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viernes, 15 de abril de 2011

LA NUEVA PESADILLA

A mediados de los 90, el grado de putismo de Freddy Krueger había alcanzado ya cotas absurdas. Después de tantas pelis, tantos anuncios, tanto merchandising desbocado y tanta tontería, se había convertido en una pálida sombra de lo que fue. El más famoso, simpático y amado pederasta del cine era un personaje casi infantil, totalmente blanco, ridículo y nada amenazador. Su padre, el papanatas de Wes Craven, decidió hacer una peli que, no solo le devolviera la dignidad, también recuperara sus más aterradoras virtudes. Semejante invento se tituló "La nueva pesadilla" (o "La nueva pesadilla de Wes Craven"... aunque podría haberse titulado "La nueva pesadilla del espectador") y se suponía que, contando con guión y dirección del mismo tipo que hizo el "Pesadilla en Elm Street" original, el mito iba a volver por la puerta grande. Nada más falso. La gente (y sobre todo, los productores) habían olvidado uno de los aspectos más recurrentes en la carrera de Wes Craven, su capacidad de pifiarla tremebundamente tras parir un éxito. Bien, este último hacía ya años que quedaba atrás, y era momento de que Mr.Craven volviera a tropezar. Cosa que hizo sonoramente.
El mayor tributo de "La nueva pesadilla" consiste en narrar la historia desde el otro lado de las cámaras. Es decir, los protas son los perpetradores del primer film, Heather Langenkamp se interpreta a si misma (tan sosamente como siempre), Robert Englund hace de Robert Englund, Wes Craven de Wes Craven, Robert Shaye (jefe de "New Line") de Robert Shaye y John Saxon de John Saxon (más algunos de los actores secundarios que se prestan a escuetos roles... o directamente, cameos). Toda esa parte es la más graciosa, en la que se retratan las movidas entre bambalinas y Craven aprovecha para echar unas cuantas puyas al resto de pelis... y a sí mismo... no sé yo si lo hace adrede o no, pero aparece como un gilipollas pretencioso que no acepta que únicamente hace pelis de terror adolescente y las reviste de pajas mentales filosóficas (por cierto, en su mesa del comedor reposa la Maria, el trofeo oficial del Festival de Sitges). Total, que Freddy Krueger, el personaje, era algo así como "la cárcel metafórica" de una entidad maligna. Al morir el personaje, dicha entidad se quedó con ganas de más, así que transmutó en su propio Freddy y decidió putear a aquellos que le vieron nacer y crecer y, muy especialmente, a la churri que lo mató en el film original, la mentada Langenkamp (que, por cierto, se supone tiene un hijo... un niño de lo más repugnante, feo y odioso... de verdad, yo tengo uno así y lo lanzo por la ventana). Pues vale.
En aquellos tiempos se habló mucho de que Krueger aparecería con una imagen más dura y terrorífica... y sí, se intenta... lleva pantalones de cuero negro y botazas, los colores de su jersey son más oscuros, su maquillaje más feo que en los títulos precedentes, sus uñas de acero más largas y él se gasta un poco más de mala uva, además de reservarse la aparición hacia la parte final del film. Sin embargo, cuando se deja ver, resulta patético... muy fácil de tumbar y con unos caretos que provocan la risotada. Una pena. La cosa en general es una pifia tremendamente aburrida y previsible, directamente mala, a la que no la salva ni la nostalgia. Después de ver esto, no me sorprende que para el nuevo Freddy buscaran a otro actor y apostaran por hacerlo más hijo de puta, porque ¿quien quería un payaso en la pesadilla del nuevo siglo?.
Recuerdo haber visto "La nueva pesadilla" en el cine, con un amigo, y bostezar tanto como hace un par de noches. La cuestión es que fue un merecido fracaso de taquilla y Krueger no volvió a asomar el careto hasta que "Jason Voorhees" salió en su ayuda.
Lo dicho, mala de esas que duelen.

martes, 3 de julio de 2018

EL REPUBLICANO

Suele ser habitual que los directores principiantes pongan bastante de sí mismos a la hora de realizar sus óperas primas: en el caso concreto de “El republicano” esta refleja a la perfección el recorrido biográfico, tanto vital como profesional, de su máximo responsable, el actor David Arquette, más conocido entre los aficionados por interpretar al pusilánime Dewey Riley de la saga “Scream”. De esta manera, Arquette tuvo por un lado la suerte de nacer y crecer en una comuna junto a sus padres y a sus cuatro hermanos, los también actores Alexis, Richmond, Rosanna y Patricia. Mientras asistía al desmesurado e imparable desarrollo de los atributos de sus hermanas mayores, y seguramente con el objetivo de alejar todo tipo de pensamiento incestuoso de su mente (esto es sólo una suposición mía) el pequeño David optó por compensar la libertad y el buenrollismo post-hippie que reinaba en su familia refugiándose en los cines de reestreno y de programa doble, en los cuales - y al mismo tiempo que se hacía fan de clásicos del terror de la Universal como "Drácula" o "Frankenstein" - también se fue aficionando al cine de supervivencia tan característico de los 70 así como al slasher de principios de la siguiente década, encontrándose de este modo entre sus favoritos títulos como "Deliverance", “Viernes 13” o, muy especialmente, “La última casa a la izquierda” y el “Halloween” carpenteriano.
El hecho de que su adolescencia transcurriera en el nucleo más duro de la era Reagan unido a la relación de amistad que mantuvo años después con Wes Craven, merced a su colaboración en la saga protagonizada por ghostface, hicieron el resto a la hora de decidir el tema de su debut tras las cámaras. Tan dispares elementos confluirían un día en la cabeza de Arquette mientras éste se encontraba asistiendo a un concierto de reggae que se celebraba en plena naturaleza con motivo de la conmemoración de "el día de la marihuana", también conocido como "el día internacional de la fumada de porros" (¿?) que se celebra todos los años el 20 de abril. Según recordaba Arquette: "Debido a la desorganización que imperaba en aquel festival empecé a emparanoiarme. Tenía la sensación de que todo estaba fuera de control. Luego, y para empeorar aún más las cosas, cuando se hizo de noche estaba todo tan oscuro que no era capaz de encontrar a mis amigos, ya que a ninguno de nosotros se nos ocurrió llevar una linterna al evento. Justo en ese momento me dio por pensar, "¿No sería genial que a alguien se le fuera la pinza y comenzara a cargarse a todos estos hippies?" De esta manera, a partir de la idea de realizar un body count protagonizado por un asesino en serie de ideas conservadoras, y teniendo como mayor punto de referencia a la propia saga "Scream" y su desmitificador sentido del humor, Arquette y el guionista Joe Harris ("Darkness Falls") pergeñaron un slasher de manual que incluye absolutamente todas las constantes que caracterizan al subgénero: de esta forma, aquí no faltan el psychokiller enmascarado que oculta un trauma de niñez, el grupito de neohippies que viaja en una furgoneta, y que tendrán el inevitable encontronazo con un grupo de rednecks de camino al concierto, así como el viejo que alerta de la amenaza que se oculta en el bosque o la consabida final girl, interpretada en esta ocasión por la deliciosa Jaime King ("Sin City").
Lo mejor, y a la vez lo peor, de esta película es que a pesar de incluir referencias postmodernas a "El equipo A" o a "El exorcista" sus responsables se atienen de una manera tan estricta a las reglas del slasher que "The Tripper" acaba siendo exactamente igual de coñazo que los títulos más representativos del género, con el agravante de que éste que nos ocupa ni siquiera es tan original (en lo que respecta al slasher con connotaciones políticas, Larry Cohen ya se les adelantó unos años antes con "Muerto el 4 de julio") ni tampoco tan gracioso como se pretende, por mucho que cuente con el plus de presentar a un sosias de Reagan que, hacha en mano, se dedica a desmembrar jipiosos.
De todas formas, y a pesar de sus puntuales aciertos, es una pena que Arquette no muestre aquí el talento suficiente para llevar el género un poco más allá como sí lo hizo en cambio a lo largo de su carrera, y en más de una ocasión, su mentor Wes Craven: así las cosas, la sátira y el metacine se desestiman en favor de los consabidos chistes de fumetas y la oportunidad de crear a un nuevo icono del terror a partir de la figura de este "The Tripper" se desaprovecha al mostrarse Arquette incapaz de otorgarle una personalidad propia que defina y distinga a su protagonista de los Michael Myers, Jason Vorhees y compañía. Al menos sus responsables no escatiman a la hora de desplegar a lo largo del metraje un gore bastante burro y escatológico y de mostrar sin ningún tipo de tapujos culos, felpudos, tetas y pollas hippies: algo es algo.
En su magnífico reparto, y junto al propio director, nos podemos encontrar con un Thomas Jane que por aquella época estaba casado con Patricia Arquette, y que acababa de encarnar a "El castigador", Lukas Haas ("Unico testigo"), Balthazar Getty ("Carretera perdida"), Paul Reubens (¡el mismísimo Pee-Wee Herman!), así como los cameos de Wes Craven y Courteney Cox (esposa por aquella época de Arquette) o a un Jason Mewes ("Clerks") que aquí, y para variar, también interpreta a un fumeta que va durante toda la peli más puesto que Maradona en una rave, seguramente tanto delante como detrás de las cámaras.
Aunque como ya apuntábamos sea un poco aburrida y previsible y falle asimismo a la hora de seguir los pasos de los superiores modelos en los que se mira, gracias a lo atractivo de su premisa y a su falta de pretensiones "El republicano" resulta ser al final, y a pesar de su mediocridad, una serie B inevitablemente simpatica. Así las cosas, si eres un fan curtido del género su visionado ni te cambiará la vida ni tampoco te defraudará en exceso. Una peli del montón, en definitiva.

sábado, 18 de marzo de 2023

ALMAS CONDENADAS

Han pasado 16 años desde que el llamado "El Destripador" rebanara el cuello a unas cuantas víctimas, incluida su propia esposa. Aunque supuestamente fue cazado, no consiguieron encontrar el cadáver y los chavales nacidos el último día que actuó (entre ellos su hijo), viven convencidos de su pronto regreso para seguir matando. Como era de esperar, comienza la escabechina y los caídos son esos mismos teenagers ¿Es uno que se está cepillando al resto o el criminal original?
Le tenía muchas ganas a "Almas Condenadas". Y no porque la recordara con cariño, más bien lo contrario. Pero era uno de los títulos olvidados e ignorados de la filmografía de Wes Craven. Un Craven que, entre mediados y finales de los 2000, andaba más de capa caída que nunca. Tuvo mogollón de problemas con "La maldición (Cursed)", el plomo aquel sobre hombres lobo protagonizado por la otrora apetecible Christina Ricci (que mal le sentó adelgazar, oiga) Se apartó un poquito del terror metiéndose de lleno en el thriller con "Vuelo Nocturno", una cosucha pasable con regusto a telefilm. Y volvió al género que le vio alcanzar el estrellato con "Almas Condenadas" ("My soul to take" en v.o.) Siempre hemos sabido que tío Wes estaba hasta el gorro de su vinculación con el terror. Como hombre de negocios y frustrado intelectual, lo abordaba progresivamente con menos pasión y entusiasmo. Lo que también es lógico. En "Almas Condenadas" la cosa anda ya bajo mínimos. No se muy bien qué pasó por su cabeza cuando se puso con el guion. Por un lado, estamos ante una tortilla confusa y caótica con ribetes de psicología de manual. Y por otro, un slasher en el que, incluso, parece que el cineasta intenta sacarse otro Freddy de la manga (como ya hiciera con "Shocker, 100.000 voltios de terror") a base de asesino de voz rara esputando puntuales chascarrillos. En fin, todo muy confuso, muy plasta, especialmente cuando nos metemos de lleno en terreno "adolescentes con problemas". La película todavía cuenta con una introducción intensa, pero la posterior caída a los abismos  lo manda todo al carajo.
Encima, dura 1 hora y 47. ¡No hacía falta, leñe! Le sobran 15 minutos, como poco. El clímax es un coñazo, me dormí en mi más reciente intentona. Y el enigma muy fácil de resolver. Más potables son los créditos finales, sobre todo por el despliegue del story-board casi completo.
El fracaso de la película (no me extraña que nadie hable de ella, nació para ser olvidada... hasta que vengan los esnobs de Bloody Disgusting y sentencien que en realidad es una obra maestra incomprendida) no contribuyó nada a hacer despegar la carrera de su joven reparto. El único que ha logrado algo a posteriori ha sido Frank Grillo. El resto, pues muchos terminaron como carne de serie televisiva. Destacaría a Emily Meade, solo por la cara de hijaputa que gasta, dando vida a un rol muy típico en el cine norteamericano ambientado en instis, el de la estudiante con alma de líder a la que todos siguen, escuchan y temen. No sé si eso se da mucho en los colegios actuales desssspaña, pero en mi época no ocurría y, por ello, me cuesta tanto entenderlo.
Entre la peña currando tras la cámara, encontramos al bueno de Kenneth J. Hall, uno de esos personajes que merecerían más atenciones. Eventualmente se ocupa de efectos especiales, moldear criaturas o fabricar disfraces estrambóticos (y le va muy bien, es a lo que se dedica profesionalmente hoy día), pero también pasaba el rato escribiendo guiones para leyendas de la serie Z y, directamente, dirigiendo. Suya es la mítica -por las razones equivocadas- "Engendro Satánico", incluida en nuestro pest-seller.
Desesperado ante la situación, el siguiente paso de Wes Craven fue obvio y previsible, retomar su éxito más reciente en el tiempo, "Scream, vigila quien llama", con una cuarta y también muy poco recordable entrega. Y de la tumba creativa, a la humana. Descansen en paz, él y "Almas Condenadas"

domingo, 6 de septiembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "BENDICION MORTAL" ( O MI HOMENAJE RACIONAL A WES CRAVEN)

El pasado Lunes, con el final de la parte más perezosa del verano, se anunciaba el chocante e inesperado fallecimiento de Wes Craven, el legendario papá de “Freddy Krueger”, director de títulos que todos conocéis de sobras y productor de los remakes de un puñado de ellos. No es que fuese uno de mis favoritos (como muchos de su quinta, estaba atrapado en el cine de terror contra su voluntad. Siempre opiné que su "Scream 2" era una venganza contra los fans del género, pintándol/nos cual energúmenos retrasados), pero quieras que no como adicto a ese tipo de cine crecí viendo sus pelis y algunas dejaron huella en mi, por ello decidí dedicarle este pequeño tributo en formato fotocromo (cortesía de Alex Gardés) colgando los de uno de sus títulos menores, de cuando se encontraba en la estacada y estaba apunto de renacer de la mano del asesino de la calle Elm (sufriría más caídas y resurrecciones posteriores, aunque últimamente andaba ya en plena decadencia creativa). Les hablo de “Bendición Mortal”, año 1981, que intenté ver recientemente para reseñarla o comentarla en el podcast pero me pareció de lo más sosa y aburrida, así que la ignoré. Lo único realmente destacable es su curioso y florido reparto, compuesto por Ernest Borgnine haciendo de lo que mejor sabía hacer (granjero malhumorado), Michael Berryman haciendo de lo que mejor sabía hacer (retrasado), Jeff East haciendo lo que mejor sabía hacer (poner cara de palo) y una jovencita Sharon Stone algo más carnosa a la que, con toda lógica, van dedicados por entero dos de los fotocromos que siguen a este rollete que concluyo ya no sin antes comentar que el desenlace de “Bendición Mortal” era deliciosamente ridículo y que, nada, descanse en paz Sr. Craven y gracias por las buenas películas, que las hubo.



Sharon 1




Sharon 2








Y mi favorito pal final.

martes, 3 de septiembre de 2013

LA COSA DEL PANTANO

Con los años, Wes Craven ha acabado siendo considerado uno de los grandes maestros del fantástico de todos los tiempos. Pero como le pasa a muchos de estos maestros (George A. Romero, sin ir más lejos) está bastante sobrevalorado. Es más, diría incluso que es bastante manazas, y que se le juzga únicamente por el par de películas buenas que tiene (“Pesadilla en Elm Street”, “Las colinas tienen ojos” o “La serpiente y el arco iris”), cosa esta que, también, sería muy relativa, en lugar de hacerlo por el montonazo de pedazos de mierda que tiene en su filmografía.
El caso más palpable de su inutilidad sería esta “La cosa del pantano”. Es tan estúpida la película como la idea de, entre el mogollón de cómics que había en D.C., adaptar este tan peñazo a la pantalla grande, estupidez esta que también cometieron los de “Marvel” al adaptar el personaje que bebe las aguas de este, “Man Thing”, además en la década pasada.
Un individuo en su laboratorio crea un suero que hace que las plantas se conviertan en alimentos, con lo que se puede acabar con el hambre en el mundo. Pero por otro lado, tenemos a un malo muy malo, que quiere comprar el suero para hacer solo sabe dios que, y como el inventor se niega a vendérselo, lógicamente, se lo carga. Pero el suero cae sobre el cuerpo del doctor, convirtiéndole en “La cosa del pantano”, y por ende, en un súperhéroe que pondrá a todos estos individuos en su sitio  y luchará contra el crimen desde los pantanos de Florida.
La puñetera película no sirve ni para comida de carroñeros.
Y es que, que no me vengan con los rollos del poco presupuesto; menos se tenía para cada capitulo de “El increíble Hulk” en televisión y molaba infinitamente más que esto. De hecho, es que aunque “La cosa del Pantano” es una película de cine, en ritmo, estructura, y si me apuran, incluso en fotografía, es calcada  a la serie interpretada por Bill Bixby o Lou Ferrigno… parece como si quisiera imitarla… sin éxito, por supuesto, porque esto es la cosa más aburrida que se puede echar alguien a la cara. En definitiva, que parece un telefilm, pero de los malos.
Si hay que hacerse el guay, diré que el traje de la cosa del pantano, hecho a base de plastico y latex, no se parece nada al de cómic, que es una puta mierda, que tiene expresión de chiste y que por eso te tienes que reír, que también tienes que hacerlo por el par de monstruos que aparecen en la película y contra los que la cosa tiene que luchar, y que vemos las excelentes tetas de la muy pelopolla Adrienne Narbeau (la hemos visto en “La niebla”, “1997, rescate en Nueva York”, “ Los locos del Cannonball” “Creepshow”, prestó su voz al ordenador de “La cosa”, o en “Regreso a la escuela”… ahí es nada), pero es que esos no son motivos suficientes para dedicarle un visionado. O si… al fin y al cabo, anoche me la comí del primer al ultimo fotograma.
Junto a ese par de tetas, tenemos en el reparto a parte de actores de la escudería Craven como David Hess (“La ultima casa a la izquierda”, habitual en las pelis de vídeo de Ulli Lommel,), Louise Jordan como la chistosa cosa del pantano, Ray Wise (“Twin Peaks”) como el malo maloso y hasta un negrillo con gafas gigantes.
Años mas tarde, Jim Wynorski se encargó de rodar una secuela con mucha más gracia, “El regreso de la cosa del pantano”, en la que el aspecto del bicho, era inmensamente más parecido al de los cómics, e infinitamente más elaborado, que el de esta mierda de Wes Craven.

martes, 2 de agosto de 2011

INVITACIÓN AL INFIERNO

Ya hemos hablado con anterioridad de las constantes crisis que ha sufrido la carrera de Wes Craven desde que arrancara por ahí el año 1972. De hecho, ahora mismo se encuentra metido de lleno en una de ellas, y parece que esta vez no va a salir (después de "Almas condenadas", no merece menos). Pero en los 80 la cosa era bien distinta. Concretamente, entre "Las colinas tienen ojos" y la legendaria "Pesadilla en Elm Street", Craven esputó un par de telefilms, "La cosa del pantano" (ouch!) y "Bendición mortal" (zzzz). Dentro del grupo de las primeras, destaca esta "Invitación al infierno". De hecho, puede que sea lo más interesante parido por el realizador en tan deprimente etapa.
Un científico y su familia se trasladan a vivir a un blanco y bonito suburbio típicamente americano. El motivo es un curro nuevo que le ha salido a él (¡por enchufe!), concretamente la construcción de un traje espacial destinado a los astronautas que conquistarán Venus (???). Al principio todo es buen rollo, pero poco a poco las cosas comienzan a complicarse cuando al prota le insisten en que debe entrar a formar parte de un ultra-selecto club si quiere escalar puestos en la empresa. Él, que es muy honesto, se niega, pero su mujer... que es mujer, se apunta. Pues bien, resulta que el dichoso club esconde una entrada al mismísimo infierno, y todo aquel que forma parte de él es condenado para toda la eternidad. El científico se meterá en su super-traje dispuesto a salvar a los suyos.
Interesante propuesta. Lástima que haga inevitable gala de todas las miserias y torpezas propias de lo que era un telefilm en aquellos tiempos. Es ante todo sosa, estéticamente plana, light en cuanto a violencia/sexo y, claro, cargada de moralina (¡hay que salvar los valores familiares, por dios!). Sin embargo, lo original y simpático de su trama, su ritmo soportable y su colorido reparto la hacen digerible.
Dentro de este último grupo, tenemos de todo: El gran Robert Urich (poli malo en "Harry, el fuerte", co-prota en la serie "Los hombres de Harrelson") es el científico. Joanna Cassidy (la tipa de la serpiente de "Blade Runner", también presente en la Carpenteriana "Fantasmas de Marte") es la esposa. Su colega del curro lo interpreta Joe Regalbuto (el mecánico de "El halcón callejero"), su jefe no es otro que el inolvidable Kevin McCarthy. Los niños también deparan sorpresas, por un lado Barret Oliver, prota de "D.A.R.Y.L" y por otro, Jason Presson, el chico conflictivo de "Exploradores". Finalmente, y por marcarse una fardada, tenemos a Nicholas Worth (el psycho-killer de "No responda al teléfono") de segurata cabrón. Según IMDB también ronda por ahí el mítico Michael Berryman, pero no supe verlo (¡¡y mira que destaca, el tío feo!!).
En el apartado técnico sobresale, ni más ni menos, Dean Cundey en cuestiones fotográficas, el reputado operador de John Carpenter y Steven Spielberg... que para la ocasión no se lució mucho.
Ese mismo año, 1984, Wes Craven lograría escapar de su propio infierno televisivo con la primera entrega de las aventuras de Freddy Krueger.

sábado, 10 de enero de 2026

LA MALDICIÓN (CURSED)

Esto va a sonar fatal, pero siempre que pienso en Wes Craven no puedo evitar acompañarlo de una sensación lastimera. Tal vez sea por esa eterna mueca de tristeza que gastaba... o, más probable, la causa esté entre las páginas del libro "Sesión Sangrienta", donde se le dedicaba un buen pasaje narrando sus arranques como hippie aspirante a pintor y/o poeta. Luego se encoñó, tuvo hijos y, aunque intentó dejarlos de lado para seguir sus elevadas inclinaciones artísticas, al final le tocó pringar. Y de ahí, pues ya saben, a rodar porno y luego terror ultra-violento, donde quedó encasillado de por vida gracias a su éxito y, por ende, una posterior integración en el mainstream (incluido fracasado intento de pasarse al drama de alto standing) que le iría desprendiendo progresivamente de gracia y espíritu. Es decir, la fama y las riquezas hicieron aflorar, ya de modo total y definitivo, al hombre de negocios oculto tras el "auteur", y no digamos "el artista". Por eso, seguramente, sus películas iban sumando elevadas dosis de mediocridad a medida que acumulaba años de profesión, porque el interés invertido iría de casi cero a casi menos cien. Y eso, amigos, se nota. Si a todo este cocktail amargo añadimos un rodaje super-caótico y problemático con los terribles gerifaltes Weinstein y su "Dimension Films" al frente (subproductora destinada a confeccionar cine puramente de género, considerado basura por los hermanos), que acabó de traumar a Craven hasta el punto de decidir no aceptar ningún proyecto más únicamente motivado por el montante (promesa, opino, incumplida), pues apaga y vámonos.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.

martes, 20 de octubre de 2009

LA SERPIENTE Y EL ARCO IRIS

A Wes Craven deberían darle un premio al director con más fluctuaciones a lo largo de su carrera. Suena a porno, pero no van por ahí los tiros (aunque de joven el viejo Wes estuvo muy metido en el mundo del peliculismo guarro). En varias ocasiones, Craven ha caído en picado como cineasta para renacer, para volver a caer, renacer de nuevo y caer... situación en la que se encuentra actualmente (eso significa que el día menos pensado ¿volverá a resurgir con alguna peli cojonuda?... es posible).
Una de estas nuevas oportunidades la tuvo cuando, tras varios años de telefilms chusqueros, parió "Pesadilla en Elm Street" y, a pesar de dos leves tropiezos intermedios, tiró parriba con cosas como "Amiga Mortal" o "Shocker". Entre estas firmó "La serpiente y el arco iris", un film que podría haber sido mucho mejor de lo que fue.
Basado en los estudios sobre el vudú que hizo Wade Davis, el Sr.Director nos cuenta la historia de un antropólogo encarnado por el simpático Bill Pullman, siempre con esa cara sufriente, que viaja a Haití para descubrir el secreto del fenómeno zombie, lo que le dará un montón de problemas, sobre todo con la mano derecha del dictador de turno, que encima es brujo.
"La serpiente y el arco iris" mola durante 65 minutos. Luego, ¡plof!, se va al carajo. Antes de que eso ocurra tenemos una historia bien narrada e interesante, con buena ambientación y algunas secuencias de pesadillas muy inquietantes.... sin estridencias... a partir de la hora y cinco, la tortilla se gira por completo y Craven asalta nuestros sentidos a base de pirotecnia barata y agotadora que se carga todo el realismo mágico y la sobriedad precedentes.
Una verdadera lástima, pues podría haber sido un clásico moderno del terror serio y adulto.
Luego, Craven volvió a tirar pabajo hasta que conoció a Kevin Williamson y se armó la jarana. Pero esa es otra historia.

sábado, 10 de enero de 2015

HOUSE 3

A raíz del fenómeno Freddy Krueger muchos fueron los productores avispados que intentaron subirse al carro del dinero fácil rodando epopeyas horroríficas situadas en el mundo de los sueños y las pesadillas.
De entre todos esos desalmados hombres de negocios destacó Sean S. Cunningham, frustrado / resignado papá de la franquicia "Viernes 13", y no porque su apuesta resultara ni mejor, ni más estimulante, sino por su vinculación previa con Wes Craven, creador de "Pesadilla en Elm Street", con quien durante los setenta se asoció para esputar la epatante y clásica "La última casa a la izquierda". Ya suena un tanto rastrero que Cunningham robara a su ex-partner, pero la cosa empeora si comparamos las tramas de esta "House 3" con "Shocker, 100.000 voltios de terror", película del mismo Wes Craven en la que, auto-plagiándose, intentaba repetir el éxito del de las garras. Son sumamente parecidas y ambas vienen fechadas en el mismo 1989, lo que aún añade más misterio.
Un súper-asesino del copón bendito es capturado y llevado a la silla eléctrica. Una vez sentado y enchufado, tarda un huevo en palmarla. Muerto su cuerpo físico y convertido en una especie de electro-fantasma, se tomará la revancha puteando a conciencia al policía que le detuvo.
Leída la trama de base, además de corroborar el mentado parecido con "Shocker", nos percatamos de que su vinculación con las dos "House" previas es prácticamente nula. Efectivamente, que se la bautizara como la tres fue cosa de los productores, que por algún motivo desconocido pensaron que funcionaría de fábula en el mercado no-yanki. Pal autóctono conservó el original, "The Horror Show", muy "cool"... demasiado incluso para la peli que parapeta. ¿Por qué?, pues porque "House 3" es, ante todo, terriblemente previsible, formuláica y angustiosamente aburrida. Sin alma. Que sí, que está decentemente facturada a un nivel técnico, pero eso a mí ya no me impresiona ni me vale.
Curiosamente estamos ante un producto que sirve de casi perfecto puente entre el terror ochentero, del que toma prestado un gore sorprendente en su gran guiñolismo (cadáveres metidos en trituradoras, cuerpos mutilados por doquier, incluso una niña decapitada) y el terror noventero, como cierto humor mal incorporado –práctica esta que los supuestos expertos otorgan a la década de los 80, pero que yo no comparto- y, obvio, el abuso de sustos baratos (el gato saliendo disparado del interior del armario a ritmo de "marramiau!". Mira que he convivido con felinos muchos años y jamás he visto ninguno que se encerrara dentro del armario y se quedara ahí, esperando en silencio durante horas, a que algún incauto abriera la puerta) o de efectos especiales grotescos que arrasan con toda posible verosimilitud y malrollismo. A pesar de este último dato, "House 3" sufrió los temibles envites de la censura, que se encargó de hacer desaparecer para siempre algunos momentos de puro "shock" (que no "Shocker"), como este mismo que les dejo aquí al ladito, con el protagonista abriéndose el pecho de par en par y mostrando su sufrido corazón.
Viendo "House 3", las deudas que arrastra con la calle Elm saltan a la vista. Dejando a un lado todo el tema de pesadillas y surrealismo de andar por casa, tenemos la inevitable fábrica humeante como guarida del malo, el sótano misterioso con su descontrolada caldera y un asesino que mata desde un plano sobrenatural, puede suplantar personalidades y gasta un nombre tan chanante como el de "Max Jenke". Añádanle al pack una tendencia a hacerse el graciosillo y adoptar formas monstruosas totalmente "kruegerianas". El gran problema aquí es que esa actitud desenfadada no le pega nada siendo como es -sobre todo antes de mutarse a pseudo fantasma- un personaje fundamentalmente desagradable y antipático. Su risa burlona o su estúpida conversión a "monologuista macabro" en uno de los peores gags de toda la puta película, se notan extremadamente y erradamente forzados. Tal vez en ese sentido funcione mejor la mención de Don Johnson como la polla más deseada por la platea adolescente en aquellos tiempos. Claro que ahí entramos en el terreno de la comedia involuntaria.
En el reparto localizamos a peña tan carismática como el eterno Lance Henriksen. Brion James en su salsa -hacer de malo se le daba muy bien- explotando al máximo ese inimitable careto de pervertido. La preciosa Dedee Pfeiffer como teenager desbocada (incluida escena de ducha, aunque la doble de cuerpo canta tanto como esas negras prendas indiscretas que lleva encima de las tetas –¡rima!-). Aron Eisenberg es el bizarro adicto al heavy metal de andrógina sexualidad. El legendario Lawrence Tierney se reserva un rol la mar de escueto. También nos damos de bruces con el televisivo Matt Clark, Terry Alexander (el prota "de color" de "El día de los muertos") y Lewis Arquette (cabecilla del clan Arquette y que llegó a participar en cosas como "Porquis 13" –no confundir con “Porky´s 13 en Vietnam”-).
Y lo que tenemos tras las cámaras es puro culebrón. Aunque el director oficial que aparece en los créditos es el prematuramente fallecido James Isaac (responsable de "Jason X" o "Pig Hunt", después de cambiar el taller de efectos especiales por la silla del dire), en realidad "House 3" arrancó con otro al volante, el Neozelandés David Blyth ("Death-Warmed Up/Experimento Mortal") en una desesperada y fallida intentona por labrarse una carrera hollywoodiense. Desconozco qué motivó su despido, pero probablemente no sea una historia precisamente bonita.
Como tal vez tampoco lo sea el hecho de que uno de los co-guionistas, Allyn Warner (de notable carrera previa en televisión y que después de "House 3" no volvería a hacer nada más), decidiera aparecer acreditado como Alan Smithee... ya saben, el pseudónimo oficial que todo profesional del cine utiliza cuando reniega de su labor, generalmente por intromisión de un ente ajeno. Al otro escribiente, Leslie Bohem, las cosas le fueron mejor. Debutaba con "House 3" y seguiría con la casi ofensivamente lógica quinta parte de "Pesadilla en Elm Street" (imagino que su expolio sería lo suficientemente correcto como para que los productores de la saga original le consideraran una opción válida), "Sin escape (Ganar o morir)" pa luciminto de Van Damme, "Pánico en el túnel" pa lucimiento de Stallone, la risible "Un pueblo llamado Dante´s Peak", el super-batacazo "El Álamo - La leyenda" o la "story" de "La hora más oscura".
De los efectos especiales se responsabiliza la inevitable "KNB Group" y de la música el eterno socio de Sean Cunningham, Harry "Viernes 13" Manfredini. Y ya que hablamos de la famosa saga, también localizamos a Kane Hodder ejerciendo de "stunt". Una gran familia feliz.
Para despedirnos, algo de friquismo (¡¿más?!): No podía pasar por alto el cartel de la película. Aunque suene redundante... que levante la mano el que no haya visto esa misma mano abierta en tropecientos mil posters más. Sí amigos, estamos ante uno de aquellos inolvidables iconos de la subcultura del “jetismo caratulil” que tanto nos pone, muy representativa de los años 90. Algún día dedicaré un artículo/repaso a todo ello, lo mismo que a las secuelas falsas que el mercado italiano se sacó de la manga con "La casa" como palabro recurrente. Aunque esputada a raíz del primer "The Evil Dead", dicha franquicia de mentirijilla afectó también -lógicamente- a los "House" producidos por el Sr. Cunningham, incluida aquí esta tercera parte que en esos lares se lanzó como "La Casa 7", nada más y nada menos.
Pero todo ello lo dejamos para más adelante... de momento quédense con que "The Horror Show" es rematadamente mediocre y recomendable de modo exclusivo a completistas del terror yanki con más moral que el Alcoyano.

lunes, 16 de enero de 2012

WISHMASTER

Si algo bueno tiene "Wishmaster" es que parece... no, parece no, ES una peli hecha por fans del género directa para fans del género. O por lo menos, por gente que lo respeta y sabe perfectamente cómo alimentar a su fiel seguidor. Y yo eso, amiguitos, lo agradezco.
A causa de una serie de variados infortunios, un enorme ópalo de fuego cae en manos de una moza. Resulta que dentro del pedrusco vive atrapado un Djinn o, lo que es lo mismo, un genio cuyo único fin es salir y dominar el planeta. Nuestra prota deberá hacerle frente y pararle los pieses.
Uno de los aciertos de "Wishmaster" (desconozco si realmente original, pero al menos yo entonces aún no lo había visto) es la idea del genio concededor de deseos como ente malvada y que otorga lo que le piden de modo siempre muy mal intencionado y pernicioso. Resulta especialmente divertido ir descubriendo a lo largo de la película cómo el Djinn putea a la peña convirtiendo sus sueños en pesadillas. Este mismo es otro punto a favor del pitote al interpretarlo con mucho gracejo y carisma Andrew Divoff (es tal la coña que incluso en un momento dado, y antes de cometer una fechoría, lanza una mirada directa y cómplice al espectador). Al mejunje hay que añadir unos efectos especiales dignos e imaginativos (en este apartado nos encontramos con el también director Gary J. Tunnicliffe y el mítico Screaming Mad George) y mucho gore bien jugoso, aunque no especialmente traumático gracias a su abierta pátina fantasiosa y exagerada, que lo hace tan disfrutable como inofensivo.
Cuidao, no digo que "Wishmater" sea un joyón del copón, hay numerosos momentos para el ridículo absoluto, sustos baratos a mansalva y no menos ingredientes risibles, como las muecas de la actriz protagonista, algunos gestos del mismo Djinn o mi instante favorito, cuando este exclama con voz cavernosa: "¡Pues a la mierda!". Sin embargo, nada de todo esto molesta realmente, tal vez por lo que decía de que la peli es un regalo para los fans del terror menos exigentes y con más sentido del humor, o simplemente gracias a su espíritu festivo, la absoluta falta de pretensiones y que, ¡coño!, entretiene lo suyo. La historia está lo suficientemente bien hilvanada como para no aburrirnos.
Dirige Robert Kurtzman, antiguo integrante del reputado clan de efectos especiales KNB Group y director de pelis como "Enterrado Vivo" o "The Rage" (quien se marca un cameo como víctima decapitada). Produce/apadrina un Wes Craven en la cresta de la ola -en cuanto a popularidad- de su tormentosa carrera, habiendo dirigido un año antes la exitosa "Scream". Entre actores principales, secundarios y cameos, nos vemos cara a cara con Robert "Freddy" Englund, Kane "Jason" Hodder, Tony "Candyman" Todd, el eterno secundario de culto George Buck Flower, Ted Raimi (hermano de Sam), Angus "El hombre alto" Scrimm (como narrador), Reggie "Phantasma" Bannister, Howard Berger (del grupo KNB), Joseph "El día de los muertos" Pilato y Dan "Terroríficamente muertos" Hicks. El guionista, Peter Atkins, tiene en su haber títulos como "Hellraiser 2, 3 y 4" o "El puño de la estrella del norte". La música la firma Harry "Viernes 13" Manfredini. La canción final es de "Motorhead". Y hay aparición especial para la legendaria publicación "Psychotronic Video"... lo que yo decía, del fan para el fan.
Muy al contrario de lo expuesto hasta el momento, las secuelas dejaron bastante que desear. "Wishmaster 2", más cutre y barata, la dirigió un acabadísimo Jack Sholder y aún tenía la suerte de contar con Andrew Divoff en el rol de genio, algo de lo que no pueden presumir ni la tercera, ni la cuarta entregas, más enfocadas al público adolescente idiotizado por el mismo terror-poppy que, justamente, puso de moda Wes Craven.

miércoles, 21 de julio de 2010

CHAOS

La historia que hay tras esta película, y el dilema que plantea, resulta mucho más interesante que ella misma. "Chaos" originalmente nació como el remake oficial de "La última casa a la izquierda", el clásico de Wes Craven. Pero a último momento su productor pensó que el material era lo suficientemente distante del original como para darle entidad propia y pasar del tema remake (según Imdb, incluso se fichó a David Hess para que repitiera su papel de malo malísimo, pero acorde a ese cambio, fue despedido y sustituido por otro actor, Kevin Gage, que en "Laid to rest" interpreta a un personaje totalmente opuesto al que aquí le toca). Claro, tu ves "Chaos" y lo notas, ya que la historia es en esencia la misma que "La última casa a la izquierda", cambiando leves detalles... sobre todo el desenlace, que de absurdo y ridículo resulta incluso efectivo.
Como bien sabéis, el verdadero y oficioso remake llegaría unos años después de la mano de Dennis Iliadis, y pronto sería acusado de dar la espalda al tono sucio y crudo del film-madre. Es cierto que esta segunda casa a la izquierda prefería tirar de un rollo más estilizado y moderniqui, pero tampoco resultó un film del todo desdeñable. ¿Hubiese sido mejor si, como en la de Wes Craven, hubiesen apostado por más guarrería, más virulencia y personajes no estrictamente guapos?... pues a día de hoy puedo decir que NO, porque "Chaos" sí tira por esos derroteros y sin embargo el resultado dista mucho de dejarte contento. Vamos, que el remake del 2009 gana por puntos a pesar de su limpieza de rostro.
"Chaos" no es tan brutal y salvaje como se anuncia a si misma. Sí es cierto que tiene un par de momentos gore bastante impactantes y cazurros, pero son eso, solo dos. En esta peli nadie es especialmente atractivo, el look casi recuerda al cine de los 70, la cámara se mueve mucho, en fin, que sí, que huele más a la casa izquierdosa original, sin embargo los actores son mediocres, las variaciones de la historia un tanto cantosas y el texto introductorio al inicio, en el que se asegura que la peli cumple su función de "aviso" a padres de potenciales víctimas e incluso se jacta de contribuir a salvar vidas, me parece hipócrita y patético.
En fin, que la cosa va de lo mismo: Niñatas se van de party, panda de asesinos delirantes las secuestran, torturan y matan para que poco después recalen en casa de los padres de una de ellas y estos tomen la revancha. Eso si, sin emoción, ni garra, ni tensión ni na de na.
En el reparto destaca Sage Stallone, hijo de Sylvester, actor ocasional en cine raro y devoto del exploitation.

jueves, 5 de enero de 2012

SHOCKER, 100.000 VOLTIOS DE TERROR

El éxito de la saga "Pesadilla en Elm Street" desencadenó una oleada de imitaciones cuyo nexo de unión era el usar como reclamo (desde el mismo título) a un monstruo que, a pesar de cometer los más atroces crímenes, en realidad fuera un tipo simpático y ocurrente. El asesino como absoluta estrella del espectáculo. Mirado en la distancia, vemos que son cientos y cientos los films que se subieron al carro, pero así a lo burro, podríamos citar cosas como “Funny Man” (francamente horripilante), la saga de “Leprechaun” (que también guarda similitudes con “Chucky”) y la otra creación del mismo padre, “Rumpelstiltskin”; “Circuitry Man”, “Jack Frost”, “Uncle Sam” o la tardía “Scarecrow”, con varias secuelas en su haber... así como una infinita ralea de infra-producciones con el mundo de los sueños como denominador común, léase “Beyond dream´s door”, “Nightwish”, “Dreamaniac” o la inevitable imitación exótica, “Ranjang Setan”, también conocida como “Satan´s Bed”.
Pero no hay que ir tan lejos para encontrar refritos Kruegerianos. El mismo ex socio de Wes Craven, Sean S. Cunningham, produjo “House 3”, o mejor, “The Horror Show”, como un intento de convertir al asesino encarnado por Brion James en otro anti-héroe adicto a la sangre que se mueve felizmente por un mundo de pesadillas. Es curioso que el argumento de esta tuviera muchísimos puntos en común con la auto-copia oficial de Craven, “Shocker, 100.000 voltios de terror”. Ambas (producidas en 1989) narran la historia de un psycho-killer capturado y llevado a la silla eléctrica, donde en lugar de fenecer, pasará a habitar otra dimensión desde la que hará la vida imposible al tipo que se encargó de capturarlo.
Aunque Craven ya usó anteriormente casi el mismo tono y fondo de “Pesadilla en Elm Street” para “Amiga Mortal”, “Shocker” es la que más se parece a las desventuras de Freddy Krueger. Obviamente, el realizador no podía plagiarse a si mismo de un modo demasiado descarado, así que en lugar de situar a su monstruo de chanante nombre –Horace Pinker- en el mundo de los sueños, le da la capacidad de usar la electricidad como arma y método de transporte, hasta el extremo de poder colarse en el interior de una televisión en una tan ridícula como divertida pelea con el prota. En otro momento de la función, Pinker se introduce en varios cuerpos como quien cambia de zapatillas, destacando especialmente a la angelical niña, transformada de pronto en un rudo matón que cojea y echa lapos.
Ni la presencia de la enemiga jurada de Krueger -Heather Langenkamp- en plan aparición especial, o la de Ted Raimi o incluso la canción de “Megadeth” con la que nos estuvieron dando la chapa vía caja tonta, ayudaron a que “Shocker” funcionara lo suficientemente bien como para dar vida a la criatura más allá de su debut. Y es que, además, Horace Pinker no era nada simpático.

sábado, 6 de febrero de 2021

PESADILLA EN DELMER HOUSE

Mi interés en ver esta película era básicamente antropológico y venía motivado por la vil y más rastrera de las nostalgias. Seguramente los de mi quinta recuerden la llamativa y bellísima caratula y, sobre todo, el descarado título español. Sí, eran los tiempos en los que la primera aventura de Freddy Krueger lo había petado, así que uno de nuestros avispados distribuidores tuvo la descacharrante idea de pillar un telefilm canadiense del año 1982 (dos menos que el clásico de Wes Craven), originalmente bautizado "Till Death Do Us Part" (es decir, "Hasta que la muerte nos seapre"), titularlo "Pesadilla en Delmer House", mangar la tipografía de "Pesadilla en Elm Street" (+ el "elm" de "Delmer", innecesario remarcar que en la peli no se refieren a la "house" en ningún momento con ese nombre) y currarse una ilustración propia de un slasher (el asesino jamás tira de gancho para cometer sus fechorías, por supuestísimo). ¿Picamos? Pues yo no. Supongo que por entonces ya tenía aprendida la lección, y aunque me tiraba mucho la curiosidad, nunca jamás la alquilé, ni la vi, hasta ayer por la tarde, cortesía de la amabilidad y el talento rastreador de mi amigo Enorm.
Tres parejas en permanente conflicto llegan hasta la mansión de un famoso psiquiatra, dispuestas a recuperar el amor a base de terapias bastante extravagantes. Alguien ataviado con unas botas negras comienza a matarlos. Lo normal tras el primer crimen hubiese sido salir pitando de allí, pero no, los pacientes se quedan y el homicida continúa con lo suyo. ¿Quién será el culpable?
Básicamente estamos ante un "whodunit" de manual, con regusto a Agatha Christie rancia, todo lo elemental y desalmado que tocaría por su condición telefílmica, aunque, eso sí, luciendo puntuales arrebatos absurdos que agradeces. Por ejemplo, la pareja de sexagenarios con él soltándole sin cesar crueles e hilarantes insultos a ella. El mismo psiquiatra, en apariencia mucho más tarado que sus pacientes. O sendos escuetos más poco inspirados momentos de humor. Tampoco son moco de pavo los títulos de crédito, a base de recolectar, tal y como si se tratara de un trailer cualquiera, algunos de los momentos de la película que nos disponemos a deglutir ¿¿??
Naturalmente, el recuento de cadáveres es escaso y la sangre prácticamente nula. No la esperen, como tampoco esperen un despliegue de tremebundos efectos especiales porque, ni por el forro.
Y pasa lo que pasa, que al sentarme esperando una pedazo de mierda de proporciones bíblicas, me he encontrado con algo semi-simpático, semi-digerible y semi-entrañable que, desde luego, no es para conservar ni volver a ver. Pero ahí queda. Al menos ahora ya puedo ponerle cuerpo a aquella mítica caratula.
En el reparto destacan algunos rostros reconocibles. Especialmente si hablamos de la tocha de Matt CRAVEN (la coincidencia de apellidos no creo que fuera inspiración para el distribuidor), que le viene ideal al farlopero que interpreta y al que hemos visto en chorrocientas películas, destacando por adecuada "Cumpleaños mortal". También les sonará James Keach, básicamente por ser el hermano de Stacy y encarnar al instructor cabrón de "Locademia de conductores". Y finalmente damos con Jack Creley, el misterioso "Brian O'Blivion" del clásico "Videodrome" y que hace el papel de marido mal hablado (que su personaje se apellide Kroog, leáse "Krug", tampoco creo que fuera inspiración para el distribuidor).
Timothy Bond, director, (podríamos referirnos a él chistosamente como Timothy "Dalton as James" Bond) se pasó media vida currando en la tele. Entre sus pocos largos para cine destaca "Cosecha Mortal", cuya reseña fue escrita por Aratz en nuestro pest-seller.
El guion lo firma Peter Jobin, en cuyo curriculum localizamos un episodio de la serie "Misterio para tres" ("Friday the 13th: the series" en v.o.) y, sobre todo, el libreto completo de "Cumpleaños mortal" en cuyo rodaje, supongo, haría buenas migas con Matt Craven.
A saber...

jueves, 30 de mayo de 2013

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (31): LAS COLINAS TIENEN CRUCES DEL DIABLO EN LOS OJOS



En uno de sus habituales tropiezos entre éxito y éxito, el año 1984 Wes Craven dirigía "Las colinas tienen ojos 2ª parte". Llevaba ya un tiempo perdidísimo y supongo que rodar la secuela de uno de sus "clásicos de culto" era lo que decimos una "opción desesperada".
Sin embargo, y tal y como suele ocurrir en casos así, el resultado quedó muy lejos de ser potable. A día de hoy, la secuela de "Las colinas tienen ojos" original, no solo se considera una de las peores propuestas de Craven, también, directamente, un truño de proporciones épicas. Y yo lo confirmo. Afortunadamente para el cineasta, justo ese mismo 1984 se pondría a los mandos de "Pesadilla en Elm Street", y las cosas cambiarían para mucho mejor (hasta el siguiente tropiezo, claro, ¡que lo hubo! y, de hecho, fueron unos cuantos).
Antes de todo eso, en 1975, Paul Naschy convencía al "hammeriano" John Gilling, de vacaciones en España, para que dirigiera la traslación a la gran pantalla de las famosas leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer con "La cruz del diablo". Por alguna extraña razón (como era habitual en la carrera del hombre lobo patrio, siempre salpicada de caca) finalmente Gilling echó a Naschy (aunque mantuvo su nombre -real- en funciones de co-guionista) y rodó la película con otro actor, al que acompañarían nombres ilustres como los de Carmen Sevilla, Adolfo Marsillach, Emma Cohen o Mónica Randall, entre otros. No he visto "La cruz del diablo", y la tengo ahí pendiente, pero no soy muy fan del fantastique hispano de los años 70, no formo parte de esa prole de desmedidos e incontrolados devoradores de cualquier cosa que lleve el sello Naschy, aunque sea pura diarrea (es decir, el 90% de su filmografía, vamos). 
¿Y qué une en un mismo post a dos pelis tan diferentes en el tiempo y el espacio?, pues sus respectivas ediciones en formatos domésticos. Dicho de otro modo, en cómo el vhs de "La cruz del diablo", según las dudosas capacidades de "Deva Films Video", lucía una caratula que era puro plagio, descarado y retorcido, del cartel de "Las colinas tienen ojos 2ª parte". Ya no únicamente en el reciclamiento de imágenes (como ese rojizo y enfadado rostro barbado), también por la tipografía del título, y su diseño, con ese especie de "pincho" (ejerciendo en ambos casos de sustitutivo de la letra i) asomando desde la parte superior de la caratula hasta su base... incluida sangre, aunque en la de Craven quede deslucido por mala distribución de elementos. Genio y figura. Y desvergüenza.

sábado, 1 de septiembre de 2007

GOING TO PIECES, THE RISE AND FALL OF SLASHER FILM

¿Un documental sobre el auge y caída del cine "slasher"?, eso no puedo perdérmelo (y además, con subtítulos en castellano). Tras agenciármelo, esperé al momento propicio para verlo. Ahora que ya ha pasado tan señalado instante, puedo decir que, efectivamente, me ha encantado. Es previsible, lo sé, pero afirmar lo contrario sería mentir.
La película, que adapta un libro escrito por Adam Rockoff (de idéntica temática, of course), posee la maravillosa virtud de no centrarse únicamente en los de siempre e ignorar a los que vinieron después, inexorablemente relegados a la sombra. Efectivamente, tenemos a Carpenter, a Cunningham, a Craven, a Savini... pero también podremos gozar de entrevistas a Joseph Zito o Fred Walton, e incluso si me apuran por ahí también asoman elementos aún mucho más oscuros como Herb Freed, Armand Mastroianni o Paul Lynch, autores todos estos que, en algún momento de su carrera, se adentraron en el pantanoso, pero agradecido, terreno del "slasher", ya sean títulos más conocidos ("El asesino de Rosemary", "Prom Night") o cosas terriblemente ignotas ("El día de la graduación", "El día de los inocentes"). Además, aunque el film también repasa el resurgimiento del género en los 90 con "Scream" y todo lo que le siguió (incluidos Rob Zombie, "Hostel" o "Saw"), en realidad se centra en la gloriosa década de los 80 (de las pelis que no muestran imagen, al menos incluyen el poster, caso de "Madman", "No abrir hasta Navidad" o "The Prey") y los títulos que la precedieron y marcaron la pauta, siendo "Psicosis" la que se lleva la medalla.
"Going to pieces" posee un ritmo absolutamente endiablado, toca todos los palos propios del "slasher" (el tipo de asesino, su posible trauma, la clase de arma que usa, la heroína que resiste hasta el final, los emplazamientos típicos, los actores famosos que debutaron en esta tipo de producciones, etc, etc) y aledaños (la escuela Italiana, con especial mención al "Bahía de Sangre" de Mario Bava donde, por fin, se muestra con toda clase de lujos la escena del empalamiento que, poco después, plagiaría sin rubor el segundo "Viernes 13") a toda velocidad, y lo hace con imágenes a porrillo, centrándose casi única y exclusivamente en los crímenes más sangrientos de cada film comentado (¡incluso "Mil gritos tiene la noche"!).
Afortunadamente no se echa demasiada mano de justificaciones intelectualoides (alguna cae, sobre todo vía Wes Craven, pero nada que moleste demasiado), al contrario, todos los entrevistados se sueltan el pelo reconociendo que gozan viendo/creando los más atroces crímenes (especial mención merece Stan Winston, que abre el documental afirmando: "Cuando voy al cine, me encanta ver como decapitan a alguien", ¡ahí, ole tus huevos!) y la dosis de descojone la ponen secuencias en las que críticos almidonados (el cateto de Roger Ebert) o padres ofendidos (un puntazo toda la movida ocasionada por el trailer de "Noche de paz, noche de muerte") salen rajando de este cine que tanto nos gusta. Pero tienen las de perder, porque "Going to pieces" está de lado de los que nos molan los "slashers", de lado del fan del género... de hecho, toda la peli es un regalo para nuestros sentidos y viéndola, uno recuerda (por si tiene la desgracia de haberse olvidado) cuán gozoso y estupendísimo es pertenecer a la gran familia de adoradores del terror y, más especialmente, del cine de adolescentes troceados por asesinos enmascarados. Un diez.

martes, 25 de septiembre de 2007

EL RETORNO DE LOS MALDITOS

Dejemos a un lado el curioso cambio de título (supongo que por movidas varias de distribución) y centrémonos en comentar lo que da de si esta secuela de "Las colinas tienen ojos" versión Alexandre Aja, parida a toda velocidad con la sacrosanta intención de chupar al máximo del merecido exitazo que obtuvo su precedente en las taquillas de medio mundo (pero sobre todo en las que mandan, las yankees). Por norma prefiero hablar en este blog de pelis un pelín más oscuras (y cuando digo oscuras no me refiero ni a Troma ni a Ed Wood, por dios!), pero es que "El retorno de los malditos" me ha caído en gracia y, al fin y al cabo, de lo que se trata es de hacer aquello que a uno más le complace, ¿no?.
Estaba claro que esta segunda parte iba a estar por debajo del remake, y también, afortunadamente, que no guardaría la más nimia relación con la horrenda "Las colinas tienen ojos 2ª parte" original que Wes Craven tuvo la desgracia de dirigir en plena época decadente (antes de renacer de la mano de Freddy Krueger). Para la ocasión Craven ejerce tanto de productor como de guionista (junto a su retoño) y, viejo zorro astuto como es, sabe perfectamente qué es lo que el público potencial espera y desea: más sangre, más mutantes (con mayores deformaciones), más acción (es decir, más balas) y menos personajes profundos y materia gris. Asentadas todas las bases en el primer film, ¿de qué sirve explicar nada en la secuela?, ¡¡vamos a por todas!!. Y, resumiendo, eso es "El retorno de los malditos", que desde el minuto uno va directa a la yugular adaptándose al molde de lo que yo llamo "una producción videoclubera", aspecto este que destaco como algo positivo.
El que la escena más fuerte sea la que abre el film (y la que ruló por internet a modo de promo) lo deja todo bien claro. Una tipa atada, desnuda, sucia y visiblemente sufriente pare un crío (atención al gráfico plano de su vagina abriéndose y al torso cercenado con la pilila al aire, obviamente la versión en dvd es la íntegra) recogido por las manos de un mutante. Una vez concluye el parto, el monstruo se carga a la involuntaria mamá de un señor sopapo. Seguidamente, la peli se adhiere cómodamente a la fórmula que tan bien supo aprovechar James Cameron en su "Aliens" y que, desde entonces, salva muchas papeletas en el género del horror (y si no, que se lo digan a Bruno Mattei): militares contra "lo que sea" con malas intenciones.
A partir de aquí la adrenalina y la sangre chorrean por doquier, destacando la curiosa y macabramente divertida muerte de un soldado con dominio de la escalada y el escarmiento final al mutante jefe de la tribu. Se ceban con él que da gusto, oiga. Cachondeo cruel garantizado.
Llegamos a la hora y veinte y FIN, se acabó la función, contundentemente y sin florituras, tal y como debe ser. El reguero de personajes inocuos, violencia de tebeo malo (la primera no sólo era más brutal en lo visual, también en lo psicológico) y ausencia de explicaciones (¿de dónde salen los nuevos mutantes?, ¿son familia?, ¿amigos?, ¿por qué sus deformidades son tan grotescas y burras?) es abundante, pero da igual... porque te lo pasas bien durante el viaje y eso es algo que yo agradezco mucho, de verdad te lo digo.

sábado, 8 de noviembre de 2025

LA RESURRECCIÓN DEL MAL

Hace casi quince años aseguraba con bravuconería que jamás vería esta película. Y aquí me tienen, escribiendo sobre ella. ¡Ay, bocazas!. ¿A causa de qué solté tal sentencia? Pues acababa de pimplarme el título que la precedía, "Algunas veces ellos vuelven", telefilm basado en un relato de Stephen King cuyo éxito generó dos continuaciones directas a los estantes del vídeo-club que, dado el escaso entusiasmo provocado por aquella primera dosis, decidí ignorar. Concretamente, esta segunda juega al papel de remake disfrazado. Carece de conexión narrativa con la previa, pero viene a repetir el mismo esquema argumental salvo puntuales variaciones. Por lo que, si la presencia de King en aquella ya sería algo diluida (considerando que convertía en largometraje un relato corto), aquí directamente pasa a excusa.
Los gamberros del pueblo (el "leitmotiv" de la franquicia) son tan malos que realizan rituales satánicos. Aquello que un chaval es testigo de cómo sacrifican a su hermana de dieciocho recién cumplidas primaveras. Lógicamente ofuscado, acaba con ellos en plena celebración de la efeméride diabólica. Pasan treinta años, ahora el chaval es padre soltero de una hija apunto de cumplir mayoría de edad. Ello provoca que los gamberros regresen de los avernos con intención de usar a la moza para concluir el ritual interrumpido en su día.
Cambiar la tele por el vídeo-club (suspiro...) aporta ciertas ventajas, como poder incluir algo de sangre (muy comedida. De efectos especiales prácticos la cosa anda bien, aunque parapeten muertes tan risibles como la chavala cosida a "cartazos". Los visuales, en cambio, resultan menos convincentes, rozando por momentos un doloroso cutrismo) y unas pocas tetillas bonitas de ver. Pero ahí termina toda diferencia. Como producto noventero de terror de escaso montante, "La resurrección del mal" (traducción porculera de "Sometimes they comeback... again", "Algunas veces ellos vuelven, otra vez"), se deja ver sin mayores aspavientos. Es puro "fast food" de manual, con algunas salidas narrativas ridículas, de esas que parece que te tomen por tonto (como ver al protagonista librarse alegremente y sin mayores dificultades de la cadena que le inmoviliza. O la desesperada búsqueda de un objeto que, al final, resulta estar a la vista, fácilmente localizable...) y un "tic" muy irritante y de su tiempo, las maneras "a lá Freddy Krueger" que gasta el satánico jefe de la pandilla, es decir, "verborreando" hasta el paroxismo cada vez que asesina a alguien a base de pretendidas gracietas (algunas tan lamentablemente inimaginativas como cuando a un manco recién amputado le suelta aquello de "Gracias por echarme una mano").
A este le otorga (sobre)vida Alexis Arquette, perteneciente a la famosa casta y de rostro bastante peculiar. Llegó a dejarse ver en "Pulp Fiction" y luego fue el novio gótico de "La novia de Chucky" (donde, esta vez, él era el sacrificado durante un ritual). Posteriormente cambió de sexo, pero apenas tuvo tiempo de disfrutarlo ya que falleció en 2016.
Se enfrentan a él Michael Gross, eternamente ligado a la "sitcom" "Enredos de familia" y a otra franquicia segundona, "Temblores", y su hija, interpretada por una jovencita y muy bella Hilary Swank años antes de dar el salto a primera división. Les acompañan Patrick Renna, al que reconocía por su oronda figura y feo careto. Creía situarle en alguna película de cierto peso, pero no, se trata del tardío y aburrido slasher "Dark Ride" ("La casa del terror" en las españas). Su físico también le llevó a formar parte del cast de una comedia -igualmente tardía- de "National Lampoon", "Escuela de novatos". Otro rostro bastante familiar es el de Molly Hagan, que "En la resurrección del mal" hace de sheriff.
Igual que "Algunas veces ellos vuelven", y varias de las adaptaciones de Stephen King de esos años, produce -entre otros- el ex-"Amicus" Milton Subotsky. Guioniza Guy Riedel (siendo el único libreto de su filmografía, más centrada en labores de producción) a pachas con el director debutante, Adam Grossman. La experiencia le otorgaría puntos para responsabilizarse dos años después, bajo mandato "productil" de Wes Craven, de "El carnaval de las almas", supuesto remake de aquella cult-movie aburrida de cojones y con la que nunca he conseguido congeniar, "Carnival of Souls". Las malas críticas y, presupongo, escasa recaudación le condenaron a la inopia, salvo cuando co-escribió el guion de, justo, la tercera parte de la saga que nos ocupa, "Sometimes They Come Back... for More" ("Algunas veces ellos vuelven... a por más"), aquí marcianamente titulada "Infierno blanco" y situada esta vez en el inhóspito escenario de una base científica del ártico. No me pregunten sobre ella porque, ciertamente, mis recuerdos son escasos... casi inexistentes.

sábado, 20 de marzo de 2021

MORTUARY

Se ha hablado ya mucho sobre el descenso de calidad y talento que el cineasta Tobe Hooper sufrió a lo largo de los años, hasta el día de su muerte. Es algo sumamente trágico. Sin embargo, hay un aspecto en todo ello que me parece incluso más deprimente que el mero hecho de rodar cada vez con menos dinero y peores guiones: La pérdida de valores personales. Ver como un joven, rebelde y melenudo Hooper acabó convertido en el artesano incapaz de incorporar nada personal a su cine. Cómo dejó de luchar (míticas son las historias que se cuentan sobre sus enfrentamientos con los ejecutivos de los estudios) para asumir el rol de director de encargo. Y, encima, hacerlo en el peor momento. Cuando más acabada estaba su carrera. Digo yo, pienso, opino, que tal vez ese era, justamente, el momento adecuado para actuar de forma opuesta, teniendo en cuenta que arriesgaba mucho menos que en los tiempos de "Poltergeist" o sus productos para la "Cannon". Pero imagino que a esas alturas ya estaría cansado, hastiado, y no le quedaban fuerzas. La irrebatible frustración de alguien que comenzó desde el hippismo, filmando manifestaciones y debutando con una película totalmente experimental / arty, y terminó abocado a tener que considerarse un especialista en el género del terror. Sí, cierto, en parte fue culpa suya cuando decidió hacer "La matanza de Texas" con fines estrictamente comerciales. Creo que ni él se esperaba que le quedaría tan bien y condenaría de por vida. En realidad, es algo por lo que han pasado todos los cineastas legendarios del fantástico. Personas frustradas del primero al último, aunque siempre he creído que Hooper era el caso más flagrante... peleando por el puesto con Wes Craven.
Esa "lamentez" (de lamentable) puede discernirse sin complicaciones en los extras que acompañaban a "Mortuary" en su respectivo DVD, donde asistíamos al rodaje de la misma y veíamos a un ya avejentado Hooper aprovechando el parón para hablar al equipo de sus tiempos de hippie luchando contra el sistema. Y es que no cuesta darse cuenta de que, en esencia, andaría más interesado en rememorar batallitas que rodar lo que tenía entre manos, totalmente consciente de su pasmosa mediocridad.
Una madre viuda con dos retoños recala en un pueblucho donde pretende ejercer de tanatpractora.... es decir, maquillar cadáveres. Para ello se agencia una vieja y sucia funeraria con un secreto. Bueno, dos. Por un lado, la muerte del antiguo dueño y la desaparición de su hijo deforme. Por otro, una especie de sustancia negra que recorre el lugar y reaviva a los muertos. Será el hijo adolescente -como no- el que se vea obligado a desentrañar el misterio y combatir el mal.
Hooper venía de rodar justo el año previo "La masacre de Toolbox" que, sin ser la repanocha, era de lo más digno que había parido los últimos tiempos. Tan contentos estaban todos con el resultado, que los mismos guionistas y el productor decidieron rejuntarse con el amigo Tobe para parir otra de terrores, y eso es "Mortuary", que comparte un poco cierta estética con "La masacre de Toolbox", pero nada más. En general, anda muy por debajo. La historia es mucho más previsible, los personajes nos interesan una mierda, la truculencia es casi inexistente y el clímax final roza el más absoluto de los ridículos. Ver a los chavales corriendo por la casa combatiendo a torpes zombies lanzándoles sal es sumamente patético. Además, facturado todo ello de forma caótica y desganada, algo muy lógico si tenemos en cuenta todo lo antes expuesto con respecto a su director.
El protagonismo recae en Dan Byrd (que al año siguiente de "Mortuary" se desquitó participando en el remake de "Las colinas tienen ojos") y Denise Crosby (la madre de "El Cementerio Viviente").
Aburrida y jodidamente mala.