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viernes, 28 de junio de 2019

BIENVENIDO MISTER CAGADA

Cuando a Luis García Berlanga le ofrecieron escribir sus memorias, a este le echó para atrás el hecho de tener que escribirlas. No hubo problema; Jess Franco se ofreció a pasar alguna que otra hora escuchando lo que tenía que decir Berlanga para después transcribirlo. Y al resultado lo titulan “Bienvenido Mister Cagada, memorias caóticas de Luis García Berlanga”. Lo de caóticas, casi parece una excusa para justificar lo que, efectivamente, son unas memorias caóticas que aunque suelen llevar un orden cronológico, de vez en cuando van para adelante y para atrás en el tiempo, deteniéndose y reflexionando, al margen de estos recuerdos, dónde a Berlanga le da la real gana. Tampoco este quería ofrecer unas memorias al uso. Entonces, se juntan el hambre y las ganas de comer y juntos paren este libro que siendo caótico como se anuncia, al menos no es un ladrillo. Es ameno, a veces muy divertido y otras (las menos) completamente insufrible. En todo caso, se lee con agrado todo el tiempo.
Sin embargo, la figura de Franco pesa más en mi particular idiosincrasia que la de Luis García Berlanga y condiciona mi lectura. ¿Qué quiere decir esto? Que se me cruza un cable leyendo. Es decir, como soy consciente de que el libro está escrito por Jess, mi mente me hace una mala pasada y me hace visualizar todo el relato protagonizado por Jess y no por Berlanga. Al menos, la primer parte del libro, cuando entran ya en terrenos cinematográficos, por asociación de las películas, ya sí, visualizo a Berlanga. Esto es bastante coñazo, aunque, claro, no es un problema del libro.
Jess Franco escribe de una manera directa y amena, agradable y con un ritmo fluido que, a rasgos generales, se disfruta. Es cuando el relato de Berlanga es un poco mas pesado cuando a uno le cuesta continuar, pero pronto se retoma el interés porque, o se van por la tangente, o cuentan una batallita curiosa.
Así, Berlanga y Jess le pasan factura a los tiempos de Berlanga en la división azul, se repasa someramente todas sus películas, se reflexiona sobre la era digital, se confiesan pasiones eróticas que ya eran vox populi y, en definitiva, se nos cuenta la vida de Berlanga y su relación con el cine de manera caótica y relajada.
Eso sí, como le pasaba a Jess en sus propias memorias, a Berlanga, le da pereza rememorar sus rodajes por lo que el lector se queda con ganas de saber más detalles al respecto de las películas. En ese sentido se queda cojo. Entonces, siendo el resultado un tanto irregular a rasgos generales, cerramos la reseña diciendo un manido, pero honesto, podía haber estado mejor.
Pero tampoco pasa nada por enfrentarse a él, son apenas 300 páginas.

viernes, 13 de septiembre de 2019

TAMAÑO NATURAL

“Tamaño natural” es la película que salvó a Luis García Berlanga del ostracismo tras el descalabro artístico y económico de sus dos anteriores películas, “La Boutique” y “¡Vivan los novios!”. Llevaba cuatro años sin rodar, y se presentó el productor Christian Ferry dándole la oportunidad de hacer una película para explotar en el mercado internacional y, en concreto, en el mercado europeo, por lo que proporcionó a Berlanga, que estaba acostumbrado a trabajar en condiciones más precarias, todo un despliegue de medios para que rodase una película que, en su condición de película francesa,  tuviera la mayor libertad posible. Así, y con la ayuda del imprescindible Rafael Azcona al guion, Berlanga concibe la que por un lado es su película más extraña, fascinante, siniestra e inquietante, y por otro, la menos berlanguiana. Incluso, y quizás solo sea por el europeismo que destila toda ella, diría que parece una película de Marco Ferreri. Digamos que se salta la estructura habitual de planos secuencia y muchos actores en cuadro hablando a la vez hasta la recta final de la película y, paradójicamente, esta funciona a las mil perfecciones como el drama bizarro y loco que es, justo hasta que llegan las pinceladas cómico-esperpénticas a la Berlanga en su último tramo. Vamos que es mejor cuanto menos berlangiana es. Con todo, se trata de una película rara, misteriosa y desperada, que califico como una de las mejores de su filmografía —el propio Berlanga así lo creía también— incluso por encima de alguno de sus clásicos incontestables.
Cuenta la historia de un dentista de destacada posición social que hastiado de una vida sexual junto a su mujer, que incluso le consiente que tenga ciertas aventurillas, se compra una muñeca hinchable. Con el uso de esta y, al comprobar que no habla, no se queja y no molesta, acaba enamorándose de ella. No solo este queda encoñado de la muñecaja, sino que su familia acaba aceptando a la muñeca como a su novia. Pero, a posteriori, del uso, acaba cogiendo manía a esta, lo que acarreará funestas consecuencias para ella.
Rara y surrealista, tiene la capacidad de incomodar al espectador, de producirle desasosiego y al mismo tiempo fascinarle ya que, no solo nunca llegamos a aprobar esa relación, sino que la condenamos y se nos antoja antipática, el dentista nos resulta aún más antipático y casi sentimos lástima de la esposa de este, pero queremos seguir sabiendo que pasa con la muñeca y deseando que continúe la irracionalidad del dentista; se casa con ella, pero al igual que algunas de sus amistades, queremos verles tener hijos, y en última instancia, porque, como el personaje, el espectador también coge manía a la muñeca, queremos que por fin la mate y se deshaga de ella.
En definitiva, una extraña película de lo más interesante.
En el momento de su estreno la película pasó sin pena ni gloria en España, y quizás para estar Franco aún vivo, no se trataba de una película muy oportuna. En Europa si funcionó bien. Aquí, 452.000 espectadores la situaban en la taquilla como una película del montón. Se quejaba Berlanga en sus memorias contadas a Jess Franco, que pudiera ser que la película no funcionara todo lo bien que debía, a nivel crítico,  porque a Luis Buñuel le pareció una porquería. La tachó de pornográfica y, en consecuencia, con la opinión de Buñuel muy presente, los estudiantes de cine y los críticos la hicieron de menos. Berlanga se preguntaba que como podía ser posible que Buñuel viera la película de aquella manera, cuando probablemente era la película más buñuelesca que Berlanga había hecho. Y yo digo que quizás por eso mismo le cogió manía.
Después de “Tamaño Natural”, Berlanga retomaría su estructura habitual en “La Escopeta Nacional”, y la elevaría a otra categoría dejando bien marcado, en lo sucesivo, el estilo Berlanga. Pero para mí, esta “rara avis”, es lo mejor de su estupenda filmografía.
En el reparto, enorme, Michel Piccolí, —quizás sea su presencia la que hace parecer a esta película como si fuera una de Ferreri—, Valentine Tessier, Queta Claver, Manuel Alexandre, Julieta Serrano, Luis Ciges, Amparo Soler Leal (luciendo unas estupendas tetas, quien lo diría, de una mujer de su edad…) Rada Rasimov…

jueves, 19 de julio de 2018

LOS MUERTOS NO SE TOCAN, NENE

Ya fuera rodando sus propias películas de ficción, a través de documentales como “Por la gracia de Luis”, o creando el ficticio “Centro de altos estudios berlanguianos”, José Luis García Sánchez evidenció a lo largo de casi toda su carrera, ya fuera de manera premeditada o inconscientemente, tener como principal y (casi único) referente el cine del director de “Plácido”, hecho que vendría además reforzado por la fructífera relación que durante más de treinta años mantuvo con el desaparecido Rafael Azcona, el considerado mejor guionista de la historia de nuestro cine, además de colaborador por antonomasia de Berlanga.
En 2011, tres años después del fallecimiento de Azcona, el director de “Franky Banderas” decide desempolvar “Los muertos no se tocan, nene”, uno de los muchos guiones del escritor riojano que no llegaron a ver la luz en su momento, ya fuera por imperativos de producción o - sobre todo - por razones administrativas y/o de censura. Aunque no llegara finalmente a realizarse “Los muertos no se tocan…” es un proyecto de lo más significativo dentro de la trayectoria profesional de Azcona y lo es, además, por partida triple: por suponer su primera novela de éxito, por representar el primer guión que escribió y, asimismo, porque la abortada génesis de su adaptación cinematográfica le permitió entrar en contacto con Luis García Berlanga y Marco Ferreri, los dos directores que mejor supieron trasladar a la gran pantalla su particular estilo literario, caracterizado por un agudo sentido de la observación de la realidad que derivaba, invariable e inevitablemente, en un despliegue de humor de raíz crítica que se fue haciendo, conforme iban avanzando las décadas, más ácrata, negro y misántropo si cabe.
Situada en el Logroño de finales de los años 50, la novela de Azcona y la película de Garcia Sánchez nos cuentan básicamente la historia de la muerte y el posterior velatorio del bisabuelo Fabián, alrededor del cual se congrega una troupe de personajes tan inequívocamente azconianos como pudieran ser el pusilánime padre de familia (Carlos Iglesias) que es subyugado constantemente por una esposa frustrada y marimandona (Silvia Marsó), además del adolescente con ínfulas artísticas que se encuentra en pleno descubrimiento del sexo, la ingenua chacha andaluza a la que todo el mundo mete mano (Mariola Fuentes) o el abuelo que fracasa en su afán de conservar los viejos valores morales que por los que se rige toda familia de bien.
Leída a día de hoy, lo que más sorprende de la novela publicada en 1956 es el hecho de que en ella ya se encuentren presentes, y perfectamente definidos además, los temas, tipos y obsesiones consustanciales al autor de “El verdugo”: de esta manera, aquí nos podemos encontrar tanto con las estrecheces económicas que sufren los matrimonios de mediana edad (“El pisito”), con la indefensión que padecen los miembros de la tercera edad (“El cochecito”), así como con un mal entendido concepto de la caridad cristiana (“Plácido”) o también con el funesto influjo que sobre los españolitos de a pie ejercían las autoridades franquistas, siempre con la connivencia de la iglesia católica.
Aparte de abordar la adaptación de un guión que fue escrito hace más de 60 años, lo que hace que esta película destaque realmente en el desangelado panorama del cine patrio de la última década es la decisión de García Sánchez de rodarla en blanco y negro, y con sonido doblado, para emular así en lo posible el look del cine cómico español de mediados de los años 50 del pasado siglo; sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones y de lo loable de su objetivo, García Sánchez y su equipo fracasan a todas luces y en prácticamente todos los frentes: dejando a un lado el que el blanco y negro elegido para la ocasión está más cerca de un corto hipster que de la estética austera característica de películas como “El pisito” o “Plácido”, “Los muertos no se tocan, nene” se revela un proyecto paradójico desde su misma concepción, y lo es sobre todo por suponer un intento de recrear el cine de aquella época basándose en un texto claramente adelantado a su época, un libreto que – recordemos - no sólo lo rechazó en su momento la censura sino que, asimismo, fue reescrito por el propio Azcona a finales del siglo XX con el fin de potenciar aquellos elementos que se vio forzado a suavizar cuatro décadas antes.
Así las cosas, y libre ya de la barrera de los censores, el “Los muertos no se tocan, nene” del 2011 rebaja de manera paradójica la crítica y la sátira social en favor del subrayado en situaciones escatológicas de diversa índole, que son expuestas además con un interés y un regocijo tales que, antes que estar poniendo en tela de juicio las ruindades y mezquindades de los personajes, más bien pareciera que los responsables de la película las estuvieran jaleando. Consecuentemente, el mayor problema que acusa el film es la brutal discordancia que se establece entre fondo y forma; esto es, el ser una película que se pretende deudora de los clásicos de nuestro cine y estar, al mismo tiempo, plagada de chistes sobre erecciones, meadas, cagadas y pajas. De hecho, si alguien se pregunta el motivo de que esta obra de Azcona fuera tumbada en su momento por la censura sólo tiene que tener en cuenta que aquí, y mientras el bisabuelo de la familia exhala su último suspiro, el primogénito adolescente se encuentra en el baño zurrándose la sardinilla (¿¡!?) Así, y más que ante cualquiera de aquellos clásicos imperecederos, durante el visionado de "Los muertos no se tocan, nene" se tiene la sensación de estar asistiendo a un remake de "Chechu y familia" ambientado en los 50, lo cual tampoco tiene por qué ser necesariamente malo.
A pesar de todo lo dicho, del tufillo a obra teatral filmada y de ser una película dispersa tanto argumental como estéticamente, "Los muertos no se tocan, nene" conserva sin embargo intactos todo el ritmo, el vitriolo y la cualidad revulsiva de la obra original, lo cual no es poco; asimismo el film interesa y hasta fascina debido a su condición de excentricidad, por ser - como mínimo - dos películas en una sola: la que podría haber sido y la que, por fortuna o por desgracia, acabó siendo. De todos modos, y a pesar de estar lejos de ser perfecta, creo que merecería la pena que le echéis un ojo: sin ánimo de pecar de nostálgico, el peor Azcona siempre será infinitamente mejor que el mejor de los guionistas contemporáneos.

lunes, 27 de marzo de 2023

LA CORTE DE FARAÓN

De 1910 data la opereta, zarzuela, o musical —llámenlo como quieran— “La corte de Faraón”, escrita por Miguel de Palacios y Guillermo Perrín y con música de Vicente Lleó.
Se trata de una obra absolutamente inofensiva ambientada en Egipto y cuyos numeritos musicales recuerdan más a una revista de vodevil, que a una epopeya bíblica, y la característica principal de “La corte de Faraón” consiste en unos numeritos musicales picantones en cuyas letras abundan los dobles sentidos y las insinuaciones sexy por parte de las vicetiples que los interpretaban. La cosa, hablando en plata, va de un pastor virgen, un meapilas llamado El casto José, al que se quieren tirar todas las mujeres que se cruzan en su camino. Una chorradita que servía para entretener al público aunque, dicen, verdaderamente contenía mensajes velados de alto contenido político.
Años después de su estreno, la censura decidió prohibir directamente la obra, porque, según ellos, era un canto a la concupiscencia que se mofaba del caudillo, del orden establecido e incluso de Dios. En consecuencia, la obra no se volvería a representar durante años.
“La corte de Faraón” cobró su fama de manera incluso internacional, motivo por el que se adaptó al cine en México donde no vieron ningún comportamiento ácrata en la misma, en un film del año 1944 dirigido por Julio Bracho y para el lucimiento de primeras figuras mexicanas de la época.
Y por fin llegamos a la película española de gran éxito en el momento de su estreno, 1985, que en lugar de adaptar directamente la obra, recrea una situación en la posguerra  en la que un grupo de teatro representa “La corte de Faraón” sin haber pasado previamente la censura. Un censor del clero que se encuentra en el teatro, denunciará la situación, y la policía se llevará a toda la compañía detenida. En comisaría, el comisario les irá interrogando con el fin de averiguar si la obra que han interpretado es o no es antifranquista.
Se trata de un intento por parte de José Luis García Sánchez de emular, como viene siendo habitual en la mayoría de sus películas, el cine de Luis García Berlanga, compartiendo pluma con Rafael Azcona y rodeándose de la creme de la creme del cine español en lo que a actores se refiere.
Pese al enorme éxito de su momento y ese reparto absolutamente maravilloso — a saber: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Banderas, Luis Ciges, Quique Camoiras, Juan Diego, María Luisa Ponte y Antonio Gamero (además de la repelente de Ana Belén)— no es una película que haya resistido bien el paso de los años y la cosa se torna rancia, desfasada y salvo algún momento francamente divertido (como la escena del “descapullamiento”), con tanto numerito musical de corte popular y un montaje tosco que tira de flashback al corte — por lo que a veces cuesta un poco detectar si es un flashback o si es que está avanzando la historia—, acaba resultando un poco pelma. Y es que, desengañémonos; la obra de “La corte de Faraón” de los años 10, opereta, tan atrevida y osada, tan política que la censura tuvo que prohibirla, como la zarzuela, la copla o la música ligera es un género muerto, de otra época. Y quizás en 1985 todavía quedaran generaciones del pasado que supieran apreciarlo o modernos del momento que lo reivindicaran por esnobismo, pero, a mí en la época, siendo niño (y ahora en mi mediana edad) me parece completamente insoportable. Entonces, una película que incluye en su metraje la obra completa original ocupando un 75% de la misma, se pueden imaginar ustedes lo desesperante que se me puede llegar a hacer. Se soporta, como ya he dicho, gracias a los momentos divertidos de entre medias, que son los menos.
Realmente lo que me ha instado a revisar una película que no me ha gustado nunca especialmente, es la lectura del libro “No se lo digas a nadie: Historias secretas de Martes y Trece” en el que cuentan que esta película aparece en sus vidas justo en el impás que sufrieron cuando convinieron que Fernando Conde abandonara la agrupación cómica para irse a hacer teatro. Como Josema y Millán se consideraban actores antes que cómicos, y como estaban en un momento de gran popularidad y decidiendo que hacer con Martes y 13 tras la marcha de Fernando, García Sánchez les ofreció un papel en la película. Pero hay algo que no cuaja, porque Josema tiene un papel de gran importancia, casi de protagonista, mientras que a Millán se le concede uno nimio, casi en calidad de extra —no me quiero imaginar el cuadro de envidia y la lucha de egos de esos dos durante la filmación—. Y, quizás por el nivel de los actores que tienen a su lado, sus presencias se antojan sosas, incluso molestas. Es una lástima, pero “La corte de Faraón” es la muestra de que ni Josema ni Millán son buenos actores si los sacas de sus roles de Martes y 13. Se supone que sus papeles en esta película servían para desmarcarse un poco de su imagen de humoristas, para ver sí podían ganarse la vida como actores si finalmente Martes y 13 desaparecía, pero ninguno de los dos puede abandonar los tics, muecas y gestos que les hicieron populares. Josema actúa como en un sketch cualquiera de sus especiales televisivos, mientras que a Millán, que sale poco, tienen que eliminarle en montaje el exceso de “millanadas” que, intuyo (y se nota además), a buen seguro hizo durante su interpretación, incapaz de olvidarse de que era Millán.
Por suerte para ellos, poco después del estreno de la película, se decidieron a continuar con Martes y 13 sin Fernando y, en el especial de fin de año no se les ocurrió otra cosa que inventar in situ el sketch de “La empanadilla de Móstoles”. El resto es historia. Y como fuera, lo cierto es que mientras que el dúo permaneció en activo, el cine español no les volvió a ofrecer una película (con excepción de las concebidas para su lucimiento como cómicos). Y con la disolución del grupo… casi tampoco. He dicho casi.

lunes, 20 de junio de 2022

LA ORINA Y EL RELÁMPAGO

Ramiro Lapiedra, popular productor de cine porno que alcanzaría la celebridad a nivel mediático a raíz de aparecer durante la década de 2000 en programas de prensa rosa por los motivos menos esperados —donde sus parejas y actrices porno Miriam Sánchez, María Lapiedra o Celia Blanco adquirirían mayor popularidad si cabe— , con anterioridad había sido portero de discoteca y, dicen, ejercía esa profesión mientras estudiaba la carrera de derecho. Al mismo tiempo resultó ser un apasionado del cine que admiraba a Pasolini y a Bergman, y que estudiaba sus películas. Para rematar la excentricidad, resulta, asimismo, que antes de dedicarse al porno era un consumado director de cortos amateur en sus ratos libres.
El caso es que Lapiedra proliferó en la industria siendo uno de los directores de Elephant Channel, la filial de Filmax dedicada al cine pornografico donde rodó un buen número de películas convencionales de ese género, pero donde, según el cineasta, no podía realizarse creativamente. Así, tras una mala racha económica, decide rodar la presente película con la ayuda de su hermano Pablo, una suerte de porno vanguardista con imágenes impactantes protagonizada por gente del porno y llevada a cabo prácticamente sin financiación. Y es que tras los sonados éxitos de público y crítica de films que mezclaban el porno con el cine de autor como puedan ser, por ejemplo, “Romance X” o “Fóllame”, se abría la veda para que la gente del cine guarro hiciera sus pinitos en el convencional, y qué mejor forma que a través de la vanguardia, que es fácil y barata de hacer. Y Lapiedra se apunta a un bombardeo.
De esta forma, se casca un folletín sobre el descenso a los infiernos de dos prostitutas que además tienen bulimia, en una película en la que, por supuesto, habrá una alta dosis de sexo explícito combinado con secuencias impactantes cargadas de simbolismos, como aquella en la que Celia Blanco se masturba con una cría de ratón sin ningún tipo de pudor o aquella en la que lo hace con ¡un huevo cocido! Nada nuevo en realidad, todo esto ya lo habíamos visto en películas de Richard Kern o Nick Zedd, cuando militaban en aquella pantomima a la que llamaron Cinema Of Transgression, solo que estos lo hicieron 20 años antes. Y ya en los 70, se hacía.
Como fuere, “La orina y el relámpago” no es nada del otro mundo. Una cámara de vídeo, un par de crías de ratón que sirven para alimentar a un sapo —como se ve en la película—, diálogos improvisados, toneladas de mal gusto, personajes torturados que esnifan mucha cocaína (o se inyectan heroína), imaginería religiosa y un par de buenas folladas. Luego un montaje más o menos dinámico, todos los filtros posibles para disimular que se ha rodado en vídeo barato y que parezca celuloide, y hasta la inclusión en el corte de una toma falsa —Holly One negándose a esnifar una raya de coca aludiendo que la cámara le está grabando—. En definitiva, plástico. Una película que podría haber hecho cualquiera, una sucesión de clichés puestos ahí uno detrás de otro sin que tan siquiera exista pericia a la hora de sujetar la cámara. Pero el amigo Lapiedra es muy listo y lo hizo bastante bien, por lo que el experimento coló. En consecuencia el MoMA de Nueva York se interesó por la película y tuvo su estreno en salas comerciales. Por si eso fuera poco, José Antonio Romero López de la Universidad Nacional Autónoma de México, le dedica parte de su tesis doctoral: “Portrait of a call girl y La orina y el relámpago: El carácter espectacular y crítico expresivo en el cine pornográfico”.
Por otro lado, si me he acercado a esta película es porque un amigo me comentó que le encantaba a Luis García Berlanga y eso suscitó mi curiosidad. Una vez vista entiendo que le gustase, porque para pajearse a unos les puede funcionar una cosa y a otros otra, y Berlanga se la pelaría cual mono como todo hijo de vecino, máxime, cuando él mismo reconocía que era un salidillo. Además puedo entender que le gustara por motivos estéticos.
Al respecto, Berlanga le comentaba al bueno de Ramiro Lapiedra que su película podía ser más de culto que “Arrebato” de Zulueta, pero que como esta estaba dirigida por un macarra proveniente del porno, no le darían nunca el crédito necesario. Yo difiero con eso, pienso precisamente lo contrario. Si esta película proviniera de un estudiante de cine o alguien ajeno a la industria en cualquiera de sus manifestaciones, habría dado lo mismo —¿Cuántas películas amateur existen exactamente igual que esta, ya sean mejores, o peores? Millares, pero no salen del nicho al que pertenecen—. Sin embargo, al ser una pieza dirigida por un director porno de pasado mediático, fama de garrulo y que encima muestra ciertas ínfulas artísticas, pues llama la atención en general. Eso es más impactante que ver a Celia Blanco masturbándose con ratoncillos o a uno de los actores inyectándose heroína. Y la película obtuvo sus 15 minutos de fama, quizás, entre un público elitista y poco acostumbrado a experimentos, sean estos pornográficos o no. Para el resto de los mortales, nada. Yo de hecho ni la conocía.
Con todo sólo dura una hora y se deja ver sin mayores estridencias, por supuesto sirve para hacerse no una, sino varias pajas y no deja de ser interesante su mera existencia. Curiosa al menos. Así que, sí, conservaré mi copia en un disco duro.
En el reparto, haciendo lo que pueden que no es poco, Lapiedra cuenta con la plana mayor del porno español de la década de 2000, por lo que desfilan, actuando además de follando, los anteriormente mentados Celia Blanco y Holly One (el enanito del porno catalán), y Ángela Peña (probablemente la señora más guapa y morbosa del porno español), Silvie Lacome, Andrea Morante, Paco Roca y el propio Ramiro Lapiedra.
Por lo demás, Lapiedra intentó obtener otros 15 minutos de fama no-porno con una especie de secuela titulada “Aberración” con la que no consiguió distribución alguna, y también se habla mucho de una cinta de terror rodada en 2015 titulada “Berenice, préstame tu sangre” que se proyectó en el festival de Sitges, esta vez sin escenas porno en su contenido y que probablemente acabe viendo algún día.
Vean “La orina y el relámpago” que, por muy mediocre que sea al final este experimento, saciará su curiosidad.

miércoles, 4 de abril de 2018

LOS FOTOCROMOS DE "MOROS Y CRISTIANOS"

La única película de Luis García Berlanga en la que intervino Andrés Pajares. Interpreta a un retrasado mental con una enorme verga.
Por lo demás, los planos secuencia, y los elencos corales propios de Berlanga.
Aquí tienen los fotocromos de "Moros y Cristianos".












martes, 24 de marzo de 2026

LOS NEGROS TAMBIÉN COMEN

Aparte del exótico título español, la principal característica de esta película de Marco Ferreri de 1988, es que se trata de su reencuentro con Rafael Azcona al guion desde que colaborasen juntos por última vez diez años antes en "Adiós al macho". Y otra cosa que me llama la atención es que, aun siendo un Ferreri, la crítica sentenció que "Los negros también comen" es una muestra de «las discretas virtudes y visibles limitaciones del cine de su autor». Vamos, que lejos queda el Ferreri de "El Pisito" pasando a ser un negado. Curioso.
Lo cierto es que, si el cine de Ferreri en los 80 era más bien tirando a malo, esta película se lleva la palma. Es mala, mala a rabiar. Además, tiene un pestazo "Berlanguiano" que tira de espaldas. Es como si tratara de imitar los trabajos de Luis García Berlanga de la época, con muchos personajes en cuadro interactuando a la vez y de forma atropellada, pero mal hecho, deslavazado, sin el virtuosismo del director valenciano. Claro que eso puede ser solamente porque tenemos a Azcona en la escritura, acostumbrado como estaba a hacer guiones para Berlanga. 
Un desastre.
Cuenta la extraña historia de un grupo de europeos en misión humanitaria por África, que en una travesía por el desierto repartiendo productos alimentarios a los más desfavorecidos, obtienen unas reacciones con las que no contaban por parte de los negros, amén de que todo acaba saliéndoles como el mismo culo. Cuando una pareja de la expedición se queda sin gasolina en medio del desierto a la espera de que sus compañeros vengan a rescatarles, llegará a su campamento una tribu. Ese encuentro tendrá inesperadas consecuencias, que no cuento porque spolearía el único evento interesante de la película.
Como era de esperar, “Los negros también comen” fue un enorme fracaso de crítica y público, que tras su paso por los cines tuvo una discreta vida doméstica editada por la curiosa "Weekend Video".
"Los negros también comen" es una co-producción hispano-franco-italiana, por lo que el reparto está lleno de caras conocidas del cine europeo, a saber: Juan Diego y Pedro Reyes por parte de España, Maruschka Detmers (vista en "Los Reyes del Mambo") por parte de Holanda, Michel Piccoli desde Francia o Michele Placido por parte de Italia. 
Posteriormente a esto Ferreri continuaría su carrera, ya de manera irregular.

viernes, 6 de noviembre de 2020

A LA LEGIÓN LE GUSTAN LAS MUJERES... (...Y A LAS MUJERES LES GUSTA LA LEGIÓN)

Rafael Gil, director de marcada —y orgullosa— trayectoria franquista, conocido sobre todo por adaptar con éxito a la gran pantalla las novelas de Vizcaíno Casas (“…Y al tercer día resucitó” o “Hijos de papá”), hace su aporte a la comedia española de toda la vida con desiguales y mediocres resultados. Se trata de “A la Legión le gustan las mujeres... (…Y a las mujeres les gusta La Legión)”.
Cuenta la historia de un grupo de legionarios que, en plena guerra civil, tienen que ir a rescatar a la novia del Alférez. Esta ha caído en zona roja, por lo que deberán infiltrarse y, mientras cumplen con su gloriosa hazaña, se desarrollarán las más variopintas situaciones, con la prostitución y la juerga como telón de fondo. Un poco de todo esto, quizás inintencionadamente, tomaría prestado Luis García Berlanga para “La Vaquilla”, con la que guarda sutiles similitudes.
Verdaderamente, la película es una puta mierda. Pese a vendernos una propuesta picantona, su humor acaba tornándose blanco, siendo el único elemento verdaderamente cómico la relación que mantiene el personaje interpretado por Ricardo Palacios y una cría de oso común, que ataviada con gorrito de legionario, habla en off soltando socarronas puyitas a su amigo militar y a los que le acompañan. Intuyo que este elemento cómico, además, no fue premeditado, sino ideado e incluido en la sala de montaje, espontáneamente e in situ, como ya era menester en la época. Erotismo soterrado pre-destape (recuerden que Franco daba sus últimos coletazos) y anacronismos criminales, completan el pack. Pero no deja de ser curiosa la historia que hay detrás: Rodada en 1975 pero retrasado su estreno por problemas de distribución, la película no conoció vida comercial hasta ya bien pasados los primeros meses de 1976 y la muerte de Franco, por lo que fue recibida de manera bastante fría por parte del respetable; no era muy adecuada, a comienzos de la transición, una película con mensaje claramente fascista. Su estreno en salas fue accidentado: En Barcelona, y en clara protesta hacia un título con reminiscencias machistas, grupos feministas arrojaron cubos de pintura a la fachada del cine dónde se estrenó. A eso hay que añadirle los altercados que sufrieron las inmediaciones de la misma sala, días más tarde, cuando la CNT decoró el cine a base de pintadas con tan mala suerte que se personaron en el lugar los grises, gasearon la zona, y acabó aquello como el rosario de la aurora. El cine la retiró de cartel para proyectar cualquier película americana y evitar así los altercados. Aun así, resultó ser un éxito de taquilla reuniendo a casi un millón de espectadores durante su periplo.
En el reparto tenemos nombres secundarios del cine español como puedan ser Luis Varela, Paco Cecilio, Manolo Codeso y un largo etcétera, que si bien ninguno destaca más que otro al ser esta una película coral, también es cierto que todo el reparto está más que correcto.
Como anécdota, comentar que en su edición videográfica en los años ochenta, y como ocurría con muchas de estas películas de los sesenta o setenta a la hora de editarlas, “A la legión le gustan las mujeres (…y a las mujeres les gusta la legión)” sufrió una metamorfosis en la caratula de la cinta de alquiler: Estando en boga por aquellos días las películas de Mariano Ozores interpretadas por Andrés Pajares y Fernando Esteso y co-protagonizadas por Antonio Ozores y Juanito Navarro, esta aprovecha un dibujo contemporáneo de cualquier otra película con Juanito Navarro, para colárnoslo en la misma como protagonista absoluto junto a Codeso. En realidad la aparición de Navarro en la misma se reduce a una escena de menos de un minuto, pero en aquellos años, sin duda, vendía mucho más la presencia de Juanito Navarro que la de cualquiera de los verdaderos protagonistas, así que, sin escrúpulo alguno, se convirtió a Juanito en protagonista. Entrañables los años del videoclub español que engañaba al público con total descaro y sin consecuencias al respecto.
Por lo demás, bueno, una españolada dentro de un saco.

lunes, 16 de noviembre de 2015

MI GRAN NOCHE

Tan escaldado salí de ver “Las brujas de Zugarramurdi”- junto con “Balada triste de trompeta” dos de las peores películas, no ya de la carrera del director Bilbaíno, sino de la historia del cine, y quien diga lo contrario lo dice por lameculismo o por confundir la velocidad con el repugnante tocino-  que a pesar de que me agradaba la idea de visionar una película que significara la vuelta al cine de Raphael, me tiraba para atrás que se tratara de una nueva película de Álex dela Iglesia. Pero aproveché que se producía “La fiesta del cine” para verla. Por 2, 90, si no me gustaba, siempre podía abandonar la sala dedicándole una morcilla a la pantalla (como hiciera en su momento Aratz con “Los Ángeles de Charlie”). Y al final me ha gustado la película lo suficiente como para verla y luego, sin más, irme a mi casa a hacerme una pajilla rutinaria. Lo que demuestra lo terriblemente irregular que es Álex de la Iglesia. Porque  de la Iglesia tiene muchos mamporreros y a poco que haga ya van a ascender a los cielos su trabajo, cuando en realidad hace unas mierdas estratosféricas. Pero de entre esas mierdas terribles, de vez en cuando hace alguna película que al menos está entretenida; en los últimos 10 años,  solo “La chispa de la vida” y esta me parecen medio potables; el resto y lo pongo con mayúsculas PUTA MIERDA, señores míos. Pero centrémonos en la que nos ocupa, que está simpática ¡qué carajo! Siendo totalmente justo y objetivo, ya que De la Iglesia es un director que me cae medio gordo, y siempre deseo que sus películas me repugnen.
También es cierto que el cineasta ha sabido crearse un sello identificatívo y un universo propio; teniendo esto en cuenta, Álex nos propone una comedia coral, un émulo del cine de Luis García Berlanga versión destroyer, con unas sutiles pinceladitas a lo Almodóvar , en la que introduce todos los elementos cañís y toda la violencia que haga falta para cubrirse las espaldas ante los dos nutridos grupos de fans con los que el director cuenta; por un lado, los descerebrados fans del gore consecuencia del boom de los 90 y que se engancharon al rollito de la Iglesia con “El día de la Bestia”, y los matrimonios de entre 50 y 70 años que se engancharon a su cine con “La Comunidad”. Para más inri, también tiene algo  de “Muertos de Risa”, para enganchar a esos pocos que nos gusta esa película. Entonces, con todos esos ingredientes, nos cuenta la historia de varias personas, personal de figuración, presentadores y técnicos, que se encuentran encerrados en un set de televisión grabando el especial noche vieja 2016, mientras que en el exterior hay una serie de violentos disturbios consecuencia de una –no nos queda claro del todo- huelga. Entre todos ellos, además está infiltrado un fan de la estrella mundial Alphonso (Raphael, claro) cuya misión es matarlo durante la actuación de este en la gala.
Bien, pues me parece un proyecto muy difícil de rodar y coordinar del que ha salido airoso, dándole un ritmo endiablado a un producto que corre el peligro de aburrir (ya saben, un grupo de gente encerrado en un lugar) que entretiene todo el raro que tiene momentos antológicos, que además, en ningún momento deja de ser un película de Álex de la Iglesia. Y luego tiene a esa enorme baza que es Raphael,  cuya presencia se antoja lo mejor de la película, tan solo porque es Raphael  autoparodiandose. La gracia está en que se nos presenta como un ser despiadado y megalomaniaco que no duda en hacerle la vida imposible a su hijo, que trabaja para él, no vaya a ser que “trepe y trepe hasta desbancar a su padre, como hizo Enrique Iglesias”, se atreve a decir en la película. La entrada en escena de Raphael  en el film, que nos lo presenta como una especie del Darth Vader del mundo de la canción, es poco menos que memorable.
Así que en definitiva la película está muy bien, entretenida y simpática con momentos verdaderamente hilarantes.
Pero en la parte negativa, que dirían en el “Un, Dos, Tres… responda otra vez” que tanto inspira a este director – ¿Qué pensaban? ¿Qué se iba a ir de rositas?-, me parece de muy poca vergüenza hacer una película que no deja de ser una crítica mordaz al mundo de la televisión, mostrándonoslo como un universo corrupto y desperado (¡Ja! Como si el del cine español no lo fuera…) y hacerlo contratando a la plana mayor de actores de teleseries de éxito (solo falta Paco León para que esté ahí todo “Aída”) que trabajan para productoras, esnifan con sus jefes y pisan al compi (Edu García dixit entre lineas) similares al “Media Frost” (en alusión a “Media Pro”) que despedaza en su película.
Pero ciñéndonos a lo estrictamente artístico, me da más vergüenza todavía, que en su reparto, habiendo actores más o menos solventes, a la gran mayoría de los que intervienen en “Mi gran noche”, no se les entienda ni una sola palabra de sus diálogos compartiendo plano con otros que, como Pepón Nieto –que aquí está estupendo- , merecen una mayor suerte.
 Y ya para terminar, decir que le edición de audio, en lo referente a las escenas de diálogo de Raphael –intuyo que como buen divo, no se aprendió los textos más largos y rodaban a cachos sus frases- es tan cutre, tan cutre, tan cutre, que siendo una producción profesional de más o menos gran presupuesto, el que se noten los corte de audio a cada cambio de plano del divo, nos lleva a comparar esta obra con la más feróz producción amateur, en lo que a estas escenas se refiere.
Ahora bien, ver a Raphael interpretan “Escandalo” en pantalla grande, es toda una gozada, por mucho que odies a Raphael o no comulgues con su música.
Pero Veeenga … está entretenida, simpática y se deja ver. Para ir a ver en familia estas navidades (si aguanta en cartel) ideal.

lunes, 21 de febrero de 2022

UN PASOTA CON CORBATA

Los mayores de 40 años con mejor memoria, recordarán que a principios de los años 80, y durante bastante tiempo, la marca Schweppes bombardeó la televisión con una agresiva campaña publicitaria con el fin de promocionar su famosa agua tónica. Así, comenzaron a producir una serie de spots publicitarios en los que un individuo con gafas de concha ofrecía tónica a sus interceptores en situaciones de toda índole, situaciones que cada vez se volvían más descabelladas cuanto más popular se iba haciendo el spot publicitario. En estos anuncios, el de las gafas podía ofrecer tónica a la gente en la piscina, en un globo aerostatito, en una discoteca o en un pueblo de la España profunda. Fue tal el bombardeo, que no solo la tónica de esta marca se volvió terriblemente popular, sino que el protagonista de estos spots se convirtió en una celebridad a la que el público bautizó con el sobrenombre de “El hombre de la tónica”.  Este caballero era un actor francés acostumbrado a interpretar papeles secundarios en toda suerte de films franceses llamado Bernard Le Coq, que más allá de la popularidad obtenida en nuestro país en los 80 por aquellos anuncios, continuó su carrera actoral hasta nuestros días, llegando incluso a ganar en 2003 el premio César al mejor actor de reparto por su intervención en la película “Acordarse de las cosas bellas”.
Como fuere, tenemos también en 1982 a un cineasta al cual hoy parece que se le ha tragado la tierra, Jesús Terrón, que con su productora Arte 7 produce y dirige lo que a priori parece un éxito seguro: Una película para lucimiento de “El hombre de la tónica”, esta “Un pasota con corbata”. La película pasó en su momento por nuestros cines de manera discreta con casi 250.000 espectadores de la época. Probablemente se estimaba un éxito mayor para este proyecto, y al no obtenerlo, aunque después la película tuvo vida comercial en vídeo de alquiler en una edición de IVS, “Un pasota con corbata” cayó en el más profundo de los olvidos.
Se trata de una película de lo más extraña, una comedia que en principio se pretende sofisticada y que gira en torno al periodismo, con más visos de querer adscribirse a la nueva comedia madrileña o al cine de la tercera vía que a la comedia popular española, pero que al final acaba siendo una especie de híbrido entre todas estas tendencias. El resultado es una cosa marciana, con un guion tan mal llevado a la pantalla que en lugar de contarnos una historia lineal parece que estemos viendo una película de sketchs.
Le Coq interpreta —doblado por el mismo actor que le doblaba en los spots televisivos— a un periodista que, por un lado intenta llevar a cabo su profesión con dignidad, encontrándose siempre con dificultades que le impiden publicar sus reportajes como a él le gustaría, y por otro, soltero empedernido como es, se relaciona con toda suerte de mujeres, siendo seducido por una lolita de 17 años, aspirante a periodista, interpretada por una novatilla Emma Suarez que, asimismo, también era menor de edad. Bajo estas dos premisas, se va desarrollando el argumento sin que haya en realidad una línea argumental clara.
Lo más curioso de todo es que tenemos, en papeles secundarios, a toda una ristra de personalidades del periodismo de la época que aparecen en la cinta en calidad de colaboración especial, así, tenemos a Joaquín Arozamena interpretando a un atracador de bancos, a Jesús Hermida haciendo de sí mismo, a Isabel Tenaille interpretándose también a sí misma, y luego, en otros papeles, a Luis García Berlanga como hombre aburguesado que juega al golf con nuestro protagonista o a Micky (de Micky y Los Tonys) como productor de cine “S” que desprecia un guion ofrecido por el personaje de Le Coq . A esa nómina hay que sumarle las apariciones del popular Doctor Cabeza y del mismísimo Sam Peckinpah, que aunque aparecen acreditados dentro del reparto, sus apariciones forman parte de los reportajes rodados por el protagonista, por lo que es muy difícil adivinar si el material empleado en sus apariciones forma parte de algún tipo de archivo, o si está rodado ex profeso para la película. Mi sensación es que es material insertado. Completarían el reparto actores y actrices nuestros de toda la vida como puedan ser Manuel Alexandre, Ricardo Palacios o Nadine Rochex, una actriz exageradamente tetuda y habitual de las películas de Pajares y Esteso.
No puedo decir que sea una mierda, puesto que algo de oficio hay en ella, pero sí que se trata de una película que, una vez saciada la curiosidad que sin duda suscita por su condición de rareza, deja a uno frío. Básicamente no ocurre nada, es solo una colección de escenas montadas sin demasiada coherencia entre ellas.
Bernard Le Coq con los años volvió a intervenir en nuestro cine y, en la película “GAL” de 2006, que indagaba en las pesquisas del grupo antiterrorista, Le Coq interpreta a una especie de sosias de Felipe González. También se le pudo ver en producciones de prestigio como “Caché” de Michael Haneke.
En cuanto al máximo responsable de "Un pasota con corbata", Jesús Terrón, poco más se sabe. Investigando un ratillo, he dado con su canal de Youtube que lleva por nombre “Círculo Cinematográfico Sam Peckinpah” y en el que sube extractos de cortometrajes o entrevistas que realiza el propio Terrón a distintas personalidades, por lo que parece estar vivo y coleando, pero por lo demás, en IMDB, la única película que se le adjudica como director es la presente.

viernes, 20 de noviembre de 2020

07 CON EL 2 DELANTE (AGENTE JAIME BONET)

La de los sesenta tal vez sea la década de mayor esplendor de la españolada,  los años en que esta era un seguro de vida en taquilla y los años en los que una comedia española de fácil digestión era lo que el público demandaba. Y por allí andaba el productor Ignacio F. Iquino tomando buena nota e ingeniándoselas para  con el mínimo de dinero invertido en una producción, conseguir el máximo rendimiento económico en la taquilla. Sin embargo,
Iquino sabía en qué destinar el dinero de sus producciones, y si bien es cierto que en algunas de sus películas no era necesaria una gran factura, para otras como la que nos ocupa, “07 con el 2 delante (Agente Jaime Bonet)”, era imprescindible que, si no lo era, pareciera una película de alto copete.
Así que desde su flamante empresa, Ifisa, Iquino produce y se pone detrás de las cámaras para dirigir una película que, usando como principal reclamo a Cassen (humorista español de la época que tan buenos resultados había obtenido en el cine con la obra maestra de Luis García Berlanga “Plácido” y que luego haría protagónicos en  toda suerte de films menores, desmadrados y quizás desprovistos –según se mire- de calidad), parecía concebida para el éxito. No es para menos, una película para lucimiento de Cassen que parodia el género de espías y más concretamente las películas de James Bond, tan de moda en los años sesenta, no podía salir mal. De hecho, dos millones de españoles se desplazaron a los cines a ver el invento.
Por otro lado, la parodia empieza, no solo en el argumento, sino que da señales de vida desde el mismo título, así, juguetea con el número del súper espía; si James Bond es el agente 007, Cassen sería nada menos que el 07; si el espía Inglés es el Agente James Bond, Cassen, Catalán de nacimiento, sería el Agente Jaime Bonet, y, para acabar de rematar el gag, el 07 llevaría el 2 delante en referencia a los prefijos telefónicos de Madrid en los años sesenta. Con lo que el título en si ya mete, gratis, tres chistes.
Iquino tenía mucho olfato para hacer dinero, de hecho a este tipo de películas producidas bajo su sello se las conocía como “Iquinadas” y “07 con el 2 delante (Agente Jaime Bonet)” lo sería a todos los efectos y con todos los lujos. Pero luego, si buceamos en la profundidad de la película, veremos que es un producto de lo más mediocre en el que no hay ni un solo momento de valor cómico o cinematográfico más allá de contemplar a Cassen en todo su esplendor —que incluso se marca un numerito cómico sobre el escenario como los que solía interpretar en teatro— que al fin de al cabo era lo que el público de esta película quería ver. Y en ese sentido, con un protagonista que entre payasadas, malentendidos y una gran capacidad para la actuación de tipo facial, la película cumple con su cometido. A fin de cuentas esta posee el suficiente número de gracietas, chistes y actuaciones musicales para que, aún siendo testigos del cutrerío y dejadez propias de la factoría Iquino, la película se deje ver, ya que no tiene mayor pretensión —a parte de la de conseguir pasta, gansa y rápida— que la de hacer pasar un ratillo simpático al espectador.
La película cuenta la historia de una agencia de espías que hartos sus responsables de que sus agentes caigan en misión debido a que los malos los reconocen por su aspecto de espía —esto es estilizados, altos y guapos— deciden ejecutar un plan B en la búsqueda de un balón de fútbol que oculta en su interior un importante microfilm; usar un agente, feo, bajito y con cara de tonto que pase inadvertido durante su misión. Al no haber agentes con similares características, embaucan al camarero de la agencia, Cassen, para llevar  la misión a buen puerto.
Muy regular, pero entrañable en cualquier caso.
Junto a Cassen, en el reparto tenemos a una pizpireta Encarnita Polo, que se marca dos canciones que, en forma de single y como soundtrack de la película, vendería un buen número de unidades.
Como la película, a pesar de lo pomposo de su fotografía y el buen hacer del equipo técnico es de bajo presupuesto, aunque plagada de buenos actores, no cuentan con más estrellas en el reparto que Cassen y la Polo. En ese sentido está huérfana.
Curiosa sin embargo, para pasar la sobremesa del domingo, cincuenta años después de su estreno en cines, todavía sirve.

lunes, 30 de noviembre de 2015

INTERVIEW: DANIEL F. AMSELEM

Un buen día me dio por ver una película española cuyo elenco formaba parte de la plana mayor del programa “Crónicas Marcianas”. Y me gustó… Huelga decir que de primeras, siento debilidad por este tipo de producto, este cine español comercial tan al margen del cine español comercial. Y ciertamente, la película me pareció muy curiosa, lo suficiente como para revisarla años después y dedicarle una entrada en este mismo blog. Está película era “Operación Gónada” (pincha sobre el título para saber más) que por algún extraño motivo, en la actualidad, no goza de vida videográfica de ningún tipo y navega por el limbo de las películas “raras”, “malditas” o como diablos queramos llamarlas. Por otro lado, el director, que demostró oficio con la película sin lugar a dudas, no volvió a estrenar largometraje alguno…
Así que con este montón de dudas acerca de “Operación Gónada” y sus entresijos, me puse en contacto con su director, Daniel F. Amselem, que muy amablemente contestó a todas mis preguntas y nos cedió fotografías exclusivas del rodaje de “Operación Gónada” para que ustedes puedan disfrutar de ellas aquí.
Sin más, les dejo con la entrevista.


Muy buenas Daniel. Según tu ficha en IMDB “Operación Gónada” es tu único largometraje pero veo que también has rodado dos cortos, “El Buga y la Tortuga” y “Chat Noir”. Por lo demás, tu nombre es desconocido a pesar de haber rodado un largometraje comercial estrenado en salas. Así pues ¿Quién Es Daniel F. Amselem y de donde sale?

Daniel F. Amselem es un comunicador audiovisual con más de 20 años de experiencia que nació en Madrid, estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense (junto con Iciar Bollaín y Santiago Segura) e inició carrera como ilustrador y director de cortometrajes a principios de los noventa. En mis primeros años compaginé la ilustración y el diseño gráfico profesionalmente con la escritura y realización de cortometrajes en Madrid. Me estrené cinematográficamente en 1993 con la productora Dexiderius y el cortomotraje “Jam Session”, película que se exhibió en el MoMA de Nueva York como muestra del nuevo cine Español. Luego vino “El Buga y la Tortuga” (1995) con Loquillo, en su primer papel para el cine, y posteriormente comencé mi trabajo como guionista de largometrajes en Barcelona, dónde me trasladé a vivir. Allí co-escribí el proyecto de “Operación Gónada” con una ayuda del Ministerio de Cultura para su desarrollo, lo que me permitió darme a conocer y que una productora de Madrid, Blue Legend, se interesara en la producción del proyecto.

En “Operación Gónada” aparecen muchos actores que por aquél entonces pertenecían al elenco habitual del programa “Crónicas Marcianas”. ¿Hasta que punto tenía que ver la película con el programa? ¿Cuál es el nivel de implicación del programa en la misma?
Mariano Mariano, a pesar de tener un gran carisma y derrochar simpatía en la pequeña pantalla, resultó un pésimo actor para el cine. ¿Cómo fue el proceso de selección del humorista? ¿Por qué el papel principal?

El proceso de preproducción de la película empezó dos años antes de su estreno. Por aquel entonces, ni Daniela Cardone ni Xavier Deltell eran conocidos ni trabajaban en el programa televisivo de Javier Sardá. Al humorista de Lérida lo descubrí en un programa de TV3. Su casi anonimato y su aire “autista” se acercaba mucho al Franco que quería para mi película. Con la modelo argentina, fue la casualidad. La descubrí viendo un programa del corazón en verano y pensé que era perfecta para el papel ya que representaba la viva imagen de los dibujos y diseños que había elaborado para su personaje. Ella había venido por primera vez a España acompañando a su pareja de entonces, Guillermo Furiase. Todos ellos, tras la experiencia del rodaje y la incorporación de Mariano Mariano al elenco, terminaron colaborando en “Crónicas Marcianas” antes de que la película estuviese terminada. La única implicación del programa con la película fue dedicarnos unos minutos los días previos a su estreno. Un pequeño “favor” que nos hacían para promocionar la cinta. Sobre la elección de Mariano Mariano, fue una imposición del productor y el distribuidor de la película (Columbia TriStar España). Yo había solicitado a un, por entonces, actor en ciernes llamado Javier Cámara y a otro cómico llamado Carlos Iglesias. Para el productor, la elección de Mariano Mariano era su aportación y su gran idea. Con Xavier Deltell y Daniela Cardone pude trabajar y ensayar sus personajes, con Mariano Mariano fue imposible.

 ¿Es cierto que para darle vidilla a su personaje, la voz en off que acompaña al personaje se decidió incluirla durante el montaje?
Si es cierto. El personaje de Mariano Mariano (en el guion) era el personaje más normal de todos que llegaba a un mundo muy loco, absurdo y surrealista. Su actuación debía ser lo más equilibrada posible pero esto, no se pudo conseguir. Mariano Mariano no era un actor y sus líneas quedaron muy planas. Tanto es así, que el humorista llegó a sentirse bloqueado, en algunas tomas, por ser muy diferente a la televisión. Luego, en la postproducción, realizando unos “retakes” de sus diálogos, surgió la idea de colocar una serie de “morcillas” a lo largo de la película. Una idea del productor y de Mariano Mariano que fue secundada por el distribuidor que, de alguna manera, obligó a que esto se hiciera. A mi parecer, la voz en off sobraba claramente a pesar de la plana actuación final de Mariano Mariano.



Hoy por hoy soy fan de “Operación Gónada”. La primera vez que la vi fue al calor del hogar, en VHS cuando todavía se podían alquilar películas en el vídeo club. Y la vi por morbo, leí en la prensa seria que se trataba de una película espantosa. Sin ir mas lejos, la crítica más abrasiva que leí se reducía a una sola palabra; decía “Vergonzosa” y lo cierto es que una vez vista, no me pareció una obra maestra pero si me pareció una comedia muy sólida, con buenos gags, original y con mucha inventiva e infinitamente mejor que la mayoría de películas españolas de aquél año. La única pega reside en algunos de los miembros del casting que tampoco dificultarían el disfrute de la película. Siempre pensé que una mano negra se posaba sobre la misma, ya que las críticas me parecían poco justas y exageradas ¿Qué hay de cierto en esto? ¿A que crees que se debe ese asesinato a tu película y, por ende, a su vida comercial?

La película, lejos de ser un trabajo realizado en dos días (como algunos dijeron), fue un proyecto muy currado desde su concepción inicial hasta su montaje final. Eso, quieras o no, se percibe en la película. Sobre esto quisiera decir que Javier Sardá dijo al ver la película que “estaba demasiado bien hecha” y Boris Izaguirre comentó que le recordaba (a su manera) a unos Monty Python hispánicos. Sobre la sangría a la película quiero pensar que vino porque un total desconocido se había atrevido a tratar un tema muy delicado de una manera “muy irreverente” (según ellos) y lo había hecho sin padrino alguno y consiguiendo todos los recursos posibles para llevarlo a cabo. Para los de derechas parecía que me metía con la figura de Franco mientras que para los de izquierdas hacía coña sobre un tema que había hecho sufrir a mucha gente. Creo que para todos ellos, los de un lado y otro, les faltaba claramente distancia y, sobre todo, saber reírse de uno mismo.

La película fracasó comercialmente, de acuerdo, ni más ni menos que otras películas españolas. ¿Por qué crees que otros directores que fracasan con su opera prima siguen haciendo sus películas y tú eres un completo desconocido?

Porque tienen un productor que les acompaña a lo largo del camino. El cine es de los productores y no de los autores. Para poder triunfar o iniciar un camino medianamente firme, has de ir de la mano de uno de ellos y hacer (casi siempre) lo que ellos opinan. Yo, tras la experiencia, quise seguir fiel a mis principios e intentar hacer lo que creía hasta el final y esto me ha llevado, casi siempre, a encontrarme  con “la puerta de la oportunidad” cerrada a cal y canto.

He leído por ahí que los efectos infográficos, totalmente novedosos en su momento, costaron 500 millones de pesetas. ¿Qué hay de cierto en todo eso?
Pues como todo, marqueting para inflar más el presupuesto de la cinta y alcanzar los mínimos para conseguir la subvención pertinente. La película costo bastante menos de lo que se dice pero se destino mucho esfuerzo y creatividad en plantear y diseñar todo aquel mundo visual e infográfico que luego realizamos en muy poco tiempo y a muy bajo coste.



¿Por qué la película no cuenta con una edición en DVD?

Creo que por dos motivos básicamente. Uno, porque la productora desapareció y es posible que dejara algún pufo económico con el que responderían las películas como único aval y segundo, porque es una obra muy difícil de ubicar en el típico cine español. Sobre el punto uno quisiera remarcar que ninguna de las películas de la productora se distribuyeron nunca en DVD, lo que me hace pensar que su comercialización va más allá de su “denostada” calidad cinematográfica.

¿Cuál es tu opinión sincera sobre tu película?

Que se trata de una obra fallida con un gran potencial detrás. En este proyecto hubo dos visiones muy diferentes que chocaron entre si y que causaron un producto intermedio que no satisfizo finalmente a ninguna de las partes. Yo buscaba una mezcla entre Lubitsch y Berlanga tocado con un poco de los cartoons de Warner Bros. y el productor quería un nuevo “Torrente, El brazo tonto de la ley” mezclado con “Aterriza como puedas”. El resultado: una española televisiva demasiado bien hecha en un contexto histórico no correspondido.

¿Tienes buenos momentos del rodaje en tu memoria o alguna anécdota destacable?

Si, la verdad es que recuerdo con mucho cariño aquella experiencia. Lo pasamos muy bien y el equipo fue una verdadera maravilla. Aún hoy mantengo amistad y buenas relaciones con alguno de sus miembros, a pesar de no haber vuelto a trabajar con ellos. Anécdotas, varias, aunque remarcaría la del primer día de rodaje. Augurio de lo que sería el proyecto en sí. Iniciamos rodaje un domingo con la secuencia más complicada y numerosa (por actores) de la película, la llegada a la estación y la salida del tren rumbo a Hendaya. Era mi estreno, solo disponía de una jornada para realizar un montón de planos en un lugar donde solo podíamos rodar un día ya que era un museo que debía estar libre al día siguiente. Mientras que toda la figuración comenzaba a maquillarse arrancamos con un plano de grúa donde la máquina de vapor se ponía en marcha y salía rumbo a Hendaya. Yo ejercía del maquinista (mi particular cameo a lo Hitchcock) y el plano arrancaba en la chimenea del tren humeando y sonando. Pero aquel inicio, tras una primera y única toma, se truncó con la caída de la cámara de la grúa y su consiguiente rotura. Nos habíamos quedado sin cámara para filmar y con toda la jornada aún por delante y obligados a rematarla aquel mismo día y con la única luz del sol como principal iluminación general de la estación. Pero lejos de entrar en pánico, me retiré a una esquina y medité como solucionar todo aquello en menos tiempo y de la mejor manera posible. La nueva cámara tardó tres horas en llegar y volvimos al tajo. El resultado fue mejor incluso que lo planteado en origen y la experiencia muy reveladora: El cine profesional es, muchas veces, impredecible y, aunque todo esté muy bien preparado, “Murphy” ronda siempre por ahí.



Hoy por hoy, ¿Daniel F. Amselem vive del cine? ¿Te une algún trabajo al medio actualmente?

Hoy no. Durante años trabajé en producción y dirección de cine y publicidad tanto como jefe de producción como ayudante de dirección. Durante este periodo he querido, además, levantar mis propios proyectos y hacerlo desde mi particular productora pero la falta de solvencia económica, en muchos casos, y la dificultad de no tener un padrino en otros, me han impedido rodar un segundo largometraje. Aunque esta circunstancia no me ha coartado la posibilidad de seguir realizando proyectos tanto en formato de cortometrajes, webseries o piezas breves de animación.
  
¿Tienes algún proyecto cinematográfico a la vista?

No. Lo más cercano es realizar una novela gráfica sobre uno de mis antiguos proyectos cinematográficos (“Dragón de Hierro”) que ya consiguió premios y menciones en su fase de escritura. Pienso que la posibilidad de convertir la visión de mis proyectos a novela gráfica es una buena alternativa para expresarme y compartirlos con el gran público. Es un medio que me permite materializar exactamente mis ideas y no necesita de la maquinaria del cine para realizarse. Además, de gustar, es una manera muy cómoda de ver su potencial como futura película.

Pasemos a hablar un poco sobre ti; ¿Qué tipo de cine le gusta a Daniel F. Amselem? Gustos e influencias.

Mis gustos son muy variados. Siempre me han gustado los realizadores que no “existen” detrás de las cámaras, los grandes narradores, vamos. El Western y las películas bélicas son mi género aunque la comedia de la sonrisa es también una de mis debilidades. Si me preguntas directores que me gustan, te diría que muchos pero para darte unas mínimas referencias, me hubiera gustado hacer películas como las de: Ernst Lubitsch, Luis García Berlanga, David Lean, Howard Hawks y los dibujos de la Warner sin olvidarme, por supuesto, de Clint Easwood.



 ¿Qué opinión te merece la comedia clásica española, la vulgarmente llamada “Españolada”?

Es tan respetable como cualquier otro género. Es algo muy nuestro y que durante mucho tiempo (los 60, 70 y 80) llevó a mucha gente a las salas de cine españolas. Luego, todo se globalizó, y la gran industria americana nos impuso su cine fagocitando todo lo nuestro. Una pena porque esta circunstancia ha impedido crecer y desarrollar bien este género, como si lo ha hecho el cine cómico francés. Muy pocas comedias han conectado o aportado nuevas cosas porque es el género más difícil y el que menos oportunidades tiene. Realizar un buen drama es siempre mucho más fácil y rentable que crear una buena comedia. 

Fuiste durante años Jefe de prensa del festival de cine de comedia de Peñíscola. Háblanos de la experiencia.

No solo fui jefe de prensa, también cree la imagen corporativa del mismo y forme parte del núcleo duro de la dirección. La experiencia fue increíble, creamos un festival cercano, donde se daba a la comedia española su protagonismo (que por aquel entonces no tenía) y la oportunidad de juntar a sus creadores con la gente en un marco incomparable, en el mismísimo “Calabuch”. Luego vino Málaga, con mejores infraestructuras y sponsors y Peñíscola termino por desaparecer. Aunque en aquellos años los “viejos dinosaurios” de nuestro cine revivieron y nacieron muchos de los nuevos realizadores que hoy ya ejercen como profesionales consagrados. Todos, tanto nosotros como ellos, guardamos un imborrable recuerdo de aquellos tiempos.

¿Qué Opinas del Goya de honor que se le concede este año a Mariano Ozores, después de años y años de ninguneo por parte de la academia?

Mira me hace ilusión. Mariano fue uno de los asiduos de Peñiscola y un hombre que ha dado de comer a mucha gente en la industria española. Viene de una familia de cine y toda su vida ha querido contar historias y hacerlas para que la gente ría. Nada más. Sus capacidades nunca fueron la de un excelente realizador técnico pero si la de un guionista ágil, muy creativo (con su mundo) y muy capaz de dirigir a unos actores de manera muy creíble y fluida dentro del marco de sus historias. Ahí es nada. Creo que este homenaje tenía que llegar y me alegro que la academia haya dado el paso.



Esto es todo Daniel. Gracias por tu tiempo y si quieres añadir algo, o decirle algo a los lectores de “Aquí Vale Todo”, este es tu espacio.

Gracias a vosotros por la oportunidad de expresarme en este lugar tan libre y mágico. Animaros a seguir viendo cine, tanto el de antes como el de ahora. Saludos a todos.