En realidad estamos ante el telefilme canadiense "Leslie, my name is evil", cuyo protagonista no es Charles Manson, si no una de sus tontitas y letales discípulas.A falta de una buena adaptación cinematográfica sobre el personaje, se nos cuela a los europeos esta película, cambiándole el título por el de "Manson, my name is evil", se nos mete por los ojos un póster fardón, y como tontos, nosotros picamos.
Sabiendo el engaño, vamos a pasar a la película... o telefilm.
Está bien, su duración es perfecta (hora y cuarto), y para ser un producto televisivo, no está mal a nivel “escabrosismo”. Eso si, el asesinato más famoso de la familia Manson, el de Sharon Tate, esposa de Roman Polanski, es obviado con total impunidad, a pesar de que es el tema que nos interesa a quienes decidimos ver esta película. Se queda en un titular de un periódico que reza “La familia Manson asesina a una estrella de Hollywood”, que aparece de pasada, y se centra en los asesinatos de después y, como buen telefilme, el juicio de las tres “Manson girls”.Aquí la gracia, y desconozco si basado en hechos reales o no, está en que un joven del jurado, devoto de dios, buen militar, amante de las buenas costumbres, en definitiva, un americano de pro, queda cautivado con la sonrisa de Leslie, una de las asesinas, e intenta hacer ver al resto del jurado que en realidad ella es una marioneta ciega al servicio de Charles Manson, y que por lo tanto es inocente.
Como detalle, comentar que, al igual que en "Los Violadores", donde sus protagonistas lucían un brazalete con una esvástica que desaparecía al salir al exterior, en "Manson, my name is evil" cambian la esvástica por una cruz vulgar y corriente cuando la familia de asesinos se la marca en la frente. No así en el póster
Dirige una joven “telefilmasta” llamado Reginal Harkema.
Discretita, igual que su visionado.