Ya he comentado en otras ocasiones lo mucho que me fascinan las convenciones dedicadas al cine de terror que se celebran en Estados Unidos. Ese mundo plagado de actores en decadencia y aficionados que graban sus propias películas con la cámara de vídeo y tienen la oportunidad no solo de venderlas, también de convertirse en pequeñas estrellas. Es lo que se ha dado en llamar el "underground horror". Siempre me ha molestado mucho que se use la palabra "underground" para definir un tipo de producto acomodado que no busca nuevas vías de expresión ni es, simple y llanamente, libre. Obras que se aferran a las convenciones del cine standard. Incluso el llamado mainstream. Y especialmente a los dogmas del género del terror. Con su inicio, desarrollo y final, sus planos perfectamente académicos y sin el mínimo riesgo creativo. Eso para mí NO es "cine underground". Aunque puedo tolerar ese subapartado referido estrictamente al terror como un universo paralelo donde el fan de Jason Voorhees, "La matanza de Texas" y "Phantasma" puede acceder a un tipo de producto audiovisual que los grandes estudios, e incluso muchas compañías supuestamente más modestas como "Blumhouse", nunca le darían y donde podrá encontrar material extremo. Violencia brutal. Gore a raudales. Y sexo enfermizo. Esta es otra vertiente tan fascinante como inquietante. Que haya fans del género que se dejen los ahorros en pequeñas producciones caseras cuyo único reclamo sea ver cómo chicas de grandes pechos son asesinadas de formas cruentas. En ocasiones hablamos de auténticos vídeos fetichistas generosos en sordidez, como los del veterano y famoso sello "W.A.V.E. Productions" regentado por Gary Whitson. Mediometrajes y largometrajes grabados según las más elementales leyes de la creatividad audiovisual (es decir, planos generales y poca cosa más) en los que se muestran chicas siendo estranguladas, recibiendo balazos en zonas concretas del cuerpo (incluidas vaginas castigadas por los rayos surgidos de unas manos monstruosas ¿?) y siendo electrocutadas, de manera que al sacudir sus cuerpos nos recreamos a cámara lenta en el zarandeo de las ubres. Muy alucinante, más si tenemos en cuenta que mucho de este material está hecho por encargo. Es decir, la fórmula secreta del éxito de Whitson es que te ofrece la oportunidad de que mandes un guión con lo que quieres ver y ellos te lo producen, por lo que la veda queda abierta para que todo aquel tarado y pervertido pueda plasmar en imágenes y con chicas de carne, hueso y silicona su fantasía más retorcida.
A J.T.Petty toda esta morralla le flipaba tanto como a mí, por lo que decidió dedicarle un documental. O, mejor dicho, una docu-ficción. Para ello se puso a recorrer convenciones en busca del más retorcido "underground horror". Y aunque uno de los creadores a los que entrevista es el mismo Gary Whitson, prefiere centrarse en otros tres personajes, Bill Zebub, Fred Vogel y Eric Rost. Algo que no deja de resultar curioso si tenemos en cuenta que Petty es un profesional respetado, especialmente gracias a su primera obra,"Soft for Digging", seguida por títulos como "Mimic 3: El guardián", "The Burrowers" o "Hellbender".
Las intervenciones de Bill Zebub, videoasta del que hemos hablado largo y tendido, son las más divertidas del documental, tanto por las declaraciones que esputa ("Mírame ¿Tengo aspecto de saber hacer una película?") como por el momento en el que le vemos grabar uno de sus proyectos. A Fred Vogel le conoceréis por sus famosas e infames "August Underground", supuestos y muy verosímiles vídeos caseros perpetrados por un asesino en serie. Confieso que nunca me ha apetecido ver ninguna de ellas a pesar de que no me han faltado oportunidades. En cuanto a Eric Rost, pues ahí entramos en el apartado "ficción". Petty juega con una idea que no por manida resulta menos escalofriante, ¿y si uno de estos tipos fuese un auténtico psicópata y sus grabaciones caseras crímenes reales?.
Conocemos al tal Eric vendiendo en las convenciones sus dvd's bajo mano. "S&Man" es el título genérico y en todos ellos acosa a una chica grabándola en vídeo mientras camina por la calle. Luego se cuela en su casa para practicarle vudú. Y finalmente la secuestra y la mata delante de la cámara. Ni que decir que el actor elegido para interpretar al tipo encaja muy bien en el aspecto del típico "nerd" regordete que vive en el sótano de casa de su madre y asegura que ver esos vídeos es un pequeño desahogo para aquellos que, como él, no tienen demasiado éxito con las chicas. Ya del todo metidos en lo propiamente peliculero, la obsesión de Petty por saber más del chaval y su "obra" acabará irremediablemente en tragedia.
A la par que todo esto se desarrolla, "S&Man" reflexiona sobre el "placer" de visionar imágenes de violencia extrema y misoginia, con ayuda de algunos especialistas no excesivamente brasas, tocando incluso temas como el "snuff" o los vídeos de ejecuciones confeccionados por terroristas. El resultado final es bastante entretenido y sobre todo interesante. J.T. Petty sabe integrar muy bien la ficción dentro del meollo y recrear a la perfección, y de manera muy perturbadora, esos supuestos crímenes auténticos que presenciamos.
Y sí, al terminar te haces unas cuantas preguntas y te replanteas algunas cosas.
Recomendable.
Mostrando las entradas para la consulta "convenciones" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta "convenciones" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
jueves, 27 de diciembre de 2018
martes, 6 de febrero de 2018
EL ZINE DE ZEBUB
Una de las (muchas) cosas que me fascinan de Estados Unidos es que allí cualquier mindundi que haga películas amateurs con una cámara de vídeo puede, especialmente si se introduce activamente en el circuito de las convenciones dedicadas al cine de terror y aledaños, ganarse unas pocas buenas perras e incluso convertirse en una sub-estrella. Por ejemplo, alguien como Bill Zebub.
De condición total y absolutamente death-metalera, el pasado creativo de Zebub lo apuntala un fanzine dedicado a la música que más le pone, y al que no le iba nada mal en lo suyo, "The Grimoire of Exalted Deeds". Si algo lo hacía destacar por encima de otros, era su tendencia a incomodar a los entrevistados con preguntas comprometidas e incluir mogollón de fotos de chatis en ropa interior o en pelotas. Poco sabía entonces Zebub que tal táctica iba a ser fundamental en sus futuras tareas audiovisuales. Estas tardaron un poco en llegar. No dispone de un pasado cortometrajil ni nada parecido, únicamente cuenta con sendos vídeos en los que se curraba bromas pesadas a modo de un "Jackass" primigenio.
Un día se animó a agarrar una video-cámara común y grabar una comedia titulada "Metalheads". Un pequeño distribuidor la vio, le gustó, la adquirió, la editó y, por lo visto, funcionó lo bastante bien como para que Bill Zebub pusiese en marcha una carrera ultra-prolífica que aún dura.
Acudiendo cierto día a una convención, se encontró con un célebre videoasta dedicado en cuerpo y alma a vender sus obras (por las que Zebub no sentía ninguna simpatía). El tipo le contó que le habían diagnosticado cáncer y que en breve se disponía a pasar por el consiguiente calvario de la respectiva curación. Tiempo después, más delgado, sin pelo y algo debilitado, le anunció que habían logrado detener la terrible enfermedad. Pero eso no fue lo que impresionó a Zebub, lo que de verdad le llamó la atención fue ver que ese tipo, a pesar de su grave dolencia, seguía ahí, al pié del cañón, incansable. Tal actitud inspiró al metalero, que se avergonzó de no aprovechar su buena salud para crear sin reposo. Y aunque Bill Zebub nunca ha dado el nombre del individuo misterioso, tengo mis serias sospechas para creer que se trata de Tim Ritter, pionero cineasta "backyard" con una película editada en España durante los años 80, "Eliminator".
Dicho y hecho, la obra de Bill Zebub se cuenta por decenas y decenas de títulos. Varios al año. Es el paradigma de lo bueno y malo del vídeo, su economía permite crear sin parar... pero claro, ¿a qué precio?. Ahí está el quit de la cuestión.
Lo que define largamente el "cine" de Zebub en cuanto a temática y estilo es su tendencia a la comedia ofensiva y políticamente incorrecta, con especial predilección por atacar a la religión católica (¡condición death/black-metalera obliga!). Así de primeras puede que sí, que algunos de los títulos de su catálogo suenen un poco demasiado zafios y brutos. Ejemplos: "Santa Claus: Serial Rapist" ("Santa Claus: Violador en serie"), "Dickshark" ("Pichaburón"), "Jesus, the Daughter of God" ("Jesús, la hija de Dios"), "Jesus, the Total Douchebag" ("Jesús, el cretino total"), "Rap Sucks" ("El rap apesta"), "Zombiechrist" ("Zombiecristo"), "Frankenstein the Rapist" ("Frankenstein, el violador"), "The Most Offensive Comedy Ever Made" ("La comedia más ofensiva jamás hecha"), "Rape Is a Circle" ("La violación es un círculo"), "Jesus Christ: Serial Rapist" ("Jesucrito: violador en serie") o "The Worst Horror Movie Ever Made" ("La peor película de horror jamás hecha"), de la que llegó a producir un remake "mejorado". O dos. Este fue mi desvirgue con la obra de Zebub. Como era de esperar, el título llamó la atención de los fans del cine de terror, especialmente aquellos interesados en las películas "malas pero divertidas", de ahí que alguien la partiera en dos cachos y la subiera a Youtube. Así es como la consumí. O parte de ella, porque no llegué a terminarla. De entrada me hizo gracia su cutrismo y su desfase, pero poco a poco el exceso de idas de olla "porque sí" terminó saturándome y la dejé sin llegar al final (y es que además Zebub no se contenta con duraciones escuetas, le gusta tirar de dos horas o más, típica característica de aquel que graba en vídeo ignorando el elemento "ritmo interno").
"Human Antfarm" ("Granja de hormigas humana", también conocida como "Antfarm Dickhole", algo así como "Granja de hormigas en el orificio de la picha") cuenta la estúpida historia de un "nerd" que descubre a una colonia de hormigas habitando en el interior de su minga. De esta manera, aprovechará para vengarse de todos aquellos que le han machacado y/o rechazado, sean matones o chicas. Todo ello narrado a base de muchos diálogos, absurdismo a mansalva, música metal de línea dura, una dirección extremadamente plana, la percha colándose muchas veces en el plano y unos efectos especiales cortesía de la tienda de disfraces de la esquina, incluida la polla por la que surgen hormigas de plástico y que en una ocasión es mamada. Debo reconocer que dadas las circunstancias -entre ellas que la vi en versión original a pelo- no fue un suplicio excesivamente doloroso (vale la pena destacar la frase promocional de la carátula, en la que queda evidenciado el "poder" de las convenciones: "La sensación de las convenciones de terror que redefine lo que es una serie B!").
Sin embargo, a poco que consumas, veas y mires con atención, descubres que todo ello resulta de lo más inofensivo. Es la característica doble moral yanki. Por un lado me paso tres pueblos, pero por otro luego me justifico en las entrevistas e incluso al principio de las películas, donde aviso al posible espectador de que lo que verá puede resultarle molesto, pero que no se lo tome muy en serio que es coña. Todo ello adquiere, de tan exagerado y tontuno, un rollo tardo-adolescente de "caca, culo, pedo, pis" capaz de irritar únicamente a los muy paletos y/o fundamentalistas.
Otra de las especialidades de Zebub consiste en incluir a chicas desnudas, o semi-desnudas, de supuesto buen ver. La pesadilla de toda feminazi. Era algo que al principio no podía hacer, contando con amigas que enseñaban tetas falsas y cosas por el estilo, pero a medida que fue ganándose una reputación(cilla) lo convirtió en una constante, consciente de que era ESO lo que realmente animaba las ventas. De hecho, generalmente estas timoratas dosis de erotismo suelen ser puro parche, relleno para llamar a los pajilleros de rigor. No solo es gratuito, es que podrían extirparse todas (o ponerles más ropa a las actrices) y no afectaría ni lo más mínimo a la trama. Es evidente que el verdadero interés del director está en todo lo demás, especialmente el guión, porque estéticamente tira de lo más básico, elemental y poco imaginativo. Zebub comenta que estas chicas cobran por su labor y que, por supuesto, y a pesar de los rumores, no se acuesta con ellas. Y es que ahí donde le veis, apariencias aparte, el tipo no tiene un pelo de tonto. Si hemos de fiarnos de las entrevistas, se trata de alguien con el cerebro muy bien puesto y una notable capacidad para darle al pico. Alguien que, trágicamente, se ha visto atrapado en la imagen que él mismo ha creado de "cineasta undeground/indie/amateur jevi-metalero de discurso políticamente incorrecto y maneras golfas". Así lo prueban sendos vídeos altamente patéticos en los que recorre medio borracho los hoteles donde se celebran las convenciones, vuelca alguna silla y deja botellas vacías donde no debe mientras todo el séquito que le sigue lo aplaude y jalea. Muy triste.
De condición total y absolutamente death-metalera, el pasado creativo de Zebub lo apuntala un fanzine dedicado a la música que más le pone, y al que no le iba nada mal en lo suyo, "The Grimoire of Exalted Deeds". Si algo lo hacía destacar por encima de otros, era su tendencia a incomodar a los entrevistados con preguntas comprometidas e incluir mogollón de fotos de chatis en ropa interior o en pelotas. Poco sabía entonces Zebub que tal táctica iba a ser fundamental en sus futuras tareas audiovisuales. Estas tardaron un poco en llegar. No dispone de un pasado cortometrajil ni nada parecido, únicamente cuenta con sendos vídeos en los que se curraba bromas pesadas a modo de un "Jackass" primigenio.
Un día se animó a agarrar una video-cámara común y grabar una comedia titulada "Metalheads". Un pequeño distribuidor la vio, le gustó, la adquirió, la editó y, por lo visto, funcionó lo bastante bien como para que Bill Zebub pusiese en marcha una carrera ultra-prolífica que aún dura.
Acudiendo cierto día a una convención, se encontró con un célebre videoasta dedicado en cuerpo y alma a vender sus obras (por las que Zebub no sentía ninguna simpatía). El tipo le contó que le habían diagnosticado cáncer y que en breve se disponía a pasar por el consiguiente calvario de la respectiva curación. Tiempo después, más delgado, sin pelo y algo debilitado, le anunció que habían logrado detener la terrible enfermedad. Pero eso no fue lo que impresionó a Zebub, lo que de verdad le llamó la atención fue ver que ese tipo, a pesar de su grave dolencia, seguía ahí, al pié del cañón, incansable. Tal actitud inspiró al metalero, que se avergonzó de no aprovechar su buena salud para crear sin reposo. Y aunque Bill Zebub nunca ha dado el nombre del individuo misterioso, tengo mis serias sospechas para creer que se trata de Tim Ritter, pionero cineasta "backyard" con una película editada en España durante los años 80, "Eliminator".
Dicho y hecho, la obra de Bill Zebub se cuenta por decenas y decenas de títulos. Varios al año. Es el paradigma de lo bueno y malo del vídeo, su economía permite crear sin parar... pero claro, ¿a qué precio?. Ahí está el quit de la cuestión.
Lo que define largamente el "cine" de Zebub en cuanto a temática y estilo es su tendencia a la comedia ofensiva y políticamente incorrecta, con especial predilección por atacar a la religión católica (¡condición death/black-metalera obliga!). Así de primeras puede que sí, que algunos de los títulos de su catálogo suenen un poco demasiado zafios y brutos. Ejemplos: "Santa Claus: Serial Rapist" ("Santa Claus: Violador en serie"), "Dickshark" ("Pichaburón"), "Jesus, the Daughter of God" ("Jesús, la hija de Dios"), "Jesus, the Total Douchebag" ("Jesús, el cretino total"), "Rap Sucks" ("El rap apesta"), "Zombiechrist" ("Zombiecristo"), "Frankenstein the Rapist" ("Frankenstein, el violador"), "The Most Offensive Comedy Ever Made" ("La comedia más ofensiva jamás hecha"), "Rape Is a Circle" ("La violación es un círculo"), "Jesus Christ: Serial Rapist" ("Jesucrito: violador en serie") o "The Worst Horror Movie Ever Made" ("La peor película de horror jamás hecha"), de la que llegó a producir un remake "mejorado". O dos. Este fue mi desvirgue con la obra de Zebub. Como era de esperar, el título llamó la atención de los fans del cine de terror, especialmente aquellos interesados en las películas "malas pero divertidas", de ahí que alguien la partiera en dos cachos y la subiera a Youtube. Así es como la consumí. O parte de ella, porque no llegué a terminarla. De entrada me hizo gracia su cutrismo y su desfase, pero poco a poco el exceso de idas de olla "porque sí" terminó saturándome y la dejé sin llegar al final (y es que además Zebub no se contenta con duraciones escuetas, le gusta tirar de dos horas o más, típica característica de aquel que graba en vídeo ignorando el elemento "ritmo interno").
"Human Antfarm" ("Granja de hormigas humana", también conocida como "Antfarm Dickhole", algo así como "Granja de hormigas en el orificio de la picha") cuenta la estúpida historia de un "nerd" que descubre a una colonia de hormigas habitando en el interior de su minga. De esta manera, aprovechará para vengarse de todos aquellos que le han machacado y/o rechazado, sean matones o chicas. Todo ello narrado a base de muchos diálogos, absurdismo a mansalva, música metal de línea dura, una dirección extremadamente plana, la percha colándose muchas veces en el plano y unos efectos especiales cortesía de la tienda de disfraces de la esquina, incluida la polla por la que surgen hormigas de plástico y que en una ocasión es mamada. Debo reconocer que dadas las circunstancias -entre ellas que la vi en versión original a pelo- no fue un suplicio excesivamente doloroso (vale la pena destacar la frase promocional de la carátula, en la que queda evidenciado el "poder" de las convenciones: "La sensación de las convenciones de terror que redefine lo que es una serie B!").
Sin embargo, a poco que consumas, veas y mires con atención, descubres que todo ello resulta de lo más inofensivo. Es la característica doble moral yanki. Por un lado me paso tres pueblos, pero por otro luego me justifico en las entrevistas e incluso al principio de las películas, donde aviso al posible espectador de que lo que verá puede resultarle molesto, pero que no se lo tome muy en serio que es coña. Todo ello adquiere, de tan exagerado y tontuno, un rollo tardo-adolescente de "caca, culo, pedo, pis" capaz de irritar únicamente a los muy paletos y/o fundamentalistas.
Otra de las especialidades de Zebub consiste en incluir a chicas desnudas, o semi-desnudas, de supuesto buen ver. La pesadilla de toda feminazi. Era algo que al principio no podía hacer, contando con amigas que enseñaban tetas falsas y cosas por el estilo, pero a medida que fue ganándose una reputación(cilla) lo convirtió en una constante, consciente de que era ESO lo que realmente animaba las ventas. De hecho, generalmente estas timoratas dosis de erotismo suelen ser puro parche, relleno para llamar a los pajilleros de rigor. No solo es gratuito, es que podrían extirparse todas (o ponerles más ropa a las actrices) y no afectaría ni lo más mínimo a la trama. Es evidente que el verdadero interés del director está en todo lo demás, especialmente el guión, porque estéticamente tira de lo más básico, elemental y poco imaginativo. Zebub comenta que estas chicas cobran por su labor y que, por supuesto, y a pesar de los rumores, no se acuesta con ellas. Y es que ahí donde le veis, apariencias aparte, el tipo no tiene un pelo de tonto. Si hemos de fiarnos de las entrevistas, se trata de alguien con el cerebro muy bien puesto y una notable capacidad para darle al pico. Alguien que, trágicamente, se ha visto atrapado en la imagen que él mismo ha creado de "cineasta undeground/indie/amateur jevi-metalero de discurso políticamente incorrecto y maneras golfas". Así lo prueban sendos vídeos altamente patéticos en los que recorre medio borracho los hoteles donde se celebran las convenciones, vuelca alguna silla y deja botellas vacías donde no debe mientras todo el séquito que le sigue lo aplaude y jalea. Muy triste.
Y es que la "Zebub Crew" no tiene desperdicio. Por un lado tenemos a los alternativos de postín, con sus tattoos, sus piercings, su pelo teñido y su ropa negra. Y por otro, pues a los inadaptados con sobrepeso que, seguramente, no han tocado una teta (de mujer) en su vida. Dice el ex-editor de "Fangoria", Chris Alexander, que Zebub no es feliz porque se ve obligado a complacer a la panda de perdedores que de él únicamente esperan ubres y chistes de pollas. Y algo de eso hay. Lo prueban sendas películas en las que habla de su misma condición con humor pero sin dejar de lamentarse ("Indie Director" y la reciente "Exploitation", en la que incluso se parodia al fan medio que le compra dvds en las convenciones) y, sobre todo, últimamente no puede evitar pseudo-intelectualizar sus propias películas en busca de cierto respeto citando como inspiración a los filósofos griegos y no sé cuantas mamarrachadas más. También ocasionalmente lo ha intentado con temáticas serias y mal rolleras, más propias de esta clase de subprodcutos, a base de violaciones y humillaciones a chicas guapas, como con "Breaking Her Will" ("Rompiendo su voluntad"), aunque no es algo muy habitual.
"Dolla Morte" vendría a ser algo así como la versión más cafre, mucho más políticamente incorrecta y, sobre todo, mucho más cruda de "Team América: Policía del mundo". Bill Zebub se agencia un puñado de muñecas, muñecos, juguetes y casitas para contar una historia incomprensible sobre la llegada del anticristo a la tierra. Aunque entenderla es lo de menos, de lo que se trata es de encadenar el mayor número posible de ideas perversas, chocantes y altamente provocadoras (sobre todo en lo que respecta a cuestiones religiosas) con el fin de escandalizar a todo aquel que se deje. Zebub tortura, machaca, ridiculiza y humilla sexualmente a mujeres, militares, grandes mandatarios, terroristas y al Papa de Roma. Todo ello acompañado de un porrón de "doom metal" como fondo sonoro. El problema de "Dolla Morte" es el mismo que la película de Trey Parker y Matt Stone pero mucho peor, comienza a dejar de ser divertida tras unos 15 o 20 minutos y se vuelve monótona. Confieso que hubo momentos en los que me cagaba en Zebub y me tentaba apagar el reproductor. Pero luego, justamente por esa demostración de descaro, el "todo vale" y la mala leche aplicada en todos los sentidos (incluida su realización feísta, incompetente, anti-estética, de cámara tambaleante, cromas cerdos, titubeantes zooms y que incluye ocasionalmente la mano del tipo que manipula los muñecos), uno termina empatizando con la puta peli y hasta la disfruta comedidamente. En sendas ocasiones el propio director ha reconocido que se avergüenza un poco de ella.... ¡¡para que él lo diga!!. Como dato extra, comentar que uno de los muchos que ponen voces a los muñecos no es otro que J.T.Petty, reputado cineasta "indie" -de verdad- al que debemos títulos como la cult-movie "Soft for Digging", la secuela videoclubera "Mimic 3: El guardián" o "The Burrowers". Que se liara en semejante jardín obedece a que el mismo año 2006 incluyó a Bill Zebub en el reparto de un falso documental titulado "S&man" interpretándose a sí mismo y que gira, justamente, en torno a las convenciones y a un supuesto cineasta snuff que encuentra ahí el marco ideal para vender sus grabaciones de crímenes reales.
Bill Zebub se muere de ganas de dejar de ser Bill Zebub, pero no puede. O no quiere porque perderá a aquellos que le compran los dvds compulsivamente. Habla siempre orgulloso de que aprovecha su libertad "indecentemente", y hasta en una charla que dio junto a Lloyd "Troma" Kaufman presumía de ello ante el mecenas de la famosa/infame productora de New Jersey, mucho más atado a su audiencia y, probablemente, mucho más frustrado en lo creativo. Pero no me lo trago, y a los hechos arriba expuestos me remito.
Bill Zebub se muere de ganas de dejar de ser Bill Zebub, pero no puede. O no quiere porque perderá a aquellos que le compran los dvds compulsivamente. Habla siempre orgulloso de que aprovecha su libertad "indecentemente", y hasta en una charla que dio junto a Lloyd "Troma" Kaufman presumía de ello ante el mecenas de la famosa/infame productora de New Jersey, mucho más atado a su audiencia y, probablemente, mucho más frustrado en lo creativo. Pero no me lo trago, y a los hechos arriba expuestos me remito.
Hoy por hoy Bill Zebub continúa a tope con su micro-imperio, aunque da la sensación de que ha frenado un poco tanta prolífica actividad. Como dijo alguien por ahí, a medida que pasan los años es más evidente que se ha hecho prisionero de su propia fórmula y parece que, aunque quiera, no puede salirse de ella. Habrá que ver qué ocurrirá cuando Bill Zebub se queme. ¿Será capaz de reinventarse?. O, más difícil todavía, ¿tendrá el valor necesario?. Veremos. O no.
martes, 27 de noviembre de 2018
INVALUABLE: THE TRUE STORY OF AN EPIC ARTIST
Según el traductor de Google, invaluable vendría a significar inestimable. Y ese es el adjetivo con el que Sam Raimi describió al hombre que se encargó de la mayoría de los efectos especiales (sobre todo los de maquillaje, prótesis y demás, aunque ayudó con el stop-motion) en "Posesión Infernal". La primera, la original, la mejor, como dice la mismísima Betsy Baker, alias "Linda", la novia de "Ash". Claro que Raimi esputó tales declaraciones a inicios de los años 80, durante la promoción del film. No es algo que haya comentado recientemente, porque todos sabemos lo poco que le mola implicarse en nada que tenga que ver con su ópera prima, salvo cuando se trata de estirarla como un chicle para sacar algo de dinerito (véanse los estimables pero no memorables remake y serie de tv). Algo muy respetable... aunque tampoco le costaría nada tirarse al rollo cuando buena parte del resto de los implicados sí lo hacen. Gente como Bruce Campbell, el hermano Ted Raimi y el resto del reparto, más otros nombres semi-conocidos y habituales de ese universo tan fascinante como patético que conforman las convenciones de cine, Scott Spiegel y Josh Becker. Todos juntos y revueltos asoman el careto por "Invaluable: The True Story of an Epic Artist", documental centrado en la persona de Tom Sullivan, artista, ilustrador y eventual mago de los FX.
Es muy jodido ser tan fan de la peli original como soy yo y decir algo malo de "Invaluable". De hecho, es imposible. Primero porque es un muy buen documental y notablemente entretenido a pesar de aproximarse peligrosamente a las dos horas de duración. Y segundo... pues bueno, es que salta a la vista. Se trata de un viaje ultra-nostálgico y algo melancólico a lo que supuso para esta pandilla parir aquella pequeña película que acabaría convertida en incunable. Desde los primeros tanteos con el Súper 8, hasta el estreno. Sullivan nos hace de guía turístico por aquellos lugares que sirvieron de plató. Acuden a los restos de la cabaña (con la chimenea y el agujero del suelo que se suponía la entrada al sótano como último reducto de lo que una vez fue), a los bajos del casoplón de la familia Raimi donde se rodaron todas las secuencias del mentado sótano, la casita que el equipo alquiló para dormitar durante el rodaje, partes del bosque donde se filmaron escenas completas. Etc. Y justo cuando ya estás con los ojos empañados, no se le ocurre otra cosa a Sullivan que, primero, desempolvar atrezzo (máscaras de poseídos, pedazos del Necronomicón, piernas y manos cercenados.... algo a lo que contribuye el hermano de Bruce Campbell mostrando el fusil original usado para cazar demonios) y, seguidamente, nos cuenta cómo su mujer le dejó, falleció en un accidente y la lógica depresión de caballo casi suicida que pilló y de la que únicamente le salvó saber que "Posesión Infernal" era adorada por miles de personas que acudían a convenciones donde deseaban poder conocerle para pedirle su estampa. Sí, un auténtico alegato a favor de esa clase de concentraciones repletas de viejas glorias (en un momento dado vemos a Christopher Lloyd) y personajes oscuros ligados a films de culto.
Es muy jodido ser tan fan de la peli original como soy yo y decir algo malo de "Invaluable". De hecho, es imposible. Primero porque es un muy buen documental y notablemente entretenido a pesar de aproximarse peligrosamente a las dos horas de duración. Y segundo... pues bueno, es que salta a la vista. Se trata de un viaje ultra-nostálgico y algo melancólico a lo que supuso para esta pandilla parir aquella pequeña película que acabaría convertida en incunable. Desde los primeros tanteos con el Súper 8, hasta el estreno. Sullivan nos hace de guía turístico por aquellos lugares que sirvieron de plató. Acuden a los restos de la cabaña (con la chimenea y el agujero del suelo que se suponía la entrada al sótano como último reducto de lo que una vez fue), a los bajos del casoplón de la familia Raimi donde se rodaron todas las secuencias del mentado sótano, la casita que el equipo alquiló para dormitar durante el rodaje, partes del bosque donde se filmaron escenas completas. Etc. Y justo cuando ya estás con los ojos empañados, no se le ocurre otra cosa a Sullivan que, primero, desempolvar atrezzo (máscaras de poseídos, pedazos del Necronomicón, piernas y manos cercenados.... algo a lo que contribuye el hermano de Bruce Campbell mostrando el fusil original usado para cazar demonios) y, seguidamente, nos cuenta cómo su mujer le dejó, falleció en un accidente y la lógica depresión de caballo casi suicida que pilló y de la que únicamente le salvó saber que "Posesión Infernal" era adorada por miles de personas que acudían a convenciones donde deseaban poder conocerle para pedirle su estampa. Sí, un auténtico alegato a favor de esa clase de concentraciones repletas de viejas glorias (en un momento dado vemos a Christopher Lloyd) y personajes oscuros ligados a films de culto.
También se habla de "Terroríficamente Muertos" y algo menos de "El ejército de las tinieblas". Pero indudablemente el segmento más importante, y más ameno, va dedicado a la peli que dio el pistoletazo de salida.
Curioso enterarse que Raimi estaba enrollado con Ellen Sandweiss. Y divertido ver a Hal Delrich/Richard DeManincor repetir frases de su inolvidable "Scotty".
Curioso enterarse que Raimi estaba enrollado con Ellen Sandweiss. Y divertido ver a Hal Delrich/Richard DeManincor repetir frases de su inolvidable "Scotty".
Altamente recomendable.
sábado, 16 de octubre de 2021
I SPILL YOUR GUTS
James Balsamo es una de esas "super-stars" del submundo de las convenciones dedicadas al cine de terror. Produce sus propios largometrajes facturados en vídeo, encarga estupendas carátulas a dotados dibujantes (como la parejita JellyKoe) para los respectivos dvds, los rejunta en una mesa a disposición de todo aquel incauto dispuesto a invertir dineros en ellos y dedica toda su energía a la más desquiciante auto-promoción. Aunque si algo ha hecho "famoso" a Balsamo estos últimos tiempos, es su capacidad de recorrer esas mismas convenciones abordando a sendas personalidades "cult" para pedirles que hagan un micro-cameo en su nueva producción. Salen al exterior, o van a una habitación de hotel, y graban. Facilita las cosas que Balsamo sea el prota de casi todo lo que dirige. Y así, sumando cameos y cameos, se gasta una galería de rostros reconocibles para el fan medio francamente envidiables. Su especialidad es la comedia cafre, bastante influenciada por Troma, mezclada con terror. Esto es así hoy día. Pero en 2012 el muchacho no lo tenía tan claro e intentó currarse un slasher de 80 minutos pretendidamente serio y protagonizado por su propio icónico psycho-killer, "The American Executioner", luciendo ropa militar y un saco en la cabeza estampado con la bandera norteamericana (al que, además, daba vida Balsamo himself).
La movida va de un soldado salvado por su malherido compañero durante la guerra. Mientras este último lo pasa putas en un hospital (incomprensiblemente situado en Alemania, a pesar de que todos los carteles de las paredes estén en inglés), el otro vuelve a los USA decidido a otorgarse la medalla de héroe que no le pertoca. Ello motivará que el agonizante se ponga en pie y persiga a su traicionero ex-colega con el fin de matarlo. Claro que, antes, se cruzará con un montón de gente distinta, y ajena al drama, a la que, obvio, también exterminará. Una excusa como cualquier otra para sumar minutos y más minutos de muertes no excesivamente truculentas a ritmo de un mareante soundtrack compuesto de metal, punk y demás sonidos extremos. Y no digo lo de mareante por el volumen -que, por cierto, está más alto que los diálogos-, sino porque Balsamo -quien antaño se dedicaba a cantar en grupos del ramo y tiene muchos amiguitos- atiborra la peli de extractos de canciones, una tras otra. Ahora diez segundos de esta, ahora tres de aquella, etc, etc. Sin dar descanso al pobre espectador.
Técnicamente la película es una oda al amateurismo más incapaz. La lista de desenfoques, desencuadres, traqueteos salvajes y cortes aleatorios es interminable. Pero eso ya me lo esperaba. Para compensar tanta negación, Balsamo la trufa con tetas. Muchas tetas. Algunas francamente bonitas. Y todas absolutamente gratuitas (también cae alguna polla en primer plano). Concretamente, hay dos chicas que, según la escena, para convencer a algún feo empleado de un estamento oficial, se quitan la ropa frente a sus ojos y se lo tiran. La agradecida pesadilla de una feminista. Fascinante. Obviamente, todas fenecen en manos del "American Executioner", aunque para ello el director tenga que hacer añicos las leyes de la lógica y la verosimilitud.
La lista de cameos es interminable. Hay muuucho músico (incluidas grabaciones de conciertos en las que el cámara es sacudido por el público, así que imaginen el nivel de los encuadres. En estas vemos a bandas como "The Meatmen" o los cafres "Ghoul" en acción) y, por supuesto, gente del cine y la farándula como Donald ("Cannibal Hookers") Farmer, Joel ("Sardu/Bloodsucking Freaks") Reed, Tim ("Eliminator") Ritter, Lynn Lowry en un cameo patético (todo un icono del horror setentero, la has visto en "Vinieron de dentro de..." o "Me bebo tu sangre"), Joe Fleishaker (el -otro- gordaco de las pelis de Troma), el inevitable Lloyd Kaufman, la scream queen Debbie Rochon, Doug ("Punk Rock Holocaust") Sakmann y el más conocido de todos, Howard Stern. En el reparto principal sobresale la presencia de Carmine Capobianco, habitual en las primeras películas de Gorman Bechard.
Todo esto, rejuntado y empaquetado, se titula "I Spill Your Guts". Ocho años después James Balsamo grabó la segunda parte. El día menos pensado cae la tercera. ¿Apuestan algo?.
La movida va de un soldado salvado por su malherido compañero durante la guerra. Mientras este último lo pasa putas en un hospital (incomprensiblemente situado en Alemania, a pesar de que todos los carteles de las paredes estén en inglés), el otro vuelve a los USA decidido a otorgarse la medalla de héroe que no le pertoca. Ello motivará que el agonizante se ponga en pie y persiga a su traicionero ex-colega con el fin de matarlo. Claro que, antes, se cruzará con un montón de gente distinta, y ajena al drama, a la que, obvio, también exterminará. Una excusa como cualquier otra para sumar minutos y más minutos de muertes no excesivamente truculentas a ritmo de un mareante soundtrack compuesto de metal, punk y demás sonidos extremos. Y no digo lo de mareante por el volumen -que, por cierto, está más alto que los diálogos-, sino porque Balsamo -quien antaño se dedicaba a cantar en grupos del ramo y tiene muchos amiguitos- atiborra la peli de extractos de canciones, una tras otra. Ahora diez segundos de esta, ahora tres de aquella, etc, etc. Sin dar descanso al pobre espectador.
Técnicamente la película es una oda al amateurismo más incapaz. La lista de desenfoques, desencuadres, traqueteos salvajes y cortes aleatorios es interminable. Pero eso ya me lo esperaba. Para compensar tanta negación, Balsamo la trufa con tetas. Muchas tetas. Algunas francamente bonitas. Y todas absolutamente gratuitas (también cae alguna polla en primer plano). Concretamente, hay dos chicas que, según la escena, para convencer a algún feo empleado de un estamento oficial, se quitan la ropa frente a sus ojos y se lo tiran. La agradecida pesadilla de una feminista. Fascinante. Obviamente, todas fenecen en manos del "American Executioner", aunque para ello el director tenga que hacer añicos las leyes de la lógica y la verosimilitud.
La lista de cameos es interminable. Hay muuucho músico (incluidas grabaciones de conciertos en las que el cámara es sacudido por el público, así que imaginen el nivel de los encuadres. En estas vemos a bandas como "The Meatmen" o los cafres "Ghoul" en acción) y, por supuesto, gente del cine y la farándula como Donald ("Cannibal Hookers") Farmer, Joel ("Sardu/Bloodsucking Freaks") Reed, Tim ("Eliminator") Ritter, Lynn Lowry en un cameo patético (todo un icono del horror setentero, la has visto en "Vinieron de dentro de..." o "Me bebo tu sangre"), Joe Fleishaker (el -otro- gordaco de las pelis de Troma), el inevitable Lloyd Kaufman, la scream queen Debbie Rochon, Doug ("Punk Rock Holocaust") Sakmann y el más conocido de todos, Howard Stern. En el reparto principal sobresale la presencia de Carmine Capobianco, habitual en las primeras películas de Gorman Bechard.
Todo esto, rejuntado y empaquetado, se titula "I Spill Your Guts". Ocho años después James Balsamo grabó la segunda parte. El día menos pensado cae la tercera. ¿Apuestan algo?.
sábado, 8 de julio de 2023
EL EXTERMINADOR
Me he dado cuenta que en este blog he hablado mucho, muchísimo, de ese clásico del "sleaze" ochentero que es "El Exterminador". De sus secuelas, legales o no. Y de su director, James Glickenhaus. Sin embargo, lo raro es que JAMÁS he publicado una reseña oficial y oficiosa. Y oiga, ya va siendo hora de subsanarlo. Sobre todo ahora que he localizado en mis archivos una que escribí hace años para otro blog y, creo, se conserva bastante dignamente. Me ha bastado hacerle un lavado de cara mínimo para poder reciclarla aquí, hoy, y así, cerrar el círculo en torno a las violentas desventuras urbanas de "John Eastland".
Para ilustrarla, y por aquello de salirse de convenciones, he optado por una imagen distinta a la habitual -que tantísimo adoro y tantas "memorys" juveniles provoca-, una, además, algo cutre... pero con encanto. La cosa dice así:
Los años ochenta, cinematográficamente hablando, pasarán a la historia por la enfermiza proliferación de los géneros más “inmundos” que el séptimo arte haya podido parir jamás. Entre estos destaca uno por el que siento especial debilidad, y es el de justicieros urbanos… ya sabéis, tipos “corrientes” a los que un grupo de pandilleros o la mafia al completo matan / violan / castran / pegan / insultan (no necesariamente siguiendo este orden) a su mujer / hijo / hija / amigo / primo / abuelo y él, hasta el coño de la gentuza que asola las calles, se pilla todo el armamento disponible (por lo general son veteranos del Vietnam, y conservan en su hogar pistolas, granadas, metralletas y otros juguetes. O hacen como Charlie Bronson en “El justiciero de la noche” y ¡¡¡¡se compran un bazooka por correo!!!!) y empiezan a masacrar sin miramientos a todo aquel con pinta de maleante o fetuccini encorbatado.
En los 70 este genero aún tuvo algunas producciones de calidad, como “Harry, el sucio” o “El justiciero de la ciudad“, pero fue entrada la década del breakdance, los pelos crepados y el porno rodado en vídeo que la cosa degeneró. El velado mensaje crítico que contenían algunas de las dichosas pelis desapareció durante la era Reagan, transformándose de ese modo en puros productos reaccionarios y de propaganda derechista. Por fortuna la culpa de todo eso la tuvo una sola peli, “El Exterminador”, grandioso título donde los haya, que le costó un millón de dolares al papuchi de su director, James Glickenhaus, y a cambio daría miles de billetes verdes durante su comercialización, sobre todo en vídeo.
¿Y que tiene “El exterminador” para ser la oveja negra del género?, pues una recreación casi sádica en la violencia más extrema, gratuita, injustificada, retorcida y enferma. Sí amigos, lo dicen los críticos de verdad: “El exterminador” es posiblemente la peli más truculenta del cine de justicieros producido los últimos 40 años. Eran los 80, ¡joder!, ¿que esperaban?
Escenas míticas como el gangster convertido en embutido por efecto de una trituradora, las balas rellenas de mercurio que perforan la entrepierna de un senador con una doble vida un tanto insana, el pederasta que arde en vida, la prostituta quemada con un soldador, los malísimos que ahostian a una viejecita para robarle la pensión, el colega del héroe mutilado por un garfio que le clavan y retuercen en la espalda (primer plano incluido), o la escalofriante y traumática decapitación hiper-realista, y ¡¡a cámara lenta!!, al inicio de la peli por obra y gracia del -fenecido- maestro de los efectos especiales Stan Winston (aunque él nunca la incluyera en su filmografía. Sin embargo, existe una prueba tan contundente como la página completa que les dejo al final de la reseña, aparecida el año 1982 en "The Bloody Best of Fangoria Vol.1". Ctrl + boton izquierdo del ratón para ampliar) han hecho de “El exterminador” una de las favoritas no solo entre fans del cine de acción, también entre adictos al horror y el gore más burro.
En el reparto destacan Christopher George (que había trabajado a las órdenes de Lucio Fulci en “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes” y Juan Piquer en "Mil gritos tiene la noche"), Samantha Eggar en plena decadencia, Steve James (el Chuck Norris negro) y, ¡¡oooooh diosssssss!!, el gran Robert Ginty, portador de los mofletes más fotogénicos del mundo y convertido en héroe de video-club hasta su reconversión a director y posterior desaparición.
Un clásico de los anti-clásicos. Un tipo de cine que se ha perdido del todo y, si se recrea hoy día, es ya de forma autoconsciente y sin gota de honestidad... por brutal que esta sea.
Altamente recomendable.
Para ilustrarla, y por aquello de salirse de convenciones, he optado por una imagen distinta a la habitual -que tantísimo adoro y tantas "memorys" juveniles provoca-, una, además, algo cutre... pero con encanto. La cosa dice así:
Los años ochenta, cinematográficamente hablando, pasarán a la historia por la enfermiza proliferación de los géneros más “inmundos” que el séptimo arte haya podido parir jamás. Entre estos destaca uno por el que siento especial debilidad, y es el de justicieros urbanos… ya sabéis, tipos “corrientes” a los que un grupo de pandilleros o la mafia al completo matan / violan / castran / pegan / insultan (no necesariamente siguiendo este orden) a su mujer / hijo / hija / amigo / primo / abuelo y él, hasta el coño de la gentuza que asola las calles, se pilla todo el armamento disponible (por lo general son veteranos del Vietnam, y conservan en su hogar pistolas, granadas, metralletas y otros juguetes. O hacen como Charlie Bronson en “El justiciero de la noche” y ¡¡¡¡se compran un bazooka por correo!!!!) y empiezan a masacrar sin miramientos a todo aquel con pinta de maleante o fetuccini encorbatado.
En los 70 este genero aún tuvo algunas producciones de calidad, como “Harry, el sucio” o “El justiciero de la ciudad“, pero fue entrada la década del breakdance, los pelos crepados y el porno rodado en vídeo que la cosa degeneró. El velado mensaje crítico que contenían algunas de las dichosas pelis desapareció durante la era Reagan, transformándose de ese modo en puros productos reaccionarios y de propaganda derechista. Por fortuna la culpa de todo eso la tuvo una sola peli, “El Exterminador”, grandioso título donde los haya, que le costó un millón de dolares al papuchi de su director, James Glickenhaus, y a cambio daría miles de billetes verdes durante su comercialización, sobre todo en vídeo.
¿Y que tiene “El exterminador” para ser la oveja negra del género?, pues una recreación casi sádica en la violencia más extrema, gratuita, injustificada, retorcida y enferma. Sí amigos, lo dicen los críticos de verdad: “El exterminador” es posiblemente la peli más truculenta del cine de justicieros producido los últimos 40 años. Eran los 80, ¡joder!, ¿que esperaban?
Escenas míticas como el gangster convertido en embutido por efecto de una trituradora, las balas rellenas de mercurio que perforan la entrepierna de un senador con una doble vida un tanto insana, el pederasta que arde en vida, la prostituta quemada con un soldador, los malísimos que ahostian a una viejecita para robarle la pensión, el colega del héroe mutilado por un garfio que le clavan y retuercen en la espalda (primer plano incluido), o la escalofriante y traumática decapitación hiper-realista, y ¡¡a cámara lenta!!, al inicio de la peli por obra y gracia del -fenecido- maestro de los efectos especiales Stan Winston (aunque él nunca la incluyera en su filmografía. Sin embargo, existe una prueba tan contundente como la página completa que les dejo al final de la reseña, aparecida el año 1982 en "The Bloody Best of Fangoria Vol.1". Ctrl + boton izquierdo del ratón para ampliar) han hecho de “El exterminador” una de las favoritas no solo entre fans del cine de acción, también entre adictos al horror y el gore más burro.
En el reparto destacan Christopher George (que había trabajado a las órdenes de Lucio Fulci en “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes” y Juan Piquer en "Mil gritos tiene la noche"), Samantha Eggar en plena decadencia, Steve James (el Chuck Norris negro) y, ¡¡oooooh diosssssss!!, el gran Robert Ginty, portador de los mofletes más fotogénicos del mundo y convertido en héroe de video-club hasta su reconversión a director y posterior desaparición.
Un clásico de los anti-clásicos. Un tipo de cine que se ha perdido del todo y, si se recrea hoy día, es ya de forma autoconsciente y sin gota de honestidad... por brutal que esta sea.
Altamente recomendable.
martes, 17 de enero de 2012
EVIL THINGS
Todos los géneros, de un modo u otro, están atados a una serie de convenciones narrativas o incluso estéticas. Algo que en los llamados subgéneros, aún se da más. Por ejemplo, cuando vemos un "slasher", sabemos que inevitablemente nos aburriremos en un momento u otro, porque esa es una característica intrínseca de esta clase de cine. Si nos gustan las historias de asesinos enmascarados achuchillando a adolescentes idiotas, lo aceptaremos y gozaremos de la función. Si no nos gustan, agonizaremos. Lo mismo que encontrarse al ejército actuando en todas las historias de monstruos gigantes invasores o los arquetípicos personajes de toda comedia juvenil universitaria. Bien, en el subgénero del "terror realista" (o como cojones quieran llamar a todas esas pelis de miedo contadas desde el punto de vista de una cámara que capta los acontecimientos en directo), es del todo inevitable tragar con aquella parte del metraje en la que se nos muestra a los protagonistas haciendo y diciendo gilipolleces sin parar. Tendremos que comérnosla por cojones hasta llegar al material realmente interesante, las secuencias de miedo. O lo tomas, o lo dejas. Los que detestan esta clase de productos, lo dejan. En el bando opuesto, lo toman. Yo soy parte de este segundo grupo.En nombre del "terror realista" se ha hecho, y se hace, muchísima mierda (aún recuerdo lo agónico que me resultó el visionado de "Episode 50"), pero también es verdad que, como subgénero, es de los pocos que funcionan cuando se trata de darme escalofríos. Por eso, y a menos que su pinta sea horripilante, me mola ir viendo todas las pelis que se facturan dentro de esta temática. Como "Evil Things".
Un grupo de chavales, bastante más majos de lo habitual (y en el que destacan dos mozas bien atractivas, Torrey Weiss y especialmente Laurel Casillo con esos ojazos azules tremendos), se las piran a celebrar un cumple en una casa en medio de la montaña. Por el camino sufren el sutil acoso de una misteriosa furgoneta negra, pero después del susto, se olvidan de ella. Llegan, montan la fiesta (nada demasiado salvaje, lo peor que hacen es eructar) y a sobar. Al día siguiente se van de excursión y, temporalmente extraviados, en plena noche escuchan unos extraños ruidos. Salen por patas pero, afortunadamente, localizan la casa y se refugian en ella. Superado el sustazo, y en plena cena, alguien o algo llama a la puerta. Cautelosamente los chicos abren y se encuentran una cinta de vídeo. Cuando la ponen, descubren aterrados imágenes de ellos tomadas desde la furgoneta negra... aunque eso no es lo más escalofriante, todavía les queda algo mucho peor por ver. Y experimentar.
¿Se os han puesto los dientes largos?... pues creedme si os digo que "Evil Things" está un rato chula. Funciona. He leído por ahí críticas muy duras contra ella, y sí, es cierto que hay alguna leve incongruencia (la presencia amenazadora suelta un extraño ruidito que no sabes cómo logra emitir, la utilización de música incidental en algunos pasajes...) pero a mi no me ha molestado, al contrario, en ocasiones el material inexplicable contribuye a perturbarme los sentidos. El "no saber" o "no entender" incrementa la sensación de miedo.
"Evil Things" juega muy bien sus cartas. Los actores están a la altura, el escenario es ideal (esa casa enorme repleta de ventanas sin cortinas por las que cualquiera puede espiar) y el director, guionista y etc, Dominic Perez, saca mucho partido a los elementos. De hecho, la secuencia intermedia de los chavales perdidos en el bosque de noche, cuando hace ya un rato que el tema de la furgoneta misteriosa ha quedado atrás, te hace dudar de cual será el "elemento terrorífico" de la función, no estás seguro si la cosa va de psicópatas, de fantasmas o incluso de monstruos... y eso de no saber con exactitud a 45 minutos de metraje, a mi me mola mucho.
El desenlace es un poco confuso, pero tampoco molesta. Para los créditos finales se nos reservan las imágenes que los chavales habían visto a través de la cinta de vídeo, tal cual, sin cortes ni retoques, y la verdad es que, posiblemente, sea este el material más inquietante de todo lo visto hasta el momento.
"Evil Things" no aburre en exceso y, sí, da yuyu. ¡Aprobado!.
miércoles, 2 de febrero de 2011
LA MOSCA 2
Hubo un tiempo en que hacer remakes, o readaptaciones, no estaba tan mal visto como ahora. Fue en aquellos entonces en los que el respetado David Cronenberg volvió a llevar a la pantalla la historia del científico que inventa una máquina teletransportadora con la mala fortuna de, al probarla, combinar su ADN con el de una mosca y que había sido adaptada con muy buena mano por Kurt Neumann en 1958. La versión del canadiense resultó muy distinta. Los que corrimos a verla (yo con mi tía, que se partía de risa ante los excesos truculentos) nos encontramos con un melodrama muy angustioso, a medio camino entre el romance y el horror más desagradable. Esta mosca nada tenía de camp o ingenua, ni tan siquiera había sido parida para satisfacer a los adolescentes devotos del género. Era una peli adulta en todo su significado (aunque la última vez que la visioné, me pareció que no había envejecido demasiado bien). El éxito de la empresa (¡con Mel Brooks en tareas de productor!) empujó a sus responsables a pensar en una secuela. Como era de esperar, Cronenberg se desentendió por completo. ¿Perjudicó tal decisión a "La Mosca 2"?... hombre, según se mire sí, y según se mire, no.En esta ocasión nuestro protagonista es el hijo del prota/mosca de la primera. En pleno crecimiento, comienza a sentir los síntomas de que algo extraño está despertando en su interior. Cabreado con la corporación que quiere sacarle jugo, el muchacho-monstruo aprovechará su condición para tomarse la revancha.
A ver. Como decía, "La Mosca 1" se apartaba un poco de las convenciones del género, apostando por un tono más serio (y deprimente). "La Mosca 2" es género puro. Terror de palomitas. Obviamente, y como ha pasado con muchas otras secuelas, esta intenta repetir los aciertos de la primera, la historia de amor, el mega-drama, la angustia de la mutación... pero no lo consigue. O no consiguen hacerlo del modo tan punzante como lo pariera Cronenberg en su momento. Aquí todo es menos, menos tragedia, menos asco, menos sufrimiento... vamos, joder, ¡si hasta hay un happy end!. Pero claro, dejando de lado las inevitables comparaciones, ¡¡¿funciona o no "La Mosca 2"?!!. Pues sí. Como peli de género, funciona muy bien. Es entretenida y tiene sus momentos tiernos y de impacto (hay dos efectos gore realmente potentes).
Y es que, claro, ¿cómo pretenden sustituir a todo un auteur como es Cronenberg con Chris Walas y esperar que ambas pelis estén a la misma altura en cuanto a calidades e intenciones?. Walas es un reputado y respetado atífice de maquillajes y trucos de látex que aquí dirigía por primera vez (luego no se prodigó mucho más en el tema). También es notable a quién encontramos en tareas de guión, Mick Garris (dire de "Critters 2", "Sonámbulos" y padre fundador de la serie "Masters of Horror") y Frank Darabont (actualmente triunfando con la serie de "The Walking Dead" y con un currículum bien lustroso, destacando "Sepultado Vivo" y "Cadena Perpetua"). Actuando están Eric Stolz (siempre que le veo, pienso en lo cabreado que debe estar porque le echaron del plató de "Regreso al futuro"!!) y Daphne Zuniga (más conocida como la Princesa Vespa de "Spaceballs". También en el slasher "La iniciación"). John Getz repite de la primera parte, así como Jeff Goldblum, aunque únicamente en formato "imágenes de archivo". El personaje de Geena Davies muere al principio de "La Mosca 2" (la interpreta otra actriz), dato este que da pie a recordar que la muchacha estuvo un tiempo anunciando -cuando aún tenía algo de poder en Hollywood- que ella misma iba a producir una tercera parte centrada en las trifulcas de la madre del monstruo y que iba a ignorar por completo la segunda, intentando recuperar un poco el tono de la uno. Pero nunca jamás llegó a realizarse. Pos me da igual.
sábado, 1 de julio de 2023
UNCLE KENT
Las tendencias van y vienen, a velocidad de vértigo. No hace tanto, en los circuitos cinematográficos, se daba mucho la murga con la nueva pijada del cine "indie", el "mumblecore", compuesto a base de dramas generacionales protagonizados por treintañeros y/o cuarentones + sus problemas existenciales, "resueltos" a base de interminables diálogos. Es decir, igualito que los culebrones primigenios facturados por John Cassavetes desde cierta independencia, puestos al día en cuanto a referencias culturales, guiños, tacos y explicitez sexual. A todo ello, añadan el ascenso, tímido aún, de cierta tecnología digital que facilitaba mucho las cosas. El vídeo dejó de ser el malo de la película, y ya se podían hacer movidas más "respetables" en las que no había que invertir ni mucho dinero ni, sobre todo, mucho tiempo. Y si no, que se lo digan a Joe Swanberg quien, en funciones de director, guionista y actor, se convirtió en el creador más prolífico de la pandi.
Curiosamente, llegado su momento, y porque hablamos de tiempos modernos y generaciones modernas de yankis formados a base de consumo masivo de cine (y mentalidad capitalista), el "mumblecore" descubrió los placeres -económicos y populares- de rejuntarse con el género del horror, naciendo así el graciosamente llamado "mumblegore", dando pie a títulos de cierta solera como "Tú eres el siguiente" (con Swanberg en un rol principal) o las primeras películas de Ti West, quien sale en los agradecimientos de "Uncle kent".
Curiosamente, llegado su momento, y porque hablamos de tiempos modernos y generaciones modernas de yankis formados a base de consumo masivo de cine (y mentalidad capitalista), el "mumblecore" descubrió los placeres -económicos y populares- de rejuntarse con el género del horror, naciendo así el graciosamente llamado "mumblegore", dando pie a títulos de cierta solera como "Tú eres el siguiente" (con Swanberg en un rol principal) o las primeras películas de Ti West, quien sale en los agradecimientos de "Uncle kent".
Esta narra los avatares de un animador -de dibujos con regusto a Matt Groening- cuarentón y su respectiva crisis amorosa y existencial. El tipo, interpretado por Kent Osborne, de desagradable aspecto -terminaría profesionalmente ligado a varios productos tan conocidos como "Monstruos vs. aliens" y la serie de "Bob Esponja"-, hace garabatos por encargo a través de webcam. Una de sus clientas decide venir a su casa a pasar una semana. Con esta nacerá como una historia de amor raro, semi correspondido pero no del todo, incluidas largas conversaciones sobre sexo y masturbación, así como una escena de trío que, sin llegar a muy explícita, tiene su rollo (perfectamente reflejada en el ultra-comercial póster).
Mmmmmh... a ver... "Uncle Kent" ha dejado en mí un poso algo confuso. Reconozco que no me desagradó, la consumí sin mayores problemas, me aburrí lo justo, y, claro, se me ganaron eso de que el prota dibuje muñequitos, lo de que esté grabada en evidente formato vídeo (y además muy crudamente, cosa que incluye los créditos y la temible y minimalista banda sonora a base de Casio), etc... todas esas mierdas me vuelven loco. Lo que puede cargar un poco son los repelentes personajes, con su pose victimista o progre. La prota, Jennifer Prediger, no está mal, enseña cacho y parece un trasunto menos lésbico de Janeane Garofalo. Hasta "musicalmente" sus nombres se asemejan. Si la Garofalo no se hubiese vendido a Hollywood (total pa lo que le sirvió) digamos que sería como la Prediger.
Normalmente usamos la palabra "interesante" cuando algo nos parece una mierda pero no osamos decírselo a su responsable. Sin embargo, con respecto a "Uncle Kent", puedo echar mano de ella de modo honesto. Sí, es una propuesta interesante. Y curiosa. Peculiar. No deslumbra, no inventa la rueda, pero al menos, para una vez, merece la pena.
Normalmente usamos la palabra "interesante" cuando algo nos parece una mierda pero no osamos decírselo a su responsable. Sin embargo, con respecto a "Uncle Kent", puedo echar mano de ella de modo honesto. Sí, es una propuesta interesante. Y curiosa. Peculiar. No deslumbra, no inventa la rueda, pero al menos, para una vez, merece la pena.
Me gustaría ver más cosas dirigidas por Joe Swanberg, la verdad. Sobre todo si son de este palo lo-fi, tan crudo. Además, el tío me cae bien. Recientemente descubrí que regenta un video-club retro, al final de una pizzería, allí en la ciudad de Ravenswood. "Analog" se llama y pone a disposición del personal la posibilidad de alquilar películas de su colección (de VHS se entiende), muy variada. Eventualmente organiza proyecciones y charlas, pero no solo de materia "arty", también costrosidades SOV de horror y aledaños. Majo, ¿verdad?.
Cuatro años después hubo un "Uncle Kent 2", luciendo un desconcertante cartel que la emparenta con un exploit de "Scream" o "Sé lo que hicisteis el último verano". Va de rollo metacine, con Kent Osborne visitando convenciones de comic en espera de lograr montante para hacer... pues "Uncle Kent 2". Aquí Swanberg se limita a un papel. He leído que es muchísimo peor que la primera. Debería evitarla pero... nunca digas de este agua no beberé.
Cuatro años después hubo un "Uncle Kent 2", luciendo un desconcertante cartel que la emparenta con un exploit de "Scream" o "Sé lo que hicisteis el último verano". Va de rollo metacine, con Kent Osborne visitando convenciones de comic en espera de lograr montante para hacer... pues "Uncle Kent 2". Aquí Swanberg se limita a un papel. He leído que es muchísimo peor que la primera. Debería evitarla pero... nunca digas de este agua no beberé.
lunes, 9 de mayo de 2022
THE UNDERGROUND COMEDY MOVIE
“The Underground Comedy Movie” es una de esas películas que engrosa las listas de “peores películas de la historia”, pero que cuenta con un hándicap con respecto al resto; mientras que las películas que suelen poblar esas listas cuentan con la simpatía del público y cierto culto, esta es tratada con el mayor desprecio posible por quienes osaron verla. No es para menos ya que su principal artífice es un individuo que da, cuando menos, cierta grima.
La película está orquestada por Vince Offer. Se trata de un showman de ascendencia israelí cuya principal ocupación es la de vender utensilios de cocina en canales locales de televisión. Bayetas mágicas que lo absorben todo, peladores de patatas increíbles y su producto estrella, el asombroso cortador de verduras. Offer era bastante payaso en sus espacios televisivos y obtuvo cierta notoriedad anunciando y vendiendo todo esto, hasta tal punto que incluso fue requerido por Adam Sandler para que hiciera un cameo en su película “Jack y su gemela”.
En el mayor momento de megalomanía del sujeto, a finales de los 90, decide producir, escribir, dirigir e interpretar su propia película, “The Underground Comedy Movie” que financia con las ganancias de sus cortadores de verduras, gastándose en la misma medio millón de dólares. La idea era, con los beneficios del estreno, financiar su distribución en formato domestico. Sin embargo solo consiguió estrenarla en un cine y no fue a verla nadie, obteniendo unos beneficios brutos de apenas 900 dólares, con lo que no cubrió ni los gastos, quedándose absolutamente arruinado. En consecuencia, tuvo que volver a la venta de cortadores de verduras, esta vez a puerta fría, ofreciendo sus productos en reuniones comerciales y convenciones de utensilios de cocina.
Unos años más tarde, en 2002, Offer consigue reponerse económicamente gracias al trabajo duro, pero en lugar de ceder en su empeño y continuar trabajando en lo que se le daba bien, decidió continuar adelante con la distribución de su película. Para ello, se sirvió de sus espacios televisivos realizando un infocomercial en el que ofertaba el DVD de “The Underground Comedy Movie” en televisión, que se emitía mayoritariamente en horario nocturno. Consiguió vender los DVDs y recuperar la inversión.
Sin embargo, cuando el público empezó a ver la película, se sentía ofendido e insultado por el contenido de la misma, las críticas fueron feroces, la catalogaron de repugnante y fue cuando se extendió el concepto de que “The Underground Comedy Movie” era una de las peores películas de la historia.
Offer era miembro de la Iglesia de la Cienciología en su momento de mayor popularidad; durante la producción del film. Cuando sus dirigentes se dieron cuenta del tipo de película que estaba rodando, decidieron expulsarle de la congregación alegando no querer tener nada que ver con el individuo que había rodado un material tan ofensivo.
Con la película ya distribuida, Offer tenía un amplio sentido del espectáculo y, lejos de amilanarse, y con la intención de darle un poco más de vida a su producto, comenzó a emitir una serie de denuncias que servirían para mantener la película un poco más en el candelero, así, denunció a La Iglesia de la Cienciología por la campaña de desprestigio que se había organizado contra la película. Y ya que estaba, denunció también a Anne Nicole Smith, porque en un principio había aceptado aparecer en la película, pero más adelante, y alegando que su participación en la misma podía ser perjudicial para su carrera, rehusó. Del mismo modo denunció a la Fox y a los hermanos Farrelly, ya que según Offer, “Algo pasa con Mary” tenía al menos 14 escenas que habían sido plagiadas directamente de su película. Yo que he visto las dos, puedo decir con tranquilidad que ni una sola de las escenas de “Algo pasa con Mary” está plagiada de la ópera prima de Offer, vamos, es que no se parecen en lo más mínimo. Los Farrelly, por supuesto, dijeron que no sabían quien era este señor y que no habían visto la película, puesto que, hasta el día de la demanda, no supieron de su existencia.
En el juicio contra Nicole Smith, el jurado falló a favor de Offer y le sacó 4 millones de dólares a la actriz, pero el de los Farrelly le salió rana, el juez considero que la demanda era una estratagema para llamar la atención y desestimó el caso, condenando a Offer a pagar 66.000 dólares a los Farrelly en concepto de gastos de abogados.
¿Y que tiene la película de especial para que genere estas reacciones tan adversas? En realidad nada, “The Underground Comedy Movie” es una chorrada como un templo cuya finalidad es la de provocar un poco con escenas desagradables y generar risas facilonas en el espectador a base de chistes del sal gruesa. Offer no tiene ningún talento para el cine, por lo que verdaderamente la película es mala, pero nada tan alarmante como para considerar non grato a este individuo. Aunque entiendo el descontento general de los yankis.
Se trata de una serie de sketchs filmados en vídeo, siguiendo un poco la estela de clásicos como “Made in USA” o “Amazonas en la luna”, donde predominan los chistes de pollas, pajas, lefazos y cosas por el estilo. Tenemos a un superhéroe en forma de polla que se corre sobre los villanos que responde al nombre de Dickman; tenemos un individuo que simula ser “El acertijo” de Batman, que sirve como excusa para introducir un personaje que es un jugador de baseball y que, haciendo un chiste fácil, se hace llamar “Bateman”, y que aparece en escena cuando el anterior pretende robar un banco (de esperma). Cuando un sketch le funciona al director, lo repite hasta la saciedad, como aquel en el que un rótulo nos anuncia “Cosas que no sueles ver habitualmente” y nos muestra a dos súper modelos en la taza del váter cagando y tirándose pedos. Pura morralla inofensiva. Lo que pasa es que según avanza la película, a Offer se le empieza a ir un poco la pinza y pasa a los chistes homófobos, a mostrar violencia bastante gráfica, y a delirar cuando incluye un sketch bastante desagradable en el que un individuo musculoso se folla a una mujer muerta que está completamente reventada, con un maquillaje bastante realista y que da bastante, bastante mal rollo. Incluso yo me sorprendí con esa escena, porque, busca además la complicidad del espectador presentando esto como una cosa graciosa y la verdad es que tiene muy poquita gracia, y no casa con el tono festivo e inocente que se gasta el resto de la película. Te ríes por lo excesivo del asunto y porque comprendes que hay algo que no funciona en la cabecita del señor Offer. Todo ello servido de manera casi amateur y muy atropellada.
A mí me hizo cierta gracia en general, le doy valor porque es una marcianada de padre y muy señor mío, pero sí es cierto que esto es material de derribo de la más baja estofa. Pero te la ves del tirón sin demasiados aspavientos.
Por supuesto, la mayoría de los actores que aparecen en la película son desconocidos, pero Offer tiene la suficiente fama como para embaucar a alguna que otra celebridad, así, veremos sketchs protagonizados por Slash de Guns´n´Roses o Michael Clarke Duncan, entre otros.
En 2013 Offer rodó una especie de secuela titulada “InAPPropiate Comedy”, ya de manera mucho más autoconsciente que esta primera película, y para la que logró contar con Adrien Brody, Michelle Rodríguez, Rob Schneider y Lindsay Lohan. A ver si doy con una copia y, en un futuro, les digo que tal.
La película está orquestada por Vince Offer. Se trata de un showman de ascendencia israelí cuya principal ocupación es la de vender utensilios de cocina en canales locales de televisión. Bayetas mágicas que lo absorben todo, peladores de patatas increíbles y su producto estrella, el asombroso cortador de verduras. Offer era bastante payaso en sus espacios televisivos y obtuvo cierta notoriedad anunciando y vendiendo todo esto, hasta tal punto que incluso fue requerido por Adam Sandler para que hiciera un cameo en su película “Jack y su gemela”.
En el mayor momento de megalomanía del sujeto, a finales de los 90, decide producir, escribir, dirigir e interpretar su propia película, “The Underground Comedy Movie” que financia con las ganancias de sus cortadores de verduras, gastándose en la misma medio millón de dólares. La idea era, con los beneficios del estreno, financiar su distribución en formato domestico. Sin embargo solo consiguió estrenarla en un cine y no fue a verla nadie, obteniendo unos beneficios brutos de apenas 900 dólares, con lo que no cubrió ni los gastos, quedándose absolutamente arruinado. En consecuencia, tuvo que volver a la venta de cortadores de verduras, esta vez a puerta fría, ofreciendo sus productos en reuniones comerciales y convenciones de utensilios de cocina.
Unos años más tarde, en 2002, Offer consigue reponerse económicamente gracias al trabajo duro, pero en lugar de ceder en su empeño y continuar trabajando en lo que se le daba bien, decidió continuar adelante con la distribución de su película. Para ello, se sirvió de sus espacios televisivos realizando un infocomercial en el que ofertaba el DVD de “The Underground Comedy Movie” en televisión, que se emitía mayoritariamente en horario nocturno. Consiguió vender los DVDs y recuperar la inversión.
Sin embargo, cuando el público empezó a ver la película, se sentía ofendido e insultado por el contenido de la misma, las críticas fueron feroces, la catalogaron de repugnante y fue cuando se extendió el concepto de que “The Underground Comedy Movie” era una de las peores películas de la historia.
Offer era miembro de la Iglesia de la Cienciología en su momento de mayor popularidad; durante la producción del film. Cuando sus dirigentes se dieron cuenta del tipo de película que estaba rodando, decidieron expulsarle de la congregación alegando no querer tener nada que ver con el individuo que había rodado un material tan ofensivo.
Con la película ya distribuida, Offer tenía un amplio sentido del espectáculo y, lejos de amilanarse, y con la intención de darle un poco más de vida a su producto, comenzó a emitir una serie de denuncias que servirían para mantener la película un poco más en el candelero, así, denunció a La Iglesia de la Cienciología por la campaña de desprestigio que se había organizado contra la película. Y ya que estaba, denunció también a Anne Nicole Smith, porque en un principio había aceptado aparecer en la película, pero más adelante, y alegando que su participación en la misma podía ser perjudicial para su carrera, rehusó. Del mismo modo denunció a la Fox y a los hermanos Farrelly, ya que según Offer, “Algo pasa con Mary” tenía al menos 14 escenas que habían sido plagiadas directamente de su película. Yo que he visto las dos, puedo decir con tranquilidad que ni una sola de las escenas de “Algo pasa con Mary” está plagiada de la ópera prima de Offer, vamos, es que no se parecen en lo más mínimo. Los Farrelly, por supuesto, dijeron que no sabían quien era este señor y que no habían visto la película, puesto que, hasta el día de la demanda, no supieron de su existencia.
En el juicio contra Nicole Smith, el jurado falló a favor de Offer y le sacó 4 millones de dólares a la actriz, pero el de los Farrelly le salió rana, el juez considero que la demanda era una estratagema para llamar la atención y desestimó el caso, condenando a Offer a pagar 66.000 dólares a los Farrelly en concepto de gastos de abogados.
¿Y que tiene la película de especial para que genere estas reacciones tan adversas? En realidad nada, “The Underground Comedy Movie” es una chorrada como un templo cuya finalidad es la de provocar un poco con escenas desagradables y generar risas facilonas en el espectador a base de chistes del sal gruesa. Offer no tiene ningún talento para el cine, por lo que verdaderamente la película es mala, pero nada tan alarmante como para considerar non grato a este individuo. Aunque entiendo el descontento general de los yankis.
Se trata de una serie de sketchs filmados en vídeo, siguiendo un poco la estela de clásicos como “Made in USA” o “Amazonas en la luna”, donde predominan los chistes de pollas, pajas, lefazos y cosas por el estilo. Tenemos a un superhéroe en forma de polla que se corre sobre los villanos que responde al nombre de Dickman; tenemos un individuo que simula ser “El acertijo” de Batman, que sirve como excusa para introducir un personaje que es un jugador de baseball y que, haciendo un chiste fácil, se hace llamar “Bateman”, y que aparece en escena cuando el anterior pretende robar un banco (de esperma). Cuando un sketch le funciona al director, lo repite hasta la saciedad, como aquel en el que un rótulo nos anuncia “Cosas que no sueles ver habitualmente” y nos muestra a dos súper modelos en la taza del váter cagando y tirándose pedos. Pura morralla inofensiva. Lo que pasa es que según avanza la película, a Offer se le empieza a ir un poco la pinza y pasa a los chistes homófobos, a mostrar violencia bastante gráfica, y a delirar cuando incluye un sketch bastante desagradable en el que un individuo musculoso se folla a una mujer muerta que está completamente reventada, con un maquillaje bastante realista y que da bastante, bastante mal rollo. Incluso yo me sorprendí con esa escena, porque, busca además la complicidad del espectador presentando esto como una cosa graciosa y la verdad es que tiene muy poquita gracia, y no casa con el tono festivo e inocente que se gasta el resto de la película. Te ríes por lo excesivo del asunto y porque comprendes que hay algo que no funciona en la cabecita del señor Offer. Todo ello servido de manera casi amateur y muy atropellada.
A mí me hizo cierta gracia en general, le doy valor porque es una marcianada de padre y muy señor mío, pero sí es cierto que esto es material de derribo de la más baja estofa. Pero te la ves del tirón sin demasiados aspavientos.
Por supuesto, la mayoría de los actores que aparecen en la película son desconocidos, pero Offer tiene la suficiente fama como para embaucar a alguna que otra celebridad, así, veremos sketchs protagonizados por Slash de Guns´n´Roses o Michael Clarke Duncan, entre otros.
En 2013 Offer rodó una especie de secuela titulada “InAPPropiate Comedy”, ya de manera mucho más autoconsciente que esta primera película, y para la que logró contar con Adrien Brody, Michelle Rodríguez, Rob Schneider y Lindsay Lohan. A ver si doy con una copia y, en un futuro, les digo que tal.
viernes, 8 de diciembre de 2017
SCUMBAG HUSTLER
Uno de los personajes más interesantes del underground
americano contemporáneo —más interesante como concepto que como artista, como
debe ser— tiene un carácter “Exploit”, tiene su residencia sita en Brooklyn,
New York y factura películas eminentemente amateur que luego un sello
especializado en este tipo de productos lanza a la venta en DVD. Y tiene su
público. Su nombre es Sean Weathers.
Su forma de grabar es sencilla: da al rec de su videocámara
—que suele usar, muchas veces, alguna que otorga a sus películas una calidad de
imagen de lo más ponzoñosa— y graba y graba, dejando que la película vaya
saliendo prácticamente sola. Como la mayoría de sus películas las protagoniza
él mismo, desde que empezó a grabar en los 90 se hace acompañar de un tal Aswad
Issa que es quién lleva la cámara en sus producciones, mientras este da rienda
suelta a sus locuras. A veces, este Issa, también co-dirige.
Cultiva el “cine de guerrilla” en todo su esplendor, puesto
que tiene el morro suficiente como para meterse junto a Issa en un centro
comercial e improvisar allí mismo, delante de la gente, una escena en la que se
inyecta heroína, para después salir de allí como si tal cosa con una escena
completa. Luego lo monta todo de una manera bastante torpe en el ordenador de
su casa, y a veces compone la música que servirá de banda sonora en un
sintetizador, a veces la roba, y la mayoría de las veces, utiliza música libre
de derechos decantándose por la música clásica.
Le pasa factura a todos los géneros, comedia, terror, drama,
acción… y su estilo se caracteriza por ser escandalosamente violento, pasarse
de sensacionalista y darle tal importancia al erotismo, que muchas veces lo
confunde con el porno. De hecho, tiene a su disposición un ejército de
zorrillas barriobajeras que no dudan en someterse a sus instrucciones de
director, instrucciones estas que Weathers aprovechará en su propio beneficio:
El porno que vemos en sus películas no es explícito, nunca vemos penetraciones
o felaciones, pero haberlas, haylas. Se ve claramente que Weathers se folla a
las actrices de verdad en esas escenas.
Weathers no va a convenciones de cine raro ni a festivales
de ningún tipo, no porque no quiera, sino porque, en su torpeza, no sabe como
hacer para estar allí, por un lado, y por otro porque no le invitan. Toda su
experiencia con público se limita al pase de su película más bruta y conocida
(“They all Must Die”, una peli rodada en vídeo cutre sobre violaciones en la
que se ve que se pasa tres pueblos…) en un televisor de un bar cochambroso de
Manhattan, del que casi sale apaleado porque el público, compuesto de blancos y
de negros, se enfrentó entre sí; mientras que los blancos se ofendían por la
violencia y las escenas de violación que mostraba su película, los negros
aplaudían estas con efusividad. A Weathers le pilló en medio del pifostio.
Sin embargo, no se dejen fascinar del todo por esto que les
cuento; Weathers es un individuo odiable. Por un lado, es un director trillado
y obvio que en su estupidez afirma que
sus influencias van de Orson Welles a Tarkovski o Kubrick (cuando sus películas
tienen una mentalidad del todo “Expolit”), y por otro, es el clásico cachitas
vanidoso y cholillo al que no le pega nada hacer cine amateur chungo y feista.
Si visitan su instagram, comprobarán que está más preocupado en hacerse selfies
mostrando sus trabajados abdominales que en cualquier otra cosa. No obstante,
resulta entrañable su ingenuidad; como un Tommy Wiseau cualquiera, el cree
estar haciendo un cine de la hostia, aunque también es consciente de que se
mueve en terrenos marginales, terrenos dónde se siente a gusto porque tiene un
público. Vamos, que hay intencionalidad de ser, y permanecer underground.
En contrariedad a sus
influencias, Sean Weathers es un aficionado al cine “Exploitation”, al terror y
a la serie B, que desarrolló su cinefilia a la vez que cometía delitos de toda
índole al estar mezclado, en su adolescencia, con pandillas callejeras. Si en
estas tropelías mató o no a otras personas es un detalle que el director omite
en las entrevistas, pero asegura que la violencia y la muerte estuvieron muy
presentes en su día a día como pandillero, y que sin duda, esos días fueron una
inspiración para lo que plasma hoy en sus películas.
Lo curioso es que el cine le sacó del crimen y las pandillas.
En uno de sus muchos asaltos, un buen día robó una videocámara domestica y
comenzó a grabar las andanzas de sus amigos pandilleros. Se volvió adicto a la
videocámara. A medida que experimentaba con ella, le fue interesando más el
hecho de hacer sus propias películas que el de ir por ahí haciendo el mal, por
lo que abandonó las bandas y se puso a grabar como loco toda suerte de cortos,
hasta que en 1996, con tan solo 16 años, graba su primer largo “House of the
Dammed” un pequeño “éxito” dentro de los circuitos especializados (y
marginales). Y así hasta hoy.
Mi primer contacto con su obra es con la reciente “Scumbag
Hustler” de 2014 y yo creo que es la película ideal para iniciarse con Withers
ya que es una excelente carta de presentación.
Con estructura de película porno, “Scumbag Hustler”, en
clave de comedia, nos cuenta la historia
de Solomon Crow, un politoxicómano de las calles de Brooklyn que lo único que
hace es tratar de conseguir dinero para poder comprar su dosis diaria de crack,
heroína o cualquier droga que se pone a tiro. Mientras que su cuñado trata de
llevarle por el buen camino, este lo único que hará es conseguir dinero de la
manera que sea y drogarse… además follarse a toda hembra que se encuentra por
el camino.
Entonces, lo dicho, como una película porno. Una escena del
negrata buscando pasta y drogándose da paso a una de folleteo, para volver a
ponerse a buscar pasta, y así todo el rato. No hay planteamiento, nudo y
desenlace. Por no tener, no tiene ni un final cerrado. Solo una escena tras de otra.
Pero todo este rollo tiene, a grandes rasgos, su gracia. El
hecho de ser un vídeo tan crudo, un montaje tan tosco y estar casi toda la
película resuelta a base planos secuencia, amén del morro que le hecha Weathers
en sus escenas más de guerrilla, y el amateurismo que desprende la película
entera, sumado a la inutilidad como creador de Weathers (eso sí, posee grandes
habilidades como follador) ya me ganaron nada más ver la película. Y es que en
el fondo está hasta entretenida según se mire.
Lo bueno es que hay una intencionalidad de hacer una
comedia, y esta se resuelve a base de “slapstick” cuando el protagonista se va
a drogar, básicamente, poniendo Weathers (que protagoniza la peli) caras de
ansia, o con gags en los diálogos (muchas veces inapreciables para mí por la
barrera que supone el idioma) de lo más tontos. En cualquier caso, ninguna de
las formas de comedia ofrecidas por Weathers funciona, por lo que la comedia se
torna involuntaria, y tiene más gracia de la que inicialmente el director pretende.
La película acaba funcionando a base de
accidentes.
Por lo demás, el visionado de esta película se queda en mera
anécdota; una vez ha terminado se acabó también la broma, pero por lo que sea,
Sean Weathers ha despertado mi curiosidad y, sí, voy a ver alguna más de sus
películas.
Obviamente, el fandom más mainstream (e incluso el
especializado), que se abstenga de verla… esto es solo para los más curiosos e
inquietos arqueólogos cinematográficos. Sean Weathers y “Scumbag Hustler” no se
encuentra en la catacumbas del cine, pero sí en las cloacas ¡Y eso que se
venden sus DVDs en los USA como churros!
Tampoco sean ustedes obvios ni asocien esta película al
Hip-Hop por que esté realizada por negros; Sean Weathers odia el rap, sin
embargo, fue amigo de Notorious B.I.G ya que eran del mismo barrio. Cuando este
se hizo famoso y popular, Weathers le tentó para que apareciese en una de sus
películas. Weathers dice que al final no acabó apareciendo en ella, porque su
gente (su equipo, sus managers, la gente que rodeaba al rapero) no le dejó
hacerlo. Pero estaba dispuesto a hacerlo.
sábado, 7 de marzo de 2020
TRUE INDIE
No es que sea fan de Don Coscarelli, ni mucho menos. La única peli suya que poseo legalmente es el primer "Phantasma" y tampoco me vuelve loco, pero le tengo aprecio. A partir de ahí, me hicieron gracia en su día alguna de las secuelas de aquella, pero poca cosa más. Sin embargo, me apasiona leer biografías y autobiografías de gente de cine, especialmente si se dedican a mi género favorito... muy a su pesar. Y sí, me temo que Coscarelli es exactamente como el 95% (el otro 5% pertenece al gran John Carpenter) de los "maestros del horror" que arrancaron durante los años setenta, alguien que dio sus primeros pasos muy muy joven rodando nada menos que un melodrama con padre alcohólico e hijo sufriente. Quería ganarse un respeto desde buen principio, hacer cine de calidad, pero eso no da pasta. Tampoco la dio su siguiente obra, una comedia amable proto-nostálgica titulada "Kenny & Company", así que finalmente se rindió a la evidencia: Hay que facturar una de terror, que son las que funcionan en taquilla. Y joder si funcionó. Pero junto a los billetes verdes viene el encasillamiento por parte de industria y fandom, especialmente estos últimos, que no dejan a sus héroes avanzar y probar cosas distintas. Les aman tanto que les condenan a terminar visitando convenciones, sentándose tras una triste mesa, cobrando por firmar posters y posar en fotos al lado de retardados con sobrepeso. Fatídico día aquel en el que el amor por el cine de terror se convirtió en una religión. Una secta. Muy deprimente.
Pero Don Coscarelli quiere dejar claro que, a pesar de todo, es un tipo feliz y enfoca todos los episodios de su vida con alegría. Incluso los más miserables, como la ocasión en la que se lió a producir de forma totalmente amateur la infame "Phantasm: Ravager". Para otro hubiese sido el último clavo del ataúd, pero no para él, que lo tomó como un regreso a sus felices tiempos de estudiante. Entre medias, pues nos da envidia explicando lo bien que se lo pasó cenando junto a Carpenter, John Landis, Stuart Gordon o Larry Cohen en un encuentro coleguero. Cómo se reunía con Sam Raimi para intercambiar anécdotas. O recurre al socorrido Quentin Tarantino para explicarnos que lo conoció cuando era un pipiolo y aconsejó sabiamente... hasta que el dire de "Malditos Bastardos" alcanzó cotas demasiado elevadas como para seguir tratando con el bueno de Don Coscarelli. Un cineasta sencillo, que ha sufrido constantemente el rechazo de grandes productoras y, puntualmente, algún festival de renombre, viéndose obligado a buscarse las habichuelas, conseguir la pasta por su cuenta (aunque siempre contó con el apoyo -económico y anímico- de sus generosos padres), tragarse el orgullo innumerables veces, arrastrarse otras tantas y rodar películas desde la independencia más absoluta que, no obstante, suelen tener un acabado harto profesional (un buen título alternativo para el libro, teniendo en cuenta todo lo dicho, sería "True Indie... porque no me quedan más cojones").
Por fortuna, Coscarelli no pierde el tiempo con chorradas. Desde buen principio el libro se centra en la confección de sus películas, de la primera a la última, usando para ello una prosa super-sencilla, sin florituras, ni absolutamente nada que complique o enturbie la lectura. Es cierto que no detalla mucho algunos aspectos de sus rodajes que podrían ser interesantes, pero se centra en otros nada desdeñables y que despiertan una sonrisa. No tenía ni idea que "Beastmaster" himself, Marc Singer, era un auténtico capullo que hizo la vida imposible a su director. Y se/te pone tierno cada vez que habla de sus inseparables Michael Baldwin, Reggie Bannister, Bill Thornbury y Angus Scrimm, al que dedica un muy sentido capítulo. Los llama "phamilia" y, visto lo visto + leído lo leído, no es para menos.
Recomendable.
Pero Don Coscarelli quiere dejar claro que, a pesar de todo, es un tipo feliz y enfoca todos los episodios de su vida con alegría. Incluso los más miserables, como la ocasión en la que se lió a producir de forma totalmente amateur la infame "Phantasm: Ravager". Para otro hubiese sido el último clavo del ataúd, pero no para él, que lo tomó como un regreso a sus felices tiempos de estudiante. Entre medias, pues nos da envidia explicando lo bien que se lo pasó cenando junto a Carpenter, John Landis, Stuart Gordon o Larry Cohen en un encuentro coleguero. Cómo se reunía con Sam Raimi para intercambiar anécdotas. O recurre al socorrido Quentin Tarantino para explicarnos que lo conoció cuando era un pipiolo y aconsejó sabiamente... hasta que el dire de "Malditos Bastardos" alcanzó cotas demasiado elevadas como para seguir tratando con el bueno de Don Coscarelli. Un cineasta sencillo, que ha sufrido constantemente el rechazo de grandes productoras y, puntualmente, algún festival de renombre, viéndose obligado a buscarse las habichuelas, conseguir la pasta por su cuenta (aunque siempre contó con el apoyo -económico y anímico- de sus generosos padres), tragarse el orgullo innumerables veces, arrastrarse otras tantas y rodar películas desde la independencia más absoluta que, no obstante, suelen tener un acabado harto profesional (un buen título alternativo para el libro, teniendo en cuenta todo lo dicho, sería "True Indie... porque no me quedan más cojones").
Por fortuna, Coscarelli no pierde el tiempo con chorradas. Desde buen principio el libro se centra en la confección de sus películas, de la primera a la última, usando para ello una prosa super-sencilla, sin florituras, ni absolutamente nada que complique o enturbie la lectura. Es cierto que no detalla mucho algunos aspectos de sus rodajes que podrían ser interesantes, pero se centra en otros nada desdeñables y que despiertan una sonrisa. No tenía ni idea que "Beastmaster" himself, Marc Singer, era un auténtico capullo que hizo la vida imposible a su director. Y se/te pone tierno cada vez que habla de sus inseparables Michael Baldwin, Reggie Bannister, Bill Thornbury y Angus Scrimm, al que dedica un muy sentido capítulo. Los llama "phamilia" y, visto lo visto + leído lo leído, no es para menos.
Recomendable.
sábado, 1 de abril de 2023
2013: RESCATE EN L.A.
Fui a ver la famosa/infame secuela de "1997: Rescate en Nueva York" cuando se estrenó en una sala medio vacía. Al salir, la sensación no era demasiado entusiasta. Aún así, cegado por mi fanatismo juvenil hacia su director, corrí a escribir una reseña muy positiva para un fanzine de naturaleza punk/radikal llamado "Sancocho Metálico", donde me centré en el notable lado subversivo del film, demostrando de esta manera que, ocasionalmente, las películas más comerciales y aparentemente tontunas son las más críticas con el "establishment", las más transgresoras, sin necesidad de dárselas de cine de autor y/o intelectual. No obstante, en mi fuero interno sabía que John Carpenter y su troupe (Debra Hill y el mismo Kurt Russell, los tres autores del guion. Me los puedo imaginar embriagados de nostalgia y echándose unas escandalosas risas entre tecleo y tecleo) me habían fallado. Pero ya saben como es esto del paso del tiempo y la perspectiva. Ayer, aprovechando que la daban por la tele, me animé a verla, sin el peso de todo el trajín emocional.
La hija del presidente de los USA se ha liado con un revolucionario y huido hasta la ciudad de Los Ángeles, convertida ahora en una isla donde deportan a todos los ciudadanos indeseables (que roban, violan, asesinan y estafan, pero también van los que fuman, comen carne roja, beben, dicen tacos y son ateos) En su huida se llevó un aparato capaz de dejar sin electricidad al planeta entero y temen que lo utilice. Una vez más, engañan a Serpiente Plissken -y mira que es lerdo- para que acuda y, en tiempo límite -antes de que le mate un virus inoculado en su sangre-, recupere el trasto y elimine a la niña, al revolucionario y a todo aquel que se ponga a tiro.
Entramos de lleno en la etapa "flojucha" de la filmografía de Carpenter. Dejadas atrás sus aportaciones más o menos dignas de finales de los ochenta ("El príncipe de las tinieblas", "Están Vivos" o "Memorias de un hombre invisible") en los 90 vivió años no demasiado inspirados. Todo lo parido entonces era más bien desangelado y patosillo (salvo "En la boca del miedo", pero por los pelos) Y "2013: Rescate en L.A." le va a la zaga. Lo que ocurre es que es la secuela directa (o más bien remake encubierto) de una peli muy querida. Y un personaje igual de apreciado. Y eso pesa. En una no muy antigua convención visitada por John Carpenter, hubo quien se atrevió a esputar una pregunta mal intencionada sobre el film reseñado, ¿y qué hizo nuestro querido filmmaker? -en una época en la que ya se había vuelto la mar de gruñón-, responderle con un seco y significativo "Fuck you!"
Aceptémoslo, "2013: Rescate en L.A." es malilla. Muy tonta. Además, gasta unos efectos visuales dolorosamente malos. El CGI aún andaba en pañales, sí. Pero es que también los "mate paintings" dejan mucho que desear. A pesar de ello, vista ayer, y consciente de que no podía esperar gran cosa, la disfruté. Me entretuvo. Tanto por sus momentos buenos (el duelo con la oxidada lata de por medio), como patéticos (el famoso surfeo en la cresta de un tsunami. De verdad, ¿qué se habrían fumado Carpenter, Russell y Hill en ese momento?). Y, como decía al principio, por todo ese saludable espíritu crítico -y premonitorio- hacia los Estados Unidos y sus poderes fácticos (con un presidente cobarde que solo sabe rezar, el parafascismo ultra-moral, etc), así como las ideas delirantes (el grupo de deformes adictos a los retoques de cirugía estética. El gang compuesto de niños altamente violentos armados hasta la sobaquera), la aniquilación de algunas convenciones narrativas (evitar cualquier subtrama amorosa acribillando a la chica de la peli cuando menos te lo esperas) y el brutal desenlace. Decir que "2013: Rescate en L.A." es una película mala pero divertida sería excesivo, pero sí es cierto que gasta un sutil tufo a "placer culpable" del todo entrañable.
Estaremos de acuerdo en que su verdadero fuerte es la tremenda galería de rostros que van asomando a lo largo de la función, casi todos habituales "personalidades cult", y acaparan desde el protagonista hasta, casi, los extras. Ahí va el listado completo (Kurt Russell aparte): Stacy Keach, Cliff Robertson, Valeria Golino, Steve Buscemi, George Corraface, Bruce Campbell, Robert Carradine, Peter Fonda, Pam Grier, Paul Bartel, Peter Jason, Leland Orser, Al Leong, Thomas Rosales Jr. y, aunque no aparezca acreditado en ninguna parte, un fugaz Marco Rodríguez (el psycho del supermercado en "Cobra"). Tremendo ¿verdad?, es un auténtico regalo para el aficionado. No obstante, este no respondió con mucho entusiasmo y la peli se estrelló en taquilla. Otro palo gordo para un Carpenter que veía como, poco a poco, su llama se apagaba sin remisión. Desde entonces, el único medio por el que Serpiente Plissken se ha movido ha sido el noveno arte. En lo referente al audiovisual, ha habido rumores de series, secuelas y remakes... pero, hasta ahora, na de na. Si algo de todo eso prospera, seguramente será ya sin un Kurt Russell que anda pensando en retirarse. Francamente, mejor así. Es este uno de esos personajes que solo funcionan con un rostro y unas maneras, las del actor que le dio vida desde buen principio. ¿Se imaginan otro tipo haciendo de "Harry Callahan", "John Rambo", "Indiana Jones" o "John Matrix"? No, no molaría nada.
La hija del presidente de los USA se ha liado con un revolucionario y huido hasta la ciudad de Los Ángeles, convertida ahora en una isla donde deportan a todos los ciudadanos indeseables (que roban, violan, asesinan y estafan, pero también van los que fuman, comen carne roja, beben, dicen tacos y son ateos) En su huida se llevó un aparato capaz de dejar sin electricidad al planeta entero y temen que lo utilice. Una vez más, engañan a Serpiente Plissken -y mira que es lerdo- para que acuda y, en tiempo límite -antes de que le mate un virus inoculado en su sangre-, recupere el trasto y elimine a la niña, al revolucionario y a todo aquel que se ponga a tiro.
Entramos de lleno en la etapa "flojucha" de la filmografía de Carpenter. Dejadas atrás sus aportaciones más o menos dignas de finales de los ochenta ("El príncipe de las tinieblas", "Están Vivos" o "Memorias de un hombre invisible") en los 90 vivió años no demasiado inspirados. Todo lo parido entonces era más bien desangelado y patosillo (salvo "En la boca del miedo", pero por los pelos) Y "2013: Rescate en L.A." le va a la zaga. Lo que ocurre es que es la secuela directa (o más bien remake encubierto) de una peli muy querida. Y un personaje igual de apreciado. Y eso pesa. En una no muy antigua convención visitada por John Carpenter, hubo quien se atrevió a esputar una pregunta mal intencionada sobre el film reseñado, ¿y qué hizo nuestro querido filmmaker? -en una época en la que ya se había vuelto la mar de gruñón-, responderle con un seco y significativo "Fuck you!"
Aceptémoslo, "2013: Rescate en L.A." es malilla. Muy tonta. Además, gasta unos efectos visuales dolorosamente malos. El CGI aún andaba en pañales, sí. Pero es que también los "mate paintings" dejan mucho que desear. A pesar de ello, vista ayer, y consciente de que no podía esperar gran cosa, la disfruté. Me entretuvo. Tanto por sus momentos buenos (el duelo con la oxidada lata de por medio), como patéticos (el famoso surfeo en la cresta de un tsunami. De verdad, ¿qué se habrían fumado Carpenter, Russell y Hill en ese momento?). Y, como decía al principio, por todo ese saludable espíritu crítico -y premonitorio- hacia los Estados Unidos y sus poderes fácticos (con un presidente cobarde que solo sabe rezar, el parafascismo ultra-moral, etc), así como las ideas delirantes (el grupo de deformes adictos a los retoques de cirugía estética. El gang compuesto de niños altamente violentos armados hasta la sobaquera), la aniquilación de algunas convenciones narrativas (evitar cualquier subtrama amorosa acribillando a la chica de la peli cuando menos te lo esperas) y el brutal desenlace. Decir que "2013: Rescate en L.A." es una película mala pero divertida sería excesivo, pero sí es cierto que gasta un sutil tufo a "placer culpable" del todo entrañable.
Estaremos de acuerdo en que su verdadero fuerte es la tremenda galería de rostros que van asomando a lo largo de la función, casi todos habituales "personalidades cult", y acaparan desde el protagonista hasta, casi, los extras. Ahí va el listado completo (Kurt Russell aparte): Stacy Keach, Cliff Robertson, Valeria Golino, Steve Buscemi, George Corraface, Bruce Campbell, Robert Carradine, Peter Fonda, Pam Grier, Paul Bartel, Peter Jason, Leland Orser, Al Leong, Thomas Rosales Jr. y, aunque no aparezca acreditado en ninguna parte, un fugaz Marco Rodríguez (el psycho del supermercado en "Cobra"). Tremendo ¿verdad?, es un auténtico regalo para el aficionado. No obstante, este no respondió con mucho entusiasmo y la peli se estrelló en taquilla. Otro palo gordo para un Carpenter que veía como, poco a poco, su llama se apagaba sin remisión. Desde entonces, el único medio por el que Serpiente Plissken se ha movido ha sido el noveno arte. En lo referente al audiovisual, ha habido rumores de series, secuelas y remakes... pero, hasta ahora, na de na. Si algo de todo eso prospera, seguramente será ya sin un Kurt Russell que anda pensando en retirarse. Francamente, mejor así. Es este uno de esos personajes que solo funcionan con un rostro y unas maneras, las del actor que le dio vida desde buen principio. ¿Se imaginan otro tipo haciendo de "Harry Callahan", "John Rambo", "Indiana Jones" o "John Matrix"? No, no molaría nada.
sábado, 15 de mayo de 2021
HAIL TO THE DEADITES
"Hail to the deadites" es un documental que gira en torno a los fans de la saga "Evil Dead", es decir: "Posesión Infernal", "Terroríficamente muertos" y "El ejército de las tinieblas" (por entonces la serie ya andaba lista, pero aún no se había emitido). Nos muestra cómo viven intensamente su pasión y cómo se vuelven locos por acudir a las convenciones a por una firma, abrazo + charleta con Bruce Campbell o alguno de los integrantes del reparto de las tres pelis.
Confieso que la primera vez que vi el trailer, me entraron arcadas y dolores rectales. Sí, soy devoto y admirador del "Posesión Infernal" primigenio. Me atrevería incluso a usar la palabra "fan". Pero uno bastante racional. Es decir, tengo sendas ediciones de la peli, en dvd (la del libro de "Anchor Bay"), blu-ray o vhs, la veo varias veces al año, dispongo del póster original de la época, camisetas e incluso una figurita (entre otras pijadillas más)... pero para nada me considero uno de estos tarados que llaman "Ash" a su hijo, se tatúan el story-board completo de la trilogía, consideran que esta ejerce casi de cura para el cáncer, el tifus o la gonorrea, visten cual hombre-anuncio a base de parches y chapas o eyaculan si su brazo roza con el de Bruce Campbell (cosa que experimenté en su día -dos veces, Sitges 1991 / 1992-, así que puedo afirmar alegremente que, a pesar del gozo, no hubo corrida por mi parte). Y mucho menos me disfrazaría de ninguno de los personajes de los films para acudir a esos antros tan fascinantes como deprimentes llamados "Cons".
Así pues, si como documental "Hail to the deadites" es pasable, visible, como algo que me toca más en lo personal, profundo o espiritual, resulta bastante irritante. En serio, no creo que ese nivel de fanatismo sea saludable. No solo para las mentes de los practicantes, también para las películas en sí mismas. Cuando se sobre-explotan de este modo, se sobre-soban, sobre-lamen, sobre-adoran, sobre-analizan, sobre-merchandisingizan y sobre-todolodemás, creo que pierden algo. Se tornan como cachivaches manoseados, sin alma, sin misterio y sin magia. Así que poca gracia me hace ver como Tom Sullivan preside una pedida de mano entre dos mongers (que tanto rollo, tanta lágrima y tanta emocionalidad de saldo para, luego, durar solo un año casados) o cómo un tío de encías tan hinchadas como las mías, que dice parecerse a Bruce Campbell (ya le gustaría), llora cuando cuenta su encuentro con este. Incluso me avergüenza un poco compartir ciertas pasiones con semejantes especímenes.
Una vez leí que el fandom norteamericano tendía a "celebrar la mediocridad". No es que las pelis de la trilogía sean mediocres, ¡¡ ni por el forro !!, pero si lo entendemos como que semejante peña se flipa a niveles perturbadores por poco y, en ocasiones, directamente por nada, dejando la objetividad, la serenidad y el buen gusto bajo el felpudo, este documental es, en parte, buena prueba de ello. No me extraña nada que Sam Raimi se mantenga lo más lejos posible de semejante cristo (menos cuando toca promocionar algo para sacarles pasta, claro).
Al final, lo único inteligente que se dice en todo el mamotreto sale de boca de Chris Alexander, ex-editor de "Fangoria", "cineasta" semi-amateur y ególatra descontrolado, quien opina que el fandom de "Evil Dead" se divide en tres, dependiendo de cual consumiste primero. Es algo que he comprobado yo mismo y tengo claro. Considerando que en nuestra tierra no hubo un fandom del horror genuinamente ruidoso, "masivo" e incluso mediático, hasta unos años DESPUÉS del estreno de "Terroríficamente muertos", esta es la que suele llevarse casi todas las simpatías y admiraciones. En mi caso, nací como aficionado al género con la primera, la original, la mejor, aquella en la que se suponía que "Ash" la palmaba al final (¡gloriosa y traumática mentira!). Y ahí me quedo. Contento, orgulloso, tranquilo y SOLO.
Los fanes más recalcitrantes que no se me acerquen demasiado, gracias.
Confieso que la primera vez que vi el trailer, me entraron arcadas y dolores rectales. Sí, soy devoto y admirador del "Posesión Infernal" primigenio. Me atrevería incluso a usar la palabra "fan". Pero uno bastante racional. Es decir, tengo sendas ediciones de la peli, en dvd (la del libro de "Anchor Bay"), blu-ray o vhs, la veo varias veces al año, dispongo del póster original de la época, camisetas e incluso una figurita (entre otras pijadillas más)... pero para nada me considero uno de estos tarados que llaman "Ash" a su hijo, se tatúan el story-board completo de la trilogía, consideran que esta ejerce casi de cura para el cáncer, el tifus o la gonorrea, visten cual hombre-anuncio a base de parches y chapas o eyaculan si su brazo roza con el de Bruce Campbell (cosa que experimenté en su día -dos veces, Sitges 1991 / 1992-, así que puedo afirmar alegremente que, a pesar del gozo, no hubo corrida por mi parte). Y mucho menos me disfrazaría de ninguno de los personajes de los films para acudir a esos antros tan fascinantes como deprimentes llamados "Cons".
Así pues, si como documental "Hail to the deadites" es pasable, visible, como algo que me toca más en lo personal, profundo o espiritual, resulta bastante irritante. En serio, no creo que ese nivel de fanatismo sea saludable. No solo para las mentes de los practicantes, también para las películas en sí mismas. Cuando se sobre-explotan de este modo, se sobre-soban, sobre-lamen, sobre-adoran, sobre-analizan, sobre-merchandisingizan y sobre-todolodemás, creo que pierden algo. Se tornan como cachivaches manoseados, sin alma, sin misterio y sin magia. Así que poca gracia me hace ver como Tom Sullivan preside una pedida de mano entre dos mongers (que tanto rollo, tanta lágrima y tanta emocionalidad de saldo para, luego, durar solo un año casados) o cómo un tío de encías tan hinchadas como las mías, que dice parecerse a Bruce Campbell (ya le gustaría), llora cuando cuenta su encuentro con este. Incluso me avergüenza un poco compartir ciertas pasiones con semejantes especímenes.
Una vez leí que el fandom norteamericano tendía a "celebrar la mediocridad". No es que las pelis de la trilogía sean mediocres, ¡¡ ni por el forro !!, pero si lo entendemos como que semejante peña se flipa a niveles perturbadores por poco y, en ocasiones, directamente por nada, dejando la objetividad, la serenidad y el buen gusto bajo el felpudo, este documental es, en parte, buena prueba de ello. No me extraña nada que Sam Raimi se mantenga lo más lejos posible de semejante cristo (menos cuando toca promocionar algo para sacarles pasta, claro).
Al final, lo único inteligente que se dice en todo el mamotreto sale de boca de Chris Alexander, ex-editor de "Fangoria", "cineasta" semi-amateur y ególatra descontrolado, quien opina que el fandom de "Evil Dead" se divide en tres, dependiendo de cual consumiste primero. Es algo que he comprobado yo mismo y tengo claro. Considerando que en nuestra tierra no hubo un fandom del horror genuinamente ruidoso, "masivo" e incluso mediático, hasta unos años DESPUÉS del estreno de "Terroríficamente muertos", esta es la que suele llevarse casi todas las simpatías y admiraciones. En mi caso, nací como aficionado al género con la primera, la original, la mejor, aquella en la que se suponía que "Ash" la palmaba al final (¡gloriosa y traumática mentira!). Y ahí me quedo. Contento, orgulloso, tranquilo y SOLO.
Los fanes más recalcitrantes que no se me acerquen demasiado, gracias.
sábado, 24 de enero de 2026
ÁREA 51
Siempre he creído que los devotos del fenómeno Ovni, esos convencidos de que existen los alienígenas y nos visitan con regularidad o lo han hecho en el pasado ("los partidarios de la teoría de los antiguos astronautas" según "DMAX".... me encanta el término, si militase en una banda de punk rock nos llamaríamos así), tienen muy poca fe en la raza humana, porque, según ellos, todos los grandes logros perpetrados por los habitantes del planeta tierra desde que salimos de las grutas no son cosa nuestra, son los marcianos que nos echaron un cable (e incluyo a inventores visionarios de esos de peso. En tal caso, significa que eran unos personajes muy poco honestos, bastante jetas, atribuyéndose las respectivas invenciones en lugar de reconocer su origen intergaláctico). Vamos, que sin ellos no habríamos hecho la O con un canuto y, supongo, todavía viviríamos en las grutas sacándonos piojos y comiéndolos con delectación. Ahora imagínense que a tres de estos elementos les dan un equipo de cámaras de vídeo y los mandan a la famosa Área 51, allá en el desierto de los USA, una base secreta inexpugnable (a menos que seas el protagonista de una película llamada, errrr, "Área 51") que los "partidarios de la teoría de los antiguos astronautas" están convencidos oculta platillos volantes, marcianos en tarros y mil movidas más.
De eso va esto de lo que les estoy hablando, y digo "esto" con total consciencia del término.
Lo de Oren Peli es un caso peculiar. Alguien que nunca se había planteado hacer cine como una prioridad o pasión en su vida -a pesar de lo premonitorio de semejante apellido, ¡chas-pun!-, simplemente un día agarra varias vídeo-cámaras y decide currarse un largometraje sobre una pareja atusada por un fantasma diabólico invirtiendo poco montante y sacándole chorreante partido a las maneras del "found footage". Luego lo estrena y resulta un bombazo tremendo que acumula un montón de pasta y genera secuelas e imitaciones hasta nuestros días (justo, ya tenemos nueva dosis en camino). Estoy hablando de "Paranormal Activity", claro. Lo curioso del caso es que, no fue ni mucho menos la primera muestra de "material encontrado", antes estuvo la cacareada "The Blair witch project" (y antes "The last boradcast", pero esa es otra historia), sin embargo, se considera la de Oren Peli tan esencial, tan iniciadora, como aquella. Pasa un poco como con.... mmmmh, Bruce Lee y Jackie Chan. No, no desvarío. Tras la muerte de Lee hubo chorromil intentos de buscarle un sustituto. Sin éxito. El problema era que todos los aspirantes se limitaban a imitarle, y mal. No fue hasta que apareció uno con personalidad propia, y maneras propias, que comenzó a existir la posibilidad de considerarlo un sucesor. Hablo de Jackie Chan, por supuesto. Pues aquí pasa lo mismo. "Blair witch..." generó un montón de imitaciones. Ninguna cuajó hasta que llegó "Paranormal Activity" con un enfoque un pelo distinto, un punto de vista algo original, ni que fuesen esos ya clásicos planos eternos de la pareja durmiente mientras a su alrededor se producen toda una serie de fenómenos paranormales. O el hecho de no tener que sufrir al grupito de adolescentes irritantes hacer toda una serie de mongoladas frente a sus cámaras antes de entrar en materia.
Como decía, a Oren Peli "Paranormal Activity" le salió un poco de chiripa. Seguramente por eso, cuando cegados por el éxito, los señores del dinero le encargaron un nuevo "found footage", el recién estrenado director supongo que lo abordó sin mucha convicción. Quizás jamás hubiese dirigido una segunda película porque, aliviada la curiosidad, ¿pa qué reincidir? Pero claro, casi sin quererlo aquella fue un pepinazo y ahora le ofrecían mucho montante para "repetir" la jugada. Y a lo mejor, por eso el resultado, este "Área 51", es tan, tan lamentable.
Sí, amigos, si nunca han oído hablar demasiado de ella es porque estamos ante un auténtico chuzo inaguantable. ¿Cómo decirlo? Para comenzar Oren Peli echa mano de todas aquellas convenciones del "found footage" ausentes en su debut y por lo que terminó resultando medianamente novedoso. Es decir, incontables minutos de jovenzuelos irritantes haciendo el subnormal en espera del arranque del verdadero mondongo. Y una vez este comienza, resulta que carece de suspense, misterio, progresión, interés... ni tan siquiera incorpora sobresaltos... y mira que lo intentan. Amigos, no he presenciado una película más MUERTA, más inútil. Aburre desde el minuto uno. Y no deja de hacerlo hasta su conclusión.
¿Exagero? Díganselo a los distribuidores, que la situaron en un estante nomás verla y ahí anduvo SEIS años, esperando, hasta que tragaron saliva y osaron lanzarla... eso sí, en plan estreno ultra-limitado y directa a mercados menores. O, mejor aún, díganselo a Oren Peli, que desde entonces no ha vuelto a dirigir, limitando su presencia a la de productor ejecutivo de las entregas consiguientes a "Paranormal Activity", claro, pero también de "Insidious" (y secuelas), "The Lords of Salem" de Rob Zombie o aquella curiosidad titulada "The Bay", en la que un director de prestigio como Barry Levinson probaba esa cosa nueva del "found footage". Y, oiga, me parece un gesto sabio. Honesto. Sobre todo considerando que, igualmente, se habrá llenado los bolsillos y, esta vez, sin tener que dar la cara ni pasar la vergüenza que genera algo como "Área 51".
De eso va esto de lo que les estoy hablando, y digo "esto" con total consciencia del término.
Lo de Oren Peli es un caso peculiar. Alguien que nunca se había planteado hacer cine como una prioridad o pasión en su vida -a pesar de lo premonitorio de semejante apellido, ¡chas-pun!-, simplemente un día agarra varias vídeo-cámaras y decide currarse un largometraje sobre una pareja atusada por un fantasma diabólico invirtiendo poco montante y sacándole chorreante partido a las maneras del "found footage". Luego lo estrena y resulta un bombazo tremendo que acumula un montón de pasta y genera secuelas e imitaciones hasta nuestros días (justo, ya tenemos nueva dosis en camino). Estoy hablando de "Paranormal Activity", claro. Lo curioso del caso es que, no fue ni mucho menos la primera muestra de "material encontrado", antes estuvo la cacareada "The Blair witch project" (y antes "The last boradcast", pero esa es otra historia), sin embargo, se considera la de Oren Peli tan esencial, tan iniciadora, como aquella. Pasa un poco como con.... mmmmh, Bruce Lee y Jackie Chan. No, no desvarío. Tras la muerte de Lee hubo chorromil intentos de buscarle un sustituto. Sin éxito. El problema era que todos los aspirantes se limitaban a imitarle, y mal. No fue hasta que apareció uno con personalidad propia, y maneras propias, que comenzó a existir la posibilidad de considerarlo un sucesor. Hablo de Jackie Chan, por supuesto. Pues aquí pasa lo mismo. "Blair witch..." generó un montón de imitaciones. Ninguna cuajó hasta que llegó "Paranormal Activity" con un enfoque un pelo distinto, un punto de vista algo original, ni que fuesen esos ya clásicos planos eternos de la pareja durmiente mientras a su alrededor se producen toda una serie de fenómenos paranormales. O el hecho de no tener que sufrir al grupito de adolescentes irritantes hacer toda una serie de mongoladas frente a sus cámaras antes de entrar en materia.
Como decía, a Oren Peli "Paranormal Activity" le salió un poco de chiripa. Seguramente por eso, cuando cegados por el éxito, los señores del dinero le encargaron un nuevo "found footage", el recién estrenado director supongo que lo abordó sin mucha convicción. Quizás jamás hubiese dirigido una segunda película porque, aliviada la curiosidad, ¿pa qué reincidir? Pero claro, casi sin quererlo aquella fue un pepinazo y ahora le ofrecían mucho montante para "repetir" la jugada. Y a lo mejor, por eso el resultado, este "Área 51", es tan, tan lamentable.
Sí, amigos, si nunca han oído hablar demasiado de ella es porque estamos ante un auténtico chuzo inaguantable. ¿Cómo decirlo? Para comenzar Oren Peli echa mano de todas aquellas convenciones del "found footage" ausentes en su debut y por lo que terminó resultando medianamente novedoso. Es decir, incontables minutos de jovenzuelos irritantes haciendo el subnormal en espera del arranque del verdadero mondongo. Y una vez este comienza, resulta que carece de suspense, misterio, progresión, interés... ni tan siquiera incorpora sobresaltos... y mira que lo intentan. Amigos, no he presenciado una película más MUERTA, más inútil. Aburre desde el minuto uno. Y no deja de hacerlo hasta su conclusión.
¿Exagero? Díganselo a los distribuidores, que la situaron en un estante nomás verla y ahí anduvo SEIS años, esperando, hasta que tragaron saliva y osaron lanzarla... eso sí, en plan estreno ultra-limitado y directa a mercados menores. O, mejor aún, díganselo a Oren Peli, que desde entonces no ha vuelto a dirigir, limitando su presencia a la de productor ejecutivo de las entregas consiguientes a "Paranormal Activity", claro, pero también de "Insidious" (y secuelas), "The Lords of Salem" de Rob Zombie o aquella curiosidad titulada "The Bay", en la que un director de prestigio como Barry Levinson probaba esa cosa nueva del "found footage". Y, oiga, me parece un gesto sabio. Honesto. Sobre todo considerando que, igualmente, se habrá llenado los bolsillos y, esta vez, sin tener que dar la cara ni pasar la vergüenza que genera algo como "Área 51".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











