Al maestro Sho Hai, que lleva años fuera de casa embriagándose
y practicando el estilo del mono borracho, le ha salido un hijo al que descubre
en una de sus esporádicas visitas al hogar conyugal. Este es un completo inútil
sin disciplina ninguna, así que, cuando su esposa le pide que enseñe al vástago
esa técnica, este se niega.
Un buen día llega a la ciudad un maestro que practica la técnica
de la pantera borracha, y logra vencer a Sho Hai, hasta entonces imbatido, pero
gracias a la aparición de su hijo, logra
salvar la vida, aunque queda enfermo. Al ir a buscar medicinas para su anciano
padre, el torpe muchacho se topa con un extraño brujo que practica el estilo de
las enfermedades, con el que cree que podrá enfrentarse al maestro de la pantera borracha.
La películas de Kung Fu clásico están todas cortadas por el
mismo patrón. Independientemente de si son comedias, como es el caso, o dramas, es el género que más se parece al porno en el sentido de que son
todas iguales. Con tan solo cinco minutos de visionado, ya se puede prever
como se va a desarrollar el resto de la película. Hagan la prueba, verán como
adivinan los argumentos.
Sin embargo, de entre
la millonada de directores y corógrafos que pueblan el género, hay uno que les
da a sus películas un toque especial (no en vano, acabó siendo coreógrafo de
productos made in Hollywood, “The Matrix” como ejemplo); Yuen Woo Ping,
director del título más famoso del cine de Kung fu de todos los tiempos, “El
mono borracho en el ojo del tigre”. Sus películas tienen un encanto especial, y
las sabe dotar de un entretenimiento casi infantil, que las sitúa un
renglón más arriba que las de sus coetáneos.
De “El mono borracho en el ojo del tigre” existen millones
de imitaciones, secuelas bastardas e incluso plagios, muchos de ellos también
protagonizados por Jackie Chan, pero no se dejen engañar: La saga de “Drunken
Master” (que es el título internacional de “El mono borracho en el ojo del
tigre”) la componen únicamente tres films. Olvídense de “Drunken Master 2” o de “La serpiente a la
sombra del águila” que, aunque igualmente disfrutables, nada
tienen que ver con las aventuras de Fei
Hung (hijo del mítico personaje de la cultura popular China Wong Fei Hung) y el
maestro Sho Hai. Las tres películas oficiales son “El mono borracho en el ojo del tigre” que cuenta la historia de Fei
Hung en su primer y único encuentro con el maestro Sho Hai, su inmediata
continuación, esta “La danza de la pantera borracha” que sigue la historia
de Sho Hai, pero ya sin la presencia de Fei Hung y, ya en los 90 “La leyenda
del luchador borracho” con un Fei Hung entradito en años y donde se da a
entender que el maestro Sho Hai lleva tiempo criando malvas.
A título personal, la mejor de las tres es esta “La danza de
la pantera borracha”, no ya solo por las impresionantes coreografías, el
entretenimiento que nos ofrece o la historia, sino por quitarse ese lastre que
supone el ser “una película de Jackie Chan”, pese a la fama y carisma que sin
duda arrastra su protagonista, el mítico Yuen Hsiao Tien (o Simon Yuen para los
yankis) y resultar una película infinitamente mejor que su predecesora, que aún
con Chan como principal reclamo, tiene una trama demasiado sencilla, más
incluso de lo habitual.
Las comedias de Kung Fu van todas al grano, una historia simple
y material de relleno entre medias como
excusa para dar paso a las escenas de artes marciales. Por supuesto, esta no
es diferente, salvo porque tiene ese tufillo a lo Yuen Woo Ping que hace que
si ya de por si estas películas resulten agradables, las suyas lo sean un pelín
más, así que tampoco hay mucho que decir al respecto. Si acaso, aportar un dato
de la versión española, del que desconozco más detalles: En el título
internacional de la película, que es “Dance of the Drunken Mantis”, no se hace
referencia a pantera alguna, y el Kung Fu que se practica,
obviamente, es el de “la Mantis”, así que resulta
inexplicable el motivo por el que en la versión española se cambia de animal al
que emborrachar. En el doblaje no hacen más que hablar del estilo de la “pantera
borracha”, cuando debería ser “Mantis borracha”.
Un enorme clásico de la comedia de Kung Fu y, probablemente,
junto con “Le llamaban Dragón Gordo” y “El Magnifico Carnicero”, la mejor de su género. Y la más original también, sin
tener que recurrir a los vampiros saltarines ni a las excentricidades de los chinos
cuando quieren llamar la atención en una de sus películas.