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sábado, 9 de mayo de 2026

COHEN & TATE

En 1988 Eric Red, por entonces prestigioso guionista ("Carretera al infierno", "Los viajeros de la noche", "Acero Azul") debutaba en la dirección de largometrajes con el thriller "Cohen & Tate", sobre un par de sicarios -los del título- cuya misión consiste en secuestrar al testigo del asesinato de un mafioso para llevarlo allá ande toque interrogarlo. Este resulta ser en realidad un crío de nueve años. Y Cohen y Tate dos profesionales muy distintos. El primero mayor, formal y con su punto de humanidad. El segundo joven, impulsivo y de tendencias psicóticas. Vamos, que están destinados a llevarse fatal, y así será durante todo el trayecto sobre ruedas (es decir, estamos ante una "road movie"), cuando el chaval, muy sagaz él, hará lo posible para aumentar la hostilidad entre ambos y, asín, terminen matándose o, cuanto menos, el mayor -con el que mantiene una ambigua relación semi-afectuosa- se cargue al joven.
Con semejantes elementos, y un protagonista del nivel de Roy Scheider dando vida al asesino veterano, la película estaba destinada a triunfar.... pues no tanto. Y lo digo lamentándome, porque podría haber sido otra vibrante muestra del género en los dorados ochenta, pero se queda a medio gas. Parece que Eric Red no sepa cómo sacarle suco a los personajes, cuyos diálogos despiertan escaso interés. Hay bastantes momentos muertos que no llevan a nada. Y la a priori excelente idea del churumbel jugando con sus raptores para provocar un estallido, tampoco es aprovechada en todo su potencial. No ayuda, desde luego, Adam Baldwin interpretando a Tate en plan histrionismo por un tubo. Al raptado, Harley Cross, veníamos de verlo en títulos tan bien considerados como "Los Creyentes" o "La sombra del testigo", y tras la reseñada seguiría haciendo cosillas del calibre de "La mosca 2", "El niño que gritó puta" o "Perdita Durango". Patinaría un poco al firmar para intervenir en "Me parece que ... sé lo que gritasteis el último viernes 13", aunque lo arreglaría seguidamente con "Kinsey", su última actuación. Dejó el cine para dedicarse a otros quehaceres bien provechosos, hasta que hace poco anunció su reincorporación a las filas de la interpretación.
Vale, sí, "Cohen & Tate" tampoco va coja de momentos decentes. La matanza inicial. Los asesinos zafándose de un control policial. Algunos tiroteos. Y el final, absolutamente despiadado. Pero así, en conjunto, notas que algo falta. Algo falla. Y la peli termina resultado relleno pa una tarde remolona, sin más.
La siguiente de Eric Red -como director y guionista- fue la más o menos valorada / valorable "Cuerpo Maldito". Pero a partir de ahí, las cosas se irían desinflando progresivamente, primero con una de hombre lobo directa al vídeo-club ("Luna Maldita"), segundo, un thriller sobrenatural que, mal augurio, terminó en las zarpas de "The Asylum" (para su distribución en el mercado USA), "Arresto Domiciliario / Acoso del más allá" y, tercero, un último telefilm, nuevamente sobre licántropos, destinado a poner fin a sus peripecias tras la cámara.... o al menos hasta hace poco, ya que -como Harley Cross- anuncia nueva película. Güil si.

sábado, 2 de agosto de 2025

SHOCK TREATMENT

"Brad" y "Janet" han dejado de ser aquella pareja inocente recién casada que eran al arranque de "The Rocky Horror Picture Show" para convertirse en un matrimonio en crisis. Acuden a la grabación de un famoso programa de televisión dedicado a solventar esa clase de entuertos y, justo, terminan concursando. Durante la refriega, declaran enfermo mental a "Brad" y lo encierran en una institución (dispuesta en el mismo plató), mientras que "Janet" pasará a estrella mediática. Tras todo ello se oculta un misterioso personaje con intenciones altamente pérfidas.
Efectivamente, "Shock Treatment" es la "secuela", por así decirlo, del clásico de las sesiones a medianoche. Una que, irónicamente, todavía fracasó más en su paso por salas. Tanto que ha tardado muchos años -viene fechada en 1981, seis después de la otra- en recibir alguna clase de reconocimiento. O conocimiento, pues todavía los hay que ignoran su mera existencia. Siguiendo los mismos pasos de "Rocky Horror...", "Shock Treatment" nunca llegó a estrenarse legalmente en nuestro país, siendo reducida su difusión a sendos pases en una televisión digital, de cuando su precedente se hizo medianamente popular por acá y había cierta demanda. Ahí es donde yo la consumí por primera vez y, créanme, aunque como película en sí no me gustó demasiado, caí rendido a su banda sonora. Efectivamente, es tan musical como "Rocky Horror...", labor esta firmada en ambos casos por el talentoso Richard O´Brien (quien, igualmente, encarna un rol bastante más destacado esta ocasión. De hecho, suyo es el careto del cartel). Personalmente prefiero las composiciones que hizo para "Shock Treatment", tal vez porque gastan un toque algo más "new wave" -era la época después de todo-, tanto como para terminar pillándome el respectivo CD, que todavía conservo con cariño al lado de mis otros "musicales excéntricos" favoritos, la misma "Rocky Horror...", "El fantasma del paraíso" o "La tienda de los horrores".
O´Brien no es el único que repite. Hay unos cuantos más delante de la cámara (Patricia Quinn, Charles Gray, Nell Campbell...) y detrás, como el productor Lou Adler y el director Jim Sherman de extraña carrera, una a la que puso fin, más o menos, el fracasazo de "Shock Treatment". ¿¿Y por qué ello?? Bueno, hay quien dice que fue cosa de las expectativas. La peña esperaba más de lo mismo, y no, la película ahora reseñada es bastante diferente de "The Rocky Horror Picture Show", comenzando por el hecho de que sus dos protagonistas vienen interpretados por actores distintos. Susan Sarandon no quería saber nada del asunto, así que ficharon a la adecuadísima Jessica Harper, quien ya había dado buena cuenta de sus capacidades vocales en la mentada "El fantasma del paraíso". El "Brad" original, Barry Bostwick, sí estaba interesado, pero compromisos previos se lo impidieron, así que terminó sustituido por Cliff De Young, que encaja muy bien en el rol, le pone mucho interés (además, hace doble papel) pero no tuvo demasiada suerte el resto de su carrera. Basta decir que terminaría currando para "The Asylum".
Puede que también contribuyera al descalabro la trama. En realidad es muy sencilla, muy elemental, pero es el cómo está estructurada donde vienen los problemas. Richard O´Brien siempre se ha quejado de que ello se debió al exceso de reescrituras que sufrió el guion, uno destinado, principalmente, a ridiculizar la televisión y, también, el lado más conservador de la sociedad estadounidense. Y sí, "Shock Treatment" resulta algo caótica, confusa y estridente. Además, todo se desarrolla a gran velocidad y cuesta un pelín incluso no quedarse rezagado... aunque eso sería más bien una virtud, porque aburrida tampoco es. Si la desmelenada historia no te atrapa, lo harán sus barrocos decorados, el abuso de colores chillones (sobre todo rojo, a su vez en alto contraste con el muy presente blanco), los llamativos atuendos de algunos personajes (los mismos uniformes de los médicos), el continuo cambio de puntos de vista (mucha refilmación de pantallas de televisión) y el tono casi "cartoon" de todo ello. Nada realmente grave. De hecho, en mi reciente revisionado me ha gustado bastante más. Es cierto que las canciones siguen siendo mi parte favorita (con especial preferencia por "In my own way" y "Breaking Out", el tema más "punkero" cortesía de unos ficticios "Oscar Drill and the Bits") y las escenas donde suenan están muy bien resueltas en un sentido visual (me mola especialmente la que acompaña a "Lullaby", rodada de una sola tacada -y a la primera toma- con la cámara desplazándose de una ventana a otra según les toca canturrear a los actores). Así que sí. Tenía preparado un chiste sobre que, a diferencia de lo habitual tratándose de musicales, en "Shock Treatment" sobran las escenas de diálogo, pero no, toda ella está muy decente y merecería una justa revalorización.
No obstante, sigo insistiendo que, si no han escuchado su banda sonora, se están perdiendo algo muy bueno. En un principio iba a convertir esta reseña en una dosis más de nuestros eventuales "Minutos Musicales", pero prefiero centrarme en soltar rollo respecto a la película y, si quieren saber cómo suena, se pasan por YouTube y buscan, que ya son ustedes mayorcitos.
Por cierto, uno de los actores secundarios es nada más y nada menos que Rik Mayall, quien pocos años después alcanzaría la gloria como comediante gracias a la serie "The Young Ones". En "Shock Treatment" pueden verle joven, pizpireto y cantando y bailando con soltura. El chaval era un portento, desde luego.

sábado, 21 de junio de 2025

SAURIANS

Actualmente estamos más que acostumbrados a ver el nombre de Mark Polonia como director en solitario. Sin embargo, durante muchos años no fue así. Entre los ochenta y entrados los dos mil, él y su hermano John (y, ocasionalmente, otros individuos que pasaban por allí) llevaron a término un buen puñado de películas amateurs (y aquí lo digo con todas las letras y en su sentido menos peyorativo) adscritas a varias vertientes del fantástico... salvo en 1994, cuando, por alguna razón desconocida, Mark se responsabilizó "autoralmente" de una, "Saurians", donde ejerció de director, guionista, protagonista y vaya usted a saber cuantas cosas más. En aquella ocasión, John se limitó a "producir ejecutivamente". Ya es raro. Tal vez se habían picado. O no compartían devoción por el proyecto. A saber.
Bien, a los hermanos Polonia se les reconoce graciosamente por una serie de características, siendo su aspecto ultra-"nerd" una de ellas. Esos cuerpos escuálidos, esas gafotas, esos peinados a base de hachazo, esos horribles bigotillos cuyo fin consiste en ocultar unos dientes saltones y su manía de vestir como para ir a la misa de los domingos... eran genuinos en su condición y por eso los aprecio, aunque no negaré, y reconoceré, que, sí, en ocasiones dan ganas de ejercer el rol de abusón y soltarles una colleja. Su aspecto y maneras invitan. Tal vez ello explicaría la existencia de tanto reseñador, blogger (¿todavía quedamos?), youtuber y, en definitiva, supuesto experto en "cine malo" que se ceba con ellos de esa manera tan hostil, fea y desenfocada de la que suelen hacer gala. Y no hablo únicamente de Estados Unidos, también me refiero a nuestro propio país de ignorantes. Dicho de otro modo, los Polonia, su cine y, pal caso, este "Saurians" son un blanco demasiado fácil. Es muy sencillo machacarlo/s porque los elementos ahí dispuestos, sobran. Pero, opino, es un error. Mark y John Polonia eran dos super-fans de las películas que, simplemente, rodaban caseramente las suyas propias aplicando grandes, enormes cantidades de amor y dedicación. Y si lo único disponible eran máscaras de carnaval y juguetes, pues con eso que tiraban, asumiendo -supongo- que el espectador se prestaría al ejercicio. Pero no, la gente no solo carece en general de imaginación, lo hace también de empatía. Y más estos días. Ya, ya, tampoco caigamos ahora en la trampa, los hermanos tenían su lado oportunista y mercantil. No en balde, "Saurians" existe gracias a "Parque Jurásico" (como bien demuestra el jetismo del segundo cartel expuesto). Y su clásico "Splatter Farm" asumía los códigos del SOV de la época, donde predominaba un interés casi exclusivamente centrado en el gore. Basta con ver por donde han ido los derroteros de la carrera de Mark Polonia estos últimos tiempos, sumándose sin vergüenza a las tendencias de su mercado, los amityvilles, los tiburones, los payasos chungos, etc. La diferencia es que lo suyo no es TAN cruento, ni desalmado, como lo de otros mercaderes del cine exploitativo como "The Asylum", "TomCat Films", Roger Corman o cualquiera de su calaña. En los Polonia hay un poco más de cariño hacia la materia. O eso creo yo. Así pues, por mucho que me tiente, y por, como digo, chupado que esté, no voy a destrozar "Saurians". Aunque tampoco a elevarla. Sería una batalla perdida de antemano.
Un par de dinosaurios, atrapados durante milenios en una gruta, saldrán al exterior por efecto de una explosión y comenzarán a papearse al personal. Un grupito de estudiantes de arqueología terminarán metidos en el fregao y perseguidos por un cazador que quiere acabar con las criaturas. Llegado el momento, y como es de ley, estas se enfrentarán entre ellas.
Bien, la película está rodada en Super 8, pero muy gráficamente transferida a vídeo, donde se realizó la pos-producción. Los efectos especiales se dividen entre muy poco stop-motion -lo que requiere tiempo y mucho curro- y bastantes marionetas o dinosaurios de juguete manejados fuera de cuadro -más fácil-. Mark Polonia interpreta al arqueólogo prota y una muchacha no demasiado agraciada (actoral y físicamente... nos cuelan una escena de ducha con ella -nada gráfica-, y uno se pregunta ¿¿pa qué??) le acompaña en sus aventuras. Efectivamente, se trata de la futura doña Polonia, ¿qué chavala sino se prestaría?.
La escena más llamativa es aquella en la que una familia en pleno picnic es atacada por uno de los dinosaurios y reducida a extremidades amputadas y calaveras de goma. Canta como una almeja que Mark aprovechó una excursión familiar para sacarse las imágenes necesarias. Lo mismo que los planos de geysers y tal, presupongo que otra excursión, en este caso al parque de Yellowstone, salvó la papeleta.
Vale, sí, es cierto que la cosa viene empaquetada con un sentido del ritmo nulo, y una progresión inexistente, por lo que "Saurians" se torna un tocho tremendo y ultra-aburrido que tuve que ver en tres sesiones porque es que, en fin, no lograba centrarme. Ese sería su mayor defecto. El resto son "virtudes", todo muy casero, muy "DIY", muy amateur y muy Polonia, como debe ser.
Años después, tristemente fallecido John, Mark coge consciencia de su "leyenda" y comienza a rescatar películas inconclusas para remozarlas y lanzarlas o rodar secuelas tardías. Bien, ese fue el caso de "Saurians", que conoció una segunda parte en 2023, en la que el zineasta -codirigiendo ahora con su hijo Anthony- retomaba al personaje que interpretara casi 30 años atrás. Repetía también el cazador de dinosaurios (aunque se supone que moría en la primera). A la que no se veía era a la muchacha... y no por falta de disponibilidad. Actualmente sigue ejerciendo de Doña Polonia y sigue asomando por las películas de su marido. No sé, tal vez aquel día tenía hora en la pelu, vete a saber, aunque seguro que si logran ustedes reunir fuerzas para consumir "Saurians 2", la echarán de menos.
Merece la pena reseñar 
la presencia tras las cámaras (o LA cámara) en "Saurians 1" de Kevin Lindenmuth, realizador del gremio SOVista que destacó medianamente durante los noventa y echaría el cierre tras ver que, como él mismo reconoció, aquello no daba para vivir. Mientras, el clan Polonia sigue adelante, imparable. Ni la muerte ha podido con ellos. Si eso no es suficiente para respetarles, ya me dirán qué.

sábado, 13 de julio de 2024

AL BORDE DE LA EXTINCIÓN (RISEN)

Como bien saben, la táctica de "The Asylum" a la hora de generar sus "mockbusters" (que hoy ya no engañan a nadie. El único atractivo está en descubrir el nivel de jeta que gasta con cada nuevo empeño) consiste en tomar nota del próximo estreno gordo, el siguiente aspirante a "blockbuster". Siempre poniendo su grasiento punto de mira sobre aquellas películas destinadas al público masivo, a generar billetes y complacer a todo cristo tirando de espectáculo, pirotecnia y tramas más elementales que el intelecto del fan medio. Luego, lo recrean cambiando una letra por otra en el título, recurriendo a callejones para los exteriores, un chorrón de cromas muy pestilentes + CGI de saldo -del que duele- y directo a las teles por cable -si es que todavía existen- y/o las plataformas de streaming. ¡Tupendo!.
Ahora imaginen que pasaría si "The Asylum" aplicara esas mismas maneras apuntando a un tipo de películas distintas. Por ejemplo, "La llegada" de Denis Villeneuve, film la mar de serio y sesudo sobre el primer contacto entre humanos y una posible vida extraterrestre. Ochenta minutos apasionantes tristemente trufados por un desenlace aburrido y trillado. Es decir, los marcianos son güenos y solo quieren paz. Mientras los humanos, sobre todo los militares y políticos, son malos y únicamente viven para matar, destruir y mal pensar. Una lástima. Todo ello, además, cocinado a la manera de Villeneuve, con pasmosa calma.
¿¿Y eso daría para un producto prototípicamente "Asylum"?? Ni lo duden. De hecho, existe y se titula "Risen", "Al borde de la extinción" en Aspaña. No, los padres de "Sharknado" no tienen nada que ver, pero como si lo tuviesen. Pal caso, "Risen" aborda el primer encuentro entre humanos y aliens de forma pomposa, trascendental, gélidamente seria y muy muy lentamente. Pero no esa lentitud propia de aquel incapaz de narrar, aburridor de cabras profesional, sino una buscada de manera expresa. Como elección estética. Rebañado todo en un mega dramón a base de protagonista torturada y alcohólica, que se encargará de darle charleta a los visitantes.
Un meteorito aterriza de mala manera sobre un pueblo de la américa profunda. Desprende un gas que mata a la mayoría de la población, salvo los que estaban más cerca. Estos resucitarán 
y comenzarán a mutar. Y si en "La llegada" teníamos una nave con forma de pistacho, o grano de café, en "Risen" es una planta que crece hasta hacerse gigantesca. Sí, amigos, todo suena muy bien. Las ideas que vomita su director y guionista, Eddie Arya, van sobradas de interés. PEEEERO, ya se conocen la cantinela: Cuidado con las ambiciones que son malas compañeras cuando el montante escasea. Y ahí entra el estilo "Asylum", con cromas bastante cantosos, CGI limitadísimo y algunas salidas de velada mentalidad "exploitativa". Lo que contrasta requetemucho con las pretenciosas intenciones primigenias, dando como resultado algo un pelo raro, incómodo. Como tener el ojete trufado de cucarachas revoltosas.
Eso sí, hay que reconocerle un desenlace mucho más satisfactorio que el de "La llegada". Ahí el amigo Eddie se gana un par de palmaditas en la espalda.
¿Que si la recomendaría? Mmmmh, no sabría decir. Como curiosidad, por la desconcertante mezcla de salidas y estrategias, sí. Y también por las partes del guion que podrían lucir de maravilla en manos de un director más talentoso, o mejor respaldado económicamente. Pero, en fin, sin prisas. No la antepondría a una siesta.

sábado, 10 de febrero de 2024

MORDISCO MORTAL

Es curioso. Sé de esta película desde hace muchos años, gracias a sendas imágenes de impacto publicadas en mis queridas revistas especializadas (extranjeras, por supuesto) Sin embargo, diría que no la había visto hasta... ayer.
Estamos ante el prototípico producto / argumento hoy pasto de discutibles antros del entretenimiento como SyFy o Asylum, pero que en 1983 todavía lo abordaba peña de cierto talento y, por supuesto, a base de los siempre agradecidos efectos prácticos de la vieja escuela, en este caso facturados por tres titanes del calibre de Dick Smith, Carl Fullerton y Stephan Dupuis. La cosa va de serpiente gigante. Una mentalmente conectada con el cazador al que hirió en el pasado, y cuyo hermano se papeó. Aquel se obsesiona con traerla a la civilización para vengarse. En el proceso escapará y la liará parda. De por medio, un psiquiatra dispuesto a desvelar el misterio de dicha conexión y una extrañísima secta adoradora de serpientes a la que, llegado el momento, perdemos totalmente de vista.
Producida en tierras Canadienses y dirigida por un especialista del calibre de William Fruet, responsable de clásicos del exploit como "Fin de semana sangriento", "Trapped", la mítica "Killer Party" (reseñada en nuestro pest-seller) o la insufrible "The insect, alerta roja en el gran hospital", cuenta con el protagonismo de dos nombres de peso que vivieron tiempos mejores, Oliver Reed y Peter Fonda, secundados por Al Waxman, quien se reserva la muerte más horrible. Resulta que el potentísimo veneno de esta serpiente te hincha como un globo hasta que tus ronchas estallan... muy desagradable de ver. Diría que su fenecimiento está suavizado, porque recuerdo unas imágenes impresas bastante más gráficas.
En general, y sin ser algo que nos invite a echar cohetes, "Mordisco Mortal" -soso título patrio para "Spams"- se deja ver bastante dignamente. Entretiene lo justo y nos alegra los ojos con el incomparable acabado propio de su década. Destacan, obvio, las escenas en las que el bicho ataca, especialmente a un grupo de estudiantes femeninas. A una la vemos en tetas, a otra la interpreta Julie Khaner, la secre de "Max Renn" en "Videodrome", y en la pared divisamos un póster de "La matanza de Texas".
Cierra el show una tonadilla muy "cool" de "Tangerine Dream"

lunes, 30 de enero de 2023

BIG MONEY RUSTLAS

No existe un grupo de rap (ni banda de rock) en el planeta con mayor culto y seguimiento que los infames "Insane Clown Posse", todavía en activo. Raperos blancos de Detroit, tirando a malos, con unas letras que en su afán por ser desagradables bordean el retraso mental y, para más inri, el look de sus integrantes consiste en ir maquillados como payasos siniestros.  Además rinden pleitesía a un refresco sin gas de su invención, el Faygo, que derraman sobre sus fans cuando están en el escenario.
A mediados de los 90 sembraron la polémica en la opinión pública, en definitiva, porque eran más bastos que un arado y en sus conciertos se liaba de la manera más tonta. Su mal comportamiento les costó el contrato con su compañía de discos, que les echó de mala manera, pese a que las ventas eran millonarias, pero, en un caso sin precedentes, montaron su propio sello discográfico, "Psychopatic Records", y continuaron funcionando. La compañía llegó a facturar más de 10 millones de dólares al año a pesar  de tener a todos los medios en su contra y carecer de publicidad alguna. Fueron catalogados como la peor banda del mundo.
El caso es que los "Insane Clown Posse" tienen un seguimiento en los Estados Unidos de millones de fans. Calaron entre los marginados y los jóvenes con problemas de adaptación social —como los mismos miembros de la banda— y se generó una subcultura alrededor del grupo y sus excentricidades. Los fervientes seguidores de estos raperos, súbditos más que fans, se hacen llamar asimismo “Juggalos”, se refieren a "Insane Clown Posse" como “familia” y se dedican a sembrar el caos y la discordia allá donde van, motivo por el que el FBI les ha catalogado como banda criminal organizada, igual que a los Bloods, los Crips o cualquier otra pandilla callejera.
De la forma que sea, los "Insane Clown Posse", desde la autoedición, han conseguido convertirse en una banda millonaria con más de 30 años de carrera. Sacan sus discos, su merchandising y sus marcas. Y como ellos se lo guisan y ellos se lo comen, durante la década pasada no se les ocurrió otra cosa que producir películas para su propio lucimiento y para el disfrute de los “Juggalos” que se las gozan como si no existieran otro tipo de películas. Al fin y al cabo están concebidas para ellos.
Así, y tras la mala experiencia de la primera película de "Insane Clown Posse", “Big Money Hustlas”, de la que, si se tercia, ya les hablaré en otra ocasión, se esperan casi dos años para pillar por banda al director con el que trabajan siempre, Paul Apresen, responsable de videoclips y documentales sobre la banda, contratan un equipo de filmación de Los Ángeles y, sin demasiada idea de hacer películas y con un guión de 40 páginas (que luego el director ampliaría hasta las 70), se marcan este “Big Money Rustlas” que en palabras de los propios "Insane Clown Posse" sería una parodia del cine del oeste inspirada en “Sillas de montar calientes” y en los dibujos de la Warner Brothers.
Básicamente, se trata de un SOV de lujo para el que el grupo invirtió un millón de dólares que podemos ver gastados en decorados y vestuario, no así en los posibles F/X que son de lo más chabacano, ni en equipo técnico, ya que está rodada en vídeo —muy vídeo— del año 2010.
Unos gerifaltes del juego y las apuestas, mantienen a un pueblo sumido en el pánico con su actitud violenta e injusta. Y el sheriff del lugar intentará acabar con el emporio de estos sin vergüenzas. En realidad el argumento ni existe, es una excusa para poder ver a los "Insane Clown Posse", así como a otros grupos pertenecientes a su sello, hacer el cabra y decir tacos durante casi dos horas que dura el invento. Entre tanto veremos a un individuo con un pie gigante, escenas tan incorrectas como el fusilamiento por parte de los malos a un cowboy con rasgos evidentes de homosexualidad, y  un montón de chistes anacrónicos, como cuando un cowboy se encuentra a Tom Sizemore —que se interpreta a sí mismo— tomando el sol en el desierto y se acerca a pedirle un autógrafo. Sizemore se niega, a pesar de que este asegura haber visto todas sus películas.
Poco más, una estupidez a la altura de sus autores que se tiraron mas de dos años montando la película con personal de Hollywood porque ellos no sabían y, a pesar de esa ayuda, recibieron críticas como la firmada por Tex Hula en aintitcool.com, y que rezaba: "Esta película parece haber sido rodada por un niño de parvulitos que acaba de aprender a decir tacos y que los usará todo el tiempo porque piensa que decir tacos es graciosísimo. Esta "película" es tan odiosa que va más allá de ser insoportable. Una de las más dolorosas que he tenido que soportar, no en esta columna, sino en mi vida".
Hula exagera (ya saben, la crítica basada en preceptos morales). En realidad “Big Money Rustlas” es mala a rabiar, pero es tan desquiciada, tan caótica, tan tonta y tan honesta, que fíjense ustedes, me ha caído en gracia. Una chorradita inofensiva con la que hay momentos que verdaderamente te ríes. Eso sí, la que me parece un poco más difícil de digerir, es la música de los "Insane Clown Posse".
Para darle empaque al asunto, la película cuenta con pequeños papeles, no solo para Tom Sizemore, sino también para Ron Jeremy, Jason Mewes, Brigitte Nielsen o Dustin Diamond, así como luchadores de wrestling varios, raperos como Vanilla Ice… y váyanse ustedes a saber cuantos más.
Fue un éxito en su lanzamiento en DVD, porque los “Juggalos”, si los "Insane Clown Posse" se tiran un pedo, estos acuden a olerlo. Así que juegan en casa.
Nunca rodaron una tercera película, ambientada en el espacio, tal y como pretendían los artistas. Previamente pusieron sus zarpas en otras pequeñas producciones con idénticos fines comerciales que esta "Big Money Rutlas", como puedan ser "Bowling Balls", comedia horrorífica hecha a su medida o "Death Racers", producto de "The Asylum"destinado a adelantarse al lanzamiento de "Death Race: La carrera de la muerte" y que también le viene como anillo al dedo a la banda.

lunes, 21 de noviembre de 2022

LITTLE LOST SEA SERPENT

El director Donald G. Jackson, al que la afición le vino de manera temprana cuando filmaba eventos deportivos de instituto con su Bolex de 16 mm, es un realizador peculiar donde los haya, que quizás encaminó su carrera por el lado más elemental a causa de la falta de trabajo o, en un segundo término, quizás, por la de talento. Al margen de eso, detestaba las películas en las que Satán es mostrado de manera ostentosa porque era un cristiano redomado, mientras que por otro lado fue “La matanza de Texas” la película que le llevó a querer dirigir cine.
Paradójicamente y traicionando a sus creencias, debuta en el mundo del cine, precisamente, con una película de contenido satánico como era “The Demon Lover” —estrenada en nuestro país en vídeo, espantosamente editada, bajo el título de “Ceremonia Satánica”. Conoció otra edición que, erróneamente, le otorgaba la dirección a Fred Olen Ray —, mientras que el culto y seguimiento a posteriori se lo debe a un par de películas de "serie B" no muy hábiles pero simpáticas, que son “El infierno vuelve a Frogtown”, con Roddy Pipper (terminada de rodar por otro mindundi) y “Roller Blade” de la que posteriormente rodaría remake y secuelas. Estas serían sus tres películas más populares y a las que ineludiblemente se les rinde el culto merecido dentro de los parámetros de la "serie B" más desacomplejada.
Sin embargo llegados los 90, y navegando en un mar de mediocridad en el que, por abaratar costes, si quería seguir rodando debía hacerlo en vídeo costroso de la época, llega a su vida otro peculiar director, experto en artes marciales y aún más costroso que el propio Jackson, que responde al nombre de Scott Shaw y cuya escasa popularidad se la debe a títulos como “Atomic Samurai” entre otras mil mierdas que tiene en su filmografía, ya sea en calidad de productor o de director. Shaw alaba la filmografía ochentera de Jackson y le propone que se asocie con él en su pequeña productora, para que forme parte de una nueva corriente cinematográfica artística de su invención a la que llama Zen filmaking. Y Jackson se enreda con él en ese tinglado. ¿Y en qué consiste el Zen filmaking? Pues nada más y nada menos que en rodar películas con el mínimo dinero posible, en el menor espacio de tiempo y sobre la marcha, sin un guion, improvisando y construyendo la película según van grabando. Lo que viene siendo una película amateur de toda la puta vida, y además, de las malas. Insufribles. De esta manera, juntos, se lían a rodar películas amateur a cholón, expoliando, en la medida de lo posible, los éxitos pasados en celuloide del señor Donald G. Jackson, por lo que la mayoría de esa producción la componen secuelas de “Roller Blade” y, sobre todo, de “El infierno vuelve a Frogtown”, pero con una pobreza de medios —y artística— similar a cualquier película facturada en el tercer mundo. También tienen especial predilección por hacer películas de terror protagonizadas por El Chupacabra. Pero les va bien y se hartan de vender VHSs para el mercado del alquiler, por lo que en cierto modo resultan ser un antecedente para productoras como The Asylum, Tomcat Films y similares.
En una de estas, Shaw se da cuenta que el mercado infantil está caliente en los Estados Unidos, que las copias de Disney provenientes de exóticos países tercermundistas se alquilan como churros y que, en definitiva, los niños suelen ser un público agradecido. De este modo, y siempre cumpliendo los dogmas de Zen filmaking, propondrá a su socio rodar una serie de películas de corte infantil (de las que daré buena cuenta por aquí empezando con la de hoy) que cuentan como principal reclamo con el protagonismo de Joe Estevez —el tío menos famoso de Emilio Estevez y Charlie Sheen y, por ende, hermano de Martin Sheen—, que debe ser uno de los peores sobreactuadores de la historia, y de Conrad Brooks, actor clásico de la serie B/Z de los años 50 que se haría popular por salir en las películas de Ed Wood y que en plenos 90 respiraba sus últimos estertores.
Fascinado me quedé al saber sobre el Zen filmaking (aunque en su día ya tratáramos el asunto en formato audio), pero más todavía cuando supe de esta rama del movimiento pensada para los niños. Así, llego a esta infamia titulada “Little lost sea serpent”.
Cuenta la historia de una pareja de niños que, en la orilla del mar, se encuentran un bebé de serpiente marina gigante, con sus aletitas y todo. Por supuesto, se la llevarán a casa. Cerca del lugar les espían un par de periodistas que al darse cuenta de la magnificencia de lo que se han encontrado ahí, les perseguirán con la idea de hacerle fotos al bebé serpiente para publicarlas en los diarios.
En casa los críos jugarán con la serpiente, la criarán y conseguirán que sus padres, que no sabían nada, lleguen a encariñarse de un bicho que, al ser marino, necesita estar en el mar o se muere. Así que pronto decidirán regresarla a su hábitat para que esté con sus papis. Los periodistas por el camino comprenderán también que devolverla al mar es lo mejor. Así que de vuelta al mar, la mamá de la serpiente vendrá a recibirla con sus 10 metros de tamaño, mientras la serpiente pequeñita ¡habla y dice que quiere volver a casa! Y fin.
“Little lost sea serpent” ¡es el enésimo exploit de “E.T. El extraterrestre”!
Básicamente, Shaw y Jackson copian la estructura narrativa de la película de Spielberg, la adaptan a sus escasos medios y rellenan metraje a base de improvisaciones y conversaciones interminables. Todo ello rodado fatal, sin ningún cuidado y como si en realidad todo importase un bledo. Además, la pequeña serpiente, que bien podría ser semi animatrónica, es un tarugo. No se mueve, nada, un muñecajo inerte medio marionetesco, que hace que cada vez que un actor interactúe con él parezca completamente estúpido —máxime si quien interactúa con él es Joe Estevez—. Es como hacer una película con el peluche de la feria como protagonista. Pero cuando aparece la madre de la serpiente, un ser que entendemos que ha de medir más de 10 metros… mi madre… mejor buscan la peli y la ven, porque es inenarrable.
En definitiva, una película/estafa que directamente no se puede ver. Hay que ser muy valiente para enfrentarse a un visionado completo. O muy estúpido. Y yo me la he comido de cabo a rabo.
Sin embargo, me alegra haberme adentrado en el Zen filmaking de Shaw y Jackson, porque, créanme, si hay un cine pobre, chabacano, sin vida, triste, sin duda es este. Podría competir con el “Yo quiero ser torero” de Miliki y con el dúo Sacapuntas, y ganaría de largo la española. Ver para creer.
Vamos a por otra…

viernes, 26 de agosto de 2022

AMITYVILLE IN THE HOOD

Tras la repercusión de su “The Amityville Legacy”, Dustin Ferguson continuó haciendo películas amateur como churros y a medida que se iba imponiendo el estilo idiotesco de “The Asylum” con los sharknados y demás, Ferguson, por demanda popular, fue idiotizando su estilo al mismo tiempo.  Eso no fue óbice para que le sacara partido a su preciosa maqueta de la casa de Amityville y al hecho de que podía hacer tantas películas sobre el tema como le apeteciera puesto que no había derechos que amparasen a la franquicia. Así que grabó una segunda, más exagerada y con más efectos especiales que la primera, titulada “Amityville: The Evil never dies” (también conocida como “Amitivylle Clownhouse”) en la que esta vez se disponía de un payaso como móvil de la endeble trama.
Pero claro, cada vez es todo más como el coño de la Bernarda y se empiezan a estilar toda suerte de crossovers extraños, lo que propicia que montones de directores SOV quieran sacar provecho del nombre de Amityville rodando variantes a cada cual más desquiciada. El amigo Mark Polonia se saca de la manga “The Amityville Exorcism” y, más alocada todavía, “Amityville in Space”, pero también tenemos cosas ya absolutamente ridículas como “Amitivylle Thanksgivin”, una cosa cuya caratula expone en primer plano a un pavo de acción de gracias y, en la lejanía, la casa de Amityville (?) dirigida por un tal Will Collazo Jr., “Amityville Bigfoot” del youtuber/actor Shawn C. Phillips y, ya el colmo de la desfachatez, “Amityville Cop” de Gregory Hatanaka.
“Amityville in the hood” responde a una de estas variantes estúpidas, y la cosa consiste en ambientar Amityville en el gueto. Nada nuevo por otro lado, esto ya se ha hecho con anterioridad en la franquicia Leprechaun que llevaba al duende a los suburbios negros en dos películas, e incluso en el cine mainstream se ha coqueteado con mezclar horror y gangstas en films como “Bones” o “El convento del diablo”.
Así tenemos un grupo de pandilleros que roban una partida de marihuana cultivada en la casa de Amityville (??) y la distribuyen en Compton, en la otra punta del país, y como la marihuana está poseída por espíritus malignos se arma la marimorena. Una excusa como otra cualquiera para mostrarnos un par negratas (solo un par, que en el ambiente de Ferguson no debe haber demasiados) diciendo mother fucker continuamente y poco más.
Se trata de una película absolutamente incompetente que pretende tener una continuidad con los Amityvilles originales y con los títulos pergeñados por Ferguson, pero el individuo esta vez solo tiene la idea loca, sin nada que contarnos. Así, se la toma a total cachondeo e incluye escenas humorísticas, como la inicial en que una prostituta suelta chascarrillos con un pandillero que quiere que se la chupe por 20 dólares, para acto seguido ser eliminada de un disparo por el jefe de la pandilla por chuparla mal (otra vez ??). Por otro lado tenemos un detective que conduce por Compton y de esta manera Ferguson se quita de encima como diez minutazos de metraje, solucionando esto con un viajecito en coche por el gueto, grabando desde el asiento del copiloto y mostrándonos la miseria del suburbio en una travesía en coche real. También usa mucho relleno de exteriores filmados con drones, donde se saca de la manga una bonita panorámica nocturna de la estatua de la libertad que no viene ni a cuento. Y para rematar, y al mas puro estilo Amityville, más de media hora de metraje se compone de flashbacks que nos recuerdan acontecimientos de las dos anteriores películas de Ferguson sobre la celebre casa encantada… pero todo es impostado, nada genuino y hasta esos flashbacks están ahí de manera homenajística, (sin duda Ferguson podría haber desarrollado más la trama y ahorrarse el cortapega… pero hace cortapega porque en las películas originales de la saga se hacía y eso mola…) así que no tienen valor trash alguno. En letra de molde: “Amityville in the hood” es una basura. Y una estafa.
Ferguson además debe ser incluso consciente de esto, porque aunque todo el que la ha visto sabe que es una película suya, decide firmarla bajo el seudónimo Dark Infinity, váyanse ustedes a saber por qué.
Y sin más… Como siempre digo, estas películas sirven para saciar la curiosidad de uno, pero en pleno 2022 ni siquiera algo tan marciano como llevar Amityville al gueto es original o gracioso. Esto es ya el exploitation del exploitation del exploitation… pero en malo, mal hecho y aburrido.
Y todavía algún gilipollas se atreve a asegurar en la prensa especializada que Dustin Ferguson es el Roger Corman del siglo XXI. Algún amigo suyo, supongo. O algún gacetillero con cierto retraso mental. O algún desgraciado. O váyanse ustedes a saber.

sábado, 6 de agosto de 2022

ASSAULT ON THE SNAKEMEN

Tratado "a fondo" el "fenómeno" Chris Seaver, llegó la hora de centrarse en alguno de sus imitadores. El más descarado y pionero de todos tal vez sea el gordaco Kevin Strange, que desde su imperio "Hack Movies" anduvo un tiempo fotocopiando todos los movimientos del clan "Low Budget Pictures". Sin embargo, hay otro que me llama más, ni que sea por su condición de auténtico "loser" entrañable -siento insana debilidad por estos especímenes-, el canadiense Adam Thorn.
Se le podría considerar más divulgador que videoasta, pero ha aportado su granito de arena también en este campo. Graba vídeos para YouTube, escribe críticas en redes sociales, organiza pases de "cine malo" en vivo -o a través de "Twitch"- y, de vez en cuando, pilla la cámara y hace mierdas... pero unas bien tochas. Bastante peores que las de Chris Seaver. Ya saben, la imitación de la imitación (que a su vez lo era de todo el monopolio Troma) no es más que una mala interpretación, deformada y ensuciada, de aquella.
Luego, cuando las visitas a sus vídeos no alcanzan cifras notables, o a sus proyecciones acuden los cuatro colegas de siempre, publica storys en Instagram donde se lamenta de todo, e incluso le dan lloreras. Pobre iluso. Es el típico fan que no entiende lo que dice adorar y, cuando lo aplica a sus propios video-churros, queda delatado. Bajo el nombre genérico de "Riot at the movies" da la barrila sobre cuanto le pone el "cine malo", que pal caso son basuras de tiburones pluriempleados, secuelas tercermundistas de Amityville, payasos asesinos en forma de boniato, etc, etc. Toda la agotadora roña surgida del posmodernismo auto-consciente propio de la era digital. El anti-"cine trash" que, equivocadamente, se jacta de serlo y mantiene a flote gracias a indocumentados como Adam, quien tiene el valor de tirar de las etiquetas "serie B" (la utiliza igual que si se tratara de un género donde cabe absolutamente todo, incluidas patéticas películas amateurs. Un error demasiado común), underground, cine casero o Do It Yourself. Dices adorarlas, pero las metes en el saco de lo "malo" únicamente porque el resultado no luce limpio, pulcro y perfecto como el cine mainstream. ¿Es "mala" una película únicamente porque se nota pobre? ¿porque su acabado no es perfecto? ¿porque no sigue las reglas del academicismo más rancio? ¿No es esa una visión, en esencia, muy conservadora y limitada?
Si al mejunje añadimos la semi obsesión que el tipo tiene con las maneras de Chris Seaver (en algunas ocasiones sale luciendo camiseta de "Warlock Home Video", el segundo proyecto de aquel tras "Low Budget Pictures"), entonces la movida se torna apocalíptica, ya que Thorn no se limita a la adoración, también a la mimetización. Verle poner muecas en sus vídeos resulta un juego lamentable (remarcar que Seaver le conoce y puso verde en un podcast, calificándolo de puto pesao)
Apliquen todo esto a su "cine". Adam comenzó tardíamente haciendo el tonto con sus amigos y una vídeo-cámara para parir dos cutre-películas sobre un alien invasor con aspecto de simio, "Personal Space Invader" y secuela. Luego, en redes, presume de lo horribles que son, lo mal paridas que están. Ya saben, el elemento "trash" forzado hasta hacerlo sangrar, lejos, muy lejos de la honestidad que es donde reside la verdadera gracia / esencia de toda esta movida. Total, que en 2020 el caballero (porque de chaval nada, ya gasta canas) se lanza con una especie de spin off de "Personal Space Invader", "Assault on the snakemen".
Resulta que la invasión del simio terminó, dejando como daño colateral una plaga capaz de convertir a las personas en serpientes dispuestas a dominar el mundo. El presidente de los USA encarga a un militar medio lerdo que acabe con la amenaza.
Adam Thorn pone unas baquetas de batería en la boca a sus colegas a modo de colmillos. Acentúa la incapacidad, la nulidad, en un todo vale sumamente irritante, haciendo de la vergüenza ajena una forma de estilo. Uno ya duda si los errores de montaje, las miradas a cámara o las risas inadecuadas son algo forzado o no. En un momento dado, y buscando el efecto cómico, puede funcionar. Pero se abusa de ello. Como se abusa de los cromas chungos, algún molesto efecto infográfico de quinta regional y chistes de metacine.
Si "Assault on the snakemen" se hubiese hecho en España, la odiaría hasta las trancas y no la incluiría en el blog. Si viniese facturada por cualquier otro individuo de habla inglesa, francesa, italiana o chiquitistaní, quizás le daría una oportunidad. Pero lo cierto es que he sufrido sus 50 minutos seguidos porque el gilipuertas de su responsable me cae en cierta (des)gracia.
Entre los implicados encontramos a Justin Decloux, colega de Thorn. Otro de esos incansables fricazos que se dedican a escribir reseñas, grabar podcasts y youtubismos, firmar libros autoparidos, editar películas oscuras y, obvio, facturar su propio "cine de terror" vídeo mediante. Pal caso se pone una hoja de papel de plata en la cara y da vida a un "Robocop" de risas.
Actualmente Adam Thorn acaba de terminar una de las pocas ideas genuinamente loables que ha tenido, parodiar la fiebre de secuelas chusqueras de Amityville con "Amityville Outhouse", sobre una letrina encantada. En estos momentos, entre mueca y mueca, o lamento y lamento, anda gestando "Rock and Roll Asylum". Veremos cuanto más dura.
Sobre "Assault on the snakemen" (editada por un minúsculo sello, en su sección destinada a cosas aún más insignificantes, "Basement Videos") no se puede decir que sea ni mala, ni buena, ni horrible, ni ingeniosa, ni patética, ni entrañable, ni vergonzante. Digamos que es una mezcla de todo eso y algo más. Indudablemente destinada a panolis perdidos como el mismo Adam Thorn o idiotas enfermizamente curiosos que no escarmientan nunca, like myself.

sábado, 4 de junio de 2022

666: THE CHILD

En sus primeros años de existencia, la infame factoría de malas fotocopias y peores coñas auto conscientes The Asylum iba desesperada por lograr las atenciones del público. No disponía de mucho capital, por lo que sus primeros y verdes intentos se centraban en el género terrorífico -ya saben, siempre ha sido el más económico de parir y con mayores garantías de éxito- a base de elementos puramente exploitation como truculencia y tetamen. Los efectos CGI de los que luego abusarían tanto eran aún inalcanzables, así que se servían del viejo y querido látex. De este modo, y casi sin pretenderlo, puntualmente lograban aciertos como en "I am Omega" -donde los mutantes eran tíos de verdad maquillados, no los moñecotes pixelados de "Soy leyenda"- o "Halloween Night". "666: The child" encaja como un guante en esas coordenadas, y por ello despertaba mi incontrolable curiosidad. Por ello y porque su director es un viejo conocido del blog, don Jack Perez, que pal caso se oculta tras el alias Jake Johnson. No olvidemos que Perez dirigió también para Asylum - tirando nuevamente de nombre falso- el título que impulsó a la compañía hacia cierto mainstream, "Megatiburón contra pulpo gigante". Justamente, el cineasta escribió un prólogo destinado a nuestro pest-seller "Malas pero divertidas" donde contaba las trifulcas de aquella producción. Y luego, además, se dejó entrevistar por Víctor. Un sol.
Otra táctica recurrente de The Asylum consiste en decidir cual será el próximo pepinazo taquillero y correr a facturar su peculiar plagio para estrenarlo antes. A veces dan en la diana, otras no. Esto último pasó con "Snakes on a plane" = "Snakes on a train", "John Carter of Mars" = "Princess of Mars" y la peli reseñada que, como habrán deducido, es un refrito de "La Profecía". Pero no del clásico de Richard Donner, sino su extremadamente insulso y justamente olvidado remake.
Resulta que hay un accidente de avión y mueren todos... menos un chaval. La tipa que se encarga de dar la noticia -y su maromo, el cámara-, se compadece de él y lo adopta. A partir de aquí las muertes aparentemente accidentales se sucederán por doquier (ya saben, uno se pregunta como es posible que los adoptadores tarden tanto en sospechar o, directamente, nunca se den cuenta) El marido será el que atará cabos y decidirá poner orden.
Pues nada, otra aburrida, acartonada e insípida producción de The Asylum. El look digital, frío y descolorido, no ayuda. Nuestro querido Jack Perez se esfuerza lo suyo en dotar de dignidad al producto, pero se queda corto (y se marca un papelillo como realizador televisivo) Sí que hay un par de tetas y bastante sangre, pero pensaba que la cosa sería más extrema (algo común a todos estos traficantes de cine chungo. Quieren atraer a la platea a base de contenido shock... aunque no tanto como para que les perjudique comercialmente)
Dura exactamente una hora y nueve sin contar los lentísimos créditos finales. Contándolos, la cosa se prolonga diez minutazos más. Hagan cuentas y saquen conclusiones.
Por lo visto la estafa funcionó, así que los del asilo se animaron con una secuela, "666: The beast" que, según he leído, es incluso MÁS sosa, MÁS aburrida y SIN gota de chicha. Esa la verá su padre.

lunes, 27 de septiembre de 2021

THE AMITYVILLE EXORCISM

Desde que murió su hermano John, Mark Polonia viene realizando, de manera imparable, una media de dos a tres películas por año, todas de género, todas para ser distribuidas directas a video (y ahora a plataformas digitales) y todas con una seña de identidad genuina; el amateurismo más feroz.
Dudo que Polonia se forre con esto, pero ha de irle bien porque es un no parar. De hecho funciona porque sus películas tratan de aprovechar cierto tirón de ciertas franquicias libres de derechos (es decir, pelis de tiburones, de exorcismos, sasquatchs u hombres lobo) cuya imagen pueda utilizar a su antojo. La cosa consiste en emular a infraproductoras de la calaña de The Asylum o Tomcat Films, y canibalizar éxitos de renombre. Y Polonia lo hace cámara de vídeo casera en ristre y aprovechando todos los filtros y efectos incluidos por defecto en los programas de edición que utiliza.
Claro, si a uno le pilla de nuevas, estos modus operandi de Polonia pueden llegar a resultarle graciosos e incluso interesantes, pero a mí me pilla ya mayor, curtido en mil batallas y habiendo saciado años atrás la curiosidad suscitada por el particular universo de los Polonia. Pero de vez en cuando, hago una excursión.
En esta ocasión Mark factura esta producción de la mano de su nueva marca, Polonia Bros Entertainment. Y todo queda en familia puesto que su hijo, Anthony Polonia, está metido en el ajo haciendo los artesanales y sencillos efectos especiales de sus películas, haciendo de actor, cogiendo la cámara o cualquiera que sea la tarea que le encargue su padre.
Así, entre un montón de películas amateur con distribución, llegamos a esta “The Amityville Exorcism” que mata dos pájaros de un tiro; Amityville no es una marca, sino una villa de Nueva York, por lo tanto se puede utilizar el nombre con total libertad del mismo modo que las palabras “exorcista” y “exorcismo” tampoco están sujetas a ningún tipo de derechos. Pues hagamos una película de exorcismos en Amityville, pensaría Polonia. Con el título fardón, lo siguiente es acompañarlo con una carátula que de el pego y que resulte tan terrorífica como la que nos ocupa. Así ya tiene el 90% del trabajo hecho. Con ese poster, sin duda va a vender la película, que el fandom del cine de terror en USA va a comprar sin pestañear. Y luego ya, la película es lo de menos.
Lo que está claro es que, todas las ganas que tenía Mark en sus inicios, cuando grababa sus películas junto a su hermano John, han desaparecido completamente. Él ahora se toma el hacer cine como un trabajo y graba con el piloto automático, con lo que todo lo bueno que pudiera tener el cine de los Polonia hace tiempo que desapareció. Lo único que se cuida de que esas películas tengan ese aspecto amateur que es lo que las caracteriza y lo que, supongo, andan buscando sus seguidores.
Así, la trama se centra en una casa en Amityville (una casa cualquiera, ni se han molestado en adecentarla para que parezca la mítica de la saga que se pretende expoliar y de la que ya hay cerca de 22 títulos entre los oficiales y no oficiales) en la que residen un padre maltratador y alcohólico que se lleva fatal con su hija. Entre trifulca y trifulca, este descubrirá que esta está poseída por un demonio, por lo que contactará con un cura que, aunque tiene aún más pinta de alcohólico que él, no lo es. Este cura se tomará muy a pecho el exorcismo de esta muchacha ya que, por lo visto, el demonio que alberga en su interior, tiempo atrás mató a su hermano. Este demonio venía transportado de la casa original de Amityville ¡¡En un cargamento de madera!! Por eso ahora está en la casa de esta gente. La película se desarrollará entre diálogos interminables en cuyo montaje no se solapa el audio ni una vez, malas interpretaciones, efectos de maquillaje absolutamente caseros y un señor disfrazado con túnica del todo a 100 y máscara de los bazares chinos que dice ser el demonio. Hablan, deliran… y al final tiene lugar el exorcismo. Tan mala que, bueno, alguna risilla acaba uno echándose, pero sin más. Pero es muy triste por que es el amateurismo monetizado, hecho sin pasión, sin gracia… cosa esta paradójica que no deja de llamarme la atención; alguien consiguiendo sacarle rendimiento a sus películas caseras. En verdad los Polonia lo llevan haciendo desde el principio, pero esto ya es una corporación mercantil.
Poco más… denle al play si les come la curiosidad.
Por otro lado, hace un rato acabo de flipar, estando reciente el estreno de la nueva película de “Dune”  para cines, que el amigo Mark se ha sacado de la manga su propia versión para aprovechar el tirón, “Dune World”, de la que acabo de ver el trailer. Casi parece una jodida broma… pero no lo es. Y quizás (solo quizás) algún día les de mis impresiones al respecto.

sábado, 22 de mayo de 2021

SPAWN

Si hay un fenómeno que pueda catalogarse sin pestañear de "totalmente noventero" ese es "Spawn", personaje de comic creado por Todd McFarlane y publicado por la editorial "Image". No voy ahora a dármelas de experto porque, no, aunque leer comics me gusta, no llega a la devoción que despierta en mi el cine. Sin embargo, si estabas un poco situado en "fricolandia", conocías a "Spawn", te dejabas impresionar por esos barrocos dibujos del tipo sentado con la mega-capa al viento y, sobre todo, babeabas con sus curradísimas y detalladas figuras, cortesía de "McFarlane Toys", un poco antes de que lo acabara de petar -al menos para mí- con la tremenda colección "Movie Maniacs" (y, de paso, cambiara totalmente la faz del mercado de las figuritas). Tienen muestras de ello aquí y aquí. Los 90 fueron años de mucho goticismo de chichinabo. Molaba lo oscuro, lo tormentoso, lo "mal lechado". A nivel cinematográfico, y a nivel superheróico, la culpa de todo la tuvo el "Batman" de Tim Burton. Sin duda. Tendencia a la que se apuntaron otros ilustres como "Flash" (¡al que le quedaba fatal!) y "El Cuervo", mucho más adecuado. Gracias al hombre murciélago, vivíamos entonces una oleada de tipos con mallas -negras-, mucho más modesta que la actual, pero notable. Así que, entre eso y la tendencia al goticismo de la chavalada, llevar "Spawn" a la gran pantalla era lo que se dice una decisión lógica, a la que se apuntó la entonces poderosa "New Line", con producción y -supongo- supervisión de Todd McFarlane himself.
Los habitantes de infernalandia pretenden destruir la tierra, para lo que están organizando un super ejército de "Spawns". Necesitan uno que ejerza de cabecilla, así que convencen al mandamás de una agencia de asesinos para que se cepille al mejor de los suyos y lo mande a los infiernos, donde será convertido en el "Spawn" supremo. Lo logrará, sí, pero de vuelta a la tierra -y removido por el amor a su esposa.... ¡buargh!- el tipo se revotará contra sus diabólicos jefes y pasará de villano a héroe.
La popularidad "subcultural" de "Spawn" motivó que, cuando se anunció -en 1997- que se había hecho una peli e iba a estrenarse en el Festival de Sitges, todos corriéramos a verla entusiasmados. ¿Y qué pasó? Pues la decepción fue tan, tan y tan gorda, que salimos con el rabo entre las piernas y nunca jamás volvimos a hablar de ella. Así ha sido en mi caso hasta que, el otro día, pensé aquello de "¿Cómo me sentará hoy?".
Sí, "Spawn" es bastante terrible toda ella. Sin duda, lo que más impacta al verla es la bajísima, pero bajísima, calidad de sus trucajes visuales. El CGI es tercermundista. Horripilante. Hay momentos en los que incluso vemos el corte del recuadro que enmarca la luzecita verde brillante. Cierto que en los 90 el CGI todavía andaba muy virgen, pero es que hablamos de un producto "mainstream" bajo el sello "New Line". No de una serie Z tipo "The Asylum", entre otras cosas porque el cine barato de esos años no podía permitirse filigranas informáticas. Tal vez piensen que el paso del tiempo ayude a superar el shock, pero no. Especialmente porque en el clímax final estalla a lo bestia, acompañado de unos cromas desconcertantemente mal ejecutados. Demencial, en serio. Los efectos físicos, de látex y tal, están bastante mejor y corren de la mano de la mítica KNB Group que, aunque se lo curran un rato -sobre todo por la versión animatrónica de "Violator"-, no pueden evitar el efecto "Tortuga Ninja" en lo que respecta al traje/look del mismo "Spawn".
Si repasamos el reparto, encontramos a un John Leguizamo la mar de bien caracterizado al que dejaron hacer demasiado y carga bastante (salvo alguna puntilla graciosa. Y esos chistes de pedos). Tampoco convence mucho el héroe de la función, un Michael Jai White que únicamente sabe poner cara y poses de malote, sin aportar mucho más (como producto superheróico de la década, que no falte el maldito plano de "Spawn" apoltronado sobre la cruz de una catedral gotiquísima en plan vigía, acompañado de rimbombante música orquestal. Recurso cansino que llegó a durar demasiado). Una Melinda Clarke recién salida de aquella ñorda infame titulada "La lengua asesina" (precedida unos pocos años antes por "Mortal Zombie", ¡anda que seleccionabas bien tus papeles, niña!) y un Martin Sheen al que, supongo, debería avergonzar soltar todos esos discursos de villano de opereta que quiere dominar el mundo. También rula por ahí Miko Hughes, el niño de "El Cementerio viviente" y "La nueva pesadilla de Wes Craven".
Para añadir más leña noventera al fuego, tenemos una banda sonora trufada de lo que era habitual entonces, grupos de metal gótico y tecno-chunda-cool como "Orbital", "Korn", "Marilyn Manson" o "Prodigy" (alguno de ellos firma el resultón tema que acompaña a los feísimos y agotadores títulos de crédito. Mención también para los del final, muy inspirados en los de "Seven", algo bastante común entonces).
El guionista principal no es otro que Alan B. McElroy, a quien debemos títulos como "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" o "Km.666".
El director de discordante nombre, Mark A.Z. Dippé, venía del mundo de los efectos visuales para títulos de relumbrón, lo que aún hace más incomprensible la incapacidad destilada en "Spawn". Habrá quien piense que el dinero invertido terminó destinándose a otras cosas, como cocaína y putas. O será que Dippé es un negado cuando se trata de dirigir. En cualquier caso, perdió la oportunidad brindada y acabó a la riendas de subproductos como "Frankenfish: La criatura del pantano", mucha televisión y películas de "Garfield" destinadas a mercados menores. Bien le deben de ir cuando su film más reciente sigue por esos derroteros, solo que cambiando al gato gordo naranja por el perro "Marmaduke".
"Spawn" podría ser uno de esos extrañísimos productos "mainstream" que alcanzan el renglón de lo involuntaria y puramente "trash", aunque si debo decir algo positivo de ella, por mucho que cueste, es que no es excesivamente aburrida. Tiene su ritmillo y, entre vergüenza ajena y vergüenza ajena, hasta puede verse entera sin morir en el intento.
Un anti-clásico de su década.

lunes, 8 de marzo de 2021

UN OCUPANTE INESPERADO

A priori (al menos, que yo sepa) “Un ocupante inesperado”, thriller baratísimo de The Asylum, no parece que se aproveche de ningún éxito de taquilla reciente a su fecha de estreno. De hecho, quizá sea uno de sus primeros productos que tiran adelante por sí mismos sin necesidad de imitar a otro y, a día de hoy, The Asylum combina el lanzamiento de estos productos más estándar con los “mockbusters” de turno.
The Asylum se corona como la reina de las productoras de medio pelo y hogar para el jubilado y/o el actor dejado de la mano de dios, que da cobijo a ex estrellas que en su momento gozaron las mieles de éxito hollywoodiense y que, en cambio, ahora no les va tan bien. Y ahí es donde entra esta “Un ocupante inesperado”.
Una familia acaba de adquirir una nueva casa en la que emprender una vida nueva, sin embargo, al tratarse de una vivienda procedente de un embargo, cuando estos van con las maletas a instalarse, se encuentran con que al anterior inquilino no le sale de los cojones largarse de allí. Y además, amenaza a esta familia con un taser. Pronto esta gente pone en conocimiento de las autoridades dicha situación y consiguen echar a tan molesto inquilino, por lo que comienza la felicidad y la alegría… sólo que una vez instalados, el antiguo inquilino comenzará a tocarles los cojones de maneras cada vez más inquietantes.
Lo bueno de “Un ocupante inesperado” es que, como pasa con muchos productos de The Asylum sobre todo de los últimos años, uno se pone la película con el fin de echarse una siesta o tenerla de fondo cuando se encuentra con que —acostumbrado a que todas sean una verdadera mierda— resulta que no está tan mal y al final uno deja a un lado la siesta y decide completar el visionado de la película. Porque sin llegar a rozar algo medianamente bueno, “Un ocupante inesperado”, casi, casi, está entretenida, por lo que la acabamos de ver sin problemas.
En mi caso, el motivador para que yo pulsara al play, fue el reparto con el que la productora hace justo honor a su nombre, entonces, entre unos segundones e intrascendentes James Denton o Jaime Kennedy, nos encontramos a un mercenario Paul Sorvino que a estas alturas acepta todo lo que le echen y — ¡sorpresa!— una (todavía follable a sus cincuenta y tantos) Marlee Matlin que ustedes recordarán por ser la sordomuda de “Hijos de un dios menor”, intentando sobrevivir como actriz ya que su carrera, posiblemente debido a una discapacidad tan marcada como la suya (absolutamente condicionada al ser sordomuda) se quedó a medio camino de todo. Aquí, aunque tiene líneas de texto (verla doblada es una gozada porque, claro, la actriz que la dobla no es sordomuda pero intenta imitar la peculiar forma de hablar de este colectivo), no deja ni un momento, tanto ella, como el resto de los actores, de hacer el lenguaje de signos, para dejar claro al espectador que se trata de un personaje sordomudo. Y el personaje es sordomudo sencillamente porque la actriz es sordomuda, porque esta discapacidad no aporta nada al guion: podía haberse hecho exactamente igual con una actriz sin sordera. Pero claro, Marlee Martlin es una celebridad que tiene que comer…
Lo curioso de todo, es comprobar cómo unos buenos actores pueden mejorar sustancialmente una película.  Porque Paul Sorvino, aunque aquí no tenga un papel para su lucimiento, es un buen actor y, la Matlin, acostumbrada a las muecas y a la expresión facial, es una actriz que transmite mucho, por lo que, aquí, está muy bien. Entre eso y que la película en general es soportable, pues ¡oye! tan ricamente…
Dirige el asunto un tal Nick Lyon que, como es de suponer, ha dirigido tropecientos productos salchicheros para The Asylum y derivados.
Que más dará el director en una película de estas.

sábado, 30 de enero de 2021

CALIFORNIA SOLO

En su juventud Lachlan era un músico escocés de éxito. Formaba parte de "The Cranks", una banda de britpop a la altura de los "Blur" y "Oasis" de turno. Pero la muerte de su hermano, y líder, lo mandó todo al peo. Se mudó a los Estados Unidos, dejó la guitarra y comenzó a currar en una granja. Han pasado ya unos cuantos años, ahora es un cincuentón que vive lógicamente frustrado. Una noche sale del bar todo borrachuzo, coge el coche y la policía lo para, cosa esta que le meterá en graves problemas, especialmente por su condición de inmigrante. A ello habrá que sumar lo escueto de su cuenta bancaria, la compleja búsqueda de un nuevo amor, su ex-mujer y la hija a la que casi ni conoce y la mentada muerte de su hermano de la que, por lo visto, fue en parte culpable, motivo por el que vive aislado y atormentado.
Me puse a ver "California Solo" por dos motivos: su protagonista, al que adoro, Robert Carlyle, que está sensacional, y el argumento. Siempre me han molado las historias de "artistas" que brillaron en el pasado y hoy viven sumidos en el olvido, por aquello de aprender cómo uno puede levantarse por las mañanas acarreando una o dos frustraciones durante el resto de la jornada. Pues a lo tonto, gocé de un melodrama en estado puro, sencillo, construido a base de diálogos y personajes perfectamente definidos, y que en ningún momento cae en lo facilón ni lo lacrimógeno, incluso aunque a ratos lo deseara en mi fuero interno. Un producto agradable de ver y entretenido, a pesar de que lo que cuenta no sea muy alegre... pero tampoco te hunde. Simplemente, es el trozo de vida de un buen hombre sin demasiada suerte (y que, por cierto, dedica el tiempo libre a hacer un podcast. ¡Muy adecuado!).
Sorprende encontrar, entre parte del personal implicado, varios nombres ligados al cine de género, especialmente el terror. Por un lado, tenemos a Rick Rosenthal en la producción. Muchos lo reconocerán por haber dirigido la segunda y octava entregas de "La noche de Halloween". Ambas malísimas. Entre los actores secundarios divisamos a Brad Greenquist (que diera vida al adolescente fantasma de "El cementerio viviente"), Kathleen Wilhoite (la medium en "Witchboard" y la irritante compañera de Charles Bronson en "La ley de Murphy") y A Martinez (con un larguísimo currículum donde destacan, por curiosas, varias producciones de The Asylum, nada menos).
Es la segunda película de Marshall Lewy como director y guionista.
Recomendable.

sábado, 8 de febrero de 2020

CREEPSHOW TV (2ª PARTE / CAPÍTULOS 1 y 2)

"Gray Matter" / "The house of the head": El peso de este primer capítulo era mucho, porque se trataba de mi desvirgue con respecto al "Creepshow" televisivo. Lo vimos Víctor y yo juntos. Y ambos nos quedamos igual, profundamente decepcionados. Es más, a mi incluso me costaba permanecer despierto y pasé parte de la segunda historia luchando contra unos pesados párpados. Tanto fue el trauma que me convencí de que mis impresiones se habían visto afectadas por la falta de sueño, así que las vi de nuevo. Esta vez el suplicio fue menor... pero tampoco mucho. La primera, "Gray Matter", sobre un padre borrachuzo que se transforma en un bicho pringoso, es una chorrada que aún ahora no acabo de pillar. La segunda, con una casa de muñecas embrujada, tiene su gracia, pero carece del "punch" propio de "Creepshow".
Al final lo más doliente es que con todo lo tontuna que es la historia number one, resulta que está basada en un relato de Stephen King. Desde luego no fue un buen augurio.

"Bad Wolf Down" / "The Finger": Para la siguiente tanda de historias ya me preparé. Había sufrido el descalabro de la primera intentona y esta vez no permitiría que el sueño me hiciera malas pasadas. Así que la vi perfectamente lúcido. Esta vez no me aburrí tanto... pero la sensación que me dejó fue distinta. La primera historia, en la que unos soldados yanquis se convierten en hombre lobo para poder combatir a los nazis, me pareció una -otra!- solemne chorrada propia de "The Asylum" y me disgustó el tufo digital que gastaba toda ella (a pesar de usar un efecto tan recurrente -y maravilloso- en el "Creepshow" original como situar tras el actor una imagen comiquera de rayos o líneas distorsionadas, incrementada por una iluminación a base de rojo, azul o verde). La siguiente, "The Finger" era algo más sobria, con un perdedor que se hace muy amigo de un pequeño monstruo (que huele a muñecote, pero eso mola) dispuesto a asesinar a todos aquellos individuos que se enfrenten con su amo. Pero finalmente dicha sobriedad termina volviéndose en su contra y haciendo de ella una cosa sosa como una Fanta sin chorrocientos quilos de azúcar.

Creepshow TV (1ª temporada)

viernes, 10 de enero de 2020

THE LOCK IN

Una liga cristiana anti pornografía denominada a sí misma The Holy Moly, decide que una buena forma de concienciar a sus feligreses puede ser a través del cine de terror. Y como el subgénero del found footage es tomado por el pito del sereno, a la hora de abordar una película de estas características abogan por esta vía, porque es fácil, barato y si me apuran, es muy fácil hacer al espectador entrar en ambiente.
Entonces, y teniendo siempre como máxima influencia a “Paranormal Activity”,  The Holy Moly ruedan una película con la premisa de que un buen cristiano ha encontrado la grabación de  unos jóvenes que murieron en extrañas circunstancias por culpa del demonio. Y se nos muestran las imágenes de ese material encontrado. Así, vemos como un grupo de jóvenes se encuentran en una iglesia una revista porno. Al ojearla, esta deja escapar al demonio que les acosará durante su estancia en esa iglesia de la que no pueden salir.
Entonces aquí está el quiz de la cuestión; todo en torno a esta “The Lock In” apesta a basura, no solo por el mensaje anti porno tan deficiente que pretende trasmitir, sino también en el resultado de la película, un rollazo de tres pares de cojones, con unos chavales hablando entre sí mientras se recorren una iglesia y dos o tres momentos de terror. ¿Funcionan esos dos o tres momentos? Quizás yo me sugestiono demasiado a la hora de ver un found footage, porque lo cierto es que, conmigo, estos momentos han funcionado. El vídeo es un formato maravilloso para este tipo de películas y a nada que tengas un buen foco, una oscuridad total y un par de ruidos bien metidos en momentos determinados, es muy fácil conseguir cierto suspense cuando estás haciendo un found footage. Y eso es exactamente lo que le ocurre a esta “The Lock In”, que determinados momentos funcionan. Logran crear cierta atmósfera en algunos momentos (no en todos, en otros detectamos perfectamente cómo han sustraído algunos sonidos de otras películas existentes. Y se nota porque al introducir esos sonidos, la mezcla es de lo más chabacana) y entonces, con un par de golpes en el momento preciso, consiguen asustarnos, al igual que lo logran con la imagen de un niño supuestamente poseído y cuya cara, a base de CGI, austero, pero resultón, también resulta acongojante. Pero quizás es una cuestión más personal que otra cosa, porque lo cierto es que esta película sirve para que medio fandom americano y medio fandon inglés, se mofen de manera despiadada de ella.
Y es que al margen del miedo que me puedan dar a mí determinadas situaciones filmadas en vídeo, todo lo demás de “The Lock In” es una basura infecta y pordiosera. No solo por el uso insípido que se le da a la cámara de vídeo, sino porque contiene todos los clichés del género introducidos a destiempo, quiero decir, que los pixelazos, los fallos del vídeo, (fallos estos típicos de found footage, pero que en la vida real no suelen suceder) están metidos con calzador incluso en momentos que no vienen a cuento, como al principio, que un muchacho pone a grabar la cámara y la deja sobre la mesa. Ahí se ven unos cuantos drops que no deberían estar en absoluto. Continuarán apareciendo  cuando al editor mejor le convengan.
Pero sobre todo, y al margen de estas chapuzas habituales en las películas de poquísimo presupuesto, lo que es verdaderamente intolerable, es lo aburridísima que es la cosa, insoportable, ergo, si es cierto que el terror de esta película funciona en general, esto tampoco compensaría el soportar todo el coñazo de antes, durante y después.
Pero no deja de tener cierta gracia que el desencadenante de todo el mal sea una revista porno en el interior de una iglesia. Desde luego, el mensaje nos queda claro.
Dirige esta cosa un tal Rich Praytor que previamente había dirigido otra ponzoña de carácter cristiano y después un par de documentales.
Es tan mala que a su lado, el primer exploit de “Paranormal Activity” made in The Asylum, “Paranormal Entity” es una gran película entretenida de pelotas.
Caca de la vaca. Pero de la vaca loca.

lunes, 3 de junio de 2019

PACTO EN LA SOMBRA

Cuando esta película llegó a nuestros videoclubes en los primeros años de los 90, sus distribuidores, los tan entrañables como engañosos señores de Record Vision, la publicitaron para que pareciera un film de acción, género este con el que a la distribuidora le debería ir bien. Tan bien le iba, que poco después se pegaron la machada de distribuir “Terminator 2” con lo que Record Visión se hizo grande y comenzó a combinar sus habituales direct to video con taquillazos mainstream (y el porno) convirtiéndose en uno de los sellos pequeños más populares y poderosos de aquellos días.
Pero antes de esto, en sus tiempos verdaderamente modestos, lanzó esta “Pacto en la sombra”. Y no es una película de acción como reza la carátula. Se trata de un slasher de cuando el subgénero agonizaba, que toma como premisa principal el mito de “El fantasma de la ópera”, lo vulgariza, lo contemporiza y lo llena de sangre.
Cuenta la historia de un individuo que campa a sus anchas por un centro comercial con una máscara cometiendo asesinatos. A priori parece que estos asesinatos son aleatorios, pero no. Resulta que este señor, para salvar la vida de su novia durante un incendio, murió quemado. Ha pasado un año de este incidente y su novia entra a trabajar en un centro comercial que está construido justo en el lugar del incendio. Este individuo mora por allí y está a la que salta para acuchillar, decapitar o prender fuego a todo aquél que suponga una amenaza de cualquier tipo para su novia.
Un film del todo incompetente que puede llegar a crispar los nervios de quienes lo vean, primero porque está explicado tan mal, que no se sabe que pasa hasta que en el meridiano de la película vemos un encuentro entre la chica y el asesino, y comprendemos que se trata de su novia a la que está protegiendo. Por otro lado, los asesinatos son torpes, lentos y poco truculentos. El desarrollo, un coñazo y los efectos especiales de baratillo. Yo reseño aquí esta película, pero en realidad, tampoco es que tenga algo reseñable más allá de lo que cuento al principio de querer hacerla pasar por un film de acción. Aunque nunca está de más dejar constancia de estas mierdecillas inocuas y desangeladas. No en balde, los críticos norteamericanos se cebaron con ella en la prensa escrita.
Con un título larguísimo que deja más en evidencia el parentesco que quiere guardar con “El fantasma de la ópera”, “The Phantom of the Mall: Eric’s Revenge”, la cinta está dirigida por Richard Friedman, más conocido por haber dirigido con anterioridad “Doom Asylum” y que continuó hasta el día de hoy por esta senda de la serie B más inadvertida y soseras, siendo también responsable de otras basuras que llegaron a nuestro país como la curiosa “Born, el embrión del mal” o "El talismán del terror".
Si eres completista, deberías verla, si no, pasa de ella.

viernes, 10 de mayo de 2019

SWAMP APE

Hollyward es una empresa —es un decir— bajo la cual se auspician las películas de Geoff Ward. Ward es un exculturista que, absoluto adorador del body building, un buen día decide hacerse actor con el único fin de lucir palmito; no solo es un cachas, también es un guaperas. Así, y empezando la casa por debajo, comienza a patearse los clubes de comedia de Florida, dejando en los escenarios su impronta en forma de monólogos de humor.
Obviamente, sus capacidades actorales son limitadas, por lo que comienza a aparecer en películas de bajísimo presupuesto para su explotación en vídeo. La más destacada de sus intervenciones sería en la muy pobretona, aunque oficial, “Despedida de soltero 2” en un papel minúsculo. Sin embargo, durante la pasada década, la proliferación de la serie Z más chabacana y de baratillo abrió los brazos ante Ward dándole papeles en algunas de sus películas. Productoras más pequeñas que “The Asylum”, productos filmados en vídeo y  de procedencia conscientemente chunga, le incluían en sus castings apareciendo en títulos que incluso se hicieron populares allende los mares como, por ejemplo, “El ataque del tiburón de dos cabezas” de Chris Ray (el hijo de Fred Olen Ray) o en la proto gay “1313: Hercules Unbound!” perteneciente a una saga perpetrada por David DeCoteau. En definitiva: se trata de un actorcillo de tercera regional.
Pronto vio que hacer una película como en las que él intervenía no era muy difícil, por lo que en 2017 se lanza a producir, escribir y protagonizar su propio film con un presupuesto de 20.000 dólares. Este tipo de películas de bajísimo presupuesto, están a medio camino entre lo amateur y lo semi-profesional, por lo que suelen ser todas un truñazo de considerables dimensiones y todas ellas carentes de personalidad; esta “Swamp Ape” la dirige Geoff Ward, pero podría pasar por una de las del Mark Polonia de los últimos años.
Resulta que los USA, lugar este que está cuajado de leyendas urbanas, no contentos con el mito de Bigfoot tienen también, y perteneciente a los pantanos de Florida, el Swamp Ape o Skunk Ape, una especie de hombre mono que pulula por esa zona y que es reconocible por el hedor a mierda que desprende. Por lo demás, tiene el mimo comportamiento que un Bigfoot. Y basándose en esa leyenda, Geoff Ward se monta su propia película sobre este mono de las charcas en la que un grupo de estudiantes y su profesor se adentran en los pantanos de Florida con el fin de hacer una investigación de la zona cuando son asaltados por este simio que irá acabando con ellos de manera hiper-violenta. Toneladas de jarabe de arce, algunas tetas y lo mejor de todo: Un señor disfrazado de mono al que se le nota hasta la careta.
Una soberana tontería que no es que sea auto consciente de su condición de zetosa, es que se recrea en ella y, en lugar de intentar camuflar sus carencias, las intensifica con el fin de provocar al espectador unas risas. A buen seguro que el simio podría haber estado algo mejor —porque si tienen pasta para sangre, han de tener para algo de maquillaje y látex digno— pero se opta por un disfraz de mierda y una careta que deja asomar parte del rostro humano del actor que hay debajo. Un desbarajuste en intenciones. Sin embargo, y aquí está lo chocante, por lo demás la película se toma en serio a sí misma, no hay ni una gota de humor y entonces, al estar todo en ella tan intencionado, pero no tirar de humor ni por un momento, el espectador se queda perplejo porque una de dos: “Swamp Ape”, o es la obra de un payaso redomado o de un deficiente mental. Viendo la pinta de Geoff Ward, en ningún momento podemos descartar que sea ambas cosas. Como fuere, la película es una contradicción en sí misma. Es como si en su condición de auto parodia se desprendiese, paradójicamente, de todos los elementos paródicos. Una cosa rara.
Por lo demás, aburrimiento y sensación de, a estas alturas, haber perdido la capacidad de disfrutar de este tipo de películas tan rematadamente, no ya incompetentes, si no inútiles. Lo único bueno de la cinta, es que como solo dura una hora, justo cuando de la mala hostia estás a punto de cagarte en la puta madre que parió a quién sea, va y se acaba.
No tengo ni idea de si Ward habrá hecho algo de dinero con esta película, pero lo que si es cierto es que, colgada por él mismo en youtube, ya ha superado las 50.000 descargas, lo que, visto lo visto, no se si es un mogollón de visionados, o muy poquitos.