jueves, 27 de enero de 2011

LA CASA DE LAS SIETE TUMBAS

Película Argentina de terror con fantasmas de por medio, de esas tomadas tan en serio que pasman, por no decir aburren hasta dormirnos. Se mantiene en la línea de otros productos de la época, aunque españoles, como este, este y este, que igualmente aburridos y contemplativos, al menos tenían algo que los convertía en títulos a tener en cuenta. Este no. Los otros suplían de carencia de medios de forma valiente y osada a base de imaginación y gracia, y sobre todo, evitando parecer productos intelectuales. En "La casa de las siete tumbas" basta con colocar la cámara en algún sitio, y filmar el aburrimiento argentino, para justificar el arte... que no el terror.
Dos tiparracas están 
una casa soltando sandeces que no interesan. Cuando llega el maromo de una de ellas, comienzan a ocurrir cosas inexplicables, fantasmales e incomprensibles (como el mismo argumento), bien dentro de la casa, bien en el bosque de los alrededores. Según un vagabundo que ilustra a unos niños, por la zona donde se mueven los protagonistas hubo un cementerio con siete tumbas de las que se levantaron los muertos para chupar la sangre de los vivos. El resto de la película transcurre a caballo entre el melodrama barato y el cine experimental, mezclado con el terror.
Muy poquitas son las películas en las que acabo usando el avance rápido. Inevitablemente, esta es una de ellas.
En cuanto a efectos especiales anda flojita, así como todo lo demás, pero si he de destacar algo, serán dos cosas; el maravilloso poster, que nos promete algo potable, y el protagonista masculino, el respetado, prestigioso e intelectual Miguel Ángel Solá, que antes de dedicarse a aparecer en películas Españolas trascendentes y quedarse calvo, tenía una buena mata de pelo y participaba en productos abiertamente comerciales y de dudoso gusto.
A todo esto, decir que todavía no he encontrado una producción Argentina de terror que merezca la pena por buena, o por mala... aunque como curiosidad, les diría que le echaran un ojillo a esto.
Dirige un tal Pedro Stocki. Nada que nos interese, ni a mí, ni a ustedes.