Mostrando las entradas para la consulta nudie ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta nudie ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de agosto de 2014

HISTORIAS INSÓLITAS

Para hablarles de Antony Balch, les remito a la reseña de“Horror en el hospital” donde Naxo explica perfectamente quien es este interesante y mítico director y distribuidor (hizo su propia versión de “Haxan”, película muda de culto, sustituyendo los cartelitos por voz en off de William Burroughs) Inglés, que tan solo cuenta, no obstante con dos largometrajes en su filmografía. “Horror en el hospital” sería uno de ellos, este “Secrets of  Sex” (“Tales of bizarre” en los USA) sería el otro.
Para empezar diré que, efectivamente, esta película se distribuyó en España, supongo que, al menos, en algún pase para televisión, bajo el título de “Historias insólitas”, en un  montaje alterado y censurado, eliminando del mismo todas las escenas de sexo y violencia de la película -que son muchas- convirtiéndola en una mierdecilla sin gracia. No obstante rula por la red un montaje de la misma con el audio castellano, pero integra, con lo que cuando en la película hay sexo o violencia, el audio está en inglés, cosa esta que, inconscientemente por parte del ripeador, se convierte en una nueva versión aún más turbadora de lo que pueda ser la original. Sea como sea, el caso es que su versión en español ha pasado de estar inencontrable a estar a disposición del fan (que es quien se pondrá a buscar estas cosas, supongo).
La película es, desde luego, una curiosidad muy sugestiva: Cuenta, al modo clásico (ya saben, la “Amicus” etc, etc…), y vía un maestro de ceremonias que para la ocasión tiene forma de zarrapastrosa – e inmóvil- momia, una serie de historias cortas de contenido erótico festivo la mayoría,  de violencia y tortura otras pocas, que van pasándole factura a los géneros, a las épocas y a los estilos sin orden ni concierto. La excusa es rodar una película “Nudie” al uso que genere algo de dinero en cines de tercera, pero Balch lo que rueda es un muestrario de sus gustos y preferencias que van desde la serie Z y el cine de terror hasta el cine de arte y ensayo más feroz y vanguardista. Así la película, comienza de una manera claramente artie con unos personajes en pelotas girando y bailando, para pasar a contar una de esas pequeñas historias que forman la película antes de los créditos, y después ser un “Nudie” al uso, muy raro –Un grupito de fornidos muchachotes, apuntan con sus metralletas a otro grupo de señoritas en cueros- en el que se pasa a experimentar con las superposiciones, para, ya si, pasar a la momia que nos va presentando las historias. Todo tiene entonces una narración estándar, para al final volver a los derroteros arties.
A todo eso, añádanle una escena de unos 10 minutos en la que vemos desfilar por pantalla chicos y chicas de buen ver y la momia que nos dice, una vez detrás de otra durante todo ese tiempo, “Imagínense haciendo el amor con esta chica. Imagínense haciendo el amor con este chico”.
En cuanto a los niveles escabrosos, la película tiene algunas escenas gore, con esa sangre tan rojita, como en las pelis de Herschell Gordon Lewis (¡y los mismos colores chillones!... claro son de la época), para en cuestión de segundos saltar a la comedia más tonta y blanca.
En definitiva, una película interesante, rara, entretenida y descabellada, una sucesión de escenas en tierra de nadie que forman una alocada película, y que junto con “Horror en el hospital” son una buena muestra de lo que podía haber sido un director tan particular y cinéfilo, de no ser porque falleció tempranamente.
Recomendable para los que busquen rarezas, en el más amplio sentido de la palabra.

viernes, 16 de julio de 2021

THE ACID EATERS

“The Acid Eaters” es una de las películas más marcianas que he podido ver últimamente, porque, al tratarse de un nudie pergeñado cuando este subgénero está ya dando sus últimos coletazos, coquetea (quizás involuntariamente) con el cine experimental, aporta unos toques de comedia socarrona muy extraños y combina los consabidos bailecillos y las estupendas tetas sesenteras con una extraña trama de consumo de LSD. Pero ¡Ojo! No estamos ante una de esas películas denuncia a la Dwain Esper de años atrás, sino todo lo contrario. “The Acid Eaters” podría ser perfectamente una reivindicación del uso de drogas, una vía de escape para la rutina, según el prólogo.
La película, casi sin diálogos,  abre con una serie de imágenes sin demasiado sentido en las que vemos bocas que mastican comida basura, gente currando de 8 a 5, y manos que sellan cheques. Así  hasta la llegada del viernes, que es justo cuando unos fornidos trabajadores de oficina agarran sus motocicletas y se van al campo para reunirse con unas jamonas que quitan el hipo. Bailarán, pintarán sus cuerpos desnudos y practicarán sexo en grupo hasta que, tras unos paseos en moto, se topan con una gran pirámide por la que escalarán para hacer el amor en cada uno de sus niveles. Se trata de una montaña de ácido en cuyo interior hay un demonio que les promete cumplir todos sus deseos y les enseña a fumar canutos al tiempo que los campistas pretenden conseguir los enormes terrones de azúcar impregnados en ácido que alberga la pirámide.
Una película en la que pasan un montón de cosas pero en la que en realidad no pasa nada… O mejor dicho, no pasa nada hasta que finalmente, pasa algo. Asimismo, “The Acid Eaters”, con sus tiempos muertos y sus largas escenas de folleteo barato, bailecitos y demás situaciones absurdas, es lo suficiente colorida como para que, a pesar de todo eso, la veamos sin agobiarnos demasiado. Además que, a pesar de otras películas de la época sobre el LSD, o como pasaría con todo el cine contracultural de unos años después, huye de las escenas oníricas y las representaciones psicodélicas en pro de unas escenas más teatrales (y baratas de producir) como el bailecito que nos ofrece una tetuda sobre un fondo negro, que danza para el diablo. El diablo, por supuesto, es un señor con un traje de demonio naranja interpretado por un comediante de la época llamado Buck Kartalian que para la ocasión aparece acreditado como Buck Bucky. Kartalian, combinaba pequeños papeles en producciones mainstream con otros más extensos en películas de bajo presupuesto. Llegó a salir, ya en los 90, en cosas como “La Roca”.
Poco más. Quizás sea una película exploit un pelín superior a otras propuestas de la época que, por los motivos que sean, cae simpática, por lo que no se entiende que otros títulos más coñazo tanto del nudie como del drugxploitation tengan hoy un estatus de culto y que “The Acid Eaters” sea completamente ninguneada.
Dirige Byron Made, director de toda suerte de exploits que solía firmar la mayoría de sus películas, esta incluida, bajo el seudónimo de  B. Ron Elliot. Su película más popular sería una de corte parecido a esta titulada “She Freak” que sí firmaría bajo su nombre real (y produjo el legendario David F. Friedman).
Por cierto, estupendas, estupendas, estupendas señoritas las que aparecen en esta película. Vamos, una cosa fuera de lo normal.

lunes, 30 de septiembre de 2019

TONIGHT FOR SURE

Uno de los primeros films de Francis Ford Coppola. Un extraño y curioso nudie etapa pre-Roger Corman que sirvió al afamado director para reciclar algunos de sus trabajos anteriores y, todo mezclado, estrenarlo en el circuito de cine para adultos.
Así, Coppola rueda unas pocas tetas y numeritos de "burlesque", y luego se las apaña para encajar ese material con un cortometraje anterior titulado “The Peeper” que, además, mezclará con parte de una película olvidada que tenía en propiedad titulada “The Wide Open Spaces”. El resultado es este “Tonight for sure”, un corta y pega que ríete tú de Jess Franco o de Tomas Tang, en el que un minero paleto llega a "Sunset Strip" montado en burro y  conoce a un señor de la alta sociedad. Ambos acuden a un club de alterne y al ver a las señoritas bailar y contonearse, darán rienda suelta a sus fantasías eróticas que suceden, entre otros escenarios, en el lejano oeste. Y estas locas situaciones de las que el espectador es testigo, no son más que una excusa para colar unas cuantas escenas eróticas y el material reciclado.
Desde luego, se trata de una mierdecilla a duras penas soportable. Un producto muy de aquella época —los 60— destinado a autocines y salas de baja alcurnia cuya única razón de ser es ganar unos cuantos dólares rápidos.
No hay mucho que destacar, la verdad…
El interés de esta película radica en quién es su director y en lo curioso que resulta ver como previamente a “El Padrino”, Coppola no era más que un artesanal director de géneros y categorías menores. Sin embargo, la película es infinitamente inferior a otras muestras del subgénero como puedan ser, por poner un par de ejemplos de corte popular, “The Adventures of LuckyPierre” de Herschell Gordon Lewis o “La vida sexual de Frankenstein” de Peter Perry Jr. mucho más originales y divertidas (dentro de lo poco divertido que es, por lo general, el nudie). “Tonight for sure” es, amén de una chorrada sin sentido, un rollete bastante exasperante.
También, esta película, supondría una atípica colaboración entre Coppola y algunos de sus compañeros de escuela, por ejemplo, Jack Hill (“Foxy Brown”) hizo las veces de director de fotografía, antes de convertirse en un productor y director de naturaleza eminentemente "exploit2 y, Jerry Schafer, director de “Fist of steel”, se atribuye junto a Coppola un crédito como guionista del engendro.
Por supuesto, de los tres amigos aspirantes a cineastas, al que mejor le ha ido, ha sido a Coppola como pueden deducir.
“Tonight for sure” es lo que es, pero como solo dura una hora, se puede ver sin resoplar mucho siempre y cuando tengamos a mano nuestro teléfono móvil para revisar e-mails o mirar redes sociales. Y es una peli de Coppola… que eso da morbo.

viernes, 7 de junio de 2024

MUNDO DEPRAVADOS

Cuando esta película era tan solo un proyecto, el título bajo el que se auspició fue “Meet me under the bed”.  Por algún extraño motivo, acabó estrenándose como “Mundo Depravados” (al que se le añade el subtítulo de “The World of The Depraved”) que fue con el que, tras el redescubrimiento de la cinta en los 80 por parte de los fanáticos, se convirtió en una suerte de clásico del cine de bóveda.
Supongo que es su condición y escasa repercusión lo que hace que este film procese culto a posteriori, porque quitando un par de elementos que pueden llamar la atención  —vistos con anterioridad en películas mucho más curiosas—, lo cierto es que, más allá de un par de gracietas tontas, “Mundo Depravados”, situada en algún lugar entre el nudie y el porno soft más desprejuiciado de los 60, no es una película que posea nada demasiado especial, ni creo que merezca todo ese culto. De hecho, de puro anodina, me extraña mucho que por según que círculos a día de hoy se la recuerde.
Un individuo ataviado con sombrero y media en la cabeza está asesinando a bellas damiselas cuando salen del gimnasio. Un par de policías llevarán a cabo una investigación para ver si dan con el criminal. Entre tanto, veremos alguna escena erótica, mucha striper luciendo prominente marca de bikini y tetas de todos los colores, olores, sabores y tamaños al mismo tiempo que el espectador es testigo de cómo la pareja de policías, que se encontrará con todo esto durante su trasiego, detiene la acción con el fin de ejecutar una notable variedad de chistes e imitaciones tontas sin venir a cuento, pero que, finalmente, se convierten en la razón de ser de la película. Y es que, sobre todo, “Mundo Depravados” es un vehículo para el lucimiento de los dos cómicos que interpretan a esos policías, Larry Reed y Johnnie Decker, ambos provenientes del mundo de los clubes nocturnos, ambos sin demasiada suerte en su profesión. Previamente pudimos verles hacer algo muy parecido en “Psycho a Go Go!” de Al Adamson, pero poco se prodigaron posteriormente más allá de apariciones episódicas contadas con los dedos en series de televisión y sus rutinas habituales en clubes de poca monta. Asimismo, y también del espectáculo nocturno, Tempest Storm, la protagonista (y única mujer que aparece vestida en toda la película), provenía del mismo ambiente nocturno que Larry Reed y Johnnie Decker, en calidad de bailarina burlesque y striper, si bien a posteriori su trabajo recibiría estatus de leyenda, dedicándose Storm al mundo del despelote durante más de 50 años.
Todos estos personajes, principales o secundarios, del mundo de la noche para adultos, no están en la película porque sí o por sus características en el espectáculo de variedades; resulta que por aquel entonces Tempest Storm era esposa del director de la cinta, Herb Jeffries, quien elaboró un casting compuesto por gente del circulo de aquella. Jeffries fue un actor de tercera categoría y cantante de jazz vocal en los años 30 y 40 que, en el meridiano de su carrera, probó suerte en la producción y dirección con “Mundo Depravados”. Pero el tipo es mucho más interesante, ya que nos podríamos referir a él como una suerte de proto-blaxploiter.
Mulato como era, durante su carrera se hizo la picha un lío con la cosa de la raza porque, según convenía, se consideraba blanco o negro. Su madre era blanca y, según él, su padre era español, portugués, negro e indio americano. Pero se descubrió que, en realidad, Herb Jeffries simplemente era un negro -de nombre real Howard Jeffrey- que se auto adjudicaba toda esta mezcolanza de razas para darse importancia.
Como fuera, fue protagonista en los años 30 de una serie de westerns dedicados al público negro de la época, en los que las tramas y protagonistas eran enteramente de color. Protagonizó cosas icónicas del subgénero como puedan ser “El vaquero bronceado”, “Two Gun Man from Harlem” o “La pradera de Harlem”. Vistas a día de hoy, son una experiencia descacharrante. Y esta locura de blaxploitation primigenio sería el punto álgido en la carrera de Jeffries cuando aún se consideraba negro. Todo lo contrario que cuando dirigió “Mundo Depravados” Para entonces se alisaba el pelo con una plancha, se lo decoloraba e iba por ahí diciendo ser blanco.
“Mondo Depravados” se estrenó y, poco después, Tempest Store y él se divorciaron.
La película tuvo su público natural de pajilleros y entes de mal vivir, y pronto quedaría relegada al ostracismo, por lo que Herb Jeffries se retiraría del mundo del cine apareciendo ya a modo de cameo para solaz de los especialistas en alguna que otra peli menor, dedicándose en cuerpo y alma, hasta su fallecimiento en 2014, a su faceta musical en la que, al igual que la película que nos ocupa, es una figura de culto.
En cuanto a “Mundo Depravados”, solo se trata de un nudie criminal un tanto guarrindongo con toquecitos cómicos, excesivo para según que cosas, pero tampoco como para rasgarse las vestiduras.

martes, 26 de abril de 2011

DIAS DE HORROR Y MUERTE

En 1986 el ínclito Fred Olen Ray compró una costrosa película setentera firmada por Don Davison (originalmente titulada HONEY BRITCHES), le añadió algunos minutos de metraje nuevo y se la vendió a la Troma, que gustosamente la rebautizó como DEMENTED DEATH FARM MASSACRE... THE MOVIE llegando a nuestros video-clubes con el simpático título español que da nombre a la reseña.
Unos ladrones de Joyas de personalidades muy características, dos chicos y sus respectivas novias, tras un gran robo, se quedan sin gasolina en la huida, en lo hondo de la América profunda, topando con una casa donde viven una señorita de muy buen ver, y su católico y paleto marido, repudiador de la gratuita carne, que sin embargo les ofrece alojamiento, puesto que la visión de una de las atracadoras, turba su libido. Por la radio se entera de que sus invitados son ladrones, y acto seguido pasan a ser rehenes de estos. La cosa se complica, cuando al follarse uno de los atracadores a la mujer del paleto, la novia del atracador corre a pelearse con la señora de la casa, que acaba muerta a golpes.
La película se adscribe alegremente a los géneros “redneck” y “violación y venganza” aunque, por lo visto, esta es la versión recortada. Teniéndolo en cuenta, la verdad es que poca cosa puedo decir, aunque por la naturaleza de la cinta, abiertamente “nudie”, me temo que los recortes, mas que de violencia, son de desnudos. De hecho, todas las protagonistas femeninas, son jamonas, muy jamonas (hay una un tanto desgarbada) que parecen paridas para hacer este tipo de películas.
No obstante, y con momentos de aburrimiento extremos, la película se deja ver con total agrado, gracias, por ejemplo, a las misóginas frases que suelta el marido católico durante toda la película: “¡Puta!, me tapo los oídos para no continuar escuchando las sucias palabras que salen de tu sucia boca”, o “Puta, ramera, ¿Cómo osas tentar a un hombre de Dios?” que son algunas de las perlas que suelta por la boca el personaje, así como el trato vejatorio al que son sometidas las mujeres durante todo el metraje. Quizás para muchos, esto sea motivo de denuncia, pero en mi (nuestro) caso, no ajenos a cierto sentido del humor, son momentos para la celebración.
Tenemos también a John Carradine, que forma parte de ese metraje añadido por Fred Olen Ray , y cuya presencia total no llega a cinco minutos. Interpreta, al mas puro estilo Bela Lugosi con Ed Wood, a un señor que nos cuenta los peligros de la carne, al principio, durante y al final de la película.
En resumidas cuentas, la cosa está entretenidilla, a pesar de ser casi toda ella diálogos. O quizás estos sean el verdadero aliciente, por lo marcianos que son. Obviamente, Troma, vendió la película a su público, de manera mucho más demencial y divertida de lo que en realidad es. Menudos piratillas.

lunes, 30 de diciembre de 2013

BLOOD FEAST

A día de hoy, "Blood Feast" (1963) es mundialmente re/conocida como la primera película abiertamente "gore" de la hitoria del cine. En realidad, antes que sus responsables, Herschell Gordon Lewis (director) y David Friedman (productor) -y Allison Louise Downe (guionista)-, el cine asiático y fugazmente el terror italiano ya habían mostrado material notoriamente truculento. Pero en todas aquellas muestras primerizas el "gore" era algo fugaz, un complemento, nunca el protagonista. Eso no llegó hasta que, ahora sí, Lewis y Friedman, dos hombres de negocios puros y duros, más interesados en los billetes verdes que en la creatividad (y ya ni digamos el arrrrte), se dieron cuenta que el frasco de las habichuelas ya no estaba tan lleno desde que el tipo de cine que solía ser su especialidad, no tenía tanto éxito. ¿Y de cual se trataba?, pues de "nudies", "nudie cuties" o de "roughies". Dicho de otro modo, de todo aquello que, aún mostrando tetas y demás actos eróticofestivos, podía estrenarse en pantallas de cine comerciales sin escandalizar demasiado, ni meterse en marrones legales. Por entonces ya existía la pornografía, pero era algo totalmente marginal, clandestino, y así lo sería hasta los años 70. Aquellos que querían pajearse tranquilos sin que la policía les cortara el rollo tenían que conformarse con ver las películas esputadas por gente como el tándem Lewis/Friedman.
Dada la desesperada situación (y saturación de mercado), ambos buscaban otra fórmula
de idéntico potencial lista para ser exprimida. ¿Y si en lugar de "sexo", ofrecían la violencia más destroyer, gráfica y explícita nunca antes mostrada en una pantalla?. El fin era exactamente el mismo: llamar la atención, regalar la vista con aquello considerado inmoral y semi-prohibido y lucrarse durante el proceso. En lugar de follar, la audiencia vería asesinar. Y ya que el mete-saca no podía mostrarse con todo detalle, iban a recrearse enfermizamente y coloridamente en los actos más truculentos y despiadados (aunque sin olvidar a las mozas de buen ver muy ligericas de ropa, of course). Es decir: pornografía. En la pornografía nos importa un güevo lo que pasa entre polvo y polvo. En el "gore", es tres cuartos de lo mismo. Miren los "slashers", o las películas alemanas consideradas extremas. Pasamos a cámara rápida o pensamos en la lista de la compra cuando los personajes hablan o pasean, pero nos paramos y nos deleitamos gustosamente cuando se nos muestra el acto salvaje, la mutilación.
Aunque el talento de H.G.Lewis como cineasta sea muy limitado, no se trataba ya de que el hombre desconociera el modo de facturar bien las películas, es que a él tampoco le interesaban demasiado las partes que no incluían hemoglobina. No por una cuestión de gusto personal, sino porque el material salpicante era el que la gente pagaba por ver. En sus películas "gore" no hay ritmo, ni suspense, casi ni progresión narrativa, solo una serie de excusas para mostrar la chicha, pa ver cómo el asesino de rigor se pasa tres pueblos con la chica bonita, algo que no tardaría en generar acusaciones de misoginia, ya que en todas las producciones sangrientas de Lewis las que reciben son siempre mozas. Sin embargo, calificarlo de tal cosa es un tanto excesivo, ya que la implicación del cineasta con su material es pura y formalmente mínima, muy superficial (de hecho, el guión de "Blood Feast", y tantas otras de parecido calado, lo firmó una mujer, la esposa de Lewis en la época, la mentada Allison Louise Downe). Es un negocio, es dinero, no hay ninguna otra intención detrás, ningún mensaje, ninguna reflexión, ni buena, ni mala.
Lo sé, sueno como un crítico de cine amigo de Garci, pero no se confundan. Que acepte sin remilgos el binomio "gore" = porno, no significa que lo condene. Es un acto de honestidad. No me importa reconocerlo. Tampoco me excita sexualmente, pero sí me fascina y, muchas veces, noto cómo se me dispara la adrenalina y rebobino para volver a ver el hachazo o el aserramiento. Eso sí, siempre, siempre, teniendo bien claro que se trata de trucajes, de mentira. Jamás me verán con una guarrada real entre manos, ni aunque sea un "mondo". Cualquiera que acabe DE VERDAD con la existencia de un ser vivo en una puta peli solo merece que lo cuelguen de los cojones y le aporren la cabeza con un bate de beisbol... y a aquellos que lo ven, lo gozan y lo permiten, igual. Así se lo digo y así se lo cuento.
Una ricacha quiere montarle una fiesta de cumpleaños a su mimada hija (la guapísima chica "Playboy" Connie Mason, realmente incapaz de actuar, como muchas veces reconocieron sin tapujos los mismos Lewis y Friedman), así que contrata los servicios de Ramses, egipcio de grandes y pobladas cejas que es puro histrionimo desbocado (el culpable, Mal Arnold, años después actuaría en uno de los subproductos ultra-"trash" de Donald Farmer, en concreto "Vampire Cop"), para que monte un banquete. Lo que no sabe la señora, es que el colega va por ahí asesinado a hermosas jovencitas a las que destripa con el fin de meter sus pedazos en una olla y cocinar el delicioso manjar con el que celebrar la resurrección de su querida diosa Ishtar. Suerte tenemos de un policía de lo más enrollado -y pederasta-, que se flipa por los encantos de la moza homenajeada y anda dispuesto a cazar al malvado Ramses.
Contado así, todo suena muy llamativo y "espectacular". El problema es el cómo. Y resulta que Herschell Gordon Lewis y David Friedman eran unos chapuzas de tres pares de cojones. "Blood Feast" es rematadamente cutre e incapaz. Actores terribles, desencuadres, torpes movimientos de cámara, desenfoques, sonido de lata, raccord masacrado, montaje desalmado, efectos especiales de feria (básicamente tripas sacadas del mercado y maniquís impregnados de una rojísima sangre parida con productos de cosmética).... todo ello muy amateur, en el mal sentido. No olviden que hablamos del cine "exploitation" de los años 60, de cuando incluso estas películas, genuinamente independientes y en algunos casos prácticamente caseras, podían encontrar su pequeño hueco en las carteleras y, especialmente, los auto-cines.
"Blood Feast" es, ante todo, un producto entrañablemente risible. Te partes el ojal viéndola, lo que incrementa su indudable encanto. No sé hasta qué punto, consumida en su estreno, pudo resultar realmente impactante para las plateas adultas. En un ataque de romanticismo podemos pensar que todos salían escandalizados, o usaban las famosas bolsitas para vómitos que se regalaban en algunos cines con la entrada, pero lo más probable es que la peña se la tomara a cachondeo. Eso no quita que fue original en su concepto y, sí, innovadora. Ver cuerpos troceados y mutilados de aquella manera, y disfrutarlo a todo color, no era desde luego más de lo mismo, a pesar de lo increíblemente mal ejecutados que están los asesinatos, y lo absurdos que son, como cuando Ramses arranca la lengua de una chica ¡¡con las manos desnudas!!. Fascinante. Aún faltaban muchos años para la llegada del "boom"  de los efectos de látex, del maquillador como la estrella de la función y de la revista que todo lo impulsó, "Fangoria".
Cuando el "exploitation" puro murió, todo este cine, y todos sus responsables, fueron rápidamente olvidados. Y casi nadie se acordaba de ellos ni los reivindicaba hasta su recuperación gracias al floreciente mercado del vídeo en los 80. Ahí sí, ahí comenzó la mítica respecto a Herschell Gordon Lewis, "Blood Feast", el "gore" y la madre que los parió. Claro que, antes de eso (y de que Lewis se retirara del cine y se dedicara con mucho éxito a escribir sobre merchandising, economía de mercado o no se qué polladas) la carrera del cineasta aún esputó un puñado de obras de la más truculenta baja estofa como "Wizard of gore" o la demencial "The gore gore girls", que fue la primera peli clasificada X por su bizarra combinación de sexo y violencia. Fíjense que también entonces H.G. seguía siendo pionero utilizando la etiqueta "gore" incluso en los títulos de sus películas, treta esta que era puro gancho para todos los aficionados a las salpicaduras (y que a mi, de chaval, me volvía totalmente loco de placer).
Una vez recuperada y reivindicada la labor del amigo Herschell, lo demás es ya pura historia, historia compuesta básicamente de remakes no legales ("Fonda Sangrienta" y "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh", ambas comedias), remakes sí legales ("2001 Maniacos", su segunda parte y el otro "Wizard of gore"), documentales, reconocimiento mainstream y secuelas. A mediados de los 80, Fred Olen Ray anunció un "Blood Feast 2", con Michael Berryman en el reparto, que nunca se llevó a cabo. Esto únicamente lo consiguieron los mismos Herschell Gordon Lewis y David Friedman, juntos de nuevo, en el 2002 con la peli que representaba su verdadero "return", "Blood Feast 2, all u can eat", a la que, seis años después, siguió "The Uh-oh show". Ambas rematadamente malas (o directamente horrendas) y en las que se apuesta mucho más abiertamente por el humor, por el cachondeo y el delirio. Cierto que, salvo "Blood Feast 1" que intentaba ser seria, Lewis ya solía tirar de la risa, aunque fuese en pequeñas dosis (de hecho, hasta cierto punto "2000 Maníacos" es la primera "comedia gore" de la historia. Y "The gore gore girls" se pretendía genuinamente una coña, solo que estaba tan mal parida y era tan retorcida, que nadie lo notó) pero ese humor era siempre extremadamente negruzco. En sus últimas producciones -especialmente "The Uh-Oh Show", pues aún "Blood Feast 2" a ratos resulta un tanto perturbadora- el cineasta parece especialmente interesado en desmarcarse del lado más mal rollero y enfermizo del tipo de cine que él mismo ayudó a crear. O casi directamente creó, con ese anti-clásico altamente recomendable, tanto por su condición de curiosidad, de pieza de estudio antropológico como de amplio generador de carcajadas que es "Blood Feast". Y es que la edad no perdona, amiguitos.

lunes, 5 de junio de 2023

LAS AVENTURAS ERÓTICAS DE PINOCHO

Descendiente directa del nudie, “Las aventuras eróticas de Pinocho” no es más que una de tantas adaptaciones de cuentos infantiles al cine erótico, además una de factura muy rancia y vulgar. Sin embargo es un anticlásico del género porque, a pesar de contar con las presencias de mitos del cine de tetazas como puedan ser Dyanne Thorne, Monica Gayle o Uschi Digard, no es una película a la que tengan estima los fans del cine erótico/pornográfico, unos dicen que por la poca calidad, otros porque hay escaso y mal folleteo.
Y es que la película, de 1971, con toda una señora clasificación X a sus espaldas, se encuentra en tierra de nadie en lo que a cuestiones de follambre  se refiere porque se concibe en una época en la que está a punto de estallar el porno duro mientras que la reseñada está todavía poniendo sus ojos en las inocentes películas eróticas de los 60. Por supuesto, no contiene ni una escena de pornografía explícita y evita mostrarnos a toda costa pubis o nalgas; así que, sí, presenciamos unas cuantas escenas eróticas, pero en las que prácticamente no se ve nada. A eso añadan un humor tontorrón al que se le da más importancia que al mostrarnos carne y unos coloridos y estúpidos disfraces, puestos en actores y actrices de poca monta, con el afán de recrear el cuento infantil de Collodi. Pues, efectivamente, para paja no da. Al margen de lo guarrindongo, la película se compone en mayor medida de conversaciones huecas y chascarrillos malos, por lo que a rasgos generales es aburrida y plana, y verdaderamente cuesta dios y ayuda verla completa.
El cuento de “Pinocho” queda alterado en esta versión de la siguiente forma: Geppeta es una joven virgen que ansía la compañía de un hombre. Como no lo tiene, se fabrica uno de madera. Y se lo monta con el maniquí… Un buen día, un hada madrina de suculentas tetas aparecerá para dar vida al muñeco, y este se convertirá en un hermoso hombre de carne y hueso, tan hermoso, que acabará prestando sus servicios en un burdel siendo explotado por un proxeneta.
Y no se dejen engañar por el poster: lo que le crece a este Pinocho no es precisamente la nariz… ¡Es el cipote!
En fin, una chorradita que se ve más por hacer la gracia que por cuestiones eróticas y/o antropológicas y que, con su look amable, no llega ni a simpática.
Sin embargo, habría que tenerla en estima al menos por tratarse de la única adaptación al cine de la obra de Codolli que se omite en las filmografías oficiales en torno a Pinocho.
Al muñeco protagonista lo interpreta aquí un tal Alex Roman, de imponente físico y semblante, que no volvió a aparecer en película alguna posteriormente. La carne femenina la ponen las actrices mencionadas más arriba.
En las labores de dirección tenemos a Corey Allen que con “Las aventuras eróticas de Pinocho” firma su única película para cines. Manda cojones que sea un producto X de tan baja estofa. Eso sí, antes de este, y después, Allen es en verdad un reputado artesano televisivo con tropecientas series y telefilmes sobre sus hombros entre las que podemos destacar “Los casos de Cosby”, para lucimiento (obviamente) de Bill Cosby y, sobre todo, “Capitolio”, popular soap opera estadounidense donde llegó a dirigir la friolera de casi 1300 episodios.

lunes, 21 de septiembre de 2020

BABES IN THE WOODS

Primigenio nudie cutie de los años 60 cuyo principal atractivo reside en que los historiadores y expertos en este subgénero daban por completamente desaparecido. Por supuesto, en 2002, en algún sucio almacén de algún antiguo cine en algún recóndito lugar de la américa más profunda, aparecieron unas latas que contenían la película en su totalidad, por lo que la Independent International Pictures se quedó con las bobinas encontradas y la restauraron y transfirieron para que, por lo menos, quedara una constancia de la existencia de esta joya perdida. Por supuesto, hay que darle un interés histórico a todo esto, porque la película no es más que una pizpireta excusa para mostrarnos a una serie de señoritas que se desnudan y bailotean ante la cámara de manera desenfrenada. Sin embargo, tiene algo de encanto. Tres muchachitas muy descaradas se van de excursión al campo. Llegando a una gasolinera dejarán ojiplático al dependiente que las atenderá con una sonrisa en los labios (y una erección en el pantalón). Una de ellas se dará un largo baño de espuma en su bañera. Después, las muchachitas bailarán y se despelotarán en todas y cada una de las habitaciones de la casa de campo donde se alojarán, para luego seguir bailando en la discoteca (¿) o ponerse a cocinar sin más indumentaria que un mandil. Todo esto bajo la atenta mirada de la gerente de la casa, que no aprueba esas actitudes tan desprejuiciadas. Un poco más de lo mismo de siempre en el subgénero, pero combinando interiores en decorados con papel pintado con exteriores donde simplemente vemos el follaje del bosquecillo donde rodaron la película, eso sí, todo ello mudo, pero con una voz en off que nos va contando lo que hacen las señoritas y sus circunstancias, en esplendoroso blanco y negro de un celuloide que creo distinguir de 16 mm. Resultan simpáticos los títulos de crédito con divertidas animaciones que reproducen a las tres chicas conduciendo hacia su destino, combinando con los nombres del reparto y el equipo técnico escritos a mano en bonitas letras. Y ¡ya está! Eso es todo, no hay más que rascar. Por otro lado, del director de la cinta acreditado como A.A. Krovek, nunca más se supo, a no ser que fuera otro director usando un pseudónimo. Sin embargo, de las actrices se sabe algo más. Por un lado tenemos a Vickie Miles, también conocida como A. Louise Downe, que cuando no estaba en pelotas en sus películas le escribía los guiones a don Herschell Gordon Lewis (de quien era pareja). Suyos son los de “Blood Feast” (donde también tiene un papelito como actriz) y “The Gruesome Twosome”. Y cuando no estaba actuando o escribiendo, también se dedicaba al maquillaje, vestuario y asistencia de dirección de un buen puñado de películas zetosas durante la década de los 60. Las otras dos que completan el trío, Marge London y Karen Moor, hicieron poquita cosa más, y lo poco que hicieron también fue para Gordon Lewis. Cuando detecto una película de este tipo es casi una obligación verla, pero vamos, que es más por inquietud archivera y curiosidad, que por gusto. Aunque esta, no es tan, tan, tan, tan coñazo como tantas otras.

viernes, 31 de diciembre de 2010

HERSCHELL GORDON LEWIS, THE GODFATHER OF GORE

Que manera más cojonuda de acabar el año. Si el Miércoles por la noche sufrí con una de las pelis más horribles de las visionadas este 2010 (sin contar la infame "Machete"), ayer fue el caso opuesto, casi puedo decirles que "Herschell Gordon Lewis, The godfather of gore" es lo mejor que he visto en este año que esta misma medioanoche nos dice adiós. 106 minutos de duración que disfruté desde el primer hasta el último segundo.
Co-dirigida entre Jimmy Maslon y, nada menos, Frank Henenlotter (reconocido fan del cine trash/exploitation y del Sr.Gordon Lewis), el docu repasa de pe a pa la carrera completa del famoso realizador americano (a quien tuve el honorrrrr de conocer in person en Sitges. Un tipo encantador, júrolo), aunque lo de completa no es del todo cierto, ya que sus más recientes contribuciones al séptimo arte ("Blood Feast 2" o "The Uh! Oh! Show" que seguramente en breve reseñaré) son drásticamente ignoradas. Y es que en realidad el tributo de Maslon/Henenlotter no es únicamente a Lewis, lo es también al exploitation original, a una época y un modo de hacer cine olvidados y que no volverán.
Porque H.G.Lewis, antes de inventar el gore como género cinematográfico, tocó otros palos, destacando los "Nudies" o los "Nudie-Cutie" o los "Roughies" (toma castaña!), que eran, básicamente, el porno de la época. Así pues damos un repaso a toda esta parte de su filmografía hasta el parimiento de las míticas "Blood Feast" y "2000 Maníacos", que son las pelis que se llevan una mayor parte de metraje y una mayor dedicación. Claro que luego seguimos palante y cerramos con , obvio, la retorcida "The Gore Gore Girls".
¿Y qué decir del viaje?, que es increíble y totalmente gozable y regocijante. Se nota a la legua que los directores AMAN el tema que están tocando, y por ello lo cuidan, lo miman, se lo pasan pipa y se internan en él hasta el detalle. El docu está plagado de extractos de pelis de lo más oscuras, de cortos educativos, de tomas falsas y/o erradas, de making ofs paridos en 8mm y, en fin, de toda suerte de fascinantes documentos. Incluso se dan el lujo de recuperar secuencias de una peli perdida de Gordon Lewis!.
Por delante de la cámara asoman un montón de ex-técnicos y ex-actores del universo del padrino del gore (y de su carismático socio David Friedman), así como invitados de la categoría de John Waters o el divertido crítico Joe Bob Briggs. El propio Henenlotter se reserva apariciones, muchas de las cuales son lo más coñero del docu. Y es que el humor está muy presente durante toda la proyección, algo muy agadecido.
Sin embargo, para mi, el punto álgido es cuando visitan el pueblo que sirvió de escenario para "2000 Maníacos" en compañía de los propios Lewis y Friedman, van al motel donde rodaron, ahí se encuentran con uno de sus actores y hasta el niño rubito de la soga aparece, ya cuarentón, contando anécdotas del rodaje. Lo dicho, una labor de amor puro total y completamente fascinante.
Yo disfruté como un enano, quizás también ustedes tengan esa suerte. Un diez.

lunes, 11 de abril de 2016

LESBIANISMO ASESINO / GOLOSINAS AMARGAS

Es curioso como algunas películas, sin distribución conocida en nuestro país ya sea en DVD o en VHS, van circulando por la red con títulos en castellano que a saber quién concede. Así este “Sugar Cookies”, también conocida en los USA –mira tú por dónde- como “Love me my way”,  se le conoce aquí con el espantoso y estúpido título de “Lesbianismo Asesino”. ¿Quién puso ese título a esta película? A saber, porque las copias que rulan por la red en castellano, pertenecen a la copia emitida alguna vez por algún canal televisivo y cuyo título reza “Golosinas Amargas”.
Sea como fuere, la película es una suerte de Neo-Noir con ademanes de cine de vanguardia que coquetea con el cine  más zetoso y con la pornografía soft. Ahí es nada.
Pero la gracia del asunto es que se trata de una película de 1973 con guion de Lloyd Kaufman cuando este estaba en la universidad y no tenía todavía la mentalidad “Tromatizada”. La otra curiosidad, es que el co- productor de la misma, es nada menos que un primerizo Oliver Stone.
Ante la proliferación del cine “Nudie” y el “Sexploitation”, la película se estrenó como si fuera una más adscrita al subgénero, pero nada más lejos de la realidad; está más cercana al Underground que a cualquier otra cosa. De hecho, figuras relevantes de aquel movimiento aparecen  como actores en la cinta, dirigida por Theodore Gershuny, de la misma forma que lo hacían en su anterior película “Noche Silenciosa, Noche Sangrienta”, lo que convierte a Gershuny en una rara avis  muy curiosa que no rodó mucho más. En cualquier caso, y como si de una película de estudio se tratara, Gershuny está aquí contratado; la película es de Kaufman, que años después la distribuiría por su propia compañía, la Troma.
Cuenta la historia de un productor de pornografía, que con malas artes consigue que una modelo se suicide ante la cámara. A partir de ahí ya me lío, pero creo que , más o menos, lo que pasa es que una tía contacta con otra actriz que es igual que la que se ha suicidado, se enrolla con ella (de ahí lo de “Lesbianismo Asesino”, supongo) se la folla, y se conchaban para vengarse del productor porno… y lo rellenan con escenas en las que un gordo hace ejercicio, entre otras fruslerías.
Pues mi veredicto es que es mala a rabiar, aburrida hasta la consternación y carente de  algún atributo, o la gracia suficiente como para que decida guardar le película en un DVD. Algún ramalazo estilístico y poco más, porque no funciona como película alternativa ni como película de género. Pasan las cosas, y el espectador se queda igual.
Tan solo salvo los 10 minutos iniciales hasta que la tía se suicida, a partir de ahí, es como ver crecer una planta.

sábado, 26 de marzo de 2011

SHLOCK! THE SECRET HISTORY OF AMERICAN MOVIES

Ya sabéis lo que se suele decir del cine "exploitation". Que es más interesante ver sus posters, y sus trailers, que sus películas. Yo añadiría una cosa más: los documentales que giran en torno a su historia. Como este "Schlock! The Secret History of American Movies", producido en el 2001 y dirigido por Ray Greene. Que sume ya diez años de existencia tiene una ventaja, entonces aún vivían muchos de los "exploiters" que hoy ya no están entre nosotros.
El documental se centra básicamente en la trayectoria de la famosa "A.I.P", a la que dedica un cacho bien gordo entrevistando a algunos de sus nobles representantes, Samuel Z. Arkoff y Roger Corman (¡y Dick Miller!). Luego, se fija en David Friedman y Doris Wishman como máximos culpables de los nudie-cuties (instigados por Russ Meyer, al que se menta muy por encima). Friedman repite con "Blood Feast" y el nacimiento del gore. Sin embargo, y eso es raro, Herschell Gordon Lewis no aparece (Friedman y Wishman sí. A todo esto, resulta de lo más hilarante el momento en que Forrest J. Ackerman echa pestes del "godfather of gore"). De los nombres ilustres que se mencionan surgidos de la academia Corman, el único que se presta es Peter Bogdanovich. El docu se cierra cuando la mentalidad "exploitation" se afinca en Hollywood (con especial fijación en el entonces reciente "Godzilla" de Emmerich) y nace el porno.
El viaje es interesante y bastante entretenido, pero no redondo. Se echan de menos algunos nombres (sobre todo del pre-exploit como Dwain Esper, aunque a Kroger Babb sí se le menciona) y, no se, da la sensación de que la cosa se ha quedado a medias. Demasiada "A.I.P.", ¿y Andy Milligan o Al Adamson?. Pero claro, hablamos del 2001, y entonces este era un tema aún no TAN -irónicamente- explotado en el terreno del documental, así que no podemos quejarnos.
Lo más fascinante de todo es descubrir cómo, a causa de diferentes circunstancias (lo reprimidos que estaban los de Hollywood), fueron naciendo aquellos temas "escabrosos" que hoy han dejado de ser parte del "exploitation" para integrarse en cualquier película standard.... ya saben, violencia, sexo, drogas, etc. También mola mucho el hecho histórico de que los "exploiters" primigenios iban proyectando sus películas de pueblo en pueblo montando barracas. ¡¡Que tiempos aquellos!!.
Con todo, y sin ser una joya, se deja ver lo suyo, informa y ayuda a desconectar del mundanal ruido.

martes, 19 de abril de 2011

PLACER SANGRIENTO

Película Argentina, tan sesentera que solo faltan los "Beatles" por ahí haciendo el imbécil, concebida para ser explotada en el extranjero y conocida en los países anglo parlantes como "Feast of Flesh", entre otros muchos títulos. Nos encontramos ante un “nudie” aderezado con unas gotitas de thriller, agradables dosis de misoginia, y un pelín de terror, que podría haber estado muy bien, pero al que hacen polvo las ingentes dosis de aburrimiento que posee.
Un medico, completamente resentido porque la zorra de su mujer le ha puesto los cuernos, decide vengarse de las mujeres, para lo que se disfraza con una mascara y manos de goma 
monstruosas. Tras seducirlas y penetrarlas, les inyecta una dosis letal de heroína y mueren. La policía, entre tanto, investiga el caso.
Lo positivo es que el blanco y negro en el que está rodada, en según que casos, resulta visualmente atractivo, y el uso de esa textura dota el producto de sordidez y belleza, puesto que la careta y manos de nuestro protagonista -que en color hubieran sido un cantazo- parecen el aspecto real del individuo y quedan muy bien. Un poco ridículo en todo caso, pero no siendo idiotas y disfrutando del cine como cada momento requiere, la verdad que el look del resentido doctor es de lo más chulo.
La trama que, en principio, parece interesante, va perdiendo fuerza 
a medida que comienza la investigación policial, y al final lo único decente son el puñado de escenas en las que aparece el doctor con las muchachas, o tocando el órgano, o simplemente abriendo una chirriante puerta. El resto, nada más que paliqueo y paliqueo. Merece la pena destacar también los fabulosos títulos de crédito iniciales, de una naturaleza “pop” que tiran de espaladas, a base de animar una serie de fotografías e ilustraciones.
Aunque todo eso da igual, porque la película entera es una mera excusa para mostrarnos una serie de desnudos que, mucho me temo, en la versión consumida por un servidor están ligeramente amputados.
El director, Emilio Vieyra, fue detenido junto con una de las actrices porque los pillaron “in situ” filmando una de estas escenas de desnudos en una Argentina en la que todavía no se podían mostrar “mamellas”.
Vieyra permaneció en activo, dirigiendo títulos de variado pelaje, hasta su fallecimiento en 2010.
"Placer Sangriento" tiene ¿la suerte? de ser una de tantas películas de las que Quentin Tarantino ha copiado; en este caso, la imagen de Uma Thurman con una jeringuilla en el pecho de "Pulp Fiction". En la peli reseñada, es una especie de firma que usa el asesino.
"Something Weird video" la editó en programa doble junto con "La horripilante bestia humana", siendo esta la de relleno.
Bastante malilla.

sábado, 14 de junio de 2025

BLOOD FEAST 2 : ALL U CAN EAT

2002 no solo marcó el regreso de Herschell Gordon Lewis al cine (quien no dirigía desde hacía, justo, treinta años con la simpática "The Gore Gore Girls" como última aportación oficial), sino también de su antiguo socio, y célebre "exploiter", David F. Friedman. "Color Me Blood Red" puso fin en 1965 a una notoria carrera compartida entre "nudies", "nudie cuties", "roughies" y, por supuesto, el nacimiento oficial del gore como género cinematográfico dos años antes con la entrañablemente chapucera "Blood Feast". Ahora -el de 2002-, redescubiertos y revalorizados, unían fuerzas de nuevo con una secuela oficial de aquella. Ya se habían hecho varios intentos. En su día Fred Olen Ray anunció una con supuesto protagonismo de Michael Berryman, pero jamás se supo del asunto. Luego llegaron semi continuaciones trufadas de humor como "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh" y, la más lograda, "Fonda Sangrienta". Resulta curioso que, a la hora de afrontar su genuina segunda parte, el tándem Lewis/Friedman hiciera exactamente igual que aquellas dos, tirar de cachondeo voluntario, cosa totalmente ausente en la original (donde las -generosas- risas eran completamente accidentales) y, a gusto personal, un error. Sí, vale, entiendo que no puedes tomarte en serio "Blood Feast", y menos una secuela parida casi casi cuarenta años después, pero, no sé, me parece incluso hipócrita. Y no solo eso, es que, además, las gracietas funcionan igual que cualquier clase de "parato" electrónico comprado en un bazar chino.
La trama, básicamente, es idéntica -e idénticamente escueta- que la peli del 63. El tataranieto del asesino de aquella compra la tienda donde ocurrieron todos los crímenes en nombre de Ishtar con intención de seguir la tradición. Me refiero a la culinaria, pero pronto el nuevo Fuad Ramses (Tercero, para más señas) cae rendido bajo el hechizo de la dichosa diosa sumeriana y, ¡ea!, a masacrar jovencitas a troche y moche. Naturalmente, la policía le pisará los talones en el proceso.
Por supuesto, lo importante de "Blood Feast 2 : All U Can Eat" (traducido sería "Todo lo que puedas comer"), como ocurre siempre en el cine de su director, es el elemento "exploitativo" que, pal caso, se refiere a lo truculento. Y acá no se queda corto. La diferencia es que los efectos especiales han mejorado sustancialmente, y donde antes teníamos risibles maniquíes pintarrajeados ahora tenemos prótesis de látex no especialmente bien paridas, pero más convincentes. Las maneras son idénticas a las de, por ejemplo, "The Gore Gore Girls", con primerísimos primeros planos de las manos del asesino gozando casi sexualmente al manosear vísceras, globos oculares y demás mandanga extraída de sus víctimas a base de cuchillo. Claro, en las pelis antiguas todo ello resultaba grotesco pero, por su poca verosimilitud, medianamente gracioso. En el caso que nos ocupa, la mejora de los trucos incrementa el mal rollo porque es todo más creíble, y ver en perfecto detalle cómo Fuad Ramses (Tercero, para más señas) rebana el cuello de una chavala o le abre la cabeza y extrae el cerebro pues, hombre, puede perturbar un pelín, la verdad. Supongo que es aquello de lo que se ha acusado al cine de H.G.Lewis en sus distintas reencarnaciones modernizadas, como pasó en los setenta: sin el elemento inocente de sus inicios, todo adquiere un aire más desagradable, ofensivo. En cualquier caso, el encargado de dar forma a esos cuerpos mutilados es Joe Castro, caballero que ha puesto las zarpas en infinidad de subproductos, llegando a dirigir los suyos propios (como la saga "Terror Toons").
El poco imaginativo y menos inspirado guion corre a cargo de un tal W. Boyd Ford, hombre de infracine escasamente destacable. Quizás su ocurrencia más notable sea apellidar a los dos policías protagonistas como "Myers" y "Loomis", y si no lo pillan, son ustedes indignos. A ambos los interpretan actores de esos de quita y pon, aunque tal vez podríamos destacar la presencia -como "Loomis"- de John McConnell quien, a lo largo de su carrera, se ha dejado ver en algunos títulos bastante reconocibles. No es el caso del peculiar individuo de peculiar nombre que da vida a Fuad Ramses (Tercero, para más señas), un tal J.P. Delahoussaye, con, por lo visto, una carrera algo menos oscura como comediante. Así las cosas, el rostro más relevante de "Blood Feast 2" es el del declarado fan de Lewis, vendido, mangante y destructor del genuino cine underground, John Waters, haciendo de un cura que se pirra por los niños. Justo, el tono de comedia del film se mueve entre la brocha gorda de aquel (el asesino se corre sobre un postre que da de comer a una tipa, presenciamos el plano detalle de la ruidosa ingestión de un donut, etc) y ciertas maneras desconcertantemente deudoras del puro "spoof" -aunque sin resultados eficientes, añado- como ese cadáver presente en casi todos los planos y al que se ignora por completo.
Tampoco podemos pasar por alto los cameos de Donald Farmer, SOVista, ex-fanzinero y tan fan del director de "2000 Maniacs" como para, en una ocasión, incluir al villano de "Blood Feast" -Mal Arnold- en uno de sus subproductos, y el mismo David Friedman. Es posible que haya otros, pero se me escapan. Vale, muy bien, has mentado hasta el último pene y micro-pene del reparto pero ¿¿y las chavalas?? Pues, tal y como pueden imaginar, las hay en generosas cantidades, todas muy sexys y todas -salvo la madre de la prota femenina, retratada cual harpía- en tetas cuando es de menester. Son especialmente llamativas -por tontas- las escenas en las que salen hablando de sus modelitos de ropa interior y mostrándoselos unas a las otras. Viva la inteligencia, amigos.
Por lo demás, pues no hace falta ser gacetillero del "Cahiers Du Cinéma" para asumir que estamos ante un auténtico truño de proporciones épicas. Sí, claro, "Blood Feast 2" es mala hasta el dolor, H.G.Lewis sigue siendo un director pésimo y sin creatividad alguna y el resultado -que encima se prolonga hasta los 100 minutos, ¡¡hay que ser cabrón!!- aburre sangrantemente (nunca mejor expresado pal caso). No hay ritmo, no hay progresión, no hay diversión, no hay NADA. Solo sangre a chorros y unas pocas ubres. ¿¿Sorprendido, ofuscado, decepcionado?? En absoluto. Sabía ande me metía, solo que apetecía reseñarla y de ahí el sacrificio que, espero, valoren en su justa medida.
Considerando el gueto del que surge la película, asumo la no existencia de una tercera entrega cual prueba de un descalabro comercial tan grande como para ni tan siquiera planteársela a niveles subhumanos. "Blood Feast 2" viene rodada en celuloide -35mm diría yo- y la fotografía incluso está decente. Hubo un mínimo esfuerzo y dispendio económico ahí. Herschell Gordon Lewis tardaría siete años en rodar de nuevo (primero "The Uh-Oh Show", otro pestiñaco y, después, ya directamente con cámara de vídeo, en funciones de co-director y a un nivel miserable, "BloodMania") y catorce en abandonar esta dimensión (coincidiendo con el lamentable remake oficial de "Blood Feast", pero esa es otra historia).
La banda sonora viene compuesta únicamente de canciones, destacando -por número- aquellas de "Southern Culture on the Skids", continuas, constantes -se cortan bruscamente de una escena a otra- y muy adecuadas dada la naturaleza del grupo en su imagen "white trash", o "redneck" si lo prefieren, y maneras algo "countrys", etiquetas asociadas a unas cuantas de las películas del amigo Lewis (y no únicamente las gore, también hizo dramones violentos de paletos en conflicto).

lunes, 25 de abril de 2022

WEST END JUNGLE

Documental sensacionalista y absolutamente falseado que, en cierto modo, adelantaría por la derecha las intenciones y maneras del mondo italiano, concibiéndose en el tiempo tan solo un año antes de que se estrenase “Este perro mundo”. Sin embargo “West End Jungle” no llegaría a causar polémica tan siquiera, porque, parido en la Gran Bretaña, país este donde la censura estuvo tan de moda gubernamentalmente que se inventaron años después aquello de los Video Nasties, fue prohibida tajantemente por las autoridades competentes quedando encerrada en sus latas hasta que fue rescatada para ser lanzada en DVD allá en 2008 cuando la mayoría de sus artífices hace tiempo ya que están criando malvas.
En los años 50 las calles céntricas de Londres eran poco menos que un lupanar, puesto que entonces no era ilegal allí darle unas cuantas libras a una señorita a cambio de que, por ejemplo, te chupe la polla. No existía una ley que regularizase la prostitución y las putas, los chulos y los puteros campaban a sus anchas por la ciudad impunemente. Por supuesto, el gobierno, con un afán desmedido por limpiar las calles de la ciudad, decretó en 1959 la conocida como Street Offences Act,  una ley que castigaba los delitos callejeros, entre ellos la oferta y demanda de prostitución, y de esta manera se consiguió liberar el centro de rameras o actos sexuales clandestinos ante los ojos de la respetable ciudadanía. Se ilegalizó la prostitución. Pero que se ilegalizara no es óbice para que esta dejara de ejercerse, así que el negocio del sexo prosperó en la clandestinidad.
“West End Jungle”, en un tono tan exagerado que casi parece pitorreo, viene a denunciar la situación de esta ilegalidad, sugiriendo que aunque a primera vista no veamos nada, encontraremos la lujuria y la depravación a poco que la busquemos. Así, y siempre en un tono despectivo y de denuncia, la película nos muestra todas las modalidades existentes de prostitución en Londres que van desde la puta de esquina, pasando por los burdeles y cabaretes, para acabar ahondando en la prostitución de alto copete, donde además sugiere que quienes frecuentan esta modalidad suelen ser importantes hombres de negocios, ministros, etc.
En el momento de ser calificada para su exhibición, a pesar de no mostrar ningún tipo de desnudez, el BBFCI (la Junta Británica de Censores de Cine) consideró que la película ensuciaba el buen nombre de la ciudad, así que la prohibió.
Le hicieron la pascua a su director y productor Arnold L. Miller, pero, esta sentencia no le amilanó, y se tiró la mayor parte de su carrera filmando este tipo de documentales pre-mondo con el sexo y su relación con Londres como premisas principales —y primordiales— en títulos como “Nudes of the World” o “Primitive London”. Y lo continuó haciendo casi hasta llegar a los años 80 cuando quizás este tipo de documentales ya no tenían tirón alguno. Toda su filmografía responde a estos parámetros.
Quizás en los años sesenta la ingenuidad estaba demasiado a flor de piel, ya que lo cierto es que el estilo de cómo está rodado el documental, a poco que hayamos visto, canta a la legua que es falso. Miller recrea todas las situaciones a modo de ficción y desde tantos ángulos como le viene en gana, como el que rueda una película, lo único que lo hace sin sonido directo y, una vez montada, una voz en off nos narra lo que estamos viendo. Cuando hay personas conversando en cuadro, los diálogos también serán recreados en off con unas voces que, sobre todo cuando se recrea las frases de las putas, son demasiado chistosas, por lo que queda todo de lo más falso y bochornoso que se pueda imaginar uno.
Sin embargo, tan ingenua, tan sesentera, y con tan mala hostia al fin y al cabo, amen de unas interpretaciones no profesionales que ayudan lo suyo, la película, que apenas llega a la hora de duración, es tan inocente, tan kitch, que resulta de lo más simpática. Arnold L. Miller se rodeó de amigos y familiares para que interpretasen algunos de los roles principales, que junto con los actores profesionales contratados dan como resultado una cosa de lo más divertida.
Eso sí, mucha puta, mucho putero ávido de hembra y perturbado sexualmente, mucha transparencia y ropa interior sexy, pero no vemos ni una sola tetilla. Los americanos con el nudie en alza, les sacaban ya algo de ventaja a estos puñeteros ingleses, me cago en la madre que los parió.

lunes, 4 de abril de 2022

CINEMA PERVERSO

Enésima reivindicación del fenómeno “grindhouse”, esta vez proveniente de Alemania, en este estupendo —y cortito— documental que, más que de un tipo de subgénero, vendría a hablarnos de los cines donde era habitual que se proyectaran en Alemania las películas exploitation. Al igual que en España serían los cines de barrio y los de sesión continua los lugares donde el espectador podía ver por pocos duros películas exploit, serie Z, cine de Kung Fu o películas “S” —aunque hay que tener en cuenta que en nuestro país muchas de estas películas se estrenaban en cines de estreno con todos los honores—, en Alemania los complejos cinematográficos en los que se solía exhibir toda esta morralla eran los llamados “cines de estación”. Se ve que en los años 50, con la proliferación del comercio en las estaciones de tren, dentro de muchas de ellas se habilitaron salas de sesión continua que servían, más que para que el público disfrutara de las películas, para que los viajeros que llegaban a la estación con tiempo o los que su tren sufría un retraso, tuvieran un lugar en el que esperar entretenidos. Durante el declive de lo que fueron en general los cines de estación, estos se convirtieron progresivamente en lupanares de vicio que proyectaban cine porno y alojaban a toda suerte de chaperos, pajilleros y prostitutas. Es por eso que junto a la pantalla solían colgar relojes grandes y luminosos para que a sus clientes no se les pasara la hora de tomar el tren.
La programación sería la típica de un cine de barrio.
“Cinema Perverso”, con la eterna estructura del cabezote parlante, reúne a un buen número de reputadas (o no) personalidades del cine fantástico alemán como puedan ser Uwe Boll, Christian Anders, Jörg Buttgereit o René Weller que recordarán el tipo de películas que se proyectaban en esos lugares o su experiencia con alguna de aquellas películas, en el caso de haber participado.
La verdad es que el documental no propone nada nuevo más allá de lo que nos han contado otros documentales americanos, sin embargo la baza fuerte la tiene a la hora de hablarnos del producto autóctono. De esa manera “Cinema Perverso” le pasa factura a subgéneros alemanes que en la mayoría de los casos son desconocidos para el público estándar, como la popular comedia sexy bávara o una especie de subgénero parejo a nuestra clasificación “S” que serían las “report movies”, poco más que documentales sensacionalistas que con la excusa de educar al personal se nos muestra todo el folleteo posible al estilo de los “higiene films”, y que contaba con una zona concreta como era el barrio de St. Pauli en Hamburgo (sí, el barrio donde “El monstruo de St. Pauli” cometía sus fechorías…) para situar las escenas morbosas que querían enseñarnos los directores, ya que se trata de un barrio popular por la inmundicia, los marineros y las chicas fáciles que albergan sus calles. También descubrimos los “stereostrips” que vendrían siendo el equivalente al nudie americano, pero más soso aún si cabe y que, proveniente de Suiza o Finlandia, fue plagiado por nuestros amigos alemanes sin ningún tipo de escrúpulo porque, al fin y al cabo, era un producto que resultaba altamente rentable. También nos hablan de géneros alemanes de corte popular o, más curioso todavía, nos explican que muchas películas americanas eran demasiado cortas para los circuitos de exhibición alemanes, así que, con el fin de llegar a un mínimo de metraje estipulado, las distribuidoras rodaban material de relleno que luego insertaban de manera tosca y chabacana sobre el negativo original, por lo que se alteraba la obra considerablemente. No hay nada que me parezca más estafa que eso, una película americana que, sin la productora saberlo siquiera, lleva minutos extra de metraje alemán dirigido por váyanse ustedes a saber quién.
En definitiva se trata de un documental ameno, dinámico, curioso y entretenido con el que a estas alturas no vamos a aprender ya mucho más, pero que al menos nos descubre una serie de títulos y estilos alemanes que hay que tener presentes porque, al fin y al cabo, se trata de la cinematografía folclórica de un país que, aunque cercano, en muchos aspectos sigue siendo un gran desconocido.
Dirige la cosa Oliver Schwehm, documentalista para televisión que, además de este, ha dedicado documentales a figuras internacionales del fantástico como pueda ser Christopher Lee, pero también, a figuras del más rutilante eurodance como el dedicado a la estafa que supuso al mundo los Milli “don’t forget my number” Manilli.
Recomendable para echar un ratillo agradable.

sábado, 4 de mayo de 2013

LA IGLESIA DE SATÁN

Que gran sorpresa me llevé, en uno de esos establecimientos que venden dvd´s tiradísimos de precio, cuando vi que el documental “Satanis, the devil´s mass”, un documental de culto sobre la famosa Iglesia de Satán, engañabobos creación del llamado “Papa negro” Antón Lavey, que incluso logró tener como miembros a  entes influyentes de la farándula Hollywoodiense, estaba editado en nuestro país, en su versión doblada. La gracia está en que venía dentro de una colección de documentales sobre “lo desconocido”, bajo el título de “La Iglesia de Satán”, vendiéndonoslo como un documental respetable de esos de la BBC.
Sin embargo, en los USA, este documental rula más por los circuitos de la “Explotation” y los programas dobles (la edita “Something Weird video).
Sea como fuere, yo tenía cierto interés en verlo, y he podido hacerlo en las mejores condiciones.
El documental cuenta, a base de rodar misas negras oficiadas por el caradura de LaVey, y entrevistas a él mismo, a sus adeptos, y a varios de los vecinos del edificio dónde se practicaban estas ceremonias, la filosofía de esta extraña secta, que básicamente lo que hacían, era soltar cuatro chorradas (LaVey ni se sabía más de cuatro nombres para nombrar a Satanás, y hacía misas de no más de cinco minutos), con una tía en pelotas tumbada en el altar.
Las quejas de los vecinos, tampoco son para tanto, puesto que tampoco era una secta muy escandalosa, y cuyas excentricidades eran casi infantiles; LaVey, se vestía de demonio a la vieja usanza, con cuernecitos y todo, o tenían un león como mascota, amparándose en una ley que no prohibía tener leones en casa. Hay quien dice que incluían al león en sus prácticas sexuales, pero no dejan de ser habladurías de los vecinos. La sensación que me queda tras ver el documental, es que se trata de unos pobres “diablos”-nunca mejor dicho- y que el director era amiguete del “Papa negro” y que esto no es más que una película de burda propaganda.
Lo bueno, es ver las texturas y colores en los que está rodado el documental, sus 16 mm. Y todo muy “camp” y alegre, a pesar de la supuesta oscuridad de lo que retrata, que le confiere, al documental, aires de película “Nudie”.
Con todo, el documental se deja ver, pasamos el rato, y hasta nos echamos unas risillas con el atuendo de Antón LaVey, su caradura a la hora de reivindicar cosas como el sexo libre, y nos jactamos al comprobar que la famosa Iglesia de Satán, no es sórdida, si muy ingenua, no hacen nada provocador, por sacrificar, no sacrifican ni un melocotón, y en definitiva, es una tontería muy gorda. De hecho, esta secta es más popular por los rumores que corren de que Antón LaVey fue el asesor satanico de Roman Polanski en “La semilla del diablo”, hecho este, real o no, que le emparentó directamente con el caso Charles Manson, que por si misma.
Dirige, no sin cierta inutilidad un tal Ray Laurent, que cuenta únicamente con esta película en su filmografía, así como unos cuantos títulos de baja estofa de los que es montador.

domingo, 9 de diciembre de 2012

LA VIDA SEXUAL DE FRANKENSTEIN

"Kiss me quick” (Bésame rápido), es un “nudie” de los muchos que se rodaron en los años 60 que aparece ahora editado en dvd en nuestro país, con subtítulos en castellano, en una colección por packs que lleva el título de “Grindhouse” y que contiene cuatro películas por pack, de lo más granado. Para la ocasión, y siendo los distribuidores más explotadores que los artífices de la película, y en un alarde de cachondeo, titulan a la película “La vida sexual de Frankenstein”. Y lo curioso es que en esta película no folla ni el tato. Eso si, las tetas y los bailes ocupan un 85% de la película.
Desde un planeta llamado “Drupiter”, envían a la tierra a un extraterrestre con el fin de que se traiga una hembra con la que aparearse, ya que en ese planeta solo disponen de individuos de un sexo, el masculino.
Cuando llega a la tierra, este llega a una mansión donde un doctor, además de tener por ahí a el monstruo de Frankenstein, a una momia y algún monstruo más,  tiene a un montón de señoritas, que utilizan una maquina llamada “El erotizador” y que no paran de bailar y despelotarse durante el escueto metraje de la película, a las que el llama  esclavas sexuales.
En realidad, los monstruos de la película son una vulgar patraña comercial, porque  como era habitual en estos “nudies”, lo importante es ver a todas estas señoritas, que en este caso están muy buenas,  bailando y haciendo strip tease de lo más baratillo. Así que todo es una sucesión de numeritos eróticos donde apenas vemos pelo, y de vez en cuando, aparecen los monstruos, mientras ellas no paran de bailar ritmos ye-yes, mientras agitan violentamente sus desmesurados pechos.
Pero no deja de tener su gracia, puesto que todos los numeritos son comentados en “voz en off “por el extraterrestre y el “mad doctor”, de forma machista y jocosa, y casi parece un episodio más de “Science Teather 3000” por el humor de los chabacanos comentarios.
Por otro lado me apasionan los títulos de crédito, ya que estos no existen… tan solo vemos planos de unas señoritas gozando, mientras una “voz en off “ femenina va diciendo, en tono sexy, los nombres de los actores, el título y el resto del equipo.
Todo muy colorido, muy “kitsch”, con fondos negros en algunas ocasiones, y los colores muy saturados, dan apariencia agradable a la gilipollez resultante. Con lo cual y con la hora y diez que dura, el sentido del humor que destila la cinta, y la señoritas que están muy jamonas, ver la película, no resulta una experiencia del todo insoportable, como suele ser habitual en este tipo de productos. Está simpática.
Dirige Peter Perry Jr. un habitual en “nudies” que siempre firmaba sus películas bajo pseudónimo. En este caso lo hace bajo el nombre de Seymour Tuchus.

viernes, 3 de enero de 2020

MONDO BIZARRO

Clásico del género mondo proveniente de los Estados Unidos que con las miras puestas en lo que ya estaban haciendo los italianos, no se pasan ni la mitad que estos en cuanto a escabrosidad y, en realidad, se trata de una película más deudora del nudie que de cualquier otra cosa. Así, con el punto de partida de mostrarnos comportamientos inauditos y asombrosos de distintas partes del mundo, centra sus objetivos en el sexo y no hacemos más que ver señoras entradas en carnes bailando y mostrando carne. Por otro lado, cuando nos muestra otro tipo de comportamientos ajenos al sexo, como en los mondo italianos, es todo más falso que judas.
No obstante se trata de un mondo amable e inofensivo cuya música yeyé y/o burlesque ilustrando sus imágenes, lo convierte en una cosa kistch, casi pop, que es incapaz de provocar en el espectador algo parecido al mal rollo. Claro que eso puede ser también por la época en que está rodado y su procedencia americana. Quizá en su momento, en los cines para adultos en los que fue proyectada, sí que causara algún tipo de impacto.
Así, vemos como una cámara se cuela en unos probadores femeninos en una tienda de lencería sexy, masajes con final feliz en Japón, representaciones (falsas) de algo parecido al gran guiñol en Alemania —donde no vemos nada de sangre pero sí desnudos— y que, según los expertos, ni Alemania, ni gran guiñol, ni pollas, sino que ese teatro era el famoso Bronson Canyon de Los Angeles.  También vemos extraños complementos de ropa interior femenina que sirven para realzar el busto o el trasero. En el lado sensacionalista no sexual, vemos estúpidos ritos vudú o cómo un individuo se atraviesa con agujas como parte de un espectáculo o, completamente falso y ridículo, cómo un elegante caballero está en un restaurante esperando a que el camarero le traiga su menú, y este está formado por copas y otros objetos de vidrio que nuestro comensal romperá con un martillito y se comerá ante la cámara con cara de estar degustando un delicioso plato de gourmet. Verdaderamente hilarante. Te partes el culo.
El plato fuerte, es la compra-venta de esclavos en Arabia Saudí, en una escena totalmente ficcionada que quieren hacer pasar por real.
Otro punto gracioso es, que para tapar los ojos de algunas de las mujeres que vemos, o sus coños, se utiliza un táctica totalmente rudimentaria que no es otra que rayar el negativo con un alfiler a la altura de la cara o las partes pudendas. Realmente entrañable.
Todo ello perpretado por los señores Bob Creese y Lee Frost, director no acreditado, que consiguieron un gran éxito y resultó ser el pistoletazo de salida para lo que sería su compañía, la Olympic International.
Lee Frost, es uno de los nombres importantes del exloitation sesentero y setentero, que bajo el nombre de R.L. Frost, filmó clásicos absolutos como puedan ser “Campo de concentración nº7”, “Fuga Salvaje” o aquella maravilla con Ray Milland pegado a un negro que es “The Thing With Two Head” y que en nuestro país se estrenó bajo el título de “Experimento diabólico”.
Bob Cresse tampoco se quedaba manco. Aunque solo dirigió una vez, colaboró eventualmente con Lee Frost en funciones de productor y/o guionista, llegando a convertirse en otro nombre indivisible del exploitation más clásico. Además por lo visto estaba un poco pirado, tanto como para que hoy día le acompañe una leyenda repleta de excentricidades.
Siendo “Mondo Bizarro” un título popular como lo es, decir que un álbum de The Ramones se titula así en alusión/homenaje a esta película.
Verdaderamente, está divertida la cosa.

lunes, 25 de septiembre de 2023

SUEÑOS TORTUOSOS

“Sueños tortuosos” es una de tantas consecuencias del éxito de “Pesadilla en Elm Street”, y que vendría a ratificar lo original e imaginativa que era la película de Wes Craven: Todos su exploits son poco menos diarrea en comparación. Y “Sueños tortuosos” es especialmente aburrida y está especialmente desangelada. Un tostón de los buenos.
La película se agarra a la estructura del slasher convencional, que es más sencillo a la hora de rodar, pero, con el fin de asemejar a su villano con el inmortal Freddy Krueger,  añade esos elementos sobrenaturales tan de moda en la época que, por problemas presupuestarios, más que mostrársenos en pantalla, se las ingenian para que algún personaje nos lo narre, y de este modo ya sabemos que nuestros protagonistas se las tienen que ver con entes paranormales. Sin embargo, paradójicamente, parece ser que la película está rodada en el mismo set en el que se rodó “Viernes 13 Parte III”. Así, tenemos a un muchacho homosexual y deficiente mental que sufre el bullying al que le someten unos jóvenes descerebrados en un campamento de verano. Apesadumbrado por todo esto, se va al granero y, allí, muere en llamas por obra y gracia de ¡La combustión espontánea! Dos años más tarde, la hermana del interfecto recibe una invitación para ir al campamento de verano donde murió su hermano y reunirse con sus antiguos compañeros, los mismos que se reían de aquel. Allí serán masacrados de las más variopintas formas, hasta que, hacia el final, el espectador será partícipe de uno o dos descubrimientos.
Mal horror ochentero de manual. Un espanto sin apenas iluminación, un asesino exento de todo carisma, crímenes bastante insulsos y demasiados tempos muertos. Lo que se dice un coñazo.
No es de extrañar que “Sueños tortuosos” (“Twisted Nightmare” en su versión original, título que, sin duda, mola bastante más. Vendría ser algo así como “Pesadilla retorcida”) sea uno de tantos slashers de segunda categoría ochenteros que no ha trascendido ni lo más mínimo. El culto o seguimiento que tiene en la actualidad la cinta es más bien tirando a discreto, por no decir nulo, cosa que, tras un visionado, no me extraña ni lo más mínimo.
Los perpetradores de todo esto son Charles Philip Moore al guion y Paul Hunt a la dirección. Al primero podemos reconocerle por ser el director de otra película con intenciones similares a la que nos ocupa, solo que en esa ocasión expoliaba a “Posesión Infernal”, que era “Viento del infierno”, mientras que Hunt provenía del mundo del nudie y desarrolló una carrera en la que tocaría diferentes palos y en la que, lastimosamente, “Sueños tortuosos” sería probablemente su film más popular.
“Sueños tortuosos” tuvo un estreno regional en los Estados Unidos antes de ser pasto de los cines del Deuce neoyorquino, pero a nuestro país llegó, como no, directamente en vídeo, eso sí, curiosamente distribuida por la división videográfica de una major como era RCA-Columbia Pictures al igual que su prima-hermana “Viento del infierno”.
Por lo demás, como a la mosca, tenle miedo… mucho miedo…
Curiosos, disponen aquí de la mini-reseña que Naxo, con la excusa de un visionado grupal de varias películas, le dedicó a "Sueños Tortuosos". Básica e inevitablemente, viene a decir lo mismo que esta.

domingo, 13 de marzo de 2011

EL OTRO HOLLYWOOD

Puede que algunos de ustedes no lo sepan, pero curré ocho años en el mundo del porno. No, no como actor (siento decepcionarles!!!), digamos que como "creativo". Estaba en una web de contenido adulto donde hacía de todo: escribir, dibujar, filmar, montar, clasificar, retocar... de todo menos follar, vamos. También era crítico de cine, por cierto. Muy mal pagado, se entiende. Pasados todos esos años la empresa cambió, se volvió todo automático y me echaron. Hey, me hicieron un favor. Gracias a tan ingrata experiencia aprendí que la pornografía es una industria patética, cutre y miserable repleta de "quieros y no puedos". Vamos, que la odiaba y la odio.
Entonces, se preguntarán, ¿cual es el motivo de que te hicieras pues con "El otro Hollywood", tochazo enorme de más de 600 páginas que narra de pe a pa la historia del cine porno americano?. Buena pregunta. Pues son varios: Su autor principal es Legs McNeil, co-fundador de la revista "Punk Magazine" y firmante del estupendo libro "Por favor, mátame", que disfruté mucho en su momento. El porno es asqueroso venga de donde venga, pero si no es Español, me resulta un poco menos asqueroso (aunque, todo hay que decirlo, mi "favorito" era el italiano. Hoy día solo "consumo" porno amateur, porque al menos los que lo hacen, disfrutan en el proceso). El porno, aunque no sea muy creativo, está dentro del cine, y todo lo que es cine, es mi droga. Ya os digo que a veces me gusta más leer sobre séptimo arte, que consumirlo. Sin embargo, hablar de "El otro Hollywood" supone hacerlo de una enorme decepción.
Un amigo me contaba que el libro había sido un fracaso de ventas en España. Hombre, pues no me sorprende. En esta tierra solo hay paletos, y no mucho interés con respecto a nada. Encima, la pornografía como tema de estudio dejó de ser "cool" cuando la moda al respecto se esfumó superados los temibles años 90. Y ya no digamos que a quién se le ocurre editar un libro así con tanto lujo, tapa dura, el tamaño... en fin, no creo que sus responsables tuvieran mucha vista en ese sentido. De todos modos, la culpa no es toda suya. Gran parte de esta la tienen sus mismos autores, McNeil seguido de Jennifer Osborne y Peter Pavia, ya que el libro resulta, simple y llanamente, aburrido.
Tiene sus partes buenas, no digo que no, cuando repasa los inicios del pre-porno con el "nudie" (David Friedman y Doris Wishman incluidos). El bombazo de "Garganta Profunda" y todo lo que vino. "Tras la puerta verde". Vamos, que arranca muy bien y muy interesante. Siempre siguiendo el mismo método "oral" de "Por favor, mátame". Y cuando digo oral no me refiero al sexo, sino a que el libro está compuesto de declaraciones de todos los implicados en esta larga epopeya, estructuradas para que nos cuenten historias.
El problema viene cuando los autores se alejan del porno más estricto, y comienzan a hablarnos de todo lo relacionado con la mafia y la policía infiltrada. Este "coitus interruptus" de entrada se deja pasar, pero se alarga... y se alarga... y tanto lo hace, que comencé a saltarme los capítulos que veía giraban en torno a ello. Pasada la marea, retomamos el tema porno y volvemos a encontrarnos con chicha interesante. Traci Lords, Savannah... lo malo es que ahora la obra ha dejado de ser fluida, ha olvidado que está narrando hechos consecutivos en el tiempo y todo comienza a reducirse a episodios temáticos sin aparente conexión entre ellos. Ahora hablo de John Wayne Bobbit, ahora de ese actor que se suicidó, ahora de sida, ahora de esa tia que se mató cuando iba drogada (porque de drogas, tantas o más que sexo. Igual que en "Por favor, mátame" había más drogas que rock and roll. ¿Qué mierdas le pasa a la peña?). Todo queda como huérfano de una línea continua y para entonces ya has perdido el hilo y el interés. Como leer los chistes de un periódico.
Vamos, que si este libro hubiese ocupado la mitad, sería cojonudo. Pero, y valga la coña, le sobra mucha mucha paja. Así pues, lo que se prometía una lectura apasionante, termina convertido en un tochito duro de roer. Lástima.