sábado, 26 de septiembre de 2026

EL MARAVILLOSO MUNDO DE LOS HERMANOS GRIMM

¡Ojocuidao, que nos enfrentamos a una de las películas de mi infancia! Lo triste es que siempre me olvido de ella cuando cito mi escuetísima lista de material añejo predilecto. Y debería estar, por dos motivos. Uno, lleva la firma del gran George Pal, a quien debo, esta sí, uno de los títulos estandarte en mi top ten personal, "El tiempo en sus manos", y dos, una recientísima revisión que ha terminado de confirmar lo muy mucho que me gusta.
Parida en 1962 y exhibida -que no rodada- mediante Cinerama, un formato inventado originalmente diez años antes con el fin de combatir al entonces fuerte tirón de la televisión. No son pocos los momentos en los que sus artificies, muy conscientemente, fabrican impactantes secuencias de puro lucimiento para el juguete. Seguro que hubo unos cuantos espectadores echando la pota en los lavabos del cine. Hay quien casi se centra en este aspecto cuando habla de "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm" y es algo injusto, porque sí, luce curioso y en ocasiones espectacular, pero por encima quedan sus otros muchos, muchísimos valores, estéticos y narrativos. Básicamente la peli nos cuenta cómo los hermanos Grimm... perdón, comienzo de nuevo, básicamente nos cuenta cómo UNO de los hermanos Grimm, Wilhelm, era continuamente vilipendiado y reprendido por ser un soñador, un niño-adulto obsesionado en recuperar y recolectar en tomos los cuentos populares de la época, al lado de los estudios sesudos y aburridos de su recto hermano. La eterna historieta de cómo la sociedad castiga a aquellos que se niegan a formar parte de su mortecino y frío engranaje. Finalmente, y tras mucho esfuerzo, Wilhelm logrará su sueño y recibirá justos honores (se podría discutir cuanto de "autoral" hay en la simple recolección de narrativas populares... pero no seamos tan quisquillosos, seguro que los Grimm aportaron también creatividad propia al asunto). Todo ello mostrado a base de hermosos escenarios, suntuosa ambientación de época (la diseñadora de vestuario se llevó un merecido Oscar por su labor)... en fin, a las maneras del Hollywood más desatado. No obstante, y aunque esta parte está muy bien y es un rato amena, donde "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm" brilla como el diamante es cuando se escenifican, a modo de cortometraje, tres de los cuentos explicados durante la trama, "The Dancing Princess", "The Cobbler and the Elves" y "The Singing Bone" (no oso traducirlos al castellano pues, según he mirado, varían mucho). ¡Ah, amigo! Hablamos de pequeñas obras maestras en sí mismas. ¿Saben lo más chulo de todo? Que mientras las partes situadas en el mundo real las dirige Henry Levin, George Pal se responsabiliza única y exclusivamente de poner en imágenes los cuentos de hadas. Eso dice mucho del gran y viejo Georgie. Y es ahí, en el mundo de la fantasía, donde el talento y la pasión le chorrean, ¿por qué? porque está en su puro y total elemento. ¿Por dónde empiezo? Primero el tono, por supuesto mucho más voluntariamente cómico y un pelo absurdo que el resto del material, con efectos de sonido casi de dibujo animado y unos -efectos- especiales ma-ra-vi-llo-sos. Pura artesanía. Una que no oculta su condición de cartón piedra como parte del "chiste". Destacan en ese sentido el dragón del cuento del final (no podría ser más irreal, sobre todo por ese fuego que escupe a base de puro pincel... y cuyo rugido recicla aquel esputado por los "Morlocks" dos años antes... si no saben de qué hablo, son ustedes indignos) y los duendes de la historia intermedia. ¡¡¡AAAAAAAY!!! ¡¡yo quiero esos muñecos!!. Los adoro. Es mi parte favorita de la peli (y eso que la del dragón también me encandila), la que descorcha escalofríos de emoción en mi espinazo y lágrimas de felicidad (y nostalgia). Sobre todo por la alegre, divertida y pegadiza copla que canturrean. De antología. Me hacía soñar de crío y sigue funcionándome igual de bien (o mejor) a día de hoy, arrugado, sin muelas y camino de la calvicie más cruel. Solo por esa parte merece verse la peli entera, pero no nos engañemos, esto es una DELICIA de principio a fin. Altamente recomendable. Y obligatoria. Si tuviese hijos pequeños que se negaran a ver "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm", los ataría a sus respectivas sillas situadas frente al televisor, rematándolo con un buen par de collejas.

martes, 22 de septiembre de 2026

¡OH, CIELOS!

Cuando hoy se habla de Ricardo Franco —sobrino de Jess Franco, para más datos— se habla de una especie de genio maldito, del director de una "obra maestra" como “La buena estrella”, que nos abandonó en trágicas circunstancias menos de un año después de aquella, durante el rodaje de “Lágrimas negras”, la cual dejó inconclusa, siendo completada por Fernando Bauluz en la versión que nos llegó a los cines. Pero la verdad pura es que “La buena estrella” es una película que se mantiene mejor en el recuerdo que en la revisión y que Franco es, más que un genio maldito, un director irregular que efectivamente dejó una de las películas clave del cine español moderno, pero también cosas un tanto bizarras como “Berlín Blues” o, sobre todo, esta “¡Oh, cielos!”, de la que poco se habla por razones obvias. Podría hacer una apuesta alta y no perder cuando afirmo que puede que sea una de las peores comedias del cine español.
Y es que, exhausto tras el trabajo que le había costado a Franco desarrollar el documental “Después de tantos años” (que no es otra cosa que una secuela de “El desencanto”), contando la vida de los Panero, decidió abordar su siguiente trabajo con ligereza y, en vez de meterse en una cosa complicada, se atreve con una comedia, como si fuera este un género fácil y que pudiera abordar cualquiera. Asimismo, lo tenía bastante fácil porque el guion de “¡Oh, cielos!” venía firmado nada menos que por genios de la escritura de comedia de los 90 como puedan ser Yolanda García Serrano, Joaquín Oristrell y Juan Luis Iborra.
Con esa ligereza y con un reparto encabezado por El Gran Wyoming, Ana Álvarez y Jesús Bonilla, se rueda un disparate de bajísimo presupuesto, sin pies ni cabeza, que encima explota un argumento de lo más manido, como es el del tipo muerto de manera accidental que llega al cielo y allí le devuelven a la tierra para que complete algún fin noble (sin ir más lejos, lo mismo que en “Tal para cual”). Así, tenemos a un rudo publicista traumado por el abandono de su mujer, junto a la que obtenía excelentes resultados en la empresa para la que trabaja, que es asesinado de un tiro por un antiguo compañero al que había estafado. De esta manera, llega al cielo y allí dios le devuelve a la tierra a cambio de que realice una campaña a favor de los valores de la familia tradicional. Del mismo modo se sucederán las (supuestas) situaciones cómicas que harán al público pasar un rato “divertido”.
El desasosiego que supone sentarse frente a esta película es difícil de explicar. No solo es ampliamente aburrida, sino que además está rodada con total torpeza y no se entiende nada en un argumento que, en principio, es más sencillo que el mecanismo de un peine. Un horror. Como película, la nada más absoluta.
Puntos positivos: El Gran Wyoming, Jesús Bonilla e incluso Ana Álvarez están todos bastante bien en sus roles, no hay malas interpretaciones y, en general, se limitan a hacer lo suyo con solvencia. Les secundan Ángel de Andrés -mejor que en el “Taxi” de Carlos Saura, donde estaba terrible-, Angela Molina y Santiago Ramos. Todos cumplen con corrección. Además, supone la última intervención de Rafaela Aparicio en una película, que, sentada en un trono, interpreta a dios como solo podía interpretarlo Rafaela Aparicio, después de más de un centenar de papeles para el cine y no sé cuántos para el teatro. Quedó su intervención cómica como legado, abandonándonos poco después, en 1996, a los 90 años de edad, víctima de una trombosis cerebral que se llevó a una de las más grandes actrices de la historia del cine español y a una de las más destacadas cómicas.
Entonces, si a nivel actoral el film que nos ocupa está bien, ¿qué es lo que falla? Absolutamente todo lo demás, esto es, guion, dirección, cinematografía, banda sonora, si me apuran, las partes dobladas, ritmo, planificación, títulos de crédito e incluso la canción inicial interpretada por el propio Wyoming, donde él, que no sabe cantar como ya demostró con su disco junto al Maestro Reverendo, se marca una tonadilla que tampoco funciona. Un desastre.
La poca crítica que se dignó en prestar atención a "¡Oh, cielos!" se cebó con Ricardo Franco, que hasta entonces era un director del montón y tampoco muy destacable. Pero esto fue un revulsivo para que, en menos de un año, se pusiera manos a la obra con la película por la que será recordado, que, como ya he dicho antes, es la cuestionable “La buena estrella”, todo un éxito de crítica y público.
Como era de suponer, la reseñada resultó un fracaso en salas, con poco más de 50.000 espectadores, según el Ministerio de Cultura (muchos me parecen). Fue distribuida por "Columbia Pictures" en salas y en vídeo de alquiler lo hizo a través de "Columbia TriStar Home Video". Material de "major". Sin embargo, cuando años después fue editada en DVD para su venta directa, fue "Filmax" quien se encargó de una edición que, con suerte y si les interesa, podrán encontrar en algún portal de venta de películas de segunda mano.

sábado, 19 de septiembre de 2026

ÁNGEL DE VENGANZA

Estamos en el Nueva York del año 1981, así que ya conocen los elementos con los que contamos: una ciudad degradada con un índice de criminalidad descontrolado y calles llenas de mierda. Ante semejante panorama, no es de extrañar que la pobre chavala protagonista de este drama cruento, que además de un poco retraída es muda (rarita Zoë Lund), reciba la visita el mismo día, y con apenas minutos de diferencia, de dos asaltantes que la fuerzan sexualmente. Al segundo logra cargárselo y hacerse con su pistola, una que, visto lo visto, dispone de munición infinita. A causa del trauma, la muchacha coge un asco incontrolado a cualquier espécimen humano que disponga de colgajo entre las piernas y, aunque de primeras se dedica a matar a aquellos que lo merecen (chuloputas, ligones infieles, acosadores...), luego, y a la vez que le pilla gusto (mutación producida de un día para otro), también se aficiona a cepillarse a los que, así de entrada y en apariencia, no han hecho nada... únicamente nacen con la testosterona descontrolada. Maldita madre naturaleza, ¡¿por qué, por qué nos dotaste con el don, y la obligación, de esputar la semillita dentro de una vagina, aka las puertas del infierno??.
Es muy fácil caer en dos trampas a la hora de hablar de "Ángel de venganza" (título españolo -no confundir con este otro- para el mucho más molón "Ms.45", "Señora 45"), segundo largometraje del, a veces interesante, a veces detestable, Abel Ferrara -interpretando además al primero de los dos violadores, ¡¡que hijoputa!!- tras decepcionar a medio fandom con "El asesino del taladro" (curiosa, pero poco más). Primero, calificarla de "exploitation" de "El justiciero de la ciudad". O película de justicieros estándar. Hombre, algo hay, sí, PERO para nada hablamos acá de un caso flagrante. De hecho, si yo fuese un crítico de cine serio y sesudo (y no soy nada de las tres cosas), diría que "Ángel de venganza" subvierte los esquemas de esa clase de productos. Para empezar, como digo, no todas las víctimas se han ganado ser aniquiladas (por mucha feminazi ahí fuera que opine lo contrario), una incluso decide quitarse la vida por propia voluntad. Y la protagonista poco tiene de heroica, especialmente con respecto a su destino. El otro error común -tal y como yo lo veo- es encasquetarle el sello de feminista. ¿De verdad?. Vale que en estos tiempos que corren la gente vitorea y aplaude una película en la que una tía revienta a mil machos hasta dejarlos hechos picadillo. Y si, siendo hembra, vas por ahí pregonando tu absoluto odio por el sexo opuesto, nadie te señalará con un dedo acusador. Al contrario, lo aceptarán de buen grado con una sonrisa cómplice. Pero las capas de "Ángel de venganza" son muchas más, y algo más profundas. Es demasiado trágica para "disfrutarla". Y, después de todo, el director y el guionista son dos hombres. ¿De verdad el feminismo acepta que sean un par de penes los que firmen el supuesto título estandarte / decálogo -ochentero, al menos- de su causa? Más sabiendo que, como contaba el mismo Abel Ferrara en entrevistas, cuando le ficharon como director para sendos capítulos de "Corrupción en Miami", él y el respectivo productor acompañaban la charleta con dos señoras putas debajo de la mesa succionando sus respectivos falos. Mmmmmh.
Independientemente de todos estos tejemanejes, y todas estas cuchufleteces, ciñéndonos a "Ángel de venganza" como película, como producto de entretenimiento, la verdad es que funciona. Y muy bien. Pasa volando, tiene sus momentos de intensidad, sus leves sorpresas y un clímax final sensacional situado en una fiesta de disfraces que, por efecto de la cámara lenta y una música tan rallante como maravillosa (implacables esos "golpes de saxo"), se vuelve casi el mismísimo purgatorio.
Muy recomendable.

sábado, 12 de septiembre de 2026

RE-ANIMATOR 2 (METAMORPHOSIS)

Ya de entrada, esta película cuenta con dos inconvenientes notables. Por un lado, el haber sido facturada durante los años grises del exploitation italiano, concretamente 1989/90. Lo he explicado antes, de cómo esta clase de cine cafre, colorido, sexy e hiper-violento, se fue volviendo más y más insípido, mojigato y telefílmico a medida que nos alejábamos de los ochenta. Por otro, que llegara a España con el falso título con el que llegó y ese pedazo de cartel maravilloso según las incontestables capacidades de E.Sciotti. Muchos ríen entre dientes cuando recuerdan la existencia del falso "Terminator 2" ("Shocking Dark" en v.o.) descaradamente editado en su día por "Century International Films". Lo que pocos parecen recordar es que esa misma compañía fue la culpable del caso que ahora nos ocupa. De hecho, ambas llegaron a los estantes de los vídeo-clubs prácticamente juntas, pero supongo que, por cuestiones de popularidad, fue la otra la que dejó huella. Como tantos (y tontos) otros alquilé "Re-Animator 2 (Metamorphosis)", perfectamente consciente de lo que era en realidad, por supuesto, sabiendo que producía Aristide Massaccesi desde su flamante "Filmirage" y dirigía + guionizaba el legendario, y recientemente fallecido, Luigi Montefiori, es decir, George Eastman (que para la ocasión firma G.L.Eastman). No era la primera vez que el normalmente actor se sentaba en la silla de director (lo hizo durante la confección de "2020 Los rangers de Texas", aunque por trifulcas varias y no firmara en los créditos), pero sí de modo oficial, oficioso e ignominioso. Nunca reincidiría, lo que tampoco sorprende viendo el resultado. ¿Normal? Pues no, porque ya saben lo mucho que suelo reivindicar la trayectoria como escribiente de Montefiori. Suyos fueron los libretos de "Gomia, terror en el mar Egeo" y, especialmente, "Aquarius", ¿necesitan más ejemplos?. Sin embargo, con "Re-Animator 2 (Metamorphosis)" no estuvo muy afinado, la verdad. Es una película cuya existencia carece de todo sentido. ¿Para qué demonios se hizo? Quiero decir, no tiene NADA. Es plana, sosa, con unas dosis de sexo y violencia muy escasas (¿y qué le queda al exploit italiano si le quitas ello? los títulos que se sostienen sin tales adornos pueden contarse con los dedos de la mano de un manco) y, en fin, no sé, cero interés en cuanto a lo que narra.
¿Y qué narra? Pues un científico guapo (con retirada a Christopher Reeve) y ambicioso cree descubrir cómo detener el envejecimiento. Los señores del dineral exigen resultados, así, ante la presión, se usa a sí mismo como conejillo de indias... y lo que de entrada parece todo un éxito, poco a poco va convirtiéndole en un monstruo pre-prehistórico medianamente reptiliano especialmente feliz cuando asesina mujeres y/o mujerzuelas.
Más que a "Re-Animator", esto retrotrae a "La Mosca" de Cronenberg. Incluso un poco a "Viaje alucinante al fondo de la mente", si lo quieren. En cualquier caso, como decía, todo gasta ese aire tan moribundo. Sí, ok, tiene sus mediocres efectos especiales (ojo al bicho del final) y tal, pero que no, macho. Soportable únicamente si le echas voluntad por el cariño que puedan generarte sus artífices (incluida Laura Gemser, encargada del vestuario y que se marca un papelito como prostituta machacada). Lamentable final (otro) para el exploitation ítalo parlante y las respectivas carreras de Massaccesi y Montefiori. Si en estos momentos andan por allí los cielos colaborando de nuevo (aunque seguramente encajen mejor en los avernos), espero y deseo que produzcan algo medianamente mejor que esto.

sábado, 5 de septiembre de 2026

SANGRE FRESCA (UNA CHICA INSACIABLE)

Hace unos días gocé como un enano viendo "Michael", el biopic sobre Michael Jackson. Que sí, lo digo en serio. Una entretenida epopeya de dos horas que pasan volando. Da igual si el prota de la historia te mola o no (mi caso), la peli funciona como tal y eso es lo que importa. Obviamente, uno de sus pasajes se centra en la confección de "Thriller". Incluso vemos brevemente a un sosías de John Landis (y a otro de Rick Baker). Que lo sitúen tan de refilón tal vez obedezca a que, hoy, el otrora exitoso cineasta ejerce de oveja negra. Ya lo fue en los ochenta a partir de la movida de "En los límites de la realidad", y siguió siéndolo en los noventa y dos mil. Pero ahora, con el despuntar del Wokeismo y la caza de brujas imperante, esa mala prensa ha escalado muchos peldaños y si ya era malo entonces, ahora es el demonio (incluso ni tan siquiera sale en la ficha de "la secre"... laméntense por el pobre extra que le confiere vida).
Fue desconcertante recordar esa versión de un Landis pletórico y surfeando la cresta de la ola (gracias a "Michael") para, escasamente un día después, encontrarme con el otro, el decadente, incapaz de recuperar su buena estrella por mucho que lo intentara (la peli reseñada). Apenas habían pasado diez años desde la realización de "Thriller", curro que le fue adjudicado gracias a lo mucho que Michael Jackson disfrutó con la, hasta entonces, primera y única incursión de John Landis en el terror (mezclado con una comedia muy relativa), "Un hombre lobo americano en Londres". Justo por eso, cuando a principios de los noventa anunció que, por fin, regresaba al género / formato, los "fans" tuvimos claras dos cosas: Uno, aquella era una ocasión especial y, dos, el tipo debería estar muy muy desesperado como para intentarlo de nuevo con la fórmula que tanto le había funcionado en el pasado. La diferencia es que esta ocasión cambiábamos hombres lobo por los siempre aburridos vampiros. El invento respondería al título de "Innocent Blood" (aquí "Sangre Fresca (una chica insaciable)". En Australia "Un vampiro francés en América", ¡¡ja!!) y todos los medios especializados se hicieron eco de ello, empezando por "Fangoria" (incluida su entonces ya activa hermana española). Y así, de lejos, la premisa era prometedora, tenía potencial: Una vampira de buen corazón únicamente ataca a gente mala, en este caso mafiosos. Siempre procura pegarles un tiro a posteriori para, así, evitar que revivan convertidos en parte de su especie. Pero un día, y por sendas movidas, no logra dar el toque de gracia a su nueva cena, nada menos que un capo de lo más poderoso y malvado. Inevitablemente, este regresará de la muerte con nuevos poderes y decidirá convertir en vampiros al resto de su "famiglia" para, asín, hacerse invencibles. Por supuesto la vampira, con ayuda de un policía / interés amoroso, le parará los pies.
John Landis contaba con todo lo necesario para lograr un pleno. Su, como digo, vuelta al género con el beneplácito de todo el "fandom". "Warner Brothers" abrazando el proyecto. Un reparto de primera, con la francesita Anne Parillaud, caliente aún de "Nikita, dura de matar", en lo que se prometía su deseada incursión Hollywoodiense -sale en pelota picada nomás arrancar el film-, seguida de nombres del calibre de Anthony LaPlagia (el poli / interés amoroso), Robert Loggia (algo sobreactuado), Angela Bassett, Don Rickles y los habituales de cualquier peli con mafiosos que se precie, David Proval, Rocco Sisto + Chaz Palminteri. Un montón de cameos guapos (Tom Savini, Sam Raimi, Frank Oz, Dario Argento, Forrest J. Ackerman, Michael Ritchie....). El inevitable chiste privado habitual de "See you next Wednesday", efectos especiales punteros y sendas referencias cinéfilas, todas vistas a través de televisores y algo cansinas en su insistencia. Sin embargo, "Sangre Fresca" fracasó, en todos los aspectos y sentidos. Fue un hostiazo tremendo, el "fandom" le dio la espalda, la Parillaud entró en el cine yanki por la puerta de atrás y John Landis tampoco recuperó el brillo perdido, ni la buena prensa.
Pero ¿¿por qué?? ¿¿qué falla?? Pues no sabría decirles... no soy tan ducho en estas lides, aunque afirmo sin despeinarme que es una película aburrida de cojones. Carece de ritmo y dinamismo. Las escenas de acción -pocas, por cierto- no hacen vibrar. La química entre la pareja protagonista es inexistente. Incluso su escena de sexo resulta incómoda de ver. Y todo ello rematado por un abuso de diálogos y la continua sensación de estar ante algo muy atropellado, patoso, sin foco ni finalidad. Tal vez Landis dudó por donde tirar (¿terror, comedia, thriller?) y, al final, al no quedarse con ninguna opción, ni mezclarlas inteligentemente como hiciese con la del licántropo desubicado, pues el plato supo a nada, a vacío. Habría que ver cuanta culpa de ello tuvo el guionista Michael Wolk, quien no había escrito nada previo, ni lo haría a posteriori.
En realidad lo único bueno de todo el desastre es una escena de efectos especiales cortesía de Steve Johnson, en la que un Don Rickless vampirizado se tosta al sol de forma espectacular (hacer notar que Linnea Quigley aparece como enfermera chillona. Aunque seguramente se deba a que en esos días era pareja de Johnson). Tampoco podemos pasar por alto la agradecida y generosa cantidad de tetas, destacando especialmente -por dimensión- las de la actriz porno Teri Weigel.
"Sangre Fresca" es una película absolutamente fallida y olvidable. 
Si les apetece, en su día publicamos los respectivos fotocromos.

martes, 1 de septiembre de 2026

PAGANDO POR ELLO

Chester Brown, probablemente el más reconocido autor de novela autobiográfica de Canadá, tomó una decisión drástica a finales de los 90. Tras su ruptura con la artista multidisciplinar Sook-Yin Lee, quien lo dejó porque, en teoría, se había enamorado de otro hombre, y al percibir que el acceso al sexo por parte de las mujeres solteras era mucho mayor en comparación con el que podían tener los hombres, decidió que, en adelante, renunciaría al amor romántico y solo se relacionaría sexualmente con prostitutas. Y vaya si cumplió con su promesa… De hecho, a día de hoy lleva más de 20 años vinculado a la misma mujer, con la que mantiene una relación monógama y a la que, pese a las leyes en Canadá que penan las transacciones sexuales a cambio de dinero, sigue pagando. En definitiva, podríamos decir que esa persona es su pareja. Así las cosas, Brown, como buen autor autobiográfico, contó su experiencia, desde la ruptura a sus posteriores encuentros con putas, en una aclamada y polémica novela gráfica titulada “Pagando por ello”. Lo curioso de todo este asunto es que, pese a la separación, Brown nunca dejó de ser amigo de su expareja. 
Esta, Sook-Yin Lee, uno de los principales personaje de la película —presentada con otro nombre—, paralelamente a su carrera como actriz desarrolló una como directora y, en la presente década, teniendo en cuenta lo difícil que era adaptar ese cómic en particular a la gran pantalla, asumió el reto y escribió el guion de un proyecto que finalmente vio la luz. Resulta llamativo porque el detonante para que el contrahecho Chester comenzara a frecuentar putiferios fue ella y, lógicamente, tenía que colocarse a sí misma como un personaje principal. El caso es que, finalmente, sabe tomar distancia y se presenta en la película de manera no del todo negativa, puesto que la relación entre ambos es excelente, pero sí como una persona con más morro que espalda (o al menos así la percibo yo) bastante injusta con el pobre dibujante. Como directora y autora del libreto, sabe contar lo que tiene que contar: todas esas transacciones económicas que hace el protagonista con furcias de distinto tamaño, condición social o catadura moral. Brown en la vida real es un putero confeso y un defensor de la despenalización del trabajo sexual. 
Por supuesto, con buena picha bien se jode, el film parte de buen material, por lo que está bastante bien resuelto. Además, es tal y como uno se lo imagina antes de ponerse a verlo: una producción de corte muy independiente, ritmo pausado pero interesante y entretenida, al estilo de otras adaptaciones al cine de cómics autobiográficos como puedan ser la superior “American Splendor”, “My Friend Dahmer” o “El diario de una adolescente”. De hecho, el estilo de todas estas cintas es tan similar en tono y forma que casi parece un subgénero autoparódico. A “Pagando por ello” le pasa exactamente lo mismo. Con todo eso, la película es más que correcta, ofrece exactamente lo que se espera y, en resumen, vemos el conflicto y la solución que plantea la obra original sin mayor problemática. 
Hay que destacar las secuencias en las que Chester Brown comenta su situación con sus compañeros, también dibujantes de cómics de aspecto maltrecho y bastante "freaks", y resaltar el hecho de que las tías que aparecen en la peli destacan porque son todas infinitamente más guapas que los tíos, más feos que Picio. Pero, con todo eso, los personajes resultan más estilizados que sus equivalentes en la vida real, ya sea Sook-Yin o el propio Chester, interpretados por Emily Le y Dan Beirne respectivamente. Ella se rompe de guapa, mientras que él, aunque no luce tan chusco como el verdadero autor, guapo no es. No obstante, ambos mantienen la esencia de los personajes.