sábado, 29 de agosto de 2026

TETSUO: THE IRON MAN

Uno de los fenómenos más celebrados del cine fantástico de los años noventa, salido de Japón y previo a las pelis de disparos y fantasmas que de allá nos llegaron a paladas no mucho después, fue "Tetsuo: The iron man". O, podría decir, "fueron las primeras películas de Shinya Tsukamoto", su máximo creador, porque para cuando cruzaron la frontera en dirección a occidente, lo hicieron en formato "pack". Eran la mentada, su directa secuela e "Hiruko the goblin". Pero vayamos por partes.
La primera vez que leí sobre "Tetsuo" fueron sus supuestas referencias externas aquello que llamó mi atención: se citaba el dinamismo visual de Sam Raimi, el "body horror" de David Cronenberg y los delirios de un nombre entonces muy de moda, casi inevitable, David Lynch. Y ya no solo Lynch, más bien su legendario largometraje de debut, "Cabeza Borradora". "Tetsuo" compartía con esta el blanco y negro crudo y la "extrañez" de todo ello, mientras que, por otro lado, había sido rodada a lo "Posesión Infernal", osea, una panda de amigos con ganas de epatar pillan una cámara de 16mm, unos pocos yenes y, echándole muchas ganas, mucha ilusión y mucho sacrificio, se sacan de la manga un primer largometraje (aunque durando una hora, alcanza tal categoría por los pelos) que rompe esquemas e impacta, repleto de ideas frescas, inventiva y la valentía propia del debutante, sobre todo aquel movido por la pasión. Si eso era algo que ya denotaban los mentados debuts de Lynch y Raimi, en el caso de Shinya Tsukamoto hablamos de Japón... y ya saben que allí las cosas y, sobre todo las películas, funcionan de otra manera.
Como todo film de naturaleza anómala, "Tetsuo" arrastraba la etiqueta de incomprensible, de rara. "Prepárate a no entender nada, pero flipar mucho con el empaque visual". Y así la vimos todos entonces. Sin embargo, si le pones un poco de atención, y la deglutes tantas veces como yo, descubrirás con asombro que SÍ hay una historia tras la amalgama de imágenes, una, además, bastante simple y, desde luego, no tan difícil de pillar. Es la manera de contarla lo que puede llevar uno a la confusión (o la locura), pero sería algo parecido a esto: Un tipo le coge gusto al metal a base de recibir palizas por parte de un vagabundo (¿o es su padre borrachuzo?). Tanto que se agencia el tubo que aquel usa para las agresiones y, tras el correspondiente tajo, se lo introduce a lo bestia en la pierna esperando así lograr una fusión. Al día siguiente lo que se encuentra en su lugar son un puñado de gusanos. Horrorizado, sale despavorido y es atropellado por una pareja de yuppies que decidirán abandonarlo en una cuneta... no sin antes echar un caliqueño por aquello del subidón. Pero el tipo sobrevive y -tal vez gracias a ello, al golpe, el shock- logra unificar carne y acero, otorgándole una serie de poderes que utilizará para vengarse del yuppie y la parienta. Especialmente en el caso de él, al que convertirá en un monstruo de metal cuya finalidad, una vez unido a su creador, consistirá en destruir el mundo.
Todo esto contado... pues lo que les decía, a base de muchísima, pero muchísima locura, gritos, berridos, destellos, sonidos estridentes, risas histéricas, un montaje acelerado, blanco y negro contrastado y chorreando grano, caos, desorden voluntario, atmósfera opresiva, agobiante, sudorosa y claustrofóbica y las escenas de stop-motion más flipantes que he visto en mi vida. Y no por la técnica, porque en ese sentido, y afín al origen casero de "Tetsuo", todo es un pelo crudo y rudimentario... pero funciona, y no poco, le deja a uno boquiabierto, con los ojos como platos, incapaz de desconectar de la pantalla, totalmente absorto ante semejante estallido de genio visual, de creación total llevada al cubo. Shinya Tsukamoto no se contentó en dirigir, además actúa, escribe, filma, monta, se curra los trucajes y seguramente algo más... menos la música. Esta, de voluntaria y efectiva naturaleza semi-industrial, viene firmada por Chu Ishikawa y es absolutamente brillante. Casa a la perfección con una película única, irrepetible y alucinante. Tengo claro cual es mi siguiente objetivo en la vida: comprar el blu-ray. Necesito que forme parte de mi colección.
Siempre he tenido buenas palabras para "Tetsuo", desde la primera vez que la vi en el Festival de Sitges. Luego repetí y, en fin, que sí, que me moló... pero es cierto que no ha sido hasta mi más actual (re)visionado que no me he dado cuenta de lo realmente MUCHÍSIMO que me pone. Proceder sin la "presión" del momento (en este caso, autoimpuesta... tenía que molarme sí o sí) ha sido decisivo.
Lo curioso del asunto es descubrir y confirmar que, en todas partes del mundo, las cosas funcionan igual. Y con "Tetsuo" y Tsukamoto ocurrió lo que con tantos otros cineastas, padres de un éxito inesperado: Seguidamente son fichados por una gran compañía que les ofrecen el oro y el moro para que hagan algo más comercial, pero sale mal, fracasa. Así, en su tercer proyecto, el cineasta opta por dar un paso atrás, regresar a la modestia, y modestia es igual a libertad creativa o, ya directamente, parir una segunda parte del film que le catapultó. En el caso de Tsukamoto, hablamos de "Hiruko the goblin" como su acercamiento al mainstream (no me gustó cuando la vi, pero tengo pendiente una revisión) y de, claro, "Tetsuo 2: The body hammer" que, al llegar a España de la mano de la otra, se benefició en parte y, sí, está un rato bien, es perfectamente consumible... pero anda muy por debajo de la primera parte. La profesionalidad no siempre sienta bien, especialmente a aquellos cuyo desvirgue oficial (no cuentan cortometrajes previos) ha sido creado desde las entrañas, por pura y dura necesidad. En sus siguientes pasos uno siempre echa de menos esa estrella, esa chispa que los hizo especiales una vez. Shinya Tsukamoto, ya reconocido como cineasta, siguió rodando, aunque nunca logró igualar el éxito de "Tetsuo: the iron man". Por ejemplo, tiene "Tokyo Fist", que vendría a ser como aquella pero ambientada en el mundo del boxeo. O, seguramente, su mayor error, "Tesuo 3: The bullet man". Podríamos decir que estamos ante otro caso habitual: en época de vacas flacas, intentar revivir el pasado. El resultado, enfocado para un mercado mucho más occidental (el actor lo es, y no casa nada bien), es brutalmente mediocre, plano, desaborío o, peor, convencional. Uno no puede evitar pensar en su director como "cineasta de UNA sola película". Claro que me faltarían por ver unas pocas más, así que de momento me callo cual puta y el tiempo dirá.
No puedo chapar sin recordar la ocasión en la que, visitando el Salón del Cómic de Barcelona (año 1993), descubrí el "stand" de la distribuidora española de los dos "Tetsuo", "Oro Films" -futura "Manga Films"-, donde lucían los posters de las interfectas. Me aproximé para pillármelos, cuando me dijeron que, si volvía en unos minutos, Tsukamoto andaría por allá y podría dedicarme una bonita estampa. Dicho y hecho. El Japonesito dibujó un simpático garabato, se hizo la foto de rigor conmigo y, lo más llamativo, seguidamente me pidió que le echara yo una a él junto al "stand" empapelado con carteles de sus dos películas. Un tipo agradable y un recuerdo bonito. Dejo la respectiva galería a continuación (sí, ese era yo en 1993... lo lamento) y remato con la instantánea que saqué en el Festival de Sitges durante la presentación de "Tetsuo 2" (era demasiado tímido para aproximarme al escenario, está hecha desde mi lejana butaca... ¡es lo que hay!).