LA ISLA DE LOS VIVOS: Tercera, tardía y última entrega de la famosa saga del bebé asesino (Ya saben, "Estoy vivo" y "Sigue Vivo") perpetrada, como todas, por el inefable Larry Cohen (en 2009 hubo un remake de la original por parte de otro mindundi. Que no se la recuerde resulta altamente sospechoso).
Aquí, el afligido padre de una de las criaturas convence a las autoridades de que en realidad son inocentes y merecen disfrutar de la vida en lugar de ser cazadas. Se decide pues que habitarán una isla solo para ellas. Todo va bien hasta que, pasados cinco años, una expedición acude al lugar con el fin de estudiar su evolución. Los monstruos han crecido, se han relacionado e incluso parido sus propias crías. Tras la consabida escabechina pondrán rumbo a la civilización donde... en fin, todo se volverá aún más delirante.
Aunque para delirios, los interpretativos de un habitual del clan Cohen, Michael Moriarty (lo lógico es que el padre traumado fuese el mismo de las entregas previas, John P. Ryan, pero por entonces Larry Cohen le debía tanta pasta que no se atrevía a llamarle, mucho menos proponerle un nuevo proyecto), al que el director deja improvisar y soltarse alegremente, sobre todo durante la segunda mitad del film, donde casi parece otro personaje (uno muy irritante y estúpido al que no querrías a tu lado) si lo comparamos con sus intervenciones previa y posterior, mucho más comedidas y dramáticas. ¿Afecta ello al film? No demasiado. En realidad tenía muy pocas esperanzas cuando me senté frente a "La isla de los vivos" (no lo hacía desde mi primera vez, con resultados altamente decepcionantes, cortesía del vídeo-club y "Warner Home Video") y, sin embargo, lo pasé bastante bien y, en fin, me funcionó. Larry Cohen pone toda la carne en el asador y aplica su incontestable capacidad de -haciendo otra metáfora alimenticia- dar la vuelta a la tortilla hasta tropecientas veces, logrando que el petate quede razonablemente imprevisible, nunca sepas muy bien por donde te llevará y con qué te descolocará, evitando así el inmisericorde aburrimiento que, sin dudarlo, habría sido en manos de cualquier otro cineasta.
No esperen altas dosis de sexo y violencia, porque no. De lo primero, prácticamente nada. De lo segundo, en sus justas dosis. Los efectos especiales se resuelven como buenamente pueden. A ratos los bebés son puro stop-motion y, a otros, tíos disfrazados. Pero eso es lo de menos, como digo el fuerte de Cohen son las letras y las exprime para compensar todas las carencias propias de un montante ajustado.
Sí hay ciertas cosas que llaman la atención, desde luego. Por ejemplo, la escena de introducción, con el crudo parto dentro de un taxi. Volveremos a verla no mucho después en la quinta aventura de "Harry Callahan" -"La lista negra"- como una de las terribles películas que firma el personaje de "Peter Swan". También hay helicópteros que estallan en medio del aire solo porque el piloto es atacado por uno de los monstruos bebé. Y un club punk la mar de hilarante, donde suenan dos coplas medianamente decentes -de autoría desconocida- y vemos nada menos que a Dawn Wildsmith, entonces pareja y musa de Fred Olen Ray, y a Gladys Portuguese, futura Doña Van Damme, luciendo ambas pintas de esas ridículas propias del que confunde punk con new wave y goticismo, otorgando a tan extraña mutación la capacidad de expandir la maldad injustificadamente, porque así es como debía ser entonces.
El reparto principal está a la altura de una empresa tan medianamente marciana. Karen Black interpreta a la madre del monstruo. Gerrit Graham (RIP) es un fiscal que se pirra por exterminar a los bebés. Laurene Landon una prostituta que ejerce con camisón -adelantándose a algo muy común en el cine actual-. Desconozco si entonces todavía era pareja de Larry Cohen, lo que daría sentido al dato. La guinda la pone papelito para el famoso director y guionista de comedia, Neal Israel, medio-oculto tras el alias de Neal Isreal.
BEST SELLER: El mismo año que Larry Cohen dirigía "La isla de los vivos", 1987, se estrenaba este thriller de John ("El ex-preso de Corea", "Encerrado", "Buscando Justicia", "Juego Mortal") Flynn basado en un guion de aquel. Y se nota su mano, ya lo creo, jugando con sendas ambigüedades que le dan al todo cierta frescura y razonable originalidad. Aquí la cosa va de un policía que, paralelamente y a raíz de una mala experiencia, muta en novelista de éxito. Un día se le aproxima un tipo con intención de protagonizar su siguiente obra ya que, explica, fue el despiadado sicario de un ahora famoso, respetado y poderoso gerifalte de una gran corporación al que desea desenmascarar y/o eliminar. La mitad de la película se centrará en los intentos que hace el asesino por convencer al poli/novelista de que dice la verdad y las consecuencias de todo ello cuando el magnate de doble cara se entere y decida pararles los pies.
Bien, a la simple y cruda realidad de que estamos ante un thriller intenso, sobrio, vibrante, muy de su época y perfectamente consumible, hay que incorporar -como virtud extra- las ya mentadas, aplaudidas y siempre admiradas -por mi- capacidades de Cohen a la hora de romper ciertos esquemas. En "Best Seller" el sicario es retratado en toda su humanidad (cuando visita a su familia) y casi como un auténtico héroe justiciero (sobre todo el clímax final), a la par que nos muestran lo hijoputa y despiadado que puede llegar a ser en secuencias de las que únicamente es testigo el espectador. El poli protagonista nunca tiene noticia de ellas, ni las tendrá a lo largo del metraje.
Completan el cuadro actorazos tan únicos y carismáticos como Brian Dennehy (poli/escritor), James Woods (asesino) y sendos segundones perfectamente reconocibles del calibre de Paul Shenar (luciendo la maravillosa voz de Constantino Romero), Charles ("El legado del diablo") Tyner, el todoterreno Branscombe Richmond o Mark Venturini (cabecilla de los punks en "El regreso de los muertos vivientes" y demente con malas pulgas en el quinto "Viernes 13").
sábado, 17 de octubre de 2026
sábado, 10 de octubre de 2026
THE HUNGER, EL LADO SALVAJE DEL DESEO
Originalmente, "The Hunger" era una serie comandada por los hermanos Ridley y Tony Scott. Su loable intención consistía en producir capítulos de terror destinado a un público adulto, sobre todo porque mucho de ello giraba en torno al erotismo. Hoy es algo más normal, pero en 1997 desde luego se trataba de una tarea arriesgada y novedosa. Tal vez por ello tampoco funcionó estratosféricamente, ni dejó una huella indeleble. Aunque, cuanto menos, contó con dos temporadas. En la primera el, por así decirlo, "Guardián de la Cripta" de cada capítulo era Terence Stamp (con unas "cápsulas" que aturden a base de excesos estilísticos videocliperos). En la segunda le sustituyó nada menos que David Bowie, lo que creaba un vínculo más evidente entre "The Hunger" serie y "The Hunger" película o, tal y como se llamó en España, "El Ansia". Muchos son los que no se explican por qué Tony Scott se decantó por el título de su propio largometraje para bautizar un producto televisivo en principio sin relación, desde luego no narrativamente. Sin embargo, bien mirado, sí hay un cordón umbilical -más allá de la presencia de Bowie- y consiste en las maneras, ese terror adulto "bonito" basado, como decía, en el deseo, el sexo, la pasión como elemento que consume, destruye y/o mata.
Pero no nos pongamos "profusdos", que todavía no he desayunado. La cuestión acá es que, por alguna razón desconocida, "The Hunger" -serie- a España primero llegó como largometraje compilador destinado a las salas de cine, que es donde yo la vi. Los motivos, aluego. Quedémonos con el hecho de que "Manga Films", su distribuidora, decidió rebautizarla como leen al encabezamiento. Y que unos años después, por fin, se atrevieron a lanzar el resto (lo que quedaba de la primera temporada y toda la segunda) vía formato dvd. De este modo, el film destinado a salas recogía los tres primeros capítulos de la primera temporada, que son los siguientes:
"Las espadas" cuenta la historia de una bella mujer (Amanda Ryan) destinada a no palmar nunca por mucho que le atraviesen el torso con una afilada espada. Protagoniza un espectáculo al que acude un yuppie ex-drogata (Balthazar Getty) que se pirra por tirarse a la muchacha, y lo consigue. Ella se enamora como una tonta, lo que, inevitablemente, dará pie al drama de rigor. Completa lo interesante del reparto el siempre eficaz Timothy Spall. Dirige Tony Scott himself.
La historia que suma dos llama la atención por varios factores. Primero, el título, "Menage a Trois". Después el director, Jake Scott, hijo de Ridley. Enchufe total. Y finalmente el reparto, encabezado por un joven Daniel "James Bond" Craig, seguido de la mítica Karen Black, la bella Lena Heady y un fugaz Joason Flemyng con algunos quilos de más. La cosa va de una vieja algo excéntrica cuidada por una enfermera recién llegada. Esta y el chapuzas del lugar comenzarán un tórrido romance... pero tiene truco, y no uno bonito.
"Menage a Trois" vendría a ser la más "thriller psicológico" del pack, por eso para la siguiente y tercera el cuerpo pedía género, terror puro, incluso gran guiñol. Y esta fue, justamente, la que me convenció para acudir al cine. Las críticas la destacaban especialmente por su delirio, incluso su lado risible. Y aunque nunca he confiado mucho en los gacetilleros (y menos los de la prensa de los noventa, cuando todos querían ser el más "cool" de la clase) me dije "Venga, vamos a probar". Y no, no es para tanto. Ya les decía. Pero bueno, cierto que "Necros" -así se titula- sería la más tradicional en cuanto a elemento horrorífico. No en balde está inspirada en un relato del escritor lovecraftiano Brian Lumley (ver anexo inferior). Y presenta una diabla con lengua quilométrica, rabo y que absorbe la energía vital de sus amantes hasta convertirlos en.... en.... en algo que merece verse. Dirige Russell Mulcahy, de cuando comenzaba ya a adentrarse en terrenos pantanosos. La única cara conocida del reparto es la de Leonardo Cimino, que hemos visto en chorromil películas. Algunos le recordarán como el "temible alemán" luego buen tipo de "Una pandilla alucinante". Aunque vale la pena mencionar también a la fémina, la gabacha Céline Bonnier, sin problemas a la hora de despelotarse completamente. Es decir, todas las actrices de la película salen en tetas (cosa que, viendo como anda el panorama, con señoritas luciendo decente sujetador a la hora de echar un caliqueño, es gustoso no... lo siguiente), pero Bonnier, de atractivo peculiar, es la más generosa.
Lo que queda es... pues una cosa medianamente entretenida y consumible, pero desde luego nada memorable. Sobre todo porque, si lo miras detenidamente, te darás cuenta que tras todo ese destete y esos contraluces y humaredas tan bonitas lo que queda, es decir, la narración, es de lo más tonta, elemental y poco original. Todas las tramas son muy previsibles y trilladas aunque, supongo, es el cómo vienen presentadas en imágenes donde estaría la gracia... digo yo.
Imposible resistirse a mencionar que cuando "The Hunger, el lado salvaje del deseo" fue editada a posteriori en Blu-Ray, los distribuidores exprimieron la presencia del entonces ya famoso Daniel Craig, hasta el punto de convertirlo casi en el único protagonista (en algunos casos incluso como imagen central de la carátula). Así mismo, mientras en el dvd se tiraba sutilmente de los dos hermanos Scott en plan gancho, sin especificar del todo bien su función y haciendo desaparecer a Mulcahy y al hijo de Ridley, para el Blu-Ray les otorgan directamente la película como totalmente de su autoría. Una indecorosa práctica por entonces ya algo olvidada pero, afortunadamente, no del todo muerta.
Anexo: El caprichoso pero, ocasionalmente, agradecido destino ha querido que disponga entre mis posesiones del relato impreso de Brian Lumley que inspira el capítulo titulado igual, "Necros". Cuando hace ya unos cuantos años, metido de lleno en mi recuperación de la obra de Richard Laymon, me hice con varios libros de la colección "Super Terror" de Martínez Roca, uno resultó ser la novena entrega de su famosa antología "Las mejores historias de terror". La pillé por meros motivos nostálgicos, sin genuina intención de consumirla. Hasta que, tras una breve búsqueda, descubrí que "Necros" formaba parte del contenido, así que me animé a leerlo, por aquello de la comparativa y la curiosidad. Bien, debo decir que el parecido es meramente superficial. La obra de Lumley y la de Mulcahy comparten la trama de base, el pipiolo que se encapricha de una misteriosa dama -de ciertas tendencias vampíricas- casada con un anciano, pero en lo demás no podrían ser más diferentes. Mientras el relato se decanta por sugerir de forma sobria y contenida, el producto audiovisual apuesta por el delirio de látex y sendas ideas descabelladas -y tetas-. Digamos que, si yo fuese Brian Lumley, me cabrearía el modo en que los cineastas convierten mi elegante historia en un perfecto gran guiñol a base de excesos. Por contra, el escritor nunca quiso pronunciarse al respecto.
Pero no nos pongamos "profusdos", que todavía no he desayunado. La cuestión acá es que, por alguna razón desconocida, "The Hunger" -serie- a España primero llegó como largometraje compilador destinado a las salas de cine, que es donde yo la vi. Los motivos, aluego. Quedémonos con el hecho de que "Manga Films", su distribuidora, decidió rebautizarla como leen al encabezamiento. Y que unos años después, por fin, se atrevieron a lanzar el resto (lo que quedaba de la primera temporada y toda la segunda) vía formato dvd. De este modo, el film destinado a salas recogía los tres primeros capítulos de la primera temporada, que son los siguientes:
"Las espadas" cuenta la historia de una bella mujer (Amanda Ryan) destinada a no palmar nunca por mucho que le atraviesen el torso con una afilada espada. Protagoniza un espectáculo al que acude un yuppie ex-drogata (Balthazar Getty) que se pirra por tirarse a la muchacha, y lo consigue. Ella se enamora como una tonta, lo que, inevitablemente, dará pie al drama de rigor. Completa lo interesante del reparto el siempre eficaz Timothy Spall. Dirige Tony Scott himself.
La historia que suma dos llama la atención por varios factores. Primero, el título, "Menage a Trois". Después el director, Jake Scott, hijo de Ridley. Enchufe total. Y finalmente el reparto, encabezado por un joven Daniel "James Bond" Craig, seguido de la mítica Karen Black, la bella Lena Heady y un fugaz Joason Flemyng con algunos quilos de más. La cosa va de una vieja algo excéntrica cuidada por una enfermera recién llegada. Esta y el chapuzas del lugar comenzarán un tórrido romance... pero tiene truco, y no uno bonito.
"Menage a Trois" vendría a ser la más "thriller psicológico" del pack, por eso para la siguiente y tercera el cuerpo pedía género, terror puro, incluso gran guiñol. Y esta fue, justamente, la que me convenció para acudir al cine. Las críticas la destacaban especialmente por su delirio, incluso su lado risible. Y aunque nunca he confiado mucho en los gacetilleros (y menos los de la prensa de los noventa, cuando todos querían ser el más "cool" de la clase) me dije "Venga, vamos a probar". Y no, no es para tanto. Ya les decía. Pero bueno, cierto que "Necros" -así se titula- sería la más tradicional en cuanto a elemento horrorífico. No en balde está inspirada en un relato del escritor lovecraftiano Brian Lumley (ver anexo inferior). Y presenta una diabla con lengua quilométrica, rabo y que absorbe la energía vital de sus amantes hasta convertirlos en.... en.... en algo que merece verse. Dirige Russell Mulcahy, de cuando comenzaba ya a adentrarse en terrenos pantanosos. La única cara conocida del reparto es la de Leonardo Cimino, que hemos visto en chorromil películas. Algunos le recordarán como el "temible alemán" luego buen tipo de "Una pandilla alucinante". Aunque vale la pena mencionar también a la fémina, la gabacha Céline Bonnier, sin problemas a la hora de despelotarse completamente. Es decir, todas las actrices de la película salen en tetas (cosa que, viendo como anda el panorama, con señoritas luciendo decente sujetador a la hora de echar un caliqueño, es gustoso no... lo siguiente), pero Bonnier, de atractivo peculiar, es la más generosa.
Lo que queda es... pues una cosa medianamente entretenida y consumible, pero desde luego nada memorable. Sobre todo porque, si lo miras detenidamente, te darás cuenta que tras todo ese destete y esos contraluces y humaredas tan bonitas lo que queda, es decir, la narración, es de lo más tonta, elemental y poco original. Todas las tramas son muy previsibles y trilladas aunque, supongo, es el cómo vienen presentadas en imágenes donde estaría la gracia... digo yo.
Imposible resistirse a mencionar que cuando "The Hunger, el lado salvaje del deseo" fue editada a posteriori en Blu-Ray, los distribuidores exprimieron la presencia del entonces ya famoso Daniel Craig, hasta el punto de convertirlo casi en el único protagonista (en algunos casos incluso como imagen central de la carátula). Así mismo, mientras en el dvd se tiraba sutilmente de los dos hermanos Scott en plan gancho, sin especificar del todo bien su función y haciendo desaparecer a Mulcahy y al hijo de Ridley, para el Blu-Ray les otorgan directamente la película como totalmente de su autoría. Una indecorosa práctica por entonces ya algo olvidada pero, afortunadamente, no del todo muerta.
Anexo: El caprichoso pero, ocasionalmente, agradecido destino ha querido que disponga entre mis posesiones del relato impreso de Brian Lumley que inspira el capítulo titulado igual, "Necros". Cuando hace ya unos cuantos años, metido de lleno en mi recuperación de la obra de Richard Laymon, me hice con varios libros de la colección "Super Terror" de Martínez Roca, uno resultó ser la novena entrega de su famosa antología "Las mejores historias de terror". La pillé por meros motivos nostálgicos, sin genuina intención de consumirla. Hasta que, tras una breve búsqueda, descubrí que "Necros" formaba parte del contenido, así que me animé a leerlo, por aquello de la comparativa y la curiosidad. Bien, debo decir que el parecido es meramente superficial. La obra de Lumley y la de Mulcahy comparten la trama de base, el pipiolo que se encapricha de una misteriosa dama -de ciertas tendencias vampíricas- casada con un anciano, pero en lo demás no podrían ser más diferentes. Mientras el relato se decanta por sugerir de forma sobria y contenida, el producto audiovisual apuesta por el delirio de látex y sendas ideas descabelladas -y tetas-. Digamos que, si yo fuese Brian Lumley, me cabrearía el modo en que los cineastas convierten mi elegante historia en un perfecto gran guiñol a base de excesos. Por contra, el escritor nunca quiso pronunciarse al respecto.
martes, 6 de octubre de 2026
ROCK STAR
“Rock Star”, con su extraño título castellano que nada tiene que ver con el original, “Light of day”, es un dramón familiar plano y telefilmesco cuya principal característica es que puede hacer morir de aburrimiento al espectador.
Cuenta la historia de dos hermanos, Patti y Joe, que tocan en una banda de rock local, pero que, lejos del glamour y el lujo con los que se suele asociar a los músicos, viven prácticamente en la miseria. Ella es madre soltera de padre anónimo y él mantiene a su hermana y sobrino con el sueldo que recibe como operario de fábrica. Por otro lado, Patti tiene una serie de deudas que Joe se empeñará en pagar, pidiendo un préstamo a la madre de ambos, una señora anglicana muy religiosa, que está un poco hasta las narices de Patti. Joe se encargará de cuidar del hijo de esta ante su irresponsabilidad y, entre tanto, salen y entran de grupos musicales sin que ello sirva de nada.
Paul Schrader, que escribió el guion de “Taxi Driver”, también escribió este dramón insulso y lúgubre en el que nada tiene el suficiente interés como para que mantengamos los ojos en la pantalla y nuestra atención se desvía a la mínima porque el vuelo de una mosca tiene más chicha que la historia que aquí nos cuentan. Y es que Schrader es un guionista/director de lo más irregular que en su carrera ha intercalado películas francamente buenas con otras, como esta, más flojas de lo normal.
El film en un principio fue escrito para ser interpretado por Bruce Springsteen, que por aquel entonces estaba planteándose dar el salto al cine. Recibió el guión, rechazó la propuesta y desechó la idea de dedicarse a actor, pero al menos compuso el tema principal de la película que asimismo es uno de los que lleva habitualmente en su repertorio en directo y, al contrario que esta, fue exitosa.
Por otro lado, tenemos a Michael J. Fox en su momento de mayor esplendor tras protagonizar “Regreso al futuro” y con ganas de afrontar papeles dramáticos. Este le venía como polla al culo porque, además, J. Fox sabía tocar la guitarra y andaba por ahí con su banda haciendo pequeños bolos. No fue hasta que el actor aceptó el guion que se dio luz verde a este proyecto.
También tenemos a Joan Jett, vocalista de "The Runaways" que fue elegida para protagonizar esta cinta por su genuina condición de estrella del rock, pero resultó ser una actriz espantosa según las propias palabras de Paul Schrader quien dice que no fue una decisión de casting adecuada. Tampoco le pareció que J. Fox lo hiciese bien y, en definitiva, también se quejaba de la manera en la que había dirigido él. Solo tuvo buenas palabras para Gena Rowlands que, como de costumbre, hace aquí de una madre atormentada, devota y asqueada de la vida, uno de esos roles en los que tan a gusto se sentía ella.
Un auténtico rollazo que, como es lógico, supuso un fracaso de taquilla que a nuestro país llegó directamente a vídeo de alquiler de la mano de "Record Visión" con ese título engañoso que motivó, junto al gancho que suponía Michael J. Fox, alquileres por doquier.
Cuenta la historia de dos hermanos, Patti y Joe, que tocan en una banda de rock local, pero que, lejos del glamour y el lujo con los que se suele asociar a los músicos, viven prácticamente en la miseria. Ella es madre soltera de padre anónimo y él mantiene a su hermana y sobrino con el sueldo que recibe como operario de fábrica. Por otro lado, Patti tiene una serie de deudas que Joe se empeñará en pagar, pidiendo un préstamo a la madre de ambos, una señora anglicana muy religiosa, que está un poco hasta las narices de Patti. Joe se encargará de cuidar del hijo de esta ante su irresponsabilidad y, entre tanto, salen y entran de grupos musicales sin que ello sirva de nada.
Paul Schrader, que escribió el guion de “Taxi Driver”, también escribió este dramón insulso y lúgubre en el que nada tiene el suficiente interés como para que mantengamos los ojos en la pantalla y nuestra atención se desvía a la mínima porque el vuelo de una mosca tiene más chicha que la historia que aquí nos cuentan. Y es que Schrader es un guionista/director de lo más irregular que en su carrera ha intercalado películas francamente buenas con otras, como esta, más flojas de lo normal.
El film en un principio fue escrito para ser interpretado por Bruce Springsteen, que por aquel entonces estaba planteándose dar el salto al cine. Recibió el guión, rechazó la propuesta y desechó la idea de dedicarse a actor, pero al menos compuso el tema principal de la película que asimismo es uno de los que lleva habitualmente en su repertorio en directo y, al contrario que esta, fue exitosa.
Por otro lado, tenemos a Michael J. Fox en su momento de mayor esplendor tras protagonizar “Regreso al futuro” y con ganas de afrontar papeles dramáticos. Este le venía como polla al culo porque, además, J. Fox sabía tocar la guitarra y andaba por ahí con su banda haciendo pequeños bolos. No fue hasta que el actor aceptó el guion que se dio luz verde a este proyecto.
También tenemos a Joan Jett, vocalista de "The Runaways" que fue elegida para protagonizar esta cinta por su genuina condición de estrella del rock, pero resultó ser una actriz espantosa según las propias palabras de Paul Schrader quien dice que no fue una decisión de casting adecuada. Tampoco le pareció que J. Fox lo hiciese bien y, en definitiva, también se quejaba de la manera en la que había dirigido él. Solo tuvo buenas palabras para Gena Rowlands que, como de costumbre, hace aquí de una madre atormentada, devota y asqueada de la vida, uno de esos roles en los que tan a gusto se sentía ella.
Un auténtico rollazo que, como es lógico, supuso un fracaso de taquilla que a nuestro país llegó directamente a vídeo de alquiler de la mano de "Record Visión" con ese título engañoso que motivó, junto al gancho que suponía Michael J. Fox, alquileres por doquier.
sábado, 3 de octubre de 2026
MIEDO PUNTO COM
Podemos decir, sin excesiva temeridad, que en el 2002 internet todavía era algo lo medianamente excitante y exótico como para que una película construyera toda su trama en torno a una página web maldita, de contenido totalmente sórdido, en la que un tarado transmite sus crímenes formato online. Si te haces cliente habitual, terminarás palmando (¡hola "The Ring"!) tras sufrir una serie de alucinaciones en torno a tus miedos más atávicos, acompañados por la ya recurrente aparición de una cría siniestra de blanco nuclear jugando con una pelotita. Un poli atormentado y su interés amoroso investigarán, se implicarán y solucionarán el entuerto.
Desde entonces se han hecho más largometrajes en torno a los peligros ocultos en la world wide web, pero "Miedo Punto Com" tiene una cualidad extra, y no es su condición de posible pionera (habría que estudiarlo y como que no me apetece), sino el hecho de quien la firma, William Malone, cineasta iniciado en el campo del bajo presupuesto con "Scared to Death" o "Creature" que logró internarse en cierto mainstream, ganándose un inexplicable estatus de "Master of Horror", especialmente cuando fue fichado por Mick Garris para formar parte del séquito de nombres ilustres asociados a aquella serie. La verdad, no me lo explico. Malone tendrá muchas cosas, pero lo de "Master of Horror" le viene así como muy grande. Básicamente porque él, sufriendo de "efectismitis" como sufría, contribuyó a que el género de nuesos amores (aunque cada vez me cueste más soltar tal afirmación) viviera sus peores momentos entre los noventa y los primeros dosmiles. De cuando los cineastas responsables olvidaron una cosa esencial: que el cine de terror debería dar miedo, y no sobrealimentarlo a base de sustos baratos y estilismos descontrolados.
¿No me creen? Pues sepan ustedes que Malone venía de rodar una de las peores piezas de su época, el remake de "House on Haunted Hill" para la compañía que, en términos generales, hirió de muerte al terror, "Dark Castle" (no en balde comandada por varios gerifaltes tochos de Hollywood con su visión deformada del asunto). La especialidad de Malone consistía en sobresaturar nuestros sentidos a base de luces estroboscópicas, montaje metralleta compuesto de supuestas imágenes "shock", cámara rápida a ráfagas, fogonazos, sobreexposición, lentes deformantes, y todo aquello que pudiera empujarnos al suicidio voluntario (o al ataque epiléptico indeseado), coronado por un fin de fiesta igualmente excesivo, verbenero, ruidoso y que te sacaba de la película mediante patada en el bul (si es que no estabas ya fuera desde hacía rato).
Y todo eso luce fantásticamente en "Miedo Punto Com". Lo triste es que arranca bien, presentando un misterio intrigante. Pero en cuanto comienzan las pesquisas, todo se va volviendo chaposo y desasosegante (en el peor sentido). Da la sensación que William Malone y su guionista (curiosamente una dama, Josephine Coyle. Figura como única culpable -sobre una "story" de Moshe Diamant-, aunque en algunos lugares pongan en tal cargo hasta tres personas. Doña Coyle no se ha prodigado nada en el campo del escribismo cinematográfico y antes únicamente había firmado una peli romántica con pinta razonablemente poco atractiva, "La balada del ruiseñor") no sepan muy bien por donde tirar, por qué decantarse. Tenemos asesino chungo a lo "Seven"/"Se7en" (otra notable influencia), tenemos, como decía, página web encantada y tenemos fantasma vengador, ¿el resultado? un batiburrillo indigesto rociado además con inadecuado y todavía algo fangoso CGI.
¿"Miedo Punto Com" un blanco fácil? Es probable. Pero mi intención era genuinamente redentora. Volver a verla desde la lejana primera insatisfactoria ocasión en busca de una segunda oportunidad. Pos no, esto es insalvable. Un chuzo épico y un modo de hacer cine que, por fortuna, ya ha dejado de practicarse.
Redondean el redondel las interpretaciones de Stephen Dorff, una bellísima Natascha McElhone (venía de títulos de solera como "La sombra del diablo", "El show de Truman" o "Ronin" y, básicamente, a raíz de esto su carrera se internó en parajes algo más tenebrosos), un actor británico haciendo de villano -para no perder las costumbres- (ya saben como las gastan los yankis), Stephen Rea, + la aparición de dos figuras de puro culto, Jeffrey Combs y un casi visto/novisto Udo Kier. Hablando de alemanes, si toda la película es ya de por sí profundamente agónica, encima tiran de esa tendencia tan en boga entonces a base de siniestrismo de saldo y matraca falsamente alternativa, destacando la presencia en la banda sonora de un grupo al que odio, "Rammstein". Aunque, seguramente, odie más a aquellos que les adoran, incapaces de rastrear de donde plagiaron sus maneras semejantes chorizos pelacañas.
Desde entonces se han hecho más largometrajes en torno a los peligros ocultos en la world wide web, pero "Miedo Punto Com" tiene una cualidad extra, y no es su condición de posible pionera (habría que estudiarlo y como que no me apetece), sino el hecho de quien la firma, William Malone, cineasta iniciado en el campo del bajo presupuesto con "Scared to Death" o "Creature" que logró internarse en cierto mainstream, ganándose un inexplicable estatus de "Master of Horror", especialmente cuando fue fichado por Mick Garris para formar parte del séquito de nombres ilustres asociados a aquella serie. La verdad, no me lo explico. Malone tendrá muchas cosas, pero lo de "Master of Horror" le viene así como muy grande. Básicamente porque él, sufriendo de "efectismitis" como sufría, contribuyó a que el género de nuesos amores (aunque cada vez me cueste más soltar tal afirmación) viviera sus peores momentos entre los noventa y los primeros dosmiles. De cuando los cineastas responsables olvidaron una cosa esencial: que el cine de terror debería dar miedo, y no sobrealimentarlo a base de sustos baratos y estilismos descontrolados.
¿No me creen? Pues sepan ustedes que Malone venía de rodar una de las peores piezas de su época, el remake de "House on Haunted Hill" para la compañía que, en términos generales, hirió de muerte al terror, "Dark Castle" (no en balde comandada por varios gerifaltes tochos de Hollywood con su visión deformada del asunto). La especialidad de Malone consistía en sobresaturar nuestros sentidos a base de luces estroboscópicas, montaje metralleta compuesto de supuestas imágenes "shock", cámara rápida a ráfagas, fogonazos, sobreexposición, lentes deformantes, y todo aquello que pudiera empujarnos al suicidio voluntario (o al ataque epiléptico indeseado), coronado por un fin de fiesta igualmente excesivo, verbenero, ruidoso y que te sacaba de la película mediante patada en el bul (si es que no estabas ya fuera desde hacía rato).
Y todo eso luce fantásticamente en "Miedo Punto Com". Lo triste es que arranca bien, presentando un misterio intrigante. Pero en cuanto comienzan las pesquisas, todo se va volviendo chaposo y desasosegante (en el peor sentido). Da la sensación que William Malone y su guionista (curiosamente una dama, Josephine Coyle. Figura como única culpable -sobre una "story" de Moshe Diamant-, aunque en algunos lugares pongan en tal cargo hasta tres personas. Doña Coyle no se ha prodigado nada en el campo del escribismo cinematográfico y antes únicamente había firmado una peli romántica con pinta razonablemente poco atractiva, "La balada del ruiseñor") no sepan muy bien por donde tirar, por qué decantarse. Tenemos asesino chungo a lo "Seven"/"Se7en" (otra notable influencia), tenemos, como decía, página web encantada y tenemos fantasma vengador, ¿el resultado? un batiburrillo indigesto rociado además con inadecuado y todavía algo fangoso CGI.
¿"Miedo Punto Com" un blanco fácil? Es probable. Pero mi intención era genuinamente redentora. Volver a verla desde la lejana primera insatisfactoria ocasión en busca de una segunda oportunidad. Pos no, esto es insalvable. Un chuzo épico y un modo de hacer cine que, por fortuna, ya ha dejado de practicarse.
Redondean el redondel las interpretaciones de Stephen Dorff, una bellísima Natascha McElhone (venía de títulos de solera como "La sombra del diablo", "El show de Truman" o "Ronin" y, básicamente, a raíz de esto su carrera se internó en parajes algo más tenebrosos), un actor británico haciendo de villano -para no perder las costumbres- (ya saben como las gastan los yankis), Stephen Rea, + la aparición de dos figuras de puro culto, Jeffrey Combs y un casi visto/novisto Udo Kier. Hablando de alemanes, si toda la película es ya de por sí profundamente agónica, encima tiran de esa tendencia tan en boga entonces a base de siniestrismo de saldo y matraca falsamente alternativa, destacando la presencia en la banda sonora de un grupo al que odio, "Rammstein". Aunque, seguramente, odie más a aquellos que les adoran, incapaces de rastrear de donde plagiaron sus maneras semejantes chorizos pelacañas.
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