miércoles, 6 de julio de 2011

NEUMONÍA ERÓTICA Y PASOTA

A medida que voy descubriendo títulos del fenómeno “S” en su ramalazo mas "soft" -recuerden que, al final, esta calificación se le otorgaba prácticamente a cualquier película que no fuera infantil, ya que la “S”, obviamente, vendía- me doy cuenta de que no existen productos más tristes, pobres, chabacanos y mediocres que estos. Como en todo subgénero, naturalmente siempre hay alguna joyita a tener en cuenta. No es el caso de esta "Neumonía Erótica y Pasota", un coñazo de padre y muy señor mío que, al contrario de lo que pasa con el porno convencional, tenemos que darle al "Fast forward" en las escenas de folleteo, porque la verdadera chicha está en los diálogos y en la supuesta historia. La película, eso sí, toma como suyas montones de referencias a la cultura popular de aquellos años, y si bien la trama bebe del clásico del porno "Garganta Profunda" (en la que una mujer tiene el clítoris en la garganta y necesita hacer tremendas felaciones para alcanzar el clímax), también cuenta con guiños considerables a la serie "El Increíble Hulk", siendo además un repugnante “exploiter” que pretende enriquecerse a costa de tomarse a chufla el celebre caso de las intoxicaciones por aceite de colza y sus efectos en quienes lo consumieron. Desde luego, no se puede ser más despiadado a la hora de hacer una película.
En pleno (y moderno, y costero, y hortera…) verano, las parejas se lo pasan bien practicando el sexo libre y siendo un poco idiotas, pero una partida de aceite de colza desnaturalizado ha hecho que nuestra protagonista (Eva Liberten, musa del “S”), que ha tomado este aceite, se convierta en un repugnante, rosado y tetudo monstruo, cada vez que, estando ella excitada, alguien ejerce algún tipo de violencia. Así de tonto y estúpido. Entre tanto, parejitas de diversas orientaciones sexuales practican sexo de manera casi gilipollas.
En realidad estas películas eran para lo que eran: mostrar toda la chicha posible, sin pasarse, mostrar una libertad sexual tras años de represión, y que las parejas se metieran mano mientras la veían en su correspondiente cine de barrio.
Como película, absolutamente insoportable, como producto, una aberración ¿El título tan molón? Lo mejor de todo el tinglado. No hace falta ni que se molesten en verla, es perder el tiempo.
Como anécdota destacar la presencia gratuita (porque aparece... pero si no apareciese, tampoco pasaría nada) de Víctor Israel.
Dirige Jaime Bayarri, responsable de algún subproducto más sin mayor trascendencia.