
Una pareja de policías investigan a un presunto asesino. Contactan con su vecino con el fin de establecer en su casa un puesto de vigilancia. Este resulta ser un fanático de las series televisivas cómicas y además un completo torpe, así que en su afán por echarle un cable a la policía, lo único que logra es cagarla continuamente.
Bien, Chevy Chase despierta en el respetable tantos amores como odios: Yo sería de los que lo aman profundamente. Y en esta peli demuestra quizás que, como actor deja un poco que desear, pero como comediante muy poquitos pueden superarle. Nunca había visto "Ese poli es un panoli" y anoche mi salón se convirtió en un mar de carcajadas. Como cómico clásico, Chase le pasa factura al humor verbal, pero también al visual al más puro estilo “slapstick” ofreciéndonos un recital de caídas, golpes, tropiezos y ganchos que se enganchan en los lugares menos idóneos. Todo eso acompañado de su cara habitual, la de tonto, que la pone como nadie. Su contrapunto cómico, Jack Palance, ofrece menos momentos memorables, pero en conjunto, la pareja funciona.
Y es que esta película es entretenimiento puro y duro, sin pretensiones y de las que siempre funcionan. Un diez.
Dirige Michael Ritchie, todo un experto en trabajar con Chase ("Fletch, el camaleón", "Fletch Revive") y en comedia ("El chico de oro", "Sufridos ciudadanos", "Los pacientes de un psiquiatra en apuros"). Un currículum envidiable.