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viernes, 7 de marzo de 2008

EL CEMENTERIO VIVIENTE

Intenté leer la novela original de Stephen King en su momento... pero mucho me temo que soy hombre de cine (de verlo, cuanto menos) y a mi la ficción en letras no me engancha (la ficción, especifico), así que, como se suele decir, "Mejor ver la película".
Y en este caso, no me arrepiento. De hecho, me sorprende que "El Cementerio Viviente" no tenga mejor prensa de la que tiene, ni se la considere uno de los títulos más emblemáticos del género, ni tan siquiera que suela ser blanco de crítica nostálgica. Y digo que me sorprende porque, desde mi punto de vista, estamos ante uno de los films más loables del horror moderno, y más si tenemos en cuenta que se estrenó en un momento delicado, en el que las películas de miedo se encontraban en plena transición de lo mejor (los 80) a lo peor (los 90). Seguramente, situarse un poco en tierra de nadie (1989) fue lo que propició que pudiera ser lanzado a lo grande sin demasiados problemas, a pesar de contener materia delicada. No se quién lo dijo (¿Tom Savini?) pero justamente ese hueco se dio en un inaudito momento en el que la censura (una MPAA pre-"Hostel") hizo la vista gorda durante una temporada, el tiempo justo para ver "El Cementerio Viviente" triunfar en taquilla.
La palabra ideal para definir esta producción de Richard Rubinstein (ex-socio de George A. Romero) es macabra. Le va como un guante. Lo que más llama la atención es su condición de adulta. En "El Cementerio viviente" no hay adolescentes idiotas, humor cazurro, asesinos enmascarados... nada especialmente chillón, todo se desarrolla sin excesivas salidas de tono (excesivas, alguna cae) y está perfectamente construido.
La historia de Stephen King es bastante original, aunque haya un precedente no muy claro en la peli del Italiano Pupi Avati, "Zeder". Esta y el film en cuestión tienen en común el descubrimiento de un terreno en el que, todo aquello que entierras, vuelve a la vida. Por lo demás, "El Cementerio Viviente" aplica esa base a la vida del médico protagonista, un padre felizmente casado que ve como un fatídico día su hijo pequeño es atropellado por un camión. Desesperado, y conociendo el secreto de dichas tierras (de origen Indio) gracias a su vecino, el bueno de Fred Gwynne (más conocido como Herman Munster) y una experiencia previa hecha con el fenecido gato de su hija, entierra al retoño que, efectivamente, volverá la vida... aunque convertido en un ser maligno.
Y ahí radica lo fuerte de este film. Las secuencias del crío revivido son acojonantes, muy escalofriantes. Podría haber quedado ridículo y risible pero, a mi juicio, consiguen todo lo contrario, dotarlo de una malignidad tremebunda... momentos como cuando se lanza al cuello de Gwynne para darle un mordisco o cuando recibe a su alucinada madre con un aspecto angelical, casi de postal, para luego sacar un bisturí o ya puestos, su enfrentamiento con el padre y posterior muerte, a mi es que me dejan sin habla.
Tampoco están nada mal las historias narradas a modo de flashback, la de la hermana enferma de la protagonista femenina o la del primer intento de revivir a un ser humano enterrándolo en las tierras malditas (la imagen de este sujetando la pierna de un niño, medio devorada, es de una fuerza inusitada), así como esa surrealista pero impactante cara surgida de un arroyo que intenta detener al prota camino del cementerio de marras, funcionan de maravilla a la hora de darnos unas cuantas descargas en el espinazo.
En algunos otros aspectos la peli chirría, sobre todo con el protagonista Dale Midkiff (nada malo que decir del niño, Miko Hughes, al que posteriormente podríamos ver más crecidito en "Mercury Rising", junto a Bruce Willis, o en otros títulos afines al género como "Spawn" y "La nueva pesadilla de Wes Craven") o casi todo lo relacionado con el personaje de "Victor Pascow", totalmente prescindible. Sin embargo, es la seriedad de la propuesta (sobre todo lo relacionado con la muerte del infante, su atropello, el escandaloso funeral...) lo que hacen de "Cementerio Viviente" una genuina película de terror. Su éxito llevó a que la directora, Mary Lambert, se pusiera manos a la obra con una secuela horrible, que cometía todos y cada uno de los fallos que no tenía la entrega precedente y hacían de ella algo diferente. Una pena... o no.
Destacar como colofón, la resultona canción de "Ramones" en los créditos finales.

domingo, 16 de agosto de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "EL CEMENTERIO VIVIENTE"

La mejor película confeccionada en ese deprimente periodo temporal en que el terror dejaba de molar para convertirse en una caca es “El cementerio viviente”, basada en un libro de Stephen King. Fue una época en la que la censura bajó la guardia, nadie sabía qué hacer con una de miedo buena, seria y adulta, que quedaba bien lejos del terror medio de coña y juvenil de los años previos, y “El cementerio viviente” pudo colarse muy satisfactoriamente en las taquillas mainstream a pesar de ir generosa en lo referente a material escabroso, comenzando por la escena del terrible atropello del niño pequeño, el angustioso respectivo funeral, hasta su conversión en una criatura asesina y malévola. No digo que sea una obra maestra (los actores son algo limitados), pero es una muy buena pieza que, justamente, en estos momentos está siendo oficialmente remakeada. Miedo me da, sobre todo cuando sus responsables hablan de “la antigua” de buenas maneras pero opinan que las secuencias del niño asesino son un poco risibles… algo en lo que no estoy nada de acuerdo. Eso sí, por mala que pudiera ser, es muy improbable que supere a la HORRIBLE “El cementerio viviente 2”, donde se cometieron todos y cada uno de los errores agradecidamente ausentes en la peli previa.
En fin, parte de todo esto lo explico larga y tendidamente en la reseña oficial que escribí en los albores de este blog. De mientras, les dejo los fotocromos oficiales cortesía del etennnno Alex Gardés.














sábado, 20 de marzo de 2021

MORTUARY

Se ha hablado ya mucho sobre el descenso de calidad y talento que el cineasta Tobe Hooper sufrió a lo largo de los años, hasta el día de su muerte. Es algo sumamente trágico. Sin embargo, hay un aspecto en todo ello que me parece incluso más deprimente que el mero hecho de rodar cada vez con menos dinero y peores guiones: La pérdida de valores personales. Ver como un joven, rebelde y melenudo Hooper acabó convertido en el artesano incapaz de incorporar nada personal a su cine. Cómo dejó de luchar (míticas son las historias que se cuentan sobre sus enfrentamientos con los ejecutivos de los estudios) para asumir el rol de director de encargo. Y, encima, hacerlo en el peor momento. Cuando más acabada estaba su carrera. Digo yo, pienso, opino, que tal vez ese era, justamente, el momento adecuado para actuar de forma opuesta, teniendo en cuenta que arriesgaba mucho menos que en los tiempos de "Poltergeist" o sus productos para la "Cannon". Pero imagino que a esas alturas ya estaría cansado, hastiado, y no le quedaban fuerzas. La irrebatible frustración de alguien que comenzó desde el hippismo, filmando manifestaciones y debutando con una película totalmente experimental / arty, y terminó abocado a tener que considerarse un especialista en el género del terror. Sí, cierto, en parte fue culpa suya cuando decidió hacer "La matanza de Texas" con fines estrictamente comerciales. Creo que ni él se esperaba que le quedaría tan bien y condenaría de por vida. En realidad, es algo por lo que han pasado todos los cineastas legendarios del fantástico. Personas frustradas del primero al último, aunque siempre he creído que Hooper era el caso más flagrante... peleando por el puesto con Wes Craven.
Esa "lamentez" (de lamentable) puede discernirse sin complicaciones en los extras que acompañaban a "Mortuary" en su respectivo DVD, donde asistíamos al rodaje de la misma y veíamos a un ya avejentado Hooper aprovechando el parón para hablar al equipo de sus tiempos de hippie luchando contra el sistema. Y es que no cuesta darse cuenta de que, en esencia, andaría más interesado en rememorar batallitas que rodar lo que tenía entre manos, totalmente consciente de su pasmosa mediocridad.
Una madre viuda con dos retoños recala en un pueblucho donde pretende ejercer de tanatpractora.... es decir, maquillar cadáveres. Para ello se agencia una vieja y sucia funeraria con un secreto. Bueno, dos. Por un lado, la muerte del antiguo dueño y la desaparición de su hijo deforme. Por otro, una especie de sustancia negra que recorre el lugar y reaviva a los muertos. Será el hijo adolescente -como no- el que se vea obligado a desentrañar el misterio y combatir el mal.
Hooper venía de rodar justo el año previo "La masacre de Toolbox" que, sin ser la repanocha, era de lo más digno que había parido los últimos tiempos. Tan contentos estaban todos con el resultado, que los mismos guionistas y el productor decidieron rejuntarse con el amigo Tobe para parir otra de terrores, y eso es "Mortuary", que comparte un poco cierta estética con "La masacre de Toolbox", pero nada más. En general, anda muy por debajo. La historia es mucho más previsible, los personajes nos interesan una mierda, la truculencia es casi inexistente y el clímax final roza el más absoluto de los ridículos. Ver a los chavales corriendo por la casa combatiendo a torpes zombies lanzándoles sal es sumamente patético. Además, facturado todo ello de forma caótica y desganada, algo muy lógico si tenemos en cuenta todo lo antes expuesto con respecto a su director.
El protagonismo recae en Dan Byrd (que al año siguiente de "Mortuary" se desquitó participando en el remake de "Las colinas tienen ojos") y Denise Crosby (la madre de "El Cementerio Viviente").
Aburrida y jodidamente mala.

sábado, 16 de marzo de 2019

SESIÓN DOBLE: STARRY EYES + HELL FEST

STARRY EYES : Sarah es una aspirante a actriz extremadamente ambiciosa e infeliz porque todos los castings a los que va terminan en fracaso. Hasta que un día, tras acudir a uno algo peculiar, la llaman de nuevo. Ella, radiante de alegría, se reúne con un siniestro productor que intenta beneficiársela, por lo que la chica sale huyendo muy disgustada. Decide tirar la toalla y seguir con su monótona vida, pero no puede. Es demasiado. Así que cede a las demandas carnales del viejo verde. A partir de tan humillante momento, comenzará a mutar en otra persona. U otra cosa. Y en el camino se llevará por delante a unos cuantos amigos.
"Starry Eyes" fue la sensación "indie" de su momento. Y uno no sabe cómo encarar esta clase de materia porque, por lo general, el resultado siempre termina decepcionando. Afortunadamente no es este el caso. La película se sigue con sumo interés mientras sufres junto a la protagonista. Y cuando da el giro sobrenatural, está bien llevado, es angustioso y las consecuentes escenas de contundente violencia son más impactantes y perturbadoras al haberse reservado para el momento justo y necesario. 
Alex Essoe, que interpreta a Sarah, se deja la piel en una formidable interpretación. A su vera Pat Healy, estupendo actor habitual también del moderno cine independiente.
Los directores y guionistas, Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, fueron fichados por una "major" y en estos momentos están apunto de estrenar la nueva versión de
"Cementerio Viviente". Si les han dado libertad y poder de decisión, puede salir algo muy potente (Nota Posterior: Pues no, el remake de "Cementerio Viviente" es mediocre hasta el dolor).

HELL FEST : Un grupo de amigos deciden pasar la festividad de Halloween en Hell Fest, un parque itinerante especializado en terrores. Entran, gritan y disfrutan de las atracciones desconociendo que un auténtico psicópata rula por ahí y se ha encaprichado de una de las chicas de la pandilla, a la que perseguirá sin descanso, arrasando por el camino con todos sus amigos.
Las películas ambientadas en ferias del terror son casi un subgénero en sí mismas. Una de sus mayores cualidades es el constante juego entre lo que es real y lo que es atrezzo. Y por aquello de buscar un efecto espectacular, deliran mostrando atracciones de lo más aparatosas y poco verosímiles. Por suerte esto es cine y de lo que se trata es de dejarse llevar, no hacer demasiadas preguntas y gozar. Contra todo pronóstico, "Hell Fest" entra en esta elitista lista. Honestamente, me esperaba un churrazo zetoso caracterizado por ese feo "look" digital HD tan típico del cine "indie" moderno. Pero no, lo que aquí tenemos es una película con cara y ojos, bien parida técnicamente, con actores solventes y un diseño de producción bastante notable. Cierto que no consigue dar forma a una atmósfera inquietante a pesar de los elementos con los que cuenta, pero entretiene un rato, evita acomodarse excesivamente en los parámetros del "slasher" y contiene algún crimen que, además de truculento, resulta bastante despiadado teniendo en cuenta el rol de la víctima.
Cierra el show un potente desenlace.
Por ahí andan Tony "Candyman" Todd actuando y Gale Anne Hurd produciendo, la ex-pareja/socia de James Cameron, lo que podría explicar el buen acabado general del pifostio.

sábado, 22 de mayo de 2021

SPAWN

Si hay un fenómeno que pueda catalogarse sin pestañear de "totalmente noventero" ese es "Spawn", personaje de comic creado por Todd McFarlane y publicado por la editorial "Image". No voy ahora a dármelas de experto porque, no, aunque leer comics me gusta, no llega a la devoción que despierta en mi el cine. Sin embargo, si estabas un poco situado en "fricolandia", conocías a "Spawn", te dejabas impresionar por esos barrocos dibujos del tipo sentado con la mega-capa al viento y, sobre todo, babeabas con sus curradísimas y detalladas figuras, cortesía de "McFarlane Toys", un poco antes de que lo acabara de petar -al menos para mí- con la tremenda colección "Movie Maniacs" (y, de paso, cambiara totalmente la faz del mercado de las figuritas). Tienen muestras de ello aquí y aquí. Los 90 fueron años de mucho goticismo de chichinabo. Molaba lo oscuro, lo tormentoso, lo "mal lechado". A nivel cinematográfico, y a nivel superheróico, la culpa de todo la tuvo el "Batman" de Tim Burton. Sin duda. Tendencia a la que se apuntaron otros ilustres como "Flash" (¡al que le quedaba fatal!) y "El Cuervo", mucho más adecuado. Gracias al hombre murciélago, vivíamos entonces una oleada de tipos con mallas -negras-, mucho más modesta que la actual, pero notable. Así que, entre eso y la tendencia al goticismo de la chavalada, llevar "Spawn" a la gran pantalla era lo que se dice una decisión lógica, a la que se apuntó la entonces poderosa "New Line", con producción y -supongo- supervisión de Todd McFarlane himself.
Los habitantes de infernalandia pretenden destruir la tierra, para lo que están organizando un super ejército de "Spawns". Necesitan uno que ejerza de cabecilla, así que convencen al mandamás de una agencia de asesinos para que se cepille al mejor de los suyos y lo mande a los infiernos, donde será convertido en el "Spawn" supremo. Lo logrará, sí, pero de vuelta a la tierra -y removido por el amor a su esposa.... ¡buargh!- el tipo se revotará contra sus diabólicos jefes y pasará de villano a héroe.
La popularidad "subcultural" de "Spawn" motivó que, cuando se anunció -en 1997- que se había hecho una peli e iba a estrenarse en el Festival de Sitges, todos corriéramos a verla entusiasmados. ¿Y qué pasó? Pues la decepción fue tan, tan y tan gorda, que salimos con el rabo entre las piernas y nunca jamás volvimos a hablar de ella. Así ha sido en mi caso hasta que, el otro día, pensé aquello de "¿Cómo me sentará hoy?".
Sí, "Spawn" es bastante terrible toda ella. Sin duda, lo que más impacta al verla es la bajísima, pero bajísima, calidad de sus trucajes visuales. El CGI es tercermundista. Horripilante. Hay momentos en los que incluso vemos el corte del recuadro que enmarca la luzecita verde brillante. Cierto que en los 90 el CGI todavía andaba muy virgen, pero es que hablamos de un producto "mainstream" bajo el sello "New Line". No de una serie Z tipo "The Asylum", entre otras cosas porque el cine barato de esos años no podía permitirse filigranas informáticas. Tal vez piensen que el paso del tiempo ayude a superar el shock, pero no. Especialmente porque en el clímax final estalla a lo bestia, acompañado de unos cromas desconcertantemente mal ejecutados. Demencial, en serio. Los efectos físicos, de látex y tal, están bastante mejor y corren de la mano de la mítica KNB Group que, aunque se lo curran un rato -sobre todo por la versión animatrónica de "Violator"-, no pueden evitar el efecto "Tortuga Ninja" en lo que respecta al traje/look del mismo "Spawn".
Si repasamos el reparto, encontramos a un John Leguizamo la mar de bien caracterizado al que dejaron hacer demasiado y carga bastante (salvo alguna puntilla graciosa. Y esos chistes de pedos). Tampoco convence mucho el héroe de la función, un Michael Jai White que únicamente sabe poner cara y poses de malote, sin aportar mucho más (como producto superheróico de la década, que no falte el maldito plano de "Spawn" apoltronado sobre la cruz de una catedral gotiquísima en plan vigía, acompañado de rimbombante música orquestal. Recurso cansino que llegó a durar demasiado). Una Melinda Clarke recién salida de aquella ñorda infame titulada "La lengua asesina" (precedida unos pocos años antes por "Mortal Zombie", ¡anda que seleccionabas bien tus papeles, niña!) y un Martin Sheen al que, supongo, debería avergonzar soltar todos esos discursos de villano de opereta que quiere dominar el mundo. También rula por ahí Miko Hughes, el niño de "El Cementerio viviente" y "La nueva pesadilla de Wes Craven".
Para añadir más leña noventera al fuego, tenemos una banda sonora trufada de lo que era habitual entonces, grupos de metal gótico y tecno-chunda-cool como "Orbital", "Korn", "Marilyn Manson" o "Prodigy" (alguno de ellos firma el resultón tema que acompaña a los feísimos y agotadores títulos de crédito. Mención también para los del final, muy inspirados en los de "Seven", algo bastante común entonces).
El guionista principal no es otro que Alan B. McElroy, a quien debemos títulos como "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" o "Km.666".
El director de discordante nombre, Mark A.Z. Dippé, venía del mundo de los efectos visuales para títulos de relumbrón, lo que aún hace más incomprensible la incapacidad destilada en "Spawn". Habrá quien piense que el dinero invertido terminó destinándose a otras cosas, como cocaína y putas. O será que Dippé es un negado cuando se trata de dirigir. En cualquier caso, perdió la oportunidad brindada y acabó a la riendas de subproductos como "Frankenfish: La criatura del pantano", mucha televisión y películas de "Garfield" destinadas a mercados menores. Bien le deben de ir cuando su film más reciente sigue por esos derroteros, solo que cambiando al gato gordo naranja por el perro "Marmaduke".
"Spawn" podría ser uno de esos extrañísimos productos "mainstream" que alcanzan el renglón de lo involuntaria y puramente "trash", aunque si debo decir algo positivo de ella, por mucho que cueste, es que no es excesivamente aburrida. Tiene su ritmillo y, entre vergüenza ajena y vergüenza ajena, hasta puede verse entera sin morir en el intento.
Un anti-clásico de su década.

sábado, 22 de enero de 2022

CREEPSHOW TV (2ª TEMPORADA)

Asumida la poca naturaleza "Creepshowiana" de esta versión para la caja tonta, y que cualquier intento de mandar un guiño al clásico (como la música de los feísimos créditos iniciales) únicamente incrementa la dolorosa comparativa, me agencio las segunda y tercera temporadas completas. Me las veo (no sin cierta ilusión, lo reconozco) y las reseño. Aquí tienen todos los capítulos de la que hace dos. En breve, la otra.

CAPÍTULO 1 - "Model Kid" / "Public Television of the Dead": Rememoremos la historia que introduce y cierra el "Creepshow" de George A. Romero: un crío abroncado por su severo padre, que le tira los tebeos a la basura, recibirá justa venganza cuando se agencie un muñeco vudú. Bien, esa es la base de este "Model Kid". Cambiamos al padre por el tío. Cambiamos al niño morenito por uno rubito (probablemente alter ego del Greg Nicotero infante). Y al muñeco vudú por una figurita de esas de la marca "Aurora" (no en balde es ese un nombre que sale varias veces a lo largo del capítulo). Se agradecen estas movidas de niños fans del terror marginados por adultos o matones en el colegio, y que se toman la revancha. Pero la verdad es que ya comienza a ser un recurso trillado y cansino. Al villano lo interpreta Kevin Dillon. El guionista, John Esposito, tiene una larga experiencia en el género, aunque tal vez su logro más peculiar sea esa cosa de nefasto recuerdo titulada "La sombra del faraón". En cualquier caso, aquí el efecto comparativo es TOTAL y, obviamente, muy dañino.
La siguiente historia, "Public Television of the Dead", debería fliparme porque es un absoluto tributo a "Evil Dead" (y un poco al Sr.Romero y su recurrente Pittsburgh). El mismo Ted Raimi -haciendo de Ted Raimi- acude a un programa de antigüedades a mostrar el "Necronomicón" (ya que, como aclara, pertenece a su familia desde hace muchos años, ¡¡juas!!). Lo leen en directo y se arma la marimorena. Uno de los encargados de poner orden será un relajado pintor televisivo visiblemente basado en otro real redescubierto y reivindicado recientemente -a través de la bufa, algo muy común hoy día-: Bob Ross. Viene aliñado con unas gotillas a lo Mr.Rogers, para quien Romero curró en su época. Precisamente, otro de los héroes de la función es un cámara y realizador regordete de nombre George. Todo muy familiar. Uno de lo momentos más graciosos consiste en el pintor recreando en un lienzo el escenario al completo de "Terroríficamente muertos". Lo demás, puro manual.
Bien, una característica común en la serie a partir de aquí (y que se extenderá a la tercera temporada) es su obsesión por comerle la polla indiscriminadamente al fan medio a base de guiños, homenajes, tributos y lameculadas. Y funciona, según he podido leer muchos pican. A mi me irrita bastante. Lo veo un modo muy ruin de parapetar la falta de buenas ideas propias. En otras palabras, no van a lograr cegarme por mucha rosca que hagan al fan nostálgico que hay en mí. No me vendo tan fácil.
Dirige ambos capítulos el mismo Greg Nicotero.

CAPÍTULO 2 - "Dead and Breakfast" / "Pesticide": "Dead and Breakfast" gira en torno a los nietos de una vieja asesina psicópata que se mueren por convertir la mansión que aquella usó para sus escabechinas como marco turístico. Y forrarse en el camino, claro. Pero el público la ignora, así que invitan a una youtuber especializada en crímenes reales para que pase allí unos días y la promocione. Lo malo es que la chavala comenzará a poner en duda la veracidad de todo ello. Este capítulo es tan entretenido como interesante. Los personajes gastan carisma, la youtuber es genuinamente odiosa y repugnante y, en fin, ¡sale C.Thomas Howell! (compartiendo protagonismo con Ali Larter, superviviente de algunas entregas de "Destino Final"). El desenlace no decepciona. Parte de ello se lo debemos a los guionistas Erik Sandoval y Michael Rousselet (que repetirán en la temporada 3) y a la señora directora, Axelle Carolyn, responsable de la reciente "La mansión", que no funciona tan bien como su aportación al "Creepshow" televisivo, pero se deja ver.
Por desgracia "Pesticide" no repite la hazaña. La idea de que un tipo contrate a un exterminador de plagas para acabar con unos vagabundos que okupan su fábrica está bien. Pero, a partir de ahí, la cosa se torna un caos, un delirio que no entiendo a donde va ni que pretende, a pesar de contar con unos notables efectos especiales. Lástima. Obviamente las referencias, sobre todo sonoras, a la famosa historia de las cucarachas del "Creepshow" original son unas cuantas. Entre el reparto destacan el Carpenteriano Keith David y Ashley ("Hellraiser") Laurence. Dirige Don Nicotero.

CAPÍTULO 3 - "The Right Snuff" / "Sibling Rivalry": "The right snuff" está un rato chula (aunque, eso sí, el "Creepshowismo" sigue brillando por su ausencia). Protagonizan el culebrón unos astronautas en pleno viaje experimental para probar una máquina capaz de juguetear con la gravedad. El inventor de esta recibe todos los laureles, mientras que el piloto vive acomplejado porque su padre, un astronauta famoso, le hace mucha sombra. Dicho complejo se acrecentará cuando les anuncien que han de entrar en contacto con vida alienígena por primera vez y el elegido sea el inventor. La envidia del otro estalla y, en fin, corre la sangre. Pues sí, para estar todo el episodio ambientado en una nave (a base de decorados y efectos bastante potables) y dos personajes, la cosa se aguanta bien gracias a lo interesante de la trama, científicamente (todo el tema de la gravedad artificial) y humanamente hablando (lo de las envidias y frustraciones. Algo que, viviendo como vivimos en este país, nos cae muy cerquita). El único pero que le pongo es el aspecto de los aliens, un poco chungo. Se agradece que estén hechos a mano y, supongo, gasten unas formas voluntariamente "camp", pero no creo que case bien con el tono del capítulo. Protagonizan Breckin Meyer de "Pesadilla final: La muerte de Freddy" y Ryan Kwanten de "Silencio desde el mal". El dire es el normalmente insufrible Joe Lynch.
La historia que sigue desciende unos peldaños. Arranca como una comedia "teen" de pijas histéricas, lo que justifica la presencia de Molly Ringwald como directora de un instituto a la que una adolescente lerda le cuenta que su hermano ha intentado matarla. Las cosas derivarán por derroteros vampíricos. Lo mejor lo tenemos cuando la adolescente comenta que sus únicas experiencias sexuales compartidas consisten en hacer pajas. Lo demás, extremadamente tontuno y olvidable. Guioniza una tipa. Dirige Rusty Cundieff de "Tales from the hood" o "Fear of a Black Hat".

CAPITULO 4 - "Pipe Screams" / "Within the Walls of Madness": Retomamos la movida del "monstruo usado como arma arrojadiza contra un ser humano detestable" -es decir, la historia del bicho de la caja en el "Creepshow" original- y lo hacemos de la mano de la entrañable Barbara Crampton, que pal caso da vida a una casera despiadada y racista (hay incluso un momento que aparece medio borracha con un vaso en la mano, igual que Adrienne Barbeau). La acompañan Eric Edelstein (uno de los nazis malotes de "Green Room") y un bicho no especialmente mal logrado a base de pelos y suciedad que se oculta en las tuberías. Una historia muy tonta, que no aporta nada, pero tampoco ofende. Dirige Joe Lynch.
Con "Within the Walls of Madness" me perdí un poco, resulta algo liosa, pero digamos que gira en torno a un tipo condenado a muerte por una serie de asesinatos que, dice él, fueron cometidos en realidad por un demonio surgido de una dimensión paralela gracias a los esfuerzos de una científica interpretada por Denise Crosby, de "El Cementerio Viviente". Sin más. Dirige todo un VIP del club "Creepshowiano", John Harrison.
Aprovecho el inciso para comentar que las transiciones animadas de esta segunda temporada molan bastante. Se alejan del tono realista de la anterior (y el film original), y evitan el look "flash" que veremos en la siguiente. Las que nos ocupan tiran de rollo caricaturesco y denotan mucho estilo. Un toque original de la serie que, por raro que suene, funciona.

CAPITULO 5 - "Night of the Living Late Show" : A modo de colofón, Nicotero y los suyos cierran la temporada con un capítulo especial de duración doble, donde retoman el "servicio oral para el fandom" pero, al menos, de un modo más inteligente, integrándolo en la trama sin que irrite excesivamente. Y pal caso, además del inevitable guiño con posterior moratón en el ojo al recurrente Señor Romero y sus zombies, tenemos una referencia constante y sangrante nada menos que a nuestra "Pánico en el Transiberiano". Se lo explico.
Justin Long -al que hemos visto en "Jeepers Creepers" o "Arrástrame al infierno"- da vida al inventor de la máquina de realidad virtual definitiva, una que permite al usuario formar parte de sus películas favoritas. En su caso se trata del clásico dirigido por Eugenio Martín. No solo lo disfruta, además anda enamorado del personaje que interpreta ¡¡¡Silvia Tortosa!!!. De esta manera el inventor huye de su mediocre realidad y, muy especialmente, su señora esposa, con la que se casó por dinero y que, obviamente, no luce tampoco muy apetecible (aunque ni mucho menos es el cayo que nos pretenden vender). La cornuda, harta de desprecios e infidelidades -virtuales-, usará la misma máquina para vengarse.
Lo cierto es que, llegado el momento, comencé a pensar aquello de "Me aburroooo", antes de descubrir que consumía un capítulo más extenso de lo habitual. Pero no está demasiado mal. Las escenas en las que Justin Long entra a formar parte de "Pánico en el Transiberiano" e interactúa con Christopher Lee, Peter Cushing o la misma Tortosa, tienen su gracejo, aunque tampoco es que estén estupendamente facturadas. Llama la atención que se busquen a una doble de la actriz catalana cuyo parecido resulta bastante discutible.
El guion corre a cargo de Dana Gould, todo un personaje mediático ligado a cosas tan distintas y curiosas como "Los Simpson", "Mystery Men" o esa rareza titulada "Me levanté temprano el día de mi muerte". Dirige Greg Nicotero.

viernes, 31 de octubre de 2014

THE CHAIR

Conocida en nuestro país gracias a algún pase televisivo como “La cárcel alucinante” – y diciendo la voz en off en el título durante los créditos “La silla eléctrica”- y editada en nuestro país en vídeo y DVD,  “The Chair” es una película fallida del año 1985 del director  Polaco Waldermar Korzeniowsky, empeñado en dirigir un guión que su esposa tenía escrito y que descansaba en un sucio cajón, y cuyo resultado final se quedó almacenado en las latas hasta que en 1989, con la moda del subgénero de pelis de “silla eléctrica”  dentro del fantástico y el terror,  a la productora se le ocurrió estrenarla en el mercado del vídeo, para aprovechar el tirón de películas de temática similar como puedan ser “House III”, “Presidio”, “Horror en alcatraz” y, sobretodo, “Shocker,10.000 voltios de terror”, de la que podría parecer que mama, pero no.
La película se rodó antes de esta moda, pero como era tan mala, se decidió que era mejor no estrenarla.
La gracia del asunto es que su protagonista, James Coco, obviamente en horas muy bajas, falleció al año de finalizar el rodaje y tres años antes de que esta se estrenara, con lo que se le ve el plumero a la productora muy claramente. No obstante, el reparto de este bodrio está lleno de caras conocidas.
Si hago un esfuerzo para saber de que va, creo que la cosa anda entre un centro penitenciario que abre sus puertas tras permanecer muchos años cerrado y quieren convertirlo en centro psiquiátrico para criminales. Sin embargo, el centro penitenciario tiene dentro los espíritus de los carceleros y los condenados a la silla eléctrica del pasado, que junto a una extraña bombilla con un ojo en su interior, aparecerán, de vez en cuando, para hacerle la vida imposible a los actuales habitantes.
La película es un pastiche monumental que deambula entre la comedia, las películas de cárceles y el drama, que coqueteando con el cine de terror, en realidad no tiene nada de esto. Si, vemos al espíritu del ejecutado en la silla años atrás tal y como nos lo muestra el póster, pero todo lo escabroso se reduce a lucecitas azules que desprende la silla, y poco más. Por no tener, no tiene ni sangre; ni buenos gags cuando pretende ser graciosa, ni unos elementos sólidos cuando trata de ser cualquiera de los otros géneros. Sin embargo, lo que si tiene es un buen montón de actores conocidos, que luego nombraremos.
El caso es que la película es un rollo patatero que no hay por dónde cogerlo, con mucho bla, bla, bla, muchas ganas de ser graciosa cuando no toca y aburrimiento por doquier. No tiene mucho humor involuntario, pero el revoltijo general, el que no te enteras de nada de lo que pasa y que es una puta mierda, la convierten en una peliculilla, al menos, simpática. Pero vamos, que si no la ven nunca, no pasa absolutamente nada.
Curiosamente, además de un hecho polvo James Coco en su reparto (“Un cadáver a los postres”, “Mr Charlestón y sus secuaces”) tenemos a una jovencísima Trini Alvarado (“Agárrame esos fantasmas”, “Paulie, el loro bocazas”), Paul Benedict ( “Cocktail”, “Un genio con dos cerebros”), Stephen Geoffreys (“Jóvenes ocultos”, “976, El teléfono del infierno”),  Brad Greenquist ( “El llanero solitario”, “El cementerio viviente”) Paul Calderón (“Teniente Corrupto”, “21 gramos”), Mike Starr (“Ed Wood”, “Uno de los nuestros”) o Jaime Tirelli (“The brother from another Planet”, “Carlito´s Way: Ascenso al poder”). Todo ello en una película que costó tres pesetas, y todos ellos con cara de no saber ni que coño hacen en esa película. Porque cierto es que para muchos “The Chair” era una de sus primeras películas, pero la mayoría, ya eran actores resabiados con un montón de películas a sus espaldas. Y este reparto, es lo único que convierte a esta película en una curiosidad. Por lo demás… comida para tortugas subnormales de florida.
En cuanto su director Polaco, por supuesto, jamás volvió a dirigir nada más.

sábado, 9 de julio de 2022

ZOMBIE COP

El cop titular se enfrenta cara a cara con un temible traficante de día, brujo vudú de noche. Durante la trifulca "mueren" los dos... no antes de que el brujo lance una maldición al otro. Pasadas unas horas, revivirán y, básicamente, seguirán donde lo dejaron.
La primera vez que tuve noticia de esta... cosa, fue en las páginas de mi querida "Mad Movies". Salía publicado una especie de pre-cartel -el que aquí les dejo- cuyos elementos nada tendrían que ver con el producto acabado. Ni en la tipografía del título, ni el look del policía muerto viviente, ni siquiera esa ambientación "noir" con fulana buenorra, hotel sórdido y tal. Me fascinó y no tardó nada en formar parte de mis obsesiones. Poco sabía entonces que aquello era una idea del temible David DeCoteau siguiendo la ya clásica estrategia de "cúrrate un título chulo, con su póster no menos chulo, lánzalo y a ver qué pasa. Si lo merece, ya me buscaré la vida para hacer la película, invirtiendo el menor capital -y talento- posible/s" Pal caso el encargo recayó nada menos que en J.R.Bookwalter, por entonces asociado con el director de "Dreamaniac" (lo que dio pie a su primer atentando compartido, "Robot Ninja"). DeCoteau le cedió 5.000 dólares para la gestación de dos películas, "Kingdom of the vampire" y "Zombie Cop". Ambas se iban a parir en escasos días y, por supuesto, formato vídeo. Pero del de 1991. Así las cosas, Bookwalter pilló su equipo de Super-VHS, su Commodore Amiga 2000 (con el que solía currarse todos los feos gráficos de sus trabajos) y parte de la peña que le ayudó en la peli del ninja robótico. Grabaron en el propio apartamento del director (de ahí que aparezcan tantísimos pósters de producciones DeCoteau/Bookwlater, así como otras de Charles Band y colegas), el colmado familiar (cosa delatadísima nada más ver la marquesina) y allá donde les dejaran. Una vez terminada, se lanzó al mercado del vídeo junto a la mentada "Kingdom of the vampire" y pasó... pues lo que tenía que pasar.
Antes de seguir, es importante aclarar que el propio J.R. firma el desastre con el seudónimo de Lance Randas (aunque podría haberlo hecho en una segunda edición remasterizada, no la original) y que soltó declaraciones como estas: "Es un mal vídeo casero que nunca tendría que haber visto la luz". Más claro, el agua. Le doy toda la razón. "Zombie Cop" es un mojón de mucho cuidado... aunque, honestamente, no esperaba otra cosa. J.R.Bookwalter me cae bien. Respeto bastante lo que ha hecho a lo largo de su carrera. En cierto modo puede incluso despertar nuestra admiración. Pero también es verdad que el tipo no tiene lo que se dice mucho talento. Jamás ha facturado nada ni medianamente digno. Si encima nos enteramos que, durante la gestación de ambos largometrajes, fue "Kingdom of the vampire" el que se llevó más atenciones y mayores esfuerzos, pues entonces quedan perfectamente justificadas todas las carencias de "Zombie Cop", que van desde actores absolutamente negados, terribles, al más mínimo sentido de nada... sea ritmo, sea comedia voluntaria (atención al tipo que da vida a un árabe con una enorme toalla de baño mal puesta sobre la cabeza), sea suspense, sea acción, sea violencia, sea truculencia. Todo esto destaca especialmente en el tramo final, el -por llamarlo de alguna manera- clímax. Imaginen como será que, aún tratándose de una larga persecución, primero a pata (es absolutamente descojonable ver al poli zombie y al del vudú recorrer un parque infantil y cruzar entre los columpios y toboganes como si fuesen obstáculos difícilmente superables) y luego en coche, el resultado carece de la nimia emoción y, básicamente, aburre hasta las cabras. No ayudan nada esos puñetazos incapaces de impactar donde deben, el patosismo general en las "escenas de riesgo" y la música de teclado "Casio" repetitiva y rayante.
Un auténtico desastre, en mayúsculas, que aunque no salvaría ni el mismísimo Jesuscristo con un improbable milagro, sí reserva pequeñas curiosidades. Tenemos sendos cameos (el propio Bookwalter viendo y disfrutando de "Robot Ninja" en una tele -¡ah, era él!- y David DeCoteau como conductor pillado en medio de la "persecución"), muchos rostros reincidentes (los dos delincuentes que intentan atracar el colmado son los mismos pandilleros que salían en "Robot Ninja", hasta el extremo de vestir exactamente igual) y las inevitables citas/robos a "Robocop", "Terminator", "Phantasma" (Una de las favoritas de Bookwalter. El cementerio donde revive el prota se llama igual que en la peli de Coscarelli) y "Maniac Cop" (el look de "Zombie Cop" es extremadamente deudor de este) Detalle especialmente gracioso si tenemos en cuenta que aquellos "hipsters" y "esnobs" capaces de defender productos indefendibles como "Zombie Cop" -¡que los hay! especialmente en estos tiempos de tanta pose y tanta estupidez- tiran del discurso anti-Hollywood para reivindicar su condición "independiente y facturada con amor" (sí, ¡¡muchísimo!!), cuando justamente es de la meca del cine de donde se fusilan la mayoría de sus "ideas".
En los créditos finales lanzan una puyaza a Dr.Cyclops, el célebre reseñador de novedades videográficas de la revista "Fangoria" al que se la tenían jurada todos estos pelacañas porque solía soltar dolorosas verdades como puños sobre sus infrapelículas. Verdades como que "Zombie Cop" es una pedazo de ñorda inmisericorde... pero sabía que escribir sobre ella iba a ser la mar de divertido.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

DETRAS DE LA PUERTA

Siendo justos, hoy no debería hablarles de esta película. La vi ayer noche y me aburrí bastante. Sin embargo, la muy jodía arrastra consigo una serie de características lo suficientemente extrañas y curiosas como para motivarme a escribir esto. De entrada, su carátula... la que tienen aquí al lado es la misma -salvo por el idioma- que la Española... y ante un dibujazo así, ¿quién puede resistirse?. Una vez la adquieres, el primer susto gordo es descubrir el nombre de su productor, el legendario Ovidio G. Assonitis, responsable (como producer, pero a veces también como director) de tochitos tan reconocibles como "Piraña 2: los vampiros del mar", "Tentáculos" o "Poder maléfico". Justamente, esta última, un oportunista remedo -como casi todo lo que hacía Assonitis- de "El Exorcista", es más conocida por su título británico, "Beyond the door". Su éxito esputó un "Beyond the door 2" y un "Beyond the door 3". La coña es que la primera de ellas era en realidad el -aburrido- "Shock" de Mario Bava y la segunda esta de la que hablamos a continuación. Evidentemente ninguna tiene relación alguna, ni entre sí ni respecto al film original... pero vamos, no hay que ofenderse por semejante jugarreta, es algo muy común en el "exploitation", como ocurrió con la saga "Curse" , cuyo título de partida llevaba también el sello Assonitis.
Un grupo de estudiantes americanos parten para Yugoslavia -creo- a hacer culturilla. Lo que no saben es que la chica rara de la panda está destinada a convertirse en la esposa del príncipe de las tinieblas... y nada ni nadie podrá evitarlo. A menos, claro está, que aparezca un santo y se la folle antes... ya que la chica es virgin. Acuden a una aldea en la que casi son aniquilados. En su huída subirán a un tren que, automáticamente, quedará maldito. El fin es llegar a su destino, donde la esperan el demonio y cía.
"Beyond the door 3" es una co-producción del año 1989 entre Italia, Yugoslavia y Estados Unidos. El título "real" por el que más se la conoce es "Amok Train". Se trata de un atípico cruce entre peli de terror y peli de catástrofes. Entre "La Profecía" e "Imparable". Más de la mitad de su metraje se desarrolla en un tren desbocado que los pasajeros y las autoridades se esfuerzan en parar, sin éxito. Claro que esto no es lo único que hace el transporte... en mi escena favorita, se sale a voluntad de las vías para adentrarse en un lago, atropellar a una pareja que va en barca, y encarrilarse de nuevo para continuar el viaje. Alucinante.
También de alucinante podemos calificar el nivel de gore del film. Casi todas las muertes se desarrollan en plan "La Profecía" o "Destino Final", es decir, supuestos accidentes en realidad ocasionados por la intervención del maléfico. Y todos ellos resultan jugosamente sangrientos y truculentos, con decapitaciones, cuerpos partidos por la mitad y empalamientos. Cuando no, presenciamos a una churri que expulsa gusanos por la boca y se arranca la piel. Todo ello bastante bien facturado para lo que es la peli... aunque a ratos los cuerpos mutilados apesten a maniquí. El resto de efectos, los del tren descarrilando o chocando contra otros vehículos y transportes, tiran de maqueta y son algo cutres, pero con su sutil gracejo.
Ya os digo, en realidad la peli es aburrida... lo que pasa es que cada vez que hay una sangrienta muerte, te despiertas. Así vas soportando la jugada hasta que termina. A nivel estético-formal está bastante bien hecha. Y por ahí pulula un Bo Svenson haciendo de siervo del diablo.
En fin... solo recomendable para adictos a la truculencia simpática.


Mi visionado previo fue "Mega Python vs. Gatoroid", popular producción Asylum con Mary "Cementerio Viviente" Lambert a los mandos. Esta peli arrastra consigo el estatus de ser más entretenida y simpática que la mayoría de insufribles tochazos del asilo. Bien, en realidad la única diferencia es que para la ocasión tiraron más del elemento comedia, pero por lo demás, sigue siendo la tiiiiiiipica mierda insufrible de "The Asylum", incluidos sus efectos especiales horribilis y ese look frío y deprimente que les caracteriza. Vamos, que no pude con ella y acabé tirando de "fast forward". Una ñorda inmensa. Sin más.

sábado, 25 de febrero de 2017

EL OTRO LADO DE LA PUERTA

Estoy genuinamente contento por el amigo Johannes Roberts. Finalmente ha logrado su acariciado sueño de formar parte de la élite mainstream del terror, y encima, con resultados bastante dignos. Lejos quedan ya todas esas peliculitas zetosas que se sacó de la manga a principios de los 2000 y que despertaron tanta fascinación... a veces por los motivos equivocados: "Hellbreeder", "Demonic", "La carrera de la muerte", "When evil calls", etc. Consiguió que todo un Alexandre Aja le apadrinara un nuevo proyecto, una peli de esas de fantasmas sobrias y "blancas" tan de moda en estos tiempos turbulentos que corren, y con un inevitable toque de "j-horror" que le llaman (vamos, pelis de miedo japonesas), de las que Roberts lleva años tomando buena nota.
"El otro lado de la puerta" no se desarrolla en el país del sol naciente, pero sí en otro lugar exótico con un rico folclore, la India. Allí vive una pareja traumatizada por el reciente fallecimiento del hijo pequeño. El caso es que llega a oídos de la madre que existe un templo en el que se puede hablar con los muertos a través de una puerta, siempre y cuando sigas una serie de procedimientos y, muy importante, nunca les des de comer pasada la mediano.... perdón, digo, ¡no abras jamás la maldita puerta por mucho que el espíritu llore y suplique!. Como es de ley, la madre va, habla con su hijo, pierde los estribos, abre y despierta a una especie de bicho que recuerda demasiado a los que salían en la saga de "Ju-On", o "La Maldición", o "El Grito", y que seguirá a la mujer hasta su casa para reclamar el fantasma del chaval, que se ha instalado allí también y, poco a poco, va empeorando su carácter.
Si la historia os suena familiar es porque, sí, se parece un rato a "Cementerio Viviente". Y también a "Zeder", que ya guardaba puntos en común con la (posterior) creación de Stephen King. Pero bueno, ¡¿ es que acaso "Insidious" o "Expediente Warren" no cuentan algo ya mil veces contado?!. Pues claro. En el cine de género (que no el cine en general) ya está todo inventado, así que podemos pasar por alto esos parecidos. Lo que finalmente queda es una peli muy seria, bastante contenida, bien actuada y especialmente bien fotografiada. No se abusa de la sangre, ni tampoco de los efectos infográficos. Dicho de otro modo, que aunque no cambiará la vida a nadie, ni es la repanocha, "El otro lado de la puerta" se deja ver y desde luego marca un punto y aparte en la carrera de Johannes Roberts, que denota una suculenta mejora en sus quehaceres. Eso sí, un aspecto gracioso a tener en cuenta es que en sus primeras películas, a un Roberts cegado por el ego le encantaba poner su nombre por encima del título, como todo un John Carpenter. Pero tanto en la peli comentada, como en el resto de sus trabajos más estándar, es algo que ya no se da. ¡¡Ah, amigo!!, ¡no se puede tener todo!. Si pactas con el mainstream, esas cosas ocurren. Para ganarte tal posición tendrás que trabajar mucho, Johannes... y, tal y como está el patio, ya veremos si lo consigues. ¡Ánimo!, desde aquí te deseamos toda la suerte del mundo.

sábado, 30 de enero de 2021

CALIFORNIA SOLO

En su juventud Lachlan era un músico escocés de éxito. Formaba parte de "The Cranks", una banda de britpop a la altura de los "Blur" y "Oasis" de turno. Pero la muerte de su hermano, y líder, lo mandó todo al peo. Se mudó a los Estados Unidos, dejó la guitarra y comenzó a currar en una granja. Han pasado ya unos cuantos años, ahora es un cincuentón que vive lógicamente frustrado. Una noche sale del bar todo borrachuzo, coge el coche y la policía lo para, cosa esta que le meterá en graves problemas, especialmente por su condición de inmigrante. A ello habrá que sumar lo escueto de su cuenta bancaria, la compleja búsqueda de un nuevo amor, su ex-mujer y la hija a la que casi ni conoce y la mentada muerte de su hermano de la que, por lo visto, fue en parte culpable, motivo por el que vive aislado y atormentado.
Me puse a ver "California Solo" por dos motivos: su protagonista, al que adoro, Robert Carlyle, que está sensacional, y el argumento. Siempre me han molado las historias de "artistas" que brillaron en el pasado y hoy viven sumidos en el olvido, por aquello de aprender cómo uno puede levantarse por las mañanas acarreando una o dos frustraciones durante el resto de la jornada. Pues a lo tonto, gocé de un melodrama en estado puro, sencillo, construido a base de diálogos y personajes perfectamente definidos, y que en ningún momento cae en lo facilón ni lo lacrimógeno, incluso aunque a ratos lo deseara en mi fuero interno. Un producto agradable de ver y entretenido, a pesar de que lo que cuenta no sea muy alegre... pero tampoco te hunde. Simplemente, es el trozo de vida de un buen hombre sin demasiada suerte (y que, por cierto, dedica el tiempo libre a hacer un podcast. ¡Muy adecuado!).
Sorprende encontrar, entre parte del personal implicado, varios nombres ligados al cine de género, especialmente el terror. Por un lado, tenemos a Rick Rosenthal en la producción. Muchos lo reconocerán por haber dirigido la segunda y octava entregas de "La noche de Halloween". Ambas malísimas. Entre los actores secundarios divisamos a Brad Greenquist (que diera vida al adolescente fantasma de "El cementerio viviente"), Kathleen Wilhoite (la medium en "Witchboard" y la irritante compañera de Charles Bronson en "La ley de Murphy") y A Martinez (con un larguísimo currículum donde destacan, por curiosas, varias producciones de The Asylum, nada menos).
Es la segunda película de Marshall Lewy como director y guionista.
Recomendable.

sábado, 17 de agosto de 2019

LA CASA DEL TERROR (TRAPPED ASHES)

A la manera de una producción "Amicus", una pandilla heterogénea de personajes termina encerrada en el comedor de un siniestro caserón donde años atrás se rodó una película maldita. El único modo de salir es que cada uno cuente sus más oscuros secretos en formato de historia terrorífica, lo que significa que a lo largo de los 105 minutos que dura "Trapped Ashes" (con soso y desangelado título hispano) nos comeremos cuatro segmentos distintos pero con un punto en común: la mediocridad. Y es que lo que aquí tenemos es toda una tragedia en formato imagen. Porque los cinco directores que se reúnen para la ocasión no son unos mindundis, ni unos novatos. Por lo menos cuatro de ellos son creadores de notable reconocimiento, demostrado talento y padres de títulos fundamentales para la historia del cine fantástico, y el cine en general. A saber: Sean S. Cunningham, director del primer "Viernes 13". Joe Dante no necesita presentación (y si hay algún alien que desconoce de quién se trata, que pique encima de su nombre). Ken Russell tampoco debería necesitarla. Monte Hellman es un cineasta de notorio prestigio que se inició con Roger Corman y anduvo unos años rodando mucho cine de ese que mola a los culturetas. Y luego está el desconocido, John Gaeta, que debuta en la dirección pero dispone de un curriculum notorio en los efectos visuales.
Entonces, que Cunningham, Hellman y, muy especialmente, Dante y Russell se curren unos segmentos tan tontos, aburridos, descafeinados y planos resulta desconcertante. Es una reunión de esas que, en sus mejores tiempos, se habría saldado con algo explosivo, pero que en 2006, año de producción de "Trapped Ashes", y ya todos algo acabados, se tradujo en una peli totalmente prescindible, prematuramente muerta y con un frío y aséptico look televisivo. Vamos por partes.
La historia de transición es puro Joe Dante en el sentido de que dispone de cierta velada "energía" y viene cargada de guiños y citas al cine de género (el más directo para Mario Bava). Además, cuenta en el reparto con dos clásicos del cineasta: Dick Miller y Henry Gibson. La primera historia es una chorrada tremebunda sobre una tía que se pone tetas más grandes y resultan ser como sanguijuelas chupadoras de sangre. Sorprende saber que el director de esto es Ken Russell (no tanto si recordamos sus arrebatos "kitch"), sobre todo porque yo le atribuía el segundo segmento, por ser más seriote/aburrido y contener tanto delirios visuales típicos de su cine como alguna secuencia de sexo enfermizo bastante provocadora (una chorba tirándose a un cadáver viviente que chorrea líquidos asquerosos). Pero no, esta viene firmada por el sosainas de Sean S. Cunningham. La tercera es la peor en todos los sentidos, básicamente porque su responsable, Monte Hellman, ignora que está rodando una peli de terror y monta un culebrón sobre triángulos amorosos donde resulta que uno de los maromos es el mismo Stanley Kubrick in person. Además, se cita al poder redentor del cine de Jean Vigo. La única escena "de miedo" se desarrolla en un cementerio y está parida tal y como si fuese cine mudo. Vamos, el reverso tenebroso de la cinefilia fricosa de Joe Dante, volcada en un peliculismo mucho más académico, empalagosamente artístico e intelectualmente respetable y previsible. Algunos dirían que es normal viniendo de Hellman, pero no podemos olvidar su pasado en el terreno de la "serie B" de monstruos y, muy especialmente, que fue el director de la zetosilla "Posesión alucinante", la tercera entrega de la saga "Noche de paz, noche de muerte". Así llegamos hasta el último segmento, dirigido por el debutante John Gaeta, que cuenta con una idea cojonuda mal aprovechada y peor desarrollada: una mujer queda preñada al mismo tiempo que le localizan un parásito en el cuerpo -la tenia-, no puede deshacerse de este sin afectar al feto, así que tira palante con los dos creciendo en sus adentros, quienes formarán una especie de enfermiza comunión.
Completan la galería de nombres el entrañable John Saxon y Roy Knyrim a los efectos de maquillaje y bichos, quien paralelamente ha desarrollado una carrera como director de productos la mar de zetosos.
Una auténtica oportunidad perdida.

miércoles, 3 de enero de 2018

LOS FOTOCROMOS DE "EL CEMENTERIO VIVIENTE 2"

La secuela de "Cementerio viviente", cuyos fotocromos pueden ver aquí, y la reseña aquí, también tiene fotocromos (un poco feítos) que les dejo aquí debajo.













sábado, 3 de diciembre de 2011

FIN DE SEMANA DE PESADILLA

Y vamos con otra ñordilla (esta más) de aquellas que, siendo adolescente, no pude soportar enteras. El día que localicé "Fin de semana de pesadilla" en el video-club de mi barrio me hizo mazo de ilusión, ¿por qué?, porque sabía que este título en los USA lo distribuía Troma, y creía que ello me reportaría cuanto menos algo llamativo que llevarme al buche. ¡¡Por dios, cuánta ingenuidad la mía!!. Sí, al buche fue directa... pero para provocarme una indigestión. Total, que pasan unos añazos y un colega me la intercambia en formato VHS. La pongo y joder, joder.
Veamos si logro descifrar de qué va esto: Un científico hace un experimento cuyo fin es quitarle la mala hostia a la peña. La movida consiste en que la cobaya ingiera una ¿¿canica de acero??. Desafortunadamente, con él curra una chavala de grandes tetas e intenciones algo más cafres y que, con la excusa, convierte a tres chicas muy golfas, y sus respectivos ligues, en algo así como zombies babosos. De por medio anda la hija del científico, una chica muy virginal enamorada del amante de la mala mujer, y que en su cuarto tiene un ordenador enorme con el que se comunica a través de un... bueno, de la marioneta de un payaso. La mala mujer odia a esta niña, y cuando la ve lo primero que le dice es: "Puedes parecer inocente, pero en realidad eres una puta... como tu madre". En serio... no estoy de coña.
"Fin de semana de pesadilla" es... no, no haré el chiste fácil, es una de esas pelis que aunque más o menos llegas a entender la trama de base, está repleta de momentos completamente absurdos y sin sentido, ni lógica, de diálogos super-chorras y situaciones ridículas, especialmente las de orden romántico-erótico, que son para mear y no echar gota, directamente empalagosas y altamente irritantes. La abundancia de estas tiene una explicación, el director, Henri Sala, es un franchute que cuando hizo esta cosa llevaba ya varios años dedicado al cine para pajilleros... lo que no deja de ser flipante si tenemos en cuenta que su labor parece la de un novato. Al final salen las zombies y sí, hay algo de gore sangrante, pero vamos, que no compensa, lo demás es demasiado horrible.
En el reparto, algunos nombres curiosos que, a día de hoy, seguramente aún se arrepienten de haberse dejado liar para salir en esta infra-peli, a saber: Dale Midkiff, que luego protagonizaría "Cementerio Viviente", Andrea Thompson, con una carrera televisiva posterior bastante activa y, la joya de la corona, Robert Burke, habitual durante un tiempo en los repartos del reputado Hal Hartley, también conocido como "Robocop 3" y al que has visto en "Dust Devil" o "Thinner". Aquí hace de motero-punki-violador. ¡Casiná!.
A lo mejor consumida con colegas y para echarse unas risotadas, "Fin de semana de pesadilla" valdría... pero eso no la salva de ser una auténtica basura innombrable.

sábado, 3 de enero de 2009

UNA POR UNA

John Russo, Bill Hinzman y Russell Streiner tuvieron la leche de estar al lado de George A. Romero cuando este parió "La noche de los muertos vivientes", aportando aspectos creativos en su confección. Desde entonces viven del cuento, en mayor o menor grado, ya sea aportando material propio o intentando sacar provecho al clásico. Mientras John Russo ha sido el que mejor se lo ha montado, en su faceta de director y novelista, otro que también lo ha intentado es Bill Hinzman, el que interpretara al primer muerto viviente de "La noche...", ese que ataca a Bárbara al poco de llegar al cementerio. Suya es "Zombie Nosh" (aunque este sea solo uno de sus varios títulos), un film de zombies conocido seguramente por su generoso gore, pero muy horripilante.
El caso es que en 1986 Russo y Hinzman decidieron unir fuerzas aportando su grano de arena a un género muy de moda en la década, aunque en ese momento ya comenzaba a decaer, el slasher. Para ello, adaptaron una novela del propio Russo titulada "The Majorettes", sobre... eso, un grupo de majorettes que van siendo misteriosamente asesinadas por un tipo enmascarado.
La peli es tan torpe y tosca como todo lo que ha firmado Hinzman. Sin embargo, se aguanta bastante bien... a pesar de su mas bien escasa sangre (suplido por bastante carne femenina) en parte gracias a un ingenioso giro argumental total y completo. Cuando "Una por una" lleva ya un buen rato cumpliendo con los rigurosos dogmas del más puro slasher, una serie de acontecimientos, que involucran un pervertido mirón, una enfermera avariciosa, un novio deseoso de venganza y una panda de moteros con malas pulgas, hacen que de pronto nos encontremos ante un thriller... incluso casi un film de acción pura, con sus tiroteos y explosiones. Ello contribuye a que, en el momento que comenzabas a cerrar los párpados, la peli te enganche y lleve hasta un final en el que el asesino de marras pierde protagonismo, es chantajeado y casi termina siendo un semi-héroe... extraño y diferente.
Cómo no, tanto Streiner, como Russo y Hinzman se permiten sus inevitables cameos.
No es ninguna maravilla, pero desde luego entretiene más que mucho mojón y mucho slasher.