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sábado, 31 de agosto de 2024

EL GRAN SALTO

Ando leyendo un libro sobre el cine de Joel y Ethan Coen, escrito por Ian Nathan, que le da mil patadas a aquella cosa pretenciosa editada en su día bajo el funesto sello "Cátedra". Consecuentemente, me ha dado por revisar algunas de sus películas. Hurgando, me topé con "La balada de Buster Scruggs" y aluciné pepinillos al comprobar que seguía siendo inédita para mis cansados ojos. Lo solucioné esa misma noche y, créanme, disfruté como un cochinillo. Muy buena, muy sorprendente e imprevisible. Se nota que "Netflix", sedienta por contar en sus filas con cineastas de prestigio, dio un cheque en blanco a los hermanos para que hiciesen lo que les saliera del coño. Y joder si lo aprovecharon.
No era la primera vez que la gentuza de los dineros confiaba plenamente en ellos. Ocurrió ya en los noventa, cuando, estando ambos de moda, el mega productor de "actioners" tan míticos como "Commando", "Arma Letal" o "Jungla de cristal", Joel Silver, les apadrinó para que dieran su (gran) salto al cine más "comercial". Y el proyecto elegido nos retrotrae a otra historia de la que ya he hablado antes, la fascinante amistad humana y colaborativa de los Coen con Sam Raimi.
Según el libro de Ian Nathan, esas supuestas deudas de "Arizona Baby" con "Posesión Infernal", a las que aludía en mi reseña, no son delirios de un anormal -que diría Ze-. Existen. Motivado por el éxito de su debut, Raimi se instaló un tiempo en Los Ángeles, a la búsqueda de fama y fortuna. En eso que los Coen pasaron por allí, esperando dar con un distribuidor para la entonces recién terminada "Sangre Fácil". Decidieron acampar en el cuchitril de su amigo y, por aquello de combatir el aburrimiento, juntos y revueltos se sentaban frente a la máquina de escribir, pariendo de este modo un guion a pachas. Uno basado, hasta cierto punto, en la misma aventura angelina de Raimi. El paletillo "de pueblo" que va a la gran ciudad en busca de una oportunidad. Con este metido en el ajo, les salio una cosa muy ambiciosa, difícil de producir en aquel momento, siendo novatillos desconocidos. Pero ahí quedó, en el congelador, a la espera de que algún día alguien soltara el montante. Por supuesto, estamos hablando de la futura "El gran salto", título españolo algo absurdo para "The Hudsucker Proxy" y "Hudsucker" era un gag recurrente en el universo Coenraiminiano. Lo habíamos oído en la mentada "Arizona Baby" y también en "Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas)" cuyo libreto, les recuerdo, iba igualmente firmado a seis manos por los chavales.
Es un dato bien conocido que aquel intento de Joel & Ethan por integrarse en el mainstream se saldó con un hostiaco de los gordos. Fracasó estrepitosamente en su paso por salas, de ahí que el libro que ando leyendo le dedique cuatro únicas páginas (y, muy extrañamente, apenas mente la citada "Crimewave"). Pero no fue en balde. De rebote, los brothers regresaron a su terreno natural, pariendo el film que les acabó de catapultar, funcionó de mil maravillas en todos los aspectos y les valió un Oscar (como guionistas) Además, resultaría ser su mayor logro y una de las dos que poseo en formato doméstico, "Fargo" (por si les pica la curiosidad, la otra es "Arizona Baby").
Pero centrémonos en "El gran salto", fechada el año 1994. Como decía, cuenta la historia de un pobre diablo, más tonto que una almeja (interpretado por un muy adecuado Tim Robbins, sacándole máximo rendimiento a esa cara de bobo. Según el libro, primeramente se pensó en Tom Cruise), al que una gran corporación comandada por un malvado gerifalte (un genial Paul Newman. Según el libro, de entrada se pensó en Clint Eastwood... joder, ¡habría molado!) utiliza a su antojo. La compañía pretende devaluar sus acciones, para poder comprarlas después a precio irrisorio, y necesitan un tonto que pague el pato. Solo que este sorprenderá a propios y extraños pariendo un producto de éxito -el Hula-Hoop-. En medio, como no, habrá una chavala con la que nacerá el amor (Jennifer Jason Leigh. Según el libro, papel destinado a Winona Ryder) y al tonto se le subirán los humos, ascendiendo a cretino. Luego caerá hacia lo más bajo, aprendiendo una lección en el camino.
Acompañan a los tres astros mencionados rostros tan familiares -y agradables de ver- como los de Charles Durning, Bill Cobbs, Joe Grifasi, Roy Brocksmith, Peter Gallagher, Steve Buscemi o Jon Polito. Por ahí anda John Goodman en plan cameo. Y la neumática y malograda Anna Nicole Smith (ese mismo año interpretó a una grotesca mujer fatal en el tercer "Agárralo como puedas") La gran sorpresa viene dada por la presencia, bastante destacada, de Bruce Campbell, demostrando más que nunca sus limitaciones interpretativas. Recordemos que había intervenido en el pre-trailer de "Sangre Fácil", parido para engatusar a posibles inversores, y volvería a tener escasas y muy breves apariciones en "Fargo", "Crueldad Intolerable", "¡Ave, César!" o la entretenidísima "Ladykillers", sin embargo, me sorprende que, dadas las amistades comunes, los Coen no hayan contado con él para nada más sucoso. Obviamente, Sam Raimi también se marca un papelillo, pero esta vez mediante sombras chinescas. Le acompaña en tal función John Cameron, otro de los integrantes del clan Raimi que abandonaría el barco para quedarse exclusivamente con los hermanos.
Vi "El gran salto" en una sala considerada "de arte y ensayo", lugar de peregrinaje para los fracasados escarceos con el mainstream de cineastas, hasta entonces, considerados minoritarios (ocurrió también con Kevin Smith y su "Mallrats"). Lo comento por el par de anécdotas conjuntas. El "tío de la puerta" resultó ser un viejo compañero de EGB. Así que me dejó entrar gratis. Mientras charlaba con él, apareció un ya entonces reputado crítico de cine,"gurú" de la cultura popular, habitual de las páginas de "Fotogramas". Le conocía personalmente por senda ocasión pasada y creyó que andaba camelando al responsable del cine para entrar por la pati. Terminado el film, volvimos a encontrarnos (digo el crítico y yo). Preguntó que qué me había parecido. "Psé" esputé yo. "A ti es que no te gusta nada" contestó. Entonces me escaseó el ingenio, pero lo suyo habría sido contraatacar con: "Pues a tenor de tu trabajo, ¡a ti te gusta todo!".
Sí, "El gran salto" no me convenció en su momento. La encontré demasiado convencional, dentro de lo que es, y medianamente previsible, considerando lo poco que eso suele darse en el cine Coeaniano (una de sus mayores virtudes, añado con admiración). Son las secuencias a base de pura narrativa visual, dinamismo e inventiva chorreante, las que se quedan grabadas en la retina. Me vienen a la mente la del "ataque de risa conjunto" y, sobre todo, la del hula-hoop. Decir que -nuevamente según el libro- fue Sam Raimi quien se encargó de dirigir esta última, en plan segunda unidad.
Consumida hace escasos días, "El gran salto" me resultó muy buenrollera y agradable
, aunque sí es cierto que, a ratos, su estultismo deliberado cargaba un poco las tintas en plan "no, no es tan gracioso". Pero, ¡ei!, tampoco diré nada malo. Si buscas evasión saludable, sobra y basta.
Epílogo: Gracias al libro, me he reconciliado con algunas de mis menos favoritas películas de los hermanos, caso de "Crueldad Intolerable" (de "imposible de terminar" ha pasado a amena y dinámica) o "Quemar después de leer", y también ha sido útil para
 redescubrir tantas otras ("El hombre que nunca estuvo allí", "A propósito de Llewyn Davis"...). Por todo ello, Joel y Ethan han ascendido unos cuantos puestos en mi actual lista de cineastas favoritos.

lunes, 3 de abril de 2023

EL MASAJE

Telefilme de corte erótico de los años 90 con cierto culto entre los pajilleros más desprejuiciados, porque, si le damos a la pausa en un par de momentos concretos, esta película bien vale una invocación a Onán. E incluso dos.
Se trata de una de esas que se conciben exclusivamente para aumentar la libido de señoras de mediana edad que sueñan con un varón interesante que les haga ver las estrellas de gozo. Una previa, como no, a “50 sombras de Grey”. Pero estamos en 1995, no tenemos muy lejana “Instinto básico” como paradigma de lo erótico y lo atrevido, y al final lo que consigue “El masaje” es obtener un efecto contrario al deseado, tener a los varones bien pendientes de lo que sucede en pantalla, más que las féminas, porque aunque la intención es estimularlas a ellas, la película entera se recrea en una Mimi Rogers entrada en los cuarenta, desnuda, bamboleante, suelta, fresca y velluda que se deja manosear por un Bryan Brown cincuentón que, mientras, le lleva la contraria en conversaciones a cerca de arte, filosofía y pareja.
La Rogers es una marchante de arte forrada que cada semana recibe un masaje que la deja como nueva. Pero un día en lugar de su masajista habitual, joven, bello y hábil, llega un señor cincuentón y malcarado (Brown) que le sustituye porque este se ha ido de viaje. A la marchante parece no hacerle ni puta gracia el cambio, pero cuando recibe el masaje no solo acaba descubriendo que su masajista habitual es homosexual, sino que le ha gustado la conversación que le ha dado el cincuentón, por lo que le invita a continuar viniendo cada semana a su casa en lugar del que lo hace normalmente. Y ese es todo el argumento. Durante una hora y media hablan, hablan y hablan, al ritmo que marcan las manos de Bryan Brown sobando las enormes peras a la Rogers.
Material pajero a parte, lo que más destaco de “El masaje” es que, pese a que los personajes nos importan un pimiento, no hay apenas historia y en realidad tenemos a dos pollopera hablando de sus cosas, la película está extrañamente entretenida. No se como lo consigue pero la combinación de magreo y parloteo pseudo intelectual logra captar nuestra atención hasta que, cuando termina, nos damos cuenta de que la cosa ha estado bien. Con matices, pero se aguanta perfectamente.
El merito de eso lo tiene su director, porque no nos encontramos ante cualquier directorcito de escuela que debuta con un telefilm, no, tenemos a Nicolas Roeg que, extrañamente acabó trabajando para la televisión ya sea en series o telefilms de esta índole, pero que venía precedido por el prestigio que le otorgaron en los 70 su ópera prima, “Performance”, con papel protagonista para el líder de los Rolling Stones, Mick Jagger, “El hombre que cayó de la tierra” con David Bowie o "Amenaza en la sombra". También se marcó alguna cosa eminentemente mainstream como “La maldición de las brujas”. Después ya se dedicaría casi en exclusiva a la televisión, y ahí es donde entra esta “El masaje”. Y yo creo que se aguanta perfectamente por el buen hacer de su director.
Mimi Rogers, probablemente más conocida por ser la primera esposa de Tom Cruise allá en los 80 que por el buen número de películas en las que intervino, cuenta que aceptó hacer el papel porque los diálogos —que en realidad son sonrojantes— le parecieron súper interesantes y por tener la oportunidad de trabajar para Roeg, pero, al final no se sintió nada a gusto, porque tenía que estar todo el día en pelotas, tumbada en una mesa fría. Además, en ese momento solo pasaban cuatro meses después de haber parido, por lo que la Rogers no se encontraba a gusto con su cuerpo que en tiempos pasados era mucho más escultural. Yo digo que precisamente ese cuerpo imperfecto de mujer madura es lo que hace que esta película merezca completamente la pena, que nos pongamos como motos viéndola, y me pregunto si Bryan Brown no le ocurriría igual con tanto sobeteo, magreo y apretamiento. Se merecía un Oscar.

viernes, 30 de septiembre de 2022

BLUE TORNADO

Tardío (y demencial) exploit italiano de “Top Gun” (ahora que está tan de moda) facturado en los 90 con fines comerciales totalmente aviesos y realizada con la cara más dura que se pueda uno imaginar. Y es que, aunque el material de base que utiliza para su desarrollo es idéntico al de “Top Gun”, si los italianos son expertos en algo es en rizar el rizo, así que, no contentos con mangar la estética a la película de Tony Scott —la escena de créditos que nos presenta la flota de aviones es exacta—, también casi le mangan el título a otra producción de éxito de los 80, “El Trueno Azul” y, además, no se les ocurre otra cosa que aderezar el mejunje nada menos que con ¡abduciones extraterrestres!
Así, tenemos a dos pilotos de la OTAN que pasan su tiempo entre rudas conversaciones de tipos duros y juegos de cartas, cuando no, salen con sus aviones a probar una serie de maniobras. En una de estas, estando en el aire observan en lo alto de la colina una extraña luz azul que, cuando uno de estos pilotos sobrevuela sobre ella, se lo traga. El otro piloto regresará solo a la base convencido de que las luces que se han tragado vivo a su colega son de origen extraterrestre y, con toda la OTAN en contra diciendo que se trata de un fenómeno electro magnético, decidirá investigar por su cuenta, lo que le llevará a conocer a una rubia irrelevante que no sirve para otra cosa más que para que nuestro protagonista tenga un interés romántico.
En un momento dado, este piloto saldrá con un anciano en garrota a subir la montaña para llegar a la zona donde las luces alien se tragaron a su compañero,y lo hace con la ropa que lleva, sin la adecuada equipación de escalada (¡¡¡). El desenlace, que no desvelaré por supuesto, es una de las cosas más improbables, tontas, estúpidas y descabelladas que he visto yo en una película.
Lo más interesante de “Blue Tornado” es su reparto eminentemente internacional, al menos en lo que a los papeles estelares se refiere, así, tenemos a una suerte de Maverick llamado Alex interpretado por un decadente Dirk Benedict recién finalizado su periplo en “El Equipo A” al que le secunda una por otro lado en alza y exitosa Patsy Kensit, que lo mismo te hacía un blockbuster hollywoodiense, que aparecía en una película de Pilar Miró, que te salía en esto. El compañero de Alex tragado por la luz azul, no es otro que Ted McGinley, más conocido por interpretar a Stan Gable, el malo de la saga de “La revancha de los novatos”. Finalizamos el cast con la presencia de un David Warner desubicadísimo en su papel de comandante de la tropa aerea, pensando todo el rato en cuando va a cobrar su cheque y, así, regresar a su país. Vamos, un reparto de campanillas.
No menos interesante resulta que, a pesar de lo chapucero del plagio en general, no aparenta ser tan pobretón como cabía esperar y hay que decir que las tomas con aviones reales de la aviación italiana no desmerecen en absoluto de las rodadas para el original “Top Gun”, y sin llegar a la espectacularidad de aquellas —solo por un pelo— por lo menos dan el pego, salvo porque el material aéreo es excesivo y al final la película es un continuo ir y venir de Dirk Benedict para arriba y para abajo, yendo a la biblioteca a buscar libros sobre OVNIS y teniendo largas e intrascendentes conversaciones sobre el tema con sus compañeros de reparto, junto al sin sentido de secuencias de aviones que despegan, vuelan o aterrizan mientras el director de fotografía intenta copiar los tonos de luz sepiaceos que hicieron distinguir la película protagonizada por Tom Cruise. Sin embargo, y contra cualquier pronóstico previamente estipulado, la película no se hace aburrida en exceso. Es más, diría que incluso está entretenidilla, ya sea por su primera mitad que es más que digna, ya sea porque luego la cosa se desmelena, se va volviendo bizarra y perezosa y, ya sí, entran en juego los consabidos momentos de comedia involuntaria. Pero ¡ojo! No está mal dirigida del todo.
El responsable es un pequeño aspirante a lo que viene siendo el típico artesano italiano, Antonio Bido, que por aquello de internacionalizar el producto firmó esta película bajo el seudónimo de Tony B. Dobb (que suena parecido a Tony Scott) y cuya filmografía no es del todo destacable, aunque en los setenta rodó sendos giallos que pueden ser más o menos recordados por los aficionados al género: “El gato con los ojos de jade” y “Sombra sangrienta”. En cualquier caso, tampoco serían de los giallos más célebres (o celebrados).
La verdad es que dar con “Blue Tornado” ha sido dar con una pequeña joya del despropósito, una estafa con más cara que espalda y una absoluta candidata a la categoría “malas pero divertidas”. Me resulta incomprensible como esta película no es más célebre o posee más culto —y es que se la reivindica poco—. Desde luego tiene todos los ingredientes para que estuviera al lado de los grandes títulos exploit italianos de la época, como “Contaminación: Alien invade la tierra” o el “Terminator 2” de Bruno Mattei por citar algunos. Y la única explicación que encuentro es que esta película no es popular por tratarse de un film de los 90 que expoliaba una película que quizás hoy esté de gran actualidad gracias a su secuela, pero que en 1991, año de producción de esta cinta, ya estaba pasada de moda y, la verdad, es que le importaba un bledo a la plebe. Un poco lo mismo que le sucede a nuestra “Alas rotas”. O váyanse ustedes a saber.

viernes, 27 de noviembre de 2020

CHECHU Y FAMILIA

De Heredia hace un paréntesis en sus películas-vehículo para humoristas, para confeccionar una de verdad y demostrar una solvencia y un buen hacer a prueba de balas y, de paso, tapar la boca de aquellos que pudieran pensar que no sabía hacer cine más allá de registrar en imágenes las patochadas del cómico de turno. Aunque bueno, según para quién, “Chechu y familia” también sería una puta mierda.
Aunque para mi, sin duda, sería la mejor película del director. Claro que, probablemente, la culpa la tiene Rafael Azcona que le escribe el guion, basándose en un cuento propio del que el De Heredia se enamoró. Y, ya saben “con buena picha bien se jode”.
Un matrimonio pudiente se marcha de vacaciones dejando en su domicilio, un chalet con piscina, a su hijo Chechu, que ha suspendido y se ha de quedar estudiando, al abuelo, al tío del chaval, y al servicio, compuesto de criada, cocinera y jardinero. Por un lado Chechu lo que quiere es tener sexo con la criada, con el hándicap de que mientras que ella ronda los treinta años de edad, él cuenta con tan solo trece. El acoso al que, de buena gana, es sometida la muchacha por el menor, formaría el grueso del argumento, secundado este por las subtramas que nos presentan al abuelo cascarrabias que fuma a escondidas y hace las necesidades en el servicio de su hijo y su nuera, el tío obeso incapaz de seguir el régimen que le han asignado, o los problemillas con personajes externos, como el novio de la criada, que arma un pifostio al intuir que esta se acuesta con el “señorito” de la casa.
Con tono de vodevil, que por momentos roza el sainete, pero todo ello servido de la manera más contemporánea posible, “Chechu y familia” resulta ser una comedia al más puro estilo españolada clásica, con personajes que entran y salen del cuadro de la acción, pero situando esta en  un único escenario —en ese caso el chalet— como si de una película de Ozores se tratara,  si bien es cierto que, tal vez involuntariamente, también muestra elementos afines a las genuinas "sex comedies" americanas (en esa vertiente que desciende directamente de “El Graduado”) en cuanto a que el protagonista es un adolescente que trata por todos los medios perder su virginidad con la criada (si lo consigue o no… al final de la película se desvela), con planos referenciales que recuerdan por ejemplo a “Risky Business” —Chechu luciendo gafas de sol "Rayban" parece calcado de la película interpretada por Tom Cruise— y ramalazos humorísticos también deudores de la comedia adolescente americana.
Por otro lado, el guion impecable y una velocidad que no da tregua durante los escasos ochenta minutos de metraje, hacen de “Chechu y familia” la mejor de las comedias de corte popular de los noventa, cuando el estilo que parece cultivar aquí Álvaro Sáenz de Heredia, estaba ya muerto y enterrado.
El elenco le va a la zaga. César Lucendo, actor adolescente resultón, ejecuta sus labores con total convicción, dándole al personaje ese rollito cabrón y macarrilla que necesita, amén del toquecito repelente que hace que Chechu, aun pudiéndose el espectador sentirse identificado, acabe cayendo un poquito mal. A pesar de que el chaval está francamente bien, Lucendo no tuvo a posteriori la suerte que merecía, interpretando después pequeños papelitos en películas menores o episódicos en toda suerte de series de televisión. Le secundan un obvio Fernando Fernán Gómez al cual da gusto ver y oír, una Neus Asensi con hambre de notoriedad, consiguiendo una pizpireta criada andaluza (siendo catalana) y demostrando ser mejor actriz en esta época que unos años después, cuando obtuvo mayor popularidad y su anatomía parecía un muestrario operaciones estéticas. También memorables resultan Amparo Moreno como la cocinera que da sus “alegrías” a  más de un habitante de esa casa, Luis Lorenzo en su papel de eterno mariquita, o Emilio Mellado como comedor compulsivo y estúpido chivato. Antonio Flores ejerciendo de secundario, se prodiga en esta película como un cómico nato  —e involuntario—, que es el contrapunto humorístico al caos anárquico que reina en el chalet donde todo se desarrolla, dándonos un par de gags slapstick tronchantes (¡cómo se cae de la moto al vacilar haciendo un caballito el muy cabrón!). Esperanza Roy, muy desaprovechada, hace acto de presencia, sin más.
Amena, divertida, descarada e incluso excitante en algunos momentos (da, sin ninguna duda, para paja), yo creo que merece la pena acercarse a ella. Sin embargo, no fue demasiado bien en taquilla: Solo asistieron 118.000 espectadores a verla en los cines.

viernes, 3 de noviembre de 2017

BAD BOYS

“Bad Boys” a estas alturas es una de esas películas de corte carcelario tan míticas de los ochenta, que obtuvo una buena repercusión en su momento pero que, extrañamente, ha pasado a quedar un poquito olvidada con el tiempo.
A parte de que se trate del primer papel importante de Sean Penn, o de que se trate de una película cuyo modelo a seguir sea, en cierto modo “The Warriors”, yo quiero destacar el hecho, absolutamente casual, del parecido que guarda con películas como “Perros Callejeros” y por ende, con el “Cine Quinqui”. Más que parecérsele, podemos decir que se trata del equivalente americano, si bien, esta vertiente juvenil del drama carcelario, no tuvo una continuidad los suficientemente fluida como para hablar de géneros parejos. Todo esto, por supuesto, guardando las distancias.
Dirigida por Rick Rosenthal, director resultón de la era Reagan que también realizó “Halloween 2: ¡Sanguinario!” (que curiosamente, un cine que aparece en “Bad Boys”, tiene este film en cartelera),  “Ruskies” o “Hallowen: Resurrección” y que acabó dando con sus huesos, como tantos otros, en la televisión, cuenta la historia de un par de bandas juveniles que el día de un atraco se topan en las calles de Chicago, originando un enfrentamiento. Este encontronazo degenera en un tiroteo en el que uno de estos muchachos, mata al hermano pequeño del lider de la banda rival. Es capturado e ingresa en prisión, donde se hace el amo de la misma. Buscando venganza, el hermano del niño muerto, acaba violando  la novia del asesino de su hermano, y por ende, entra también en prisión. El encuentro de estos dos delincuentes, además de conformar el grueso de la película, resulta una bomba de relojería.
Condenadamente entretenida esta “Bad Boys”, amén de tener un trabajo de dirección encomiable, y una ambientación desasosegante, en parte, porque el elenco estaba compuesto por carceleros y reclusos reales. Conocida es la anécdota en la que al pasar por el pasillo, Penn, nada más ingresar su personaje en prisión, es cosido a escupitajos por los reclusos. Esto fue idea del actor, que instó a estos a que lo hicieran, y desde luego se consigue una de las escenas más impactantes del film, por su realismo. Y todo funciona como un reloj en la película, porque se apoya en un excelente guion, que estructura con maestría Richard di Lello (que de lelo no tenía nada), que continuó en esta línea firmando unos años después el libreto e “Colors: Colores de guerra” de Dennis Hooper. Y tanto Sean Penn como Esai Morales —al que hemos podido ver, por ejemplo, en “La Bamba”—, están estupendos.
Penn demostraba ser un actor metódico desde el principio del rodaje, sugiriendo que se le hiciera un prótesis que deformara sus dientes para hacerlos parecer castigados por la vida, o yéndose por la noche a  patrullar con la policía, y el director Rosenthal, a los barrios bajos, donde un buen día fue tomado por un pandillero real y fue asaltado por otros que le suponían del bando contrario. Un entusiasmo que ya no tendría hasta “Yo soy Sam”. No el vano, fue el elegido dentro de un largísimo casting que tenía a Kevin Bacon o a un emergente Tom Cruise como firmes candidatos al papel protagonista.
Otra de las excentricidades de Penn, mientras trabajó en la película, es que no permitió que nadie le llamara Sean; a partir de los ensayos todo el mundo tenía que dirigirse a él con el nombre del personaje, o sea, Mike.
Desde luego, su actuación no pasó inadvertida, por lo que durante aquellos años se le consideró el mejor actor joven de su generación. Incluso, consciente de este estatus, poco después de “Bad Boys”, Penn se permitió el lujo de aconsejarle a Tom Cruise que no hiciera el papel que se le había ofrecido en la “Screwball Comedy” “Ir a perderlo... y perderse”, la comedia tipo “Porky´s” que protagonizó Tom Cruise. Obviamente, este no hizo caso, y más, cuando el propio Sean Penn, se había ganado una reputación protagonizando una cinta de las mismas características: “Aquél excitante curso”.
Por otro lado, Penn actuaba con tanta intensidad, que en una escena en la que se fuga del correccional y corre campo a través, este se cayó, rompiéndose el tobillo en la vida real, motivo este por el cual le escayolaron y el rodaje se tuvo que suspender durante las 8 semanas que estuvo con el tobillo roto.
A la vista de todos está lo que ha sido la carrera de Sean Penn a partir de entonces, pero yo creo, que pocas veces ha estado tan bien como en “Bad Boys”; a posteriori, Penn a tendido a sobreactuar, por no hablar de cuando ha hecho de retrasado mental.
La película es un pequeño clásico moderno, una joyita de los 80 casi olvidada, a la que en nuestro país le fue regular, cuando al ser estrenada tan solo congregó a 423.000 espectadores.
De todas formas, estoy pensando, que igual, “Bad Boys”, mejora con los años.
Muy recomendable.

lunes, 28 de agosto de 2017

GHOST

“Ghost” fue un fenómeno social en 1990, una película que habiendo costado tan solo 22 millones de dólares, llegó a recaudar cerca de 600 convirtiéndose así en la película más taquillera de los 90, y uno de los films de mayor trascendencia en su momento.
Con fama de moñas, de edulcorada y de estúpida, fui a verla de adolescente al cine, como cualquier hijo de vecino (en España fueron a verla cerca de 4 millones de espectadores) y pese a los cientos de pases televisivos que se le ha dado, jamás volví a verla. Recuerdo que en su momento me entretuve, pero no es el tipo de cine que suscite mayor interés en mí. Así que recientemente, y aprovechando que la tenían en un “Cash Converters” por un pavo, dedico ver como ha aguantado el paso del tiempo.
Cuenta la historia de un banquero que está a punto de casarse con su novia, hasta que este es asesinado por un ratero, y quedar en tierra su fantasma. Este, vagando por la vida, descubre que su asesinato no ha sido fortuito, sino planeado por un compañero suyo que está robando unos cuantos millones de dólares y que casi ha sido descubierto por él. Con la ayuda de una Médium, nuestro protagonista hará que su novia descubra todo el entuerto que gira en torno a su asesinato, para así poder irse en paz, no sin antes decirle  a su novia lo mucho que la quiere y la cantidad de amor que se lleva al otro barrio. A las féminas, les encantaba este argumento, y les encantaba el bueno de Swayze, temprana y tristemente fallecido hace algunos años.
Teniendo en cuenta lo mal que queda a día de hoy el cine noventero, he de decir que no ha envejecido tan mal, ni es tan edulcorada ni tan moñas, pero tampoco es una película a reivindicar. Es puro “Fast Food”, ver y olvidar. Sin más.
Sin embargo, toda ella es una rara avis, puesto que fue un enorme éxito a nivel mundial –y una peli muy de su época-  con un director que venía de hacer un cine opuesto a este, que luego no tuvo mucha suerte.
Y es que cuando el guionista Bruce Joel Rubin salió del teatro de ver una obra clásica, y en ella, un fantasma le dice al protagonista que ha de vengar su muerte, se le ocurrió que ese era un buen punto de partida para una película de Hollywood, por lo que desarrolló el guion de “Ghost” y  al verlo los ejecutivos del estudio, a estos les entusiasmó, por lo que el producto tuvo luz verde en seguida. En la mente de  Rubin, estaba que la película se convirtiera en un clásico moderno –lo consiguió, no obstante-  Y producida por Paramount, mucho se tenía que torcer la cosa. En su mente, la película estaría interpretada por Tom Cruise, que rechazó la oferta. Tom Hanks, que parecía adecuadísimo en ese momento, lo rechazó por el mismo motivo que Cruise; no quería interpretar personajes que estuvieran muertos, por pura superstición.
Más avanzada la preproducción, Paramount vino con la estupenda noticia de que ya tenían director para la película. Dijeron que habían conseguido al mejor, al más rentable. Rubin se esperaba a Steven Spielberg o a Martin Scorsese, pero el estudio le dijo que no, que tenían uno mejor todavía. Cuando preguntó que de quién se trataba, y el estudio respondió que Jerry Zucker, Rubin se llevó las manos a la cabeza. ¿Cómo iba a dirigir uno de los directores de “Aterriza como puedas” o “Top Secret” su película? No parecía el adecuado, pero el estudio convenció a Rubin de que esas películas, no solo habían sido taquilleras, sino que además de eso, eran muy buenas películas a pesar de ser “Spoofs”. Nada más conocer a Zucker, y ver los puntos de vista comunes, y el entusiasmo que le ponía al proyecto, pronto hicieron migas y el trabajo fue armonioso. Zucker, estancado como estaba en esos míticos “Spoofs”, quería cambiar de tercio y hacer algo distinto.
Así pues, con las presencias de Demi Moore, que despuntaba, y Patrick Swayze que le encantó a Zucker tras verle en un programa de televisión emocionarse con la reciente muerte de su padre, amén de ser uno de los pocos actores que no rechazaron el papel por hacer de muerto, pusieron en marcha una película que si ajustamos a los precios de hoy en día, sería una de las más taquilleras de todos los tiempos. El contrapunto cómico lo puso una muy en alza Whoopy Goldberg, que acometió el papel de médium sin chirriar demasiado, y se convirtió, según la crítica yankie, en lo mejor de la película. No en valde se llevó el Oscar a la mejor actriz secundaria ese año.
La película fue un bombazo en todos los sentidos, se metió a público y crítica en el bolsillo, miles de parejas se enamoraron viendo la película –o escuchando su banda sonora compuesta de viejos éxitos de décadas anteriores- y dejó para la posteridad la romántica escena en la que, mientras los protas se manosean un poco haciendo alfarería, hacen el amor de una manera sexy y delicada. De hecho, esta escena propició que en 1990, se dispararan las matriculaciones en las escuelas de alfarería. Cosas estas que solo provoca el cine.
La carrera de los tres protagonistas se relanzó con mayor fuerza, si bien es cierto que Zucker, aún habiéndose desencasillado, tan solo haría dos películas después, “El primer Caballero” y “Ratas a la carrera”, sin embargo, tuvo una prospera carrera como productor.
Y del resto, ya saben. Clásico moderno, de los pocos que dio la década de los noventa en lo que a cine de estudio se refiere (que ya sabemos que el indie de aquellos años está muy bien considerado).

miércoles, 15 de febrero de 2017

LOS FOTOCROMOS DE "RAIN MAN"

Ya saben... Tom Cruise, y Dustin Hoffman, su hermano autista.
Y aquí sus fotocromos.









viernes, 17 de junio de 2016

EN ALGÚN LUGAR DE LA MEMORIA

Me hace mucha gracia que cuando Adam Sandler hace de mongólico en “Little Nicky”, es poco menos que una aberración, un bufón sin gracia alguna que jode la vida de los críticos y a una parte muy esnob del público. Esa misma parte, es la que luego hace como si nada cuando todo son vítores en los papeles en los que Sandler, hace de mongólico en papeles dramáticos en películas de corte autoral. Pero a Adam Sandler se la pela todo esto, y de primeras rechazó el papel de esta “En algún lugar de la memoria”.
Pero no era una película concebida para su lucimiento. Ni para el de su partenaire Don Cheadle, si no que en el papel, la película estaba destinada a ser protagonizada nada menos que por Tom Cruise y Javier Barden. Cruise en el papel que al final haría Sandler y Barden en el de Cheadle. Tom Cruise no quiso hacer la película tras mucho cabilarlo y fue entonces cuando el esnob Javier Barden sugirió que protagonizara la película Adam Sandler tras haberlo visto en “Punch Drunk Love” de Paul Thomas Anderson. Sandler, a sus cosas, preparando alguna de sus películas populacheras que son las que le generan millones, leyó el guion y dijo que nanai, que no iba a hacer una película tan deprimente.
Vista la falta de interés por todas las estrellas a las que se le ofrecían los papeles, Barden decidió no hacer la película. Es entonces cuando Adam Sandler leyó por segunda vez el guion, le vio las posibilidades, y aceptó hacerlo. Y después vino Don Cheadle. Y aquí es cuando yo doy gracias al cielo porque esta película con Cruise y Barden, hubiera sido insoportable, todo lo contrario que con el casting definitivo, que es el que hace que una historia tan triste y tan bonita funcione.
Cuenta la historia de un dentista (Sandler) que resulta que pierde a su mujer y a sus hijas en uno de los aviones del atentado a las torres gemelas. En consecuencia sufre trastorno post traumatico que lo deja medio tonto. Por otro lado tenemos a otro dentista (Cheadle) que aunque ha triunfado en la vida se siente solo y sin amigos, por otro lado tiene que lidiar con una paciente la cual le quiere chupar el rabo –literalmente- y  ante la negativa de esta, la mujer le denuncia al dentista por acoso, como acto de venganza. Resulta que estos dos dentistas eran compañeros de piso en la Universidad, y ya adultos, se reencuentran con sus penas y sus traumas, y en torno a su relación gira la película.
La verdad es que es una de estas películas bonitas que le dejan a uno el corazón en un puño, bonita, pero no babosa, ni cae en el sentimentalismo barato. Además de hacer un alarde técnico encomiable y tener la capacidad de enganchar al espectador con una historia muy sobria.
Sin embargo, no cuajó mucho. Quizás por una clasificación para mayores de 16, la película apenas reacudó 22 millones de dólares, lo cual para los estándares americanos es una miseria. Pero más miseria son los 96.000 eurillos que dejaron en la taquilla los 17.000 espectadores que fueron a verla. Y es una pena, porque esto es cine con mayusculas, bonito que te cagas, y esteta, casi, hasta dar grimilla.
A mí me ha encantado.
Sin embargo, es curioso que esta película sea obra de su director y guionista Mike Binder, que no destaca precisamente por tener en su haber películas tan buenas, siendo el responsable de cosas tan inocuas como “Diario de un ejecutivo agresivo” o “Lo mejor para ella”. Se ve que aquí puso toda la carne en el asador.

viernes, 25 de octubre de 2013

ALAS ROTAS

Tardía  “explotation” patria de “Top Gun”, perpetrada por el manazas de Carlos Gil, asistente de dirección del mismísimo Spielberg (no se confundan que, básicamente, el asistente del director es el que le trae los cafés, o le masajea los pies) y de otros tantos directores de Hollywood cuando estos ruedan en España, y que cuando consigue una subvención para dirigir él mismo sus propias películas, apuesta por géneros más “Hollywoodescos” y comerciales de lo que nos tienen acostumbrados los directores nacionales.
Y si bien es cierto que cuando se apuesta por cosas “a la americana”, como pasó con títulos ajenos pero de renombre como “Los Otros” o “Lo imposible” que por lo general  son un éxito, las del amigo Carlos Gil pasan completamente inadvertidas. ¿Motivos? Obviamente los presupuestarios, pero  a parte, hago especial hincapié en resaltar la facilidad que tiene el amigo para hacer ridículo todo aquello que filma.
Su carrera como director es mas bien escueta, se reduce a unas pocas series de televisión y a tres películas, una de las cuales, “Las llaves de la independencia”, no se siquiera si llegó a estrenarse. La otra sería un “slasher” con Paul Naschy en sus filas que, aunque evidentemente ridículo y chabacano, a mí me funciona, “School Killer”. Y la que nos atañe, este “Alas Rotas”.
Cuando digo que es una “explotation” de “Top Gun”, no me refiero a plagio, no me sean mal pensados, pues salvo por la temática de  los pilotos de aviones de combate, no se parece en nada a la protagonizada por Tom Cruise en los ochenta, aunque, obviamente, se nutre de su rollo y estética.
Un piloto del ejército del aire está enamorado de su profesión, pero un buen día el médico le dice que tiene un tumor en el cerebro que le hace tener cambios de humor, y que le puede llevar a la muerte. También le prohíbe volar. El muchacho, consternado, decide romper sus pruebas médicas, ocultar a todos los que le rodean su enfermedad, y volar igualmente, en consecuencia, estando en el aire, pierde el control del avión que pilota y se mata. Con dos cojones.
Jamás me topé con una película tomada más en serio por sus responsables, y que sin embargo, provoque tantas risas involuntarias por un lado, y por otro, tantisima vergüenza ajena.
Una vez se nos ha presentado los personajes, se nos han mostrado algunas de las imágenes aéreas -estúpidas al fin de al cabo, no son combates aéreos, ni los hay en la película, son  solo maniobras y acrobacias- filmadas en video para colar en un metraje de 35 mm. que canta por soleares, y se nos ha expuesto la trama principal, la de la enfermedad del protagonista cuyos síntomas nada tienen que ver con los de un tumor real, ya se les acaba lo que tenían que contar… por lo que se tira el resto de la película, o sea, una hora y veinte -porque en cinco minutos se nos cuenta todo esto- intentando tirar para adelante sin que exista más argumento. Entonces es todo relleno, vemos los cambios de humor de protagonista que, incluso, llega a hablarle mal a su hijo de seis años ¡¡¡doblado por un adulto!!! O  a abofetear a su mujer  mientras la acusa de querer follarse a su hermano. Claro, como les oculta su enfermedad, nadie comprende esos cambios de comportamiento. Ni el espectador entiende esas interpretaciones. Por otro lado tenemos al Teniente Coronel, que advierte mucha inutilidad en el aire por parte de nuestro prota y no quiere que si se mata en el aire, esa muerte pese sobre el… así que se pasa la película preguntando al hermano de este si sabe algo sobre la salud del hermano.
O sea: Un tumor que te hace volver bipolar y maltratador, unos pilotos que se suben a los aviones para alardear, y un final desperado para darle más dramatismo a la ya de por sí dramática premisa. Jamás vi yo semejante puta mierda en una pantalla, y por ende, todo se torna divertidísimo, claro…
No deja de llamarme la atención las bochornosas interpretaciones. Como piloto enfermo tenemos a una especie de neandertal italiano, que con rasgos embrutecidos, no comprendo como al director de casting le pareció adecuado para hacer del galán de la función, Fabio Fulco, que además de feo y desagradable, mas que a la víctima de un tumor parece que esté interpretando a un retrasado mental. Es más, debe tener tanto acento italiano que, estando la peli doblada, a este le pone voz el reconocible José Luis Gil (¿Será hermano del director?) que sin ser en absoluto mal actor, ni de doblaje ni físico, dobla a este personaje como con pereza, como si supiera que está doblando una mierda de película y no pusiera ni una gota de interés en hacer bien su trabajo.
Tenemos a Ana Álvarez, malísima actriz que despuntó a parte de por tener un culo estupendo y unas de las mejores tetas del cine español, por hacer de retrasada en las películas “La madre muerta” y “Aquí huele a muerto… ¡pues yo no he sido!” pero que, sin embargo, aunque sale simulándole una felatio a Fabio Fulco no enseña ni las tetas ni el culo en esta película, ergo, no sabemos que pinta en la misma. Interpreta como puede a la esposa de “el del tumor”. Hoy por hoy, está muy envejecida la pobre.
Como Teniente Coronel, tenemos a Ramón Langa, que cuando dobla a Bruce Willis o a Kevin Costner lo hace muy bien, pero cuando le toca dar la cara, menuda mierda de películas ha hecho… Bien, pues aquí le tenemos. Dentro de lo estúpido de su papel, Langa lo hace exactamente igual que siempre, así que bien.
Mónica Van Campen aparece para enseñarnos las tetas y el coño, y actúa tan fétidamente como de costumbre, como una palurda que lee, y aún así, hay que llamarla actriz. Carlos Fuentes, el pobre, pasaba por ahí para hacer, como siempre, de macarrilla, aunque esté interpretando a un monarca. En este caso es un secundario que pinta más bien poco. Y tenemos también el debut (y despedida) en el mundo de la interpretación de Tony Aguilar, ese desagradable locutor de radio fórmula de “Los 40 principales” que durante los noventa se las daba de rapero, y que sobreactúa hasta para decir buenos días. Proporciona regocijo y carcajadas en todas y cada una de sus exageradas apariciones.
Pues todo este montón de enfermiza escoria, convierten a una película, que técnicamente no está mal (Carlos Gil, más o menos, tiene oficio), en un delirio absoluto, que sin que contenga ninguna estridencia, intencionada o no, para provocar la sonrisa al espectador, lo consigue y sin nada del otro mundo, es decir, que aquí no hay monstruos de goma espuma, sangre de color rosa, ni demencia en su argumento. Únicamente una historia de mierda. Se explota una película mítica de veinte años atrás que no por hacerlo a destiempo va a convertir en éxito instantáneo. Unos actores espantosos que enmiendan sus ya de por si lamentables carreras, y un director que yo no se si no tiene ni puta idea de lo que hace, o lo sabe perfectamente.
Total, es una peli española de 2003. Será un chanchullo como lo son todas las películas españolas desde finales de los ochenta.

sábado, 29 de junio de 2013

LA MÁSCARA QUE USABA KANE HODDER PARA LIMPIARSE EL CULO



Hoy he pasado por un afamado centro comercial Barcelonés y me he encontrado una exposición de supuestos objetos de cine reales cedidos por una coleccionista. El que más me ha llamado la atención es el que ven en la foto. Tienen la poca vergüenza de meter esta máscara de "Todo a 1 Euro" en una vitrina y decir que es la que usó Kane Hodder para hacer de Jason Voorhees (y que viene firmada por él... ¿¿ande??).
Debería haber sospechado algo cuando, nada más aproximarme a la primera vitrina, veo una careta de duende verdoso sacada del film "Legend" y al pie una nota en la que se afirma con descaro y sin decoro que es la que lucía Tom Cruise... ¿hein?, ¿Tom Cruise llevaba una careta de monstro puesta en la peli de Ridley Scott?.
Espain is diferengt!.

domingo, 11 de septiembre de 2011

AENIGMA

Honestamente, no soy de los que consideran al italiano Lucio Fulci ni un maestro, ni un astro, ni un genio. Creo que los que recurren a tales calificativos se dejan cegar por el único elemento que de verdad ha hecho atractivo alguna vez el cine del caballero: el gore. Sí amigos, pertenezco a esa ralea de chavales que en los 80 fliparon -y mucho- con los desvaríos hiper-truculentos de lo que, a fin de cuentas, es su mejor y más florida etapa: "Nueva York bajo el terror de los zombi", "El Mas Allá", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes", "Aquella casa al lado del cementerio" y "El destripador de Nueva York". De hecho, entre estas hizo otras dos producciones de horror, "El gato negro" y "Manhattan Baby", pero ninguna de ellas es recordada con fervor. ¿Por qué?, pues porque NO son tan sangrientas como las antes mencionadas.
"Aenigma" fue, precisamente, el "return" al horror puro de Fulci tras su fallida "Manhattan Baby" y después de probarlo en otros terrenos como la ciencia ficción, el drama, el thriller (que no "el terror" en el sentido estricto y sobrenatural del término) o la espada y brujería. En la prensa especializada franchute se le dio mucho bombo, y las fotos prometían mogollón. Pero, por supuesto, una vez disponible en los video-clubs Españoles y visionada, el hostiazo fue tremendo. De ahí en adelante Fulci no levantaría cabeza.
"Aenigma" es una mezcla de "Carrie" y "Patrick" con gotas de "Suspiria". La chica tontica e introvertida del colegio para señoritas es blanco de una broma exageradamente cruel que, tras un accidente, la lleva directamente a una camilla en el hospital, donde reposará en coma el resto de la peli dispuesta a vengarse desde el mas allá -sin saber muy bien cómo- de los que la llevaron a ese estado. Las muertes se pretenden impactantes, no por su violencia sino por su surrealismo y absurdismo, pero no cuela.
Hace unas noches atrás, y en un burdo ataque de nostalgia, intenté echar un segundo ojo a otro de los films que Fulci facturó en los inicios de su duradera decadencia, "Murderock", pero no pude con el. Seguidamente recordé "Aenigma", y decidí también darle otra oportunidad convencido de que, por mala que fuera, no podía serlo tanto. Y no, TAN MALA no es... pero le queda cerca. Ambas tienen en común una estética monótona y artificial, unos actores nivel "maniquí", horribles bandas sonoras (¿de dónde sacaría Fulci canciones tan espantosas?), gore bajo mínimos (desde luego nada remotamente próximo a sus mejores tiempos) y la habitual ausencia de ritmo que en este caso, y a falta de sangre y tripas, se torna insoportable.
Lo único divertido de "Aenigma" consiste en descubrir con qué posters las escolapias protagonistas adornan sus dormitorios: Tom Cruise en "Top Gun", Sylvester Stallone en "Rocky 3", Christopher Lambert o "Yoda". ¡Vaya tela!.

lunes, 20 de diciembre de 2010

EL COLOR DEL DINERO

Martin Scorsese dirige a Paul Newman y Tom Cruise en una película de billar que no habla para nada de billar. Recuerdo cuando, siendo chaval, vi la película con mi amigo Ohian. Nos flipamos tanto que estuvimos todo el verano acudiendo a un bar donde tenían mesa de billar. La mayoría de las veces solo veíamos jugar, otras cogíamos los tacos y nos dejábamos nuestros escasos dineros metiendo bolas al tuntún, usando nuestras propias reglas y no se si estropeando el tapete más de una vez. El último día nos llamaron la atención y ya no volvimos, casi seguro que rompimos algo. Tropecientos años después, sigo siendo igual de mal jugador de billar, pero al menos ahora conozco las reglas, y me sentí un poco decepcionado al ver que "El color del dinero" es más una película de jugadores y tramposos, que de billar propiamente dicho.
Paul Newman (que ganó el Oscar por este papel) interpreta a "Eddie Felson" (por segunda vez, recordemos que la reseñada es una continuación de "El buscavidas" de 1961), un antiguo campeón de billar que ahora se encarga de distribución de licores. En su local conoce a la joven promesa "Vincent Lauria" (Tom Cruise) al que propone ir de ciudad en ciudad ganándose unos cuantos miles de dólares, apostando y pegando timos. "Vincent" le sigue el juego, pero no le gusta perder, a "Felson" la edad le está jugando malas pasadas y empieza a quedarse sin vista, lo que, lógicamente, afecta a su técnica. La sociedad "Felson-Lauria" se acaba rompiendo, para encontrarse un par de meses después en una importante campeonato en Atlantic City. Allí mentor y alumno se tendrán que ver las caras de nuevo.
La película habla de hacerse mayor y saber el lugar que ocupa cada uno, pero también de timos y estafas, el deporte de fondo es una excusa, bien podrían jugar a póker, petanca o bolos, al final la historia de "Felson" es lo que importa. Véanla si no lo hicieron hace años, Newman se sale y Cruise no lo hace nada mal, aunque está sobreactuado.

domingo, 8 de febrero de 2009

MUERTO EL 4 DE JULIO

Tras el éxito cosechado con sus dos primeros "Maniac Cop", William ("Maniac") Lustig y Larry ("La serpiente voladora") Cohen decidieron unir fuerzas de nuevo (el primero director, el segundo guionista) y rodar otra peli de terror y, ¿por qué no?, intentar dar vida a otra posible franquicia. Desafortunadamente, la cosa no cuajó, y "Uncle Sam" (título original, aunque el Español tampoco está mal, como coña a costa del respetado film de Oliver Stone y Tom Cruise) quedó como un producto más del montón... y eso es precisamente.
Lo triste es que partía de un material muy jugoso (si algo le sobra a Cohen, son buenas ideas). Un marine muere en Kuwait en manos de su propio ejército a causa de un error de cálculo. En lugar de quedarse muerto, revive gracias a la fe que su sobrino tiene en él, ya que el chaval lo admira profundamente. De nuevo en casa, el tipo, convertido en un zombie oculto tras un disfraz del Tio Sam, montará una escabechina entre anti-patriotas y ex-hippies... vamos, que todo aquel que no comparta su actitud patriotera acabará feneciendo de las más diversas formas (aunque ninguna especialmente ingeniosa).
El personaje contaba con un origen y un look lo suficientemente guapos como para ser un nuevo psycho-killer molón. Sin embargo, el problema que tiene es que no cae simpático. A fin de cuentas no deja de ser un puto militar con ideas ultra-conservadoras... y nadie es más enemigo del horror y el gore que ESA clase de personas. A lo mejor por eso mismo los fans potenciales no le encontraron demasiado atractivo.
Obviamente, el film es más de tirón anti-patriotero... pero tampoco os creáis que mucho. Se aferra en exceso a las convenciones del slasher más trillado, el gore es poco llamativo y, encima, se parece demasiado a la famosa "Deathdream" de Bob Clark (es como la versión para lerdos de aquella). Se deja ver, sí, pero con Lustig y Cohen detrás, uno espera bastante más (de hecho, el propio realizador no tiene demasiadas buenas palabras que decir de ella).
En el reparto destacan algunos nombres bastante conocidos, Robert Forster, P.J.Soles, Timothy Bottoms, Bo Hopkins, William Smith... aunque casi todos tienen papeles más bien escuetos, resaltando con mayor protagonismo tenemos el legendario Isaac Hayes. En el apartado técnico destaca Roy Knyrim (maquillajes), entonces futuro director de "Cemetery Gates", "Night Skies" y "Death Racers".
Después, Lustig se retiraría de la dirección hasta hoy (últimamente había oído por ahí que estaba pensando en unir fuerzas de nuevo con Cohen y retomar las aventuras del poli maniáco... pero puede que solo sea un rumor).
En realidad lo mejor son los títulos de crédito iniciales.
Está dedicada a Lucio Fulci.

miércoles, 21 de enero de 2009

COCKTAIL

En muchas películas, el nombre de algunos personajes perduran en nuestra memoria incluso más que la propia película en la que aparecen. Como muestra el de los protas de esta hortera y entrañable película ochentera : Brian Flanagan (Tom Cruise) y Doug Coughlin (... Y su ley de Coughlin) (Bryan Brown). No se por qué extraño motivo, ayer me vinieron a la cabeza esos dos nombres.
Adquirí la película en DVD hace ya algún año, pero llevaba mucho sin revisarla a pesar de los buenos recuerdos de mi pre-adolescencia y del día que acudí al cine Benares (¡que tiempos, coño!). Llegó el momento de darle un nuevo visionado.
"Cocktail" se mantiene fresca, terriblemente hortera, pero muy fresca, sin trompicones de ritmo y sin que el rastro del tiempo haga mella en ella. Vale, las pintas son muy de su momento, los peinados causan hasta risa, pero salvando esas obviedades, podría muy bien estar rodada hace apenas un par de años. Eso sí, de aspecto físico, Tom Cruise está ahora exactamente igual que hace dos décadas. Que suerte tiene el tipo...
El ambicioso Brian Flanagan, tras acabar el servicio militar, decide que lo que quiere es hacerse millonario. Intenta probar suerte como yuppie, pero como lo único que tiene es una etiqueta de anís del mono, de casualidad una noche entra en una taberna donde conocerá al filosofo Doug Coughlin, que le enseñará todos los malabarismos necesarios para ser un buen barman. Entre unas cosas y otras, Flanagan conocerá a Elisabeth Shue, a la que preñará y dejará tirada por follarse a una ricachona y convertirse en un mantenido (el sueño de todo holgazán que se precie de serlo).
Lo que me ha llamado la atención en este nuevo visionado, a parte de que la película está muy bien, es lo machistas, vagos y crueles que son nuestros protagonistas masculinos, que, entre vacile y vacile con las botellas, todavía tienen tiempo de hacer apuestas para ver quien liga antes, o para levantarse las novias mutuamente, todo acompañado de un lenguaje soez, que yo agradezco mucho. Me hacen mucha gracia los tacos en las pelis, que le vamos a hacer...
Y es que, además, "Cocktail" es una de esas pelis multi genérica, con toques de drama, comedia, romanticismo... o sea, que no sé en que saco meterla.
Ya no se hacen como esta.

miércoles, 1 de octubre de 2008

TROPIC THUNDER (CRÓNICA DE UNA OBSESIÓN)

Supongo que si os molestáis en leer esto, ya sabéis que es lo que opino sobre Ben Stiller. Como actor y cómico, me parece un genio, como director, ya es otro cantar.
Considero "Reality Bites" sosa y pijaza y "Un loco a domicilio" correcta, pero digamos que estoy mucho más centrado en su faceta como actor.
Bien, acabo de salir del cine de ver "Tropic Thunder", en la que el bueno de Stiller, ejerce de amabas tareas.
Hace ya algunos meses, leyendo la revista de cine más famosa de España (y que me he prometido a mi mismo más de mil veces que dejaría de comprar… pero soy incapaz), miré con suma atención una foto en la que aparecía un actor negro en lo que tenía pinta de ser una película de guerra. Joder, lo que se parece este negro a Robert Downey Jr.- Pensé. Leí el pie, y vi que se trataba de la ultima de Ben Stiller, y me pareció cojonudo el hecho de caracterizar a un actor blanco de negro y quedara tan bien.
Pasaron los meses y se estrenó en USA, desbancando a "El caballero oscuro" en el primer fin de semana, y descubro que, junto a Stiller y Downey Jr. está también otro de mis favoritos: el por otro lado cargante (pero vive dios que eficaz por lo que a mi respecta) Jack Black. Por consiguiente, el interés se acrecienta en mí como hacía mucho que no se me despertaba por una película. Una sensación similar a cuando de pequeño 
veía en la tele el trailer de la nueva de Parchís y no podía esperar para ir al cine.
Pasan las semanas, y veo en las noticias que una asociación de familiares de disminuidos psíquicos se manifiesta con el fin de boicotear "Tropic Thunder" pues, por su culpa, se sienten ofendidos. ¿Y eso? – Pensé yo… claro que me lo imaginé… en la película harían chufla de los retrasados mentales (y vaya que si la hacen…).
Por fin se estrena este pasado fin de semana. No puedo ir a verla porque tengo que trabajar, así que espero al Lunes, ya que es el día que yo libro. Durante la noche del domingo no podía dormir, solo por saber que iría a verla, una sensación que no tenía desde pequeño, os lo juro…
Llega el Lunes, y mi mujer y yo cogemos el coche para dirigirnos al cine. Pero se truncan mis planes. En plena carretera, hay una pieza de hierro y mi mujer, que es la que conduce, no logra esquivarla. ¿Consecuencia? La pisamos y se nos revienta una rueda, con lo cual salimos disparados haciendo espectaculares eses y casi nos matamos. De chorra logramos ir al alcen y parar allí. Salimos del coche acojonados y vemos que donde antes había una rueda, ahora solo hay un amasijo de hierros triturados. Pero gracias a dios, nosotros estamos sanos y salvos. Llamamos a la grúa, esta se presenta, y nos dice que igual nos ha salvado mi peso, que como la rueda estaba justo debajo de mi, con mi gordura he frenado el coche (es pequeño, un Cinquecento) Para que luego digan que nos pongamos a dieta. Llevamos el coche al taller y, milagrosamente también, el único daño lo ha sufrido la rueda, que quedó destrozada, pero el resto está impoluto. Tenemos problemas para encontrar llantas de ese tamaño, así que todo el santo día de taller en taller.
Así que decidimos que veríamos la película hoy, cuando el coche estuviera arreglado. Bien, además, dice Naxo, que la peli no está mal.
Pues de la obsesión por verla, esta noche he soñado con "Tropic Thunder". Y con unas expectativas tan altas, me siento en la butaca del cine y comienza. Dichas expectativas se cumplen desde el primer falso trailer, en especial me ha dado un ataque de risa con el titulado "El túnel de Satán". Por lo demás, gore, acción, buenos gags, Robert Downey Jr. haciendo un papelón, guiños, 
Tom Cruise impecable… la mejor película de todas las que he visto desde los años 80. No digo más, vayan a verla o lo lamentarán. Es una autentica OBRA MAESTRA DE OBRAS MAESTRAS. Exactamente lo que quiero ver cuando me siento ante una pantalla.
Y si quieren saber cosas más concretas, visiten los cientos de blogs que hablan de ella, antes que nosotros y con más visitas que nosotros.

martes, 25 de diciembre de 2007

LA GUERRA DE LOS MUNDOS (2005)

A inicios de los 90, Steven Spielberg estaba en mi lista de los cineastas más odiados. Cierto que el director de cosas como "Hook", "La terminal" o que nos castigó los sentidos con la hiperagobiante promoción de "Parque Jurásico" bien merecería un cachete. Pero seamos sinceros, aquella actitud no era más que esnobismo por mi parte. ¿Qué sentido tenía detestar al cineasta que había dirigido o producido la mayoría de películas que habían dado color a los años más mozos de mi vida y que me llenaría el cerebro de imágenes y emociones imborrables?, hagamos un leve repaso, estas son las que pagué por ver en salas: "En busca del arca perdida", "Indiana Jones y el templo maldito", "E.T. El extraterrestre", la magnífica trilogía de "Regreso al futuro", "Gremlins", "Esta casa es una ruina", etc, etc... y unos pocos años después: "Parque Jurásico 2", "Buscando al soldado Ryan", entre otras.
No reconocería tal esnobismo hasta que, empujado por mi devoción hacia el cine catastrofista, fui a ver "La guerra de los mundos" y quedé anonadado, de hecho, hoy día considero esta película una de mis diez favoritas. ¿Y por qué?, sencillamente porque logró darme miedo, en una época en la que raramente el cine de ficción lo consigue... de hecho, hasta tuve un par de pesadillas relacionadas muy directamente con esta adaptación del clásico de H.G.Wells. Lo juro.
"La guerra de los mundos" fue todo un éxito de taquilla, y hay quien ve en ella los mismos valores que yo. Sin embargo, también me he encontrado con mucha gente que la desprecia. Pues os diré algo, no me sorprende.
La gente tiende a quejarse cuando una película recurre a sobados clichés, sin embargo, en cuanto alguien osa saltárselos, es insultado desmedidamente por una audiencia que, inconscientemente, echa en falta todos aquellos elementos tan familiares que, aunque los critica, en esencia le son del todo necesarios. De una superproducción sobre una invasión extraterrestre con los nombres de Spielberg y Tom Cruise en cabeza, ¿qué es lo que puedes esperar?, pues más de lo mismo, pero con múltiples lujos. Es decir, "Independence Day" pero en buena. Solo que Spielberg es mucho Spielberg, y como confesaba el guionista del film en los comentarios del dvd, lo primero que se hizo fue una lista con todos aquellos elementos habituales en esta clase de pelis con la intención de evitarlos a toda costa. Eso es: monumentos famosos destruidos, el ejército de frente luchando heroicamente contra los enemigos, los discursos patrioteros, científicos que descubren el modo de derrotar al invasor y de cómo su hija se enamora del protagonista... nada de todo eso está en esta "Guerra de los mundos". Es más, solo hay dos secuencias en las que el ejército hace acto de presencia, y es en una de ellas, la más espectacular por su pirotecnia, donde vemos los tanques disparar, los aviones dirigirse raudos hacia el enemigo... pero, y ahí está la sorpresa, nunca divisamos a este recibiendo los impactos, ni devolviéndolos. La única secuencia clásica es al final, con los soldados disparando un cohete a una de las naves enemigas, momento este obligado narrativamente, pero que también agradecemos puesto que es un placer para los sentidos ver un momento tan icónico de la ci-fi de los 50 recreado con la tecnología moderna.
Y es que "La guerra de los mundos" habla de una invasión marciana desde el punto de vista de un individuo, centrándose en sus calamidades. El cineasta arriesga, de eso no hay duda, y más si tenemos en cuenta el peso de su nombre entre las plateas. Secuencias enteras son narradas mediante luces y sonidos, otras, que en una peli al uso hubiesen sido álgidas, las vemos a través de un televisor (cuando descubren que no es sólo una nave, sino un ejército de ellas), ¿y que me decís de la larga escena con Tim Robbins, totalmente huérfana de espectáculo y considerablemente extensa?, situada en medio de la trama y en general rechazada por el público, siempre tan impaciente. A pesar de todo eso, una opereta de ciencia ficción (y terror, como bien aclara el mismo director) de Spielberg sin momentos grandilocuentes, sería como una Fanta sin gas. Momentos de esa clase hay, y no pocos, pero permitidme que destaque la aparición de la primera nave invasora. Una obra maestra en si misma, cargada de suspense y terror que, a mi, me aceleró el corazón a mil. Increíble pericia aquí la del cineasta, logrando tantas emociones de intranquilidad partiendo de una base tan fantástica -de fantasía (incluido el aspecto del artefacto)-, en parte gracias a una fotografía que, ante todo, busca el absoluto realismo. Y es que cuando la fantasía se ilustra mediante una pátina de verismo bien entendida, los resultados siempre son sabrosos, y ahí tenemos otras joyas del calibre de "El Exorcista" o el "Superman" de Donner que lo demuestran con creces.
Naturalmente no todo es oro en "La guerra de los mundos", la inevitable escena de lucimiento para el protagonista, cuando es capturado por los marcianos, y logra destruir su nave con la ayuda de unas oportunas granadas, chirría que da gusto. Es facilona y cutre, aunque, obviamente, era algo que probablemente iba estipulado en el contrato de Tom Cruise. Resulta curioso, y preocupante, que a las nuevas generaciones fuese ese el único momento que les gustó de lo que consideran una película aburrida (o directamente, una mierda). Así vamos.