Hace exactamente 20 años, en 2003, en pleno boom de las películas orientadas a adolescentes de principios de siglo (con cosas como “Gente Pez”, “Slam” y similares), los medios de comunicación dieron por saco noche y día anunciando el inminente estreno de una película cuyo máximo aval de cara a la promoción, era que se trataba de “la más barata del cine español”. No era cierto. Sin ir más lejos, un año antes se lanzaba directa a DVD -cortesía de "Manga Films"- una película de esta casa, “Fernando Project” de Naxo. Pero, claro, siendo llevada a cabo de manera totalmente amateur, abrazando dicho amateurismo como ejercicio de estilo, además de declaración de principios, resultó demasiado dura para tener cualquier tipo de repercusión en este país, y que se la considere siquiera película, así que no contó como tal.
Y sí, “La fiesta” fue barata de producir, 5.500 euros ahorrados por sus directores, pero “Fernando Project” había costado solo 50 euros. Ambas fueron grabadas en vídeo Mini-DV. Ergo, “La fiesta” no era verdaderamente la película más barata del cine español —de hecho, puede que ni siquiera “Fernando Project” lo sea—. Además, “La fiesta”, tras ser rechazada impunemente por un sinfín de distribuidoras, fue presentada en el festival de Cine Inédito de Madrid, donde la vieron gerifaltes de "Buena Vista Internacional" que percibieron un filón ante la buena respuesta del público, y le echaron a la película 150.000 euros más con el fin de rodar alguna escena adicional, remontarla e inflar el master a 35 mm, o sea, que ya no son 5.500 euros lo que costó, son casi 160.000.
Se trata de una sex comedy mal entendida, ejecutada, como es usual, por gente que conoce el género de puntillas, Manuel Sanabria y Carlos Villaverde, que aseguran tener entre sus influencias a la hora de desarrollar “La fiesta” películas como “Porky’s” o “Desmadre a la americana”. Para no quedar de garrulos con esas referencias, añaden una con algo más de prestigio: “Clerks”. El resultado de estas referencias da, sin embargo, una mezcla de las teleseries “Al salir de clase” y “Aquí no hay quien viva”. Y no lo digo por el matiz televisivo que tiene la película por culpa del vídeo barato en que está grabada, lo digo por el tono y el humor, y la relación tan extraña que tienen entre sí los personajes que, pretendiendo ser arquetípicos, al final rozan la parodia. Y no se vislumbra ni una sombra de “Desmadre a la americana”, mucho menos de “Porky’s” y tampoco de “Clerks”.
Vista en su momento, podía parecer un producto similar a tantos otros que se facturaban en celuloide en la época y el estar parida con cinta magnética suponía un aliciente. No distaba especialmente. Hoy resulta tan solo una mala comedia con diálogos e interpretaciones bochornosas.
Dos chicos y una chica comparten piso y reciben la visita del novio de la muchacha, un joven con tendencias ultraderechistas que desentona un poco en ese ambiente más o menos alternativo. Ese fin de semana decidirán hacer una fiesta y, para ello, llamarán a algunos amigos y a la cajera del supermercado. Por supuesto, se celebrará la fiesta y la cosa se irá de madre, dando pie a un buen puñado de situaciones surrealistas y enredos que desenmarañar.
El principal problema de la película es que tiene intención de industria, se concibe como un producto comercial y convencional, y de nada sirve el uso del vídeo Min-DV cuando la manera de grabar es idéntica a la de una producción estándar.
Pero a Sanabria y Villaverde les salió bien la jugada y, gracias a una agresiva campaña promocional —que explotaba hasta la saciedad un gag presente en el film entorno a un preservativo— en la que la mayor baza era anunciar a bombo y platillo el bajo coste de la producción, se consiguió un éxito de taquilla, obteniendo, al final de su periplo, la nada desdeñable cifra de 1,209.000 euros provenientes de casi 300.000 espectadores. Negocio redondo.
Por otro lado, a su elenco actoral luego le fue bien, ya que la mayoría acabó estableciéndose en la industria, algunos de ellos como interpretes de primera fila. Es el caso de Alexandra Jiménez, que hoy la tenemos hasta en la sopa o, con carreras más discretas, Norma Ruiz (“La herencia Valdemar”), Canco Rodríguez (El Baraja de la serie “Aida”) o César Camino, que salía haciendo de Pinocho en la película aquella de "Los Lunnis".
A sus directores tampoco les fue mal visto lo visto y después de esta dirigieron una película que es un absoluto placer culpable para mí, “Sinfín”, vehículo para lucimiento de Dani Martín, el de "El canto del loco", en el que formaba un grupo de rock de lo más marciano secundado por El Sevilla, Nancho Novo y Armando del Río. Esta era un exceso ultra-divertido. De ahí, Sanabria, directito a la televisión a dirigir series a cascoporro, mientras que Villaverde dirigió un corto posteriormente… y si te he visto no me acuerdo.
No obstante, ha sido interesante revisar esta película, porque pese a que en su momento tuvo su bombo y cierta repercusión, a día de hoy está completamente olvidada y, en consecuencia, resulta ser uno más de tantos horribles títulos que se parieron entre los años 2000 y 2010, probablemente la década en que peor cine español se ha realizado.
Mostrando las entradas para la consulta Desmadre a la americana ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Desmadre a la americana ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
viernes, 3 de noviembre de 2023
miércoles, 3 de junio de 2009
DESMADRE A LA AMERICANA
Indiscutible clásico en su género, pieza inaugural de lo que sería la "nueva comedia americana" de los (finales de los 70 y) 80 (con toda la troupe salida de "Saturday Night Live") y primer film en su especie, es decir, cine de estudiantes salidos y gamberros. Todo lo que viste y has visto en "Porky´s", "Los Rompecocos", "American Pie" y etc, lo has visto aquí antes. Y mucho mejor.Ayer noche decidí marcarme un "remember" viendo mi copia de VHS (grabada de vídeo a vídeo, como en los buenos tiempos). Disfruté de lo lindo. Ahí estaban esos gags memorables que ya han pasado a la historia: John Belushi reventando la guitarra, el caballo feneciendo de un infarto, las pajas con guantes higiénicos, la fiesta toga (acojonante la canción "Shout!". Literalmente me daban ganas de bailar... y a la vez, me preguntaba cómo era posible que en el planeta exista gente incapaz de gozar de films como este), las capacidades traqueales de Día-D, el vómito inoportuno sobre el rector y el clímax final, con la pandilla de "Delta House" reventando el desfile, entre otras muchas cosas. Citar al reparto y al equipo técnico plagado de astros del humor, futuras estrellas (¡si sale Kevin Bacon de chaval!) y futuros cineastas (Harold Ramis, ex-cazafantasma y filmmaker especializado en comedias mainstream) sería un currazo (¡busca en imdb!), nos centraremos en su director, John Landis, recién salido de "Made in USA", dándolo todo y batiendo dos récords, el de rapidez y el de taquilla. "Desmadre a la americana" (primer film respaldado por la revista satírica "National Lampoon", y en este caso era un dato genuino) fue un exitazo de tomo y lomo, uno que pasados todos estos años aún colea... es decir, todavía hoy la comedia juvenil sigue mamando de su teta.
Contar el argumento no tiene truco: La fraternidad más gamberra del campus en continua batalla con el malhumorado rector (ese gran John Vernon) y la fraternidad más nazi. Gamberradas, cachondeo, locura, sexo y borracheras. Donald Shuterland se marca un papel de profe porrero. A día de hoy sorprende descubrir qué otros actores quedaron fuera del reparto: Bill Murray, Chevy Chase y Dan Aykroyd. Imaginaos que llegan a decir "sí". Tremendo.
El exitazo de "Desmadre a la americana" (o "Animal House", su maravilloso título original) motivó el nacimiento de una serie de televisión fracasada (solo tuvo seis episodios) en la que repetían algunos actores y al personaje de Belushi lo interpretaba otro tipo. El propio John Landis se permitió un papelillo (para lo cual se afeitó su característica barba) en el que se enfrentaba con el mentado Belushi. La escena fue extirpada y destruida... pero alguien se tomó la molestia de recuperar algunas fotos y currarse una versión fotonovela que rula por la red (san google manda).
Lo dicho, clásico incunable que deberías ver ya si es que tienes el valor (o la desgracia) de no haberlo hecho todavía.
viernes, 27 de noviembre de 2015
REENCUENTROS
Pensándolo, es muy cierto que Jonh Belushi es un icono, pero
también es cierto que de las siete películas en las que apareció, fueron un
fracaso seis, solo fue un exitazo “Desmadre a la americana”, todo lo demás
pinchó, a veces de forma catastrófica, lo que le convierte en un verdadero cómico
de culto. Porque la veneración por Belushi viene a posteriori y no por gran
actor, sino por yonkie. Y el culto a películas como “1941” o “Granujas a todo
ritmo” se inicia años después, que en el
momento, fueron fracasos gordos.
Si bien empezó con papeles episódicos en películas como
“Camino del Sur” o la que nos ocupa “Reencuentros”, “Old Boyfriends” en su
versión original. Nada, es una intervención que apenas sobrepasa los 25
minutos, pero que sirve para comprender por qué Belushi es tan amado; es que
gozaba de un carisma y una personalidad tal que traspasaba incluso las
películas en las que aparecía. Y no hay que olvidar que Belushi es quien es
gracias a sus intervenciones en el “Saturday night Live” y que de ahí le viene
el éxito y la fama; cuando murió, en el cine, no estaba más que empezando y, a
juzgar por los fracasos, con bastante mal pie. Pero cuando salía en una peli,
el espectador se queda bocas contemplando el alarde de energía que soltaba el
actor.
“Reencuentros” es la progre historia de una loca del coño
que tras divorciarse, decide pegarse el festival de pollas follándose a sus ex
novios, así se va a una ciudad y fornica con uno, lo intenta con otro en otra
ciudad, y mientras cala hondo en el primero de todos ellos, cuando este se va a
buscarla, le da tiempo a echarse otro caliqueño con un tercero.
La película pasó inadvertida, porque pocas cosas se han
visto más malas que esta. Un coñazo de corte medio feminista, con una música
épica que le acompaña en toda suerte de escenas románticas y que no le va nada bien
al asunto, que supuso el debut de su directora, Joan Tewkesbury, y que después
quedó relegada a la dirección televisiva porque es obvio que la chica no era en
exceso talentosa.
Belushi interpreta en la cinta a su novio del instituto, el
cual la humilló diciendo a sus compañeros que se había acostado con ella siendo
mentira. Cuando se reencuentran años después, ella está dispuesta a, ya que él
alardeaba de ello, que se la tire de verdad.
Y ahí radica todo el interés del asunto, el poder ver en
acción a Belushi en una de sus películas más ignotas. Una vez concluye su
parte, el resto de la película carece de interes. De hecho, circula por la red
una versión de la película montada por un fan, en la que solo vemos las escenas
en las que aparece Belushi.
La película la protagoniza Talia Shire, hermana de Francis Ford Coppola y la Adrian de “Rocky”, papel por el que consiguió después este
protagonista, y por el cual ya nunca haría ninguna película trascendente más
allá de la saga de “Rocky”. “Reencuentros” estaba concebida para su lucimiento,
pero se lució más bien poco. Y es que ¡que bazofia tan grande por dios!
Junto a Belushi y Shire, Keith Carradine (hermano de David y
de Robert e hijo de John) interpreta a otro novio más y Richard Jordan (“Dune”, “A la caza del
Octubre rojo”) interpreta al que al final se lleva el gato al agua. De hecho, en la época del vídeo, era el actor
que lo partía de todo el reparto, puesto que al estrenarse directamente en
vídeo en nuestro país –y he aquí la prueba de que Belushi no era nadie, al
menos en España, hasta que le
reivindicaron los esnobs- en la carátula (que no tiene desperdicio) es él el
que figura como estrella, más allá de sus compañeros. También es cierto que la carátula
de vídeo es un poco engañosa, ya que se nos muestra la película como una
especie de thriller, o algo así, prometiendo acción cuando en realidad se trata
de un culebrón rosa y dramático que sonrojaría al más acostumbrado a las
ñoñerías.
No obstante en su estreno americano, al largarse el público
a mitad de película durante sus proyecciones, de puro coñazo que era, a los
señores distribuidores de Embassy, no se les ocurrió otra cosa que cambiar el
póster; si en la primera versión aparecía Talia Shire abrazando a un señor
anónimo, en la versión nueva, con las que inundaron paneles de autopistas y
marquesinas, aparecía ella en primer plano, custodiada por un Belushi que
presidía el póster, micrófono en mano, y cuya frase promocional venía a decir
algo así: “Talia Shire buscaba el amor de su vida, pero esta vez será Belushi
el que la mande a la mierda”. No he podido encontrar casi info de la peli en
toda la red, menos aún este póster que tan bien hubiera ilustrado lo que digo.
Jonh Belushi, su representante, y la madre que parió a todos
ellos, por supuesto, se llevaron un monumental cabreo al ver el uso que se
hacía de la figura de Belushi en la promoción, pero al ser tal el fracaso,
pasaron de todo lo referente a denuncias y malos rollos.
Y es que Belushi, cuando se estrenó esto, era ya súper
famoso, tanto que le colaron ahí como protagonista para ver si se salvaba la
película. Lo único que se consiguió es que la gente pidiera que se le
devolviera su dinero a la entrada del cine, porque habían pagado para ver una
película protagonizada por John Belushi, y en esta él aparecía un momento. Así
que no remontaron y la película se fue al garete; eso si, las críticas fueron
más que favorables para el señor Belushi.
Por lo demás, mierda. Lo más interesante, lo que acaban de
leer aquí.
viernes, 4 de diciembre de 2015
MI NIDO O EL TUYO
Tan convencido estaba Steven Spielberg del tirón de John Belushi, tal el aprecio que sentía por él, que creo la “Amblin” solo para poder
pegarse el gustazo de producir la que, en teoría, iba a ser la película que
encumbraría a John Belushi. “Mi nido o el tuyo”. Ergo, se trata de la primera
película producida por Amblim, y también, la primera comedia romántica de John
Belushi.
Cuenta la historia de un periodista de éxito de un popular
periódico de Chicago que acude a las montañas a realizar un artículo sobre una
ornitóloga que estudia a una clase de águilas en extinción. Allí, surgen las
disputas (ella es chica de montaña, él hombre de ciudad) y las redencillas
para, de la noche al día, todo eso convertirse en un amor infinito, que se verá
perjudicado por los distintos hábitats en los que nuestros protagonistas se
desenvuelven.
“Mi nido o el tuyo” –“Continental Divide” en su versión
original, que hace referencia a la separación de montañas que hay entre los USA
y Canadá, dónde sucede el grueso de la película- tenía una intención; convertir
a Belushi en el nuevo Spencer Tracy. Lógicamente, todo Tracy que se precie,
tiene que tener una Catherine Herpburn que le sirva de pareja, así que le
endosaron a una tal Blair Brown, feucha y actriz del montón, con la que no surgió
ninguna química. El resultado es terriblemente flojo, una película aburrida de
narices, con una historia absurda y, en definitiva, una película carente de
cualquier carisma. Entonces, lo que iba a ser el peliculón de Belushi acabó
siendo uno de sus fracasos (recordemos que solo tuvo un par de grande éxitos).
Y es que, como dice la canción, el peor enemigo de Belushi,
era el propio Belushi. La película no
hay quien la salve, quizás protagonizada por Chevy Chase y Goldie Hawn sería
más visible, pero seguiría siendo una mierda. Sin embargo, hay que tener en
cuenta que “Mi nido o el tuyo” se ve resentida por un John Belushi en fase
terminal que echó a perder el rodaje, no solo por sus continuo estado de
embriaguez y/o drogadicción, sino también, porque quería meterle el rabo a
Blair Brown a toda costa, llegando, incluso, a meterle mano en algunas
ocasiones, con lo que consiguió que la actriz le cogiera un asco descomunal
que, desde luego, se transmite en la pantalla.
En la pre-producción, la inseguridad embargaba a Belushi. No
sabía si daría el tipo ya que necesitaba una interpretación sosegada y
contenida –“¡Nada de cejas!” le decía continuamente el director- y por unos
instantes, cuando aceptó el papel, decidió tomárselo en serio. Comenzó una
dieta que le hizo adelgazar casi 20 kilos y no consumió drogas durante ese
tiempo. Se mantuvo sobrio. Y el rodaje fue sobre ruedas las primeras semanas.
Pero claro, fue llegar a Chicago, dónde se rodaba parte de la película y mandó
a tomar por el culo la dieta y la abstinencia. Además, la eterna inseguridad
del actor, le hizo perder la fe en una película concebida a su medida, escrita
por Lawrence Kasdan y producida por Spielberg. Al considerar que no estaba a la
altura, que no resultaba interesante más allá del salvaje rol de Bluto de
“Desmadre a la Americana”, Belushi se dio de nuevo a la mala vida con lo que
eso conlleva; Llegar completamente
drogado al rodaje, engordar como un cerdo o directamente no asistir al rodaje.
Y es que, efectivamente, si sacamos a Belushi de su rol salvaje, resulta ser un
actor más bien discretito y tirando a malo.
Dicen que la película en la que más hecho polvo estaba
Belushi, es “Mis locos vecinos”, sin embargo donde el deterioro físico es más
palpable es en esta “Mi nido o el tuyo”, dónde los kilos y kilos de maquillaje
no ocultan un rostro castigadísimo por la cocaína, unas ojeras permanentes, o
en el peor de los casos, y vaya usted a sabe por qué, heridas y arañazos en el rostro, en una de las
escenas. Desde luego, lamentable. Por no hablar de cómo Belushi engorda y
adelgaza en una misma escena. Pero me
refiero a cambios físicos de entre 10 y 15 kilos.
Más allá de esto que cuento, y si no estuviera protagonizada
por quien lo está, “Mi nido o el tuyo” es una película muy del montón, muy
sosita, que pasó inadvertida en su estreno en USA, y aquí a España nos llegó
directamente al mercado del vídeo, y con pocas copias además, por lo que hoy en
día se trata de una de las películas más desconocidas del actor, siendo como
es, un icono.
Junto a Belushi y Brown destaca la presencia de Tony Ganios
¿Qué quien es ese? Pues nada menos que el “Cigarro Puro” de la saga de
“Porky’s”.
Dirige el director de estudio Michael Apted, que lo mismo te
dirige esta, que te dirige “Estado Crítico” al servicio de Richard Pryor, que
“Gorilas en la niebla”, que una de las entregas de “Narnia”.
martes, 29 de octubre de 2024
GEMIDOS EN LA OSCURIDAD / EL INVISIBLE
Sometida a infinidad de recortes, con una pifia de montaje importante y un guion férreo que no dejó de ser escrito y reescrito durante el rodaje por el director de la película, lejos de resultar un caos incomprensible, “Gemidos en la oscuridad” (rebautizada como “El Invisible” en su edición de vídeo de "Media Home Entertainment") es un pequeño clásico de terror ochentero adscrito a ese subgénero con niño-monstruo encerrado en el sótano. Portadora de una insana mala baba, contra viento y marea, resulta ser una película bastante eficaz.
Tres mujeres con aspecto de "Los Ángeles de Charlie", reporteras de profesión, viajan hasta un remoto pueblo para documentar un festival bávaro que se celebra allí. Naturalmente todos los hoteles están hasta la bandera, dando con sus huesos en un pequeño museo donde el propietario, un señor de mediana edad obeso y un tanto purulento, les ofrece su casa como alojamiento. Vive con su esposa, y el matrimonio guarda un pequeño secreto; tienen a una extraña criatura en el sótano a la que alimentan a base de pollo hervido encerrada. Dará cuenta de las pizpiretas reporteras, como es de rigor.
A estas alturas, para poder comentar la película, no queda más remedio que espoilearla, porque la gracia de la misma reside en su resolución, en la que descubrimos que el niño-monstruo del sótano no es más que un joven con síndrome de down, fruto de la relación sexual incestuosa entre el casero y su hermana (a la que ha presentado a las tres mujeres como su esposa).
La película, más cercana al drama que al terror propiamente dicho, con una ambientación diurna y luminosa, y una ausencia de sangre impropia para un film de 1980 de estas características, por momentos es incapaz de generar una atmósfera inquietante por mucho que lo procura, sin embargo, son tantos los eventos que se suceden (narrados en off, nunca filmados) en la vida del perverso casero y su traumatizada hermana, que la historia se sigue con interés, máxime cuando averiguamos que el monstruo del sótano es hijo suyo. El espectador está loco por verle.
Me resulta hilarante el hecho de que finalmente no se tratase de un monstruo, sino, de un inofensivo síndrome de down encerrado por su progenitores enajenados, sobreviviendo en condiciones inhumanas. Pero más hilarante es todavía cómo se nos le presenta en el póster español para cines —el que adjunto—, con los ojos en blanco, babeando como una bestia y con síntomas de deformidad que, luego, en la película no son tan notables. Una que, más allá de eso, se disfruta sin demasiados aspavientos, quedando como correcta muestra del género y la época.
Mientras la veía, en el momento en el que descubrimos al síndrome de down del sótano, estuve convencido de que el papel había sido ejecutado por un down auténtico. Además la secuencia final se recrea especialmente en esta discapacidad, ofreciéndonos el muchacho un recital de gruñidos, gestos, muecas y dejes propios de las personas con cromosomas de más. De hecho, la recreación en esos aspectos llega a cotas ofensivas convirtiéndose, inevitablemente, en una comedia involuntaria. Justo al acabar, llega una sorpresa porque, inmediatamente después del plano final, aparece un crédito a toda pantalla que dice: “The Unseen as interpreted by Stephen Furst”, ya saben, "Lenguado" de “Desmadre a la americana”, que ofrece una interpretación absolutamente demencial amparado en el no del todo mal aplicado maquillaje de Marla Manalis, responsable también del aspecto de los “Humanoides del abismo”. Yo completamente convencido de que se había utilizado a un actor subnormal. Se pueden imaginar mi actitud en mi sofá ante esta idea…
Además del buen hacer actoral de Furst, tenemos otro actorazo de corte clásico como es Sydney Lassick, el entrañable "Cheswick" de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que da vida al atormentado casero que fue instado a acostarse con su hermana en la juventud quedando traumatizado por ello. A la hermana la interpreta otra excelente actriz, Leila Goldini, vista en “La invasión de los ultracuerpos” y chica Cassavetes. Finalmente tenemos a Barbara Bach, por entonces muy popular como chica Bond tras aparecer en “La espía que me amó”.
Como ya he dicho, el film es un desbarajuste técnico que partía de una idea de Stan Winston, traspasada a un guion escrito a seis manos que el director, Danny Steinmann, modificó a antojo. Por lo que terminó sin tener mucho que ver con la idea de partida. Es de suponer que Steinmann añadió, asimismo, toquecitos autobiográficos al introducir a un personaje, el novio de la reportera, que, al igual que el propio director, en el pasado fue un jugador de football americano, posteriormente retirado por culpa de un accidente.
Danny Steinmann no llegó a entenderse del todo con la producción, por lo que fue despedido de facto una vez completado el rodaje, sin acceso a la fase de montaje. No quedó muy satisfecho con el resultado final, así que firmó bajo el seudónimo de Peter Foleg.
“Gemidos en la oscuridad” sería la primera película comercial de Steinmann que, tras haber debutado dirigiendo el porno “High Rise”, comenzó una carrera que fructificó nada menos que con “Calles salvajes” y “Viernes 13 5ª parte: un nuevo comienzo”, además de haber sido propuesto para el guion y dirección de la secuela de “La última casa a la izquierda”, que nunca llegó a producirse. Poco después tuvo un aparatoso accidente en bicicleta que le dejó impedido, terminando así con su carrera cinematográfica. Fallecería en 2012.
Tres mujeres con aspecto de "Los Ángeles de Charlie", reporteras de profesión, viajan hasta un remoto pueblo para documentar un festival bávaro que se celebra allí. Naturalmente todos los hoteles están hasta la bandera, dando con sus huesos en un pequeño museo donde el propietario, un señor de mediana edad obeso y un tanto purulento, les ofrece su casa como alojamiento. Vive con su esposa, y el matrimonio guarda un pequeño secreto; tienen a una extraña criatura en el sótano a la que alimentan a base de pollo hervido encerrada. Dará cuenta de las pizpiretas reporteras, como es de rigor.
A estas alturas, para poder comentar la película, no queda más remedio que espoilearla, porque la gracia de la misma reside en su resolución, en la que descubrimos que el niño-monstruo del sótano no es más que un joven con síndrome de down, fruto de la relación sexual incestuosa entre el casero y su hermana (a la que ha presentado a las tres mujeres como su esposa).
La película, más cercana al drama que al terror propiamente dicho, con una ambientación diurna y luminosa, y una ausencia de sangre impropia para un film de 1980 de estas características, por momentos es incapaz de generar una atmósfera inquietante por mucho que lo procura, sin embargo, son tantos los eventos que se suceden (narrados en off, nunca filmados) en la vida del perverso casero y su traumatizada hermana, que la historia se sigue con interés, máxime cuando averiguamos que el monstruo del sótano es hijo suyo. El espectador está loco por verle.
Me resulta hilarante el hecho de que finalmente no se tratase de un monstruo, sino, de un inofensivo síndrome de down encerrado por su progenitores enajenados, sobreviviendo en condiciones inhumanas. Pero más hilarante es todavía cómo se nos le presenta en el póster español para cines —el que adjunto—, con los ojos en blanco, babeando como una bestia y con síntomas de deformidad que, luego, en la película no son tan notables. Una que, más allá de eso, se disfruta sin demasiados aspavientos, quedando como correcta muestra del género y la época.
Mientras la veía, en el momento en el que descubrimos al síndrome de down del sótano, estuve convencido de que el papel había sido ejecutado por un down auténtico. Además la secuencia final se recrea especialmente en esta discapacidad, ofreciéndonos el muchacho un recital de gruñidos, gestos, muecas y dejes propios de las personas con cromosomas de más. De hecho, la recreación en esos aspectos llega a cotas ofensivas convirtiéndose, inevitablemente, en una comedia involuntaria. Justo al acabar, llega una sorpresa porque, inmediatamente después del plano final, aparece un crédito a toda pantalla que dice: “The Unseen as interpreted by Stephen Furst”, ya saben, "Lenguado" de “Desmadre a la americana”, que ofrece una interpretación absolutamente demencial amparado en el no del todo mal aplicado maquillaje de Marla Manalis, responsable también del aspecto de los “Humanoides del abismo”. Yo completamente convencido de que se había utilizado a un actor subnormal. Se pueden imaginar mi actitud en mi sofá ante esta idea…
Además del buen hacer actoral de Furst, tenemos otro actorazo de corte clásico como es Sydney Lassick, el entrañable "Cheswick" de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que da vida al atormentado casero que fue instado a acostarse con su hermana en la juventud quedando traumatizado por ello. A la hermana la interpreta otra excelente actriz, Leila Goldini, vista en “La invasión de los ultracuerpos” y chica Cassavetes. Finalmente tenemos a Barbara Bach, por entonces muy popular como chica Bond tras aparecer en “La espía que me amó”.
Como ya he dicho, el film es un desbarajuste técnico que partía de una idea de Stan Winston, traspasada a un guion escrito a seis manos que el director, Danny Steinmann, modificó a antojo. Por lo que terminó sin tener mucho que ver con la idea de partida. Es de suponer que Steinmann añadió, asimismo, toquecitos autobiográficos al introducir a un personaje, el novio de la reportera, que, al igual que el propio director, en el pasado fue un jugador de football americano, posteriormente retirado por culpa de un accidente.
Danny Steinmann no llegó a entenderse del todo con la producción, por lo que fue despedido de facto una vez completado el rodaje, sin acceso a la fase de montaje. No quedó muy satisfecho con el resultado final, así que firmó bajo el seudónimo de Peter Foleg.
“Gemidos en la oscuridad” sería la primera película comercial de Steinmann que, tras haber debutado dirigiendo el porno “High Rise”, comenzó una carrera que fructificó nada menos que con “Calles salvajes” y “Viernes 13 5ª parte: un nuevo comienzo”, además de haber sido propuesto para el guion y dirección de la secuela de “La última casa a la izquierda”, que nunca llegó a producirse. Poco después tuvo un aparatoso accidente en bicicleta que le dejó impedido, terminando así con su carrera cinematográfica. Fallecería en 2012.
lunes, 29 de julio de 2019
EJECUTIVO EJECUTOR
Un yuppie que lleva años esforzándose y trabajando duro para
conseguir un ascenso en su empresa, se decepciona notablemente cuando le dan la
noticia de que el puesto que tanto anhelaba, finalmente, se lo darán a otro
individuo. Entre otras cosas, teme la reacción de su déspota esposa. Esperando al metro, un
vagabundo se le acerca a pedirle dinero y con el cabreo, le arroja a las vías
justo cuando viene el tren, pasándole este por encima. Nadie le ve hacerlo
y a nadie tampoco parece importarle la
muerte de este infeliz. Como sale indemne, planea ir asesinando uno a uno a
todos los que suponen una molestia para su bien estar, empezando por su esposa
y terminando por el usurpador de su puesto. ¿Cómo saldrá de esta? Pues para
eso, mejor vean la película.
Cuando uno es un actor famoso y de prestigio, tiene
tendencia a gastar ingentes cantidades de dinero, por lo que, muchas veces,
estos actores acaban arruinados. A mediados de los 80 y hasta bien entrados los
90, Michael Caine, con una reputación como actor intacta y una elogiosa
filmografía a sus espaldas, era uno de esos actores que tenían un agujero en el
bolsillo y más deudas que un adicto a la cocaína, por lo que se vio obligado a
hacer películas alimenticias para conseguir dinero, sin importarle mucho el tipo
de película que se tratara y aún a sabiendas de que, en el peor de los casos,
estas serían una mierda. Sin embargo, estas películas mercenarias, resulta que
suelen estar muy bien y esto le lleva a uno a pensar si no será cosa de la
casualidad o que, como me temo, el actor es tan enorme que mejora
sustancialmente en cualquier película en la que participa. “Lío en Río”, una de
sus películas más ninguneadas, es una comedia absolutamente genial, y cosas
como “Loca Juerga Tropical” o “Un destino de ida y vuelta” están bastante bien,
quizás por el mero hecho de que Michael Caine está en ellas.
“Ejecutivo ejecutor”, de 1990, basada en la novela “A shock
by the system” de Simon Brett, es un claro ejemplo de comedia que funciona a
las mil perfecciones, pero que, si Michael Caine no estuviera en ella, quizás
haría aguas por todas partes. Nada en ella es genial, pero nos quedamos mirando
como idiotas única y exclusivamente porque Caine no sale de plano y da gusto
verlo. El resto de actores están apáticos y parecen monigotes a su lado.
Siendo justos, diremos que aún ejecutada como con pereza,
con desidia, la historia de “Ejecutivo ejecutor” no deja de ser una buena
historia que a poco que se le eche una muy buena interpretación, tiene
tendencia a salvarse. En definitiva, se ve más o menos bien, pero por Michael
Caine.
El film fue un fracaso absoluto a nivel mundial (en España
apenas 150.000 espectadores) que en algunos países se estrenaron directamente
en vídeo y que, a rasgos generales, paso bastante inadvertida en todo el mundo.
En una entrevista más o menos reciente, Michael Caine dijo
acerca de la cinta que se trataba de una película de bajo presupuesto a la que
no se le sacó el partido, porque era pequeña, pero no tan pequeña como para
salir lo que salió. También dice de ella que si fuera un telefilm de la HBO, no
sería de los peores. No es mala esta observación de Caine ya que su director,
Jan Egleson, salvo alguna película puntual, se dedicó en lo sucesivo a hacer
toda suerte de trabajos televisivos de medio pelo, que es con lo que se ha
ganado la vida. Lo demás que ha hecho para cine (una película más) carece de la
menor importancia.
El resto del reparto principal lo completan, apáticos,
Elisabeth McGovern (“Érase una vez en América”, “Gente corriente”), Peter Riegert
(“Desmadre a la Americana”, “La gran locura Americana”) y Swoosie Kurtz (“El
Castañazo”, “El mundo según Garp”)
Durante la década de los 90, Michael Caine recuperaría la
pasta que necesitaba y poco a poco volvería a elegir los papeles y recuperaría
el prestigio, pero aún le dio tiempo a hacer un pedazo de mierda peor que esta
(que esta tiene algo de dignidad): “Seducción peligrosa”, la cual, si me da el
punto, puede que aparezca por aquí algún día.
sábado, 16 de julio de 2022
ROCK´N´ROLL HIGH SCHOOL
Si existe una lista de genuinas "cult movies", sin duda "Rock´n´Roll High School" entra de cabeza. Me refiero a la época en la que dicha etiqueta se aplicaba de manera justa, lógica y medida. No como ahora, que es de culto hasta el vídeo de tu abuela pelando patatas. Llevaba años deseando verla. Sin éxito. Incluso lo intenté en versión original a pelo, pero claro, fue un fracaso. Imagínense el sorpresón que supuso descubrirla el otro día, subtitulada, en una tele de esas de pago. No tardé nada en ponérmela entera.
¿Y por qué es de culto? Pues por varias razones. Entre ellas, quien está implicado en su creación y, por supuesto, en torno a qué famosa banda de rock and roll gira la trama. La cosa va de una chica llamada "Riff Randell" que es mega-fan de... ¡los "Ramones"! Su fanatismo choca de frente con la mojigatería y autoridad de la nueva directora en el insti, quien trata por todos los medios de poner fin al mismo rock and roll. Lo pagará caro el día que los alumnos se reboten y se hagan con la escuela al completo, para lo que contarán con ayuda de los mismísimos Joey, Johnny, Dee Dee y Marky.... Ramone, claro.
"Rock´n´Roll High School" es una comedia musical. Al estar fechada un año después del mega-hit "Desmadre a la americana", toma buena nota de aquella... especialmente en lo concerniente a ese fabuloso cartel descaradamente copiado -y muy bien- por el ultra talentoso William Stout, diseñador de producción en "El regreso de los muertos vivientes", del que ilustraba el clásico de John Landis. El humor, aunque a ratos estudiantil y gamberro, también se apunta un poco a cierto "spoof", cierto absurdismo (¿podríamos hablar aquí de influencia de "Made in USA"? podríamos... pero no lo creo) Lo que no encontrarán son tetas. Sí porros, sí coñas a costa de mal trato animal... pero el sexo se limita a una subtrama, totalmente prescindible, en la que el chico guapo del insti es un auténtico inútil a la hora de comunicarse con las chicas (giro original) y vive acomplejado + virgen. La historia que realmente nos importa es la de "Riff Randell" y su pasión por el cuarteto neoyorquino. Y son las escenas en las que suenan canciones de estos o, directamente, los vemos a ellos tocarlas (o interpretar fatalmente, con Marky y Dee Dee mirando a cámara en alguna que otra ocasión) cuando realmente disfrutamos. Obviamente, si los "Ramones" no te van, te quedarás frío. Pero si, como yo, los aprecias, pasarás un rato maravilloso canturreando sus clásicos. De hecho, me ha sorprendido lo mucho que los he vuelto a gozar cuando daba por sentado que, al tenerlos tan sobados, no me dirían nada. Craso error. Todo ello envuelto en un tono extremadamente loco, caótico, refrescante y muy divertido. Casi parece una película de los buenos tiempos de la Troma. Y no me extrañaría ni pizca que esta hubiese tomado buena nota de ella, ya que el parecido entre el desmadre de "Rock´n´Roll High School" y el de "Mutantes en la universidad" resulta indiscutible. Ambas parecen una fiesta filmada, antes que una película propiamente dicha.
Y detrás de todo esto encontramos una ristra de nombres que quitan el hipo, comenzando por el productor, Don Roger Corman que, parapetado tras su flamante "New World Pictures", quería hacer una película sobre música disco. Fue el director, Allan Arkush, quien le convenció para apostar por el rock dinámico y cafre de los "Ramones". Arkush dio forma al proyecto con ayuda de su querido amigo Joe Dante, presente en los agradecimientos, como co-autor de la "story" y en formato cameo haciendo de policía, al ladito de su inseparable Dick Miller. La carrera de Arkush -también efectuando su respectivo cameo, como portero de un concierto- ha durado hasta hoy, aunque más focalizada en la televisión. Antes, dirigió cosas tan peculiares como "Hollywood Boulevard" (junto a Dante), "Deathsport / El juego de la muerte", "Heartbeeps" (con Andy Kaufman), "Get Crazy" o "El club de los chalados 2" (su última película-película)
El reparto tampoco tiene desperdicio alguno: P.J.Soles (de "La noche de Halloween", "Carrie", "El pelotón de los chiflados" y "Alienator"), Vincent Van Patten (de "Noche Infernal"), Clint Howard como el listillo/golfo de la escuela, Dey Young (que acabaría haciendo papeles tontos en películas tan curiosas como "Spaceballs", "Perseguido", "La serpiente y el arco iris" o "Ríete como puedas", ese ignoto vehículo para Michael Winslow), los inseparables Mary Woronov + Paul Bartel, ella como la dictatorial directora del insti, él como impagable estirado profe de música clásica mutado a fan de "Ramones" y, finalmente, el DJ Don Steele (de "La carrera de la muerte del año 2000", "Gremlins" y "¿Y si nos comemos a Raul?"). Entre los asistentes al concierto de "Ramones" encontramos gentes del calibre de Arturo Vega (famoso diseñador del logo de la banda, ese que ahora lleva todo dios en la camiseta) o el mismísimo cantante de los "Germs", el monguito Darby Crash. Tras las cámaras también abundan los nombres de peso. El reputadísimo Dean Cundey se encarga de la dirección fotográfica. Y en tareas de asistente o director de segunda unidad tenemos al -entonces- futuro productor de "Piraña", "Aterriza como puedas", "En los límites de la realidad", "Top Secret!", "Robocop" o "Starship Troopers", Jon Davidson. Le acompañan el mismísimo Jerry Zucker de los ZAZ (la conexión entre esta gente y la peli reseñada es indiscutible... habría que ver quien inspiró a quien, cuanto y de qué manera) y el gran Rob Bottin diseñando (y encarnando) a un ratón gigante en uno de los gags más tontos de toda la película (fíjense que muchos de estos caballeros volverían a coincidir en futuros títulos generalmente míticos. No hay nada como hacer buenos amigos. Solo que, en este caso, el amiguismo se compensaba con sobrado talento... casi lo opuesto a lo habitual, sobre todo si hablamos de cine patrio)
Dada la naturaleza musical de "Rock´n´Roll High School" la banda sonora es, obviamente, impepinable (llegué a disponer de ella en vinilo, aunque creo que fue, sobre todo, por la cubierta) Además de muchos temas de "Ramones", destacan otros tantos de Chuck Berry, Alice Cooper, Devo, "Eddie and the Hot Rods", Fleetwood Mac, Nick Lowe, Paul McCartney & the Wings, "MC5", Todd Rundgren y Brian Eno. ¡¡Tremendo!!
Porque Corman es Corman, y no puede evitarlo, llegó a reciclar algunas imágenes del film en "Slumber Party Massacre 2" (donde las protas lo ven por la tele, aunque con unas canciones mucho más ñoñas como fondo sonoro) y en 1991 produjo una secuela directa, "Rock´n´Roll High School Forever". Gracias a su nulidad, se la señala como la razón de que la carrera de su protagonista, Corey Feldman, comenzara un imparable declive.
En definitiva, que tras tanta espera no me he sentido defraudado. "Rock´n´Roll High School" está un rato simpática, y entretiene sobre todo en su tramo final. Fans y simpatizantes de "Ramones", no perdérsela.
¿Y por qué es de culto? Pues por varias razones. Entre ellas, quien está implicado en su creación y, por supuesto, en torno a qué famosa banda de rock and roll gira la trama. La cosa va de una chica llamada "Riff Randell" que es mega-fan de... ¡los "Ramones"! Su fanatismo choca de frente con la mojigatería y autoridad de la nueva directora en el insti, quien trata por todos los medios de poner fin al mismo rock and roll. Lo pagará caro el día que los alumnos se reboten y se hagan con la escuela al completo, para lo que contarán con ayuda de los mismísimos Joey, Johnny, Dee Dee y Marky.... Ramone, claro.
"Rock´n´Roll High School" es una comedia musical. Al estar fechada un año después del mega-hit "Desmadre a la americana", toma buena nota de aquella... especialmente en lo concerniente a ese fabuloso cartel descaradamente copiado -y muy bien- por el ultra talentoso William Stout, diseñador de producción en "El regreso de los muertos vivientes", del que ilustraba el clásico de John Landis. El humor, aunque a ratos estudiantil y gamberro, también se apunta un poco a cierto "spoof", cierto absurdismo (¿podríamos hablar aquí de influencia de "Made in USA"? podríamos... pero no lo creo) Lo que no encontrarán son tetas. Sí porros, sí coñas a costa de mal trato animal... pero el sexo se limita a una subtrama, totalmente prescindible, en la que el chico guapo del insti es un auténtico inútil a la hora de comunicarse con las chicas (giro original) y vive acomplejado + virgen. La historia que realmente nos importa es la de "Riff Randell" y su pasión por el cuarteto neoyorquino. Y son las escenas en las que suenan canciones de estos o, directamente, los vemos a ellos tocarlas (o interpretar fatalmente, con Marky y Dee Dee mirando a cámara en alguna que otra ocasión) cuando realmente disfrutamos. Obviamente, si los "Ramones" no te van, te quedarás frío. Pero si, como yo, los aprecias, pasarás un rato maravilloso canturreando sus clásicos. De hecho, me ha sorprendido lo mucho que los he vuelto a gozar cuando daba por sentado que, al tenerlos tan sobados, no me dirían nada. Craso error. Todo ello envuelto en un tono extremadamente loco, caótico, refrescante y muy divertido. Casi parece una película de los buenos tiempos de la Troma. Y no me extrañaría ni pizca que esta hubiese tomado buena nota de ella, ya que el parecido entre el desmadre de "Rock´n´Roll High School" y el de "Mutantes en la universidad" resulta indiscutible. Ambas parecen una fiesta filmada, antes que una película propiamente dicha.
Y detrás de todo esto encontramos una ristra de nombres que quitan el hipo, comenzando por el productor, Don Roger Corman que, parapetado tras su flamante "New World Pictures", quería hacer una película sobre música disco. Fue el director, Allan Arkush, quien le convenció para apostar por el rock dinámico y cafre de los "Ramones". Arkush dio forma al proyecto con ayuda de su querido amigo Joe Dante, presente en los agradecimientos, como co-autor de la "story" y en formato cameo haciendo de policía, al ladito de su inseparable Dick Miller. La carrera de Arkush -también efectuando su respectivo cameo, como portero de un concierto- ha durado hasta hoy, aunque más focalizada en la televisión. Antes, dirigió cosas tan peculiares como "Hollywood Boulevard" (junto a Dante), "Deathsport / El juego de la muerte", "Heartbeeps" (con Andy Kaufman), "Get Crazy" o "El club de los chalados 2" (su última película-película)
El reparto tampoco tiene desperdicio alguno: P.J.Soles (de "La noche de Halloween", "Carrie", "El pelotón de los chiflados" y "Alienator"), Vincent Van Patten (de "Noche Infernal"), Clint Howard como el listillo/golfo de la escuela, Dey Young (que acabaría haciendo papeles tontos en películas tan curiosas como "Spaceballs", "Perseguido", "La serpiente y el arco iris" o "Ríete como puedas", ese ignoto vehículo para Michael Winslow), los inseparables Mary Woronov + Paul Bartel, ella como la dictatorial directora del insti, él como impagable estirado profe de música clásica mutado a fan de "Ramones" y, finalmente, el DJ Don Steele (de "La carrera de la muerte del año 2000", "Gremlins" y "¿Y si nos comemos a Raul?"). Entre los asistentes al concierto de "Ramones" encontramos gentes del calibre de Arturo Vega (famoso diseñador del logo de la banda, ese que ahora lleva todo dios en la camiseta) o el mismísimo cantante de los "Germs", el monguito Darby Crash. Tras las cámaras también abundan los nombres de peso. El reputadísimo Dean Cundey se encarga de la dirección fotográfica. Y en tareas de asistente o director de segunda unidad tenemos al -entonces- futuro productor de "Piraña", "Aterriza como puedas", "En los límites de la realidad", "Top Secret!", "Robocop" o "Starship Troopers", Jon Davidson. Le acompañan el mismísimo Jerry Zucker de los ZAZ (la conexión entre esta gente y la peli reseñada es indiscutible... habría que ver quien inspiró a quien, cuanto y de qué manera) y el gran Rob Bottin diseñando (y encarnando) a un ratón gigante en uno de los gags más tontos de toda la película (fíjense que muchos de estos caballeros volverían a coincidir en futuros títulos generalmente míticos. No hay nada como hacer buenos amigos. Solo que, en este caso, el amiguismo se compensaba con sobrado talento... casi lo opuesto a lo habitual, sobre todo si hablamos de cine patrio)
Dada la naturaleza musical de "Rock´n´Roll High School" la banda sonora es, obviamente, impepinable (llegué a disponer de ella en vinilo, aunque creo que fue, sobre todo, por la cubierta) Además de muchos temas de "Ramones", destacan otros tantos de Chuck Berry, Alice Cooper, Devo, "Eddie and the Hot Rods", Fleetwood Mac, Nick Lowe, Paul McCartney & the Wings, "MC5", Todd Rundgren y Brian Eno. ¡¡Tremendo!!
Porque Corman es Corman, y no puede evitarlo, llegó a reciclar algunas imágenes del film en "Slumber Party Massacre 2" (donde las protas lo ven por la tele, aunque con unas canciones mucho más ñoñas como fondo sonoro) y en 1991 produjo una secuela directa, "Rock´n´Roll High School Forever". Gracias a su nulidad, se la señala como la razón de que la carrera de su protagonista, Corey Feldman, comenzara un imparable declive.
En definitiva, que tras tanta espera no me he sentido defraudado. "Rock´n´Roll High School" está un rato simpática, y entretiene sobre todo en su tramo final. Fans y simpatizantes de "Ramones", no perdérsela.
martes, 23 de diciembre de 2025
LA CASA DE LA FRATERNIDAD
Cargada de buenas intenciones —recuperar el toque gamberro de las “frat movies” ochenteras que se había perdido en el género a raíz de su renovación con “American Pie” en el nuevo milenio —, “La casa de la fraternidad”, también conocida como “Curvas peligrosas” (emitida así en algunos canales autonómicos) probablemente sea una buena muestra de lo incapaz que eran ya este tipo de películas apenas dos años después del resurgir del género.
Toda una serie de clichés sobradamente conocidos por el aficionado de nada sirven en esta comedia almidonada, inepta y trasnochada, una de esas películas que trata de hacer una reivindicación feminista desde un punto de vista totalmente masculino y encima no sale ni medio chistoso; hay una fraternidad femenina llamada F.E.A (en su versión doblada) a la cual se adscriben las chicas menos agraciadas de la facultad. Apaga y vámonos.
La caja de caudales de la fraternidad masculina (llamada Pi- T.O.) ha sido desvalijada y la culpa recae sobre los tres encargados de custodiarla, por lo que son expulsados de la fraternidad hasta que se recupere ese dinero. Con tal firme intención, nuestros lúcidos protagonistas deciden vestirse de mujeres e inscribirse en la fraternidad femenina (y feminista) desde la cual investigarán el caso mientras que, en propias carnes, sufrirán el acoso de los hombres, tratándose sus versiones femeninas de chicas bastante bastorras y poco agraciadas. Esto les hará cambiar el punto de vista con respecto a las mujeres.
Al margen de estos temas peliagudos, “La casa de la fraternidad” es un absoluto insulto a la inteligencia y una de las peores películas de fraternidades de toda la historia del subgénero.
Chistes con consoladores, ventosidades, taras físicas, pechos siliconados y mujeres florero, más que salvarla de la quema la condenan, siendo esos elementos, en esta ocasión, en vez de un aliciente, un lastre dentro del ya de por sí lastrado argumento.
Lo verdaderamente vergonzante (de lo mucho que hay en la cinta), es que no te puedes creer a los protagonistas como mujeres, porque la producción lejos de currarse una apariencia convincente, se limita a poner a los tres protagonistas algo de maquillaje, unos tacones y espantosas pelucas compradas en el más infecto badulaque pakistaní que hubiera cerca del set. Y este aspecto, lejos de divertirnos mínimamente, sonroja al espectador durante el 70% de la película. Para más inri, uno de los protagonistas, Michael Rosembaun, usó pelucas femeninas y masculinas en toda su intervención. El tipo estaba en esos momentos trabajando en una serie de televisión en la que hacía de calvo, por lo que iba completamente rapado al cero. Así, le colocaron una peluca de caballero, la cual era sustituida por la de mujer cuando tocaba. Una chabacanería impropia de una producción hollywoodiense. Espantosa.
Un film de la era Tom Green concebido para que un aspirante a estrella cómica como era Harland Williams se luzca haciendo el mongólico disfrazado de mujer. Williams, al igual que Green y toda su nefasta generación, fue tan solo flor de una primavera.
La gracia más reseñable de la película básicamente radica en que los padres de los universitarios en curso, antiguos miembros de la fraternidad, están interpretados por viejos conocidos del género, así, de manera homenajística, contamos con los cameos de Stephen Furst, James Daughton y Mark Metcalf, presentes muchos años atrás en “Desmadre a la americana” en un guiño —estando a años luz— a la misma, algo que ya vimos con más fortuna en la superior “Van Wilder: Animal Party”.
Otra de las características por las que puede destacar este film, es por pertenecer al famoso listado que elaboró el crítico Rogert Ebert, el “Most Hated”, con las películas que más odiaba de cuantas había visto. “La casa de la fraternidad" encabezaba uno de los puestos de honor. Asimismo, encontraremos en esa lista títulos tan evidentes como “¡Este cuerpo no es el mío!” qué también trataba sobre la transmutación de un cuerpo masculino a uno femenino, y que era una más de tantas películas protagonizadas por Rob Schneider presentes en esa lista.
En cuanto al director de la cinta, Wally Wolodarsky, con cierto prestigio en Hollywood por ser uno de los guionistas de “El show de Tracy Ullman” o “Los Simpsons”, dirige la película con el piloto automático y sin ningún cuidado ni ningún amor por el trabajo alimenticio que se le ha encargado, de la misma forma que dirigió los otros dos films intrascendentes que completan su filmografía.
La película recaudó por los pelos los 12 millones de dólares que se invirtieron para su producción. Aquí en España llegó directa en DVD. Y sin más.
Toda una serie de clichés sobradamente conocidos por el aficionado de nada sirven en esta comedia almidonada, inepta y trasnochada, una de esas películas que trata de hacer una reivindicación feminista desde un punto de vista totalmente masculino y encima no sale ni medio chistoso; hay una fraternidad femenina llamada F.E.A (en su versión doblada) a la cual se adscriben las chicas menos agraciadas de la facultad. Apaga y vámonos.
La caja de caudales de la fraternidad masculina (llamada Pi- T.O.) ha sido desvalijada y la culpa recae sobre los tres encargados de custodiarla, por lo que son expulsados de la fraternidad hasta que se recupere ese dinero. Con tal firme intención, nuestros lúcidos protagonistas deciden vestirse de mujeres e inscribirse en la fraternidad femenina (y feminista) desde la cual investigarán el caso mientras que, en propias carnes, sufrirán el acoso de los hombres, tratándose sus versiones femeninas de chicas bastante bastorras y poco agraciadas. Esto les hará cambiar el punto de vista con respecto a las mujeres.
Al margen de estos temas peliagudos, “La casa de la fraternidad” es un absoluto insulto a la inteligencia y una de las peores películas de fraternidades de toda la historia del subgénero.
Chistes con consoladores, ventosidades, taras físicas, pechos siliconados y mujeres florero, más que salvarla de la quema la condenan, siendo esos elementos, en esta ocasión, en vez de un aliciente, un lastre dentro del ya de por sí lastrado argumento.
Lo verdaderamente vergonzante (de lo mucho que hay en la cinta), es que no te puedes creer a los protagonistas como mujeres, porque la producción lejos de currarse una apariencia convincente, se limita a poner a los tres protagonistas algo de maquillaje, unos tacones y espantosas pelucas compradas en el más infecto badulaque pakistaní que hubiera cerca del set. Y este aspecto, lejos de divertirnos mínimamente, sonroja al espectador durante el 70% de la película. Para más inri, uno de los protagonistas, Michael Rosembaun, usó pelucas femeninas y masculinas en toda su intervención. El tipo estaba en esos momentos trabajando en una serie de televisión en la que hacía de calvo, por lo que iba completamente rapado al cero. Así, le colocaron una peluca de caballero, la cual era sustituida por la de mujer cuando tocaba. Una chabacanería impropia de una producción hollywoodiense. Espantosa.
Un film de la era Tom Green concebido para que un aspirante a estrella cómica como era Harland Williams se luzca haciendo el mongólico disfrazado de mujer. Williams, al igual que Green y toda su nefasta generación, fue tan solo flor de una primavera.
La gracia más reseñable de la película básicamente radica en que los padres de los universitarios en curso, antiguos miembros de la fraternidad, están interpretados por viejos conocidos del género, así, de manera homenajística, contamos con los cameos de Stephen Furst, James Daughton y Mark Metcalf, presentes muchos años atrás en “Desmadre a la americana” en un guiño —estando a años luz— a la misma, algo que ya vimos con más fortuna en la superior “Van Wilder: Animal Party”.
Otra de las características por las que puede destacar este film, es por pertenecer al famoso listado que elaboró el crítico Rogert Ebert, el “Most Hated”, con las películas que más odiaba de cuantas había visto. “La casa de la fraternidad" encabezaba uno de los puestos de honor. Asimismo, encontraremos en esa lista títulos tan evidentes como “¡Este cuerpo no es el mío!” qué también trataba sobre la transmutación de un cuerpo masculino a uno femenino, y que era una más de tantas películas protagonizadas por Rob Schneider presentes en esa lista.
En cuanto al director de la cinta, Wally Wolodarsky, con cierto prestigio en Hollywood por ser uno de los guionistas de “El show de Tracy Ullman” o “Los Simpsons”, dirige la película con el piloto automático y sin ningún cuidado ni ningún amor por el trabajo alimenticio que se le ha encargado, de la misma forma que dirigió los otros dos films intrascendentes que completan su filmografía.
La película recaudó por los pelos los 12 millones de dólares que se invirtieron para su producción. Aquí en España llegó directa en DVD. Y sin más.
martes, 27 de enero de 2015
EL GUERRERO DEL TIEMPO (LA MALDICIÓN DE LA PIEDRA)
Una piedra Nórdica con una profecía grabada cae en manos del responsable de un museo, que pronto verá cómo su cuerpo y alma son poseídos por una malvada bestia milenaria dispuesta a armar la jarana. Un par de ancianetes que conocen la historia al dedillo harán lo que puedan pa convencer al resto del reparto que hay que pararle los pies antes de que se haga realidad la poco halagüeña mentada profecía.
Oscurilla producción norteamericana de terrores del año 1991 que responde al título original de "The runestone" (no confundir con "Rhinestone") y que, sorprendentemente, pasé por alto cuando reposaba en los estantes de mis video-clubs habituales cortesía de "Record Visión", a pesar de que había visto algunas imágenes potentes del monstruo protagonista en las páginas de mi querida prensa franchute. Por entonces se titulaba "El guerrero del tiempo", aunque actualmente uno puede localizarla en la mula, o en IMDB, como "La maldición de la piedra". ¡Qué cosas!.
Se titule como se titule, lo que aquí tenemos es pura y dura rutina. Narrativa y estética. Lo primero se limita al típico esquema a base de alternar directrices tan familiares para el aficionado medio como "el monstruo ataca entre sombras / la poli investiga sin conseguir mucho / los protas se lo curran más". Al final todos se juntan en el mismo decorado, luces estroboscópicas por aquí, humo por allá, música grandilocuente y poco más. Lo segundo, estéticamente hablando, tiene un look de lo más raruno, artificial diría yo, a pesar de forzadísimos arrebatos estilizados muy cutres (el juego de siluetas frente a la luna llena es de juzgado de guardia). Dicho de otro modo, hoy día "The runestone" sería un producto ideal para la hora del té en el "SyFy Channel".
Desafortunadamente, ni siquiera podemos decir que el sosismo general quede compensado con una buena dosis de truculencia, un humor más o menos solvente y/o buenas ideas correctamente aplicadas. Estamos a inicios de los noventa, así que el elemento gore brilla por su ausencia. Que un bicho como el protagonista, con esa contundencia, esas grandes garras y esa cara de cerdito mosqueado no asesine a sus víctimas con saña y brutalidad (al estilo de "Rawhead Rex", por así decirlo), me parece muy triste. El muyayo se limita a arañar la cara, empujar o, peor aún, ¡atizar con una escopeta mangada a la pasma!.
Molarían las escenas en las que se ríen un poco del mundillo "arty", con su pedantería, su pose y su superficialidad, si tuviesen más mala baba. Y habría dado mucho de sí cuando la criatura se cuela encabritada en una exposición en la que predominan los tonos blancos, tanto en las paredes como en las ropas de los invitados. ¿Se lo imaginan?, el contraste con chorrazos de rojísima saaaangreeee hubiese sido la repolla... pues na, olvídense.... ni una puñetera gota. Todo a medio gas.
Lo que sí llamó mi atención es que "El guerrero del tiempo" posee ciertos escasos puntos en común con la posterior -y funcionalmente simpática- "The Relic", por aquello del monstruo legendario, que en realidad tenga un origen humano, el poli descreído metido en medio resolviendo la papeleta y la ambientación "museil".
Si ya resulta sorprendente el título que a esta peli le otorgaron en España, más lo es que le den protagonismo, situándolo en la caratula a lo grande (rostro y nombre), al fallecido ex-bailarín y actor Alexander Godunov. Lo recalco porque en realidad se pasa más de la mitad de la peli sin aparecer y cuando lo hace -con cara de pasmarote- no articula vocablo. Solo al final gana algo de peso. Pero claro, en 1991 era la faz más popular del reparto, gracias a su intervención en un puñado de títulos "mainstream", destacando el de villano en "La jungla de cristal" tres años antes.
También localizamos a Joan Severance, cuya cara de goma -y tetillas- había visto previamente en "No me chilles, que no te veo". Y un par de veteranos secundarios de cierto peso como William Hickey o Lawrence Tierney.
Aunque mi actor favorito, y agradable sorpresa, es Peter Riegert, que ha pasado a la historia como el "Boon" de "Desmadre a la americana". Tres años después de la peli reseñada volvió a ganar algo de protagonismo interpretando casi el mismo papel, de poli cascarrabias pero majete, en "La Máscara" de Jim Carrey. Encima, da vida a un auténtico fan de "Godzilla", con reproducciones en plástico de este -y de su primo "Mechagodzilla"- repartidos por todo el despacho. El legendario monstruo japonoide luego vuelve a dejarse ver en un televisor durante una de las supuestas exposiciones de arte moderno. Resulta evidente que el director y guionista de la puta peli es fan del lagarto. Hablamos de Willard Carroll, que aunque así de primeras no nos suene, en su haber tiene un título de cierto peso y que es el que sigue justamente a "The runestone", "Jugando con el corazón", una comedia sentimental con un reparto de lujo (Angelina Jolie, Sean Connery, Gena Rowlands, Gillian Anderson, Madeleine Stowe, Ryan Phillippe, Dennis Quaid...... la leche puta). Como productor luce un currículo repleto de películas/series de dibujos animados. Eso explicaría muchas cosas, témome.
Por raro que suene, "El guerrero del tiempo" está basada en una novela firmada por un señor llamado Mark E. Rogers y que, todavía más bizarro si cabe, nunca llegó a publicarse salvo por una serie limitadísima y numerada. Pofale.
Resumiendo: esencialmente nos encontramos ante lo que definiría, muy acertada e ingeniosamente, como "un pedrusco".
Oscurilla producción norteamericana de terrores del año 1991 que responde al título original de "The runestone" (no confundir con "Rhinestone") y que, sorprendentemente, pasé por alto cuando reposaba en los estantes de mis video-clubs habituales cortesía de "Record Visión", a pesar de que había visto algunas imágenes potentes del monstruo protagonista en las páginas de mi querida prensa franchute. Por entonces se titulaba "El guerrero del tiempo", aunque actualmente uno puede localizarla en la mula, o en IMDB, como "La maldición de la piedra". ¡Qué cosas!.
Se titule como se titule, lo que aquí tenemos es pura y dura rutina. Narrativa y estética. Lo primero se limita al típico esquema a base de alternar directrices tan familiares para el aficionado medio como "el monstruo ataca entre sombras / la poli investiga sin conseguir mucho / los protas se lo curran más". Al final todos se juntan en el mismo decorado, luces estroboscópicas por aquí, humo por allá, música grandilocuente y poco más. Lo segundo, estéticamente hablando, tiene un look de lo más raruno, artificial diría yo, a pesar de forzadísimos arrebatos estilizados muy cutres (el juego de siluetas frente a la luna llena es de juzgado de guardia). Dicho de otro modo, hoy día "The runestone" sería un producto ideal para la hora del té en el "SyFy Channel".
Desafortunadamente, ni siquiera podemos decir que el sosismo general quede compensado con una buena dosis de truculencia, un humor más o menos solvente y/o buenas ideas correctamente aplicadas. Estamos a inicios de los noventa, así que el elemento gore brilla por su ausencia. Que un bicho como el protagonista, con esa contundencia, esas grandes garras y esa cara de cerdito mosqueado no asesine a sus víctimas con saña y brutalidad (al estilo de "Rawhead Rex", por así decirlo), me parece muy triste. El muyayo se limita a arañar la cara, empujar o, peor aún, ¡atizar con una escopeta mangada a la pasma!.
Molarían las escenas en las que se ríen un poco del mundillo "arty", con su pedantería, su pose y su superficialidad, si tuviesen más mala baba. Y habría dado mucho de sí cuando la criatura se cuela encabritada en una exposición en la que predominan los tonos blancos, tanto en las paredes como en las ropas de los invitados. ¿Se lo imaginan?, el contraste con chorrazos de rojísima saaaangreeee hubiese sido la repolla... pues na, olvídense.... ni una puñetera gota. Todo a medio gas.
Lo que sí llamó mi atención es que "El guerrero del tiempo" posee ciertos escasos puntos en común con la posterior -y funcionalmente simpática- "The Relic", por aquello del monstruo legendario, que en realidad tenga un origen humano, el poli descreído metido en medio resolviendo la papeleta y la ambientación "museil".
Si ya resulta sorprendente el título que a esta peli le otorgaron en España, más lo es que le den protagonismo, situándolo en la caratula a lo grande (rostro y nombre), al fallecido ex-bailarín y actor Alexander Godunov. Lo recalco porque en realidad se pasa más de la mitad de la peli sin aparecer y cuando lo hace -con cara de pasmarote- no articula vocablo. Solo al final gana algo de peso. Pero claro, en 1991 era la faz más popular del reparto, gracias a su intervención en un puñado de títulos "mainstream", destacando el de villano en "La jungla de cristal" tres años antes.
También localizamos a Joan Severance, cuya cara de goma -y tetillas- había visto previamente en "No me chilles, que no te veo". Y un par de veteranos secundarios de cierto peso como William Hickey o Lawrence Tierney.
Aunque mi actor favorito, y agradable sorpresa, es Peter Riegert, que ha pasado a la historia como el "Boon" de "Desmadre a la americana". Tres años después de la peli reseñada volvió a ganar algo de protagonismo interpretando casi el mismo papel, de poli cascarrabias pero majete, en "La Máscara" de Jim Carrey. Encima, da vida a un auténtico fan de "Godzilla", con reproducciones en plástico de este -y de su primo "Mechagodzilla"- repartidos por todo el despacho. El legendario monstruo japonoide luego vuelve a dejarse ver en un televisor durante una de las supuestas exposiciones de arte moderno. Resulta evidente que el director y guionista de la puta peli es fan del lagarto. Hablamos de Willard Carroll, que aunque así de primeras no nos suene, en su haber tiene un título de cierto peso y que es el que sigue justamente a "The runestone", "Jugando con el corazón", una comedia sentimental con un reparto de lujo (Angelina Jolie, Sean Connery, Gena Rowlands, Gillian Anderson, Madeleine Stowe, Ryan Phillippe, Dennis Quaid...... la leche puta). Como productor luce un currículo repleto de películas/series de dibujos animados. Eso explicaría muchas cosas, témome.
Por raro que suene, "El guerrero del tiempo" está basada en una novela firmada por un señor llamado Mark E. Rogers y que, todavía más bizarro si cabe, nunca llegó a publicarse salvo por una serie limitadísima y numerada. Pofale.
Resumiendo: esencialmente nos encontramos ante lo que definiría, muy acertada e ingeniosamente, como "un pedrusco".
martes, 23 de septiembre de 2025
LOS CHICOS DE ORO
Previamente al estreno de “Los chicos de oro” en los USA, el director Gary Preisler aseguraba que su película auspiciada por “National Lampoon” disponía de personajes claramente reconocibles para el público y situaciones cómicas memorables. En ese sentido, “Los chicos de oro” no tenía nada que envidiar a títulos del “Lampoon” original como “Desmadre a la americana” o “Las vacaciones de una chiflada familia americana”. Comparaba su película nada menos que con los mejores y más exitosos clásicos del sello. Muy presuntuoso resultó ser el señor Preisler ya que “Los chicos de oro”, además de pagar una cifra tampoco muy cuantiosa por llevar el sello “National Lampoon” encima del título, fue considerada por críticos especializados como una de las peores películas de la historia. Supuso un desastre financiero irrecuperable al no llegar a recaudar, en todo el mundo, ni tan siquiera 900.000 dólares. Su estreno de apertura fue una catástrofe en los Estados Unidos con salas completamente vacías durante el fin de semana y una taquilla incapaz de alcanzar los 400.000 dólares. No duró en cartel más de una semana. Fue ya con su lanzamiento en DVD que pasó del millón de dólares de ventas por copia a videoclubes, pero ni por esas se trató, en modo alguno, de un producto rentable.
Y es que se trata de una película a todas luces flojita, con ingredientes que, bien mezclados, bien ejecutados en pantalla, podían haber dado como resultado una divertida comedia, pero que en manos de un director como Preisler, quien debutaba en la gran pantalla con desmedido entusiasmo y tirándose el moco más de la cuenta, se convierten en un film antipático e irritante. Además de promover la gerontofília. Ni que esto fuera “Harold y Maude”.
Calvin y Leonard, son dos jóvenes proletarios que, tras pasarse la vida en trabajos de mierda, deciden un día hacer algo para ganar dinero y obtener mujeres y sexo, que es lo que más anhelan. Así, acaban en la cárcel, cuando dos ancianitas millonarias deciden pagar sus fianzas. Como las ven viejas, Calvin y Leonard deciden casarse con ellas, aguantar hasta que se mueran, y poder heredar su emporio, que es el de los preservativos "Mindt". Lo que no saben ellos es que las viejas en realidad están arruinadas y lo que planean es casarse con los jóvenes, hacerles un seguro de vida, después asesinarles, cobrar y así poder seguir con su estilo de vida. La cosa se enredará por un lado cuando entran en escena las tetas y el culo de una escultural joven llamada Charlene, de la que Calvin quedará prendado, por otro, cuando Leonard se enamora perdidamente de una de las ancianas y se truncan sus perversos planes iniciales.
“Los chicos de oro”, “Gold Diggers” en su versión original (que traducido vendría a decir algo así como “Vividores”) es un film meramente testimonial en el que la presencia de algún culo desnudo —poca cosa— está ahí de manera gratuita, simplemente para justificar su condición de comedia sexual. En cuanto a la etiqueta de “una de las peores películas de la historia”, ni tan siquiera llega a eso, es demasiado insulsa. Ojalá fuera una de las peores películas… eso la convertiría por derecho propio en un producto de interés, pero esto es pura comida rápida, de la que sienta mal; de la que una vez consumida, hay que ir al servicio para echar la pota o cagar.
En el reparto tenemos a Will Friedle, con menos carisma que una bolsa de basura roída y cuyo destino ideal sería la televisión; Chris Owen, pelirrojo, feo, orejudo y con un aspecto juvenil que le ha servido para ser —casi— un icono de la “teen comedy” de las dos últimas décadas, apareciendo en films como “Ya no puedo esperar”, “American Pie” y alguna de sus secuelas o “Van Wilder: Animal Party”; secundan las dos ancianas, Louise Lasser, que de joven apareció en montones de películas de las cuales nombraremos "Bananas" de Woody Allen y Renée Taylor, presente en “Los productores” de Mel Brooks. También en el reparto tenemos las tetas y el culo de la medio anoréxica Nikki Ziering, modelo "Playboy" en los 90 y adicta a la cocaína en la actualidad, que era una presencia recurrente —como podía serlo la de cualquier modelo— cuando hacía falta una tía buena sin demasiada personalidad en cualquier mala película de tres al cuarto.
En cuanto a Gary Preisler, tras el descalabro financiero —y artístico—, no volvería a dirigir película alguna, dedicándose a la producción, campo este en el que si tampoco ha parido ningún gran éxito, sí le ha ido algo mejor. Aunque tampoco importa mucho.
Y es que se trata de una película a todas luces flojita, con ingredientes que, bien mezclados, bien ejecutados en pantalla, podían haber dado como resultado una divertida comedia, pero que en manos de un director como Preisler, quien debutaba en la gran pantalla con desmedido entusiasmo y tirándose el moco más de la cuenta, se convierten en un film antipático e irritante. Además de promover la gerontofília. Ni que esto fuera “Harold y Maude”.
Calvin y Leonard, son dos jóvenes proletarios que, tras pasarse la vida en trabajos de mierda, deciden un día hacer algo para ganar dinero y obtener mujeres y sexo, que es lo que más anhelan. Así, acaban en la cárcel, cuando dos ancianitas millonarias deciden pagar sus fianzas. Como las ven viejas, Calvin y Leonard deciden casarse con ellas, aguantar hasta que se mueran, y poder heredar su emporio, que es el de los preservativos "Mindt". Lo que no saben ellos es que las viejas en realidad están arruinadas y lo que planean es casarse con los jóvenes, hacerles un seguro de vida, después asesinarles, cobrar y así poder seguir con su estilo de vida. La cosa se enredará por un lado cuando entran en escena las tetas y el culo de una escultural joven llamada Charlene, de la que Calvin quedará prendado, por otro, cuando Leonard se enamora perdidamente de una de las ancianas y se truncan sus perversos planes iniciales.
“Los chicos de oro”, “Gold Diggers” en su versión original (que traducido vendría a decir algo así como “Vividores”) es un film meramente testimonial en el que la presencia de algún culo desnudo —poca cosa— está ahí de manera gratuita, simplemente para justificar su condición de comedia sexual. En cuanto a la etiqueta de “una de las peores películas de la historia”, ni tan siquiera llega a eso, es demasiado insulsa. Ojalá fuera una de las peores películas… eso la convertiría por derecho propio en un producto de interés, pero esto es pura comida rápida, de la que sienta mal; de la que una vez consumida, hay que ir al servicio para echar la pota o cagar.
En el reparto tenemos a Will Friedle, con menos carisma que una bolsa de basura roída y cuyo destino ideal sería la televisión; Chris Owen, pelirrojo, feo, orejudo y con un aspecto juvenil que le ha servido para ser —casi— un icono de la “teen comedy” de las dos últimas décadas, apareciendo en films como “Ya no puedo esperar”, “American Pie” y alguna de sus secuelas o “Van Wilder: Animal Party”; secundan las dos ancianas, Louise Lasser, que de joven apareció en montones de películas de las cuales nombraremos "Bananas" de Woody Allen y Renée Taylor, presente en “Los productores” de Mel Brooks. También en el reparto tenemos las tetas y el culo de la medio anoréxica Nikki Ziering, modelo "Playboy" en los 90 y adicta a la cocaína en la actualidad, que era una presencia recurrente —como podía serlo la de cualquier modelo— cuando hacía falta una tía buena sin demasiada personalidad en cualquier mala película de tres al cuarto.
En cuanto a Gary Preisler, tras el descalabro financiero —y artístico—, no volvería a dirigir película alguna, dedicándose a la producción, campo este en el que si tampoco ha parido ningún gran éxito, sí le ha ido algo mejor. Aunque tampoco importa mucho.
viernes, 19 de marzo de 2021
UNA JAULA DE GRILLOS
Hoy en día cualquier película de éxito es susceptible de ser remakeada (o rebooteada, o reseteada o… ¡qué se yo!), incluso sin que hayan pasado 5 años desde el momento en que se estrenó tal o cual película, o, en actos mercantiles para atraer a las plateas al público posmodernista, lo habitual es hacer insulsas revisiones de clásicos ochenteros americanos, que también agraden al público millenial. Y así la industria va tirando.
Sin embargo, la fiebre de los remakes de Hollywood, con mucho más sentido y mucho menos practicada que ahora, comenzó, por poner una fecha en que la cosa fuera habitual, a finales de los años ochenta con un claro fin; Hacer una versión americana adaptada a los gustos del americano medio de los films europeos de mayor éxito. Y punto pelota.
Curiosamente, ahora esa práctica común en el Hollywood de los 80 y 90, se estila hoy en nuestro país pese a que, de siempre, ha sido más dado a estrenar éxitos europeos o latinoamericanos que incluso funcionaban en taquilla. Ahora se prefiere silenciar esas películas de éxito en nuestras salas para, de manera un tanto deshonesta para con el público, remakearla y colgarse la medallita, muchas veces escondiendo el hecho de que se trata de un remake. Fatty Segura o Fatter de la Iglesia han hecho este tipo de remakes con películas como “Sin Rodeos” o “Perfectos desconocidos”. Los fines del remakeo por parte de los americanos en los 80 y 90 eran mucho más honestos (cosa por la que recibían críticas constantes, pero ahora que esta práctica se hace en España... ¿ya nadie dice nada? hipócritas!!).
A esta primera hornada de remakes debemos títulos como “Tres hombres y un bebé”, que era la versión yankee de “Tres solteros y un biberón”, “Tres fugitivos” remakeaba “Dos fugitivos” y “Oscar ¡quita las manos!” era una revisión de “Una maleta, dos maletas, tres maletas”. Por supuesto, la lista de remakes es larga y, como ven, el cine Francés se lleva la palma (aunque en el declive de este tipo de remakeos, ya en la década de 00, se hizo también una infame versión americana de la película española “Abre los ojos” con “Vanilla Sky”).
“Una jaula de grillos” responde a las mil perfecciones a este tipo de remakes y puede que fuera uno de los más sonados, dada la popularidad de la película que versionea que es “Vicios Pequeños”.
Sin embargo, si ahora en un remake lo más normal es que el guión original sea pasado un poco por las pelotas de los gerifaltes que deciden dar luz al proyecto, en los 80 y 90 el remake se hacía casi plano a plano, es decir, que se hacía la película tal cual era la original, pero utilizando toda la ostentación propia de Hollywood, haciendo parecer al producto original una película cutre y pobretona. Y el tiro, artísticamente hablando, por la culata, porque lo norma era, —sigue siendo— que por mucha pasta que se le eche a la producción, y salvo honrosas excepciones, el remake no le llegue a la película ni a la suela de las alpargatas. Y eso es justo lo que sucede con “Una jaula de grillos” de Mike Nichols.
Con un reparto de campanillas (Robin Williams, Nathan Lane, Gene Hackman), espectaculares escenarios naturales en Florida, una producción millonaria y el triple de colorido y purpurina que la original, y siguiendo a pie juntillas su guion (con los pertinentes cambios), no se entiende que siendo “Vicios pequeños” tan rematadamente divertida, sea “Una jaula de grillos” un auténtico bodrio contando exactamente lo mismo. Menudo aburrimiento. Menuda lección de tempo le pega la francesa a esta.
La sinopsis, ya la conocen; Una pareja de homosexuales de mediana edad, reciben la noticia de que el hijo de uno de ellos se casa. Como los padres de la novia son unos fascistas conservadores, se las tendrán que ingeniar para que parezca que son una familia tradicional el día que reciben la visita de estos señores. Y el enredo está servido.
Yo creo que el fallo de esta película es el afán por querer superar a la que le precede. Es tan ambiciosa y desmedida que al final todo lo que estamos viendo es un lastre. También pienso que es una historia demasiado francesa y demasiado vodevilesca para que le quede bien a una producción norteamericana de gran presupuesto.
No obstante, la crítica, quizás por aquello de remakear un clásico francés, se volcó con la película, y no solo eso, también el público fue a verla haciéndole recaudar casi 200 millones de dólares del año 96, así como recibió alguna que otra nominación a los Oscar. Vamos, que resultó ser un éxito de tres pares de pelotas.
No la vi en su momento, pero vista hoy, hablando en plata, me ha parecido puta mierda. Están todos para matarlos.
Por otro lado, es un claro ejemplo y una muy buena justificación de la existencia de los remakes, porque, a día de hoy, aunque hay muchos encomiables e incluso superiores a sus versiones anteriores, es ya un desmadre y remakean por remakear. Y el cine europeo, ya ni lo tocan casi…
Sin embargo, la fiebre de los remakes de Hollywood, con mucho más sentido y mucho menos practicada que ahora, comenzó, por poner una fecha en que la cosa fuera habitual, a finales de los años ochenta con un claro fin; Hacer una versión americana adaptada a los gustos del americano medio de los films europeos de mayor éxito. Y punto pelota.
Curiosamente, ahora esa práctica común en el Hollywood de los 80 y 90, se estila hoy en nuestro país pese a que, de siempre, ha sido más dado a estrenar éxitos europeos o latinoamericanos que incluso funcionaban en taquilla. Ahora se prefiere silenciar esas películas de éxito en nuestras salas para, de manera un tanto deshonesta para con el público, remakearla y colgarse la medallita, muchas veces escondiendo el hecho de que se trata de un remake. Fatty Segura o Fatter de la Iglesia han hecho este tipo de remakes con películas como “Sin Rodeos” o “Perfectos desconocidos”. Los fines del remakeo por parte de los americanos en los 80 y 90 eran mucho más honestos (cosa por la que recibían críticas constantes, pero ahora que esta práctica se hace en España... ¿ya nadie dice nada? hipócritas!!).
A esta primera hornada de remakes debemos títulos como “Tres hombres y un bebé”, que era la versión yankee de “Tres solteros y un biberón”, “Tres fugitivos” remakeaba “Dos fugitivos” y “Oscar ¡quita las manos!” era una revisión de “Una maleta, dos maletas, tres maletas”. Por supuesto, la lista de remakes es larga y, como ven, el cine Francés se lleva la palma (aunque en el declive de este tipo de remakeos, ya en la década de 00, se hizo también una infame versión americana de la película española “Abre los ojos” con “Vanilla Sky”).
“Una jaula de grillos” responde a las mil perfecciones a este tipo de remakes y puede que fuera uno de los más sonados, dada la popularidad de la película que versionea que es “Vicios Pequeños”.
Sin embargo, si ahora en un remake lo más normal es que el guión original sea pasado un poco por las pelotas de los gerifaltes que deciden dar luz al proyecto, en los 80 y 90 el remake se hacía casi plano a plano, es decir, que se hacía la película tal cual era la original, pero utilizando toda la ostentación propia de Hollywood, haciendo parecer al producto original una película cutre y pobretona. Y el tiro, artísticamente hablando, por la culata, porque lo norma era, —sigue siendo— que por mucha pasta que se le eche a la producción, y salvo honrosas excepciones, el remake no le llegue a la película ni a la suela de las alpargatas. Y eso es justo lo que sucede con “Una jaula de grillos” de Mike Nichols.
Con un reparto de campanillas (Robin Williams, Nathan Lane, Gene Hackman), espectaculares escenarios naturales en Florida, una producción millonaria y el triple de colorido y purpurina que la original, y siguiendo a pie juntillas su guion (con los pertinentes cambios), no se entiende que siendo “Vicios pequeños” tan rematadamente divertida, sea “Una jaula de grillos” un auténtico bodrio contando exactamente lo mismo. Menudo aburrimiento. Menuda lección de tempo le pega la francesa a esta.
La sinopsis, ya la conocen; Una pareja de homosexuales de mediana edad, reciben la noticia de que el hijo de uno de ellos se casa. Como los padres de la novia son unos fascistas conservadores, se las tendrán que ingeniar para que parezca que son una familia tradicional el día que reciben la visita de estos señores. Y el enredo está servido.
Yo creo que el fallo de esta película es el afán por querer superar a la que le precede. Es tan ambiciosa y desmedida que al final todo lo que estamos viendo es un lastre. También pienso que es una historia demasiado francesa y demasiado vodevilesca para que le quede bien a una producción norteamericana de gran presupuesto.
No obstante, la crítica, quizás por aquello de remakear un clásico francés, se volcó con la película, y no solo eso, también el público fue a verla haciéndole recaudar casi 200 millones de dólares del año 96, así como recibió alguna que otra nominación a los Oscar. Vamos, que resultó ser un éxito de tres pares de pelotas.
No la vi en su momento, pero vista hoy, hablando en plata, me ha parecido puta mierda. Están todos para matarlos.
Por otro lado, es un claro ejemplo y una muy buena justificación de la existencia de los remakes, porque, a día de hoy, aunque hay muchos encomiables e incluso superiores a sus versiones anteriores, es ya un desmadre y remakean por remakear. Y el cine europeo, ya ni lo tocan casi…
sábado, 11 de julio de 2020
ESCALOFRÍO (THE CHILLING)
Siempre me pregunté si los bichos que asoman en la caratula de "Escalofrío (The Chilling)", algo toscos pero bastante espectaculares, saldrían o no en la película. Ya saben cómo funciona esto. Y sí, puedo decir que salen. Todos ellos. El problema es que lucen mejor en la caratula que en la pantalla. Ya no solo por lo oscuro de todo ello (aunque seguramente sea cosa de la copia cerda que vi), también por el nulo gracejo con el que están filmados. De hecho, casi me atrevo a decir que, como peli de zombies, "The Chilling" deja de ser medianamente interesante cuando salen estos.
La trama no está mal. Tiene su coña. Resulta que hay una empresa que se dedica a criogenizar gente adinerada a un paso de palmar. Ya saben, para poder revivirla en el futuro y, si la cosa va de enfermedades chungas, curarlas con los supuestos avances tecnológicos que habrá. Pero los responsables del negocio no son trigo limpio, trafican con los órganos internos de los fallecidos. En eso que, paralelamente, asistimos a las hazañas de un delincuente la mar de malvado que se llama Joe. Es herido de gravedad durante el robo a un banco. Así que su padre, un ricachón que tiene a media familia criogenizada, decide incluir al chaval en el pack. Llega la noche de Halloween y comienza una fuerte tormenta. El edificio donde están los criogenizados se queda sin electricidad, así que unos seguratas los cogen uno por uno y los llevan al exterior, donde hace más frío. Allí cada uno recibe el impacto directo de un relámpago, que lo hará revivir con aspecto de lechuga antropomorfa. Eso obligará al reparto a combatirlos y destruirlos.
Pues como era de esperar, todo se queda en una buena idea totalmente desaprovechada por un sentido de la estética bastante miserable y la incapacidad de sacar jugo a cualquier elemento más o menos llamativo. Es una de esas pelis planas, frías, impersonales y aburridas que encajarían más como producto televisivo. Una pena.
Nada más comenzar, vemos varios contenedores de criogenizados (a los que llaman "Cryonoids") con nombres tan famosos como los de Chaplin, Disney o Roosvelt. Claro, cuando luego se abren y salen los zombies, ¿entendemos que son esas mismas personalidades que han regresado de la muerte? En ningún momento se aclara el dato, pero resulta hilarante pensarlo.
Al final de la peli todo se resuelve con un gran tiroteo y sendas explosiones que se cargan los contenedores. Su condición de maqueta en un principio convincente queda vilmente delatada con la aparición de un fuego proporcionalmente más grande que los objetos que destruye, un defecto muy propio del cine de bajo presupuesto.
En el reparto sobresalen tres nombres viviendo momentos muy bajos en sus respectivas carreras, Linda Blair, Troy Donahue y Dan Haggerty. Justo entonces, la Blair luchaba para quitarse de encima sus habituales roles juveniles y, por lo visto, aceptó el de "Escalofrío" únicamente porque, por fin, iba a poder dar vida a una mujer adulta de su misma edad. Haggerty era alcohólico y preguntó a uno de los directores si podía llevarse una botella de vodka al rodaje, cosa que, lógicamente, le fue negada, lo que dio pie a algunos problemillas, como cuando desaparecía de plató sin dar explicaciones. También Donahue le había pegado a la botella durante años, solo que en el momento del rodaje ya lo tenía superado y se comportó como todo un profesional.
Jack Sunseri, uno de los directores acreditados, había producido "El foso de la muerte" y quería ser el hombre para todo en "Escalofrío", producir, dirigir y escribir (retocó mucho el guion original). Pero no tenía ni puta idea de nada. De hecho, había jornadas de rodaje en las que ni se presentaba víctima del pánico, así que el director de fotografía, Deland Nuse, acabó viéndose obligado a co-firmar la paternidad del pifostio.
Guy Messenger se encargó de teclear el libreto, de cuando el proyecto se titulaba "The Frozen Dead", pero accedió a dar todo el crédito a Sunresi y convertirse en "escritor fantasma". Así anduvo varios años hasta que se hartó y puso su nombre en Imdb. Aunque su verdadero interés siempre fue la interpretación. Se le puede ver fugazmente dando vida a uno de los universitarios golfos en "Desmadre a la americana" y recientemente en el "Creepshow" de la caja tonta.
Cuando terminó la post producción, la película se pasó en plan "test" por un autocine y luego tuvo una proyección por todo lo alto + party posterior. Jack Sunseri luchó por conseguir un distribuidor pero no logró estrenarla en salas, así que terminó con el formato recortado en los estantes de los vídeo-clubs.
Ciertamente, no merecía más.
Gracias a Enorm por la copia y por localizar la caratula.
La trama no está mal. Tiene su coña. Resulta que hay una empresa que se dedica a criogenizar gente adinerada a un paso de palmar. Ya saben, para poder revivirla en el futuro y, si la cosa va de enfermedades chungas, curarlas con los supuestos avances tecnológicos que habrá. Pero los responsables del negocio no son trigo limpio, trafican con los órganos internos de los fallecidos. En eso que, paralelamente, asistimos a las hazañas de un delincuente la mar de malvado que se llama Joe. Es herido de gravedad durante el robo a un banco. Así que su padre, un ricachón que tiene a media familia criogenizada, decide incluir al chaval en el pack. Llega la noche de Halloween y comienza una fuerte tormenta. El edificio donde están los criogenizados se queda sin electricidad, así que unos seguratas los cogen uno por uno y los llevan al exterior, donde hace más frío. Allí cada uno recibe el impacto directo de un relámpago, que lo hará revivir con aspecto de lechuga antropomorfa. Eso obligará al reparto a combatirlos y destruirlos.
Pues como era de esperar, todo se queda en una buena idea totalmente desaprovechada por un sentido de la estética bastante miserable y la incapacidad de sacar jugo a cualquier elemento más o menos llamativo. Es una de esas pelis planas, frías, impersonales y aburridas que encajarían más como producto televisivo. Una pena.
Nada más comenzar, vemos varios contenedores de criogenizados (a los que llaman "Cryonoids") con nombres tan famosos como los de Chaplin, Disney o Roosvelt. Claro, cuando luego se abren y salen los zombies, ¿entendemos que son esas mismas personalidades que han regresado de la muerte? En ningún momento se aclara el dato, pero resulta hilarante pensarlo.
Al final de la peli todo se resuelve con un gran tiroteo y sendas explosiones que se cargan los contenedores. Su condición de maqueta en un principio convincente queda vilmente delatada con la aparición de un fuego proporcionalmente más grande que los objetos que destruye, un defecto muy propio del cine de bajo presupuesto.
En el reparto sobresalen tres nombres viviendo momentos muy bajos en sus respectivas carreras, Linda Blair, Troy Donahue y Dan Haggerty. Justo entonces, la Blair luchaba para quitarse de encima sus habituales roles juveniles y, por lo visto, aceptó el de "Escalofrío" únicamente porque, por fin, iba a poder dar vida a una mujer adulta de su misma edad. Haggerty era alcohólico y preguntó a uno de los directores si podía llevarse una botella de vodka al rodaje, cosa que, lógicamente, le fue negada, lo que dio pie a algunos problemillas, como cuando desaparecía de plató sin dar explicaciones. También Donahue le había pegado a la botella durante años, solo que en el momento del rodaje ya lo tenía superado y se comportó como todo un profesional.
Jack Sunseri, uno de los directores acreditados, había producido "El foso de la muerte" y quería ser el hombre para todo en "Escalofrío", producir, dirigir y escribir (retocó mucho el guion original). Pero no tenía ni puta idea de nada. De hecho, había jornadas de rodaje en las que ni se presentaba víctima del pánico, así que el director de fotografía, Deland Nuse, acabó viéndose obligado a co-firmar la paternidad del pifostio.
Guy Messenger se encargó de teclear el libreto, de cuando el proyecto se titulaba "The Frozen Dead", pero accedió a dar todo el crédito a Sunresi y convertirse en "escritor fantasma". Así anduvo varios años hasta que se hartó y puso su nombre en Imdb. Aunque su verdadero interés siempre fue la interpretación. Se le puede ver fugazmente dando vida a uno de los universitarios golfos en "Desmadre a la americana" y recientemente en el "Creepshow" de la caja tonta.
Cuando terminó la post producción, la película se pasó en plan "test" por un autocine y luego tuvo una proyección por todo lo alto + party posterior. Jack Sunseri luchó por conseguir un distribuidor pero no logró estrenarla en salas, así que terminó con el formato recortado en los estantes de los vídeo-clubs.
Ciertamente, no merecía más.
Gracias a Enorm por la copia y por localizar la caratula.
miércoles, 20 de septiembre de 2023
ROBOCOP SAGA
"ROBOCOP 1": La primera película Americana del holandés Paul Verhoven es un absoluto clásico de la ciencia ficción - acción, del que, la verdad sea dicha, se me ocurren bastantes pocas cosas sobre las que escribir salvo las recurrentes: que sentó precedentes, que le salieron copias de múltiples nacionalidades, que le preceden dos secuelas, unos dibujos animados y una infame serie de televisión...
Y se podrían decir montones de cosas buenas sobre esta peli y sobre Verhoeven. A mí me encanta, pero tengo que ponerme un poco tiquis miquis. No siempre hay que decir las virtudes de las pelis clásicas que nos marcaron ¿no?. Vamos a obviar lo que supuso "Robocop" para un tipo que hoy sobrepasa la treintena; A mi juicio, el tiempo se ha portado francamente mal con ella. La última vez que la vi, será como hace diez años, la disfruté a tope. Sin embargo, ayer (y pueden echarle la culpa a la edad, la mentalidad o a lo que quieran) la encontré un pelín floja. Sigo pensando que los F/X, culpa de Rob Bottin, son increíbles, que las dosis de violencia y sangre no son nada desdeñables... pero la encontré sosa. Y me preocupé (¡¡¡por todos los santos, me he aburrido viendo "Robocop"!!!),pero es que en una película ambientada en el Detroit del futuro, me cargaron sobremanera los cardados y pintas ochenteras que vemos en la discoteca y la socarronería que desprenden unos gags que están de más, en una película que pide a gritos un buen montón de seriedad. Y me cargó un ritmo pausado y caduco, con el que antaño vibré. Sin embargo, me resisto a echarle la culpa a la peli. Es que estoy mayor y ya el gusto me ha cambiado. Puede ser. No quiero cebarme más. Dentro de unos años la veré de nuevo y a ver qué opino entonces.
Y se podrían decir montones de cosas buenas sobre esta peli y sobre Verhoeven. A mí me encanta, pero tengo que ponerme un poco tiquis miquis. No siempre hay que decir las virtudes de las pelis clásicas que nos marcaron ¿no?. Vamos a obviar lo que supuso "Robocop" para un tipo que hoy sobrepasa la treintena; A mi juicio, el tiempo se ha portado francamente mal con ella. La última vez que la vi, será como hace diez años, la disfruté a tope. Sin embargo, ayer (y pueden echarle la culpa a la edad, la mentalidad o a lo que quieran) la encontré un pelín floja. Sigo pensando que los F/X, culpa de Rob Bottin, son increíbles, que las dosis de violencia y sangre no son nada desdeñables... pero la encontré sosa. Y me preocupé (¡¡¡por todos los santos, me he aburrido viendo "Robocop"!!!),pero es que en una película ambientada en el Detroit del futuro, me cargaron sobremanera los cardados y pintas ochenteras que vemos en la discoteca y la socarronería que desprenden unos gags que están de más, en una película que pide a gritos un buen montón de seriedad. Y me cargó un ritmo pausado y caduco, con el que antaño vibré. Sin embargo, me resisto a echarle la culpa a la peli. Es que estoy mayor y ya el gusto me ha cambiado. Puede ser. No quiero cebarme más. Dentro de unos años la veré de nuevo y a ver qué opino entonces.
"ROBOCOP 2": Si el primer "Robocop" fue la primera película americana de Paul Verhoeven, la que ahora nos ocupa sería la última película hasta la fecha de Irvin Kershner, director muy respetado por los fans de "Star Wars", precisamente por ser responsable de "El imperio contraataca", aunque si yo me he de quedar con alguna de sus pelis, me quedo con el Bond no oficial "Nunca digas nunca jamás", que tiene doble merito si tenemos en cuenta que huyo como de la peste de todo aquel producto con el sello 007.
A "Robocop 2", que entra ya en la categoría de "películas noventeras", el tiempo no le ha hecho ningún daño... mas bien la ha eliminado de la faz de la tierra. ¡Que película más ridícula! Quizás Frank Miller, que se le ocurrió la historia y la guionizó, sea el culpable de este desmadre cómico.
Pero ahora una cosa buena: Cójanla, traspasen todo ello a las páginas de un comic y, en ese caso, creo yo que la cosa funcionaría. Pero se trata de una peli, así que... de una muy mala, además. Como muy bien opina Naxo, "Robocop 2" intenta nutrirse de los méritos de la primera entrega, sin éxito, para multiplicarlos por dos y cebarnos. El humor en esta, con todos esos chistes y horrorosos robots aspirantes a ser el nuevo Robo-poli, son terribles. La película incluye infinidad de chistes (ese "Robocop" reparado que acaba siendo un lastre por culpa de las nuevas directrices que le han programado, siendo educado y dando discursos moralistas a los niños, es de vergüenza ajena) pero, al final, la propia película acaba siendo un chiste en sí misma. ¡Y que viva el nuke!.
Sobre todo, tengan presente que, aunque me esté cebando (una excusa para no hablar siempre de lo maravillosos que son todos estos productos), que sepan que le tengo gran cariño y que si alguna de las pelis que se estrenan actualmente fuesen la mitad de flojas que "Robocop 2", ya se estarían facturando obras maestras. Además, el "Murphy" sufridor y animatrónico de Rob Bottin sigue siendo una obra maestra.
A "Robocop 2", que entra ya en la categoría de "películas noventeras", el tiempo no le ha hecho ningún daño... mas bien la ha eliminado de la faz de la tierra. ¡Que película más ridícula! Quizás Frank Miller, que se le ocurrió la historia y la guionizó, sea el culpable de este desmadre cómico.
Pero ahora una cosa buena: Cójanla, traspasen todo ello a las páginas de un comic y, en ese caso, creo yo que la cosa funcionaría. Pero se trata de una peli, así que... de una muy mala, además. Como muy bien opina Naxo, "Robocop 2" intenta nutrirse de los méritos de la primera entrega, sin éxito, para multiplicarlos por dos y cebarnos. El humor en esta, con todos esos chistes y horrorosos robots aspirantes a ser el nuevo Robo-poli, son terribles. La película incluye infinidad de chistes (ese "Robocop" reparado que acaba siendo un lastre por culpa de las nuevas directrices que le han programado, siendo educado y dando discursos moralistas a los niños, es de vergüenza ajena) pero, al final, la propia película acaba siendo un chiste en sí misma. ¡Y que viva el nuke!.
Sobre todo, tengan presente que, aunque me esté cebando (una excusa para no hablar siempre de lo maravillosos que son todos estos productos), que sepan que le tengo gran cariño y que si alguna de las pelis que se estrenan actualmente fuesen la mitad de flojas que "Robocop 2", ya se estarían facturando obras maestras. Además, el "Murphy" sufridor y animatrónico de Rob Bottin sigue siendo una obra maestra.
"ROBOCOP 3": No hay director con filmografía más escueta y simpática que la de Fred Dekker: El terror llama a su puerta", "Una pandilla alucinante" y este "Robocop 3" que nos ocupa.
Recuerdo que, cuando se estrenó, pasó sin pena ni gloria, e incluso yo mismo pensaba que el tema estaba ya un poquillo desfasado. Aún así, fui a verla. Y revisada hoy, es la menos perjudicada por el paso del tiempo. Con ello no quiero decir que no le hay hecho daño, si no que en menor cantidad. También porque es relativamente buena. En estos días he estado "echando pestes" de las otras dos en el sentido de que en una película futurista la gente llevara pintas ochenteras. Bien, pues esto sí que tiene delito: En una de 1993, ¡siguen explotando las pintas ochenteras de sus precedentes! de hecho, hay una banda de punks con enormes crestas rosadas, más propio de aquella época que de los noventa, lo que no ha dejado de parecerme curioso.Manías a parte, el tercer Robopoli es una película mucho más pequeñita que sus antecesoras, en el que desaparece la violencia, la sangre y los chistes y se convierte más en un materia para todos los públicos.
Peter Weller abandona la franquicia y en su lugar nos cuelan un Robert Burke, muy bien maqueado para que se parezca a Weller, por lo que el resultado no es cantoso. Repite Nancy Allen, al menos en la primera mitad de la historia, y se introduce a Rip Torn. Frank Miller sigue en las tareas de guionista.
Es la que mejor se deja ver (actualmente) y consciente de que no puede llegar a ser como sus antecesoras, nos quita un montón de cosas, pero a cambio nos da un "Robocop" desmontable, que puede insertarse lanzallamas en el brazo y que, gracias a un propulsor, puede volar. Entretenidilla, sin más.
sábado, 16 de mayo de 2009
CLASS REUNION / REUNIÓN DE CLASE
El caso de "Class Reunion" es un poco extraño. El día que siendo chaval la alquilé en uno de los vídeo-clubs de mi barrio fue toda una sorpresa, nunca había oído hablar de ella, y lo más curioso es que desde entonces no he vuelto a hacerlo. "Class Reunion" continúa aletargada entre la oscuridad a pesar de -y ahí está lo raro- tener en sus créditos algunos nombres destacados, con el actualmente muy valorado John Hughes entre ellos, el director de un montón de clásicos ochenteros del cine adolescente ("Dieciséis velas", "El club de los cinco", "La mujer explosiva"... o "Mejor solo que mal acompañado") y productor de tantos otros éxitos ("Solo en casa"), se encarga aquí exclusivamente del guión, uno no excesivamente inspirado. Más atributos... hablamos de una producción de "National Lampoon", la famosa revista (hoy productora) cuyo nombre ha ido y va encima de los títulos de comedias bastantes respetadas, siendo "Desmadre a la americana" la mayor de todas ellas (como bien se indica en el cartel). Sin embargo, el aspecto más interesante de "Class Reunion" es que, en esencia, se trata de una parodia -no muy desmadrada- del cine slasher... de hecho, su estructura es idéntica a muchos films del estilo, pero poniendo más énfasis en la comedia y mucho menos en el terror... por no decir el gore, que es totalmente nulo, a pesar de incluso contar con la aparición de una sierra mecánica.
En el reparto encontramos nombres tan apetitosos como los del carismático Gerrit Graham (el cantante glam de "El fantasma del paraiso"), Stephen Furst (precisamente lo vimos en "Desmadre a la americana" y en "Los albóndigas en remojo"), la mítica Anne Ramsey (la vieja fea de "Los Goonies"), Michael Lerner (el psycho obsesionado con los ojos de "Angustia") haciendo una simpática parodia del "Dr.Loomis" -el eterno perseguidor de Michael Myers- (en un momento dado le preguntan: "Si sabía que iba a morir, ¿por qué no lo impidió?" a lo que él contesta "No encontraba aparcamiento") y el malogrado Blackie Dammett como psycho-killer (puede que le recuerdes interpretando al traficante / vendedor de árboles navideños en "Arma Letal"). También asoma el careto el rey del rock and roll, y de los pederastas, Chuck Berry.
Como decía, "Class Reunion" juega con todos los tópicos del slasher: Un grupo de alumnos se reencuentran tras diez años en su lúgubre -y abandonada- escuela para celebrar una fiesta. No se imaginan que un estudiante al que gastaron una broma de muy dudoso gusto en el pasado, también estará presente, solo que dispuesto a vengarse matándolos a todos. El aspecto de este es francamente simpático, vestido de colegiala y con una bolsa de papel en la cabeza... pero ya digo que el interés de los realizadores no está en hacer un "spoof" del género de acuchillamientos, este es una mera excusa para reírse de las situaciones típicas asociadas a reencuentros de viejos estudiantes, que son un nido de hipocresía, rencores y envidias. Todo ello sazonado con un humor muy discretito, lo que da como resultado, pues eso, un film discretito, de ver y tirar.
Al final lo mejor es la canción de los créditos, cortesía de Gary U.S. Bonds.
En el reparto encontramos nombres tan apetitosos como los del carismático Gerrit Graham (el cantante glam de "El fantasma del paraiso"), Stephen Furst (precisamente lo vimos en "Desmadre a la americana" y en "Los albóndigas en remojo"), la mítica Anne Ramsey (la vieja fea de "Los Goonies"), Michael Lerner (el psycho obsesionado con los ojos de "Angustia") haciendo una simpática parodia del "Dr.Loomis" -el eterno perseguidor de Michael Myers- (en un momento dado le preguntan: "Si sabía que iba a morir, ¿por qué no lo impidió?" a lo que él contesta "No encontraba aparcamiento") y el malogrado Blackie Dammett como psycho-killer (puede que le recuerdes interpretando al traficante / vendedor de árboles navideños en "Arma Letal"). También asoma el careto el rey del rock and roll, y de los pederastas, Chuck Berry.
Como decía, "Class Reunion" juega con todos los tópicos del slasher: Un grupo de alumnos se reencuentran tras diez años en su lúgubre -y abandonada- escuela para celebrar una fiesta. No se imaginan que un estudiante al que gastaron una broma de muy dudoso gusto en el pasado, también estará presente, solo que dispuesto a vengarse matándolos a todos. El aspecto de este es francamente simpático, vestido de colegiala y con una bolsa de papel en la cabeza... pero ya digo que el interés de los realizadores no está en hacer un "spoof" del género de acuchillamientos, este es una mera excusa para reírse de las situaciones típicas asociadas a reencuentros de viejos estudiantes, que son un nido de hipocresía, rencores y envidias. Todo ello sazonado con un humor muy discretito, lo que da como resultado, pues eso, un film discretito, de ver y tirar.
Al final lo mejor es la canción de los créditos, cortesía de Gary U.S. Bonds.
sábado, 29 de marzo de 2008
EN LOS LÍMITES DE LA REALIDAD
Estamos ante uno de esos títulos emblemáticos del cine fantástico de los ochenta por el que, siendo yo chavalín, sentía una fuerte atracción, al tiempo que temor, gracias a sus imágenes promocionales. Fue la película con la que descubrí a los "Creedence" (esa introducción maravillosa) y fue el film de inflexión para la carrera de John Landis que, después de "Thriller" (el video-clip de Michael Jackson producido el mismo año), cayó en picado a causa del famoso accidente sufrido durante el rodaje, en el cual el actor Vic Morrow falleció decapitado por un helicóptero (y junto a él, dos niños asiáticos). Landis acabó en los tribunales y todo aquello marcó definitivamente su talento, evaporándose por completo tras varios títulos maestros (que caen justo antes de "En los límites de la realidad") tales como "Made in USA", "Desmadre a la americana", "Granujas a todo ritmo" y "Un hombre lobo americano en Londres". Una pena.
Como ya es sabido por todos, el film homenajea a la famosa serie televisiva de Rod Serling, "The Twilight Zone" (aquí "Dimensión Desconocida", al menos en la tv3, que es donde solía verla yo) poniendo al día (al de esa época) varias de sus historias. Para ello, contamos con peces gordos tras las cámaras del calibre de Steven Spielberg, George ("Mad Max") Miller, Joe Dante y el mentado Landis. Casi ná.
Y empezamos por el principio, la infame epopeya que llevaría al pobre Vic Morrow a la tumba. Este interpreta a un mega-racista que, por aquello de la dimensión desconocida, termina dando varios garbeos por la Alemania nazi o el Vietnam en plena guerra, y es casi linchado por el Ku Klux Klan (con ayuda de John Larroquette en un breve papel). La historia es tontorrona, pero efectiva. Le sigue el padre de "E.T." que vivía su etapa más ñoña (lo que no significa nada malo, aunque en este caso si) y lo refleja en esta fábula sobre unos ancianetes que, por una noche, recuperan la infancia. Muy tierna ella, y la más olvidable. La que hace tres nos muestra a un Joe Dante en plena forma, recién adoptado por Spielberg, moviéndose alegremente en su universo al dar vida, forma y color a un mundo propio de Bugs Bunny, pero en maligno (le siguen sus inseparables Dick Miller y Kevin McCarthy). Un niño con poderes infinitos crea su propio hogar ideal, que es como estar viviendo en un dibujo animado a todas horas, hasta que se mete por medio una educadora y lo arregla. Y finalmente, lo mejor del pastel, el dulce por el que merece la pena la peli al completo, y lo raro es que la firma George Miller, un tipo que tampoco es que haya hecho nada del otro Jueves (salvo "Mad Max 2"). En ella, un histérico y genial John Lithgow vive un viaje infernal en un avión y en plena tormenta, cuando presencia por la ventanilla cómo un monstruo (un gremlin, y no es coña) va destrozando el aparato. Lo dicho, cojonuda, la mini-obra maestra del pack, con esa tremenda tensión acumulada, esa delirante manera de fotografiarla, algún que otro momento de verdadero miedo (cuando Lithgow abre bruscamente la ventanilla y se encuentra cara a cara con el bicho... atención al extraño pero efectivo -y fugaz- plano de los ojos del actor saliéndose de sus órbitas, efecto este que ya usó Miller en "Mad Max 2", justo antes de que el malo se coma un camión de frente) y las fabulosas imágenes de la criatura destrozando el ala del avión mientras los rayos le caen encima. Por cierto, ha sido un placer intrínseco para el alma gozar tanto en este episodio como en el anterior, de monstruos creados con látex y movidos mediante animatronic. Lo echaba de menos.
Las pelis de episodios no suelen gustar, dicen que al no poder seguir una historia lineal te aburres (y debe ser cierto, pues el film no fue exactamente un hit)... pero a mi eso no me pasa, de hecho, me gustan esa clase de films (sin ir más lejos, uno de ellos, "Creepshow", está entre mis diez favoritas... ¿para cuando una edición de lujo en dvd?) y será por eso que "En los límites de la realidad" me ha resultado un divertimento total que me ha pasado en un suspiro. Probadlo.
Como ya es sabido por todos, el film homenajea a la famosa serie televisiva de Rod Serling, "The Twilight Zone" (aquí "Dimensión Desconocida", al menos en la tv3, que es donde solía verla yo) poniendo al día (al de esa época) varias de sus historias. Para ello, contamos con peces gordos tras las cámaras del calibre de Steven Spielberg, George ("Mad Max") Miller, Joe Dante y el mentado Landis. Casi ná.
Y empezamos por el principio, la infame epopeya que llevaría al pobre Vic Morrow a la tumba. Este interpreta a un mega-racista que, por aquello de la dimensión desconocida, termina dando varios garbeos por la Alemania nazi o el Vietnam en plena guerra, y es casi linchado por el Ku Klux Klan (con ayuda de John Larroquette en un breve papel). La historia es tontorrona, pero efectiva. Le sigue el padre de "E.T." que vivía su etapa más ñoña (lo que no significa nada malo, aunque en este caso si) y lo refleja en esta fábula sobre unos ancianetes que, por una noche, recuperan la infancia. Muy tierna ella, y la más olvidable. La que hace tres nos muestra a un Joe Dante en plena forma, recién adoptado por Spielberg, moviéndose alegremente en su universo al dar vida, forma y color a un mundo propio de Bugs Bunny, pero en maligno (le siguen sus inseparables Dick Miller y Kevin McCarthy). Un niño con poderes infinitos crea su propio hogar ideal, que es como estar viviendo en un dibujo animado a todas horas, hasta que se mete por medio una educadora y lo arregla. Y finalmente, lo mejor del pastel, el dulce por el que merece la pena la peli al completo, y lo raro es que la firma George Miller, un tipo que tampoco es que haya hecho nada del otro Jueves (salvo "Mad Max 2"). En ella, un histérico y genial John Lithgow vive un viaje infernal en un avión y en plena tormenta, cuando presencia por la ventanilla cómo un monstruo (un gremlin, y no es coña) va destrozando el aparato. Lo dicho, cojonuda, la mini-obra maestra del pack, con esa tremenda tensión acumulada, esa delirante manera de fotografiarla, algún que otro momento de verdadero miedo (cuando Lithgow abre bruscamente la ventanilla y se encuentra cara a cara con el bicho... atención al extraño pero efectivo -y fugaz- plano de los ojos del actor saliéndose de sus órbitas, efecto este que ya usó Miller en "Mad Max 2", justo antes de que el malo se coma un camión de frente) y las fabulosas imágenes de la criatura destrozando el ala del avión mientras los rayos le caen encima. Por cierto, ha sido un placer intrínseco para el alma gozar tanto en este episodio como en el anterior, de monstruos creados con látex y movidos mediante animatronic. Lo echaba de menos.
Las pelis de episodios no suelen gustar, dicen que al no poder seguir una historia lineal te aburres (y debe ser cierto, pues el film no fue exactamente un hit)... pero a mi eso no me pasa, de hecho, me gustan esa clase de films (sin ir más lejos, uno de ellos, "Creepshow", está entre mis diez favoritas... ¿para cuando una edición de lujo en dvd?) y será por eso que "En los límites de la realidad" me ha resultado un divertimento total que me ha pasado en un suspiro. Probadlo.
jueves, 5 de junio de 2014
SOLAR CRISIS
La existencia de telefilms catastróficos (me refiero al genero, obvio) no es un invento reciente, como ya hemos demostrado con anterioridad en este mismo blog. La gran diferencia es que antes, al ser menos abundantes, se hacían con un poco más de dinero -solo un poco- lo que les permitía ciertos "lujos". Además, y por idénticos motivos, tampoco tiraban tantísimo de fórmulas en cuanto a los argumentos y, esta es importante, la informática tenía aún muy poco que decir en el terreno de los efectos especiales (razón por la cual estos resultaban lógicamente menos llamativos y numerosos). Una notoria prueba de todo esto que digo la tenemos en "Solar Crisis", producto televisivo del año 1992 (1990 según otras fuentes) que a estos lares llegó mediante video-clubs de la mano de "Record Visión".
Estamos en el futuro. Nuestro querido astro rey anda un poco tonto. A sus inesperadas y catastróficas subidas de temperatura hay que sumar la madre de todos los cristos, una enorme llamarada que se va a zampar la tierra entera en cuestión de días. Los seres humanos inventan una bomba de antimateria (!!) cuyo fin será provocar dicho cuesco solar en otra dirección y, así, salvar al planeta azul. El problema es que el magnate de una gran corporación está dispuesto a sabotear tan compleja misión por motivos, francamente, algo absurdos y que no alcanzo a comprender del todo. El padre del capitán de la nave salvadora y su nieto (hijo de aquel... ¡¡nepotismo!!) intentarán detener en piña al malo -y su diabólico plan- antes de que sea demasiado tarde.
Ya saben lo mucho que me ponen las pelis de catástrofes, incluso aunque su origen sea caja tontil. Más si llevan mandangas astronómicas de por medio, como es el caso. Lo que aquí tenemos es una peliculilla que se adelantó unos años a la muy reivindicable "Sunshine" (con goticas de la no menos simpática "El núcleo", especialmente en lo referente a cierto sacrificio por el bienestar de la raza humana) y que se mueve en un terreno algo pantanoso, es decir, entre el típico culebrón televisivo de la década previa y las maneras más modernas y valientes que en unos poco años iban a despuntar en tan cateto y cauteloso medio. De primeras tenemos cierto pseudo-drama familiar (por eso de que yayo, nieto y padre anden metidos en el mismo fregao) y la inevitable historia de amoríos (aunque agradecidamente escueta). De segundas pues un tono algo más de "cine espectáculo" a lá Hollywood (dentro de lo que cabe) y la inesperada incursión de tacos, así como un gustoso top-less.
A todo ello súmenle un puñado de maquetas no demasiado cantosas (apuntar aquí que uno de los productores es Richard Edlund, reputado técnico de trucajes que previamente había dejado huella en films del calibre de "El imperio contraataca", "En busca del arca perdida", "Poltergeist", "El retorno del Jedi", "Golpe en la pequeña china" y un porrón más, cosa de la que se presume abiertamente en el poster), constante utilización de croma (salvado por los pelos) y unas justas dosis de animación informática, cuando la cosa aún andaba en pañales y abundaban los píxeles.
Como telefilm que es, todo se desarrolla de un modo bastante planillo y monotonillo, sin exabruptos ni nada demasiado llamativo. Tal vez el momento más recordable sea hacia al final, cuando la nave con la bomba se adentra en el sol y su piloto es testigo de las imágenes más increíbles del interior de la estrella que nos cobija, resueltas por la misma vía de la que se sirvieron en el "Superman" de 1978 al mostrar los confines del universo, usando imágenes reales -retocadas mediante luz- de ciertas algas microscópicas capaces de efectuar las más extrañas formas y los más rimbombantes destellos. Y es que el responsable de tan curiosa triquiñuela es el mismo en ambos casos (en la epopeya del superhéroe y en "Solar Crisis"), Peter Parks. Pal caso no cuela mucho, pero se agradece el intento.
Y cuando hace unas líneas hablaba de "ciertos lujos", no lo decía porque sí. Miren qué reparto más majo tiene "Solar Crisis": Tim "Desmadre a la americana" Matheson, Charlton Heston, Peter "El jovencito Frankenstein" Boyle, Jack Palance, Paul Koslo -eterno malo de serie B y que ya coincidió con Heston en "El último hombre... vivo"-, Dorian Harewood -segundón de reconocible rostro, estuvo en "La chaqueta metálica"-, Paul Williams, el incomparable "Swan" de "El fantasma del paraíso" (así como responsable de su estupendo soundtrack) como la voz de una computadora rollo "HAL 9000", el feo más "cool" del cine moderno Michael Berryman (casi sin frase) y un jovencito Corin Nemec preparándose para el tipo de películas que marcarían el resto de su desigual pero activa carrera.
"Solar Crisis" está basada en la novela de un autor Japonoide, Takeshi Kawata, también productor (de ahí que el pifostio sea mitad yanki, mitad nipón) y el director no es otro que... ¡¡Alan Smithee!!, el pseudónimo oficial que todo filmmaker utiliza cuando reniega del resultado de su obra por intromisiones ajenas (normalmente los productores). En este caso, tras Smithee se esconde Richard C. Sarafian, co-engendrador de la casta de los Sarafian, de entre los que destaca Deran, director de pelis tan reconocibles pal aficionado medio como "Cosmos mortal" (producida por nuestro Carlos Aured), "Interzone" (producida por Aristide Massaccesi y con co-guión de Claudio Fragasso), "Libertad para morir" (vehículo pal amigo Van Damme) o "Velocidad terminal" (la de Charlie Sheen y Nastassja Kinski). Con el tiempo y una caña, el tipo acabó inmerso en el medio televisivo -como su puto padre- y le fue tan bien que terminaría dirigiendo capítulos para "CSI: Nueva York" y "House". Entre sus pecadillos de juventud le encontramos como actor en "Al filo de la medianoche" y...¡¡"Zombi 3"!!. Señalar que uno de los guionistas de "Solar Crisis" es también de la familia, Tedi Sarafian, pero que por aquello de sol/idarizarse con su progenitor firmó con un nombre de héroe de tebeo barato: Crispan Bolt. ¡Curiosísimo!.
Y para rizar el rizo, la banda sonora la compone nada menos que Maurice Jarre, el de "Lawrence de Arabia". De entrada sorprende mucho, pero si miramos su ficha completa en Imdb veremos que Mauricio era un currante y no tenía muchos escrúpulos eligiendo la peli a la que bendecir con su talento.
¿Justifica tanto nombre reconocible/prestigioso el visionado de "Solar Crisis"?... posss, sí, supongo que sí, que para ser lo que es, se deja ver. Sin más. Al tratarse de un producto básicamente apoyado en los efectos especiales, no ha envejecido demasiado bien aunque tampoco ofende.
La pregunta del millón es: ¿cómo hubiese sido la versión firmada por Richard C. Sarafian?. ¿Mejor?, ¿peor?. ¡A saber!.
Estamos en el futuro. Nuestro querido astro rey anda un poco tonto. A sus inesperadas y catastróficas subidas de temperatura hay que sumar la madre de todos los cristos, una enorme llamarada que se va a zampar la tierra entera en cuestión de días. Los seres humanos inventan una bomba de antimateria (!!) cuyo fin será provocar dicho cuesco solar en otra dirección y, así, salvar al planeta azul. El problema es que el magnate de una gran corporación está dispuesto a sabotear tan compleja misión por motivos, francamente, algo absurdos y que no alcanzo a comprender del todo. El padre del capitán de la nave salvadora y su nieto (hijo de aquel... ¡¡nepotismo!!) intentarán detener en piña al malo -y su diabólico plan- antes de que sea demasiado tarde.
Ya saben lo mucho que me ponen las pelis de catástrofes, incluso aunque su origen sea caja tontil. Más si llevan mandangas astronómicas de por medio, como es el caso. Lo que aquí tenemos es una peliculilla que se adelantó unos años a la muy reivindicable "Sunshine" (con goticas de la no menos simpática "El núcleo", especialmente en lo referente a cierto sacrificio por el bienestar de la raza humana) y que se mueve en un terreno algo pantanoso, es decir, entre el típico culebrón televisivo de la década previa y las maneras más modernas y valientes que en unos poco años iban a despuntar en tan cateto y cauteloso medio. De primeras tenemos cierto pseudo-drama familiar (por eso de que yayo, nieto y padre anden metidos en el mismo fregao) y la inevitable historia de amoríos (aunque agradecidamente escueta). De segundas pues un tono algo más de "cine espectáculo" a lá Hollywood (dentro de lo que cabe) y la inesperada incursión de tacos, así como un gustoso top-less.
A todo ello súmenle un puñado de maquetas no demasiado cantosas (apuntar aquí que uno de los productores es Richard Edlund, reputado técnico de trucajes que previamente había dejado huella en films del calibre de "El imperio contraataca", "En busca del arca perdida", "Poltergeist", "El retorno del Jedi", "Golpe en la pequeña china" y un porrón más, cosa de la que se presume abiertamente en el poster), constante utilización de croma (salvado por los pelos) y unas justas dosis de animación informática, cuando la cosa aún andaba en pañales y abundaban los píxeles.
Como telefilm que es, todo se desarrolla de un modo bastante planillo y monotonillo, sin exabruptos ni nada demasiado llamativo. Tal vez el momento más recordable sea hacia al final, cuando la nave con la bomba se adentra en el sol y su piloto es testigo de las imágenes más increíbles del interior de la estrella que nos cobija, resueltas por la misma vía de la que se sirvieron en el "Superman" de 1978 al mostrar los confines del universo, usando imágenes reales -retocadas mediante luz- de ciertas algas microscópicas capaces de efectuar las más extrañas formas y los más rimbombantes destellos. Y es que el responsable de tan curiosa triquiñuela es el mismo en ambos casos (en la epopeya del superhéroe y en "Solar Crisis"), Peter Parks. Pal caso no cuela mucho, pero se agradece el intento.
Y cuando hace unas líneas hablaba de "ciertos lujos", no lo decía porque sí. Miren qué reparto más majo tiene "Solar Crisis": Tim "Desmadre a la americana" Matheson, Charlton Heston, Peter "El jovencito Frankenstein" Boyle, Jack Palance, Paul Koslo -eterno malo de serie B y que ya coincidió con Heston en "El último hombre... vivo"-, Dorian Harewood -segundón de reconocible rostro, estuvo en "La chaqueta metálica"-, Paul Williams, el incomparable "Swan" de "El fantasma del paraíso" (así como responsable de su estupendo soundtrack) como la voz de una computadora rollo "HAL 9000", el feo más "cool" del cine moderno Michael Berryman (casi sin frase) y un jovencito Corin Nemec preparándose para el tipo de películas que marcarían el resto de su desigual pero activa carrera.
"Solar Crisis" está basada en la novela de un autor Japonoide, Takeshi Kawata, también productor (de ahí que el pifostio sea mitad yanki, mitad nipón) y el director no es otro que... ¡¡Alan Smithee!!, el pseudónimo oficial que todo filmmaker utiliza cuando reniega del resultado de su obra por intromisiones ajenas (normalmente los productores). En este caso, tras Smithee se esconde Richard C. Sarafian, co-engendrador de la casta de los Sarafian, de entre los que destaca Deran, director de pelis tan reconocibles pal aficionado medio como "Cosmos mortal" (producida por nuestro Carlos Aured), "Interzone" (producida por Aristide Massaccesi y con co-guión de Claudio Fragasso), "Libertad para morir" (vehículo pal amigo Van Damme) o "Velocidad terminal" (la de Charlie Sheen y Nastassja Kinski). Con el tiempo y una caña, el tipo acabó inmerso en el medio televisivo -como su puto padre- y le fue tan bien que terminaría dirigiendo capítulos para "CSI: Nueva York" y "House". Entre sus pecadillos de juventud le encontramos como actor en "Al filo de la medianoche" y...¡¡"Zombi 3"!!. Señalar que uno de los guionistas de "Solar Crisis" es también de la familia, Tedi Sarafian, pero que por aquello de sol/idarizarse con su progenitor firmó con un nombre de héroe de tebeo barato: Crispan Bolt. ¡Curiosísimo!.
Y para rizar el rizo, la banda sonora la compone nada menos que Maurice Jarre, el de "Lawrence de Arabia". De entrada sorprende mucho, pero si miramos su ficha completa en Imdb veremos que Mauricio era un currante y no tenía muchos escrúpulos eligiendo la peli a la que bendecir con su talento.
¿Justifica tanto nombre reconocible/prestigioso el visionado de "Solar Crisis"?... posss, sí, supongo que sí, que para ser lo que es, se deja ver. Sin más. Al tratarse de un producto básicamente apoyado en los efectos especiales, no ha envejecido demasiado bien aunque tampoco ofende.
La pregunta del millón es: ¿cómo hubiese sido la versión firmada por Richard C. Sarafian?. ¿Mejor?, ¿peor?. ¡A saber!.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











