Es indiscutible que en los setenta Norteamérica vivió un momento de esplendor cinematográfico. Se parieron grandes obras maestras que todos conocemos, y no hay tu tía al respecto. Cuando una película era buena entonces, era cojonuda. Lo que se tiende a olvidar, a ignorar, es que también las había malas. Y cuando una película era mala en los setenta, se tornaba espantosa, gracias en parte a una serie de tics, formas y maneras que no han sobrevivido para nada al paso de los años y, consumidas ahora en todo su esplendor, son absolutamente irritantes. La cosa empeora mucho al meternos en el terreno del "exploitation" y, más jodido aún, uno con ciertas pretensiones artísticas y/o autorales, muy recurrentes en aquella década.
Yo mismo me refería a "The witch who came from the sea" como "la película de terror de Matt Cimber". Es decir, piqué como un tonto. Esto no es de terror, como mucho es thriller, y el título + el cartel (una ilustración de Frank Frazetta que previamente había sido portada para la revista "Vampirella") son puro gancho para... eso, tontos. Da la sensación que Cimber quiso radiografiar la locura de una mujer herida (disfrazándola de género, por aquello de hacerla más vendible), pero no disponía del talento suficiente para abordar el lado dramático del asunto sin caer en el ridículo o la comedia involuntaria, porque haberla, hayla. Mis momentos favoritos serían los siguientes (en sus versiones condensadas): "El asesino de los dos jugadores de fútbol no ha sido una mujer", "¿Quién entonces?", "¡Maricones!", "Pero no puede ser, eran dos jugadores de fútbol", "Todos los jugadores de fútbol son maricones". O esta otra gran afirmación (vomitada entre lágrimas): "El médico dice que tendría que llevar gafas, ¡¿qué se cree que soy, una hippie?!". Semejantes joyas literarias vienen de la mano del responsable del libreto, Robert Thom. Resulta trágico descubrir que, entre sus muchos guiones, figura una cosilla tan entrañable como "La carrera de la muerte del año 2000". ¡¿Qué te pasó, Robert?!. Tal vez influya el hecho de que la absoluta protagonista de "The witch who came from the sea", Millie Perkins, fuese su señora. Mmmmmh, ¿¡quién se dejó cegar complaciendo el capricho de quién?!. Perkins había sido Anna Frank en la primera adaptación al cine de su famoso diario fechada el año 1959. Tal vez por eso resulta chocante verla acá haciendo semejante rol y mostrando en varias ocasiones unas poco llamativas ubres -lo que vuelve a sorprender sabiendo que su pareja andaba metida en el fregao-. Hay quien asegura que es la mejor actriz del film, pero pa mi que se pasa un poco, lo que reafirma mi teoría de que este era un capricho personal de pura auto indulgencia (no siempre maligna, pero a veces -como es el caso- sí). Volveríamos a ver a doña Perkins en títulos tan curiosos como "Jake Speed, la aventura de África", "Necronomicón" o el "Wall Street" de Oliver Stone -al lado de otra personaja singular, la Monique van Vooren de "Carne para Frankenstein"-. Acompañando a la muchacha están el todoterreno Lonny Chapman, la veteranísima Vanessa Brown (con varios clásicos en su haber situados durante los años dorados de Hollywood) y tres figuras intensamente relacionadas con la vertiente más renegada de nuestro cine favorito: Stan Ross interpretando a un siniestro tatuador llamado "Jack Drácula", volveríamos a verle como siniestro enterrador en "Detectives casi Privados". Roberta Collins, con un curriculum impresionante repleto de "exploitation" de los ochenta pabajo, donde destacan unas cuantas películas "wip" -como "Caged Heat!" de Jonathan Demme- o la misma "La carrera de la muerte del año 2000" (vamos, que ella y el guionista/sufrido marido de la prota, se conocían). Pone la guinda todo un "mostro" del calibre de George "Buck" Flower.
"La bruja que vino del mar" (traducción literal del título) sería algo asín como un seudo-culebrón en torno a una chorba sexualmente abusada en la infancia por su padre (con escenas no super gráficas, pero sí algo más valientes de lo que sería habitual... ¡estamos en los setenta, baby!). Ello la induce a sufrir visiones en las que se lía con machos idealizados para, seguidamente, castrarlos (en un momento dado se sirve de una maquinilla de afeitar... ¡¡eso es capacidad!!). El problema viene cuando al día siguiente esos mismos crímenes han ocurrido realmente. ¿¿Es ella que mata de forma inconsciente, es otra persona o es la puñetera furcia natatoria, que dirían "Monty Python"??. Todo servido al peor modo de los setenta, en su estética tirando a mundana, las/los características/os vestimentas y peinados (capaces de provocar conjuntivitis), sobre dialogada mediante interminables balbuceos en torno a cuestiones tontísimas + carentes de sentido y, como supuesta obra con pretensiones que en el fondo es, un montón de situaciones absurdas. Vamos, casi una parodia de lo que podría considerarse arte y ensayo. Habrá algún pazguato que la califique de "alegato feminista"... no se engañen, esto viene parido por machos de notoria mentalidad "exploitativa". El final se supone trágico, de llorar, pero lo único que consigue es aliviarnos tanto dolor y sufrimiento.
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sábado, 8 de agosto de 2026
sábado, 1 de marzo de 2025
FRÍO COMO EL ACERO
Probablemente 1991 era un mal año para lanzar a un nuevo "action hero" empapado en toda la gloria que acompañó al género la década previa. Los últimos en lograrlo, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal, fueron lo suficientemente prudentes (ellos o, mejor pensado, sus respectivos agentes) de arrancar sus carreras a finales de los ochenta. Y, además, aportando un algo de novedoso, o diferente, al decantarse por las artes marciales como técnica. El problema del nuevo aspirante, Brian Bosworth, era su incondicional adscripción al modelo Schwarzenegger. Armario empotrado de músculos absurdos, mandíbula cuadrada y hostia pura como método favorito de defensa. Añadamos la estética que gasta en este, su primer "gran" film (y único), "Frío como el acero". Es como muy de los ochenta pero en su vertiente más hortera y cutre, entonces ya demasiado démodé. Incluida una horrorosa "mullet" a modo de guinda. Un "bonito" cuadro que, en su momento, a un amigo y a mí nos echó para atrás. No fuimos a ver "Frío como el acero" al cine. La alquilamos en vídeo, pero ni la terminamos. A él Bosworth le parecía un nazi. Y a mi me cayó gordo por el rollo "portero de discoteca chusca" que gasta. Tampoco fuimos los únicos en reaccionar tan negativamente. La peli no pegó como se esperaba y la carrera del actor quedó relegada ya de por vida a subproductos de acción directos para vídeo-club y dirigidos por "astros" del nivel del omnipresente Fred Olen Ray ("Pánico en el Concorde") o el insulso Allan A. Goldstein ("Riesgo límite"). Entre la primera tanda de esas mismas basurillas localizamos, justo, una secuela bastarda de "Frío como el acero" únicamente destinada al mercado españolo, "Frío como el acero. Buscando venganza". En realidad el film se titula "One Tough Bastard" / "One man´s justice" y el personaje responde a un nombre parecido, pero no igual. La cosa empeora entrados en el siglo XXI, con Bosworth protagonizando películas cristianas ("El poder de la cruz") o navideñas repletas de actores decadentes y, seguramente, tan adictos a las enseñanzas divinas como lo fueran previamente a drogas, alcohol y otros vicios.
Pero en 1991 el colega Brian estaba en su apogeo físico. Es tan "perfecto" que casi parece una caricatura, cosa extensible a toda la película, por su tono exagerado, el abuso de macarrismo sideral, sus buenas dosis de violencia e incluso un puñado de tetas (pegadas a cuerpos de infarto). Y es que, claro, partiendo de la base que todo gira en torno a una banda de moteros mega-malísimos que, asociados a la mafia, esparcen la "villanería" y preparan un atentado de grandes dimensiones, pues la cosa da para un montón de chuloputismo, barbas, chollas, hermillas, motazas, tacos a tutiplén, tipos extremadamente sudorosos, duros y cabreados (la testosterona chorrea por los bordes sin miramiento alguno), una banda sonora trufada hasta el agotamiento de hard-rock, AOR y algo de heavy metal (incluida aparición de un grupo tocando rodeado de strippers) y muchas, muchas, muchísimas hostias, especialmente las que proporciona un Brian Bosworth que, empujado por el FBI, se infiltra en el clan motard para pararles los pies.
Y sí, durante un buen rato el ritmo es acelerado y la locura considerable. El director, Craig R. Baxley, tira de unas maneras dinámicas y ágiles, sin dar respiro al espectador, trufando el lienzo de explosiones, disparos y algunos "stunts" dolorosos (por supuesto, sin gota de CGI). Pero Baxley, que venía de la coordinación de dobles de acción, tampoco era un gran director. Su debut para la gran pantalla, "Acción Jackson", es una de las "action movies" más flojitas de su dorada década, a pesar de disponer de todos los elementos necesarios para lograr un pleno (entre ellos Carl Weathers y la idea de revitalizar el "blaxploitation"). Tampoco fue nada memorable la siguiente, "Dark Angel. Ángel de la muerte", en la que Dolph Lundgren se enfrentaba a un alien lanzador de cortantes cd´s. Fui a verla al cine con resultados discretitos. Tal vez debería darle un nuevo muerdo. Así pues, llegado cierto punto, "Frío como el acero" comienza a desinflarse. Los peligros de arrancar con tanto brío. Jodido mantenerse. Y durante la segunda mitad, vas perdiendo interés progresivamente... hasta que, vale, el clímax se recupera. Aunque, bueno, la sensación final es de que, siendo un producto bastante visible y ameno, se queda a medio gas. Hacer notar las similitudes con algunas otras películas del género por entonces aún recientes. Por ejemplo, Bosworth parte el brazo de un villano usando una dolorosa técnica popularizada por Steven Seagal. Y el final, final, es directamente una copia del de "La jungla de cristal". Todavía más llamativo resulta que los dos malos principales, Lance Henriksen y William Forshyte, pocos años después harían roles bastante parecidos en, justo, una de Van Damme ("Blanco Humano") y una de Seagal ("Buscando Justicia").
Otros rostros majos que asoman son los de Sam McMurray como el supuesto compañero de Bosworth, opuesto a él, dando a entender que estamos ante el patrón de una pura "buddy movie", aunque luego no se desarrolle a fondo. Richard Gant, el forense poseído por Jason en el noveno "Viernes 13". A Paulo Tocha -gran apellido- lo hubiese ignorado de no haber mirado su alucinante filmografía. Ha estado nada menos que en "Ninja Terminator", "Contacto Sangriento" (+ otras de Van Damme) o "Depredador 2". Y es que, en realidad, con tanto motero y tanto "stunt", hay un porrón de secundarios / dobles de acción con currículums vistosos y coloristas, como es el caso de Robert Winley, al que puedes ver en "Jake Speed: La aventura de África", la serie "Sledge Hammer!", "Libertad para morir" (otra vez Van Damme) y nada menos que "Terminator 2: El juicio final". Así pues, daré un salto para detenerme en Kevin Page, el yuppie reventado a balazos por "Ed-209" en "Robocop" o la inevitable "partenaire" femenina, Arabella Holzbog, quien tampoco lograría nada en su carrera, participando a posteriori en subproductos de calibre de "Cornasaurios 2" o "El hombre holograma".
El caso del guionista, Walter Doniger, es un poco atípico. Comenzó su carrera en los cincuenta, tanto escribiendo como dirigiendo muchísima serie de televisión. Se detiene en 1983 para regresar en 1991 con "Frío como el acero" que resultaría ser su último crédito antes de jubilarse y palmar en 2011.
Les dejo la caratula completa del VHS, cortesía de nuestro "consigueitor" particular Enorm.
Pero en 1991 el colega Brian estaba en su apogeo físico. Es tan "perfecto" que casi parece una caricatura, cosa extensible a toda la película, por su tono exagerado, el abuso de macarrismo sideral, sus buenas dosis de violencia e incluso un puñado de tetas (pegadas a cuerpos de infarto). Y es que, claro, partiendo de la base que todo gira en torno a una banda de moteros mega-malísimos que, asociados a la mafia, esparcen la "villanería" y preparan un atentado de grandes dimensiones, pues la cosa da para un montón de chuloputismo, barbas, chollas, hermillas, motazas, tacos a tutiplén, tipos extremadamente sudorosos, duros y cabreados (la testosterona chorrea por los bordes sin miramiento alguno), una banda sonora trufada hasta el agotamiento de hard-rock, AOR y algo de heavy metal (incluida aparición de un grupo tocando rodeado de strippers) y muchas, muchas, muchísimas hostias, especialmente las que proporciona un Brian Bosworth que, empujado por el FBI, se infiltra en el clan motard para pararles los pies.
Y sí, durante un buen rato el ritmo es acelerado y la locura considerable. El director, Craig R. Baxley, tira de unas maneras dinámicas y ágiles, sin dar respiro al espectador, trufando el lienzo de explosiones, disparos y algunos "stunts" dolorosos (por supuesto, sin gota de CGI). Pero Baxley, que venía de la coordinación de dobles de acción, tampoco era un gran director. Su debut para la gran pantalla, "Acción Jackson", es una de las "action movies" más flojitas de su dorada década, a pesar de disponer de todos los elementos necesarios para lograr un pleno (entre ellos Carl Weathers y la idea de revitalizar el "blaxploitation"). Tampoco fue nada memorable la siguiente, "Dark Angel. Ángel de la muerte", en la que Dolph Lundgren se enfrentaba a un alien lanzador de cortantes cd´s. Fui a verla al cine con resultados discretitos. Tal vez debería darle un nuevo muerdo. Así pues, llegado cierto punto, "Frío como el acero" comienza a desinflarse. Los peligros de arrancar con tanto brío. Jodido mantenerse. Y durante la segunda mitad, vas perdiendo interés progresivamente... hasta que, vale, el clímax se recupera. Aunque, bueno, la sensación final es de que, siendo un producto bastante visible y ameno, se queda a medio gas. Hacer notar las similitudes con algunas otras películas del género por entonces aún recientes. Por ejemplo, Bosworth parte el brazo de un villano usando una dolorosa técnica popularizada por Steven Seagal. Y el final, final, es directamente una copia del de "La jungla de cristal". Todavía más llamativo resulta que los dos malos principales, Lance Henriksen y William Forshyte, pocos años después harían roles bastante parecidos en, justo, una de Van Damme ("Blanco Humano") y una de Seagal ("Buscando Justicia").
Otros rostros majos que asoman son los de Sam McMurray como el supuesto compañero de Bosworth, opuesto a él, dando a entender que estamos ante el patrón de una pura "buddy movie", aunque luego no se desarrolle a fondo. Richard Gant, el forense poseído por Jason en el noveno "Viernes 13". A Paulo Tocha -gran apellido- lo hubiese ignorado de no haber mirado su alucinante filmografía. Ha estado nada menos que en "Ninja Terminator", "Contacto Sangriento" (+ otras de Van Damme) o "Depredador 2". Y es que, en realidad, con tanto motero y tanto "stunt", hay un porrón de secundarios / dobles de acción con currículums vistosos y coloristas, como es el caso de Robert Winley, al que puedes ver en "Jake Speed: La aventura de África", la serie "Sledge Hammer!", "Libertad para morir" (otra vez Van Damme) y nada menos que "Terminator 2: El juicio final". Así pues, daré un salto para detenerme en Kevin Page, el yuppie reventado a balazos por "Ed-209" en "Robocop" o la inevitable "partenaire" femenina, Arabella Holzbog, quien tampoco lograría nada en su carrera, participando a posteriori en subproductos de calibre de "Cornasaurios 2" o "El hombre holograma".
El caso del guionista, Walter Doniger, es un poco atípico. Comenzó su carrera en los cincuenta, tanto escribiendo como dirigiendo muchísima serie de televisión. Se detiene en 1983 para regresar en 1991 con "Frío como el acero" que resultaría ser su último crédito antes de jubilarse y palmar en 2011.
Les dejo la caratula completa del VHS, cortesía de nuestro "consigueitor" particular Enorm.
sábado, 29 de octubre de 2022
LA JOYA DE LOS DIOSES
Aunque suene a introducción de gacetillero novato, es bien cierto que el fenómeno Indiana Jones esputó un mogollón de imitadores. Además, en todas partes del globo terráqueo. Desde la misma yankilandia (con "Tennessee Buck" o "Jake Speed" representando al gremio subproductil, aunque las hay a cientos, incluidos títulos tan mainstream como "Tras el corazón verde" o "La gran ruta hacia China"), pasando por la inevitable Italia ("El secreto del imperio de los incas", "Los aventureros del tesoro perdido", "El arca del dios del sol"), Inglaterra ("Biggles"), México ("El tesoro de la selva perdida"), hasta Australia itself ("Sky Pirates"). Incluso Jackie Chan picó con "La armadura de dios". Y "El tesoro de las cuatro coronas" fue la aportación Española en función coproductora. Ante semejante panorama, y teniendo en cuenta que, tal vez, algunas de aquellas imitaciones se rodaran en parajes Sudafricanos, estos se subieron al carro a finales de los ochenta con "La joya de los dioses". Total, tenían cerquita todo el exotismo requerido, así que en ese sentido la cosa les saldría barata. Muuuuuy barata.
Los yankis y los nazis se pelean por agenciarse un pedrusco de lo más poderoso. Los primeros mandan a un hindú (la comparsa cómica, absolutamente irritante) que se asocia con el típico aventurero golfo de nombre chispeante, Snowy Grinder (Australiano, para más señas). Los segundos envían al militar eternamente cabreado de marcado acento. Unos y otros lucharán, aparecerá la churri de rigor y todo terminará bien.
Lo justo sería cebarnos con "La joya de los dioses". Pero se parecería mucho a meterle collejas al tonto de la clase por ser tonto. Demasiado fácil. No se puede esperar nada de un exploitation de Indiana Jones sudafricano. Así que no esperamos nada. Y la vemos pacientemente, porque a la cabrona le pesa el culo. Poca acción, muchos diálogos, todo así como un pelo cutre, aunque sin llegar al tercermundismo, en ese aspecto mantiene la cabeza alta. Un sentido de la comedia absolutamente terrible (y excesiva). Y una escena en la que se fusila sin decoro otra de "Indiana Jones y el templo maldito", pero a lo pobre. Imaginen la movida de las vagonetas a tamaño infantil, unas donde han de caber, sí o sí, los tres protagonistas, bien apretujados. En el apartado desagradable, e inevitable dada procedencia y época, unas dosis de crueldad animal nada fingidas.
Si miramos a la peña implicada, parece que no pero podemos rascar algo. Por ejemplo, al héroe (cuya arma reglamentaria es un cortante boomerang que usa poco) lo interpreta Marius Weyers, actor que se ha mantenido activo hasta nuestros días y en cuyo curriculum encontramos cosas tan curiosas como el inevitable primer (¿y único?) gran hit de la cinematografía Sudafricana, "Los dioses deben estar locos", "Gandhi" (interpretando a ¡un conductor!), "Profundidad seis" y "Diamante de sangre". La conexión con "Los dioses deben estar locos" es de lo más razonable. Fue una cantera para actores de aspiraciones internacionales, por eso en ella también vemos a Sandra Prinsloo, que en "La joya de los dioses" da vida a la compañera del aventurero prota. Y podrían haber más nombres, pero no me apetece indagar.
Robert van de Coolwijk, director (dedica la película a su mujer e hijos. No me sorprendería que, después del estreno, le abandonaran), tiene poca cosa en tales funciones. Por contra, como diseñador de producción no ha parado de currar en títulos bien llamativos -por su naturaleza- del calibre de "Tienes que estar loco" (esa peli de cámara oculta que en España nos vendieron -incomprensiblemente- como parida por Monty Python), "Kickboxer 5: Revancha", "Mr. Bones" y "Granja sangrienta/Slash".
Los yankis y los nazis se pelean por agenciarse un pedrusco de lo más poderoso. Los primeros mandan a un hindú (la comparsa cómica, absolutamente irritante) que se asocia con el típico aventurero golfo de nombre chispeante, Snowy Grinder (Australiano, para más señas). Los segundos envían al militar eternamente cabreado de marcado acento. Unos y otros lucharán, aparecerá la churri de rigor y todo terminará bien.
Lo justo sería cebarnos con "La joya de los dioses". Pero se parecería mucho a meterle collejas al tonto de la clase por ser tonto. Demasiado fácil. No se puede esperar nada de un exploitation de Indiana Jones sudafricano. Así que no esperamos nada. Y la vemos pacientemente, porque a la cabrona le pesa el culo. Poca acción, muchos diálogos, todo así como un pelo cutre, aunque sin llegar al tercermundismo, en ese aspecto mantiene la cabeza alta. Un sentido de la comedia absolutamente terrible (y excesiva). Y una escena en la que se fusila sin decoro otra de "Indiana Jones y el templo maldito", pero a lo pobre. Imaginen la movida de las vagonetas a tamaño infantil, unas donde han de caber, sí o sí, los tres protagonistas, bien apretujados. En el apartado desagradable, e inevitable dada procedencia y época, unas dosis de crueldad animal nada fingidas.
Si miramos a la peña implicada, parece que no pero podemos rascar algo. Por ejemplo, al héroe (cuya arma reglamentaria es un cortante boomerang que usa poco) lo interpreta Marius Weyers, actor que se ha mantenido activo hasta nuestros días y en cuyo curriculum encontramos cosas tan curiosas como el inevitable primer (¿y único?) gran hit de la cinematografía Sudafricana, "Los dioses deben estar locos", "Gandhi" (interpretando a ¡un conductor!), "Profundidad seis" y "Diamante de sangre". La conexión con "Los dioses deben estar locos" es de lo más razonable. Fue una cantera para actores de aspiraciones internacionales, por eso en ella también vemos a Sandra Prinsloo, que en "La joya de los dioses" da vida a la compañera del aventurero prota. Y podrían haber más nombres, pero no me apetece indagar.
Robert van de Coolwijk, director (dedica la película a su mujer e hijos. No me sorprendería que, después del estreno, le abandonaran), tiene poca cosa en tales funciones. Por contra, como diseñador de producción no ha parado de currar en títulos bien llamativos -por su naturaleza- del calibre de "Tienes que estar loco" (esa peli de cámara oculta que en España nos vendieron -incomprensiblemente- como parida por Monty Python), "Kickboxer 5: Revancha", "Mr. Bones" y "Granja sangrienta/Slash".
miércoles, 19 de octubre de 2022
GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 16 (MARICONADAS VARIAS C)
Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....


A pesar de lo que invita a pensar la imagen,
en realidad "Bad Girls From Mars", una de esas
cosas que Fred Olen Ray rodaba en cuatro días a
toda castaña, es una comedia. Y si no se lo
creen, AQUÍ tienen la respectiva reseña que
lo demuestra.
lo demuestra.
Si hay algo que molaba de "Re-Sonator / From Beyond"
eran las grotescas mutaciones del doctor Pretorius
a base de látex y focos de colorines, como la que
ven en la imagen, desglosada en tres fases.
Una imagen la mar de chula aparecida en "House, una casa
alucinante", concretamente durante una pesadilla de su protagonista.
Cartel yanki -o eso creo- de "Jake Speed, la aventura de
África", uno de los más curiosos subproductos surgidos a
la sombra de "Indiana Jones" y por el que, como ya conté
a fondo en su día, siento gran estima.
A continuación, un par de zetismos.
Por un lado, una imagen promocional de "Robot Ninja",
infrapelícula que tengo previsto revisar algún día.
Lo cierto es que semejante "digna" instantánea no nos
preparaba para el posterior descalabro.
preparaba para el posterior descalabro.

Y un clásico de la casa, Fred Olen Ray rodando "The Haunting
Fear" con Michael Berryman. En su momento era la única imagen
disponible del cineasta y casi me compré aquel "L´Ecran Fantastique"
por ella (ya les he hablado muchas veces del fanatismo que, en esa
época, le procesaba al tipo) Lo malo era que, obvio, los dos tíos tras la
época, le procesaba al tipo) Lo malo era que, obvio, los dos tíos tras la
cámara estaban de espaldas. Hoy casi puedo asegurar que Ray es
el de nuestra derecha... pero ni así estoy convencido. Imaginen
entonces lo que era adorar, básicamente, un cogote.
E igual que hicimos en la segunda tanda de "Mariconadas Varias",
cerramos con una imagen siempre entrañable, graciosa y divertida
del gran Leslie Nielsen dando vida, cómo no, a su mejor creación,
el "Frank Drebin" de "Agárralo como puedas".
sábado, 7 de mayo de 2016
EL POSTER DE "JAKE SPEED, LA AVENTURA DE ÁFRICA"
Hace una semana murió el actor, productor, guionista y eventual director Wayne Crawford. Antaño en "Aquí Vale Todo" solíamos publicar breves necrológicas cuando fallecía una personalidad del cine que nos mola. Pero dejamos tal práctica porque, en esencia, no somos un blog de noticias. Sin embargo, puntualmente, siendo personajes por los que sentimos especial afecto y a los que se ningunea ya no solo en medios generalistas, sino también en los que están a nuestro mismo nivel, nos gusta comentar algo. Lo hicimos con Robert Z´Dar en formato podcast. Y con Angus Scrimm en formato fotocromo (vale, también el más que reconocido Wes Craven pasó por esa tesitura). Y hoy le toca a Crawford en formato poster. Lo que me va de perlas porque no tenía ni idea de qué hacer con este pedazo de hermoso papel satinado dado que, A, no tenemos los fotocromos de la peli y, B, yo mismo la reseñé a fondo, narrando también lo que supuso para mí en la época.
Y es que decir que ha fallecido Crawford significa no solo decir que se ha ido un tipo ligado a títulos como "Barracuda" o "La noche del cometa", significa también llorar por la muerte de uno de mis héroes de ficción favoritos de la adolescencia, ¡"Jake Speed"!.
Y de "Jake Speed, La aventura de África" es el poster con el que mandamos un afectuoso adiós a este fantástico personaje de serie B, de novela barata, y al tipo que tuvo la sabia idea de darle vida, en carne y papel (ya que fue co-guionista de la empresa, además de co-productor).
Así pues, R.I.P. Sr. Crawford.
R.I.P. "Jake Speed".
Y es que decir que ha fallecido Crawford significa no solo decir que se ha ido un tipo ligado a títulos como "Barracuda" o "La noche del cometa", significa también llorar por la muerte de uno de mis héroes de ficción favoritos de la adolescencia, ¡"Jake Speed"!.
Y de "Jake Speed, La aventura de África" es el poster con el que mandamos un afectuoso adiós a este fantástico personaje de serie B, de novela barata, y al tipo que tuvo la sabia idea de darle vida, en carne y papel (ya que fue co-guionista de la empresa, además de co-productor).
Así pues, R.I.P. Sr. Crawford.
R.I.P. "Jake Speed".
sábado, 11 de enero de 2014
LAS AVENTURAS DE TENNESSEE BUCK
Cuando escribí la reseña de "Ojos de fuego", que cuenta con David Keith entre sus protagonistas, dije esto de él: "no hay actor más feo, anti-carismático y erróneo para cualquier reparto". Vale, me pasé un poco. David Keith no es tan feo, ni tan temible, pero tampoco es la Mojama. Y algo de cierto debe haber en todo ello cuando, dando un repaso a su filmografía, nos percatamos de que, tras un inicio prometedor con "Brubaker", "Oficial y caballero" u "Hombres de hierro", rápidamente fue relegado a películas cada vez más intrascendentes y, ya directamente, series de televisión. Viendo la que se le venía encima, es de suponer que Keith se planteara cambiar de aires, y por eso en 1987 debutó exclusivamente como director con, nada menos, "Granja maldita", la relativamente famosa adaptación de H.P.Lovecraft que contaba con producción de Ovidio G. Assonitis (quien a partir de ella se sacaría de la manga toda una falsa saga compuesta de secuelas bastardas partiendo de su título original, "The Curse") y el mismísimo Lucio Fulci. No hace mucho la vi con intención de reseñarla pero me dejó tan frío, me resultó tan insípida que, finalmente, decidí ignorarla (quién sabe si la retomaré algún día en el futuro). El caso es que David Keith quedaría contento con la experiencia, porque al año siguiente volvió a liarse con esto de la dirección y, ya que nadie parecía querer contar con su talento inerpretativo, decidió currarse un auténtico auto-lucimiento protagonizando "Las aventuras de Tennessee Buck", o "The further adventures of Tennessee Buck" in the USA (país co-productor junto a, nada menos, Sri Lanka... nunca había visto yo una película Srilankesense), uno de esos "exploitations" descarados del universo "Indiana Jones" -desde el look del personaje a la tipografía del título, pasando por el cartel, aquí no hay sutilidad que valga- camuflados de parodia.
La historia no es precisamente muy complicada. Un millonario bastante idiota, aficionado a la caza, y su atractiva mujer llegan a Borneo. Contratan al colega Tennessee Buck (aunque en toda la peli no responde al apodo en cuestión, sino al nombre de Buck Malone) para que les guíe. Una vez se internan en la parte más profunda de la selva, son atacados y capturados por una tribu caníbal. El resto de la movida consistirá en intentar escapar de sus garras.
Bien, como decía, "Las aventuras de Tennessee Buck" se supone una comedia de aventuras. Y sí, hay un puñado de momentos abiertamente bufos y palurdos, además de sendas interpretaciones tirando a histriónicas (el que hace de cazador millonario es especialmente agotador). Sin embargo, llegados a cierto punto -concretamente cuando los protas son capturados por los caníbales- da un pequeño giro e incrementa de modo exponencial -e inesperado- su lado serio, que incluye erotismo y algo de gore. Esta parte se inicia con la escena que la ha hecho "célebre", en la que vemos a su prota femenina, la guapa Kathy Shower, totalmente desnuda y siendo muy sensualmente huntada en aceite por las mujeres de la tribu, tanto como para que se retuerza de placer y sus notorios pezones apunten a la Luna. Seguidamente la cosa se vuelve algo sórdida cuando el jefe de los antropófagos la viola por detrás y, encima, le entrega la cabeza decapitada de su marido, lo que hasta cierto punto sorprende, ya que éste era algo así como el "clown" de la peli. Claro que, según se mire, le ha hecho un favor, porque una vez huídos, y apenas 24 horas después, ella y el Sr.Buck se pegan un lote de órdago (vamos, que la chica tampoco echaba mucho de menos al muerto). La fiesta continúa con una secuencia en plan "Rambo" en la que el héroe va cazando a sus perseguidores a base de trampas, algunas de ellas con efecto truculento incluido. Cuanto más próximo está el final, más vuelve todo a la normalidad, pero afortunadamente para entonces ya no queda mucha película y, resumiendo, que se despide dejándonos un sabor de boca positivo. "Las aventuras de Tennessee Buck" no es la polla, ni mucho menos, pero tampoco puedo decir que resulte insoportable. Seguramente se encuentre entre los "exploiters" más decentes de "Indiana Jones", al lado de "Las minas del rey Salomón" y "Jake Speed, la aventura de África".
Naturalmente, siendo director, David Keith se deja las peyas para mostrarse a sí mismo como un superhéroe invencible, ocurrente, golfo, totalmente deseado por cualquier cosa en este planeta que disponga de vagina, infalible en su cometido y que luce un uniforme "indianajonesco" bien molón (con una primera aparición chocante, durmiendo la borrachera y totalmente cubierto de la sangre de un cocodrilo que el cabrón acaba de despellejar). Y la verdad es que encaja en el papel, incluso esta ocasión me pareció algo menos insufrible. A su lado tenemos a la mentada Kathy Shower, que está un rato rica y venía de posar en las páginas de "Playboy". A lo largo de su trayectoria cinematográfica, y como era de suponer, intervino en un puñado de películas de alto contenido pajillero (sobre todo cuando el "thriller erótico" video-clubero se puso de moda), pero también en chungueces como "American Kickboxer 2", "Cyber-CHIC" o "Commando para matar" de ese ente omnipresente que es Fred Olen Ray. A su ladito, un veterano, Sydney Lassick, de "Alguien voló sobre el nido del cuco" o "Carrie" y que también se dejaba ver en "Patrulla de noche", el infame "exploit" de "Loca academia de policía". Justamente, y curiosamente, en las primera y tercera entregas de esa misma saga podemos ver al cuarto en discordia, Brant von Hoffman, quien interpretara al "Sargento Kyle Blanks" en aquellas y al cazador millonario tonto finalmente decapitado en la que nos ocupa.
David Keith no volvería a dirigir hasta pasados quince años con "Waterville", un "thriller" sin la más mínima repercursión. De mientras, y hasta nuestros días, le hemos seguido viendo en pelis gordas con papeles secundarios, en pelis pequeñas de prota y en un porrón de productos televisivos.
La historia no es precisamente muy complicada. Un millonario bastante idiota, aficionado a la caza, y su atractiva mujer llegan a Borneo. Contratan al colega Tennessee Buck (aunque en toda la peli no responde al apodo en cuestión, sino al nombre de Buck Malone) para que les guíe. Una vez se internan en la parte más profunda de la selva, son atacados y capturados por una tribu caníbal. El resto de la movida consistirá en intentar escapar de sus garras.
Bien, como decía, "Las aventuras de Tennessee Buck" se supone una comedia de aventuras. Y sí, hay un puñado de momentos abiertamente bufos y palurdos, además de sendas interpretaciones tirando a histriónicas (el que hace de cazador millonario es especialmente agotador). Sin embargo, llegados a cierto punto -concretamente cuando los protas son capturados por los caníbales- da un pequeño giro e incrementa de modo exponencial -e inesperado- su lado serio, que incluye erotismo y algo de gore. Esta parte se inicia con la escena que la ha hecho "célebre", en la que vemos a su prota femenina, la guapa Kathy Shower, totalmente desnuda y siendo muy sensualmente huntada en aceite por las mujeres de la tribu, tanto como para que se retuerza de placer y sus notorios pezones apunten a la Luna. Seguidamente la cosa se vuelve algo sórdida cuando el jefe de los antropófagos la viola por detrás y, encima, le entrega la cabeza decapitada de su marido, lo que hasta cierto punto sorprende, ya que éste era algo así como el "clown" de la peli. Claro que, según se mire, le ha hecho un favor, porque una vez huídos, y apenas 24 horas después, ella y el Sr.Buck se pegan un lote de órdago (vamos, que la chica tampoco echaba mucho de menos al muerto). La fiesta continúa con una secuencia en plan "Rambo" en la que el héroe va cazando a sus perseguidores a base de trampas, algunas de ellas con efecto truculento incluido. Cuanto más próximo está el final, más vuelve todo a la normalidad, pero afortunadamente para entonces ya no queda mucha película y, resumiendo, que se despide dejándonos un sabor de boca positivo. "Las aventuras de Tennessee Buck" no es la polla, ni mucho menos, pero tampoco puedo decir que resulte insoportable. Seguramente se encuentre entre los "exploiters" más decentes de "Indiana Jones", al lado de "Las minas del rey Salomón" y "Jake Speed, la aventura de África".
Naturalmente, siendo director, David Keith se deja las peyas para mostrarse a sí mismo como un superhéroe invencible, ocurrente, golfo, totalmente deseado por cualquier cosa en este planeta que disponga de vagina, infalible en su cometido y que luce un uniforme "indianajonesco" bien molón (con una primera aparición chocante, durmiendo la borrachera y totalmente cubierto de la sangre de un cocodrilo que el cabrón acaba de despellejar). Y la verdad es que encaja en el papel, incluso esta ocasión me pareció algo menos insufrible. A su lado tenemos a la mentada Kathy Shower, que está un rato rica y venía de posar en las páginas de "Playboy". A lo largo de su trayectoria cinematográfica, y como era de suponer, intervino en un puñado de películas de alto contenido pajillero (sobre todo cuando el "thriller erótico" video-clubero se puso de moda), pero también en chungueces como "American Kickboxer 2", "Cyber-CHIC" o "Commando para matar" de ese ente omnipresente que es Fred Olen Ray. A su ladito, un veterano, Sydney Lassick, de "Alguien voló sobre el nido del cuco" o "Carrie" y que también se dejaba ver en "Patrulla de noche", el infame "exploit" de "Loca academia de policía". Justamente, y curiosamente, en las primera y tercera entregas de esa misma saga podemos ver al cuarto en discordia, Brant von Hoffman, quien interpretara al "Sargento Kyle Blanks" en aquellas y al cazador millonario tonto finalmente decapitado en la que nos ocupa.
David Keith no volvería a dirigir hasta pasados quince años con "Waterville", un "thriller" sin la más mínima repercursión. De mientras, y hasta nuestros días, le hemos seguido viendo en pelis gordas con papeles secundarios, en pelis pequeñas de prota y en un porrón de productos televisivos.
sábado, 13 de agosto de 2011
JAKE SPEED, LA AVENTURA DE ÁFRICA
Como es de suponer, "Jake Speed, la aventura de África" está rodada con el presupuesto que las de "Indiana Jones" gastaban en el catering, y se nota, porque de acción hay más bien poca y nada demasiado espectacular. Sin embargo, en esta ocasión ello juega en su favor, porque al ser una historia con un poso "realista", y en la que continuamente nos cuestionamos su veracidad, ya está bien que el tema aventuroso no se les vaya demasiado de las manos y se centre más en los personajes y los diálogos. En realidad, la peli es un canto a la figura del héroe ingenuo e idealista, al bueno-bueno, sin matices, Jake Speed sabe que ya no quedan muchos como él, y se pasa el metraje proclamándolo.
Vale, no se trata de ninguna maravilla, es entretenida por los pelos, pero sigo diciendo que el concepto al inicio expuesto resulta fascinante. Nosotros en España también teníamos esa clase de héroe, uno que publicaba sus aventuras (narradas en primera persona) en novelitas de bolsillo y pocas páginas. Y eran mogollón. El "problema" es que se hacía llamar "Indiana JAMES" (les dejo la cubierta de una para que se hagan una idea). Muchas veces me pregunté qué pasaría si, como con "Jake Speed", el amigo James fuera real. ¿Se lo imaginan?, ¿para cuando una peli sobre él? (Aquí pueden dar con pistas al respecto).
Todo el encanto y el buen hacer de "Jake Speed, la aventura de África" se lo debemos en parte (ya que es co-guionista) a ese entrañable star de "serie B" que es Wayne Crawford, de quien ya hablamos hace no mucho y que da vida al aventurero Speed.
En definitiva, un film muy majo especialmente pensado para aquellos a los que, como yo, les gusta soñar de vez en cuando. El final, fuera de ser previsible, está cojonudo y muy coherente con el resto de la función.
lunes, 25 de julio de 2011
BARRACUDA
Wayne Crawford es un personaje tan curioso como interesante, un actor que cuando ejerce funciones protagónicas, gusta también de aplicarse en otros apartados creativos, tales como guionizar o incluso dirigir, cosa esta que ha hecho en siete ocasiones. Entre sus vehículos para el auto-bombo destacan "Jake Speed, la aventura de África" (peli que me fascinaba de jovenzuelo y que estoy a la espera de recuperar con fines repasativos) y esta "Barracuda", exploit absoluto y descarado del "Tiburón" Spielbergiano surgido cuando más demanda había, 1978. Yo la vi siendo chaval (además, me suena que en pantalla grande), y de ella solo recordaba una escena. Por eso mismo me hizo mucha ilusión localizarla hace un par de días y tenía unas ganas tremebundas de revisarla. Hecho ello, paso a escribir la sarta de tonteridas que siguen...En un pueblo costero comienzan a aparecer cadáveres de buceadores por todas partes. Resulta que las barracudas, peces en un principio inofensivos para el hombre, se han vuelto tarumbas y atacan a la peña. Un joven biólogo, que es el terror de las nenas, está convencido de que la culpable es una fábrica que contamina el agua. Con ayuda del sheriff, hará todo lo que esté en su mano para poner fin al putiferio.
Bien, una de las supuestas virtudes de "Barracuda" es que los autores eran conscientes de que con sus limitados medios, sería mejor táctica darle un papel secundario a los peces asesinos y centrarse en los personajes humanos y las trifulcas con un implacable gobierno decidido a ocultar sus fallidos experimentos. Así pues, si hasta mitad de peli las barracudas se lucían más bien poco, de ahí al final directamente desaparecen y todo se centra en el lado "conspirativo" de la movida. Lástima que tan loable intento termine convirtiendo al resultado final en bastante plomizo, casi telefílmico. Vamos, que "Barracuda" es un rollito, a pesar de un desenlace tan inesperado como efectivo y chocante, de su simpático regusto setentero, de la famosa secuencia que guardaba en mi memoria desde que la viera de chaval (la moza que encuentra la cabeza decapitada de un buzo, dentro de su traje de inmersión) y, ¡¡ojo al dato!!, la presencia actoral de William Kerwin. ¿De quién?, bueno, es posible que te suene más con su otro nombre de guerra, Thomas Wood, de cuando protagonizaba los delirios sangrientos del mítico Herschell Gordon Lewis, delirios como "Blood Feast", "2000 Maniacos" o "A taste of blood".
Resumiendo, que una penica... "Barracuda" podría haber sido bastante mejor... y se queda en un producto muy regular de esos de ver y olvidar en tiempo récord.
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