Un asesino recorre las carreteras de Estados Unidos dejando decenas de cadáveres a su paso. No es uno cualquiera, gasta unas maneras altamente despiadadas y brutales, adora a Satanás y escucha black metal, está mazao, con el cuerpo repleto de tatuajes y lleva una máscara anti-gas muy "cool". Nacido para rellenar "blisters", no lo duden. Es tan tan perfecto en su encarnación malvada, que parece de comic, casi un "cartoon" y, de hecho, su apodo encaja a la perfección: Sádico Satánico en la versión española, Satanic Slasher en la original. Sorprende incluso un elemento tan "pulp" en medio de una peli / trama tan seria... sin embargo, pal caso, nos viene la mar de bien. No molesta. Es uno de los muchos efectismos SALUDABLES, casi liberadores, en una época en la que, se supone, el terror de cierta calidad debe alcanzar cotas más elevadas. En cualquier caso, nada más arrancar la película, Sádico Satánico se carga a un policía de carretera delante de los ojos de su compañera y santa esposa. Naturalmente a la muchacha le queda un trauma de aúpa, así pues decide perseguir al asesino, guste o no a sus superiores, para pararle los pies de una maldita vez. La gracia añadida es que Sádico Satánico no se limita a ir de acá pallá matando peña... tiene un plan, uno tremendo, y que, si funciona, expandirá la destrucción a nivel masivo (en nombre de Satán, of course).
"Psycho Killer", fechada este mismo 2026, es una de esas que te pones pensado que vas a ver morralla, lista para coger el sueño, y nada más darle al "Play" te descolocan el logo de "20th Century Studios" y, sobre todo, el nombre del guionista, Andrew Kevin Walker, quien en los noventa anduvo muy de moda tras firmar el libreto de la excelente y todavía influenciable "Seven" (o "Se7en", según su nivel de "hipsterismo"). Rápidamente se le encasquetó el cine sórdido de asesinos en serie como especialidad, cosa a la que él mismo contribuiría firmando otra de mis favoritas de la década, "Asesinato en 8mm". Luego sí, se alejó un poco de ello a lo largo de los años pero nunca perdiendo capacidad, como bien demuestra su todavía reciente colaboración con David Fincher, la estupenda "El Asesino". No obstante, con "Psycho Killer" (por lo visto originalmente pergeñada en el 2007) Walker retoma las maneras más efectistas y gran guiñolescas de aquella primera etapa, es decir, su especialidad, donde indiscutiblemente se mueve como pez en el agua. E igual que hay "películas de director", "películas de productor" y "películas de actor (léase, estrella)", lo que aquí tenemos claramente es una "película de guionista", porque, la verdad, el resto de la peña implicada poco importa. La dirección recae sobre Gavin Polone, quien debuta con su primer largometraje en esas lides, aunque como productor ha parido títulos de cierta solera, entre ellos "Asesinato en 8mm". La actriz protagonista es Georgina Campbell, a la que vimos en "Barbarian", y, justo, uno de los productores de aquella -y de la más lograda "Weapons"- también mete mano en la reseñada. Incluso el gran Malcom McDowell (otro nombre encasillado en el subgénero de los perturbados) no logra hacer sombra a la labor y presencia de Andrew Kevin Walker, aunque su papel como viejo Satanista un poco poser que, con la excusa, se beneficia a chavalas algo lerdas, tiene indudable gracejo. Se cruzará con Sádico Satánico y no saldrá demasiado bien parado, témome, en uno de los segmentos más regocijantes de una película que concluye de modo intenso y emocionante, dejando la sensación final de estar ante una pequeña y "agradable" sorpresa.
No cambiará el panorama del cine de terror, nadie exagerará sus virtudes online, ni seguramente la recordarán dentro de cinco años... pero como entretenimiento solvente y bien parido, funciona. Ya lo creo.
sábado, 18 de julio de 2026
jueves, 16 de julio de 2026
ESTRENOS MAYO DEL 85
"El noticiero universal" es un periódico cuyo ejemplar del sábado 25 de mayo del sagrado 1985 (año en el que desapareció, tras haber comenzado su andadura nada menos que en 1888), reposaba entre los vetustos archivos de mi familia. Ojeándolo por pura curiosidad, acabé en la sección de estrenos cinematográficos y, como suele ser habitual ya, lo que vi me encantó tanto como para escanearlo y compartirlo acá con ustedes. ¿Qué otro sitio hay mejor?.
Ejerciendo de título estrella localizamos el famoso "Elliot, mi mejor amigo", drama con Henry "el niño de E.T." Thomas y Gene Hackman que, bautizado originalmente como "Misunderstood", fue lanzado de semejante engañoso modo en espera de sacarle algo más de suco al todavía resonante bombazo de Steven Spielberg. Una estrategia muy "exploitation" para un dramón de aspiraciones elevadas (remake de una película europea). La acompañan otras tan curiosas como "Cuando llega la noche" de John Landis (nótese que entre los actores citados no están ni Jeff Goldblum ni Michelle Pfeiffer, sus dos protagonistas), "Justicia Salvaje", el "Acosada" de Sebastián D´Arbó, "Cacería del hombre" de Larry Ludman / Fabrizio De Angelis, "Mis problemas con las mujeres", "Micki y Maude" (doblete para Blake Edwards) y "Razorback, los colmillos del infierno" de Russell Mulcahy, a la que, como película de terror, desprecian sutilmente en los comentarios -lo normal entonces-.
Gran recorte, gran recuerdo (para ampliarlo denle a la tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón).
Ejerciendo de título estrella localizamos el famoso "Elliot, mi mejor amigo", drama con Henry "el niño de E.T." Thomas y Gene Hackman que, bautizado originalmente como "Misunderstood", fue lanzado de semejante engañoso modo en espera de sacarle algo más de suco al todavía resonante bombazo de Steven Spielberg. Una estrategia muy "exploitation" para un dramón de aspiraciones elevadas (remake de una película europea). La acompañan otras tan curiosas como "Cuando llega la noche" de John Landis (nótese que entre los actores citados no están ni Jeff Goldblum ni Michelle Pfeiffer, sus dos protagonistas), "Justicia Salvaje", el "Acosada" de Sebastián D´Arbó, "Cacería del hombre" de Larry Ludman / Fabrizio De Angelis, "Mis problemas con las mujeres", "Micki y Maude" (doblete para Blake Edwards) y "Razorback, los colmillos del infierno" de Russell Mulcahy, a la que, como película de terror, desprecian sutilmente en los comentarios -lo normal entonces-.
Gran recorte, gran recuerdo (para ampliarlo denle a la tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón).
sábado, 11 de julio de 2026
MALDITA GENERACIÓN
Siempre he considerado a Gregg Araki como uno de los mayores oportunistas del "boom indie" de los noventa. Cuando la etiqueta petó, convirtiéndose en una manera establecida de hacer cine, corrió a producir películas que cumpliesen a rajatabla con las expectativas de público y media, alineando en riguroso orden todos y cada uno de sus dogmas, especialmente aquellos referidos a lo que en esos entonces era conocido como "Queer Cinema" ya que Araki era/es gay, uno de tirón combativo (o así se vendía él, claro). Todavía dispuesto a comprarle la moto ingenuamente, acudí al cine para ver "Vivir hasta el fin" que, de tan predecible y acomodaticia como era, me dijo cero. Aunque hubo una experiencia peor, "Nowhere", consumida en el Festival de Sitges. Una auténtica super-paja de un Araki descojonándose en el proceso, cuyo lefazo resultante iba directo a la jeta del personal. Y me parece bien... salvo por el hecho de que la broma se antojaba insufrible. Cuando tocó ver "Doom Generation", la evité. Ya tenía clichado al muchacho y, en fin, apestaba a aquel tipo de "rollo indie" tan de los noventa que detestaba, apoltronado en el efectismo, la violencia "cool", un desarraigo generacional del todo sintético y forzado, rebozado en el cansino "Tarantinismo" que ya todo lo impregnaba. Como decía, una vez más Araki se apuntaba a la tendencia reinante, tanto como para atenuar sus obsesiones homosexuales, remarcando la oportuna y conveniente heterosexualidad del film. Esta vez no piqué. Mi repulsión superaba a mi improbable curiosidad. Y así ha seguido la cosa hasta día de hoy. Nunca jamás vi ni una jodida película más del filmmaker y mucho menos le di una oportunidad a "Doom Generation". Localizarla en vhs como "Maldita Generación" entre la colección de un colega motivó que me replanteara la posibilidad de, por fin, romper con el tabú auto impuesto. He invertido el máximo de paciencia para evitar que mis muchos prejuicios y manías influyeran en el visionado. Ha costado mazo. En los noventa había demasiadas películas "indie" sobre jovenzuelos enfadados que la emprenden a tiros con todo (en lugar de buscar una vía más creativa e individualista... pero claro, eso no vende entradas). Todas artificiosas, desesperadas por llamar la atención a través del impacto y protagonizadas por la clase de chavalada que se consideraba alternativa en los años noventa, una profundamente estúpida (sobre todo porque, por entonces, lo alternativo había caído en las zarpas de las grandes corporaciones, del mainstream, por lo que aquellos que se sumaban asumiendo así una diferencia, únicamente demostraban su simpleza e ignorancia). En fins, vamos allá...
Una pareja de jóvenes desubicados, cabreados y atormentados por sus trifulcas existenciales, se hacen amigos de un tercero como ellos, pero peor, porque este no tiene reparos en matar si es necesario. Y ocurre que el trío protagoniza un homicidio bastante sangriento que les llevará a una eterna huida, carretera mediante, en la que seguirán con sus desmanes asesínicos (© Víctor), casi siempre propiciados por el tercero en discordia. Cuando no matan, follan (llega a oficializarse su condición de trío amoroso), devoran grasiento "fast food", discuten a base de extenso catálogo de tacos variados (con, y no podía ser de otro modo, "fuck" encabezando la lista) o, contrariamente, mantienen estúpidas y elementales charlas profundas sobre el por qué de todo, nada y lo demás.
En contra de "Doom Generation" puedo soltar muchas más cosas de las que ya he soltado, como sus maneras caóticas, la relativa repetición de esquemas narrativos, el que realmente no cuente una historia, sino muestre una sucesión de situaciones, ese "hago cosas raras porque mola, y así soy distinto y más cool" propio del "indie" de la época, sus ansias de transgredir a base de blasfemia y anti-patriotismo tan de manual, etc, etc. Pero también hay cosas buenas. Para comenzar la duración. Agradecidamente escueta. Igualmente, ver en tetas a una joven Rose McGowan como chica mala. Luego, pues cierto sentido del humor más que evidente (en ningún momento Araki se toma en serio su película), una violencia exagerada, truculenta, tan gran guiñolesca que apesta a dibujo animado y, sobre todo, el desenlace, donde adquiere un tono más malrollero, sórdido y medianamente brutal. Eso lo agradecí y ahí se me medio ganó. No obstante, antes de continuar, toca hacer una puntualización.
En su imagen "indie" tan perfectamente milimetrada, Gregg Araki solía mentar al puñetero Jean-Luc Godard como máxima influencia (cineasta al que todos aquellos yankis situados en el supuesto cine independiente, o que pretenden dárselas de artista, citan siempre, tanto que se ha convertido en un cliché). Sin embargo, para "Doom Generation" no fue del gabacho del que más mangó la mariquilla, en realidad eso lo hizo de otro caballero, uno tan asiaticoamericano como él y que responde al nombre de Jon Moritsugu.
Moritsugu llevaba desde finales de los ochenta produciendo cortos y largometrajes desde la más -esta vez sí- genuina independencia (algunos usan el término underground, pero lo considero bastante debatible). Todos a base de mucha locura, caos, colorido (salvo cuando tiraba de blanco y negro), personajes extremos, humor extravagante, violencia y actitud (a Moritsugu se le conoce como "el padrino del cine punk"). ¿Títulos? "Hippy Porn", "Terminal USA", "Fame Whore", "Pig Death Machine" y "My degeneration". ¿Estoy insinuando que Gregg Araki robó de aquel? eeeeh.... no sabría decir, porque eran colegas y tal, pero las conexiones apestufan. Ya no solo por la coincidencia relativa de títulos en sendos casos ("Totally f***ed up" de Araki versus "Mod Fuck Explosion" de Moritsugu), también están el prota de "Doom Generation", actor habitual de Moritsugu (James Duval quien, curiosamente, ha terminado saliendo en las películas de Shawn C. Phillips, véase "Amityville Karen") y, bueno, que la misma "My degeneration" moritsuguiana asoma por una pantalla durante una escena del film de Araki. ¿Honesto? Tal vez. Claro que, después de todo Jon Moritsugu no dejaba de inspirarse en John Waters (+ Godard, oooooobvio es)... y John Waters en ya saben quien, así pues...
El resto del reparto lo componen el guaperillas Johnathon Schaech, quien luego haría algo de carrerilla (era el psycho en "Una noche para morir"), Parker Posey, la famosa "proxeneta de Hollywood" Heidi Fleiss y Perry Farrell de los "Jane´s Adiction". Todo muy "cool".
Una vez el "boom indie" noventero pasó, Gregg Araki comenzó a perder fuelle. Lo normal. Hizo algunas películas más que nadie recuerda y terminó dirigiendo episodios sueltos de series varias (entre ellas ese HORROROSO ABORTO titulado "Monster: the Ed Gein story", por el que deberían colgar a sus máximos responsables). Es lo que tiene apuntarse a una moda, o aprovechar su auge para exprimir la mandarina. Cuando se agota, tu te agotas con ella y, lo que es peor, dejas de ser un "auteur" para convertirte en un mero artesano cumplidor de amplias tragaderas. Le ha pasado a tantos otros, entre ellos Tom DiCillo (¿podríamos añadir a Gus Van Sant y Kevin Smith a la lista? ¡¡juas!!).
Una pareja de jóvenes desubicados, cabreados y atormentados por sus trifulcas existenciales, se hacen amigos de un tercero como ellos, pero peor, porque este no tiene reparos en matar si es necesario. Y ocurre que el trío protagoniza un homicidio bastante sangriento que les llevará a una eterna huida, carretera mediante, en la que seguirán con sus desmanes asesínicos (© Víctor), casi siempre propiciados por el tercero en discordia. Cuando no matan, follan (llega a oficializarse su condición de trío amoroso), devoran grasiento "fast food", discuten a base de extenso catálogo de tacos variados (con, y no podía ser de otro modo, "fuck" encabezando la lista) o, contrariamente, mantienen estúpidas y elementales charlas profundas sobre el por qué de todo, nada y lo demás.
En contra de "Doom Generation" puedo soltar muchas más cosas de las que ya he soltado, como sus maneras caóticas, la relativa repetición de esquemas narrativos, el que realmente no cuente una historia, sino muestre una sucesión de situaciones, ese "hago cosas raras porque mola, y así soy distinto y más cool" propio del "indie" de la época, sus ansias de transgredir a base de blasfemia y anti-patriotismo tan de manual, etc, etc. Pero también hay cosas buenas. Para comenzar la duración. Agradecidamente escueta. Igualmente, ver en tetas a una joven Rose McGowan como chica mala. Luego, pues cierto sentido del humor más que evidente (en ningún momento Araki se toma en serio su película), una violencia exagerada, truculenta, tan gran guiñolesca que apesta a dibujo animado y, sobre todo, el desenlace, donde adquiere un tono más malrollero, sórdido y medianamente brutal. Eso lo agradecí y ahí se me medio ganó. No obstante, antes de continuar, toca hacer una puntualización.
En su imagen "indie" tan perfectamente milimetrada, Gregg Araki solía mentar al puñetero Jean-Luc Godard como máxima influencia (cineasta al que todos aquellos yankis situados en el supuesto cine independiente, o que pretenden dárselas de artista, citan siempre, tanto que se ha convertido en un cliché). Sin embargo, para "Doom Generation" no fue del gabacho del que más mangó la mariquilla, en realidad eso lo hizo de otro caballero, uno tan asiaticoamericano como él y que responde al nombre de Jon Moritsugu.
Moritsugu llevaba desde finales de los ochenta produciendo cortos y largometrajes desde la más -esta vez sí- genuina independencia (algunos usan el término underground, pero lo considero bastante debatible). Todos a base de mucha locura, caos, colorido (salvo cuando tiraba de blanco y negro), personajes extremos, humor extravagante, violencia y actitud (a Moritsugu se le conoce como "el padrino del cine punk"). ¿Títulos? "Hippy Porn", "Terminal USA", "Fame Whore", "Pig Death Machine" y "My degeneration". ¿Estoy insinuando que Gregg Araki robó de aquel? eeeeh.... no sabría decir, porque eran colegas y tal, pero las conexiones apestufan. Ya no solo por la coincidencia relativa de títulos en sendos casos ("Totally f***ed up" de Araki versus "Mod Fuck Explosion" de Moritsugu), también están el prota de "Doom Generation", actor habitual de Moritsugu (James Duval quien, curiosamente, ha terminado saliendo en las películas de Shawn C. Phillips, véase "Amityville Karen") y, bueno, que la misma "My degeneration" moritsuguiana asoma por una pantalla durante una escena del film de Araki. ¿Honesto? Tal vez. Claro que, después de todo Jon Moritsugu no dejaba de inspirarse en John Waters (+ Godard, oooooobvio es)... y John Waters en ya saben quien, así pues...
El resto del reparto lo componen el guaperillas Johnathon Schaech, quien luego haría algo de carrerilla (era el psycho en "Una noche para morir"), Parker Posey, la famosa "proxeneta de Hollywood" Heidi Fleiss y Perry Farrell de los "Jane´s Adiction". Todo muy "cool".
Una vez el "boom indie" noventero pasó, Gregg Araki comenzó a perder fuelle. Lo normal. Hizo algunas películas más que nadie recuerda y terminó dirigiendo episodios sueltos de series varias (entre ellas ese HORROROSO ABORTO titulado "Monster: the Ed Gein story", por el que deberían colgar a sus máximos responsables). Es lo que tiene apuntarse a una moda, o aprovechar su auge para exprimir la mandarina. Cuando se agota, tu te agotas con ella y, lo que es peor, dejas de ser un "auteur" para convertirte en un mero artesano cumplidor de amplias tragaderas. Le ha pasado a tantos otros, entre ellos Tom DiCillo (¿podríamos añadir a Gus Van Sant y Kevin Smith a la lista? ¡¡juas!!).
lunes, 6 de julio de 2026
CENIZAS BAJO EL MAR
Salvador Sáinz, presencia ineludiblemente asociada al fanta-terror español, actor secundario en mil y una películas de toda calaña —del pasado y del presente— trabajando para toda suerte de directores (y "directores"), más allá de su eterna lucha contra Paul Naschy, nos guste más o menos, se trata de una figura de incuestionable culto que opera a los márgenes.
Si bien a principios de milenio se rodó él solito, con palos y piedras, una serie de cortometrajes de animación mediante característicos diseños y extrañas maneras de proceder, fue en 2014 cuando, sin ningún tipo de rubor, decidió rodar un un dramón de padre y muy señor mío en el que él sería hombre orquesta produciendo, escribiendo, dirigiendo y protagonizando la primera versión de "Cenizas bajo el mar", que así se tituló.
Se trata de una turbadora historia sobre un hombre y una mujer, enfermos terminales los dos, que deciden irse a la costa a pasar sus últimos meses de vida. Por supuesto, el roce hace el cariño y, de esta manera, surge el amor que se traduce en tórridas escenas de sexo. En la fase final de la enfermedad, el hospital envía a un enfermero para que les atienda y, además de ello, se inmiscuye con ambos en lo que acaba siendo un triángulo amoroso, que desembocará en inesperadas consecuencias.
Se trata de uno de esos cortos en los que hay que frotarse los ojos varias veces para cerciorarse de que uno no está soñando, sobre todo en las escenas de sexo entre Sáinz y Eva María Milara, y en los tríos entre estos dos y Gerard Toldrá —actor que, por lo demás, le pone mucho empeño— que resultan del todo menos sugestivos pero, sin embargo, se convierten en el principal interés del corto.
Se trata de un tema muy delicado tratado de manera muy desasosegante e inconsciente.
El caso es que el corto en sí, en su delirio, se deja ver perfectamente y resulta extrañamente entretenido.
Sin embargo, tras un tiempo, desconozco el motivo, Salvador Sáinz decide convertirlo en un largometraje. Y como no hay más material con el que llegar a la hora y poco necesaria, Sáinz rellena metraje de una forma un tanto peculiar, que es añadiendo a la trama, con calzador, alguno de sus cortos de animación. Así, en una escena en la que la pareja protagonista se sienta a ver un poco la televisión, el director nos cuela su corto del 2004 “Los Querubines”, pieza de animación 3-D bastante rudimentaria sobre unos angelitos que van para acá y para allá, con piratas, sirenas, minotauros y toda suerte de seres mitológicos que aparecen en escena y unas veces están doblados por actores o el propio Sáinz y, otras, usando las reconocibles voces de un programa informático de la época, el famoso "Loquendo", que le dan a todo un tono de locura difícil de digerir.
No contento con eso, y todavía un poco corto -valga el mal chiste- para llegar a pasar de la hora, en una escena en la que nuestros protagonistas son acechados por la muerte, Sáinz transiciona para colarnos otro corto de animación completo, esta vez “La danza macabra” de 2011, en el que unos esqueletos bailan siniestramente al ritmo de la música clásica (por aquello de no pagar derechos; incido para decir que en las secuencias de sexo, por el mismo motivo, suenan los primeros segundos de la canción “Careless Whisper” de "Wham" en un bucle interminable que induce a rozar la locura) para acto seguido ver como unos soldados del ejercito nazi masacran judíos o practican sexo homosexual.
Salvador Sáinz integra así a la trama dos de sus cortometrajes, llega a la hora y dieciséis de duración y no solo convierte su corto en un largo, sino que, prácticamente, ofrece un trabajo integral, no con toda su obra, pero sí al menos con la más digna de verse.
En definitiva, como largometraje, “Cenizas bajo el mar” es una legítima obra de cine “trash”, con ínfulas de cine de autor, con un resultado tan anárquico que es muy difícil que pase inadvertido para todo aquel que se siente frente al mismo. Ver esta película con público estándar del que va a cualquier filmoteca, es una experiencia cuando menos curiosa.
Top Ten de cine chungo español.
Si bien a principios de milenio se rodó él solito, con palos y piedras, una serie de cortometrajes de animación mediante característicos diseños y extrañas maneras de proceder, fue en 2014 cuando, sin ningún tipo de rubor, decidió rodar un un dramón de padre y muy señor mío en el que él sería hombre orquesta produciendo, escribiendo, dirigiendo y protagonizando la primera versión de "Cenizas bajo el mar", que así se tituló.
Se trata de una turbadora historia sobre un hombre y una mujer, enfermos terminales los dos, que deciden irse a la costa a pasar sus últimos meses de vida. Por supuesto, el roce hace el cariño y, de esta manera, surge el amor que se traduce en tórridas escenas de sexo. En la fase final de la enfermedad, el hospital envía a un enfermero para que les atienda y, además de ello, se inmiscuye con ambos en lo que acaba siendo un triángulo amoroso, que desembocará en inesperadas consecuencias.
Se trata de uno de esos cortos en los que hay que frotarse los ojos varias veces para cerciorarse de que uno no está soñando, sobre todo en las escenas de sexo entre Sáinz y Eva María Milara, y en los tríos entre estos dos y Gerard Toldrá —actor que, por lo demás, le pone mucho empeño— que resultan del todo menos sugestivos pero, sin embargo, se convierten en el principal interés del corto.
Se trata de un tema muy delicado tratado de manera muy desasosegante e inconsciente.
El caso es que el corto en sí, en su delirio, se deja ver perfectamente y resulta extrañamente entretenido.
Sin embargo, tras un tiempo, desconozco el motivo, Salvador Sáinz decide convertirlo en un largometraje. Y como no hay más material con el que llegar a la hora y poco necesaria, Sáinz rellena metraje de una forma un tanto peculiar, que es añadiendo a la trama, con calzador, alguno de sus cortos de animación. Así, en una escena en la que la pareja protagonista se sienta a ver un poco la televisión, el director nos cuela su corto del 2004 “Los Querubines”, pieza de animación 3-D bastante rudimentaria sobre unos angelitos que van para acá y para allá, con piratas, sirenas, minotauros y toda suerte de seres mitológicos que aparecen en escena y unas veces están doblados por actores o el propio Sáinz y, otras, usando las reconocibles voces de un programa informático de la época, el famoso "Loquendo", que le dan a todo un tono de locura difícil de digerir.
No contento con eso, y todavía un poco corto -valga el mal chiste- para llegar a pasar de la hora, en una escena en la que nuestros protagonistas son acechados por la muerte, Sáinz transiciona para colarnos otro corto de animación completo, esta vez “La danza macabra” de 2011, en el que unos esqueletos bailan siniestramente al ritmo de la música clásica (por aquello de no pagar derechos; incido para decir que en las secuencias de sexo, por el mismo motivo, suenan los primeros segundos de la canción “Careless Whisper” de "Wham" en un bucle interminable que induce a rozar la locura) para acto seguido ver como unos soldados del ejercito nazi masacran judíos o practican sexo homosexual.
Salvador Sáinz integra así a la trama dos de sus cortometrajes, llega a la hora y dieciséis de duración y no solo convierte su corto en un largo, sino que, prácticamente, ofrece un trabajo integral, no con toda su obra, pero sí al menos con la más digna de verse.
En definitiva, como largometraje, “Cenizas bajo el mar” es una legítima obra de cine “trash”, con ínfulas de cine de autor, con un resultado tan anárquico que es muy difícil que pase inadvertido para todo aquel que se siente frente al mismo. Ver esta película con público estándar del que va a cualquier filmoteca, es una experiencia cuando menos curiosa.
Top Ten de cine chungo español.
sábado, 4 de julio de 2026
LOCA ACADEMIA DE MALEANTES 1
En esta ocasión, y para variar, los distribuidores españoles de vídeo fueron muy avispados cuando decidieron bautizar "The Under Acheivers" con semejante llamativo, aparentemente distinto y, sí, oportunista título. ¿Por qué? Porque estamos en 1988 y si algo todavía colea a la hora de atraer espectadores, aunque un poco menos, es "Loca academia de policía" y sus interminables secuelas y/o coetáneas. Y no solo eso, es que, además, "The Under Acheivers" va en total y absoluta consonancia con aquellas y las de su naturaleza, es decir: Grupo de desarraigados / perdedores natos, situados fuera de contexto, luchan contra figuras autoritarias, siempre malvadas y peor intencionadas, para terminar demostrándoles que son mejores, superiores, gracias a aquel que les ha ido guiando y comandando, un golfo simpático, algo gandul y jeta, pero encantador, quien terminará enamorando a la recta damisela que de entrada le rechaza sin condicionantes. Todo ello empaquetado a base de sketches picantes un poco gruesos y condimentado con sendas tetas. ¿¿Suena, verdad??. Lo siguiente consiste en cambiar el lugar donde se desarrollará todo (una academia de policía, una universidad, un campamento de verano, una cárcel, un escuela de conducción, bla, bla, bla) Pal caso hablamos de enseñanza nocturna. Es algo parecido a lo que ocurría con los slashers. ¿Qué festividad todavía no ha sido explotada para que el psycho-killer de rigor dé rienda suelta a sus instintos homicidas? Aplíquenlo ahora a instituciones. Y cambien a Bill Murray por... por.... bueno, ahí radica uno de los muchos muchísimos problemas de "Loca academia de maleantes 1", ¡¿quién es Edward Albert?! Sí, le hemos visto antes en "La galaxia del terror", lo que no es moco de pavo, pero desde luego queda lejos de ser carismático y divertido (menos aún con esa cinta en el pelo). Él es el buque insignia de un reparto muy amplio y, en algunos aspectos, muy curioso, repleto de caras y caritas conocidas. Veámoslo. La coprotagonista, Barbara Carrera, adentrándose ya en las parcelas más oscuras de su decadente trayectoria, Michael Pataki, Vic Tayback, el efectivo cómico de segunda Mark Blankfield, James Van Patten, de la famosa casta, una histriónica -pa variar- Susan Tyrrell, Garrett Morris, Fox Harris, habitual de Fred Olen Ray, Burton ("Sillas de montar calientes") Gilliam, Burt Ward (el "Robin" del "Batman" sesentero) y dentro del apartado eminentemente tetil, la bella y mítica Jewel Shepard en plan "trekkie" y Becky Le Beau, cuyas enormes aldabas la llevarían directa a las zarpas de, como no, Jim Wynorski.
Pero lo trágico no es semejante despliegue de semi-talento para lo que al final es una película increíblemente aburrida, hueca, desalmada y lo que es peor, NO DIVERTIDA (que es lo que es), la verdadera fatalidad viene cuando descubrimos que estamos ante la siguiente obra firmada por Jackie Kong tras su estupenda, y con méritos de sobras, "Fonda Sangrienta" (justo, los hermanos diabólicos de aquella, así como el chef-ventrílocuo, repiten acá). Cojones, si hasta la previa, "Patrulla de noche", también otro "exploit" de "Loca academia de policía", era mucho mejor dentro de su cafrería (y, por cierto, es mencionada durante un diálogo). ¿¿Podría ser incluso peor la reseñada que "El Ser", olvidable debut de la muchacha??. Pues sí, podría. Da que pensar que el éxito de "Fonda Sangrienta" la catapultó razonablemente y logró levantar este proyecto, colaborando con el mismo productor de aquella, Jimmy Maslon (quien se casca un cameo como punko. Suya fue la responsabilidad de revitalizar el legado y la carrera de Herschell Gordon Lewis), un guionista de la cantera "Saturday Night Life" y "Second City", Tony Rosato, y, por supuesto, el inevitable Mr. Osco (ejerciendo esta vez de "creative producer", aunque la tipografía de sus créditos se ve distinta... a saber si fue una imposición de último segundo. No olvidemos que era pareja de Jackie Kong y, muy probablemente, en esos momentos se encontrarían en plena separación. También se marca un cameo interpretando a un -como reza en los créditos- "tío majo" oculto tras el alias de Johnny Commander). Resumiendo, la cineasta logró contar con mayor panoja, fichar a peña más popular y lanzarse a parir aquello que -soñaría ella- terminara catapultándola hacia el mainstream (sí ocurrió con uno de los co-guionistas, Gary Scott Thompson, futuro co/escriba de "El hombre sin sombra" y "The Fast and the Furious (A todo gas)" nada menos). Pero no coló. La cosa hizo aguas por todas partes, fue el fiasco que es y puso broche de mierda a su carrera. Mundo cruel este, my friends. No volvió a pensar en dirigir hasta la reciente revalorización de "Fonda Sangrienta" y su figura (a través del irritante prisma del neofeminsimo, al que la tipa se aferra como la razón -ser hembra- de su final.... no cariño, eso pasó porque tu última película era un furruño pestilente) y lió una campaña de crowdfunding para una nueva comedia. Pero tampoco cuajó (¿culpamos nuevamente al sexismo imperante, darling?). Así pues, de momento se limita a escribir guiones para tebeos. Y ya veremos si regresa a las cámaras.
Mencionar en el apartado técnico a David L. Hewitt, un especialista en efectos ópticos y director de un puñado de morralla zetosa por ahí los sesenta ("The time travelers", "The Wizards of Mars", "Dr.Terror´s gallery of horrors" o la más conocida "The mighty Gorga") y setenta (el mondo "Sexual freedom and permissiveness in America", la pei "wip" de nazis chungos "The women of Stalag 13" y su última obra completa como director, "The Lucifer complex"). Fassszinante.
Como decía, "Loca academia de maleantes 1" viene cargadita de chistes picantones, un poco de sal gruesa, destetes (en este caso no solo ubres, también algún fugaz desnudo masculino... coño, se tiene que notar que hay un, eso, coño mandando) y maricas locas. Por supuesto hoy día existen gilipollas con pedigrí que consideran semejantes virtudes defectos criticables. Ya saben como anda el patio. Van tan cegados con el olor de sus "virtuosas" heces que no ven el verdadero aspecto despreciable de "Loca academia de maleantes 1" -y evidencia de que la Kong ponía el ojete en busca de su integración-: MORALINA, una característica reprochable que en realidad era muy propia de las comedias mainstream de la época, pero no lo esperábamos de la directora de "Patrulla de noche". Al revés de lo que sueltan los gilipollas mentados (quienes no parecen considerar que la directora, aunque nacida en USA, viene de descendencia china), el film es un canto a la pro-inmigración (y a lo beneficioso de la enseñanza nocturna), ya que eso son la mayoría de desarraigados, mientras que los villanos, sus profesores, se presentan como gente perfectamente blanca y extremadamente racista (de ahí los comentarios y chistes xenófobos) decidida a hacer fracasar el honorable intento de instruir a todos esos sucios extranjeros que ni saben hablar inglés. Al final todo acabará bien. Los desarraigados demostrarán (gracias a un discurso motivador del seudo-Bill Murray) que en realidad son currantes y saben cuando dejar de hacer el ganso para ponerse seria y lograr sus objetivos. Los malos pagan, todos encuentran el amor (especialmente la pareja protagonista, of course) y terminarán bailando felices... salvo un último, ultimísimo gag pre-créditos algo bizarro, medianamente incomprensible (parece casi improvisado), pero que es demasiado poco -y demasiado tarde- para trascender.
Pero lo trágico no es semejante despliegue de semi-talento para lo que al final es una película increíblemente aburrida, hueca, desalmada y lo que es peor, NO DIVERTIDA (que es lo que es), la verdadera fatalidad viene cuando descubrimos que estamos ante la siguiente obra firmada por Jackie Kong tras su estupenda, y con méritos de sobras, "Fonda Sangrienta" (justo, los hermanos diabólicos de aquella, así como el chef-ventrílocuo, repiten acá). Cojones, si hasta la previa, "Patrulla de noche", también otro "exploit" de "Loca academia de policía", era mucho mejor dentro de su cafrería (y, por cierto, es mencionada durante un diálogo). ¿¿Podría ser incluso peor la reseñada que "El Ser", olvidable debut de la muchacha??. Pues sí, podría. Da que pensar que el éxito de "Fonda Sangrienta" la catapultó razonablemente y logró levantar este proyecto, colaborando con el mismo productor de aquella, Jimmy Maslon (quien se casca un cameo como punko. Suya fue la responsabilidad de revitalizar el legado y la carrera de Herschell Gordon Lewis), un guionista de la cantera "Saturday Night Life" y "Second City", Tony Rosato, y, por supuesto, el inevitable Mr. Osco (ejerciendo esta vez de "creative producer", aunque la tipografía de sus créditos se ve distinta... a saber si fue una imposición de último segundo. No olvidemos que era pareja de Jackie Kong y, muy probablemente, en esos momentos se encontrarían en plena separación. También se marca un cameo interpretando a un -como reza en los créditos- "tío majo" oculto tras el alias de Johnny Commander). Resumiendo, la cineasta logró contar con mayor panoja, fichar a peña más popular y lanzarse a parir aquello que -soñaría ella- terminara catapultándola hacia el mainstream (sí ocurrió con uno de los co-guionistas, Gary Scott Thompson, futuro co/escriba de "El hombre sin sombra" y "The Fast and the Furious (A todo gas)" nada menos). Pero no coló. La cosa hizo aguas por todas partes, fue el fiasco que es y puso broche de mierda a su carrera. Mundo cruel este, my friends. No volvió a pensar en dirigir hasta la reciente revalorización de "Fonda Sangrienta" y su figura (a través del irritante prisma del neofeminsimo, al que la tipa se aferra como la razón -ser hembra- de su final.... no cariño, eso pasó porque tu última película era un furruño pestilente) y lió una campaña de crowdfunding para una nueva comedia. Pero tampoco cuajó (¿culpamos nuevamente al sexismo imperante, darling?). Así pues, de momento se limita a escribir guiones para tebeos. Y ya veremos si regresa a las cámaras.
Mencionar en el apartado técnico a David L. Hewitt, un especialista en efectos ópticos y director de un puñado de morralla zetosa por ahí los sesenta ("The time travelers", "The Wizards of Mars", "Dr.Terror´s gallery of horrors" o la más conocida "The mighty Gorga") y setenta (el mondo "Sexual freedom and permissiveness in America", la pei "wip" de nazis chungos "The women of Stalag 13" y su última obra completa como director, "The Lucifer complex"). Fassszinante.
Como decía, "Loca academia de maleantes 1" viene cargadita de chistes picantones, un poco de sal gruesa, destetes (en este caso no solo ubres, también algún fugaz desnudo masculino... coño, se tiene que notar que hay un, eso, coño mandando) y maricas locas. Por supuesto hoy día existen gilipollas con pedigrí que consideran semejantes virtudes defectos criticables. Ya saben como anda el patio. Van tan cegados con el olor de sus "virtuosas" heces que no ven el verdadero aspecto despreciable de "Loca academia de maleantes 1" -y evidencia de que la Kong ponía el ojete en busca de su integración-: MORALINA, una característica reprochable que en realidad era muy propia de las comedias mainstream de la época, pero no lo esperábamos de la directora de "Patrulla de noche". Al revés de lo que sueltan los gilipollas mentados (quienes no parecen considerar que la directora, aunque nacida en USA, viene de descendencia china), el film es un canto a la pro-inmigración (y a lo beneficioso de la enseñanza nocturna), ya que eso son la mayoría de desarraigados, mientras que los villanos, sus profesores, se presentan como gente perfectamente blanca y extremadamente racista (de ahí los comentarios y chistes xenófobos) decidida a hacer fracasar el honorable intento de instruir a todos esos sucios extranjeros que ni saben hablar inglés. Al final todo acabará bien. Los desarraigados demostrarán (gracias a un discurso motivador del seudo-Bill Murray) que en realidad son currantes y saben cuando dejar de hacer el ganso para ponerse seria y lograr sus objetivos. Los malos pagan, todos encuentran el amor (especialmente la pareja protagonista, of course) y terminarán bailando felices... salvo un último, ultimísimo gag pre-créditos algo bizarro, medianamente incomprensible (parece casi improvisado), pero que es demasiado poco -y demasiado tarde- para trascender.
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