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miércoles, 18 de enero de 2012

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (8): LA SAGA -CASI- FALSA DEL "EXTERMINADOR"

Es un tema sobre el que ya he dado la chapa unas cuantas veces, pero si me lo permiten, la daré al menos una vez más: De películas reales de "El Exterminador" solo hubieron dos. El resto, todo mentira. Hasta ahora este era un rollo que me limitaba a soltar letra mediante, pero hoy he decidido aplicarme eso de "más vale una imagen que mil palabras"....



Películas como "Exterminador 2" las hubo, las hay y las habrá. Con todo lo "divertida" o entrañable que pueda ser, "Exterminador 2" no tiene nada de especial. Sin embargo, películas como "El Exterminador" las hubo... pero ni las hay, ni las habrá. Es imposible. Primero porque surgió en plena fiebre del cine de justicieros (moda esta situada en un espacio y tiempo socialmente muy específicos) y segundo, porque gasta una mala hostia que hoy ningún productor se atrevería a llevar a la pantalla. "El Exterminador" es una joya absoluta en su especie, un film super-políticamente incorrecto y con una violencia enfermiza y retorcida que, de hacerse actualmente, sería suavizada con los típicos excesos estilísticos o, peor aún, tics referenciales que todo lo estropean. Si hoy se hiciera un film como este clásico de James Glickenhaus, se vendería tal que "Una peli de justicieros como las de antes, ultra-violenta y políticamente incorrecta" y se usaría "El Extermindaor" como referente. Sí, vale, está gracioso ver las imitaciones/homenajes y regodearse en ella/os... pero nada puede compararse a lo auténtico. "El Exterminador" era auténtica, era honesta en todos los sentidos, incluso los malos. Una explotación descarada de la saga "Death Wish" sin un referente previo al que imitar en cuanto a su truculencia y sordidez. Este film es así, porque así se hacían en la época. Secuencias tan brutales como la lenta decapitación de un soldado yankee en el Vietnam (confeccionada por el fallecido Stan Winston quien, avergonzado, según donde solía ocultar su implicación en esta peli), el gangster en la trituradora, la puta quemada -¿y violada?- con un soldador o el político pederasta que recibe un disparo en la entrepierna, no eran vistosas por sus efectos especiales o su espectacularidad (bueno, salvo la de Winston!!!), eran vistosas por su sencillez, su radicalidad y su increíble mala hostia. Eso, hoy día, está muerto. Por ese motivo, "El Exterminador" es un clásico en su especie (y por eso, la segunda no lo es).



Nunca hubo un "Exterminador 3" porque la segunda parte -a diferencia de la primera- fue un fracaso en todos los sentidos. De hecho, su director nunca volvió a situarse tras una cámara... no al menos en esas funciones. Sin embargo, varios años después, a algun (o algunos) distribuidor Español se le ocurrió la absurda idea de pillar dos películas protagonizadas por Robert Ginty, es decir, el rostro/cuerpo del exterminador real, y lanzarlas al mercado como secuelas de aquella. De hecho, salió primero la cuarta, seguida de la tercera.
En realidad, "El Exterminador 3" se titulaba "The Bounty Hunter" y se hizo el año 1990. Ginty interpreta a un cazarecompensas en busca de su víctima. Curiosamente, él era también director (faceta esta que explotó mucho y bien en la televisión hasta su triste fallecimiento). Yo la vi de chaval y la recuerdo insoportable (tendría que repetir ahora a ver qué tal). "Exterminador 4" en realidad se titula "Out on bail" y está fechada un año antes que la anterior. Aquí Ginty interpreta a un tipo que es confundido por un criminal y puteado por la policía de un pueblo. El director no es otro que el veterano y reputado Gordon Hessler, en cuyo curriculum encontramos títulos como "La caja oblonga", "El viaje fantástico de Simbad" o "Indestructible: ruega por tu muerte", entre otros muchos. También la vi de chaval y, bueno, me pareció mejor que la supuesta tercera parte... pero no por ello menos mediocre.
Lo más curioso del caso es que, aún hoy, todavía hay gente que cree que estas secuelas bastardas eran legímitas.




No hubo "Exterminador 5" o "Exterminador 6", pero sí intentos de colarnos spin-offs igual de falsos. Probablemente el más descarado sea "Misión Comando" ("Gold Raiders"), producción del año 1983 (es decir, un año anterior a "Exterminador 2") entre Inglaterra y Tailandia y que, tanto en España como en Alemania, mostraba un slogan nada sutil: "El Exterminador ha regresado".
Menos descarada, pero tampoco coja, era "White Fire", hoy día un auténtico clásico del "trash" más descerebrado en cuya portada se lee alto y claro: "EXTERMINACIÓN es el tributo de los ricos". No hace falta decir más, ¿no?.
Y es que igual que Sean Connery con "James Bond" o Christopher Reeve con "Superman", Robert Ginty siempre fue, es y será "El Exterminador". Era la peli que le representaba y la que le inmortalizó, como bien demuestra la carátula de otro de sus films, "Vietnam, Texas". Mientras que bajo el nombre del co-protagonista asático, Haing S. Ngor, leemos un título de prestigio, "Los gritos del silencio", bajo el de Ginty leemos, como no, "El Exterminador". ¡Con dos cojones!.
Para ir terminando ya, y a modo de fricosismo, permítanme colar aquí un subproducto italiano dirigido por Sergio Martino, "Los halcones del esfalto" -en realidad su anti-clásico del horror "Torso, violencia carnal" en una edición pirata y engañosa- cuya carátula (cuanto menos en lo referente a esta edición de "American Home Video") muestra una imagen de lo más reconocible y chanante... y no nos extraña, porque si algo tenía de bueno "El Exterminador" era su increíble, fascinante, macarra e incluso inquietante portada.


Dicho esto, espero no tener que volver a repetirlo, porque ya serán unas cuantas veces las que he intentado hacer saber a los cuatro vientos que de "Exterminadores" solo hay dos, y que lo demás es mentira.

sábado, 8 de julio de 2023

EL EXTERMINADOR

Me he dado cuenta que en este blog he hablado mucho, muchísimo, de ese clásico del "sleaze" ochentero que es "El Exterminador". De sus secuelas, legales o no. Y de su director, James Glickenhaus. Sin embargo, lo raro es que JAMÁS he publicado una reseña oficial y oficiosa. Y oiga, ya va siendo hora de subsanarlo. Sobre todo ahora que he localizado en mis archivos una que escribí hace años para otro blog y, creo, se conserva bastante dignamente. Me ha bastado hacerle un lavado de cara mínimo para poder reciclarla aquí, hoy, y así, cerrar el círculo en torno a las violentas desventuras urbanas de "John Eastland".
Para ilustrarla, y por aquello de salirse de convenciones, he optado por una imagen distinta a la habitual -que tantísimo adoro y tantas "memorys" juveniles provoca-, una, además, algo cutre... pero con encanto. La cosa dice así:
Los años ochenta, cinematográficamente hablando, pasarán a la historia por la enfermiza proliferación de los géneros más “inmundos” que el séptimo arte haya podido parir jamás. Entre estos destaca uno por el que siento especial debilidad, y es el de justicieros urbanos… ya sabéis, tipos “corrientes” a los que un grupo de pandilleros o la mafia al completo matan / violan / castran / pegan / insultan (no necesariamente siguiendo este orden) a su mujer / hijo / hija / amigo / primo / abuelo y él, hasta el coño de la gentuza que asola las calles, se pilla todo el armamento disponible (por lo general son veteranos del Vietnam, y conservan en su hogar pistolas, granadas, metralletas y otros juguetes. O hacen como Charlie Bronson en “El justiciero de la noche” y ¡¡¡¡se compran un bazooka por correo!!!!) y empiezan a masacrar sin miramientos a todo aquel con pinta de maleante o fetuccini encorbatado.
En los 70 este genero aún tuvo algunas producciones de calidad, como “Harry, el sucio” o “El justiciero de la ciudad“, pero fue entrada la década del breakdance, los pelos crepados y el porno rodado en vídeo que la cosa degeneró. El velado mensaje crítico que contenían algunas de las dichosas pelis desapareció durante la era Reagan, transformándose de ese modo en puros productos reaccionarios y de propaganda derechista. Por fortuna la culpa de todo eso la tuvo una sola peli, “El Exterminador”, grandioso título donde los haya, que le costó un millón de dolares al papuchi de su director, James Glickenhaus, y a cambio daría miles de billetes verdes durante su comercialización, sobre todo en vídeo.
¿Y que tiene “El exterminador” para ser la oveja negra del género?, pues una recreación casi sádica en la violencia más extrema, gratuita, injustificada, retorcida y enferma. Sí amigos, lo dicen los críticos de verdad: “El exterminador” es posiblemente la peli más truculenta del cine de justicieros producido los últimos 40 años. Eran los 80, ¡joder!, ¿que esperaban?
Escenas míticas como el gangster convertido en embutido por efecto de una trituradora, las balas rellenas de mercurio que perforan la entrepierna de un senador con una doble vida un tanto insana, el pederasta que arde en vida, la prostituta quemada con un soldador, los malísimos que ahostian a una viejecita para robarle la pensión, el colega del héroe mutilado por un garfio que le clavan y retuercen en la espalda (primer plano incluido), o la escalofriante y traumática decapitación hiper-realista, y ¡¡a cámara lenta!!, al inicio de la peli por obra y gracia del -fenecido- maestro de los efectos especiales Stan Winston (aunque él nunca la incluyera en su filmografía. Sin embargo, existe una prueba tan contundente como la página completa que les dejo al final de la reseña, aparecida el año 1982 en "The Bloody Best of Fangoria Vol.1". Ctrl + boton izquierdo del ratón para ampliar) han hecho de “El exterminador” una de las favoritas no solo entre fans del cine de acción, también entre adictos al horror y el gore más burro.
En el reparto destacan Christopher George (que había trabajado a las órdenes de Lucio Fulci en “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes” y Juan Piquer en "Mil gritos tiene la noche"), Samantha Eggar en plena decadencia, Steve James (el Chuck Norris negro) y, ¡¡oooooh diosssssss!!, el gran Robert Ginty, portador de los mofletes más fotogénicos del mundo y convertido en héroe de video-club hasta su reconversión a director y posterior desaparición.
Un clásico de los anti-clásicos. Un tipo de cine que se ha perdido del todo y, si se recrea hoy día, es ya de forma autoconsciente y sin gota de honestidad... por brutal que esta sea.
Altamente recomendable.

miércoles, 20 de mayo de 2009

EXTERMINADOR 2

Es posible que muchos de ustedes, queridos y pacientes lectores, se pregunten cada mañana al despertar cómo es posible que una maravilla del "exploitation" mundial como "El Exterminador" -la uno- aún no haya aparecido reseñada en este humilde blog (al final, sí cayó). Independientemente de ello, sería imposible para mi hablar de la secuela sin aclarar que el film original me parece una joya absoluta y demencial, la película de justicieros más sórdida, brutal, sucia, sádica y enfermiza de cuantas se han producido desde entonces hasta hoy. Es decir, que me encanta... y lo digo sabiendo de lo que hablo, pues la volví a ver no hace ni una puta semana. Que quede claro que, por comparación, la segunda parte no tiene nada que hacer. Esta es una fábula de acción ordinaria mucho más "standard" y "limpia" que, aunque a ratos sacia nuestra sed de violencia, no llega para nada al salvajismo de la que tan sabiamente firmó James Glickenhaus. Nunca habrá otra película como "El Exterminador 1", ni aunque el puto Tarantino se empeñara en ello... pero pelis como "Exterminador 2" las hubo, las hay y las habrá. Vamos, que no tiene nada de especial salvo las horteradas propias de su década. Los ochenta, payo.
Otra diferencia entre ambas, en este caso narrativa, es que mientras en la primera el prota, el buenazo de Robert -mofletes- Ginty, mataba a malos anónimos a diestro y siniestro, en esta segunda -y última- aventura, se encabrona con una banda de delincuentes de estética casi "Mad Maxiana" comandada por el inefable Mario Van Peebles, que por poco no se papea la función entera con patatas interpretando a un mega-malo del copón. De hecho, todos los delincuentes en este film, además de un "look" horripilante (eran los años del breakdance), tienen en común lo mucho que disfrutan matando a inocentes y, encima, se recrean en su agonía y/o muerte entre ofensivas risas burlonas. Fabricados para ser odiados, vamos. El exterminador vivirá un leve romance con una bailarina rollo "Flashdance" y una -también escueta- amistad con un negro que curra de basurero. Naturalmente, ambos terminan hechos añicos y servirán de perfecta excusa para que Ginty pierda el pedal, convierta un camión en un tanque y arrase con todos y más.
Detalles curiosos, si hay algo que achacar a la primera parte es que su FANTABULOSO cartel nos engañó. En la peli el exterminador ni usaba lanzallamas, ni llevaba casco de moto, ni vestía de negro (bueno, en alguna escenita por ahí sí, pero nada destacable). Para la segunda entrega, y conscientes de ello, decidieron actuar al revés, es decir, Ginty no se separa de su lanzallamas (y su casco) ni para ir al lavabo... a pesar de que una pistola o una metralleta serían armas mucho más cómodas... pero no tan "cool". Más, a diferencia de muchos otros films de justicieros, en los que los buenos son gente de clase alta y los malos de la baja (retorcido mensaje este), en "Exterminador 2" no se da el caso. Los buenos son tan pobretones como los malos. Robert Ginty está en paro y debe vender su reloj para comer, su amigo es un basurero que trata con los vagabundos y la parienta una go go de un bareto de mala muerte con sueños de grandeza. Un punto a su favor.
El productor del primer film, Mark Buntzman, ejerce aquí de director (con una ayudita no acreditada de William Sachs, co-guionista y director de cosas como "Galaxina" o "Viscosidad"). Tal fue el estropicio (imagino que económico, al no haber verdadera tercera parte... y sí, las supuestas "Exterminador 3 y 4" eran un invento de los distribuidores españoles) que nunca más volvió a dirigir. Produce la señera "Cannon", entonces emperrada en rodar secuelas de films de acción ajenos que explotaran los "leitmotiv" de estos, como hicieran con "La matanza de Texas" o "Death Wish".
Entretenimiento puro... descerebrado, sí, tosco, también, pero igualmente disfrutable.

miércoles, 11 de agosto de 2010

ULTIMATUM

Esta es la siguiente peli que James Glickenhaus hizo tras su mítico "El Exterminador" y, a día de hoy, ha permanecido en la sombra, como un título menor, tal vez eclipsado por el éxito de la otra. Da la sensación que con este film el cineasta se quiso quitar una espinita, la de parir un film "a lá James Bond", pero claro, adaptado a su estilo de violencia cruda y ritmo perezoso. Como en los films de 007, hay una "compleja" intriga terrorista, vamos saltando de una ciudad a otra del planeta, aparecen Rusos malos y, en fin, el mismo cartel (que me fascinaba de chaval) casi parece una peli del famoso agente secreto, porque ese super-espía trajeado y con remalazo "dandy" no aparece en todo el metraje, como tampoco lo hacía el maromo con el casco de moto y el lanzallamas en "El Exterminador". ¡Que picaruelo que era el amigo James!.... Glickenhaus, James Glickenhaus.
Pues lo dicho, unos rusos muy malos roban plutonio y amenazan con hacer estallar una bomba nuclear en unos pozos de petróleo. Los yankis mandan a su mejor agente especial, pero este, por varias movidas que no vienen a cuento, se encontrará más solo que la una. A pesar de ello, hará lo indecible por reparar la situación, echando mano de su antiguo comando y yendo asín como por libre.
Pues sí, a "Ultimatum" (cuyo título original mola mucho más, "The Soldier") le pesa un poco el culamen. Glickenhaus nunca se destacó por ser un realizador con un infalible dominio del ritmo, y en este film -como en "El Exterminador"- se nota. Sin embargo, las puntuales escenas de acción y violencia compensan la espera, con esos impactos de bala sangrantes y esas cámaras lentas exageradas de las que tanto abusa, cuya combinación infalible se desarrolla en la secuencia de la nieve (¡¡mira!!, otro toque muy Bond), con una persecución sobre esquíes y un formidable salto mortal durante el cual el prota aprovecha para soltar una ráfaga de balas, Uzi 9mm mediante, y cargarse a su perseguidor... ¡yummmmm!, lo mejor de la peli, créanme.
"Ultimatum" es, esencialmente, un "thriller de espionaje" que intenta ser complicado (de chaval me lo pareció, aunque creo que es más porque al guionista -el mismo director- se le fue la olla y se perdió un poco entre personajes y situaciones) y muy "high-tech". El final es desconcertantemente poco espectacular y anodino, pero en la línea "seria" que pretende su responsable.
A un nivel más friquista, molan los puntos en común que tiene con "El Exterminador", como algunos actores, tanto el action-hero de "serie B" Steve James, como varios secundarios y la secuencia en la que un agente doble prepara una elaborada bombilla explosiva. El detallismo con el que Glickenhaus se recrea es idéntico al mítico momento en que Don Exterminador, Robert Ginty, se preparaba sus temibles balas rellenas de alguna dañina sustancia líquida. Otros rostros populares que aparecen a lo largo de la función son los de Klaus Kinski (visto y no visto), un joven Joaquim de Almeida y Jeffrey Jones en un rol enano, muy delgado y antes de que le pillaran con fotos de niños desnudos bajo el felpudo.
Destacar así como mucho la extraña pero fabulosa banda sonora de "Tangerine Dream", especialmente el cojonudo tema inicial.
Como digo a la peli le falta ritmo, es un poco farragosa y confusa, pero no tanto como para no poder disfrutarla, gozar con su violencia, sus escuetas escenas de acción, su inevitable look ochentoso y la agradecida ausencia de una historia de amor.

sábado, 17 de septiembre de 2022

Mc BAIN

Tampoco voy a decir aquí y ahora que soy fan de James Glickenhaus, cineasta especializado en películas de acción que entró a formar parte del firmamento exploitation tras dirigir "El Exterminador". Pero sí es cierto que despierta en mi cierto afecto y, por ello, he procurado ver toda su obra. Incluso aquella más olvidable. No obstante, desde hace ya demasiados años tenía una cuenta pendiente: "McBain", de 1991. No se por qué, nunca jamás la llegué a consumir... hasta ayer.
En cierto modo, "McBain" recuerda un poco a "Los Mercenarios" (la de Stallone y cía), por aquello del grupo de ex-combatientes maduros que curran para el mejor postor y corren hasta un país sudamericano dispuestos a derrocar al dictador de turno. En este caso lo que les mueve es la venganza personal. El tipo que salvó a McBain durante la guerra del Vietnam ha sido asesinado por el mentado dictador. Llegó el momento de saldar la cuenta pendiente. Así, el viejo equipo se rejunta y arranca el sarao.
En muchos sentidos, "McBain" parece un auto-homenaje por parte de Glickenhaus. Algunos aspectos del film recuerdan a otros de su pasado. Desconozco si es una cuestión de escasez de ideas, perrería o vanidad. Por ejemplo, como decía, toda la movida se inicia en Vietnam y nos presenta a un Steve James vestido de caqui como soldado eficiente, igual que en "El Exterminador". Resulta que James responde al apellido de Eastland, exactamente el mismo que tenía Robert Ginty en aquella. Luego, el equipo de McBain decide chinchar a un mafioso para que les entregue el capital necesario destinado a activar la operación, y da la casualidad que se deciden por el que salía en "El Exterminador", aquel al que Ginty colgaba sobre una trituradora para, luego, convertir en carne picada. Obviamente no es el mismo personaje, pero sí el mismo actor, Dick Boccelli, al que, encima, McBain y los suyos cuelgan de nuevo, esta vez a varios metros del suelo, amenazando con dejarle caer. Otra diferencia es que, aquí, no se lo cargan. Pero ya me dirán si esto es más un guiño pajero y gracioso de Glickenhaus que reciclaje. Ya puestos, yo habría llamado igual al personaje, pero aunque los apellidos resuenan parecido (Gino Pontivini versus John Gambotti), no lo son. Y luego tenemos uno de los carteles de "McBain" que, en parte, recuerda al de "Ultimatum / The Soldier". Tal vez Glickenhaus veía peligrar su carrera y, a modo testamental, quiso darse un gusto.
Obviamente, todo parecido con "El Exterminador" acaba aquí. "McBain" es una película mucho menos sórdida. Incluso menos violenta, aunque tenga sus momentos intensos. Además, para darle un toque variado, durante un buen cacho se decantan por escenas de acción situadas en altos vuelos, con aviones y cazas. Lo cierto es que no funcionan, se hacen eternas, les falta elemento vibrante e incluso cortan el rollo. A partir de ellas, la peli se resiente y desinfla levemente. Una pena, porque estaba siendo un rato entretenida. Justamente, es aquí donde presenciamos el instante más inverosímil y absurdo de la función, cuando McBain, metido dentro de su avión, saca una pistola y dispara a la cabina del caza enemigo que tiene justo al lado, matando al piloto. ¿Hein?... Vale, los aparatos podrían estar a una altura todavía con baja presión atmosférica, pero lo de no ver la bala perforar nada es raro. Rarísimo. Tanto como que Glickenhaus (autor también del guion) lo dejara pasar.
Por lo demás... pues bueno, sí hay unas cuantas escenas de acción -terrenales- bastante guapas, sendos "stunts" espectaculares y unas pocas explosiones bien gordas. Pero lo cierto es que la peli denota un leve aire telefílmico -incluso estéticamente- y eso pasa factura. O facturilla, cuanto menos (en un momento dado, McBain se compara en do de coña con el "Equipo A". "No lo sabes tu bien" pensé)
El reparto lo encabeza un Christopher Walken en su época gris. La inevitable -si hablamos de ambientación latina- Maria Conchita Alonso (idem para Luis Guzmán). El gran Michael Ironside y el mentado Steve James, tres años antes de su triste, inesperada y prematura muerte.
Aparte queda la guasa de que "McBain" es como se llama la parodia del típico "action hero" en la serie "Los Simpson" Una casualidad a la que inevitablemente recurren los que quieren hacer chota del film de Glickenhaus ya que, en algunos círculos, se considera "mala pero divertida". No lo veo yo así pero, en fin, de todo tiene que haber en este mundo.

sábado, 12 de noviembre de 2022

BLUE JEAN COP

Lo que esputaré a continuación ya lo dije cuando publicamos el TRAILER de la película ahora reseñada. Pero nunca está de más refrescar sus escuetas memorias. Probablemente, "Blue Jean Cop" ("Shakedown" en los USA) sea el momento álgido, en cuanto a medios y reconocimiento mainstream, de la carrera del otrora exploiter James Glickenhaus, un caballero al que hemos dedicado mucho tiempo en este espacio. Todos le conocen como responsable de ese clásico imborrable del cine más grimoso titulado "El Exterminador". Pero, también, de cosas como "Ultimatum", "El Protector", "McBain" o los vehículos de lucimiento para su retoño, "El silencio de los inocentes" y "Time Master". Resumiendo, solo nos faltaba "Blue Jean Cop" para abarcar toda su obra... bueno, vale, y la primera, "The Astrologer", que nunca me ha llamado demasiado (aunque si tuviera acceso a ella, la vería y, probablemente, reseñaría)
En cualquier caso, "Blue Jean Cop" es una película generosamente presupuestada, y eso salta a la vista. Con un par de sólidos protagonistas (Peter Weller mega-fresco aún de "Robocop" -estrenada un año antes- y Sam Elliot), una fotografía totalmente acorde a lo que entonces podía esperarse de un film de esta categoría y un buen puñado de escenas espectaculares.
El argumento en esencia es sencillo. Un abogado descreído y un policía algo piojoso unen fuerzas y esfuerzos para detener la corrupción en el cuerpo. Uno mediante tribunales, el otro en las calles. Y juntos en un par de persecuciones bastante notables. Tanto como los dobles de los actores, que cantan un huevo de pato.
El guion era del propio Glickenhaus, pero fue retocado por el estudio para darle un poco más de humor, intentando así aproximarse al entonces recientísimo "hit" del cine de acción (en pareja) que fue "Arma Letal". Obviamente, la violencia es mucho menos encarnizada que lo habitual en el cine de su director, quien flipaba colores contando en las entrevistas el par o tres de noches que cortaron una céntrica calle en medio de Nueva York para rodar. Hablamos de la 42, The Deuce, la famosa avenida repleta de cines "grindhouse" y antros porno. De esta guisa, el número de marquesinas con títulos bien llamativos y reconocibles para el fan medio es apabullante. Mientras veía el film, andaba tan centrado intentando descifrarlos que me perdía las mismas escenas de acción. Podría confeccionar una segunda entrega de "Marquesinas de refilón" con todo ello... pero solo si me da la neura (y me la dio, AQUÍ). De momento, centrémonos en un par cuya directa alusión a su director me permiten colárselas ya (al final del rollete). En un momento dado, presenciamos a Sam Elliot pegándose una buena siesta mientras en la pantalla de un cine se proyecta el mejor "stunt" de "Ultimatum" ("The Soldier" en v.o.), la tercera peli de Glickenhaus (eso de que el actor esté sopa, y la sala medio vacía, ¿es una auto-puya coñera?) Cuando despierta y sale, descubrimos -gracias a los carteles del vestíbulo y la marquesina en la calle- que dicho film se proyecta en doblete con "El Exterminador" itself. Toma ya (y si nos ponemos puñeteros, veremos que en la segunda marquesina del mismo cine figuran "Hidden" y "Pesadilla en Elm Street 3". Amigos, eso sí era una programación cojonuda)
Que base mi review más en estas pijadas pajilleras que el contenido de la peli, ¿es señal de que esta no mata? No, no, que va. Soy así de enfermo, pero lo cierto es que "Blue Jean Cop" mola. A ver, no es ninguna maravilla para recordar toda una vida. Y la trama eventualmente se lía un poco. Pero entretiene y, como decía, cuenta con puntuales momentos estupendos como la aparición de un negrazo asesino profesional que, en su capacidad destructiva, casi parece Terminator. Todos los "bums" y "catapums" imaginables (destacando el del final, situado en un avión mediante cantoso croma y que, por unos momentos, casi parece una premonición de lo que, años después, ocurrió cierto 11 de Septiembre) Incluso la subtrama de amoríos y desamoríos protagonizada por Peter Weller tiene su interés.
Como suele ocurrir en estos casos, el reparto de secundarios es sensacional, con un montón de rostros familiares para los adictos al cine de género -y más el de esas épocas- Comenzaremos con mi favorito: Larry Joshua, que, luciendo una mullet tremenda, interpreta al poli malo de rigor. Por su aspecto y condición física, es un actor al que le pegan los papeles de abusón, especialmente desde que diera vida a uno muy carismático en "La Quema". Le acompañan John C. McGinley, el típico rostro que has visto en mil películas, pero no sabes ponerle nombre. Antonio Fargas, otro que tal baila (se hizo popular gracias a su papel de Huggy Bear en la serie "Starsky & Hutch"). El gran Paul Bartel. David Proval, quien siempre se ha ido moviendo entre roles de poli o guardia de seguridad y esbirro o mafioso. El semi-underground Rockets Redglare. Buddy Van Horn, mano derecha de Clint Eastwood, "stunt" y director de "La lista negra". Y, por supuesto, que no falte Dick Boccelli, colega de Glickenhaus, especializado en mafiosos (lo hacían picadillo en "El Exterminador") y que, para salirse del canon, interpreta a un policía.
"Blue Jean Cop" es un producto solvente que les hará pasar un rato tonto y ameno si no son demasiado exigentes. No obstante, debió pegarlo flojo en taquilla porque James Glickenhaus no volvería a rozar el cielo. A partir de ahí la cosa fue en dirección descendiente. Lenta pero inexorablemente.
Como dato "friquista", mentar que el policía medio en la penumbra que asoma al pie del póster aquí representado, se parece sospechosamente al que figura en el cartel franchute de "Maniac Cop" (y que, by the way, no guardaba la menor similitud con el genuino poli maníaco del film), película producida por Glickenhaus. Extraño reciclaje este.



martes, 16 de junio de 2009

COBRA

A mediados de los 80 Stallone era el indiscutible rey de la taquilla. Sin embargo, "Cobra" resultó su primer tropezón (en ese momento). Venía después de "Rambo" (y "Rocky 4", dos pelis marcadamente "reaganianas"), contaba con el mismo director, George Pan Cosmatos, y el cartel recurría de nuevo a la imagen de Sly con cara de pocos amigos y luciendo arma chanante. Pero, como decía, no coló. No es que fuera un mega-fracaso... pero tampoco el exitazo que se esperaba de ella. Se abrió la veda, todos los críticos rabiosos ante el hecho de que el bueno de Silvestre fuera el boss de Hollywood e hiciese gala de una ideología política algo derechista, aprovecharon la oportunidad para vengarse. "Cobra" no paró de recibir palos y ser continuo motivo de chota en toda clase de medios. Aún hoy, a pesar de que con los años se ha ganado mejor prensa (el poder de la nostalgia, casi tan poderosa como el dinero y el sexo), ese cachondeo mal lechado aún colea.
Estamos ante una adaptación muy asá de la novela "Fair Game" (que sería readaptada unos años después para lucimiento de la top Cindy Crawford), aunque yo siempre he dicho que en realidad "Cobra" es un homenaje/plagio del primer "Harry, el sucio". Aparte de sus varios puntos en común inevitables por género (poli continuamente abroncado por sus superiores, asesinos psicópatas con afición por matar gente de lo más inocente, continua puesta en duda de la capacidad de la ley y su sistema, las frases lapidarias del héroe, etc, etc) tenemos que fijarnos en el reparto. Reni Santoni, quien interpretara al compañero de Clint Eastwood en el film de Don Siegel, es aquí compañero de "Cobra". Andrew Robinson, el francotirador loco de "Harry, el sucio", es en esta peli uno de los superiores de Stallone, y sin ser el malo de la función, su personaje poco tiene de bueno. A modo complementario, pero dentro de terrenos "harrycallahanistas", destacar la presencia
del entrañable David Rasche, suyo es el rostro que diera vida a "Sledge Hammer", la versión paródica del policía encarnado por Clint Eastwood.
Brigitte Nielsen (entonces, creo, pareja de Stallone) es testigo de un atroz crimen perpetrado por una panda de asesinos con aspiraciones sectarias y apocalípticas. Marion Cobretti, poli especializado en el "trabajo sucio" (como Harry) se encargará de protegerla. Violencia a raudales y mucha propaganda reaccionaria de delicioso sabor será el resultado.
Hasta cierto punto, podemos decir que "Cobra" es el paradigma del cine de acción ochentero, pues no solo tenemos a un Stallone en plena forma, también se trata de su primera colaboración con la entonces todopoderosa "Cannon". ¡¡Sylvester + Cannon!!, ¿tremendo, no? (imaginaos el placer orgásmico de los críticos a la hora de echar la bilis... tenían todos los ingredientes adecuados, y más). De hecho, esto de que Golan y Globus estuvieran de por medio da que pensar. Si lo miras detenidamente, "El Exterminador 2" (otra producción "Cannon" dos años anterior a "Cobra") y el film reseñado gastan algunas ideas en común. Por ejemplo, en las dos tenemos a una secta criminal casi-religiosa empecinada en provocar el mal y cebarse en la gente de la calle. El final de ambas se desarrolla en una fábrica, donde el héroe prende fuego a un malo rociado de gasolina desde el mismo e idéntico contra-picado relentizado. Y el jefe de los villanos (¡ese Brian Thompson tremebundo!) fenece casi igual en una y en la otra, ensartado y en llamas. ¿Sospechoso verdad?. No sería descabellado pensar que, a falta de material llamativo (y dado que "El Exterminador 2" era una producción más oscura, y fracasada, de la que no muchos se acordarían), los chicos de la "Cannon" buscaran en sus arcas con intenciones recicladoras.
Pero la cuestión es, ¿merecía "Cobra" tanto desprecio?. No, ni por asomo. Es evidente que todo aquello lo provocó una cuestión extra cinematográfica, era pura venganza personal. Daba igual si el film era bueno o no, sencillamente Stallone tenía que recibir "su merecido". En realidad "Cobra" es un thriller muy potente, vibrante, estilizado, entretenido y bien hecho con algunos momentos para el recuerdo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

VIGILANTE

Uno de los títulos más emblemáticos del cine de justicieros parido durante su época dorada, 1983, por un director que, en aquellos tiempos, arrastraba un aureola que le hacía ideal, William Lustig. De hecho, "Vigilante" se encuentra situada nada menos que entre su famosa y estupenda "Maniac" y su no menos recomendable "Maniac Cop". Es decir, lo mejor de su filmografía. Incluso Joe Spinell (prota de "Maniac") se reserva un papelillo, la que era su especialidad: tipo repulsivo. 
Cuando la alquilé en el video-club lo hice convencido de que me esperaba un baño de violencia desaforada, tipo "El Exterminador". Una peli de justicieros de esas que rozan el "gore" más cafre y que tanto echo de menos (hoy se hacen otra vez, pero con ese irritante lavado estético/cínico que les quita verdadero valor exploitation), pero luego resultó que no, que la cosa era más comedida de lo esperado... tal vez por eso no me entusiasmó, aunque tampoco me disgustó. Ayer noche recuperé el Beta que reposaba en mi armario y me di una buena dosis de violencia urbana y suciedad en los cabezales ¡que pa qué!. "Vigilante" no dista mucho de "El justiciero de la ciudad" o "El Exterminador", salvo en el hecho de que no se trata de un vengador solitario, sino de una pandilla de ellos. 
Un tipo la mar de normal y corriente (un "regular Joe" que dicen allí) vive feliz con su esposa, su hijo y su curro de mecánico. Un mal día, la mujer planta cara al jefe de una pandilla (de esos que van ataviados con aparatosos uniformes) y este se toma la revancha atacándola en su propio hogar y matando al benjamín. El comando de justicieros amateurs intenta convencer a nuestro prota de que pase de legalidades y actúe por su cuenta, pero él, que es muy racional, les dice que nanai. 
En eso que pillan al pandillero, lo llevan a juicio y por aquellas trifulcas absurdas, sale libre. El padre de familia arranca en cólera y ataca al juez, que lo manda encerrar 30 días. Toma geroma!. Cuando salga lo hará muuuuy cabreado y, con ayuda de sus coleguis justicieros, se  pondrá manos a la obra para ajustar cuentas.
Ambientación urbana de lo más sucia, sórdida y decadente, gélida seriedad (uno de los aspectos que más diferencian el cine de justicieros de antes con el de ahora) y violencia cruda y contundente, aunque dentro de la normalidad (impactos de bala chorreantes rodados estilo Peckinpah). Uno de los aspectos más curiosos de "Vigilante" reside en que, a diferencia de otros títulos del subgenero, cuando los buenos matan (que no ocurre muchas veces), es retratado como un acto genuinamente perturbador, del que incluso ellos mismos parecen dudar, lo que le otorga más "credibilidad" (como las primeras veces que Charlie Bronson actuaba en "El justiciero de la ciudad"). Y cuando digo "buenos" lo digo a conciencia, ya que el prota no es otro que Robert Forster con esa eterna mueca de buencha desubicado en el tiempo y el espacio. Así mismo, el líder del comando urbano no podía ser otro que Fred Williamson. El reparto que sigue es del todo entrañable y muy de su época, repleto de esos rostros tan típicamente secundarios: Richard Bright, Rutanya Alda, Carol Lynley, Woody Strode, Steve James (el héroe de acción negro por excelencia de los 80, aquí en un rol escueto. Recuerden que también estaba en "El Exterminador"), Frank Pesce y algun otro que ahora no recuerdo. Para que no hubieran quejas, la pandilla de delincuentes la forman un hispano, un asiático, un negro, un fetuccini y una mujer. Toma variedad. Y en general "Vigilante" destaca por su sobriedad, su ritmo tranquilo pero no perezoso, su tono gris y deprimente, por la notable banda sonora de Jay Chattaway y por ese agradecido deseo de pillar al pobre Forster y llevarlo a los límites de su paciencia, primero con la pérdida de su hijo, pasando luego por la cárcel donde es agredido y finalmente viendo cómo su mujer le deja porque le culpa a él de todo. Estás deseando que estalle... y estalla, pero no excesivamente. 
Hay tres detalles finales que merecen destacarse: El modo casual en el que el prota y el asesino de su hijo se encuentran. El intento por parte de Lustig de emular la persecución automovilística de "French Connection" (sin conseguirlo) y el último acto de venganza, donde paga alguien que suelen olvidar en estas pelis. Chapeau!.
Fricada: En la misma época que alquilé esta película, consumía mi tiempo leyendo un comic de idéntico título creación de "DC Comics" y distribuido por "Ediciones Zinco" en España. Era la respuesta por parte de la editorial de "Batman" al "Castigador" de la Marvel... y aunque de entrada todo se prometía fabuloso (un fiscal del distrito ve cómo la mafia se carga a su familia por lo que decide ponerse unas mallas y actuar), finalmente no resultó serlo tanto y la cosa -en lo que a mi respecta- nunca pasó del número uno. Entonces era totalmente consciente de que comic y peli no tenían nada que ver salvo por su temática de base y título, pero por un momento me moló la idea de la coincidencia y fantaseé en qué pasaría si todo fuera fruto de una improbable adaptación. Cosas de críos.
Sin ser ninguna maravilla, y sin lograr emocionarte demasiado cuando el protagonista se toma la tan deseada revancha (algo esencial del subgenero... al menos pa mi), "Vigilante" termina siendo un apreciable pedazo de celuloide muy de su época, repleto de las virtudes y defectos de aquellos tiempos, honesto en su condición y, a fin de cuentas, entretenido. 
Bastante recomendable, sí.

martes, 27 de septiembre de 2011

WHITE FIRE

"White Fire" es una película que arrastra orgullosa la etiqueta de "tan mala que es buena". Hombre, yo tampoco usaría el vocable "buena", aunque lo sustituiría gustosamente por el de "curiosa". Co-producción entre Turquía, Francia e Inglaterra (toma geroma), "White Fire" destacó durante los ochenta (es del 84) en nuestros video-clubs por su llamativa portada, en la que un Robert Ginty post-"El Exterminador" sujetaba una sierra mecánica. Naturalmente, los distribuidores no pudieron evitar una referencia al clásico de James Clickenhaus utilizando la frase promocional "Exterminación es el tributo de los ricos". Ya sabemos que no era esa la primera vez que ocurría, "Vietnam, Texas" también se valió de la misma táctica. Sin hablar de las falsas secuelas de "El Exterminador", la tres y la cuatro, lanzadas en su época... y encima, en orden inverso (como curiosidad, mencionar que el film comentado y "Exterminador 2" comparten año de producción).
En esencia "White Fire" es una historia de incesto. ¡Júrolo!. Robert Ginty y su hermana, interpretada por Belinda Mayne (cuyas tetas perfectas me deslumbraron en el "
Alien 2" italiano, y también salía en "No abrir hasta Navidad"), son dos ladrones de joyas. En una escena en la que ella se baña en pelotas, él la mira con ojos lascivos y le dice "Que lástima que seas mi hermana". El caso es que una panda de mafiosos les ha intentado contratar sin éxito, por lo que se toman la revancha y matan a la moza. Ginty, afligido, va a un bar a pillarla gorda y casualmente se encuentra con una tipa clavada a la fallecida que le tira los trastos. La convence para hacerse pasar por la hermana (no sabemos muy bien con qué fin), por lo que la somete a un duro entreno. En el proceso, se enamoran... pero falta un detalle, cambiarle los cuatro rasgos que marcan la diferencia. Ese es el motivo de que la envíen a una clínica de cirugía estética que parece un harem, repleto de mozas con finas telas tapando sus vergüenzas y correteando de aquí para allí. De mientras, aparece una super-joya con casi poderes por la que todos se pelearán (tampoco sabremos el verdadero motivo, ya que al final estalla sin más). Y también está Fred Williamson, puro en mano, buscando a la nueva hermana de Ginty. Y ya puestos, el malo de la paella es Gordon Mitchell, ex-astro del peplum afincado en la peor serie B/Z. Antes del "The End", Ginty conseguirá su sueño tan deseado: follarse a la carne de su carne, sangre de su sangre. Un desenlace feliz, después de todo.
La ensalada de por sí ya resulta apetecible, pero hay más. Mucho más. Aparte de unas cuantas tetas, tenemos algo de sorprendente gore. Cuando Ginty utiliza la sierra mecánica, vemos sus efectos de modo gustosamente gráfico. Luego, a un pobre turco le cortan la entrepierna con otra clase de sierra. Todos los secundarios y extras del film llevan bigote, miran a cámara y son pésimos actores. El mismo Ginty luce bigote... tal vez para solidarizarse. En general el argumento no tiene mucho sentido, y todo es bastante caótico, además de cutre y torpón. Desafortunadamente, tantos elementos exóticos no garantizan diversión completa, hay mucho de aburrimiento y más drama del que desearíamos. El clímax final está repleto de explosiones y tiros... y a tenor de las imágenes, diríase que algunos de los extras no salieron bien parados durante el proceso.
El director, Jean-Marie Pallardy, es todo un icono "trash" en su tierra. Modelo masculino que, por aburrimiento, se puso a actuar y dirigir. Su especialidad, el soft-core. De ahí al porno, y a la serie B. Fue productor de uno de los infra-vehículos para Bruce Le (sí, con una e). Su sello destintivo (aparte de la incapacidad) es que en los créditos suele firmar con un garabato ininteligible... un toque muy "auteur" para alguien bastante opuesto al término.
Recomendada para curiosos y amantes de las ñordas exóticas.

lunes, 19 de agosto de 2019

KISS MEETS THE PHANTOM OF THE PARK

Por supuesto, no soy en absoluto fan del sonido guitarrero y mucho menos de Kiss, que me resulta un grupo de lo más extraño y estúpido. Su imagen amenazante a base de maquillaje siniestro y eso que hace Gene Simmons con la lengua, no hacía honor al tipo de rock-n-roll que practicaban que suena ñoño, amariconado  y rozando el pop. Un contraste como para tontos.
Pero al margen de lo que me pueda parecer a mí, Kiss es un grupo de rock mítico que a finales de los años 70 eran tan famosos que las masas se inclinaban a sus pies. Es por ello, que en la cúspide de su fama, a sus promotores, viendo que en el mundo de la música habían tocado techo, se les ocurrió venderles como producto. Comenzó a aparecer a la venta toda suerte de merchadising, juguetes y desvaríos varios con la imagen de los componentes de la banda. Incluso, llegaron  a ser los protagonistas de un cómic de Marvel que se vendió estupendamente, batieron records de ventas, por lo que los amantes de los súper héroes tenían un nuevo tebeo que añadir a su colección.
El siguiente paso natural era el cine, así que Kiss protagonizaron una de las películas más marcianas que existen, “Kiss meets the Phanton of the park”, film considerado como uno de los peores de la historia  y que los propios componentes de la banda odian porque les hace parecer retrasados mentales. De hecho, hasta hace poco que la edad les hacer ver la película con cierta nostalgia, nadie de su equipo podía nombrar la película en presencia de sus miembros y renegaban de ella absolutamente, amén de que los problemas entre la producción y la banda fueron continuos durante el rodaje. De hecho, Ace Frehley, poco contento con el trabajo que se estaba realizando, incluso llegó a abandonar la filmación, cosa esta que no importó porque fue sustituido, ipsofacto, por un doble. Lo que pasa es que el doble de este ¡era negro! Detalle este que, por otro lado, no es disimulado en la película en los momentos en los que aparece.
Un parque de atracciones en plena crisis, cuenta con una atracción cuyos animatronics resultan de lo más reales. Lo que sucede es que el responsable de la misma, una especie de científico loco, se dedica a secuestrar personas y convertirlas en robots. Justo en ese momento el parque de atracciones a contratado a los Kiss para que actúen en su escenario, por lo que montan el primero de sus conciertos y en él harán alarde de ¡¡Sus poderes mágicos!!  Estos son poderes hipnóticos, lanzar rayos por los ojos, hacer levitar las cosas, escupir fuego… y todo lo que se te ocurra.
Sin embargo, este científico loco secuestrará a los Kiss  y los sustituirá por cuatro clones robotizados que suplantarán la identidad de estos en los conciertos, por lo que los verdaderos Kiss tendrán que ingeniárselas para escapar y, con sus poderes, reducir las intenciones de este maldito científico loco en el parque de atracciones.
Como ven, una de las historias más bizarras que se podían contar con los Kiss de por medio.
La película en realidad es un telefilm para la NBC que produjo el estudio de animación de Hanna-Barbera, en lo que sería una de sus pocas inclusiones en la imagen real.
“Kiss meets the Phanton of the park” fue el hazmerreír del personal al día siguiente de la emisión y los fans de Kiss se cagaron en la puta madre que parió a quién se le hubiera ocurrido tal locura, sin embargo, y como pasa con todas las malas películas, el tiempo le ha otorgado un estatus y a día de hoy es una película de culto para los fans de Kiss y uno de sus productos más queridos. Y es que, efectivamente, al tratarse de un producto de Hanna-Barbera, la cosa parecía más bien un episodio de Scooby Doo, cosa que no deja de ser paradójica, si tenemos en cuenta que posteriormente, en el mundo de la animación, Kiss, han compartido fotogramas con el bueno de Scooby en “Scooby Doo y Kiss: el misterio del Rock and Roll”, direct to vídeo del año 2015 que ya es todo un anacronismo.
La película, efectivamente es mala a rabiar, inconexa y ridícula, pero ver como los Kiss ofrecen una interpretación totalmente autista —y eso que recibieron cursillos intensivos de actuación— y verles escupir fuego y  todas esas zarandajas, mientras tocan varias de sus canciones en un escenario o en medio del parque de atracciones, verdaderamente merecen la pena. Yo no creo que llegue a ser una película “Mala pero divertida”,  aunque tiene escenas antológicas, sin embargo, si me parece un film curioso que merece la pena ser visto para saciar la curiosidad. Y es una pena porque aunque arranca muy bien y todo apunta a que efectivamente va a ser un descojone, a mitad de metraje va perdiendo fuelle hasta el punto de que resoplamos un par de veces porque no se acaba. Por suerte, en la recta final, los poderes mágicos de las estrellas de rock devolverán el interés a la película.
El director elegido para capitanear esta orgía de retraso mental fue Gordon Hessler, director proveniente de la serie B de terror británica que firmó títulos tan populares como “Los asesinatos de la calle Morgue” o “Exterminador IV”, falsa secuela de “El Exterminador” que se tituló así  solamente porque estaba protagonizada por Robert Ginty y que, directa a vídeo, se estrenó antes que “Exterminador III”, que tampoco era una secuela oficial. Para mear y no echar gota.

sábado, 22 de marzo de 2025

STONEY, EL FRÍO

No solemos ser tan oportunos, pero el cruel destino ha obrado en nuestro favor. Tenía el siguiente tocho programado para dentro de dos semanas.... y justo me entero del fallecimiento de Wings Hauser, legendario astro del cine barato y prota absoluto del film en cuestión. Es por ello que he decidido adelantar su publicación a modo de tributo. Descanse pues en paz, caballero.
Dice asín...
En la reseña de "Police Force" acusaba al productor, mister todoterreno Sandy Howard, de haberme engañado con otra de sus películas previas, "Stoney, el frío", vendiendo -por título- una falsa epopeya justiciera "a lá Harry Callahan". Luego, en -precisamente- frío, lo consideré un poco injusto por mi parte, ya que la "estafa" fue cosa de los distribuidores españoles (el único país donde se tiró de tal estratagema) quienes optaron por ese bautismo troleante, cuando en realidad la película fue estrenada en USA como "Deadly Force", un rato molón (claro que traducido suena más genérico, "Fuerza Mortal"). Sin embargo, me informo -es decir, visito Imdb- y descubro que el film SÍ nació con la intención de arrancar una nueva franquicia de vigilante repartiendo tiros, citándose muy claramente "Harry, el sucio" y "Death Wish" como inspiración (así lo de "Deadly Force" cobra más sentido. Un título al que le pega mucho una posible numeración continua, "Deadly Force 2", "Deadly Force 3"... ¿a que sí?). Desconcertante, muy desconcertante, porque una vez consumida por segunda vez -cortesía de mi querido "consiguietor" Enorm- tras la inevitable y mentada decepción juvenil, no veo paralelismos por ningún lado. La cuestión es que Sandy Howard quedó impresionadísimo con el carisma y talento desplegado por Wings Hauser en su colaboración anterior, "La jauría del vicio", donde hacía de villano ultra-cabrón, y decidió fabricarle un vehículo de lucimiento, con el protagonista -esta vez un héroe- totalmente diseñado para él. No obstante, Hauser desenmascaró su limitado registro interpretándolo casi como si fuese otro villano -o eso dicen los que saben-, de ahí la imposibilidad de conectar con su condición supuestamente heróica y, de rebote, con el público. El inevitable fracaso resultante puso fin a la intención "franquiciadora" y a las colaboraciones entre productor y actor. A saber el mal rollo que generaría todo ello.
No obstante, según mi teoría -la de los que saben poco-, el descalabro no solo es cosa del amigo Wings. La película, toda ella, carece de elementos medianamente llamativos. Tal vez el enfrentamiento final entre el héroe y su némesis resulte algo más interesante, ni que sea por la inhabitual cantidad de estopa que recibe el primero. Pero, en general, abunda el muermo. Falta acción, falta violencia, falta sordidez, falta de todo. Podría pasar como semi entretenimiento de tarde de domingo, consumido mientras miras el móvil o piensas en tus mierdas, pero nada más. No deja ninguna clase de poso y Hauser da vida a un tipo demasiado normal como para resplandecer en el rol de justiciero. Es sociable, simpático, enseña el culo, está enamorado de su mujer a la que ama (fuerza un polvete reconciliador) y, en fin, no hay mucho de duro, frío y despiadado en él. Tampoco nadie se venga aquí, lo que rebaja totalmente la posible adrenalina que ello provocaría en nosotros, ilusos consumidores, y eso incluye la poco gustosa muerte del malo... uno que se supone sorpresa, pero ves venir desde lejos y sobradamente. Al parecer, el director, Paul Aaron (a quien debemos films como el "Fuerza 7" con Chuck Norris, la comedia "Maxie" con Glenn Close o -en funciones únicamente de productor- "El alucinante viaje de Bill y Ted"), aseguraba a los medios del momento que había evitado rodar "la típica peli de polis matando a diestro siniestro". Considerando ello, casi podríamos señalarle a él como total y absoluto culpable. Eso es justo lo que tendría que haber sido "Stoney, el frío".
Hay un maníaco suelto en la ciudad que elige sus víctimas a boleo. Ha asesinado a una jovenzuela cuyo abuelo pide ayuda a su amigo Stoney Cooper para que averigüe algo. Este, detective de profesión -fue expulsado de la policía, no dicen por qué razón, pero suponemos que será cosa de métodos expeditivos... ¿no es siempre así?-, se dedicará a resolver el entuerto, recuperar a su ex y, de paso, enfrentarse a viejos enemigos.
Inevitablemente, y siendo una película del año 1983, localizamos unos cuantos nombres curiosos. En cuestiones de reparto, destacan Paul "El precio del poder" Shenar, Al "El padrino parte III" Ruscio, Lincoln "Fortaleza Infernal" Kilpatrick -ambos de extensísima y sorprendente carrera-, la Estelle Getty de "Las chicas de oro" (haciendo gala ya de ese desparpajo que, en su vejez, la catapultaría hacia lo más alto), Aaron Norris -hermano de Chuck, es decir, enchufado- como policía y el bueno de Ned Eisenberg en plan ratero callejero, lo reconocerás como chico malo / víctima en "La Quema", pandillero en "El Exterminador", soldado israelí en "Ultimatum" y aficionado a la ultra-violencia en "Locademia de conductores". ¡¡Carrerón!!.
El caso de la "partenaire" de Hauser es un poco atípico. Joyce Ingalls venía de interpretar a una prostituta en "La cocina del infierno" de / con Stallone. Por lo visto, en la época el famoso actor y ella fueron pareja, o follamigos (me pregunto si cuando Estelle Getty y Sly coincidieron años después en "¡Alto! o mi madre dispara", cuchichearían al respecto). Tras "Stoney, el frío", Ingalls se lió con movidas beatas. A causa de ello, dejó la interpretación, que no retomó hasta 1998 con "Arma Letal 4". Eso sí, en un rol de enfermera, casi como extra. Debió satisfacerla más bien poco porque ya no reincidió. En 2015 abandonó esta dimensión.
En los efectos de maquillaje un clásico, Mark Shostrom, de más que lustrosa trayectoria. Aquí no es que le dejen lucirse mucho, pero cumple.
Y, ya concluyendo, en tareas de guion tenemos a un "mostro" del "exploitation" como era Robert Vincent O´Neil, padre de la saga "Angel". A Barry Schneider, responsable del libreto de "Ruby", del de la comedia "Apáñatelas como puedas" y de dos para Mark Lester, "Roller Boogie" y nada menos que "Curso 1984". Vale la pena señalar que en esta no figura acreditado, siendo el reputado Tom Holland quien se lleva la medalla. He buscado información (es decir, he vuelto a mirar a fondo Imdb), pero sin suerte. Aunque para misterios, el tercer guionista de "Stoney, el frío" (¡¡tres personas pa escribir esto!! tiene delito) Ken Barnett. Posee un único segundo crédito como guionista, otro producto Sandy Howard titulado "Las aventuras de Hambone". Lo llamativo es que, justo Ken Barnett, fue el nombre elegido por Freddie Francis y Ken Wiederhorn para ocultar sus respectivas (ir)responsabilidades con respecto a la fallidísima "Torre de cristal", recuerden, aquella de terror rodada en Barcelona el año 1987 usando como escenario exterior la Torre Trade. Aquí pueden leer al respecto. Ya, ya, seguramente haya unos cuantos Ken Barnett pululando por los USA, pero la coincidencia tiene su coña y la duda no se disipa del todo al descubrir que "Torre de cristal" venía producida por el amigo Sandy Howard..... ¡¿hein?!.

domingo, 26 de enero de 2014

PSICOSIS 2 (NIGHT SCHOOL)

Sí amigos, el famoso "falso Psicosis 2" (sobre el de verdad pueden leer aquí).
Va a ser muy difícil pal menda referirse a ella usando el maravillosamente bastardo título que recibió en España (¿ande sinó?) sin sentirme gilipollas, así que zanjemos el asunto cuanto antes. ¿Por qué bautizarla como segunda parte del inmaculado clásico de Alfred Hitchcock?, ¿a santo de qué?, ¿cual es la excusa?. Fascinante, tanto como todas aquellas muestras de jetismo videoclubero a las que, eventualmente, dedicamos nuesas atenciones. ¡¡Que país este, queridos!!. Curiosamente, según San Imdb, aquí fue lanzada como "Escuela nocturna" u "Ojos de terror"... puede, pero vamos, no me suena de ná. Todavía recuerdo el trailer de esta película en la televisión, con una voz grave esputando lo de "¡Psicosis 2!", y la aterradora imagen de una mano enguantada de negro arrastrando un enorme machete por una rejilla (¡a lo Freddy Krueger, fíjate!). Para más ejemplos, les dejo al final de la reseña una muestra de los flyers publicitarios que se repartían entonces en nuestros cines, original de aquellos tiempos y cortesía de ese ser humano infinitamente amable que es Enorm. Resumiendo, que la peli, en realidad, fue parida como "Night School", aunque también se la conoce como "Terror eyes" (mucho más molón!!).
Un misterioso asesino, vestido de negro y parapetado tras un casco de motorista, se dedica a asesinar mozas a las que decapita con su gran machete torcido y cuya cabeza, seguidamente, hunde en agua. La policía descubre que las víctimas solían acudir a una escuela nocturna en la que un profesor de palenteología las tiene a todas enamoradísimas, sin importar lo mayor y feo que pueda ser -y es-. El detective prota se pone manos al asunto dispuesto a pararle los pies al psycho-killer.
No deja de ser curioso que "Night School" guarde tantos puntos en común con otra película recientemente reseñada, "Psicópata". Ambas poseen una trama parecida, un asesino que prefiere el color negro como vestuario para cometer sus fechorías, cierto tono culebronesco y ciertas deudas con el "giallo" italiano. En el caso que nos ocupa, lo del culebronismo hace referencia a la trama de amores y desamores causados por el mentado profe. De verdad que resulta algo absurdo, las lleva a todas de calle, las encoña perdidamente, se las folla, las deja tiradas, les rompe el corazón y hasta puede, solo puede, que todo tenga directa relación con los asesinatos. Menudo jefe!. Lo del "giallo" no solo viene justificado por el enmascarado criminal que acomete sus delitos siguiendo un claro ritual, ni por toda la investigación policial, así como por el material razonablemente sensual y/o perverso (la directora de la escuela es lesbiana e intenta introducir a una ingenua adolescente en los juegos del froti-froti. El asesino matará a ambas justo antes de que congenien a fondo), es que "Night School" cuenta con dos datos que la emparentan mucho mucho con el subgénero mediterráneo. El protagonista, Leonard Mann, previamente había actuado en algunos productos italianos como espagueti westerns, "polizescos" y, efectivamente, "giallos". Además, el vestuario del cacareado asesino se parece muy mucho al que lucía el idem de "La polizia chiede aiuto", reputadísimo "giallo"
del año 1974 que en España se estrenó como "Corrupción de menores". Para una mayor demostración de lo que les digo, aquí va una imagen del caballero en cuestión (que pueden comparar con el que luce la caratula hispánica de "Night School").
Dejando a un lado todos estos datos tan "fricosos" (incluida la anecdótica pero, en cierto modo, premonitoria aparición de una máscara de hockey en el dormitorio de uno de los sospechosos, un pervertido que, por el resto de la decoración, nadie diría interesado en los deportes), y centrándonos en la pinícula, debo decir que la recordaba como muy telefílmica y plomiza, seguramente por su escasez de truculencia. Pero, una vez más, y aplicado el paso de los años y mi vejez, los resultados al revisarla han sido altamente satisfactorios. Cierto que, para la época (1981) y la tendencia del cine de terror entonces, la cosa en cuanto a sangre y vísceras anda escasa, aunque no nula. Hay secuencias bastante intensas, como la del parque infantil o, sobre todo, la del acuario. Sin embargo, tampoco importa. No lo necesita. El acabado del film es notorio, con esa extraña fotografía brillante y cierta atmósfera enrarecida, incrementada por algunas secuencias de logrado suspense, siendo tal vez la más efectiva la del restaurante en la que esperas que el cocinero encuentre una cabeza cercenada metida en algunos de los utensilios que tiene a mano, pero no sabes cual podrá ser. Narrativamente no es un dechado de originalidad, la historia es sencilla, plana, sin exabruptos ni nada que se salga mucho de madre, pero está muy bien desarrollada y no aburre demasiado. Eso sí, resulta bastante fácil descubrir al asesino.
Paradójicamente, y según se mire, acaba mal. Mal en los dos sentidos. Por su trama y por un especie de "susto final" un tanto cutre e innecesario que algún tío listo ha calificado como "parodia voluntaria de una tendencia muy común en el cine de terror de la época". Hombre, visto así, podría perdonarse... pero sigo pensando que está fuera de lugar y enturbia un poco la agradable sensación que te deja el film al concluir.
Centrándonos en el reparto, y aparcando al ya mentado Leonard Mann, destaca por encima de todo/s la guapísima Rachel Ward debutando para la ocasión y, encima, marcándose algún que otro muy agradable desnudo. Volveríamos a verla en "La brigada de Sharky", "Cliente muerto no paga" y el "slasher" puro "Terror Final". Tenemos también a Drew Snyder como improbable profe-pichaloca, cuyo rostro se ha paseado por títulos tan emblemáticos como "Yo soy la justicia", "Space Riders" (insufrible producto de Roger Corman), "Ojos de fuego", "El secreto de mi éxito", "Project Eliminator" (¡junto a David Carradine y Frank Zagarino!), "Soldado Universal" y algunos films recientes bien conocidos, aunque para mi siempre será el pibe al que se cargan cuando va a sacar la basura en la maravillosa "Commando".
Dirigiendo el cotarro encontramos a Ken Hugues, quien contaba con 60 tacos cuando firmó "Night School". Justo después se jubiló... y no es un chiste. Algunos títulos de su pasado son tan reconocibles como ese "James Bond" alternativo de 1967 que fue "Casino Royale" (donde compartió tareas con señores como John Huston o Val Guest) o el famoso musical infantil "Chitty Chitty Bang Bang". De órdago. Tampoco pasaremos por alto al responsable del guión, Ruth Avergon, una señora, algo que no deja de resultar llamativo si inspeccionamos a fondo los detalles de la trama de la película que, por cierto, es su único crédito en estas cosas del séptimo arte (también como productora). Y cerramos el repaso con el autor de la banda sonora (en la que destacan los contundentes acompañamientos electrónicos en las escenas de asesinatos), Brad Fiedel, culpable también de las notas que suenan en "The astrologer" (la misteriosa primera película de James -"El Exterminador" - Glickenhaus), "Pánico antes del amanecer", "Terminator" (y muchas de las siguientes obras de James Cameron), "Noche de miedo" (y secuela) o "La serpiente y el arco iris".
Aunque yo la consideraría más "thriller" que película estrictamente de terror, "Night School" o -vaaaale- el falso "Psicosis 2" es un producto muy de su tiempo, perfectamente visible y hasta gozable. De hecho, que la rebajaran de categoría al implantarle ese título tan engañoso fue un flaquísimo favor que le hicieron, la verdad.



viernes, 9 de mayo de 2014

LAS 100 MEJORES PELÍCULAS DE VIAJES EN EL TIEMPO

Desconozco si ya lo había expresado con anterioridad en este puto blog (creo que sí...), pero el caso es que las pelis de viajes en el tiempo y paradojas temporales son un subgénero del que disfruto ampliamente, sobre todo si parten de una base más o menos científica. Pueden llegar a resultarme apasionantes. Me encanta cómo los acontecimientos se cruzan unos con otros, se pisan y se afectan. Y siempre disfruto mucho cuando el viajero llega a una época que no es la suya y alucina con los adelantos que presencian sus asombrados ojos. De hecho, desde que descubrí que viajar al futuro era algo a la larga posible, todavía me interesan mucho más. Curiosamente, en una de estas pelis que ando como loco por revisar, "Timecop, policía en el tiempo", se afirma lo contrario, que el futuro no se puede visitar porque no existe, solo el pasado. Sin embargo resulta que físicos de todo el mundo han demostrado que es exactamente lo contrario. Hagan la prueba, escriban una nota que diga "Amigo del futuro, si eres capaz de viajar en el tiempo, visítame el día tal, a tal hora en tal sitio". Si no aparece nadie, es que los viajes al pasado no existen. Sí amigos, el único modo de viajar es hacia adelante aunque, me temo, sin posibilidad de vuelta atrás.
En fin, creo que ya he demostrado lo mucho que me pone el tema. Es por ello que el día que, visitando una de mis múltiples bibliotecas (que han terminado sustituyendo en función y número a los video-clubs), localicé el libro "Las 100 mejores películas de viajes en el tiempo", escrito por Francisco Javier González-Fierro Santos (jobar, solo le faltaba añadir su DNI) y editado vía "Cacitel s.l." (??), lo agarré de los estantes con ilusión y me lo llevé a casita, dedicando unos pocos días a leérmelo de cabo a rabo.
Bien, con semejante título no queda mucho espacio a la duda. Tras una introducción medianamente interesante en la que el autor nos describe los varios tipos de tramas propias de este tipo de cine, comienza el desguace en orden alfabético de película a película. Cada una lleva su cartel, su ficha, su argumento y sus apreciaciones, que en algunos casos son críticas y en otros solo anecdóticas o informativas. Depende del film. Tenemos productos de todas las épocas y países, y no únicamente ciencia ficción, también han habido comedias románticas y dramas con los viajes en el tiempo como trasfondo. De todo.
El libro se lee con facilidad, resulta razonablemente ameno y te despierta las ganas de ver o revisar algunos de los títulos seleccionados. Cumple, sí, pero sin demasiado entusiasmo. Lo que quiero decir es que no aporta nada especial, es casi como si leyeras el "Teleprograma", ya sabéis, funcional, sin garra. Y bueno, tiene algunos errores que debería ignorar... pero no lo haré, ahí van los que más llamaron mi atención: Cuando habla de "Paycheck" y cita el film yankee más famoso de John Woo, "Hard Target", se refiere a él en castellano como "Duro de matar", que era el título de una peli de Jackie Chan. El correcto es "Blanco Humano", of course. Cuando para escribir sobre el cineasta James Glickenhaus, a raíz de "Time master, el señor del tiempo", echa mano de su filmografía, cita un puñado de títulos de modo despectivo, acusándolos de "poco atrayentes", sin embargo olvida totalmente la que es, sin duda, la peli más famosa y significativa de su director, "El Exterminador". Y, finalmente, cuando se habla de "Terminator", se comenta su sospechoso parecido con los famosos capítulos para "The outer limits" escritos por Harlan Ellison en 1964 -caso que llegó a los tribunales en la época-, pero la otra fuente de inspiración de James Cameron, "Cyborg 2087", es relegada a una lista final con algunos films más sobre viajes temporales carentes de verdadera importancia. Podríamos sospechar que "Cyborg 2087" también tomaba nota de lo escrito por Ellison, pero aporta algunas ideas propias que encontramos en "Terminator". Dicho de otro modo, esta última sería un mejunje de todas las anteriores (serie de tv y película), por lo que incluirla como parte del material directamente mangado por Cameron hubiese sido -creo yo- justo.
En fin, no ha sido pa tanto, ¿verdad?.
Lo dicho, una lectura bastante interesante y fácilmente consumible que, aunque no deja huella ni nada parecido, entretiene un rato.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

MI TOP TEN JUSTICIERO

Hace unos días, hurgando entre carpetas virtuales, localicé el siguiente texto, escrito en su momento como colaboración para un libro -que nunca vio la luz-, donde numeraba del uno al diez mis justicieros cinematográficos favoritos. Me pareció tan majo y entrañable que decidí publicarlo acá (y actualizarlo, añadiendo un onceavo).
La cosa comenzaba así: Para mí, cine de justicieros son solo las historias urbanas de polis/ciudadanos que, hartos, deciden emprenderla a tiros ellos solos contra los malos, todo en un tono realista y callejero. Pero claro, con esta premisa me quedo con solo cuatro pelis, así que he abierto un poco el abanico y he añadido otras que no considero estrictamente de justicieros, pero que, dejándome de chorradas, sí encajan en buena parte de lo que se supone es el género.
Así que ahí va...


HARRY, EL SUCIO
Maravilloso clásico incomparable. Vibrante, emocionante y repleta de frases lapidarias. Mola muchísimo el tono ambiguo, en el que no sabes quien es más malo y despiadado, si el asesino o el mismo policía!!!. Obra maestra/de arte y la madre del cordero.
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EL JUSTICIERO DE LA CIUDAD
La otra obra maestra junto a "Harry, el sucio". Una de esas pelis que son pura catarsis. Cada vez que Charles Bronson mata a alguien, saltas de la silla y te pones a corear. Mola su tono realista (las reacciones de Bronson antes sus primeros asesinatos) y su evidente intención propagandística. Entretenida y brutal.
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EL JUSTICIERO DE LA NOCHE
Un delirio absoluto, absurdo y completo de lo más disfrutable y adictivo. La secuencia final, con la gran masacre, es un hito en la historia del cine de acción. Y ver a Bronson en plan "Rambo" es impagable. Clasicazo trash, incluida banda sonora y póster!!!
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EL EXTERMINADOR
La peli de justicieros más sádica de todos los tiempos. Recreación gustosa y enfermiza en la violencia y la brutalidad. Gore y demencial. Robert Ginty no tiene ningún carisma como justiciero, pero da igual. Con un póster como el que luce esta peli, ¡se le perdona todo!.
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COMMANDO
Maravilloso carrusel de acción, parodia inteligente y aventura. Ver a Schwarzenegger convertido en una imparable máquina de matar, dejando cadáveres y más cadáveres tras de si es el colmo del gozo y el cine palomitero. Es super entretenida y tiene un ritmo endiabladamente brutal. Una vez más, la matanza final es de órdago. Clásico!.
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THE PUNISHER
¿Cual de las tres?. ¡¡Las tres!!. Aunque le tengo especial cariño a la de Dolph Lundgren por ser la más "serie B" y la más violenta, o al menos lo era hasta que vino la tercera con todo su gore. En su época vivía obsesionado con ella. Da igual que se pase el cómic por el forro, es un entretenimiento que funciona muy bien. Perfectamente disfrutable.
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COBRA
Stallone haciendo de "Harry, el sucio", combinado con la burrez de "Rambo". ¡¿Qué podría ir mal?!. Cine palomitero en su máximo exponente. Diversión a raudales, frases macarras para el recuerdo y malos ultra-hijosdeputa, como ya no se ven.


ROBOCOP
¿Un justiciero robótico?, ¡claro!, ¿por qué no?. ¿Alguna peli ofrece más?: Ultra-violencia, acción a raudales, mala leche, humor cruel e inteligente, un héroe super-chanante y 90 minutos vibrantes que pasan volando. Clásico indiscutible!!.
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VIGILANTE
William "Maniac" Lustig se mete en el terreno de Charles Bronson y lo hace apostando por el realismo y la mala leche contundente. Se sale de la línea estándar pero ofrece lo que debe: pandilleros malísimos, prota mutado de ciudadano ejemplar a asesino sediento de sangre y Fred Williamson guiándole los pasos. Aquí paga hasta el juez, y eso mola. Entrañable.
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DE ESPALDAS A LA JUSTICIA
Y una más oscurilla para el final. No es gran cosa, y el desenlace no mola nada (el justiciero muere!!). Peeero ver a Jack Palance como tal y, sobre todo, la cruenta y desalmada escena en la que ejecuta a un tío cual asesino a sueldo no tiene precio. Grandiosa. El resto, pfff, mediocre.
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ACTUALIZACIÓN:


SENTENCIA DE MUERTE
De todo el cine de justicieros parido las últimas décadas, sin duda lo mejor, más digno, violento y vibrante está en "Sentencia de muerte", con ese tremendo y atormentado justiciero encarnado estupendamente por Kevin Bacon. Muy muy potable.
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Si se pensaban que iba a mentar la horrenda, ridícula y desenfocada puesta al día del universo "Death Wish", lo llevaban claro...