cara al mainstream (y el media que suele detestarlo y acusarlo de violento) que no necesita para nada. ¡Cómo odio esas cosas!. Me encanta la devoción del yanki medio, pero en estos aspectos suele perder el pedal y tomárselo demasiado en serio, aplicando un exceso de emotividad a algo que, ciertamente, no le pertoca (es ya cansino el rollo de que las "final girls" de los slashers inspiran para superar momentos duros de la vida de uno... ¡no me jodas!).
Con todo, y teniendo en cuenta la extensa duración, "In search of darkness part 2" sigue siendo igual de disfrutable que la otra. Imposible no emocionarse si creciste consumiendo todos estos títulos impepinables y, sí, es cierto: Ya no se hacen así, ni se harán nunca, ni -lo más importante- nadie ha sido + es capaz de mimetizarlas de modo correcto, así que basta ya de intentarlo, por favor (o de ocultar sus incapacidades tras la cantinela para engañar a los fanes).
Entre los momentos álgidos, tenemos a Joe Dante hablando otra vez de los exploitations de sus títulos de éxito, en el caso anterior eran las secuelas de "Aullidos", aquí se centra en "Gremlins" y lo que la siguió. A Joe Bob Briggs esputando una gran verdad sobre aquellos films que, estirando el elemento humorístico, pretenden ganarse de forma deshonesta un lugar de honor en el podio de las cult-movies (un zasca a la Troma??). O al técnico de efectos especiales Steve Johnson que, al haber participado en una gran parte de los títulos diseccionados, puede añadir mucha información. Y, de paso, nos aclara el misterio de cómo Linnea Quigley y él se hicieran pareja tras tener que sacarle un molde de las tetas para "La noche de los demonios" (coñas aparte, lo cierto es que conocía esa historia y verla, por fin, contada por sus protagonistas me hizo mucha gracia).
En el lado de lo criticable, está algo que ya veíamos en la primera, esos ridículos "speechs" en los que se habla del cine de terror como si fuese la cura para el cáncer, pretendiendo de este modo darle una pátina de respetabilidad o, peor, positividad de cara al mainstream (y el media que suele detestarlo y acusarlo de violento) que no necesita para nada. ¡Cómo odio esas cosas!. Me encanta la devoción del yanki medio, pero en estos aspectos suele perder el pedal y tomárselo demasiado en serio, aplicando un exceso de emotividad a algo que, ciertamente, no le pertoca (es ya cansino el rollo de que las "final girls" de los slashers inspiran para superar momentos duros de la vida de uno... ¡no me jodas!).
Con todo, y teniendo en cuenta la extensa duración, "In search of darkness part 2" sigue siendo igual de disfrutable que la otra. Imposible no emocionarse si creciste consumiendo todos estos títulos impepinables y, sí, es cierto: Ya no se hacen así, ni se harán nunca, ni -lo más importante- nadie ha sido + es capaz de mimetizarlas de modo correcto, así que basta ya de intentarlo, por favor (o de ocultar sus incapacidades tras la cantinela para engañar a los fanes).
sábado, 12 de diciembre de 2009
TRUCO O TRATO
Sin duda, esta es una de las películas más simpáticas de cuantas me echado a los ojos estos últimos años. En serio. Y es que, sin ser ni lo más mínimo truculenta, se disfruta en sí misma por lo que al final es, una peli de terror para niños. Y por la innumerable cantidad de guiños... Pongan en una coctelera un poquito de "Los Goonies", un poco de "Aullidos", inevitablemente un poco de "La noche de Halloween", un mucho de "Creepshow", otro tanto de "Muñeco Diabólico", otro poquitín, poquitín de "Pesadilla en Elm Street 2", un puñadito incluso de "Happiness"... y así me podría tirar todo el día, a base de referencias. El resultado de todo este mejunje es "Truco o Trato", maquinón celuloidíaco de entretener y que dudo mucho exista alguien que la haya visto y no le haya gustado.
Es la noche de las brujas y van a ocurrir un montón de cosas terroríficas en un pueblo de Ohio, todas bajo la supervisión de un pequeño mal bicho cabezón. Habrán licántropos, zombies, psicópatas y alguna cosita más.
Desde luego, en las maneras, es totalmente deudora de "Creepshow", por el tema de los créditos y los episodios, aunque a diferencia de esta, aquí vienen entrelazados unos con otros.
Desde luego, en las maneras, es totalmente deudora de "Creepshow", por el tema de los créditos y los episodios, aunque a diferencia de esta, aquí vienen entrelazados unos con otros.
En definitiva, que lo entrañable de sus historias, lo colorido de sus imágenes, la increíble atmósfera en la que te envuelve y el carismático personaje que le sirve al director, Michael Dougherty, cómo hilo conductor -el pequeño mal bicho cabezón, que decía- van a convertirla en un clásico de culto. Tiempo al tiempo.
miércoles, 5 de junio de 2013
EL HOMBRE MÁS FUERTE DEL MUNDO
Mr. T ha pasado a la posteridad gracias a su aspecto,
su carisma y, sobretodo, por interpretar durante algunos años -cuatro para ser
más exactos- a M.A. Barracus en la serie de televisión “El equipo A”. Durante
esos cuatro años, pizca más o menos, fue cuando le salió trabajo en el cine y
la tele, porque después de su paso por “El equipo A”, su carrera artística se
reduce a poco más que cameos y ya de tirón nostálgico. No se ha prodigado
mucho, pero, desde luego, es todo un icono de los 80.
De esos fructíferos años, destacó en papeles secundarios
en filmes boxísticos como “Rocky III” o “Penitenciaría II”, pero dónde gozaría
de papeles protagónicos sería en televisión, ya fuera en series o en
telefilmes, como el que nos ocupa, “El hombre más fuerte del mundo”.
Cuenta la historia de Brutus, un hombre de las calles que se
gana la vida como portero de discoteca, mientras que su tiempo libre lo dedica
a llevar el centro para jóvenes de su barrio, donde hace de monitor de
actividades para chavales con problemas. Y ocurre que el ayuntamiento quiere
cerrar el centro, a no ser que se
consigan 25.000 dólares al año para su manutención, así que Brutus decide
hacer fiestas benéficas y otro tipo de actividades para ver si recauda la pasta, sin ningún éxito.
Al enterarse de que pronto se celebra la competición llamada
“El hombre más fuerte del mundo”, que consiste en una especie de gyncana para
forzudos, y que el premio es de 25.000 dólares, se inscribe sin dudarlo. De
mientras, unos mafiosos intentan trapichear en la competición, gracias a la
info que les proporciona un muchacho del centro de jóvenes.
Por aquél entonces, la popularidad de Mister T era exagerada,
sobretodo entre el público infantil de clase baja, por lo que se le explotaba
como una especie de superhéroe del barrio. Incluso llegó a tener su propia
serie de animación, así que no es de extrañar que el público al que va
destinado este telefilm sea el infantil.
Aquí ya, Mister “T”, aunque reparte inofensivos mamporros al
estilo Terence Hill y Bud Spencer, asegura no estar orgulloso de emplear la
violencia y que su prioridad es ayudar a la chavalada, con lo que
la conciencia social queda patente. Por otro lado la película nos ofrece lo de siempre. Incluido final feliz. Más original imposible.
No obstante, no deja de ser una cosa muy entretenida, un
poco más ligera que los telefilmes de aquella época, que eran soporíferos, y
nos damos el placer de ver como protagonista absoluto a Mister T, que es de
lo que se trata.
Co-protagonizando el invento, como uno de los
jóvenes conflictivos, tenemos a Dennis Dugan, cuya carrera como actor infantil
(le pudimos ver en “Aullidos” o “Loca juerga tropical”), evolucionó por otros
derroteros, convirtiéndose en director de estudio que en la actualidad se
encarga de dirigir casi todos los proyectos de Adam Sandler. Cosas como “Niños
grandes” o “Un papá genial”, son obra suya.
En cuanto al director, Dick Lowry, posee en su haber una
larga carrera en el ámbito del telefilme. Suyas son cosas como “Alf: La
película” o “Los caraduras 3”, conocida por no tener a Burt Reynolds en el reparto, y por ser uno de los desbarajustes más chungos de la historia de las películas malas.
Para despertar la nostalgia, y más si alguien la vio en su
momento puesto que estaba disponible en nuestros video-clubs, esta película alcanza y sobra.
sábado, 28 de marzo de 2026
EL ACTOR DEL TERROR
El actor especializado en cine de terror "Conrad Radzoff" no se lleva demasiado bien con sus directores. En apenas quince minutos de película, se carga a dos de ellos. Así pues, ya vemos cómo las gasta. Por ese motivo, cuando tras palmar por causas naturales y terminar como cadáver / entretenimiento en manos de un grupo de fans para dar color -paliducho- a una reunión social, revive gracias a la ayuda de una médium (en una escena de sobreactuación desaforada) y comienza a cepillárselos mediante crímenes que van de lo majo o truculento, a lo completamente tonto. Y eso es "El actor del terror" ("Frightmare" como título original, "Horror Star" como más popular segunda opción), película de inicios de los ochenta algo oscurilla, de buen arranque aunque plomizo desarrollo y no especialmente bendecida por los favores del fandom moderno, uno que queda en las antípodas de aquel que la protagoniza. Eran otros tiempos, y por ello aquí los devotos del terror son una panda de fiesteros, con cierta predilección por estéticas "new wave", que pasan mucho tiempo de charla y chirigota, pero poco viendo cine. Habitan un enorme edificio victoriano en cuya entrada destaca una hilarante placa donde reza "Horror Film Society" (también presente en su coche oficial, funerario por supuesto) y con variados posters en las paredes ("Las colinas tienen ojos", "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Ssssilbido de muerte") o memorabilia en los estantes (parte cedida por Forrest J. Ackerman y David Del Valle, dos reputados expertos y/o coleccionistas). En lo que sí superan a los fans de hoy día es en devoción, tanta como para mangar el fiambre del Vincent Price, Peter Cushing o Christopher Lee de la ficción... y, justo, recurren a una añeja película de este último cuando se supone que estamos viendo al "Conrad Radzoff" más joven en el apogeo de su carrera, impogtando un cagajo que el parecido físico entre el famoso "Drácula" y el del "actor del terror", Ferdy Mayne, sea escaso. De inmenso currículum iniciado nada menos que en los años cuarenta, Mayne reserva una llamativa sorpresita, fue "dios" en "Noche en el tren del terror", película con la que, para bien o para mal, mantenemos una relación bastante estrecha (busquen la respectiva edición patria en dvd). Aunque decir que ese es su rol más icónico sería injusto considerando que dio vida al "Conde Von Krolock" de "El baile de los vampiros" (cuyo poster igualmente luce en los muros de la "Horror Film Society", toma guiño legañoso). También lo has visto en "Los desmadrados piratas de Barba Amarilla", "Conan, el destructor", "Aullidos 2" y un montón de productos añejos mejor considerados pero que, en fin, quedan fuera de nuestros intereses.
Le acompañan Luca Bercovici, que cuando no dirigía (como con "Ghoulies" y "Rockula"), gustaba también de actuar (en el "Parásito" de Charles Band, por ejemplo), Scott Thompson, el "Copeland" de la franquicia -iniciada con- "Loca academia de policía" y que, básicamente, encarna al mismo personaje que interpretara en, justo, "Ghoulies", el del colgado incapaz de quitarse las gafas de sol (pero, eso sí, que dedica un ratico a leer una novela de Stephen King), Jennifer Starrett como la chica buena del clan, un jovenzuelo Jeffrey Combs y, en el grupo de los veteranos, Chuck Mitchell (el mismísimo "Porky" de ya saben qué franquicia -es decir, la uno y la tres-), Nita Talbot, Leon Askin y Barbara Pilavin. Escribe y dirige Norman Thaddeus Vane, de poco lustrosa trayectoria. Otra suya que me sonaba haber visto chorromil veces en los vídeo-clubs es "Midnight" de 1988. Palmó en 2015.
Jeffrey Combs no es la única conexión indirecta de "El actor del terror" con la posterior "Re-Animator". Su personaje fallece decapitado, cosa especialmente graciosa dadas las circunstancias. Y su compañera de reparto, doña Starrett, gasta un aire a lo Barbara Crampton. Encima, ambas actrices responden al mismo nombre en sus respectivas ficciones, "Meg". ¡Asstupendo todo!.
Chapo el chiringo con una llamativa estampa (ausente en el film) escaneada de las páginas de un "Fangoria" de la buena época, de esas que le ponían los dientes largos a un jovenzuelo impresionable de mi porte.
Le acompañan Luca Bercovici, que cuando no dirigía (como con "Ghoulies" y "Rockula"), gustaba también de actuar (en el "Parásito" de Charles Band, por ejemplo), Scott Thompson, el "Copeland" de la franquicia -iniciada con- "Loca academia de policía" y que, básicamente, encarna al mismo personaje que interpretara en, justo, "Ghoulies", el del colgado incapaz de quitarse las gafas de sol (pero, eso sí, que dedica un ratico a leer una novela de Stephen King), Jennifer Starrett como la chica buena del clan, un jovenzuelo Jeffrey Combs y, en el grupo de los veteranos, Chuck Mitchell (el mismísimo "Porky" de ya saben qué franquicia -es decir, la uno y la tres-), Nita Talbot, Leon Askin y Barbara Pilavin. Escribe y dirige Norman Thaddeus Vane, de poco lustrosa trayectoria. Otra suya que me sonaba haber visto chorromil veces en los vídeo-clubs es "Midnight" de 1988. Palmó en 2015.
Jeffrey Combs no es la única conexión indirecta de "El actor del terror" con la posterior "Re-Animator". Su personaje fallece decapitado, cosa especialmente graciosa dadas las circunstancias. Y su compañera de reparto, doña Starrett, gasta un aire a lo Barbara Crampton. Encima, ambas actrices responden al mismo nombre en sus respectivas ficciones, "Meg". ¡Asstupendo todo!.
Chapo el chiringo con una llamativa estampa (ausente en el film) escaneada de las páginas de un "Fangoria" de la buena época, de esas que le ponían los dientes largos a un jovenzuelo impresionable de mi porte.
domingo, 17 de octubre de 2010
THE LOVED ONES
Desde que "The Loved Ones" -producción Australiana- se pasó en el Festival de Sitges del 2009, que no he parado de escuchar maravillas sobre ella, incluso en esta misma edición, la del 2010, donde se lamentaban porque merecía más suerte y resultaba harto difícil localizarla. Bien, yo lo hice hace un par de días, y ayer noche la vi.Un chaval jevimetalero atormentado por la muerte de su padre es objeto de los deseos de la chica "rarita" y tímida de la clase. Ella le pide que sea su acompañante en el inevitable baile de graduación, o de lo que coño sea, pero él ya está emparejado. No la rechaza bruscamente, solo le dice que lo siente y que no puede. Bien, al día siguiente una figura misteriosa secuestra al chaval. Cuando despierta, se encuentra atado a una silla en casa de la chica, que gracias a la ayuda de su abnegado padre (con el que mantiene una relación casi incestuosa), podrá vivir su ansiado baile... aunque sea a base de torturas y humillaciones mil.
Puedo entender por qué esta peli crea tantas pasiones. Y conmigo ha funcionado... pero menos. Vamos, que sí, que es bastante original, está bien hecha, tiene sus momentos de gore notablemente crudos, humor negro, ambientación "high school" (como dicen por ahí) y personajes "malos" especialmente odiosos, más concretamente la chica tímida, a la que pillas mucha manía y realmente gozas viendo cómo sus víctimas se toman la revancha. También mola la sorpresa del sótano y el desenlace, así como las secuencias tipo "Hostel", bastante angustiosas. Peeeeero, eso, que me ha gustado aunque no he flipado, no he conectado con ella mucho, solo lo justo. Tal vez sea porque a mi las historias en las que los adolescentes son presentados como algo más que golfos simpáticos, carnaza de asesinos psicópatas o marginados con fantasías spielbergianas, no me apasionan.
Sin embargo, sí recomendaría "The Loved Ones", por todos sus aspectos positivos/notables, que son bastantes.
Si no lo digo, reviento. El prota me recuerda mucho a Robert Picardo. Es como su versión más joven. Especialmente al papel de Picardo en "Aullidos", no solo por la cara, también por las chollas y por cierto "retoque" facial... frontal... que sufría -aunque de otro modo- Robert en el clásico de Joe Dante. Chorradas... pero me hizo gracia.
viernes, 8 de enero de 2016
QUÉ BONITO EXPOLIO
El otro día, yendo a mi librería de segunda mano favorita, me topo con esto:
Una novela más o menos clásica, que se vende por si sola porque es un título popular, que sin embargo, en esta edición, plagia sin ningún tipo de vergüenza la ilustración del poster de esta película, a estas alturas, también clásica:
...Y la verdad, me hizo mucha gracia ver ese libro con esa cubierta porque ¿qué necesidad tiene una novela como esa venderse con una ilustración perteneciente a "Aullidos"? Seguro que la novela de V.C. Andrews es más popular que la película de Dante.
Claro que, obviamente, las intenciones del plagio y/o expolio es convertir un producto poco atractivo en muy atractivo, o más atractivo de lo que és, cosa que plagiando se consigue con creces. Porque no me van a decir que esta cubierta que les subo no es mucho más atractiva que cualquiera perteneciente a otra de sus ediciones: por ejemplo y al azar:
Pues solo eso, que me hacía gracia contarles por aquí mi encontronazo con dicha edición de tan respetado libro.
Una novela más o menos clásica, que se vende por si sola porque es un título popular, que sin embargo, en esta edición, plagia sin ningún tipo de vergüenza la ilustración del poster de esta película, a estas alturas, también clásica:
...Y la verdad, me hizo mucha gracia ver ese libro con esa cubierta porque ¿qué necesidad tiene una novela como esa venderse con una ilustración perteneciente a "Aullidos"? Seguro que la novela de V.C. Andrews es más popular que la película de Dante.
Claro que, obviamente, las intenciones del plagio y/o expolio es convertir un producto poco atractivo en muy atractivo, o más atractivo de lo que és, cosa que plagiando se consigue con creces. Porque no me van a decir que esta cubierta que les subo no es mucho más atractiva que cualquiera perteneciente a otra de sus ediciones: por ejemplo y al azar:
Pues solo eso, que me hacía gracia contarles por aquí mi encontronazo con dicha edición de tan respetado libro.
lunes, 24 de septiembre de 2012
ESCONDETE Y TIEMBLA
Cuando se estrenó "Escóndete y tiembla" ("American Gothic" en versión original, muy adecuado) lo hizo un tanto de tapadillo. Eran finales de los 80, y el cine de terror se encaminaba inexorablemente hacia su crisis. A mi no me atrajo tanto como para verla en pantalla grande, pero sí alquilarla. Y, como no podía ser de otro modo, me sentí ampliamente defraudado básicamente por las mismas razones que defraudaron a buena parte del fandom adolescente de la época: la falta de truculencia, la falta de un psycho-killer icónico y unos personajes más adultos de lo habitual (resumiendo, que la peli arrastraba la coletilla de "aburrida"). Pasados todos estos lustros, decidí darle una nueva oportunidad.
"Escóndete y tiembla" posee elementos propios del "slasher" y, más concretamente, de "La matanza de Texas" (o de "Spider Baby" si nos ponemos farrucos) por aquello de presentarnos a una familia de tarados asesinos que vive aislada en la montaña, en este caso se trata de gente religiosa, anciana y anclada en los años 20. Si esto ya es inquietante, más bizarro resulta descubrir que los benjamines de la casa son en realidad adultos zumbados que se visten de niños y actúan como tales (todos ellos genuinamente odiosos).
Hasta los dominios de semejante maravilla llegan los protas de la historia, un grupo de jóvenes... pero no tanto como nos tenían acostumbrados "Viernes 13" y consortes. Estos son menos descerebrados, y la chica de la panda no anda muy fina de la testa porque, en un descuido, mató a su bebé. Total, unos y otros entran en contacto y los crímenes comienzan a sucederse. Sin embargo, en esta versión de la historia la llamada "final girl" no logra huir, al contrario, en su inestabilidad mental entra a formar parte de la bizarra prole... y todo irá bien hasta que... er... mejor no sigo, que ya he contado demasiado (únicamente diré que lo que viene a continuación, da muuuucho gusto).
Pues sí, es un hecho que a "Escóndete y tiembla" no le sobra la sangre. Es tranquilica y, sobre todo, muy sobria. Bastante adulta. Tal vez ello se deba a las capacidades de su director, el veterano John Hough, responsable de títulos tan dispares como "Drácula y las mellizas", "La leyenda de la mansión del infierno", "La montaña embrujada", "El íncubo", "Biggles, el viajero del tiempo" o la horrorosa cuarta parte de "Aullidos". De entrada me la puse a ver con desconfianza, dispuesto a aburrirme o incluso a arrepentirme, pero poco a poco la hijaputa comenzó a atraparme y ganarse mis atenciones y favores, sobre todo con esas leves variaciones con respecto a la rutina general tan agradecidas. Y sí, a día de hoy puedo decir que, sin llegar a flipar, "Escóndete y tiembla" me resultó bastante maja y entretenida.... hay que ver cómo cambia la percepción de uno con el paso del tiempo.
En el reparto destacan, sobre todo, los actores con arrugas, es decir: Rod Steiger, Yvonne De Carlo o Michael J. Pollard.
Lo dicho, sencilla pero efectiva.
"Escóndete y tiembla" posee elementos propios del "slasher" y, más concretamente, de "La matanza de Texas" (o de "Spider Baby" si nos ponemos farrucos) por aquello de presentarnos a una familia de tarados asesinos que vive aislada en la montaña, en este caso se trata de gente religiosa, anciana y anclada en los años 20. Si esto ya es inquietante, más bizarro resulta descubrir que los benjamines de la casa son en realidad adultos zumbados que se visten de niños y actúan como tales (todos ellos genuinamente odiosos).
Hasta los dominios de semejante maravilla llegan los protas de la historia, un grupo de jóvenes... pero no tanto como nos tenían acostumbrados "Viernes 13" y consortes. Estos son menos descerebrados, y la chica de la panda no anda muy fina de la testa porque, en un descuido, mató a su bebé. Total, unos y otros entran en contacto y los crímenes comienzan a sucederse. Sin embargo, en esta versión de la historia la llamada "final girl" no logra huir, al contrario, en su inestabilidad mental entra a formar parte de la bizarra prole... y todo irá bien hasta que... er... mejor no sigo, que ya he contado demasiado (únicamente diré que lo que viene a continuación, da muuuucho gusto).
Pues sí, es un hecho que a "Escóndete y tiembla" no le sobra la sangre. Es tranquilica y, sobre todo, muy sobria. Bastante adulta. Tal vez ello se deba a las capacidades de su director, el veterano John Hough, responsable de títulos tan dispares como "Drácula y las mellizas", "La leyenda de la mansión del infierno", "La montaña embrujada", "El íncubo", "Biggles, el viajero del tiempo" o la horrorosa cuarta parte de "Aullidos". De entrada me la puse a ver con desconfianza, dispuesto a aburrirme o incluso a arrepentirme, pero poco a poco la hijaputa comenzó a atraparme y ganarse mis atenciones y favores, sobre todo con esas leves variaciones con respecto a la rutina general tan agradecidas. Y sí, a día de hoy puedo decir que, sin llegar a flipar, "Escóndete y tiembla" me resultó bastante maja y entretenida.... hay que ver cómo cambia la percepción de uno con el paso del tiempo.
En el reparto destacan, sobre todo, los actores con arrugas, es decir: Rod Steiger, Yvonne De Carlo o Michael J. Pollard.
Lo dicho, sencilla pero efectiva.
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