En 1986 el ínclito Fred Olen Ray compró una costrosa película setentera firmada por Don Davison (originalmente titulada "Honey Britches"), le añadió algunos minutos de metraje nuevo y se la vendió a la Troma, que gustosamente la rebautizó como "Demented Death Farm Massacre... the movie" llegando a nuestros video-clubes con el simpático título español que da nombre a la reseña.Tras un gran robo, dos chicos y sus respectivas novias huyen sobre ruedas y se quedan sin gasolina en lo más profundo de la América rural, topando con una casa donde viven una señorita de muy buen ver y su católico y paleto marido, repudiador de la gratuita carne, que sin embargo les ofrece alojamiento, puesto que la visión de una de las atracadoras turba su reprimida libido. Por la radio se entera de que sus invitados son ladrones, y acto seguido el paleto y su señora pasan a ser rehenes. La cosa se complica cuando a ella se la folla uno de los atracadores, su novia corre a pelearse con la señora de la casa, que acaba muerta a golpes.
La película se adscribe alegremente a los géneros “redneck” y “violación y venganza” aunque, por lo visto, esta es la versión recortada. Teniéndolo en cuenta, la verdad es que poca cosa puedo decir, aunque por la naturaleza de la cinta, abiertamente “nudie”, me temo que los recortes, más que de violencia, son de desnudos. De hecho, todas las protagonistas femeninas están jamonas, muy jamonas (hay una un tanto desgarbada), y parecen paridas para hacer este tipo de películas.
No obstante, y con momentos de aburrimiento extremos, la cosa se deja ver con total agrado, gracias, por ejemplo, a las misóginas frases que suelta el marido católico: “¡Puta!, me tapo los oídos para no continuar escuchando las sucias palabras que salen de tu sucia boca”, o “Puta, ramera, ¿Cómo osas tentar a un hombre de dios?” son algunas de las perlas que suelta, así como el trato vejatorio al que son sometidas las mujeres durante todo el metraje. Quizás para muchos esto sea motivo de denuncia, pero en mi (nuestro) caso, no ajenos a cierto sentido del humor, son momentos para la celebración.
Tenemos también a John Carradine, que forma parte de ese metraje añadido por Fred Olen Ray, y cuya presencia total no llega a cinco minutos. Interpreta, al más puro estilo Bela Lugosi + Ed Wood, a un señor que nos cuenta los peligros de la carne, al principio, durante y al final de la película.
En resumidas cuentas, la cosa está entretenidilla, a pesar de ser casi toda ella diálogos. O quizás estos sean el verdadero aliciente, por su naturaleza marciana. Obviamente, Troma vendió la película a su público de manera mucho más demencial y divertida de lo que en realidad es. Menudos piratillas.
La película se adscribe alegremente a los géneros “redneck” y “violación y venganza” aunque, por lo visto, esta es la versión recortada. Teniéndolo en cuenta, la verdad es que poca cosa puedo decir, aunque por la naturaleza de la cinta, abiertamente “nudie”, me temo que los recortes, más que de violencia, son de desnudos. De hecho, todas las protagonistas femeninas están jamonas, muy jamonas (hay una un tanto desgarbada), y parecen paridas para hacer este tipo de películas.
No obstante, y con momentos de aburrimiento extremos, la cosa se deja ver con total agrado, gracias, por ejemplo, a las misóginas frases que suelta el marido católico: “¡Puta!, me tapo los oídos para no continuar escuchando las sucias palabras que salen de tu sucia boca”, o “Puta, ramera, ¿Cómo osas tentar a un hombre de dios?” son algunas de las perlas que suelta, así como el trato vejatorio al que son sometidas las mujeres durante todo el metraje. Quizás para muchos esto sea motivo de denuncia, pero en mi (nuestro) caso, no ajenos a cierto sentido del humor, son momentos para la celebración.
Tenemos también a John Carradine, que forma parte de ese metraje añadido por Fred Olen Ray, y cuya presencia total no llega a cinco minutos. Interpreta, al más puro estilo Bela Lugosi + Ed Wood, a un señor que nos cuenta los peligros de la carne, al principio, durante y al final de la película.
En resumidas cuentas, la cosa está entretenidilla, a pesar de ser casi toda ella diálogos. O quizás estos sean el verdadero aliciente, por su naturaleza marciana. Obviamente, Troma vendió la película a su público de manera mucho más demencial y divertida de lo que en realidad es. Menudos piratillas.