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sábado, 8 de marzo de 2025

LOS OJOS DEL GATO

Y ahí va otra muestra más de que 1985 fue un año chévere para el cine de género. Por entonces Stephen King ya había perdido un poco su aureola de prestigio (lejos quedaban "Carrie", "El misterio de Salem´s Lot" o "El resplandor") pasando a ser más como carne de cañón, materia fácilmente adaptable con la que asegurarse unos dólares en taquilla. Tampoco se contrataba ya a directores de prestigio que se encargaran de la tarea, valía cualquier artesano competente. Digamos que con King ocurrió lo que siempre ocurre con los yankis, lo sobre-explotaron y para la llegada de "Los ojos del gato", pues ya no atraía a las masas. Menos aún desde la conversión de Dino De Laurentiis en el productor oficial del "Kinguismo", etapa esta que arrancó muy bien con "La zona muerta" y concluyó algo deslucidamente con "Miedo Azul" o la propia e infame primera y única película del escritor ejerciendo de filmmaker, "La rebelión de las máquinas". Por suerte "Los ojos del gato" cae en zona intermedia. Para el caso, Stephen King no es mero material adaptable, él mismo se encarga del guion, pariendo un largometraje compuesto de historias (sí, repitiendo la fórmula del clásico), siendo las dos primeras exclusivamente confeccionadas para la ocasión y la tercera, y última, la auto adaptación de un relato publicado en las páginas de "Penthouse", ejemplar este que se marca un cameo en la película, entre muchas otras coñas y referencias al universo del padre de "It". Según he visto y leído, en todas partes salen gráficamente numeradas y espoileadas... por eso he decidido evitarlo, para que cuando se sienten ante la tele dispuestos al visionado, puedan jugar al juego de localizarlas. Créanme, la mayoría son tan evidentes como graciosas.
El artesano competente contratado en esta ocasión fue el bueno de Lewis Teague, quien ya tenía experiencia previa trasladando material de Stephen King a la pantalla con la aburrida "Cujo", pero, además, a lo largo de los años -previos y posteriores- fue dejando su estampa en títulos tan entrañables como "La bestia bajo el asfalto", "La joya del Nilo", "Kamikaze Detroit" o "Peligrosamente Unidos". El, asumo, fracaso de esta última le condenó a currar para la caja tonta hasta 2010, luego se retiró (remarcar que en 2007 rodó un corto de curiosísimo título, "Cante Jondo")
Otros individuos a valorar tras las cámaras son Milton Subotsky, co-fundador de los legendarios estudios "Amicus" y especialista en antologías de historias cortas, quien ligó su nombre al del escritor de Maine a lo largo de varios años. Alan Silvestri, compositor destinado a ser recordado por la partitura que ideó para "Regreso al futuro" ese mismo 1985. De hecho, hay quien dice que esta y la de "Los ojos del gato" guardan cierto parecido. Y es verdad. La diferencia es que, mientras en la reseñada utilizó sintetizadores, para la previa, mil veces mejor presupuestada, tiró de orquesta. Carlo Rambaldi, papá de "E.T. El Extraterrestre", quien se encarga de diseñar a cierta resultona criatura, acompañado por nuestro Emilio Ruiz del Río para "la maquetas de fondo". Y chapamos el repaso con el prestigioso y oscarizado Jack Cardiff, ocupándose de la dirección fotográfica.
Todo este bonito plantel -y más del que hablaré luego- dan forma y fondo a "Los ojos del gato", una película, ya lo adelanto, condenadamente entretenida, simpatiquísima, buenrollera y muy muy recomendable. A mí se me pasó en un suspiro hace un par de noches. Todo gira en torno a un felino callejero, la mar de precioso, con un objetivo, llegar hasta el dormitorio de una niña que le pide auxilio así como telepáticamente. En el camino, se topará con un tipo que quiere dejar de fumar y acude a una agencia muy eficaz pero brutalmente radical en sus métodos. Y un gangster adicto a apostar quien propone un juego mortal al amante de su esposa: dar la vuelta completa a un rascacielos desplazándose a través de la estrecha cornisa exterior. Si gana, se queda a la mujer y un buen pellizco de dinero. Si pierde... bueno, le espera el implacable asfalto tras una caída de varios metros.
Estas dos historietas son especialmente eficaces y, aunque quedan lejos del terror puro -yo usaría la palabra thriller-, vienen cargaditas de ideas brillantes, mucho humor (sobre todo la primera) y mucho suspense (la segunda, especialmente si padeces miedo a las alturas). Finalmente llegamos a la última que, sin ser un descalabro ni mucho menos, es un pelo flojilla, ni que sea por comparación. Aquí el gato logra su meta y, ahora sí, le tocará enfrentarse a dos trolls malignos, el diseñado por Rambaldi que amenaza a la cría y la autoritaria madre de esta. A pesar de dicha calidad descendente, el conjunto termina resultado altamente disfrutable. Concluido el show, uno lamenta la ausencia de esta clase de gozoso entretenimiento en el cine de hoy día.
Si como yo son amantes de los gatos, disfrutarán viendo al protagonista en acción, aunque puede que también sufran un poco en algunas escenas. Concretamente una en la que es sometido a una breve electrocución. Ya saben, según se dice no hubo mal trato y todo eran trucajes... y confío que así sea, pero, bueno, en 1985 estas cosas se miraban bastante menos. No obstante, y justamente por ser de la época que es, merece destacarse el trabajo de coordinación con las criaturas peludas. Está super bien resuelto, cosa más que meritoria considerando la -maravillosa- ausencia de CGI (y la no menos maravillosa individualidad de los felinos)
¡¡Ah!! Si no lo digo, reviento. En un momento dado, asistimos al encuentro entre un padre y su hija limitada intelectualmente. La escuela donde se desarrolla el bis a bis se supone para niños especiales, cosa indicada en un letrero. Lo gracioso del caso es que, mientras en inglés leemos "for the exceptional", el doblaje en castellano suelta un "para niños subnormales" que, salvo por mi risotada resultante, hoy se consideraría algo ofensivo.
Ya que estamos, a la cría monger la interpreta una aún muy jovencita Drew Barrymore, fresca de su paso por "E.T. El Extraterrestre" y a puntito de meterse en el infierno del vicio borrachuzo y drogadizo (no olvidemos que con tan solo trece primaveras fue ingresada en un centro de rehabilitación). Por aquello de dar cierta cohesión a la trama, su presencia / apariencia se expande a una niña anónima anunciando comida de gatos y el protagonismo total del último capítulo. Efectivamente resulta algo repelente, pero eso ya lo esperábamos. La acompañan el hoy mal considerado James Woods, perfectísimo en su rol de fumador compulsivo, Alan King, Kenneth McMillan, Robert Hayes en uno de los pocos papeles que podrían hacer sombra a aquel que le dio la fama, el de "Ted Striker" en "Aterriza como puedas", Candy Clark, James Naughton, James Rebhorn, Charles S. Dutton, Tony Munafo (amiguísimo de Sylvester Stallone y muy habitual en sus películas) y Mike Starr (el "Georgie Weiss" de "Ed Wood" y matón ineficaz en "Dos tontos muy tontos"), quien desaparece de la trama de una escena a otra y sin explicación alguna aparente.
A la sacrosanta hora de elegir la imagen ilustrativa, me he encontrado en una seria diatriba. Quería incluir mi favorita, la de tirón gótico con ese caserón absurdo en un páramo + luna llena -sin conexión alguna con el film-, pero también estaba la que en su día fabricó "Filmayer" para el lanzamiento en vídeo, igual de tosca / bella que la de "Miedo Azul". Al final lo más sencillo ha sido juntar ambas, milagro al que ha contribuido la extensión del tocho. Ventajas de padecer incontinencia "reseñista".

martes, 27 de agosto de 2024

STAR (SPACE TRAVELLING ALIEN REJECT)

Extraña película (autodenominada) independiente de la compañía neoyorquina DefTone Pictures, capitaneada por el director Adam R. Steigert, que cuenta la historia de un escritor asolado por las deudas que es perseguido por unos gangsters. Por otro lado, en el espacio, tenemos una nave perseguida por otra en lo que parece una batalla estelar. Esta nave es derribada y va a estrellarse a la tierra.
El escritor se ve obligado a huir de sus prestamistas y, durante la huida, se encontrará con el tripulante de la nave estrellada, un alienígena que responde al nombre de Star. Entablarán amistad y, juntos, intentarán resolver sus problemas.
Por supuesto esto no es más que una película filmada en vídeo con un presupuesto bajo (no tan bajo como cabría imaginar), con unos efectos especiales infográficos que directamente parecen animaciones de Video Brinquedo, unos diálogos larguísimos e interminables (y más en esta ocasión ya que la pelí pasa de la hora y media de metraje) y un muppet feo de pelotas que hace las veces del marciano protagonista. Una película que a primera vista bien podrían haber facturado unos aficionados con su cámara de vídeo. Sin embargo, al ver unas cuantas fotografías de making of, me doy cuenta de que el amateurismo en una de estas producciones no es tanto, y que, aunque se usen cámaras de vídeo de gama media, en realidad un rodaje de esta calaña dista muy poco de el de uno profesional, con sus grúas, su ayudante de dirección, sus eléctricos y hasta el uso de combos y otras parafernalias cinematográficas. Entonces ¿por qué el resultado de estas producciones pequeñas es tan espantoso y dolorosamente cutre? Supongo que el concepto “con buena picha bien se jode” no es tan acertado en este tipo de películas y que es la ineptitud de sus artífices la que las hace parecer más tercermundistas de lo que son (en este caso, una pequeña compañía en Buffalo con producción fluida y que factura por ello —de ahí que exista. Al final es solo un negocio y, por tanto, las películas son lo de menos—. Es decir, que de tercermundistas nada de nada). Además, R. Steirgert afirma que el guion de “Star (Space Traveling Alien Reject)” es la combinación de tres películas para las que no consiguió financiación. O sea, que como esos dos proyectos no pude levantarlos, los incluyo en este que sí… de ahí su duración excesiva y un par de subtramas que no terminan de casar con lo que importa, que es el encuentro del escritor con el extraterrestre .
“Star (Space Traveling Alien Reject)” es anodina hasta decir basta. A priori parece el enésimo tardío y puede que posmoderno exploit de “E.T. El Extraterrestre”, pero en cuanto hace acto de presencia la horrible marioneta coprotagonista, nos damos cuenta de que “E.T.” no es la fuente de inspiración, sino que lo es la serie “ALF”. Está claro que el muppet, diseñado físicamente a imagen y semejanza de aquel, es un mal émulo de 2017, con su chanzas, chascarrillos y humor socarrón, pero infinitamente más cutre, barato y antipático que ALF. Este Star es, probablemente, el muñeco más feo visto en una película, con permiso de los monos azules de “The rare blue apes of cannibal isle”.
Poco más que decir; esto tuvo su estreno reducido en Buffalo y, después, directa a toda aquella plataforma de streaming que alberga contenido gratuito para el usuario. A poco que busquen la van a encontrar por ahí.
El dire, Adam R. Steigert, por supuesto, produce como churros y en su haber cuenta con películas de marcado carácter comercial que pueda vender a patéticos vírgenes granudos; “Gore”, “The final night and day”… o sea, pelis baratas, feas y muertas sobre zombies, extraterrestres o la combinación de ambos.
“Star (Space Traveling Alien Reject)” es lo peor de lo peor.

sábado, 8 de junio de 2024

CONTACT

Por ahí los noventa, a Robert Zemeckis le entraron ganas de convertirse en un director serio y prestigioso. Harto de parir cine abiertamente palomitero, a pesar del gran éxito que ello le había supuesto durante su carrera previa (no lo digo solo por "Regreso al futuro", "Tras el corazón verde" o "¿Quién engañó a Roger Rabbit?", incluyo la divertidísima "Frenos rotos, coches locos" -titulazo español para "Used Cars" / "Coches Usados"- más como éxito creativo que comercial), en 1994 dio el cambiazo con "Forrest Gump", un drama que revisaba algunos de los momentos más trascendentes de la historia de los USA a través de los ojos de un entrañable retrasado mental. La jugada le salió estupendamente, funcionó a la perfección entre crítica y público, incorporó algunos chascarrillos a la cultura popular ("Corre, Forrest, corre" entre ellos) y se agenció numerosos Oscars, incluido el de mejor director.
Bien, tras semejante logro ¿a qué aspirar? ¿qué clase de película podría superar las ambiciones de todo un "Forrest Gump"? Pues una en la que se hablara del primer contacto entre humanos y vida alienígena. Lejos lejísimos de las formas del cine palomitero, es decir, de modo científico, hasta filosófico si lo prefieren. Ni marcianos llegando con sus ovnis, ni rayos destruyendo monumentos famosos, ni tan siquiera a través del filtro del lagrimeo como hiciera el apadrinador de Zemeckis -Steven Spielberg- en su día con "Encuentros en la tercera fase" o la maravillosa "E.T. El extraterrestre". Y el único modo de abordarlo era a lo grande, con actores de primera, gran presupuesto, etc. Al fin y al cabo, es esa una trama muy poco atractiva comercialmente por la mentada ausencia de elementos espectaculares. Y a las pruebas me remito: "Contact" nació a finales de los setenta como guion de largometraje fallido, escrito por la persona más adecuada posible, Carl Sagan, astrónomo tremendamente respetado, responsable de la famosa serie "Cosmos" e interesado en el asunto alienígena desde ese mismo ángulo trascendental. Ante la imposibilidad de llevarlo a la pantalla, Sagan y señora decidieron convertirlo en novela, publicándola el año 1985. Y esa misma fue la que terminó adaptando Robert Zemeckis. Por desgracia -ya lo adelanto- Carl Sagan palmó en plena producción, sin realizar el pequeño cameo que tenía previsto, sin, obvio, ver el film concluso y sin conocer la ansiada respuesta al gran enigma, ¿estamos solos en el universo?
Una astrónoma se pasa el puñetero día con los cascos puestos esperando recibir una señal from outer space. Terminará llegando y pondrá el planeta patas arriba. Oculto entre los ruidos rítmicos hay un mensaje, concretamente los planos de un artefacto supuestamente creado para vérselas con seres de otro mundo. Los países de la tierra deciden invertir un pastizal en construirlo.
¿Por dónde empiezo? Mmmmh... ¿creo en la vida extraterrestre? Sí, sin duda. Como aficionado a la astronomía que soy, estoy completamente convencido de que ahí fuera, en ese vasto manto oscuro repleto de miles y miles de planetas, hay seres vivos. Ahora bien, ¿nos han visitado? No, ni por el forro. Ustedes me perdonarán, pero para mí resulta del todo absurdo creerlo. Vamoh a ve simeplico. Habitando como habitamos un pedrusco diminuto en medio de una inmensidad negra como el carbón, cuyas fronteras -de haberlas- desconocemos, es muy propio de la arrogancia humana pensar que al(gu)ien, a miles y cientos de miles de kilómetros, se habrá tomado la molestia de buscarnos, localizarnos y visitarnos. Llevamos demasiados pocos años activos -en términos astronómicos- como para que otra civilización lo haya logrado. De ser así, ¿por qué pegarse ese viaje larguísimo y, una vez aquí, mantenerse ocultos entre las sombras, sacar unas fotos y largarse? ¡¡No hombre -dirán-, no tardan tanto porque usan un agujero de gusano!! vale... en tal caso, además de lo sospechoso de no haberlo detectado, está la cuestión pericia: Si disponen de semejante capacidad tecnológica y, por tanto, conocimientos superiores... ¿cómo es posible que, nada más entrar en nuestra atmósfera, se estrellen? En fin... es ridículo. NO creo en marcianos pilotando platillos volantes y, aunque me pese, opino que aún tardaremos eones en detectar esa supuesta vida inteligente + avanzada (otra cosa sería la de tipo microscópico)... si es que lo conseguimos.
Por todo ello, me parece tan válida la opción que nos plantean Sagan y Zemeckis. Que dicho contacto se realice del modo que se muestra en el film y, como quien dice, no haya un final final. "Contact" visualiza ese primer "tête à tête" como un "hola que tal, hasta la próxima" muy poco satisfactorio para la audiencia. Pero totalmente verosímil. Igual que sacarse de la manga que los alienígenas "se disfracen" del padre muerto de la prota para no espantarla. Sí, lo sé, en su época fue todo un chasco. Vi "Contact" en el cine y recuerdo la sensación de frustración cuando el ansiado marciano adquiere la forma del gran David Morse, soltando eso de "Hola chispita" para mayor descojone de la platea al completo. Incluso "South Park" hizo guasa al respecto, no sin razón. Pero, visto ahora, más sabio e informado, repito, era lo único viable y científicamente razonable. Las ambiciones del proyecto no casaban con la idea de mostrar una criatura extra fantasiosa semi humanoide. De haber osado dar tal paso, la película entera habría terminado hecha añicos.
Podemos aplicar dicha agradecida sobriedad al resto de lo que muestra / cuenta "Contact". La paranoia de los altos mandatarios, especialmente aquellos situados en defensa. El modo tan hilarante en el que la estúpida y ridícula raza humana reacciona ante la noticia. La terrorífica respuesta de los fanáticos religiosos, con resultados catastróficos. Porque sí, la religión tiene un papel preponderante en la trama. Claro, ya sabemos, es Hollywood. Son los norteamericanos. Era inevitable que ello apareciera por algún lado, tocando los cojones. En un principio, la protagonista es descartada como viajera intergaláctica al declararse no creyente (y, por cierto, en la novela no es una astronauta, sino un grupo de distintas nacionalidades, pero el presupuesto no daba para más) Si lo piensas bien (y, como decía, abordas el film con la sabiduría del paso de los años) entiendes que lo de la religión era un asunto ineludible, porque sí, descubrir vida en otros mundos pondría en jaque muchísimas cosas, incluida la absurda existencia de un todopoderoso creador.
Lo grande de "Contact" es que, por lo expuesto, ha quedado como la única representante de su especie. A menos que se curren un remake / readaptación (Actualización 29/06/24: ya hay anunciado uno para 2026 con Jennifer Lawrence y Andrew Garfield), o una serie, no tendría mucho sentido volver a contar esa movida, porque no se puede hacer mejor y porque, eso, tampoco da para mucho más. Ha habido intentos posteriores de aproximarse un poquito. Lo más parecido serían "La llegada", que termina cayendo en clichés y no puede evitar mostrar a los supuestos alienígenas, o "Interstellar", protagonizada justo por uno de los actores principales de "Contact", un Matthew McConaughey desesperado por deshacerse de su encasillamiento en la comedia romántica -sin lograrlo, eso vendría más tarde-. Ninguna ha conseguido superar al film de Zemeckis (y la de Nolan me mola un rato) que, por cierto, cuenta con unos CGI aún algo primigenios pero muy bien explotados y aplicados.
Tal vez solo hay una cosa que me chirría, su protagonista, Jodie Foster. No me gustó en 1997, y tampoco lo ha hecho en mi más reciente visionado. Resulta irritante, un personaje antipático. Sus muecas distraen y el doblaje no ayuda. Suerte que el resto del personal lo compensa de sobras, Morse y McConaughey aparte, tenemos un fabuloso Tom Skerritt (maravilloso ver a su personaje jugándole el juego a los poderosos y -en un principio- ganando la partida con toda INjusticia. No menos maravilloso es el diálogo donde él mismo así lo reconoce), James Woods, John Hurt, William Fichtner, Angela Bassett, un Rob Lowe visto y no visto y una jovencita Jena Malone.

lunes, 22 de enero de 2024

HWANGGEUMNYEONPILGWA GAEGUJANGI OEGYESONYEON

Los exploitations de “E.T. El extraterrestre” se cuentan por decenas y, por supuesto, la animación coreana, una de las industrias con más cara de la historia del cine, no pudo dejar la ocasión de expoliar el largometraje de Spielberg con dos productos animados protagonizados por el encantador extraterrestre, uno de ellos inencontrable y el que nos ocupa: “Hwanggeumnyeonpilgwa gaegujangi oegyesonyeon”. Prueben a decir en alto el título original. Obviamente, por aquí nos gusta ese título, pero, internacionalmente, este plagio de “E.T.” cuenta con toda una amalgama de ellos: “E.T. and the Magic Pencil”, “E.T. and the Magic Crayon”, “Golden Pencil and the Mischievous Alien Boy”, “Gold Pencil and Alien Boy”…
La cosa va sobre una raza extraterrestre que está destrozando las galaxias. Una reina extraterrestre enviará a su hijo (E.T.) a la tierra para salvarla. Allí, este se encontrará con unos niños meones y muy ruidosos. La madre de E.T.  les entregará un lapicero mágico a cada uno y, en una nave espacial con forma asimismo de lapicero, emprenderán una aventura sideral con el fin de ayudar al E.T. a derrotar a los extraterrestres malos.
La película es confusa, extraña y extremadamente cruel, ya que presenciamos un par de muertes demasiado violentas para un film de animación infantil.
El caso es que da la sensación de que el plagio es mayor de cara a comercializar la película que en sí misma. Obviamente el extraterrestre protagonista está claramente inspirado en el diseño de Carlo Rambaldi, aunque con ciertas diferencias. En la animación es de color verde y va vestido con algo parecido a un mono espacial. Además, no se trata exactamente de E.T., es otro extraterrestre llamado Mikel (al menos así traduce en la estupenda edición en Blu Ray a cargo de "Asian Trash Cinema") que además habla y tiene dotes de mando. Vamos, que el bicho se parece, pero en absoluto pretende ser E.T., aunque en la caratula de vídeo guarde un parecido más que evidente con la criatura de Spielberg, marroncito, desnudo, y tocando el dedo al niño, solo que hay trampa, porque en vez de proceder con su icónico índice luminoso, lo hace con el lapicero mágico que da título a la película. Así pues, nos encontramos con una doble estafa, ya que, si se pretende ver un exploit de “E.T.” tal cual lo conocemos, pronto comprobamos que el parecido no es tanto, y que nos la han colado. La prueba está en que existe un póster de cine menos engañoso en el que se ve al marciano tal cual es.
Como fuere, esta película es una auténtica rareza y una buena muestra de lo que eran capaces de hacer los coreanos con sus dibujos animados allá en los años 80. La animación es tosca —como viene siendo habitual en ellos—, a veces las caras de los personajes son tan solo borrones, pero, en general, está lo suficientemente entretenida para que le prestemos atención la hora y el par de minutos que tiene de duración. Ahora, sin todos estos elementos exploit que son los que la hacen atractiva, no sería más que un largometraje de dibujos animados al uso y del montón que, curiosamente, recuerda a un episodio de Doraemon (¿casualidad?).
La otra película de animación coreana que explota “E.T.”, aún con sus delirios, sí que sería un plagio más evidente del universo creado por Spielberg y, espero algún día poder dar cuenta de ella aquí. Por el momento, confórmense solo con esta.
Dirige un tal Young-su Lee, que no cuenta con crédito alguno en ninguna otra película.

sábado, 29 de julio de 2023

INSEMINOID

Y seguimos con el bueno de Norman J. Warren para centrarnos en la que, a nivel popular, se considera su más representativa y mejor obra, "Inseminoid". Cierto que no he visto TODA la filmografía del caballero, pero vamos, dudo que nada esté a la altura de esta pequeña y simpatiquísima pieza de cine "exploitation". Se da por sentado -yo el primero- que "Inseminoid" (fechada en 1981) surgió a la sombra de "Alien, el 8º pasajero", sin embargo sus responsables aseguran que no, que el guion venía escrito de antes. Podría sonar a excusa barata, pero lo cierto es que el parecido con el clásico de Ridley Scott resulta mínimo. Es más, "20th Century Fox" pidió a sus artífices ver la película, por aquello de si debían meterle una demanda acusándolos de plagio. No lo hicieron. Al contrario, se la devolvieron deseándoles suerte y comentándoles que era muy buena... teniendo en cuenta sus restricciones presupuestarias. Manda cojones las malas intenciones de los ejecutivos de la "Fox" cuando, como todos sabemos, la misma "Alien" era un refrito de "It!, the terror from beyond space" y "Terror en el espacio". ¿Y a ellos no les demandaron? ¡¡Hay que tener jeta!!.
Un grupo de expedicionarios galácticos, instalados en un planeta rocoso, liberan una criatura que, directamente, se folla a una de las féminas del equipo. Una vez inseminada, se convertirá en una psicópata de tomo y lomo, mala como un demonio (¿qué esperaban? ¡es una mujer!) y con la excusa de proteger a su futura prole, irá cargándose al reparto entero.
En principio puede ofuscar que la aparición del alienígena sea tan limitada y la mayor parte del metraje esté oculto "dentro" de una actriz, una decisión obviamente tomada por las extremas limitaciones del escaso montante (en parte aportado por el legendario productor y mecenas asiático Run Run Shaw, quien se pone al frente de la película, como apadrinador principal) Sin embargo, resulta que la tipa, Judy Geeson -de extensísima y reconocible carrera, pueden verla en "El estrangulador de Rillington Place", "Miedo en la noche", la española "Una vela para el diablo", junto a John Wayne en "Brannigan" y, más recientemente, un par de películas de Rob Zombie- lo hace de putísima madre. Da más miedo que el mejor muñeco de látex. Resulta genuinamente amenazante, peligrosa, hijaputa... y tiene una cara de loca que espanta. Además, protagoniza la intensísima escena en la que el monstruo le chuta un par de huevos en sus adentros, marcándose un festival de desgarradores y escalofriantes gritos durante el consiguiente parto. Un diez para la chavala.
Sin ser la mojama, "Inseminoid" reserva algunos momentos tirando a impactantes, como, mentados aparte, la escena en la que un personaje intenta cortarse el pie con una sierra para salvar su vida, o los festivales de tripas y rojo sangre que se gasta Doña alien cuando la hambruna aprieta.
Todo esto condimentado con un ritmo solvente, una ambientación futurista digna, unos cuantos rostros más que luego harían algo de carrera, buenos efectos especiales y un final de esos pesimistas que, según cómo, tanto nos gustan.
No está mal, no.

A continuación, el escaneo de la caratula de mi VHS. Se trata de la edición de "Soho Video" que, como sabrán, se caracterizaba porque TODAS sus caratulas eran fotomontajes la mar de cutres robados de aquí y allí. En este caso, es cierto que la dama de la parte superior pertenece al film -lo mismo que las imágenes de la trasera-, pero esos marcianos negros que tiene debajo, pos no. En realidad todo apunta a "Hermano del espacio", infame refrito hispano-italiano de "E.T. El extraterrestre".

lunes, 21 de noviembre de 2022

LITTLE LOST SEA SERPENT

El director Donald G. Jackson, al que la afición le vino de manera temprana cuando filmaba eventos deportivos de instituto con su Bolex de 16 mm, es un realizador peculiar donde los haya, que quizás encaminó su carrera por el lado más elemental a causa de la falta de trabajo o, en un segundo término, quizás, por la de talento. Al margen de eso, detestaba las películas en las que Satán es mostrado de manera ostentosa porque era un cristiano redomado, mientras que por otro lado fue “La matanza de Texas” la película que le llevó a querer dirigir cine.
Paradójicamente y traicionando a sus creencias, debuta en el mundo del cine, precisamente, con una película de contenido satánico como era “The Demon Lover” —estrenada en nuestro país en vídeo, espantosamente editada, bajo el título de “Ceremonia Satánica”. Conoció otra edición que, erróneamente, le otorgaba la dirección a Fred Olen Ray —, mientras que el culto y seguimiento a posteriori se lo debe a un par de películas de "serie B" no muy hábiles pero simpáticas, que son “El infierno vuelve a Frogtown”, con Roddy Pipper (terminada de rodar por otro mindundi) y “Roller Blade” de la que posteriormente rodaría remake y secuelas. Estas serían sus tres películas más populares y a las que ineludiblemente se les rinde el culto merecido dentro de los parámetros de la "serie B" más desacomplejada.
Sin embargo llegados los 90, y navegando en un mar de mediocridad en el que, por abaratar costes, si quería seguir rodando debía hacerlo en vídeo costroso de la época, llega a su vida otro peculiar director, experto en artes marciales y aún más costroso que el propio Jackson, que responde al nombre de Scott Shaw y cuya escasa popularidad se la debe a títulos como “Atomic Samurai” entre otras mil mierdas que tiene en su filmografía, ya sea en calidad de productor o de director. Shaw alaba la filmografía ochentera de Jackson y le propone que se asocie con él en su pequeña productora, para que forme parte de una nueva corriente cinematográfica artística de su invención a la que llama Zen filmaking. Y Jackson se enreda con él en ese tinglado. ¿Y en qué consiste el Zen filmaking? Pues nada más y nada menos que en rodar películas con el mínimo dinero posible, en el menor espacio de tiempo y sobre la marcha, sin un guion, improvisando y construyendo la película según van grabando. Lo que viene siendo una película amateur de toda la puta vida, y además, de las malas. Insufribles. De esta manera, juntos, se lían a rodar películas amateur a cholón, expoliando, en la medida de lo posible, los éxitos pasados en celuloide del señor Donald G. Jackson, por lo que la mayoría de esa producción la componen secuelas de “Roller Blade” y, sobre todo, de “El infierno vuelve a Frogtown”, pero con una pobreza de medios —y artística— similar a cualquier película facturada en el tercer mundo. También tienen especial predilección por hacer películas de terror protagonizadas por El Chupacabra. Pero les va bien y se hartan de vender VHSs para el mercado del alquiler, por lo que en cierto modo resultan ser un antecedente para productoras como The Asylum, Tomcat Films y similares.
En una de estas, Shaw se da cuenta que el mercado infantil está caliente en los Estados Unidos, que las copias de Disney provenientes de exóticos países tercermundistas se alquilan como churros y que, en definitiva, los niños suelen ser un público agradecido. De este modo, y siempre cumpliendo los dogmas de Zen filmaking, propondrá a su socio rodar una serie de películas de corte infantil (de las que daré buena cuenta por aquí empezando con la de hoy) que cuentan como principal reclamo con el protagonismo de Joe Estevez —el tío menos famoso de Emilio Estevez y Charlie Sheen y, por ende, hermano de Martin Sheen—, que debe ser uno de los peores sobreactuadores de la historia, y de Conrad Brooks, actor clásico de la serie B/Z de los años 50 que se haría popular por salir en las películas de Ed Wood y que en plenos 90 respiraba sus últimos estertores.
Fascinado me quedé al saber sobre el Zen filmaking (aunque en su día ya tratáramos el asunto en formato audio), pero más todavía cuando supe de esta rama del movimiento pensada para los niños. Así, llego a esta infamia titulada “Little lost sea serpent”.
Cuenta la historia de una pareja de niños que, en la orilla del mar, se encuentran un bebé de serpiente marina gigante, con sus aletitas y todo. Por supuesto, se la llevarán a casa. Cerca del lugar les espían un par de periodistas que al darse cuenta de la magnificencia de lo que se han encontrado ahí, les perseguirán con la idea de hacerle fotos al bebé serpiente para publicarlas en los diarios.
En casa los críos jugarán con la serpiente, la criarán y conseguirán que sus padres, que no sabían nada, lleguen a encariñarse de un bicho que, al ser marino, necesita estar en el mar o se muere. Así que pronto decidirán regresarla a su hábitat para que esté con sus papis. Los periodistas por el camino comprenderán también que devolverla al mar es lo mejor. Así que de vuelta al mar, la mamá de la serpiente vendrá a recibirla con sus 10 metros de tamaño, mientras la serpiente pequeñita ¡habla y dice que quiere volver a casa! Y fin.
“Little lost sea serpent” ¡es el enésimo exploit de “E.T. El extraterrestre”!
Básicamente, Shaw y Jackson copian la estructura narrativa de la película de Spielberg, la adaptan a sus escasos medios y rellenan metraje a base de improvisaciones y conversaciones interminables. Todo ello rodado fatal, sin ningún cuidado y como si en realidad todo importase un bledo. Además, la pequeña serpiente, que bien podría ser semi animatrónica, es un tarugo. No se mueve, nada, un muñecajo inerte medio marionetesco, que hace que cada vez que un actor interactúe con él parezca completamente estúpido —máxime si quien interactúa con él es Joe Estevez—. Es como hacer una película con el peluche de la feria como protagonista. Pero cuando aparece la madre de la serpiente, un ser que entendemos que ha de medir más de 10 metros… mi madre… mejor buscan la peli y la ven, porque es inenarrable.
En definitiva, una película/estafa que directamente no se puede ver. Hay que ser muy valiente para enfrentarse a un visionado completo. O muy estúpido. Y yo me la he comido de cabo a rabo.
Sin embargo, me alegra haberme adentrado en el Zen filmaking de Shaw y Jackson, porque, créanme, si hay un cine pobre, chabacano, sin vida, triste, sin duda es este. Podría competir con el “Yo quiero ser torero” de Miliki y con el dúo Sacapuntas, y ganaría de largo la española. Ver para creer.
Vamos a por otra…

viernes, 5 de agosto de 2022

DIFERENCIAS IRRECONCILIABLES

Recuerdo perfectamente, siendo niño y con la fiebre de “E.T. El extraterrestre” todavía coleando de alguna manera, ir al cine de mi barrio, el Benares, a ver esta película por dos motivos muy concretos: La protagonista era Drew Barrymore, la niña de “E.T.” —de la que en mi adolescencia, y al ser ella también adolescente, estaba enamorado hasta el punto de colgar un póster de esta vestida de boxeador en mi taquilla de la mili— y el pensar firmemente que se trataba de una película de corte familiar/infantil. Que equivocado estaba. En realidad era un folletín absolutamente adulto del que yo no comprendía nada de nada, así que me fui del cine cuando ya iba por la mitad. Y aunque tuve constancia de ella en años posteriores, no fue hasta la otra noche que decidí de nuevo enfrentarme al toro casi cuarenta años después. Ahora sí comprendía todo, pero me aburría solemnemente. No mejoró mucho la cosa tras este nuevo visionado.
“Diferencias irreconciliables” da inicio con la improbable premisa de una niña que se quiere divorciar de sus padres. Esto da pie a una serie de flashbacks en los que el espectador es testigo de los problemas de pareja y/o familiares que arrastran los padres de la interfecta, la pareja formada por Shelley Long y Ryan O’Neal, y que llevan a la pequeña Drew Barrymore a querer divorciarse de ellos: Muchas trifulcas, cuernos, celos, egos desmedidos y ninguneo perpetuo hacia la niña, porque sus padres se dedican al negocio del cine y no le prestan la más mínima atención. Y así todo el rato. Un verdadero aburrimiento con estructura de telefilme, camuflado de alta comedia.
La -única- gracia del asunto estaría en que el argumento completo se basa veladamente —los nombres de los personajes están alterados, lógicamente— en la relación de pareja real que mantuvieron Peter Bogdanovich y Polly Platt y la aparición de una tercera persona que volvería loco de amor al director, como era Cybill Shepherd, a la que convertiría en su amante y que en esta ocasión interpretaría una jovencita Sharon Stone. En ese sentido, se ambientarían todas estas discusiones y trifulcas durante el ascenso y caída como director de Bogdanovich, por lo que tenemos también en la película a un productor que tiene bastante peso en la trama, que le pide al trasunto de Bogdanovich que arregle una película que acaba de producir y que vendría a ser el equivalente a Roger Corman, interpretado por Sam Wanamaker. Pero si no conocemos todos estos datos previamente, la película entera carece de gracia. Tampoco es que conociéndolos la cosa mejore.
Sin embargo, siendo un largometraje de bajo presupuesto que costó tan solo 6 millones de dólares (los actores aceptaron ir a porcentaje porque la producción no poseía liquidez suficiente para pagar sus cachés), logró duplicar su presupuesto en taquilla, amén de conseguir estupendas críticas en su momento. Por supuesto, la cosa gustó a gente que de un modo u otro conocía el entorno de Bogdanovich y satélites y, pronto, “Diferencias irreconciliables” se disiparía en el tiempo siendo a día de hoy una película completamente olvidada.
También cuenta su protagonista infantil, Drew Barrymore, que las trifulcas que retrata la película se trasladaron a la vida real y que aquél rodaje fue un autentico infierno, puesto que todo el equipo estaba discutiendo constantemente de manera muy agresiva y ella se marchaba a llorar a su trailer planteándose incluso dejar el mundo de la interpretación. Barrymore fue una de esas niñas ninguneadas criadas en ambiente cinematográfico y, en consecuencia, a los 12 años ya era alcohólica y adicta a la cocaína, motivo por el cual a los 14 se vio sometida a rehabilitación. Probablemente sea la actriz más joven en escribir sus memorias, y en “Little girl lost”, cuenta a su biógrafo todos sus problemas con las drogas. Quizás el mal ambiente de “Diferencias irreconciliables” fuera el detonante para su descenso a los infiernos, por lo que en cierto modo fue hasta profética en ese sentido.
Dirige Charles Shyer, que debutaría para la gran pantalla con esta película y que en adelante se especializaría en este tipo de comedias insustanciales para públicos maduros y tirando a rancios; “Baby, tu vales mucho”, las dos revisiones de “El hijo de la novia”, “Me gustan los líos” o “Alfie”, compondrían el grueso de una filmografía que tendrá sus seguidores, pero que a mí me deja frío, como si estuviese caminando en pelotas por algún inhóspito tramo nevado del polo norte.
Sin más. Revisada por pura vejez (que no nostalgia).

miércoles, 22 de diciembre de 2021

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 4 - ESPECIAL "E.T." O SPIELBERG VERSUS CANNES

Hoy venimos con algo muy especial y muy Navideño, de cuando la maravillosa "E.T. El Extraterrestre" hizo tambalear los cimientos del séptimo arte, por ahí 1982. Primero durante su presentación en un festival tan peliagudo para Steven Spielberg como el de Cannes. En los tiempos que el hombre era despreciado continuamente y acusado de super-comercial y facilón, meterse de cabeza en un evento como aquel, rodeado de críticos sesudos y gilipuertas, era una auténtica aventura más llena de riesgos que ni Indiana. Sin embargo, digan lo que digan, se saldó con éxito. Leí por ahí que todos los gacetilleros, hasta el más rancio, lloraban como magdalenas con la película. Y luego, pues la rueda de prensa que reproducen las páginas de la revista "Casablanca" (número de Septiembre del 82). Lo cierto es que pensaba que las preguntas iban a ser más capciosas, pero solo hay UNA y Spielberg sabe torearla con gracejo y educación. Del resto merece la pena destacar la cita a "El retorno del Jedi", de cuando se encontraba en pleno rodaje y titulaba "La venganza del Jedi". La gran reflexión que el cineasta hace sobre la competitividad festivalera de su gremio. Y las dos cagaditas del redactor del artículo, por un lado el nombre de "Industrial Light & Magic" mal escrito y, por otro, el momento en el que, hablando Spielberg de sus próximos proyectos (entre ellos la segunda aventura de Indy), comenta "En los límites de la realidad". Si miramos el apéndice numérico que lo acompaña, se asegura que el famoso accidente ocurrió durante el rodaje del capítulo del mismo Spielberg, cosa errónea porque, como sabemos, fue durante aquel que firmara John Landis (lo arreglarían en Noviembre del 83, como demuestra el recorte final, donde se anuncia el rodaje de "Entre pillos anda el juego / Trading Places" cuando aún se titulaba "Black and White").
Cierran el show la reseña de la estupenda y emocional banda sonora de John Williams y la crítica oficial del film por parte de Miguel Marías (publicadas en el ejemplar de Enero del 83) que, a pesar de intentar por todos los medios quitarle méritos a ella y su director, se nota que la disfrutó como un enano. Pero ya saben, intelectualismo obliga...
Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón... y luego, griten todos al unísono: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!










lunes, 13 de diciembre de 2021

MI AMIGO MUNCHIE

Sacacuartos de la New Concorde de Roger Corman que trata de conseguir su público dentro de la platea infantil a partir del enésimo —y tardío— exploit de “E.T. El Extraterrestre” (¡ya en 1992!). Para tan infame misión, que mejor que encargar el proyecto al más adecuado para acometer proyectos infantiles; Jim Wynorski.
Curiosa de por sí, más curioso resulta el que se la considere una secuela original de “Munchies”, artefacto más acorde con sus tiempos que este, que canibalizaba, de la peor manera posible, el éxito de “Gremlins”.
Se trata de un producto muy consciente de lo que es, que se rodó durante 18 días para tener rápidamente su estreno limitado en una sala perdida en algún lugar de Tennesee y, luego, con un mes de diferencia, ser estrenada directamente en el mercado del vídeo y la televisión por cable donde no le fue difícil duplicar sus costes. Sin embargo, y pese a su autoconciencia, dudo bastante que ni Corman, ni Wynorski, ni tan siquiera Chuck Cirino, que compuso la simpática banda sonora sintetizada, fueran conscientes en ningún momento del material tan espantoso y aterrador  que estaban facturando para los críos.
“Mi amigo Munchie” supuso el debut en la gran pantalla de una de las jamonas recurrentes del cine USA de finales de los 90 y primeros 00, que siendo una niña, es aquí el interés romántico del chaval protagonista: Jennifer Love Hewitt.
La sinopsis se la pueden imaginar; un niño de familia desestructurada y víctima del mini-buying (y digo mini-buying porque sus compañeros de escuela tampoco es que sean muy crueles con él), un buen día se encuentra en el interior de una mina un sarcófago en el que habita una pequeña criatura de cabeza desproporcionada que, nada más ver al muchacho, le dice que va a ser su nuevo amigo. Esta criatura tiene poderes mágicos y un tremendo espíritu juerguista, por lo que en su afán de ayudar al niño con sus problemas escolares, lejos de resolvérselos, le causa aún más con su torpeza.
El crío pronto descubrirá, gracias a la ayuda de un profesor medio loco amigo suyo, que la criatura es en realidad un ser milenario que ha estado dando por saco en todas las civilizaciones desde que el mundo es mundo.
Mientras, la madre del muchacho, viuda, tendrá que vérselas con el play boy de su pretendiente que, cuando descubre a Munchie en una fiesta que este organiza, como personaje antagonista que es, lo secuestrará con el fin de llevarlo a un laboratorio y que la ciencia estudie a tan extraño infraser.
“Mi amigo Munchie” es un peñazo de cuidado, casi insoportable, como insoportable es la visión del bichejo protagonista con esa cabeza enorme y esos rasgos inmóviles que da más miedo que otra cosa. Un muñecajo animatrónico inútil e inmóvil, muerto, incapaz de mover nada más allá de la boca y esos ojos azules aterradores. Claro, que el puto bicharraco, al final se convierte en el único atractivo de esta película, por lo cochambroso que es, y el motivo por el cual, tras sus ventas en vídeo, exportaciones al extranjero y continuos pases por el cable, la película resultó ser rentable y Corman dio luz verde para realizar una secuela que, si no se tuerce la cosa, lo más probable es que les comente por aquí algún día. Más tirando a tarde que a pronto.
Por lo demás, y más con esa temática infantil, hay que hacer un gran esfuerzo para ver esta película sin que el santo se te vaya al cielo, porque, como el presupuesto de la misma es ínfimo, y aunque se supone que tenemos aquí a un ser milenario con poderes mágicos, la cosa escasea de todo tipo de acción y efectos especiales o imaginación, reduciéndose todo acto a eternas conversaciones entre el niño y Munchie que no llevan a ninguna parte. Una película asquerosa. Curiosamente, sin que en ningún momento dijeran que se trata de una buena película, a la crítica USA le cayó simpático el engendro.
Otro de los puntos curiosos de la cinta es el reparto; a parte de la anteriormente mencionada Jennifer Love Hewit con falda, coletas y calcetines, tenemos, dando voz al propio Munchie, a un peso pesado como Dom DeLuise, que o le hacía falta la pasta en ese preciso momento o que no sabía muy bien donde se metía, pero que, cuando le propusieron volver a dar voz a Munchie en su secuela, rechazó la oferta para ser sustituido por otro actor de relumbrón como veremos —si se tercia—.
Loni Anderson daría vida a la tetuda y operada madre del crío protagonista, y en papeles secundarios tenemos a una discretita Monique Gabrielle (modosita porque es una película infantil, claro), a Fred Olen Ray haciendo un cameito y la presencia de un actor que, no se muy bien por qué (quizás por el nombre -Nota de Naxo: por su currículum en realidad-) pero al staff de este blog nos hace cierta gracia: George “Buck” Flower.
En los tiempos del videoclub, pero ya bien entrados los 90, vi tropecientasmil veces la carátula de esta película en los estantes. Jamás la alquilé. Han tenido que pasar casi 30 años para decidirme a verla. La espera NO ha merecido la pena.

viernes, 12 de noviembre de 2021

LAS FANTASÍAS DE CUNY

Con el pepinazo que supuso “E.T. El Extraterrestre” todavía caliente en el imaginario popular, y con el niño prodigio del cine español Lolo García a punto de convertirse en un señor de 40 años —en realidad cumplía 11—, la productora de Miguel Ángel Gil, Impala, deprisa y corriendo confecciona una película a la medida del niño que encandiló a media España con “La Guerra de papá” y “Tobi”, que a su vez es el enésimo exploit del clásico de Spielberg. Para darle además un toquecito ibérico, que mejor que ambientar todo en un entorno musical con un intérprete de canción ligera —interpretado por Manuel Tejada y con la voz de Francisco— , que con canciones escritas ex profeso para la película, ameniza los tempos muertos de la misma con unas tonadillas  insoportables destinadas a un público adulto, en lo que a priori se supone es una cinta infantil.
Un niño llamado Cuny que se encuentra muy solo debido a que su mamá falleció, y su papá es un crooner de éxito que incluso hace giras por Estados Unidos, una noche recibe la visita de una nave espacial en la terraza de su casa. De esa nave saldrá una niña extraterrestre de la que se hace muy amigo y con la que luego coincidirá en clase.
Cuando le cuenta esta aventura a su padre y a su mejor amigo, “El Probe”, (un niño probeta repelente hasta la extenuación), lógicamente no le creen, piensan que es un chaval muy fantasioso. Cuny poco a poco se va enamorando de la niña y cuando esta se tiene que ir a su planeta, Cuny enfermará. El crooner, investigando, descubre que la niña de la que su hijo se ha hecho amigo y que asegura que viene de las estrellas, es en realidad una niña que murió tiempo atrás, y que Cuny se ha estado relacionando con su espíritu.
“Las fantasías de Cuny” es una muestra de la decadencia de, por un lado, el cine infantil que ya comenzaba a dar sus últimos coletazos en nuestro país y, por otro, Lolo García que a estas alturas de su carrera ya ha perdido la gracia y frescura de cuando era un bebé y le quedan dos telediarios para abandonar el mundo del cine y dedicarse a sus estudios, convirtiéndose con el tiempo en un gran economista alejado de la farándula. Esta película no podía funcionar de ninguna de las maneras. Pero, aunque en un principio la cosa sea poco atractiva para aquel 1984, no sería de recibo un boca a oreja, porque la película es un folletín melodramático largo y aburrido que provoca el desasosiego del espectador más joven y las ganas de suicidarse del adulto, traduciéndose todo esto en un número de espectadores paupérrimo, apenas 108.000, que pasaron por taquilla la semana de su estreno. Además, todo lo referente al extraterrestrismo de la niña, lo de que falleció tiempo atrás y todas esas vainas, son verdaderamente inquietantes. Me recuerdo viéndola de niño en el cine, y no comprendiendo un carajo y sufriendo mal rollo.
Un par de efectos especiales para la nave espacial más o menos resultones y alguna escena de acción rodada al estilo chorizo western que el director practicó durante años, no compensan los eternos, insustanciales y absurdos diálogos de los que se compone el grueso de la película, máxime cuando, al no haber sonido directo en aquella época, los dos niños protagonistas están doblados por la misma actriz de doblaje, Matilde Vilariño, fallecida este año.
Un auténtico tostón cuyo reciente visionado confirmó las sospechas que tenía de que, ni tan siquiera cuando era niño, gustándome como me gustaban las películas de Lolo García, este bodrio logró convencerme.
Acompañan en el reparto a Lolo García y Manolo Tejada, una Isabel Luque un tanto envejecida e irreconocible, que lejos de mostrar cacha como hacía en las películas de Ozores, aquí casi parece una mojigata.
Dirige la cosa Joaquín Romero Marchent, que tuvo tiempos mejores en el pasado con sus westerns (tampoco demasiado mejores) y que firma con esta su última película para la gran pantalla. Regresaría a la dirección de manera eventual en los 90 para hacerse cargo de la secuela de “Curro Jiménez” para la televisión.

sábado, 6 de noviembre de 2021

13 FANBOY

Un super-fan de la franquicia "Viernes 13" al completo (y "La noche de Halloween") acosa a las actrices de aquella(s) y luego las asesina.
Leído así, "13 Fanboy" suena a thriller trillado. A peli de terror del montonazo. Y eso es exactamente lo que sería -a lo que contribuye cierto sopor, su extensa duración y el aire cutrilongo que gasta- si no fuese por una serie de características que la hacen destacar, todas situadas tras la cámara.
Resulta que "13 Fanboy" viene co-escrita y dirigida por Deborah Voorhees. Sí, niños, la tremenda pechugona que se dejaba asesinar por "Jason Voorhees" (lo del apellido es una graciosa coincidencia) en el quinto "Viernes 13". No nos vamos a engañar a estas alturas. Todos la recordamos y valoramos por... bueno, no por su talento interpretativo, precisamente. Eso es así, jorobe a quien jorobe (y a ella la que más, seguramente). Tras ese papel, y verse encasillada en roles de prostituta y demás, dejó la interpretación y se puso a dirigir comedias "indies" sentimentaloides. Hasta que estalló el fenómeno fan y pasó a formar parte del personal habitual en las convenciones de cine de terror. Allí entabló amistad con otros supervivientes de la saga sedientos de trabajo y, un día, decidió reunirlos a todos en una película. No podía ser otra comedia sentimental de espíritu "indie" porque eso no querría verlo ni el tato. Así que tiró por lo obvio, una de terror. Concretamente, un slasher. Y en formato meta-cine. No creo que a Deborah le guste mucho el género, pero dado su currículum (y el de sus colegas) era la opción más lógica si quería que los fanes aportaran dineros mediante crowdfunding, y así es como fue.
La verdad, no sé qué careto se les quedará cuando vean la peli terminada. No porque sea mala o buena... eso da igual, le pondrán tanta voluntad que les encantaría aunque fuese el mayor ñordo del siglo. Es porque ellos, los fans, no salen demasiado bien parados.
Por ejemplo, en una escena una de las actrices del cuarto "Viernes 13" hace fotos artísticas semi-góticas a una modelo medio desnuda cubierta de sangre. "¿Quién quiere ver esta clase de fotos?" pregunta la ingenua moza, a lo que la otra responde con desdén "Los fans del cine de terror". Corey Feldman, el famoso Tommy Jarvis jovenzuelo, no hace de sí mismo, sino de un fan. Uno con cierto retraso mental, salido como una mona, cuya máxima en la vida es poder ver a sus actrices favoritas en tetas.
Es cierto que este drama tiene una base más o menos real. Precisamente, la protagonista del primer "Viernes 13" sufrió acoso en su época. Así que sí, hay tarados de esos por el mundo. Y, cojones, no voy a ser yo quien defienda a los fanes del terror -aunque pertenezca a la especie-, pues es un mundillo repleto de retrasados mentales, vírgenes desesperados por meterla en un agujero y algún demente que goza con vídeos de violencia genuina... pero, en fin, no creo que se pueda generalizar. Ni siquiera en ese caso. Y, además, está un poco "feo", porque Deborah y sus colegas, a fin de cuentas, viven de toda esta peña. De cobrarles dineros por hacerse una jodida foto con ellos, cosa que me parece lamentable.
No es la primera vez que vemos algo así. Wes Craven pintó a los devotos del terror como gorilas descerebrados en "Scream 2". Y las "scream queens" de la "serie B/Z" al completo, con ayuda de Charles Band, se marcaron un tanto parecido en una cosucha titulada "Trophy Heads".
¡Eh! Tiene máximo sentido. Piénsenlo: estos actores/filmeiquers han quedado atrapados en el cine de terror -un género que tampoco es que sea del agrado de todos- por culpa de sus adoradores. Les obligan a viajar al pasado continuamente, a lo que hicieron hace 40 años, sin dejarles evolucionar. O cambiar de registro. Incluso tienen que vestirse con las ropas del personaje que interpretaran entonces o soltar sus chascarrillos. El mismo Kane Hodder, es decir, el "Jason" más célebre, se marca un discurso en "13 Fanboy" quejándose de que no le dan papeles por haber interpretado a un asesino y, luego, demostrando que es "de carne y hueso" dando la turra entre lágrimas sobre lo mucho que quiere a su señora y sus retoños. Todos los actores salidos de "Viernes 13" se encabezonan en demostrar su condición de gente normalísima con aburridas vidas en las que pierden el culo por sus asquerosos niños y/o nietos.
Sin embargo, Deborah Voorhees se guarda un as en la manga. Uno que no desvelaré para evitar joderles el pastel. Digamos que aplaca un poco esa sensación de que están pintando a los fans como tarados peligrosos (solo un poco). Y, de paso, pone luz a una duda que me embargaba mientras veía la película: ¿qué pinta ahí Dee Wallace? Ciertamente, tiene más caché que muchos de su compañeros. Estuvo en "Aullidos" y, sobre todo, "E.T. El extraterrestre". Se supone blanco de interés del asesino por su papel en ¡¡el remake de "La noche de Halloween"!! flaco favor le hacen destacando ese rol por encima de otros mucho más jugosos e icónicos.
Completan el pastel unos cuantos asesinatos más o menos logrados, gracias al buen uso de efectos "old school", y una escenita de folli folli, para que no se diga.

lunes, 16 de agosto de 2021

EL E.T.E. Y EL OTO

No me extenderé mucho presentando la película porque ustedes ya la conocen; Se trata de una parodia de “E.T. El Extraterrestre” protagonizada por Los Hermanos Calatrava y dirigida por Manuel Esteba. Básicamente consta de una serie de recreaciones pobres y chapuceras de las escenas más célebres de la película de la que hace chufla, en un batiburrillo de imágenes sin coherencia ni continuidad que sirven para el lucimiento de la pareja de cómicos que la protagoniza, Los Calatrava, así como para el de los humoristas invitados (Goyito, Manolito Royo) que intervienen como secundarios, cuyas presencias interrumpen toscamente la narración para así poder hacer partícipe al espectador de sus respectivos estilos. Se trata, probablemente, de  una de las obras cumbre de la serie Z española y su nivel de pobreza podría hacerla competir con producciones turcas, paquistaníes o peruanas y, en tal caso, “El E.T.E y el Oto” saldría airosa. Mala y exasperarte, en pleno 2021 la película ya no despierta ni simpatía, sino todo lo contrario.
Con ese atentado al buen gusto y al celuloide que es la por otro lado entrañable “El E.T.E y el Oto”, parece que la cultura popular y los aspirantes a gacetilleros de este país se han cebado en cuanto a invenciones y rumores vertidos en torno a su producción. Es como si hubiera que propagar todos esos rumores para justificar el escribir sobre ella y que haya algo que decir, ya que lo cierto es que “El E.T.E y el Oto” es tan rematadamente mala que no hay nada que resaltar más allá de eso. Y es que, tras un reciente visionado todavía me duelen los ojos, en parte, debido a la infecta calidad de los ripeos existentes.
Entre los rumores expandidos por el fandom, las trolas del director y las de los propios Hermanos Calatrava, vamos apañados.
Uno de lo más extendidos fue que Esteba y Los Calatrava se adelantaron una semana al estreno de la de Spielberg llegando así a coincidir en la cartelera las dos películas. No hay que ser muy listo para saber que eso es una falacia. Tan solo hay que echar un ojo a la base de datos del ministerio de cultura para comprobar que “E.T. El Extraterrestre” se estrenó en nuestro país en Octubre de 1982, mientras que “El E.T.E y el Oto” lo hizo en Marzo de 1983. De hecho, cuenta Manolo Calatrava en sus memorias que la idea de realizar esta parodia surge al ver lo bien que estaba funcionando la película de Spielberg en las salas de nuestro país. Esteba y Los Calatrava fueron  a verla para quedarse con las escenas más potentes, y, ahí sí, después se dieron prisa en hacerla. El rodaje duró una semana y la postproducción otra semana más. Y en cinco meses ya estaban exhibiendo en salas con “E.T. El Extraterrestre” todavía presente en cartelera. La coincidencia de ambas películas en cines se debe exclusivamente a que la programación de la de Spielberg se prolongaba semana a semana gracias a los beneficios.
El otro rumor existente, decía que Steven Spielberg había solicitado copia a la distribuidora de “El E.T.E y el Oto” al saber de su existencia y que, al verla, desestimó el denunciar a la producción tras corroborar su mala calidad. Manolo Calatrava en el libro afirma que duda bastante que Steven Spielberg llegase a  verla porque, de lo contrario, directamente los mataba. De esta misma guisa, a Manuel Esteba en vida le gustaba alardear de que Spielberg vio la película, le telefoneó tras hacerlo y le felicitó ya que según el director judío, Esteba era el único que había captado el mensaje implícito en E.T. sobre la llegada de Jesucristo a la tierra (¿?). Todo mentira, naturalmente, aunque no existen datos que corroboren si Spielberg llegó o no a ver la película.
La idea se gesta tras un sketch que Los Calatrava ejecutan en televisión a propósito del extraterrestre. Con la película “Horror Story” diez años antes, Manuel Esteba deja dinero a deber a la pareja de humoristas, quienes no ve un duro de aquel rodaje. Con la fiebre de E.T. en nuestro país, y tras ver el sketch, Esteba contacta con los hermanos proponiéndoles hacer esta parodia para cine y, a pesar de las desavenencias y el concepto que estos tienen del director, aceptan protagonizarla a cambio de los gastos que pudiera acarrearles el rodaje y un 15% de los beneficios en taquilla. Para completar el reparto se cuenta con los propios hijos de Los Calatrava, Oscar y Curro García, además de otros cómicos invitados que intervinieron gratis.
Diez días antes del estreno, todavía no tienen el cartón de censura con la correspondiente clasificación por edades, tarea esta que desempeñaba  por aquél entonces Pilar Miró. Esta alegó que no tenía tiempo para verla y calificarla, y, pese a que el estreno estaba ya programado, la dejó aparcada y sin la calificación. No podía proyectarse. Finalmente, y tras tener que personarse en su oficina la esposa y socia de Manuel Esteba, a regañadientes, la Miró calificó la película otorgándole un “no recomendada para menores de 14 años” pese a que era completamente blanca y estaba destinada a toda clase de público, especialmente el de corta edad. Con esa calificación perdían asistencia infantil a las salas donde se proyectase.
Se estrenó en 45 salas y, según Manolo Calatrava en sus memorias, el éxito fue rotundo recaudando más de 160 millones de pesetas, de los cuales los hermanos no vieron ni un duro, porque, al ir a reclamar a la productora de Esteba el 15% que por contrato les correspondía, el director se declaró insolvente, repitiéndose lo acaecido 10 años antes con “Horror Story”. Tampoco tiene mucha veracidad la versión de Manolo Calatrava, pues consultando la hoja del Ministerio de Cultura, la película no ganó 160 millones de pesetas, sino 31 provenientes de unos discretos 211.000 espectadores que fueron a verla la semana santa de 1983, o sea que, según esto, Calatrava se pasa en 130 millones de pesetas. No obstante, y teniendo en cuenta el bajo presupuesto de la película, como fuera, resultó un negocio rentable. De todas formas, no solo Esteba no dirigiría más cine, tampoco Los Calatrava volvieron a protagonizar más películas.
En cualquier caso, y tras un reciente visionado de lo más duro, lo cierto es que “El E.T.E y el Oto” es una de nuestras producciones más vergonzosas —y vergonzantes— que, paradójicamente, se convierte en una de las series Z más populares y que, al margen de la inutilidad técnica, destaca por un humor, el de Los Calatrava, que acaba funcionando por infuncional. Algunos gags son denunciables, así como la interpretación de Paco Calatrava como E.T. que hace dudar a los espectadores extranjeros si se trata de un extraterrestre o un deficiente mental.
A modo anecdótico decir que, como se trata de una película rodada sin sonido directo y doblada posteriormente en estudio, los hijos de los Calatrava fueron doblados por actores profesionales y, aprovechando la coyuntura, para proceder con Oscar García, el equivalente español al Elliot Americano, se contrató a José Luis Mediavilla, que es el mismo actor que dobló a Henry Thomas en el E.T. original, con lo que resulta muy gracioso escuchar la reconocible voz española de Elliot interactuar, casi con los mismos diálogos que en la original, con Los Hermanos Calatrava.
Todo muy entrañable. Pero nada más que entrañable.

viernes, 7 de diciembre de 2018

T.T. EL EXTRATERRESTRE

Es muy curioso, que cuando una película de éxito más o menos modesto pasa por la disección del cine “exploit”, a esta le salen primos tontos más o menos dignos que con el paso del tiempo generan un culto incluso mayor que la película a la que expolia; el caso más claro lo tenemos en “Gremlins”, cuyos familiares retarder hoy en día son piezas de indiscutible culto tales como “Ghoulies”, “Critters”, “Munchies” o también cosas más de andar por casa descalzo como puedan ser “Hobgoblins”o “Esclavos del diablo”.
Sin embargo, películas de envergadura internacional, gordas como nutrias y que se ven en todo el mundo, tienen, además de esos primos tontos, otros que pasan hambre. Los casos más palpables serían los de “Star Wars” o sobre todo “E.T. El extraterrestre” que tiene la suerte de tener los “exploitations” más tercermundistas y pobres de la historia. No conformes con un “Amigo de las estrellas” o un “Mi amigo Mac”, que serían los “Exploits” más o menos dignos, tiene que soportar el mal aliento que desprendemos los españoles con “El E.T.E y el Oto”, el hambre africana de “Nukie”, o la lepra turca de “Badi”, donde solucionaron el E.T. poniéndole una almohada en la cabeza a un enano.
Pero los filipinos son palabras mayores porque tienen dosis más altas de cara dura y un sentido de lo bizarro que les viene de serie y que muchas veces no lo traen consigo otros países por exóticos que estos sean.
Por eso, de entre todas esas ponzoñas brilla con luz propia el “E.T.” filipino.
Recién editado por Trash-O-Rama distribuciones bajo el título de “T.T. El Extra Terrestre” pero conocida internacionalmente con el estupendo título de “Little Boy Blue: Tiny Terrestrial”, se esconde una película que más que ramalazos “exploit” los tiene de parodia. Digamos, que pese a su factura olorosa y tercermundista con actores desdentados que entran y salen, con exteriores que son poco más que descampados, destaca, por un lado, que el E.T de turno, además de ser azul, es una mezcla de E.T con un Mogwai del tamaño de un retrasado mental, que le fascina la imaginería católica con sus vírgenes y sus rosarios, y que emite unos sonidos y tiene un aspecto que son demasiado desagradables como para que el público empatíce con dicho extraterrestre. Casi estamos deseando que entre alguien y lo quite de en medio de un disparo. Por otro lado, el cuarteto protagonista formado por abuela extraña y tres niños, uno de los cuales agita sus brazos por encima se su cabeza cada vez que habla, en clara alusión a su discapacidad mental. También deseamos que les disparen a estos.
Lo que “T.T, El Extra Terrestre” hace, es mofarse de la de Spielberg, en tanto, los protagonistas son conscientes de la existencia de la película “E.T. El Extraterrestre” y en cuanto reciben la visita de este Little Boy Blue, le llaman T.T. en alusión al de la película. En ese sentido, los numeritos humorísticos se van sucediendo a la par que, de un modo u otro, va siguiendo la estructura narrativa de la película original.
Para acabar de hacerla un film de interés trash, “T.T. El Extra Terrestre” fusila la banda sonora original de “E.T. El Extraterrestre”, pero también la de “Regreso al futuro” y tantas otras, como es costumbre en todo este tipo de cine de derribo.
Entonces, pasa lo que pasa con la gran mayoría de films de naturaleza exótica; que habiendo visto ya tanto, esta no nos sorprende ni lo más mínimo. Con todo está simpática, y podía estarlo aún más de no ser porque la película se acerca peligrosamente a las dos horas.
Dirige Eddie Reyes, que aunque no volvería a dirigir hasta 2004 con una cosa titulada “Tukso Si Charito 2”, fue asistente del director de célebre títulos de la basura filipina tales como “Las locas aventuras de Batman y Robin”, de Tony Reyes del que puede que hasta sean hermanos.
Como curiosidad, se puede ver. Y hasta te echas unas risas.

lunes, 8 de enero de 2018

POLTERGEIST

Como recientemente se hizo noticia —que era, en realidad, un secreto a voces— el hecho de que “Poltergeist” no la dirigió Tobe Hooper, sino, el propio Steven Spielberg. John R. Leonetti, director de “Anabelle”, que trabajó en “Poltergeist” como ayudante de cámara, saca a la luz estos datos en la prensa. Nada nuevo. Spielberg no podía rodar ese año otra película aparte de “E.T. El Extraterrestre” porque así lo dispuso una cláusula de su contrato con Universal, y se acreditó en “Poltergeist”, que sería su siguiente película, como productor, dándole la autoría del film a Tobe Hooper. Pero la dirigiría él. Leonetti, lo único que ha hecho es confirmar lo que todo el mundo ya sabía. Así que, esta fue una buena excusa para volver a verla. Y no cabe duda, desde el principio, que se trata de una película de Spielberg, con todos los clichés del Spielberg de esa época —familia de barrio residencial, la infancia como gran protagonista, bicicletas… casi parece “Stranger Things”— y dónde no se ve ni un solo atisbo de Hooper, sin duda, mucho menos sofisticado en su forma de dirigir. Aún así, Leonetti dice, que a veces, Spielberg se marchaba del rodaje y le dejaba dirigir a Hooper, por lo que hay escenas en la película que bien podían ser suyas. La historia a estas alturas, también es de sobra conocida; Una familia comienza a experimentar fenómenos extraños en su casa, hasta tal punto que los fantasmas llegan a secuestrar a la hija pequeña, haciendo su fuerte en la televisión. La familia contactará con varios mediums que les ayudarán a traer de vuelta a la niña. Y mi opinión era, antes de este visionado, que “Poltergeist” es la película de casas encantadas más plástica y anti atmosférica que existe. Una clara muestra de cine de terror para el público que no ve cine de terror habitualmente. Y tras verla, lo único que puedo hacer es confirmar esto, y añadir que, además, es tan jodidamente aburrida, que más de un 65% de la cinta se la pasan hablando. Cuando no parlotea la Zelda Rubistein, parlotea la otra médium (a la actriz que la interpreta no la reconozco y no me apetece consultar ahora mismo IMDB). Pero además de aburrida, es que es una película mala de cojones. Y al paso del tiempo me remito. Al margen de que esta película sea tan mainstream que su contenido terrorífico queda anulado, es que es cutre y chapucera como ella sola en todos los aspectos. Cualquier serie B de la época, tiene más inventiva y originalidad, que este cuento de hadas malas se Spielberg. Y la comparo con “E.T. El Extraterrestre” ya que se estrenaron con solo una semana de diferencia, y el paso del tiempo podía también haber hecho mella en ella, sin embargo, mientras que “E.T.” se mantiene fresca a su manera, “Poltergeist” no hay un ser humano que la aguante. Y menos si se tiene algo de estima por el cine de terror (no digo si se es fan del cine de terror, que los fans la endiosarán solo porque es de terror y porque la firma Tobe Hooper, porque el criterio del fan se basa en fanatismos, no en opiniones formadas como bien podemos ver en miles de blogs o páginas de facebook). Sin embargo, tendré que revisar las secuelas de las que si que tengo, vistas 20 años atrás también (o más), buenos y terroríficos recuerdos. Seguiremos hablando al respecto. Lo dicho. “Poltergeist” es una mierda. Me dan igual los efectos especiales, y sobretodo, las inevitables nostalgias.

jueves, 6 de julio de 2017

OKJA

Estoy leyendo demasiadas tonterías en base a esta película. La más recurrente el desfile de personajes excéntricos y alocados que Bong Joon-Ho ha creado, pero también que si es una película casi de corte infantil (no le veo problema a eso) y sobre todo que el activismo e ideas del director se han abierto paso en su trabajo. Y la verdad es que todo esto no me parece más que mierda. En la actualidad hay críticos de cine, y muchos que ni siquiera lo son, que se piensan, o esperan que una película les cambie la vida. Señores, es una película, una puta película, es para entretener y hacer caja, si además puede enseñar algo, o revolver algo en la conciencia del espectador, miel sobre hojuelas, pero nunca hay que perder de vista que el cine es entretenimiento, si le quitas eso no queda más que una sucesión de imágenes que puede o no tener sentido.

Sobre los personajes excéntricos, parece que estos críticos no han visto más películas coreanas, si me descuidas asiáticas, que esta. Estos arquetipos son muy comunes en el cine que llega de oriente, no tendrían que pillarnos por sorpresa. ¿Qué pueden llegar a rozar el ridículo? Puede, pero imaginen a Alfredo Landa en plena playa, con su pelo en pecho, su tripa de señor maduro, su escasa estatura y su slip paquetero ligando con bellas suecas por las playas de levante. Ahora véanlo desde la perspectiva del espectador asiático. Ridículo ¿Verdad? Pues eso. Volvemos a lo de siempre, nos creemos el ombligo del mundo, y todo tiene que ser como ha sido siempre alrededor nuestro, si algo se sale de la norma está mal, o es un despropósito, pues no.

¿Película infantil o casi infantil? Pues casi, pero tiene cierta lógica, la protagonista es Mija, una niña que desde que tenía 4 años se ha criado con Okja, la cual le es arrebatada para despedazarla cachito  a cachito. Es cuando recuerdo E.T. el extraterrestre, y es que salvo por comerse al bicho, el argumento es más o menos similar. Creo que eso no es malo, nadie en su sano juicio diría que la película de Spielberg es peor por estar enfocada a un público juvenil. Cierto que Okja no lo está per se, pero es una película que perfectamente puede ver un crio, que pasara miedo en las escenas del matadero, al igual que nos pasaba cuando veíamos a E.T. sobre aquella camilla con doctores a su alrededor.

El activismo, el veganismo y la crítica a la industria alimentaria. De primeras, ni la niña ni el abuelo son veganos, no se les ve comer carne, pero bien que comen pescado, huevos y pollo (que hasta donde yo sé es carne, otra cosa es que haya quien quiera obviarlo) y cuando aparece un personaje que es abiertamente vegano (el activista Silver) se nos presenta como un estúpido que con total de dejar la menor huella posible en el planeta, está todo el tiempo débil y medio enfermo. Tampoco el resto de grupo de activistas son canela en rama, cada cual tiene su tara, incluso el líder, muy bien interpretado por Paul Dano, es una pequeña parodia del “Todo ser vivo es hermoso y por ello te quiero”. En cuanto al profesor Jhonny, una especie de Frank de la jungla mega histriónico, me ha parecido un personaje interesante. Al ser tan alocado los críticos han perdido de vista lo que realmente nos cuenta. Un hombre concienciado con su trabajo, que al perder relevancia y a la vez autoestima, se vende a una mega corporación de justo lo contrario a lo que el promueve. Que es excéntrico, pues claro, así es el papel, pero a Jack Gyllenhall no se le puede poner ni una sola pega. Hace su papel como tiene que hacerlo y consigue que te de entre asco y medio pena, no entiendo que le caigan tantos palos por hacer lo que tenía que hacer.

En definitiva, no hagan ni puto caso a las criticas, véanla y juzguen.

Okja nos cuenta la historia de los supercerdos que una gran empresa cárnica ha desarrollado. Entregan un superlechón a distintos granjeros repartidos por el mundo, para 10 años después ver cuál es el mejor y más sanote. Esto no es más que una maniobra de marketing a largo plazo, pero no contaban con que una niña coreana crease unos lazos tan fuertes con el animal.

Llegado el día se llevan a Okja a EEUU y posteriormente al matadero, el cual era su destino desde el principio, a lo que tanto Mija, la niña, como un grupo de activistas intentaran por todos los medios liberar a Okja.