"Manhattan Baby" luce igualita que todas las películas del periodo de oro en la carrera de Lucio Fulci, básicamente porque está facturada a la par que el resto. ¿Y a qué periodo me refiero? ¿de verdad son tan ingenuos? pues ya saben: "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes", "El más allá", "Aquella casa al lado del cementerio" y "El destripador de Nueva York". Teniendo ello en consideración, y el hecho de que muchos de los individuos presentes en aquellas (delante y detrás de la cámara) repiten aquí (véanse la pareja de guionistas Elisa Briganti + Dardano Sacchetti, el productor Fabrizio De Angelis, el compositor Fabio Frizzi quien, por cierto, recicla bastantes temas de "El más allá" o el niño cabezón de "Aquella casa al lado del cementerio", Giovanni Frezza, del que, curiosamente, rulan fotos promocionales luciendo un escorpión negro en su interminable cabolo, aunque aluego no veamos nada parecido en el film), ¿Cómo es posible que "Manhattan Baby" sea menos popular, peor, y "la fea" del pack según las artes del José Frade distribuidor? aquella que, aún luciendo el inconfundible diseño de la caratula propia del periodo -incluido ese cutroso L.Fulzy-, y un dibujo del gran E.Sciotti, rara vez alquilamos. Y si lo hicimos, la devolvimos raudos al día siguiente suplicando a nuestro cerebro un pronto borrado. Pues porque a "Manhattan Baby" le falta una cosa muy importante, esencial: las generosas, retorcidas y exageradas sanguinolencias propias de aquel Fulci. O, como lo llamaban los franchustes, el hard-gore. Y así, una vez más, se demuestra que sin semejante elemento, el cine del italiano carece de ningún otro atractivo e interés (venga va, voy a ser generoso, añadan cierta capacidad de crear atmósferas macabras... ausente también en el caso que nos ocupa) y, claro, sus muchas limitaciones (sobre todo la falta de ritmo, dinamismo y progresión) pesa más que agarrar a Sergi López por la cintura para elevarlo un palmo del sucio suelo. Por ello "Manhattan Baby" es la más olvidable, prescindible y aburrida película de horror de Fulci, a la altura de furruños posteriores como "Aenigma" o -la abominosa- "Murderock" (queda pendiente revisar otra incorporable al mismo espacio-tiempo, "El gato negro", pero, según recuerdo, tampoco mejoraría mucho el panorama).
Yendo de exploraciones por Egipto, la hija de un arqueólogo (Christopher Connelly, todo un astro del exploit italianini al que han visto en indigestiones de Enzo G. Castellari, Ruggero Deodato o Bruno Mattei, ¡¡menudo máquina!!) recibe un medallón chungo por parte de una autóctona ciega y malrollera, uno con forma de ojo, lo que dará alas a Fulci para saturar su película de primeros planos de los globos oculares del reparto al completo, pero hasta la náusea, justo al ladito de los zooms y los paneos indiscriminados. El caso es que la familia regresa a Nueva York y la niña pues comienza a comportarse raro. Aquellos que investiguen el origen de sus berrinches, terminarán palmando... aunque, como avisaba hace unas líneas, no esperen nada granguiñolesco. Quizás el final-final, y aún así, tampoco tanto.
El resultado, pues eso, un tostón tremendo, anti-recomendable y que incluye la desagradable muerte real de una cobra frente a la cámara... panda de sucios bastardos desalmados... ya saben como las gastaban entonces. Prefiero quedarme con tonteridas y fricadillas como ese mítico póster de Mordillo decorando una pared, los churumbeles leyendo "Crazy" (una de las imitaciones más célebres de "Mad Magazine") y el enfermero (asistiendo a Fulci en su inevitable cameo), que se parece mucho a mí.... o al yo de hace quince años.
¿El resto? habas con diarrea de mono.
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sábado, 16 de mayo de 2026
lunes, 29 de abril de 2024
CITY OF BLOOD (CIUDAD ENSANGRENTADA)
Thriller sudafricano con toquecitos de terror en el que un médico forense cercano a la tercera edad —con cierto parecido a Paco Rabal—, investiga una serie de asesinatos de prostitutas blancas, realizados por alguien negro, que resultará ser un antiguo líder de una tribu local que ha vuelto a la vida tras muchos años muerto.
Una cosa insípida con investigaciones que llevaran a nuestro protagonista a hurgar en archivos y esquinas callejeras, lo que se traduce en ver al Paco Rabal de tercera caminando mucho, haciendo muchas preguntas a más personas de la tercera edad y sorprendiéndose en demasía cuando descubre que la proveniencia de los asesinatos pueda ser de corte sobrenatural. Vamos, el tedio más absoluto propio de un telefilme de cuarta categoría, rodado con los medios de una película de primera.
Al margen del aburrimiento generalizado, se trata de una producción sudafricana, por lo que el tempo es distinto al de las americanas y tiende a aburrirnos más todavía. Es igualmente desconcertante que el espectador tenga más información de la que necesita desde el minuto uno, gracias a un prologo que prácticamente nos revela el desenlace.
Por lo demás, estamos ante una película desangelada cuyos problemas propiciaron que, habiendo sido rodada en 1983, no se estrenara hasta bien entrado 1987 en los países de habla inglesa. Naturalmente, a España llegó en formato videográfico vía José Frade, en una versión mucho más digerible que la concebida originalmente (tampoco demasiado), porque está recortada deliberadamente, sin ningún tipo de problema, en unos 10 minutos.
Una cosa insípida con investigaciones que llevaran a nuestro protagonista a hurgar en archivos y esquinas callejeras, lo que se traduce en ver al Paco Rabal de tercera caminando mucho, haciendo muchas preguntas a más personas de la tercera edad y sorprendiéndose en demasía cuando descubre que la proveniencia de los asesinatos pueda ser de corte sobrenatural. Vamos, el tedio más absoluto propio de un telefilme de cuarta categoría, rodado con los medios de una película de primera.
Al margen del aburrimiento generalizado, se trata de una producción sudafricana, por lo que el tempo es distinto al de las americanas y tiende a aburrirnos más todavía. Es igualmente desconcertante que el espectador tenga más información de la que necesita desde el minuto uno, gracias a un prologo que prácticamente nos revela el desenlace.
Por lo demás, estamos ante una película desangelada cuyos problemas propiciaron que, habiendo sido rodada en 1983, no se estrenara hasta bien entrado 1987 en los países de habla inglesa. Naturalmente, a España llegó en formato videográfico vía José Frade, en una versión mucho más digerible que la concebida originalmente (tampoco demasiado), porque está recortada deliberadamente, sin ningún tipo de problema, en unos 10 minutos.
El Paco Rabal del que les vengo hablando desde hace un rato es Joe Stewardson, actor inglés todo terreno que aunque protagoniza esta cinta, en realidad su labor en el cine se reduce a interpretar papeles secundarios de variado pelaje, apareciendo por ejemplo en “Puños fuera” al lado de Bud Spencer, “Juego de buitres” de James Fargo y cosas de aún más baja alcurnia.
Asimismo el director de este desaguisado es Darrell Roodt, sudafricano como el demonio y como la propia película. “City of Blood (ciudad ensangrentada)” es una de sus primeras incursiones en cine y preludio de una carrera un tanto atípica que se completa con títulos de corte popular como puedan ser “Sarafina”, al servicio de Whoopy Goldberg, “El enemigo público número uno… Mi padre” con Patrick Swayze, “Tierra de odios” con Ice Cube o, ya bajando mucho el listón, “Drácula 3000”. Más demencial si cabe, suya es “Mandíbulas 6: El legado”.
“City of Blood (Ciudad ensangrentada)” es la película que pondría en el mapa al director y le permitiría rodar a posteriori todo eso que les he dicho y más. Y nada de ello excesivamente interesante.
Asimismo el director de este desaguisado es Darrell Roodt, sudafricano como el demonio y como la propia película. “City of Blood (ciudad ensangrentada)” es una de sus primeras incursiones en cine y preludio de una carrera un tanto atípica que se completa con títulos de corte popular como puedan ser “Sarafina”, al servicio de Whoopy Goldberg, “El enemigo público número uno… Mi padre” con Patrick Swayze, “Tierra de odios” con Ice Cube o, ya bajando mucho el listón, “Drácula 3000”. Más demencial si cabe, suya es “Mandíbulas 6: El legado”.
“City of Blood (Ciudad ensangrentada)” es la película que pondría en el mapa al director y le permitiría rodar a posteriori todo eso que les he dicho y más. Y nada de ello excesivamente interesante.
sábado, 3 de febrero de 2024
VIRUS
Partamos de la base que ya en su época, cuando me pasaba el día nadando entre hemoglobina de procedencia ítalo parlante (mayormente cortesía de individuos tan poco recomendables como Lucio Fulci, Umberto Lenzi o Aristide Massaccesi), consideraba "Virus" una de las aportaciones más flojuchas al "género", por así llamarlo. Sobre todo porque, seguramente, estaba entre las primeras que vi y las expectativas pesaban. Fue tal el poco entusiasmo obtenido, que no había vuelto a hincarle el diente -nunca mejor expresado en este caso- desde aquel primer intento.
Unos veteranos del Vietnam regresan a la civilización portando un virus que les vuelve caníbales, tal cual. A pesar del cambio de aires, no podrán contener las ansias alimenticias y la liarán parda, siendo perseguidos por las autoridades, mientras a su paso van dejando un generoso reguero de cuerpos mordisqueados e infectando a otros con su hobby.
Conocida también como "Apocalypse domani", "Cannibals in the Streets" o "Cannibal Apocalypse", la película cuenta con un chorro de ingredientes para hacerla triunfar. A la dirección, todo un clásico en lo suyo, Antonio Margheriti (generalmente oculto tras el alias de Anthony M. Dawson). En el co-guion, otro que tal baila, Dardano Sacchetti. De los efectos de maquillaje se encarga un tercer grande, Giannetto De Rossi. Siendo co-producción entre Italia y España, José Frade viene a encabezar la movida. Y el reparto está a la altura: John Saxon, Giovanni Lombardo Radice o Ramiro Oliveros, entre otros ligados al llamado "eurotrash". Y sin embargo, a mi "Virus" me sigue sin acabar de funcionar. Le reconozco un arranque solvente. Algunas buenas ideas (esa vecinita adolescente que se pirra por los huesos de Saxon). Y, obvio, la generosa ración de violencia, en especial los destellos más truculentos -y populares- como el agujero en el estómago de Lombardo Radice o el "apretujón" de ojos. El gore es licuoso y detallado, pero menos que los excesos de Fulci, y es que al colega Margheriti, tal y como leí en una entrevista, no le molaba demasiado eso de mostrar higadillos. Lo hacía porque, siendo el solvente artesano que era, daba al mercado lo que pedía a gritos. Pero no gozaba en el proceso, y esas cosas se notan. Luego tenemos al mentado Lombardo Radice, cuya actuación roza los límites del exceso y el histrionismo. Esos caretos como de constreñido, me cargaban de chaval y lo han vuelto a hacer ahora.
Creo que mi verdadero problema con "Virus" es que, en esencia, NO es una película de terror. Es más de acción. Un thriller si lo prefieren, en el que, eventualmente, unos tipos se comen la carne de otros, pero abundan más los disparos que los sustos. Me aburrió un poco, sobre todo con la persecución final. Así que, no, el tiempo no me ha reconciliado con ella.
Unos veteranos del Vietnam regresan a la civilización portando un virus que les vuelve caníbales, tal cual. A pesar del cambio de aires, no podrán contener las ansias alimenticias y la liarán parda, siendo perseguidos por las autoridades, mientras a su paso van dejando un generoso reguero de cuerpos mordisqueados e infectando a otros con su hobby.
Conocida también como "Apocalypse domani", "Cannibals in the Streets" o "Cannibal Apocalypse", la película cuenta con un chorro de ingredientes para hacerla triunfar. A la dirección, todo un clásico en lo suyo, Antonio Margheriti (generalmente oculto tras el alias de Anthony M. Dawson). En el co-guion, otro que tal baila, Dardano Sacchetti. De los efectos de maquillaje se encarga un tercer grande, Giannetto De Rossi. Siendo co-producción entre Italia y España, José Frade viene a encabezar la movida. Y el reparto está a la altura: John Saxon, Giovanni Lombardo Radice o Ramiro Oliveros, entre otros ligados al llamado "eurotrash". Y sin embargo, a mi "Virus" me sigue sin acabar de funcionar. Le reconozco un arranque solvente. Algunas buenas ideas (esa vecinita adolescente que se pirra por los huesos de Saxon). Y, obvio, la generosa ración de violencia, en especial los destellos más truculentos -y populares- como el agujero en el estómago de Lombardo Radice o el "apretujón" de ojos. El gore es licuoso y detallado, pero menos que los excesos de Fulci, y es que al colega Margheriti, tal y como leí en una entrevista, no le molaba demasiado eso de mostrar higadillos. Lo hacía porque, siendo el solvente artesano que era, daba al mercado lo que pedía a gritos. Pero no gozaba en el proceso, y esas cosas se notan. Luego tenemos al mentado Lombardo Radice, cuya actuación roza los límites del exceso y el histrionismo. Esos caretos como de constreñido, me cargaban de chaval y lo han vuelto a hacer ahora.
Creo que mi verdadero problema con "Virus" es que, en esencia, NO es una película de terror. Es más de acción. Un thriller si lo prefieren, en el que, eventualmente, unos tipos se comen la carne de otros, pero abundan más los disparos que los sustos. Me aburrió un poco, sobre todo con la persecución final. Así que, no, el tiempo no me ha reconciliado con ella.
lunes, 25 de diciembre de 2023
EL ESPIRITISTA (EXORCISTA III)
Coproducción hispano-portuguesa a mayor gloria de un ya decadente Vicente Parra, despropósito fílmico que hace sonrojar al más avezado, “El espiritista (Exorcista III)”, con voluntad, puede llegar a ser un divertimento de medianoche más que encomiable.
Se trata de un exploit de “El Exorcista” rodado en Lisboa a mediados de los setenta con tres pesetas, cuya principal baza para hacer picar al espectador incauto —argumento semejante aparte— es el parecido que guarda su título original con el de la película de William Friedkin. Por supuesto, el público era tonto pero no tanto, y el número de espectadores que acudió a los cines fue nimio. Además, digo yo que quienes fueran a ver la película atraídos por la presencia de María Kosty, anunciada entre los protagonistas en los afiches, se cagaría en la puta madre del espiritista, porque esta no aparece por ningún sitio… (Yo supongo que, probablemente, sea debido a que el póster estaba diseñado y fabricado desde la primera claqueta de la producción y que la Kosty estuviera en un principio en el proyecto. Seguramente no llegarían a un acuerdo y para cuando ella ya no estaba, los pósteres habían sido hechos… y cambiarlos supondría un gasto extra. Pero a saber).
No contentos sus distribuidores con esta estratagema comercial, años después de su estreno, cuando la película se editó en vídeo durante los primeros años del videoclub, y aprovechando que ya se había estrenado “El Hereje (Exorcista II)”, ni cortos ni perezosos, decidieron poner en la caratula el subtítulo de “Exorcista III”, de muy mala manera y escrito con letraset, con el fin de hacerla pasar por otra secuela de “El Exorcista”. A José Frade le saldría bien aquello con “Tiburón 3”, pero esta no se a cuantos engañaría.
Al margen de toda esta chapuza, la película, como digo, tiene momentos de comedia involuntaria gracias principalmente a la interpretación de Vicente Parra —cuya voz ha sido doblada— quien, muy entregado él, nos ofrece una secuencia de posesión como pocas se han visto en una pantalla. Solo por eso, "El espiritista" merece ser consumida.
Un fotógrafo de moda, bastante pijo, tiene aptitudes de médium. De esta forma, en sus ratos libres se dedica a hacer sesiones de espiritismo para que sus adeptos contacten con sus seres queridos en el más allá. En una de estas, una beatorra va a verle para que le ponga en contacto con su difunto marido. Vicente Parra hace lo suyo y, al contactar, el muerto toma posesión del cuerpo del espiritista, convirtiendo su vida un calvario, ya que se manifiesta cuando le da la gana, le atormenta con maullidos de gato y, además, le da de hostias. El desenlace será de lo más desconcertante.
Una rareza del cine español (y portugués) que, pese al aburrimiento y al bochorno, consigue por otro lado momentos inquietantes —un extraño niño que aparece sin demasiado orden ni concierto al lado de la cama de la viuda protagonista y parece drogado, da bastante canguelo— gracias a una iluminación austera a base de alumbrar solo a los personajes haciendo que el resto del encuadre se vea negro, que consigue, al menos ambientar la historia más que dignamente. Por lo demás, un folletín melodramático que tontea con el erotismo de la era del destape, un poco antes (quizás unos meses) de que naciera la clasificación “S” y este tipo de productos tuvieran su nicho natural en los cines, que como material de derribo, de una manera u otra, por demencial o estúpida, acaba funcionando.
Vicente Parra, con su cabezón, su leve estrabismo y su boca de piñón, es el motor de la película con sus aspavientos y cabriolas, pero además, tenemos en el reparto a gente como Carmen Carrión, Antonio Mayans que aparece casi en calidad de figurante, Fabian Conde o Norma Kastel.
En cuanto a su director, Augusto Fernando, portugués del que no hay más datos que su crédito en esta cinta, jamás volvió a dar señales de vida. Ni aquí, ni en su Portugal natal.
Se trata de un exploit de “El Exorcista” rodado en Lisboa a mediados de los setenta con tres pesetas, cuya principal baza para hacer picar al espectador incauto —argumento semejante aparte— es el parecido que guarda su título original con el de la película de William Friedkin. Por supuesto, el público era tonto pero no tanto, y el número de espectadores que acudió a los cines fue nimio. Además, digo yo que quienes fueran a ver la película atraídos por la presencia de María Kosty, anunciada entre los protagonistas en los afiches, se cagaría en la puta madre del espiritista, porque esta no aparece por ningún sitio… (Yo supongo que, probablemente, sea debido a que el póster estaba diseñado y fabricado desde la primera claqueta de la producción y que la Kosty estuviera en un principio en el proyecto. Seguramente no llegarían a un acuerdo y para cuando ella ya no estaba, los pósteres habían sido hechos… y cambiarlos supondría un gasto extra. Pero a saber).
No contentos sus distribuidores con esta estratagema comercial, años después de su estreno, cuando la película se editó en vídeo durante los primeros años del videoclub, y aprovechando que ya se había estrenado “El Hereje (Exorcista II)”, ni cortos ni perezosos, decidieron poner en la caratula el subtítulo de “Exorcista III”, de muy mala manera y escrito con letraset, con el fin de hacerla pasar por otra secuela de “El Exorcista”. A José Frade le saldría bien aquello con “Tiburón 3”, pero esta no se a cuantos engañaría.
Al margen de toda esta chapuza, la película, como digo, tiene momentos de comedia involuntaria gracias principalmente a la interpretación de Vicente Parra —cuya voz ha sido doblada— quien, muy entregado él, nos ofrece una secuencia de posesión como pocas se han visto en una pantalla. Solo por eso, "El espiritista" merece ser consumida.
Un fotógrafo de moda, bastante pijo, tiene aptitudes de médium. De esta forma, en sus ratos libres se dedica a hacer sesiones de espiritismo para que sus adeptos contacten con sus seres queridos en el más allá. En una de estas, una beatorra va a verle para que le ponga en contacto con su difunto marido. Vicente Parra hace lo suyo y, al contactar, el muerto toma posesión del cuerpo del espiritista, convirtiendo su vida un calvario, ya que se manifiesta cuando le da la gana, le atormenta con maullidos de gato y, además, le da de hostias. El desenlace será de lo más desconcertante.
Una rareza del cine español (y portugués) que, pese al aburrimiento y al bochorno, consigue por otro lado momentos inquietantes —un extraño niño que aparece sin demasiado orden ni concierto al lado de la cama de la viuda protagonista y parece drogado, da bastante canguelo— gracias a una iluminación austera a base de alumbrar solo a los personajes haciendo que el resto del encuadre se vea negro, que consigue, al menos ambientar la historia más que dignamente. Por lo demás, un folletín melodramático que tontea con el erotismo de la era del destape, un poco antes (quizás unos meses) de que naciera la clasificación “S” y este tipo de productos tuvieran su nicho natural en los cines, que como material de derribo, de una manera u otra, por demencial o estúpida, acaba funcionando.
Vicente Parra, con su cabezón, su leve estrabismo y su boca de piñón, es el motor de la película con sus aspavientos y cabriolas, pero además, tenemos en el reparto a gente como Carmen Carrión, Antonio Mayans que aparece casi en calidad de figurante, Fabian Conde o Norma Kastel.
En cuanto a su director, Augusto Fernando, portugués del que no hay más datos que su crédito en esta cinta, jamás volvió a dar señales de vida. Ni aquí, ni en su Portugal natal.
viernes, 10 de noviembre de 2023
LA COREA
A “La Corea” podríamos emparentarla directamente con “Madrid, Costa Fleming” de José María Forqué —siendo esta su reverso oscuro—, en el sentido de que ambas películas giran en torno a la relación que tenían los madrileños de los años setenta con los americanos sitos en la base militar de Torrejón de Ardoz, estando tratada la de Forqué desde la sátira mordaz y en tono de comedia desenfadada y, esta, de Pedro Olea, desde el realismo más sucio y el drama descarnado. Tampoco está exenta de cierto sensacionalismo que la asemeja al cine de Eloy de La Iglesia de la época, siendo un precedente directo (sin tener mucho que ver con el subgénero, y salvando ciertas distancias) del cine quinqui que estaría por venir. También, y al igual que De La Iglesia, Pedro Olea trató el tema de la homosexualidad en su cine desde un prisma más sutil que el director guipuzcoano y, en “La Corea” aborda el lúmpen madrileño centrando su historia en el mundo de la prostitución masculina.
Perteneciente, junto a “Tormento” y “Pim, pam, pum… ¡Fuego!” a lo que el director dio en llamar “trilogía de Madrid”, “La Corea” cuenta la historia de un joven de provincias, Toni, que llega a Madrid con la intención de encontrar trabajo y, junto a su amigo Paco, comienza a currar para Charo, también conocida bajo el alias de La Corea, como gigoló para señoras mayores bajo la protección de esta, que acabará enamorada del chaval hasta las trancas. Por otro lado, Paco introduce a Toni en el mundo del chapeo llevándole a la base americana de Torrejón, donde algunos soldados americanos homosexuales requieren los servicios de jóvenes efebos. La tragedia se desencadenará en el momento que Sebas, viejo chapero y protegido de La Corea que ahora trabaja por su cuenta, considera que Toni le ha usurpado el puesto.
“La Corea”, producida por José Frade, es una de tantas películas de su catálogo que permaneció inédita tras su paso por las salas comerciales, donde congregó a poco menos de medio millón de espectadores, y recientemente ha sido recuperada por Radio Televisión Española que la emitió por primera vez en su parrilla. Se trata de una película que tímidamente asoma la cabeza en los albores de la transición y muestra con valentía un mundo bastante sórdido que, por supuesto, existía en la época. Todo ello contado con destreza y a su ritmo por Pedro Olea, quien, además, hace un retrato estupendo del Madrid de aquellos días.
En el reparto contamos con Queta Claver como Madame del prostíbulo para los americanos, Angel Pardo, que debutaba como protagonista en esta cinta y luego aparecería en los films de Eloy de La Iglesia “Los placeres ocultos, “El diputado” y “Navajeros”, viéndose desplazado en este tipo de protagónicos de su especialidad (chavales medio quinquis y chaperos), cuando se cruzó Jose Luis Manzano en la vida del director de “El Pico” otorgándole los papeles principales de las películas que dirigiría en adelante. También tenemos a Gonzalo Castro, más conocido en su faceta posterior como cantante pop bajo el nombre artístico de Gonzalo, y que si bien comenzó su carrera como actor en esta película, también aparecería en otras como “Dos y dos, cinco” o encarnaría al mítico Bruno de la serie “Verano azul”. Completan el cast Cristina Galvó y Encarna Paso.
A ver lo que tardan los de siempre en meterla dentro del saco del cine quinqui… porque, además de chaperos, esta película tiene macarras, navajas, billares…
Perteneciente, junto a “Tormento” y “Pim, pam, pum… ¡Fuego!” a lo que el director dio en llamar “trilogía de Madrid”, “La Corea” cuenta la historia de un joven de provincias, Toni, que llega a Madrid con la intención de encontrar trabajo y, junto a su amigo Paco, comienza a currar para Charo, también conocida bajo el alias de La Corea, como gigoló para señoras mayores bajo la protección de esta, que acabará enamorada del chaval hasta las trancas. Por otro lado, Paco introduce a Toni en el mundo del chapeo llevándole a la base americana de Torrejón, donde algunos soldados americanos homosexuales requieren los servicios de jóvenes efebos. La tragedia se desencadenará en el momento que Sebas, viejo chapero y protegido de La Corea que ahora trabaja por su cuenta, considera que Toni le ha usurpado el puesto.
“La Corea”, producida por José Frade, es una de tantas películas de su catálogo que permaneció inédita tras su paso por las salas comerciales, donde congregó a poco menos de medio millón de espectadores, y recientemente ha sido recuperada por Radio Televisión Española que la emitió por primera vez en su parrilla. Se trata de una película que tímidamente asoma la cabeza en los albores de la transición y muestra con valentía un mundo bastante sórdido que, por supuesto, existía en la época. Todo ello contado con destreza y a su ritmo por Pedro Olea, quien, además, hace un retrato estupendo del Madrid de aquellos días.
En el reparto contamos con Queta Claver como Madame del prostíbulo para los americanos, Angel Pardo, que debutaba como protagonista en esta cinta y luego aparecería en los films de Eloy de La Iglesia “Los placeres ocultos, “El diputado” y “Navajeros”, viéndose desplazado en este tipo de protagónicos de su especialidad (chavales medio quinquis y chaperos), cuando se cruzó Jose Luis Manzano en la vida del director de “El Pico” otorgándole los papeles principales de las películas que dirigiría en adelante. También tenemos a Gonzalo Castro, más conocido en su faceta posterior como cantante pop bajo el nombre artístico de Gonzalo, y que si bien comenzó su carrera como actor en esta película, también aparecería en otras como “Dos y dos, cinco” o encarnaría al mítico Bruno de la serie “Verano azul”. Completan el cast Cristina Galvó y Encarna Paso.
A ver lo que tardan los de siempre en meterla dentro del saco del cine quinqui… porque, además de chaperos, esta película tiene macarras, navajas, billares…
lunes, 14 de agosto de 2023
DRÁCULA CHUPA...
Sobrevalorada película porno, y enésima parodia en el género sobre el mito de Drácula, que tiene más nombre que gracia y es infinitamente peor que otros pornos con el vampirismo de por medio, como pueda ser “Sex and the single Vampire”, por ejemplo, que esa es un poco (poco) más divertida.
Lo más curioso de todo es que, no estando excesivamente mal ambientada, se estrenó en medio mundo en su versión amputada de sexo explícito porque por lo visto, cuando los protagonistas no estaban follando, estaban protagonizando unas divertidas secuencias de comedia. De este modo llegó a nuestros cines en 1981 en versión clasificada “S” de la mano de José Frade, ya que hasta 1983 el porno duro no fue legal en España. Y la película obtuvo cierta relevancia con casi 300.000 espectadores en salas de nicho pajero. La versión española es una cosa muy extraña, con cortes abruptos cuando los protagonistas se ponen a follar, en un metraje en el que es difícil enterarse de algo, pero que resulta hilarante porque está doblada al castellano como una película estándar, esto es, con voces habituales del cine mainstream, y eso tiene cierta gracia, el resto de la película, no. No en balde, el guion se iba escribiendo —y reescribiendo— sobre la marcha, recibiendo los actores folios con el texto redactado a mano minutos antes de rodar.
La versión completa y yankie es una película porno al uso, con folladas setenteras que pueden poner cachondo al espectador o no, y con exceso de masturbación por parte del cast masculino; se pajean demasiado para ser un film de corte heterosexual.
Bajo el título internacional de “Drácula Sucks”, posteriormente en algunos territorios se estrenó con el de “Lust at first bite”, parodiando el éxito “Amor al primer mordisco” (“Love at first bite”) rodada un año después de esta.
Por otro lado, la película está cuajada de estrellas del porno de los años 70; John Holmes y la bestia que tenía por falo, John Leslie, Seka, Annete Haven y Jaime Gillis que da vida a un pajillero y barbudo Drácula con el pelo a la permanente.
La película cuenta los avatares del Conde Drácula cuando decide irse a vivir a un manicomio en el que los internos están teniendo extraños comportamientos. Aparecen con mordeduras en el cuello o en el cipote. Por supuesto Van Helsing irá para allá a ver que demonios pasa. Todo una vulgar excusa para dar paso a las escenas de sexo.
Más interesante resulta el director, Philip Marshak, que compaginó el porno con algún escarceo dentro del cine convencional, siendo responsable de la película “Pesadilla interminable” y, por ende, del segmento de la misma incluido en ese maravilloso y loco puzzle que es “Noche en el tren del terror”. A mediados de los 80 el señor Marshak deja la dirección, siendo “Drácula chupa...” su film más popular.
Lo más curioso de todo es que, no estando excesivamente mal ambientada, se estrenó en medio mundo en su versión amputada de sexo explícito porque por lo visto, cuando los protagonistas no estaban follando, estaban protagonizando unas divertidas secuencias de comedia. De este modo llegó a nuestros cines en 1981 en versión clasificada “S” de la mano de José Frade, ya que hasta 1983 el porno duro no fue legal en España. Y la película obtuvo cierta relevancia con casi 300.000 espectadores en salas de nicho pajero. La versión española es una cosa muy extraña, con cortes abruptos cuando los protagonistas se ponen a follar, en un metraje en el que es difícil enterarse de algo, pero que resulta hilarante porque está doblada al castellano como una película estándar, esto es, con voces habituales del cine mainstream, y eso tiene cierta gracia, el resto de la película, no. No en balde, el guion se iba escribiendo —y reescribiendo— sobre la marcha, recibiendo los actores folios con el texto redactado a mano minutos antes de rodar.
La versión completa y yankie es una película porno al uso, con folladas setenteras que pueden poner cachondo al espectador o no, y con exceso de masturbación por parte del cast masculino; se pajean demasiado para ser un film de corte heterosexual.
Bajo el título internacional de “Drácula Sucks”, posteriormente en algunos territorios se estrenó con el de “Lust at first bite”, parodiando el éxito “Amor al primer mordisco” (“Love at first bite”) rodada un año después de esta.
Por otro lado, la película está cuajada de estrellas del porno de los años 70; John Holmes y la bestia que tenía por falo, John Leslie, Seka, Annete Haven y Jaime Gillis que da vida a un pajillero y barbudo Drácula con el pelo a la permanente.
La película cuenta los avatares del Conde Drácula cuando decide irse a vivir a un manicomio en el que los internos están teniendo extraños comportamientos. Aparecen con mordeduras en el cuello o en el cipote. Por supuesto Van Helsing irá para allá a ver que demonios pasa. Todo una vulgar excusa para dar paso a las escenas de sexo.
Más interesante resulta el director, Philip Marshak, que compaginó el porno con algún escarceo dentro del cine convencional, siendo responsable de la película “Pesadilla interminable” y, por ende, del segmento de la misma incluido en ese maravilloso y loco puzzle que es “Noche en el tren del terror”. A mediados de los 80 el señor Marshak deja la dirección, siendo “Drácula chupa...” su film más popular.
viernes, 11 de agosto de 2023
FRANKIE "THE FLY"
Dentro de un ambiente mafioso de no demasiada monta, tenemos a un individuo que se dedica a hacer pequeños recados para los gangsters, ya sea servirles las copas, ya sea aparcarles los coches. Como es un tipo sin voluntad y sin carácter, los mafiosos le llaman “Mosca”, porque este, al igual que las moscas, come mierda. No le tienen ningún respeto y el hombrecillo está ya hasta las narices. Como también están metidos en el mundo de la pornografía, “Mosca” acude al set a hacer un recado y quedará prendado de una de las actrices que trabajan para esa gente. Trazará entonces un plan para vengarse de los gangsters por el trato vejatorio al que le someten a diario y, de paso, alejar a la actriz porno de la droga y la mala vida.
Olvidada de la mano de dios, con críticas espantosas y todo en su contra, “Frankie The Fly” es una película muy pequeñita de la Nu Image, de antes de que vieran el filón haciendo infames direct to video sobre insectos gigantes y tiburones, y que, probablemente, se encuentre entre las tres o cuatro mejores películas de la productora, aunque solo sea porque en pleno año de producción, 1996, Nu Image todavía se tomaba en serio eso de hacer películas; “Frankie The Fly” es una “de verdad”.
Sin embargo nos encontramos ante un título vilipendiado y despreciado por los fans del cine indie que la acusan directamente de ser un plagio de las películas de Tarantino cuando está en las antípodas de eso. “Frankie The Fly” tuvo la mala fortuna de ser concebida en plenos años 90 y compartir algunos miembros de cast con actores a los que había utilizado Tarantino en sus películas, pero más allá de eso, y de tratarse de un film sobre criminales, no solo es que no tenga nada que ver con una tarantinada (que hubo muchas en aquellos aciagos años), sino que tiene mil veces más inventiva, es quinientas veces mejor y costó setecientas veces menos dinero que una del jodido Quentin. Aunque esta también peque de robar conceptos de otras películas y ponerlos ahí como propios. En este caso, la obsesión de Frankie “El Mosca” con sacar de la mala vida y redimir a la actriz porno, es un calco de lo que quería hacer Travis Bickle en “Taxi Driver” con la joven prostituta interpretada por Jodie Foster, así como la estética entera de la película bebe de propuestas más o menos setenteras.
En cualquier caso, y notándose rodada con poco más que lo puesto, sale airosa a pesar de sus carencias, y cuenta con un guion sencillito, pero eficaz, que deja claro que no en todas las películas de mafiosos que visten de manera cool a la Tarantino, se han de tener ingeniosas conversaciones, sino que estas también pueden ser largas y planas como tablas de planchar, soltadas por personajes parcos en palabras. Y sin duda, queda mejor.
En definitiva, “Frankie The Fly” es una estupenda película de los 90, quizás ahogada por sus propias circunstancias, que merecía, sin duda, mayor suerte.
En muchos países se estrenó directamente en vídeo, pero en España, José Frade decidió lanzarla en unos cuantos cines donde fueron a verla cerca de 40.000 espectadores de nada. Después de eso, su distribución fue paupérrima. Y olvidada para siempre.
Cuenta con un repartazo no obstante: Dennis Hooper, Michael Madsen, Daryl Hanna y Kiefer Sutherland que están todos para comérselos con patatas de bien. En la dirección un director tan impersonal como es Peter Markle, que ha firmado películas de madres y padres desconocidos tales como “Hot Dog: La película”, “Youngblood: Forja de campeón”, “Bat 21” o “Caravana al Este”. Y entre medias, tropecientos telefilmes.
Olvidada de la mano de dios, con críticas espantosas y todo en su contra, “Frankie The Fly” es una película muy pequeñita de la Nu Image, de antes de que vieran el filón haciendo infames direct to video sobre insectos gigantes y tiburones, y que, probablemente, se encuentre entre las tres o cuatro mejores películas de la productora, aunque solo sea porque en pleno año de producción, 1996, Nu Image todavía se tomaba en serio eso de hacer películas; “Frankie The Fly” es una “de verdad”.
Sin embargo nos encontramos ante un título vilipendiado y despreciado por los fans del cine indie que la acusan directamente de ser un plagio de las películas de Tarantino cuando está en las antípodas de eso. “Frankie The Fly” tuvo la mala fortuna de ser concebida en plenos años 90 y compartir algunos miembros de cast con actores a los que había utilizado Tarantino en sus películas, pero más allá de eso, y de tratarse de un film sobre criminales, no solo es que no tenga nada que ver con una tarantinada (que hubo muchas en aquellos aciagos años), sino que tiene mil veces más inventiva, es quinientas veces mejor y costó setecientas veces menos dinero que una del jodido Quentin. Aunque esta también peque de robar conceptos de otras películas y ponerlos ahí como propios. En este caso, la obsesión de Frankie “El Mosca” con sacar de la mala vida y redimir a la actriz porno, es un calco de lo que quería hacer Travis Bickle en “Taxi Driver” con la joven prostituta interpretada por Jodie Foster, así como la estética entera de la película bebe de propuestas más o menos setenteras.
En cualquier caso, y notándose rodada con poco más que lo puesto, sale airosa a pesar de sus carencias, y cuenta con un guion sencillito, pero eficaz, que deja claro que no en todas las películas de mafiosos que visten de manera cool a la Tarantino, se han de tener ingeniosas conversaciones, sino que estas también pueden ser largas y planas como tablas de planchar, soltadas por personajes parcos en palabras. Y sin duda, queda mejor.
En definitiva, “Frankie The Fly” es una estupenda película de los 90, quizás ahogada por sus propias circunstancias, que merecía, sin duda, mayor suerte.
En muchos países se estrenó directamente en vídeo, pero en España, José Frade decidió lanzarla en unos cuantos cines donde fueron a verla cerca de 40.000 espectadores de nada. Después de eso, su distribución fue paupérrima. Y olvidada para siempre.
Cuenta con un repartazo no obstante: Dennis Hooper, Michael Madsen, Daryl Hanna y Kiefer Sutherland que están todos para comérselos con patatas de bien. En la dirección un director tan impersonal como es Peter Markle, que ha firmado películas de madres y padres desconocidos tales como “Hot Dog: La película”, “Youngblood: Forja de campeón”, “Bat 21” o “Caravana al Este”. Y entre medias, tropecientos telefilmes.
viernes, 4 de agosto de 2023
CUANDO ALMANZOR PERDIÓ EL TAMBOR
Era tendencia en nuestro cine popular de los años 80, que cuando una fórmula funcionaba bien, fueran varios los que la copiaran copando la cartelera de títulos de similares características. Y, mira tú por donde, el que solía traer esa fórmula solía ser siempre Mariano Ozores, que abría la veda para que directores, no necesariamente segundones, se sumaran al estilo que en ese momento cultivaba Mariano. Cuando Ozores se metió de lleno en aquellas películas con el divorcio como telón de fondo, por ejemplo “¡Qué gozada de divorcio!”, pronto llegaría Summers a hacer los propio con “El primer divorcio” y, copiando descaradamente, Juan Bosch con “Caray con el divorcio”.
“Cristóbal Colón… de oficio descubridor” fue el pistoletazo de salida que dio inicio a la popular trilogía de parodia histórica, el spoof autóctono, tres títulos de gran tirón popular producidos por José Frade, y en los que la mayor baza cómica consistía en los anacronismos y los chistes de política de la transición. Las tres películas partían de hechos históricos que, con cierto rigor a la hora de ser planteados, acababan siendo destrozados por los chistes sobre UCD o Alianza Popular. La mejor de todas, naturalmente, sería “Cristóbal Colón… de oficio descubridor”, por supuesto, dirigida por Mariano Ozores. A esta le seguirían, más mediocres, “Juana La Loca… de vez en cuando” con Lola Flores y dirigida por José Ramón Larraz, y “El Cid Cabreador” de Angelino Fons y protagonizada por Ángel Cristo. A este combo podíamos sumarle esa joya del cine valenciano parido desde la contracultura como fue “Que nos quiten lo bailao” de Carles Mira, no nos olvidemos de “La Biblia en Pasta” de Summers y la que nos ocupa, “Cuando Almanzor perdió el tambor”.
Pese a tener en plena forma a toda la plana mayor de la comedia popular española, esto es: Antonio Ozores, Juanito Navarro, Florinda Chico, Quique Camoiras, Luis Varela, Vicente Parra, Ricardo Merino.., sin lugar a ninguna duda “Cuando Almanzor perdió el tambor” es la peor de todas estas películas. Un intento de Luis María Delgado por recoger los frutos sembrados por la trilogía de Frade a destiempo y cuando la fórmula ya estaba más que agotada.
La acción se traslada al año 1002 cuando Almanzor tenía bajo su yugo a los cristianos y estos debían pagarle el pertinente tributo. Almanzor pide en pago doce doncellas y, a no tener ninguna disponible, lo que los Reyes Cristianos le envían es a doce putas. El festival de lo vulgar, lo chabacano y lo soez, está servido.
Una parodia histórica de menos de hora y media, con mucho menos presupuesto del que este tipo de películas solían contar y una dirección bastante apocada y perezosa por parte de otro de nuestros artesanos más exitosos, Luis María Delgado. Una metralleta de chistes de fútbol, política y guardias civiles que pierde fuelle a medio camino. Suerte que la presencia de Antonio Ozores, que suelta chascarrillos e improvisaciones a cascoporro, salvan de la quema una película que es de lo peorcito de aquellos años. Cosas como el memorable comienzo, con un plano de Ozores vestido de Almanzor subido a caballo y limpiándose las gafas con un Kleenex (y de la marca Kleenex como reza la cajita que lleva), consiguen que el espectador se ría. Pero nada más. Cuando no está Ozores en plano, el resto es terriblemente tedioso. Y, para más inri, no tenemos NADA de destape. Desde luego, “Cuando Almanzor perdió el tambor” es una auténtica rara avis de la época. Sin chispa, sin gracia, pero una rareza.
También resulta positivo, aunque cutre, que, nada más comenzar la película, una voz en off nos va introduciendo en la historia, acompañándose por una serie de bonitas ilustraciones hechas para lo ocasión por José Ramón Sánchez. El póster original de cines también es cosa suya. Y Sánchez siempre ha sido una maravilla.
El resto ¡No se toca! ¡Caca!
“Cristóbal Colón… de oficio descubridor” fue el pistoletazo de salida que dio inicio a la popular trilogía de parodia histórica, el spoof autóctono, tres títulos de gran tirón popular producidos por José Frade, y en los que la mayor baza cómica consistía en los anacronismos y los chistes de política de la transición. Las tres películas partían de hechos históricos que, con cierto rigor a la hora de ser planteados, acababan siendo destrozados por los chistes sobre UCD o Alianza Popular. La mejor de todas, naturalmente, sería “Cristóbal Colón… de oficio descubridor”, por supuesto, dirigida por Mariano Ozores. A esta le seguirían, más mediocres, “Juana La Loca… de vez en cuando” con Lola Flores y dirigida por José Ramón Larraz, y “El Cid Cabreador” de Angelino Fons y protagonizada por Ángel Cristo. A este combo podíamos sumarle esa joya del cine valenciano parido desde la contracultura como fue “Que nos quiten lo bailao” de Carles Mira, no nos olvidemos de “La Biblia en Pasta” de Summers y la que nos ocupa, “Cuando Almanzor perdió el tambor”.
Pese a tener en plena forma a toda la plana mayor de la comedia popular española, esto es: Antonio Ozores, Juanito Navarro, Florinda Chico, Quique Camoiras, Luis Varela, Vicente Parra, Ricardo Merino.., sin lugar a ninguna duda “Cuando Almanzor perdió el tambor” es la peor de todas estas películas. Un intento de Luis María Delgado por recoger los frutos sembrados por la trilogía de Frade a destiempo y cuando la fórmula ya estaba más que agotada.
La acción se traslada al año 1002 cuando Almanzor tenía bajo su yugo a los cristianos y estos debían pagarle el pertinente tributo. Almanzor pide en pago doce doncellas y, a no tener ninguna disponible, lo que los Reyes Cristianos le envían es a doce putas. El festival de lo vulgar, lo chabacano y lo soez, está servido.
Una parodia histórica de menos de hora y media, con mucho menos presupuesto del que este tipo de películas solían contar y una dirección bastante apocada y perezosa por parte de otro de nuestros artesanos más exitosos, Luis María Delgado. Una metralleta de chistes de fútbol, política y guardias civiles que pierde fuelle a medio camino. Suerte que la presencia de Antonio Ozores, que suelta chascarrillos e improvisaciones a cascoporro, salvan de la quema una película que es de lo peorcito de aquellos años. Cosas como el memorable comienzo, con un plano de Ozores vestido de Almanzor subido a caballo y limpiándose las gafas con un Kleenex (y de la marca Kleenex como reza la cajita que lleva), consiguen que el espectador se ría. Pero nada más. Cuando no está Ozores en plano, el resto es terriblemente tedioso. Y, para más inri, no tenemos NADA de destape. Desde luego, “Cuando Almanzor perdió el tambor” es una auténtica rara avis de la época. Sin chispa, sin gracia, pero una rareza.
También resulta positivo, aunque cutre, que, nada más comenzar la película, una voz en off nos va introduciendo en la historia, acompañándose por una serie de bonitas ilustraciones hechas para lo ocasión por José Ramón Sánchez. El póster original de cines también es cosa suya. Y Sánchez siempre ha sido una maravilla.
El resto ¡No se toca! ¡Caca!
viernes, 7 de julio de 2023
SHREDDER
“Shredder” es el paradigma de lo que por aquí llamamos “segunda era dorada del videoclub”. Yo le tengo especial cariño a esta película porque junto con otro slasher de la época, “Terror en el green”, fue la que hizo darme cuenta que con la llegada del DVD en los albores de 2000, se repetía aquello que sucedió en estos establecimientos durante los años 80: que se estrenaban exclusivamente en alquiler películas de baja estofa que, concebidas para ser explotadas en dicho formato, llenaban las estanterías de títulos que no se podrían ver de ninguna otra forma. Hablando en plata, que abundaba la mierda. Y yo disfruté esos dos o tres años de lanzamientos cutrongos como un cabrito.
Por supuesto, la primera que alquilé en aquella época, fue esta “Shredder” que en su momento me pareció insulsa, aunque el contraste del rojo de la sangre con el blanco de la nieve siempre lo he visto como una genialidad.
Y es que “Shredder” es una suerte de slasher fuera de su tiempo que repite, consciente, orgulloso, todos los clichés de cuando el género estaba en auge en los ochenta, quizás más con intenciones homenajísticas que postmodernas (al aluvión de neones rosas le faltaba todavía un poco para llegar), -Naxo: Yo lo considero más un exploitation a raíz del fenómeno "Scream", lo suficientemente perezoso y crematístico para no pensar en homenajes, únicamente repetir fórmulas facilonas- solo que trasladando la acción a un lugar exótico como es, en este caso, una vistosa estación de esquí (aunque ya hubo un precedente con "Iced"). Además, sucede una cosa muy curiosa; siendo aun "Shredder" un producto destinado a vídeo desde el primer momento —aunque tuvo el típico estreno reducido de rigor en algún cine de la América profunda— está rodado en 35 mm, motivo este por el que, vista hoy, resulta cálida. También es cierto que han pasado más de 20 años desde que la película fue lanzada, así que, indudablemente la nostalgia puede que haga mella en el visionado, porque, contra todos los pronósticos, la he disfrutado moderadamente.
La cosa va de un grupo de chavales que se va a la nieve a practicar snow board, cuando un guardia les incita a marcharse de la casita en la que se hospedan puesto que en su momento murió una niña en la estación de esquí en la que se encuentran, y desde entonces ocurren cosas extrañas. Los chavales hacen caso omiso de las advertencias y, en consecuencia, irán siendo despedazados por un individuo vestido de esquiador. En su desenlace, descubriremos quién es ese esquiador y por qué se carga a la peña.
“Shredder”, que quizás peca de ridícula en muchos momentos, al final es una película con una fotografía saturada, montada un poco torpemente, pero llena de cuchilladas, decapitaciones y trituraciones varias del mismo modo que ofrece desacomplejados destetes cuando en un principio todo apunta que nada de eso va a suceder. El psycho killer tiene cierto carisma vestido de esquiador y, entre unas cosas y otras, sin ser una gran película en ningún momento, acaba funcionando. O al menos me ha funcionado esta vez —en 2003 cuando la vi por primera vez, no tanto—.
Lo que me sorprende, curiosamente, es que en pleno 2023, en plena época del streaming, ahora que los tontos de internet aparecen de debajo de las piedras aseverando cruelmente contra películas como “Avatar” —por ejemplo— como si contaran con algún tipo de criterio que les diera potestad para hacerlo, no se reivindique este tipo de películas; los slasher de videoclub de la década de 2000, el terror de videoclub de 2000…yo creo que ya toca.
Ocurre que no va a tocar, porque este fenómeno es especialmente de nicho y solo lo vivimos intensamente unos pocos. Mientras aparecían estas películas en los videoclubs, el fandom comenzaba a reivindicar fervientemente el cine de los ochenta. Así que con la tontería llevan 40 años reivindicando una y otra vez las mismas películas, y encima, sintiéndose especiales por ello. Sin embargo asocian al videoclub títulos absolutamente comerciales como, por ejemplo “Regreso al futuro”… vamos que no detectan, ni por el forro, la verdadera esencia del videoclub, porque, a parte de que les falta un pequeño hervor, cuando entraron en aquellos establecimientos siendo adolescentes, lo hicieron para alquilar el último estreno de turno, mirando la morralla de la sección de veinte duros (si es que aún existía cuando ellos iban al videoclub ya en los 90) por encima del hombro. Así ¿cómo van a valorar en su justa medida “Schredder”?.. Tendrán que pasar otros 20 años.
La dirigió un tal Grez Huson que en los noventa facturó otra película independiente titulada “Decaf”. Tras “Shredder” no volvió a ponerse detrás de las cámaras. Eso sí, curiosamente se gana la vida editando toda suerte de telefilms y cortometrajes, cosa que no deja de ser sorprendente porque, precisamente, “Shredder” está especialmente mal montada…
Sin más. Un slasher de videoclub simpático y curioso. Pero no deja de ser lo que es, en esencia, una caquilla.
Como curiosidad apuntar que en Japón se marcaron un “José Frade”, estrenando esta película bajo el título de “Jason Z”, en clara alusión al “Jason X” de la franquicia de “Viernes 13”. Si coló con los nipones, lo desconozco.
Por supuesto, la primera que alquilé en aquella época, fue esta “Shredder” que en su momento me pareció insulsa, aunque el contraste del rojo de la sangre con el blanco de la nieve siempre lo he visto como una genialidad.
Y es que “Shredder” es una suerte de slasher fuera de su tiempo que repite, consciente, orgulloso, todos los clichés de cuando el género estaba en auge en los ochenta, quizás más con intenciones homenajísticas que postmodernas (al aluvión de neones rosas le faltaba todavía un poco para llegar), -Naxo: Yo lo considero más un exploitation a raíz del fenómeno "Scream", lo suficientemente perezoso y crematístico para no pensar en homenajes, únicamente repetir fórmulas facilonas- solo que trasladando la acción a un lugar exótico como es, en este caso, una vistosa estación de esquí (aunque ya hubo un precedente con "Iced"). Además, sucede una cosa muy curiosa; siendo aun "Shredder" un producto destinado a vídeo desde el primer momento —aunque tuvo el típico estreno reducido de rigor en algún cine de la América profunda— está rodado en 35 mm, motivo este por el que, vista hoy, resulta cálida. También es cierto que han pasado más de 20 años desde que la película fue lanzada, así que, indudablemente la nostalgia puede que haga mella en el visionado, porque, contra todos los pronósticos, la he disfrutado moderadamente.
La cosa va de un grupo de chavales que se va a la nieve a practicar snow board, cuando un guardia les incita a marcharse de la casita en la que se hospedan puesto que en su momento murió una niña en la estación de esquí en la que se encuentran, y desde entonces ocurren cosas extrañas. Los chavales hacen caso omiso de las advertencias y, en consecuencia, irán siendo despedazados por un individuo vestido de esquiador. En su desenlace, descubriremos quién es ese esquiador y por qué se carga a la peña.
“Shredder”, que quizás peca de ridícula en muchos momentos, al final es una película con una fotografía saturada, montada un poco torpemente, pero llena de cuchilladas, decapitaciones y trituraciones varias del mismo modo que ofrece desacomplejados destetes cuando en un principio todo apunta que nada de eso va a suceder. El psycho killer tiene cierto carisma vestido de esquiador y, entre unas cosas y otras, sin ser una gran película en ningún momento, acaba funcionando. O al menos me ha funcionado esta vez —en 2003 cuando la vi por primera vez, no tanto—.
Lo que me sorprende, curiosamente, es que en pleno 2023, en plena época del streaming, ahora que los tontos de internet aparecen de debajo de las piedras aseverando cruelmente contra películas como “Avatar” —por ejemplo— como si contaran con algún tipo de criterio que les diera potestad para hacerlo, no se reivindique este tipo de películas; los slasher de videoclub de la década de 2000, el terror de videoclub de 2000…yo creo que ya toca.
Ocurre que no va a tocar, porque este fenómeno es especialmente de nicho y solo lo vivimos intensamente unos pocos. Mientras aparecían estas películas en los videoclubs, el fandom comenzaba a reivindicar fervientemente el cine de los ochenta. Así que con la tontería llevan 40 años reivindicando una y otra vez las mismas películas, y encima, sintiéndose especiales por ello. Sin embargo asocian al videoclub títulos absolutamente comerciales como, por ejemplo “Regreso al futuro”… vamos que no detectan, ni por el forro, la verdadera esencia del videoclub, porque, a parte de que les falta un pequeño hervor, cuando entraron en aquellos establecimientos siendo adolescentes, lo hicieron para alquilar el último estreno de turno, mirando la morralla de la sección de veinte duros (si es que aún existía cuando ellos iban al videoclub ya en los 90) por encima del hombro. Así ¿cómo van a valorar en su justa medida “Schredder”?.. Tendrán que pasar otros 20 años.
La dirigió un tal Grez Huson que en los noventa facturó otra película independiente titulada “Decaf”. Tras “Shredder” no volvió a ponerse detrás de las cámaras. Eso sí, curiosamente se gana la vida editando toda suerte de telefilms y cortometrajes, cosa que no deja de ser sorprendente porque, precisamente, “Shredder” está especialmente mal montada…
Sin más. Un slasher de videoclub simpático y curioso. Pero no deja de ser lo que es, en esencia, una caquilla.
Como curiosidad apuntar que en Japón se marcaron un “José Frade”, estrenando esta película bajo el título de “Jason Z”, en clara alusión al “Jason X” de la franquicia de “Viernes 13”. Si coló con los nipones, lo desconozco.
sábado, 13 de agosto de 2022
CALÍGULA
Por lo que a mi respecta, "Calígula" representa el epítome de la libertad y osadía del cine típicamente setentero. Solo en ese periodo tan fascinante podría haberse concebido semejante locura. Una película histórica sobre los desmanes de un emperador romano, producida por una revista para pajilleros ("Penthouse"), con un pastizal invertido en su creación (incluidos decorados enormes y barrocos), actores de categoría y un contenido hasta las trancas de sexo explícito, violencia y mucha mucha sordidez. Unas maneras ya no imposibles de ver una década previa, o posterior (más enfocada al espectáculo despreocupado destinado a complacer al espectador), directamente impensable en los tiempos que corren. Solo por eso, merece considerarse... lo que no quiere decir, ni por el forramen, que estemos ante una obra de arte o algo así.
Obviamente, por todo ello, las historias en torno a la confección de "Calígula" son cientos. Podría pasarme horas desgranándolas aquí, pero no tengo ganas. Busquen en Imdb o cualquier fuente afín y podrán empaparse. Baste resumirlo en que, una vez terminada, algunos de sus actores, su director original (Tinto Brass), el autor del supuesto texto adaptado (el mega-reputado Gore Vidal), los críticos (Roger Ebert se piró del cine a media peli, cabreadísimo, ¡¡ja!!) e incluso parte del público (iba para exitazo, pero fue retirada de las salas en medio del subidón. Todavía sigue prohibida en algún lugar) echaron incontables pestes de ella, renegaron de su mera existencia, soñaban con desvincularse y salían por la tele pidiendo que nadie fuese a verla. Un super-escándalo.
Narrativamente la cosa no tiene mucho truco. Asistimos al ascenso y caída de Calígula como emperador. Entre medias, unas pocas intrigas palaciegas, muchas judiadas por la espalda, algo de truculencia y sexo, sobre todo muuuucho sexo. Tetas, coños, culos y una incontable cantidad de pollas. Pero hasta hartar. "Calígula" es pura lascivia. Desde el primer al último fotograma. Y repito, no solo hablo de erotismo, hablo de explícita pornografía. Vemos mamadas y comidas de coño (incluidas de naturaleza gay), corridas, alguna penetración y hasta una meada. Sin medias tintas. Todo ello envuelto en un aire como a peli de mucha categoría, incluso artística (con una bonita banda sonora, destacando el tema romántico y el que abre el film, de procedencia clásica). Claro, la mezcla es tremenda e irresistible para aquellos que adoren la rareza, el fruto prohibido, la arqueología de tiempos que no volverán. Por lo demás, no les voy a engañar, es un tostón. Larga, lenta y aburrida. Únicamente nos mantiene despiertos el elemento "sleaze". La acumulación de barrabasadas e instantes shock (donde también asistimos a un parto totalmente real), a cada cual más cafre. Aquellos estrictamente pornográficos fueron rodados e insertados por el mecenas de "Penthouse" a espaldas del reparto. De ahí los lógicos mosqueos. Este viene compuesto por nombres tan sorprendentes como los de Peter O´Toole o John Gielgud. Malcom McDowell haciendo del personaje titular, e ideal, teniendo en cuenta su habitual tendencia a interpretar tíos raros y chungos (razón por la que, justo después, aceptó un rol tan opuesto en la estupenda "Los pasajeros del tiempo"). La hermosa Helen Mirren, aireando sus dos enormes tetazas. Y en el apartado curiosidades, John Steiner, al que luego veríamos en chorromil exploitations italianos.
Naturalmente, tanta mandanga sensacionalista solo podía atraer a las moscas igual que lo hace la caca. Y en este caso fueron un puñado de cineastas de baja estofa y mentalidad explotativa que comenzaron a producir sucedáneos semi-pajeros con el nombre de "Calígula" en el título o, en su defecto, ambientación romana de tirón sexy, valga como ejemplo "Calígula y Mesalina" o "Roma: Orgía imperial" del inevitable Bruno Mattei, "Una virgen para Calígula" del "especialista" Jaime J. Puig -suyas son las dos entregas de "Bacanales Romanas", de donde "Una virgen para Calígula" recicla parte del material-, o "Roma. L'antica chiave dei sensi" del especialista en cine pajero Lorenzo Onorati, usando el nombre de Lawrence Webber. Tal vez el más destacado sea Aristide Massaccesi, que bajo el alias de David Hills se sacó de la manga "Caligola: La storia mai raccontata", titulada en España por José Frade muy sabiamente como "Calígula 3: la historia jamás contada" (lo que nunca he sabido es donde anda "Calígula 2", posiblemente se refiera a "Calígula y Mesalina", que era la más descarada del pack -incluso en su cartel, donde podemos hablar de plagio puro-) Pal caso, al emperador loco lo interpreta David Brandon, el histriónico director de teatro orejudo en "Aquarius". Y, justamente, el responsable directo de aquella, el gran Michele Soavi, se marca un papelito y, además, fue "secretario de montaje" durante su confección. Casiná.
Naturalmente, tanta mandanga sensacionalista solo podía atraer a las moscas igual que lo hace la caca. Y en este caso fueron un puñado de cineastas de baja estofa y mentalidad explotativa que comenzaron a producir sucedáneos semi-pajeros con el nombre de "Calígula" en el título o, en su defecto, ambientación romana de tirón sexy, valga como ejemplo "Calígula y Mesalina" o "Roma: Orgía imperial" del inevitable Bruno Mattei, "Una virgen para Calígula" del "especialista" Jaime J. Puig -suyas son las dos entregas de "Bacanales Romanas", de donde "Una virgen para Calígula" recicla parte del material-, o "Roma. L'antica chiave dei sensi" del especialista en cine pajero Lorenzo Onorati, usando el nombre de Lawrence Webber. Tal vez el más destacado sea Aristide Massaccesi, que bajo el alias de David Hills se sacó de la manga "Caligola: La storia mai raccontata", titulada en España por José Frade muy sabiamente como "Calígula 3: la historia jamás contada" (lo que nunca he sabido es donde anda "Calígula 2", posiblemente se refiera a "Calígula y Mesalina", que era la más descarada del pack -incluso en su cartel, donde podemos hablar de plagio puro-) Pal caso, al emperador loco lo interpreta David Brandon, el histriónico director de teatro orejudo en "Aquarius". Y, justamente, el responsable directo de aquella, el gran Michele Soavi, se marca un papelito y, además, fue "secretario de montaje" durante su confección. Casiná.
Hoy se dice, se comenta, que toda la mala prensa acarreada por Calígula -el emperador romano, no la película- podría ser mentira. Que caía gordo al senado y, tras su muerte, se dedicó a escribir las trolas más enfermizas y despiadadas con intención de pintarlo como un monstruo de cara a la historia. Hicieron un buen trabajo, la verdad. Nunca sabremos si estaba así de pillao, pero desde luego resulta mucho más divertido pensar que sí. Tal ha sido su peso que incluso inspiró la creación de uno de los villanos más míticos de los tebeos de "Juez Dredd" -de cuando eran buenos- un juez supremo rubio, medio psicópata y que otorga un puesto de responsabilidad a un pez, igual que, se supone, Calígula hizo con un caballo al que nombró cónsul y sacerdote. Aquel personaje respondía al ingenioso nombre de "Juez Cal". Tampoco podemos pasar por alto la simpática canción que los "Dickies" le dedicaron en 1989.
Mi anécdota personal en torno a "Calígula" se sitúa a finales de los ochenta, estudiando primero de BUP. Eventualmente organizábamos pases de películas interesantes para el alumnado. Al ser yo responsable de seleccionarlas, cayeron "Curso 1984" y, obvio, la reseñada. Les aseguro que aquel pase fue un éxito de asistencia. Vinieron hasta los profesores. Y nadie habló ni, casi casi, se marchó durante el visionado. Me senté en primera fila, orgulloso de mi victoria, y a ratos echaba la vista atrás para inspeccionar las caras de asombro del personal. En un momento dado, una chica exclamó "¿Pero quién es el pervertido que ha puesto esto?" Supongo que algún profesor sería abroncado porque nunca hubo más proyecciones. ¿Se imaginan repetir tal hazaña en 2022?
Mi anécdota personal en torno a "Calígula" se sitúa a finales de los ochenta, estudiando primero de BUP. Eventualmente organizábamos pases de películas interesantes para el alumnado. Al ser yo responsable de seleccionarlas, cayeron "Curso 1984" y, obvio, la reseñada. Les aseguro que aquel pase fue un éxito de asistencia. Vinieron hasta los profesores. Y nadie habló ni, casi casi, se marchó durante el visionado. Me senté en primera fila, orgulloso de mi victoria, y a ratos echaba la vista atrás para inspeccionar las caras de asombro del personal. En un momento dado, una chica exclamó "¿Pero quién es el pervertido que ha puesto esto?" Supongo que algún profesor sería abroncado porque nunca hubo más proyecciones. ¿Se imaginan repetir tal hazaña en 2022?
miércoles, 15 de septiembre de 2021
EL BAÚL DE TÍO VICENTE - 13
Desconozco qué es lo que me pasa con "Transylvania 6-5000", porque tenemos todos sus fotocromos + el hermoso póster, y ahora destacamos este recorte extraído de las páginas de "Shows", dedicado a promocionar el lanzamiento en vídeo -de la mano de José Frade- del debut en la dirección cinematográfica de Rudy De Luca, colaborador habitual de Mel Brooks. Pero lo cierto es que nunca me ha gustado. Me parece una comedia de lo más mediocre que comete el mayor error de todos: no hacerme reír. No sé, será que tal sensación se convirtió en un trauma, de ahí que insista tanto, como si esperara algún día encontrarle algo positivo.
En el caso del recorte, lo único que encuentro es una cagada enorme, otorgar a Joseph Bologna el rol de uno de los dos periodistas protagonistas, cuando en realidad ese papel recayó en manos del eterno Ed Begley Jr. (del otro se encargó Jeff Goldblum). Estos chicos de "Shows" no hacían bien sus deberes.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias tío Vicenteeee!
En el caso del recorte, lo único que encuentro es una cagada enorme, otorgar a Joseph Bologna el rol de uno de los dos periodistas protagonistas, cuando en realidad ese papel recayó en manos del eterno Ed Begley Jr. (del otro se encargó Jeff Goldblum). Estos chicos de "Shows" no hacían bien sus deberes.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias tío Vicenteeee!
lunes, 14 de junio de 2021
NO DESEARÁS AL VECINO DEL QUINTO
“No desearás al vecino del quinto”, aún con su fama de chabacana, es una película importante para el cine español porque, por un lado, tenemos la que durante más de 30 años se erigió como el mayor taquillazo de la producción patria con casi cinco millones de espectadores (hasta que llegó alguno y la reventó) y, por otro, tenemos aquí la piedra angular del denominado “landismo” —subgénero de la comedia española a la que se adscriben todas esas películas de humor cafre y cañí, llenas de tópicos sexuales y políticamente incorrectos que, indefectiblemente, estaban protagonizadas por Alfredo Landa— que tantos y tantos títulos dio a nuestra cinematografía. Se trata de una buena muestra de lo que, por aquél entonces, era el gusto del español medio cuando se decidía ir al cine. Los gustos hoy no han cambiado demasiado, el modelo “8 Apellidos Vascos” viene a confirmarlo porque, siendo justos, y aunque sean otros tiempos, ambas comparten similar intención y resultado.
No obstante, “No desearás al vecino del quinto” sería un film de carácter festivo, colorido, de simpática apariencia a la que los años han perjudicado severamente y, si la vemos hoy, nos enfrentaremos a un ladrillo insulso que poca justicia le hace a otros títulos del “landismo”, sin lugar a duda alguna infinitamente más divertidos y edificantes, pero menos conocidos y considerados. “No desearás al vecino del quinto” es una mamarrachada.
Cuenta la historia de un par de hombres en un pueblo de provincias; El primero un individuo que, para evitar problemas con los maridos celosos de las clientas de su boutique, finge ser homosexual, por lo que su negocio es prospero, mientras que el segundo es un ginecólogo muy atractivo al que le va como el culo, porque los maridos, celosos como son, no permiten que sus mujeres vayan a la consulta de un hombre tan guapo que, para más inri, ha de tocarles los bajos.
Cuando por trabajo el ginecólogo acude a Madrid, se encuentra en una discoteca a su vecino homosexual, el de la boutique, sólo que bien acompañado por dos jovencitas con las que se morrea alternativamente. Cuando este le explica que lo del homosexualismo es una tapadera para que le dejen trabajar tranquilo, ambos se harán amigos inseparables ya que allí, en Madrid, no solo nadie les conoce, sino que, aprovechando el ginecólogo su estancia, y alegando que está harto de pasarse las tardes jugando al parchís en casa de sus suegros, se sumergirá, junto con su nuevo amigo, en una vorágine de sexo descarnado y juerga, que incluye orgías y demás variantes propias de la libertad sexual. En definitiva, el tema de la película gira en torno a la dificultad masculina para obtener sexo. Va de que en España no se folla, hablando en plata.
En pleno 1970, con el régimen franquista en pleno apogeo, tanto la temática como el mensaje no eran del todo oportunos, por lo que poco le faltó para no estrenarse por culpa de la censura. Sin embargo, la pericia del productor, el genio de José Frade, supo capear la situación, estrenándola sin mayores problemas. La cinta fue mostrada al censor con la más variada amalgama de títulos, a saber: “Yo engaño sin daño”, “Es cosa de hombres” o “Ama a tu prójimo… y verás” Todos fueron prohibidos salvo el que todos conocemos que, en el fondo, es tan picarón y provocativo —y propio de la época— como cualquiera de los otros.
No obstante, “No desearás al vecino del quinto” sería un film de carácter festivo, colorido, de simpática apariencia a la que los años han perjudicado severamente y, si la vemos hoy, nos enfrentaremos a un ladrillo insulso que poca justicia le hace a otros títulos del “landismo”, sin lugar a duda alguna infinitamente más divertidos y edificantes, pero menos conocidos y considerados. “No desearás al vecino del quinto” es una mamarrachada.
Cuenta la historia de un par de hombres en un pueblo de provincias; El primero un individuo que, para evitar problemas con los maridos celosos de las clientas de su boutique, finge ser homosexual, por lo que su negocio es prospero, mientras que el segundo es un ginecólogo muy atractivo al que le va como el culo, porque los maridos, celosos como son, no permiten que sus mujeres vayan a la consulta de un hombre tan guapo que, para más inri, ha de tocarles los bajos.
Cuando por trabajo el ginecólogo acude a Madrid, se encuentra en una discoteca a su vecino homosexual, el de la boutique, sólo que bien acompañado por dos jovencitas con las que se morrea alternativamente. Cuando este le explica que lo del homosexualismo es una tapadera para que le dejen trabajar tranquilo, ambos se harán amigos inseparables ya que allí, en Madrid, no solo nadie les conoce, sino que, aprovechando el ginecólogo su estancia, y alegando que está harto de pasarse las tardes jugando al parchís en casa de sus suegros, se sumergirá, junto con su nuevo amigo, en una vorágine de sexo descarnado y juerga, que incluye orgías y demás variantes propias de la libertad sexual. En definitiva, el tema de la película gira en torno a la dificultad masculina para obtener sexo. Va de que en España no se folla, hablando en plata.
En pleno 1970, con el régimen franquista en pleno apogeo, tanto la temática como el mensaje no eran del todo oportunos, por lo que poco le faltó para no estrenarse por culpa de la censura. Sin embargo, la pericia del productor, el genio de José Frade, supo capear la situación, estrenándola sin mayores problemas. La cinta fue mostrada al censor con la más variada amalgama de títulos, a saber: “Yo engaño sin daño”, “Es cosa de hombres” o “Ama a tu prójimo… y verás” Todos fueron prohibidos salvo el que todos conocemos que, en el fondo, es tan picarón y provocativo —y propio de la época— como cualquiera de los otros.
La película es también una muestra de lo relativo e impredecible que es todo en la vida, porque cuando se estrenó en Madrid, “No desearás al vecino del quinto” fue un fracaso absoluto; de hecho, se estrenó el 26 de Octubre de 1970 en varios cines de la capital para dos semanas después desaparecer de la cartelera debido a la floja afluencia de público y dejar paso en las salas a algo más comercial. Sin embargo, cuando cuatro meses después se estrenó en Barcelona, arrasó, y el boca a boca se puso en marcha. En Sevilla fue un éxito apoteósico y esto se fue contagiando al resto de regiones donde se iba estrenando, por lo que las salas de Madrid se vieron obligadas a reestrenarla, esta vez sí, con el enorme éxito por el que es conocida. Y el merecimiento es doble, ya que acercarse a los cinco millones de espectadores con tan solo 35 copias exhibidas, en contraposición a las 300 o 400 con las que se estrena hoy en día una película media, supone un gran mérito y muchas, y agradecidas semanas en cartel.
Por la parte actoral, decir que Alfredo Landa no está demasiado memorable, al igual que ninguno de sus compañeros. En especial, el coprotagonista Jean Sorel. Resulta que el director, Ramón Fernández, venía de trabajar en otra película en Italia, por lo que al contactar con el productor Frade para hacer esta, gestionaron todo para que la película se materializara en coproducción. Fernández estaba prendado del actor, Jean Sorel, que había trabajado recientemente para Visconti, así como para Dino Risi, e incluso Luis Buñuel en “Belle de Jour” —y en las antípodas de todo ello, trabajó incluso con Lucio Fulci— así que le contrataron. El resultado de su actuación es como si pusieran un mueble al lado de Alfredo Landa, y este le soltara sus frases de diálogo a lo inerte. Aunque por otro lado, tenemos a clásicos de la escena de comedia española como Doña Isabel Garcés, Margot Cottens o Adrián Ortega, que nunca están mal.
Por la parte actoral, decir que Alfredo Landa no está demasiado memorable, al igual que ninguno de sus compañeros. En especial, el coprotagonista Jean Sorel. Resulta que el director, Ramón Fernández, venía de trabajar en otra película en Italia, por lo que al contactar con el productor Frade para hacer esta, gestionaron todo para que la película se materializara en coproducción. Fernández estaba prendado del actor, Jean Sorel, que había trabajado recientemente para Visconti, así como para Dino Risi, e incluso Luis Buñuel en “Belle de Jour” —y en las antípodas de todo ello, trabajó incluso con Lucio Fulci— así que le contrataron. El resultado de su actuación es como si pusieran un mueble al lado de Alfredo Landa, y este le soltara sus frases de diálogo a lo inerte. Aunque por otro lado, tenemos a clásicos de la escena de comedia española como Doña Isabel Garcés, Margot Cottens o Adrián Ortega, que nunca están mal.
En cuanto a las labores de dirección de Ramón Fernández, correctas, sin estridencias.
La película, como ya les he venido diciendo, es un ladrillo, lo gracioso que pudiera tener se quedó en 1970, pero sólo por histórica, por tener una entidad propia y el ostentoso récord de ser la nº 1 en taquilla del cine español durante 31 años —ninguna película española lo ha sido durante tanto tiempo— bien merece que le echemos un ojillo aunque sea de soslayo.
Por otro lado, incluso a día de hoy, bate récords de audiencia en televisión cada vez que se emite, así que José Frade aún debe estar frotándose las manos.
La película, como ya les he venido diciendo, es un ladrillo, lo gracioso que pudiera tener se quedó en 1970, pero sólo por histórica, por tener una entidad propia y el ostentoso récord de ser la nº 1 en taquilla del cine español durante 31 años —ninguna película española lo ha sido durante tanto tiempo— bien merece que le echemos un ojillo aunque sea de soslayo.
Por otro lado, incluso a día de hoy, bate récords de audiencia en televisión cada vez que se emite, así que José Frade aún debe estar frotándose las manos.
viernes, 8 de enero de 2021
LA TONTA DEL BOTE
“La tonta del bote” sería una obra de teatro de éxito escrita en 1925 de cuyo libreto se encargó Pilar Millán Astray, y que conocería tres versiones cinematográficas de desigual repercusión. La primera de ellas datada en 1939 y dirigida por Gonzalo Delgrás, apenas disfrutaría de vida comercial, además de ser una película inexistente al perderse los negativos, no quedando constancia audiovisual de ella. Asimismo, la adaptación de 1956 llevaría por título “La chica del barrio” y, dirigida por Ricardo Núñez, tampoco gozaría de una gran popularidad, mientras que la que nos ocupa, sería uno de los éxitos del cine español más recordados a lo largo de la historia y es que se trata de una película para lucimiento de una todoterreno muy querida en nuestro país, Lina Morgan.
Cuenta los avatares de una postadolescente huérfana, cuyo mayor afán es rellenar un bote de pimientos con las colillas de cigarro que se encuentra por la calle, para dárselas a un ciego y, de ahí, el apodo de “La tonta del bote”. Es acogida por la dueña de una pensión que, a cambio de comida y alojamiento, la tiene esclavizada. Hasta que un guapo y famoso bailarín, que se hospeda en esta pensión, acaba enamorándose de ella por su bondad. Entonces saltan las chispas, la ira y la envidia, entre la dueña y el resto de mortales, cuando además "la tonta" resulta ser una excelente bailarina y se va de gira con el galán de la función. El resto de subtramas las protagonizan los variopintos personajes que componen la familia de esta señora explotadora y cruel, y todo el mejunje dará pie a disparatadas situaciones, bañadas con grandes dosis de drama.
Obviamente, “La tonta del bote” sería una versión castiza de “La Cenicienta”. Básicamente cuenta la misma historia que el cuento popular, pero en un tono bastante más despiadado. De hecho, la normalidad con la que la violencia hace acto de presencia en esta película lleva a pensar en apología. Prácticamente todos los personajes se maltratan tanto física como psicológicamente. A la tonta del bote la brean por todos los frentes, pero hay un par de personajes, los interpretados por Pepe Sacristán y Mary Francis (hoy Paca Gavaldón) que representan lo que sería, a día de hoy, una genuina pareja tóxica, a saber; Se hablan mal, se insultan, se pegan, se humillan… y todo ello con la normalidad y el amparo que les da a los personajes comportarse como “chulos madrileños” en boga y plena acción. Cuando no, sacan navajas y cuchillos cada dos por tres como recurso para resolver los problemas. Dejando a un lado toda esa violencia e incorrección política natural que tanto llama la atención en nuestros días, hay que decir que la producción es impoluta, rodada en esplendoroso cinemascope, con actores en estado de gracia, fotografía y ambientación magistrales, ofreciendo un resultado condenadamente entretenido que, junto con la impecable factura, da lugar a otra de las mejores comedias españolas de todos los tiempos que, aún rodada con los códigos de 1970, sigue vigente y fresca.
Y es que la química que desprenden en pantalla una pareja tan improbable como la formada por Lina Morgan y el galán de la función, Arturo Fernández —que está espléndido con ese acento castizo y ese donaire—, se torna carisma y simpatía, una pareja que quedará marcada en nuestras retinas de por vida, máxime al protagonizar sendos numeritos musicales con canciones tan pegadizas que aún haría falta una espátula para desprenderlas de nuestros cerebelos. Pero no solo ellos están bien, de antología Luis Varela y esas dos bellezas de la época, mujeres grandes y guapas como ninguna actriz de hoy en día puede serlo, Mary Francis y Marisol Ayuso, probablemente ejecuten los roles más benevolentes de sus carreras, junto a un José Sacristán que da gusto verle y oírle. No así María Asquerino que, aún con un personaje que trasciende, lo interpreta de manera exageradamente dramática y si en la época, por el estilo de actuación, es probable que resultara efectivo, a día de hoy termina siendo involuntariamente cómico.
Un éxito sin precedentes que gracias a la producción de José Frade, y a la competente planificación y dirección de Juan de Orduña (que finalizaría su carrera con una película al servicio de Manolo Escobar), fabricaron una de las comedias españolas más queridas y recordadas de todos los tiempos.
Cuenta los avatares de una postadolescente huérfana, cuyo mayor afán es rellenar un bote de pimientos con las colillas de cigarro que se encuentra por la calle, para dárselas a un ciego y, de ahí, el apodo de “La tonta del bote”. Es acogida por la dueña de una pensión que, a cambio de comida y alojamiento, la tiene esclavizada. Hasta que un guapo y famoso bailarín, que se hospeda en esta pensión, acaba enamorándose de ella por su bondad. Entonces saltan las chispas, la ira y la envidia, entre la dueña y el resto de mortales, cuando además "la tonta" resulta ser una excelente bailarina y se va de gira con el galán de la función. El resto de subtramas las protagonizan los variopintos personajes que componen la familia de esta señora explotadora y cruel, y todo el mejunje dará pie a disparatadas situaciones, bañadas con grandes dosis de drama.
Obviamente, “La tonta del bote” sería una versión castiza de “La Cenicienta”. Básicamente cuenta la misma historia que el cuento popular, pero en un tono bastante más despiadado. De hecho, la normalidad con la que la violencia hace acto de presencia en esta película lleva a pensar en apología. Prácticamente todos los personajes se maltratan tanto física como psicológicamente. A la tonta del bote la brean por todos los frentes, pero hay un par de personajes, los interpretados por Pepe Sacristán y Mary Francis (hoy Paca Gavaldón) que representan lo que sería, a día de hoy, una genuina pareja tóxica, a saber; Se hablan mal, se insultan, se pegan, se humillan… y todo ello con la normalidad y el amparo que les da a los personajes comportarse como “chulos madrileños” en boga y plena acción. Cuando no, sacan navajas y cuchillos cada dos por tres como recurso para resolver los problemas. Dejando a un lado toda esa violencia e incorrección política natural que tanto llama la atención en nuestros días, hay que decir que la producción es impoluta, rodada en esplendoroso cinemascope, con actores en estado de gracia, fotografía y ambientación magistrales, ofreciendo un resultado condenadamente entretenido que, junto con la impecable factura, da lugar a otra de las mejores comedias españolas de todos los tiempos que, aún rodada con los códigos de 1970, sigue vigente y fresca.
Y es que la química que desprenden en pantalla una pareja tan improbable como la formada por Lina Morgan y el galán de la función, Arturo Fernández —que está espléndido con ese acento castizo y ese donaire—, se torna carisma y simpatía, una pareja que quedará marcada en nuestras retinas de por vida, máxime al protagonizar sendos numeritos musicales con canciones tan pegadizas que aún haría falta una espátula para desprenderlas de nuestros cerebelos. Pero no solo ellos están bien, de antología Luis Varela y esas dos bellezas de la época, mujeres grandes y guapas como ninguna actriz de hoy en día puede serlo, Mary Francis y Marisol Ayuso, probablemente ejecuten los roles más benevolentes de sus carreras, junto a un José Sacristán que da gusto verle y oírle. No así María Asquerino que, aún con un personaje que trasciende, lo interpreta de manera exageradamente dramática y si en la época, por el estilo de actuación, es probable que resultara efectivo, a día de hoy termina siendo involuntariamente cómico.
Un éxito sin precedentes que gracias a la producción de José Frade, y a la competente planificación y dirección de Juan de Orduña (que finalizaría su carrera con una película al servicio de Manolo Escobar), fabricaron una de las comedias españolas más queridas y recordadas de todos los tiempos.
miércoles, 19 de febrero de 2020
AL FILO DEL HACHA, EDICIÓN EN BLU-RAY POR "ARROW VIDEO"
No deja de sorprender ver cómo en el extranjero se rinde pleitesía a producciones nacionales que, aquí, se consideran poco menos que escoria. Les dedican ediciones lujosas, generosas en extras e incluso sorprendentes lavados de cara digitales. Eso en España sería algo totalmente impensable. Los fans y devotos aquí se tienen que conformar con cutre-ediciones piratas en dvd y santas pascuas. Y si todo ello ya es chocante cuando hablamos del cine añejo de Paul Naschy, Jesús Franco o Amando de Ossorio, más se incrementa el efecto sorpresa al tratarse de una película con fecha ochentera y, aún "peor", situada en la segunda mitad de la dorada década, aquella durante la cual el cine fantástico de producción patria era casi inexistente, terreno prácticamente marginal y que nadie quería tocar ni con un palo de diez metros. Un periodo que añoro mucho, sobre todo si lo comparamos a la época actual, saturada de pelis de terror absolutamente aborrecibles, y que van desde la mierdecilla parida con el móvil por un grupo de ilusos aficionados (y que "Dark" programa sin complejos) a una cosa super mainstream de, por decir alguien, Atresmedia. ¡Agh!. En aquel oscuro lapso destacaron, dejando a un lado a Bigas Luna y su "Angustia" de ciertas pretensiones artys, dos pares de packs. El que ofrecieron José Antonio Escrivá/Juan Piquer con "Slugs, muerte viscosa" y "La Grieta" (aunque sea del 90), y el de José Frade/José Ramón Larraz con "Descanse en piezas" y "Al filo del hacha", la homenajeada.
Uno de los audio comentarios que acompañan al film lo firma "The Hysteria Continues", podcast supuestamente especializado en cine slasher (y giallo), que entre unas cuantas cagadillas casi osan afirmar que "Al filo del hacha" nunca se estrenó en cines. Sacro error, y lo digo porque lo sé, ya que fui a verla a los "Waldorf" de Barcelona. Recuerdo perfectamente que ya entonces pensé aquello de: "Como siempre España se apunta tarde a todo, ¡¿un slasher en 1988, cuando el subgénero ha dejado de dar dividendos?". Pues si, amiguitos, pero así es esta tierra de lerdos. En cualquier caso, y para no perder mucho el tiempo, les diré que la peli gira en torno a un misterioso asesino que se va cargando a los habitantes de un pequeño pueblo de la américa profunda y de cómo unos jovenzuelos intentan esclarecer su identidad con ayuda de un ordenador. Esto último se suponía lo más de lo más, un aliciente moderno y anzuelo para la chavalada, ya que es gracias a la máquina que descubrimos quien es el tipo del hacha. No vamos a engañarles ahora, queridos, "Al filo del hacha" es un coñazo de mucho cuidado. Uno de los slashers más aburridos que me he zampado a lo largo de mi vida, donde entre crimen y crimen -más o menos resultón- sufrimos eternas escenas de diálogos para besugos que no aportan nada. No obstante, dejando de lado su inevitable valor antropológico, sí que merecen la pena ser aplaudidos el chanante look del asesino y, por supuesto, el acojonante poster. Fabuloso, moderno y muy atractivo (en perfecta consonancia con el de "Descanse en piezas", también muy guapo).
Pero aquí y ahora la verdad es que mi opinión con respecto a la peli importa un carajo, ya que de lo que se trata es de examinar el blu-ray editado por los aplicados chicos de "Arrow Video", cuyo generoso catálogo viene repleto de títulos de cabecera, todos ellos bendecidos por ediciones confeccionadas con el mejor de los gustos. Además de la escalofriante mejoría de calidad de imagen del negativo gracias a las bondades del 2K (¡¡¿para "Al filo del hacha"?!! Increíble), lo que encontramos en sus adentros son entrevistas de lo más entrañables con sus dos protagonistas masculinos, Barton Faulks (quien, curiosamente, dispone de únicamente otro título más -terminado- en su filmografía y es, nada menos, que "Future Kill") y Page Mosely, y una tercera con el especialista en efectos y maquillajes Colin Arthur. Luego un par de audio comentarios, el citado arriba y otro, más ameno, con Barton Faulks. Para terminar, una galería de imágenes generosa en la que encontraremos carátulas de ediciones en VHS de distintos países y los fotocromos españoles de la película. Es ahí donde entramos nosotros, puesto que, como saben, hace ya un tiempo que los tenemos subidos a este sacrosanto blog. Los chicos de "Arrow Video" llegaron hasta nuestros lares, los vieron y nos mandaron un amable e-mail pidiéndonos si se los cedíamos a mayor calidad, cosa que hicimos encantados. No solo pueden gozarlos en los extras del disco, también van incluidos en el generoso y bello libreto interior, que incorpora un concienzudo e interesantísimo texto de Amanda Reyes sobre las co-producciones entre USA y España y el slasher nacional. Si llegan hasta los "Special Thanks", ahí nos verán, luciendo orgullosos en una generosa cita por parte de la distribuidora.
Tanto placer podría llevarnos a equívoco y comenzar a soltar a los cuatro vientos que "Al filo del hacha" es cojonuda y bla, bla. Pero no somos tan hipócritas. La peli de José Ramón Larraz es la costrilla que es y no mejora ni con las bendiciones de la restauración, pero el blu-ray merece ser visto y tenido por su hermosa presentación, su generoso contenido y su indudable calidad. Al fin y al cabo es un trozo de historia del cine español, uno raro, misterioso y desperado, cosa que justifica también la posesión de esta joyita (y que viene acompañada, obvio es, por la versión en castellano de la interfecta).
¡Thank you Ewan/Arrow Video!
Uno de los audio comentarios que acompañan al film lo firma "The Hysteria Continues", podcast supuestamente especializado en cine slasher (y giallo), que entre unas cuantas cagadillas casi osan afirmar que "Al filo del hacha" nunca se estrenó en cines. Sacro error, y lo digo porque lo sé, ya que fui a verla a los "Waldorf" de Barcelona. Recuerdo perfectamente que ya entonces pensé aquello de: "Como siempre España se apunta tarde a todo, ¡¿un slasher en 1988, cuando el subgénero ha dejado de dar dividendos?". Pues si, amiguitos, pero así es esta tierra de lerdos. En cualquier caso, y para no perder mucho el tiempo, les diré que la peli gira en torno a un misterioso asesino que se va cargando a los habitantes de un pequeño pueblo de la américa profunda y de cómo unos jovenzuelos intentan esclarecer su identidad con ayuda de un ordenador. Esto último se suponía lo más de lo más, un aliciente moderno y anzuelo para la chavalada, ya que es gracias a la máquina que descubrimos quien es el tipo del hacha. No vamos a engañarles ahora, queridos, "Al filo del hacha" es un coñazo de mucho cuidado. Uno de los slashers más aburridos que me he zampado a lo largo de mi vida, donde entre crimen y crimen -más o menos resultón- sufrimos eternas escenas de diálogos para besugos que no aportan nada. No obstante, dejando de lado su inevitable valor antropológico, sí que merecen la pena ser aplaudidos el chanante look del asesino y, por supuesto, el acojonante poster. Fabuloso, moderno y muy atractivo (en perfecta consonancia con el de "Descanse en piezas", también muy guapo).
Pero aquí y ahora la verdad es que mi opinión con respecto a la peli importa un carajo, ya que de lo que se trata es de examinar el blu-ray editado por los aplicados chicos de "Arrow Video", cuyo generoso catálogo viene repleto de títulos de cabecera, todos ellos bendecidos por ediciones confeccionadas con el mejor de los gustos. Además de la escalofriante mejoría de calidad de imagen del negativo gracias a las bondades del 2K (¡¡¿para "Al filo del hacha"?!! Increíble), lo que encontramos en sus adentros son entrevistas de lo más entrañables con sus dos protagonistas masculinos, Barton Faulks (quien, curiosamente, dispone de únicamente otro título más -terminado- en su filmografía y es, nada menos, que "Future Kill") y Page Mosely, y una tercera con el especialista en efectos y maquillajes Colin Arthur. Luego un par de audio comentarios, el citado arriba y otro, más ameno, con Barton Faulks. Para terminar, una galería de imágenes generosa en la que encontraremos carátulas de ediciones en VHS de distintos países y los fotocromos españoles de la película. Es ahí donde entramos nosotros, puesto que, como saben, hace ya un tiempo que los tenemos subidos a este sacrosanto blog. Los chicos de "Arrow Video" llegaron hasta nuestros lares, los vieron y nos mandaron un amable e-mail pidiéndonos si se los cedíamos a mayor calidad, cosa que hicimos encantados. No solo pueden gozarlos en los extras del disco, también van incluidos en el generoso y bello libreto interior, que incorpora un concienzudo e interesantísimo texto de Amanda Reyes sobre las co-producciones entre USA y España y el slasher nacional. Si llegan hasta los "Special Thanks", ahí nos verán, luciendo orgullosos en una generosa cita por parte de la distribuidora.
Tanto placer podría llevarnos a equívoco y comenzar a soltar a los cuatro vientos que "Al filo del hacha" es cojonuda y bla, bla. Pero no somos tan hipócritas. La peli de José Ramón Larraz es la costrilla que es y no mejora ni con las bendiciones de la restauración, pero el blu-ray merece ser visto y tenido por su hermosa presentación, su generoso contenido y su indudable calidad. Al fin y al cabo es un trozo de historia del cine español, uno raro, misterioso y desperado, cosa que justifica también la posesión de esta joyita (y que viene acompañada, obvio es, por la versión en castellano de la interfecta).
¡Thank you Ewan/Arrow Video!
miércoles, 2 de octubre de 2019
LOS FOTOCROMOS DE "ELVIRA, MISTRESS OF THE DARK"
Nunca me ha gustado Elvira. Me cae mal. Ni siquiera sus apretujadas tetas me dicen nada. Y, por supuesto, en su día consumí esta "Elvira, mistress of the dark" que tampoco me dijo nada. Tal vez lo más gracioso sea ver a Daniel Greene rulando por ahí.
No obstante, disponemos de los fotocromos. Y además completos. Así que hacemos de tripas corazón y los subimos al blog. Ni que sea como guiño a José Frade.
Disfruten... si es que tienen tan mal gusto.
No obstante, disponemos de los fotocromos. Y además completos. Así que hacemos de tripas corazón y los subimos al blog. Ni que sea como guiño a José Frade.
Disfruten... si es que tienen tan mal gusto.
lunes, 3 de septiembre de 2018
CASTA Y PURA
Tras su obra maestra “Malizia”, Salvatore Semperi no supo
sacarle partido al tipo de cine que podía haber desarrollado y se limitó a
explotar la formula creada hasta hacerla prácticamente desaparecer en un mar de
subproductos. Por otro lado, su musa. Laura Antonelli, que tantos sueños
tórridos provocó en el macho ibérico de todas la edades, adicta a la cocaína,
se deterioraba físicamente, protagonizando películas picantes en las que ella
ya no era lo más deseable; ese pivón de “Malizia” ya no era tan pivón.
Y justo en esa decadencia que propició que Semperi pasara a
ser uno de los directores italianos más prometedores a ser uno más de comedia
chabacana, José Frade pone a disposición del director sus infraestructuras y
sus dineros con el fin de llevar a buen puerto esta co-producción de lo más
vulgar y mediocre, “Casta y pura”.
Cuenta la historia de un campesino casado con una mujer que
tiene propiedades que se está muriendo. Estas propiedades quedan en posesión de
la hija de ambos, por lo que, para evitar que cuando se case reparta con su
marido, el campesino obliga a su mujer a hacerle jurar a la hija, que mientras
su padre viva no se casará con nadie y que se dedicará por entero al cuidado de
este. La niña jura, y al cabo de 20 años, casta y pura, comienza a tener
terribles sueños tórridos y cambios de la personalidad, que los curas y médicos
de la zona achacan a la necesidad que tiene la mujer de acostarse con algún
tío, cosa que su padre impedirá por todos los medios. Hasta que un primo de la
chica, adoptado, se enamora de la chica y ahí, comienza a liarse la madeja.
Una película de naturaleza machista, que no deja de serlo a
pesar del giro feminista del desenlace del argumento, porque ese giro sirve
única y exclusivamente para justificar el pobre folleteo del que ha hecho gala
la película puesto ahí con intenciones que nada tienen que ver con la igualdad
sexual, y sí con el alivio de los bajos instintos. Aún así, se las apaña para
no mostrarnos ni una teta. Laura Antonelli, tampoco está en su mejor momento físico.
Sin duda, una de las peores películas de Semperi. En nuestro
país obtuvo 250.000 espectadores, que debía ser, pizca más o menos, el número
de espectadores que se deseaba.
En el reparto, junto a la Antonelli tenemos a un estupendo
Fernando Rey, secundado por Christan de Sica, Enzo Cannavale o Diego Capuccio.
Ni para fans de Semperi.
lunes, 23 de octubre de 2017
PRÉSTAME TU MUJER
Película tardía del “Landismo” con la que Jesús Yagüe, el
director, abordaba su enésimo trabajo alimenticio.
Producida por José Frade, Yagüe guarda nefasto recuerdo de
la película, y culpa a su producción de que él decidiera abandonar el mundo del
cine, cosa que cumplió tras esta película, con creces.
Cuenta la historia de un opulento político del Opus, que
tras haber hecho voto de castidad con respecto a su mujer, se hecha una
querida. Con el fin de poder tener esta a mano, obliga a su chofer a que se
case con ella, y los instala en un pisito por el que de vez en cuando se
pasará, con el fin de echarle un caliqueño a la mujer de su empleado.
La cosa se complica, cuando los recién casados, gracias a la
convivencia, acaban enamorándose el uno del otro.
Puro destape de la época en la que era lo que primaba en
taquilla.
Yagüe, detesta esta película y la tilda de la peor que
realizó, sin embargo yo creo que no se trata de una de las peores películas que
nos ofreció en género en la época de los 80. Rodada con poco dinero, recursos
ajustados al máximo (predomina el plano secuencia y las conversaciones a un
único plano medio) y rodada casi en su totalidad en interiores, Yagüe supo
sacar partido al guion del mítico Juan José Alonso Millán —según Yagüe, un
guion espantoso— y llevar a buen puerto una comedia sin más pretensiones que
adaptarse a la corriente imperante de aquellos días.
Contaba Yagüe en la entrevista que le hice —incluida como
contenido extra en el DVD de “Los Escondites”— que tuvo que lidiar con un José Frade
despótico que le mandaba llamar a su despacho y le recibía con los pies sobre
la mesa, fumando un enorme puro, para decirle que en esa misma alfombra en la
que Yagüe estaba de pie, otros directores se habían arrodillado suplicándole
otra película. Yagüe, visto el percal, se limito a cumplir con su trabajo tal y
como quería Frade, para luego desentenderse de la película.
Alfredo Landa, que ya había ganado una palma de oro y había
realizado trabajos más prestigiosos, tuvo que volver al “Landismo”, precisamente
porque Frade tenía un contrato que le unía a su productora durante tres
películas más, así que, este tuvo que
volver a quedarse en calzoncillos en una película, aunque, según Yagúe, “este
estaba encantado de quedarse en calzoncillos”. Por lo visto Landa era una
estrella caprichosa y megalómana, que no quería ceñirse a un guión que había
que cumplir de manera férrea y que le trajo algún que otro quebradero de cabeza
a su director, que no logró hacer entrar en razón al divo. Solo Frade, intuimos
que a golpe de talón, lo consiguió.
Por otro lado, la dinamita acabó de estallar el día que,
promocionando la película, Jesús Yagüe tuvo que ir a un programa de televisión
a presentar su inminente estreno, y siendo honesto consigo mismo, dijo en
televisión que la película era una soberana porquería, lo que propició su
ruptura laboral con Frade y, por voluntad propia, el abandono de la profesión
de dirección de cine: “Qué los aguante su padre”, debió pensar.
Por lo demás, ya les digo que a mí “Préstame tu mujer” no me
parece ni tan mal, está entretenida, cutrecilla, pero con momentos divertidos.
Eso si, no deja de ser una españolada más, adscrita al destape, y del montón.
Junto a Alfredo Landa, tenemos a Juan Luis Galiardo, Norma
Duval, Concha Cuetos y Manuel Alexandre. Ninguno está especialmente memorable.
No fue mal en taquilla, casi 600.000 espectadores. Era lo
que se estilaba.
lunes, 8 de mayo de 2017
LOS GUSANOS NO LLEVAN BUFANDA
Desde
luego, el interés de esta película radica en lo descabellado y bizarro de su
reparto. ¿A quién se le ocurriría meter en la misma película a Anthony Perkins,
Quique Camoiras, Rody McDowall, José Luis López Vázquez y Beatriz Carvajal?
Pues nada menos que al productor José Frade y al compositor/actor/director
Javier Elorrieta, que estaban convencidos de que, por encima del talento, y con
un pensamiento muy a la americana, lo que prima en el éxito de una película es
el número de estrellas internacionales que contrates para ella, aún estando
estas en decadencia. Con esa premisa rodaron en 1989 “Sangre y Arena” que
cuenta con la particularidad de tener en su reparto a Sharon Stone que aún no
era una súper estrella y con la que ya sonaron campanas en cuanto a su carácter
de mujer caprichosa irracional e insoportable. Y en 1992, disponen todo para
poner en marcha esta “Los gusanos no llevan bufanda”.
Aunque esta
películas con estrellas internacionales probablemente funcionarían bien en el
resto del mundo, ya fuera en ediciones en vídeo, ya fuera en ventas a
televisión, lo cierto es que en España pasaron inadvertidas, si bien es cierto
que, mal publicitadas, y malas como el mismo diablo, lo más probable es que sus
estrenos comerciales en la península importaran un pimiento; no eran esas vías
las que harían que los bolsillos de Frade se llenasen, sino las anteriormente
mencionadas.
Estrenada
internacionalmente con el título de “The Naked Target”, en clara alusión y
explotando el tirón de la saga “The Nuked gun” - “Agárralo como puedas” , “Los gusanos no llevan bufanda” cuenta la historia de un inepto
mensajero neoyorquino que, sin saberlo, es enviado por la CIA a España a una
misión secreta, para la cual se le esposará a la mano un misterioso maletín
metálico. Una vez en España es recibido a tiros, comenzando así una trama
incomprensible, liosa e incoherente que se irá desarrollando entre gags cómicos
de sal gruesa. El tedio más absoluto se apodera del espectador.
Y es que
esta película es una rara avis, quizás, la película más extraña del cine
español. Una mezcla, intuyo que involuntaria, de acción al más puro estilo
americano –pero muy mal rodada- con la comedia española de toda la vida, la de
la pandereta, los cuernos y el esconder al amante dentro del armario.
Para que el
entramado internacional cuadre más, y rodada íntegramente en Madrid, se
soluciona esta papeleta rodando unos planos de Nueva York muy bonitos y
pintones que se colocarán al principio,
durante los títulos de crédito, y así queda cubierta la parte americana de la
película.
Protagonizada,
sin comprender muy bien por qué, por el actor Clayton Rohner, secundario
americano especializado en producciones de serie B, su nombre sonará a amantes
del género de terror al estar su nombre implicado en los repartos de películas
como “Inocentada Sangrienta”, “Lecturas Diabólicas” o más recientemente “The Human Centipede III”,
pero para el resto de los mortales, y más en concreto para el publico del cine
español, un completo desconocido. Rohner encabeza el reparto intentando ser lo
más gracioso posible, sin conseguirlo, y con cara de preguntarse todo el tiempo
qué demonios hace ahí.
Más
decadente resulta la aparición de Anthony Perkins dando vida a una especie de
putero homosexual adicto a los
accidentes de tráfico, con medio cuerpo articulado en plan robot, que va en busca de travestís y que por
motivos meramente cómicos, acaba contratando los servicios de nuestro
protagonista perfectamente disfrazado de mujer por motivos que no vienen al
caso, ni en lo que cuento, ni tan siquiera en la película. Y a pesar de lo
decadente de esta intervención del que fuera antaño Norman Bates en “Psicosis", esta se antoja de largo como lo mejor y más divertido
de la película, lo más desmadrado, y un claro guiño a clásicos de de la serie B
americana como, por poner un ejemplo, “La carrera de la muerte del año 2000”
producida por Roger Corman, en caso de que, efectivamente,
existiera la intención de homenajear por parte del director Javier Elorrieta.
Mucho me temo, que el posible homenaje, sería también involuntario, pero ahí
queda.
Más digno
sería el papel que desempeña Roddy McDowell, que venía directamente del tirón
que el actor adquirió al protagonizar al cazador de vampiros Peter Vincent en
“Noche de Miedo” y que daría vida al contacto español que
capitanea la misión de nuestro protagonista y si bien es cierto que su rol
sería el menos excesivo de toda la película, la cosa se torna bizarra cuando en
la sala de doblaje de la versión española de la cinta se decide que su voz sea
doblada por ¡¡Jesús Puente!! El actor tenía una larga carrera de doblaje a sus
espaldas, pero el tono de su voz y el hecho
de que por aquél entonces gozaba de cierta popularidad por presentar en
televisión diversos programas televisivos, hacen su presencia en la película
demasiado evidente como para que esto no resulte hilarante y, en cierto modo,
incluso ridícula.
Y a todo
este elenco internacional, imagínenselos interactuando con un enloquecido
Quique Camoiras que, sierra mecánica en mano, está a punto de rebanarle los
sesos a Clayton Rohner, o con un José Luis López Vázquez que da vida a un
oficial del ejercito cuya mujer, Beatriz Carvajal, le pone los cuernos, y
creyendo este que el amante de su mujer es el mismo Rohner, la emprende con él a tiro limpio, o con un
Juan Carlos Martín, recién salido de los programas televisivos de Tele Cinco y
que comenzaba con su fallida carrera cinematográfica compartiendo un momento
con Rohner en el que son masacrados a golpe de metralleta en la cornisa de un
edificio. El resultado es del todo hilarante, pero dista mucho de ser de
interés o minimamente divertido, pero si que es una comedia española para nada
convencional. Tampoco es convencional su director, Javier Elorrieta, hijo del
famoso productor José María Elorrieta, y que empezó su carrera como compositor
–suya es la partitura de “Descanse en Piezas” para la
que además hace un papelito- y protagonizó la película “Freddie, El Croupier" , para rápidamente pasarse a la dirección
cinematográfica facturando títulos de cierto prestigio como “La noche de la Ira” , despropósitos deleznables como “Demasiado caliente para ti”
o acabar dirigiendo “Sitcoms” de factura patria que muy bien se podrían reseñar
en este blog como pueda ser “Arévalo & CIA” a mayor gloria del
humorista Arévalo, para acabar sus días en el cine filmando directamente en
vídeo con “Humo y Azar”.
Actualmente,
compagina la dirección por encargo con su tardía carrera paralela como cantante
y de la cual ya cuenta con cuatro discos en el mercado.
Un director
curioso.
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