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sábado, 14 de marzo de 2026

FUERZA EN COMBATE (COMBAT SHOCK)

Indiscutible película de culto rodada a inicios de los ochenta por un primerizo Buddy Giovinazzo -firmando Buddy G-, y que narra, como su título primigenio original anunciaba, una auténtica pesadilla americana.
"Frankie" (interpretado por el hermano del director y responsable de la banda sonora) es un veterano del Vietnam al que las cosas no le han ido demasiado bien. Vive en una pocilga con una mujer chillona y un bebé deforme. Nada más asomar el sol, y tras la bronca con la parienta, sale a recorrer las degradadas y sucias calles de la Gran Manzana, recibiendo una paliza por parte de los mafiosos a los que debe dinero y charlando con un yonki armado dispuesto a robar para poder inyectarse su dosis. Lo conseguirá, pero, no disponiendo de jeringa, usará un alambre con el que abrirse un boquete en el brazo. "Frankie" acude a las oficinas de su asistente social (decoradas con un póster de "Dawn of the dead" ¡¿?!) quien le anuncia que no hay curro para él, así que vuelve a las calles, atusado por pensamientos grises y oscuros. ¿Y pedir ayuda a su forrado padre, con el que apenas trata?. No hace falta decir que, proceda como proceda, las cosas seguirán sin irle bien y, al final, se hará con la pistola del yonki y, básicamente, estallará. No sé hasta qué punto es casual que la epopeya de este "Frankie" sea tan parecida a la de otro, aquel de apellido "Teardrop" protagonista de la famosa y angustiosa copla de los grandes "Suicide" (el grupo más punk de la historia).
Sí, lo han adivinado, la misión de "Combat Shock" consiste en deprimirles, hundirles moralmente, dejarles hechos una sucia braga a base de sordidez, miseria y todo lo que puebla nuestras peores pesadillas urbanas. El hecho de estar rodada en 16mm, y en plan guerrilla, debería contribuir.... pero no. Sin ser ni mucho menos un intento fallido, la película de Buddy G. denota unas altas dosis de amateurismo y cierta torpeza que le impiden introducirse bajo nuestra piel. Actores maluchos, elecciones estéticas algo ridículas (el atuendo "black leather" del esbirro del mafioso resulta hilarante) o ideas un tanto "pallá" (que la mujer atracada busque a su agresor por entre sucias callejuelas únicamente para robarle la pistola.... los momentos pretendidamente extraños.... las poco convincentes escenas en Vietnam....) contribuyen a sacarnos de la película y que, por ende, no cumpla con su función "perturbante"... tampoco hasta el punto de chotarnos de ella, cosa de la que fui testigo en una ocasión.
"Combat Shock" rápidamente se convirtió en la niña mimada del underground de la época, siendo alabada sin condicionantes por gurús de la contra-cultura como Chas.Balun, Rick Sullivan o Steve Puchalski. Sin embargo, tuvo la mala fortuna de terminar formando parte del catálogo de la Troma, lo que conlleva sendos inconvenientes. El primero, que Lloyd Kaufman y Michael Herz aplicaran a tu película toda su mentalidad exploitativa, vendiéndola como algo que no era. Había pasado antes, y pasó con el film de Buddy Giovinazzo, convertido en un seudo-"Rambo", o un seudo-"Death Wish", para mayor desconcierto del escaso personal que acudía a las escasas salas. Son indiscutibles sus conexiones con "Taxi Driver" (en especial respecto a los monólogos interiores de "Frankie", la ambientación lumpen y, sobre todo, la catarsis final a base de violencia desaforada, que no porque sí es lo mejor de la función), pero tampoco aquella podría considerarse una película de justicieros ortodoxa, lista para provocar orgasmos en la plebe sedienta de sangre (otra influencia cantosa sería "Cabeza Borradora", y hay quien cita también "Maniac", lo que cuadra perfectamente con que posteriormente Buddy G. dirigiera el avance de esa secuela finalmente no materializada). Y luego está el hecho de que Troma era y es sinónimo de cachondeo, de cine patillero para unas risas, y "Combat Shock" está en las antípodas de ello. Así las cosas, cuando en los noventa la factoría fue descubierta en España, coincidiendo con aquella despreciable tendencia reinante de "gore y cachondeíto", el Festival de Sitges organizó una retrospectiva y el film de Giovinazzo estuvo entre las elegidas. Asistí al pase y me encontré con que buena parte del personal allí congregado se partía el culo. No con ella, sino de ella y, muy especialmente, gracias al bebé deforme. Obviamente, hablamos de esa clase de "fan" ignorante, incapaz de usar el cerebro para pensar por sí mismo, acólito y ciego seguidor de los premeditados dogmas "poser" y supuestamente contra-culturales / gamberriles / canallas (¡¡agh!! odiosa palabreja) impulsados por todas las detestables y oportunistas biblias fanzineras del periodo. Vamos, que asociaban Troma con descojono, y así acudieron a la proyección, independientemente de si la materia visionada encajaba en sus premeditadas expectativas. Gilipollas todos, ¡yes, sir!. "Combat Shock" no es una película ridiculizable... pero tampoco una obra maestra, como anuncian algunos exaltados por ahí. Es, simplemente, curiosa. Interesante en el sentido genuino de la palabra, sin las connotaciones negativas o excusables cuando no osas decir la dolorosa verdad.
A España llegó cortesía de "Video 7" como "Fuerza en combate", luciendo la engañosa caratula de Troma. Por suerte ya sabía a lo que me enfrentaba cuando la adquirí original en nada menos que -¡ojocuidao!- "El Corte Inglés" (estoy hablando del vhs, por supuesto) Aún así, me aburrí bastante.
Buddy Giovinazzo no volvería a dirigir en condiciones hasta 1996 con "Sin vuelta atrás", un ejercicio de legítimo cine "indie" con temática de thriller, protagonizado por todo un Tim Roth acompañado de Deborah Kara Unger y James Russo. La tengo pendiente. Ello no le encumbró, pero sí reactivó su carrera más o menos, y desde entonces ha seguido dirigiendo cosillas, como su aportación a la antología de supuesto horror extremo "The Theatre Bizarre". Entre medias ha escrito novelas, ejercido de profe y, no lo olvidemos, firmó el libreto de "Ella ha vuelto", una comedia zetosa a mayor gloria de una decadente Carrie Fisher dirigida por el gran Tim Kincaid, al que preguntamos sobre el tema -y sobre Buddy G.- y, acorde al resto de la entrevista, no soltó gran cosa. Tío soso.

jueves, 13 de noviembre de 2025

CUANDO LOS ÁRBOLES NO DEJAN VER "IL BOSCO 1"

En 1987 Andreas Marfori proyectaba su cortometraje "Sabbia Insanguinatta ("Gory Sand" como título internacional. Traducido al españolo sería "Arena Ensangrentada") dentro del marco del "Mysfest" o "Festival Internazionale del Giallo e del Mistero" -evento italiano dedicado al fantástico y todavía activo- donde fue muy bien recibido, a tenor de las letras que le dedicó el -siempre maravilloso- "Mad Movies" respectivo. Tras situarlo genéricamente entre la comedia y el gore, se rendía a sus capacidades -"gran dominio de la técnica"- y al hecho de estar confeccionado con medios más que solventes, cosa evidenciada por el uso de Steadycam y sonido Dolby. No era baladí, porque Marfori lo parió como parte de su paso por el prestigioso "Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma", lo que explica su presencia, nada menos, que en nuestra "Semana Internacional de Cine de Valladolid", edición 32. Curioso.

En cualquier caso, el joven cineasta comentaba que aquel corto era un "test" para su primer largometraje, entonces titulado "Horror Queen". Dadas las circunstancias, nadie vio venir el desastre que se avecinaba.
"Horror Queen" acabó siendo materializado en 1988 gracias a unos cien millones de liras, la incorporación del mismo "Sabbia Insaguinatta" como parte de sus 85 minutos de duración y el llamativo protagonismo de Carolina Cataldi-Tassoni, hoy reconocida profesional, entonces "garantía" para el consumidor medio del terror tras sus papeles previos en dos productos marca Dario Argento, "Demons 2" y "Ópera". La diferencia es que, ahora, "Horror Queen" gastaba otro título, "Il Bosco 1", "El bosque 1". A Marfori le encanta aclarar que incluyó ese 1 como coña directa al abuso de secuelas que entonces era común en el cine fantástico. Pofale. Es posible, pero a mí me suena a efecto tardío en busca de cierta justificación. Sobre todo, considerando que en algunas muestras de prensa de la época aparece como "Presa Tenace". Aunque no adelantemos acontecimientos.
La cuestión es que hacía años que el terror italiano andaba bajo mínimos, ya casi sin dar señales de vida tras haber alegrado la existencia del aficionado desde los sesenta hasta los ochenta. Primero con altas dosis de goticismo, seguidos por la explosión del "giallo", hasta los inolvidables baños de ultra-gore licuoso protagonizados por zombies. Así, de entrada, la prensa especializada recibió al film con entusiasmo, anunciándolo como la necesaria y esperada "Nueva Ola del Horror Italiano".

Incluso Marfori logró venderla al mercado americano. Fue la inevitable "Troma" de Lloyd Kaufman (y Michael Herz) la que se llevó el gato al agua, retitulándolo "Evil Clutch" (garra maléfica, más o menos. Desconozco pues si la traducción al italiano de ese mismo título -"Presa Tenace"- vino antes o después del rebautismo por parte de los yankis) currándose un cartel tan llamativo y espectacular como la ex-factoría de New Jersey solía hacer. Desde luego, mucho mejor que el previo.

Pero claro, que "Troma" arramblara oficial y finalmente con los derechos de explotación en USA del debut de Andreas Marfori era, a la larga, una mala noticia. Más considerando las expectativas puestas en "Il Bosco 1". Conocemos de sobras, y hemos sufrido en general, el catálogo de títulos distribuidos por la compañía. Salvo excepciones, muy excepcionales, suelen tirar de auténtica roña cochambrosa rechazada previamente por todo ente humano racional dedicado al negocio. ¿Estaban pues justificados dichos temores?. Pregúntenle al fanzinero ilustre Lucas Balbo, quien dijo de todo menos bonito respecto a "Evil Clutch" en las páginas del británico "Shock Xpress". 

"Un plagio muy malo de "Posesión Infernal" dirigido por un adicto a "Fangoria" con una edad mental de trece años - y estoy siendo generoso". Así se las gastó el colega en su reseña, completada con puyas a la ausencia de una genuina trama, los interminables paseos de los protagonistas por aquello de alargar metraje, la escasa imaginación dispensada al -más o menos- generoso gore, el aburrimiento de todo ello y la incapacidad del señor director. Algo de razón tendría, porque aquella supuesta revitalización del horror “made in Italy” no fue tal.
La carrera de Marfori, no obstante, continuó. Llegaría a rodar tres películas más, de entre las que destaca el thriller de acción y disparos "Il ritmo del silenzio". Parido con miras internacionales, y lanzado en los USA como "Desperate Crimes", contaba en su reparto con una Traci Lords ya reconvertida a actriz legítima, por así decirlo. En 1993 firma "La forza della terra", comedia con presencia del filósofo del LSD Timothy Leary, y ahí acaba todo. Al menos, por un tiempo.
Como ha pasado en los USA con muchos cineastas originalmente considerados escoria (toda la ralea de "exploiters" de los sesenta hasta los ochenta) o en España (mírese el desvarío formado en torno al llamado "fantaterror"), la nueva generación italiana de fans del fantástico descubre la existencia de una película autóctona de terror a finales de los ochenta que, por singular, merece ser atendida (especialmente considerando su incursión en el catálogo de la “adorada” "Troma"). Ello insufla nueva vida a "Il Bosco 1" y a un Andreas Marfori retirado del cine y dedicado a la ventriloquía (¡¿?!). Claro, ya se conocen la cantinela, el desmadre es absoluto. Se tilda al film de legendario, se organizan tours por los lugares donde se rodó, Marfori es entrevistado, invitado a festivales especializados y el largometraje se reedita con todos los honores. No obstante, por mucho que los fans se dejen la piel intentando parapetar la verdadera naturaleza chusca del material, este es lo que es... solo que ahora no mola decirlo, a menos que sea con una sonrisilla y el ojo en efecto guiño. Así las cosas, Marfori corre a asegurar el tiro declarando que la hizo aposta de esa manera, regodeándose especialmente, como decía, en lo del 1 tras el título. Sí, ya, ahora cuéntame una de piratas, Andreito.
En cualquier caso, y dentro del tornado de descontrol, el director anuncia un "Il Bosco 1, 2" -bautismo inventado por mí, siguiendo la lógica de las cosas- rodada en formato digital y tira de "YouTube" para pedir montante. A día de hoy todavía no hay noticia de esa improbable secuela tardía, aunque sí de otro par de películas marca Marfori... por supuesto, acordes a su nuevo público, a tono con la imagen que se tenía de él, dentro del género con el que se le vinculaba y bien amarrado a las tendencias del momento. Se trata de dos extrañas coproducciones entre Italia y Rusia (¡ugh!), "Ataka sovetskikh zombi", que no falte una de muertos vivientes, y "Quest of fear", sobre un juego de mesa mortal. Todo ello parido a lo digital, claro y, desde luego, levantando muchas menos pasiones entre el fandom que aquel razonable viagra titulado "Il Bosco 1". La segunda de las películas mentadas está fechada el año 2018 y, desde entonces, Andreas Marfori no ha rodado nada más. Ni se sabe demasiado de él, ni de, por supuesto, su película de debut, beneficiada por el clásico arrebato de entusiasmo pasajero -y pajero- del fan medio, ese al que todo quisqui se apunta oportunamente y, tal como viene, se esfuma cuatro días después cual humareda (véanse los casos de "Troll 2", "Birdemic", "The Room", "Fateful Findings" etc, etc, etc...)

sábado, 25 de octubre de 2025

NIGHT OF HORROR / CURSE OF THE CANNIBAL CONFEDERATES

"Night of Horror" narra la historia de un grupo de amigos que topan con los espíritus lamentosos de unos soldados confederados. Resulta que en la pandi hay una chavala idéntica a la esposa de uno de ellos, muerto en combate y cuya cabeza decapitada reposa mal enterrada en los contornos. Los fantasmas le pedirán a la chavala que la localice para darle sepultura como dios manda.
Estamos ante un largometraje de 73 minutos eminentemente amateur y rodado en Super 8 el año 1981, con actores acartonados, diálogos "rellenistas" anti-naturales, muchas carencias técnicas y lo que más ha mosqueado a aquellos que decidieron dedicarle un ratejo: aburrimiento. Podría haber colado como un corto resultón de, pongamos, quince minutos. Pero como película larga, es una auténtica tortura. Sobre todo, cierta secuencia en la que el director, Tony Malanowski, acude a una recreación de la guerra civil y filma desde la distancia, con zoom y a pulso, batallas interminables de las cuales incluye varios minutos. Leí que cinco, pero a mí me parecieron bastantes más. Cuando los fantasmas se dejan ver, son un par de tipos vestidos de soldado, en la penumbra, rodeados de niebla, estoicos y sin abrir la boca. La cámara se recrea en ellos desde todos los ángulos posibles, mientras de fondo escuchamos su "speech", tan eterno como el resto de ingredientes narrativos.
Sorprende pues cero que "Night of Horror" -de, añado, ultra engañoso cartel- despierte tantísimas hostilidades, la verdad. Básicamente se trata de un cortometraje alargadísimo. No obstante, canta mucho que nos encontramos ante un proyecto personal de su director. Uno abordado sin intención -o sin conocimiento- comercial. Desde la pureza del que crea honestamente. Incluso, tal vez, ingenuamente convencido de que está haciendo algo de valor artístico (la mención a Edgar Allan Poe, la falta total de elementos "exploitables", el ritmo pausado, los actores soltando peroratas “profundas”, etc, etc...).
Desconozco la historia oficial. De hecho, aunque he buscado, no hay datos que corroboren mi teoría. Pero diría que Tony Malanowski le mostró "Night of Horror" a algún distribuidor y este soltó aquello de "La historia es buena, pero le falta chicha. Si la haces de nuevo, explicando lo mismo, pero incorporando más sangre, chicas desnudas y acción, te la compro". Porque, en esencia, eso sería la siguiente película del -entonces- joven director, "Curse of the screaming dead", rodada un año después. Y para cuando logró que el magnate en cuestión se la adquiriera, este amplificó los elementos "exploitables" retitulándola "Curse of the cannibal confederates". El mentado resultarían ser dos, Lloyd Kaufman y Michael Herz, amos y señores de la in/famosa "Troma".
El problema es que tuve la osadía de ver "Night of Horror" y "Curse of the cannibal confederates" seguidas, sin pausa. Y cuando llegué a la segunda, las carencias amateuristas de la primera, y demás zarandaja povera, perfectamente presente también en aquella, no me impactaron tanto. Las tenía asumidas, las daba por hecho.
Así, "Curse..." termina siendo un film mucho más tradicional, elemental y previsible. Parece que esta vez cambiaron el Super 8 por 16 mm. Y que, salvo uno de los actores, el resto son distintos y algo menos incapaces (solo un poquito). Por supuesto, hay más disparos, las chicas de turno no salen desnudas, pero sí en biquini y los fantasmas estoicos parlanchines mutan a zombies agresivos de maquillaje muy renqueante. Es donde el aspecto cutre del film canta por soleares. Y eso que entre los implicados andaba todo un futuro y respetado profesional, Bart Mixon, pero no arregla mucho el desaguisado. Desde luego, lo más llamativo es la secuencia en la que los revividos se deleitan zampándose las tripas de varias víctimas, todo bastante rudimentario, aunque con especial fijación en explotar efectos de sonido masticantes, cuya insistencia consigue aquello que busca, resultar razonablemente desagradable.
Esta vez la cosa va de unos jóvenes que aterrizan en una iglesia abandonada (con presencia también en "Night of Horrors"), hurgan en su cementerio y localizan el diario escrito por el capitán de un grupo de confederados muertos en combate. Al mangarlo, aquellos resucitarán y la liarán. Suerte que los protagonistas van armados -son cazadores- y llevan balas explosivas, lo que permite ver algunos perolos zombie estallar sin mucha convicción.
Tal vez, si hubiese consumido "Curse of the cannibal confederates" antes que "Night of Horror" me habría parecido una cosa aburrida y anodina, pero dentro de los parámetros esperables del cine de su categoría (muy cerquita del "Alien Dead" de Fred Olen Ray en la que, curiosamente, participó Bart Mixon), pero al consumirlas en orden inverso, eché en falta ideas un pelo menos trilladas. Mientras sufría "Night of Horror" no cesaba de sorprenderme ante las elecciones estéticas y narrativas de Tony Malanowski, en plan "qué jeta". Reprochable, sí, pero reacción de alguna clase, ausente ante las rutinas más o menos complacientes de su siguiente intento, diseñado para contentar a las audiencias (y los distribuidores).
Desde entonces el muchacho no ha dirigido nada más que un documental sobre ¡¡la guerra civil norteamericana!!, "The Battle of Bunker Hill" del 2009. Manda cojones. Dudo que le ficharan por su "experiencia previa" en ese campo. A lo que más se ha dedicado es a montar, montones de títulos, entre ellos bastantes subproductos (algunos de David DeCoteau). Eso y defenderse de los sangrantes ataques a los que era sometido en internet, de cuando todavía no se había estandarizado eso de la agresión desalmada. Recuerdo incluso haberle leído explicando que sus películas de debut le habían servido para encontrar un hueco en la industria del cine y poder vivir haciendo aquello que más le gustaba, así que no solo no se arrepentía de ellas, sino que se sentía feliz ante su mera existencia. En tal caso, y si estaba siendo honesto, lo celebro.

sábado, 23 de agosto de 2025

MAJARETA, LAS OBSESIONES DEL AUTOR DE "PINK FLAMINGOS"

Existen dos palabros que no me he cansado de teclear los últimos tiempos, vendido y mangante. Y aunque la cantidad de individuos merecedores de ambos calificativos son legión, en la mayoría de las ocasiones iban dirigidos a uno solo, John Waters. Sí, el director de "Pink Flamingos", "Cosa de Hembras", "Hairspray" o "Cecil B. Demente". Y, ya puestos, el autor del libro que vengo a reseñar hoy, "Majareta" (acompañado del subtítulo que encabeza esta entrada).
Antes de descubrir su verdadera naturaleza, y como joven y tonto que era, fui fan de John Waters. Justo, a esa vergonzante etapa de mi existencia pertenece el momento en el que decidí adquirir este libro, originalmente nacido como "Crackpot. The obsessions of John Waters" el año 1986, que no es otra cosa que una recolección de distintos artículos del cineasta publicados originalmente en revistas como "Rolling Stone" o la legendaria "National Lampoon". Pero antes de entrar en materia -y antes de sacarme el libro de encima mediante "Wallapop", a precio desvergonzadamente alto, por supuesto. Aquellos interesados no merecen un castigo menor-, y a modo de "aclaración y declaración final" del por qué considero vendido y mangante a John Waters, paso a la siguiente extensa introducción, una que publico acá con el afán de no tener que volver a insistir más en ello, ni tener que justificar mis ataques a un individuo tan INCOMPRENSIBLEMENTE querido y respetado en ambientes contra-culturales, o "undergrounds" o "indies", donde, por justicia, debería ser más repudiado e insultado que en ningún otro sitio. Pero, en fin, ya sabemos cómo funciona toda esta mierda.
John Waters destruyó el cine underground. Lo aniquiló. Plagiando sin decoro a los Hermanos Kuchar, pero añadiendo al caldo todos los ingredientes propios de un producto comercial destinado a complacer a la audiencia (elementos chocantes y provocadores, el humor facilón y la adecuada duración demandada por exhibidores), deformó la esencia del cine marginal, acercándolo al convencional, alcanzando el éxito y, por tanto, dando a un nivel generalista la imagen de que ESO era el underground. Y, claro, así "sí MOLA". Nada que ver con esas pelis raras y aburridas de colorines chisporroteando por la pantalla, o interminables planos de objetos inanimados. De esta guisa tan divertida, cafre y digerible -es decir, el John Waters style- "yo también quiero y puedo. Y de paso justifico mi incapacidad formal, porque lo imperfecto es COOL". Un principio que se ha repetido a lo largo de la historia con todos los movimientos contra-culturales, oscuros e ignorados por la masa embobada hasta que han tenido éxito a través de la edulcoración y, seguidamente, han sido amoldados, deformados y comercializados para acabar convertidos en lo supuestamente oficial, influyendo sobre todo en las generaciones posteriores, tan jóvenes, impresionables y, por ende, tan gilipollas, que, partiendo de una base ya equivocada en sus preceptos, se han limitado a añadir más leña al fuego hasta mutarlo de tal manera que, como más se acumulan los años, menos reconocible resulta.
Gracias a ello, y gracias a John Waters, el cine underground se convirtió en sinónimo de transgresión de saldo, escatología y escándalo. Nunca con un fin sincero y/o "respetable", del tipo "defender la libertad de expresión" ni nada parecido. Simplemente se trataba de llamar la atención del "Media". De búsqueda de fama. Y es que no hemos de olvidar que John Waters era un niño pijo habitando los barrios altos de Baltimore, e hizo, básicamente, lo que siempre hacen los adinerados, mangar a aquellos situados en cierta penumbra (en este caso los Kuchar, que habitaban el Bronx y eran de clase humilde), rebozar lo hurtado en comercialidad y lanzarlo con ayuda de un considerable respaldo económico. Si a la ecuación sumamos la favorable respuesta de un público eminentemente imbécil, ignorante y maleable, dispuesto a reírle las gracias al que tira del chiste más obvio, o el camino más corto, o el pedo más sonoro, pues misión cumplida. John Waters devino el personaje famoso que soñaba en ser. Y eso es lo que le toca acarrear el resto de una carrera que, inevitablemente, ha ido en declive, porque jamás hubo verdadero amor tras nada de todo aquello. Llegado el momento, puso el culo perfectamente en pompa para complacer al estudio de rigor -véanse "Hairspray" o "Cry-Baby"-, pero la cosa no cuajó e intentó regresar a unas esencias tan prostituidas que ni siquiera él fue capaz de replicar -véanse "Los asesinatos de mamá", "Pecker" o la última, "Los Sexoadictos"-. Y, por ello, sus películas han ido de mal en peor y de peor en fatal. Pero a él le da igual, le "impogta un cagajo", porque consiguió lo que quería. Y se presta feliz, interpretando su papel de "rey del mal gusto", riéndole las gracias al mainstream cuando este, desinformado, superficial y perezoso como es, se queda con la etiqueta más elemental. Así pues, no debe de sorprendernos ver a John Waters en fiestas llenas de VIPs y sonrisas "Profident" o dándole la réplica a un roedor de CGI que confiesa haber visto "Pink Flamingos" en una de las películas de "Alvin y las ardillas". Cuando Hollywood necesita a alguien que represente lo transgresor y provocador de forma suficientemente segura y "limpia", acuden al director de "Vivir Desesperadamente" quien, como buen perrito, obedecerá esperando su hueso. Lamentable pirueta que parece no afectar a los enemigos de la llamada "Meca del Cine", supuestamente atrincherados en la contra-cultura, lamiendo con delectación los orines de Waters, sin cuestionarle nada, y con la misma complacencia que lamen los de otra rata vendida a la que hacen la vista gorda, Lloyd Kaufman. 
Era especialmente crispante en los 90 ver fanzines -patrios- con aspiraciones de ser los más "cool" de la estantería a base de "undergroundismo", echar mano del careto de John Waters para la portada. No había una elección más obvia, fácil y desinformada posible (junto a tantas otras temáticas recurrentes del periodo como Russ Meyer, Joel-Peter Witkin, "Nekromantik", etc, etc)
El colmo de los colmos ha sido descubrir recientemente que cierta platea gay -aquella especialmente devota de Waters y, obvio, Divine- incluye al cineasta como víctima JUNTO A LOS KUCHAR como blanco de sendos expolios por parte de otros directores. Ignorando, o no queriendo ver, que el primero en mangar -de aquellos- es, ha sido y siempre será el mismo John Waters. ¡¡Manda cojonazos!!.
Dicho ello, toca centrarse en los contenidos de "Majareta". Por supuesto sería absurdo esperar una reseña complaciente y ultra-positiva por mi parte. He leído -segunda vez en mi vida- perfectamente condicionado por todo lo expuesto. Aún así, voy a intentar que ello no domine demasiado mis emociones.
Al ser una recolección de textos, pues pasa lo mismo que con cualquiera de su naturaleza, los hay mejores y peores. Personalmente he preferido aquellos más versados en el cine, la única pasión que comparto con el director de "Cry-Baby". Y me han sobrado los más alejados de la materia, especialmente cuando roza la ficción.
El respectivo desglose quedaría del siguiente modo:

"La visita a Los Ángeles de John Waters": Waters nos habla de aquellos antros peculiares que visitar en Los Ángeles. Naturalmente, la cosa pretende ir de contra-guía turística, aunque no menciona de ningún lugar que despierte mi interés.

"¿Dónde está el talento creativo?": Uno de los mejores artículos, básicamente centrado en las artes de los cineastas "exploitation", o de bajo presupuesto, para promocionar sus películas en los años 50 y/o 60, con especial fijación en uno de los héroes del autor, William Castle.

"Relato Cortante (101 cosas que odio)": Lo más parecido a ficción que hay en el libro y, en resumidas cuentas, una chorrada.

"La historia de Pia Zadora": Aquí Waters ejerce de reportero y entrevista a la actriz, conocida por sus supuestas malas películas, entre ellas "The Lonely Lady", comentada por Víctor en su día. Del montón.

"En la cárcel": Ya conocen el interés del director de "Pink Flamingos" por los criminales. Tanto como para, en una ocasión, ejercer de profesor de cine en algunos centros penitenciarios. Aquí cuenta la experiencia y trata de justificarse un poco.

"Relato Optimista (101 cosas que amo)": Tan chorra y prescindible como el otro.

"Ganarse la cena cantando": Primero nos habla de viejas salas de strip-tease y luego se centra en sus desventuras dando conferencias y visitando extraños festivales. Bien, interesante.

"Por qué me gusta el National Enquirer": Cumpliendo con su imagen ¿premeditada? de amante del mal gusto y la horterada, Waters confiesa lo mucho que ama una publicación normalmente considerada puro amarillismo de tercera.

"¡Señoras y señores... los chicos más majos de la ciudad!": Aquí se enrolla a fondo respecto al programa televisivo de baile para adolescentes que inspiró la trama de "Hairspray". Del montón.

"Cómo hacerse famoso": Otro de los eminentemente chorras. Waters ofrece varias opciones para lograr la fama, todas ellas supuestamente transgresoras y graciosas.

"Placeres Culpables": Puede que este sea mi favorito. El autor reconoce abiertamente que le mola el cine de arte y ensayo más radical, y comenta algunos de sus títulos preferidos de manera desenfadada. El único que me ha dejado con ganas de más.

"Por qué me gustan las Navidades": Supongo que podemos tildar de cínico este texto. Ya sabemos lo falso que es John Waters. A diferencia de él, a mi las Navidades me encantan de modo real y honesto. No obstante, el artículo está entre los simpáticos.

"Cómo no hacer una película": El cineasta habla de sus trifulcas en Hollywood, buscando financiación y procurando producir éxitos. Siendo mi tema predilecto, y a pesar de quien lo firma, es de los disfrutables.

"Je vous salue, Marie!": Prolongando un poco el de "Placeres Culpables", Waters se centra en este film de Jean-Luc Godard que, como sabrán algunos, fue un auténtico escándalo en su época. Reflexiona al respecto con su habitual sorna. Bien, interesante.

"Harto de famosos": Harto de John Waters, llegamos al final con un artículo en el que, una vez más, saca a la cotilla que lleva dentro y comenta chascarrillos sobre famosos o famosillos. Sin más. Pasable.

En resumidas cuentas: Si no eres fan de John Waters, o tu interés por su persona está dentro de lo racional, puedes pasar un ratillo majo leyendo y luego lo devuelves a la biblioteca, lo regalas, lo vendes o lo tiras. No creo que valga la pena repetir.
Si, por el contrario, eres fan... bueno, no deberías estar leyendo este blog.

martes, 1 de abril de 2025

THE TORTURER

Mediometraje de carácter semi-amateur que, con vestigios de una corriente del cine de horror tan de primeros de siglo como es el “torture porn”, solventa la papeleta a base de iluminación artesanal  y gracejo, y consigue —no se hasta que punto voluntaria o involuntariamente— aspecto, look, formas y maneras de película gore casera de finales de los 80 primeros 90. “The Torturer” parece una más de aquella tanda que, en la época, se pusieron de moda por estos lares y fueron distribuidas vía "Gorgon Vídeo"; me refiero a todas esas películas “redneck” de Leif Jonker, Bookwalter o Jim Van Bebber, solo que, si aquellas fueron rodadas en 8 o 16 mm, esta lo está en impersonal vídeo de alta definición propio de los tiempos que corren. Pero, en esencia, lo que está dentro del cuadro es lo mismo.
Así, “The Torturer” cuenta la historia de un individuo que es arrojado a una oscura habitación en la que un enorme ¿funcionario de prisiones?, le somete a un interrogatorio. No sabemos nada del individuo ni por qué ha sido arrojado a esa habitación, el caso es que no sabe contestar a las preguntas del interrogatorio y, en consecuencia, es torturado por el grandullón que da título a la película de manera muy explícita. No contento con eso, además, en los momentos de máximo éxtasis, se le aparecen otros torturados por el animal este, todos ellos en estado de descomposición, prácticamente zombies…
Todo en el mediometraje es una excusa para, por un lado, colarnos esa iluminación oscura que hace que parezca que la acción transcurre únicamente sobre un fondo negro y, por otro, mostrar el abundante gore, por momentos excesivo e innecesario, que está ahí solo porque quienes andan detrás del mediometraje son un poco hábiles a la hora de aplicar prótesis y efectos especiales "old school". Como ocurría en las pelis noventeras a las que antes he hecho referencia, de lo que va la cosa es de mostrar dichas habilidades, solo que llevadas a cabo por unas gentes más resabiadas que aquellas, simplemente por los 30 años de diferencia existentes.
Como fuere, el principal signo identitario de “The Torturer” es que me ha recordado terriblemente a aquello.
Por otro lado, y pese a que se puede hacer una sinopsis de la película en una línea, esta dice estar basada en un cuento de la colección “Nailbitters” de Paul Kane, asimismo, literatura barata para públicos concretos.
Por supuesto, detrás de todo esto está una pequeña empresa independiente llamada "Little Sparks Films" cuyas filas cuentan con films que van desde lo grotesco a lo posmoderno, además de tener cierta vinculación con la Troma (producen títulos para la infame compañía de Lloyd Kaufman y exhiben en sus plataformas de streaming).
Dirige el amigo Joe Manco (me ahorro el chiste) que posteriormente realizaría el largo “Vicemares” en similar tesitura que este mediometraje y tirando de croma que da gusto, sin mayor relevancia cinematográfica —ni festivalera— que yo sepa.
Y como protagonista tenemos a Paul T. Taylor, popular por ser uno de los actores que reemplazó a Doug Bradley en una de las últimas secuelas de “Hellraiser”, concretamente, “Hellraiser: Judgment” de 2018, y secundario en montones de productos de todo tipo.
Sin más, “The Torturer” es una cosa bastante mediocre, que me ha llamado la atención por, como les he dicho, recordarme artesanalmente a aquellas fruslerías gore que se comercializaron en España con el boom del momento, siendo como es del 2020.

lunes, 13 de mayo de 2024

HISTORIA DE UN JUNKIE

Nacida inicialmente como “Gringo”, cuando los piratas de Troma compraron esta película para distribuirla, decidieron darle un título más sensacionalista y a todas luces comercial: “Story of a junkie”, sin tener ni pajolera idea el señor Lloyd Kaufman del material contra cultural que tenía entre manos. Esta maravilla en forma de documental ficcionado, oda a la sordidez y la decadencia de las calles del Nueva York de los 80, cuenta con pelos y señales los avatares de un adicto a la heroína llamado John Spacely. El susodicho no es un yonki cualquiera que los productores se encontraron por ahí y al que filmaron inyectándose heroína sin remilgos, no. El personaje en cuestión fue un popular ente de la cultura underground neoyorquina, un punk que eventualmente ejercía como músico, otras veces como actor, y que en sus mejores momentos se codeaba con personalidades del estilo de Keith Richards, Willy DeVille o Joey Ramone, quizás por cuestiones más tóxicas que musicales. Incluso, cuanto tuvo autonomía para trapichear con drogas, se convirtió en el dealer particular de John Belushi. Asimismo, llegó a trabajar como editor y colaborador del célebre “Punk Magazine” a las órdenes de John Holmstrom, pero su desmesurada adicción a las drogas duras —cuyo origen es consecuencia de un trauma, tras un horroroso aborto su novia fue arrollada por un camión— envió todo atisbo de creatividad al traste. De este modo, Spacely se convierte en una leyenda callejera de alta magnitud lo suficientemente interesante como para que se decidiera hacer un retrato sobre su persona y, por supuesto, sobre el poco higiénico y repugnante hábito de inyectarse.
El título de producción, “Gringo” hace referencia al mote bajo el que Spacely era conocido en las calles. Durante mucho tiempo estuvo moviéndose como una rata en Alphabet City, lugar habitado potencialmente por latinos y negros. Spacely era de los pocos blancos que pernoctaban en aquella cloaca, hecho que se hacía aún más evidente con la querencia de este por la decoloración capilar, así que los negratas comenzaron a llamarle Gringo y, de ahí, el título primigenio.
En “Historia de un junkie”, el director Lech Kowalski se gana la confianza de Spacely y de su circulo de chusma yonkie, para introducirse con su cámara de 16 mm en lo más profundo de los bajos fondos neoyorquinos. Así, entre entrevistas a adictos y traficantes, visitas a narcosalas y reconstrucciones en ficción de algunos de los hechos que Spacely le explica, podemos hacernos una idea del infierno que supone ser un adicto a las drogas duras. Infierno que, aunque de vez en cuando se escenifique el teatrillo para darle ritmo a la película, es absolutamente real. Camellos, drogatas, narcosalas, todo estaba allí antes de que la producción llegase con los equipos filmadores.
Yonkies inyectándose, Spacely pasando el mono visto de la manera más gráfica posible, transacciones de droga y trapicheos varios se imponen en un documental del todo sensacionalista y cercano al “mondo”. Tras su visionado, el espectador queda con muy mal cuerpo.
El formato, rodando en 16 mm, de noche con iluminación natural, ayuda a incrementar la sordidez y mal rollo que desprende la película, pero ya lejos de texturas o del grano de celuloide, es que los lugares donde filma Kowalski son lo más asqueroso visto en una pantalla, amén de los individuos que pululan a lo largo del metraje, poco más que despojos humanos, o esos primeros planos de gente picándose las venas. Mención especial para algunos momentos en relación al protagonista. En una escena en la que, tras días de andar por ahí tirado, pinchándose y demás, decide asearse un poco, sus venas están ya tan agujereadas que, en un plano donde está peinándose, la cámara se mueve un poco para mostrarnos unas gotas de sangre en el brazo con el que se atusa el pelo, cuyas heridas, ya tan maltrechas, no se curan jamás. Turbador resulta también el plano en el que el yonki limpia sus botas manchadas con su propia sangre o se quita la roña de los dedos de los pies, con la carne de estos muerta, podrida, por la falta de limpieza y tras muchos días sin desprenderse del calzado.
Un documento tan aterrador como atrayente, al que además tenemos que añadir el valor de incluir algunas escenas de ficción como aquella en que un camello asesina a otro tras un problema territorial.
La filmografía del director, Lech Kowalski, se compone exclusivamente de documentales, ninguno de ellos centrado en aspectos agradables de lo que retrata. Suyo sería “D.O.A” sobre la gira norteamericana que llevaron a cabo en 1978 los "Sex Pistols" o “Born To Loose: The Last Rock-n-Roll Movie”, centrado en Johnny Thunders, miembro de los "New York Dolls" y los "Heartbreakers",  y por donde también asoma el amigo Spacely en los últimos momentos de su vida, agonizando ya terminal por culpa del SIDA. Caerá por aquí.
Muy recomendable esta "Historia de un Junkie"… siempre y cuando dispongas de un estómago de acero y no tengas la sensibilidad a flor de piel.

jueves, 30 de noviembre de 2023

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 28 (+ TRUCULENCIA)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique", "Impact" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90.

El destino y la fuckin´casualidad han querido que, justo diez entradas después de una galería dedicada a imágenes truculentas, reincida con esta segunda dosis. Así que ya saben lo que viene a continuación, hemoglobina a tutiplen, asquerosidades y un endiablado maravilloso mal gusto.
Y, justamente, arrancamos con dos películas sobre las que ya hablé entonces, "The Abomination" y "Ozone: Attack of the redneck mutants", ambas creaciones superocheras de Matt Devlen y Bret McCormick.


Recientemente "The Abomination" ha sido lanzada en blu-ray por algún sello
flipao de esos que se curran versiones en 4K de ñordos gigantescos. Así que, tal
vez, en breve tengamos acceso a ella y le echemos cojones... aunque, honestamente,
cada vez me cuesta más sufrir estas demencias (hace nada lo intenté con "New
York Ninja", sin éxito... y sin risas). De hecho, y como narré la vez anterior, ya me la
puse una vez en inglés a pelo. Todavía la tengo, por si alguien gusta. Tampoco entonces
conseguí llegar al final sin bostezar. Y es una puta pena, porque esa imagen es alucinante.
Mi respectivo desvirgue fue todo lo entusiasta y obsesivo que era común y corriente
entonces. ¿Cómo no me iba a molar? El tipo de mierda gran guiñolesca con la que eyaculaba....
Un bichejo dentro del armario, los litros de sangre por toda la estancia, el maromo con sierra mecánica
y gafas de sol aparentemente intentando salvar a la chavala.
En realidad no es un héroe, es el psycho killer del film y, cual Seymour Krelborn,
alimenta al monstruo con seres humanos. Pero para mis inocentes ojos era
un San Jorge de chichinabo luchando contra el dragón. Y molaba muchísimo.


.
Viendo todas estas imágenes de "Ozone: attack of the 
redneck mutants" (+ la otra) cualquiera diría que nos encontramos
ante una auténtica obra maestra del delirio sanguinolento.
¿Lo es? Si la he visto, que podría ser, no lo recuerdo. Y si no, pues
a saber. La experiencia me ha demostrado que es mejor desconfiar
de estas cosas.... no obstante, tanta burrez se la pone a uno morcillona.

Lo mismo va por las caratulas de algunas de sus ediciones en
formato VHS. ¿Se imaginan rular por el vídeo club y localizarlas en los
estantes? ¿se puede ser menos sutil y más directo? Imágenes listas
para enganchar al devoto y espantar al profano, escandalizado ante
tanta disparatada y maravillosa "repulsividad" y violencia....


Sigamos....


Este salvaje instante es lo único realmente sangriento de un film de terror 
más, mmmmh, ¿psicológico?. Pero no por ello menos gustoso. Les hablo de
"La Centinela", el clásico setentero de Michael Winner, surgido a rebufo de todo
el paripé satanista tan de moda entonces. No solo es un instante truculento, también
da muchos escalofríos. Y fue estupendamente parido -FX mediante- por el gran Dick Smith.



Lo hemos dicho antes, y no nos cansaremos de decirlo, Troma lleva años
siendo una mierda. Una auto-parodia patética. Pero en sus buenos tiempos 
lograron parir algunas películas bastante disfrutables. Y puede que
"Mutantes en la universidad" sea la mejor de todas ellas. Sí, por encima del
"Vengador Tóxico" (que también mola, no digo lo contrario). Les dejo dos
sabrosas instantáneas, de esas que a un adolescente de mi porte hacían
ver estrellitas. Muy características respecto al modo en que la factoría del puto
pesao de Lloyd Kaufman (y Michael Herz) entendían el término truculencia. Siempre
muy licuosa, pringosa, rematadamente exagerada y echando mano de sus 
más que reconocibles babas verdes.
Sí, cierto, Troma llegó a parir nosecuantas secuelas más de "Mutantes en
la universidad" (Víctor reseñó una de ellas en su día) pero, en fin, son todas
espantosas y no merecen más atenciones.


Y terminamos con uno de nuestros directores favoritos.
Es decir, corrijo: con uno de nuestros directores de nombre raro favoritos.
El gran Sisworo Gautama Putra, Indonesio para servirle.
Ya saben lo torraos que estaban allí, haciendo dramas históricos en los
que, eventualmente, chorreaba sangre por doquier. Pal caso tenemos
"The hungry snake woman" (arriba) y "Revenge of Samson" (debajo.
Naturalmente son los títulos internacionales. Los originales no hay
quien los entienda y reproduzca). Concretamente, es la segunda imagen, la
de Samson partiendo a un pavo en dos, la que más me alucinó en su día.
Nunca llegué a ver la peli... hasta hace pocos meses, dispuesta en la red
(manda cojones). Y, en fin, ya se imaginan el percal. Súbitamente sentí una
envidia incontrolable por el yo jovenzuelo que en su momento no pudo acceder
a ella y babeaba fascinado por la foto. Efectivamente, Sisworo -y tantos otros
de su calaña- entra de cabeza en el grupo de filmmakers cuya obra mola más
leída (o diseccionada en imágenes y pósters) que consumida.

lunes, 3 de julio de 2023

CRY UNCLE!

Comedia de bajísimo presupuesto de John G. Avildsen —llevada a cabo con poco más de 250.000 dólares— que llega justo después de haber despuntado el director con una de sus obras cumbres, “Joe, ciudadano americano”.
Se trata de una comedia de enredo de alto contenido erótico (dicen que en algunas secuencias de folleteo los actores tenían sexo real), que utiliza un lenguaje soez y que hace apología del uso de las drogas, cosas que quizás unos años después serían incluso habituales en el cine de comedia, pero que en 1971, año de producción de esta película, resultaban un poco escandalosas, propiciando su prohibición en países como Finlandia o Noruega, quienes levantaron el veto a “Cry Uncle!” en 2003. Todos estos alicientes, asimismo, consiguieron que la película fuera un tanto ignota hasta que la rescatase la Troma y se encargase de su distribución años más tarde. En consecuencia, se la procesó culto en circuitos especializados.
Basada en la novela “Lie a little, die a little” de Michael Brett, “Cry Uncle!” cuenta la historia de un excéntrico millonario que es el principal sospechoso del asesinato de una señorita. Este se pone en contacto con el detective privado Jake Masters para que investigue y descubra al culpable real. De esta forma el detective se verá inmerso en una vorágine de malentendidos, líos de faldas —muy subiditos de tono —, acoso sexual, asesinatos, violaciones e incluso necrofilia, mostrado todo en tono de comedia desenfadada para adultos. Sin embargo, y da igual que un tipo tan eficaz como Avildsen se encuentre tras el proyecto, la película se hace larga y tediosa, no resulta en absoluto graciosa a pesar de su mucha incorrección política y en general es un folletín setentero de bastante baja alcurnia. Por momentos, se torna insoportable.
Por otra parte, que Troma considerara “Cry Uncle!” para que formase parte de su catálogo —al margen de por tratarse de una extraña película primeriza y medio porno del director de “Rocky”— no es algo para nada extraño; la película es tan loca y desquiciada que, en distinto tono, sí encaja con la filosofía Troma, pero, sobre todo, hay que tener presente que el presidente de la compañía, Lloyd Kaufman, era amigo personal de Alvidsen con el que había trabajado de ayudante de producción en toda la (desconcertante) primera etapa del director. En “Cry Uncle!” además de encargarse de esa tarea, nos ofrece una aparición como un hippie puesto de ácido en un pequeño cameo. Asimismo los contenidos extra del DVD incluyen una presentación de la cinta a cargo de Kaufman y el propio G. Avildsen en la que el primero hace un poco de mofa del segundo por haber rodado tamaño despropósito, entre risas de complicidad. Una chorrada.
En el reparto tenemos, en la piel de ese detective privado que no se despoja de su sombrero de paja, a Allen Garfield. Lo conoces porque ha aparecido como secundario en infinidad de películas de todas las épocas, pero podrás reconocerle en cosas como “Primera Plana”, “Nashville” o “Superdetective en Hollywood 2”. También tenemos un papelito para Paul Sorvino que acometía una de sus primeras interpretaciones en cine y que después repetiría con Advilsen en alguno de sus títulos con mayor enjundia. Y, por supuesto, un montón de actrices de mayor o menor importancia, todas en escenas en las que se muestran en actitud concupiscente y en las que vemos pares de tetas de todos los tamaños colores y sabores, destacando las de Debbi Morgan, actriz negra que más tarde se convertiría en una estrella de la televisión y que aparecería en algunas películas mainstream, pero por lo pronto debutaba en “Cry Uncle!” mostrando dos melones que parecían extraídos directamente de Villaconejos, y generando así una polémica. Se ve que es una de las actrices que tuvo sexo real en las escenas eróticas, cosa que le pasó factura cuando se convirtió en estrella televisiva porque salió su pasado a relucir, publicándose en su momento, en la prensa sensacionalista, que había intervenido en una producción pornográfica a la edad de 14 años, es decir, en esta. Se montó un pequeño escándalo que duró lo que tardó la actriz en mostrar su partida de nacimiento de 1951, demostrando que tenía 19 años cuando hizo "Cry Uncle!". Ahora, si folló o no en sus secuencias, solo lo sabe ella. Y sobre si la película es pornográfica… me da igual que se folle en la misma; si no se muestran penetraciones, si no es explícita, es simplemente erótica. Con todo, le cascaron una X como un templo.
“Cry Uncle!” llama la atención por tratarse de una película extraña de John G. Avildsen que sobrepasa el mal gusto y lo políticamente correcto, que mola ver por lo que es, pero que, en realidad, es uno de los bodrios más aburridos que he podido consumir en lustros. Ha costado dios y ayuda verla entera, pero ¡Ahí queda!

viernes, 3 de febrero de 2023

KILLER RACK

Una de mis películas de serie Z favoritas es esa maravilla llena de mocos, sangre y efectos especiales sorprendentemente efectivos que es “Despedazator”.  Una película con cierto culto y con un director, Greg Lamberson, que no se prodigó en demasía hasta que en 2010 le dio por expoliarse a sí mismo, rodando una secuela de la película por la que era reconocido a nivel internacional, trayendo de este modo la muy fallida “Slime City Massacre”, que dentro de lo malo llamaba la atención por tratarse de una continuación con un tono demasiado serio, aunque era bastante mala.
Como fuere, desde “Despedazator”, Lamberson en realidad no ha parado quieto y ha ido combinando sus labores como novelista y director del Buffalo Dreams Fantastic Film Festival de Nueva York, con la realización de películas de bajo presupuesto que ha ido soltando con cuentagotas. Y por supuesto, aunque “Despedazator” fue una maravillosa odisea en 16 mm, Lamberson pronto sería, de manera coherente y natural, pasto del formato vídeo.
El caso es que yo le tenía por un director más o menos personal, con un estilo característico e incluso a tener en cuenta dentro del cine de horror de corte marginal, cuando haciendo un pequeño seguimiento de su persona para ver en qué se había metido en los últimos años, me topo con la presente “Killer Rack” de 2015 y le pierdo absolutamente el respeto; no es posible que el director de algo tan desagradable y oscuro como “Despedazator” se haya convertido en un directorcillo de cine gore de cachondeo, irritante, mongólico y discípulo directo de la Troma —de hecho “Killer Rack” cuenta con un papel principal para, como no, Lloyd Kaufman—.
Se trata de una película rodada prácticamente para contentar a seguidores y acólitos del Buffalo Dreams Fantastic Festival y de la que se hicieron una serie de pegatinas promocionales cuyos beneficios irían destinados a una asociación que lucha contra el cáncer de mama, cosa que suena totalmente a cachondeo porque el estúpido argumento de “Killer Rack” gira en torno a unos implantes de silicona asesinos. Sí, el bueno de Lamberson se apunta a esa tendencia absurda de hacer películas sobre objetos inanimados que asesinan gente. Lo peor a lo que se podría haber apuntado.
Así, “Killer Rack” cuenta la historia de una muchacha totalmente acomplejada (interpretada por una deliciosa actriz llamada Jessica Zwolack) que un buen día decide someterse a una operación de aumento de pecho. Aunque su médico el Dr. Foin (Lloyd Kaufman en su salsa y soltando toda suerte de chistes tontos) le recomienda que no lo haga, esta hace caso omiso y es intervenida por una cirujana llamada Cate Thulu, en realidad una especie de científica loca obsesionada con las criaturas de Lovecraft, que le pone dos tetas del tamaño de dos balones de reglamento. En consecuencia, la autoestima de nuestra protagonista crece y comenzará a seducir hombres, pero todo se torcerá cuando descubre que lo que le ha puesto la cirujana son dos implantes con sed de sangre que se comerán a todo aquel que ose juguetear con ellos. Todo servido de manera desenfadada, festiva y en tono de cachondeo, lanzando el mensaje de que uno debe aceptarse a sí mismo tal como es, y que las intervenciones estéticas no traen nada bueno.
Pues muy mal. Uno no llega a aburrirse del todo, pero la película entera es una colección de clichés, actores amateurs que sobreactuan de manera intencionada, chascarrillos fáciles y tonterías varias que sirven para contentar a ese tipo de espectador gordo, granudo y con olor a pipas de girasol, que pulula por las convenciones de cine fantástico y aplaude todo lo que contenga sangre e higadillos, aunque en esencia la película que los contenga sea una puta mierda. Y para colmo, “Killer Rack” tiene un par de guiños, lógicamente, a “Despedazator”, tan mal introducidos que incluso el espectador más avezado tendrá que hacer un esfuerzo para detectarlos.
Lo dicho, el peor tipo de película que podía haber hecho Greg Lamberson. Suficiente para que yo pueda perder el interés por este director de por vida.
Sin embargo, observo que Lamberson está como muy activo en la presente década y que ha rodado unas cuantas películas, todas de bajo —bajísimo— presupuesto, dentro de los parámetros del fantástico y no parece ser que se haya decantado únicamente por esta línea humorística-salvaje, sino que hay de todo, y su última película hasta la fecha, “Widow’s Point”, parece ser todo lo contrario a esta, una de fantasmas eminentemente seria.
La verdad es que encontrar una película de Greg Lamberson conlleva siempre cierta dificultad, pero pese al escollo este de las tetas asesinas, si encuentro alguna más, le daré una oportunidad al director, aunque solo sea porque “Despedazator” me cae muy bien.

sábado, 28 de enero de 2023

ZERO BUDGET HEROES

Subtitulado contundentemente "The legend of Chris Seaver & Low Budget Pictures", "Zero Budget Heores" es un documental en torno a alguien que ya ha pasado por estos parajes, Chris Seaver, un tipo que en los 90 y principios de los 2000 revolucionó las "Cons" de Estados Unidos produciendo medios y largometrajes amateurs, vídeo cámara mediante, de naturaleza humorística, a base de comedia adolescente, escatológica y más o menos políticamente incorrecta (le veremos disculparse por un gag ingenuamente racista perpetrado en una de sus primeras películas. Tiempos modernos obligan), mezclándolo con horror y unas buenas dosis de guiños y referencias "geek", "nerd", "friki" o llámenlo como cojones quieran.
Sí, hoy muy pocos se acuerdan de Seaver. Y son mayoría los que le consideran un inútil sin talento ni gracia. Pero en los años antes mentados se ganó un séquito de apasionados fanes, esputó imitadores y se codeó con algunos nombres de cierto peso en el mundillo, como Lloyd Kaufman (de quien, obvio, chupaba muchísimo) o J.R.Bookwalter (que le editó un mogollón de sus trabajos) Durante un tiempo parecía que Seaver iba destinado a la gloria, a ser el relevo de Try Parker y Matt Stone. Pero no, descarriló y, rápidamente, su "estrella" se apagó. Durante años fue achacado a un duro encontronazo con los gerifaltes de su adorada Troma. Pero no estaba claro. Por fin, Seaver lo cuenta todo en "Zero Budget Heroes" (y, la verdad, tampoco hay pa tanto. Simplemente fue la típica intromisión del mecenas / producer) Y esa es la parte más interesante del documental. Sí, sonríes mucho, y con cierta complicidad, cuando el muchacho habla de sus primeros cortos imitando "Viernes 13" y "La noche de Halloween". También empatizas cuando los ojos le hacen chiribitas al recordar sus momentos de gloria. Es evidente que fue un hombre feliz, repleto de esperanza, convencido que iba a alcanzar sus sueños. Pero al final, como ya dije en otra ocasión, lo genuinamente disfrutoso viene en el momento que comienzan las vacas flacas. La decadencia. Por dos motivos. Porque tiene mucho más mérito ver cómo un creador sobrevive a todo ello, y por cierto deseo de encontrar en sus vivencias paralelismos con las tuyas, en busca de una respuesta -o un consuelo- a tus propias miserias.
Actualmente Chris Seaver es un tipo herido. Y se nota. El timbre de su voz, la cadencia de sus palabras, todo delata esa desilusión que arrastra, doliente y sangrante. Pero, al mismo tiempo, algo le impide tirar la toalla. Y sigue pariendo sus comedias cafres, aunque, obvio, ya no las disfruta como antaño. "¿Qué tal?" le pregunta un actor al final de un grabaje retratado in situ, "Bien" contesta desencantado. Tal vez Seaver debería cambiar de aires. Pero o no quiere, o no puede. O no sabe.
Quizás la parte más aburridilla es cuando el videoasta habla de sus colaboradores, uno por uno. Dice maravillas de todos ellos, claro. Y son un puñado. Afortunadamente, una vez superado esto, el docu se recupera.
Eso sí, no nos llevemos a engaño: Su máximo responsable, Zach Olivares, paralelamente colabora con Seaver en su faceta de YouTuber sobre cultura pop ochentera (ocupación esta que, by the way, "Zero Budget Heroes" ignora por completo) Como siempre, todo queda en casa.
Está entretenido, bien facturado y es, en esencia, francamente interesante.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 20 (TROMA)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....

Igual que en nuestra galería anterior hablábamos de cuando Jess Franco era una entidad oscura, desconocida y no excesivamente explotada (lo que hacía de él alguien realmente enigmático y fascinante), hoy podemos decir lo mismo de la Troma. ¿Se imaginan una entrevista con su mecenas, Lloyd Kaufman, sin que se publique una imagen de él haciendo el payasito? Que gustazo, ¿verdad? Especialmente si en su lugar se decantan por una estupenda instantánea de la no tan estupenda "Gritos de agonía".
Esto salio publicado en un "L´Ecran Fantastique", a raíz de la visita de los tromáticos al Festival de Cannes de ese año, que sería mediados de los ochenta o por ahí. Obviamente el idioma es el francés, así que, si quieren pillar lo que se dice, o hacen un cursillo intensivo o tiran del traductor de Google. Valdrá la pena, hablamos de la Troma de los inicios, con sus "mejores" películas a todo trapo y, diga lo que diga Kaufman, será mucho más interesante que cualquiera de las gilipolleces de manual que suelta en entrevistas recientes, condicionado por ese irritante personaje en el que tuvo la mala fortuna de convertirse hace ahora ya muchos años.
Para ampliar la imagen, Ctrl + botón izquierdo del ratón.


sábado, 20 de agosto de 2022

DIRECT TO VIDEO: STRAIGHT TO VIDEO HORROR OF THE 90´S

Dustin Ferguson es uno de esos "filmmakers de la era digital" que, gracias a las nuevas herramientas económicas y las plataformas, producen películas de terror como rosquillas, entre diez y veinte al año. No le falta nada, tiene varias de tiburones que cantan y bailan, sendas seudo-secuelas de Amityville, la del payaso asesino, la de zombies, el retro slasher. Todas las tendencias habidas y por haber en el submundo del zetismo, y en riguroso orden, perfectamente dispuestas en sendas plataformas de streaming a la desesperada búsqueda del click ("clickxploitation" lo llamo, algún día les hablaré a fondo de ello). Del montonazo destacan varios documentales que delatan sus apetencias pero, también, sus carencias, entre ellas el acabado algo costroso y descuidado de "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s".
Resulta complicado valorar cualquier tendencia creativa surgida en los noventa. No fueron años de mucho esplendor, siendo el terror donde la cosa andaba más jodida. Pero, claro, ahora que es tan "cool" reivindicarlo absolutamente todo, hasta los vídeos de YouTube donde se explica cómo cocinar croquetas, pues resulta desconcertantemente normal que a alguien le de por decir que los productos de tercera destinados al vídeo-club paridos en aquellos tiempos merecen ser atendidos. Pos fale. De todo tiene que haber en este mundo. Yo, como degustador insaciable y curioso incurable, me moría por ver cómo coño se lo montaban para defender tanta basurilla. Además, la ristra de cabezas parlantes era atractiva (siguiendo el mismo orden de Imdb): Clint Howard, Kelly Maroney, Lloyd Kaufman, Brinke Stevens, Tiffany Shepis, Fred Olen Ray, (el auténtico "hero" de Ferguson, quien comenzó su andadura amateur pariendo una secuela casera de "Scalps"!!), Jim Wynorski, Debra Lamb, Kevin Tenney, Rolfe Kanefsky, Jeff Burr, C.Courtney Joyner y el gran Chuck Cirino. Gracias al bueno de Romerito ayer mismo pude desquitarme.
Realmente, mi gran temor antes de darle al "Play" era la sobredosis de "geekismo" descontrolado que hoy lo salpica todo. Donde la desmedida pasión por cualquier chuminada ciega a los que la defienden, impidiéndoles comportarse como personas justas y racionales. Y de entrada, dichos temores parecían justificados: Ver al inicio dos logotipos de sendas productoras, uno imitando el rollo "grindhouse" setentero, y el otro el rollo "vhs rancio", me acojonaron. Tampoco ayudó la inmediata presencia de dos mongos esputando las tonterías de rigor, especialmente el que vende la moto de su condición punk-skater, recurriendo a la cantinela del "chico solitario que alquilaba esas películas con las que era feliz", para luego afirmar, sin ruborizarse, que sus "amigos" en realidad eran los personajes que pululaban por las producciones "Full Moon" de la década.
Comenzaba a sentir deseos de subirme por las paredes, cuando la cosa se calma y Dustin Ferguson da pie a los que de verdad interesan, los creadores de todo aquel cine (o "cine") que le dan al pico que da gusto, contando mil batallitas. Algunas no especialmente interesantes, ni divertidas (por mucho que el entrevistado se descojone durante el proceso), pero en general amenas.
Entre medias, cuela trailers o momentos concretos de las películas comentadas, pero procede de modo bastante poco certero, muy bruscamente, haciendo gala de cierto patosismo caótico a la hora del montaje, sobre todo introduciendo avances sin que veamos el título y, por ende, cuando aparece el invitado hablando, todavía no sepamos de qué jodida película se trata. En general es todo como muy deslavazado, una mera acumulación de peña dándole a la sin hueso carente de trama interna, ni nada específico.
Aunque lo verdaderamente ofuscante fue que, a pesar de toda la información recibida, no me estaba divirtiendo. Ni emocionando. Ni nada. El aburrimiento iba ganando la partida a cada minuto que se sumaba (porque, como todo creador de la era digital, Ferguson es incapaz de contenerse. Lo mete todo, a lo bestia, y suma casi dos horas de documental) ¿Cuál sería la causa? ¿Tal vez que, hasta hace poco que me reconcilié con el cine de los 90, tenía un muy bajo concepto del mismo? Tras mucho reflexionar, lo entendí: el terror de baja estofa de ese periodo es demasiado malo, demasiado olvidable, realmente no hay NI UNA peli memorable en todo el documental... son todas malas, desalmadas, con ese look telefílmico, esos abusos de diálogos, esos pre-efectos infográficos tan mierdosos. Claro, así es imposible emocionarse ni un ápice.
Cuando salen a relucir algunos más o menos interesantes, te esperanzas... hasta que descubres que se está recurriendo a sus secuelas... las peores, además. El tercer "Night of the demons" y el cuarto "Ghoulies". Más fatídico es el caso de "El Dentista", que siendo uno de los pocos subproductos potables de la época (ni que sea por cuando lo vi en el Festival de Sitges, con toda la platea gritando en los momentos de truculencia dental), ¡resulta que se decantan por su horrible segunda parte!
Al final, "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s", como buen documental parido en una época de incontinencia y sobreproducción, deja la sensación de ser algo muy desaprovechado, en perfecta consonancia con las películas y -a rasgos generales- la década a las que dedica su contenido.
La providencia ha querido que para la semana entrante mi compañero Víctor haya reseñado dos películas del colega Dustin. Así, a lo tonto, este escrito pasa a ser el pistoletazo de salida de lo que podríamos llamar la "Ferguson Week". Que les sea leve.

sábado, 23 de julio de 2022

FILTHY McNASTIEST: APOCALYPSE FUCK (o EL SEAVER NO OCUPA LUGAR - 1ª PARTE)

Tras facturar los consabidos fan-films sobre "Viernes 13" o consortes con la cámara de vídeo familiar, Chris Seaver descubrió a Troma y decidió cambiar de tercio aplicando las tácticas de la factoría de Lloyd Kaufman (y Michael Herz), es decir: humor cafre, escatología y el habitual tono ultra-desmadrado presente en títulos como "El vengador Tóxico", "Viva la juerga" o "Mutantes en la universidad". De su cosecha "geek" añadió guiños a la cultura popular y los inevitables clásicos del terror moderno. Todo ello cocinado bajo el nombre de "Low Budget Pictures". Armado con sendos dvd´s bajo el brazo, y dispuesto a llamar la atención, se convirtió en una presencia constante en las Cons de media Norteamérica, lo que comenzó a granjearle cierta reputación. Sus películas se vendían muy bien, esputando todo un séquito de admiradores (e imitadores, en breve hablaré de uno de los más "destacados"). Consciente de ello, J.R.Bookwalter comenzó a editarle a través de su flamante sello "Tempe Video" cualquier cosa que pariera. Seaver llegó a ganarse la vida con sus video-costras, por lo que, inevitablemente, se veía en la tesitura de grabar sin descanso (hasta cinco en un año), pero también sin ganas ni ilusión, meramente por sacarse unos reales. Podemos hablar incluso de un "Seaververse" o "Seaverse", con personajes propios (como Deathbone, Bonejack, Teenape, Mulva, Puggly, entre muchos otros) apareciendo continuamente en las películas para mayor algarabía de los incondicionales.
A estos, y la cada vez más notoria fama de Chris Seaver, había que sumar los que le detestaban con pasión y aborrecían su estilo de comedia inmadura, propia de un niñato adolescente que se ríe de sus pedos. Hubo quien le calificó como "el peor filmmaker de la historia". Y, lo crean o no, esa mala fama le pasaría algo de factura con los años. No suele figurar en las enciclopedias del SOV reciente. Y en su actual faceta de YouTuber de la cultura pop ochentera, tampoco es que atraiga multitudes, lo que viniendo de él, y de esa parte del globo terráqueo, es muy raro.
Lo narrado ocurrió a lo largo de los dosmiles. Y puesto que todo aquello que comienza debe acabar, la debacle vino cuando, irónicamente, Chris Seaver logró, por fin, su preciado sueño: entrar a formar parte del imperio Troma. Lloyd Kaufman le fichó legal y oficialmente (llegando a mentarle como director de una secuela de "Sgt. Kabukiman N.Y.P.D." -supuestamente titulada “Sgt. Kabukiman and the Lesbians of Bonejack High”- jamás materializada). Más feliz que una perdiz, comenzó con su película tromática. Sin embargo, contra todo pronóstico, las cosas fueron como el culo y una historia sórdida, nunca del todo aclarada, rompió la relación (aunque la asociación sí dio sus frutos: "Teen Ape Vs. The Monster Nazi Apocalypse", distribuida tiempo después un poco de tapadillo). Tremendamente decepcionado, Seaver se alejó de Troma, chapó "Low Budget Pictures" y comenzó de cero con un proyecto no totalmente distinto, pero más ambicioso y, por tanto, carente de la frescura casera de las películas previas.
Tras muchos años interesado en las costras del chaval, llegué a pillarme un dvd recopilatorio con varios títulos. El problema es que venían en versión original. Y resulta que el 90% de la gracia de su "obra" reside en unos diálogos que, al contrario de las apariencias, están perfectamente escritos, pensados y, en ocasiones, resultan altamente floridos... a pesar de ir cargados de referencias sexuales y tacos. Así pues, dado mi limitado entendimiento del inglés hablado, no disfruté mucho de aquel dvd. Sin embargo, hace poco tuve acceso a varias películas seaverianas con subtítulos en británico y así la cosa cambia (se me da muchísimo mejor leído). Me vi unas cuantas y, lógicamente, no pude reprimir el deseo de dedicarles espacio en este santo ciber-lugar, comenzando por la que consumí primero y, por tanto, más me impactó: "Filthy McNastiest: Apocalypse Fuck", del 2005.
La elegí a modo de desvirgue por la curiosa aparición como actor del "underground horror auteur" Andy Copp (amigo y defensor de Seaver). Resulta que, como en toda subcomunidad que se precie, muchos de los nombres habituales del SOV-ismo yanki colaboran los unos con los otros. Y, parece tonto, pero es algo que me hace bastante gracia. De hecho, sorprende también encontrar en la lista final de agradecimientos a Andrew Shearer, capitoste del colectivo "Gonzoriffic".
La movida gira en torno a un negro gordo con la polla tan pequeña que su super-tetuda novia le abandona. Desesperado, acude al demonio del sexo, D’artagnan (??), quien le concede una buena tranca pero, a su vez, comienza a perpetrar toda clase de fechorías. Entre las perlas tenemos un delirante aborto practicado "in situ" y la recreación / parodia del ridículo baile de Crispin Glover en el cuarto "Viernes 13".
A medida que veía "Filthy McNastiest: Apocalypse fuck" me percataba de que me estaba... er... ¡¡gustando!! Y no solo eso, además ¡¡me reía con su comedia voluntaria (porque de la otra, ni pizca)!! Pero lo más delirante y asombroso es que no me aburrí durante los agradecidos 50 minutos que duró. Costaba creérselo.
Ya estaba claro a santo de qué Chris Seaver había logrado éxito y cierto estatus en su momento. Contrariamente a casi todo el SOV producido en tierras norteamericanas (y, me atrevo a decir, mundiales), aquello no era un puto coñazo previsible, lento y desaborío. Desde luego quedaba lejos de ser perfecto, pero hacía gala de mucho dinamismo, frescura, chispa y, sobre todo, un agradable sentido de la diversión. Que se lo pasaron bien grabando salta a la vista y, sobre todo, se transmite. Seaver, tío listo, sabía cuales eran los males del SOVismo y no estaba dispuesto a replicarlos. ¿Cómo? evitando excederse con la duración y tomarse en serio a sí mismo y su labor. No querer aparentar más. Ni pretender lograr un "look" cinematográfico. Asume lo que hay y lo explota como parte del chiste, grabando con lo puesto, sin elementos extras, sin florituras, cámara de vídeo en mano, dotando de cierto brío a las imágenes.
También comprendía por qué Seaver decía detestar la serie Z. No hay pizca de esta en "Filthy McNastiest...". No es esa su influencia, y canta a la legua. Un poco como le pasaba a "Mal Gusto" de Peter Jackson (que para algo es una de las pelis de cabecera de Seaver) Comparten estéticas y costrosidades con el cine "trash" puro, pero no pertenecen a la misma familia.
Cuando terminó, y aturdido por la sensación positiva que me recorría el espinazo, una duda asaltó mi mente "¿Serán el resto de sus películas igual, o es que, por pura casualidad he ido a pillar una de las mejores?" Tal vez haya sido cosa de la novedad. I don´t know.
Vuelvan la semana que viene al mismo seavercanal, a la misma seaverhora, y descúbranlo.