Hace un par de semanas hablábamos de David Warbeck, y aquí lo tenemos de nuevo, perfectamente integrado en el exploitation made in italy. Justo, si a algo hemos dedicado letras y más letras en este blog ha sido al oportunismo cinematográfico, el plagio -italoparlante o no-, los mockbusters -cuando eran "divertidos"-, etc, etc, etc. Siempre resulta de lo más dicharachero y disfrutoso. Pero si nos dejamos de risitas nerviosas y actitudes arrogantes y/o soberbias, y lo miramos con frialdad, intentando ser analíticos, la verdad es que cuesta comprender cómo una serie de señores invirtieron dinero, tiempo, trabajo, recursos y demás zarandajas logísticas en facturar algo que ellos mismos sabían robaba de otras películas y, además, del modo más rastrero. No sé, puestos a dejarse el coño confeccionando un largometraje, ¿no tiene más sentido proceder con algo TUYO? tampoco hablo de rollo autoral, hablo de un producto comercial pero en el que desarrolles un tema, historia o maneras de tu paternidad, sin mimetizar a nadie. Y no me vendan la moto del homenaje / guiño fanatista, aquel que procede por admiración hacia el éxito de turno, porque eso no existía en la época dorada de la explotación y a sus artífices les molaban más los billetes verdes que el cine (y en caso de ser el amor hacia este el motor, por cuestiones generacionales su fanatismo apuntaría a títulos clásicos de décadas previas).
La incomprensión de todo ello se acrecienta cuando, encima, la película resultante NO se parece tantísimo a la copiada. Incluso gasta sus propias virtudes y algo de dignidad. Por ejemplo, me viene a la mente ese famoso "Alien 2" de Ciro Ippolito (y Biagio Proietti), con conexión nivel CERO respecto al clásico de Ridley Scott. Entonces, ¿por qué titularlo así? Sí, te aseguras ciertas ganancias de cara a la taquilla pero, en realidad, le estás restando méritos a algo que podría tener entidad propia (se podría esgrimir que a sus responsables les importaba tan poco ese posible reconocimiento autoral, como el cabreo del público al considerarse engañado, siempre y cuando el montante chorreara generosamente).
Todo este rollo me atusó las meninges durante los créditos iniciales de "El arca del dios del sol" (era eso, o sufrir la horripilante canción que los acompaña) uno de los dos exploits perpetrados por Antonio Margheriti a la sombra de "En busca del arca perdida". Y especifico "En busca del arca perdida" porque es un dato que incluso despierta en mí cierta fascinación: Por entonces, el icono que con los años supuso "Indiana Jones" todavía no se había desarrollado. Eso ocurriría, sobre todo, a partir de su segunda película en 1984. Antes, y especialmente con 1981 todavía cerquita, lo suyo consistía en imitar el gran éxito de Hollywood, y ese era "En busca del arca perdida", una de aventuras con regusto clásico a base de tesoros ocultos en tumbas repletas de trampas, parajes exóticos y un prota guaperas que no importaba mucho si se llamaba "Indiana" o Ramón o Bonifacio, y tampoco si llevaba sombrero de ala, látigo o macuto.
Ya, ya, todo este pajillismo lo solté cuando, justo, publiqué los fotocromos de "Los aventureros del tesoro perdido", primera de las dos aportaciones firmadas por don Margheriti, "regista" clásico del cine popular italiano, quien supo ver perfectamente la deuda de la creación de Spielberg / Lucas con "James Bond", de ahí que "El arca del dios del sol" chupe también un poco de este y, literalmente, le mencione en un diálogo.
Aquí el prota es un ladrón de guante blanco al que contratan para localizar un tesoro legendario que, se supone, dispone de poderes mágicos (aunque nunca lleguemos a verlos en acción) En el trayecto deberá enfrentarse a una especie de secta de turcos tarados dispuestos a arrebatárselo.
Todo ello a las maneras de como se lo montaban los fetuccini en 1984, pero relativamente bien. "El arca del dios del sol" (que cuenta con una maravillosa caratula de vídeo, algo tramposilla -la jodida arca es casi idéntica a la que buscaba el "Dr.Jones"-, capaz de disparar la imaginación del teenager que era yo cuando la sujetaba entre mis cayosas y temblorosas manos. Se la dejamos enterita al final, cortesía de Mr.Enorm) es soportable. Tiene su ritmo decente. Sus escenas de acción más o menos llevaderas (destacando el uso y abuso de maquetas para las persecuciones de automóviles, táctica esta que se la ponía morcillona a Margheriti. Y con razón, la cosa está bastante bien), peleas un poco torpes pero simpáticas, y toda la parte propiamente rollo "arca perdida", a base de templo maldito, lava, oro, momias y trampichuelas. Destacar, como curiosidad, la escena en la que el prota y su socio se meten en unas alcantarillas infestadas de ratas, materia que veríamos unos años después en, justo, el tercer "Indiana Jones" (la diferencia es que, en esta, evitan maltratar a las criaturas, mientras que a los italianos les importa un pimiento).
El reparto es perfecto. El sueño húmedo de cualquier devoto de la explotación transalpina. Mister Warbeck, con ese jeto de héroe de comic, dando vida al ladrón aventurero y haciendo gala de sus notables limitaciones interpretativas, a base de muchas cucamonas. Le sigue un inmenso Ricardo Palacios, replicando un poco el rol de John Rhys-Davies en la epopeya Spielbergiana, y otro par de legendarios, John Steiner y Luciano Pigozzi / Alan Collins. Cierra el círculo la supuesta novia del héroe, Susie Sudlow en su única película, que, como dato característico y máximo gracejo, se pasa el puto largometraje entero perfectamente maquillada, sin importar la situación (sea de buena mañana recién despierta, sea en medio del caos aventurero...).
Un agradable divertimento beneficiado, muuuuy beneficiado, por el efecto nostalgia.
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sábado, 28 de septiembre de 2024
sábado, 21 de octubre de 2023
TEX Y EL SEÑOR DE LOS ABISMOS
Teniendo en cuenta que el western no me tira casi nada, y su versión italiana muchísimo menos, ¿qué demonios hago yo viendo y reseñando una "del ramo"? Pues porque hay una historia detrás que marca cierta diferencia. "Tex" es, junto a "Diabolik" y "Dylan Dog", uno de los astros indiscutibles del comic ítaloparlante. Supe de su existencia a raíz de que mi querida y recurrente prensa francesa hablara en sus páginas de "Tex e il signore degli abissi", la primera traslación a la gran pantalla, en carne y hueso, del personaje, encarnado además por alguien tan adecuado como el gran Giuliano Gemma y dirigida por un auténtico especialista, Duccio Tessari. ¿Y a qué se debía tal interés si, como digo, la cosa iba del oeste? Porque, tal y como lo vendían en Francia, parecía la enésima versión "exploitativa" de "Indiana Jones", más teniendo en cuenta que el film venía fechado nada menos que en 1985, cuando el western -espagueti o no- andaba casi casi bajo tierra (la gran excepción aquí sería "Silverado" de ese mismo año, pero ya me entienden) Así pues, aprovechando mi viaje de fin de curso a Italia, recorrí los quioscos de la zona buscando un tebeo de "Tex", hasta que lo encontré y me llevé una gran decepción al descubrir que eran las historias de indios y vaqueros tradicionales (nota: en uno de aquellos intentos, topé con un quiosquero veneciano que no me lo quiso vender por ser del país que era/soy. Además, entonces desconocía por completo que el personaje había sido editado en España) Por todo ello, cuando finalmente la película llegó a nuestros video-clubs, cortesía de "Vision Films Video", mi posible interés se había reducido a cero.
Hay que aclarar que lo del parentesco con "Indiana Jones" es exclusivamente cosa de uno de los carteles disponibles, gloriosamente ilustrado por E.Sciotti. Ahí aparece hasta con látigo -utensilio que "Tex" NO usa en la película-, y unas pintas más propias del famoso arqueólogo, metido en un especie de templo maldito. El cartel oficial es distinto, y no resulta tan tramposo, mucho más fidedigno al lenguaje genuino del western de toda la vida. Entonces, ¿el rollo "Indy" es cosa del aquí expuesto o está en el largometraje? Pues estar, está.
Al no haber leído con atención ningún tebeo de "Tex", no puedo afirmar ni negar que esos toques más fantasiosos sean cosa exclusiva del film. Pero algo me dice que fue una imposición de los productores, teniendo claro como tenían que, en plenos años 80, y con el cine Spielbergiano de aventuras fantásticas petándolo, era el único modo de encarar la materia si pretendían despertar el interés del público, especialmente el de tirón juvenil, bastante ajeno al western. No es la primera vez que lo vemos. Un caso muy muy parecido -y mucho más descarado- lo tenemos en la traslación del aviador británico de novela "Biggles" a la gran pantalla, metiéndolo en un berenjenal de ciencia-ficción nada propio de él.
En cualquier caso, la historia de "Tex y el señor de los abismos" gira en torno a un carro mangado repleto de rifles. Recurren al prota para localizarlo y castigar a los culpables. Entre medias, aparece una tribu de indios que odian al blanco invasor y, con la excusa de adorar a un dios azteca, solo quieren destruirlo. Esta última parte es la que toma prestados más elementos del cine Spielbergiano. Para empezar, los dardos que lanzan convierten instantáneamente a sus víctimas en momias gracias a un encantador, aunque algo tosco, efecto especial (cortesía de los hermanos Paolocci, quienes a partir de ahí currarían en títulos tan variados como "Miedo Azul", "Body Count", "Los bárbaros" y algunas películas de Bruno Mattei o Claudio Fragasso). Además, responden a las órdenes del tal señor del abismo, un menda vestido con harapos instalado en una gruta repleta de lava. El enfrentamiento final con "Tex" es de lo más tonto y deslucido (induce a pensar aquello de "¿tanto rollo para esto?") aunque, eso sí, da pie a que la gruta se derrumbe y el volcán estalle. Ya saben.
Entre las cosas buenas, los tiroteos, intensos. Los "stunts", algunos espectaculares. La polvorienta ambientación. Y que no hay historia de amor. De hecho, el único personaje femenino de toda la película es una india malvada de escasa presencia. Curioso.
Al estar rodada en España -inevitable-, los rostros autóctonos ya legendarios son innumerables, algunos con roles escuetísimos: Aldo Sambrell, José Luis de Vilallonga, Charly Bravo, Frank Braña o Ricardo Palacios. Diría que también ronda Tony Isbert. Completa la tarta "eurotrash" la presencia de William Berger como el habitual colega de "Tex", "Kit Carson".
Me gustó más el arranque que la parte final, pero bueno, considerando su naturaleza, el visionado terminó resultando pasable. Ya es algo.
Hay que aclarar que lo del parentesco con "Indiana Jones" es exclusivamente cosa de uno de los carteles disponibles, gloriosamente ilustrado por E.Sciotti. Ahí aparece hasta con látigo -utensilio que "Tex" NO usa en la película-, y unas pintas más propias del famoso arqueólogo, metido en un especie de templo maldito. El cartel oficial es distinto, y no resulta tan tramposo, mucho más fidedigno al lenguaje genuino del western de toda la vida. Entonces, ¿el rollo "Indy" es cosa del aquí expuesto o está en el largometraje? Pues estar, está.
Al no haber leído con atención ningún tebeo de "Tex", no puedo afirmar ni negar que esos toques más fantasiosos sean cosa exclusiva del film. Pero algo me dice que fue una imposición de los productores, teniendo claro como tenían que, en plenos años 80, y con el cine Spielbergiano de aventuras fantásticas petándolo, era el único modo de encarar la materia si pretendían despertar el interés del público, especialmente el de tirón juvenil, bastante ajeno al western. No es la primera vez que lo vemos. Un caso muy muy parecido -y mucho más descarado- lo tenemos en la traslación del aviador británico de novela "Biggles" a la gran pantalla, metiéndolo en un berenjenal de ciencia-ficción nada propio de él.
En cualquier caso, la historia de "Tex y el señor de los abismos" gira en torno a un carro mangado repleto de rifles. Recurren al prota para localizarlo y castigar a los culpables. Entre medias, aparece una tribu de indios que odian al blanco invasor y, con la excusa de adorar a un dios azteca, solo quieren destruirlo. Esta última parte es la que toma prestados más elementos del cine Spielbergiano. Para empezar, los dardos que lanzan convierten instantáneamente a sus víctimas en momias gracias a un encantador, aunque algo tosco, efecto especial (cortesía de los hermanos Paolocci, quienes a partir de ahí currarían en títulos tan variados como "Miedo Azul", "Body Count", "Los bárbaros" y algunas películas de Bruno Mattei o Claudio Fragasso). Además, responden a las órdenes del tal señor del abismo, un menda vestido con harapos instalado en una gruta repleta de lava. El enfrentamiento final con "Tex" es de lo más tonto y deslucido (induce a pensar aquello de "¿tanto rollo para esto?") aunque, eso sí, da pie a que la gruta se derrumbe y el volcán estalle. Ya saben.
Entre las cosas buenas, los tiroteos, intensos. Los "stunts", algunos espectaculares. La polvorienta ambientación. Y que no hay historia de amor. De hecho, el único personaje femenino de toda la película es una india malvada de escasa presencia. Curioso.
Al estar rodada en España -inevitable-, los rostros autóctonos ya legendarios son innumerables, algunos con roles escuetísimos: Aldo Sambrell, José Luis de Vilallonga, Charly Bravo, Frank Braña o Ricardo Palacios. Diría que también ronda Tony Isbert. Completa la tarta "eurotrash" la presencia de William Berger como el habitual colega de "Tex", "Kit Carson".
Me gustó más el arranque que la parte final, pero bueno, considerando su naturaleza, el visionado terminó resultando pasable. Ya es algo.
lunes, 21 de febrero de 2022
UN PASOTA CON CORBATA
Los mayores de 40 años con mejor memoria, recordarán que a principios de los años 80, y durante bastante tiempo, la marca Schweppes bombardeó la televisión con una agresiva campaña publicitaria con el fin de promocionar su famosa agua tónica. Así, comenzaron a producir una serie de spots publicitarios en los que un individuo con gafas de concha ofrecía tónica a sus interceptores en situaciones de toda índole, situaciones que cada vez se volvían más descabelladas cuanto más popular se iba haciendo el spot publicitario. En estos anuncios, el de las gafas podía ofrecer tónica a la gente en la piscina, en un globo aerostatito, en una discoteca o en un pueblo de la España profunda. Fue tal el bombardeo, que no solo la tónica de esta marca se volvió terriblemente popular, sino que el protagonista de estos spots se convirtió en una celebridad a la que el público bautizó con el sobrenombre de “El hombre de la tónica”. Este caballero era un actor francés acostumbrado a interpretar papeles secundarios en toda suerte de films franceses llamado Bernard Le Coq, que más allá de la popularidad obtenida en nuestro país en los 80 por aquellos anuncios, continuó su carrera actoral hasta nuestros días, llegando incluso a ganar en 2003 el premio César al mejor actor de reparto por su intervención en la película “Acordarse de las cosas bellas”.
Como fuere, tenemos también en 1982 a un cineasta al cual hoy parece que se le ha tragado la tierra, Jesús Terrón, que con su productora Arte 7 produce y dirige lo que a priori parece un éxito seguro: Una película para lucimiento de “El hombre de la tónica”, esta “Un pasota con corbata”. La película pasó en su momento por nuestros cines de manera discreta con casi 250.000 espectadores de la época. Probablemente se estimaba un éxito mayor para este proyecto, y al no obtenerlo, aunque después la película tuvo vida comercial en vídeo de alquiler en una edición de IVS, “Un pasota con corbata” cayó en el más profundo de los olvidos.
Se trata de una película de lo más extraña, una comedia que en principio se pretende sofisticada y que gira en torno al periodismo, con más visos de querer adscribirse a la nueva comedia madrileña o al cine de la tercera vía que a la comedia popular española, pero que al final acaba siendo una especie de híbrido entre todas estas tendencias. El resultado es una cosa marciana, con un guion tan mal llevado a la pantalla que en lugar de contarnos una historia lineal parece que estemos viendo una película de sketchs.
Le Coq interpreta —doblado por el mismo actor que le doblaba en los spots televisivos— a un periodista que, por un lado intenta llevar a cabo su profesión con dignidad, encontrándose siempre con dificultades que le impiden publicar sus reportajes como a él le gustaría, y por otro, soltero empedernido como es, se relaciona con toda suerte de mujeres, siendo seducido por una lolita de 17 años, aspirante a periodista, interpretada por una novatilla Emma Suarez que, asimismo, también era menor de edad. Bajo estas dos premisas, se va desarrollando el argumento sin que haya en realidad una línea argumental clara.
Lo más curioso de todo es que tenemos, en papeles secundarios, a toda una ristra de personalidades del periodismo de la época que aparecen en la cinta en calidad de colaboración especial, así, tenemos a Joaquín Arozamena interpretando a un atracador de bancos, a Jesús Hermida haciendo de sí mismo, a Isabel Tenaille interpretándose también a sí misma, y luego, en otros papeles, a Luis García Berlanga como hombre aburguesado que juega al golf con nuestro protagonista o a Micky (de Micky y Los Tonys) como productor de cine “S” que desprecia un guion ofrecido por el personaje de Le Coq . A esa nómina hay que sumarle las apariciones del popular Doctor Cabeza y del mismísimo Sam Peckinpah, que aunque aparecen acreditados dentro del reparto, sus apariciones forman parte de los reportajes rodados por el protagonista, por lo que es muy difícil adivinar si el material empleado en sus apariciones forma parte de algún tipo de archivo, o si está rodado ex profeso para la película. Mi sensación es que es material insertado. Completarían el reparto actores y actrices nuestros de toda la vida como puedan ser Manuel Alexandre, Ricardo Palacios o Nadine Rochex, una actriz exageradamente tetuda y habitual de las películas de Pajares y Esteso.
No puedo decir que sea una mierda, puesto que algo de oficio hay en ella, pero sí que se trata de una película que, una vez saciada la curiosidad que sin duda suscita por su condición de rareza, deja a uno frío. Básicamente no ocurre nada, es solo una colección de escenas montadas sin demasiada coherencia entre ellas.
Bernard Le Coq con los años volvió a intervenir en nuestro cine y, en la película “GAL” de 2006, que indagaba en las pesquisas del grupo antiterrorista, Le Coq interpreta a una especie de sosias de Felipe González. También se le pudo ver en producciones de prestigio como “Caché” de Michael Haneke.
En cuanto al máximo responsable de "Un pasota con corbata", Jesús Terrón, poco más se sabe. Investigando un ratillo, he dado con su canal de Youtube que lleva por nombre “Círculo Cinematográfico Sam Peckinpah” y en el que sube extractos de cortometrajes o entrevistas que realiza el propio Terrón a distintas personalidades, por lo que parece estar vivo y coleando, pero por lo demás, en IMDB, la única película que se le adjudica como director es la presente.
Como fuere, tenemos también en 1982 a un cineasta al cual hoy parece que se le ha tragado la tierra, Jesús Terrón, que con su productora Arte 7 produce y dirige lo que a priori parece un éxito seguro: Una película para lucimiento de “El hombre de la tónica”, esta “Un pasota con corbata”. La película pasó en su momento por nuestros cines de manera discreta con casi 250.000 espectadores de la época. Probablemente se estimaba un éxito mayor para este proyecto, y al no obtenerlo, aunque después la película tuvo vida comercial en vídeo de alquiler en una edición de IVS, “Un pasota con corbata” cayó en el más profundo de los olvidos.
Se trata de una película de lo más extraña, una comedia que en principio se pretende sofisticada y que gira en torno al periodismo, con más visos de querer adscribirse a la nueva comedia madrileña o al cine de la tercera vía que a la comedia popular española, pero que al final acaba siendo una especie de híbrido entre todas estas tendencias. El resultado es una cosa marciana, con un guion tan mal llevado a la pantalla que en lugar de contarnos una historia lineal parece que estemos viendo una película de sketchs.
Le Coq interpreta —doblado por el mismo actor que le doblaba en los spots televisivos— a un periodista que, por un lado intenta llevar a cabo su profesión con dignidad, encontrándose siempre con dificultades que le impiden publicar sus reportajes como a él le gustaría, y por otro, soltero empedernido como es, se relaciona con toda suerte de mujeres, siendo seducido por una lolita de 17 años, aspirante a periodista, interpretada por una novatilla Emma Suarez que, asimismo, también era menor de edad. Bajo estas dos premisas, se va desarrollando el argumento sin que haya en realidad una línea argumental clara.
Lo más curioso de todo es que tenemos, en papeles secundarios, a toda una ristra de personalidades del periodismo de la época que aparecen en la cinta en calidad de colaboración especial, así, tenemos a Joaquín Arozamena interpretando a un atracador de bancos, a Jesús Hermida haciendo de sí mismo, a Isabel Tenaille interpretándose también a sí misma, y luego, en otros papeles, a Luis García Berlanga como hombre aburguesado que juega al golf con nuestro protagonista o a Micky (de Micky y Los Tonys) como productor de cine “S” que desprecia un guion ofrecido por el personaje de Le Coq . A esa nómina hay que sumarle las apariciones del popular Doctor Cabeza y del mismísimo Sam Peckinpah, que aunque aparecen acreditados dentro del reparto, sus apariciones forman parte de los reportajes rodados por el protagonista, por lo que es muy difícil adivinar si el material empleado en sus apariciones forma parte de algún tipo de archivo, o si está rodado ex profeso para la película. Mi sensación es que es material insertado. Completarían el reparto actores y actrices nuestros de toda la vida como puedan ser Manuel Alexandre, Ricardo Palacios o Nadine Rochex, una actriz exageradamente tetuda y habitual de las películas de Pajares y Esteso.
No puedo decir que sea una mierda, puesto que algo de oficio hay en ella, pero sí que se trata de una película que, una vez saciada la curiosidad que sin duda suscita por su condición de rareza, deja a uno frío. Básicamente no ocurre nada, es solo una colección de escenas montadas sin demasiada coherencia entre ellas.
Bernard Le Coq con los años volvió a intervenir en nuestro cine y, en la película “GAL” de 2006, que indagaba en las pesquisas del grupo antiterrorista, Le Coq interpreta a una especie de sosias de Felipe González. También se le pudo ver en producciones de prestigio como “Caché” de Michael Haneke.
En cuanto al máximo responsable de "Un pasota con corbata", Jesús Terrón, poco más se sabe. Investigando un ratillo, he dado con su canal de Youtube que lleva por nombre “Círculo Cinematográfico Sam Peckinpah” y en el que sube extractos de cortometrajes o entrevistas que realiza el propio Terrón a distintas personalidades, por lo que parece estar vivo y coleando, pero por lo demás, en IMDB, la única película que se le adjudica como director es la presente.
viernes, 6 de noviembre de 2020
A LA LEGIÓN LE GUSTAN LAS MUJERES... (...Y A LAS MUJERES LES GUSTA LA LEGIÓN)
Rafael Gil, director de marcada —y orgullosa— trayectoria franquista, conocido sobre todo por adaptar con éxito a la gran pantalla las novelas de Vizcaíno Casas (“…Y al tercer día resucitó” o “Hijos de papá”), hace su aporte a la comedia española de toda la vida con desiguales y mediocres resultados. Se trata de “A la Legión le gustan las mujeres... (…Y a las mujeres les gusta La Legión)”.
Cuenta la historia de un grupo de legionarios que, en plena guerra civil, tienen que ir a rescatar a la novia del Alférez. Esta ha caído en zona roja, por lo que deberán infiltrarse y, mientras cumplen con su gloriosa hazaña, se desarrollarán las más variopintas situaciones, con la prostitución y la juerga como telón de fondo. Un poco de todo esto, quizás inintencionadamente, tomaría prestado Luis García Berlanga para “La Vaquilla”, con la que guarda sutiles similitudes.
Verdaderamente, la película es una puta mierda. Pese a vendernos una propuesta picantona, su humor acaba tornándose blanco, siendo el único elemento verdaderamente cómico la relación que mantiene el personaje interpretado por Ricardo Palacios y una cría de oso común, que ataviada con gorrito de legionario, habla en off soltando socarronas puyitas a su amigo militar y a los que le acompañan. Intuyo que este elemento cómico, además, no fue premeditado, sino ideado e incluido en la sala de montaje, espontáneamente e in situ, como ya era menester en la época. Erotismo soterrado pre-destape (recuerden que Franco daba sus últimos coletazos) y anacronismos criminales, completan el pack. Pero no deja de ser curiosa la historia que hay detrás: Rodada en 1975 pero retrasado su estreno por problemas de distribución, la película no conoció vida comercial hasta ya bien pasados los primeros meses de 1976 y la muerte de Franco, por lo que fue recibida de manera bastante fría por parte del respetable; no era muy adecuada, a comienzos de la transición, una película con mensaje claramente fascista. Su estreno en salas fue accidentado: En Barcelona, y en clara protesta hacia un título con reminiscencias machistas, grupos feministas arrojaron cubos de pintura a la fachada del cine dónde se estrenó. A eso hay que añadirle los altercados que sufrieron las inmediaciones de la misma sala, días más tarde, cuando la CNT decoró el cine a base de pintadas con tan mala suerte que se personaron en el lugar los grises, gasearon la zona, y acabó aquello como el rosario de la aurora. El cine la retiró de cartel para proyectar cualquier película americana y evitar así los altercados. Aun así, resultó ser un éxito de taquilla reuniendo a casi un millón de espectadores durante su periplo.
En el reparto tenemos nombres secundarios del cine español como puedan ser Luis Varela, Paco Cecilio, Manolo Codeso y un largo etcétera, que si bien ninguno destaca más que otro al ser esta una película coral, también es cierto que todo el reparto está más que correcto.
Como anécdota, comentar que en su edición videográfica en los años ochenta, y como ocurría con muchas de estas películas de los sesenta o setenta a la hora de editarlas, “A la legión le gustan las mujeres (…y a las mujeres les gusta la legión)” sufrió una metamorfosis en la caratula de la cinta de alquiler: Estando en boga por aquellos días las películas de Mariano Ozores interpretadas por Andrés Pajares y Fernando Esteso y co-protagonizadas por Antonio Ozores y Juanito Navarro, esta aprovecha un dibujo contemporáneo de cualquier otra película con Juanito Navarro, para colárnoslo en la misma como protagonista absoluto junto a Codeso. En realidad la aparición de Navarro en la misma se reduce a una escena de menos de un minuto, pero en aquellos años, sin duda, vendía mucho más la presencia de Juanito Navarro que la de cualquiera de los verdaderos protagonistas, así que, sin escrúpulo alguno, se convirtió a Juanito en protagonista. Entrañables los años del videoclub español que engañaba al público con total descaro y sin consecuencias al respecto.
Por lo demás, bueno, una españolada dentro de un saco.
Cuenta la historia de un grupo de legionarios que, en plena guerra civil, tienen que ir a rescatar a la novia del Alférez. Esta ha caído en zona roja, por lo que deberán infiltrarse y, mientras cumplen con su gloriosa hazaña, se desarrollarán las más variopintas situaciones, con la prostitución y la juerga como telón de fondo. Un poco de todo esto, quizás inintencionadamente, tomaría prestado Luis García Berlanga para “La Vaquilla”, con la que guarda sutiles similitudes.
Verdaderamente, la película es una puta mierda. Pese a vendernos una propuesta picantona, su humor acaba tornándose blanco, siendo el único elemento verdaderamente cómico la relación que mantiene el personaje interpretado por Ricardo Palacios y una cría de oso común, que ataviada con gorrito de legionario, habla en off soltando socarronas puyitas a su amigo militar y a los que le acompañan. Intuyo que este elemento cómico, además, no fue premeditado, sino ideado e incluido en la sala de montaje, espontáneamente e in situ, como ya era menester en la época. Erotismo soterrado pre-destape (recuerden que Franco daba sus últimos coletazos) y anacronismos criminales, completan el pack. Pero no deja de ser curiosa la historia que hay detrás: Rodada en 1975 pero retrasado su estreno por problemas de distribución, la película no conoció vida comercial hasta ya bien pasados los primeros meses de 1976 y la muerte de Franco, por lo que fue recibida de manera bastante fría por parte del respetable; no era muy adecuada, a comienzos de la transición, una película con mensaje claramente fascista. Su estreno en salas fue accidentado: En Barcelona, y en clara protesta hacia un título con reminiscencias machistas, grupos feministas arrojaron cubos de pintura a la fachada del cine dónde se estrenó. A eso hay que añadirle los altercados que sufrieron las inmediaciones de la misma sala, días más tarde, cuando la CNT decoró el cine a base de pintadas con tan mala suerte que se personaron en el lugar los grises, gasearon la zona, y acabó aquello como el rosario de la aurora. El cine la retiró de cartel para proyectar cualquier película americana y evitar así los altercados. Aun así, resultó ser un éxito de taquilla reuniendo a casi un millón de espectadores durante su periplo.
En el reparto tenemos nombres secundarios del cine español como puedan ser Luis Varela, Paco Cecilio, Manolo Codeso y un largo etcétera, que si bien ninguno destaca más que otro al ser esta una película coral, también es cierto que todo el reparto está más que correcto.
Como anécdota, comentar que en su edición videográfica en los años ochenta, y como ocurría con muchas de estas películas de los sesenta o setenta a la hora de editarlas, “A la legión le gustan las mujeres (…y a las mujeres les gusta la legión)” sufrió una metamorfosis en la caratula de la cinta de alquiler: Estando en boga por aquellos días las películas de Mariano Ozores interpretadas por Andrés Pajares y Fernando Esteso y co-protagonizadas por Antonio Ozores y Juanito Navarro, esta aprovecha un dibujo contemporáneo de cualquier otra película con Juanito Navarro, para colárnoslo en la misma como protagonista absoluto junto a Codeso. En realidad la aparición de Navarro en la misma se reduce a una escena de menos de un minuto, pero en aquellos años, sin duda, vendía mucho más la presencia de Juanito Navarro que la de cualquiera de los verdaderos protagonistas, así que, sin escrúpulo alguno, se convirtió a Juanito en protagonista. Entrañables los años del videoclub español que engañaba al público con total descaro y sin consecuencias al respecto.
Por lo demás, bueno, una españolada dentro de un saco.
viernes, 10 de abril de 2020
VAYA LUNA DE MIEL
La cosa está en que son muchos los títulos que, por
inacabados, o por perdidos, permanecen inéditos para el público en lo que es la
filmografía completa de Jess Franco. Y de repente, a primeros del año pasado,
aparecen unas latas en los archivos de la filmoteca española que contienen
integra, montada y sonorizada la película “El Escarabajo de Oro”, basada
libremente en un relato de Edgar Allan Poe. Casi por casualidad se descubren estas latas y, tras revisar el primer rollo, el de créditos, se descubre
que se trata de la película perdida de Franco, solo que se ve que a última
hora, la producción decidió cambiarle el título de marras por el de “Vaya luna
de miel”, quizás más acorde al material rodado por su definitivo tono cómico, y
que es el que reza en los créditos. Pero efectivamente, se trata de “El
escarabajo de oro”.
Lógicamente, este descubrimiento se vuelve un acontecimiento
para los francófilos y la película se estrena en Febrero de 2019, con todos los
honores, como uno más de los actos de celebración de los 30 años en activo del
madrileño cine Doré como sede de la filmoteca Española. Y poco después de un
año, y coincidiendo con el estado de alarma por coronavirus que ha dejado a la
mitad de los españoles confinados en sus hogares, la filmoteca pone en su canal
de Vimeo la película para su visionado gratuito, de manera temporal, para
deleite de propios y extraños.
El caso es que cuando se encontró la película esta estaba en
perfecto estado, y aunque se desconocen los motivos de porqué permaneció oculta
todo este tiempo, se especula que el laboratorio donde se reveló el negativo,
Fotofilm, secuestró la película por impago de facturas por parte de Franco y
sus productores. Todo esto no deja de ser más que una especulación, máxime,
cuando se encuentra también un documento que prueba su envío para exhibición a
un cine de Barcelona. Sin embargo, no se encuentra ni una sola prueba de que
“Vaya luna de miel” llegara a estrenarse.
Como fuera, el privilegio de poder verla ya pasó a mejor
vida en el momento en que se compartió en Internet y cientos de usuarios
tiraron de páginas de descargas de vídeo para quedarse con su copia personal de
la película.
Al margen de esta historia, lo cierto es que “Vaya luna de
miel” no ofrece nada excepcional. Se trata de una de las primeras películas de
la etapa ochentera de Franco, etapa esta durante la cual rodó mil locuras y se
rodeó de un equipo de habituales compuesto de Lina Romay, Antonio Mayans y
otros tantos, y durante la cual se desata el Franco más loco y guerrillero.
Así, tenemos a una mujer que, tras un seguimiento, selecciona al muchacho más
rico de los que se encuentra en la playa y le seduce con malas artes. Se casan,
y se van de vacaciones a Bananas —exótico lugar que se soluciona aquí, poco
menos que filmando una costrosa feria o parque de atracciones de Alicante—. Allí,
y debido a un equívoco, el muchacho es confundido con un tal Simón con el que
comparte nombre, y en un enredo de padre y muy señor mío (para los
protagonistas y para el espectador) se meten en una trifulca de mafiosos,
tesoros, y un escarabajo de oro, en una comedieta medio slapstick, medio de
aventuras, que se convirtió en todo un antecedente accidental de cintas de
aventuras románticas al estilo de “Tras el corazón verde”, eso sí, rodada con el
presupuesto que tuvo Michael Douglas para tinte del pelo en aquella película.
Se trata de un título muy del montón en la filmografía de
Jess Franco, en el sentido que, ni es de las malas, malas (lo cual siempre
sería un motivo de festejo), ni es de las buenas (lo cual también merecería ser
festejado), si no todo lo contrario. Es una “de las otras” que diría Franco, de
aquellas que poseen planteamiento, nudo y desenlace y que por ser más convencionales, resultan a
todas luces mediocres.
La comedia funciona cuando es involuntaria (porque cuando es
voluntaria da vergüenza ajena) y, en general, tampoco es especialmente
aburrida, pero, desde luego, es uno de los títulos más insípidos de cuantos
rodó. Luego, escarabajos y joyas compradas en el chino, chinos interpretados
por españoles sin apenas maquillaje, esqueletos de plástico y mucha cochambre,
podredumbre y tercermundismo, aderezado por las carnes magras de una Lina Romay
ya fondona, que se lo pasa teta rodando este tipo de películas.
No posee nada especial,
de no ser porque ha aparecido en sus latas cuarenta años después de ser rodada.
Por lo demás, ni fu, ni fa.
Junto a Lina Romay en el reparto, tenemos a Max B. ("Cazar alnegro") doblado para la ocasión por, creo reconocer en la voz a Ricardo Palacios, Emilio Álvarez, que salía en “El fascista, la beata y su noviadesvirgada”, Antonio Mayans, o Susy Boulois (También presente en “Cazar al
negro”).
Los completistas la agradecerán.
viernes, 3 de abril de 2020
FREDY EL CROUPIER
Debut en la dirección del infame Álvaro Sáenz de Heredia que
se atreve con un thriller meramente cañí en torno al juego y los casinos
ilegales, que pese a tener la película en su momento unas críticas nefastas y
una cantidad de espectadores en cines irrisoria, sí que era una película
bastante popular a nivel parroquial, y era tema de conversación habitual en los
bares periféricos en la época. Vamos, que gustó al obrero medio de extrarradio.
No en balde, su copia pirata es de las primeras que circuló bajo el mostrador
de los vídeoclubes, y también ostenta el honor de ser una de las primeras
películas españolas en circular de manera fraudulenta.
Se ambienta la acción a finales de los años setenta, al poco
de legalizarse el juego en España. Aunque ya había casinos y locales
habilitados para el juego legal, los usuarios habituados preferían seguir
asistiendo a garitos ilegales. Fredy, es croupier de uno de estos locales. Un
mafioso apodado “El Calvo” que se ha hecho con todo el control de los garitos ilegales, toma por la fuerza el
perteneciente al padre de Fredy que se encuentra enfermo. Al oponerse, Freddy
es apuñalado por uno de los hombres de “El Calvo”, por lo que queda herido de
gravedad en un hospital. Cuando por fin sale de allí, clama venganza. Por suerte
es disuadido por su socio que ha creado un aparato magnético que les permitirá
ganar a la ruleta. Se disponen a viajar por carretera con el fin de instalar
ese dispositivo en un casino, mientras ganan algo de dinero engañando a
jugadores desaprensivos en partidas de pueblo, hasta que una cantante se cruza
en su camino, y “El Calvo” no les pondrá las cosas nada fáciles.
Se trata de una película de género puro con un fin muy
concreto: entretener al espectador. Y lo
consigue con creces ya que, a pesar de lo molesto que es el sonido directo
primigenio con el que cuenta la cinta, o lo chapucero de algunos de sus
momentos, la trama es tan interesante y sus personajes, campechanos, cercanos,
son tan simpáticos, que todo lo que vemos en la película resulta ser muy
agradable y pasamos su visionado en un santiamén. Y si técnicamente la película
es un poco precaria, la elección de los actores no puede ser más acertada. Así,
en el papel protagonista, Fredy, tenemos al director y cantante de Jazz Javier Elorrieta (un auténtico cineasta de culto la mar de interesante) haciendo las
veces de actor, que con una naturalidad pasmosa afronta el papel de este
croupier dándole un aire lumpen muy adecuado y resultón, que hacen preguntarse
cómo es que Elorrieta no volvió a protagonizar ninguna película. Quizás porque
se le veía demasiado Elorrieta y poco Fredy. Asimismo, no se me ocurre mejor
mafioso en el cine español que este “El Calvo” que interpreta Ricardo Palacios,
que es todo presencia, todo voz. Si ¿hubiera? mafiosos en España, desde luego, el
arquetipo sería el que interpreta Palacios. Jaime Aladid, un señor cercano a la
tercera edad, también, actuando con gran naturalidad como el socio de Fredy,
nunca más volvió a aparecer en una película —cosa incomprensible porque lo
hacía muy bien. Supongo que el hombre no sería actor—. Y, finalmente, tenemos a
la siempre estupenda (y no, tontines, no lo digo con ironía) Ana Obregón como
la bailarina por la que bebe los vientos Fredy, que además de someterse a las
escenas de tortura a las que la tenía acostumbrada Sáenz de Heredia en su
primera etapa, se marca unas canciones y unos bailes a ritmo de Disco de lo más
disfrutables (si alguien sabe como agenciarse la banda sonora de la película,
que nos escriba), que dejan claro que, si bien en la interpretación se defiende
a las mil maravillas, cantar es algo que se le quedaba muy grande a la buena de
Anita.
Por lo demás, con cierto tufillo —o reminiscencias— del cine
quinqui de la época, la película nos ofrece escenas de acción bastante solventes,
un humor soterrado y 95 minutos de puro entretenimiento sin concesiones que
hacen que la película valga la pena. Yo la recomiendo.
En cuanto a Sáenz de Heredia, que como saben pronto se
especializaría en películas-vehículo para humoristas españoles en las que
aplicaba la ley del mínimo esfuerzo, cuando hacía una película suya, pese a la
mala prensa que arrastra, a mí me parece un cineasta de lo más personal,
competente y hasta virtuoso. Dentro de
las que hizo fuera del subgénero de humoristas, tiene dos o tres
películas que no es que me gusten, es que me parecen cojonudas. Sirvan “Chechu
y familia”, “La hoz y el Martínez” o “R2 y el caso del cadáver sin cabeza” como
ejemplo. Añadan esta al pack.
martes, 19 de marzo de 2019
SOLA ANTE EL TERROR + SCREAMS OF A WINTER NIGHT
SOLA ANTE EL TERROR: Una niña tiene la desgracia de presenciar la agonía y muerte de su padre. Queda traumatizada de por vida y ya mayorcita es incapaz de caminar, salir de la cama y sociabilizar. Su madre y su tía cuidan de ella. O eso parece en un principio, porque luego, a su espalda, la desprecian cruelmente. De hecho, son las culpables de la muerte de su progenitor. Este, desde el más allá, ruega a su hija que acometa venganza y aunque a la chica le cuesta un poco, al final pillará un cuchillo y, en estado de trance, comenzará a acabar con todos. Entre medias hay un médico que también anda metido en el marrón y quiere encerrarla en un sanatorio (cortesía de un sobrio y estupendo Ricardo Palacios) y un músico alemán que se enamora de la protagonista y, ciertamente, no aporta nada a la historia.Nos encontramos ante una de esas películas típicamente ochenteras de Jess Franco en las que se ha invertido el menor dinero posible y se nota. Todo es austero, mortecino e incluso deprimente (esas características calles vacías propias de la temporada baja). Los crímenes van bastante escasos en cuanto a hemoglobina y únicamente se reservan para el final un accidente automovilístico. Rodean a Jess Franco sus habituales, Lina Romay como la moza traumatizada, Antonio Mayans como el padre y Mabel Escaño y
Carmen Carrión como las villanas. Sorprendentemente no asoma ni una sola ubre en toda la peli.Si digo que es más bien coñazo no digo nada nuevo. Luce todos los signos de identidad de su director y eso o lo tomas o lo dejas. Yo la he visto de reojo, mientras desarrollaba otros quehaceres y así, pues sí, se soporta. Sentado frente a la tele, con toda mi atención y todos mis sentidos dedicados a ella, dudo que hubiese sido capaz.
SCREAMS OF A WINTER NIGHT: Un grupo de jovenzuelos se reúnen en una cabaña. Pasan el rato lanzándose zascas unos a otros, gastando estúpidas bromas y contando historias de terror, historias estas que se nos presentan en formato imagen (e interpretadas por los mismos actores que hacen del clan de colegas, lo que está muy bien). En concreto son cuatro. Una bruja enana acosando a una pareja de noche en el bosque. Unos estudiantes pasándolo canutas en una casa encantada. Y unos chavales que visitan un cementerio y son atacados por espíritus malignos de papel maché. La chica amargada del grupo dice que está hasta el moño de cuentos de fantasmas y pone la guinda con un relato "realista" de asesinatos entre seres humanos. Al final de todo los chavales son machacados por una extraña fuerza sobrenatural y, casi dos tremendas horas después, se acaba lo que se daba.
"Screams of the Winter Night" es un ignoto producto del año 1979. Hay que reconocerle cierto saber hacer y solvencia, sin embargo adolece de lo mismo que muchas pelis de su época: A falta de nada mejor, se abusa del diálogo hasta límites soportables y en general resulta bastante plomiza. En concreto, la segunda historia es extremadamente palizas. Pero se le perdona porque se trata de una cosita entrañable, aunque tampoco repetiría.
Destacar los títulos de crédito iniciales, largos, con considerables segundos de pantalla en negro y diálogos, gritos y alaridos a modo de banda sonora. La verdad es que resultan bastante efectivos.
lunes, 26 de diciembre de 2016
INTERVIEW: MARTÍN GARRIDO RAMIS
Nacido en Palma de Mallorca en 1952, Martín Garrido Ramis,
un hombre de teatro que cuando se ha embarcado en la empresa cinematográfica,
lo ha hecho desde la más absoluta independencia, y desde ese lado Outsider, que
al que suscribe tanto le agrada.
Responsable de ser el primer director Mallorquín que
consigue rodar una película para su distribución comercial en salas (“¡Que Puñetera Familia!”), también lo es de la película más extraña y lúgubre del
cine español de los últimos años “El hijo Bastardo de Dios”, amén de tener una
dilatada carrera con títulos de absoluto culto como puedan ser “Mordiendo la
vida” o “Héroes de Cartón”.
Padre del también director Martín Garrido Barón (“H6, Diario
de un asesino”), nos concede unos minutos de su tiempo para hablar de los dimes
y diretes en torno a su carrera, de sus próximos proyectos y de sus
preferencias.
Martín Garrido Ramis, el último director independiente.
Comienzas en el cine con una serie de cortometrajes en 35
mm. para luego convertirte en el director de la primera película de corte
comercial realizada en las Islas Baleares, “¡Qué Puñetera Familia!” ¿Cómo surge
la oportunidad de realizarla?
Había hecho dos
cortometrajes: “… Pero no ahoga” y “La Rosario y el Pinzas”. Este último me lo
seleccionaron en 1983 en el festival de Cine de San Sebastián y viajé allí
invitado por el festival. Tengo críticas que lo clasifican como una pequeña
obra maestra. Cuando volví a Palma conocí a un empresario de cine (Joan Olives)
que me propuso alargar mi primer corto y convertirlo en un largo. Y así lo
hice. Costó 6 millones de pesetas y dio como 32. Aunque la película la
considero mala porque me daba igual hacer cine, pero ahí está como la primera
película comercial mallorquina de la historia.
Así que la consideras malísima…
Sólo mala. Escribía
cada día lo que iba a rodar, no había guión. Pero te diré una cosa que me han
dicho muchas veces pero de la que yo nunca he hablado; Es una primicia. Estoy
seguro que mi película la vio el joven Almodóvar y me copió una escena, la de
la meada. Yo soy el primer director que rodé una meada auténtica, luego lo hizo
él. Y como la película se vio en toda España… Y ya que estamos te diré dos
copias más que me han hecho. Mota me ha copiado el final de un corto que está
en Youtube y se llama “Muerte y resurrección de Pedro Navaja”, y un famoso
cómico inglés me acaba de plagiar otro corto mío de Youtube. Mi corto se llama
“Am not Becham” y él me ha plagiado para hacer un spot de calzoncillos de
Beckam. A partir de ahora registraré lo que cuelgue en Youtube.
Rodaste “¡Qué puñetera familia!” con equipo técnico
proveniente de Barcelona ¿No había en Mallorca equipo técnico cualificado para
acometer el rodaje de un largometraje?
En Mallorca no había
nada, por no haber ni había una cámara de 35 mm. La película la rodé en cinco fines de
semana, y cada fin semana traía a un equipo de siete personas, y el material alquilado,
pagándo todos los gastos y el sueldo. El director de fotografía es Joseph Gusi
de TV3, pero un fin de semana no pudo venir y lo sustituyó Carles Gusi, que
después haría películas con Almodóvar y en Hollywood.
¿Cuánto le debe “¡Qué Puñetera Familia!” al cine de John
Waters?
Waters es sexo, yo
siempre he sido crítico social. Mis películas son esencialmente de humor negro.
En la película cuentas con la presencia de un actor
clásico de la escena Mallorquina como es Xecs Forteza. ¿Cómo fue dirigirle?
Xesc Forteza era un
cachondo que estaba detrás de todo lo que llevara faldas. La escena que tiene
muriéndose con Lynn Anderson encima,
para él fue la releche. “Repítela todas las veces que quieras”, me dijo. En la
escena aparece él muriéndose tocándole los pechos a la actriz porno. Fue muy
divertido dirigirlo.
Cuéntanos algo sobre la distribución. ¿Costó mover la
película en la península?
Todas mis películas
se han distribuido en la península, menos una que se titulaba “Simpáticos
degenerados” protagonizada por Florinda Chico. No se distribuyó porque la
compró la Warner Bros para estrenarla en vídeo directamente. La distribución
para los que hacen cine en la isla es muy complicada y difícil, de hecho no
conozco a ningún director mallorquín al que le hayan distribuido su película.
También tengo que decir que los únicos que hacemos cine en Mallorca somos mi
hijo y yo.
“El último Penalti” y “Simpáticos Degenerados son tus
únicas películas que aún no he visto. ¿Qué me puedes decir de ellas?
Las dos son comedias
divertidas y poco más. Cuando las rodé estaba más por otras cosas más
divertidas. En las dos películas lo importante eran las fiestas que
organizábamos. No perdía nada de tiempo en escribir los guiones, lo hacía de
cualquier forma. Pero te voy a contar una cosa que tampoco he contado nunca a
nivel prensa; “El último penalti” se llamaba en realidad “La eterna España de
charanga y pandereta” y me lo iba a producir nada más y nada menos que José
Esteban Alenda, el primer productor español que ganó un Oscar. Yo era íntimo amigo
de él porque me distribuyó cinco cortometrajes e incluso me hizo ganar dinero.
Pues bien, él leyó el guion en el que me había esforzado un poco, y me dijo que
me lo producía si esperaba seis meses a que se recuperara del fracaso de
“Volver a empezar”, que le había costado 200 millones. Le dije que me lo pensaría. Y de repente surgió
en mi vida, desgraciadamente, Ricard Reguant, actualmente director de musicales
(“Grease”, “Chicago”), y me dijo que si le metía mano al guión haciéndolo más
hortera y con más sexo, me traía todo un equipo de Barcelona a precio tirado, y
que luego me presentaba a Antonio Llorens (Lauren Films). Yo, como en aquel
tiempo era joven, guapo y gilipollas, accedí y dirigí una mierda de película.
Al año siguiente la película fue seleccionada en el Festival de Cine de Comedia
de La Coruña, y el gran Berlanga me dijo: “Es una pena, Martín. Has hecho una
película mala pero hubiera podido ser muy buena.” Así es la vida, una mala
compañía puede cambiarte la vida.
En “Héroes de Cartón” ruedas en 35 mm. en unos años en
los que el vídeo ya se imponía en las producciones profesionales independientes.
¿Por qué decides rodar en 35 mm?
“Héroes de cartón”
existe por mi hijo que quería ser director de cine. Puedo decir que es mi
primer guión pensado y bien escrito. Aunque yo salgo como director y mi hijo
Martín Garrido dirigió la mitad de la película con tan solo 15 años.
¿Tuvo algún tipo de distribución esta película? Tanto
dentro como fuera de Mallorca.
La distribuyó Lauren
Films, la distribuidora que en aquel momento distribuía en exclusiva todas las
películas de Woody Allen. Parece mentira con las películas malas que hacía y la
suerte que tenía con las distribuidoras. No sé que debían ver en ellas.
En ella cuentas con la presencia de Antonio Mayans y
Ricardo Palacios. Ambos habían trabajado con anterioridad con Jesús Franco ¿Encuentras algún paralelismo
entre tu obra y la de Jesús Franco?
Ni por asomo.
Antonio y Ricardo hicieron sus papeles muy bien. Yo siempre he hecho un cine
malo hasta “El hijo bastardo de Dios”, porque me surgía el dinero para hacerlo,
ni más ni menos. Es increíble pero es cierto. Hacer cine, para mí, era
solucionarme un año con el dinero que ganaba. Y eso era lo importante.
¿Cómo fue la experiencia de rodar con un hombre con la
experiencia con la que cuenta Mayans, tanto como actor, como de jefe de
producción?
Antonio Mayans es el
clásico ejemplo del actor que podía haber sido muy importante en el cine en
español. Quizá el asociarse con Franco le perjudicó su carrera. La experiencia
con Mayans fue buena como lo es siempre. Es un actor muy intuitivo que no hace
falta decirle mucho para que lo haga muy bien.
Sin embargo, y a pesar de tu larga trayectoria
cinematográfica, tú siempre has realizado teatro.
Desde que tengo 19
años no he dejado de hacer teatro. Entre función y función era cuando hacía
cine. Fui a la escuela de Arte Dramático de Trino Trives y después ya no dejé
de hacer teatro. En estos momentos estoy montando “Un invierno en Mallorca”. El
teatro para mí es la vida, el cine es la parte cachonda del arte de crear. De
todas formas ahora, que en las redes me tachan como el último director
independiente de este país, me tomo el cine en serio. Desde “El hijo bastardo
de Dios”, me esfuerzo. Tengo por estrenar “Turbulencia Zombi” y “Una función
para olvidar” en la que Fernando Esteso hace un pequeño papel. Las dos
películas son tragicomedias, lo que me gusta.
“H6, diario de un asesino” en mi opinión es una de las
películas españolas de psycho-Killers más infravaloradas del cine de terror
español, dirigida por tu hijo Martín Garrido Barón y con guion tuyo. ¿Qué
opinas de la película? ¿Tú la hubieras
rodado de manera diferente?
Me alegra que me
digas esto porque si antes podía tener dudas de si entendías de cine, ahora
estoy seguro de que entiendes. Por primera vez en mi vida me comí el coco de
mala manera para escribir el guión de lo que sería el primer largometraje de mi
hijo Martín. Me lo comí de verdad, y el resultado fue un guion genial (no soy
humilde pero sí terriblemente objetivo). Y mi hijo con 21 años hizo una
película de puta madre. Y ahora te voy a contar otra cosa que nunca he contado
públicamente; “H6, diario de un asesino” se terminó y todos dábamos saltos de
alegría. La película había salido genial y nos fuimos a La Columbia para que la
viera su director, James Armstrong. El americano quedó flipado y dijo que la
estrenaba en Gran Vía y tiraba ciento veinte copias. Lo habíamos conseguido,
pensamos mi hijo y yo. Cuando salimos de la productora nos fuimos a comer una
mariscada los cuatro. Mi hijo y yo, y los productores de Kanzaman Mark y Denis.
Por la noche volvimos a Mallorca más contentos que unas castañuelas. Mi hijo
iba a conseguirlo con 21 años. La leche. Al día siguiente, a última hora de la
tarde nos llamó Samuel Gómez, el montador, para decirnos que los productores
habían cortado cuarenta minutos de metraje. Casi nos da algo. Al día siguiente
volvimos a Madrid y les dijimos a los productores de todo menos guapos. Pero no
hubo manera, querían que la película durara noventa minutos. Al quitarle a la
película tanto metraje, se quitó la esencia de la historia. La película fue un
fracaso comercial y las críticas la devastaron. Hay tanto inepto en el cine que
uno no se lo puede creer.
Vuelves a hacer cine años después, en 2015, con “El Hijo
Bastardo de Dios” ¿Qué te motiva volver? ¿Es el cine de tu hijo una inspiración
para esta película?
Simplemente tenía ganas de hacer un cine que siempre he
sabido hacer y que nunca he hecho. Increíble pero cierto. Hasta “El hijo
bastardo de Dios” mis películas no me gustan. Hablo de las que yo he dirigido.
¿No crees que el tener un presupuesto escueto puede
beneficiar de algún modo a esta película en concreto?
Repito: como dicen
en las redes soy el último director independiente de este país. Yo nunca he
pretendido hacer un cine convencional. A mí siempre me ha gustado el cine
independiente. Siempre. ¿Por qué? Porque haces lo que te sale de los cojones y
ningún productor gilipollas te puede cortar tu obra. “El hijo bastardo de Dios”
es una película que quería hacer, y sé, que con el tiempo será de culto. Ya lo
han dicho muchos, no sólo yo. De todas formas no es el cine que quiero hacer,
lo mío es la tragicomedia. Adoro a Berlanga.
¿Por qué “El hijo Bastardo de Dios” es tan sórdida y
lúgubre? ¿No crees que es demasiado extraña para un público que acude en manada
a ver “8 Apellidos Vascos”?
Tienes toda la
razón, pero yo prefiero que me recuerden como el director de “El hijo bastardo
de Dios” que como el de “8 Apellidos Vascos”.
“El Hijo Bastardo de Dios” se estrena en cines, sin
embargo, no cuenta con una edición en DVD. Pero ahora que lo pienso, tampoco
tus películas anteriores cuentan con distribución en DVD ¿Por qué ocurre esto? En
el caso de “El hijo Bastardo de Dios” en particular, y con el resto en general.
Lauren Films editó
la película en VHS, las demás no han salido en DVD. La razón no la sé porque
estaba de juerga. “El hijo bastardo de Dios” si va a salir en DVD.
Tus dos últimas películas son “Turbulencia Zombi” y “Una
función para olvidar”. ¿Por qué una
película de Zombies? ¿No te parece que el mercado esté sobresaturado de cine Zombie?
“Turbulencia Zombi”
es una tragicomedia en la que no sale ningún zombie. Es un grupo de parados de
un pueblo que decide grabar una película de zombies para Youtube y ganar
dinero, el problema es que no tienen ni idea de cómo hacerlo.
“Una función para olvidar” cuenta además con la presencia
de un grande de la escena cómica como es Fernando Esteso, además en un rol
dramático. ¿Cómo decides integrar a Esteso en el casting?
Esteso y Pajares son
grandes actores. Es más, todos los grandes cómicos son grandes actores
dramáticos. Lo conocí en una fiesta en Madrid, y años después le dije que me
gustaría trabajar con él. Leyó el guion y dijo que sí.
¿Podremos ver estas películas en cines o DVD, o el tema de
la distribución esta jodido en exceso?
Claro que sí.
Además, ya tengo distribución para las dos.
¿Eres consciente de que haces un cine muy distinto en
maneras y formas al del resto de cineastas españoles? Eres especialmente
antiacadémico. ¿Por qué crees que si no sigues las pautas marcadas por los
academicismos, las películas no encuentran un público?
Yo soy escorpión. ¿Sabes lo del escorpión que le pidió a la
rana que le cruzara el río? La rana le dijo que no porque le picaría. El
escorpión le juró que no lo haría, y la rana se fió. Y cuando estaban en la
mitad del río el escorpión le pico. “¿Eres imbécil? –le dijo la rana- “Nos
vamos ahogar los dos.” “Lo sé” –le contestó el escorpión-, “¿pero quién frena
mi personalidad?” Mi padre era de la FAI
y yo he salido a él: anarquista.
¿Qué cine ve habitualmente Martín Garrido?
El mejor cine que te puedas imaginar. Soy un cinéfilo de
cojones. Una película, por ejemplo: “Sed del mal” o “Matrix”.
Dime cinco películas que adores
Rufufú
Plácido
La Escopeta Nacional
Divorcio a la Italiana
La Jauría Humana
Cinco Películas que odies
No odio a ninguna
película porque sé lo que cuesta hacerlas.
viernes, 14 de agosto de 2015
USA, VIOLACIÓN Y VENGANZA
Una especie de mafioso intuye que su contable le va a
delatar a el fiscal y pone remedio al
asunto, mientras que por otro lado secuestran, drogan, y violan a una señorita,
que acaba enamorándose de su violador al permanecer consciente durante una de
estas violaciones en la que la sedan. Textualmente; acaba enamorándose del
violador, a base de sentirle dentro, de sentir tanto placer.
Una gilipollez como un templo, una cosa amoral como pocas, y
más importante aún, coñazo como pocas. Y
mal contada, porque la sinopsis que yo alcanzo a entender –igual soy muy corto
de entendederas o presto muy poca atención, pero no creo- es la arriba mostrada
pero suceden muchas cosas más, sin embargo, en esencia, es eso.
José Luis Merino, uno de nuestros artesanos del género, coquetea
con el “Rape and Revenge” – o lo que él interpreta como “Rape and Revenge-”
y nos lo sirve en una época del cine español zetoso que me encanta; los
primeros ochenta. Consecuencia quizás de esta época, sea el hecho de que si te
dicen que esta película es de Jess Franco, tú te lo creas… porque, mientras la
veía pensaba que parecía una película de Jess Franco. Así que al final, y con estas películas como
muestra y ejemplo, lo que muchas veces consideramos un estilo personal, resulta
que no, que es de todo impersonal, y una pura consecuencia de la ausencia de
medios.
Reflexiones a parte, esta película no hay por donde cogerla,
y peor aún, no solo es aburrida sino eterna, acercándose a las dos horas de
metraje y a pesar de que pasan muchas cosas, hay muchos disparos y muchas
violaciones, finalmente, el dinamismo brilla por su ausencia, y queda una cosa
muy loca e insufrible.
Pero destaca su mentalidad “Exploitation”. Maravillosos
resultan el cartel, directa y descaradamente plagiado del de “Soldado Azul”, su
falta de escrúpulos a la hora de abordar el tema de la violación –vamos, que la
gachí pide más- o el bochornoso hecho de que, pretendiendo ambientar la película
en los Estados Unidos, como bien indica el título, se note tanto que están en España.
Una España, además, excesivamente cañí, a la cual tunean y donde hay un
chiringuito de prensa, sigue habiendo un chiringito de prensa, pero le ponen un
gran cartel, cutre a más no poder, que anuncie algo en Inglés. Más
maravillosamente bochornoso resulta cuando haciendo hincapié en que están en
los USA, ruedan en lugares tan reconocibles como La Zarzuela en Madrid, o vemos
pisos con cuadros, puertas y aspecto definitivamente español.
Quitando estas chorraditas que dotan a la película de cierta
gracia, por lo demás, es inaguantable. Vamos, para ver de aquella manera, y enviarla a la papelera de reciclaje (porque
si tienen el VHS o el Beta, algún zumbado, lo mismo les da 10 pavos por él).
En el reparto, destacan los nombres de Pilar Alcón (“¡Qué
gozada de divorcio!”, “Aquí huele a merto… ¡pues yo no he sido¡”) o Ricardo Palacios, cuya presencia siempre convence por su contundente corpulencia y
actitud. Aquí, hace de megalómano vistiendo túnica a lo Demis Rousos, y fumando
puros a los que rechupetea la punta, que da verdadero asco.
lunes, 16 de marzo de 2015
EL PERFIL DE SATANÁS
Debut para la gran pantalla Juan Logar, ya saben, el “amigo”
de Paul Naschy, y que se enfrenta (y nos enfrenta) a un folletín de rollo
filosófico, que reflexiona sobre la maldad humana y la importancia de vivir o
no, tomando la figura de un imponente Eduardo Fajardo que protagoniza la
película y que da vida, según le conviene a la historia, a un inquisidor, a un
oficial Nazi… a personajes malvados para justificar el título de la película
“El perfil de Satanás”, que, por si no se habían dado cuenta, personifica el
personaje de Fajardo. Todo ello servido de una manera torpe y con unos saltos
temporales de la edad media a la actualidad, sin orden ni concierto, que
convierten a la película, aún tendiendo momentos potentes e interesantes, en un
bodrio que no hay por donde cogerlo. Vamos, ni con pinzas.
Los paupérrimos 90.000 espectadores que fueron a ver la
película en el año 69, en una época en la que ir al cine estaba a la orden del
día, avalan el escaso interés que tiene la película, más allá de que esta sea
una película de Logar, que me fascina por un único motivo; todas y cada una de
sus películas, son una mera excusa para hacer lo que más le gusta en el mundo,
que es colar en lo que rueda abundante material de archivo. Aquí en los títulos
de crédito, inserta material de archivo del holocausto Nazi. Y en cuanto puede,
en la película, cuela más material de este. Casi parece que Logar pensara
“Tengo este material aquí, vamos a rodar una película en la que encaje”. Y eso
mismo hizo años después en el, casi “Mondo”, “Autopsia”. Incluso, como tiene
imágenes del entierro de Martin Luther King, idea una situación en la película
en la que se hable de su asesinato, y así poder colarnos las imágenes ¡con
calzador! Lo que es curiosísimo. Porque, además, todo lo hace con afán
amarillista, no es su intención documentarnos, sino, alimentar nuestro morbo.
Sea como fuere, el caso es que la carrera de Logar terminó
en 1981 sin mayor trascendencia, y no volvió a rodar jamás, hasta que, en la
era de la alta definición (¡Que coño! ¡del vídeo!) vuelve a rodar en 2013,
treinta y dos años después de su ultima vez, y lo hace con una película
titulada “Aún hay tiempo” que pasó por la cartelera totalmente inadvertida y
que, ante mi imposibilidad de hacerme con una copia, decido ver el trailer y
youtube y no me ha quedado más remedio que partirme el culo por un motivo
bastante adivinable: En 2013, Juan Logar, filmando en vídeo, y montando
digitalmente, sin moviolas ¡continúa
insertando material de archivo en 35 mm.! y eso que solo he podido ver el
tráiler… Cagándome estoy por ver esta vuelta al cine, porque además, la pinta
que tiene la película es absolutamente demencial. Peor pinta, no he visto que
tenga ninguna otra película. Y además, la protagoniza él.
Por lo demás, finalizar diciendo que, junto a Fajardo, en
“El perfil de Satanás”, contamos con las actuaciones de los habituales de
Logar, María Kosty y Ricardo Palacios.
Un Marciano este Logar.
lunes, 28 de julio de 2014
BUSCANDO A PERICO
Antonio del Real, que tiene la particularidad de ser, sin
comerlo ni beberlo, el único director español actual que hace un tipo de cine
muy deudor de “La Españolada”, paradójicamente, inició su carrera como un
miembro más de “La nueva comedia española”, es decir, que viene de un cine
distinto al que hace ahora. Esto es, que al igual que los Colomos y Truebas de turno, del Real hacía un tipo de
comedia contemporáneo, marcado por la transición y la izquierda de inicios de
la década de los ochenta, dónde la política, la delincuencia, la droga y el
post modernismo formaban parte de esa nueva comedia, dejando atrás todos los
tópicos de lo que la comedia española había sido hasta ahora. Es decir, comedia
para “progres”. Y si en 2006 del Real se atrevió a hacer algo tan fuera de
época como es “Desde que amanece apetece”, en 1982, y tras el éxito que supuso
su opera prima “El poderoso influjo de la vida”, rueda algo tan actual para su
momento como fue “Buscando a Perico”, dónde, quinquis, fachas, rojos y cocaína,
forman el particular universo de esta película.
Un aristócrata de viaje por algún exótico país
latinoamericano, se trae a España un cargamento de cocaína oculto en un paquete
de cocos. Su ayudante, que se encarga de ellos de vuelta a españa y que ignora
lo que los cocos contienen en realidad, los deja en el asiento trasero del
coche. Al día siguiente, cuando va a comprar el periódico, dos quinquis le
roban el coche, estando dentro de él los cocos con la coca y el hijo de este,
Perico. Y de ahí el título “Buscando a Perico”. A partir de ahí, mafia,
policía, drogadictos y demás morralla, entran en escena, buscando a los dos
“Pericos”, con las situaciones cómicas que esto acarreará.
Hay que ver con lo moderna que resultaba esta película en su
momento, lo desfasada que se queda a día de hoy. Teniendo buen recuerdo de ella
de haberla visto años atrás, el volver a verla ha sido un ejercicio soporífero,
a pesar del ritmo endemoniado que gasta la película.
Vendría a ser un remedo a la española de “Los Locos del
Cannoball”, en la que muchos y variopintos personajes van a por algo a la
carrera, todo ello convenientemente adaptado
al españolismo ochentero y haciendo alarde de lo políticamente
incorrecto, como era común en el humor de aquellos días, recién salido el país
de una dictadura. Y no dudo que la combinación en la época fuera explosiva – de
hecho, fueron a verla más de 500.000 espectadores al cine, pero dónde de verdad
tuvo tirón la película, fue en los vídeo clubs- pero a día de hoy no funciona
en absoluto. No conseguí reírme nada de nada, a pesar de la predisposición que
tengo yo con este tipo de productos. Ni tan siquiera entretenerme. Con la de
cosas que pasan. Ya es difícil.
El reparto, plagado de grandes como Luis Escobar, Antonio Gamero, Agustín González, Santiago Ramos, Guillermo Montesinos, Ricardo Palacios o Charly Bravo, es además excéntrico hasta el punto de tener en sus
filas destacadas presencias de la televisión infantil de aquellos días comoFernando Chinarro (“El gran circo de T.V.” “El loco mundo de los payasos”) o José Riesgo (“Terror en el tren de media noche”) y Juan Ramón Sánchez, Julián y
Chema, respectivamente en “Barrio Sésamo” y que aquí interpretan a un mafioso y
a un heroinómano respectivamente, o del mundo de la canción como puedan ser Caco
Senante, o el criminal Teddy Bautista, en un rol que parodia al Alex DeLarge de
“La Naranja Mecánica”.
Curiosa. Pero no ha aguantado el visionado. Una lástima,
porque quería que me gustase, pero…
miércoles, 11 de junio de 2014
CHELY
Ramón Fernández es ya –por mi parte- un habitual de este
blog. Director de comedia que supo dar siempre lo que pedía el público y llenar
las butacas de gente.
Pues, además de todo eso, fue percusor del “Cine Quinqui”.
Ignoro cual sería la primera película adscrita al subgénero. Decir que "Chely" es
la primera, sería muy descabellado por mi parte pero, desde luego, antes de que
este explosionara con las películas de Eloy de la Iglesia, en su vertiente más
social o las de José Antonio de la Lomaen su lado más popular, y mucho antes de que cineastas autores como Carlos Saura se infiltraran con la deshonesta intención de dotar de “dignidad” al
subgénro con la espantosa “Deprisa, deprisa”, ya estaba el señor Fernández, que
venía de generar millones con “No desearás al vecino del quinto” haciendo películas
de quinquis en las que el delincuente es el bueno de la función. Como esta
“Chely”, que además, por si no funcionaba lo de los delincuentes, ya se
encargarían de traer gente a los cines los reclamos de Nadiuska como absoluta
protagonista y Fernando Fernán Gómez, que llega, cumple con su contrato de,
pongamos, dos días de rodaje y se las pira con viento fresco, quedando ahí en
la película, eso si. El guión sería cosa de Juan José Alonso Millán.
Ahora, ¿Cómo siendo precursora es la menos conocida y la
única que apenas se reivindica? Pues yo creo que es por su condición de
populachera, por ser la menos sensacionalista, y no tener en el reparto
delincuentes reales, sino actores que, en esta ocasión, dan el tipo bastante
bien.
Cuenta, por un lado, la historia de una jovencita que, muy
metida en el mundo de la droga (no sabemos si por consumirla o venderla, la
cosa queda ambigua), es encarcelada justo al tiempo que su padre, un viejo
profesor, sale de la cárcel. Los amigos de esta, una banda de delincuentes
juveniles, se dedican a prostituir a una de las chicas del grupo, para cuando
esta está en casa del cliente, irrumpir allí a golpe de pistola y desplumar
todo lo que tengan a tiro. Deciden ir a buscar al padre de su amiga
y colmarle de atenciones, hasta que este muere en trágicas circunstancias, y la
trama se complica.
Desde luego es una obra menor de Ramón Fernández, no es
una gran película “quinqui”, y el guión hace aguas por todos lados, así como
el ajustado presupuesto. A Fernando Fernán Gómez se lo quitan de encima rápido, quizás porque no había dinero para pagarle el caché, váyanse ustedes a saber. Sin embargo, el hecho de que esta película
apareciera antes que lais famosas, la convierte, sino en pionera, si en algo a
tener en cuenta, sobretodo por su carácter de cine palomitero, alejado de malos
rollos y amarillismos en pro de la diversión (aunque la chica protagonista ande en movidas de drogas, es muy sutil y no vemos ni gente inyectándose, ni tan siquiera un mal
porro que se fumen los chavales) De hecho, "Chely" contiene un sobre exceso de ritmo, pasa todo a tantísima velocidad, que entre
eso y lo confuso del guión, hace que te pierdas, pero en absoluto, te
aburras.
Así que, se deja ver, sencillamente.
Encarnando a los delincuentes tenemos a Nadiuska, que tiene
tanta pinta de quinquillera como yo de sacerdote, Josele Román, que por físico
y voz de cazallero sí que da más el tipo, José Maya, y el Aston Kutcher patrio
(es clavado), Pedro Mari Sánchez muy popular de niño al interpretar a Críspulo en “La gran familia”. Ya de mayorcito pudimos verle en esa cosa
extraña que es “El refugio del miedo” y, paradójicamente, luego trabajaría
para Eloy de la Iglesia en algunas de sus películas, sería el doblador de JoséLuis Manzano en “El Pico”. Curioso.
Por la parte de las víctimas de estos desalmados tenemos a Manuel Alexandre, Ricardo Palacios o Tomás Zori, y por la de los que
simpatizan con los macarras, el antes mentado Fernán Gómez, a Antonio Merino o a Isabel Luque, que no es normal lo buena que estaba esa mujer, y lo
bien que está ahora con casi sesenta años El destape, a rasgos generales, está servido.
viernes, 6 de junio de 2014
CAMINO SOLITARIO
“Camino Solitario” es de esas películas de Jess Franco que
verdaderamente te hacen dudar de su condición de inútil, para, simplemente,
endosarle otra condición distinta; la de vago.
Porque siendo esta una película más de esa tanda de
películas ochenteras ambientadas en la costa (“Los blues de la calle Pop”,
“Botas negras, látigo de cuero”), rodadas sin más medios que los que vemos en
pantalla y los mismos actores de siempre (Antonio Mayans es, por enésima vez,
Al Pereira), sería lo más parecido a una película estándar – con permiso de
“Los depredadores de la noche”- de todo lo que rodó en aquellos locos años
ochenta. Esto es, que la película tiene su planteamiento, su nudo y su
desenlace. Con lo que hay que creerse aquello que tanto me gusta y que decía el
abuelo de “De vez en cuando hay que hacer una película de las otras, para que
vean que sabes hacerlas”. Y saber sabía.
De hecho, este “Camino Solitario” tiene hasta ritmo, un montaje muy estándar y
con los planos necesarios, una trama entendible y seguible e, incluso, por
momentos, resulta hasta entretenida. O al menos la primera hora, no toda ella, que se trata de Jess Franco… Pero a lo que
voy, es que saber hacer una película normal y corriente, sabía.
La historia es la de siempre en una película de Al Pereira:
este es contratado por una extraña mujer, que siempre es Lina Romay. Lo que
cambia es el por qué es contratado. En esta ocasión tiene que encontrar a la
hermana desaparecida, pobrecita y desvalida de esta mujer (Lina Romay haciendo
un doble papel), recibiendo la negativa del orondo y moribundo esposo de esta,
que por el contrario dice que es una verdadera arpía. Así que Al Pereira busca, mientras tiene que
sotear la vida cuidando de una hija pequeña, y acabará en los brazos de la
mujer que lo contrató (como siempre…) y a la vez, la historia pegará un giro en
su desenlace. Todo ello regado con largas escenas de erotismo que incluyen
numeritos lesbicos, y un tono dramático extraño, puesto que los otros Al
Pereiras están más enfocados a la comedia. Se agradece la seriedad que, a
rasgos generales, desprende la película.
El reparto lo componen Mayans (o Robert Foster) como
Pereira, la Romay firmando como Candice Coster, Ricardo Palacios, muy metido en
el “mundo Franco” por aquel entonces y que acabaría hasta las narices de su
director y del jefe de producción (Mayans) unos años después, cuando dirigiera
su opera prima “Biba la banda”, y que contrató al “Franco Team” como equipo de
producción de la misma, como el moribundo marido de la mujer contratadora, José
Llamas, como en esta no tenía que follar, tan solo, pasaba por ahí, y la introducción de la niña Flavia Mayans,
que interpreta a la hija de Al Pereira y que, como han podido suponer, es la propia hija de Antonio Mayans.
La película la distribuyó en salas United Internacional
Pictures, si, la famosa multinacional, que en aquellos años, por motivos del
todo fraudulentos, estrenaba grandes estrenos americanos junto a pequeñas
películas marginales que, incluso, venía
bien que no tuvieran buena taquilla, caso este de “Canción Triste de…” de José
Truchado (Ver en “Malas pero Divertidas”), “Operación Mantis” de Paul “JacintoMolina” Naschy, o esta “Camino Solitario”, a la que, no obstante, fueron al
cine a ver 71.000 espectadores.
La película, como ya he dicho se deja ver. Pero estamos en
las mismas, para ver una película estándar de Jesús Franco, me pongo cualquier
otra que, sin duda, mantendrá mejor el tipo. De Franco prefiero ver las cosas
más antiacadémicas, hilarantes y desvergonzadas.
Eso si, sea por el motivo que sea, siempre es fascinante ver
cualquiera de su vasta filmografía.
lunes, 3 de marzo de 2014
LOS CANTABROS
Paul Naschy, desde luego, tenía una afición enorme al
género, al que fuera. Y como en salas de cine estaba siendo un taquillaza
“Conan, el Bárbaro” se rodó el solito una película extraña a más no poder.
Digamos que se trata de un “Exploitation” de “Conan”, customizado e
hispanizado Y si no lo es porque esto se
basa en hechos históricos, digamos que es una apreciación subjetiva.
Cuenta la historia de
Corocotta, un guerrero Cántabro que luchó contra los ejércitos Romanos
de Marco Vespasiano Agripa cuando estos
intentaban conquistar Hispania. Mientras Marco Vespasiano cae ante los encantos
de las Cántabras que le seducen y traicionan, Corocotta ofrece su cabeza a
cambio de la paz, la cual será negada, invitándole a perderla en combate.
Usando en la narración hechos históricos supuestamente
reales, con otros ficticios - Corocotta es una suerte de Conan que trata con
brujos a lo Gandalf y hechiceras- Naschy nos propone una mezcla entre “Peplum”
y “Espada y brujería” rodada con cuatro duros y de lo más mediocre, en el
sentido más estricto de la palabra. Con ello quiero decir que es una locura rodar una epopeya tan grande
como la que rodó el amigo Molina, supongo que con dos duros. Porque las tenía
todas para que esto fuera un film altamente ridículo y risible, que visto a día
de hoy, causara la solaz del espectador más desinhibido. Sin embargo, en ese
sentido es más que digna; buen vestuario, buena ambientación, algún escenario
penoso, si… pero no es lo suficientemente mala para causar la risa, ni tan
buena como para tenerla en cuenta. Es bastante mala, porque se hace eterna,
porque no tiene ritmo, porque los actores están todos espantosos, porque toda
ella se compone de largos diálogos y porque, para no mostrarnos la batalla
final, una voz en of nos la cuenta… termina
la película y te quedas igual que estabas. O sea, una película mediocre.
Incluso, resultan totalmente inofensivos, los insertos de
comedia en la primera mitad de la película… Cántabros y romanos sueltan todo
tipo de gags pretendidamente graciosos – no lo consiguen- sin saber a santo de
qué, para luego dejar la comedia a un lado en pro del drama más descarnado y
las coreografías de batalla menos curradas.
Mediocre, tanto, que en su momento fueron a verla a salas,
tan solo 120.000 espectadores. No es la película de Naschy que menos ha
recaudado, pero si bastante poco. Aunque insisto, la mayoría del cine español
actual, no alcanza esa cifra de espectadores.
Es tan sosa la puta peli, que siquiera nos aburrimos; se
aguanta con dignidad.
Con mogollón de actores en la película, esta cuenta con
media plana mayor de interpretes habituales del cine más zetoso “Made in
Spain”, esto es, tenemos ahí, haciendo, o bien de Cántabros o bien de Romanos,
a célebres y entrañables actores de la talla de
Ricardo Palacios (“El pecador impecable”, “Leviatán”), Alfredo Mayo
(“Poppers”, “El Cid Cabreador”), Verónica Míriel ( “Perros Callejeros II”, “¿Yahora qué, señor fiscal?”), Andrés Resino (“Regreso del más allá”, “La mansiónde la niebla”) Frank Braña, Jenny Llada, Blanca Estrada, David Rocha… incluso otros ilustres a los que ni vemos
en la pantalla, cumpliendo sus papeles
de extra, como puedan ser Paloma Hurtado, o Antonio Mayans, que creo (solo
creo) que es uno de los gladiadores cuyo casco impide que le veamos el rostro.
Ahora, acreditado está. Todo esto capitaneado por un Paul Naschy, que luce
peluca rizada bastante cantosa, luce piernacas bajo la toga y se reserva las
escenas íntimas con las féminas.
Como director Paul Naschy no era tan paquete como actuando,
y quizás por eso, esta película resulta tan insípida.
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