No se muy bien el motivo, pero no me gusta hacer reseñas del películas amateur españolas. Podría muy bien incluso currarme un blog actualizando a diario con este tema, pero no me apetece, quizás porque la mayoría iban a ser malas reseñas, no iba a poder valorarlas como una peli normal, o por lo que sea. El caso es que si lo hago, me rijo siempre por un factor; que la película en cuestión haya sido editada en dvd con fines comerciales y/o se haya estrenado en cines bajo el precio de una entrada (por ejemplo, "Ellos robaron la picha de Hitler"). Entonces, ya es otra cosa. Al desembolsar yo equis euros para adquirir un producto, considero que ese ya está listo para encajar las opiniones, buenas o malas, y yo me veo en mi perfecto derecho de hacerlo, puesto que he pagado por algo.En este caso, todo esto que digo se queda en agua de borrajas, puesto que lo que viene a continuación es una buena reseña.
Dentro del panorama de videoastas que se sacan como pueden las castañas del fuego, rodando con el mínimo de medios y el máximo de ilusión, destacan por méritos propios el tándem formado por José Antonio García en la producción, e Ivan G. Anderson e las labores creativas (guion, dirección…). Película que ejecutan, película con la que logran distribución comercial en dvd.
Ya defendí en su momento "Psicofonías 1.0", calibrando los medios de los que disponía esta gente y lo que se veía en pantalla, quedándoles, en mi opinión, una película de terror más que digna. Pero con esta "Poniponchi", ya me declaro incluso admirador del tándem (es muy, muy difícil que yo diga esto de alguien amateur), pues con los mismos medios han logrado ofrecernos una película mucho mejor. Cierto es que la comedia es un género mucho más fácil a la hora de ejecutarlo, pero hacer una de travestis, de más de dos horas y salir airosos (no aburre ni un ápice) es ya una proeza en este tipo de productos.
La cosa va de un travesti de pueblo que debe llevar su condición a escondidas porque es banquero. Tras equis acontecimientos, decide marcharse a emprender una nueva vida a Madrid, donde le sucederán montones de cosas, algunas divertidas, otras tristes, pero todo contado de manera agradable y con mucho ritmo.
Lo cierto es que no es nada novedosa la cosa, es un hibrido entre las comedias de Paco Martínez Soria con Almodóvar y John Waters, algo manido, y hasta si me pongo cabrito, pasado de moda. Pero eso es lo de menos, ya que como he dicho antes, la peli se sostiene en sus dos horazas de la forma mas divertida, disfrutando con las tropelías de la poniponchi, y disfrutando estéticamente del “steadycam”, de lo cuidado de algunos planos, pero también de lo tosco y chabacanos de otros (que la tosquedad y el chabacanismo en absoluto tienen por que ser malos). Y es que si algo tiene, y le falta a la mayoría de pelis de estas características, es personalidad, la de Ivan G. Anderson, que con su segunda película ya ha creado un universo propio y diferenciable.
Lo mejor, sin duda, es que no intenta disimular su condición de cutre, la película es consciente de serlo y a un sonido horroroso, se le añade eso que tanto jode a los “cinema students” que es unos saltos de eje que duelen a la vista y no se corrigen, lo que en mi opinión es un logro, jamás un fallo (¿por qué en cine todo tiene que ser perfecto? ¿por qué regirse por el patrón establecido?).
Quiero destacar también la formidable interpretación de Álvaro de la Torre, que con su aspecto totalmente masculino, logra crear una Poniponchi de lo más creíble.
En el cast también gente habitual del entorno gay como Psicosis Gonsales, La Prohibida, Nacha la Macha o Malena Gracia.
Muy maja.