Mostrando las entradas para la consulta "Full Moon" ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta "Full Moon" ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de diciembre de 2024

CREEPSHOW TV (4ª TEMPORADA) 1ª PARTE

Ya la tenemos aquí, la cuarta temporada del "Creepshow" televisivo. Ha costado, pero por fin, gracias en parte a mi querido amigo Enorm, me la he zampado entera... y en castellano, por primera vez, cosa que se me hizo graciosamente extraña. No obstante, y porque soy un puto esnob, mantendré los títulos de cada episodio en inglés.
Aunque suene trillado y poco original, comentar que esta nueva dosis es, hasta ahora, la más escasa en lo referente a "creepshowismo". ¿Que qué cojones quiero decir? Pues ya lo he contado antes. Si quieren saber más, disponen de una INTRO, así como las temporadas previas perfectamente anal-izadas capítulo a capítulo, la UNO, la DOS y la TRES.
Vayamos a por materia, pues...

En "Twenty Minutes with Cassandra" una especie de punki-seudogótica se presenta en casa de la protagonista anunciándole que por la zona ronda un monstruo dispuesto a matarla.
El primer capítulo de esta cuarta temporada es todo un sorpresón, porque se aleja bastante de los códigos formuláicos del terror. Sí, hay bicho. Hay gore. Y algún susto. Pero, en esencia, es más una comedia dialogada y "profunsda". Muy loable ello aunque, por desgracia, no termina de cuajar. El desarrollo es de lo más pelma y tontaina. Y al final terminas echando de menos los ingredientes clásicos. Vale, también era dialogada -y limitada a un solo actor- el de las cucarachas del "Creepshow" original pero, leñe, Greg Nicotero y Jamie Flanagan (director y guionista) no son George A. Romero y Stephen King, desde luego. Buen intento, por lo menos.
Más "normal" -y con mejores resultados- es la siguiente, "Smile". En ella un fotógrafo de guerra es laureado por una estampa angustiosa en la que un padre intenta rescatar a su hijo del ahogo. Al salir de la entrega de premios, su señora y él serán acosados por un misterioso personaje relacionado con aquel acontecimiento... y no parece muy contento.
Vale, todo en este capítulo resulta algo predecible, pero no por ello aburre en exceso. Está majo, y más tras el previo y su naturaleza atípica. Dirige un clásico de la casa, John Harrison.
Lo más llamativo de ambos es que la habitual comida de polla al fan a base de guiños, homenajes y demás, no asoma por ningún lado. Ni siquiera los actores disponen de un currículum llamativo en ese sentido. Únicamente Ruth Codd, y su fea faz, en "Twenty Minutes with Cassandra", que venía de interpretar un rol en "La caída de la casa Usher" según Mike Flanagan (hermano del arriba citado Jamie... ¡¡uuuuh, enchufeee!!), y por mucho que me gustase esa serie, tampoco podemos considerarlo méritos "fandomistas" (al menos no hasta dentro de quince o veinte años, cuando la nostalgia actúe).

Un escritor falto de ideas tiene acceso al sombrero que su héroe novelista solía usar cuando se encontraba ante un bloqueo creativo. Efectivamente, es "mágico" y, al ponérselo, se convierte en una máquina de fabricar best-sellers. Pero, claro, todo tiene un lado oscuro e insalubre.
Con "The Hat" recuperamos cierto espíritu "creepshowiano". Salvando prudentes distancias, sí vería esta historia como parte de su padre cinematográfico, no solo por lo narrado y el tono, también porque, a diferencia de la tanda previa, aquí se usa/abusa de los truquitos visuales habituales del clásico, aquellos que nos recuerdan que estamos leyendo un tebeo.
La comida de polla al fan es de lo más obvia, pero lógica dado el caso: el supuesto novelista, héroe del aspirante (quien luce un aspecto que ¿recuerda a Edgar Allan Poe?), se hace llamar "Stephen Bachman".... ¿lo pillan? Si no, son ustedes indignos.
Kailey y Sam Spear dirigen "The Hat" y la que sigue, "Grieving Process". Hermanas y gemelas, desde luego resultan harto peculiares y, visto lo visto, talentosas... aunque en su segunda intentona, la cosa brilla un poco menos.
La mujer de un chef famoso es asaltada por la calle y, a partir de ahí, se vuelve mala como el demonio, contrayendo un deseo incontrolable por devorar carne humana. Ello nos lleva al típico escenario del amante incondicional que sale en busca de víctimas para alimentarla. Nada nuevo. El resultado es decentillo, nomás.

En un arranque de ira, un pijillo mata a sus exigentes e inquisidores padres. Al poco reaparecen como fantasmas y siguen dándole la murga. El chaval conocerá a una antigua vecina con la que se liará para mayor disgusto de sus plasmáticos progenitores.
"Parent Death Trap" es una comedieta negra, medianamente simpática, pero poco más. Sigo sin localizar ningún nombre destacable, ni entre el reparto, los guionistas (que ya firmaron libretos de capítulos previos) o el director, Justin G. Dyck, con mogollón de subproductos navideños y románticos en su haber, y -creo- una única incursión previa en el terror con "Todo por Jackson", que he visto pero de la que no recuerdo absolutamente nada (mala cosa). Para completistas y devotos, señalar el sutil guiño al film original cuando el prota está de compras y localiza el cenicero con el que "Tía Bedelia" mató a "Nathan Grantham". Luego lo devuelve despectivamente a la estantería.
En "To Grandmother's House We Go" una palurda se casa con un anciano por su dinero. Cuando palma, la tipa cree que va a ser millonaria pero no, la hermana del muerto se interpone y, casi a modo de revancha, le encasqueta a su nieta para que ejerza de mamá. Años después, la hermana cae gravemente enferma y pide ver a la cría, así que esta y la palurda emprenden el viaje. A medio camino se llevarán la sorpresa de su vida encontrándose cara a cara con un licántropo.
Aunque no podamos acusar a la historia de simplona y lineal, lo cierto es que también resulta un pelo confusa y tontaina, con cita muy directa al cuento de "Caperucita Roja" y un final que no acabé de pillar. Todo ello es culpa/mérito de un personaje la mar de interesante, William Butler. Director eventual ("La caldera del infierno", "Mad House" y un porrón de roña digital para "Full Moon") y actor en reconocidas muestras del género ("Leatherface: La matanza de Texas 3", "La noche de los muertos vivientes" de 1990, "Ghoulies 2", "Viernes 13 - 7"...). También fue el guionista de las dos últimas entregas de "El regreso de los muertos vivientes", lo que oficializaría su ajustado talento para las letras.... pero no seamos tan duros, "To Grandmother's House We Go" se deja ver, es medianamente imprevisible -algo siempre agradecido- y el diseño del hombre lobo mola un rato. Dirige P.J. Pesce... pofale.

Continuará...

Creepshow TV (4ª temporada)

sábado, 20 de abril de 2024

IT KNOWS YOU´RE ALONE / SCREAM OF THE BLIND DEAD / PARASITE LADY

Ahí van dos confesiones. La primera: Cada vez me cuesta más aguantar una película entera. Supongo que he visto tantísimas, y sigo viendo tantísimas, que me aburro con una facilidad pasmosa. El estar tan bien informado de tropos, clichés y fórmulas, contribuye, no lo duden. Por eso, creo, solo consiguen engancharme aquellas muy bien paridas o, sobre todo, que se salen de mi menú habitual. En cambio, lo que hago mucho más es escuchar música. Sin descanso. Me puedo pasar horas. Resumiendo: mi cinefilia (o cinefagia) vive constantemente amenazada. ¿Qué hacer? Fácil, reunir ambas modalidades en una. Ver películas a la par que consumo música. Bien, bonito, pero... ¿qué clase de producto audiovisual es aquel cuyos diálogos y entendimiento de la trama merezcan ser sacrificados? Pues algo sin mucho valor, obvio, pero también sin mucho bla,bla, ni demasiadas complicaciones y, ya puestos, subtítulos básicos. Es decir, pelis zetosas, roñas amateurs, etc... mandanga actualmente muy fácil de localizar en plataformas, siempre de modo gratuito. Así que a ello me dedico últimamente.
Y, siguiendo con la lógica, ¿¿qué clase de películas me aseguran tales condiciones?? coño, pues las de Chris Alexander, un auténtico especialista en eso del corto alargado. Ya hablé de él hace un tiempo, de su condición de ex-editor de "Fangoria", de como ello le valía para recibir apoyo y ayudas de ciertos personajillos "importantes" del sector, y... bueno, aquí viene la segunda confesión: de lo mal que me cae.
Lo tenía atragantado de antes (no puedo sufrir su cara de pasmao, esa gorrita detestable que lleva siempre y el rollo pedante del que, ocasionalmente, hace gala), pero podía tolerarlo como bicho curioso. Después de cierto affaire -que no comentaré, es cosa mía, aunque contribuyó a convertir el atragantamiento en "algo personal"-, ya no valía ni eso. Detesto a Chris Alexander. Sin su pasado "Fangoriano", pertenecería a los miles y miles de pringados que hacen cacotas con la vídeo-cámara creyéndose "filmmakers" legítimos, lejos de trascender. Pero él se puede permitir el gusto de ir a tomar unas copichuelas con Charles Band, convencerle para que invierta capital en sus peliculillas y, luego, las cuele en los servicios de streaming de "Full Moon". Y Band, claro, acepta. En parte porque anda muy perdido últimamente y está dispuesto a tocar cualquier palo en espera de que alguno suene. Lo máximo que el ex-capitoste de "Empire" ha aportado al "cine" de Alexander son tetillas. Antes las actrices le salían con camisón, marcando pezón, pero poco más. En sus roñas recientes, y de las que hablaré a continuación, se ven ubres. Algunas muy gonitas.
Así pues, tengan en consideración que las siguientes tres películas las consumí con música ajena en los oídos. Algo que podría considerarse trágico pues el juego auditivo se supone tiene mucho peso en las pelis de Alexander, ya que él mismo se encarga de componer y tocar lo que suena en la banda sonora, rollo "Goblin", retro-techno setentero. Pero, dadas las circunstancias, me la trae tremendamente floja. Para el caso, el mentado acompañamiento vino de la mano de "The amazing crowns", "The Onyas", "Teenage Head", "The Oblivians" y "Dirtys". Gracias a todos ellos por hacerme la experiencia más soportable.

La primera en caer fue "It knows you´re alone". Una pava de hermosos mondongos encuentra en la orilla de la playa un... errr... ¿cómo definirlo? teléfono muy tocho que antaño usaban los barcos para comunicarse entre ellos (¿arrastrado por el mar a pesar del peso?). Se lo lleva a casa, lo limpia y, claro, una noche suena. Lo coge y escucha sonidos raros, como voces distorsionadas del más allá. Por lo visto hay un fantasma muy cabreado en el lugar y utiliza el parato para darle al pico y, de paso, materializarse con fines bien pérfidos.
Bien, Alexander cumple con la papeleta del buen zineasta digital moderno esclavo de las plataformas. Lo primero es que tu peli ejerza de buen concepto, antes que buena videomovie. Así, remarcas mucho las referencias para que el fan medio se sitúe: Un cartel muy chanin con regusto a los setenta. Unos créditos a base de guiños tan sutiles como recibir un martillazo en la polla (por ahí leemos los nombres de A.M.Frank y Daniel White... como se suele decir ahora: if you know, you know), mucha morralla psicodélica a base de filtros, lesbianismo de chichinabo, toda una ristra de características propias del cine facturado en los 70 y, muy especialmente, el eurotrash que don Alexander hace suyas... pero sin más.... de modo completamente superficial, hueco, vacío. Porquesí. ¿Y el resto? pos una trama lineal como el cordel de un támpax, leeeeeeenta cual tortuga asmática, carente de imaginación o alguna resolución ingeniosa y una escueta duración de escasos 50 minutos que, encima, se hacen eternos. Ya les decía arriba, cortos alargados ad infinitum. Le quitas los paseos interminables y el rellenismo estético, y se queda en unos 10 minutos... igualmente aburridos.

"Scream of the blind dead" era la que me hacía más gracia, básicamente por tratarse de un homenaje a los templarios de Amando de Ossorio. ¿La enésima secuela en formato amateur, como tantas se han hecho -y tan jodidamente mal- estos años? Eso pensaba yo, pero no. En apenas 38 minutos (igualmente eternos) Alexander se vale de cierta iconografía propia de la franquicia hispánica (en este caso reducidas a UN templario) para contar lo de siempre, a la manera de siempre. Una tipa guapa (muy guapa, Stephanie Delorme), impulsada por una voz que la llama del más allá, baja del tren, llega hasta una vieja iglesia, se masturba recordando cómo se folló a su amante lesbi y, entonces, aparece un templario que la persigue.... y persigue....  y persigue.... y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue....  y persigue... y per... eso. Hasta que la mata. That´s all folks. Incluye cameo de Lone Fleming, por supuesto... solo que, acorde a este cine de tecnología digital, limitado a la voz. Es decir, ni siquiera le pagaron un billete para ir a "rodar" a Canadá, bastó con una llamada por Skype. Evidentemente, toda la publi / promo de "Scream of the blind dead" es dolorosamente engañosa. Y eso aporta algo positivo, el careto que se le va a quedar a todo retardado fan del fantaterror cuando se siente frente a la tele dispuesto a ver esto.

La verdad es que habría dejado la tortura aquí, pero estaba gozando de mi particular banda sonora y no quería cortarla, así pues me busqué otra chrisalexanderdada para acompañar. Una cortita, eso sí. La elegida fue "Parasite Lady" de... no recuerdo bien, 40 y pico minutos.
Una tipa vive metida en un ataúd. Se levanta, se ducha para que le veamos las tetas, sale a la calle, visita una feria muy retro, se liga a otra pava, se la lleva a un motel, le abre el cuello y bebe su sangre. Al día siguiente, lo mimmo. Y así hasta que se enamora de una de sus víctimas, pero la madre superiora de las chupadoras de sangre no permitirá a su pupila tal capricho. En fins. Si el cine de Chris Alexander ya es aburrido y repetitivo, alargado hasta la ofensa, aquí la cosa se torna cruel, ya que de eso va la trama, de ver a doña parásito sumida en idéntica rutina día tras día. Hay que ser joputa. Todo ello pues a lo digital, a lo estéticamente hermoso propio de un vídeo de karaoke, diálogos mínimos, cámaras lentas, filtros hasta aturdir, bla, bla. Sin novedad. Todo aquello que parapeta su verdadera condición de producto hueco, sin alma, sin trama, sin esencia, pero lo suficiente recargado estéticamente -y pomposo- para que el fan medio se flipe, se ciegue, y diga maravillas aluego en las detestables redes sociales habituales. ¡Panda de cretinos!.
Sin embargo reconozco que, en el fondo, es hasta respetable que Chris Alexander se mantenga tan fiel a sus características maneras. Ahora bien, no sé como no se aburre de hacer exactamente siempre lo mismo, de idéntico modo. Me sorprende esa criminal falta de inquietud creativa, ciertamente.
Y que a gusto me he quedao, oiga.

miércoles, 14 de febrero de 2024

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 34 (MARICONADAS VARIAS E)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique", "Impact" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....

Y siendo hoy 14 de Febrero... con más razón aún.

En una reciente ocasión, el irritante pijillo de flequillo nervioso que se dedica a verborrear sobre libros ignotos (o de sus amiguitos) en "Cuarto Milenio", calificó al "Capitán América" de Albert Pyun, sin ápice de duda, como "la peor película de superhéroes de la historia". ¡Aaaaayyy el puto mainstream! como me cabrea cuando estos papanatas aseveran sobre materias que desconocen y atontan -aún más, si cabe- a su audiencia. Unos meses antes, Iker había mentado de pasada "Supersonic Man". Es decir, la conocía. Entonces, ¿por qué no interrumpir a su interlocutor para aclarar que hay pelis de superhéroes peores que la de Pyun? ¿pa qué? supongo que el ser española la libró de recibir tal desprecio (ya sabemos lo mucho que le pone la marcasssssspaññññña al rechoncho Don Jiménez), pero sería lo justo... y al lado que sitúen a "El hombre puma" o... "Thor: Love & Thunder" (jajajaaa!! y no, no es que nos apuntemos al linchamiento público de "Marvel Studios" -ya saben cómo es la gentuza-, pero esa era mala a rabiar). Independientemente de la más que discutible calidad del film de Albert Pyun, lo cierto es que siempre me han hecho mucha gracia cómo el Capi y su eterno enemigo Cráneo Rojo lucían en sus grumosos fotogramas.


Del griego de oro Nico Mastorakis hemos hablado ya unas cuantas veces por estos lares. Su historia no tiene desperdicio. Salió de las islas para hacer las Américas y lo consiguió. Eso sí, a base de subproductos y explotación... pero dentro de cierta categoría. Pudo contar con medios razonables y algún rostro más que popular. Sin embargo, superados los noventa, comenzó a rebajar el ritmo y, hoy, casi podría decirse que ha semidesaparecido. Por todo ello, valga la foto del hombre en acción en plenos ochenta junto a una cámara tocha de 35mm, nada menos. De cuando estos mercenarios aún podían permitírselas.
Debajo, una sugerente instantánea de uno de sus films más populares -y reconocible caratula para aquellos adictos al vídeo-club-, "Cita Ciega", en la que se delatan sus maneras y se aclara diáfanamente por qué Mastorakis nunca abandonó el panteón de los exploiters, por mucho que lo intentó (la moza no es otra que Marina Sirtis, entonces futura fantasía pajera de trekkies).

En "The man who loved Hitchcock" el maestro del suspense in person (al que da vida el gran Peter Ustinov) es acosado por un fan obsesivo y peligroso, uno que comienza a cometer crímenes inspirándose en las películas de su héroe. Alfred abandonará la masiva ingestión de donuts para detenerle.
¿A que suena bien? pues entonces les disgustará saber que esta película jamás llegó a realizarse. Fue uno de los muchos proyectos chispeantes pero sin producir del legendario Larry Cohen. Si eso, por un lado, incrementa el dolor, saber que el tono iba a ser de comedia lo suaviza. Cada vez que el director de "La serpiente voladora" ha tirado de humor, le han salido churros considerables. ¿Recuerdan aquella cosa horrible titulada "Regreso a Full Moon"? ¿y no eran los pasajes graciosos de "The Stuff/In-Natural" altamente irritantes? Poseso.

Y hablando de poseso... de posesión... de... hummm.
Eventualmente nos da mucho gustito recurrir a imágenes de películas explotadísimas pero por las que sentimos distintos grados de estima. Si, además, dicha estampa no está demasiado sobada, pues entonces ¡¡cojonudo, oiga!! Es el caso aquí presente, con tía Henrieta (es decir, Ted Raimi) asomando por el sótano en "Terroríficamente Muertos" a la manera que lo hacía Cheryl en "Posesión Infernal". Una foto de naturaleza puramente promocional -o incluso nostálgica- ya que, asíN, no sale en la peli. "Mad Movies" la publicó en su día, cuando el estreno del film estaba aún pendiente, al menos en España. Así que, ¡se imaginan el subidón! ver un instante tan icónico actualizado resultó altamente regocijante.
Quien me iba a decir entonces que, con el paso de los años, lo vería recreado chorromil veces más, a cada cual con menos gracia.
Una tragedia y de las tochas.

viernes, 1 de septiembre de 2023

EL GENIO DE LA LÁMPARA

Tenía yo curiosidad por ver como era la otra película de Alexander Cassini tras la extraña y, en cierto modo vanguardista “Star Time”. Y claro, me enfrento a una película dirigida al público infantil, pergeñada por un individuo que por raro tampoco se le puede considerar un buen cineasta. Y su segunda y última película resulta ser esta “El genio de lámpara” que es lo más estándar que puede hacer este hombre. Claro, no se trata de una película mainstream para su estreno en salas, “El genio de la lámpara” se concibió por pocos duros y para el mercado del vídeo y la televisión por cable. No obstante, para tirar adelante con el proyecto, Cassini se tuvo que asociar con Full Moon Entertainment con el bueno de Charles Band como productor ejecutivo, pero se trata de una película no auspiciada por la Full Moon, quiero decir que, aunque el nombre de la productora figura en los créditos, no aparece en el catálogo de la productora. Como tampoco Charles Band en los créditos, su asociación con Cassini es puramente mercantil. De este modo, el director se traslada con su equipo a Rumanía para abaratar costes y, así, dar forma a esta extraña película sobre un genio de la lámpara que es pura "serie B" barata para niños.
Un arqueólogo está en Egipto buscando sarcófagos en una extraña gruta, cuando aparece una lámpara mágica custodiada por una momia. En otro lugar, tenemos a un niño repelente y sabiondo que no se lleva bien con nadie y tiene ciertos problemas de adaptación. No sabemos muy bien como, pero esta lámpara acaba yendo a parar a manos del niño, que acabará liberando al genio que hay en ella. Este comienza a concederle deseos, pero como es un poco inepto, lo hará mal, por lo que generará todo tipo de problemas, como traer a la vida real todos los personajes de la tele del chaval. Por supuesto, la película se convertirá en un ir y venir del chico y el genio, mientras un agente de seguridad nacional les hace la cobertura. Por lo demás, salen caballeros medievales, señores vestidos de época e incluso un repugnante hombre serpiente.
Anodina hasta decir basta, el principal problema que tiene "El genio de la lámpara" son sus dos protagonistas; el niño, un tal Matt Koruba, es tan hostiable que a los pocos minutos de aparecer en escena a uno ya le entran ganas de quitar la película de lo puramente repipi que es, y esa cara de guapito que tiene, con ese puto peinado noventero y esos irritantes ojos verdes. El que hace de genio no mejora mucho las cosas, un tipo que sobreactúa de mala manera, consciente de que está en una película barata para críos. El actor en cuestión, Tom Fahn, se dedica habitualmente a doblar dibujos animados de tercera fila, llamándome la atención, en su filmografía, el haber sido la voz americana de Condorito en “Condorito: La película” (que es uno de los espantos más espantosos que han pasado por mis retinas. Con lo que yo adoro al personaje…) Y luego tenemos, en la parte femenina, a Stacy Randall de la que si digo que ha intervenido en films tan populares como “Puppet Master 4”, “Trancers 4”, “Ghoulies IV” o “Trancers 5”, lo mismo se quedan igual que estaban.
Desde luego, yo tenía curiosidad por ver esta película, no me pregunten por qué. Quizás porque me parecía rematadamente rara. Pero desde luego, verla ha sido un verdadero suplicio. Me imagino la cara de cualquier niño al que, ingenuamente, sus padres le pongan semejante producto. No es especialmente cutre, los F/X están dentro de lo tolerable, pero sabe absolutamente a nada.
Lo más cachondo es que pude localizar una copia doblada al castellano, lo que quiere decir que esta película, el algún momento, ha debido ser pasada por alguna televisión, porque me consta, a no ser que alguien venga con datos que demuestren lo contrario, que no se comercializó en formato físico alguno en España en su momento, finales de 1999 o primeros 2000.

sábado, 6 de mayo de 2023

FEMALE WEREWOLF

Pensándolo fríamente, la última etapa creativa de Jess Franco, repleta de costrosas pelis caseras grabadas en vídeo, ha hecho mucho "daño". Hay quien, tras ver "Paula Paula", "La cripta de las condenadas" o incluso "Al Pereira versus the Alligator Ladies", pensará: "Coño, si este cineasta mundialmente "admirado" hace esta mierda y la llama/n película, yo también puedo". Entonces cogerá la cámara de vídeo, pagará cuatro céntimos a un par de orondas paletas con sueños de grandeza dispuestas al despelote y, ¡hala!, ¡¡hagamos séptimo arte a base de largos e interminables planos de lesbianismo aceitoso!! Y no hablo únicamente de pazguatos anónimos, lo hago también de individuos con cierto nombre y reputación como Chris Alexander.
Músico, crítico y redactor, cabeza pensante tras la desaparecida web "Shock till you drop", la estupenda revista de "Full Moon" "Delirium" y, sí, editor durante unos años de la legendaria "Fangoria", Alexander es súper-fan de Jess Franco. Más de una vez le ha dedicado generosos espacios en las publicaciones mentadas. Incluso en una interviu le hizo preguntas la mar de profundas e intelectualoides en torno a ¡¡"Paula Paula"!!. Sí amigos, Chris se la tomaba en serio (en otra ocasión, para la crítica de una película de terror más bien común y corriente, escribió "No es lo suficientemente sofisticada en su subtexto freudiano como para afectarme psicológicamente"... no coments) Y, peor aún, se toma demasiado en serio sus propias obras, todas ellas con unas señas de identidad muy características: Están grabadas en vídeo estándar
, cuentan con repartos esencialmente femeninos, lucen estética de vídeo arte, algo de erotismo lésbico y, especialmente, hacen gala de ritmos absolutamente exasperantes en su lentitud, recreándose en mucho "nada". Y todas, como decía, muy influenciadas por el lado más barriobajeramente arty de don Jesús (me niego a llamarle tío Jess... lo detesto).
Aún así, la curiosidad me mataba y ansiaba ver alguna de ellas. Anduve tiempo buscándolas en balde (porque no pensaba pagar por ninguna) hasta que un día, el desaparecido Romerito me sorprendió mandándome "Female Werewolf".
La trama es la siguiente: Una mujer se pirra por los huesos de otras féminas, especialmente cierta compañera de curro. Cuando se pone cachonda, en su delirio cree transformarse en una bestia salvaje. O eso dice "la secretaria". Fin. No hay más. Y es que la historia es lo de menos, lo primordial aquí es el tema visual. Planos largos e inmóviles, muchos silencios (el diálogo es mínimo), repetición, sexo timorato (escotes, pero ninguna teta), efectos de vídeo de esos que vuelven loco, cámaras lentas, música "atmosférica".... en fin. Alguien dijo una vez que eran "vídeos amateurs experimentales" y la verdad es que la etiqueta le va a la zaga, porque por mucho que lo intente su director, todo termina haciendo gala de un notable tufo casero. Uno que molaría si no fuese por la autosuficiencia y arrogancia que desprende. Pomposo y pretencioso es quedarse corto. Las imágenes que luce "Female Werewolf" no son tan maravillosas como Chris Alexander nos quiere hacer creer. O cree él.
Está claro que sus películas gozan de cierta "exposición" porque es quien es, y tiene los contactos que tiene. Así de simple. Si estas movidas las hiciese cualquier otro mindundi, no le harían ni puto caso. Pero Alexander, gracias a su periplo como máximo responsable de "Fangoria" durante un tiempo, ha recolectado a un gran número de personas "importantes" en el ambiente cinematográfico horrorífico, como el productor de la reseñada, Derek Curl, en cuyo curriculum encontramos cine legítimo del calibre de "La casa del diablo", "Hatchet 2", "Los huéspedes" o "Stake Land".
A ver, que está muy bien que Chris Alexander construya toda una obra sobre unos cimientos estéticos y narrativos tan peculiares. Mola tener un estilo. Pero, en fin, lo visto me ha parecido la mar de tonto. De vacuo. Le quitas 30 minutos a "Female Werewolf" y mejoraría mucho. Puedes contar lo mismo y lograr algo más ameno.
Y claro, luego pasa lo que pasa, con esos carteles tan espectaculares la peña espera la mojama y, cuando procede, se siente engañada y corre a rajar de la peli en su blog (a menos que tengas contactos con o intereses de cara a su realizador, en ese caso te curras un youtubismo lameculero) La mujer lobo del título está lejos de resultar tan espectacular. La mayoría del tiempo es la actriz con colmillos. Solo al final, y disimulado a base de filtros rojos, vemos cómo, a lo "En compañía de lobos", le sale un perro de la boca.... pero poco más.
"Female Werewolf" es previsible en su espíritu supuestamente rompedor (incluido aquí el intenso soporrrrrr), no aporta sangre y, lo que es peor, no sirve ni para darnos un desahogo manual. Dicho de otro modo, no la recomendaría salvo que sean ustedes unos curiosos sadomasoquistas como yo.

sábado, 20 de agosto de 2022

DIRECT TO VIDEO: STRAIGHT TO VIDEO HORROR OF THE 90´S

Dustin Ferguson es uno de esos "filmmakers de la era digital" que, gracias a las nuevas herramientas económicas y las plataformas, producen películas de terror como rosquillas, entre diez y veinte al año. No le falta nada, tiene varias de tiburones que cantan y bailan, sendas seudo-secuelas de Amityville, la del payaso asesino, la de zombies, el retro slasher. Todas las tendencias habidas y por haber en el submundo del zetismo, y en riguroso orden, perfectamente dispuestas en sendas plataformas de streaming a la desesperada búsqueda del click ("clickxploitation" lo llamo, algún día les hablaré a fondo de ello). Del montonazo destacan varios documentales que delatan sus apetencias pero, también, sus carencias, entre ellas el acabado algo costroso y descuidado de "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s".
Resulta complicado valorar cualquier tendencia creativa surgida en los noventa. No fueron años de mucho esplendor, siendo el terror donde la cosa andaba más jodida. Pero, claro, ahora que es tan "cool" reivindicarlo absolutamente todo, hasta los vídeos de YouTube donde se explica cómo cocinar croquetas, pues resulta desconcertantemente normal que a alguien le de por decir que los productos de tercera destinados al vídeo-club paridos en aquellos tiempos merecen ser atendidos. Pos fale. De todo tiene que haber en este mundo. Yo, como degustador insaciable y curioso incurable, me moría por ver cómo coño se lo montaban para defender tanta basurilla. Además, la ristra de cabezas parlantes era atractiva (siguiendo el mismo orden de Imdb): Clint Howard, Kelly Maroney, Lloyd Kaufman, Brinke Stevens, Tiffany Shepis, Fred Olen Ray, (el auténtico "hero" de Ferguson, quien comenzó su andadura amateur pariendo una secuela casera de "Scalps"!!), Jim Wynorski, Debra Lamb, Kevin Tenney, Rolfe Kanefsky, Jeff Burr, C.Courtney Joyner y el gran Chuck Cirino. Gracias al bueno de Romerito ayer mismo pude desquitarme.
Realmente, mi gran temor antes de darle al "Play" era la sobredosis de "geekismo" descontrolado que hoy lo salpica todo. Donde la desmedida pasión por cualquier chuminada ciega a los que la defienden, impidiéndoles comportarse como personas justas y racionales. Y de entrada, dichos temores parecían justificados: Ver al inicio dos logotipos de sendas productoras, uno imitando el rollo "grindhouse" setentero, y el otro el rollo "vhs rancio", me acojonaron. Tampoco ayudó la inmediata presencia de dos mongos esputando las tonterías de rigor, especialmente el que vende la moto de su condición punk-skater, recurriendo a la cantinela del "chico solitario que alquilaba esas películas con las que era feliz", para luego afirmar, sin ruborizarse, que sus "amigos" en realidad eran los personajes que pululaban por las producciones "Full Moon" de la década.
Comenzaba a sentir deseos de subirme por las paredes, cuando la cosa se calma y Dustin Ferguson da pie a los que de verdad interesan, los creadores de todo aquel cine (o "cine") que le dan al pico que da gusto, contando mil batallitas. Algunas no especialmente interesantes, ni divertidas (por mucho que el entrevistado se descojone durante el proceso), pero en general amenas.
Entre medias, cuela trailers o momentos concretos de las películas comentadas, pero procede de modo bastante poco certero, muy bruscamente, haciendo gala de cierto patosismo caótico a la hora del montaje, sobre todo introduciendo avances sin que veamos el título y, por ende, cuando aparece el invitado hablando, todavía no sepamos de qué jodida película se trata. En general es todo como muy deslavazado, una mera acumulación de peña dándole a la sin hueso carente de trama interna, ni nada específico.
Aunque lo verdaderamente ofuscante fue que, a pesar de toda la información recibida, no me estaba divirtiendo. Ni emocionando. Ni nada. El aburrimiento iba ganando la partida a cada minuto que se sumaba (porque, como todo creador de la era digital, Ferguson es incapaz de contenerse. Lo mete todo, a lo bestia, y suma casi dos horas de documental) ¿Cuál sería la causa? ¿Tal vez que, hasta hace poco que me reconcilié con el cine de los 90, tenía un muy bajo concepto del mismo? Tras mucho reflexionar, lo entendí: el terror de baja estofa de ese periodo es demasiado malo, demasiado olvidable, realmente no hay NI UNA peli memorable en todo el documental... son todas malas, desalmadas, con ese look telefílmico, esos abusos de diálogos, esos pre-efectos infográficos tan mierdosos. Claro, así es imposible emocionarse ni un ápice.
Cuando salen a relucir algunos más o menos interesantes, te esperanzas... hasta que descubres que se está recurriendo a sus secuelas... las peores, además. El tercer "Night of the demons" y el cuarto "Ghoulies". Más fatídico es el caso de "El Dentista", que siendo uno de los pocos subproductos potables de la época (ni que sea por cuando lo vi en el Festival de Sitges, con toda la platea gritando en los momentos de truculencia dental), ¡resulta que se decantan por su horrible segunda parte!
Al final, "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s", como buen documental parido en una época de incontinencia y sobreproducción, deja la sensación de ser algo muy desaprovechado, en perfecta consonancia con las películas y -a rasgos generales- la década a las que dedica su contenido.
La providencia ha querido que para la semana entrante mi compañero Víctor haya reseñado dos películas del colega Dustin. Así, a lo tonto, este escrito pasa a ser el pistoletazo de salida de lo que podríamos llamar la "Ferguson Week". Que les sea leve.

sábado, 2 de julio de 2022

SHOCK CINEMA

Hacía ya la hostia de tiempo que conocía este documental apadrinado y producido por David DeCoteau desde su flamante "Cinema Home Video" (y presentado por la "scream queen" Brinke Stevens). Recuerdo verlo anunciado en cierta prensa alternativa yanki (a base de pequeños recuadros en blanco y negro) y me moría de ganas de consumirlo por quienes andaban implicados. Algunos, auténticos héroes del que suscribe. Es decir, en esa época. Gente como Fred Olen Ray o DeCoteau himself (jóvenes y dedicados en cuerpo + alma a su mejor época) Leído así no suena especial. Pero tengan en cuenta la fecha de creación del documento: 1991. Todavía no se había producido la explosión "geek" en el mundo. El cine de serie Z o de culto seguía siendo algo oscuro y minoritario. Y, más importante aún, la nostalgia y autoconsciencia respecto a la naturaleza "trash" de estas obras quedaba lejos. Así que imaginen el gustazo que da ver a los mentados, a Charles Band (con la "Full Moon" a todo trapo), un Jeff Burr caliente de su paso por "Leatherface: La matanza de Texas 3", al bueno de Scott "Intruso en la noche" Spiegel luciendo una impresionante mullet o al SOVista J.R.Bookwalter (seguidos por, entre otros, Ernest Farino y C. Courtney Joyner) hablando, todos y cada uno de ellos, de sus inicios en la industria, sus experiencias buenas y malas, aconsejando, rajando y chorreando frustración a espuertas. Especialmente el amigo Ray, que estaba hasta los cojones de lo mal que se le trataba y no para de justificarse cual llorica desesperado. O Bookwalter, narrando por enésima vez sus trifulcas con Sam Raimi.
Aunque hay un tema recurrente en todos los casos: la guita. Es evidente que estos señores se metieron en el cine de explotación teniendo muy claro cual era la meta, sacar cuartos de donde fuese, y eso es lo que más les preocupa por encima de todo (especialmente, e inevitablemente, a Ray y DeCoteau). No me encanta, yo soy más de amor al arte y esas pérdidas de tiempo, pero lo comprendo y acepto.
En cualquier caso, hablamos de 60 minutos de puras cabezas parlantes. Nada más. Escasean muy mucho las
 imágenes de archivo y/o carteles (es de suponer que el presupuesto era tan escaso que resultaba imposible pagar los derechos de todo eso) y, por suerte, el director (Robert Hayes) no aparece en ningún plano ni aporta nada suyo. Solo deja hablar.
Muy interesante, muy ameno y muy recomendable.
Su éxito generó unas cuantas entregas, que también he tenido "el placer" de visionar. La segunda mantiene lo de los cabolos dándole a la sin hueso sobre sus experiencias en el cine de explotación, siendo buena parte de estos supervivientes de lo acontecido en los setenta (o antes), de ahí que abunde mucho discurso contra el "moderno de cine de horror" y sus excesos truculentos. Inevitable. Los interfectos más notorios son Forrest J. Ackerman, Gary Graver, Melissa Moore, Ted Newsom y Robert Quarry. No es tan disfrutable como el anterior, pero se deja ver agradablemente.
A partir de aquí, "Shock Cinema" abandona las entrevistas para centrarse en explotar el material de archivo de "Cinema Home Video". En el volumen tres nos comemos un porrón de tomas falsas de "Nightmare Sisters" y "Dr.Alien" (ambos, films de DeCoteau), además de algunos trailers. Muy muy aburrido todo. Completamente ignorable.
La cuarta y última entrega está un pelín mejor, pues se centra en el making of -y, muy especialmente, la confección de efectos especiales- de productos como "Al filo de la venganza", "Robot Ninja", "Skinned Alive" o "Ghoul School". En ese sentido, destaca que muestren cómo se facturó el impresionante aplastamiento craneal en "Al filo...", pero también la patética degollación con la hoja del cuchillo puesta de canto. O el caso de "Ghoul School" que, en cada una de sus muchas mutilaciones, los recurrentes condones rellenos de sangre falsa no se rompen cuando deben. Así, cada vez que desgarran carne, los vemos estirarse cual chicle descaradamente hasta ceder. El (d)efecto es raro, porque da cierta grima, parecen tendones o algo así. Desde luego, como película de terror no se yo... pero como anuncio de gomas efectivas para evitar embarazos indeseados, "Ghoul School" es la bomba.
Superadas las cuatro entregas de "Shock Cinema", me vi otros tantos documentales dispuestos en la misma plataforma. Al ser materia actual, pecaban ya del abuso de "geek"-ismo + "nerd"-ismo, con un montón de supuestos expertos (blogeros, algún organizador de Cons...) y/o filmmakers de la era digital dando su opinión sobre títulos clásicos. Sin embargo, no todos resultaron desdeñables, siendo "Survival of the Film Freaks" el que mejor me entró, a pesar de (o a causa de) que le di al "play" cargado de pesimismo.

viernes, 30 de abril de 2021

CRAWLSPACE (EL ÁTICO)

Pequeña producción de la Empire en horas más o menos bajas que, reaprovechando los escenarios ya utilizados en “Torok, el Troll”, cuenta con el protagonismo de Klaus Kinski como el mayor de sus reclamos.
Se trata de la historia del hijo de un cirujano nazi que, teniendo un edificio de viviendas en propiedad, alquila pisos del mismo únicamente a estudiantes jóvenes y de buen ver. Al tiempo que hace experimentos con humanos en el ático, se dedicará a espiar a las jóvenes inquilinas, y también se llevará por delante a todo aquel que ose inmiscuirse en su trabajo.
Realmente es una película tirando a floja, pero con todo el encanto de una película Empire de la época y repleta de asesinatos, ratas y sangre bien rojita salpicándolo todo como si fuera acuarela. Quizás peca de aburridilla en algunos momentos y de hacer gala de una lentitud exasperante, pero, Klaus Kinski es, en sí mismo, un aval más que suficiente para ver la película. Kinski estaba como una puta cabra y, en su interpretación siempre grandilocuente, el espectador nota esa chifladura y, en consecuencia, la recibe con hilaridad. Por otro lado, también resulta gracioso el contraste de ver a Kinski, todo un reputado actor, interactuando con una serie de actores y actrices tan del montón. La cosa queda rara y, en su conjunto, “Crawlspace (El ático)” resulta una película bastante peculiar. A eso hay que añadirle  lo muy molona que es la fotografía de las películas Empire de la época, y el ambientillo de serie B made in Charles Band que se respira, por lo que, sí, es malilla, tirando a horrorosa, pero contiene otros muchos elementos que la vuelven interesante. A mí, me cae simpática.
Asimismo, a estas alturas hablar de que el rodaje fue un completo desastre por culpa de la locura y la presión a la que sometió al equipo el hijo de puta loco de Kinski, no sería nada nuevo; Sería lo obvio en cualquier película en la que trabajara el actor en aquella época. Esta vez, no solo renegó todo lo renegable, si no que, según el director, David Schmoeller, en tres días de rodaje, Kinski, se pegó seis veces con miembros del equipo, mientras que, por otro lado, no hacía ni puto caso a las indicaciones del director. Kinski hacía lo que le salía del rabo. Como no le gustaba el vestuario que se le había asignado a su personaje, un día, cogió y se fue de compras, eligió nueva ropa que a él le parecía más adecuada para su rol, y pasó los gastos a producción. Al finalizar el rodaje, cuando todo el equipo devolvía el vestuario y demás enseres utilizados al personal de atrezzo, Kinski decidió quedarse con la ropa que había comprado por la patilla.
El actor se comportaba fatal, no hacía más que soltar soflamas, criticar la producción y agredir a todo el que se cruzara en su camino. La cosa se volvía insostenible y tanto Schmoeller como el productor Robert Bessi decidieron que lo mejor era despedir a Kinski y contratar a cualquier otro actor y hacer del rodaje algo llevadero, sin embargo, Charles Band se negó en rotundo a despedirle, ya que consideraba que lo único que podía hacer que esta película atrajera a los espectadores al cine, era la presencia del actor, toda una leyenda. Así que se jodieron y apechugaron.
Sin embargo, Schmoeller, vio el cielo abierto cuando observó que Kinski se había encaprichado de una de las actrices — no se ha desvelado cuál podría ser de la que se encoño, pero todo apunta a que, probablemente, fuera Tané, actriz con la que en la película interactúa poco— y que, siempre que la actriz estaba en el set, con el fin de seducirla, Kinski se comportaba de manera caballerosa y educada, llegaba incluso a obedecer las órdenes del director, por lo que este pidió a la actriz que permaneciera en el set el mayor tiempo posible, incluso después de sus sesiones, ya que así conseguía domarle. La actriz se quedaba el tiempo que buenamente le fuera posible, pero, cuando ella no estaba, Kinski volvía a su estado natural, que era el de cagarse en dios continuamente, romperlo todo y hostiar al personal.
En consecuencia de este rodaje en el que casi todo el equipo acabó siendo agredido por el insoportable actor, en 1999, David Schmoeller rodó un pequeño documental en el que narra todo esto que yo he resumido aquí y en el que se desquita de lo que supuso su rodaje más complicado, para una película que, en resumidas cuentas, no deja de ser una mierdecilla. Su título es “Please, Kill Mr.Kinski” y, desde luego, es un estupendo complemento para visionar en programa doble con “Clawspace (El Ático)” y que el posible disfrute, sea mayor.
En el reparto de la cinta tenemos, co protagonizando con Kinski, a Talis Balsam, que no tiene ningún tipo de parentesco con Martin Balsam, pero sí que fue esposa de George Clooney durante algún tiempo, y a la que hemos podido ver en películas como “Trans-Gen, Los genes de la muerte” o “Ellas los prefieren jóvenes”, película para lucimiento de Patrick Dempsey que pasó bastante inadvertida en nuestros cines.
“Crawlspace (El Ático)”, no llegó a estrenarse en nuestras salas, pero al igual que la mayoría del catálogo de la Empire, y  distribuida por la mítica Lightning Vídeo, sí que es un clásico de videoclub absoluto.
En cuanto a David Schmoeller, su película más popular, también a las órdenes de Charlie Band esta vez para la Full Moon, sería “La venganza de los muñecos”, franquicia a la que dio el pistoletazo de salida y a la que, casi, casi, pone el broche, ya que suya es también la dirección, a medias junto a propio Charlie Band, Jeff Burr  y David DeCoteau de una de las últimas entregas de la saga, “Puppet Master: Blitzkrier Massacre”, aunque también se le pueden reconocer títulos como “Trampa para turistas”, sin duda su mejor película, o, también bajo el seno de la Full Moon, “El otro mundo”.

viernes, 8 de mayo de 2020

CORONA ZOMBIES

Charles Band, quien en otros tiempos fuera productor de algunos de los títulos más míticos de la serie B, no solo está en las últimas de su carrera como productor, sino que además está desesperado, e incapaz de insuflarle algo de vida a su decadente compañía Full Moon, y supongo que más con el fin de ponerse una medallita que con el de enriquecerse, para su última producción tira de algo tan obvio y desfasado como es aprovechar el tirón comercial que pueda tener algo como el Covid-19, que tiene en vilo a todo el planeta, para marcarse un exploit a costa de la pandemia, algo con sentido del humor. Pero lejos de hacer algo potable dentro de sus posibilidades, opta por aplicar la ley del mínimo esfuerzo —y la mínima imaginación— y se factura  en menos de 20 días, un truño monumental, este “Corona Zombies”.
Cuando el Covid-19 fue declarado pandemia, Band vio el cielo abierto y se le ocurrió lo de hacer una película sobre el tema. Rápidamente, y con total desconfianza por si el tiro le salía por la culata, lo primero que hizo fue elaborar un vistoso póster que colgaría en las redes y que, por supuesto, llamaría la atención del fandom, muy dado a exclamar “Wooow!”, ante iniciativas impostadas y para deficientes mentales como esta. El póster está chulo, se vuelve viral y se empieza a hablar de la película. Es entonces, cuando se asegura un mínimo de público, cuando decide hacer realidad esta producción. Dada la situación que atravesamos en la que no es posible sacarse de la manga toda una película, los más avezados comenzaron a sospechar que podía tratarse de un simple reciclado, lanzar una película en propiedad anterior y retitularla para la ocasión. Pero no,  Band quiso ir más allá, y amparándose en viejas (y respetadas) propuestas de material doblado en clave humorística, como hizo Woody Allen en  los años 60 con “Woody Allen nº1 (Lily, La Tigresa)” —y cito esta porque es la que Band dice tener como referencia—, Band,  decide coger una de las películas de las que posee sus derechos de explotación, para doblarla y adaptarla al argumento que nos ocupa. Y lejos de escoger alguna pieza más ignota u oscura, se decanta por un clásico de la carroña con fama internacional como es “Apocalipsis Canibal”. Combina parte del metraje de esta con el de otra película de su compañía, la infame “Zombies Vs. Strippers” y lo dobla todo. Por supuesto, dentro de la poca coherencia que pueda tener una cosa así, rueda material nuevo, pero estamos a inicios del confinamiento y el poco metraje original que filma, lo filma en su puta casa con una actriz de tres al cuarto. Ya tenemos “Corona Zombies”. Tras lanzar los trailers, y ver claramente de lo que se trata, la estratagema no da muy buena espina, pero, igual la cosa podía estar divertida ¿Quién sabe?  Pues no. El resultado de todo esto es poco menos que bochornoso.
La sinopsis global vendría a contar que las personas que fallecen por Corona virus, pronto vuelven a la vida transformados en zombies hambrientos. Para acabar con ellos el gobierno crea un escuadrón que los aniquilará llamado Corona Squad. A partir de aquí solo vemos una combinación de las dos películas fusiladas y el material original, con un doblaje lleno de chascarillos y chistes de parvulario, haciendo referencia a los tópicos de las mascarillas y el papel higiénico (sobre todo al papel higiénico) que sonrojarán incluso al más curtido en estas lides. Nada. El papel higiénico lo necesitamos para limpiar las pantallas donde osemos ver esta basura que, no ya es que se cague en la serie B y en el cine de explotación, sino que, directamente, defeca sobre el espectador.
Y lo peor es que Charles Band lo sabe. Y ni siquiera ha sido original en la propuesta. Cuando lo de la gripe aviar, cuyas consecuencias para nada se parecen a las de la presente pandemia y, por lo tanto, sin el mismo tirón comercial, algunos desangelados cineastas se aprovecharon de la situación lanzado infamias como “Gripe Aviar: Virus Mortal” de un tal Olivier Langlois, o la extraña (por seria) “Flu Birds Horror” de otro tal Leigh Scott, pero aquellas películas eran inofensivas y menos irritantes que esta, en primer lugar porque hay detrás el esfuerzo de realizar una película por infame que esta sea, y en segundo lugar, porque eran un producto exploit algo más genuino. Esta, como si de una pandemia misma se tratase, hará al fan tonto volverse aún más tonto. Y tontos es precisamente de lo que vamos sobrados (la prueba está en que, en cuanto se lanzó "Corona Zombies", varias páginas y blogs especializados en el género corrieron a apoyarla con sendas promociones, cegados por quien se encontraba tras ella, solo para formar parte de algo que, a la larga, casi se ha vuelto en su contra. Y sí, se incluyen aquí algunas páginas/blogs patrios).
“Corona Zombies” es como cuando un torpe hace un collage para un ejercicio del cole, y en este le quedan tantos restos de pegamento y ha recortado tan mal las estampas, que va el profe y te suspende. Lo que pasa es que, para más inri, a este le han suspendido en séptimo de EGB cuando tenía edad para estar en COU.
Por otro lado, decir que en la red rulan varias versiones del doblaje de la película. Por comodidad, elegí la versión con doblaje latino que, por lo visto, es aún más infame que el original en el sentido de que cambia el sentido de los chistes y chascarillos haciendo un fusilamiento de la versión original. Pero me confirma Naxo que, pese a eso, tampoco hace empeorar mucho más el resultado.
Como fuere, lógicamente, la cosa es tan alocada que ha medio funcionado, y ya se rumorea que en breve se estrenará una secuela. Esa no la veremos.

viernes, 24 de agosto de 2018

PUPPET MASTER: THE LITTLEST REICH

“Puppet Master: The Littlest Reich” la decimotercera entrega de la saga iniciada por David  Schmoeller para la Full Moon de Charles Band en 1989, a rasgos generales una gamberrada. Una travesura perpetrada por un grupo de talentosos amigos que con la excusa de otorgarle cierto prestigio a una saga de películas cuyo mayor handicap es que son muy malas, se lo pasan estupendamente haciéndole una limpieza de cara, donde lo que predomina es el exceso por el exceso, el grand guiñol en la más amplia acepción del término. Porque entre otras muchas cosas “Puppet Master: he Littlest Reich” es la película más sangrienta y salvaje que he visto en mucho tiempo.
Hay que tener en cuenta que son pequeñas marionetas las que perpetran estos crímenes, por lo que, aún sangrientos, no hay que tomarse estos muy en serio; El film pretende ser una suerte de “Braindead, tu madre se ha comido a mi perro”, para que me entiendan, una astracanada gore. Sin embargo, todo lo grotesco, excesivo y humorístico solo hace acto de presencia en el film con la presencia de los muñecajos, porque el resto de la película, las tramas y los personajes, desprenden seriedad de película adulta. Y esa combinación de seriedad casi austera —y hasta me atrevería a decir que contemplativa— con el desfase de sangre y vísceras que suponen las intervenciones de los muñecos, me parece de una originalidad  envidiable.
Ahora; hace unos días que se ha estrenado y el fandom, tan caprichoso como dañino, no parece haberse tomado estos cambios muy bien, y es que yo creo que esa panda de pazguatos querían más de lo mismo, es decir, otra entrega con los muñecos siendo los buenos de la función, en la segunda guerra mundial, resolviendo conflictos; otra más de la “Trilogía Axis”, o lo que es lo mismo, otro puto coñazo.
Y es que en resumidas cuentas lo que trae “Puppet Master: The Littlest Reich” es una nueva entrega un tanto más sofisticada, con algo más de presupuesto y con rostros populares, pero al fin de al cabo no deja de ser una serie B en toda regla. ¿Acaso se esperaban una producción de alto copete? No, no lo es. Y los artífices saben en el terreno que juegan.
Así que, por lo que a mí respecta, “Puppet Master: The Littlest Reich” supone lo mejor que le podía pasar a una franquicia que después de mogollón de entregas y miles de muñequitos vendidos por el mundo sobrevivía a base de simpatía. Todavía recuerdo el primer intento de lavado de cara de la misma con “Puppet Master: Axis of Evil” que consistía en haber sido rodada en 35 mm. en tiempos en los que Full Moon ya grababa sus productos únicamente en vídeo, y en consecuencia, abarataba costes por todos lados repercutiendo en el gore, que ya no había, y convirtiendo la franquicia en una cosa para toda la familia. Aquello si fue lamentable. Pero esta nueva entrega es genial.
La causa de que los fans hayan sacado el cuchillo, es que quizás no entiendan el ritmo con el que esta está rodada, la cadencia que imprime el guion, o la gran broma que en el fondo es la película; querer darle dignidad a una saga cuyo mayor valor es que no la tiene es estúpido, así que los directores Tommy Wiklund y Sonny Laguna, responsables de esa película tan deudora de “Posesión Infernal” y que aquí se tituló, valga la redundancia, “Wither (Posesión Infernal)” se dejan querer por el guion de uno de los grandes genios del cine de género independiente de este siglo, el gran S. Craig Zahler director de las magistrales “Bone Tomahawk” y “Brawll in cell block 99” y tomándose un poco a cachondeo el material cuando toca, incluso intentan imitar el estilo del guionista cuando dirige, pausado, envolvente y luego se desmelenan cuando salen los dichosos muñecos, igual que Vince Vaughn lo hacía machacando cabezas en “Brawll in cell block 99”. ¿Qué es lo que me gusta? Que noto la mano de sus autores durante toda la película. Y se trata de una buena peliculita. ¿El fan medio de la serie? Bueno, probablemente sea demasiado inepto para comprender lo necesario del cambio y la excelencia, y la manera de hacer las cosas de los nuevos responsables de la franquicia —que ya han anunciado que continuarán con la saga—. Pero Laguna, Wiklund y Zahler, se pueden acostar tranquilos.
La cosa nos sitúa exactamente 30 años después de una matanza (o sea, que los acontecimientos de la primera película puede que sí los tengan presentes en este reinicio) que tenía que ver con el titiritero André Toulon y sus siniestras marionetas. Con motivo del aniversario de estos asesinatos se celebra en un pueblo americano una convención en la que los asistentes subastarán muñecos originales pertenecientes a Toulon, por lo que se reunirán en un hotel. Y por fuerzas místicas de la naturaleza, las marionetas a subastar cobraran vida, cobrándose vidas. Y comienza el festival de sangre y vísceras
Estupenda.
Tenemos en la película a todas las marionetas clásicas, Blade, Tunneler, Pinhead o Torch, a las que les han variado un poco el aspecto —sobre todo a Blade— con el fin de modernizarlas, y además se incluye una colección de nuevos muñequitos que incluyen a un sapito sonriente, unos robots que vuelan con una hélice, y la estrella de la película, Junior Führer, un bebé gateador con cara de Hitler, cuya presentación en la película es medio de una escena dinámica es motivo suficiente para detener la acción, hacer un primer plano del muñeco y que uno de los protagonistas diga “Es Junior Führer” subrayando así la posible importancia que pueda tener el nuevo muñecajo en posteriores minutos y/o películas.
Por otro lado, se le da especial importancia en la película al mundo del cómic, hasta tal punto que el protagonista es un dependiente de una tienda de cómics y que además los dibuja, así como las ilustraciones de los títulos de crédito están realizadas por Benjamín Marra, un autor de cómic underground con cierto culto en todo el mundo.
En el reparto tenemos al soso de Thoman Lennon, la maravillosa Jenny Pellicer, una rubinchi con raíces noruegas y mexicanas que además de ser una buena actriz, está como para enamorarse de ella mil millones de veces (de hecho, ya lo estoy!!). Por supuesto, el plato fuerte lo ponen las presencia secundarias de actores muy queridos y caracteristicos del cine fantástico, por lo que tenemos a Udo Kier haciendo de André Toulon, Barbara Crampton (¿Cómo es posible estar tan bien con 60 años?) como la guia policial del tour al que asisten los protagonistas o  Michael Paré, como el detective que flipará ante los acontecimientos de esa convención.
Como ya he dicho, esupenda.

viernes, 15 de diciembre de 2017

THE TOYMAKER

“The Toymaker” pertenece a la franquicia de subproductos con muñeco chungo iniciada por “Robert the doll” y seguida por "The curse of Robert the doll".
“The Toymaker” se ha ganado mis simpatías por lo loco de su propuesta —aunque luego el resultado no funcione al 100%— y es que plagia y combina, sin ningún tipo de vergüenza, elementos de películas tan dispares que uno se pregunta si de verdad sus artífices son estúpidos, o creen que el espectador es subnormal profundo.
Y es que ¿Se acuerdan ustedes de los 15 minutos iniciales de “Malditos Bastardos” de Tarantino en los que unos granjeros esconden a un fugitivo del régimen nazi, y estos son interrogados por un oficial que acaba descubriéndolos y matándolos, a la vez que la hija de aquellos logra huir campo a través? Pues esa escena, tal cual, está rehecha en este “The Toymaker”. Cambian algunos diálogos, la ambientación está resuelta con el culo, pero es la misma escena se mire por dónde se mire.
En su huida, una bala alcanza a la chica, por lo que con mucha dificultad llega hasta el hogar de un fabricante de juguetes, al que da un libro buscado por los nazis. El contenido de este sirve para que el juguetero pueda dar vida a sus muñecos, incluido el mentado Robert. Como en “Puppet Master”. Curioso. Resulta que, a la vez que "The Toymaker", se ha lanzado la última película de la "Full Moon", nada menos que “Puppet Master XI: Axis Termination”, la tercera entrega de la “Axi’s Trilogy”, la trilogía ambientada en la Alemania nazi con las marionetitas siendo las heroínas de la función. Para más inri, la frase promocional de “The Toymaker” reza “There´s a new Puppet Master in town” (hay un nuevo Puppet Master en la ciudad), por lo que no esconden en ningún momento sus referencias.
Y para que no nos olvidemos del origen de esta franquicia "exploit", este juguetero también da vida a un muñequito con forma de payaso (que los payasos están de moda tras la nueva adaptación de “It”), y a una muñeca pepona que se llama… ¡Isabelle! Con lo cual tenemos una película que explota intencionadamente títulos como “Anabelle”. “Pupper Master”, “It” y “Malditos Bastardos”.
Al personaje del juguetero anciano lo interpreta un actor joven. Quizás con miras a hacer precuelas en las que este aparezca con menos años (¡como André Toulong en Puppet Master!) El respectivo maquillaje y las prótesis son dignas de una peli amateur, solucionadas a base de una calva de mierda y algodón para hacer el pelo blanco. Un cantazo. 
No obstante, con las nuevas tecnologías a disposición de cualquiera hoy en día, resulta que la fotografía es excelente y digna de una producción mainstream.
Y aunque al final "The Toymaker" es aburrida, me resulta curiosa, simpática, y he de reconocer que los momentos que mejor funcionan son lo que se está copiando de Tarantino. Mucho mejor que “Robert the Doll”.
Los responsables de esta cinta y de otras de similar índole como “Kill Kane” (Plagio de “Kill Bill” ) “The Amityville Asylum” o  “Poltegeist Activity” —manda cojones— son la gente de "North Bank Entertainment", productora capitaneada por el director Andrew Jones, al que le ha ido muy bien en el mercado del vídeo con este tipo de películas y al que ya muchos señalan como el sucesor de Charles BandJones es un tipo vivaracho, fan de la "Full Moon" que no duda en reconocer una obsesión enfermiza por la saga “Puppet Master” con la que se ha criado. Quiso con esta tercera película del muñeco Robert, hacer su propia “Venganza de los muñecos”. ¿No les resulta entrañable? A mi sí... a pesar de que con ello me contradiga según lo comentado hasta ahora.
Un tipo que se declara fan de “Puppet Master” y de Charles Band, no deja de ser un ingenuo. ¿O tal vez un oportunista? Ya veremos.