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sábado, 5 de marzo de 2022

SCREAM 2022

Cuando me enfrento a la enésima entrega -tardía y motivada por la nostalgia más mercantilista- de un film de mi género favorito, tiendo a deglutir todas las pelis precedentes, en orden, antes de llegar a la más reciente. Es un juego divertido que incluye ver evolucionar la historia y envejecer a los personajes / actores. Procedí así con la saga "Saw", por ejemplo. Ahora, con el lanzamiento de la nueva "Scream" (la quinta, aunque no lo ponga en el título), me animé a repetir la hazaña. Vi las cuatro previas. A una por día. La intención original consistía en escribir sobre todas. Un repaso escueto, pero conciso, como el que en su día dediqué a "Phantasma". El problema es que, a rasgos generales, las "Scream" movies no me inspiraron ni una sola línea. Seloplico...
Nunca he sido fan de la saga. Reconozco que el primer "Scream" -que vi en su día en el cine- dispone de un sutil encanto. Es razonablemente entretenida. Un genuino film de terror. Las tonterías posmodernas y auto conscientes aún suenan algo novedosas. Y se ciñe con bastante dignidad al modelo slasher. Es cierto que sus tics noventeros irritan (ese reparto repleto de niños guapos, blanquitos y ricos, la sobre iluminación, la ausencia de genuinos elementos exploitation), pero incluso, vistos hoy, tienen su gracia. Así que esta puedo tolerarla. Sin embargo, las consiguientes continuaciones son terriblemente malas. De la segunda a la cuarta. En muchos casos casi parecen telefilms. Y ni siquiera de terror. Da la sensación que en cualquier momento, en cualquiera de ellos, entrará en escena Angela Lansbury.
Tal vez por eso afronté este "Scream 2022" con desgana (aunque curiosidad). Y, tal vez, esa es la razón por la que me sentó mejor. O quizás sea, simplemente, una buena película, lista para ver y olvidar. 
La cuestión es que entramos en el terreno de lo que, en la misma trama, califican de "recuela". Es decir, un remake disfrazado de secuela tardía y que incorpora personajes avejentados de los films "antiguos". En este caso Neve Campbell, David Arquette, una feísima Courtney Cox (da grima compararla con la versión monísima y pizpireta que aparecía en "Masters del universo") y Skeet Ulrich. Podríamos añadir también a Marley Shelton, que salía en la cuarta. Estos se entremezclan con los personajes nuevos, una panda de jovenzuelos no excesivamente repugnantes (y donde, por supuesto, caben un gay, una lesbiana y uno de piel tirando a oscura). Juntos tendrán que descubrir la identidad del nuevo Ghostface, al que le ha dado por asesinar peña relacionada con aquellos que murieron en las pelis previas. Los crímenes son un pelín más gráficos de lo que la franquicia nos tenía acostumbrados (¡¡han tenido que pasar 26 años para ello!!). Y, esto sí sorprende, la figura del psycho-killer resulta más amenazante que nunca. Impone, a pesar de lucir el disfraz reglamentario que todos conocemos. Eso significa que, por primera vez, alguien ha sabido filmarlo debidamente. ¿Tal vez el problema que tenían los "Scream" precedentes era.... Wes Craven? Al fin y al cabo, ya entonces encajaba como un guante en el rol de "cineasta maduro hastiado de su vinculación con el género". En esta ocasión no dirige por razones obvias, de eso se encargan Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, responsables de una peli que parece gustar a todo el mundo menos a mi, "Noche de bodas". Tampoco el guion es de Kevin Williamson, sino de  James "Zodiac" Vanderbilt y Guy Busick quien, por cierto, ha escrito la nueva "Destino Final". Ambos se aferran bien fuerte, y con delectación, a los tropos de la franquicia. Si en las entregas previas se hacían "discursos" -tirando a críticos- sobre la nueva tendencia en cine de terror del momento, ahora toca meterle un -merecido- cachete a esa cosa aburrida y pedante que algunos llaman "terror elevado" (la única que me funciona del pack es "Midsommar"). Luego, la "friki" del grupo (que pal caso folla con otros coños, todo un cambio) suelta un "speech" muy logrado, y perfectamente medido, sobre el mentado fenómeno de la "recuelas". Uno que encaja mucho y muy bien en lo que cuenta la misma "Scream 2022".
Pues lo dicho, una cosa más o menos entretenida. Nada que nos haga vibrar, ni saltar del sillón (salvo algunos sustos que te funcionarán si no estás muy puesto en estas lides). Pero se deja ver y, sobre todo, devuelve cierta "dignidad" a la saga, una que no lucía desde 1996.

martes, 18 de marzo de 2008

7EVENTY 5IVE

Los 90 no fueron una década demasiado buena para el cine de terror, y todo gracias a "Scream", un film que, más allá de su calidad, estandarizó el horror hasta límites insospechados, dejándolo huérfano de fuerza, agresividad, carácter.... sexo y sangre. En realidad la culpa la tuvo más el guionista, Kevin Williamson, hoy justamente olvidado, que el director, Wes Craven. Aún ahora, y después de haber recuperado elementos como el miedo (gracias a "The Ring", algunos momentos de la filmografía de M. Night Shyamalan o cosas como "White Noise" y "Session 9"), el gore (guste o no, se lo debemos a "Hostel", gracias a ella actualmente, y sobre todo en el mercado indie, se alcanzan cotas brutales del calibre de "Carver") y, tímidamente, algo más de sexo (mmmmh, ¿"Hostel 2"?), seguimos sufriendo los coletazos de "Scream", sobre todo en el género del slasher.
"7eventy 5ive" es una peli que de entrada parece más deudora de la escuela "Seven" (¿será por el título?), solo que sustituyendo a Morgan Freeman por Rutger Hauer. Pero no, pronto muy pronto nos vemos inmersos en el terreno del cine de acuchillamientos... y por desgracia, del modo más plano y carente de imaginación posible (es decir, siguiendo a rajatabla las enseñanzas de Kevin Williamson... solo que con un poquito más de sangre y tetas, aunque estéticamente, en su forma, la peli es clavada a "Scream"... incluído poster promocional).
Y es una pena, porque la escena que abre el film promete: Un grupo de niños juegan a hacer llamadas inoportunas marcando números al azar. En eso que llaman a alguien que no deben. Pues imagínate lo que a algunos les molesta que suene el teléfono cuando no toca, que unas horas después se presenta en casa un tipo super-mazas armado con un hacha y extermina a los padres y sus invitados, dejando a la mitad de los críos traumatizados. Diez años después, los menos afectados por el suceso siguen con la bromita telefónica, lo que hará que cierta presencia irritable reaparezca y la emprenda a hachazos en plena party.
La verdad es que narrativamente, y a pesar de lo lineal de la historia, hay momentos que te pierdes un poco, sobre todo en lo referente a personajes... aunque, desde luego, más perdido va Rutger Hauer, que con cara de resignación, se pasa un 25% de la peli investigando los crímenes para desaparecer, y no volver a hacer acto de presencia hasta el final.
De por medio, lo dicho, muchísima rutina, un desenlace especialmente parecido a "Scream" y, eso si, una idea rompedora: El gordito simpático logra acostarse con una tia buenorra, y sin hacer demasiados esfuerzos. ¡Ya era hora!.
Al menos se puede ver...

martes, 7 de junio de 2011

CAMPAMENTO INFERNAL

A ver, que me aclare... de "Campamentos Sangrientos" en los video-clubs de España hay... o había, unos cuantos. Casi todos, y repito CASI, pertenecen a la incomprensiblemente famosa saga "Sleepaway Camp". La primera vez que tuve noticia de ello fue hace muchos años, cuando dominaba el vhs. La peli, titulada efectivamente "Campamento Sangriento", era en realidad "Sleepaway Camp 2", y lucía una carátula horrorosa cortesía de "Córdoba Films" (la misma gentuza que editó costrosas pelis del calibre de "Forever Evil").
Pasan unos años y a alguien se le ocurre editar un pack (en dvd, el vhs ya anda jubilado) en nuestra tierra con las tres "Sleepaway...". Esta ocasión, lo de "Campamento Sangriento" es adjudicado a la primera entrega, seguida de las otras con el consecuente número después de idéntico título. Bien, hasta aquí la cosa ha quedado clara, ¿no?... vale, no... pero al menos ya podemos descartar la saga "Sleepaway Camp" y centrarnos en otra, la de "Bloody Murder", cuya primera de las dos entregas llegó a España como.. ¡¡"Campamento Sangriento"!! (y ojo, no confundir con el slasher-de-coña "Scream Bloody Murder").
Mientras "Sleepaway Camp" surgía como respuesta al boom slasher de los 80, "Bloody Murder" lo hacía como consecuencia de la fiebre de los 90 iniciada por "Scream". Pero lo curioso, y ahí radica su popularidad, es que el asesino protagonista aterrorizaba un campamento portando
¡una máscara de hockey!. No se trataba de parodia ni de homenaje ni de referencia-cool, en todo caso de plagio, y de uno bien serio. Era como pillar cualquiera de las secuelas video-cluberas de "Viernes 13", desprenderle de las pocas tetas y el poco gore que les quedaba e incrementar su look cada vez más telefílmico. En dos palabras, "Bloody Murder 1" ERA HORRIBLE. Pero también era un caso muy extraño y curioso dentro del mercado del slasher.
Tal curiosidad se acrecentó cuando a alguien se le ocurrió producir "Bloody Murder 2" (eso si, hay que reconocer que las carátulas yankis de ambas son genuinamente espectaculares) y, encima, esta vez iban a dotar al film de lo que más falta le hacía a la primera: sangre, sexo y algo de sentido de la estética. Así pues, "Bloody Murder 2" llega a las Españas como "Campamento Infernal". Toma castaña. Yo en su día la alquilé lleno de insana curiosidad, y fue al ver su título original que comencé a atacar cabos. Resultaba fascinante que "Jason Voorhees" contara con un primo bastardo de la más baja estofa (respondiendo al nombre de "Trevor Moorhouse") protagonista incluso de su propia mini-saga. ¡El maravilloso mundo del "direct to video", compañeros!.
"Campamento Infernal" cuenta lo de siempre: guapitos de ambos sexos (y ambos aficionados a lucir ropa escueta y ceñida) se pasean por un campamento apunto de cerrar mientras un tipo vestido con un peto y una máscara (al menos en este caso no es de hockey) se dedica a asesinarlos. Se supone que se trata de descubrir quién se oculta tras el disfraz. Y sí, podríamos decir que ese es el único aspecto "diferenciador" en un mar de mediocre mimetismo. Como ocurría con "Bloody Murder 1", la dos sigue a rajatabla las normas del slasher, sin intención paródica ni homenajeista (aunque menos descaradamente que su antecesora), y se atreve a salirse del camino únicamente por ese "whodunit" a la larga tan molesto. El film se soporta bien simpre y cuando el psycho-killer aparezca y mate a unos cuantos... el problema viene cuando pretende contarnos algo más. En ese momento, se torna más aburrido (si cabe).
Pero vamos, dejando florituras narrativas a un lado, de lo que se trata aquí es de valorizar los ingredientes indispensables en todo buen o mal slasher: Sangre, la hay. De hecho, "Campamento Infernal" luce un asesinato notablemente cruento... el primero de todos. Incluso tenemos una sierra mecánica, y el colega "Trevor" hace buen uso de ella (encima, para matar a un chaval de nombre "¡Jason!"). Tetas, las hay también... y bien visibles, aunque solo por parte de una campista, la cachonda de la pandilla, a la que pone rostro y forma la "scream queen" de segunda regional Tiffany Shepis. El director, Rob Spera (culpable también de "Leprechaun in the hood" y la primera de la interminable saga "Witchcraft"), se esfuerza en dotar de algo medianamente estético a su film, usando encuadres torcidos o atípicos. Y lo consigue a ratos, destacando el asesinato de la ducha, aunque en general predomina la sosería.
Vale... "Campamento Infernal" es una mierdecilla... pero una que aún se puede ver si te lo tomas con paciencia y sentido del humor. Un caso de secuela que "mejora" la original (lo que tampoco costaba mucho) e incrementa sus elementos genuinamente "exploitation". Lo raro es que nunca hubiese un "Bloody Murder 3", a pesar de que a la segunda le fue muy bien a la hora de recuperar la inversión, de que la mini-saga tiene fieles seguidores y de que incluso hay quien la pide desesperadamente (este mismo habla de la existencia de un spin-off titulado "The Graveyard", tendré que investigarlo).

Actualización (26-11-2022): Finalmente vi "The Graveyard". E incluso Víctor y yo nos tomamos la molestia de hacer un podcast íntegramente dedicado a hablar de la saga, por si gustan.

miércoles, 18 de junio de 2014

STAGE FRIGHT

Ya han pasado suficientes años como para que “Slashers” post “Scream” como “Leyenda Urbana” o “Se lo que hicisteis el último verano” sean material clásico y sirvan de inspiración y/o precedente para según que generación. Así que desde Canadá, e inspirada en el “Slasher” noventero, llega este “Stage Fright”.
Y el punto de partida intenta, dentro del género, ser novedoso. Se trata de un “Slasher” Musical, con todos sus numeritos musicales,  los tópicos del musical aplicados a conciencia, que se nutre de canciones propias del musical y del heavy metal; el asesino de look molón y ataviado con máscara del teatro Japonés, canta canciones heavy en contraposición al resto de canciones más clásicas. El problema, es que el director no se toma en serio su material y al final lo hace de manera paródica, con lo cual, una buena idea, novedosa, y que tratada con el debido respeto se me antoja valiente, se queda en una chorrada estúpida y carente de interés, máxime cuando ese sériale único punto a favor  de la película, porque de lo demás va limitadita. Y encima con el tonito repelente de un post “Scream”, con todo lo trillado del asunto.
Tras una puesta en escena –mal resuelta- que nos pone en situación, vamos a un campamento de verano para bailarines clásicos y cantantes de ópera, regentado por un director de Broadway venido a menos, en el que los jóvenes que pululan por ahí, andan ensayando una obra musical que estrenarán más adelante, llamada “The Haunting of the Opera”. Independiente de esta obra musical, los protagonistas se marcan numeritos musicales dentro de la ficción. Entre unos y otros, un asesino con máscara perteneciente a la función, irá dando cuenta de alguno de ellos (porque encima se carga pocos), en algunas ocasiones, dentro de un número musical.
Como decía antes, el tomarse a sí misma a cachondeo, es la mayor lacra de la película, amen de tener ese rollo auto referencial tan grimoso que tienen todas las malas películas de última hornada, en esta ocasión, tan reconocible y tan a boleo (mezcla referencias de los  ochenta y los noventa, indistintamente), que me siento, incluso, indignado durante su visionado: “Hellraiser”, “Scream”, “Carrie”, “Leyenda Urbana”, “La matanza de Texas” (“Masacre en Texas 2” para ser más exactos”) y, por supuesto, “Viernes 13” van circulando sin disimulo a lo largo de la película. Unos guiños necesarios para ganarse a su estúpido público, porque está claro que con el elemento natural de la película, no lo va a conseguir.
Por lo demás, poca truculencia,  aburrimiento, humor muy mal introducido e imperceptible  -de ese que está, pero que no notamos porque no hace gracia- y sensación de que le estén tomando el pelo a uno. Pero, sin duda, lo peor, es esa determinación de “Voy a hacer un musical “Slasher”, pero que sea medio en broma, porque no tengo cojones (ni el talento) de hacerlo totalmente en serio”. Una autentica lástima.
En el reparto, un puñado de adolescentes sin carisma y “Crepusculeros” que son ya como fotocopias y protagonismo, casi absoluto, de Meat Loaf que se marca algunos numeritos a una edad en la que ya ha perdido su chorro de voz, y que interpreta al director de ese campamento de teatreros y Minnie Driver, que ya tiene una edad, la mandíbula cada vez más grande, y ya le cuesta que le den papeles mainstream.
Dirige, uno de tantos independientes del cine de terror de la última hornada, pero esta vez, de los que no tienen talento (vamos, que no es Ti West), Jerome Sable, que con un par de cortometrajes del mismo palo, la mayoría de corte, también, musical, debuta en el largo con esta pedazo de mierda, a la que le sigue uno de los capítulos de la aún inédita “The ABC´s of death 2”.
Yo tras verla, la he borrado.

sábado, 10 de enero de 2026

LA MALDICIÓN (CURSED)

Esto va a sonar fatal, pero siempre que pienso en Wes Craven no puedo evitar acompañarlo de una sensación lastimera. Tal vez sea por esa eterna mueca de tristeza que gastaba... o, más probable, la causa esté entre las páginas del libro "Sesión Sangrienta", donde se le dedicaba un buen pasaje narrando sus arranques como hippie aspirante a pintor y/o poeta. Luego se encoñó, tuvo hijos y, aunque intentó dejarlos de lado para seguir sus elevadas inclinaciones artísticas, al final le tocó pringar. Y de ahí, pues ya saben, a rodar porno y luego terror ultra-violento, donde quedó encasillado de por vida gracias a su éxito y, por ende, una posterior integración en el mainstream (incluido fracasado intento de pasarse al drama de alto standing) que le iría desprendiendo progresivamente de gracia y espíritu. Es decir, la fama y las riquezas hicieron aflorar, ya de modo total y definitivo, al hombre de negocios oculto tras el "auteur", y no digamos "el artista". Por eso, seguramente, sus películas iban sumando elevadas dosis de mediocridad a medida que acumulaba años de profesión, porque el interés invertido iría de casi cero a casi menos cien. Y eso, amigos, se nota. Si a todo este cocktail amargo añadimos un rodaje super-caótico y problemático con los terribles gerifaltes Weinstein y su "Dimension Films" al frente (subproductora destinada a confeccionar cine puramente de género, considerado basura por los hermanos), que acabó de traumar a Craven hasta el punto de decidir no aceptar ningún proyecto más únicamente motivado por el montante (promesa, opino, incumplida), pues apaga y vámonos.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.

sábado, 28 de diciembre de 2013

TRAS LA MEDIANOCHE

A John Russo todos le conocéis. Básicamente fue co-guionista de "La noche de los muertos vivientes" original y, desde entonces, vive del cuento. Siempre lo consideré una pequeña rémora de George A. Romero, y su jugarreta más sucia fue parir aquella cosa insufrible y espantosa con motivo del 30 aniversario del mentado film. A mediados de los 70 decide estrenarse como escritor especializado en terrores (debutando, cómo no, con la adaptación de "La noche de los muertos vivientes"), permitiendo que algunas de sus obras fueran llevadas a la pantalla, con mejor o peor suerte. Un par de años después, se desvirga también como director con una comedia picante de la que muy pocos han oído hablar ("The Booby Hatch"). Consciente del género al que su nombre iba ligado, el siguiente intento -facturado en 1982- entra de lleno en el terror. Y lo hace auto-adaptándose una novela de mismo nombre publicada dos años antes, "Midnight". Pero John Russo es John Russo, e igual que exprimió a los muertos vivientes de Romero cuanto pudo, o intentó sacar partido -literario- al boom "slasher" en 1979 con "Majorettes" (llevada a la pantalla unos años después), con "Midnight" se apunta al rollo de "La matanza de Texas" o "Las colinas tienen ojos", más unas goticas de satanismo por aquello de marcar la diferencia (y porque en 1980, que es cuando se publicó el libro, estaba de moda en el cine... lo que yo os digo, Russo es Russo), y lo hace con un presupuesto ultra-reducido y la ayuda en tareas de producción del legendario Sam Sherman, viejo aliado de Al Adamson y patriarca de "Independent-International Pictures" (quien se encargó de distribuir la peli en las salas de América).
"Tras la medianoche" (o "Medianoche" a secas, según el doblaje) narra los avatares de cuatro hermanos, todos ellos psicópatas/satanistas, que conservan el cadáver momificado de su madre al que hablan como si estuviera viva (y en un momento dado les contesta, no sé si es un toque sobrenatural de la peli o es que ellos lo imaginan) y cuyo plan es secuestrar y sacrificar a tres chicas para... la verdad, no me acuerdo. Por otro lado, una jovenzuela de la que su padrastro abusa, escapa de casa, se sube a la furgo de unos estudiantes y, juntos y revueltos, terminarán en las garras del psycho-clan. Todo parece que va a acabar mu malamente, hasta que el padrastro violador decide ir a salvar a la moza pistola en ristre. Este último punto me pareció chocante y a la vez sorprendente y edificante, que el "héroe" de la historia sea lo que es, un alcohólico que se tira a su hijastra y miente a la madre de esta, tiene su coña.
Si es cierto que la influencia del clásico de Tobe Hooper está bien presente, también lo es que, pasado los años, se dio la vuelta a la tortilla. El remake de Marcus Nispel presenta una idea que ya desarrolla John Russo en su película, según la cual un par de los integrantes de la familia de asesinos se disfrazan de policía rural para detener y cazar a jóvenes excursionistas. Uno de estos lo interpreta alguien que, por aquel entonces, anduvo muy unido al universo de George Romero, John Amplas, le has visto como prota absoluto de la aburrida "Martin" (o "El regreso de los vampiros vivientes", según el irritante título patrio), como el cadáver que quiere su tarta en "Creepshow" o como uno de los científicos en "El día de los muertos". Otro rostro bien reconocible en "Tras la medianoche" es el de Lawrence Tirney, carismático actor con una larguísima y lustrosa carrera iniciada a mediados de los años 40 (!) y que reconocerás por "El asesino de Rosemary", "Miedo azul", "La ley de Murphy", "Agárralo como puedas", "House 3" o "Reservoir dogs". Falleció el año 2002. En este caso interpreta a un personaje que encaja muy bien con su aspecto, el del padrastro vicioso.
Otro nombre bien reconocido ligado a la peli es el de Tom Savini, que se encarga de -únicamente- una parte de los efectos especiales, aunque por su acabado resultan muy fácilmente reconocibles, como son los impactos de bala, las degollaciones o el cuerpo putrefacto de la madre. Y es que, ahí donde la ven, la película de John Russo se suma al lado más "hardcore" del horror (tal y como dictaban los cánones de la época, Russo es Russo), mostrando todo el gore que sus limitados recursos le permite (que no es mucho, pero sí bien resultón, ahí está la famosa secuencia en la que uno de lo malos decapita a una víctima atada y amordazada) y recreándose en secuencias intensas, como cuando los dos chavales que acompañan a la chica son asesinados despiadadamente por los falsos policías o el inicio, donde una niña recibe un certero mazazo en toda la cabeza (menos chanante es el que la chica prota le propina con ayuda de una radio a su papá de mentirijilla, de tan cutre que termina siendo bien descojonable).
"Tras la medianoche" es muy de su época. O no, en realidad apesta más a setentera, no únicamente por su trama satanista y su intencionada crudeza, también por el acabado, algo tosco y cutrón, la ambientación (esa américa profunda repleta de paletos racistas) y su tempo tranquilico. Sí, es un poco chapas, hay que tener paciencia con ella, pero a la larga resulta que no está tan mal. Tiene su encanto, especialmente con todo el clímax final, en el que buenos, medio-buenos y malos se enfrentan unos a otros (destaca aquí el asesinato de uno de los psicópatas especialmente cargante porque no para de reír todo el rato, ver cómo un balazo en la cabeza le calla la boca mola mucho). También es verdad que esta peli la vi -por segunda vez y en VHS- el pasado día 24, después de una lustrosa cena y unas cuantas copitas de champagne. No sé si eso ayudó o no, el caso es que no me disgustó especialmente, ni me aburrió criminalmente (al contrario de lo que ocurrió en el ya lejano primer intento).
¿Y qué fue de John Russo?, pues miren, resulta que la cosa tiene chicha. El tio siguió a lo suyo, haciendo películas que prácticamente no se estrenaban (como ese ignoto "Heartstopper", con papel gordo para Savini, de cuando no era tan habitual verle frente a una cámara), escribiendo libros que nadie leía (sobre todo unos cuantos de rollo didáctico, dedicados a los sinsabores de la realización de cine fantástico desde la independencia) y churrupeteando del rollo muertos vivientes (más novelas, guiones para remakes, pseudo-remakes, secuelas, reediciones, comics, bla, bla, bla). No debía de irle demasiado bien cuando en 1993 se junta con el temible J.R.Bookwalter y lanza su primera peli rodada directamente en vídeo y que, tela marinera, resulta ser la secuela de la reseñada, "Midnight 2: sex, death & videotape" (en la que, eso sí, no intenta sustituir al celuloide por la cinta magnética, sino que juega con la estética de las grabaciones caseras a base de crímenes registrados por uno de los supuestos psychos supervivientes del film original, del que incluye un montón de material a modo de flashback). Seguidamente, Russo lanza una revista dedicada al universo de las "scream queens" (llamada, sí amigos, "Scream Queen"), que era algo así como el sueño pajero de todo "nerd" del horror, un especie de "Playboy" dedicado a mostrar en tetas (y en coño) a todas las actrices habituales del cine fantástico más beoso y zetoso (yo solía ojearlo gustosamente y recuerdo un especial en el que se recuperaban las fotos más "hard" de la primera época de Michelle Bauer, cuando intervino en algunos films porno. Realmente fascinante y excitante). De esta empresa surgen dos productos paridos directamente en vídeo bajo mandato de Russo, el documental "Scream Queens' Naked Christmas" y el cutre-"slasher" "Santa Claws". Después de dar unos cuantos tumbos más, rodar una comedia gangsteril titulada "Saloonatics" e intentar exprimir a tope el reciente zombie-boom, el cineasta/escritor/rémora/oportunista anuncia nueva película para el 2014... ¿adivinan cual?, ¡el remake de "Midnight"!, justo cuando los remakes de clásicos setenteros y ochenteros del horror están de moda... Russo es y siempre será Russo.

sábado, 20 de abril de 2024

IT KNOWS YOU´RE ALONE / SCREAM OF THE BLIND DEAD / PARASITE LADY

Ahí van dos confesiones. La primera: Cada vez me cuesta más aguantar una película entera. Supongo que he visto tantísimas, y sigo viendo tantísimas, que me aburro con una facilidad pasmosa. El estar tan bien informado de tropos, clichés y fórmulas, contribuye, no lo duden. Por eso, creo, solo consiguen engancharme aquellas muy bien paridas o, sobre todo, que se salen de mi menú habitual. En cambio, lo que hago mucho más es escuchar música. Sin descanso. Me puedo pasar horas. Resumiendo: mi cinefilia (o cinefagia) vive constantemente amenazada. ¿Qué hacer? Fácil, reunir ambas modalidades en una. Ver películas a la par que consumo música. Bien, bonito, pero... ¿qué clase de producto audiovisual es aquel cuyos diálogos y entendimiento de la trama merezcan ser sacrificados? Pues algo sin mucho valor, obvio, pero también sin mucho bla,bla, ni demasiadas complicaciones y, ya puestos, subtítulos básicos. Es decir, pelis zetosas, roñas amateurs, etc... mandanga actualmente muy fácil de localizar en plataformas, siempre de modo gratuito. Así que a ello me dedico últimamente.
Y, siguiendo con la lógica, ¿¿qué clase de películas me aseguran tales condiciones?? coño, pues las de Chris Alexander, un auténtico especialista en eso del corto alargado. Ya hablé de él hace un tiempo, de su condición de ex-editor de "Fangoria", de como ello le valía para recibir apoyo y ayudas de ciertos personajillos "importantes" del sector, y... bueno, aquí viene la segunda confesión: de lo mal que me cae.
Lo tenía atragantado de antes (no puedo sufrir su cara de pasmao, esa gorrita detestable que lleva siempre y el rollo pedante del que, ocasionalmente, hace gala), pero podía tolerarlo como bicho curioso. Después de cierto affaire -que no comentaré, es cosa mía, aunque contribuyó a convertir el atragantamiento en "algo personal"-, ya no valía ni eso. Detesto a Chris Alexander. Sin su pasado "Fangoriano", pertenecería a los miles y miles de pringados que hacen cacotas con la vídeo-cámara creyéndose "filmmakers" legítimos, lejos de trascender. Pero él se puede permitir el gusto de ir a tomar unas copichuelas con Charles Band, convencerle para que invierta capital en sus peliculillas y, luego, las cuele en los servicios de streaming de "Full Moon". Y Band, claro, acepta. En parte porque anda muy perdido últimamente y está dispuesto a tocar cualquier palo en espera de que alguno suene. Lo máximo que el ex-capitoste de "Empire" ha aportado al "cine" de Alexander son tetillas. Antes las actrices le salían con camisón, marcando pezón, pero poco más. En sus roñas recientes, y de las que hablaré a continuación, se ven ubres. Algunas muy gonitas.
Así pues, tengan en consideración que las siguientes tres películas las consumí con música ajena en los oídos. Algo que podría considerarse trágico pues el juego auditivo se supone tiene mucho peso en las pelis de Alexander, ya que él mismo se encarga de componer y tocar lo que suena en la banda sonora, rollo "Goblin", retro-techno setentero. Pero, dadas las circunstancias, me la trae tremendamente floja. Para el caso, el mentado acompañamiento vino de la mano de "The amazing crowns", "The Onyas", "Teenage Head", "The Oblivians" y "Dirtys". Gracias a todos ellos por hacerme la experiencia más soportable.

La primera en caer fue "It knows you´re alone". Una pava de hermosos mondongos encuentra en la orilla de la playa un... errr... ¿cómo definirlo? teléfono muy tocho que antaño usaban los barcos para comunicarse entre ellos (¿arrastrado por el mar a pesar del peso?). Se lo lleva a casa, lo limpia y, claro, una noche suena. Lo coge y escucha sonidos raros, como voces distorsionadas del más allá. Por lo visto hay un fantasma muy cabreado en el lugar y utiliza el parato para darle al pico y, de paso, materializarse con fines bien pérfidos.
Bien, Alexander cumple con la papeleta del buen zineasta digital moderno esclavo de las plataformas. Lo primero es que tu peli ejerza de buen concepto, antes que buena videomovie. Así, remarcas mucho las referencias para que el fan medio se sitúe: Un cartel muy chanin con regusto a los setenta. Unos créditos a base de guiños tan sutiles como recibir un martillazo en la polla (por ahí leemos los nombres de A.M.Frank y Daniel White... como se suele decir ahora: if you know, you know), mucha morralla psicodélica a base de filtros, lesbianismo de chichinabo, toda una ristra de características propias del cine facturado en los 70 y, muy especialmente, el eurotrash que don Alexander hace suyas... pero sin más.... de modo completamente superficial, hueco, vacío. Porquesí. ¿Y el resto? pos una trama lineal como el cordel de un támpax, leeeeeeenta cual tortuga asmática, carente de imaginación o alguna resolución ingeniosa y una escueta duración de escasos 50 minutos que, encima, se hacen eternos. Ya les decía arriba, cortos alargados ad infinitum. Le quitas los paseos interminables y el rellenismo estético, y se queda en unos 10 minutos... igualmente aburridos.

"Scream of the blind dead" era la que me hacía más gracia, básicamente por tratarse de un homenaje a los templarios de Amando de Ossorio. ¿La enésima secuela en formato amateur, como tantas se han hecho -y tan jodidamente mal- estos años? Eso pensaba yo, pero no. En apenas 38 minutos (igualmente eternos) Alexander se vale de cierta iconografía propia de la franquicia hispánica (en este caso reducidas a UN templario) para contar lo de siempre, a la manera de siempre. Una tipa guapa (muy guapa, Stephanie Delorme), impulsada por una voz que la llama del más allá, baja del tren, llega hasta una vieja iglesia, se masturba recordando cómo se folló a su amante lesbi y, entonces, aparece un templario que la persigue.... y persigue....  y persigue.... y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue... y per... eso. Hasta que la mata. That´s all folks. Incluye cameo de Lone Fleming, por supuesto... solo que, acorde a este cine de tecnología digital, limitado a la voz. Es decir, ni siquiera le pagaron un billete para ir a "rodar" a Canadá, bastó con una llamada por Skype. Evidentemente, toda la publi / promo de "Scream of the blind dead" es dolorosamente engañosa. Y eso aporta algo positivo, el careto que se le va a quedar a todo retardado fan del fantaterror cuando se siente frente a la tele dispuesto a ver esto.

La verdad es que habría dejado la tortura aquí, pero estaba gozando de mi particular banda sonora y no quería cortarla, así pues me busqué otra chrisalexanderdada para acompañar. Una cortita, eso sí. La elegida fue "Parasite Lady" de... no recuerdo bien, 40 y pico minutos.
Una tipa vive metida en un ataúd. Se levanta, se ducha para que le veamos las tetas, sale a la calle, visita una feria muy retro, se liga a otra pava, se la lleva a un motel, le abre el cuello y bebe su sangre. Al día siguiente, lo mimmo. Y así hasta que se enamora de una de sus víctimas, pero la madre superiora de las chupadoras de sangre no permitirá a su pupila tal capricho. En fins. Si el cine de Chris Alexander ya es aburrido y repetitivo, alargado hasta la ofensa, aquí la cosa se torna cruel, ya que de eso va la trama, de ver a doña parásito sumida en idéntica rutina día tras día. Hay que ser joputa. Todo ello pues a lo digital, a lo estéticamente hermoso propio de un vídeo de karaoke, diálogos mínimos, cámaras lentas, filtros hasta aturdir, bla, bla. Sin novedad. Todo aquello que parapeta su verdadera condición de producto hueco, sin alma, sin trama, sin esencia, pero lo suficiente recargado estéticamente -y pomposo- para que el fan medio se flipe, se ciegue, y diga maravillas aluego en las detestables redes sociales habituales. ¡Panda de cretinos!.
Sin embargo reconozco que, en el fondo, es hasta respetable que Chris Alexander se mantenga tan fiel a sus características maneras. Ahora bien, no sé como no se aburre de hacer exactamente siempre lo mismo, de idéntico modo. Me sorprende esa criminal falta de inquietud creativa, ciertamente.
Y que a gusto me he quedao, oiga.

jueves, 14 de noviembre de 2013

KILL BOTS

Sin duda, la mejor etapa del amigo Jim Wynorski, fueron los ochenta, valga el tópico y la nostalgia, y mi película favorita de su extensa filmografía es esta “Kill Bots”.
A nuestro país llegó en vídeo gracias a la franquicia española de la “Vestron Vídeo” que al igual que “Lightning Vídeo”, nos abasteció, en territorio bastardo, de muchos clásicos de serie B, hoy imprescindibles históricamente hablando.
Se la conoce también como “Choping Mall”, ya que por lo visto, en el momento de su estreno con “Kill Bots” en el póster, no captó muchos espectadores, por lo que deprisa y corriendo se cambió el título por el de “Choping Mall”, que traducido sería algo así como “centro comercial chungo”, que era más acorde con los tiempos que corrían, dónde lo que de verdad estaba de moda en 1986 era ir al centro comercial. Y así lograron recaudar algo de pasta. No obstante, son muchos los países Europeos a los que la película llegó como “Kill Bots”, el nuestro incluido, y cada póster promocional era más engañoso…en la edición española, vemos una mano zombie robotizada sujetando una bolsa con partes del cuerpo humano en su interior. Bien, pues jamás llegamos a ver esos zombies robotizados en la película,  puesto que los robots asesinos que aparecen, son pequeños robotitos de corte clásico, a lo “Nono” de “Ulises 31” o el robotito de la serie animada de “Los 4 Fantásticos”. No obstante, el resto de carteles son igual de engañosos, variando únicamente la mano robotizada que sujeta la bolsa de partes humanas pero, jamás, apareciendo las pinzas que usan los robots auténticos para sujetar las cosas.
Que el engaño “caratulil” no sea óbice para dejar de ver la película. Con todas sus carencias, sin robots monstruosos, ni partes humanas en bolsas, es harto disfrutable.
La tecnología ha conseguido que se diseñen unos robots para un centro comercial que detendrán a los cacos gracias a un súper ordenador que los controla y que hace distinguir a los trabajadores de los ladrones. La mala suerte quiere que la noche en que debutan estos policías mecanizados, una tormenta joda el ordenador, por lo que los robots fallan, convirtiéndose en asesinos en potencia. Un grupo de jóvenes que se queda dentro del centro comercial celebrando una fiesta, tomará las armas y se enfrentará a ellos, antes de que se cobren más víctimas.
Un divertimento fuera de todo precedente, con un ritmo endiablado y buenos efectos especiales en según que momentos – el reventamiento de cabeza de una de las jovencitas protagonistas, no tiene mucho que envidiar ni a los de “Scanners” ni al de “Maniac”- que además de una duración escueta, como era habitual en estos productos, proporcionan entretenimiento inofensivo y eficaz. No existe película menos pretenciosa que esta.
Desde luego, si Wynorsky es lo que es, es por películas como esta, por la ingenuidad (a la hora de rodar, que no en el resto de los aspectos que supone hacer una película… de hecho decía que si se metió a esto del cine era para hacer pasta y follar… y vaya si lo consiguió) que destila, por lo que hoy es lo que es este hombre, porque lo cierto es que con sus películas actuales, no solo se le ve el plumero, sino que además, las carencias están ahí de forma expresa, por lo que su cine actual ya carece de sentido. Tomen como ejemplo “Pirañaconda”. No así con este “Kill Bots”.
Como curiosidad frikosa, decir que la película entera está llena de pósteres de las films de aquella época en las que Wynorsky o Corman tenían algo que ver, como, reconocibles por mi, “Los Rompecocos”, “La reina de barbaria”, etc, etc…
En el reparto destaca la “Scream Queen” por antonomasia Barbara Crampton, que está especialmente histérica en esta peli, y que nos regala un destete –que era por lo que, primordialmente, se la contrataba- de lo más edificante. Aunque la prota femenina es otra "Scream Queen" de segunda, Kelly Maroney, que actuaba en esta cosa. Así mismo, asoman el careto otros personajes tan cormanianos (no en balde la peli la produce Julie Corman) como Paul Bartel, Mary Woronov, Dick Miller y Mel Welles. También están el gran Gerrit Graham y nada menos que Angus Scrimm. La banda sonora la firma todo un clásico de la serie B/Z, Chuck Cirino.
Muy buena para pasar el rato.

sábado, 21 de abril de 2012

EL LIBRO DEL MAL

¿Alguien se acuerda de "Hell Night"?, aquella pequeña, chaposa pero simpática peliculita con Linda Blair, sobre un grupo de estudiantes idiotas (como lo son todos, vamos) que, con el fin de entrar en una fraternidad universitaria, se pasan la noche en una supuesta casa encantada donde ronda un asesino (bueno, dos) de lo más feo. El caso es que la peli que nos ocupa, "El libro del mal" ("The Hazing" en USA), nació como tardía secuela de aquella. Sin embargo, al final el proyecto se desligó de la pieza ochentera y creció como film propio.
Su director, Rolfe Kanefsky, es un personaje de lo más curioso. Destacó hace unos años con una comedia de terror adolescente producida de modo independiente titulada "There´s nothing out there" y que, dicen, significó el nacimiento de la tendencia auto-referencial del moderno cine de sustos (y que tan bien explotó "Scream" poco después).
Sea como fuere, Rolfe (un tio bajito y feo que en las entrevistas incluso habla de su incapacidad de aprovecharse de las actrices de buen ver con las que curra) se ha especializado en firmar pequeñas peliculillas directas para video-club y que se mueven básicamente en el género de la comedia, aunque muchas de ellas se mezclen con el terror. Concretamente, "El libro del mal", es un homenaje -según palabras del propio director- a pelis tan "lógicas" y deducibles como "Posesión Infernal" o "Re-Animator" y a otras un poco menos (y que demuestran la condición "frika" de Kanefsky) como "La noche de los demonios" y su temible secuela. El tributo al clásico de Sam Raimi podemos verlo en una secuencia en la que los protas, siguiendo las lista de pruebas que deben superar para entrar en la puñetera fraternidad de turno, han de lograr localizar una foto autografiada de ¡¡¡Bruce Campbell!!.
Tampoco es manco el hilarante momento en el que a uno de los chavales la lengua se le transforma en un especie de gusano gigante... ¡durante una sesión de cunnilingus! (en una entrevista el director afirmaba que con semejante secuencia pretendía igualar los momentos "sexualmente escabrosos" tan míticos de los clásicos mentados).  A todo esto hay que sumarle mucho humor negro, algo de gore bufonesco (incluida sierra mecánica), a Brad Dourif tan sobreactuado como siempre y algunos esforzados intentos de saltarse los clichés propios de este tipo de cine, como que la rubia super-tonta resulte ser todo lo contrario.
"El libro del mal" es, en definitiva, una película de fans para fans... cuanto más goces del género, mejor te lo pasarás viéndola, pillarás las bromas, aplaudirás la chicha, babearás con las tetas de Tiffany Shepis (“scream queen” de segunda habitual en el cine de Kanefsky y que tenía papelico en el remake de “La noche de los demonios”) y, en general, disfrutarás como un chino… sin dejar de ser consciente de que la peli es… lo que es.

martes, 3 de julio de 2018

EL REPUBLICANO

Suele ser habitual que los directores principiantes pongan bastante de sí mismos a la hora de realizar sus óperas primas: en el caso concreto de “El republicano” esta refleja a la perfección el recorrido biográfico, tanto vital como profesional, de su máximo responsable, el actor David Arquette, más conocido entre los aficionados por interpretar al pusilánime Dewey Riley de la saga “Scream”. De esta manera, Arquette tuvo por un lado la suerte de nacer y crecer en una comuna junto a sus padres y a sus cuatro hermanos, los también actores Alexis, Richmond, Rosanna y Patricia. Mientras asistía al desmesurado e imparable desarrollo de los atributos de sus hermanas mayores, y seguramente con el objetivo de alejar todo tipo de pensamiento incestuoso de su mente (esto es sólo una suposición mía) el pequeño David optó por compensar la libertad y el buenrollismo post-hippie que reinaba en su familia refugiándose en los cines de reestreno y de programa doble, en los cuales - y al mismo tiempo que se hacía fan de clásicos del terror de la Universal como "Drácula" o "Frankenstein" - también se fue aficionando al cine de supervivencia tan característico de los 70 así como al slasher de principios de la siguiente década, encontrándose de este modo entre sus favoritos títulos como "Deliverance", “Viernes 13” o, muy especialmente, “La última casa a la izquierda” y el “Halloween” carpenteriano.
El hecho de que su adolescencia transcurriera en el nucleo más duro de la era Reagan unido a la relación de amistad que mantuvo años después con Wes Craven, merced a su colaboración en la saga protagonizada por ghostface, hicieron el resto a la hora de decidir el tema de su debut tras las cámaras. Tan dispares elementos confluirían un día en la cabeza de Arquette mientras éste se encontraba asistiendo a un concierto de reggae que se celebraba en plena naturaleza con motivo de la conmemoración de "el día de la marihuana", también conocido como "el día internacional de la fumada de porros" (¿?) que se celebra todos los años el 20 de abril. Según recordaba Arquette: "Debido a la desorganización que imperaba en aquel festival empecé a emparanoiarme. Tenía la sensación de que todo estaba fuera de control. Luego, y para empeorar aún más las cosas, cuando se hizo de noche estaba todo tan oscuro que no era capaz de encontrar a mis amigos, ya que a ninguno de nosotros se nos ocurrió llevar una linterna al evento. Justo en ese momento me dio por pensar, "¿No sería genial que a alguien se le fuera la pinza y comenzara a cargarse a todos estos hippies?" De esta manera, a partir de la idea de realizar un body count protagonizado por un asesino en serie de ideas conservadoras, y teniendo como mayor punto de referencia a la propia saga "Scream" y su desmitificador sentido del humor, Arquette y el guionista Joe Harris ("Darkness Falls") pergeñaron un slasher de manual que incluye absolutamente todas las constantes que caracterizan al subgénero: de esta forma, aquí no faltan el psychokiller enmascarado que oculta un trauma de niñez, el grupito de neohippies que viaja en una furgoneta, y que tendrán el inevitable encontronazo con un grupo de rednecks de camino al concierto, así como el viejo que alerta de la amenaza que se oculta en el bosque o la consabida final girl, interpretada en esta ocasión por la deliciosa Jaime King ("Sin City").
Lo mejor, y a la vez lo peor, de esta película es que a pesar de incluir referencias postmodernas a "El equipo A" o a "El exorcista" sus responsables se atienen de una manera tan estricta a las reglas del slasher que "The Tripper" acaba siendo exactamente igual de coñazo que los títulos más representativos del género, con el agravante de que éste que nos ocupa ni siquiera es tan original (en lo que respecta al slasher con connotaciones políticas, Larry Cohen ya se les adelantó unos años antes con "Muerto el 4 de julio") ni tampoco tan gracioso como se pretende, por mucho que cuente con el plus de presentar a un sosias de Reagan que, hacha en mano, se dedica a desmembrar jipiosos.
De todas formas, y a pesar de sus puntuales aciertos, es una pena que Arquette no muestre aquí el talento suficiente para llevar el género un poco más allá como sí lo hizo en cambio a lo largo de su carrera, y en más de una ocasión, su mentor Wes Craven: así las cosas, la sátira y el metacine se desestiman en favor de los consabidos chistes de fumetas y la oportunidad de crear a un nuevo icono del terror a partir de la figura de este "The Tripper" se desaprovecha al mostrarse Arquette incapaz de otorgarle una personalidad propia que defina y distinga a su protagonista de los Michael Myers, Jason Vorhees y compañía. Al menos sus responsables no escatiman a la hora de desplegar a lo largo del metraje un gore bastante burro y escatológico y de mostrar sin ningún tipo de tapujos culos, felpudos, tetas y pollas hippies: algo es algo.
En su magnífico reparto, y junto al propio director, nos podemos encontrar con un Thomas Jane que por aquella época estaba casado con Patricia Arquette, y que acababa de encarnar a "El castigador", Lukas Haas ("Unico testigo"), Balthazar Getty ("Carretera perdida"), Paul Reubens (¡el mismísimo Pee-Wee Herman!), así como los cameos de Wes Craven y Courteney Cox (esposa por aquella época de Arquette) o a un Jason Mewes ("Clerks") que aquí, y para variar, también interpreta a un fumeta que va durante toda la peli más puesto que Maradona en una rave, seguramente tanto delante como detrás de las cámaras.
Aunque como ya apuntábamos sea un poco aburrida y previsible y falle asimismo a la hora de seguir los pasos de los superiores modelos en los que se mira, gracias a lo atractivo de su premisa y a su falta de pretensiones "El republicano" resulta ser al final, y a pesar de su mediocridad, una serie B inevitablemente simpatica. Así las cosas, si eres un fan curtido del género su visionado ni te cambiará la vida ni tampoco te defraudará en exceso. Una peli del montón, en definitiva.

miércoles, 20 de octubre de 2021

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 1 (PROYECTOS ABORTADOS)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....


Antes de convertirse en el truño de Brian Yuzna que todos
hemos sufrido, la adaptación del sexy y sangriento cómic
"Faust" iba a llevar el sello de Stuart Gordon en la dirección
y el de la scream queen Brinke Stevens en el apartado tetil.
Este es el fabuloso pre-cartel. El personaje titular lucía aquí
bastante mejor que lo que finalmente fue. A veces no hace falta
tanto látex y tanta mandanga para conseguir algo digno.



En 1967 el legendario maquillador Dick Smith tenía un sueño,
crear una momia de look moderno -para la época- y genuinamente
aterrador. La excusa era adaptar la novela "Lot 249" de Sir Arthur
Conan Doyle, pero no logró convencer a ningún productor.
Tuvieron que pasar un porrón de años para que esta entrara a formar
parte de la antología "El gato infernal" (o "Tales from the darkside,
the movie"), aunque sin ninguna vinculación con el Sr.Smith.
Lo de arriba es la imagen de ese fracasado intento.



Aunque comparten título, este "Storm Warning" nada tiene que ver con
la película de Jamie Blanks. Por lo que vemos, aquí la cosa iba de nazis
mutados en zombies atacando chicas despelotadas. Pura serie Z con pinta altamente
sabrosona. Pero, al parecer, el film nunca llegó a buen puerto. ¿Nos lamentamos?.
Según los datos disponibles, el director se llamaba Bill Dever y en el reparto
figuraba una scream queen por entonces -1992- algo verde aún, Debbie Rochon.


"The Dirty Filthy Slime" contaba con dirección de David DeCoteau
y guion de Kenneth J. Hall. Seguramente habría terminado formando 
parte de las arcas de "Beyond Infinity Films". Pero nunca se rodó. Tampoco creo
que haya que lamentarse, probablemente hubiese sido un truño gordo...
sin embargo, para la posteridad queda ese título maravilloso que,
traducido, sería algo como "La sucia y asquerosa masa" o
"La sucia y asquerosa baba"... por ahí irían los tiros.
Sensacional.



Y cerramos la paradita con otra del ínclito DeCoteau.
Otra que nunca se hizo... la segunda parte de su
famosa y costrosa "Creepozoides". Como ven, volvía
el niño mutante, volvía Linnea Quigley y... en fin...
¿¿qué más dará a estas alturas??.

lunes, 13 de abril de 2020

SEX AND THE COLLEGE GIRL

Curiosa  e ignota película adscrita a las “beach movies” cuyo valor radica en el tratamiento que se le dio a la misma por parte de los distribuidores en el momento que se estrenó.
También conocida como “The Fun Lovers”, se trata de una pequeña película de bajo presupuesto inspirara en la novela de Helen Gurley Brown, “Sex and the single girl”. Curiosamente ese mismo año, y amparada bajo Warner Brothers, se estrenó la película “La pícara soltera” con Tony Curtis y Natalie Wood, que fue todo un éxito y que se inspira en la misma novela que nos ocupa. Lógicamente, “Sex and the college girl”, que con variantes cuenta prácticamente lo mismo que “La pícara soltera”, rápidamente se vio apartada de los canales de distribución incapaz de pelear con el gigante de Warner, por lo que, rodada en 1964, la película se quedó en las latas, reposando en algún mugriento almacén.
Sin embargo con el auge del exploitation y de los drive-in, fueron muchos los distribuidores que compraron películas que no llegaron a estrenarse en su momento, por lo que en 1970, seis años después de su rodaje, fue comprada con intención de estrenarse en autocines. Lógicamente, estamos ante una película blanca, blanquísima, aunque su título sugiera lo contrario, por lo que se le hizo un lavado de cara con el póster para hacerla comercial y que el público pensara que iba a ver, por lo menos, un porno soft, con esa muchacha sacando levemente la lengua en actitud concupiscente. Nada más lejos, eso ni tan siquiera aparece en la película, ya que “Sex and the college girl” aunque sugiere relaciones sexuales entre sus protagonistas —nos muestran a un par de jóvenes entrando en una habitación y cerrando la puerta para que el resto lo ponga la imaginación— no hay ni una sola secuencia en la misma que pueda despertar la lívido del espectador. De hecho, la película es bastante insustancial y banal en tanto que cuenta como un par de vividores de vacaciones en un resort en Puerto Rico, se dedican a ligar con señoritas universitarias que también pululan por allí. Uno es más ligón y al otro le cuesta más, y llegan a saltar las tensiones entre ellos. Y nada más, la película, básicamente, se compone de conversaciones entre los personajes en las que hablan de lo bien que le fue con tal o cual chica la noche anterior. Todo muy aséptico, muy para todos los públicos y muy de los sesenta.
La película es entretenida y amable, cuenta con un par de numeritos musicales lounge que son maravillosos, pero en realidad se queda a varios kilómetros de ser una buena película, es más bien tirando a mala, pero no tanto como para que treinta años después, en plenos 90, una colección de películas en VHS la incluyera dentro de un pack con “las películas más sórdidas de la historia del cine”.  Yo creo que es una película muy en la línea de las que hizo Elvis Presley, pero con un poquito más de gracia.
Otra de las cosas por las que destaca la película, es por tratarse de la primera en la que aparece Charles Grodin en un rol protagonista, ya con la cara de perro que le caracteriza y con esa vis cómica innata que arrastra consigo con solo poner cara de asco. Está muy bien Grodin, como siempre.
Dirige la cosa Joseph Adler quien después de esta, sí que se dedicaría al cine exploit con mentalidad exploit (que esta no la tenía…) dirigiendo títulos como “Scream, baby, scream” con guion de Larry Cohen y que más tarde distribuiría la Troma o “Convention girls” ya en los 70. Después se retiraría de la dirección cinematográfica para volver en los 90 con una última película titulada “Doubles” que adaptaba una obra de teatro de Broadway y que pasó totalmente inadvertida.
Muy curiosa “Sex and the college girl” y muy curioso Joseph Adler.

sábado, 4 de febrero de 2023

SPACE KID

Nos adentramos en el tan querido como detestado terreno SOV. Y procedemos con honores, hablando de uno de sus nombres más característicos, veteranos y constantes, Donald Farmer.
Farmer se inició como editor de fanzines con "The Splatter Times", que le valió para colarse en la prensa especializada profesional, escribir en algunas cabeceras muy respetadas e incluso asistir a rodajes de títulos considerados hoy grandes clásicos, como "El día de los muertos" (donde hizo de zombie) o "Terroríficamente muertos". En 1987 decide llevar adelante su sueño, rodar un largometraje. Pero lo hace como se estilaba entonces en las catacumbas del cine de más baja alcurnia, es decir, grabando en vídeo una cutrez tan agresivamente exploitation como para bautizarla "Cannibal Hookers", "Putas Caníbales", con sangre y -sobre todo- tetas por doquier. Funciona tan bien que sigue por la misma senda a base de horrendeces del calibre de "Demon Queen" (cuya caratula usa la misma ilustración vista en el cartel de "La invasión de los zombies atómicos"), "Scream Dream", se pasa a los 16 mm con "Vampire Cop", dirige una secuela directa de "La violencia del sexo" en la que interpreta a uno de los violadores -"Savage Vengeance"- e incluso lanza documentales como "Invasion of the Scream Queens" o "The bizarre world of Jess Franco", uno de sus héroes.
Metido de lleno en los 90, Donald Farmer comienza a cambiar un poco el chip, abandonando la más radical explotación cutre salchichera al apostar por otros géneros como el thriller, la acción o el ¡drama histórico con regusto a western! Es en medio de este vendaval cuando se entera que una señora quiere invertir en una película para críos. Corre a escribir el guion de una cosa titulada "Space Kid". Lo presenta y recibe el ok. Así, Farmer, tras chorrocientos largos repletos de "sex and violence" se pone manos a la obra con -parafraseando a los Monty Python- algo completamente diferente, una de/con niños repelentes. Eso sí, en lo que respecta al "cómo" y al "de qué manera", poca cosa cambia, ya que será parida en formato Betacam, de modo totalmente amateur.
La historia no tiene mucha complejidad. Huyendo de un malhechor armado, una mamá alien se sacrifica para que su retoño suba a una nave y ponga rumbo a la tierra. Cuando aterrice, se hará amigo de una niña (no queda ni rastro del posible trauma que se supone propio de ver a tu madre aniquilada ante tus ojos) y juntos vivirán una serie de aventurillas (en diminutivo, porque tampoco dan para mucho), entre ellas huir de unos "men in black", tratar con una presentadora de televisión en busca de un éxito, con una "seño" de lo más borde, una canguro igual de gilipollas o un profesor ansioso por acreditarse como descubridor del niño espacial (diríase que no hay ningún personaje adulto -terrestre- positivo).
Todo ello parido a lo... pues eso, totalmente casero. Con secuencias de cháchara plano contra plano en las que, muy evidentemente, cada actor está en un lugar y espacio temporal distinto. Aunque se esfuerzan, se nota que sueltan los diálogos así como de carrerilla, robóticamente. Tal vez la mejor sea la niña protagonista. Del mocoso galáctico destaco su careto, lo suficientemente raro para resultar creíble. Y las escenas de naves y tal, pues sacadas de otra película (con tan mala pata que llegamos a ver una "marca de agua" en el material original)
Rajar de algo como "Space Kid" sería injusto. Su naturaleza nos induce a ser compasivos y comprensivos. Porque, además, no deja de ser una rareza tremenda. Quiero decir, esta clase de basura parida en vídeo suele tirar de, pues ya saben, desnudos, violencia, humor grueso, guiños "frikis", esas mierdas. Localizar una como la reseñada, de intenciones tan blancas y puras, destinada a benjamines, no es tan habitual. E, inevitablemente, nos recuerda a otros perros verdes como este, este o este. Por todo ello, lógicamente no encontró distribución oficial, limitándose a unas pocas copias en dvd-r vendidas por el mismo Donald Farmer a través de su página web. Así permanecía hasta que, hace poco, el mismo baranda que recuperó la nunca exhibida "Timesweep (Tiempo Muerto)" montando un pase online, hizo tres cuartos de lo mismo con "Space Kid". Y yo, que estoy torrao, me desperté a las 2 de la madrugada para verla, previa introducción del mismo Señor Farmer. ¿Por qué les cuento esto? Pues sitúense. A esas horas, recién despierto, tumbado en la cama con una manta cubriéndome hasta las napias, vi "Space Kid" sin dormirme. Ni siquiera entrecerrar los ojos. Eso significa algo. Sí, que únicamente dura 50 minutos. Pero también que tiene un ritmo considerable y se sigue ni que sea curiosamente por su condición de marcianada.
¿Y Donald Farmer? Pues a partir de los 2000, consciente de su leyenda, y que su tímido acercamiento a cierta profesionalidad formaba ya parte del pasado, regresó al terror chusco de manera previsiblemente oportuna con cosas de zombies, participando en películas episódicas de tirón retro, apuntándose a las irritantes tendencias modernas a base de tiburones ("Shark Exorcist") o tornados chorras ("Catnado"... sí, CATnado... imaginen el resultado), y ya en plan decadencia total, auto-referenciándose (con "Cannibal Cop" + "Hooker with a hacksaw") o remakeando sus "clásicos" como "Cannibal Hookers" o, muy recientemente, "Savage Vengeance".
Everything is patéticamente entrañable.

sábado, 6 de noviembre de 2021

13 FANBOY

Un super-fan de la franquicia "Viernes 13" al completo (y "La noche de Halloween") acosa a las actrices de aquella(s) y luego las asesina.
Leído así, "13 Fanboy" suena a thriller trillado. A peli de terror del montonazo. Y eso es exactamente lo que sería -a lo que contribuye cierto sopor, su extensa duración y el aire cutrilongo que gasta- si no fuese por una serie de características que la hacen destacar, todas situadas tras la cámara.
Resulta que "13 Fanboy" viene co-escrita y dirigida por Deborah Voorhees. Sí, niños, la tremenda pechugona que se dejaba asesinar por "Jason Voorhees" (lo del apellido es una graciosa coincidencia) en el quinto "Viernes 13". No nos vamos a engañar a estas alturas. Todos la recordamos y valoramos por... bueno, no por su talento interpretativo, precisamente. Eso es así, jorobe a quien jorobe (y a ella la que más, seguramente). Tras ese papel, y verse encasillada en roles de prostituta y demás, dejó la interpretación y se puso a dirigir comedias "indies" sentimentaloides. Hasta que estalló el fenómeno fan y pasó a formar parte del personal habitual en las convenciones de cine de terror. Allí entabló amistad con otros supervivientes de la saga sedientos de trabajo y, un día, decidió reunirlos a todos en una película. No podía ser otra comedia sentimental de espíritu "indie" porque eso no querría verlo ni el tato. Así que tiró por lo obvio, una de terror. Concretamente, un slasher. Y en formato meta-cine. No creo que a Deborah le guste mucho el género, pero dado su currículum (y el de sus colegas) era la opción más lógica si quería que los fanes aportaran dineros mediante crowdfunding, y así es como fue.
La verdad, no sé qué careto se les quedará cuando vean la peli terminada. No porque sea mala o buena... eso da igual, le pondrán tanta voluntad que les encantaría aunque fuese el mayor ñordo del siglo. Es porque ellos, los fans, no salen demasiado bien parados.
Por ejemplo, en una escena una de las actrices del cuarto "Viernes 13" hace fotos artísticas semi-góticas a una modelo medio desnuda cubierta de sangre. "¿Quién quiere ver esta clase de fotos?" pregunta la ingenua moza, a lo que la otra responde con desdén "Los fans del cine de terror". Corey Feldman, el famoso Tommy Jarvis jovenzuelo, no hace de sí mismo, sino de un fan. Uno con cierto retraso mental, salido como una mona, cuya máxima en la vida es poder ver a sus actrices favoritas en tetas.
Es cierto que este drama tiene una base más o menos real. Precisamente, la protagonista del primer "Viernes 13" sufrió acoso en su época. Así que sí, hay tarados de esos por el mundo. Y, cojones, no voy a ser yo quien defienda a los fanes del terror -aunque pertenezca a la especie-, pues es un mundillo repleto de retrasados mentales, vírgenes desesperados por meterla en un agujero y algún demente que goza con vídeos de violencia genuina... pero, en fin, no creo que se pueda generalizar. Ni siquiera en ese caso. Y, además, está un poco "feo", porque Deborah y sus colegas, a fin de cuentas, viven de toda esta peña. De cobrarles dineros por hacerse una jodida foto con ellos, cosa que me parece lamentable.
No es la primera vez que vemos algo así. Wes Craven pintó a los devotos del terror como gorilas descerebrados en "Scream 2". Y las "scream queens" de la "serie B/Z" al completo, con ayuda de Charles Band, se marcaron un tanto parecido en una cosucha titulada "Trophy Heads".
¡Eh! Tiene máximo sentido. Piénsenlo: estos actores/filmeiquers han quedado atrapados en el cine de terror -un género que tampoco es que sea del agrado de todos- por culpa de sus adoradores. Les obligan a viajar al pasado continuamente, a lo que hicieron hace 40 años, sin dejarles evolucionar. O cambiar de registro. Incluso tienen que vestirse con las ropas del personaje que interpretaran entonces o soltar sus chascarrillos. El mismo Kane Hodder, es decir, el "Jason" más célebre, se marca un discurso en "13 Fanboy" quejándose de que no le dan papeles por haber interpretado a un asesino y, luego, demostrando que es "de carne y hueso" dando la turra entre lágrimas sobre lo mucho que quiere a su señora y sus retoños. Todos los actores salidos de "Viernes 13" se encabezonan en demostrar su condición de gente normalísima con aburridas vidas en las que pierden el culo por sus asquerosos niños y/o nietos.
Sin embargo, Deborah Voorhees se guarda un as en la manga. Uno que no desvelaré para evitar joderles el pastel. Digamos que aplaca un poco esa sensación de que están pintando a los fans como tarados peligrosos (solo un poco). Y, de paso, pone luz a una duda que me embargaba mientras veía la película: ¿qué pinta ahí Dee Wallace? Ciertamente, tiene más caché que muchos de su compañeros. Estuvo en "Aullidos" y, sobre todo, "E.T. El extraterrestre". Se supone blanco de interés del asesino por su papel en ¡¡el remake de "La noche de Halloween"!! flaco favor le hacen destacando ese rol por encima de otros mucho más jugosos e icónicos.
Completan el pastel unos cuantos asesinatos más o menos logrados, gracias al buen uso de efectos "old school", y una escenita de folli folli, para que no se diga.

lunes, 16 de noviembre de 2009

UN SAN VALENTÍN DE MUERTE

Todos sabemos de sobras que el terror de los 90 apesta profundamente, al menos en términos generales. Y más concretamente el slasher resurgido a raíz de "Scream". Llegados al 2009, uno se puede plantear si, tal vez, el paso de los años habrá dotado de algo de magia o encanto a todas esas mierduscas... ¿la respuesta?, en mi caso es NO, y uno de bieeen grande.
Impulsado precisamente por la curiosidad, decidí volver a ver "Un San Valentín de muerte". No es un film estrictamente de los 90 (es del 2001), pero negar su condición de genuina consecuencia de todo aquello sería de palurdos. No recordaba casi nada de ella (algo muy lógico dada la categoría del producto), y lo que de entrada fue un viaje más o menos afectuoso, acabó convertido en un auténtico coñazo padre que me impulsó a darle al avance rápido.
"Un San Valentín de muerte" es tan vacía y tan poco gore como muchos de los slashers primigenios... y sin embargo, me resulta mucho más insoportable. ¿Tan fan soy del material original... o es que aquellas tenían "algo" que en la escuela de los 90, y post-90, no se estilaba?... no sabría decir, pero sí es verdad que la escasa cantidad de crímenes y la muy escasa cantidad de sangre se hacen francamente insoportables en un slasher posterior a "Scream". Tal vez la culpa la tengan sus actores ultra-guapos, su look limpio y ordenado, sus escenarios burgueses, su espíritu de culebrón televisivo... no se, hay algo muerto en esta peli, y en muchas de las de su estilo. La falta de garra es total y absoluta.
La historia es la de siempre... unas chicas todas ellas tremendas comienzan a ser acosadas y asesinadas por una presencia misteriosa (de look bastante guapo, eso sí). Sospechan que tal vez se trate de un chavalillo al que humillaron cruelmente en su infancia. Todo culminará en una fiesta de San Valentín.
Claro, en un film como este es muy difícil no encariñarse del asesino, un pobre chaval de buen corazón pero no muy agraciado que fue blanco de bromas mal intencionadas por parte de un grupo de niñatas ricas y estúpidas. Es más fácil detestar a las buenas que a los malos, por muy apetitosas que estén las primeras (destacan Denise Richards y una novatilla Katherine Heigl, perfectamente acoplada a su look de víctima anónima -ya saben, escote generoso y ropa ceñida-).
Dirige el cotarro Jamie Blanks, niño mimado del slasher noventero (y post-noventero) y padre de uno de sus títulos -incomprensiblemente- más populares, "Leyenda Urbana", una auténtica ponzoña con "pedigree".
Decían en un libro que la versión estrenada de "Un San Valentín de muerte" era menos gore de lo que su director planeó en el momento, y que la versión "uncut" sería la bomba. No se cual he visto yo... pero vamos, de esos asesinatos poco más líquido rojo se puede extraer, por cómo están planificados y rodados... ¡a mi no me la das con queso, julai!.