sábado, 3 de octubre de 2026
MIEDO PUNTO COM
Desde entonces se han hecho más largometrajes en torno a los peligros ocultos en la world wide web, pero "Miedo Punto Com" tiene una cualidad extra, y no es su condición de posible pionera (habría que estudiarlo y como que no me apetece), sino el hecho de quien la firma, William Malone, cineasta iniciado en el campo del bajo presupuesto con "Scared to Death" o "Creature" que logró internarse en cierto mainstream, ganándose un inexplicable estatus de "Master of Horror", especialmente cuando fue fichado por Mick Garris para formar parte del séquito de nombres ilustres asociados a aquella serie. La verdad, no me lo explico. Malone tendrá muchas cosas, pero lo de "Master of Horror" le viene así como muy grande. Básicamente porque él, sufriendo de "efectismitis" como sufría, contribuyó a que el género de nuesos amores (aunque cada vez me cueste más soltar tal afirmación) viviera sus peores momentos entre los noventa y los primeros dosmiles. De cuando los cineastas responsables olvidaron una cosa esencial: que el cine de terror debería dar miedo, y no sobrealimentarlo a base de sustos baratos y estilismos descontrolados.
¿No me creen? Pues sepan ustedes que Malone venía de rodar una de las peores piezas de su época, el remake de "House on Haunted Hill" para la compañía que, en términos generales, hirió de muerte al terror, "Dark Castle" (no en balde comandada por varios gerifaltes tochos de Hollywood con su visión deformada del asunto). La especialidad de Malone consistía en sobresaturar nuestros sentidos a base de luces estroboscópicas, montaje metralleta compuesto de supuestas imágenes "shock", cámara rápida a ráfagas, fogonazos, sobreexposición, lentes deformantes, y todo aquello que pudiera empujarnos al suicidio voluntario (o al ataque epiléptico indeseado), coronado por un fin de fiesta igualmente excesivo, verbenero, ruidoso y que te sacaba de la película mediante patada en el bul (si es que no estabas ya fuera desde hacía rato).
Y todo eso luce fantásticamente en "Miedo Punto Com". Lo triste es que arranca bien, presentando un misterio intrigante. Pero en cuanto comienzan las pesquisas, todo se va volviendo chaposo y desasosegante (en el peor sentido). Da la sensación que William Malone y su guionista (curiosamente una dama, Josephine Coyle. Figura como única culpable -sobre una "story" de Moshe Diamant-, aunque en algunos lugares pongan en tal cargo hasta tres personas. Doña Coyle no se ha prodigado nada en el campo del escribismo cinematográfico y antes únicamente había firmado una peli romántica con pinta razonablemente poco atractiva, "La balada del ruiseñor") no sepan muy bien por donde tirar, por qué decantarse. Tenemos asesino chungo a lo "Seven"/"Se7en" (otra notable influencia), tenemos, como decía, página web encantada y tenemos fantasma vengador, ¿el resultado? un batiburrillo indigesto rociado además con inadecuado y todavía algo fangoso CGI.
¿"Miedo Punto Com" un blanco fácil? Es probable. Pero mi intención era genuinamente redentora. Volver a verla desde la lejana primera insatisfactoria ocasión en busca de una segunda oportunidad. Pos no, esto es insalvable. Un chuzo épico y un modo de hacer cine que, por fortuna, ya ha dejado de practicarse.
Redondean el redondel las interpretaciones de Stephen Dorff, una bellísima Natascha McElhone (venía de títulos de solera como "La sombra del diablo", "El show de Truman" o "Ronin" y, básicamente, a raíz de esto su carrera se internó en parajes algo más tenebrosos), un actor británico haciendo de villano -para no perder las costumbres- (ya saben como las gastan los yankis), Stephen Rea, + la aparición de dos figuras de puro culto, Jeffrey Combs y un casi visto/novisto Udo Kier. Hablando de alemanes, si toda la película es ya de por sí profundamente agónica, encima tiran de esa tendencia tan en boga entonces a base de siniestrismo de saldo y matraca falsamente alternativa, destacando la presencia en la banda sonora de un grupo al que odio, "Rammstein". Aunque, seguramente, odie más a aquellos que les adoran, incapaces de rastrear de donde plagiaron sus maneras semejantes chorizos pelacañas.
jueves, 30 de octubre de 2025
PARECIDOS (IR)RACIONALES
El respetado responsable de "La noche de Halloween", "La Cosa" o "El príncipe de las tinieblas" llevaba tiempo anclado en la nadería más absoluta, y terminaría rodando dos capítulos para la serie de Mick Garris. El primero partió la pana. Al instante se consideró el mejor y su genuina resurrección (promesa finalmente incumplida). Cuantos más años pasan, más buena prensa adquiere. Estoy hablando de "Cigarette Burns" o, como la titularon absurdamente por acá, "El fin del mundo en 35 mm". Contaba la interesante epopeya de un buscador de películas raras que recibe el encargo de localizar una con muy muy mala reputación, "La Fin Absolue du Monde", dirigida en los setenta por un tal “Hans Backovic”. Al parecer, durante su paso por el Festival de Sitges de la época, volvió loca a la platea, que comenzó a agredir al prójimo o a sí misma. Y eso es algo que, dice la leyenda, le ocurre a todo aquel que la consume. Según iremos viendo a medida que la trama avanza, "La Fin Absolue du Monde" es, esencialmente, una pretenciosa película de arte y ensayo muy de su década, a base de impactantes imágenes surrealistas y sin genuina trama. Al final del capítulo terminaremos descubriendo que la maldad implícita en sus fotogramas obedece a una única razón, la presencia de un genuino ángel que el director logró capturar y retener.
A una trama tan llamativa y, sí, unos resultados tan estupendos, añadan el hecho de que "Cigarette Burns" no se andaba con mojigaterías a la hora de mostrar chicha. Truculencia. Gore. Cosa que resultó bien llamativa entonces porque, a diferencia de muchos de sus coetáneos, no era ese un elemento habitual en la larga filmografía de John Carpenter. Somos testigos de una decapitación que pone los pelos de punta, situada, además, en un contexto de cine "snuff", que siempre da mu mal rollo. Esto abriría otro melón, el de que "Masters of Horror" permitía a sus realizadores llevar el asunto de la violencia gráfica a los límites, aunque, finalmente, ello acabó pasándole factura a Dario Argento con sus aportaciones y, muy especialmente, a Takashi Miike con la suya. Pero no toca hablar del cineasta japonés, toca hacerlo de otro, uno alemán.
Marian Dora es un personaje sumamente misterioso. Nadie conoce su verdadera identidad. Aunque se ha dejado ver como actor brevemente en una película donde curró de machaca, básicamente su efigie no rula oficialmente por ninguna parte. En las entrevistas se sitúa a contraluz. Y tampoco suele acudir a festivales, básicamente porque le han amenazado de muerte un porrón de veces. Y con razón, añado yo. Es responsable de una serie de películas en las que se tiende a lo extremo. Aunque su verdadera "seña de identidad" consiste en que en muchas de ellas torturan y/o matan animales delante de la cámara, sin truco. Y, ocasionalmente, de modo bastante hijoputesco. Además, incluyen sexo explícito, desviado o no, escatología igualmente genuina, violencia a raudales y, en fin, que la obra de Marian Dora da mucha grima y, lógicamente, no cuenta con amplios canales de distribución. Por su nacionalidad y condición, habrá quien lo emparente con el ultra-gore germano que asoló nuestras retinas en los noventa, pero no. Aquellos eran unos papanatas sin mucho talento que se limitaban a imitar el terror yanki, solo que aumentado las dosis de carnicería. Dora estaría más cerca del Jörg Buttgereit de "Nekromantik", básicamente porque a ambos les perdía cierta pedantería, ciertas maneras "artys" que "justificaban" la brutalidad de sus imágenes, aparentemente desproveyéndolas de una intención "exploitativa" para aproximarlas a cuestiones más "respetables". De hecho, lo de Dora es especialmente exagerado. No digo ya el elemento "shock", me refiero a sus ventosidades intelectuales. Graba en vídeo, pero sacándole bastante más jugo que sus coetáneos (descarten aquí a Buttgereit, que tiraba de 16 mm). El hijo de perra sabe encuadrar, sabe iluminar y, ocasionalmente, lograr extraer belleza a las imágenes. Lástima de... todo lo demás.
En cualquier caso, y aparcando juicios morales, el "Magnus Opus" del tiparraco es una cosa larguísima de casi tres horas con la que lleva todas sus malas maneras hasta el borde del abismo. Pedantería para parar un tren. Sexo y guarradas a cholón. Y, lastimosamente, imágenes de violencia real contra animales en todo su crudo esplendor. Es aquella en la que más pueblos se pasa. La cosa gira en torno a cuatro personajes que se piran hasta un casoplón en plena montaña y allí, básicamente, se dedican a hacer todas las burradas mentadas, entre diálogos profundos y metafísicos. ¿El título? "Melancholie der Engel", es decir, la melancolía del ángel.
Déjenme añadir que, aunque costó muchísimo, finalmente logré verla entera. Fue una experiencia muy intensa y para nada divertida. Lo pasé bastante mal (obviamente, con las barrabasadas acometidas contra pobres criaturas) y sí, me dejó muy mal cuerpo. Enhorabuena Marian, lo conseguiste. La cuestión aquí es que andaba obsesionado con "Melancholie der Engel". Había leído tanto, y daba tanto miedo su mera existencia, que prefería enfrentarme a ella antes que seguir alimentando mi imaginación. Era, en cierto modo, una película legendaria y evitable. Era, por así decirlo, mi "La Fin Absolue du Monde" particular.
Con el tiempo llegué a sospechar que, tal vez, los guionistas de "Cigarette Burns" habían tomado "el clásico" de Marian Dora como fuente de inspiración para la película maldita de su trama. Hay ciertas similitudes, comenzando por el hecho de que todo en "La Fin Absolue du Monde" gira en torno a un ángel real pasándolo putas. Vale, no hay ángeles en "Melancholie..." salvo el del título, su sentido metafórico y el cartel, donde vemos la estatua de uno. Es interesante reseñar que el de la misma "La Fin Absolue du Monde" también incluye uno esculpido en mármol.
Y el de "Cigarette Burns" muestra al de "carne y hueso" que aparece en el capítulo (ver más arriba). Quizás los guionistas ni siquiera llegaron a consumir la peli del alemán torrao, solo leyeron y vieron algunas capturas, haciendo así su propia versión de lo que podría ser una cinta perversa, capaz de generar locura en sus espectadores, a base de imágenes tremebundas. Por otro lado, el director ficticio de "La Fin Absolue du Monde" es tan misterioso, enigmático y, sí, europeo como Marian Dora. Hay, también, cierta relación con la idea del cine "snuff" en "Cigarette Burns", cosa esta que revolotea continuamente en torno a "Melancholie der Engel" porque, aunque no se sesguen las vidas de “seres humanos” sin efectos de por medio -poco les falta-, sí ocurre con animales, por lo que la sensación de estar viendo "snuff" tampoco se diluye del todo.
Dora hizo su película en el año 2009, no obstante siempre menciona la cosecha audiovisual de los setenta como gran influencia, algo muy evidente. Y, ya rizando el rizo, uno de los protagonistas de "Cigarette Burns" es Udo Kier, actor alemán habitual de un cine como tirando a alternativo, radical o, directamente, marginal. Y no lo digo por sus intervenciones en las dos epopeyas de Andy Warhol / Paul Morrissey sobre "Drácula" y "Frankenstein", pal caso me refiero más al cineasta -ya fallecido-, también germano, Christoph Schlingensieff, cuya filmografía viene cargadita de esas películas entre lo "arty" y lo "shock", rodadas en 16mm desde la guerrilla, siendo su peculiar versión de "La matanza de Texas" la más conocida y que, sí, cuenta con Kier como uno de sus rostros principales.
Vivía convencido de que estos paralelismos entre "La Fin Absolue du Monde" y "Melancholie der Engel" eran cosa mía, pero no. Hace ya trece largos años alguien en un foro llegó a la misma conclusión. De hecho, lo explicaba mejor que yo sin necesitar tanta letra, le bastó con decir que la película de Dora "evoca el contenido siniestro y extremo en la elusiva "La Fin Absolue du Monde"". Totalmente. El resto del personal de ese mismo foro, no obstante, se decantaba más por el famoso -y aburrido- "Begotten" de E. Elias Merhige como genuino referente.
En fin, la cuestión aquí era aportar mi versión del asunto. Podríamos acudir a los guionistas de "Cigarette Burns" para preguntarles, pero mola más que toda esta movida siga siendo un misterio. Hoy día no abundan y se agradecen.
lunes, 26 de octubre de 2020
LAS PESADILLAS DE FREDDY
Siempre me ha escamado que se incluya la saga de "Pesadilla en Elm Street" en la etiqueta de "slasher" junto a "Viernes 13" o "Scream". Para nada creo yo que encaje, por su generoso elemento sobrenatural y, sobre todo, su asesino, un personaje excesivo y charlatán carente de toda áurea inquietante. Sin embargo, sí hubo una ocasión en la que Freddy Krueger estuvo cerca de considerarse "slasher" y fue en el primer capítulo de la serie de televisión "Las pesadillas de Freddy", lógicamente esputada a partir de su gran éxito.
Al narrar el origen del personaje, antes de su paso a sueñilandia, tenemos un Freddy con toda la carne pegada a los huesos y que mata en el mundo físico, agazapándose en la oscuridad para atacar. A mi, toda esta parte, me encaja perfectamente en los parámetros del cine de acuchillamientos. Pero claro, luego vienen los padres de las víctimas que, enfadados al ver al de las garras librarse de la silla eléctrica, corren hasta su guarida y le prenden fuego. Entonces sí, de ahí pasamos a terreno conocido (externo ya al del "slasher" puro). Los sueños, las visiones surrealistas y un Freddy bocazas e irritante que se toma la revancha.
De este modo, lo que queda es una especie de versión condensada y extremadamente sosa de una típica peli de "Pesadilla en Elm Street". Los elementos truculentos brillan por su ausencia, siendo una época en la que aún no se permitía mostrar sexo y violencia en la caja tonta.
Dirige Tobe Hooper ¿Se imaginan lo que, en otras circunstancias, habría significado que el responsable de "La matanza de Texas" firmara un capítulo de la serie de Freddy Krueger? ¿Sensacional, verdad?. Pues no. El hombre se aburre tanto con la materia, que nos contagia. Y lo que son 45 minutos de duración parecen alcanzar dos horas interminables. Una pena. Y un mal arranque para una serie que, en un principio, pretendía comerme entera e ir comentando capítulo a capítulo. Pero, ciertamente, resultó una experiencia tortuosa. Terrible. No es que fuese mala, más bien lo siguiente. Es horrorosa y todos los episodios, durando esos 45 minutos, se hacen eternos. Tanto aquellos que incluyen a Freddy en la trama (y que se aferran exactamente a la misma premisa: Personaje -normalmente adolescente- sufre las torturas "light" por parte del de las garras a base de surrealismo, situaciones extrañas, ridículas y terriblemente cansinas) como los que únicamente le otorgan el cargo de "host" (igualmente insufribles).
Es cierto que eventualmente encontramos rostros curiosos (Lar "Viernes 13 - 7" Park-Lincoln, Lori Petty, Jill Whitlow, Diane Franklin, George Lazenby, Bill Moseley, Jeffrey Combs, William Butler, Dick Miller, Charles Cyphers, Tracey Walter, Wings Hauser, Sandahl Bergman, John DiSanti y Brad Pitt!!) o firmas igualmente curiosas (Tom "Viernes 13 - 6ª parte" McLoughlin, Mick Garris, Ken Wiederhorn, Tom DeSimone, John Lafia, Dwight H. Little, William Malone), pero no sirve absolutamente de nada. Supongo que las prisas por realizar el producto y agenciarse unos cuantos milloncejos más les pasaron factura a los de "New Line". Por eso he decidido olvidar mi intención inicial de reseñar todos los capítulos limitándome, en plan testimonial, al primero (básicamente porque trata el origen de Freddy).
Mal, mu mal, totalmente desaprovechada.
miércoles, 12 de febrero de 2020
IN SEARCH OF DARKNESS
Sin duda, el plato fuerte del documental está en la presencia de los rostros y talentos de Tom Atkins, Doug Bradley, Lori Cardille, John Carpenter, Larry Cohen, Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Sean S. Cunningham, Joe Dante (impagable cuando opina sobre "Aullidos 2"), Mick Garris, Stuart Gordon, Kane Hodder, Tom Holland, el ilustrador Graham Humphreys, Bill Moseley, Alex Winter, Brian Yuzna, el inevitable Lloyd Kaufman y unos cuantos más. Claro, ¿qué pasa? que con semejante plantel, y unas ambiciones tan épicas en plan "documento definitivo sobre la década de los 80", se echa mucho de menos a más gente, especialmente si son de los que se suelen dejar ver en toda suerte de documentos audiovisuales, y que van desde Bruce Campbell a John Landis, pasando por Linnea Quigley o Tom Savini. Aunque nada desentona más que los discursos políticamente correctos pro-feminismo, pro-integración, pro-blablabla y demás mierdas tan engorrosas y tan típicamente yankis (porque eso son el 90% de los entrevistados). Pero no es algo a lo que se recurra en exceso y, teniendo en consideración la duración del mamotreto, los minutos desperdiciados son pocos. Gracias a dios.
Al final, paparruchas aparte, hay que reconocer que la cosa se soporta perfectamente, tiene ritmo y, obviamente, apela a la nostalgia y la ternura de todos aquellos cuarentones (y +) que vivieron esos films de manera intensa y apasionada, así que ¡recomendable!.
Actualmente David A. Weiner trabaja en otro documental de idéntica naturaleza/intenciones, solo que versado en la ciencia ficción.
sábado, 10 de diciembre de 2016
SONÁMBULOS
Narra la historia de una madre y su hijo que, bajo una apariencia humana común y corriente, ocultan su condición de criaturas monstruosas, algo así como unos leones sin pelo cuyo fin es alimentarse a base de energía virginal y reproducirse. A poder ser entre ellos, llevando a la práctica las más flagrantes sesiones de incesto imaginable (y que, imagino, en los 90 sería un elemento la mar de transgresor). El benjamín se ha encaprichado de una chavala del colegio con el himen intacto a la que pretenden churrupetear, algo que pone celosa a la progenitora. El intento de zampársela desencadenará el inevitable drama bañado de horrores.
Vi "Sonámbulos" cuando se estrenó. Principalmente vibré con el legendario cameo que se marcan algunos nombres de peso ligados a mi género favorito, Clive Barker, Tobe Hooper, Joe Dante y John Landis, encabezados todos ellos por el mismo Stephen King, autor del guión, reclamo del film y, como de costumbre, interpretando a un palurdo (sin olvidar el papelito que se marca Mark Hamill). El otro elemento que me la puso gorda es el hecho de que los gatos son los mayores enemigos de los monstruos de la función, y resulta que el gato es mi animal favorito. Ello también se tradujo en mucho sufrimiento cuando estos son asesinados no sin cierta crueldad, pero para compensarlo está su incuestionable condición de héroes, en concreto si hablamos del minino de la policía, Clovis, uno de los grandes "héroes animales" olvidados del cine contemporáneo y que posaba junto a Stephen King en una portada de la revista "Fangoria". Y no solo la yankee, también la Española, pues eran los tiempos en los que esta se editaba por acá bajo la tutela de Luis Vigil.
¿¿El resto de la peli??, pues bueno, en su época me pareció de lo más mediocre. De hecho, aunque llegué a disponer del poster en mi dormitorio (supongo que más por lo de los gatos que otra cosa), creo que no la alquilé en vídeo para verla una segunda vez. Y si lo hice, ni me acuerdo.
Vista hoy, y contra todo pronóstico, puedo decirles que me gustó. Me entretuvo. Me pareció muy sencilla, maja y correcta. Nada del otro mundo, pero al menos tampoco me hizo trallar. Dejando de lado a famosos y gatos, me moló que hubiese algo de gore (en unos tiempos en los que, progresivamente, fue desapareciendo de las pantallas) y llamaron mi atención algunos de los actores, destacando a Mädchen Amick (en aquellos tiempos de moda gracias a su papel en la serie del momento, "Twin Peaks"), Alice Krige (el fantasma de "Historia Macabra"), Lyman Ward o Ron Perlman.
Quizás lo peor de ella sea la utilización de un efecto muy feo pero muy común en esa época, el "morphing", realmente chungo. Me complace que fuese algo pasajero y hoy ya no quede rastro del mismo. O, al menos, que lo hayan mejorado tanto como para que ya no resulte ofensivo. También me hizo gracia revivir ese absurdo crimen mediante mazorca que, mientras en 1992 nos pareció ridículo y patético, hoy lo considero hasta medianamente original. Lo que hace el paso del tiempo...
Dirige el cotarro el irregular Mick Garris, lo que explica la aparición de todos esos "Masters of Horror".
Simpática.
sábado, 18 de abril de 2015
DIGGING UP THE MARROW
"Digging up the marrow" es la más reciente película de, sí, ese Adam Green del que hablaba más arriba. Y, como veis, se trata de un concepto muy interesante que recuerda vagamente al de "La nueva pesadilla" de Wes Craven. Cine dentro del cine. Es por ello que Green se interpreta a sí mismo, algo que también hace su (ex) mujer (que pa algo es actriz), el cámara, el montador y algunos rostros populares en sendos cameos muy agradecidos. Por ejemplo, están Don Coscarelli (el otro amigo de Víctor), el inevitable Lloyd Kaufman, Tony Todd y en apartados más destacados Kane Hodder (gracioso verle no-reaccionar frente a las imágenes del primer monstruo. Muy en su línea) y especialmente Tom "Noche de miedo" Holland y Mick "unpocodetodo" Garris, que son quienes más se prestan a la broma. Si algo te preguntas durante el visionado de la película es "¿Por qué el detective no recurre a un director más famoso que Adam Green?". Y ahí está la coña, cuando el cineasta lo comenta con Holland y Garris, estos le tratan de idiota y le cuentan que el tipo ya les vino a ellos (y a Landis, y Carpenter, y Del Toro...) con la misma historia, solo que no le hicieron ni puto caso. Un gag que parece un corto de colegas improvisado (ejem...), algo que me moló mucho, ¿pa qué negarlo?. Por lo demás, y sin salirnos de terreno puramente friquista, tenemos un auténtico festival de camisetas ("Phantasma", "Evil Dead" y muchas de las pelis del mismo Green) y toda la saga de "Viernes 13" en vhs asentada en una estantería.
Cabe decir que estamos ante una combinación bastante curiosa de "found footage" y "mockumentary". Incluso se permiten unas cuantas coñas al respecto, como cuando Adam Green exclama: "¡Esto no es un found footage, es un... footage footage!". O la fobia a los infrarrojos del cámara, que evita usarlos a lo largo de la peli, aunque la oscuridad sea total y absoluta.
La trama se va desarrollando básicamente a base de diálogos y diálogos, centrándose en la relación de Green y el detective, interpretado por el carismático y veterano Ray Wise (especialmente famoso por la serie "Twin Peaks"). Y dadas las circunstancias, no se hace la cosa demasiado pesada, la pareja tiene feeling y se tira bastante del humor sin resultar demasiado cafre. Cuando llegan las pinceladas de terror y monstruosidades, pues bueno, no funcionan demasiado en el apartado miedo/sustos. En cuanto a los efectos especiales, se agradece que tiren más de látex que de CGI, reducido este último a lo mínimo, aunque los monstruos se ven igualmente bastantes cutres. Esto no debería importar por el rollo nostálgico, de que sean trucos físicos y no píxeles, pero el supuesto realismo pseudo-documentalista de la propuesta no casa bien con todo ello. Tal vez el más efectivo sea el "cabeza de payaso", pero pa entender esta parte de la reseña tendréis que ver la película.
El desenlace está a la altura de la mayoría de found footages... te deja un poco en plan "po fale".
En fin, no es una mierda, se aguanta bien y tiene su gracejo, sin ser nada del otro jueves... algo que, a la larga, tampoco es tan malo.
lunes, 9 de diciembre de 2013
EL HOMBRE QUE VIO LLORAR A FRANKENSTEIN
“El hombre que vio llorar a Frankenstein”, más que un
documental sobre la figura de Paul Naschy, es, al igual que el libro que se
editó por las fechas en las que se rodó el documental, un sentido homenaje a un
hombre que, efectivamente, había hecho mucho por el cine fantástico en nuestro
país, y que, además, acababa de morir.
Lo que se traduce, hablando “barriobajeramente”, en una monumental “comida de
polla”. Me parece bien, sobretodo porque en ningún momento se hace alusión a la
posible calidad de sus películas y, aunque tampoco se dice lo contrario, se
trata de un documental tremendamente honesto.viernes, 25 de enero de 2013
NIGHTMARES IN RED, WHITE AND BLUE
El cine terror, es un género tan viejo como el propio cine, y este documental trata de condensar toda su historia en poco más de noventa minutos.miércoles, 2 de febrero de 2011
LA MOSCA 2
Hubo un tiempo en que hacer remakes, o readaptaciones, no estaba tan mal visto como ahora. Fue en aquellos entonces en los que el respetado David Cronenberg volvió a llevar a la pantalla la historia del científico que inventa una máquina teletransportadora con la mala fortuna de, al probarla, combinar su ADN con el de una mosca y que había sido adaptada con muy buena mano por Kurt Neumann en 1958. La versión del canadiense resultó muy distinta. Los que corrimos a verla (yo con mi tía, que se partía de risa ante los excesos truculentos) nos encontramos con un melodrama muy angustioso, a medio camino entre el romance y el horror más desagradable. Esta mosca nada tenía de camp o ingenua, ni tan siquiera había sido parida para satisfacer a los adolescentes devotos del género. Era una peli adulta en todo su significado (aunque la última vez que la visioné, me pareció que no había envejecido demasiado bien). El éxito de la empresa (¡con Mel Brooks en tareas de productor!) empujó a sus responsables a pensar en una secuela. Como era de esperar, Cronenberg se desentendió por completo. ¿Perjudicó tal decisión a "La Mosca 2"?... hombre, según se mire sí, y según se mire, no.En esta ocasión nuestro protagonista es el hijo del prota/mosca de la primera. En pleno crecimiento, comienza a sentir los síntomas de que algo extraño está despertando en su interior. Cabreado con la corporación que quiere sacarle jugo, el muchacho-monstruo aprovechará su condición para tomarse la revancha.
A ver. Como decía, "La Mosca 1" se apartaba un poco de las convenciones del género, apostando por un tono más serio (y deprimente). "La Mosca 2" es género puro. Terror de palomitas. Obviamente, y como ha pasado con muchas otras secuelas, esta intenta repetir los aciertos de la primera, la historia de amor, el mega-drama, la angustia de la mutación... pero no lo consigue. O no consiguen hacerlo del modo tan punzante como lo pariera Cronenberg en su momento. Aquí todo es menos, menos tragedia, menos asco, menos sufrimiento... vamos, joder, ¡si hasta hay un happy end!. Pero claro, dejando de lado las inevitables comparaciones, ¡¡¿funciona o no "La Mosca 2"?!!. Pues sí. Como peli de género, funciona muy bien. Es entretenida y tiene sus momentos tiernos y de impacto (hay dos efectos gore realmente potentes).
Y es que, claro, ¿cómo pretenden sustituir a todo un auteur como es Cronenberg con Chris Walas y esperar que ambas pelis estén a la misma altura en cuanto a calidades e intenciones?. Walas es un reputado y respetado atífice de maquillajes y trucos de látex que aquí dirigía por primera vez (luego no se prodigó mucho más en el tema). También es notable a quién encontramos en tareas de guión, Mick Garris (dire de "Critters 2", "Sonámbulos" y padre fundador de la serie "Masters of Horror") y Frank Darabont (actualmente triunfando con la serie de "The Walking Dead" y con un currículum bien lustroso, destacando "Sepultado Vivo" y "Cadena Perpetua"). Actuando están Eric Stolz (siempre que le veo, pienso en lo cabreado que debe estar porque le echaron del plató de "Regreso al futuro"!!) y Daphne Zuniga (más conocida como la Princesa Vespa de "Spaceballs". También en el slasher "La iniciación"). John Getz repite de la primera parte, así como Jeff Goldblum, aunque únicamente en formato "imágenes de archivo". El personaje de Geena Davies muere al principio de "La Mosca 2" (la interpreta otra actriz), dato este que da pie a recordar que la muchacha estuvo un tiempo anunciando -cuando aún tenía algo de poder en Hollywood- que ella misma iba a producir una tercera parte centrada en las trifulcas de la madre del monstruo y que iba a ignorar por completo la segunda, intentando recuperar un poco el tono de la uno. Pero nunca jamás llegó a realizarse. Pos me da igual.
jueves, 27 de mayo de 2010
TERROR EN ESTADO PURO: EL CANIBAL
Tras "Masters of Horror", Mick Garris crea otra serie con la misma premisa: "Terror en estado puro" con capítulos independientes dirigidos por distintos directores especializados en el género. Vamos, una nueva temporada de "Masters of Horror", si no fuera porque faltan los grandes (Argento, Carpenter…) y porque los capítulos son esta vez mucho más cortos.Como no tengo el mas mínimo interés en comerme la serie entera, al menos sí me he preocupado de ver el capítulo del director que más me interesaba, este "El caníbal" de Stuart Gordon.
Pues está muy bien este capítulo. Es como ver un corto de Stuart Gordon en el que la esencia de sus dos estilos mas característicos ha quedado bien reflejada en escasos cuarenta minutos. Tiene la atmosfera agobiante de los últimos trabajos ( "Stuck", "Edmond") y el horror salvaje de los de entre medias ("Re-Sonator", "Dolls"...). Gordon tiene un sello propio,uno con el que te puede marcar como a una res, y por eso siempre merece la pena ver algo en lo que esté implicado.
En el reparto tenemos a un clásico de la factoría Gordon, Stephen Lee. Interpretando al desagradable caníbal de dentadura horrible tenemos a Stephen R. Hart.
Muy majo, muy recomendable, siempre que seas un Gordomaníaco, que yo se que a muchos no les entra tan fácil cómo a mí. Y es que yo soy muy puta.
jueves, 23 de abril de 2009
EL ESTRÉPITO DEL VACÍO
Una de las cosas que más llaman, o llamaron en el momento de su lanzamiento, la atención de la serie "Masters of Horror" es su actitud nada mojigata frente a la truculencia. De hecho, resulta chocante que toda una leyenda del terror como John Carpenter haya tenido que esperar a la televisión para desmadrarse con el gore (su estupenda "El fin del mundo en 35mm"). Sin embargo, y a pesar de las locuras que organiza Dario Argento, no todo en "Masters of Horror" es sangre y vísceras. El propio creador de la serie, Mick Garris, nos lo demostró en su aburridísimo e insufrible episodio, "Chocolat". Después de pasar por tal trance, no me apetecía nada volver a gastar 60 minutos de mi tiempo en otra muestra de actitud "light". Ese es el motivo por el que tardé bastante en zamparme este "El estrépito del vacío". Ayer noche lo hice, y fue toda una sorpresa.Su director, Brad Anderson, ya demostró estar más que dotado para el terror psicológico, a base de sonido y montaje, en su más que buena película "Session 9". Con su aportación a "Masters of Horror" reincide en el mismo terreno, y sale airoso. Un tipo con la capacidad de escuchar a gran volumen hasta el sonido más insignificante comienza a perder el juicio. A ello contribuye la reciente muerte de su adorado hijo y la verborrea imparable de su mujer, que tampoco está muy fina del coco. Naturalmente, el hombre terminará estallando... lo que precipitará los hechos hasta un final diferente y original.
Básicamente lo que "El estrépito del vacío" (título pretencioso, pero chulo. Nada que ver con el original, "Sounds like") cuenta es, simplemente, el descenso a la locura de un ser humano. Y lo hace de puta madre, jugando -lógicamente- con el sonido, pero dotando a la historia de ritmo, tensión y escenas francamente poderosas a nivel visual, incrementadas por la capacidad de su actor protagonista, Chris Bauer.
No esperéis sangre a cholón... ni monstruos... ni asesinos psicópatas... ni nada de todo eso. Esto es puro terror psicológico, y aunque los elementos antes citados son maravillosos y los gozo como una puta bien remunerada cuando los consumo, de vez en cuando tirar por la otra senda, y más de la mano de alguien tan capacitado como Anderson, es altamente estimulante.
miércoles, 22 de agosto de 2007
MASTERS OF HORROR: HUELLA
En un producto televisivo que, como decía, alardea de no cortarse un pelo en cuestiones de violencia y desmelene, "choca" que el episodio dirigido por el cineasta asiático Takashi Miike fuese vetado por su contenido altamente perturbador. Bueno, "choca" a medias si tenemos en cuenta la mojigatería puntual que gastan los yankees y que allá donde va Miike, el escándalo le persigue.
Que quede bien claro, no soy fan de Takashi Miike... de hecho, me parece un tipo sobrevaloradísimo y rodeado de fans un poco ciegos que, visto la pasión que demuestran por su ídolo, han visto muy poco cine. La mejor peli del autor nipón es, justamente, una de las menos valoradas por sus seguidores, "Audition". El resto... pssss... mucha basura ("Llamada perdida", "D.O.A", "Izo"), mucha decepción ("Ichi, the killer") y alguna cosa curiosa ("Full Metal Yakuza"), pero poco, muy poco, más.
Mi atracción hacia "Huella", el episodio del tipo para "Masters of horror", era puramente morbosa, pero una vez vista puedo decir que me ha sorprendido gratamente.
La historia es la siguiente: Un americano (el recuperado Billy Drago, que en este caso sobreactúa que da gusto), viaja hasta Japón en busca de un antiguo amor al que prometió sacar de la mala vida. Cuando llega a un prostíbulo, conoce a una puta deforme que en su momento trató con la chica en cuestión y guarda algunas desagradables noticias sobre su paradero.
Lo primero que llama la atención de la peli es que se aleja bastante del tono tradicional y "conservador" que suele manejar "Masters of Horror" con respecto al género. De entrada, Miike tiene la sabia idea de reducir los acontecimientos a dos personajes que dialogan en un único escenario y en tiempo real, lo que provoca cierta desazón y angustia en el espectador. Además, se permite aportar bastantes elementos visuales que incomodan e inquietan, como cierta silueta fantasmagórica que surge en un momento en el que no te lo esperas, pero sin pirotecnia que valga, lo que provoca un notable escalofrío. A parte del aspecto atmosférico o sórdido de la historia está, cómo no, la violencia y la crudeza propias de su autor, destacando la inevitable y brutal secuencia de tortura (que guarda puntos en común con la de "Audition") y ciertos abortos nada delicados que tampoco se quedan cortos.
Sin embargo, cuando llevas 45 minutos y crees estar viendo una muestra muy muy digna de cine de terror del bueno, viene el señor Takashi y... ¡la caga!, y de que manera. Tal metida de pata se la debemos a una "sorpresa final" que no desvelaré aquí pero que, afrontémoslo, roza el ridículo y perjudica muchísimo al tono del resto de un film que, de otro modo, hubiera podido estar muy cerca de la "obra maestra".
Sin embargo, y a pesar del desliz, está muy por encima de los logros de "Masters of Horror" (y del cine de terror moderno en general), por lo que bien merece un visionado.








