Mostrando las entradas para la consulta Nick Zedd ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Nick Zedd ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de febrero de 2026

NICK ZEDD MOVIES 2011 - 2017

Decía Lydia Lunch, musa del supuesto underground noventero, que su ex-pareja Nick Zedd (descanse en paz) era un escritor y pensador brillante, pero a la hora de coger la cámara, caca de la vaca. Por eso, ella y Richard Kern decidieron poner algo más de esmero en sus propios cortometrajes (¡tampoco mucho!), para evitar parecerse a la estética costrosa de Zedd. Durante un tiempo creí firmemente que el muchacho era un auténtico negado, un cutre genuino incapaz de hacer nada mínimamente “bien”. Pero tras ver su obra entonces más reciente, comencé a pensar si no sería así por su naturaleza supuestamente subversiva. Es decir, que Nick Zedd se creía tanto sus preceptos anti-establishment y anti-académicos que rodaba/grababa de ese modo porque así es como le salía. Claro, en súper 8 y 16mm quedaba "cool", molaba mucho. En vídeo no tanto. Este incrementaba los aspectos negativos y aportaba un poso de dejadez y desinterés por la materia que ofendía. No obstante, en el fondo es algo que merece ser aplaudido, porque lo que Nick Zedd hacía, en esencia, era seguir siendo igual, independientemente del formato con el que trabajase. Sus películas y vídeos siempre partían de una base: Desagradar. Molestar. Fuese por su contenido, fuese por su acabado. Y desde luego es algo que cumplió a rajatabla hasta el día de su muerte. Aunque también podría ser un puto manazas, sin más. Supongo que esta duda es la que, incluso ya fallecido, continúa haciendo de él un creador tan interesante... a pesar de los pesares.
El día que anunció en redes que ponía a la venta un dvd auto-producido con sus cortos más recientes (¡¡calificándolo de "Histórico"!!), casi todos facturados vídeo mediante en México a partir del año 2011, me volví loco y corrí a comprarlo. La broma salía cara... pero la curiosidad compensaba el dispendio. Naturalmente, una vez efectué el pago, más allá de la confirmación de "Paypal", no recibí ningún mensaje de 
aviso o agradecimiento. Nada, silencio absoluto. Y así fue a lo largo de los quince días de espera, durante los que comencé a rayarme. ¡¿Y si el cabrón me había estafado?!. ¿Lo hizo?... no... pero en cierto modo, sí.
Llegó, abrí el sobre y me encontré con una cosa extremada y saludablemente cutre. Una caja llena de polvo, de evidente segunda mano. Una austera fotocopia a color mal recortada como portada. ¿Y dentro?, un dvd-r con los títulos escritos a mano, todos bien apretujados. Pero todavía quedaban más sorpresas, como ponerlo en el reproductor y darme de bruces con un menú rojo compuesto por un único "Play". Nada más. ¡¿Y he pagado una cantidad más que notable por ESTO?!... ¡¡qué maravilla, joder!!. En la era de la alta tecnología, con programas creados para que cualquier mindundi pueda producir algo medianamente con cara y ojos, encontrarme ante semejante chuzo me emocionó. Sin embargo, lo mejor aún estaba por llegar, ¡el contenido!.
"DeMonica" está dedicado a Doña Zedd y mantiene viva la estética típica de lo que era el Nick Zedd del nuevo milenio: Plano fijo de la tipa, pintada de verde para fusionarse con el croma detrás dispuesto de una pintura bastante chula del mismo director compuesta de tres pollas entrecruzadas mientras eyaculan. La mujer se desgañita pasando por diferentes estados emocionales, de la risa al llanto, de ahí a... ya no me acuerdo... pero bueno, que eso es todo, una tontunada como un camión de grande que ni gusta ni disgusta. Lo sorprendente es que Zedd necesitó a un "equipo técnico" para confeccionarlo.
"Death of a Muffinhead" se suponía era el corto que justificaba la existencia del dvd-r. Decía Zedd que era lo mejor que había hecho en años. Y sí, a nivel plástico está muy bien, pero me temo que el mérito pertenece en realidad al tal "Muffinhead", artista neoyorquino que es quien se curró los disfraces que pululan por delante de un puñado de cromas cutrones y una cámara tirando a perezosa. Y es que pereza es la palabra clave para definir la carrera digital de Zedd. Siempre me ha dado la sensación de que se limitaba a sacar jugo a aquello que otros le ofrecían. Lo cogía, lo mal grababa y ponía su nombre al resultado sin aportar demasiados méritos propios. El caso es que el corto va de, eso, una especie de mariposa antropomórfica que es cazada por una araña. Esta la mata a cuchilladas, brota sangre azul y se acaba. Simpático y lo suficientemente escueto como para no aburrirnos.
Desde que me enteré de la existencia de "Attack of the Particle Disruptors" siempre me pareció que era un título sensacional. Y cuando supe que en realidad se trataba de una serie de cuadros de Zedd animados por ordenador, a los que les habían metido voces, pues tampoco me desagradó. El problema es que mi inglés es limitado, sobre todo si lo recitan y le meten efectos para alterar la voz, por lo que digamos que no me enteré de nada. O no me apeteció enterarme. En cualquier caso, un corto curioso que no puedo juzgar en profundidad.
Nunca me han gustado mucho los video-clips. Es más, les tengo algo de manía. Los considero un desperdicio de creatividad. Así que no me entusiasmaba demasiado la idea de ver aquellos dirigidos por Nick Zedd, especialmente los de "La Bae", una chola española afincada en México entre rapera y regetona (creo que encaja muy bien en eso que llaman trap) que canta canciones de letras mierdosas obsesionadas en lo que son hoy día los temas recurrentes: la gente me odia en internet pero porque molo mucho ("I love my haters") y me encantan los selfies ("Travelling and selfie"). Los vídeos están a la altura, mogollón de imágenes entrecruzadas, mala sincronización y la habitual falta de imaginación de Zedd, en este caso multiplicada por las pocas ganas que le pone. El vídeo-clip de "Dr.Shinto" que sigue, "Frustration", no es mucho mejor. Pero sí tiene más gracia. Arranca con un puñado de imágenes de la ciudad. De ahí pasamos a la pareja del director tumbada en la cama desnuda, con las tetazas al aire colgando hacia los lados y el muñecote de un bebé de esos que gatean subiéndole por el canalillo. La coña añadida es que el juguete ha sido tuneado por Zedd a base de plastilina para que adquiera un aspecto monstruoso. Todo ello muy toscamente grabado y montado. Caca maja. El último clip, "Love always Love" de "Demonic Sweaters", tampoco es que vaya a ganar un Oscar, es igual de perezoso que todo lo demás: Jóvenes delante de un croma bailando y moviéndose con torpeza. A sus espaldas, espirales rollo LSD. Me recordó a uno de los cortos más innecesarios pero fascinantes del Zedd de la buena época, "Why do you exist", que en realidad no era más que una imitación de esas películas que facturaba Andy Warhol con planos fijos de personas variopintas haciendo el huevo. Eso mismo, pero al estilo Nick Zedd, con gordas tetudas, punkitas monas y otras perlas. Aparte de por el efecto nostalgia, nada más que destacar.
Antes hablábamos de pereza, y el corto "Paradise Lost" es la esencia de la misma. Coge un rollo de súper 8 en blanco y negro, ponlo en la cámara y filma a boleo todo lo que tengas por delante en tu sala de estar. Estantes, cuadros, sillas, tu mujer, tu hijo, nada. Con barridos y, sobre todo, desenfoques, la (otra) especialidad de Zedd. Acaba el rollo tal cual, telecínalo, ponle un título, música rara de fondo y ya tienes listo un corto nuevo. Vale, creo que la cosa iba de inmortalizar el hogar antes de abandonarlo por causas mayores... pero, macho, pa eso sácate un vídeo con el móvil y listos.
Tampoco mucho más estimulante es "The extremist manifesto", probablemente el trabajo menos interesante del "pack", ya que únicamente se trata de una excusa para poner imagen a uno de esos manifiestos discutibles que se marcaba Zedd de tanto en tanto. Una voz algo sobreactuada y risible lo recita en castellano, mientras la cámara se limita al plano fijo de un muñecote de "H.R.Pufnstuf". Sin más. Al acabar, igual te has convertido en un creyente de la causa Zeddiana... pero, francamente, lo dudo.
Por su parte, "Cockfight" vendría a ser una especie de vídeo-diario. Nick Zedd cámara en mano haciendo el turista por México. ¿Y qué es lo que graba?, pues a unos mariachis, unos niños jugando, una reunión social con una vieja estrella ¿¿del cine??, una cruda pelea de gallos y la actuación de un hilarante grupo de heavy-pop chicano. Sin más.
A pesar de lo anodino de "Paintings", el último corto del dvd-r, se trata de uno de los más potables. Zooms lentos hacia (o desde, no recuerdo) pinturas de Zedd. Una tras otra hasta que termina. Más que un cortometraje parece un catálogo... pero está majo.
Conclusionando: Guste o disguste, nadie hacía cortos como Nick Zedd. Tenía su manera, su estilo y su lenguaje. ¿Mediocre y prescindible?, puede, pero también único e intransferible. Y yo, a la larga, lo valoro más que la misma calidad.

jueves, 7 de enero de 2016

WAR IS MENSTRUAL ENVY

Me atrevería a decir que Nick Zedd es ya un viejo conocido en estos ciber-páramos. Si quieres saber más sobre su persona, y la fascinación-rechazo que despierta en mí, escúchate el podcast en el que hablé largo y tendido de todo ello, especialmente de su simpática película “Geek Maggot Bingo”.
Una de las cosas que me alucinan de Zedd es su capacidad de encajar en dos tendencias aparentemente tan distintas (y digo aparentemente, ahí están los Hermanos Kuchar para demostrar lo contrario) como son el cine trash y el cine experimental. Hace unos días leía un artículo escrito por un fan del horror de bajísimo presupuesto y entre sus ídolos citaba tanto a J.R.Bookwalter y Tim Ritter, dos de los mayores creadores de “cine” de terror esclavo de las fórmulas e infra-mercados vía formatos menores, como al mismo Nick Zedd. No, no pegan ni con cola. Pero el cine de Zedd tiene algo que lo hace atractivo de cara al fan del terror, el gore, lo chungo y lo extremo. Comenzando lógicamente por esa imaginería grotesca y gran guiñolesca, seguido del sexo -incluso la pornografía- y acabando en el humor. Afortunadamente muy presente en casi todo lo que hace o hacía el muyayo. ¿¿ “Geek Maggot Bingo” en la misma estantería que “Robot Ninja” o “Eliminator”??. Esas son las cosas que otorgan a Zedd, en términos generales y sobre todo fuera de Estados Unidos, la etiqueta de oveja negra del mundillo “experimental”. Es así, queridos. Y yo lo encuentro maravilloso.
Pero vayamos a por materia. “War is menstrual envy” ("La guerra es envidia menstrual", toma geroma!) está fechada el año 1992 y se rodó en 16mm, aunque la post-producción se hizo video mediante, algo que canta un huevo, sobre todo con los títulos de crédito y los cromas, que son unos cuantos sanamente mal paridos. Por mucho que nos vendan la movida del largometraje (dura 1 hora y 17 minutos), en realidad estamos ante varios cortometrajes pegados entre sí. En su época Zedd soltaba el rollo de que si era un alegato anti-guerra situado en un futuro post apocalíptico con una nueva raza de seres  humanos mezclados con delfines y bla, bla, bla. ¡Pamplinas!. Lo que aquí tenemos es una combinación de ideas e imágenes extravagantes varias que van de lo estupendo, pasando por lo majo, hasta acabar en lo patético.
La peli arranca bien, con Steve Oddo escribiendo la palabra “War” en su pecho con una gillette. Sin truco. De ahí pasamos al segmento más coñazo. Kembra Pfahler, del grupo “The Voluptuous Horror of Karen Black”, fingiendo que bucea  gracias al efecto croma (las imágenes del fondo están sacadas de varios documentales en plan Cousteau) y que es súbitamente follada por unos tentáculos. Todo ello acompañado de un sonido estridente. Si esto hubiese durado 10 minutos sería genial, pero dura mucho más. DEMASIADO. Ahí me dije, “Joder, menuda mierda!”. Pero entonces termina bruscamente y aparecen una panda de personajes variopintos en la barra de un bar (uno de ellos interpretado por Nancy Leopardi, que luego haría algo de carrera produciendo para Asylum e incluso dirigiendo, ¡recórcholis!). Llega un matón (el cineasta y artista ruso Ari Roussimoff) y la lía a empujones. Al final la chica del bar se cansa, saca una escopeta y le revienta la cara de un disparo, efecto conseguido gracias a una careta de carnaval estupenda. Mientras el tío agoniza, aparece una enana y comienza a hacer cosas raras y luego otro tipo en pelotas que barre el estropicio. Yo con esta parte me lo pasé bomba. Tanto como para volver a centrar mi atención en la peli.
¿Y qué sigue?, pues muchos más delirios. El mismo Nick Zedd y varias amigas pintados de colores y haciendo el mutante, todo ello con la película en negativo. Un soldado que atraviesa con su bayoneta a un bebé de evidente goma. La Pfahler y la actriz porno y activista de notable delantera Annie Sprinkle calentando a un militar que ni se inmuta. Y luego ejerciendo la primera de monja liberando de sus vendas a un tío con la piel quemada para que Annie se lo zampe a lengüetazos. Según tengo entendido, la Sprinkle había follado tanto y tan variado, que para cambiar se echó por novio al superviviente de un incendio, ocasión que aprovechó el sagaz Nick Zedd para meterlos en su peli.
Una que poco después concluye, y que en el momento de su lanzamiento el cineasta la partía en tres cachos, en plan trilogía épica, y hacía dobles o triples proyecciones con ella, pero eso nos importa un pito. Aquí viene toda junta, ilustrada sonoramente no solo con ruidos, también con algo de rap y algún soundtrack mangado por ahí.
¿El resultado?, pues quitando la excesivamente larga parte de la “mujer pez”, me ha molado. Nick Zedd tira de esa “táctica” (que no técnica)  que tanto me gusta consistente en incluir en el montaje final errores, miradas a cámara y preguntas de los perdidos actores.
Desde luego no es pal gusto de todos los paladares, pero si te va el cine diferente, loco o raro, y te lo sabes tomar con sentido del humor, pues creo que podría recomendártela, siempre y cuando le eches un poco de paciencia en las partes más plomizas. Que las hay, pero son muchas menos de lo que es habitual en esta clase de demencias.

jueves, 14 de julio de 2016

"BLEED, PART ONE" DE NICK ZEDD

Ya lo tenemos aquí, el hijo pródigo ha vuelto. Nick Zedd, el entrañable cineasta underground, capaz de provocar en mí tanta fascinación como rechazo. Tanta como para que me haya comido entero el librito del que voy a hablarles a continuación, "Bleed", su autobiografía.
Sabía que Zedd la había publicado originalmente en formato fotocopias y grapas. Y también que la coña habitual en la prensa alternativa del momento consistía en asegurar que más que unas memorias precoces, se trataba de un recuento de las tías a las que el pimpollo se había ventilado. Sin más. Nunca tuve especial curiosidad en leerlas, y nunca pensé que un día, hurgando por la red de redes, descubriría que el prestigioso "Macba" de Barcelona disponía de ellas.
A pesar de lo que diga mi pareja, soy un tipo muy curioso. Mi deseo de conocimientos me ha llevado a sitios y situaciones un tanto peculiares. Siempre cuento con orgullo que cuando me enteré que el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona tenía un video-diario de George Kuchar, corrí a preguntar si podía echarle un ojo. Y me dijeron que sí. Y me lo comí sentado ante una triste televisión, con los auriculares puestos y peña cruzando sin descanso por mis espaldas. Bien, este era un caso parecido. ¿Cómo desaprovechar la ocasión de leer "Bleed" de Nick Zedd, y encima gratis?.
Cuando investigué un poco más, descubrí que no se trataba de material de biblioteca, sino de archivo. Es decir, si quería leerlo tocaba pedir cita previa. Y eso hice. La mañana que acudí, tuve que pasar por una especie de absurdo rito ceremonial que incluía hacerme una identificación en la entrada, rellenar una ficha de datos personales y, finalmente, encerrarme en una urna y ¡ponerme guantes de plástico!. Madre mía, ¡¡ni que fuese una muestra de la lefa del puñetero Leonardo Da Vinci!!.
La buena noticia es que el libro era enano y con la letra gorda, así que en seguida supe que me lo leería de un tirón esa misma mañana. La mala es que se trataba de una primera parte, no estaba completo. Pero bueno, para ir abriendo boca ya valía.
¿Y qué tal?, pues bien. Zedd arranca narrando su adolescencia como "bicho raro" en el insti. Sus primeras experiencias con las drogas y la delincuencia juvenil, el mundo del arte y sendos rechazos por parte de la industria audiovisual. Los curros de mierda que tuvo (y tiene) que hacer para ir sobreviviendo y algunas anécdotas de rodajes y movidas por el estilo.
No obstante, a lo que el autor tiende más es a hablar de otras personas que pasaron por su vida. Poniendo especial énfasis, eso sí, en aquellas más peculiares. Y, claro, ¿qué pasa?, que depende de lo interesante que sean para que la lectura resulte amena o se vuelva un rollete. Por ejemplo, hacia el final se empeña en narrarnos vida y milagros de un tio de lo más sórdido llamado Rick Strange, y ahí el libro se hace pesado. En cambio, cuando se centra en la figura del legendario actor y director de cine underground Jack Smith, la cosa cambia.
Smith estaba jodidamente loco. Vivía en un pisito decorado como si fuese un palacio de por allá oriente. A lo cutre y con cantidades ingentes de cucarachas entrando y saliendo a antojo. La bañera andaba llena de moho. Decía que quería rodar con miniaturas una película de piratas. Nunca lo hizo. Como tampoco nunca rodó la epopeya sobre "Simbad" que pretendía facturar sin salir de su pequeño hogar usando a su pingüino de peluche como protagonista. La leche.
Claro, ¿nos creemos todos los desvaríos que suelta el amigo Nick Zedd, al que siempre le ha tirado eso de montarse sus fantasías acorde a la imagen super-underground que pretendía dar?. No lo sé. Supongo que ahí está la gracia. En cualquier caso valió la pena pasar por el trance para echarle un ojo al librillo. Ya lo creo.

sábado, 12 de noviembre de 2016

LORD OF THE COCKRINGS (+ ELF PANTIES, THUS SPAKE ZARATHUSTA)

Siempre he tenido muy claro que nuestro querido Nick Zedd era un colzonazos. Todas sus obras tienen detrás la influencia de una olorosa vagina, aquella en la que el intrépido artista metía su notable rabo de modo consentido. Es decir, su pareja del momento. Y no es algo exclusivo de la edad adulta. Ya con 14 añitos ideó un corto para que una chica que le gustaba formara de algún modo parte de su existencia. Pero ella lo rechazó. La vida ya preparaba al joven Zedd para lo que sería el pan de cada día en el futuro.
En los 80 se lió con Donna Death, una gótica pseudo-punka fan del cine de terror. Bajo su tutela -y absoluto protagonismo- filmó "They Eat Scum", la famosa parodia del punk visto desde el media rodada en súper 8 y en la que aparecen zombies y canibalismo. El siguiente proyecto del cineasta era una peli anti-religión, pero Donna le convenció de que el mejor modo de financiarla era haciendo primero algo comercial e invirtiendo luego las supuestas ganancias. ¿Y qué esputó tal estratagema?, pues "Geek Maggot Bingo", parodia de las pelis de monstruos añejas, con vampiros y... Donna Death (comentada a fondo en un AVT podcast). El film estaba pensado para sacar a Zedd del underground, pero se estrelló, atrapando a nuestro héroe en la marginalidad hasta hoy. Lo que no duró tanto fue su relación con la chica oscura, que desapareció de sus cortos.
Después vino el Cine de Transgresión. No sabemos qué hembra influyó en este caso, pero por entonces Zedd andaba loco por una pava que encajaba en el rollo y se llamaba -o se hacía llamar- Susan Manson (muy adecuado el apellido). En este periodo también se enchochó de la diosa del movimiento, y del underground de la época, Lydia Lunch, lo que esputó el corto "The wild world of Lydia Lunch", en el que Zedd la sigue por todas partes filmándola con una cámara de súper 8 mientras de fondo oímos la cinta que la misma Lunch mandó al muchacho, poco antes de que el material rodado llegara del revelado, para informarle que su relación había terminado.
Ya en los 2000, Nick se echa nueva pareja, la obsesionada con los elfos Reverend Jen. ¿Resultado?, pues salta a la vista, "The Adventures of Electra Elf", una serie para la televisión de acceso público con ella de prota interpretando a una superhéroe elfo y enfocada para todos los públicos, lejos del rollo chungo habitual de Zedd. Y este "Lord of the cockrings", con guión y protagonismo de Reverend Jen donde interpreta a.... ¡la reina de los elfos!. Da hasta miedo.
Un nerd fan de "Star Trek", e informático para más señas, entra en un sex shop y se compra un anillo para la polla. Cuando se lo pone (es evidente que el falo que vemos no es el del actor y seguramente sea el del mismo Zedd, dado lo mucho que le mola presumir de sus atributos físicos) se desmaya y despierta en un mundo de fantasía en el que una hada increíblemente tetuda (pueden gozarla en la absolutamente DIVINA caratula del corto que les dejo a modo ilustrativo) le explicará lo malo que es el anillo y que debe ir a tirarlo al interior de un volcán. Por el camino se encontrará todo tipo de extravagantes personajes. Después de 25 minutos, el lío acaba con un "happy end" propio de una mente femenina inmadura (o de un ejecutivo de Hollywood obcecado en sacar cuartos a las mentes femeninas inmaduras). Según se mire, el invento retrotrae levemente al espíritu de parodias semi-porno como "Las aventuras de Flesh Gordon" o "Alicia en el país de las porno maravillas" (¡gracias Bill Osco!).
"Lord of the cockrings" está grabada en delicioso vídeo formato cuadrado. Para los fondos y efectos especiales Nick Zedd recupera la estética de "Geek Maggot Bingo", buscando la super-artificialidad de las cosas a base de papel pintado y otras delicias por el estilo. Hay unas cuantas tetas (algunas muy bonitas) y un dragón macarra que es un maromo con una máscara tirando a chapuzas y una cola hecha con cartulina o vaya usted a saber. ¡Adorable!. Completan el cuadro un tipo parodiando al "grunge" medio (¡era la época!), un porrón de efectos de sonido propios de "cartoon", la leche de errores de raccord y, lo más notorio, canciones. Sí amigos, "Lord of the cockrings" es, ante todo, un musical. Las composiciones están a la altura del tono general, crudas, desafinadas pero con gracia. Mola la escena del dragón cantando y todos bailando torpemente.
Resumiendo: tal y como le dije al amable caballero que me la pasó, Romerito, "Lord of the cockrings" es una tontunada... pero una simpática. Sin más.
Completan el pack los cortos "Elf Panties", una chorradica grabada en una tarde con Reverend Jen interpretando a otra elfo, solo que esta se moja las bragas cuando lee a Tolkien y chupa polos como si fueran pollas, y "Thus spake Zarathusta", un corto estéticamente interesante (haciendo gala de un chiste cruel a costa de Christopher Reeve) pero con un problema: su innecesaria intelectualización, resultado de las inseguridades y los complejos de un Zedd que protagoniza y co-dirige junto a un tío llamado Jon Vomit (¡muy chulo el seudónimo!, y muy buena su aparición como inquietante vecina chismosa).

sábado, 11 de abril de 2020

WEREWOLF BITCHES FROM OUTER SPACE

De Reverend Jen ya hemos hablado en el pasado. Fue la mano derecha de Nick Zedd en la confección de títulos del supuesto underground neoyorquino como "Lord of the Cockrings" o "The Adventures of Electra Elf", aunque con el tiempo se haya apropiado de la autoría de esos trabajos. Justamente, Zedd es uno de los firmantes, o "directores invitados", de "Werewolf bitches from outer space", largometraje que Doña Jen tardó tres años en completar. ¿Por qué? Pues, aparte de las lógicas complicaciones logísticas, debemos tener en cuenta los novios con los que compartía facturación y con los que acabó cortando antes de finiquitar el mamotreto. Como Courtney Fathom Sell, uno de esos personajes que lo mismo un día es el rey del trash como al siguiente un artista de lo más sensible, según hacia donde sople el viento. Fue coautor de "Werewolf bitches from outer space", hasta que se picó con la Jen y pasó a formar parte de los directores invitados. Así las cosas, la muchacha, que firma el libreto de la empresa, decide pedir ayuda a Dylan Mars Greenberg, curioso individuo surgido de la factoría Troma (pueden verle como actor en algunos productos recientes de la casa), amiguísimo de Lloyd Kaufman (quien se marca un papelito en "Werewolf Bitches...") y con tendencia a escudarse tras la imagen de un "enfant terrible" adicto a grabar vídeo mediante interminables largometrajes delirantes -aunque con cierto poso "arty"- a base de improvisación. Juntos pusieron punto y final a un proyecto apoyado en una trama tan fina como tópica e inimaginativa: Unas mujeres lobo del espacio exterior (concretamente de Urano) llegan a la tierra dispuestas a masacrar a todo aquello que consideran seres despreciables, es decir: machistas, artistas pretenciosos, ejecutivos de grandes empresas, fanáticos religiosos, pijas adictas a las compras, homófobos, hombres que no comen el coño, etc. El peso feminoide / pro-gay / multi-pc del invento es notorio, así que ya saben por donde van los tiros. Una colección de gags/escenas sin ton ni son que dura menos de 80 minutos, pero podría haberse prolongado tranquilamente a 120 o 180 (táctica habitual de Greenberg).
Lo interesante de "Werewolf Bitches from outer Space" es el cómo está concebida. Grabada en vídeo (con una cámara a la que nadie ha limpiado el objetivo en meses, o eso parece), cruda hasta la médula, desvergonzadamente y orgullosamente amateur (lejos de un "quiero y no puedo", pero también de esa búsqueda momentánea de lo cutre como parte del chiste referencial) y haciendo gala de un "estilo de guerrilla" abracadabrante. Vamos, que graban en medio de la puta calle, disfrazados, chillando, haciendo el loco, sin permiso e importándoles un pimiento la reacción de los alucinados transeúntes. De hecho, hay una secuencia situada en un parque repleto de gente tumbada en el césped a la que no tienen ningún miedo de perturbar. Porque "Werewolf Bitches from Outer Space" es puro caos, pura anarquía, pura histeria. La mayoría de los personajes, con algunos de ellos mirando a cámara y sonriendo alegremente, chillan como posesos, se desgañitan y hacen guarradas. Ahí se nota mucho la influencia de Troma, con gags de diarrea, vómitos y babas. También las emparenta esa sensación de ser más una fiesta que un rodaje, aunque pal caso de manera mucho más desmadrada.
Desde luego no puedo decir que sea un dechado de talento, ingenio, diversión o entretenimiento. Para nada. Es bastante palizas e irritante. Tocan los cojones esas puyas al mundo del arte pretencioso y elitista cuando es evidente que los responsables también van de artistas bohemios y artificialmente extravagantes. De esos a los que les gusta llamar la atención a base de disfrazarse con colores chillones o, en el caso que nos ocupa, desfasando con una vídeo-cámara en medio de la calle más transitada. La situación perfecta. Se llaman a sí mismos raros y son felices. Sin embargo, mentiría si no reconociera que, poco a poco, la puta peli se me fue ganando. Me acabó cayendo en gracia su descaro, el modo incapaz de rodar, esa cámara borracha que no descansa un segundo, ese aluvión de filtros y saturaciones o los abruptos cambios en el fondo musical (el tema central está muy bien, muy pegadizo). Supongo que es el tipo de amateurismo que me pone.
Aunque Janeane Garofalo aparezca como protagonista, solo la vemos diez minutos a mitad de peli. También asoma por ahí Robert Prichard, que hizo de punki malote en "Mutantes en la Universidad" y "El Vengador Tóxico", y justamente el primer superhéroe de New Jersey se deja ver a lo largo de "Werewolf Bitches from Outer Space" en plan locutor radiofónico.
Así que, sí, está curiosa. Es basura pura. De cabo a rabo. La misma Reverend Jen la califica de "pedazo de mierda" en los créditos finales y no le falta razón. Y por todo eso es tan odiosa / tediosa como gozosa.
Recomendable si disponen del estómago, el cerebro y la actitud adecuado/as.

sábado, 23 de enero de 2016

BLANK CITY

De todo el paripé cinematográfico acaecido durante las escenas punk, post-punk y no wave del Nueva York de finales de los 70 ya hablé largo y tendido cuando escribí sobre esta película, y esta otra. Así que no voy a extenderme más, basta decir que llevaba mucho tiempo deseando ver “Blank City” (si finalmente pude desquitarme fue gracias a la generosidad del amigo José Manuel Romero Moreno) siendo como es un documental dedicado a ese curioso momento de la historia del séptimo arte, el nacimiento del cine “indie” norteamericano, tal y como lo conocemos hoy previa desnaturalización y exterminio por parte de "Miramax" y "Sundance". Naturalmente sus más primigenias raíces estarían en el “underground” de los 60, con la diferencia que, salvo casos específicos, aquel era un cine menos accesible por su espíritu abiertamente experimental, mientras este del que hablamos ahora apostaba por un rollo más urbano y realista.
Así pues el docu arranca entrevistando a aquellos que con sus películas de súper 8 y 16mm dieron inicio al pseudo-movimiento, destacando Amos Poe como auténtico padre fundador, Eric Mitchell, actor y director, el músico John Lurie, que improvisaba sus propios cortos en casa una aburrida tarde de Domingo, y, claro está, el único de todos ellos que alcanzó fama y prestigio, Jim Jarmusch (acompañado de cerca por los otros famosos que rulan por el docu, Deborah Harry, Steve Buscemi y el inevitable John Waters, que no entiendo que siempre lo asocien a cualquier movida etiquetable de "underground" cuando él no lo era, ni lo fue, y todo su mérito estuvo en el hurto de ideas y estéticas ajenas).
Esta es la parte más interesante de “Blank City”, básicamente porque retrata el pifostio cuando más honesto, crudo, espontáneo y libre era, cuando sus implicados rodaban de forma visceral, renegando de academicismos y profesionalidad, o se colaban en edificios antiguos para currarse peplums semi-urbanos, caso del curioso James Nares y su “Rome 78”.
Pero como pasa con absolutamente todo, la escena comenzó a desintegrarse en el instante en que el “media” se hizo eco de ella. Cuando algunos de sus integrantes demostraron mayor capacidad y ambición que la mayoría y a los críticos sesudos y los festivales respetables les dio por tomárselos en serio. Ello empujó al resto, cegados por la atención prestada, a depurar más sus respectivos estilos y maneras.
Aquí el documento se vuelve aburrido, centrándose en películas carentes de garra y actitud, preocupadas todas por lucir bien, según los cánones establecidos, tocar temas políticos o implicarse socialmente en cuestiones preocupantes como el racismo o el feminismo. Buf!. El clavo en el ataúd lo puso la recién llegada Susan Seidelman, cuya aportación tardía, “Smithereens/La chica de Nueva York” (en la que intervienen astros del mundillo como Richard Hell o el mismo Amos Poe) le abrió las puertas del cine comercial nada menos que con “Buscando a Susan desesperadamente”.
Para entonces la escena ya estaba agonizando. Se hacía necesario un relevo que apostara por un tipo de cine más radical… y ahí es donde entra el “Cinema of Transgression”, encabezado por Nick Zedd (cuyo nombre, haciendo honor a su condición, no sale en el cartel, cuando es uno de los integrantes de la movida que más habla), Richard Kern o Lydia Lunch. También a alguno de ellos les acabó devorando el "media", pero de otra manera. El problema del “Cinema of Transgression” es que vendría a ser como una repetición del nacimiento de la escena en sí misma, solo que sin la frescura original, de un modo más premeditado, sensacionalista y, este es un dato importante, buscando la atención a base de escándalo y provocación por la vía bestia, cosa que los primigenios ni tan siquiera se plantearon.
Finalmente “Blank City” termina siendo una peli curiosa, interesante, cuya mejor baza se encuentra en sus primeros 30 o 40 minutos, luego uno no puede evitar comenzar a pensar en la compra del día siguiente.
Los créditos finales cuentan con imágenes de los entrevistados, solo que mostrándolos cuando eran jóvenes en plena efervescencia creativa, y no como los cansados y algo hastiados adultos en los que el paso de los años los ha acabado convirtiendo. Dato este bastante significativo.

sábado, 20 de septiembre de 2014

BLANK GENERATION

Justo huyendo de las Alemanias, y antes de arrancar con su periodo como -frustrado- director de cine de terror, Ulli Lommel vivó un escueto sueño: Formar parte de la bohemia artística de Nueva York a finales de los 70, de la mano nada menos que de Andy Warhol. Rodó dos películas, back-to-back, de rollo "auteur" y con el famoso artista ¿albino? colaborando en escuetas intervenciones actoriles. La primera se tituló "Cocaine Cowboys" y para la banda sonora pudo contar con las canciones de "Richard Hell & The Voidoids", el legendario cantante/combo del punk original (el forjado en la Gran Manzana antes de que los Ingleses lo mangaran y se lo cargaran) de fascinante carrera (Músico, escritor, cineasta superochero y actor en cosas raras. No olvidemos que fue uno de los protagonistas del bizarro "Geek Maggot Bingo", obra del simpático poseur profesional Nick Zedd). Tanto le gustó su música a Lommel que pal siguiente proyecto decidió contar con él en tareas protagónicas. De hecho, lo tituló exactamente igual que uno de sus discos más míticos -así como una de sus canciones más emblemáticas-, "Blank Generation" (no confundir con el documental de Amos Poe, "The Blank Generation", a pesar de las evidentes e indiscutibles conexiones).
Richard Hell interpreta a un aspirante a estrella del (punk) rock llamado Billy. Un día, justo cuando se le presenta la oportunidad de despegar, conoce a una periodista francesa que le entrevista y termina perdidamente enamorado de ella. Lo que sigue es la crónica de una historia de "amor fou" en la que se aman, se gritan, se separan, se juntan, etc, etc. Billy, que es un calzonazos, abandona su carrera musical por ella, y vende todos los derechos de sus canciones. Pero entonces la gabacha, que tiene exabruptos imprevisibles, absurdos y exagerados, le manda al carajo y va al encuentro de... su otro novio, un acaudalado productor televisivo -interpretado por el mismo Ulli- obsesionado en entrevistar a -cómo no- Andy Warhol. Así las cosas, Billy retoma sus tareas musicales a pesar de lo mucho que le cuesta canturrear frente a una audiencia pasiva que no se toma la molestia de prestar atención a sus letras. Justo ahí, la francesita vuelve... pero se marcha de nuevo. Luego deja al productor germano para regresar con Billy, pero no del todo. Y entre esto y aquello, llegamos al "Fin". La verdad es que viéndola se te quitan las ganas de echarte novia (aunque al final ella paga por sus desplantes, lo que me parece muy bien y muy justo -y muy poco verosímil-).
Según leí, Richard Hell tiene un concepto muy negativo de "Blank Generation" y, especialmente, de su director, al que califica de "forma de vida rastrera". Alaba la fotografía -con razón- pero echa pestes del resto, y confiesa que si durante todo el metraje le vemos ausente y con cara de bobo, es porque decidió actuar así aposta. Pero a mí la peli no me ha parecido tan terrible, quizás porque esperaba un tocho acojonante y no lo es. Tengan en cuenta que la consumí justo al terminar un film previo que me decepcionó, que era muy tarde y que la vi en versión original con subtítulos en francés... y aún así, no tiré de avance rápido, no me cogió sueño, no me tembló la pierna y no me aburrí demasiado. Algo querrá decir todo eso, ¿no?.
Supongo que contribuyó al disfrute toda la parte dedicada a Richard Hell (que sale tocando varias veces. A lo largo de la banda sonora se escuchan como cuatro canciones suyas, tres de ellas se repiten hasta la saciedad) y a la escena del punk neoyorquino. Aparece el legendario "CBGB" que vemos desde dentro, desde fuera y desde atrás. (Por lo visto) aparece toda una leyenda del cine underground de los contornos como Eric Mitchell (y probablemente también asomen el careto más integrantes del mundillo, solo que no los reconozco). También tenemos a los "Voidoids" al completo, Robert Quine, Ivan Julian y Mark Bell/Marky Ramone. Y hay unos pocos punks que rajan de la escena británica ("Hablan de política en sus canciones", "Eso es una gilipollez"). Estamos en 1980, el punk neoyorquino lleva tiempo agonizando y en Inglaterra el boom del 77 ya ha dado paso a la época de las crestas y el imperdible con regusto "cartoon". A quien le mole todo eso, y ver el oscuro, sórdido pero extrañamente bonito Nueva York de la época, gozará.
Resulta gracioso que Andy Warhol aparezca en los créditos iniciales como el tercer actor de la película, cuando en realidad únicamente se marca un cameo de 10 minutos muy forzado, algo que no deja de formar parte de la mentalidad "exploitation" que Ulli Lommel desarrollaría no mucho más tarde. Merece destacarse también, como fricada, la notoria atención que se presta al formato vídeo, por entonces aún en pañales. La francesita se pasa toda la peli con un armatoste grabando todo lo que puede, y en lugar de dejarle a Richard Hell una nota para decirle que le abandona, le deja una cinta enorme -y de paso el equipo necesario para visionarla-. Otro momento curioso lo tenemos cuando esta misma pava sufre un escueto flashback, de esos que tienes antes de caer desde una azotea y toda tu vida pasa por delante de tus bonitos ojos, solo que en este caso se trata de escenas del mismo film visionado pero re-grabados de un televisor sin disimulo alguno. Me encanta. Y no olvidemos el asssurdo y regocijante momento en que Hell y la muchacha van en coche y discuten si ir a la playa o volver a la ciudad, al final ella se harta, estalla de modo muy desmedido, le roba el coche a él y se pira. Puro arte. ¡Ah! y que en los diálogos no falte un par de menciones a Jean-Luc Gordard, claro, de quien -muy probablemente- Lommel tomó buena nota para hacer su película.
Al reparto mencionado cabe añadir a la guapa pero sosa Carole Bouquet (que, justo tras la peli reseñada, saldría en "Solo para sus ojos", la de James Bond) e, inevitablemente, Suzanna Love, ex-mujer de Lommel, interpretando a una punkita con aspiraciones cinéfilas que rueda un largometraje con una cámara de Super 8 y se obsesiona luego en pasar lo filmado a 35mm. El mismo Ulli le dice que no lo haga, que eso podría acarrearle éxito y fama, lo que perjudicaría a su integridad. Un discurso parecido le hace la Bouquet a Hell con respecto a su música. No deja de ser divertido que Lommel andara tan obsesionado con la "integridad artística" viendo los derroteros por los que tiró su carrera justo después (si no lo digo reviento: Su nuevo film no es otra cosa que un regreso a los documentales "shock" de los 70, sobre el lado más bizarro de las Américas, se titula muy adecuadamente "Mondo Americana". Que le den un Oscar!!!).
Podría decir aquello de que "Blank Generation" es más interesante como documento histórico que como película... y algo de eso hay, pero la verdad es que como lo segundo se puede aguantá y está entre lo mejor de su señor director (lo que tampoco es muy difícil).

Gracias a Pere Koniec por el préstamo.

miércoles, 9 de febrero de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 7 (ESPECIAL NEW WAVE 3 / FINAL)

Y cerramos este repaso a cuando la revista "Casablanca" centró sus páginas en el cine "new wave" con un compendio de reseñas de algunos títulos proyectados en la  "XXVII Semana Internacional del cine de Valladolid". Están los obvios, dos de Amos Poe, uno de Jim Jarmusch (otro de su novia, Sara Driver) y el "Killer of Sheep" reseñada por Víctor hace poco, pero mi favorita es "Vortex" de Beth y Scott B., pareja más que popular dentro del underground neoyorquino de los ochenta (influencia directa del, más o menos posterior, Cinema of Transgression, con quienes llegaron a codearse e incluso acostarse -Beth B fue pareja de Nick Zedd-. De hecho, más que "New Wave" se los considera precursores de la "No Wave", pero ese es otro rollo que no me apetece tocar ahora), especializados en cortos y largos paridos en Súper 8 (el más famoso de ellos es "Black Box", protagonizado por Lydia Lunch), con "Vortex" afrontan su proyecto más ambicioso, para lo que cambian a los 16 mm y apuestan por un rollo semi-de-género, con regusto a "B movie", a novela "pulp" (de cuando no era "fashion" hacerlo), que pinta cuanto menos curioso. Lo cierto es que hace tiempo fui bastante seguidor de los B., me agencié alguna de sus obras y hasta puede, solo puede, que viese "Vortex" y no me gustara. O tuviese acceso a ella y, entonces, ya no me apeteciera. Me suena algo así. En cualquier caso, como concepto llama mucho y, a diferencia de la mayoría de películas de sus compañeros de escena, la suya pintaba más desenfadada.
Con los años, mientras Beth B. ganó algo de prestigio, se hizo profesional y, hoy por hoy, es una artista bastante reputada, Scott B. desapareció en la más absoluta de las oscuridades.
Fascinante mundo el del llamado "cine new wave". Ahora entenderán por qué me pone tanto y por qué le he dedicado tres entradas seguidas que, espero, hayan disfrutado.
Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!



sábado, 1 de agosto de 2020

BOILED ANGELS: THE TRIAL OF MIKE DIANA

Tenía unas ganas tremebundas de ver este documental dirigido por Frank Henenlotter, quien no necesita presentación y cuya faceta como documentalista esconde algunos títulos francamente interesantes
A poco que tengas un pie metido en todo el fregao del comic underground y derivados, conocerás a Mike Diana y su drama. Fanzinero especializado en historietas ultra-brutales repletas de gore y sexo desviado, a base de bebés sufriendo y muriendo salvajemente, cae en las zarpas de la policía y se convierte en el anti-cristo para la comunidad cristiana de Florida. Es acusado de producir y distribuir material obsceno y llevado a juicio con el consiguiente revuelo mediático.
Para introducirnos en la movida, primero Henenlotter nos narra un poco la historia de los famosos E.C.Comics, que en su momento también sufrieron las iras de la ley, y toca de refilón el underground primigenio y los fanzines como modo de expresión creativa. Puede que esta sea la parte más gozable de todo el documental. Luego, ya focalizados en Mike Diana, nos enteramos un poco de su vida, de que siendo adolescente dirigió varios cortometrajes caseros muy sangrientos para descubrir que el comic le molaba más, faceta en la que se volcó por completo hasta que hubo toda la movida. Otro de los aspectos interesantes de "Boiled Angels: The trial of Mike Diana" es su preferencia por elegir grupos punkistas para la banda sonora (nada más comenzar, nos cuelan a GG Allin), contar con Jello Biafra -cantante de los "Dead Kennedys"- como narrador y entrevistar a peña tan estupenda como George A. Romero o los dibujantes Stephen R. Bissette, Jay Lynch y Peter Bagge.
Sabía de Mike Diana desde hace tiempo y conocía su faceta como actor en cortometrajes del legendario Mike Kuchar (cosa esta que el documental ignora por completo). Y siempre me pareció un tipo muy muy rarito. Quiero decir que no me extraña que haya quien está convencido de que es un psicópata en potencia. Honestamente, lo parece. Tampoco me encantan sus tebeos. Nunca he sido muy amigo de la provocación extrema, mostrar la guarrada porque sí. Y eso es algo en lo que Diana era un experto. Como Nick Zedd y tantos otros, aquel que se mueve entre las sombras de lo marginal y supuestamente anti-comercial pero se vale de unas estratagemas basadas en chocar y provocar, me parece un auténtico hipócrita, porque en el momento que te decantas por ellas estás llamando a gritos que te hagan caso, implorando atención, eligiendo la vía fácil para lograr el éxito. Estás, en esencia, siendo ultra-comercial. ¿A quién no le tiran el morbo, la violencia y el sexo?. Así pues, y como dice Peter Bagge en un momento dado, Mike Diana lo buscaba y lo encontró. Solo que, tal vez, no fue consciente de que la cosa se saldría tanto de madre. 
Y en el fondo es triste, muuuuuy triste, que para que un fanzine despierte el interés no ya de los medios catetos, sino de un cineasta/documentalista surgido un poco de cierta contra-cultura como sería Frank Henenlotter, tenga que ser de naturaleza ofensiva y extrema. ¿Por qué no retratar creaciones fotocopiadas más honestas y personales? perpetradas por creadores que no buscan la luz de los focos desesperadamente. En fin.
Como misógino moderado que soy, dejen que me centre brevemente en el personaje de la novia de Mike Diana. Una cholilla que supo de él a través de las noticias, se ofreció como amiga, pasó a pareja, pudo salir en la tele y en otros medios jugando al papel de la chica mala para, terminada la fiesta, abandonar oportunamente al dibujante. Pringao!!. La verdad, no comprendo que Henenlotter se tome la molestia ni de dedicarle un mínimo de atención a la pava... una que, para rematarlo, sale luciendo una camiseta con su nombre artístico. Cuando el río suena...
Dejando de lado los temas tratados en su primer tramo, "Boiled Angels: The trial of Mike Diana" se desarrolla de un modo bastante lineal, plano y convencional. Y por momentos llega a resultar monótono. Típico material destinado a fortalecer las creencias del yanki liberal medio. Todo muy de allí.
Interesante pa una vez y fuera.

lunes, 20 de junio de 2022

LA ORINA Y EL RELÁMPAGO

Ramiro Lapiedra, popular productor de cine porno que alcanzaría la celebridad a nivel mediático a raíz de aparecer durante la década de 2000 en programas de prensa rosa por los motivos menos esperados —donde sus parejas y actrices porno Miriam Sánchez, María Lapiedra o Celia Blanco adquirirían mayor popularidad si cabe— , con anterioridad había sido portero de discoteca y, dicen, ejercía esa profesión mientras estudiaba la carrera de derecho. Al mismo tiempo resultó ser un apasionado del cine que admiraba a Pasolini y a Bergman, y que estudiaba sus películas. Para rematar la excentricidad, resulta, asimismo, que antes de dedicarse al porno era un consumado director de cortos amateur en sus ratos libres.
El caso es que Lapiedra proliferó en la industria siendo uno de los directores de Elephant Channel, la filial de Filmax dedicada al cine pornografico donde rodó un buen número de películas convencionales de ese género, pero donde, según el cineasta, no podía realizarse creativamente. Así, tras una mala racha económica, decide rodar la presente película con la ayuda de su hermano Pablo, una suerte de porno vanguardista con imágenes impactantes protagonizada por gente del porno y llevada a cabo prácticamente sin financiación. Y es que tras los sonados éxitos de público y crítica de films que mezclaban el porno con el cine de autor como puedan ser, por ejemplo, “Romance X” o “Fóllame”, se abría la veda para que la gente del cine guarro hiciera sus pinitos en el convencional, y qué mejor forma que a través de la vanguardia, que es fácil y barata de hacer. Y Lapiedra se apunta a un bombardeo.
De esta forma, se casca un folletín sobre el descenso a los infiernos de dos prostitutas que además tienen bulimia, en una película en la que, por supuesto, habrá una alta dosis de sexo explícito combinado con secuencias impactantes cargadas de simbolismos, como aquella en la que Celia Blanco se masturba con una cría de ratón sin ningún tipo de pudor o aquella en la que lo hace con ¡un huevo cocido! Nada nuevo en realidad, todo esto ya lo habíamos visto en películas de Richard Kern o Nick Zedd, cuando militaban en aquella pantomima a la que llamaron Cinema Of Transgression, solo que estos lo hicieron 20 años antes. Y ya en los 70, se hacía.
Como fuere, “La orina y el relámpago” no es nada del otro mundo. Una cámara de vídeo, un par de crías de ratón que sirven para alimentar a un sapo —como se ve en la película—, diálogos improvisados, toneladas de mal gusto, personajes torturados que esnifan mucha cocaína (o se inyectan heroína), imaginería religiosa y un par de buenas folladas. Luego un montaje más o menos dinámico, todos los filtros posibles para disimular que se ha rodado en vídeo barato y que parezca celuloide, y hasta la inclusión en el corte de una toma falsa —Holly One negándose a esnifar una raya de coca aludiendo que la cámara le está grabando—. En definitiva, plástico. Una película que podría haber hecho cualquiera, una sucesión de clichés puestos ahí uno detrás de otro sin que tan siquiera exista pericia a la hora de sujetar la cámara. Pero el amigo Lapiedra es muy listo y lo hizo bastante bien, por lo que el experimento coló. En consecuencia el MoMA de Nueva York se interesó por la película y tuvo su estreno en salas comerciales. Por si eso fuera poco, José Antonio Romero López de la Universidad Nacional Autónoma de México, le dedica parte de su tesis doctoral: “Portrait of a call girl y La orina y el relámpago: El carácter espectacular y crítico expresivo en el cine pornográfico”.
Por otro lado, si me he acercado a esta película es porque un amigo me comentó que le encantaba a Luis García Berlanga y eso suscitó mi curiosidad. Una vez vista entiendo que le gustase, porque para pajearse a unos les puede funcionar una cosa y a otros otra, y Berlanga se la pelaría cual mono como todo hijo de vecino, máxime, cuando él mismo reconocía que era un salidillo. Además puedo entender que le gustara por motivos estéticos.
Al respecto, Berlanga le comentaba al bueno de Ramiro Lapiedra que su película podía ser más de culto que “Arrebato” de Zulueta, pero que como esta estaba dirigida por un macarra proveniente del porno, no le darían nunca el crédito necesario. Yo difiero con eso, pienso precisamente lo contrario. Si esta película proviniera de un estudiante de cine o alguien ajeno a la industria en cualquiera de sus manifestaciones, habría dado lo mismo —¿Cuántas películas amateur existen exactamente igual que esta, ya sean mejores, o peores? Millares, pero no salen del nicho al que pertenecen—. Sin embargo, al ser una pieza dirigida por un director porno de pasado mediático, fama de garrulo y que encima muestra ciertas ínfulas artísticas, pues llama la atención en general. Eso es más impactante que ver a Celia Blanco masturbándose con ratoncillos o a uno de los actores inyectándose heroína. Y la película obtuvo sus 15 minutos de fama, quizás, entre un público elitista y poco acostumbrado a experimentos, sean estos pornográficos o no. Para el resto de los mortales, nada. Yo de hecho ni la conocía.
Con todo sólo dura una hora y se deja ver sin mayores estridencias, por supuesto sirve para hacerse no una, sino varias pajas y no deja de ser interesante su mera existencia. Curiosa al menos. Así que, sí, conservaré mi copia en un disco duro.
En el reparto, haciendo lo que pueden que no es poco, Lapiedra cuenta con la plana mayor del porno español de la década de 2000, por lo que desfilan, actuando además de follando, los anteriormente mentados Celia Blanco y Holly One (el enanito del porno catalán), y Ángela Peña (probablemente la señora más guapa y morbosa del porno español), Silvie Lacome, Andrea Morante, Paco Roca y el propio Ramiro Lapiedra.
Por lo demás, Lapiedra intentó obtener otros 15 minutos de fama no-porno con una especie de secuela titulada “Aberración” con la que no consiguió distribución alguna, y también se habla mucho de una cinta de terror rodada en 2015 titulada “Berenice, préstame tu sangre” que se proyectó en el festival de Sitges, esta vez sin escenas porno en su contenido y que probablemente acabe viendo algún día.
Vean “La orina y el relámpago” que, por muy mediocre que sea al final este experimento, saciará su curiosidad.

sábado, 21 de mayo de 2011

EL SEMENTAL ITALIANO

Tras mucho tiempo buscándola, por fin doy con la tan cacareada película porno que protagonizó Silvestre Stallone en su juventud. El puro morbo era lo que quería satisfacer, echarme unas risas con ese Sly pre-Rocky, y a otra cosa mariposa. Y contra todo pronostico, me ha encantado, tanto narrativamente, como, sobretodo, estéticamente.
Con el título inicial de "The Party at Kitty and Stud´s", en primer lugar, esto no es un porno, ni hard, ni soft. Es posible que para un espectador medio sí que lo sea, puede que un soft, pero a un espectador curtido, lo primero que le va a llamar la atención de esta película es su condición de totalmente vanguardista. No es que sea deudora del cine underground de los 60 y 70, es que lo es. De hecho, data de 1970.
Rodada en 16 mm. sin argumento, cámara al hombro, desencuadres, banda sonora a trompicones con temas que se repiten hasta la extenuación y que se montan sobre otros, todos robados, y un sexo bastante sucio como elemento primordial. Nada nuevo en el "under", eso también es cierto. Lo que hace hoy, por ejemplo, Nick Zedd, poco dista de lo que es esta película. Y si no saliera Stallone, y me dijeran que es una peli de Ron Rice, me lo creo.
La cosa es bastante tonta; Stud (Stallone), corre y salta por la nieve, mientras la voz en off de su novia nos cuenta lo mucho que le gusta él y lo bien que folla. Después, sube y se la trinca. Más tarde, la chavala comenta lo mucho que le mola cuando se pone violento, así que tras una partida de poker en la que Stud pierde hasta los condones, este, enrabietado, mete un puñetazo a un cristal, quedándole los nudillos ensangrentados. Kitty, que es como se llama ella, aprovecha para, cual vampiro, lamer esa sangre. Seguidamente lo lleva al baño, le cura las heridas y le chupa la polla. Stud, alegando que le ha hecho daño con los dientes, le mete un par de hostias. Luego, durante unos diez minutos largos de película, le propina una paliza con el cinturón para, por enésima vez, volver a penetrarla. Después, se montan una fiestecita con una gente de lo mas fea, en la cual Stallone nos deleita con un recital de gestos de placer, marcándose unos bailoteos de lo mas chanantes, y tras la orgía, Stud y Kitty se abofetean mutuamente, y se acaba la peli. Maravillosa. Puro anti-cine, 100% creatividad. Lo digo en serio.
La copia que yo he visto pertenece al DVD internacional, que añade treinta minutos de porno hardcore perteneciente a cualquier otro film, bastante artístico por cierto, y que rompe por completo la magia marginal de la versión original, solo para hacerle llegar a la hora y cuarto de metraje. Una lástima.
Con todo, entre Stallone gozando, bailando, viendo como le cuelgan los cojones, como posa estos sobre el cuerpo de la feita (pero tetuda) actriz, fumando hierva, los diálogos que parecen escritos por un mongolo, y el doblaje que ayuda a que ese mongolismo se prolongue, además de ser una pieza underground de lo más puro que he visto en mucho tiempo, también, e inevitablemente, nos echamos unas risas con la boca torcida de Sly, disfrutando de la orgía que da nombre al film.
Una autentica joya, cuya fama es su lacra; si hubiera sido una película más oscura aún, envuelta por un halo de misterio, sería un incunable. Pero aunque ahora anda jodidilla de localizar, en su momento estuvo en todos los video-clubes, así que…
El director es un tal Morton Lewis, que me encantaría saber que más cosas hizo, pero no está ni en "Imdb".
Fascinante.

domingo, 22 de abril de 2012

VEN Y MIRA

Como volumen oficial de la semana de cine fantástico San Sebastian de el pasado año, se edita (e incluso se puede comprar en librerías, no solo en el festival) este VEN Y MIRA, EL CINE FANTASTICO Y DE TERROR EN LA ZONA PROHIBIDA, en el que Rubén Lardín, dirige y coordina, y, junto a el, un nutrido grupo de conocidos críticos y escribientes reconocidos, se marcan, por un lado, un montón de ensayos, y por otro, otras tantas reseñas de películas. El tema a tratar en cualquier caso; un tipo de cine que rompió tabúes, y que por uno motivo u otro, fue motivo de polémica o escándalo.
El volumen analiza todos los aspectos posibles del por qué de estas polémicas, condena la censura, y ahonda en según que asuntos.
A rasgos generales, el libro es súper recomendable, porque como bien dice en la introducción Lardín: “Vamos a pasarlo bien, vamos a hablar sobre películas”, y efectivamente, eso es lo que hacemos con este libro: Lo pasamos bien leyendo a un grupo de personas hablando sobre películas.
Claro, que son diversos artículos, y por tanto, es probable que haya algún autor que guste más que otro, o que haya acertado más o menos con el tema que trata. Aunque aquí, personalmente, ya entra en juego el factor prejuicios.
Sin embargo, me resulta especialmente edificante unos de los ensayos pertenecientes a Joaquín de Cascante, en el que se marca un repaso del Underground americano, contando a grosso modo, las historias de gente como los hermanos Kuchar, Jack Smith, Nick Zedd, Richard Kern, etc, y más que lo que cuenta, lo agradable es, que lo cuenta. Y a mí me encanta poder leer sobre under americano en español.
La sección final de reseñas, en la que cada autor elige una película que se ajusta a los varemos de lo que trata el libro, es especialmente celebrada por mí, por documentada y, según se mire, divertida.
En definitiva, un tocho la mar de interesante, y sobretodo, entretenido.

viernes, 5 de abril de 2024

EL VIDEO CLUB DE KIM

Yong-Man Kim, director de la película independiente “One-Third” —título ilocalizable y que no es precisamente por lo que es conocido el individuo en cuestión—, es un inmigrante coreano que en los años 70 se traslada a Nueva York donde pone un negocio de lavandería. Con el boom del vídeo a primeros de los 80,  aprovecha la coyuntura para incorporar a su establecimiento una pequeña estantería con películas de VHS de alquiler. Lo de las cintas va prosperando hasta que, vista la gran demanda, se ve obligado a desmantelar la lavandería para montar un videoclub: el mítico Kim’s Video de Nueva York. El negocio va tan bien que se expande, y llega a abrir siete sucursales en toda la ciudad, aunque su primera tienda, la más emblemática, es la que se convirtió en un lugar de peregrinaje para todos los cinéfilos neoyorkinos (dicen que los hermanos Coen debían 600 dólares en concepto de retrasos) que poseía más de 55.000 títulos entre los que se encontraba una nutrida sección de cine underground, donde los usuarios podían encontrar títulos de entes tan importantes del movimiento como podían ser Nick Zedd o nuestro querido George Kuchar, además de un amplio catálogo de cine raro, todos los subgéneros y sin descuidar en absoluto los últimos estrenos comerciales. Un autentico paraíso. También el dueño del establecimiento se vanagloriaba de tener las películas más extrañas de cualquier país del mundo. Y así era, con la particularidad de que el archivo que ponía a disposición de los usuarios no era muy legal que digamos. Yong-Man Kim se dedicaba a piratear cintas que encargaba a las embajadas o enviaba a sus empleados a festivales internacionales con el fin de que se trajeran nandanga. Copiaba las cintas y las ponía en alquiler en su videoclub. Por ese motivo el FBI les estaba retirando siempre material que el individuo, al día siguiente, reponía sin ningún problema. Y es que, aunque esa es una actividad tirando a gangsteril, el lema de Kim consistía en que “la propiedad intelectual era importante, pero más aún el conocimiento cinematográfico”.
Como fuere, el establecimiento sobrevivió a las acusaciones de piratería y a las distintas crisis, hasta que entrada la era digital dejó de ser rentable y fue cerrando todas sus sedes hasta no quedar ni una. Viéndose en la tesitura de tener que donar los 55.000 títulos en VHS y DVD que tenía en propiedad.
Por otro lado, un viejo socio del videoclub de Kim ahora cineasta, David Redmon, comienza con la filmación de un documental (este que nos ocupa) sobre qué le pasó al Kim’s Video. El chaval tenía este lugar en alto estima, lo consideraba el responsable de su recalcitrante cinefilia y quería investigar qué había pasado con todas esas cintas. Lo que sucedió es que Kim, ante más de 40 entidades gubernamentales que habían solicitado adquirir las películas, había decidido donarlo al pueblo de Selami en Sicilia, Italia, solicitantes de la donación y dispuestos a seguir a rajatabla los únicos requisitos que se pedían para hacerse cargo de la colección: tener un espacio donde mantener e incrementar ese legado, poner las películas a disposición de los usuarios y, en definitiva, cuidar de tan maravilloso regalo. Las autoridades de Selami se encargaron de archivar todo aquello en un recinto destinado a tal efecto. Además, cualquier socio de Nueva York podía tener una habitación en la localidad para poder visitar el archivo cuando deseara. Redmon, obsesionado con ese videoclub y teniendo esas directrices presentes, viaja a Sicilia con la idea de continuar con su documental, y cuando llega allí, todo son pegas por parte de las autoridades de Selami a la hora de acercarse al archivo. Este se encuentra cerrado y el trato con las gentes del pueblo es bastante hostil. Muy cabezón el tipo, decide acercarse al local donde están todas esas películas por su cuenta, y logra colarse dentro ya que la puerta está abierta (porque está rota), y allí es testigo de que el pueblo de Selami no solo no ha cumplido con sus promesas de preservación y archivo (de hecho tienen la nave cerrada al público) si no que, además, todas esas películas están abandonadas y con gran parte de ellas echadas a perder por el mal clima, la humedad y el precario almacenamiento. Descubre además que la  decisión de poner a buen recaudo la colección de Kim, no es más que una estratagema por parte del gobierno siciliano, corrupto y vinculado con la Mafia, para blanquear dinero y hacer publicidad del pueblo y de sus dirigentes de cara al exterior. En realidad las películas le daban igual al pueblo de Selani y las tenían ahí dejadas de la mano de dios, pudriéndose. Todo esto le parece fatal tanto a David Redmon como a Yong- Man Kim, que viaja asimismo a Selami a mostrar su disconformidad. Y en consecuencia se urde un plan para traer el videoclub de vuelta a Nueva York.
Esta fascinante historia, contada a través de las grabaciones de Redmon y la codirectora  Ashley Sabin así como cintas caseras pertenecientes a Yong Man Kim, viene ilustrada con una serie de escenas de distintas películas que, sin orden ni concierto, son paralelas a la rocambolesca experiencia que les ha tocado vivir, cuando tan solo querían hacer un documental sobre el paradero de su videoclub favorito.
Un documental con visos de thriller, y como tal, te tiene pendiente de que ocurrirá en todo momento. Luego nos damos cuenta de que no es más que una trama de blanqueo tan habitual como cualquier corruptela española al estilo de los papeles de Panamá (en la que estaba inmiscuido el mismísimo Almodóvar). Que el gobierno robe está a la orden del día en países como España, Italia etcétera, pero estos individuos americanos se toman muy a pecho lo que se está haciendo con una colección de vídeos —tampoco muy valiosa, porque, al margen de las cintas underground y/o difíciles de encontrar, el resto son ediciones sencillas en DVD y VHS de títulos híper trillados— que supone, además de un viejo negocio para su dueño, lo que queda de una zona de Nueva York transformada por la gentrificación como es el centro de Manhattan, Deuce, Upper East Side y demás zonas donde convivía cultura y delincuencia sin mayores aspavientos, y estaban sitos algunos de los videoclubs del Señor Kim.
Muy bueno el documental, y emocionante; te mantiene pegado a la butaca la hora y media larga que se gasta. Definitivamente, una agradable sorpresa, aunque también es cierto que resultan algo irritantes ciertas ínfulas que se gasta el amigo Redmon en la narración en off.
Más cercano al culturetísmo gafapastil (el de verdad, no el de los hipsters) que al posmodernismo propio de la reivindicación de lo retro, el documental fue carne de festival, sembrando pasiones en Tribeca, Sundance, Fantastic Fest y, por supuesto, Sitges.

jueves, 20 de marzo de 2025

HABITÁCULO 1991

Localicé recientemente una grabación videográfica de naturaleza casera fechada el año 1991. Normalmente era yo el que rondaba el hogar con la cámara, pero aquella tarde fue mi madre la que decidió encargarse de inmortalizar el entorno mediante ojo electrónico. Diría que la casualidad quiso que me pillara totalmente volcado en mis pasiones cinéfagas.... pero mentiría. Y digo que mentiría porque yo era -y soy- así las 24 horas del día, de lunes a domingo. Para mí, toda esta morralla es un auténtico modo de vida, una filosofía.
En un momento dado, tras pillarme en el sillón disfrutando de las lecturas adecuadas (ver última imagen), visitamos el que era mi dormitorio en 1991. Y ahí me dio el subidón, y unos pocos escalofríos, al rememorar la bella decoración que inundaba mis paredes, o se apoltronaba sobre los estantes. Decidí pues sacar capturas de todo ello y compartirlas con ustedes en este, mi blog de pajillismo "fanatoso". El lugar más adecuado posible.
Dice así...


A- El póster de "Robocop". Una de mis diez películas favoritas de todos los tiempos. Este, además, lo obtuve de forma gratuita el día que acudí al estreno, allá en el cine "Comedia" de Barcelona. Al salir, un tipo disfrazado del madero robótico los regalaba. En el lado positivo, y a causa del gran gozo experimentado durante el visionado del clásico, regresé una semana después con amigos. Esta vez la voz había corrido y la cola era inmensa. En el lado negativo, ese mismo póster terminó hecho añicos por las implacables garras del gato doméstico. Siendo un ser humano le habría asesinado... pero al él se lo perdoné. Y se lo sigo perdonando a día de hoy.

B- Una de mis obsesiones entonces, "Fonda Sangrienta". Supe de ella gracias a mis revistas franchutes, como bien expliqué en su momento. Y anduve como loco buscándola por vídeo-clubs hasta que di con ella en uno inhóspito, situado cerca de donde estudiaba primero de BUP (lo recuerdo repleto de clientes... que tiempos aquellos). Como era costumbre en esos casos, me hice socio, la alquilé y, una vez devuelta, nunca jamás regresé.
Desconozco cómo conseguí el cartel -que era el de los vídeo-clubs-, pero ahí lo tuve un tiempo, colgado en mis paredes.

E- En los estantes, y de izquierda a derecha, los muñecos de "Iron Man" (colección "Secret Wars"). Otro de "El Castigador" (uno de mis héroes de tebeo favoritos). Y la banda sonora de "Agárralo como puedas (1 y 2)" en cinta de casete.
Detrás, algunos libros ilustres. Los dos primeros "Libros Sangrientos" de Clive Barker. Varios de la colección "Super Terror", destacando los de Richard Laymon. Y dos biográficos en inglés, el de Roger Corman ("How I Made a Hundred Movies in Hollywood and Never Lost a Dime") y el de George A. Romero ("The zombies that ate Pittsburg").

F- Estos eran los carteles de dos cortometajes que hice en aquella época, "El Principal" (mi versión de "El Rector" + "Curso 1984") y "El demonio del viento" (mi versión de "Posesión Infernal" + "Scalps", y del que ya hablé una vez por acá)



A- He comentado muchas veces en este ciber-antro que, siendo joven, sentía un fanatismo exacerbado por Fred Olen Ray. Puede sonar a chiste. Y tal vez nunca se lo hayan creído del todo. Pero ahí va la prueba irrefutable de ello. En mi dormitorio contaba con una imagen suya rescatada de las páginas de "Psychotronic" a modo de pedestal de adoración, exactamente igual a esta que les dejo a continuación...


B- Algunas de mis cintas de vídeo. Por entonces contaba con pocas de venta original, así que me fabricaba las caratulas o, en su defecto, les pegaba una fea tira de papel blanco con los respectivos títulos escritos en Olivetti (aquí un ejemplo más que gráfico). El estante superior (letra C) anda plagado de estas.

D- Comenzamos con los pósters grandes. No es que "King Kong contra Godzilla" me entusiasmara mucho, pero ese cartel molaba, con el bicho peludo sujetando un tren por los aires. Se lo dejo a continuación para que lo degusten íntegro.
El segundo no tiene truco, primera secuela de la franquicia iniciada con "Viernes 13". Por entonces la consideraba una de las mejores. Hoy ya no lo tengo tan claro.





Estos no necesitan presentación, ni introducción, ni nada.
"Commando" (otra de mis diez favoritas) y "Re-Animator".



A- Aunque no lo he comentado al principio, este recorrido es de derecha a izquierda, siguiendo el barrido que hizo la cámara. Así, pasamos a la siguiente pared donde, de primeras, destaca otro póster de otro clásico, "El día de los muertos", solo que en su versión francesa. Iba de regalo, bien plegadito, en las páginas centrales de una de mis queridas lecturas habituales, "L´Ecran Fantastique".
Se lo dejo a continuación versión JPG para que entiendan la razón de que formara parte de mi excelsa decoración...



B- Seguimos con más "Godzilla". Alguien podría sospechar que era un auténtico devoto de la criatura, cuando no se conocía a estas películas como "Kaiju Eiga" y solo eran "pelis cutres de monstruos nipones". Y lo cierto es que no, simpatía toda la que quieran... pero fanatismo, poco. Lo que me molaba, y supongo que de ahí su presencia constante, eran los carteles, sus diseños, algo muy propio de las "monster movies" clásicas. En este caso se trata de uno yanki (fotocopia a color ampliada, para más señas), el de "Godzilla versus The Thing" que lucía así de bien....



C- Y,  por supuesto, en este periplo "habitacionil" no podía faltar una referencia directa a la number one, a la diosa, a "Evil Dead". Pal caso hablamos de otro desplegable situado en las páginas centrales de otra publicación franchute (donde se la conoce como "La nuit des démons"), aunque ninguna de las habituales. No logro recordar cual. Con el tiempo y una caña acabé perdiendo dicho material, y no saben lo mal que me supo/sabe.

D- "Nº 1 del Servicio Secreto" y su super agente secreto, "Charles Bind", llegó a ser una seria obsesión en mis juventudes. Andaba loco con sus dos aventuras cinematográficas, la mentada y "Licencia para amar y matar" (la tercera jamás llegué a verla). Tanto como para que, nada más inaugurar este blog en el 2007, les dedicara una sentida entrada.
Visto ahora es algo que no acabo de comprender porque, salvo algunos "gags" puntuales, eran subproductos tremendamente mediocres. En cualquier caso, logré hacerme con su "affiche", así pues era de menester lucirla (además de que me encantaba en sí misma). La perdí, sí también, aunque muchos años después pude resarcirme agenciándome el póster y algunos fotocromos que, experiencia y canas obligan, andan perfectamente guardados junto a otra buena ristra de papelotes peliculeros. ¿Pa qué? Pues ni idea... pero, en fin, hay enfermedades incurables que gozas sufriendo.

Nota: Es curioso lo mucho que tiro de la palabreja "affiche", especialmente considerando su origen eminentemente francés. Supongo que podemos considerarlo influencia directa de mis lecturas cinéfilas habituales esos años. Visto así, encantado que forme parte de mi léxico.


A- Más "affiches" que solía conseguir en tiendas de coleccionismo cinematográfico. Esta es la de "Al filo del hacha", el aburridísimo slasher español de la mano de José Ramón Larraz que vi en el cine "Waldorf" de Barcelona. No, no me gustó nada... pero, tal y como siempre he dicho, me flipa el cartel. Es cojonudísimo. De ahí que lo pegara a mis paredes. 
Mi relación -por así llamarla- con el film se intensificó hace unos años, a raíz de disponer de sus fotocromos y póster y el interés de una compañía británica por incluirlos en la edición especial de la interfecta, tal y como narré poco después, coincidiendo con su salida al mercado. Es un pequeño logro del que estoy muy orgulloso.... no obstante, creo que mi reseña tirando a negativa 
de la película puso punto y final a posibles colaboraciones futuras con el sello. Ya saben,quien canta las verdades....

B- De "Las aventuras de Flesh Gordon" nunca he escrito reseña, aunque sí tuve acceso al libro de memorias de su protagonista, Jason Williams, donde se contaban todas las respectivas trifulcas del rodaje. Inevitablemente, por su peculiar condición, es una película que me cae harto simpática, aunque probablemente más en 1991. Tenía la "affiche" española, con un gracioso dibujo de Jano (y un "Flesh Gordon" poco fiel al del film), y de ahí que optara por incluirla como parte de la decoración. Les dejo a continuación una imagen de la misma.... pero no, no es mía, tuve que buscar en las redes para dar con ella. Yo, desgraciadamente, la perdí. Igual que con la de "Al filo del hacha". En fin, ya saben, cosas de la juventud, de cuando todavía no has aprendido a valorar estas mierdas entrañables.


C- Ahí tienen una ristra de autógrafos. De izquierda a derecha, Bruce Campbell, Ted Raimi (ambos obtenidos durante el XXIV Festival de Sitges del mismo 91, donde acudieron a presentar "Lunáticos") y el tercero.... pues no logro discernir de quien se trata. Por época y momento, posiblemente sea John McNaughton, director de "Henry, retrato de un asesino". Si es así, su presencia en aquella edición venía motivada por la mediocre "Mutación Asesina" (tal vez sea momento de revisarla). Lo cierto es que no sentía ningún interés por el director y su obra, pero ya que lo teníamos ahí, mientras esperábamos que Campbell y Raimi salieran del hotel, pues le pedimos la estampita. Fans completistas es lo que éramos, témome.

Y cerramos con una imagen que, aunque ajena al tema central de esta entrada, pertenece al mismo vídeo, espacio y tiempo, aquel en el que mi devoción se encontraba en plena eclosión. Para el caso, lo que sujeto en mis manos era una de mis lecturas favoritas por aquellos días, con permiso de la prensa franchute habitual, el fanzine "Draculina", según las artes editoriales de Hugh Gallagher, mediocre dibujante / videoasta. Concretamente, ese número es el que me descubrió la existencia de Nick Zedd. Les dejo la portada a calidad para que se hagan una idea de lo irresistible de la publicación, por su contenido (cine de horror, sobre todo aquel de explotación y tipo casero / amateur) y su forma + estética (impresión mierdosa, fotos oscuras, papel barato y un punto de sordidez gracias a la ristra de imágenes chusqueras de tipas desnudas, salpicadas de sangre y mostrando sus poco llamativas tetas caídas). Lastimosamente, y como suele pasar, las ambiciones de Gallagher acabarían destruyendo a su creación, sobre todo cuando decidió profesionalizarse, tirar de papel satinado a color y centrar el contenido en el tema pajero... vale, es comprensible, seguro que así se vendía mejor, pero ello supuso anular por completo su naturaleza, esa que hacía de "Draculina" algo especial.