Cuando la productora especializada en plagios, The Asylum, quiso aprovecharse del entonces cercano estreno de la mega-decepcionante "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal", no necesitaron crear otro héroe semejante al del látigo, corrieron a la fuente original, la novela que lo empezó todo, "Las minas del rey Salomón" (que, supongo, hace años perdió los derechos de autor, de modo que cualquier pazguato con una cámara puede "adaptarla" a su puta bola) y pillaron a su aventurero protagonista, el machacado Allan Quatermain (dice en imdb un colega de los responsables de ese film, que se rodó en 9 días, con 10.000 dólares, en Sudáfrica y con un equipo de diez personas, ¡contando actores y técnicos!). Bien, el resultado a tal desaguisado se tituló "Allan Quatermain and the Temple of Skulls", y el que niegue su condición de exploitation, merece una paliza (los mismos de Asylum tuvieron el morro de poner en el cartel que Quatermain inspiró la creación de Indiana Jones!, con dos cojones!!). Pues oiga, ellos no fueron los primeros en usar tal estratagema... antes estuvieron los chicos de la añorada "Cannon".
En 1985 la creación de Lucas & Spielberg era ya todo un icono. Por entonces se habían estrenado "En busca del arca perdida" e "Indiana Jones y el templo maldito" (concretamente, esta segunda un año antes). Yoram Globus y Menahem Golan vivían su época de mayor esplendor, y pensaron que no estaría mal subirse al carro de esa nueva moda, la aventura de aire clasicote (todo un fenómeno que bien merecería un estudio, pues no solo engendró películas, también productos televisivos y hasta ¡juegos de mesa!, ¿alguien se acuerda de “El templo de cristal”?). Le encargaron el guión a Gene Quintano (guionista de algunas entregas de “Loca academia de policía”, director de "Con el arma a punto" y, ojo al dato, ¡autor del libreto de “El tesoro de las cuatro coronas”! ) que, usando la novela de H.Rider Haggard como mera excusa, se sacó de la manga una imitación descarada de Indiana Jones, pero con el aliciente de que tenía mucho más humor... de hecho, no sé si es voluntario o no, pero casi parece una parodia de las movidas del tipo del látigo. Para el reparto, se buscaron a su Harrison Ford particular, que acabaría siendo Richard Chamberlain, a la chica de turno, la por entonces aún verde, pero guapísima, Sharon Stone (que interpreta, sin disimulo alguno, a una genuina rubia tonta), al eterno John Rhys-Davies (que había interpretado un papel destacado en "En busca del arca perdida" y que, a pesar de su "traición", volvería en "Indiana Jones y la última cruzada") y a otro grande, Herbert Lom. No hay que olvidarse de la música, necesitaban algo grandilocuente y colorista, que sonara a John Williams, y nadie era mejor para eso que el todoterreno Jerry Goldsmith, que facturó un soundtrack maravilloso, con una tonadilla casi tan pegadiza como la que ya sabéis. Todo eso, y un buen pellizco (sorprende ver que, a pesar de su condición de copia, la peli cuenta con medios bastante generosos), se lo pasaron al director que se encargaría de darle forma, el inmortal J.Lee Thompson, entonces en la nómina de la "Cannon" y especializado en vehículos para Charles Bronson.
Ojo al parche que a mi esta peli en su momento me marcó mucho. Lo más divertido es recordar quien me la recomendó... ¡mi profe de castellano!. Sí, estaba yo entonces cursando estudios en EGB y, no recuerdo a santo de qué, el Sr.Seguín (así se llamaba) se puso a hablar de las pelis que había visto recientemente... comentó "Regreso al futuro" y esta de la que os hablo ahora, reseñando que era mejor que las de Indiana Jones. El finde siguiente cogí a mi madre, y juntos fuimos a verla. La verdad es que lo pasamos bomba!!!, y durante un tiempo, Allan Quatermain robó el puesto de honor al Doctor Jones en mi lista de héroes.
La historia no tiene truco, una chica contrata los servicios de un aventurero para localizar a su desaparecido padre, un arqueólogo que busca las minas del rey Salomón y que está en manos de los Turcos y los Alemanes, los malos de la función. Por el viaje habrán mil peligros, explosiones, animales salvajes, caníbales, incluso una araña gigante y un... hipopótamo mutante o algo parecido.
Como decía arriba, si algo hace destacar a esta producción "Cannon" entre el aluvión de plagios de las pelis de Indy (como en "Indiana Jones y el templo maldito" hay un habitáculo que, al cerrar la puerta, activa un techo repleto de pinchos que va descendiendo lentamente... tal cual. Aunque, para compensar, señalaremos que al menos Quatermain pierde su sombrero a los 25 minutos de peli y no lo recupera... en eso resulta ser bastante más realista que el famoso arqueólogo, ¿que no?) es su sentido del humor. Por ejemplo, hay una secuencia que fotocopia sin rubor el momento de "En busca del arca perdida" en la que Harrison Ford es arrastrado por un camión. La diferencia es que aquí es un tren, y Chamberlain se permite el lujazo de hacer surf colocando los pies en los raíles!!!. Otra escena maravillosa es aquella en la que, durante un duelo en avioneta, el aventurero queda colgando del ala de su aparato y, accidentalmente, golpea con los pies la cabeza del piloto alemán, cuyo aeroplano está justo debajo, dejándolo ko!!. Todo eso, más muchas ideas locas (el alemán gay que prefiere al padre de Sharon Stone antes que a ella) y muchas frases graciosas y chascarrillos hacen de este film una verdadera montaña rusa, entretenidísima, divertidísima y muy recomendable para pasar un muy buen rato.
Naturalmente fue vilipendiada por la crítica (los mismos que ahora dicen que Patrick Swayze es un gran actor porque está a punto de morir de cáncer... ¡hipócritas!, por cierto, que interpretó a Allan Quatermain en una adaptación televisiva de la novela) y parte del público (que en estos momentos seguramente la reivindique dada su condición ochentosa), pero eso se la trajo floja a los señores Golan y Globus, que tras llenarse los bolsillos de billetes verdes, produjeron una segunda parte prácticamente con el mismo equipo, "Allan Quatermain en la ciudad perdida del oro", que se tomaba demasiado en serio a si misma y, por ende, resultaba muy aburrida.
Nota curiosa: Con el fin de aprovechar los decorados construidos para la ocasión, y la moda, la "Cannon" estrenó "El templo del oro", protagonizada por Chuck Norris y Louis Gossett Jr., peli esta que, tal vez, algún día aparezca en este blog (y, una vez más, dirigida por el incombustible J.Lee Thompson).
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martes, 3 de febrero de 2009
lunes, 23 de abril de 2012
EL SECRETO DEL IMPERIO DE LOS INCAS
Los años 80 llegaban a su fin, y el cine italiano de mentalidad exploitation daba sus últimos coletazos antes de desaparecer. Eran los tiempos en los que "Indiana Jones" mandaba en taquilla, y todo el mundo se apuntaba al cine de aventuras con regusto clasicorro. Evidentemente los italianos no iban a ser menos. De esta guisa, Gianfranco Parolini, oculto tras el obligatorio y sospechoso alias de rigor, en este caso Frank Kramer, se las pira al escenario ideal para parir productos selváticos a precios económicos, Filipinas, y vuelve con "El secreto del imperio de los incas" bajo el brazo.
Parolini/Kramer no era, ni por asomo, un novato en estas lides. En su haber tiene tropecientos "peplums" y "espagueti westerns", aunque probablemente su película más famosa sea "Yeti, il gigante del 20 secolo" o la versión italiana del "King Kong" de los 70, absolutamente horrenda e infame. Lo sorprendente -o no debería serlo- de "El secreto del imperio de los incas" es que, viendo su torpeza y cutrismo, nadie pensaría que la dirige un señor con más de 30 años de profesión a sus espaldas. Sobra decir que este refrito de "En busca del arca perdida" (y consortes) fue el último film como director en la filmografía de Parolini. No me extraña.
La historia es tan simple y bobalicona como cabría esperar: Reino subterráneo repleto de tesoros, aventurero guaperas con barba de cuatro días y chica mona pero tonta van en su búsqueda, malos por aquí, malos por allí, cocodrilos, etc, etc... lo de siempre, pero peor (y, aunque cueste creerlo ¡¡está basada en toda una novela!!). Debemos decir en su favor que el arranque es frenético, y durante un rato incluso da la sensación de que no te aburrirás. Como es natural, Parolini se muestra incapaz de mantener tal ritmo a lo largo del metraje, y el climax final se alarga y alarga hasta resultar genuinamente insufrible (viva el "fast forward"!!!). A falta de dinero y escenas espectaculares, opta por el humor, por explotar la supuesta química entre los dos protagonistas que, como buena imitación de "Indiana Jones", se pasan tooooda la peli discutiendo. Ella resulta totalmente cargante y torpe hasta el absurdo, no hace más que tropezar y en sus caídas descubrir entradas y pasadizos secretos (idea esta explotada sin descanso). Él suelta chascarrillos tan poco originales y divertidos como "Arnold Schwarzenegger me enseñó a pelear" o directamente "¡Que no soy Indiana Jones!". Al final lo más llamativo es el continuo desfilar de cutreces, destacando los cocodrilos, increíblemente mal paridos, el gurú con el casco lanza-rayos que se distrae tocando un órgano (muy muy zetoso), el aparatoso decorado de cartón piedra del desenlace o momentos para el descojoncio como cuando una cabaña estalla por efecto de un simple disparo.
En fin, supongo que los fans del exploit italiano le encontrarán alguna clase de encanto. Y sí, en un principio incluso parece que a lo mejor "El secreto del imperio de los incas", con su gráfica caratula española (en la que el prota va literalmente caracterizado de "Indiana Jones", sin disimulo alguno), no está tan, tan mal... pero a medida que avanza, la cruda realidad se impone y lo que acabamos teniendo ante nuestros castigados ojos es una simple, estupenda, llamativa y pestilente pedazo de caca.
Parolini/Kramer no era, ni por asomo, un novato en estas lides. En su haber tiene tropecientos "peplums" y "espagueti westerns", aunque probablemente su película más famosa sea "Yeti, il gigante del 20 secolo" o la versión italiana del "King Kong" de los 70, absolutamente horrenda e infame. Lo sorprendente -o no debería serlo- de "El secreto del imperio de los incas" es que, viendo su torpeza y cutrismo, nadie pensaría que la dirige un señor con más de 30 años de profesión a sus espaldas. Sobra decir que este refrito de "En busca del arca perdida" (y consortes) fue el último film como director en la filmografía de Parolini. No me extraña.
La historia es tan simple y bobalicona como cabría esperar: Reino subterráneo repleto de tesoros, aventurero guaperas con barba de cuatro días y chica mona pero tonta van en su búsqueda, malos por aquí, malos por allí, cocodrilos, etc, etc... lo de siempre, pero peor (y, aunque cueste creerlo ¡¡está basada en toda una novela!!). Debemos decir en su favor que el arranque es frenético, y durante un rato incluso da la sensación de que no te aburrirás. Como es natural, Parolini se muestra incapaz de mantener tal ritmo a lo largo del metraje, y el climax final se alarga y alarga hasta resultar genuinamente insufrible (viva el "fast forward"!!!). A falta de dinero y escenas espectaculares, opta por el humor, por explotar la supuesta química entre los dos protagonistas que, como buena imitación de "Indiana Jones", se pasan tooooda la peli discutiendo. Ella resulta totalmente cargante y torpe hasta el absurdo, no hace más que tropezar y en sus caídas descubrir entradas y pasadizos secretos (idea esta explotada sin descanso). Él suelta chascarrillos tan poco originales y divertidos como "Arnold Schwarzenegger me enseñó a pelear" o directamente "¡Que no soy Indiana Jones!". Al final lo más llamativo es el continuo desfilar de cutreces, destacando los cocodrilos, increíblemente mal paridos, el gurú con el casco lanza-rayos que se distrae tocando un órgano (muy muy zetoso), el aparatoso decorado de cartón piedra del desenlace o momentos para el descojoncio como cuando una cabaña estalla por efecto de un simple disparo.
En fin, supongo que los fans del exploit italiano le encontrarán alguna clase de encanto. Y sí, en un principio incluso parece que a lo mejor "El secreto del imperio de los incas", con su gráfica caratula española (en la que el prota va literalmente caracterizado de "Indiana Jones", sin disimulo alguno), no está tan, tan mal... pero a medida que avanza, la cruda realidad se impone y lo que acabamos teniendo ante nuestros castigados ojos es una simple, estupenda, llamativa y pestilente pedazo de caca.
sábado, 30 de septiembre de 2023
THE PHANTOM (EL HOMBRE ENMASCARADO)
Según este humilde reseñador, el super-bombazo del "Batman" de Tim Burton en 1989 puso de moda el cine de superhéroes a lo largo de los primeros 90. Un poco como ocurrió con el despuntar de Marvel Studios, pero bastante menos febrilmente. De hecho, la mayoría de esas adaptaciones serían sonoros fracasos, de ahí que la cosa muriera pronto. Curiosamente, algunas se inspiraban en héroes añejos y, por ello, sus versiones fílmicas también se situaban en épocas tan distantes para el jovenzuelo medio (es decir, la audiencia potencial de esta clase de productos) como los años 30 o 40. Cosa que, supongo, contribuyó al respectivo descalabro. Uno de esos títulos fue la mediocre traslación a la gran pantalla de "La Sombra", de la que hablamos profusamente en formato podcast. Dos años después, se estrenaría otra con la que tenía muchísimos puntos en común, "The Phantom", más conocido por estos lares en formato viñetil como "El hombre enmascarado". Y cuando digo "puntos en común" no me refiero únicamente a que ambas se desarrollan en décadas pasadas, o que se inspiraban en superhéroes primigenios, hablo también de lo plano, aburrido y poco lustroso del resultado. Y su respectivo hostiazo taquillero. Así mismo, fui a ver ambas en su estreno y, en fin, la tremenda decepción es otra conexión que comparten.
A "The Phantom" lo parió Lee Falk en 1936. No fue el primer enmascarado (antes estaba El Zorro, por ejemplo), pero sí el primero que llevaba un disfraz completo. Así que, en cierto modo, se ganó la medalla de ser el superhéroe original, tal y como los conocemos hoy. Siendo chaval, leí algunos de sus tebeos, pero eran demasiado retro para mí, aunque las portadas hechas al óleo en plan super-realista me flipaban mucho. Supongo que eso fue lo que me animó a acudir al cine a ver esta adaptación de 1996 que, en realidad, apuntaba más al rollo "Indiana Jones".
Aunque no puedo estar seguro, diría que "El hombre enmascarado" era más serio y sombrío que como el pizpireto Billy Zane lo interpreta. Fue su gran oportunidad perdida...o, mejor, totalmente destruida. Lo mismo podemos decir de su partenaire, la guapísima Kristy Swanson. Llevaba años intentándolo, pero la suerte nunca le sonrió. Recordemos que fue la primera "Buffy", así como la "Amiga Mortal" de Wes Craven. Incluso llegó a hacer realidad el sueño húmedo de un servidor cuando en 1995 compartió escena de amor lésbico con otra de mis debilidades, la Jennifer Connelly joven y carnosa. También a esta le costó lo suyo ser considerada para roles serios y lograr cierto estatus (incluido papel en otra de superhéroes del periodo, igualmente ambientada en los años 30 y fracasada, "Rocketeer"), pero lo consiguió, cosa que nunca ocurrió con la Swanson. Aquí el único rostro que sí tuvo una carrera posterior de éxitos fue Catherine Zeta-Jones, haciendo de una villana que se pasa al lado de los buenos tras escuchar un simple comentario. Eso es persuasión, oiga. El resto del reparto estaba acostumbrado a nadar entre mediocridades, como Treat Williams, James Remar, Cary-Hiroyuki Tagawa, David Proval, John Capodice, Patrick McGoohan o una fugaz Samantha Eggar. El director, Simon Wincer, nació en Australia ("The Phantom" lo es en un 50%) y venía de dirigir cosas como "D.A.R.Y.L.", "Liberad a Willy!", "Dos duros sobre ruedas", "Relámpago Jack", "Cocodrilo Dundee en Los Angeles", "Operación Elefante" y varios capítulos de la serie de "Las aventuras del joven Indiana Jones" que, supongo, le valdrían como garantía a la hora de ser fichado. El guionista, Jeffrey Boam, había firmado los libretos de "La zona muerta", "Arma Letal", "El chip prodigioso", "Jóvenes ocultos" e "Indiana Jones y la última cruzada", lo que confirmaría la vinculación de este "Hombre Enmascarado" con el tono propio del famoso personaje del látigo. By the way, Boam fue el creador de "Las aventuras de Brisco County", serie protagonizada por Bruce Campbell, de ahí que se le considerase momentáneamente como posible "Phantom" antes de que el papel recayera en Billy Zane. ¿Se imaginan cómo podría haber sido la peli con Campbell oculto tras el antifaz?
"The Phanom (El hombre enmascarado)" nos presenta a un malvado magnate interesado en hacerse con tres calaveras místicas capaces de convertirse en un arma super poderosa. El "Hombre Enmascarado" se pondrá manos al asunto para impedirlo.
A ver, en su día, consumida en el cine, me pareció una película rematadamente insulsa, previsible y hasta aburrida. Vista ayer, pues.... bueno, puedo entender esas apreciaciones originales, pero también comprendo a los gacetilleros esnobs de la época que la defendían alegando su encanto, su recuperación de un espíritu más "pulp", más inocentón que, por entonces, ya se consideraba demodé. Es una peli regulera, con sus buenas escenas de acción, entretenida por los pelos, un poco ridícula, pero saludable y simpática. Cuesta detestarla, así que, si quieren pasar un rato tonto, rozando el retraso mental, "The Phantom (el hombre enmascarado)" es una opción más que razonable.
Como dato curioso, añadir que el personaje fue readaptado para la pequeña pantalla en 2009 con una serie donde se apostaba por un tono más "high-tech". Las respectivas imágenes dan bastante grima.
A "The Phantom" lo parió Lee Falk en 1936. No fue el primer enmascarado (antes estaba El Zorro, por ejemplo), pero sí el primero que llevaba un disfraz completo. Así que, en cierto modo, se ganó la medalla de ser el superhéroe original, tal y como los conocemos hoy. Siendo chaval, leí algunos de sus tebeos, pero eran demasiado retro para mí, aunque las portadas hechas al óleo en plan super-realista me flipaban mucho. Supongo que eso fue lo que me animó a acudir al cine a ver esta adaptación de 1996 que, en realidad, apuntaba más al rollo "Indiana Jones".
Aunque no puedo estar seguro, diría que "El hombre enmascarado" era más serio y sombrío que como el pizpireto Billy Zane lo interpreta. Fue su gran oportunidad perdida...o, mejor, totalmente destruida. Lo mismo podemos decir de su partenaire, la guapísima Kristy Swanson. Llevaba años intentándolo, pero la suerte nunca le sonrió. Recordemos que fue la primera "Buffy", así como la "Amiga Mortal" de Wes Craven. Incluso llegó a hacer realidad el sueño húmedo de un servidor cuando en 1995 compartió escena de amor lésbico con otra de mis debilidades, la Jennifer Connelly joven y carnosa. También a esta le costó lo suyo ser considerada para roles serios y lograr cierto estatus (incluido papel en otra de superhéroes del periodo, igualmente ambientada en los años 30 y fracasada, "Rocketeer"), pero lo consiguió, cosa que nunca ocurrió con la Swanson. Aquí el único rostro que sí tuvo una carrera posterior de éxitos fue Catherine Zeta-Jones, haciendo de una villana que se pasa al lado de los buenos tras escuchar un simple comentario. Eso es persuasión, oiga. El resto del reparto estaba acostumbrado a nadar entre mediocridades, como Treat Williams, James Remar, Cary-Hiroyuki Tagawa, David Proval, John Capodice, Patrick McGoohan o una fugaz Samantha Eggar. El director, Simon Wincer, nació en Australia ("The Phantom" lo es en un 50%) y venía de dirigir cosas como "D.A.R.Y.L.", "Liberad a Willy!", "Dos duros sobre ruedas", "Relámpago Jack", "Cocodrilo Dundee en Los Angeles", "Operación Elefante" y varios capítulos de la serie de "Las aventuras del joven Indiana Jones" que, supongo, le valdrían como garantía a la hora de ser fichado. El guionista, Jeffrey Boam, había firmado los libretos de "La zona muerta", "Arma Letal", "El chip prodigioso", "Jóvenes ocultos" e "Indiana Jones y la última cruzada", lo que confirmaría la vinculación de este "Hombre Enmascarado" con el tono propio del famoso personaje del látigo. By the way, Boam fue el creador de "Las aventuras de Brisco County", serie protagonizada por Bruce Campbell, de ahí que se le considerase momentáneamente como posible "Phantom" antes de que el papel recayera en Billy Zane. ¿Se imaginan cómo podría haber sido la peli con Campbell oculto tras el antifaz?
"The Phanom (El hombre enmascarado)" nos presenta a un malvado magnate interesado en hacerse con tres calaveras místicas capaces de convertirse en un arma super poderosa. El "Hombre Enmascarado" se pondrá manos al asunto para impedirlo.
A ver, en su día, consumida en el cine, me pareció una película rematadamente insulsa, previsible y hasta aburrida. Vista ayer, pues.... bueno, puedo entender esas apreciaciones originales, pero también comprendo a los gacetilleros esnobs de la época que la defendían alegando su encanto, su recuperación de un espíritu más "pulp", más inocentón que, por entonces, ya se consideraba demodé. Es una peli regulera, con sus buenas escenas de acción, entretenida por los pelos, un poco ridícula, pero saludable y simpática. Cuesta detestarla, así que, si quieren pasar un rato tonto, rozando el retraso mental, "The Phantom (el hombre enmascarado)" es una opción más que razonable.
Como dato curioso, añadir que el personaje fue readaptado para la pequeña pantalla en 2009 con una serie donde se apostaba por un tono más "high-tech". Las respectivas imágenes dan bastante grima.
sábado, 7 de mayo de 2011
QUATERMAIN Y LA CIUDAD PERDIDA DEL ORO
Siempre di por hecho que esta peli se hizo, simple y llanamente, por el exito que supuso la anterior, "Las minas del rey Salomón", uno de los mejores y más divertidos "exploits" que existen de "Indiana Jones". Pero por lo que he leído, se ve que no, que se rodó "back to back" con la primera por aquello de aprovechar decorados, personal y etecés. Y porque, imagino, creyeron que una segunda entrega era algo natural para un film de estas características. Todo eso aún me crea más dudas. Entonces, si el guionista era el mismo (Gene Quintano, responsable también de la historia que engendró "El tesoro de las cuatro coronas" y director de "Con el arma a punto"), así como los productores (la "Cannon", of course), y el film precedente aún estaba fresco, ¿cómo es posible que ambos sean TAN distintos y, peor aún, este en concreto, la secuela, sea TAL INMENSA MIERDA?. Vamos a intentar averiguarlo.Quatermain (Richard Chamberlain again) y su churri (Sharon Stone again) viven juntos. Ella, como mujer que es, quiere alejar al muchacho de su vida llena de peligros y aventura, vestirlo con traje y llevárselo a la civilización para casarse (urgh!!). Sin embargo, unos hechos inesperados darán un giro a sus planes. Tal giro consiste en partir a la búsqueda de la ciudad perdida del oro y, de rebote, al hermano de Quatermain, que desapareció indagando sobre tan mítico lugar.
Tal vez el problema al que aludíamos antes lo tenemos en el director. Jack Lee Thompson se encargó de la primera, pero para la segunda contaron con el habitualmente telefílmico Gary Nelson (en su curriculum solo destaca un film previo, "El abismo negro" de la Disney), quien tal vez prefirió olvidar los desmadres y el tono paródico del original y apostó por un rollo aventurero más clasicorro. Gran Cagada. Dando tan erróneo paso, "Quatermain y la ciudad perdida del oro" quedaba despojada de su "punch", de aquello que la salvaba de ser una mera imitación chapucera de "Indiana Jones" para convertirse en.... eso, una mera imitación chapucera de "Indiana Jones". La primera mitad del film aún es soportable, el viaje a la ciudad del título anda plagado de peligros tan cutres como unas marionetas-serpiente o muchos cromas mal aplicados. Pero en el momento que llegan, todo se vuelve horriblemente monótono, plasta, predecible, patético (la escena de Chamberlain fingiendo poderes ante un gran pedrusco es de vergüenza ajena) y, en una temible palabra: ABURRIDO. ¡¡Que lejos queda el ritmo endiablado, el "slapstick" y el tono tebeístico de "Las minas del rey Salomón", por dios!!. Naturalmente nunca hubo tercera parte, y ni falta que hacía.
A los protas les acompañan rostros tan reconocibles como los de James Earl Jones, Henry Silva con unos horripilantes pelos y nada menos que Cassandra Peterson, también conocida como la sobrevalorada Elvira.
Lo dicho, mala hasta el absurdo. Ni para echarse una risa sirve.
Hacen buena pareja. Cierto. Pero, en cuanto pueda, la que
está a la izquierda se quedará huérfana de la que está a la derecha.
está a la izquierda se quedará huérfana de la que está a la derecha.
miércoles, 22 de julio de 2020
MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2 - BLOCKBUSTERS (1)
Hace unas semanas pasé por un trance perturbador. Daban "Indiana Jones y el templo maldito" en la tele, así que me senté en el sofá, sonrisa en ristre, dispuesto a disfrutarla cual enano, ya que, como producto genuinamente ochentero que es, afín a los excitantes años de mi adolescencia, siempre me hace gozar mucho y, quieras que no, despierta cierta nostalgia. Todo arrancó bien, como era de esperar. Pero, poco a poco, fui sintiendo una serie de nuevas sensaciones, respecto al film, nada agradables. Comenzaron a molestarme mucho sus arrebatos de comedia. Incluso me incomodaban. Vergüenza ajena lo llaman. Y pronto, vi como mis sentidos se saturaban. Tanto ruido, tantas emociones extremas, tanto movimiento, tanta acción, tanta locura. Se convirtió en un molesto carrusel descontrolado. ¿Qué hice? Quitarla antes de llegar al final.
Sí, duele. Mucho!. ¿Qué había pasado?. ¿Acaso la madurez impedía que disfrutara del que, otrora, era un film que siempre me funcionaba?. A ver, no soy ningún super-devoto de la saga "Indiana". De hecho, ni siquiera la tengo en formato doméstico. Pero sí es cierto que, obvio, son productos que me gustan y de los que gocé mucho siendo jovenzuelo. Ese giro terrorífico no tenía ningún sentido. ¿O sí?.
Reflexionando, me di cuenta de que solo siete días antes había revisado "En busca del arca perdida". Y, fíjense en este detalle: tampoco la terminé, creo que cambié de canal, PERO en este caso no me sentí perturbado ante semejante reacción. ¿Por qué? ¿quizás porque consideraba el "Templo maldito" mejor o la viví más en la época? No lo sé. Lo que sí noté, y mucho, era un descenso de calidad en la secuela con respecto a la película previa. El "Arca perdida" respondía al Steven Spielberg forjado en los setenta, con un sentido del espectáculo elegante, comedido, visualmente muy excitante. El mismo de "Tiburón" o "Encuentros en la tercera fase". Por el contrario, el Spielberg de "Indiana Jones y el templo maldito" era el que iba a piñón, a por la guita fácil. El de los ochenta. El de películas milimétricamente confeccionadas para satisfacer totalmente a la plebe. Productos que parecían más parques de atracciones que largometrajes.
Y entonces, para acabar de poner la guinda amarga a la historia, lo entendí. Estaba opinando igual que los críticos que machacaron el film y lo acusaron, más o menos, de lo mismo que lo acuso yo. ¡¡Qué horror!! me había puesto del lado del enemigo o, aún más acongojante, ahora tenía la misma edad que ellos cuando escribieron sus críticas biliosas. ¡Dolor!.
Claro que también podría ser aquello que, a veces nos pasa, de sentarse a ver una peli que damos por hecho nos encanta y que, por alguna extraña combinación de factores, ocurre casi lo contrario. Pero del mismo modo, también se da el efecto opuesto cuando, transcurrido un tiempo prudente, lo intentamos de nuevo y, ahora sí, el río vuelve a su cauce. No sé.
En cualquier caso, todo este rollete solo era la excusa para soltarles el reportaje oficial que en su día la revista "Fotogrumos" dedicó al estreno de "Indiana Jones y el templo maldito". Sí, ese en el que ya solo viendo las fotos me subía por las paredes de excitación incontrolada. Días en los que, ni por asomo, se me habría ocurrido que, pasadas más de tres décadas, aquella misma película sería capaz de proporcionarme las nada gratificantes sensaciones de las que, cual confesión, he hablado hoy.
¡Que dios se apiade de mi sucia alma!.
Sí, duele. Mucho!. ¿Qué había pasado?. ¿Acaso la madurez impedía que disfrutara del que, otrora, era un film que siempre me funcionaba?. A ver, no soy ningún super-devoto de la saga "Indiana". De hecho, ni siquiera la tengo en formato doméstico. Pero sí es cierto que, obvio, son productos que me gustan y de los que gocé mucho siendo jovenzuelo. Ese giro terrorífico no tenía ningún sentido. ¿O sí?.
Reflexionando, me di cuenta de que solo siete días antes había revisado "En busca del arca perdida". Y, fíjense en este detalle: tampoco la terminé, creo que cambié de canal, PERO en este caso no me sentí perturbado ante semejante reacción. ¿Por qué? ¿quizás porque consideraba el "Templo maldito" mejor o la viví más en la época? No lo sé. Lo que sí noté, y mucho, era un descenso de calidad en la secuela con respecto a la película previa. El "Arca perdida" respondía al Steven Spielberg forjado en los setenta, con un sentido del espectáculo elegante, comedido, visualmente muy excitante. El mismo de "Tiburón" o "Encuentros en la tercera fase". Por el contrario, el Spielberg de "Indiana Jones y el templo maldito" era el que iba a piñón, a por la guita fácil. El de los ochenta. El de películas milimétricamente confeccionadas para satisfacer totalmente a la plebe. Productos que parecían más parques de atracciones que largometrajes.
Y entonces, para acabar de poner la guinda amarga a la historia, lo entendí. Estaba opinando igual que los críticos que machacaron el film y lo acusaron, más o menos, de lo mismo que lo acuso yo. ¡¡Qué horror!! me había puesto del lado del enemigo o, aún más acongojante, ahora tenía la misma edad que ellos cuando escribieron sus críticas biliosas. ¡Dolor!.
Claro que también podría ser aquello que, a veces nos pasa, de sentarse a ver una peli que damos por hecho nos encanta y que, por alguna extraña combinación de factores, ocurre casi lo contrario. Pero del mismo modo, también se da el efecto opuesto cuando, transcurrido un tiempo prudente, lo intentamos de nuevo y, ahora sí, el río vuelve a su cauce. No sé.
En cualquier caso, todo este rollete solo era la excusa para soltarles el reportaje oficial que en su día la revista "Fotogrumos" dedicó al estreno de "Indiana Jones y el templo maldito". Sí, ese en el que ya solo viendo las fotos me subía por las paredes de excitación incontrolada. Días en los que, ni por asomo, se me habría ocurrido que, pasadas más de tres décadas, aquella misma película sería capaz de proporcionarme las nada gratificantes sensaciones de las que, cual confesión, he hablado hoy.
¡Que dios se apiade de mi sucia alma!.
viernes, 4 de febrero de 2011
LA PRIMERA CRUZADA DE INDIANNA JOHNNY
Un cocinero, virtuoso de la especialidad Tepanyaki, está hastiado de la vida que lleva, de su mujer, una gorda inmunda que lo martiriza y de su suegro, dueño del restaurante donde trabaja esclavizado. Así, decide hacerse unas vacaciones a las Islas Filipinas, con tan mala suerte que acaban acoplándosele el resto de miembros de su familia. El desmadre está servido.Como pueden observar, nada de lo que sucede tiene que ver con la saga de "Indiana Jones". De hecho ni tan siquiera es una parodia oficial. Apenas hay un par de minutos en los que sí se hace mofa del héroe del látigo, pero es algo muy, muy secundario. Aunque este par de minutos fueron más que suficientes para que en "Lauren Films", que en los ochenta se encargaba de distribuir las películas de Michael Hui, decidieran que esto podía venderse como una buena parodia de "Indiana Jones", y se inventaron este título de innegable gancho, pero tan engañoso como solo podía serlo en los 80 el mercado del vídeo.
Obviamente, si vamos buscando la parodia de la saga, nos decepcionaremos, pero si no tenemos en cuenta este pequeño detalle, y somos amantes del humor Chino (o del humor en general), disfrutaremos con esta película como enanos.
Pizca más o menos pasó en Japón; Hay que decir que el título original es "Tepanyaki", pero como Hui era el responsable, entre otras muchas, de la exitosa saga "Mr.Boo" ("Los líos de Mr.Boo") la estrenaron como "Mr.Boo 6: Tepanyaki". O sea, un lío de pelotas que solo suele darse en las peculiares y maravillosas producciones asiáticas.
La película no tiene un argumento lineal que podamos seguir al dedillo, es mas bien una sucesión de gags bastante decentemente hilados, con mucho ritmo y muy divertidos, que si bien no hay ninguno que nos resulte antológico, en conjunto sí es un título 100% disfrutable, y como suele pasar en la mayoría de películas asiáticas en las que cocinan, entra hambre viéndola.
Con intenciones de ser vendida con éxito a todo el mercado asiático, en la parte filipina contamos también con la presencia de otro cómico popular de las islas, el híper-delgado Palito (¡¡el D.J. Qualls filipino!!!), que hemos podido ver (y repugnarnos con su presencia, a la par que nos divertíamos) en algunas de las películas del cómico Redford White, y así tenemos a todo el continente contento.
Poco más que decir, un clásico de la comedia Cantonesa, un clásico de Michael Hui, que incluso supera algunos de los títulos más populares del actor/director y una película que ha aguantado perfectamente el paso del tiempo. Recomendable 100%, imposible aburrirse con esto. Eso sí, de "Indiana Jones" poco, poquito.
Con intenciones de ser vendida con éxito a todo el mercado asiático, en la parte filipina contamos también con la presencia de otro cómico popular de las islas, el híper-delgado Palito (¡¡el D.J. Qualls filipino!!!), que hemos podido ver (y repugnarnos con su presencia, a la par que nos divertíamos) en algunas de las películas del cómico Redford White, y así tenemos a todo el continente contento.
Poco más que decir, un clásico de la comedia Cantonesa, un clásico de Michael Hui, que incluso supera algunos de los títulos más populares del actor/director y una película que ha aguantado perfectamente el paso del tiempo. Recomendable 100%, imposible aburrirse con esto. Eso sí, de "Indiana Jones" poco, poquito.
sábado, 29 de octubre de 2022
LA JOYA DE LOS DIOSES
Aunque suene a introducción de gacetillero novato, es bien cierto que el fenómeno Indiana Jones esputó un mogollón de imitadores. Además, en todas partes del globo terráqueo. Desde la misma yankilandia (con "Tennessee Buck" o "Jake Speed" representando al gremio subproductil, aunque las hay a cientos, incluidos títulos tan mainstream como "Tras el corazón verde" o "La gran ruta hacia China"), pasando por la inevitable Italia ("El secreto del imperio de los incas", "Los aventureros del tesoro perdido", "El arca del dios del sol"), Inglaterra ("Biggles"), México ("El tesoro de la selva perdida"), hasta Australia itself ("Sky Pirates"). Incluso Jackie Chan picó con "La armadura de dios". Y "El tesoro de las cuatro coronas" fue la aportación Española en función coproductora. Ante semejante panorama, y teniendo en cuenta que, tal vez, algunas de aquellas imitaciones se rodaran en parajes Sudafricanos, estos se subieron al carro a finales de los ochenta con "La joya de los dioses". Total, tenían cerquita todo el exotismo requerido, así que en ese sentido la cosa les saldría barata. Muuuuuy barata.
Los yankis y los nazis se pelean por agenciarse un pedrusco de lo más poderoso. Los primeros mandan a un hindú (la comparsa cómica, absolutamente irritante) que se asocia con el típico aventurero golfo de nombre chispeante, Snowy Grinder (Australiano, para más señas). Los segundos envían al militar eternamente cabreado de marcado acento. Unos y otros lucharán, aparecerá la churri de rigor y todo terminará bien.
Lo justo sería cebarnos con "La joya de los dioses". Pero se parecería mucho a meterle collejas al tonto de la clase por ser tonto. Demasiado fácil. No se puede esperar nada de un exploitation de Indiana Jones sudafricano. Así que no esperamos nada. Y la vemos pacientemente, porque a la cabrona le pesa el culo. Poca acción, muchos diálogos, todo así como un pelo cutre, aunque sin llegar al tercermundismo, en ese aspecto mantiene la cabeza alta. Un sentido de la comedia absolutamente terrible (y excesiva). Y una escena en la que se fusila sin decoro otra de "Indiana Jones y el templo maldito", pero a lo pobre. Imaginen la movida de las vagonetas a tamaño infantil, unas donde han de caber, sí o sí, los tres protagonistas, bien apretujados. En el apartado desagradable, e inevitable dada procedencia y época, unas dosis de crueldad animal nada fingidas.
Si miramos a la peña implicada, parece que no pero podemos rascar algo. Por ejemplo, al héroe (cuya arma reglamentaria es un cortante boomerang que usa poco) lo interpreta Marius Weyers, actor que se ha mantenido activo hasta nuestros días y en cuyo curriculum encontramos cosas tan curiosas como el inevitable primer (¿y único?) gran hit de la cinematografía Sudafricana, "Los dioses deben estar locos", "Gandhi" (interpretando a ¡un conductor!), "Profundidad seis" y "Diamante de sangre". La conexión con "Los dioses deben estar locos" es de lo más razonable. Fue una cantera para actores de aspiraciones internacionales, por eso en ella también vemos a Sandra Prinsloo, que en "La joya de los dioses" da vida a la compañera del aventurero prota. Y podrían haber más nombres, pero no me apetece indagar.
Robert van de Coolwijk, director (dedica la película a su mujer e hijos. No me sorprendería que, después del estreno, le abandonaran), tiene poca cosa en tales funciones. Por contra, como diseñador de producción no ha parado de currar en títulos bien llamativos -por su naturaleza- del calibre de "Tienes que estar loco" (esa peli de cámara oculta que en España nos vendieron -incomprensiblemente- como parida por Monty Python), "Kickboxer 5: Revancha", "Mr. Bones" y "Granja sangrienta/Slash".
Los yankis y los nazis se pelean por agenciarse un pedrusco de lo más poderoso. Los primeros mandan a un hindú (la comparsa cómica, absolutamente irritante) que se asocia con el típico aventurero golfo de nombre chispeante, Snowy Grinder (Australiano, para más señas). Los segundos envían al militar eternamente cabreado de marcado acento. Unos y otros lucharán, aparecerá la churri de rigor y todo terminará bien.
Lo justo sería cebarnos con "La joya de los dioses". Pero se parecería mucho a meterle collejas al tonto de la clase por ser tonto. Demasiado fácil. No se puede esperar nada de un exploitation de Indiana Jones sudafricano. Así que no esperamos nada. Y la vemos pacientemente, porque a la cabrona le pesa el culo. Poca acción, muchos diálogos, todo así como un pelo cutre, aunque sin llegar al tercermundismo, en ese aspecto mantiene la cabeza alta. Un sentido de la comedia absolutamente terrible (y excesiva). Y una escena en la que se fusila sin decoro otra de "Indiana Jones y el templo maldito", pero a lo pobre. Imaginen la movida de las vagonetas a tamaño infantil, unas donde han de caber, sí o sí, los tres protagonistas, bien apretujados. En el apartado desagradable, e inevitable dada procedencia y época, unas dosis de crueldad animal nada fingidas.
Si miramos a la peña implicada, parece que no pero podemos rascar algo. Por ejemplo, al héroe (cuya arma reglamentaria es un cortante boomerang que usa poco) lo interpreta Marius Weyers, actor que se ha mantenido activo hasta nuestros días y en cuyo curriculum encontramos cosas tan curiosas como el inevitable primer (¿y único?) gran hit de la cinematografía Sudafricana, "Los dioses deben estar locos", "Gandhi" (interpretando a ¡un conductor!), "Profundidad seis" y "Diamante de sangre". La conexión con "Los dioses deben estar locos" es de lo más razonable. Fue una cantera para actores de aspiraciones internacionales, por eso en ella también vemos a Sandra Prinsloo, que en "La joya de los dioses" da vida a la compañera del aventurero prota. Y podrían haber más nombres, pero no me apetece indagar.
Robert van de Coolwijk, director (dedica la película a su mujer e hijos. No me sorprendería que, después del estreno, le abandonaran), tiene poca cosa en tales funciones. Por contra, como diseñador de producción no ha parado de currar en títulos bien llamativos -por su naturaleza- del calibre de "Tienes que estar loco" (esa peli de cámara oculta que en España nos vendieron -incomprensiblemente- como parida por Monty Python), "Kickboxer 5: Revancha", "Mr. Bones" y "Granja sangrienta/Slash".
sábado, 28 de septiembre de 2024
EL ARCA DEL DIOS DEL SOL
Hace un par de semanas hablábamos de David Warbeck, y aquí lo tenemos de nuevo, perfectamente integrado en el exploitation made in italy. Justo, si a algo hemos dedicado letras y más letras en este blog ha sido al oportunismo cinematográfico, el plagio -italoparlante o no-, los mockbusters -cuando eran "divertidos"-, etc, etc, etc. Siempre resulta de lo más dicharachero y disfrutoso. Pero si nos dejamos de risitas nerviosas y actitudes arrogantes y/o soberbias, y lo miramos con frialdad, intentando ser analíticos, la verdad es que cuesta comprender cómo una serie de señores invirtieron dinero, tiempo, trabajo, recursos y demás zarandajas logísticas en facturar algo que ellos mismos sabían robaba de otras películas y, además, del modo más rastrero. No sé, puestos a dejarse el coño confeccionando un largometraje, ¿no tiene más sentido proceder con algo TUYO? tampoco hablo de rollo autoral, hablo de un producto comercial pero en el que desarrolles un tema, historia o maneras de tu paternidad, sin mimetizar a nadie. Y no me vendan la moto del homenaje / guiño fanatista, aquel que procede por admiración hacia el éxito de turno, porque eso no existía en la época dorada de la explotación y a sus artífices les molaban más los billetes verdes que el cine (y en caso de ser el amor hacia este el motor, por cuestiones generacionales su fanatismo apuntaría a títulos clásicos de décadas previas).
La incomprensión de todo ello se acrecienta cuando, encima, la película resultante NO se parece tantísimo a la copiada. Incluso gasta sus propias virtudes y algo de dignidad. Por ejemplo, me viene a la mente ese famoso "Alien 2" de Ciro Ippolito (y Biagio Proietti), con conexión nivel CERO respecto al clásico de Ridley Scott. Entonces, ¿por qué titularlo así? Sí, te aseguras ciertas ganancias de cara a la taquilla pero, en realidad, le estás restando méritos a algo que podría tener entidad propia (se podría esgrimir que a sus responsables les importaba tan poco ese posible reconocimiento autoral, como el cabreo del público al considerarse engañado, siempre y cuando el montante chorreara generosamente).
Todo este rollo me atusó las meninges durante los créditos iniciales de "El arca del dios del sol" (era eso, o sufrir la horripilante canción que los acompaña) uno de los dos exploits perpetrados por Antonio Margheriti a la sombra de "En busca del arca perdida". Y especifico "En busca del arca perdida" porque es un dato que incluso despierta en mí cierta fascinación: Por entonces, el icono que con los años supuso "Indiana Jones" todavía no se había desarrollado. Eso ocurriría, sobre todo, a partir de su segunda película en 1984. Antes, y especialmente con 1981 todavía cerquita, lo suyo consistía en imitar el gran éxito de Hollywood, y ese era "En busca del arca perdida", una de aventuras con regusto clásico a base de tesoros ocultos en tumbas repletas de trampas, parajes exóticos y un prota guaperas que no importaba mucho si se llamaba "Indiana" o Ramón o Bonifacio, y tampoco si llevaba sombrero de ala, látigo o macuto.
Ya, ya, todo este pajillismo lo solté cuando, justo, publiqué los fotocromos de "Los aventureros del tesoro perdido", primera de las dos aportaciones firmadas por don Margheriti, "regista" clásico del cine popular italiano, quien supo ver perfectamente la deuda de la creación de Spielberg / Lucas con "James Bond", de ahí que "El arca del dios del sol" chupe también un poco de este y, literalmente, le mencione en un diálogo.
Aquí el prota es un ladrón de guante blanco al que contratan para localizar un tesoro legendario que, se supone, dispone de poderes mágicos (aunque nunca lleguemos a verlos en acción) En el trayecto deberá enfrentarse a una especie de secta de turcos tarados dispuestos a arrebatárselo.
Todo ello a las maneras de como se lo montaban los fetuccini en 1984, pero relativamente bien. "El arca del dios del sol" (que cuenta con una maravillosa caratula de vídeo, algo tramposilla -la jodida arca es casi idéntica a la que buscaba el "Dr.Jones"-, capaz de disparar la imaginación del teenager que era yo cuando la sujetaba entre mis cayosas y temblorosas manos. Se la dejamos enterita al final, cortesía de Mr.Enorm) es soportable. Tiene su ritmo decente. Sus escenas de acción más o menos llevaderas (destacando el uso y abuso de maquetas para las persecuciones de automóviles, táctica esta que se la ponía morcillona a Margheriti. Y con razón, la cosa está bastante bien), peleas un poco torpes pero simpáticas, y toda la parte propiamente rollo "arca perdida", a base de templo maldito, lava, oro, momias y trampichuelas. Destacar, como curiosidad, la escena en la que el prota y su socio se meten en unas alcantarillas infestadas de ratas, materia que veríamos unos años después en, justo, el tercer "Indiana Jones" (la diferencia es que, en esta, evitan maltratar a las criaturas, mientras que a los italianos les importa un pimiento).
El reparto es perfecto. El sueño húmedo de cualquier devoto de la explotación transalpina. Mister Warbeck, con ese jeto de héroe de comic, dando vida al ladrón aventurero y haciendo gala de sus notables limitaciones interpretativas, a base de muchas cucamonas. Le sigue un inmenso Ricardo Palacios, replicando un poco el rol de John Rhys-Davies en la epopeya Spielbergiana, y otro par de legendarios, John Steiner y Luciano Pigozzi / Alan Collins. Cierra el círculo la supuesta novia del héroe, Susie Sudlow en su única película, que, como dato característico y máximo gracejo, se pasa el puto largometraje entero perfectamente maquillada, sin importar la situación (sea de buena mañana recién despierta, sea en medio del caos aventurero...).
Un agradable divertimento beneficiado, muuuuy beneficiado, por el efecto nostalgia.
La incomprensión de todo ello se acrecienta cuando, encima, la película resultante NO se parece tantísimo a la copiada. Incluso gasta sus propias virtudes y algo de dignidad. Por ejemplo, me viene a la mente ese famoso "Alien 2" de Ciro Ippolito (y Biagio Proietti), con conexión nivel CERO respecto al clásico de Ridley Scott. Entonces, ¿por qué titularlo así? Sí, te aseguras ciertas ganancias de cara a la taquilla pero, en realidad, le estás restando méritos a algo que podría tener entidad propia (se podría esgrimir que a sus responsables les importaba tan poco ese posible reconocimiento autoral, como el cabreo del público al considerarse engañado, siempre y cuando el montante chorreara generosamente).
Todo este rollo me atusó las meninges durante los créditos iniciales de "El arca del dios del sol" (era eso, o sufrir la horripilante canción que los acompaña) uno de los dos exploits perpetrados por Antonio Margheriti a la sombra de "En busca del arca perdida". Y especifico "En busca del arca perdida" porque es un dato que incluso despierta en mí cierta fascinación: Por entonces, el icono que con los años supuso "Indiana Jones" todavía no se había desarrollado. Eso ocurriría, sobre todo, a partir de su segunda película en 1984. Antes, y especialmente con 1981 todavía cerquita, lo suyo consistía en imitar el gran éxito de Hollywood, y ese era "En busca del arca perdida", una de aventuras con regusto clásico a base de tesoros ocultos en tumbas repletas de trampas, parajes exóticos y un prota guaperas que no importaba mucho si se llamaba "Indiana" o Ramón o Bonifacio, y tampoco si llevaba sombrero de ala, látigo o macuto.
Ya, ya, todo este pajillismo lo solté cuando, justo, publiqué los fotocromos de "Los aventureros del tesoro perdido", primera de las dos aportaciones firmadas por don Margheriti, "regista" clásico del cine popular italiano, quien supo ver perfectamente la deuda de la creación de Spielberg / Lucas con "James Bond", de ahí que "El arca del dios del sol" chupe también un poco de este y, literalmente, le mencione en un diálogo.
Aquí el prota es un ladrón de guante blanco al que contratan para localizar un tesoro legendario que, se supone, dispone de poderes mágicos (aunque nunca lleguemos a verlos en acción) En el trayecto deberá enfrentarse a una especie de secta de turcos tarados dispuestos a arrebatárselo.
Todo ello a las maneras de como se lo montaban los fetuccini en 1984, pero relativamente bien. "El arca del dios del sol" (que cuenta con una maravillosa caratula de vídeo, algo tramposilla -la jodida arca es casi idéntica a la que buscaba el "Dr.Jones"-, capaz de disparar la imaginación del teenager que era yo cuando la sujetaba entre mis cayosas y temblorosas manos. Se la dejamos enterita al final, cortesía de Mr.Enorm) es soportable. Tiene su ritmo decente. Sus escenas de acción más o menos llevaderas (destacando el uso y abuso de maquetas para las persecuciones de automóviles, táctica esta que se la ponía morcillona a Margheriti. Y con razón, la cosa está bastante bien), peleas un poco torpes pero simpáticas, y toda la parte propiamente rollo "arca perdida", a base de templo maldito, lava, oro, momias y trampichuelas. Destacar, como curiosidad, la escena en la que el prota y su socio se meten en unas alcantarillas infestadas de ratas, materia que veríamos unos años después en, justo, el tercer "Indiana Jones" (la diferencia es que, en esta, evitan maltratar a las criaturas, mientras que a los italianos les importa un pimiento).
El reparto es perfecto. El sueño húmedo de cualquier devoto de la explotación transalpina. Mister Warbeck, con ese jeto de héroe de comic, dando vida al ladrón aventurero y haciendo gala de sus notables limitaciones interpretativas, a base de muchas cucamonas. Le sigue un inmenso Ricardo Palacios, replicando un poco el rol de John Rhys-Davies en la epopeya Spielbergiana, y otro par de legendarios, John Steiner y Luciano Pigozzi / Alan Collins. Cierra el círculo la supuesta novia del héroe, Susie Sudlow en su única película, que, como dato característico y máximo gracejo, se pasa el puto largometraje entero perfectamente maquillada, sin importar la situación (sea de buena mañana recién despierta, sea en medio del caos aventurero...).
Un agradable divertimento beneficiado, muuuuy beneficiado, por el efecto nostalgia.
jueves, 30 de abril de 2009
SKY PIRATES

En el más que solvente documental “Not quite Hollywood: the wild, untold story of ozploiation!”, alguien definía esta película como “Indiana Jones y el templo de la basura”. Los distribuidores españoles tampoco se quedaron cortos (suponiendo que fuese idea suya) al buscar el eslogan para la caratula: “Encontrada el arca perdida y recuperado el corazón verde, ¡ahora empieza la auténtica aventura!”. Vamos, que aquí no engañamos a nadie, “Sky Pirates” es puro refrito del héroe del látigo. Otros países lo tuvieron más claro cuando lo titularon “Dakota Harris”, es decir, el nombre del avión que pilota el prota, y su apellido… lo gracioso es que en toda la peli no se refieren a él de ese modo en ningún momento.
Y sí… “Sky Pirates” es una copia bastarda de las desventuras del "Dr.Jones", con el aliciente extra y exótico de ser Australiana (con los yankis ayudando un poquillo). El actor se parece a Harrison Ford. La música se parece (¡¡pero mucho!!) a la de John Williams. Hay imágenes icónicas idénticas (el avión volando en transparencia con un mapa cuya ruta queda marcada por una línea roja) y, a diferencia de los habituales plagios italianos, en general, a nivel fotografía y tal, la cosa se aguanta bien. El problema reside en que los productores pusieron tanto empeño en decorar el envoltorio, que se quedaron sin un duro a la hora de afrontar el contenido. Y claro, esas cosas no molestan cuando estamos viendo “Las minas del rey Salomón” de la "Cannon", pues a fin de cuentas el elemento paródico es evidente. Pero “Sky Pirates” está tomada en serio y el poco humor que incluye es el mismo presente en los films de "Indiana Jones", discusiones graciosas con la chica de turno, chascarrillos chanantes ante las situaciones de peligro, etc, etc.
En lo que sí “Sky Pirates” se adelantó al personaje de Lucas y Spielberg es en tocar el tema de los extraterrestres. Se supone que seres de otro planeta fueron los responsables de crear una tabla con los secretos de la humanidad o algo así (no me sean exigentes, por dios, que son las 10 de la mañana mientras escribo esto). El caso es que se rompió y los cachos quedaron desperdigados por el planeta. El héroe en cuestión, y la hija del cura que investiga el asunto, los buscarán, impidiendo que el malo se haga con ellos y bla, bla, bla.
Lo extraño de “Sky Pirates” es que, aún disponiendo de medios, estos no son los suficientes para lo que los responsables quieren contar, así, la sensación obtenida es de que todo está encorsetado, y la mayor parte del film viene narrado a base de planos tan cerrados que, si la cámara se mueve un centímetro más allá, nos daremos cuenta que se acaba el decorado, ya que está ambientada en los años 40 y, curiosamente, las secuencias urbanas exteriores no incorporan más atrezo o extras que los justos y mega-necesarios. Malos solo hay uno, y el clímax final es soso, tonto y desprovisto de toda espectacularidad. Acción y aventura sin acción, ni aventura.
No obstante, y a pesar de todo, la peli se aguanta y hasta entretiene lo justo, justito.
El encargado de llevar las riendas es Colin Eggleston, quien unos años antes había triunfado con el film de culto “Long Weekend” y fue elegido por los productores para tener el dudoso honor de dirigir este ambicioso proyecto.
Y sí… “Sky Pirates” es una copia bastarda de las desventuras del "Dr.Jones", con el aliciente extra y exótico de ser Australiana (con los yankis ayudando un poquillo). El actor se parece a Harrison Ford. La música se parece (¡¡pero mucho!!) a la de John Williams. Hay imágenes icónicas idénticas (el avión volando en transparencia con un mapa cuya ruta queda marcada por una línea roja) y, a diferencia de los habituales plagios italianos, en general, a nivel fotografía y tal, la cosa se aguanta bien. El problema reside en que los productores pusieron tanto empeño en decorar el envoltorio, que se quedaron sin un duro a la hora de afrontar el contenido. Y claro, esas cosas no molestan cuando estamos viendo “Las minas del rey Salomón” de la "Cannon", pues a fin de cuentas el elemento paródico es evidente. Pero “Sky Pirates” está tomada en serio y el poco humor que incluye es el mismo presente en los films de "Indiana Jones", discusiones graciosas con la chica de turno, chascarrillos chanantes ante las situaciones de peligro, etc, etc.
En lo que sí “Sky Pirates” se adelantó al personaje de Lucas y Spielberg es en tocar el tema de los extraterrestres. Se supone que seres de otro planeta fueron los responsables de crear una tabla con los secretos de la humanidad o algo así (no me sean exigentes, por dios, que son las 10 de la mañana mientras escribo esto). El caso es que se rompió y los cachos quedaron desperdigados por el planeta. El héroe en cuestión, y la hija del cura que investiga el asunto, los buscarán, impidiendo que el malo se haga con ellos y bla, bla, bla.
Lo extraño de “Sky Pirates” es que, aún disponiendo de medios, estos no son los suficientes para lo que los responsables quieren contar, así, la sensación obtenida es de que todo está encorsetado, y la mayor parte del film viene narrado a base de planos tan cerrados que, si la cámara se mueve un centímetro más allá, nos daremos cuenta que se acaba el decorado, ya que está ambientada en los años 40 y, curiosamente, las secuencias urbanas exteriores no incorporan más atrezo o extras que los justos y mega-necesarios. Malos solo hay uno, y el clímax final es soso, tonto y desprovisto de toda espectacularidad. Acción y aventura sin acción, ni aventura.
No obstante, y a pesar de todo, la peli se aguanta y hasta entretiene lo justo, justito.
El encargado de llevar las riendas es Colin Eggleston, quien unos años antes había triunfado con el film de culto “Long Weekend” y fue elegido por los productores para tener el dudoso honor de dirigir este ambicioso proyecto.
sábado, 13 de agosto de 2011
JAKE SPEED, LA AVENTURA DE ÁFRICA
Como es de suponer, "Jake Speed, la aventura de África" está rodada con el presupuesto que las de "Indiana Jones" gastaban en el catering, y se nota, porque de acción hay más bien poca y nada demasiado espectacular. Sin embargo, en esta ocasión ello juega en su favor, porque al ser una historia con un poso "realista", y en la que continuamente nos cuestionamos su veracidad, ya está bien que el tema aventuroso no se les vaya demasiado de las manos y se centre más en los personajes y los diálogos. En realidad, la peli es un canto a la figura del héroe ingenuo e idealista, al bueno-bueno, sin matices, Jake Speed sabe que ya no quedan muchos como él, y se pasa el metraje proclamándolo.
Vale, no se trata de ninguna maravilla, es entretenida por los pelos, pero sigo diciendo que el concepto al inicio expuesto resulta fascinante. Nosotros en España también teníamos esa clase de héroe, uno que publicaba sus aventuras (narradas en primera persona) en novelitas de bolsillo y pocas páginas. Y eran mogollón. El "problema" es que se hacía llamar "Indiana JAMES" (les dejo la cubierta de una para que se hagan una idea). Muchas veces me pregunté qué pasaría si, como con "Jake Speed", el amigo James fuera real. ¿Se lo imaginan?, ¿para cuando una peli sobre él? (Aquí pueden dar con pistas al respecto).
Todo el encanto y el buen hacer de "Jake Speed, la aventura de África" se lo debemos en parte (ya que es co-guionista) a ese entrañable star de "serie B" que es Wayne Crawford, de quien ya hablamos hace no mucho y que da vida al aventurero Speed.
En definitiva, un film muy majo especialmente pensado para aquellos a los que, como yo, les gusta soñar de vez en cuando. El final, fuera de ser previsible, está cojonudo y muy coherente con el resto de la función.
sábado, 11 de enero de 2014
LAS AVENTURAS DE TENNESSEE BUCK
Cuando escribí la reseña de "Ojos de fuego", que cuenta con David Keith entre sus protagonistas, dije esto de él: "no hay actor más feo, anti-carismático y erróneo para cualquier reparto". Vale, me pasé un poco. David Keith no es tan feo, ni tan temible, pero tampoco es la Mojama. Y algo de cierto debe haber en todo ello cuando, dando un repaso a su filmografía, nos percatamos de que, tras un inicio prometedor con "Brubaker", "Oficial y caballero" u "Hombres de hierro", rápidamente fue relegado a películas cada vez más intrascendentes y, ya directamente, series de televisión. Viendo la que se le venía encima, es de suponer que Keith se planteara cambiar de aires, y por eso en 1987 debutó exclusivamente como director con, nada menos, "Granja maldita", la relativamente famosa adaptación de H.P.Lovecraft que contaba con producción de Ovidio G. Assonitis (quien a partir de ella se sacaría de la manga toda una falsa saga compuesta de secuelas bastardas partiendo de su título original, "The Curse") y el mismísimo Lucio Fulci. No hace mucho la vi con intención de reseñarla pero me dejó tan frío, me resultó tan insípida que, finalmente, decidí ignorarla (quién sabe si la retomaré algún día en el futuro). El caso es que David Keith quedaría contento con la experiencia, porque al año siguiente volvió a liarse con esto de la dirección y, ya que nadie parecía querer contar con su talento inerpretativo, decidió currarse un auténtico auto-lucimiento protagonizando "Las aventuras de Tennessee Buck", o "The further adventures of Tennessee Buck" in the USA (país co-productor junto a, nada menos, Sri Lanka... nunca había visto yo una película Srilankesense), uno de esos "exploitations" descarados del universo "Indiana Jones" -desde el look del personaje a la tipografía del título, pasando por el cartel, aquí no hay sutilidad que valga- camuflados de parodia.
La historia no es precisamente muy complicada. Un millonario bastante idiota, aficionado a la caza, y su atractiva mujer llegan a Borneo. Contratan al colega Tennessee Buck (aunque en toda la peli no responde al apodo en cuestión, sino al nombre de Buck Malone) para que les guíe. Una vez se internan en la parte más profunda de la selva, son atacados y capturados por una tribu caníbal. El resto de la movida consistirá en intentar escapar de sus garras.
Bien, como decía, "Las aventuras de Tennessee Buck" se supone una comedia de aventuras. Y sí, hay un puñado de momentos abiertamente bufos y palurdos, además de sendas interpretaciones tirando a histriónicas (el que hace de cazador millonario es especialmente agotador). Sin embargo, llegados a cierto punto -concretamente cuando los protas son capturados por los caníbales- da un pequeño giro e incrementa de modo exponencial -e inesperado- su lado serio, que incluye erotismo y algo de gore. Esta parte se inicia con la escena que la ha hecho "célebre", en la que vemos a su prota femenina, la guapa Kathy Shower, totalmente desnuda y siendo muy sensualmente huntada en aceite por las mujeres de la tribu, tanto como para que se retuerza de placer y sus notorios pezones apunten a la Luna. Seguidamente la cosa se vuelve algo sórdida cuando el jefe de los antropófagos la viola por detrás y, encima, le entrega la cabeza decapitada de su marido, lo que hasta cierto punto sorprende, ya que éste era algo así como el "clown" de la peli. Claro que, según se mire, le ha hecho un favor, porque una vez huídos, y apenas 24 horas después, ella y el Sr.Buck se pegan un lote de órdago (vamos, que la chica tampoco echaba mucho de menos al muerto). La fiesta continúa con una secuencia en plan "Rambo" en la que el héroe va cazando a sus perseguidores a base de trampas, algunas de ellas con efecto truculento incluido. Cuanto más próximo está el final, más vuelve todo a la normalidad, pero afortunadamente para entonces ya no queda mucha película y, resumiendo, que se despide dejándonos un sabor de boca positivo. "Las aventuras de Tennessee Buck" no es la polla, ni mucho menos, pero tampoco puedo decir que resulte insoportable. Seguramente se encuentre entre los "exploiters" más decentes de "Indiana Jones", al lado de "Las minas del rey Salomón" y "Jake Speed, la aventura de África".
Naturalmente, siendo director, David Keith se deja las peyas para mostrarse a sí mismo como un superhéroe invencible, ocurrente, golfo, totalmente deseado por cualquier cosa en este planeta que disponga de vagina, infalible en su cometido y que luce un uniforme "indianajonesco" bien molón (con una primera aparición chocante, durmiendo la borrachera y totalmente cubierto de la sangre de un cocodrilo que el cabrón acaba de despellejar). Y la verdad es que encaja en el papel, incluso esta ocasión me pareció algo menos insufrible. A su lado tenemos a la mentada Kathy Shower, que está un rato rica y venía de posar en las páginas de "Playboy". A lo largo de su trayectoria cinematográfica, y como era de suponer, intervino en un puñado de películas de alto contenido pajillero (sobre todo cuando el "thriller erótico" video-clubero se puso de moda), pero también en chungueces como "American Kickboxer 2", "Cyber-CHIC" o "Commando para matar" de ese ente omnipresente que es Fred Olen Ray. A su ladito, un veterano, Sydney Lassick, de "Alguien voló sobre el nido del cuco" o "Carrie" y que también se dejaba ver en "Patrulla de noche", el infame "exploit" de "Loca academia de policía". Justamente, y curiosamente, en las primera y tercera entregas de esa misma saga podemos ver al cuarto en discordia, Brant von Hoffman, quien interpretara al "Sargento Kyle Blanks" en aquellas y al cazador millonario tonto finalmente decapitado en la que nos ocupa.
David Keith no volvería a dirigir hasta pasados quince años con "Waterville", un "thriller" sin la más mínima repercursión. De mientras, y hasta nuestros días, le hemos seguido viendo en pelis gordas con papeles secundarios, en pelis pequeñas de prota y en un porrón de productos televisivos.
La historia no es precisamente muy complicada. Un millonario bastante idiota, aficionado a la caza, y su atractiva mujer llegan a Borneo. Contratan al colega Tennessee Buck (aunque en toda la peli no responde al apodo en cuestión, sino al nombre de Buck Malone) para que les guíe. Una vez se internan en la parte más profunda de la selva, son atacados y capturados por una tribu caníbal. El resto de la movida consistirá en intentar escapar de sus garras.
Bien, como decía, "Las aventuras de Tennessee Buck" se supone una comedia de aventuras. Y sí, hay un puñado de momentos abiertamente bufos y palurdos, además de sendas interpretaciones tirando a histriónicas (el que hace de cazador millonario es especialmente agotador). Sin embargo, llegados a cierto punto -concretamente cuando los protas son capturados por los caníbales- da un pequeño giro e incrementa de modo exponencial -e inesperado- su lado serio, que incluye erotismo y algo de gore. Esta parte se inicia con la escena que la ha hecho "célebre", en la que vemos a su prota femenina, la guapa Kathy Shower, totalmente desnuda y siendo muy sensualmente huntada en aceite por las mujeres de la tribu, tanto como para que se retuerza de placer y sus notorios pezones apunten a la Luna. Seguidamente la cosa se vuelve algo sórdida cuando el jefe de los antropófagos la viola por detrás y, encima, le entrega la cabeza decapitada de su marido, lo que hasta cierto punto sorprende, ya que éste era algo así como el "clown" de la peli. Claro que, según se mire, le ha hecho un favor, porque una vez huídos, y apenas 24 horas después, ella y el Sr.Buck se pegan un lote de órdago (vamos, que la chica tampoco echaba mucho de menos al muerto). La fiesta continúa con una secuencia en plan "Rambo" en la que el héroe va cazando a sus perseguidores a base de trampas, algunas de ellas con efecto truculento incluido. Cuanto más próximo está el final, más vuelve todo a la normalidad, pero afortunadamente para entonces ya no queda mucha película y, resumiendo, que se despide dejándonos un sabor de boca positivo. "Las aventuras de Tennessee Buck" no es la polla, ni mucho menos, pero tampoco puedo decir que resulte insoportable. Seguramente se encuentre entre los "exploiters" más decentes de "Indiana Jones", al lado de "Las minas del rey Salomón" y "Jake Speed, la aventura de África".
Naturalmente, siendo director, David Keith se deja las peyas para mostrarse a sí mismo como un superhéroe invencible, ocurrente, golfo, totalmente deseado por cualquier cosa en este planeta que disponga de vagina, infalible en su cometido y que luce un uniforme "indianajonesco" bien molón (con una primera aparición chocante, durmiendo la borrachera y totalmente cubierto de la sangre de un cocodrilo que el cabrón acaba de despellejar). Y la verdad es que encaja en el papel, incluso esta ocasión me pareció algo menos insufrible. A su lado tenemos a la mentada Kathy Shower, que está un rato rica y venía de posar en las páginas de "Playboy". A lo largo de su trayectoria cinematográfica, y como era de suponer, intervino en un puñado de películas de alto contenido pajillero (sobre todo cuando el "thriller erótico" video-clubero se puso de moda), pero también en chungueces como "American Kickboxer 2", "Cyber-CHIC" o "Commando para matar" de ese ente omnipresente que es Fred Olen Ray. A su ladito, un veterano, Sydney Lassick, de "Alguien voló sobre el nido del cuco" o "Carrie" y que también se dejaba ver en "Patrulla de noche", el infame "exploit" de "Loca academia de policía". Justamente, y curiosamente, en las primera y tercera entregas de esa misma saga podemos ver al cuarto en discordia, Brant von Hoffman, quien interpretara al "Sargento Kyle Blanks" en aquellas y al cazador millonario tonto finalmente decapitado en la que nos ocupa.
David Keith no volvería a dirigir hasta pasados quince años con "Waterville", un "thriller" sin la más mínima repercursión. De mientras, y hasta nuestros días, le hemos seguido viendo en pelis gordas con papeles secundarios, en pelis pequeñas de prota y en un porrón de productos televisivos.
domingo, 17 de abril de 2016
LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA DEL VHS) DE “INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO”
Hoy tiramos de algo fácil, los fotocromos de un blockbuster ochentero, de esos que ahora a todos dios le flipan y pobre de quien diga algo malo, pero que cuando se estrenó en su momento raro era el crítico que no lo despellejaba, y más el caso que nos ocupa, la secuela de “En busca del arca perdida” culpable, junto a “Gremlins”, de que la MPAA se sacara de la manga la clasificación “PG”, es decir, para menores acompañados, sello este destinado a aquellas pelis demasiado fuertes pa la familia, pero no tanto como para limitarlas a plateas adultas. Bobadas, no era más que un modo como cualquier otro de asegurar que el dinero siguiera brotando de las taquillas.
En el caso de “Indiana Jones y el templo maldito”, el material escabroso lo comprendían una secuencia de sacrificio bastante impactante y, sobre todo, el salvaje mal trato continuo a menores de edad, ideado todo ello por George Lucas y Steven Spielberg, el primero en pleno divorcio y el segundo recién separado, de ahí que volcaran toda su mala leche en el proyecto. Ahora ambos se “arrepienten” un poco, pero a mi "me impogta un cagajo".
A diferencia de la primera, más “seria y adulta”, más clasicorra, esta es un auténtico carrusel imparable que transcurre a velocidad de vértigo, pero también algo chorras. La última vez que la vi no pude acabarla. No sé, cosas de la edad.
Ahí van los entrañables fotocromos cortesía del “Mola Ram” de Sitges, Alex Gardés, propietario y guardián de los mismos (y la caratula del VHS, ¡pero esa es mía!).
En el caso de “Indiana Jones y el templo maldito”, el material escabroso lo comprendían una secuencia de sacrificio bastante impactante y, sobre todo, el salvaje mal trato continuo a menores de edad, ideado todo ello por George Lucas y Steven Spielberg, el primero en pleno divorcio y el segundo recién separado, de ahí que volcaran toda su mala leche en el proyecto. Ahora ambos se “arrepienten” un poco, pero a mi "me impogta un cagajo".
A diferencia de la primera, más “seria y adulta”, más clasicorra, esta es un auténtico carrusel imparable que transcurre a velocidad de vértigo, pero también algo chorras. La última vez que la vi no pude acabarla. No sé, cosas de la edad.
Ahí van los entrañables fotocromos cortesía del “Mola Ram” de Sitges, Alex Gardés, propietario y guardián de los mismos (y la caratula del VHS, ¡pero esa es mía!).
viernes, 27 de mayo de 2011
LA GRAN RUTA HACIA CHINA
Por todos es sabido -y si ese no es tu caso, deberías fustigarte- que Tom Selleck iba a ser "Indiana Jones". Y así habría sido si sus obligaciones laborales con la serie "Magnum P.I." no se lo hubiesen impedido. Puedo imaginarme al del mostacho aún a estas alturas de la vida maldiciendo el perder semejante oportunidad. Tal vez por eso aceptara el rol protagonista de "La gran ruta hacia China", para desquitarse. Porque sí, puede que esta peli tenga más clase y calidad que otras imitaciones del hit de Spielberg, pero en esencia no deja de ser eso, un "exploit" más de la moda que entonces imperaba, la del regreso a la gran aventura "clásica". Y si por un lado con "Indiana Jones" esta última palabra debe tomarse un tanto pallá por toda la amalgama de efectos especiales y modernidades de las que hacía gala "En busca del arca perdida" y secuelas, con "La gran ruta hacia China" se trata de algo literal. Digamos que en este film se apuesta por un tono mucho más realista, sin demasiadas estridencias ni salidas de tono... lo que a la larga no le beneficia na de na.Una rica heredera se entera de que si su desaparecido padre no se presenta en un juzgado en doce días, perderá toda su fortuna. Así que contrata al típico golfo-simpático-aventurero-aviador de turno para ir a por el viejo (¡"En buca del padre perdido"!). Claro que otros elementos querrán impedírselo, dando pie así a una supuesta aventura llena de peligros.
En su época fui al cine a ver "La gran ruta hacia China" acompañado de mi hermano. Y me aburrí soberanamente. Lógico si tenemos en cuenta que, por edad, yo esperaba un espectáculo pirotécnico a lo Spielberg. El caso es que no la había vuelto a ver desde entonces, y ayer pensé "Enga, tal vez el paso de los años y mi madurez contribuyan a que sepa aceptarla y valorarla mejor". ¿Resultado?, ayer me aburrí como una ostra!!!!!!, tanto como cuando era pequeño. Así pues, no se trataba de una apreciación errónea, "La gran CAGARruta hacia China" es un film pesado, carente de garra, de ritmo, es monótono y soso, no vibra, no emociona. Vamos, que su intento de recuperar la aventura pre-Spielberg fue muy loable... pero los tiempos habían cambiado y sufrió las consecuencias.
Para bostezar.
miércoles, 10 de marzo de 2010
BRADDOCK: DESAPARECIDO EN COMBATE 3
Probablemente esta peli, más que ninguna otra en la filmografía de Chuck "cara de palo" Norris, sea el inicio de su decadencia. El tipo venía de vivir su etapa de mayor éxito, con films que funcionaban estupendamente en taquilla (y en los vídeo-clubs). Pero nada dura eternamente, y su estrella se fue apagando, apagando hasta quedar relegado a lo que es hoy, un rostro televisivo de segunda al que absolutamente nadie toma en serio.Tal vez conscientes de ese cambio, los señores de la "Cannon", o el propio Norris, que para algo es co-guionista y cuenta con su hermano Aaron en la dirección, decidieron recurrir a una franquicia que "garantizaba" buenos dividendos y, de paso, "limpiar" sutilmente la imagen del actor. Digo "sutilmente", porque un film del prota de "Invasión USA" sin violencia, muertos y propaganda patriotera (y más en esa época) sería como una "Fanta" sin gas. Pero sí... en "Braddock: Desaparecido en combate 3" Norris no mata a nadie hasta la hora de metraje (previamente solo se sirve de patadas karatekas de esas que dejan k.o.), salva a un montón de niños (todos ellos vietnamitas de padre americano, que no falte), a un cura y resulta que tiene una mujer (asiática) y un hijo. Diría más, da la sensación de que se esfuerzan por convertir a "Braddock" en un especie de mezcla entre "Indiana Jones", "James Bond" y "Rambo", pues hay más secuencias "aventureras" (todo el paripé del camión perseguido por un helicóptero, o lo del avión) que material propio de una epopeya de guerra o acción línea "macho" (de hecho, todo el rollo de los críos recuerda bastante a "Indiana Jones y el templo maldito"). Por lo demás, puro Norris / "Cannon", especialmente el final, con nuestro héroe herido por una granada, medio muerto, y aún así capaz de derribar un enorme helicóptero cargado hasta las muelas de armamento. ¡Yeah!.
En esta se supone que "Braddock" da por muerta a su mujer el día que se las pira de Saigón. Sin embargo, la pava está viva, y encima es la mamá de su hijo. Cuando nuestro héroe se entera, decide volver a por ellos, a pesar de que un oficial vietnamita la mar de malo se lo pondrá muy muy difícil.
Pues eso, entretenida si te lo propones.
sábado, 21 de octubre de 2023
TEX Y EL SEÑOR DE LOS ABISMOS
Teniendo en cuenta que el western no me tira casi nada, y su versión italiana muchísimo menos, ¿qué demonios hago yo viendo y reseñando una "del ramo"? Pues porque hay una historia detrás que marca cierta diferencia. "Tex" es, junto a "Diabolik" y "Dylan Dog", uno de los astros indiscutibles del comic ítaloparlante. Supe de su existencia a raíz de que mi querida y recurrente prensa francesa hablara en sus páginas de "Tex e il signore degli abissi", la primera traslación a la gran pantalla, en carne y hueso, del personaje, encarnado además por alguien tan adecuado como el gran Giuliano Gemma y dirigida por un auténtico especialista, Duccio Tessari. ¿Y a qué se debía tal interés si, como digo, la cosa iba del oeste? Porque, tal y como lo vendían en Francia, parecía la enésima versión "exploitativa" de "Indiana Jones", más teniendo en cuenta que el film venía fechado nada menos que en 1985, cuando el western -espagueti o no- andaba casi casi bajo tierra (la gran excepción aquí sería "Silverado" de ese mismo año, pero ya me entienden) Así pues, aprovechando mi viaje de fin de curso a Italia, recorrí los quioscos de la zona buscando un tebeo de "Tex", hasta que lo encontré y me llevé una gran decepción al descubrir que eran las historias de indios y vaqueros tradicionales (nota: en uno de aquellos intentos, topé con un quiosquero veneciano que no me lo quiso vender por ser del país que era/soy. Además, entonces desconocía por completo que el personaje había sido editado en España) Por todo ello, cuando finalmente la película llegó a nuestros video-clubs, cortesía de "Vision Films Video", mi posible interés se había reducido a cero.
Hay que aclarar que lo del parentesco con "Indiana Jones" es exclusivamente cosa de uno de los carteles disponibles, gloriosamente ilustrado por E.Sciotti. Ahí aparece hasta con látigo -utensilio que "Tex" NO usa en la película-, y unas pintas más propias del famoso arqueólogo, metido en un especie de templo maldito. El cartel oficial es distinto, y no resulta tan tramposo, mucho más fidedigno al lenguaje genuino del western de toda la vida. Entonces, ¿el rollo "Indy" es cosa del aquí expuesto o está en el largometraje? Pues estar, está.
Al no haber leído con atención ningún tebeo de "Tex", no puedo afirmar ni negar que esos toques más fantasiosos sean cosa exclusiva del film. Pero algo me dice que fue una imposición de los productores, teniendo claro como tenían que, en plenos años 80, y con el cine Spielbergiano de aventuras fantásticas petándolo, era el único modo de encarar la materia si pretendían despertar el interés del público, especialmente el de tirón juvenil, bastante ajeno al western. No es la primera vez que lo vemos. Un caso muy muy parecido -y mucho más descarado- lo tenemos en la traslación del aviador británico de novela "Biggles" a la gran pantalla, metiéndolo en un berenjenal de ciencia-ficción nada propio de él.
En cualquier caso, la historia de "Tex y el señor de los abismos" gira en torno a un carro mangado repleto de rifles. Recurren al prota para localizarlo y castigar a los culpables. Entre medias, aparece una tribu de indios que odian al blanco invasor y, con la excusa de adorar a un dios azteca, solo quieren destruirlo. Esta última parte es la que toma prestados más elementos del cine Spielbergiano. Para empezar, los dardos que lanzan convierten instantáneamente a sus víctimas en momias gracias a un encantador, aunque algo tosco, efecto especial (cortesía de los hermanos Paolocci, quienes a partir de ahí currarían en títulos tan variados como "Miedo Azul", "Body Count", "Los bárbaros" y algunas películas de Bruno Mattei o Claudio Fragasso). Además, responden a las órdenes del tal señor del abismo, un menda vestido con harapos instalado en una gruta repleta de lava. El enfrentamiento final con "Tex" es de lo más tonto y deslucido (induce a pensar aquello de "¿tanto rollo para esto?") aunque, eso sí, da pie a que la gruta se derrumbe y el volcán estalle. Ya saben.
Entre las cosas buenas, los tiroteos, intensos. Los "stunts", algunos espectaculares. La polvorienta ambientación. Y que no hay historia de amor. De hecho, el único personaje femenino de toda la película es una india malvada de escasa presencia. Curioso.
Al estar rodada en España -inevitable-, los rostros autóctonos ya legendarios son innumerables, algunos con roles escuetísimos: Aldo Sambrell, José Luis de Vilallonga, Charly Bravo, Frank Braña o Ricardo Palacios. Diría que también ronda Tony Isbert. Completa la tarta "eurotrash" la presencia de William Berger como el habitual colega de "Tex", "Kit Carson".
Me gustó más el arranque que la parte final, pero bueno, considerando su naturaleza, el visionado terminó resultando pasable. Ya es algo.
Hay que aclarar que lo del parentesco con "Indiana Jones" es exclusivamente cosa de uno de los carteles disponibles, gloriosamente ilustrado por E.Sciotti. Ahí aparece hasta con látigo -utensilio que "Tex" NO usa en la película-, y unas pintas más propias del famoso arqueólogo, metido en un especie de templo maldito. El cartel oficial es distinto, y no resulta tan tramposo, mucho más fidedigno al lenguaje genuino del western de toda la vida. Entonces, ¿el rollo "Indy" es cosa del aquí expuesto o está en el largometraje? Pues estar, está.
Al no haber leído con atención ningún tebeo de "Tex", no puedo afirmar ni negar que esos toques más fantasiosos sean cosa exclusiva del film. Pero algo me dice que fue una imposición de los productores, teniendo claro como tenían que, en plenos años 80, y con el cine Spielbergiano de aventuras fantásticas petándolo, era el único modo de encarar la materia si pretendían despertar el interés del público, especialmente el de tirón juvenil, bastante ajeno al western. No es la primera vez que lo vemos. Un caso muy muy parecido -y mucho más descarado- lo tenemos en la traslación del aviador británico de novela "Biggles" a la gran pantalla, metiéndolo en un berenjenal de ciencia-ficción nada propio de él.
En cualquier caso, la historia de "Tex y el señor de los abismos" gira en torno a un carro mangado repleto de rifles. Recurren al prota para localizarlo y castigar a los culpables. Entre medias, aparece una tribu de indios que odian al blanco invasor y, con la excusa de adorar a un dios azteca, solo quieren destruirlo. Esta última parte es la que toma prestados más elementos del cine Spielbergiano. Para empezar, los dardos que lanzan convierten instantáneamente a sus víctimas en momias gracias a un encantador, aunque algo tosco, efecto especial (cortesía de los hermanos Paolocci, quienes a partir de ahí currarían en títulos tan variados como "Miedo Azul", "Body Count", "Los bárbaros" y algunas películas de Bruno Mattei o Claudio Fragasso). Además, responden a las órdenes del tal señor del abismo, un menda vestido con harapos instalado en una gruta repleta de lava. El enfrentamiento final con "Tex" es de lo más tonto y deslucido (induce a pensar aquello de "¿tanto rollo para esto?") aunque, eso sí, da pie a que la gruta se derrumbe y el volcán estalle. Ya saben.
Entre las cosas buenas, los tiroteos, intensos. Los "stunts", algunos espectaculares. La polvorienta ambientación. Y que no hay historia de amor. De hecho, el único personaje femenino de toda la película es una india malvada de escasa presencia. Curioso.
Al estar rodada en España -inevitable-, los rostros autóctonos ya legendarios son innumerables, algunos con roles escuetísimos: Aldo Sambrell, José Luis de Vilallonga, Charly Bravo, Frank Braña o Ricardo Palacios. Diría que también ronda Tony Isbert. Completa la tarta "eurotrash" la presencia de William Berger como el habitual colega de "Tex", "Kit Carson".
Me gustó más el arranque que la parte final, pero bueno, considerando su naturaleza, el visionado terminó resultando pasable. Ya es algo.
martes, 16 de agosto de 2011
BIGGLES, EL VIAJERO DEL TIEMPO
Es evidente que con esta película los ingleses intentaban comerse una porción de tarta Hollywoodiense. Estamos en plenos años ochenta, y el cine espectáculo de efectos especiales y aventuras mil triunfa más que nunca. Los habitantes de las islas británicas, hartos de su cine gris y anti-popular, decidieron tirar la casa por la ventana juntándose con yankis e invirtiendo mucha guita en un film modernísimo, repleto de acción y diversión para todos los públicos que fuera la respuesta patria a "Indiana Jones". ¿Y para qué tomarse la molestia de inventarse un personaje nuevo, disponiendo ya de todo un héroe de novela local como era el mentado Biggles (apodo de "James Bigglesworth")?, piloto de guerra creado por el escritor W.E.Johns durante los años 30, destinado a lectura juvenil (y parodiado por Monty Python en su serie de tv). Naturalmente, el plan era modernizarlo para el público de los años 80, así que situamos la acción principal en el presente, concretamente en Nueva York. Un agente de publicidad, con un remalazo a Mark "Luke Skywalker" Hamill, se convierte por azar (nunca nos explican ni la razón, ni el cómo) en viajero del tiempo, regresando al año 1917 y ayudando a Biggles en su batlla contra los alemanes. Así la historia se desarrollará entre ambas épocas y con un mismo fin, destruir una nueva y poderosa arma sónica que los germanos tienen muchas ganas de utilizar. Todo ello aderezado con unos títulos de crédito horripilantes en plan rayitos, letras de neón y tecno-pop horterísimo y en general una banda sonora repleta de canciones muy de la década, bastante indigestas.
Según me consta, el elemento ciencia ficción fue algo impuesto por la peli para adaptarse a las nuevas tendencias, es decir, que en las novelas originales nunca hubo nada de eso. Y es evidente que la intención era crear una franquicia, un nuevo "James Bond", y así lo vendieron en su época, pero el estrepitoso fracaso de la empresa a todos los niveles, jorobó el plan. Recuerdo perfectamente el momento. Como era lo habitual en mi, me obsesioné con aquella película y aquel personaje... bastante antes del estreno. Me moría de ganas de llevarme otro "Indiana Jones" al buche. Sin embargo, no pregunten por qué, cuando finalmente llegó a nuestras carteleras, perdí todo interés y no fui a verla. De hecho, y es algo que no deja de ser gracioso, jamás la vi, ni en video. Ayer, 15 de Agosto del 2011 fue mi "primera vez".
Y bueno, no está ni tan mal. Se nota algo envejecida, pero resulta un entretenimiento bastante aceptable. Llegados al minuto 45 (que es cuando comienzo a cansarme de todas las pelis que consumo), tienen el acierto de dar un nuevo giro emocionante a la trama que logra reengancharte. Eso sí, el desenlace es de lo más deslucido... y el final-final tópico (la pareja prota ¡¡se casa!!) y ridículo.
Por ahí pulula el gran Peter Cushing en lo que fue su última interpretación. Se los come a todos con patatas y té.
El director, John Hough, tiene en su curriculum títulos tan emblemáticos como "La leyenda de la mansión del infierno", "Drácula y las mellizas", "La montaña embrujada", "Objetivo: Patton", "El triunfo de un hombre llamado caballo" y "Escóndete y tiembla".
AH!!, naturalmente, tratándose de Inglaterra y los 80, no pueden faltar punks... punks, neogóticos y nuevos románticos que, ejem, escuchan a "Motley Crue". Pero por una vez no son malos, al contrario, ayudan a Biggles y su amigo en el tiempo a escapar de las redes de la policía. Simpática escena.
En definitiva, una película agradable.
sábado, 15 de junio de 2019
SESIÓN DOBLE : LA LEYENDA DE RAGNAROK + PRESA
La leyenda de Ragnarok : Un arqueólogo -y padre viudo- anda obsesionado con resolver un misterio relacionado con la presencia de vikingos en cierta parte de Noruega. Un día, un socio le trae una especie de mapa hecho en piedra que demuestra que sus teorías no andan desencaminadas, así que se pira a un lago en busca de respuestas, arrastrando con él a sus hijos. Encontrará cascos, espadas y esqueletos sí, pero también al monstruo gigantesco que daba sentido al mito de Ragnarok.
Si a alguien se le pasa por la cabeza la palabra "oportunismo" con respecto a cierto blockbuster con superhéroe, que sepa que "La leyenda de Ragnarok" le precedió cuatro años. Y si no lo digo, reviento: me hizo mazo de ilusión ver escenas rodadas en un museo Vikingo que tuve el honor de visitar en mis vacaciones por allá Oslo hace ahora tres años.
"La leyenda de Ragnarok" es un producto del montoncillo pero que se puede ver sin problemas y entretiene lo justo.
Presa : En estos tiempos que corren en que todo se reivindica, me sorprende que el fandom siga ignorando de forma tan drástica a alguien como Dick Maas. No olvidemos que este caballero tiene en su haber un pequeño clásico de los ochenta, "El Ascensor", además de cosas tan dignas y/o populares como "Amsterdamned, misterio en los canales" y "Una familia tronada". Incluso trabajó para la serie "Las aventuras del joven Indiana Jones". ¿Será porque no es norteamericano?. A saber!.
Independientemente de ello, Maas continúa haciendo películas y aunque ninguna de ellas sea la repolla, son productos dignos que cumplen con su principal función, que es la de entretener.
Eso mismo podemos aplicar a este "Presa", parida en 2016 y que, de momento, se erige como su último largometraje concluso. Otra muestra más de una trama que encajaría perfectamente en el "Syfy Channel" por su trillado argumento: Un león aparece en Amsterdam y comienza a atacar a todo quisqui. Las autoridades contactan con una zoologa para que ayude. Esta traerá a un ex novio que es experto cazador y que será quien se enfrente con el animal hasta sus última consecuencias.
Nada nuevo bajo el sol. El león es puro CGI de calidad media/alta. Pero no molesta. Dick Maas trufa toda la peli con esos típicos momentos de comedia tan incordiantes que le gustan. Pero ya lo sabemos y no se lo tenemos en cuenta. Y finalmente, como guinda, unas dosis de truculencia agradecida y cierta mala leche que, supongo, no estaría de ser un producto Hollywoodiense. Concretamente el león se zampa a un par o tres de críos y sin florituras que valgan.
Así las cosas, "Presa" se erige como una peliculita prescindible, de Domingo por la tarde, pero que se deja ver sin mayores problemas gracias a las indiscutibles tablas del amigo Maas.
"La leyenda de Ragnarok" vendría a ser como una película de las que hace "Syfy Channel", pero bien. Su procedencia Noruega marca una leve, muy leve, diferencia con respecto a los productos con monstruo costroso típicos del canal en cuestión. Cierto que la trama no deja de ser algo previsible, y las salidas narrativas también bastante evidentes, pero aquí digamos que el tono es más calmado, más realista, mejor explicado, interpretado y dirigido. Amén de que el bicho de rigor sea menos chapucero de lo habitual.
Mikkel Brænne Sandemose, responsable del "slasher" "Fritt vilt III / Cold Prey 3", se marca una de aventuras y fantasía casi para toda la familia con irremediable tufo Spielbergiano (Indiana Jones + Parque Jurásico, por así decirlo) pero haciendo gala de una sobriedad que alguien afirmaría es propia del supuesto gélido carácter del país productor. Tanto le molan estas movidas a Sandemose, que repitió en 2017 con "La leyenda del gigante de la montaña" y su respectiva secuela recién estrenada.
Si a alguien se le pasa por la cabeza la palabra "oportunismo" con respecto a cierto blockbuster con superhéroe, que sepa que "La leyenda de Ragnarok" le precedió cuatro años. Y si no lo digo, reviento: me hizo mazo de ilusión ver escenas rodadas en un museo Vikingo que tuve el honor de visitar en mis vacaciones por allá Oslo hace ahora tres años."La leyenda de Ragnarok" es un producto del montoncillo pero que se puede ver sin problemas y entretiene lo justo.
Presa : En estos tiempos que corren en que todo se reivindica, me sorprende que el fandom siga ignorando de forma tan drástica a alguien como Dick Maas. No olvidemos que este caballero tiene en su haber un pequeño clásico de los ochenta, "El Ascensor", además de cosas tan dignas y/o populares como "Amsterdamned, misterio en los canales" y "Una familia tronada". Incluso trabajó para la serie "Las aventuras del joven Indiana Jones". ¿Será porque no es norteamericano?. A saber!.
Independientemente de ello, Maas continúa haciendo películas y aunque ninguna de ellas sea la repolla, son productos dignos que cumplen con su principal función, que es la de entretener.
Eso mismo podemos aplicar a este "Presa", parida en 2016 y que, de momento, se erige como su último largometraje concluso. Otra muestra más de una trama que encajaría perfectamente en el "Syfy Channel" por su trillado argumento: Un león aparece en Amsterdam y comienza a atacar a todo quisqui. Las autoridades contactan con una zoologa para que ayude. Esta traerá a un ex novio que es experto cazador y que será quien se enfrente con el animal hasta sus última consecuencias.
Nada nuevo bajo el sol. El león es puro CGI de calidad media/alta. Pero no molesta. Dick Maas trufa toda la peli con esos típicos momentos de comedia tan incordiantes que le gustan. Pero ya lo sabemos y no se lo tenemos en cuenta. Y finalmente, como guinda, unas dosis de truculencia agradecida y cierta mala leche que, supongo, no estaría de ser un producto Hollywoodiense. Concretamente el león se zampa a un par o tres de críos y sin florituras que valgan.
Así las cosas, "Presa" se erige como una peliculita prescindible, de Domingo por la tarde, pero que se deja ver sin mayores problemas gracias a las indiscutibles tablas del amigo Maas.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (37): TATIANA JONES, LA PRIMA MANGUI DE INDIANA
Semejante caratula me ha llevado de cabeza lo últimos meses. Quería analizarla en nuestra querida sección dedicada al caratuleo chungo, pero no sabía por dónde comenzar. No bastaba con comentar el origen real y legítimo de las imágenes que luce, tenía que ir más allá, tenía que... en fin, ver la puta película. Ante la duda de no saber si iba a lograrlo, la dejé aparcada junto a un puñado de tantas otras que tengo en stand by, a la espera de poder arrojar luz sobre ellas.
Pues suerte que lo hice, porque, por avatares del destino, se me presentó la ocasión de poder disponer de una copia de "Tatiana Jones" en su formato VHS, gracias a la generosidad de nuestro viejo amigo Enorm. De hecho, mientras tecleo esto la tengo puesta en el vídeo y lo estoy flipando mucho. Pero antes de desvelar qué se esconde tras tan enigmático producto, estudiemos un poco la fantabulosa caratula, una obra maestra del recorta y pega. Y del morrazo.
¿Y qué tenemos aquí?, pues esto...
A Alan Rickman amenazando con una pistola a Bonnie Bedelia. Él interpreta al villano y ella a la esposa del héroe. Y resulta que este no es otro que "John McClane", es decir, Bruce Willis. Y la película, obvio, "Jungla de cristal", la buena, la primera.
Siguiente...

Podríamos pensar que la distribuidora "A.V.O." (¿?) intenta hacernos creer que Alan Rickman y Bonnie Bedelia actúan en "Tatiana Jones", pero no, estoy seguro de que el pazguato que diseñó la caratula con la tijeras y el pegamento de barra ni les conocía. Sin embargo, no me creo que no supiera quien es Jackie Chan que, como ven, sale en esta foto en pleno ataque de adrenalina.
Otra...
Otra...
Alan Rickman, Bonnie Bedelia, Jackie Chan y ahora, la maciza Sybil Danning posando en plan modelo con la pistola de "V". Esta foto la tenía vista de las páginas de un "L´Ecran Fantastique", en un artículo dedicado a, cómo no, las "Scream Queens".
El resto de imágenes no las sitúo. La del coro de mozas me suena a biopic de la "Ronettes" o algo por el estilo.
Y ahora vayamos a por la película en si misma.
El título, de ultra-evidente procedencia e intención, es lo más desvergonzado de todo el pitote, porque, sí queridos, NADA tiene que ver con la obra que contiene tan misteriosa cinta, pero es que NADA DE NADA. Intentan argumentar la trola con una imagen de una mano sujetando un revólver (sin duda, extraído de otra caratula que, al menos hasta hoy, no he podido bautizar) y, cómo no, con esa tipa "vestida" en plan futurista (ojo al arma láser que sujeta), puro reclamo pa salidos pero que, esta sí, no desentona tanto con lo que veremos.
Resumiendo, que nos venden "Tatiana Jones" como una de acción y aventuras, con suspense y tal... y si no, lean atentamente la sinopsis de la parte trasera...
Pues sí, pero no.
Sí hay un periodista haciendo un reportaje, pero no del mundo del espectáculo en general, sino de un local en concreto, el "Crazy Horse" de Paris que aún anda activo a día de hoy. Naturalmente olvídense de aventuras, amor, celos y pasiones... y mucho más de disparos y suspense. "Tatiana Jones" es el título español (se trata del único país donde se desviaron tanto del original, es lo que tiene disponer de una cultura basada en el engaño y la estafa) de "Crazy Horse de Paris", dirigida, escrita y más o menos protagonizada el año 1977 por Alain Bernardin (no sabemo quién demonios es ese P.Navarre, que ni aparece en los créditos iniciales). Y resulta que el tal Bernardin (que se suicidó en 1994) era el dueño y fundador del mentado "Crazy Horse", famoso cabaret de alto standing especializado en números de vedettes bailando y enseñando las tetas. A veces aparece por el escenario algún humorista o ventríluoco, pero sin hacer demasiado ruido. Vamos, que eso de "un director de cine decide investigar...." es otra puñetera falacia.
Y no, "Tatiana Jones"/"Crazy Horse de Paris" no es como "Showgirls", en realidad se trata de algo parecido a un documental... pero tampoco, porque todo lo que vemos en el es pura recreación, así que lo dejaremos en docu-ficción o, más sencillo aún, panfleto propagandístico para el puñetero local, una promo muy larga, como esas grabadas en vídeo que se producían en nuestro país sobre populares espectáculos teatrales. El hilo conductor es un especie de periodista Escocés muy poco agraciado que asiste al show, se empapa de ver tetas (y nosotros con él) y al final termina la mar de contento y feliz por lo presenciado. Justamente, lo opuesto a nosotros.
Que fascinante y, a la par, decepcionante, ¿verdad?.
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