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viernes, 25 de agosto de 2023

UN CUBO DE SANGRE

Rodada bajo el título provisional de “The living dead”, “Un cubo de sangre”, encargo de la "American Internacional Pictures" para Roger Corman, es el paradigma del “cine de culto”, no solo porque existe un nutrido grupo de fans que la reivindican desde hace años, sino también porque se trata de una película que, aunque resultó rentable, no supuso un éxito de taquilla ni mucho menos, recaudando en su carrera teatral poco más de 180.000 dólares. Lo que sucede es que como sus gastos de producción apenas rozaron los 50.000, esta película, rodada en tan solo 5 días reaprovechando los decorados del film “The diary of a High School Bride”, generó algo de dinero.
Lo que convierte en especial “Un cubo de sangre”, es que probablemente sea una de las mejores de cuantas dirigió Roger Corman —con permiso de “El hombre con rayos X en los ojos”— y una de las dos o tres películas en las que Dick Miller es el principal protagonista. Casi parece concebida para su lucimiento.
Por otro lado, muy inteligentemente, el film se mofa de la cultura "beatnik", muy en boga en la California de finales de los 50, así como del mundo del arte en general, retratando a todos estos hipsters del pasado como ignorantes poseurs sin criterio que, en realidad, no se enteran de nada. Una película totalmente atemporal y de la que deberían aprender muchos hipsters malasañeros a los que a día de hoy les sucede lo mismo que a los "beatniks" que nos muestra "Un cubo de sangre": Que son retrasados mentales.
Cuenta la historia de Walter Paisley (luego, a modo de guiño, Miller interpretaría a un montón de personajes con este nombre en infinidad de títulos: “Aullidos”, “Kill Bots” o “En los límites de la realidad”), un camarero bastante inepto que se gana la vida en una cafetería de "beatniks" donde se suele recitar poesía o algunos artistas exponen sus obras. En esa tesitura, Walter anhela ser artista y que le adulen, pero sus acercamientos al mundo de la escultura nunca son fructíferos. Accidentalmente, mata al gato de su casera, así pues, para esconder el cuerpo lo recubre con arcilla. De este modo, se lo lleva a la cafetería haciéndolo pasar por una obra suya. Todos quedan asombrados ante el talento de Walter y el realismo de su escultura y le exigen la creación de más obras. Como este es un tanto inútil, decide seguir haciendo más creaciones de similar índole… para las que se verá obligado a matar a unas cuantas personas.
Con guion de Charles B Griffith, “Un cubo de sangre” hace alarde de un sentido del humor negrísimo y una cordura a prueba de balas, que la convierten en una película de bajo presupuesto sin demasiado que envidiar a propuestas mainstream del mismo periodo. De hecho, Corman, que tampoco tenía el proyecto como propio, cuando vio los resultados y la rentabilidad en taquilla a poco que fuera la gente a verla, continuó haciendo películas del mismo estilo para AIP, siendo la siguiente, bastante inferior a esta, una de sus más queridas y populares: “La pequeña tienda de los horrores”.
Por otro lado Dick Miller, mientras rodaba, tuvo siempre la sensación de estar haciendo una película maravillosa, pero se le llevaban los demonios cuando comprobaba que en era en realidad todo funcionaba bajo mínimos y eso perjudicaría mucho el resultado. Durante años se estuvo lamentando de ello, pese a que se trata de una de sus películas más recordadas.
“Un cubo de sangre” es estupenda, altamente entretenida, con algunos gags de morirse de risa y una prueba viviente de que Roger Corman, cuando le apetecía, a parte de uno de los mejores hombres de negocios de la historia, también era un gran director que sabía sacar provecho a cuatro pesetas. Y sí, muy por encima de otras, podríamos decir que sería mi película favorita de Corman.
A lo largo de los años “Un cubo de sangre” generó un culto sonadísimo que propició un remake en forma de telefilm titulado “The death artist”, dirigido por Mike McDonald y protagonizado por Anthony Michael Hall en 1995, así como un musical laureado con buenas críticas en su momento.

sábado, 16 de julio de 2022

ROCK´N´ROLL HIGH SCHOOL

Si existe una lista de genuinas "cult movies", sin duda "Rock´n´Roll High School" entra de cabeza. Me refiero a la época en la que dicha etiqueta se aplicaba de manera justa, lógica y medida. No como ahora, que es de culto hasta el vídeo de tu abuela pelando patatas. Llevaba años deseando verla. Sin éxito. Incluso lo intenté en versión original a pelo, pero claro, fue un fracaso. Imagínense el sorpresón que supuso descubrirla el otro día, subtitulada, en una tele de esas de pago. No tardé nada en ponérmela entera.
¿Y por qué es de culto? Pues por varias razones. Entre ellas, quien está implicado en su creación y, por supuesto, en torno a qué famosa banda de rock and roll gira la trama. La cosa va de una chica llamada "Riff Randell" que es mega-fan de... ¡los "Ramones"! Su fanatismo choca de frente con la mojigatería y autoridad de la nueva directora en el insti, quien trata por todos los medios de poner fin al mismo rock and roll. Lo pagará caro el día que los alumnos se reboten y se hagan con la escuela al completo, para lo que contarán con ayuda de los mismísimos Joey, Johnny, Dee Dee y Marky.... Ramone, claro.
"Rock´n´Roll High School" es una comedia musical. Al estar fechada un año después del mega-hit "Desmadre a la americana", toma buena nota de aquella... especialmente en lo concerniente a ese fabuloso cartel descaradamente copiado -y muy bien- por el ultra talentoso William Stout, diseñador de producción en "El regreso de los muertos vivientes", del que ilustraba el clásico de John Landis. El humor, aunque a ratos estudiantil y gamberro, también se apunta un poco a cierto "spoof", cierto absurdismo (¿podríamos hablar aquí de influencia de "Made in USA"? podríamos... pero no lo creo) Lo que no encontrarán son tetas. Sí porros, sí coñas a costa de mal trato animal... pero el sexo se limita a una subtrama, totalmente prescindible, en la que el chico guapo del insti es un auténtico inútil a la hora de comunicarse con las chicas (giro original) y vive acomplejado + virgen. La historia que realmente nos importa es la de "Riff Randell" y su pasión por el cuarteto neoyorquino. Y son las escenas en las que suenan canciones de estos o, directamente, los vemos a ellos tocarlas (o interpretar fatalmente, con Marky y Dee Dee mirando a cámara en alguna que otra ocasión) cuando realmente disfrutamos. Obviamente, si los "Ramones" no te van, te quedarás frío. Pero si, como yo, los aprecias, pasarás un rato maravilloso canturreando sus clásicos. De hecho, me ha sorprendido lo mucho que los he vuelto a gozar cuando daba por sentado que, al tenerlos tan sobados, no me dirían nada. Craso error. Todo ello envuelto en un tono extremadamente loco, caótico, refrescante y muy divertido. Casi parece una película de los buenos tiempos de la Troma. Y no me extrañaría ni pizca que esta hubiese tomado buena nota de ella, ya que el parecido entre el desmadre de "Rock´n´Roll High School" y el de "Mutantes en la universidad" resulta indiscutible. Ambas parecen una fiesta filmada, antes que una película propiamente dicha.
Y detrás de todo esto encontramos una ristra de nombres que quitan el hipo, comenzando por el productor, Don Roger Corman que, parapetado tras su flamante "New World Pictures", quería hacer una película sobre música disco. Fue el director, Allan Arkush, quien le convenció para apostar por el rock dinámico y cafre de los "Ramones". Arkush dio forma al proyecto con ayuda de su querido amigo Joe Dante, presente en los agradecimientos, como co-autor de la "story" y en formato cameo haciendo de policía, al ladito de su inseparable Dick Miller. La carrera de Arkush -también efectuando su respectivo cameo, como portero de un concierto- ha durado hasta hoy, aunque más focalizada en la televisión. Antes, dirigió cosas tan peculiares como "Hollywood Boulevard" (junto a Dante), "Deathsport / El juego de la muerte", "Heartbeeps" (con Andy Kaufman), "Get Crazy" o "El club de los chalados 2" (su última película-película)
El reparto tampoco tiene desperdicio alguno: P.J.Soles (de "La noche de Halloween", "Carrie", "El pelotón de los chiflados" y "Alienator"), Vincent Van Patten (de "Noche Infernal"), Clint Howard como el listillo/golfo de la escuela, Dey Young (que acabaría haciendo papeles tontos en películas tan curiosas como "Spaceballs", "Perseguido", "La serpiente y el arco iris" o "Ríete como puedas", ese ignoto vehículo para Michael Winslow), los inseparables Mary Woronov + Paul Bartel, ella como la dictatorial directora del insti, él como impagable estirado profe de música clásica mutado a fan de "Ramones" y, finalmente, el DJ Don Steele (de "La carrera de la muerte del año 2000", "Gremlins" y "¿Y si nos comemos a Raul?"). Entre los asistentes al concierto de "Ramones" encontramos gentes del calibre de Arturo Vega (famoso diseñador del logo de la banda, ese que ahora lleva todo dios en la camiseta) o el mismísimo cantante de los "Germs", el monguito Darby Crash. Tras las cámaras también abundan los nombres de peso. El reputadísimo Dean Cundey se encarga de la dirección fotográfica. Y en tareas de asistente o director de segunda unidad tenemos al -entonces- futuro productor de "Piraña", "Aterriza como puedas", "En los límites de la realidad", "Top Secret!", "Robocop" o "Starship Troopers", Jon Davidson. Le acompañan el mismísimo Jerry Zucker de los ZAZ (la conexión entre esta gente y la peli reseñada es indiscutible... habría que ver quien inspiró a quien, cuanto y de qué manera) y el gran Rob Bottin diseñando (y encarnando) a un ratón gigante en uno de los gags más tontos de toda la película (fíjense que muchos de estos caballeros volverían a coincidir en futuros títulos generalmente míticos. No hay nada como hacer buenos amigos. Solo que, en este caso, el amiguismo se compensaba con sobrado talento... casi lo opuesto a lo habitual, sobre todo si hablamos de cine patrio)
Dada la naturaleza musical de "Rock´n´Roll High School" la banda sonora es, obviamente, impepinable (llegué a disponer de ella en vinilo, aunque creo que fue, sobre todo, por la cubierta) Además de muchos temas de "Ramones", destacan otros tantos de Chuck Berry, Alice Cooper, Devo, "Eddie and the Hot Rods", Fleetwood Mac, Nick Lowe, Paul McCartney & the Wings, "MC5", Todd Rundgren y Brian Eno. ¡¡Tremendo!!
Porque Corman es Corman, y no puede evitarlo, llegó a reciclar algunas imágenes del film en "Slumber Party Massacre 2" (donde las protas lo ven por la tele, aunque con unas canciones mucho más ñoñas como fondo sonoro) y en 1991 produjo una secuela directa, "Rock´n´Roll High School Forever". Gracias a su nulidad, se la señala como la razón de que la carrera de su protagonista, Corey Feldman, comenzara un imparable declive.
En definitiva, que tras tanta espera no me he sentido defraudado.  "Rock´n´Roll High School" está un rato simpática, y entretiene sobre todo en su tramo final. Fans y simpatizantes de "Ramones", no perdérsela.

sábado, 23 de enero de 2021

AMAZONAS EN LA LUNA

Si existe algo próximo a una secuela de la mítica "Made in USA" esa es, indudablemente, "Amazonas en la luna". No ya por su parecido formal, a base de aunar gags donde se parodian anuncios, programas de televisión y películas, también por la incursión directa de personal implicado en aquella y algunas de sus coñas, entre ellas la "aparición" de "Samuel L. Bronkowitz", el ficticio productor de cine que para la ocasión es acreditado como tal en la película dentro de la película. Si en "Made in USA" aquella era una chota a costa de "Operación Dragón", aquí toca reírse de las epopeyas de "serie B" de ciencia ficción cincuenteras (con especial fijación en "Cat-Women of the Moon") a base de diálogos ridículos, guiños (esos trajes espaciales idénticos a los de "Planeta Prohibido"), efectos especiales voluntariamente chapuceros (hilos sujetando planetas y naves) y el constante salto de escenas, ya sea por la interrupción de divertidos cortes bruscos causados por el supuesto mal estado del celuloide, o la lluvia imparable de anuncios/sketchs (en la versión española la locución de los primeros los hace el mismo doblador de "Made in USA"). Estos se dividen entre los graciosos y los insípidos. En el grupo de los primeros tenemos el del hospital donde un doctor pierde el bebé recién nacido de una ilusionada pareja e intenta disimularlo cambiándolo por un "Señor Potato" -siendo a mi juicio el mejor- . El entierro en el que son invitados una serie de famosos cómicos reales yankis que harán coñas a costa del difunto. El programa de misterio donde el mismo presentador se refiere a todo como "chorradas" (impagable la "recreación" del hundimiento del Titanic). El hijo del hombre invisible que no lo es. O el que se nos reserva para después de los créditos, una parodia de la típica película "exploitation" con supuestos fines moralistas. Luego están los flojicos, que los hay, como el del chaval que quiere comprar condones a escondidas y acaba convertido en una celebridad o el del paté que se estira y rebota para mayor regocijo de los invitados a una fiesta. 
Honestamente, "Amazonas en la luna" no es una película con la que te partas de risa, o te descojones hasta las lágrimas. Para nada. Sin embargo, sí resulta un visionado muy entretenido, pero mucho, que te deja una sensación harto positiva y saludable. Sonríes unas cuantas veces y el buen rollo general se te contagia. Será por esa iluminación tan clara (tan televisiva, cosa que opino es expresa) o porque, aunque hay algunos gags de tirón erótico -luego hablamos de ellos-, el humor no es especialmente escabroso ni ofensivo, en este sentido "Made in USA" era mucho más hijaputa. Así que, a pesar de que el nivel de comedia queda lejos de ser excepcional, puede arreglarte perfectamente una tarde sosa o una noche aburrida.
Aunque para excepcional, y sorprendente, el personal implicado tanto delante como detrás de la cámara. Es realmente impresionante, de verdad. Hagamos el repaso completo. Entre los actores más o menos de primera división, localizamos a Arsenio Hall, Michelle Pfeiffer, Griffin Dunne, Joe Pantoliano, Rosanna Arquette, Steve Guttenberg, Henry Silva, Robert Picardo, Charlie Callas, Ed Begley Jr., Kelly Preston, Marc McClure, Andrew Dice Clay, Carrie Fisher y Paul Bartel. Existe una versión de la película para la televisión y el mercado del dvd estadounidense con unos pocos sketches inéditos para nosotros (bueno, no del todo, ya que figuran en los extras de la edición patria) con Jenny Agutter, Bernie Casey, Ronny Cox y Robert Loggia.
Si descendemos unos peldaños y nos centramos en actores más de culto, localizamos a Sybil Danning (básicamente haciendo el mismo papel que luego haría en "Los Dreggs"), William ("Blackula") Marshall, Dick Miller, Lyle Talbot (habitual en los repartos de Ed Wood) y Joey Travolta (hermano de...)
Tampoco se queda corta la lista de cameos, por ahí asoman Forrest J. Ackerman, B.B. King, Ira Newborn (habitual compositor. Suya es la banda sonora de "Amazonas en la luna", salvo cuando usan música de archivo. Sin ir más lejos, en un momento dado podemos oír un tema que también sonaba en el soundtrack de "Creepshow") y el más curioso del pack, Russ Meyer in person.
Ya que hablamos de tetas, la antes mentada ración de erotismo se la podemos agradecer a las presencias y ubres impresionantes de dos chicas Penthouse, Corinne Wahl y, cómo no, la legendaria Monique Gabrielle que se marca uno de los gags más celebrados.
En la dirección, dos que no necesitan presentación: John Landis (sí, responsable de "Made in USA") y Joe Dante. Les acompañan Carl Gottlieb (director de "Cavernícola" pero conocido y respetado sobre todo por su faceta de guionista, donde encontramos "Tiburón 1 y 2" y "Un loco anda suelto"), el legendario productor Robert K. Weiss (a quien debemos la existencia de un porrón de míticas comedias, comenzando por la misma "Made in USA", pasando por "Granujas a todo ritmo" y terminando con la saga "Agárralo como puedas") y el poco llamativo Peter Horton.
La pareja de guionistas, Michael Barrie y Jim Mulholland, eran auténticos maestros de la comedia televisiva desde los años 70, lo que explicaría muy mucho por qué "Amazonas en la luna" se fija en este medio más que ningún otro.
En definitiva, una película altamente recomendable por su buenrollismo y capacidad de amenizar cualquier velada.

lunes, 26 de octubre de 2020

LAS PESADILLAS DE FREDDY

El próximo día 31 es Halloween, festividad a la que no tenemos ninguna manía en "Aquí Vale Todo" (y que pensamos puede convivir perfectamente con la propia). Por ello, esta semanita se la vamos a dedicar estrictamente al género del terror y aledaños, comenzando hoy Lunes con todo un clásico... aunque en vertiente "povera".
Siempre me ha escamado que se incluya la saga de "Pesadilla en Elm Street" en la etiqueta de "slasher" junto a "Viernes 13" o "Scream". Para nada creo yo que encaje, por su generoso elemento sobrenatural y, sobre todo, su asesino, un personaje excesivo y charlatán carente de toda áurea inquietante. Sin embargo, sí hubo una ocasión en la que Freddy Krueger estuvo cerca de considerarse "slasher" y fue en el primer capítulo de la serie de televisión "Las pesadillas de Freddy", lógicamente esputada a partir de su gran éxito.

Al narrar el origen del personaje, antes de su paso a sueñilandia, tenemos un Freddy con toda la carne pegada a los huesos y que mata en el mundo físico, agazapándose en la oscuridad para atacar. A mi, toda esta parte, me encaja perfectamente en los parámetros del cine de acuchillamientos. Pero claro, luego vienen los padres de las víctimas que, enfadados al ver al de las garras librarse de la silla eléctrica, corren hasta su guarida y le prenden fuego. Entonces sí, de ahí pasamos a terreno conocido (externo ya al del "slasher" puro). Los sueños, las visiones surrealistas y un Freddy bocazas e irritante que se toma la revancha.
De este modo, lo que queda es una especie de versión condensada y extremadamente sosa de una típica peli de "Pesadilla en Elm Street". Los elementos truculentos brillan por su ausencia, siendo una época en la que aún no se permitía mostrar sexo y violencia en la caja tonta.
Dirige Tobe Hooper ¿Se imaginan lo que, en otras circunstancias, habría significado que el responsable de "La matanza de Texas" firmara un capítulo de la serie de Freddy Krueger? ¿Sensacional, verdad?. Pues no. El hombre se aburre tanto con la materia, que nos contagia. Y lo que son 45 minutos de duración parecen alcanzar dos horas interminables. Una pena. Y un mal arranque para una serie que, en un principio, pretendía comerme entera e ir comentando capítulo a capítulo. Pero, ciertamente, resultó una experiencia tortuosa. Terrible. No es que fuese mala, más bien lo siguiente. Es horrorosa y todos los episodios, durando esos 45 minutos, se hacen eternos. Tanto aquellos que incluyen a Freddy en la trama (y que se aferran exactamente a la misma premisa: Personaje -normalmente adolescente- sufre las torturas "light" por parte del de las garras a base de surrealismo, situaciones extrañas, ridículas y terriblemente cansinas) como los que únicamente le otorgan el cargo de "host" (igualmente insufribles).
Es cierto que eventualmente encontramos rostros curiosos (Lar "Viernes 13 - 7" Park-Lincoln, Lori Petty, Jill Whitlow, Diane Franklin, George Lazenby, Bill Moseley, Jeffrey Combs, William Butler, Dick Miller, Charles Cyphers, Tracey Walter, Wings Hauser, Sandahl Bergman, John DiSanti y Brad Pitt!!) o firmas igualmente curiosas (Tom "Viernes 13 - 6ª parte" McLoughlin, Mick Garris, Ken Wiederhorn, Tom DeSimone, John Lafia, Dwight H. Little, William Malone), pero no sirve absolutamente de nada. Supongo que las prisas por realizar el producto y agenciarse unos cuantos milloncejos más les pasaron factura a los de "New Line". Por eso he decidido olvidar mi intención inicial de reseñar todos los capítulos limitándome, en plan testimonial, al primero (básicamente porque trata el origen de Freddy).
Mal, mu mal, totalmente desaprovechada.

viernes, 10 de julio de 2020

EL VIAJE

Película de Roger Corman adscrita al drugsploitation que, en cierto modo, es un pequeño antecedente de “Easy Rider”. Por un lado, porque esta tiene en su haber media plantilla de aquella. Jack Nicholson escribe el guion —con toques autobiográficos basados en sus experiencias y en su ruptura marital—, Peter Fonda y Dennis Hooper, la protagonizan. También tenemos por ahí a Bruce Dern. Y por otro, porque,  indiscutiblemente, esta película le sirvió a Hooper y Fonda de espejo en el que mirarse. Es obvio que tomaron buena nota de esta serie B en la que trabajaron para luego plasmar su locura en “Easy Rider”… Solo que si aquella es una película que pasó a los anales como uno de los pilares del cine de los setenta, esta es bastante mala, tediosa y ridícula.
La cosa va de un individuo que se da a las drogas, concretamente el LSD, en el momento que se entera que su mujer le ha puesto los cuernos. Empieza a frecuentar ambientes de hippies y drogadictos, y comenzará a consumir drogas con ellos. Así, tendrá buenos y agradables colocones a la vez que los tendrá malrolleros; sirvan ambos tipos de colocón para mostrarnos escenas psicodélicas y experimentaloides que compondrán el grueso de la película. Imágenes calidoscópicas, proyecciones psicodélicas sobre los actores que simulan hacer el amor, y toda suerte de efectos baratos para conseguir recrear algo bastante parecido a lo que es un viaje de tripi. Y de verdad, Corman, lo consigue. No es gratuito; durante la preproducción de la cinta, tanto Corman como su séquito de futuras estrellas consumirían LSD con el fin de saber cuáles eran sus efectos para poder plasmarlos en imágenes de la manera más rigurosa posible.  Bruce Dern no, Bruce Dern no quería saber nada del asunto.
El guion fue concebido por Nicholson para hacer él mismo uno de los papeles protagonistas (el de Bruce Dern), pero tras estudiarlo concienzudamente, Corman sugirió que mejor él no apareciera en la película. Y como buen discípulo, Nicholson obedeció.
Pese a que la película abre con unos créditos que, para curarse en salud, advierten al espectador sobre los efectos nocivos de esta droga (cuando lo que pretende en realidad es mostrarnos a gente tomándola sin ningún motivo y pegándose un buen viaje), en Reino Unido, el BBFC consideró que se trataba de una obra de corte sensacionalista y una apología del consumo de LSD, por lo que la película quedó prohibida en Inglaterra hasta 2002 que por fin se pudo comercializar. Claro que en Inglaterra eran muy dados a prohibir todo lo que se alejara un mínimo de lo políticamente correcto. No obstante, aunque estuvo casi 40 años prohibida, durante lustros la película circuló de mano en mano de manera clandestina y pirata.
El film es bastante chungo, puede dar la sensación de que estamos ante una película más o menos cuidada porque su fotografía es estupenda, pero luego el montaje es un amasijo de conceptos e ideas soltadas a su ser a modo de máquina de gotelé. Por otro lado,  hay escenarios y vestuario del medievo que se cuelan en algunos de los momentos oníricos en los que Fonda se come un tripi. No he podido contrastarlo pero es fácil deducir que esos escenarios y vestuario fueron reaprovechados de otra película en ciernes. No sería descabellado.
También tenemos por ahí el cameo imprescindible de Dick Miller… y poco más. Mucha lucecita, mucho colorín, y millones de planos para una trama casi inexistente y que, en el fondo, da bastante lo mismo. La gracia está en ver a toda esa tropa pasándoselo de puta madre en el rodaje y, curiosamente, actuando espantosamente, sin plantearse siquiera lo que les sucedería años después.
Para matar el gusanillo y poco más.

sábado, 17 de agosto de 2019

LA CASA DEL TERROR (TRAPPED ASHES)

A la manera de una producción "Amicus", una pandilla heterogénea de personajes termina encerrada en el comedor de un siniestro caserón donde años atrás se rodó una película maldita. El único modo de salir es que cada uno cuente sus más oscuros secretos en formato de historia terrorífica, lo que significa que a lo largo de los 105 minutos que dura "Trapped Ashes" (con soso y desangelado título hispano) nos comeremos cuatro segmentos distintos pero con un punto en común: la mediocridad. Y es que lo que aquí tenemos es toda una tragedia en formato imagen. Porque los cinco directores que se reúnen para la ocasión no son unos mindundis, ni unos novatos. Por lo menos cuatro de ellos son creadores de notable reconocimiento, demostrado talento y padres de títulos fundamentales para la historia del cine fantástico, y el cine en general. A saber: Sean S. Cunningham, director del primer "Viernes 13". Joe Dante no necesita presentación (y si hay algún alien que desconoce de quién se trata, que pique encima de su nombre). Ken Russell tampoco debería necesitarla. Monte Hellman es un cineasta de notorio prestigio que se inició con Roger Corman y anduvo unos años rodando mucho cine de ese que mola a los culturetas. Y luego está el desconocido, John Gaeta, que debuta en la dirección pero dispone de un curriculum notorio en los efectos visuales.
Entonces, que Cunningham, Hellman y, muy especialmente, Dante y Russell se curren unos segmentos tan tontos, aburridos, descafeinados y planos resulta desconcertante. Es una reunión de esas que, en sus mejores tiempos, se habría saldado con algo explosivo, pero que en 2006, año de producción de "Trapped Ashes", y ya todos algo acabados, se tradujo en una peli totalmente prescindible, prematuramente muerta y con un frío y aséptico look televisivo. Vamos por partes.
La historia de transición es puro Joe Dante en el sentido de que dispone de cierta velada "energía" y viene cargada de guiños y citas al cine de género (el más directo para Mario Bava). Además, cuenta en el reparto con dos clásicos del cineasta: Dick Miller y Henry Gibson. La primera historia es una chorrada tremebunda sobre una tía que se pone tetas más grandes y resultan ser como sanguijuelas chupadoras de sangre. Sorprende saber que el director de esto es Ken Russell (no tanto si recordamos sus arrebatos "kitch"), sobre todo porque yo le atribuía el segundo segmento, por ser más seriote/aburrido y contener tanto delirios visuales típicos de su cine como alguna secuencia de sexo enfermizo bastante provocadora (una chorba tirándose a un cadáver viviente que chorrea líquidos asquerosos). Pero no, esta viene firmada por el sosainas de Sean S. Cunningham. La tercera es la peor en todos los sentidos, básicamente porque su responsable, Monte Hellman, ignora que está rodando una peli de terror y monta un culebrón sobre triángulos amorosos donde resulta que uno de los maromos es el mismo Stanley Kubrick in person. Además, se cita al poder redentor del cine de Jean Vigo. La única escena "de miedo" se desarrolla en un cementerio y está parida tal y como si fuese cine mudo. Vamos, el reverso tenebroso de la cinefilia fricosa de Joe Dante, volcada en un peliculismo mucho más académico, empalagosamente artístico e intelectualmente respetable y previsible. Algunos dirían que es normal viniendo de Hellman, pero no podemos olvidar su pasado en el terreno de la "serie B" de monstruos y, muy especialmente, que fue el director de la zetosilla "Posesión alucinante", la tercera entrega de la saga "Noche de paz, noche de muerte". Así llegamos hasta el último segmento, dirigido por el debutante John Gaeta, que cuenta con una idea cojonuda mal aprovechada y peor desarrollada: una mujer queda preñada al mismo tiempo que le localizan un parásito en el cuerpo -la tenia-, no puede deshacerse de este sin afectar al feto, así que tira palante con los dos creciendo en sus adentros, quienes formarán una especie de enfermiza comunión.
Completan la galería de nombres el entrañable John Saxon y Roy Knyrim a los efectos de maquillaje y bichos, quien paralelamente ha desarrollado una carrera como director de productos la mar de zetosos.
Una auténtica oportunidad perdida.

sábado, 21 de enero de 2017

ENTERRANDO A LA EX

Cinéfagamente (y creativamente), soy hijo de dos grandes corrientes surgidas en plenos años 80, década en la que ambas vivieron sus momentos dorados: el blockbuster y el video-clubismo. De la primera me empapé con superproducciones de aventuras, fantasía, acción y ciencia ficción. De la segunda, con un montón de títulos ignotos, extraños, baratos y, sobretodo, ligados al género de mis amores, el terror.
Evidentemente en el grupo de las primeras destaca con luz propia lo que hizo Steven Spielberg desde su "Amblin". Y quien dice Spielberg, dice el séquito de realizadores forjados a su sombra como Robert Zemeckis o Joe Dante.
A veces me embarga el desconcierto cuando me paro a mirar/pensar y me percato de que los responsables de todas las películas míticas que alegraron mi infancia y adolescencia son personas humanas que comen, cagan, mean y, sobre todo, siguen activas haciendo lo suyo. Cuesta aceptar que el tipo que parió "Piraña", "Aullidos", "Gremlins" o "El chip prodigioso" sea una persona real y que no se levante cada mañana psicológicamente condicionado y, por ende, creativamente paralizado por el hecho de haber dirigido productos tan fundamentales para la vida de miles de seres humanos. Pero es así. Y Joe Dante, aunque ya no nada entre milloncejos y grandes éxitos de taquilla, continúa facturando películas. En ocasiones algunas de ellas miran a su pasado con resultados raramente satisfactorios (ejemplo: "Pequeños Guerreros" o "Miedos 3D", el remake no confeso de "La puerta"), y en otras hace gala del que fue otro sus fuertes -aunque menos-, la comedia negra. "Enterrando a la ex" entra dentro de este grupo.
Un devoto del cine de terror vive enchochado de una chica con la que tiene más bien poco en común. No es muy feliz con ella (sobre todo cuando le estropea unos valiosos posters), pero va tirando con resignación. Un día le promete amor eterno -después de echar un polvo, claro- delante de una figurita mágica que toma buena nota de ello. Aunque en realidad lo que quiere es cortar con la chica, así que reúne el valor y la cita en un parque para decírselo. Desafortunadamente, ella es atropellada y muere trágicamente antes de conocer la mala noticia.
Tras pasarse varias semanas encerrado en sí mismo (y viendo "Plan 9 from outer space"), el chaval conoce a otra churri la mar de atractiva y, sobre todo, con la que tiene mucho en común. Cuando más evidente se hace que entre ambos tórtolos está naciendo el amor, la novia muerta volverá de la tumba, algo desmejorada y muy cachonda para reclamar aquello que le prometió la que en vida era su pareja.
Pues sí, queridos, Joe Dante apuntándose a la moda zombie en sus últimos coletazos. Triste, pero viniendo de quien viene, se lo podemos perdonar, ¿verdad?.
"Enterrando a la ex" no es una peli de terror. Es, como decía, una comedia. Negra, sí, pero tampoco estamos ante un carnaval ni de tripas ni de mala leche. Y tampoco de tetas, por desgracia como verán unas líneas más abajo. Cuando me puse a verla, lo hice pensando que sería un mojón y que seguramente me quedaría dormido. Y la verdad es que no fue así, me entretuvo medianamente, me hizo cierta gracia, no me ofendió en exceso y aunque el final sea previsible y ñoño, la cosa se saldó con un regusto moderadamente positivo. Y es que, bueno, no deja de ser una película de Joe Dante. Y el que tuvo, en mayor o menor medida, retuvo.
El reparto es de esos bien floridos. Destaca su protagonista, el pobre Anton Yelchin, tristemente fallecido de modo demasiado prematuro. Le sigue la.... en fin, dejen que coja aire: la tremenda Alexandra Daddario o, lo que es lo mismo, las más deliciosas y comestibles tetas que actualmente podemos ver en el cine. ¡¡Madre mía, que cosa!!. Tías como estas, y senos como esos, hacen creer en dios. O en el diablo, por dejárnoslas ver pero no catarlas. En este caso el diablo es Joe Dante, que nos regala una escenita de lucimiento erotico-festivo, pero muy light, sujetador mediante. Aún así, tela marinera. Claro que uno no puede evitar preguntarse: ¿de verdad existen chicas con ese aspecto físico, esa candidez y que les molen las pelis de terror, el punk rock y demás subculturas?. En mi época no las había. Hoy, desde el horrible boom caspa-gore de los 90 y la invasión manga, sí que las hay, aunque no creo que lleguen a tal nivel de perfección (y son demasiado jóvenes para este viejo verde). En fin. Los acompañan Ashley Greene como la chica zombie (es "famosa" por su participación en la saga "Crepúsculo", pero antes estuvo en esto) y Oliver Cooper como el improbable amigo golfo y fondón que folla cuanto quiere y con quien quiere.
Siendo como es una peli de Joe Dante, no pueden faltar Dick Miller (envejecido, pero ahí lo tienen), un porrón de guiños cinéfagos (destaca uno dedicado, nada menos, que a Jack Perez, con quien recientemente Dante colaboró) y referencias directas (llama la atención ver "The gore gore girls" en una pantalla). La música se la debemos a Joseph LoDuca, habitual del clan Raimi y responsable del entrañable y minimalista soundtrack de "Posesión Infernal". Entre los productores encontramos a un personaje bien curioso, Brad Sykes, cineasta habitual del horror de ultra-bajo presupuesto generalmente grabado en vídeo.
"Enterrando a la ex" queda lejos de los mejores tiempos del cine de Joe Dante, por supuesto, pero se deja ver como entretenimiento ligero y desenfadado y, oye, después de todo me gustó más que la insufrible "Matinee" o las ya mentadas "Pequeños Guerreros" y "Miedos 3D".

lunes, 14 de septiembre de 2015

MATINEE

Recuerdo perfectamente cuando se estrenó allá por 1993  -que yo tendría unos tiernos 16 o 17 años- la nueva película de Joe Dante, director al que yo admiraba sobremanera por culpa, por un lado de “Aullidos”, por otro y sobretodo por “Gremlins”. Además, la película tenía todas las de ganárseme y contar con mis simpatías “Matinee”; Una peli inspirada en los avatares de William Castle y sus “Gimmicks” que además ofrecía un póster de lo más sugestivo. Y fui a ver la película completamente entregado y predispuesto… y me pareció un solemne coñazo.
Y pasa el tiempo, los años, y yo sigo teniendo en mente que es un puñetero coñazo. Y no se por qué, el otro día viendo la que probablemente sea mi película favorita “Ed Wood”, me da por acordarme de “Matinee”, de manera que 22 años después vuelvo a verla por segunda vez sin acordarme prácticamente ni de un solo fotograma de la misma.
Y recién vista, me reitero; “Matinee” es el mayor coñazo que ha parido madre. Es absolutamente aburrida, petarda y pesada. Es una película odiosa, y la prueba palpable de que Dante ya  había dado al cine todo lo que tenía que darle –a pesar de que, en su momento, me gustó “Pequeños Guerreros”-.
Cuenta la historia de un productor de películas de Serie B, en plenos años 60,  que va por los cines de las provincias proyectando sus películas de monstruos, a la vez que tunea los cines en los cuales proyecta, con una serie de descargas eléctricas en las butacas, efectos especiales artesanales y  teatrillos a la entrada del cine, con el fin de promocionar las películas de terror que produce y darle algo más al público –vaya, los “Gimmicks”-.  Da la casualidad de que la población está aterrada ya que hay alerta de bomba atómica y están más susceptibles de lo normal a pasar miedo. Por otro lado, tenemos un niño aficionado al cine de terror, que entre sus primeros amores y los problemas en casa con las películas de miedo, se hace amigo de este productor, al reconocer, en uno de los teatrillos que se monta, a uno de los actores. Pronto llega el estreno, y vemos la película y lo que ocurre en torno a ella durante la proyección, ya sea esto los famosos “Gimmicks” o un macarrilla que roba la recaudación a punta de navaja.
El problema que tiene “Matinee” es que Joe Dante venía de trabajar con Spielberg y  viene mal criado, y si por un lado quiere ofrecernos lo que podríamos interpretar como su homenaje a la serie B cincuentera, por otro lado nos mete una subtrama con niños repelentes de por medio al más puro estilo Zemeckis que tira de espaldas. Porque además la película no es una película de un presupuesto muy grande para querer hacer una de Spielberg. Así pues, siendo mucho mejor todo lo concerniente a el tema del sosias de Castle, esto se queda cojo y perjudicado por los putos amoríos de los insoportables niños. Por momentos roza la vergüenza ajena.  Se supone que ha de enternecer y emocionar; no lo consigue.
No mejor es el meridiano de la película, que se nos muestra gran parte de la proyección de una película con “Gimmicks”, la inventada para lo ocasión por Dante y que lleva por título “Mant”, que cuenta los sinsabores de un hombre que debido a un problema radiactivo se convierte en hormiga. Pues que quieren que les diga, las imágenes que recrean eso –y que se eternizan en pantalla- me parecen de una ambientación de mierda y que hace alarde de un humor como para tontos e impropio de alguien que si, como Dante, se ha criado viendo este tipo de películas, debería abordarlas con un poco más de respeto y no con esa guasa, que no le va bien a la película, máxime cuando el personaje sosias de William Castle es un hombre de negocios emprendedor que se toma muy en serio el asunto. Dante comete el error de mostrarnos las imágenes de la ficticia peli de serie B, sobre la que gira todo el argumento, a modo de chufla. Mal.
Todo esto daría igual en el fondo, si el resultado de la película fuera, al menos, entretenido… pero es que si en la adolescencia el visionado en cine se me hizo soporífero, tendrían que verme hace un rato, resoplando  y cagándome en la puta. Ni tan siquiera es una película a la que el paso del tiempo le conceda un culto o un estatus, es una película justamente olvidada, y no me extraña en absoluto. Es vomitiva. Ciertamente espantosa.
“Matinee” en nuestro país no llegó ni a los 100.000 espectadores en cines. Muchos me parecen, visto lo visto.
Tenemos en el reparto, como este William Castle al que le han cambiado el nombre (y que no pienso mirar a ver como lo han llamado, que no me apetece) a un siempre excelente John Goodman demarcándose de sus papeles habituales de la época (o tipo chungo o “Rafi, un rey de peso”) y que se prodiga como lo mejor de la película, secundado por gente como Cathy Moriarty (vista en “Poli de guardería” o “Los Reyes del Mambo”), el habitualísimo de Dante y por otro lado, protagonista de muchas de las películas que homenajea  aquí ( y proveniente de la factoría Corman, oportunamente),  Dick Miller (desaprovechado, exactamente igual que siempre), o John Sayles visto en  “Piraña”, “Aullidos”, o ya, fuera de casa en cosas como “Gridlock´d” o “Algo Salvaje”, además de contar con una envidiable carrera como guionista dando cuerpo y forma a films como “Los Siete magníficosdel espacio” o “Salvaje Kid”, además de tener otra carrera paralela y prolífica como director, con una filmografía en la que no hay ni un solo título destacable o reconocible por mi parte.
Probablemente, la peor película de Joe Dante, y eso incluye las últimas que ya ni se estrenan en nuestro país.

lunes, 29 de junio de 2015

EL HEREDERO DEL BILLON DE DÓLARES

Un empresario  italiano poseedor de una potente corporación muere aplastado por el logotipo de su empresa (¡) colgado en lo alto del edificio donde este está dando una rueda de prensa, dejando como único heredero de su empresa y por ende, del billón de dólares que posee, a su sobrino que vive en Italia y que nunca le ha pedido ni un centavo. Esto cabréa a los directivos de la empresa, que durante la estancia de este señor en los estados unidos, harán lo posible y lo imposible por engañarle, con el fin de que este no llegue el día señalado a la hora convenida para firmar la herencia y que la pierda, así la empresa pasa a ser, directamente, propiedad de sus directivos.
Entre tanto, este italiano de pueblo, vivirá innumerables aventuras en los Estados Unidos.
Esta película es histórica por varios motivos.
Resulta que a algún pez gordo de la Fox, se entera de que hay un actor Italiano proveniente del “spaghetti Western” que lleva a las salas a millones de espectadores de toda Europa con una serie de películas que tienen un patrón muy definido: Los mamporros y las risas. Este actor resulta ser Terence Hill. Tras estudiar sus películas, y tras contratar a un director de “Exploitations” como era Jonathan Kaplan – este venía de dirigir nada menos que “Night Call Nurses” (un “Sexploitation”) o “Truck Turner” (uno de los “Blaxploitation” de mayor fama)- ponen un pastizal para realizar una comedia a medida de este extranjero, una comedia de acción, con mucho mamporro y persecuciones, al servicio de es tal  Terence Hill. Si la cosa salía bien (y los de Fox estaban convencidos de que así sería) y Terence Hill entraba en el corazoncito del publico norteamericano como lo hizo en el Europeo (aunque a Fox se les escapa que lo verdaderamente exitoso no era Hill, si no la dupla que formaba con Bud Spencer) la inversión iba a ser sustancialmente beneficiosa. ¿Qué pasó? Que el puto italiano no cuajó, y la película fue un fracaso de tres pares de cojones. Además uno muy perjudicial para Fox que ya había tenido algún que otro fracaso más.
Este fracaso, propició que la película no se publicitara bien en el resto del mundo. No querían venderla como “El fracaso americano de Terence Hill”, por lo que se estrenó medio de tapadillo en el resto de mundo pasando inadvertida, siendo conocida finalmente como “aquella película semidesconocida que hizo Terence Hill en los USA”.
De hecho, a mediados de los setenta que en nuestro país cualquier cosa que llevara el sello Spencer-Hill congregaba en los cines cerca de los tres millones de espectadores, “El Heredero del Billón de Dólares” tan solo atrajo a 730.000, una miseria para tratarse de una película de Terence Hill. En la  decadencia  de estos, a mediados de los ochenta, cualquiera de las películas de ambos actores, hacían poco menos de esa cantidad, pero aquí estaba el rubio en pleno auge.
Y es que hay que tener también en cuenta que pintan al personaje de Terence Hill como poco más que un retrasado mental sin opinión ni personalidad, un “Echáo pa’lante” sin cerebro que, en su Italia natal, hace de la cultura popular americana su modo de vida. Estos matices rozan lo ridículo, obligando al pobre de Terence, incluso, a interpretar un teatrillo, escenificando con un niño una escena de una película de John Wayne, dando a entender a sus partenaires americanos que eso es lo que hace habitualmente y que, en esta ocasión, lo escenifica para impresionarles. Verdaderamente patético.
Pero pequeñas gilipolladas aparte (esta o la manera de morir de su tío Millonario), no se trata en absoluto de una mala película. Es más, es exactamente como debía ser el debut Americano de Terence Hill, una historia como las que él solía interpretar solo que a la americana. De hecho, aquí tenemos escenas de mamporros, solo que las coreografías nada tienen que ver con las de sus películas Italianas, tan infantiles y blancas, que va. Aquí, los mamporros son sustituidos por peleas de tipos duros en las que Terence reparte, si, pero también se lleva alguno. Por otro lado, la dirección es encomiable. No solo durante el ir y venir del personaje de Hill, que se tira toda la película corriendo; contiene unos planos aéreos de los más bellos que he visto en una película, con Terence peleando por la mujer a la que ama al borde de un precipicio, en lo alto de la montaña, mientras el helicóptero que porta la cámara se aleja, se acerca y da vueltas alrededor de la misma, en perfecta sintonía con la coreografía de los actores… Planos absolutamente acongojantes que evocan al mejor cine de Hollywood, que, efectivamente,  es el de los setenta. De hecho, técnicamente, es la mejor película en la que veremos a Terence Hill. Y en cuanto a niveles de entretenimiento, le va a la zaga. Hay un par de cagadas, la xenofobia campa a sus anchas por la producción, pero en realidad se trata de una película con un ritmo trepidante y jodidamente entretenida, tanto que me aventuraría a decir, incluso, que si no es la mejor película de Terence Hill, poco le falta para serlo. Y es que los americanos son los americanos. Pero claro, ese concepto tan mediterráneo que traía Mario Giroti (por si no lo saben todavía, que lo dudo, el verdadero nombre de Terence Hill) ¿Qué pinta entre los americanos? Nada, absolutamente nada. Y así le fue a la película, lógicamente.
Podía haber salido bien la cosa, como le salió a Antonio Banderas con Los Reyes del Mambo… pero no salió.
A Hill le rodearon de los mejores actores, por supuesto, así en el reparto, junto a él, tenemos al gran Jackie Gleason (“Nada en común”, “Su juguete preferido”), Valerie Perrine –sigo sin entender como los pajilleros ven atractiva a este feto- vista en la saga de “Superman”, “¡Que no pare lamúsica!” o “Los locos del Cannon-ball” o Dick Miller, que comparte puñetazos con Terence Hill, nada menos.
En cuanto al director Kaplan, luego se convertiría en uno de los directores de estudio más eficaces, firmando películas tan famosas y taquilleras como “Falsa Seducción”, “Proyecto X” o, sobretodo,  “Acusados”. Ahí es nada. Eso si, ¿saben dónde ha acabado?... ¡¡eso es!! ¡¡muy bien!! en la tele.
En definitiva, a mí me ha gustado la peli. Y los planos aéreos, incluso, llegaron a emocionarme. Así pues, ¡Se la recomiendo!

sábado, 1 de febrero de 2014

EL DÍA DESPUÉS DEL JUICIO FINAL

No es la primera vez que "El día después del juicio final" aparece por este blog. Ya lo hizo cuando nos dedicamos a analizar su particular caratula videoclubera hispánica. Entonces me extendí revelando algunos de los aspectos más curiosos de la película, aunque en aquel momento aún no la había consumido. Ahora sí (gracias de nuevo al gran Enorm). Así que perdónenme si ignoro un poco aquel "desvirgue" y me repito en la reseña que sigue, pero es que "El día después del juicio final" no solo es un producto cargadito de peculiaridades, encima resulta que no está ni tan mal.
Unos astronautas llegan a la tierra después de que haya sido sacudida por una guerra atómica que lo ha dejado todo patas parriba. Las calles andan infestadas de bandas y/o mutantes caníbales. Unos y otros se ceban con los escasos supervivientes. El astronauta más chanin de todos decide recorrer mundo y, de este modo, conoce a una moza recién huída de las zarpas del malvado y cruel cabecilla de uno de esos gangs tremebundos. Dispuesto a hacer justicia, planea un asalto a sus aposentos.
A "El día después del juicio final" se la conoce en su país de origen como "The aftermath". El título español es un obvio exploit del "melodrama nuclear"
"El día después", que por entonces había pegado fuerte. Originalmente fue rodada el año 1978 (siete antes de "Defcon-4", film con el que comparte casi idéntica premisa), pero por problemas en la fase de post-producción no se estrenó hasta 1983, lo que debía de resultar muy marciano ya que toda ella apesta a setentismo.
"El día después del juicio final" es una auténtica "labor de amor". En serio. A diferencia de muchos títulos del estilo en aquel periodo, se nota confeccionada por peña que disfruta con el género, en este caso la ciencia ficción, peña como Forrest J. Ackerman, el famoso uber-coleccionista de cine fantástico y creador de la legendaria "Famous Monsters of Filmland", que se marca un notable papel secundario como dueño de un abandonado museo repleto de fósiles de dinosaurio, criaturas estas por las que sienten y sentían especial predilección todos esos peronajes crecidos cuando Ray Harryhausen dominaba las pantallas. Jim Danforth responde a ese patrón. Iniciado en el campo de las stop-motion, terminaría convertido en el responsable de efectos varios en algunos títulos bien gordos. Además de encargarse de un puñado de trucajes en "The aftermath", se marca un cameo como tercer astronauta. El tema de los dinosaurios se extiende incluso al adorno de un collar que lleva el prota y que regalará a un crío que se encuentra entre las ruinas.
Toda esa dedicación salpica también a los efectos especiales, sobre todo los de tipo galáctico y apocalíptico. Inevitablemente limitados por cuestiones presupuestiles, chorrean mucho encanto, sobre todo los maquetones, que son numerosos. Aún así, no resultan excesivamente caseros, manteniéndose a un nivel bien aceptable de verosimilitud. Y en este segmento incluyo también los de maquillaje, en especial esos mutantes caníbales tan graciosos y toscos y la inesperada y sorprendente ración de truculencia. Sí, queridos, "El día después del juicio final" es bastante generosa en cuanto a hemoglobina se refiere. No faltan las cabezas estallando, las extremidades amputadas y los chorreantes impactos de bala. Caramba, ¡si incluso matan niños!. ¿Qué más necesitan sus perturbadas mentes?.
¡Ojo!, no quiero decir con toda esta entusiasta perorata que sea fabulosa y perfecta. Ni de coña. A su modo se acerca mucho a la categoría de "mala pero divertida", solo que se queda más en el segundo término que el primero, aunque sea únicamente por el entusiasmo que desprenden sus fotogramas. Va tan follada narrativamente hablando, es tal su ritmo y velocidad, que en ocasiones parecen olvidarse de rellenar algunos huecos en el guión, o detallar más las acciones de sus personajes, incrustando en medio de la acción momentos más reposados que no aportan demasiado, ni entiendes por qué están ahí y por qué en ese justo instante. Tampoco van mancas las notorias escenas dramáticas y románticas, de tan pastelosas y sentimentaloides que uno no puede evitar echar una nada maliciosa risilla. Sobresale en este aspecto un diálogo entre los dos astronautas pretendidamente profundo y existencial, que es para mear y no echar gota. Si no me creen, ahí va un extracto: "Esto no es ningún secreto para mi. Hace tiempo que odias el mundo y yo se por qué. El mundo nos ha privado de sus encantos, tu y yo hemos visto cómo cambiaba todo lo hermoso de la vida. El plástico, ¡tu odiabas el plástico!. Y yo también. Eso es todo". Decir fascinante es quedarse muy corto.
Todo ello empaquetado con una pizpireta y rimbombante música muy de los años 50 que parece totalmente material de archivo (pero que funciona) y puntuado por un clímax inaudito con un giro francamente radical y nada previsible. Que sí, coña, que a mi me gustó. Me puse a ver "El día después del jucio final" dispuesto a aburrirme mortalmente con el típico subproducto setentero, desangelado e insulso, y lo que me encontré logró algo casi imposible para mi en estos tiempos descreídos que corren: Me entretuvo.
Todo ello es mérito de su director y absoluto protagonista, Steve Barkett, quien guarda(ba) un parecido más que notorio con Sam Rockwell. Es evidente que el colega comparte ambas tareas porque no se corta un pelo en presentarse a si mismo como el héroe resolutivo y valiente de la función (casi mejor digamos superhéroe, en algunos carteles aparece megamusculado, cosa esta nada representativa de lo que vemos en la peli), sobre todo al final, cuando armado con una escopeta y dos granadas arrasa con los malos, sin dejar uno de pie ni recibir un solo balazo a cambio. Realmente explosivo y espectacular. Steve Barkett terminaría actuando en películas del inevitable Fred Olen Ray (el Kevin Bacon de la serie Z) y volvería a dirigir unos años después una ignota película con ninjas, monstruos y satanistas (¡y Richard Harrison!) que daría gusto ver, "Empire of the dark".
Otra de las virtudes de nuestro astronauta protagonista es su imbatible "sex appeal". De hecho, no tarda nada en enamorar a la chica de la peli y tirársela, mostrándonos así sus notables encantos y añadiendo un ingrediente más a la ensalada (tetas, que vuelven a repetirse en una posterior y no tan placentera escena de casi-violación). Dichos senos no pertenecen a una cualquiera, son las mismas ubres que en más de una ocasión magreó y chupó el legendario y fallecido humorista Andy Kaufman. En serio, la portadora fue su pareja en los 70, Lynn Marguiles. Es decir, el papel que interpretaba Courtney Love en "Man on the moon". ¿Y qué hace la ex de "Tony Clifton" en una peli de ciencia ficción de tercera regional?, pues tal vez tenga algo que ver el hecho de que, a su vez, es hermana de Johnny Legend, auténtico personaje "cult", devoto del cine fantástico, amigo de Kaufman (y probablemente de Forrest Ackerman), a quien dirigió en un extraño producto parido en vídeo titulado "My Breakfast with Blassie", actor (lo has visto en "La novia de Re-Animator" y "2001 Maniacos") y músico de rock and roll, suya era la canción que aparecía al final de "Biohazard/Alien 3" dirigida por ¡¡San Fred Olen Ray!!, reseña esta en la que ya hablé de las bondades de Legend por si quieren ampliar información. El mundo de las pelis de género "low budget" es un pañuelo.
Pero es que no acaba aquí la cosa. Resulta que al jefe de los malos lo interpreta Sid Haig, quien volvería a encarnar un personaje muy parecido en otra epopeya post-nuclear de  tirón cutre, "Warlords". ¿Y saben quién dirigía en aquella ocasión?, ¡sí, el RAY de Roma in person!.
Y como guinda del pastel, tenemos al mismísimo Dick Miller, musa de Roger Corman y Joe Dante (y que, no les quepa duda, también actuó para el omnipresente), poniendo voz a una grabación que escucha el protagonista. Jolín, si es que no se puede pedir más.
Con estos ingredientes, ¿cómo iba yo a dedicarle una reseña mala a "El día después del juicio final"?. Absolutamente imposible.

lunes, 6 de enero de 2014

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (39): ASOMANDO A LO LOCO Y CON LA CARA DEL OTRO (O EL DÍA DESPUÉS DEL DÍA DESPUÉS)



Considerada un clásico menor del fantástico de los ochenta, "Muertos y enterrados" es una de esas pelis que conmigo no terminaron de conectar. Es decir, me gusta, me parece buena, pero no pierdo el ano por ella. Ni tan siquiera la tengo entre mis posesiones, ni en vídeo, ni en dvd, ni en nada (aunque, ahora que escribo esto, igual ha llegado el momento de darle una nueva oportunidad, quien sabe cómo me sentará en estos tiempos en los que soy ya una vieja nostálgica). Sea como fuere, está claro que tampoco necesita presentación.
Dirigida el año 1981 por Gary Sherman en su momento de mayor inspiración (suyas también son la desaprovechadísima "Subumanos", "La jauría del vicio", "Se busca vivo o muerto" o "Poltergeist 3"), venía escrita por el siempre valioso Dan O´Bannon acompañado de Ronald Shusett, responsables del libreto de "Alien, el octavo pasajero", lo que le fue de perlas a los productores a la hora de venderla (aunque, a decir verdad, es O´Bannon el que tecleó el guión del clásico de Ridley Scott, Shusett solo aportó la "story". Curiosamente, no mucho después de "Muertos y enterrados" se estrenó "Terror final", que se valía de la misma treta promocional aunque, paradójicamente, en ese caso O´Bannon no estaba implicado). La historia giraba en torno a un pueblo costero en el que los turistas morían de modo bien truculento en manos de sus habitantes para, poco después, reaparecer aparentemente vivitos y coleando, como si nada hubiese pasado. El sheriff investigaba el caso y se llevaba el susto de su vida. Sí, queridos, "Muertos y enterrados" era una peli de zombies, solo que algo distintos a aquellos con los que últimamente nos dan tanto la chapa.
No hace falta decir que uno de los varios hallazgos del film era su inquietante poster. Tan bien les quedó que en seguida le salieron imitadores de esos que tanto nos gustan en este blog. Veamos un notorio ejemplo...



"El día después del juicio final" ("The aftermath" en v.o.) es una película que no he tenido el placer de gozar y tras leer a fondo sobre ella, ya me muero de ganas (¿alguna alma caritativa que me quiera digitalizar este Beta -préstamo de Mr.Pajarillo- y cuyo nick comienza con la letra E?, ejem...). Por lo visto estamos ante una epopeya post-nuclear rodada el año 1978 pero que no cobró vida de modo oficial hasta 1983. Cuenta la historia de unos astronautas que, tras la misión espacial de rigor, llegan a una tierra sacudida por una reciente guerra atómica. Las calles están infestadas de moteros malvados o mutantes cuyo fin es joder la vida a los pocos supervivientes que quedan. Pues sí, digamos que estamos ante una mezcla de "El planeta de los simios", "Mad Max" (que no "Mad Max 2", fechada un año después del rodaje de la comentada), algo de "El último hombre vivo" y la no menos popular "Defcon-4"... ¿o no?, en realidad más bien sería al revés, porque esta última se hizo en 1985.
Según testigos, se trata de una candidata ideal para una improbable segunda parte de nuestro pest-seller. Vamos, que de tan chunga, está la mar de divertida, algo a lo que supongo ayudarán sus notables dosis de gore y violencia. Como a nosotros nos gusta. Completan el cuadro un puñado de nombres bien interesantes, tales que Sid Haig haciendo de jefe de los moteros belicosos, Forrest J. Ackerman, Jim Danforth (en realidad su especialidad son los trucajes visuales, de animación y derivados. Has gozado de su labor en títulos tan reconocibles como "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm", "Equinox", "Dark Star", "Las aventuras de Flesh Gordon", "Cavernícola", "Creepshow", "La historia interminable", "The Stuff", "Commando", "El día de los muertos", "El príncipe de las tinieblas", "El mago de la velocidad y el tiempo", el octavo "Viernes 13" y... en fin, paro ya que me entusiasmo) o el clásico Dick Miller. En tareas de co-producción, sin acreditar, encontramos nada menos que a Ted V. Mikels. Entre el gentío de técnicos de efectos especiales (donde también figura Danforth) están Robert y Dennis Skotak, que terminarían implicados en las pelis más gordas de James Cameron. El director, co-guionista y protagonista es Steve Barkett, quien en funciones actoriles se ha dejado ver en un puñado de chusqueces de... ¡oh, no, tu otra vez!, Fred Olen Ray. Como director solo tiene otra peli más sin aparente desperdicio, "Empire of the dark", en la que un detective que persigue a un asesino da con un culto satánico de otra dimensión por el que pululan monstruos y ninjas (y es que Richard Harrison está en el reparto, algo que aclararía mucho este último punto)... ¿¿es coña??, casi parece "El anticristo 2" de Germán Monzó. Sonaba tan marciana que he buscado más info y, aunque no he leído otras referencias a los monstruos y los ninjas, la peli sí existe. ¡¡Yo quiero!! (finalmente la conseguí y AQUÍ tienen la respectiva reseña).
Pero no nos vayamos por los cérros de Úbeda, coño, que aquí hemos venido a hablar de la caratula. De la parte delantera no hay mucho que decir, es evidente que la inspiración del ilustrador ha sido "Muertos y enterrados", pero al menos se tomó la molestia de parir su propia versión, alterando un poco el original. Sin embago, para la parte trasera no se lo curraron tanto. Es fácil deducir -por el título español de la comentada y también por época- que esa imagen tan bien parida del muchacho mirando al hongo atómico seguramente pertenezca al famoso y traumático telefilm de Nicholas Meyer "El día después". ¿Seguramente?, no solo sería un dato evidente es que, encima, buscando información de esta, he dado con lo que sigue...



Y que si la pones después de la imagen extraída de la caratula de "El día después del jucio final", obtienes esto:

 

La secuencia completa de la huida del muchacho casi como si fuera un libro de esos que llaman "flip".
Es otra de las muchas grandezas de caratuleo chungo. Además de divertir, sorprender, emocionar e, incluso, indignar, te proporciona material para el ocio y las manualidades.
¡Lo que aprende uno en esta vida!

jueves, 14 de noviembre de 2013

KILL BOTS

Sin duda, la mejor etapa del amigo Jim Wynorski, fueron los ochenta, valga el tópico y la nostalgia, y mi película favorita de su extensa filmografía es esta “Kill Bots”.
A nuestro país llegó en vídeo gracias a la franquicia española de la “Vestron Vídeo” que al igual que “Lightning Vídeo”, nos abasteció, en territorio bastardo, de muchos clásicos de serie B, hoy imprescindibles históricamente hablando.
Se la conoce también como “Choping Mall”, ya que por lo visto, en el momento de su estreno con “Kill Bots” en el póster, no captó muchos espectadores, por lo que deprisa y corriendo se cambió el título por el de “Choping Mall”, que traducido sería algo así como “centro comercial chungo”, que era más acorde con los tiempos que corrían, dónde lo que de verdad estaba de moda en 1986 era ir al centro comercial. Y así lograron recaudar algo de pasta. No obstante, son muchos los países Europeos a los que la película llegó como “Kill Bots”, el nuestro incluido, y cada póster promocional era más engañoso…en la edición española, vemos una mano zombie robotizada sujetando una bolsa con partes del cuerpo humano en su interior. Bien, pues jamás llegamos a ver esos zombies robotizados en la película,  puesto que los robots asesinos que aparecen, son pequeños robotitos de corte clásico, a lo “Nono” de “Ulises 31” o el robotito de la serie animada de “Los 4 Fantásticos”. No obstante, el resto de carteles son igual de engañosos, variando únicamente la mano robotizada que sujeta la bolsa de partes humanas pero, jamás, apareciendo las pinzas que usan los robots auténticos para sujetar las cosas.
Que el engaño “caratulil” no sea óbice para dejar de ver la película. Con todas sus carencias, sin robots monstruosos, ni partes humanas en bolsas, es harto disfrutable.
La tecnología ha conseguido que se diseñen unos robots para un centro comercial que detendrán a los cacos gracias a un súper ordenador que los controla y que hace distinguir a los trabajadores de los ladrones. La mala suerte quiere que la noche en que debutan estos policías mecanizados, una tormenta joda el ordenador, por lo que los robots fallan, convirtiéndose en asesinos en potencia. Un grupo de jóvenes que se queda dentro del centro comercial celebrando una fiesta, tomará las armas y se enfrentará a ellos, antes de que se cobren más víctimas.
Un divertimento fuera de todo precedente, con un ritmo endiablado y buenos efectos especiales en según que momentos – el reventamiento de cabeza de una de las jovencitas protagonistas, no tiene mucho que envidiar ni a los de “Scanners” ni al de “Maniac”- que además de una duración escueta, como era habitual en estos productos, proporcionan entretenimiento inofensivo y eficaz. No existe película menos pretenciosa que esta.
Desde luego, si Wynorsky es lo que es, es por películas como esta, por la ingenuidad (a la hora de rodar, que no en el resto de los aspectos que supone hacer una película… de hecho decía que si se metió a esto del cine era para hacer pasta y follar… y vaya si lo consiguió) que destila, por lo que hoy es lo que es este hombre, porque lo cierto es que con sus películas actuales, no solo se le ve el plumero, sino que además, las carencias están ahí de forma expresa, por lo que su cine actual ya carece de sentido. Tomen como ejemplo “Pirañaconda”. No así con este “Kill Bots”.
Como curiosidad frikosa, decir que la película entera está llena de pósteres de las films de aquella época en las que Wynorsky o Corman tenían algo que ver, como, reconocibles por mi, “Los Rompecocos”, “La reina de barbaria”, etc, etc…
En el reparto destaca la “Scream Queen” por antonomasia Barbara Crampton, que está especialmente histérica en esta peli, y que nos regala un destete –que era por lo que, primordialmente, se la contrataba- de lo más edificante. Aunque la prota femenina es otra "Scream Queen" de segunda, Kelly Maroney, que actuaba en esta cosa. Así mismo, asoman el careto otros personajes tan cormanianos (no en balde la peli la produce Julie Corman) como Paul Bartel, Mary Woronov, Dick Miller y Mel Welles. También están el gran Gerrit Graham y nada menos que Angus Scrimm. La banda sonora la firma todo un clásico de la serie B/Z, Chuck Cirino.
Muy buena para pasar el rato.

martes, 5 de marzo de 2013

EL DIABLILLO CALIENTE

Más conocida internacionalmente como “Evil Toons”, se la identifica también con los títulos de “Dibujos maléficos”, “Dibujos infernales” o el que recibió en nuestro país a su paso por vídeo-clubs, el espantoso (y no obstante, divertido) “El diablillo caliente”.
Se trata de una película al peso de las que hacía (y hace) Fred Olen Ray, cuyo principal atractivo es ver como se desenvuelve el llamado rey de la -mal llamada- serie B moderna (o la de los ochenta) mezclando animación con imagen real. Aunque sea poca cosa… porque tampoco tiene mucho dinero para ello.
Un grupo de chicas acude a hacer limpieza en un caserón durante un fin de semana por aquello de ganarse unos dólares. De pronto, son interrumpidas en sus quehaceres (básicamente, despelotarse y practicar numeritos eróticos sin venir a cuento) por un extraño individuo con aspecto de brujo, que les entrega un paquete. Las chicas deciden abrirlo y  descubrirán que se trata de un libro sobre magia negra (inspirado en el Necronomicon de “Posesión Infernal", por supuesto) del que surge un extraño diablillo de dibujos animados (diseñado por el ilustre fanzinero Chas.Balun), completamente deudor del de Tasmania de la Warner.
Pronto poseerá, física y endemoniadamente, a una de las jovencitas, y comenzará el festival.
Es una tomadura de pelo muy recurrente en la "serie B", que el elemento que sirve de reclamo en una película, posea a un personaje de carne y hueso como excusa para no tener que mostrarlo más en pantalla y así ahorrarse un dinero. Pasaba en “Troll” -este se metía dentro del cuerpo de la niña protagonista-, y pasa aquí, con lo cual vemos un poco al diablillo del título (una animación chusquera, pero no tanto como cabía esperar) cuando hace acto de presencia a los cuarenta minutos de metraje, y otro poco en el desenlace. Así mismo, a David Carradine, que también sirve de reclamo dando -escasa- vida al extraño brujo, lo vemos en pantalla un poco más, pero bastante menos de lo prometido. Así pues, el grueso de la película se reduce a las cuatro féminas protagonistas teniendo conversaciones estúpidas y mostrándonos, pizpiretas, sus anatomías sin ningún tipo de prejuicio, y si me apuran, incluso sin explicación. Cosa que se agradece, cuando dos de las tetas que vemos alegremente son las de la  una esplendida Monique Gabrielle pre-multioperaciones, que, literalmente, deformaron su rostro y cuerpo. Aquí nos ofrece un destete tan eterno como gratuito, y que se antoja, al final, lo mejor de la película. Así que imagínense…
Con algunos planos más, la intervención de Dick Miller, como encargado de la empresa de limpieza para la que trabajan las chicas, resulta antológica y altamente divertida. Momentos como cuando su personaje ve viejas películas de Dick Miller en la tele, y dice “No entiendo por qué la academia no le ha dado un Oscar a ese tío”, sin duda se ganarán la complicidad del respetable.
La película es desmesuradamente mala, incluso para ser de Fred Olen Ray (que las tiene mejores y también peores…) pero como es ligerita en cuanto a argumento (y ropa interior), con una trama tan sencilla que hasta el más tonto podría entender, de ritmo tampoco anda mal y escueta en su duración,  la vemos,  nos echamos unas risas, incluso nos tocamos en la intimidad, y nos quedamos tan a gusto. Siempre que seamos conscientes de lo que estamos viendo, claro.
Sí, “El Diablillo caliente” resulta un entretenimiento tonto, hasta recomendable.