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sábado, 4 de julio de 2026

LOCA ACADEMIA DE MALEANTES 1

En esta ocasión, y para variar, los distribuidores españoles de vídeo fueron muy avispados cuando decidieron bautizar "The Under Acheivers" con semejante llamativo, aparentemente distinto y, sí, oportunista título. ¿Por qué? Porque estamos en 1988 y si algo todavía colea a la hora de atraer espectadores, aunque un poco menos, es "Loca academia de policía" y sus interminables secuelas y/o coetáneas. Y no solo eso, es que, además, "The Under Acheivers" va en total y absoluta consonancia con aquellas y las de su naturaleza, es decir: Grupo de desarraigados / perdedores natos, situados fuera de contexto, luchan contra figuras autoritarias, siempre malvadas y peor intencionadas, para terminar demostrándoles que son mejores, superiores, gracias a aquel que les ha ido guiando y comandando, un golfo simpático, algo gandul y jeta, pero encantador, quien terminará enamorando a la recta damisela que de entrada le rechaza sin condicionantes. Todo ello empaquetado a base de sketches picantes un poco gruesos y condimentado con sendas tetas. ¿¿Suena, verdad??. Lo siguiente consiste en cambiar el lugar donde se desarrollará todo (una academia de policía, una universidad, un campamento de verano, una cárcel, un escuela de conducción, bla, bla, bla) Pal caso hablamos de enseñanza nocturna. Es algo parecido a lo que ocurría con los slashers. ¿Qué festividad todavía no ha sido explotada para que el psycho-killer de rigor dé rienda suelta a sus instintos homicidas? Aplíquenlo ahora a instituciones. Y cambien a Bill Murray por... por.... bueno, ahí radica uno de los muchos muchísimos problemas de "Loca academia de maleantes 1", ¡¿quién es Edward Albert?! Sí, le hemos visto antes en "La galaxia del terror", lo que no es moco de pavo, pero desde luego queda lejos de ser carismático y divertido (menos aún con esa cinta en el pelo). Él es el buque insignia de un reparto muy amplio y, en algunos aspectos, muy curioso, repleto de caras y caritas conocidas. Veámoslo. La coprotagonista, Barbara Carrera, adentrándose ya en las parcelas más oscuras de su decadente trayectoria, Michael Pataki, Vic Tayback, el efectivo cómico de segunda Mark Blankfield, James Van Patten, de la famosa casta, una histriónica -pa variar- Susan Tyrrell, Garrett Morris, Fox Harris, habitual de Fred Olen Ray, Burton ("Sillas de montar calientes") Gilliam, Burt Ward (el "Robin" del "Batman" sesentero) y dentro del apartado eminentemente tetil, la bella y mítica Jewel Shepard en plan "trekkie" y Becky Le Beau, cuyas enormes aldabas la llevarían directa a las zarpas de, como no, Jim Wynorski.
Pero lo trágico no es semejante despliegue de semi-talento para lo que al final es una película increíblemente aburrida, hueca, desalmada y lo que es peor, NO DIVERTIDA (que es lo que es), la verdadera fatalidad viene cuando descubrimos que estamos ante la siguiente obra firmada por Jackie Kong tras su estupenda, y con méritos de sobras, "Fonda Sangrienta" (justo, los hermanos diabólicos de aquella, así como el chef-ventrílocuo, repiten acá). Cojones, si hasta la previa, "Patrulla de noche", también otro "exploit" de "Loca academia de policía", era mucho mejor dentro de su cafrería (y, por cierto, es mencionada durante un diálogo). ¿¿Podría ser incluso peor la reseñada que "El Ser", olvidable debut de la muchacha??. Pues sí, podría. Da que pensar que el éxito de "Fonda Sangrienta" la catapultó razonablemente y logró levantar este proyecto, colaborando con el mismo productor de aquella, Jimmy Maslon (quien se casca un cameo como punko. Suya fue la responsabilidad de revitalizar el legado y la carrera de Herschell Gordon Lewis), un guionista de la cantera "Saturday Night Life" y "Second City", Tony Rosato, y, por supuesto, el inevitable Mr. Osco (ejerciendo esta vez de "creative producer", aunque la tipografía de sus créditos se ve distinta... a saber si fue una imposición de último segundo. No olvidemos que era pareja de Jackie Kong y, muy probablemente, en esos momentos se encontrarían en plena separación. También se marca un cameo interpretando a un -como reza en los créditos- "tío majo" oculto tras el alias de Johnny Commander). Resumiendo, la cineasta logró contar con mayor panoja, fichar a peña más popular y lanzarse a parir aquello que -soñaría ella- terminara catapultándola hacia el mainstream (sí ocurrió con uno de los co-guionistas, Gary Scott Thompson, futuro co/escriba de "El hombre sin sombra" y "The Fast and the Furious (A todo gas)" nada menos). Pero no coló. La cosa hizo aguas por todas partes, fue el fiasco que es y puso broche de mierda a su carrera. Mundo cruel este, my friends. No volvió a pensar en dirigir hasta la reciente revalorización de "Fonda Sangrienta" y su figura (a través del irritante prisma del neofeminsimo, al que la tipa se aferra como la razón -ser hembra- de su final.... no cariño, eso pasó porque tu última película era un furruño pestilente) y lió una campaña de crowdfunding para una nueva comedia. Pero tampoco cuajó (¿culpamos nuevamente al sexismo imperante, darling?). Así pues, de momento se limita a escribir guiones para tebeos. Y ya veremos si regresa a las cámaras.
Mencionar en el apartado técnico a David L. Hewitt, un especialista en efectos ópticos y director de un puñado de morralla zetosa por ahí los sesenta ("The time travelers", "The Wizards of Mars", "Dr.Terror´s gallery of horrors" o la más conocida "The mighty Gorga") y setenta (el mondo "Sexual freedom and permissiveness in America", la pei "wip" de nazis chungos "The women of Stalag 13" y su última obra completa como director, "The Lucifer complex"). Fassszinante.
Como decía, "Loca academia de maleantes 1" viene cargadita de chistes picantones, un poco de sal gruesa, destetes (en este caso no solo ubres, también algún fugaz desnudo masculino... coño, se tiene que notar que hay un, eso, coño mandando) y maricas locas. Por supuesto hoy día existen gilipollas con pedigrí que consideran semejantes virtudes defectos criticables. Ya saben como anda el patio. Van tan cegados con el olor de sus "virtuosas" heces que no ven el verdadero aspecto despreciable de "Loca academia de maleantes 1" -y evidencia de que la Kong ponía el ojete en busca de su integración-: MORALINA, una característica reprochable que en realidad era muy propia de las comedias mainstream de la época, pero no lo esperábamos de la directora de "Patrulla de noche". Al revés de lo que sueltan los gilipollas mentados (quienes no parecen considerar que la directora, aunque nacida en USA, viene de descendencia china), el film es un canto a la pro-inmigración (y a lo beneficioso de la enseñanza nocturna), ya que eso son la mayoría de desarraigados, mientras que los villanos, sus profesores, se presentan como gente perfectamente blanca y extremadamente racista (de ahí los comentarios y chistes xenófobos) decidida a hacer fracasar el honorable intento de instruir a todos esos sucios extranjeros que ni saben hablar inglés. Al final todo acabará bien. Los desarraigados demostrarán (gracias a un discurso motivador del seudo-Bill Murray) que en realidad son currantes y saben cuando dejar de hacer el ganso para ponerse seria y lograr sus objetivos. Los malos pagan, todos encuentran el amor (especialmente la pareja protagonista, of course) y terminarán bailando felices... salvo un último, ultimísimo gag pre-créditos algo bizarro, medianamente incomprensible (parece casi improvisado), pero que es demasiado poco -y demasiado tarde- para trascender.

martes, 16 de septiembre de 2025

SEYTAN

No había visto yo todavía a estas alturas “Seytan”, popularmente conocida como “El Exorcista Turco” y que tuvo su momento de auge y pitorreo por parte del fandom posmoderno (que se metamorfosea y ya no habla tanto de ella) a principios de siglo, cuando gracias a Internet se filtró alguna copia y ya todo dios pudo verla. También hay que agradecer la expansión del fenómeno a Pete Tombs y su imprescindible libro “Mondo Macabro” quien, prácticamente, dijo al mundo que en los países orientales se hacía cine fantástico y los turcos en concreto eran especialmente curiosos.
Como fuere, el caso es que me ha pillado haciendo un ciclo completo de la saga de “El exorcista” y, por supuesto, ahora es el turno de sus exploits, comenzando por “Seytan”, que ha sido motivo de mofas durante lustros.
No es ningún misterio que la película es una copia plano a plano de la original de 1973, pero con matices. Incluye escenas que no vemos en la de William Friedkin pero sí estaban en la novela y el guion original de William Peter Blatty, por lo que se especula con el filtraje de dicho libreto. Por otro lado, Turquía es un país islámico, por lo que toda la parafernalia católica queda excluida en pro de una muy sutil musulmana; ahora no es “el poder de cristo” quién obliga a nuestra poseída, sino “el poder de alá”. No obstante, los equivalentes del padre "Karras" y el padre "Merrin" turcos, no son imanes -y no hablo de aquellos que se pegan a la puerta de la nevera-, sino, simplemente, dos tipos con mucho conocimiento sobre exorcismos.
Visto esto, como decía la película se dedica a recrear secuencia a secuencia “El Exorcista”, muchas veces calcando hasta los diálogos. El “Tubular Bells” suena sin parar, y la "Regan" turca, aquí llamada "Gul", es una niña que, según desde donde la iluminen, es bastante parecida a Linda Blair. Todo ello ejecutado con un presupuesto mínimo y maquillajes y efectos especiales no tan conseguidos como los de la original. De hecho, más que cualquier otro aspecto, son estos maquillajes y efectos especiales los que destaca el fandom a la hora de reírse de "Seytan", cosa que, por otro lado, es absolutamente normal.
Bien, he visto suficientes "exploits" turcos para saber de qué pie cojean y comprender el por qué de la comedia involuntaria, y las risas del respetable al respecto. Por ejemplo “3 Dev Adam” es completamente ridícula con ese "crossover" entre el Capitán América, el Santo y Spider-Man, máxime cuando vemos los disfraces que les han puesto y unas pobladas cejas asomar por los huecos para los ojos de la máscara del hombre araña. Claro, en esa historia "Spidey" es el malo de la función, por lo que lo suyo es que le asomen las cejas… ¡ y además lleva vaqueros! En fin, todo muy marciano, muy loco, muy descabellado.
Pero “Seytan” no es esa clase de película y, si obviamos los notables problemas presupuestarios, yo creo que se trata de un remake bastante “digno”. No es tan ridículo, ni marciano como el resto de películas turcas que se hicieron en la época y, por momentos, con esa "Regan" que hasta bien entrada la película no lleva apenas maquillaje, en según que momentos se pasa un poco de miedo (o eso, o que soy más caguetas de lo normal).Vamos, que no me pareció TAN mala, está más o menos bien filmada y además, pese a la copia plano a plano que es, tiene su propio ritmo que en absoluto es lento o ineficaz. Queda lejos de considerarse buena, pero tampoco es tan desastrosa como otras películas turcas.
A ver, no vengo a tirarme el rollo ni nada de esto defendiendo una película de serie ultra zeta de la que medio mundo se ha pitorreado… pero lo han hecho solo porque es un plagio evidente. Por lo que a mí respecta, si yo no hubiera visto “El Exorcista”, a mí esta me parecería una película turca legítima.
Hace ya años se descubrió que un niño pequeño había recreado plano a plano “Indiana Jones y el Templo Maldito” en su casa con una videocámara y, sin embargo, el mundo, lejos de convertir esa película casera en blanco de bromas obvias, alabaron el trabajo que el chaval había ejecutado recreando un éxito de Hollywood de manera casera. En cambio “Seytan”, en lugar de ser reivindicada por conseguir lo que ha conseguido  (rehacer “El Exorcista” con un presupuesto tan bajo que todavía me pregunto como hicieron muchas cosas de las aparecen en pantalla), es tratada con condescendencia, yo creo que solamente por tratarse de una película turca.
(Nota de Naxo: Hombre, la de "Indy" era una cosica amateur hecha por chavales motivados por amor. "Seytan" se supone un producto legítimo efectuado por profesionales con fines meramente lucrativos. Es bastante distinto...  y perdona/nen la incursión).
En definitiva: Que no está tan mal la puta peli, dentro de lo que cabe.
Por otro lado, tratándose de un producto de un país en el que el 99% de la población es musulmana (el otro 1%  pertenece a otras religiones ya que se trata de un estado laico), me sorprendía, o al menos me llamaba la atención, lo moderno que era todo en la película, y no me cuadraba. Señoras luciendo cabelleras rubias, sin usar velo o con pantalones dentro de una mezquita, o individuos con aspecto europeo en contraposición a otros films turcos posteriores…o incluso actuales. No es baladí, porque lo cierto es que tanto esta, como tantas otras de la época, se rodaron en los primeros setenta, justo antes de La Revolución Islámica. Es por eso que aquellos tiempos la religión en cuestión era más laxa y permitía ciertas libertades estéticas y culturales que, a partir de los 80, ya no permitiría. Y no deja de ser al menos curioso ver musulmanes que se comportan como hippies (o casi). De hecho, de los 70 data también esa corriente cinematográfica turca similar a la sexy comedia italiana o nuestro destape...
Dirige este clásico del cine "trash" Metin Erksan, de extensa filmografía pero con ningún título, a parte de este, que les pueda sonar o les sirva para partirse el culo.

sábado, 19 de abril de 2025

LOCURA SANGRIENTA

Entre los cerebros pensantes tras "Locura Sangrienta" ("Silent Madness" en versión original) localizamos dos relacionados directamente con el porno y un tercero que, años después, terminaría en juicios por estafador. Ante semejante panorama, ya sabemos a qué nos exponemos: producto de naturaleza salvajemente creamtística facturado con escasos reales y una intención clara, sacar suco al "boom" del cine slasher del momento, sin miramientos. Tal es así que un buen título alternativo hubiese sido "Locura Grasienta" (me disculpo por el mal chiste, pero la tentación era insoportable).
El culpable de una masacre estudiantil en una fraternidad sale del loquero a causa de un error burocrático. Los años de reclusión no le han ayudado mucho, desde luego, porque, además de una galopante alopecia, anda más grillado que antes. Así, comienza a matar todo lo que se mueve, mientras dirige sus pasos al lugar del crimen original, por donde continúan pululando hermosas y pizpiretas estudiantes. Hasta aquí, todo puro manual. Pero, por aquello de disimular, la historia incorpora algunos pequeños elementos de más que la salvan de la flagrante rutina. Por un lado está la psiquiatra del centro, quien se aliará con un periodista local para detener el homicida (un "Dr. Loomis" con coño, vamos). Y, por otro, los médicos culpables del error y dos enfermeros la mar de chungos -casi peores que el mismo asesino- enviados a por este y todo aquel que sepa la verdad (lo que incluye pacientes sometidos a experimentos no muy legales).
Sin embargo, paradójicamente, dichas buenas intenciones no logran su cometido. Es decir, "Locura Sangrienta" es tan anodina y aburrida como el slasher más común. Cosa que ya tiene delito. No consigues hacer el tuyo ni un poco más entretenido o interesante a pesar de los añadidos. Tal vez contribuya al "bluff" que, por otro lado, evitan recurrir a los que sí habrían aportado algo de color: sangre y tetas. Hemoglobina, mucha menos de lo que cabría esperar a esas alturas del juego. Los crímenes son todos bastante aparatosos y retorcidos, incluso medianamente originales, pero los resultados quedan lejos de impresionar. Solo uno podría ser tildado de gráfico, o brutal, y lo recibe un personaje negativo, vamos, de los que merecen tal castigo. Una tendencia moralista más habitual hoy día que en aquellos tiempos. Mira, en algo fue pionera "Locura Sangrienta". Y respecto al tema ubres, únicamente hay dos y la actriz se las cubre con sus manos. Al respecto merece la pena rescatar una historia (es decir, robar la información de Imdb) porque tiene guasa. Los productores querían más chicha, pero la actriz protagonista convenció a las jóvenes para que no les complacieran. Obviamente, aquella quedó marcada como persona non grata. Hablamos de Belinda Montgomery, quien venía de la tele y a ella volvió. Paralelamente, los del dinero buscaban a una actriz veterana de cierta solera que aportara más prestancia a su película. Tras varios intentos y sendas negativas por parte de Shelley Winters y Maureen O'Sullivan, terminaron fichando nada menos que a Viveca Lindfords, fresca aún de su paso por "Creepshow". Y, al parecer, la vieja dama de Hollywood actuó de manera radicalmente opuesta a la Montgomery, animando a las chavalas al despelote desprejuiciado asegurándolas que sería su pasaporte a lo más alto. Ello, sobra decirlo, motivó un pique entre ambas señoras. Lástima que ganara la Montgomery. Y lo remarco porque una de las jóvenes en cuestión -que no se despelotan- resulta ser Elizabeth Kaitan, por entonces futura "scream queen" a la que volveríamos a ver -a ella y, esta vez sí, sus preciosos senos- en cosas como "Necromancer, magia negra", "Esclavas del espacio" o el séptimo "Viernes 13", entre muchos otros subproductos de los ochenta y noventa. El último nombre destacable de todo el reparto -este con micropene- sería el barrilete de Sydney Lassick (de "Carrie" y "Alguien voló sobre el nido del cuco") como harapiento sheriff.
Al haber sido originalmente confeccionada en 3D, "Locura Sangrienta" gasta toda ella un "look" anti-natural debido a la sobre-iluminación (necesaria para que los truquitos en relieve -muy poco llamativos- funcionen), culpable de que casi todo apeste a decorado de "sitcom" setentera. Se podría señalar maliciosamente al responsable de la fotografía -Gerald Feil- pero no, tengamos en cuenta que este señor es, justamente, el que había fotografiado los efectos en relieve del tercer "Viernes 13", y allí las cosas gastaban un aspecto un pelo mejor. Así pues supongo que, al final, la causa es la habitual en estos casos, un montante más bien limitado.
Graciosamente, lo que personalmente salvaría de la quema es la banda sonora, bastante efectiva. En algunos pasajes recuerda a la de Ennio Morricone para "La Cosa". O eso ha creído detectar mi fino oído. Tal vez, Barry Salmon, compositor, tomó nota de aquella. Quien sabe. En tal caso, bienvenida sea la jeta, porque el resultado funciona.
Seguimos hurgando entre los créditos y damos con más peña curiosa. Del personal que se ocupa de los efectos especiales destacaría a Allan Apone, un tipo que no ha parado de currar como un mamón desde su debut en los setenta aplicando maquillajes a las supuestas imágenes reales del primer "Rostros de muerte" (repetiría en las dos consiguientes secuelas). De ahí pasó a cosas como "Gemidos en la oscuridad", "El legado del diablo", el tercer "Viernes 13" otra vez, "El regreso de los muertos vivientes", "Neon Maniacs" y ya... bueno, a medida que nos adentramos en los noventa y demás, la ristra de títulos inevitablemente despiertan muchas menos pasiones en mí.
Por ahí ronda también un viejo conocido de este blog vinculado a slashers de cierto peso, Martin Kitrosser. Dirigió el quinto "Noche de paz, noche de muerte" (titulado "Juegos Diabólicos") y metió mano en varios "Viernes 13", siendo oficialmente el guionista de, sí, la tercera. No obstante, lo llamativo del colega es que, con los años y una caña, logró un estatus más que envidiable como supervisor de guiones ajenos, tarea esta que ha ido desarrollando en películas tochas, incluidas algunas de Quentin Tarantonto.
Afortunadamente, para hablar del resto de peña ligada a "Silent Madness" hacemos como los cangrejos, vamos hacia atrás y regresamos al tugurio del cine más pestilente. Bill Milling, uno de los guionistas, dispone de una larga ristra de productos dedicados al mete-saca. También algunas marcianadas, como el mondo "La locura americana 2" (aquel con presencia de Jello Biafra y canción de "The Dictators") y alguna "sex comedy" tardía. No obstante, lo llamativo es que el tipo ejerció también como director, y su filmografía viene cargadita de esas mismas pelis pajeras de las que hablaba. Llegados los noventa se desvincula del asunto... más o menos, rodando una "wip" con pinta bien sórdida y protagonismo de una estrella X, Kascha, "Furia enjaulada" (el resto del reparto no tiene parangón, puro "sleaze", molaría echarle el guante) y otras pocas cosas más, entre ellas la comedia "Dinero fácil".
Al segundo culpable del libreto, Bob Zimmerman, ya lo conocemos. Su otro -único- crédito es el thriller "Juez, Jurado y Ejecutor".
Terminamos el agotador repaso con el director de "Locura Sangrienta", Simon Nuchtern. Comenzó su carrera a finales de los sesenta como "sexploiter". En la siguiente década tonteó con el porno y la comedia hasta que recibió el encargo de rodar el falso material truculento del legendario falso snuff titulado, oh sorpresa, "Snuff", aquel oficialmente dirigido por Michael Findlay Sin embargo, hay eruditos, mucho más fiables, que responsabilizan de ello al pornógrafo -y director de fotografía- Carter Stevens / Malcom Worob, por lo que podría tratarse de información errónea. La última película de Nuchtern fue una muy recurrente en nuestros añorados vídeo-clubs por ahí 1985, "Amanecer salvaje", epopeya de acción y moteros con llamativo reparto a base de viejos astros y nombres destinados a brillar (más o menos). Justo, entre los especialistas estaba Solly Marx, quien diera vida al asesino psicópata de "Silent Madness". Círculo cerrado.
A la hora de la imagen ilustrativa, pues volvía a encontrarme ante una de mis habituales diatribas morales. Por un lado, el cartel original, con su llamativa ilustración tirando a exagerada. Y, por otro, la que fuese la impactante caratula del VHS patrio (cortesía de "Grupo Águila"), de cuando se destinaban a llamar nuestra atención desacomplejadamente... y de qué manera.
Nuevamente, la lógica se ha terminado imponiendo: Las dos y no se hable más.

sábado, 18 de enero de 2025

THE ASTROLOGER

Con el visionado de "The Astrologer" saldo una cuenta pendiente que arrastraba desde hace años, cascarme todas, y remarco TODAS, las películas que componen la filmografía -como director- del ínclito James Glickenhaus. Misión cumplida. Ya me siento una persona más sabia. Pero también más herida... me explico.
Que la hubiese dejado para el final obedecía a una simple razón, la fama que arrastraba de ser un auténtico tocho. Cuenta la leyenda que, viéndola en pantalla grande junto a una audiencia, Glickenhaus, sudando sangre ante el sopor reinante, flipó cuando una escena medianamente llamativa, que asoma a lo largo del interminable periplo (y eso que solo dura una hora y escasos dieciocho minutos... pero, créanme, se hace tan larga como una de Andrei Tarkovsky consumida boca abajo y con agujas clavadas en las pelotillas), provocó una reacción general de leve entusiasmo. Será la del villano apuñalando a una tipa, porque no hay mucho más ande rascar, la verdad. Así, tras semejante epifanía, el novato cineasta decidió trufar su siguiente proyecto de esos "momentos llamativos", y con el milloncejo prestado por papuchi, puso en marcha el film que, este sí, le haría inmortal, "El Exterminador". Gracias a dios.
Y es que cuesta muchísimo discernir qué demonios pretendía James Glickenhaus cuando se decidió por "The Astrologer" como debut. ¿Es una película de autor, es de explotación, se apuntaba a alguna moda punzante de la época (astrología, conspiraciones, sectas...)? Lo de considerar que con ella pretendía algo más arty, más prestigioso, tendría sentido porque, en fin, ya suele ser un mal común (miren el caso de Tobe Hooper, por ejemplo) Aunque, entonces, las escasísimas aportaciones netamente "exploitativas" que asoman en algunos momentos descuadrarían. Por ejemplo, mi escena favorita: Una moza joven, rubia y de buen ver (Monica Tidwell, ex-chica "Playboy") pide a una pitonisa que le lea las cartas. A los cinco minutos, y digo cinco, esta le comenta que está influenciada por no se qué rollo malévolo y, si quiere la salvación, primero debe desnudarse por completo. Ole y ole. Obviamente, no tardamos nada en ver a la chavala despelotada, en un plano innecesario de "cambio de vestuario". Y no será el único. El final de la película es totalmente desconcertante, a base de monólogo de la misma pava como dios la trajo al mundo. Jamás ver una señora sexy sin ropajes me "destrempó" así. No se puede elegir un modo más "bajonista" de concluir un largometraje.
Todavía ahora desconozco de qué cojones se supone que va "The Astrologer". No me enteré de nada. Entre mis maltrechas neuronas, y lo leído por ahí, deduzco que el argumento vendría a ser algo parecido a lo siguiente: Hay una corporación medianamente secreta que estudia el signo zodiaco del personal para, así, descubrir su potencial. Andan obsesionados con una especie de gurú malvado surgido en la India que no para de joder la marrana (nótese que cuando el film muestra sus crímenes, estos resultan ser imágenes totalmente genuinas de cadáveres, niños incluidos. Todo muy malrollero y muy "mondo"). Vale, eso está muy bien. El problema aquí es que también se habla de la reencarnación de jesuscristo vía la vagina de una aspirante a nueva virgenmaría y desconozco ande encaja todo ello. La movida se supone inspirada en una novela del ignoto John Cameron. Nada que ver con aquel surgido del clan Raimi y mutado a eventual socio de los Coen, este del que hablo era en realidad suegro de James Glickenhaus (vamos, que igual adaptó su novela por mero compromiso con la parienta). Y hablando de "Camerones", la banda sonora viene firmada por el futuro compositor de "Terminator" y tantos otros clásicos, Brad Fiedel. Al temible gurú indio lo interpreta Mark Buntzman, socio de Glickenhaus en la producción, quien años después dirigiría (con notable ayuda de William Sachs) por primera y única vez, aunque no cualquier cosa: "Exterminador 2". Murió en 2018, RIP.
"The Astrologer" me ha recordado al "cine" de Neil Breen, es decir, furruños raros y costrosos, mal paridos, pero repletos de pomposas pretensiones filosóficas, místicas e interdimensionales que terminan sumiendo en pura confusión mental a los pobres incautos que los consumen. Dicho de otro modo, el primer film de James Glickenhaus es un coñazo de aúpa, un caos total incomprensible y un aburrimiento soberano, con los peores tics del peliculismo barato de los setenta. Así pues, si les apetece jamesglickenhausearse, olvídense de ella y comiencen por su segundo largometraje. Tampoco digo que sea perfecto... de hecho, ninguna de sus películas lo es... pero, desde luego, tampoco ninguna resulta tan inútil y prescindible como la reseñada.
Disponen de "Ultimatum", "El protector", "Blue Jean Cop", "McBain" y dos en formato audio, "El silencio de los inocentes" y "Time Master".
¡Bon Appétit!

viernes, 7 de junio de 2024

MUNDO DEPRAVADOS

Cuando esta película era tan solo un proyecto, el título bajo el que se auspició fue “Meet me under the bed”.  Por algún extraño motivo, acabó estrenándose como “Mundo Depravados” (al que se le añade el subtítulo de “The World of The Depraved”) que fue con el que, tras el redescubrimiento de la cinta en los 80 por parte de los fanáticos, se convirtió en una suerte de clásico del cine de bóveda.
Supongo que es su condición y escasa repercusión lo que hace que este film procese culto a posteriori, porque quitando un par de elementos que pueden llamar la atención  —vistos con anterioridad en películas mucho más curiosas—, lo cierto es que, más allá de un par de gracietas tontas, “Mundo Depravados”, situada en algún lugar entre el nudie y el porno soft más desprejuiciado de los 60, no es una película que posea nada demasiado especial, ni creo que merezca todo ese culto. De hecho, de puro anodina, me extraña mucho que por según que círculos a día de hoy se la recuerde.
Un individuo ataviado con sombrero y media en la cabeza está asesinando a bellas damiselas cuando salen del gimnasio. Un par de policías llevarán a cabo una investigación para ver si dan con el criminal. Entre tanto, veremos alguna escena erótica, mucha striper luciendo prominente marca de bikini y tetas de todos los colores, olores, sabores y tamaños al mismo tiempo que el espectador es testigo de cómo la pareja de policías, que se encontrará con todo esto durante su trasiego, detiene la acción con el fin de ejecutar una notable variedad de chistes e imitaciones tontas sin venir a cuento, pero que, finalmente, se convierten en la razón de ser de la película. Y es que, sobre todo, “Mundo Depravados” es un vehículo para el lucimiento de los dos cómicos que interpretan a esos policías, Larry Reed y Johnnie Decker, ambos provenientes del mundo de los clubes nocturnos, ambos sin demasiada suerte en su profesión. Previamente pudimos verles hacer algo muy parecido en “Psycho a Go Go!” de Al Adamson, pero poco se prodigaron posteriormente más allá de apariciones episódicas contadas con los dedos en series de televisión y sus rutinas habituales en clubes de poca monta. Asimismo, y también del espectáculo nocturno, Tempest Storm, la protagonista (y única mujer que aparece vestida en toda la película), provenía del mismo ambiente nocturno que Larry Reed y Johnnie Decker, en calidad de bailarina burlesque y striper, si bien a posteriori su trabajo recibiría estatus de leyenda, dedicándose Storm al mundo del despelote durante más de 50 años.
Todos estos personajes, principales o secundarios, del mundo de la noche para adultos, no están en la película porque sí o por sus características en el espectáculo de variedades; resulta que por aquel entonces Tempest Storm era esposa del director de la cinta, Herb Jeffries, quien elaboró un casting compuesto por gente del circulo de aquella. Jeffries fue un actor de tercera categoría y cantante de jazz vocal en los años 30 y 40 que, en el meridiano de su carrera, probó suerte en la producción y dirección con “Mundo Depravados”. Pero el tipo es mucho más interesante, ya que nos podríamos referir a él como una suerte de proto-blaxploiter.
Mulato como era, durante su carrera se hizo la picha un lío con la cosa de la raza porque, según convenía, se consideraba blanco o negro. Su madre era blanca y, según él, su padre era español, portugués, negro e indio americano. Pero se descubrió que, en realidad, Herb Jeffries simplemente era un negro -de nombre real Howard Jeffrey- que se auto adjudicaba toda esta mezcolanza de razas para darse importancia.
Como fuera, fue protagonista en los años 30 de una serie de westerns dedicados al público negro de la época, en los que las tramas y protagonistas eran enteramente de color. Protagonizó cosas icónicas del subgénero como puedan ser “El vaquero bronceado”, “Two Gun Man from Harlem” o “La pradera de Harlem”. Vistas a día de hoy, son una experiencia descacharrante. Y esta locura de blaxploitation primigenio sería el punto álgido en la carrera de Jeffries cuando aún se consideraba negro. Todo lo contrario que cuando dirigió “Mundo Depravados” Para entonces se alisaba el pelo con una plancha, se lo decoloraba e iba por ahí diciendo ser blanco.
“Mondo Depravados” se estrenó y, poco después, Tempest Store y él se divorciaron.
La película tuvo su público natural de pajilleros y entes de mal vivir, y pronto quedaría relegada al ostracismo, por lo que Herb Jeffries se retiraría del mundo del cine apareciendo ya a modo de cameo para solaz de los especialistas en alguna que otra peli menor, dedicándose en cuerpo y alma, hasta su fallecimiento en 2014, a su faceta musical en la que, al igual que la película que nos ocupa, es una figura de culto.
En cuanto a “Mundo Depravados”, solo se trata de un nudie criminal un tanto guarrindongo con toquecitos cómicos, excesivo para según que cosas, pero tampoco como para rasgarse las vestiduras.

lunes, 13 de mayo de 2024

HISTORIA DE UN JUNKIE

Nacida inicialmente como “Gringo”, cuando los piratas de Troma compraron esta película para distribuirla, decidieron darle un título más sensacionalista y a todas luces comercial: “Story of a junkie”, sin tener ni pajolera idea el señor Lloyd Kaufman del material contra cultural que tenía entre manos. Esta maravilla en forma de documental ficcionado, oda a la sordidez y la decadencia de las calles del Nueva York de los 80, cuenta con pelos y señales los avatares de un adicto a la heroína llamado John Spacely. El susodicho no es un yonki cualquiera que los productores se encontraron por ahí y al que filmaron inyectándose heroína sin remilgos, no. El personaje en cuestión fue un popular ente de la cultura underground neoyorquina, un punk que eventualmente ejercía como músico, otras veces como actor, y que en sus mejores momentos se codeaba con personalidades del estilo de Keith Richards, Willy DeVille o Joey Ramone, quizás por cuestiones más tóxicas que musicales. Incluso, cuanto tuvo autonomía para trapichear con drogas, se convirtió en el dealer particular de John Belushi. Asimismo, llegó a trabajar como editor y colaborador del célebre “Punk Magazine” a las órdenes de John Holmstrom, pero su desmesurada adicción a las drogas duras —cuyo origen es consecuencia de un trauma, tras un horroroso aborto su novia fue arrollada por un camión— envió todo atisbo de creatividad al traste. De este modo, Spacely se convierte en una leyenda callejera de alta magnitud lo suficientemente interesante como para que se decidiera hacer un retrato sobre su persona y, por supuesto, sobre el poco higiénico y repugnante hábito de inyectarse.
El título de producción, “Gringo” hace referencia al mote bajo el que Spacely era conocido en las calles. Durante mucho tiempo estuvo moviéndose como una rata en Alphabet City, lugar habitado potencialmente por latinos y negros. Spacely era de los pocos blancos que pernoctaban en aquella cloaca, hecho que se hacía aún más evidente con la querencia de este por la decoloración capilar, así que los negratas comenzaron a llamarle Gringo y, de ahí, el título primigenio.
En “Historia de un junkie”, el director Lech Kowalski se gana la confianza de Spacely y de su circulo de chusma yonkie, para introducirse con su cámara de 16 mm en lo más profundo de los bajos fondos neoyorquinos. Así, entre entrevistas a adictos y traficantes, visitas a narcosalas y reconstrucciones en ficción de algunos de los hechos que Spacely le explica, podemos hacernos una idea del infierno que supone ser un adicto a las drogas duras. Infierno que, aunque de vez en cuando se escenifique el teatrillo para darle ritmo a la película, es absolutamente real. Camellos, drogatas, narcosalas, todo estaba allí antes de que la producción llegase con los equipos filmadores.
Yonkies inyectándose, Spacely pasando el mono visto de la manera más gráfica posible, transacciones de droga y trapicheos varios se imponen en un documental del todo sensacionalista y cercano al “mondo”. Tras su visionado, el espectador queda con muy mal cuerpo.
El formato, rodando en 16 mm, de noche con iluminación natural, ayuda a incrementar la sordidez y mal rollo que desprende la película, pero ya lejos de texturas o del grano de celuloide, es que los lugares donde filma Kowalski son lo más asqueroso visto en una pantalla, amén de los individuos que pululan a lo largo del metraje, poco más que despojos humanos, o esos primeros planos de gente picándose las venas. Mención especial para algunos momentos en relación al protagonista. En una escena en la que, tras días de andar por ahí tirado, pinchándose y demás, decide asearse un poco, sus venas están ya tan agujereadas que, en un plano donde está peinándose, la cámara se mueve un poco para mostrarnos unas gotas de sangre en el brazo con el que se atusa el pelo, cuyas heridas, ya tan maltrechas, no se curan jamás. Turbador resulta también el plano en el que el yonki limpia sus botas manchadas con su propia sangre o se quita la roña de los dedos de los pies, con la carne de estos muerta, podrida, por la falta de limpieza y tras muchos días sin desprenderse del calzado.
Un documento tan aterrador como atrayente, al que además tenemos que añadir el valor de incluir algunas escenas de ficción como aquella en que un camello asesina a otro tras un problema territorial.
La filmografía del director, Lech Kowalski, se compone exclusivamente de documentales, ninguno de ellos centrado en aspectos agradables de lo que retrata. Suyo sería “D.O.A” sobre la gira norteamericana que llevaron a cabo en 1978 los "Sex Pistols" o “Born To Loose: The Last Rock-n-Roll Movie”, centrado en Johnny Thunders, miembro de los "New York Dolls" y los "Heartbreakers",  y por donde también asoma el amigo Spacely en los últimos momentos de su vida, agonizando ya terminal por culpa del SIDA. Caerá por aquí.
Muy recomendable esta "Historia de un Junkie"… siempre y cuando dispongas de un estómago de acero y no tengas la sensibilidad a flor de piel.

lunes, 2 de octubre de 2023

PLEASE, DON'T TOUCH ME!

La familia Ormond probablemente sea la saga cinematográfica más curiosa de la historia del cine. Formada por Ron Ormond, su mujer June y su hijo Tim, entre las décadas de los 40 y 70 produjeron una infinidad de películas exploitation que iban desde el western más violento y bizarro para lucimiento de Lash La Rue a películas de strippers a las que les sucedían cosas de lo más extrañas y donde introducían una sexualidad muy sutil que, por sugerida —o camuflada— más que por otra cosa, no llegaba a ofender al espectador. Todo ello ejecutado con pocos duros, reaprovechando todo el metraje de archivo —o propio— que se pudieran encontrar y de manera completamente independiente, sin tener que rendirle cuentas a nadie. Y encima les fue bien durante el periplo.
El pater familias, Ron, además tiene un currículum de lo más interesante. Ormond, también conocido como Vic Narro —y de nombre real Vittorio Di Naro—, además de productor, guionista y director de cine, fue mago y presentador de espectáculos de variedades, de hecho, su esposa June era una bailarina de burlesque a la que conoció en uno de estos espectáculos. También era un estudioso del hipnotismo y las ciencias ocultas. En esa tesitura viajó a Asia para investigar fenómenos religiosos de Oriente, en compañía del hipnotizador Ormond McGill, del que se hizo gran amigo, del que tomó prestado su nombre (Ron Ormond se llama así en honor al hipnotizador) y con el que escribió unos cuantos libros sobre hipnosis y otros temas de similar calado.
Por otro lado, y después de años de apelar a los bajos instintos con sus desvergonzadas películas, Ormond, tras sufrir un aparatoso accidente de avioneta del que salió ileso, pero que le costó una lenta recuperación en el hospital, ateo como era, se convirtió de golpe y porrazo al cristianismo. Vio la luz. En consecuencia, a partir de los años 70 se centró en producir y dirigir películas de temática eminentemente cristiana. Del mismo modo, toda la familia abandonó el mundo del espectáculo de variedades así como cualquier actividad que tuviera que ver con lo coqueto, lo frívolo o lo sexual, materias estas en las que, hasta el accidente, los Ormond habían estados inmiscuidos de pleno.
“Please, Don’t Touch Me!” sin embargo, la película de las que les vengo a hablar, entraría en la etapa de mayor esplendor de la familia Ormond, cuando estaban haciendo cine exploitation desvergonzado, y sería una producción rodada en 1959 aunque estrenada en 1963. Es una película absurda, descarada y extraña.
La premisa principal gira en torno a una mujer que es violada y, en consecuencia, queda traumatizada por ello, de manera que, una vez casada, es incapaz de mantener sexo con su marido. Entre su madre y un psiquiatra intentan solucionar el problema de esta chica, llegando a la conclusión que mediante una sesión de hipnosis todo volverá a la normalidad. Por supuesto el hipnotizador no será otro que el amigo de Ron Ormond en la vida real, Ormond McGill.
Se trata de un exploit de finales de los 50 que poco o nada tiene que le haga distar de otros títulos de idénticas intenciones de la época. De hecho, en su manera de rodar, Ormond recuerda levemente a Ed Wood. Es una película que se sustenta a base de eternas conversaciones y de un montaje muy somero donde predominan los (eternos) planos medios. Sin embargo, lo que convierte “Please, Don’t Touch Me” en distinta o particular es, que en su afán por aprovechar material de archivo comprado por Ormond, se convierte en un "mondo" dramático. La película comienza haciéndonos partícipes de la violación que es el leit motiv de la historia, para tras los créditos, hacer uso de todo ese material voz en off mediante, y explicarnos así una serie de costumbres bárbaras de otras civilizaciones (negros bailando y todo el rollo), así como cuela con calzador escenas de origen sanitario que nos muestran la extracción de un tumor en el quirófano, entre otras lindezas, tan solo para justificar la violación que acabamos de ver y en torno a la cual va a girar toda la película. Una vez mostrado todo esto, y tomando unos derroteros dramáticos en los que los protagonistas hablan, hablan y hablan, ya la cosa no cogerá fuste hasta que, poco antes de finalizar, entra en escena el hipnotizador que pondrá todo en su sitio.
Lo bueno de “Please Don’t Touch Me” es que es rara como un perro verde, y lo que cuenta es tan extraño, tan carnaza, tan sensacionalista que pasamos por alto los posibles tempos muertos de los que hace alarde, que son unos cuantos. Por lo demás ya sabíamos a lo que nos exponíamos cuando nos sentamos a verla ¿no?
Actualmente la familia Ormond está siendo reivindicada por el intelectual y estudioso de cine exploitation Nicolas Winding Refn, director de “Drive” y “The Neon Demon”, que de vez en cuando se encarga de recuperar películas escondidas, restaurarlas y ponerlas a la venta en lujosos packs de Blu Ray cargados de datos y material extra. La familia Ordmond ha interesado tantísimo al director, que no contento con poner a la venta un pack con sus títulos más ignotos con “From Hollywood To Heaven”, también ha editado, en un lujoso libro gigantesco, las biografía de los Ormond con “The Exotic One”, escrito por Jimmy McDonough (autor de la biografía de Andy Milligan, cineasta por el que Refn también mostró mucho interés hace unos años). Por supuesto, todo limitado y numerado, esto es material para sibaritas, que atraerá tanto a los amantes del exploit -mi caso- como a hipsters que se acercarán al universo de los Ormond solo porque Winding Refn se ha encargado de ponerlos en la palestra.
De cualquier forma, Ron Ormond volverá a pasar por este blog en un futuro.

viernes, 5 de mayo de 2023

ACAPULCO UNCENSORED

Puro material Something Weird Video, que, como documento antropológico, es una maravilla. Pero como film  para ocupar una hora y diez de tiempo libre, resulta un aburrimiento de tres pares de cojones.
Como fuere, se trata de una muestra seminal de lo que en poco tiempo se popularizaría como “mondo”, esta vez en su vertiente sexual, que a finales de los años 60, cuando se rodó esta producción, todavía no tenía una estructura lógica que nos hiciera identificar esta película como tal —mondo, pero en realidad concebida como sexploit—.
Así pues, aquí tenemos un falso documental, torpe y tedioso, pero que cumple con creces su principal finalidad de mostrarnos todo el folleteo posible, predominando un soft muy light e ingenuo—tengan en cuenta que son los 60— que peca de aburrido y reiterativo.
El capitán de una barquita (el actor Victor Izay) que lleva pasajeros de un punto a otro de Acapulco, durante esas travesías se dirige a cámara y le cuenta al espectador lo buena ciudad que es Acapulco para la jodienda, dando paso a eternos numeritos sexuales escenificados, otros rodados desde una cámara oculta más preparada que un opositor a correos y, en definitiva, mostrándonos guarrindongas escenas de sexo no explícito. Así, el capitán aprovecha para presentarnos a las prostitutas de los muelles, sexo entre gentes finas, entre lesbianas, en piscinas o sucias habitaciones de hotel durante la hora y poco que dura la película. Una secuencia detrás de otra, y todas y cada una de ellas presentadas por Izay. Sin más. Ni argumento ni leches, solo: “Vean, vean cómo se folla aquí en Acapulco”.
Obviamente se trata de material barato con el que rellenar las sesiones golfas de los cines más gamberros de la época y sin mas valor que la osadía y atrevimiento de mostrar escenas con personas en actitudes concupiscentes. Quizás por eso la película prescinde de nombres en sus créditos, aun teniendo actores y actrices medianos que posteriormente saldrían en algunos títulos de mayor o menor renombre, o un director que orquestó todo esto y que incluso tendría una discreta carrera posterior.
Hablando del Rey de Roma, el sujeto se llama Don Davis, quien durante unos años se dedicó a filmar títulos de esta calaña, siendo “Swamp Girl” de 1971 su película más popular. En 1972 se retira de la dirección cinematográfica, y no regresa hasta que en 2013 Frank Henenlotter le pide que le eche una mano con su documental sobre las películas de explotación sexual “That’s Sexploitation!” co-dirigiendo todo el desaguisado, y es que, a pesar de su corta y poco interesante filmografía, Davis tiene tres o cuatro cosas que decir a cerca de las películas de tetas y culos de los años 60, aunque sea porque estuvo inmerso en esa corriente durante un periodo de tiempo.
Por otro lado, en su momento, las gentes de Something Weird Video, que ya le daban duro a la arqueología, siempre se hicieron eco de cuan oscura y difícil de localizar fue esta “Acapulco Uncensored”… total para esto. Nada hubiera sucedido si se hubiera quedado almacenada en el sucio almacén en el que fue redescubierta. Como sea, siempre es interesante echarle un vistazo a todo este material, aunque sea para verificar su existencia y saciar la inquietud al respecto.

lunes, 27 de febrero de 2023

I AM NOT A FREAK

Hoy en día, con el auge de las redes sociales es absolutamente normal (sobre todo en Tik Tok) que, navegando, nos topemos con alguna persona con algún tipo de deformidad rara que ha subido un vídeo. Normalizan su situación jactándose de ella e incluso haciendo mofa (y befa) de la misma, dejando su dignidad a un lado a cambio de un puñado de likes que, supongo, les beneficiarán de alguna manera, ya sea esta anímica o egolátrica. Las redes sociales se han convertido para la gente con deformidades extremas en poco más que un circo de freaks, como antiguamente, solo que esta vez  se trata de un circo virtual y voluntario. Una muestra más de la evolución tecnológica a fin de cuentas.
Sin embargo en 1987, si uno quería ver gente con deformidades extremas no lo tenía tan fácil. De hecho era bastante complicado ya que esta gente tendía a esconderse para asegurarse un bien estar mínimo, confinándose en sus guaridas como si de alimañas se tratase —y no se que es peor, si ese confinamiento o la exposición mediática de hoy—. Como fuere, la presencia de uno de estos individuos siempre es rara y, como tal, incomoda a las personas sin ningún tipo de dolencia tanto como, desde una distancia prudencial, les atrae. Así que para satisfacer a unos y otros, el documentalista Kirby Dick, al que le encanta hacer documentales sobre afecciones raras (suyo es también “Sick: The life and dead of Bob Flanagan, Supermasochist”), se casca uno para la televisión, este “I am not a freak”, que en su afán de mostrarnos a varios de estos individuos desde la compasión, pero con todo el sensacionalismo posible, podíamos decir que se trata de un mondo —aunque no lo sea de manera expresa,  según la base de datos que consultemos ya se le etiqueta así—, aunque su intención en principio sea más didáctica.
“I am not a freak” contextualiza el mundo de los circos de fenómenos para rápidamente pasar a retratarnos a seis individuos con deformidades extremas que, a través de sus testimonios o los de sus allegados, tratan de hacer comprender al espectador lo dura que es su lucha diaria (como si no nos la imagináramos antes de darle al play). Así, vemos entrevistas a un tipo con síndrome de Proteus (la misma deformidad que padecía John Merrick, El hombre elefante), otro que es solo tronco y que no tiene nada de cintura para abajo (y que camina con las manos) conocido como “El torso viviente”, el entonces considerado hombre más pequeño del mundo (y que yo diría que además padecía de espina bífida), un muchacho con progeria (la enfermedad esa tan chunga que te hace envejecer cuando aún eres bebé) y una obesa mórbida de 400 kilos llena de estigmas. Todo servido de manera muy seria y formal sin escatimar en primeros planos y recreaciones de cámara. Una vez consumidas las entrevistas, a modo de epílogo, veremos a todos nuestros protagonistas caminando en solitario de manera bucólica hacia la playa para allí, todos juntos, ofrecernos un plano general en el que estos hombres disfrutan de la vida, dan saltitos y hacen ranitas con piedras en la orilla del mar, casi como si de una postal de la tolerancia y las buenas intenciones se tratara, pero… ¡Falta la gorda! Se ve que sus 400 kilos eran difíciles de transportar, como para encima ponerla a saltar en la playa.
Desengañémonos; con el paso de los años este documental fue adquiriendo notoriedad y cierto culto, no porque tuviera un mensaje inclusivo o diera visibilidad a esta gente (que por cierto, a día de hoy deben estar ya todos muertos), si no por el puro morbo que suscita ver a todos estos deformados en su hábitat y de manera tan descarnada. Vamos, que en definitiva esto no es más que otro esos circos de fenómenos que en un principio el documental critica, esta vez para exhibirlos a través de la pantalla de televisión. Claro, al lado de lo que vemos en Tik Tok hoy en día, dicha exhibición se ha quedado liviana e incluso ingenua.
Más allá de eso, "I am not a freak" es serena, funcional e incluso en algunos momentos aburrida. Pero desde luego, desde el primer momento llama la atención, incluso casi cuarenta años después de haber sido concebida.

lunes, 22 de agosto de 2022

THE AMITYVILLE LEGACY

Desde que es vox populi que cualquiera puede hacer una película de Amityville, uno llega a perder  la cuenta de los títulos que se han facturado en el cine de bajo presupuesto y, sobre todo, en ese tipo de películas amateur que, al menos en los Estados Unidos, gozan de distribución comercial, antes en formato físico, ahora a través de las plataformas de streaming.
Lo curioso del asunto es que el fanatismo en USA muchas veces se presta a confundir velocidad con tocino y, una afamada web dedicada al cine de terror llamada 1428 Elm, elaboró un ranking con todas las películas de la saga Amityville, oficiales o no,  ordenándolas de mejor a peor y, dentro de esta, aparece en el puesto número 11 la que nos ocupa, “The Amityville legacy”, quedando por encima de otras oficiales como por ejemplo “La casa de muñecas de Amityville”. Tampoco es que quedar el undécimo de un ranking de quince títulos sea gran cosa, y menos en una página destinada a pajilleros, pero esto le sirvió al director de esta cosa, Dustin Ferguson, para adquirir cierta notoriedad dentro del fandom. Al fin y al cabo se trataba de una película bastante fiel, no ya a los títulos originales, si no al caso real centrado en la familia De Feo, y que llevó adelante con tremenda seriedad y presupuesto nimio; “The Amityville Legacy” —también conocida como “The Amityville Toybox”— es una película amateur con todas las de la ley.
Explica el caso real de los De Feo en un flashback para pronto trasladar la acción a la actualidad y situarnos en el hogar de una familia que, celebrando el cincuenta cumpleaños del cabeza de familia, le regalan un mono con platillos que él había tenido cuando era pequeño (el típico mono con platillos que aparecía en las viejas películas de casas encantadas tipo “El regalo del diablo” o “El desván”). Resulta que este monito provenía de la choza de Amityville y, por lo tanto, está poseído por un demonio. De este modo el caballero que cumple años acabará igualmente poseído y, escopeta en ristre, arrasará con unos cuantos miembros de su familia.
Por supuesto, la película no tiene nada de especial más allá de lo en serio que se toma a sí misma y la intención de ser una secuela más de la franquicia pero facturada con tan solo una cámara de vídeo. También hay que darle crédito a la chulísima maqueta de la casa original que utiliza Ferguson, así como la suerte de ser el propietario de uno de esos terroríficos monitos con platillos, pero más allá de eso, nada. Aburrimiento, aburrimiento y más aburrimiento. Añádanle eternas conversaciones sostenidas por actores no profesionales que no ayudan a que la hora y cinco que pase en un santiamén. Nada nuevo en el horizonte.
Tampoco la película ha de desmerecer ese undécimo puesto en la lista de películas sobre Amityville elaborada por 1428 Elm porque, en justicia, hay que decir que muchas de las originales son peores que esta.
Por su lado, Dustin Ferguson era un individuo apasionado del cine de terror que desde bien pequeñito tenía claro que quería ser propietario de un videoclub, y eso era a lo que se quería dedicar profesionalmente. Acabaría sus estudios y, después, abriría su propio establecimiento. Sin embargo para cuando se graduó en la universidad, los videoclubes estaban desapareciendo y, aunque tuvo una intentona, montar un videoclub ya no era una opción de futuro, así que lo desechó. Como hacía pequeños cortos en sus ratos libres, a partir de 2007 se dedicó casi en exclusiva a la manufacturación personal y casera de largometrajes para su explotación en vídeo. Y, paradójicamente, no le ha ido mal. Desde entonces ha editado más de 100 títulos de variado pelaje, todo homenajes a sus títulos favoritos y que van desde el culto al mondo con “Faces of Dyin” al rape & revenge con “I drip blood on your grave”, convirtiéndose en los últimos tiempos en uno más de esos directores mercenarios de distribuidoras que hace 15 años podían tener algo de gracia, pero que a día de hoy no tienen ninguna y facturan imposibles e irritantes híbridos mezclando conceptos como dinosaurios y ébola en “Ebola Rex”, arañas y tornados en “Arachnado” y demás morralla sin alma para que piquen, en la venta de vídeos o plataformas de streaming, todos esos incautos rednecks de la América profunda que gustan de visionar estas basuras carentes de originalidad alguna.
Sin embargo, Ferguson se ha hecho un pequeño nombre con esto, sobre todo gracias a “The Amityville Legacy” que es su película más popular, y, visto lo visto, puede que la mejor de su extensa filmografía.
No se quedó contento con un solo Amityville, y destrozó el concepto más adelante, como verán el próximo día…

viernes, 22 de julio de 2022

GIZMO!

“Gizmo!” es una película construida a partir de material filmado entre los años 20 y 40, una colección de imágenes antiguas que, convenientemente montadas, dan forma a este documental que si bien se estrenó en pleno auge del género mondo —este lo sería, pero uno para todos los públicos— también se anticiparía a lo que vienen siendo subproductos como “Jackass” o “Dirty Sánchez” en los que individuos simplemente hacen tonterías ante la cámara porque les están filmando. Y es que “Gizmo!” nos muestra, sobre todo, imágenes de inventos imposibles que unas veces funcionan y otras no (desde avionetas hechas de cartón que alzan el vuelo unos segundos para luego estrellarse contra el suelo, hasta lanchas que se elevan hacia arriba gracias a unas hélices insertadas en medio, pasando por un artefacto que, en la cuna, detecta la orina del bebé y suena, avisando de esta forma a la madre para que le cambie el pañalito…), nos muestra extraños vehículos creados por el hombre (una rueda que gira sobre su propio eje desde el cual conduce el señor que lo ha inventado…), pero también nos muestra forzudos que impiden que avionetas despeguen sujetándolas con sus dientes, señoras que aguantan el peso de un señor que se lanza a su estomago desde una escalera, fornidos caballeros de mediana edad que soportan con su torso disparos de cañón y, también, curiosos individuos que se autolesionan con el fin de llamar la atención, como ocurría en “Jackass”, anteriormente mentada. Y en ese campo vemos, entre otros, tipos que se estampan la cabeza contra la pared con un casco de football supuestamente indestructible.
Son innumerables las chorradas seguidas que llegamos a ver en esta película. Muchas de esas imágenes las tenemos grabadas en nuestro cerebelo porque las hemos visto mil veces en No-dos, archivos y sobremesas, pero la gracia del mejunje que es “Gizmo!” consiste en como está servido; con voz en off explicativa, cuando no músicas setenteras —se montó en 1977— que ilustran a la perfección lo que nos enseñan e incluso secuencias mudas que han sido dobladas para la ocasión. Como eran  escenas sin ningún tipo de banda de sonido, la producción contrató lectores labiales para saber que decían esos personajes, concretamente en la que una zumbada se desliza desde un edificio unido a otro con un cable, usando una polea de la que colgará ¡con los dientes! Después agradecerá a los allí presentes y a todo Broadway por la atención prestada, en histriónica voz doblada.
Poco más, se trata de eso, de una selección de imágenes insólitas y muy antiguas (ya lo eran en el momento que se montó la película hace cuarenta años, imagínense ahora…) que, hiladas a un ritmo arrasador, hacen al espectador pasar un buen rato.
El ideólogo de este documental para el que apenas se filmó una escena (un tipo en ala delta al final) es Howard Smith, periodista y locutor de radio que cuando se lanza a rodar su primer documental, gana el Oscar. Lo haría con “Marjoe” un extraño documento sobre familias evangelistas. Después firmaría este “Gizmo!” y esa sería toda su carrera como director de cine. Para los más curiosos decir que Smith aparecía en un pequeño papel como comentarista de televisión en “Zombie / Dawn of the dead” de George A. Romero.
Sin más. Muy divertida y para ver en una tarde tontorrona y aburrida.

lunes, 4 de julio de 2022

ANIMALES RACIONALES

Segunda película de Eligio Herrero, de corte post-apocalíptico y sin diálogos, que aprovechaba las localizaciones y decorados de su anterior “Jane, mi pequeña salvaje”, rodada al mismo tiempo que esta en las Islas Canarias. En realidad la que le interesaba hacer a Herrero era “Animales racionales”, surrealista y con ramalazos hacia el cine experimental, pero por si acaso fracasaba, y para curarse en salud, rodó “Jane, mi pequeña salvaje”, en teoría un éxito anticipado con actores de primer orden, cuyas ganancias servirían para cubrir las perdidas que el director intuía que podía tener esta marcianada. Ninguna de las dos funcionaría especialmente. Sin embargo, y al tratarse de una película que carece de diálogos, “Animales racionales” se convertiría a posteriori en un film de culto que ha sido recientemente rescatado y remasterizado en 4K para su posterior lanzamiento en Blu-Ray por el sello Mondo Macabro.
Tras una explosión nuclear, tres personas se encuentran en medio de una isla desértica. Después de asumir lo que ha sucedido agradecerán el estar vivos. Dos de ellos, un chico y una chica rubia son hermanos (según el propio Herrero) y el tercero en discordia, es un roquero suburbial que al ser consciente de que ha sobrevivido a un holocausto nuclear, mostrará su alegría ofreciendo un recital de “Air guitar” (¿?) a sus parteneirs. A partir de ese momento, comenzará la lucha por la supervivencia en la isla, buscándose el alimento o enfrentándose a peligros varios, como unos extraños cangrejos de colores que moran en las arenas y a los cuales acabarán devorando (otra vez [¿?]).  Pronto aparecerá por allí un perro que les guiará hacia una zona donde hay más seres vivos que les servirán para alimentarse, lo que junto al paso del tiempo propiciará que se generen las competencias entre unos y otros por conseguir los favores sexuales de la señorita. Se la acaban pasando por la piedra el roquero, su hermano y hasta el perro. Y lo que comenzó como una vulgar competencia, acaba convirtiéndose en una carnicería.
Desde luego se trata de una película rara, misteriosa y desperada, con una fotografía muy colorida donde imperan los tonos rosa y azul pastel y que, aunque en un principio aparente ser cutre y salchichera, lo cierto es que está hasta bien dirigida y me parece una proeza que con las misma localizaciones y decorados utilizados para una comedia tonta que explotaba “El lago azul” como es “Jane, mi pequeña salvaje”, Eligio Herrero consiga ambientar la cosa en un entorno post-apocalíptico y, más importante todavía, que de el pego. O al menos lo da hasta bien entrada la hora de metraje, cuando se supone que ha pasado el tiempo y nuestros tres protagonistas lucen pelucones y taparrabos, y más que una película post-apocalíptica parece como si estuviéramos viendo una de cavernícolas. Ahí ya da menos el pego.
Pero flipamos colorines con todo lo demás que sucede, situaciones imposibles que van desde el incesto hasta la zoofilia, pasando por el homosexualismo por descarte (en un momento en el que la chica yace con el can, como ofrenda tras haber traído la pieza de comida más grande), por parte de los otros dos competidores masculinos.
No se trata de una película corta precisamente, llega a la hora cuarenta, por eso me resulta sorprendente lo bien que se aguanta el visionado. Se trata de una obra con lo contemplativo por bandera, sin diálogos, con largos paseos por los desiertos volcánicos y polvetes soft de más de tres minutos.
Se clasificó “S” por lo escabroso de todo lo que cuenta, por los desnudos, la follambre y la violencia, pero no se trata de un producto “S” al uso, que eran todos un coñazo; esto es algo infinitamente más interesante que todas aquellas comedietas guarrindongas y creo que tiene algo más de valor.
Eligio Herrero venía de hacer algún dinero trayendo películas fantásticas del más variado pelaje para ser estrenados en cines de barrio y sesión continua. Cuando decidió dar el paso a la producción, lo hizo con estas dos de las que les he hablado (entre otras), y aunque recuerdo que en su momento “Jane, mi pequeña salvaje” gozó de cierta popularidad, lo cierto es que Herrero no ha vuelto ha hacer más cine tras “Animales racionales”. Y sin duda, se trata de una de las rarezas del cine español.
Por otro lado, al tratarse de una película en la que tres individuos (y el perro Larry según los créditos) exploran su sexualidad en una isla desértica, muy, muy cogido con pinzas, pero podríamos decir también que se trata de otro de los exploits españoles de “El lago azul”… ¿Me aceptan pulpo?
Como protagonistas tenemos a José Yepes representando la parte hispánica de la película, al que hemos visto en un montón de títulos en calidad de secundario habiendo trabajado para Paul Naschy, Mariano Ozores, Fernán Gómez, etcétera, así como se le puede ver en un buen puñado de teleseries de producción nacional. En la parte guiri, tenemos a Carole Kirkham a la que vemos hasta las amígdalas, apareció también en “Latidos de pánico” y en esa obra neo-nazi tan salada que es “I Love Hitler”. Y Geir Indvard sería el actor que da vida al hermano de esta. Los tres aparecen en papeles secundarios en la anteriormente mentada “Jane, mi pequeña salvaje”, lógicamente.
Por cierto, el póster de “Animales racionales”, me parece cojonudísimo.

viernes, 27 de mayo de 2022

EL ASESINO DE PEDRALBES

“El asesino de Pedralbes” es uno de esos documentales de culto dentro de la cinematografía española, que junto a otras piezas como “Queridísimos verdugos” o “El desencanto”, conforman un triunvirato de historias morbosas, macabras en inquietantes, no exentas de cierto amarillismo, que hace las delicias de los cinéfilos de alto copete que las citan entre sus favoritas alegando ser material de alto interés cultural, cuando la verdad es que se acercan a ellas por el morbo que suscita el caso real de marras. Yo sentencio, aquí y sin despeinarme, que estos documentales son lo más cercano al "mondo" que ha dado este país. No obstante, se trata de muy buenos documentales y con el handicap que supone el haber sido rodados en cine en su momento, cosa que me entusiasma —los documentales en 35 mm—.
En esta ocasión nos encontramos ante una cosa única.
Jose Luis Cerveto era un individuo que, habiendo sido abusado sexualmente por varios adultos durante su infancia, desarrolló una personalidad psicopática y altamente compleja, que lo llevó a convertirse en un auténtico pederasta y en un asesino sin escrúpulos.
En 1974, cuando trabajaba en un chalet de Pedralbes para un matrimonio de dinero, gracias a una serie de demonios internos, acaba asesinándolos en el interior de su dormitorio a puñaladas; tantas, que dejó los cuerpos destrozados. A pesar de currarse una coartada, Cerveto fue detenido al poco tiempo y llevado a prisión. Una vez allí, decide confesar su crimen.
Ante tal tesitura, el cineasta y documentalista Gonzalo Herralde, se traslada con un equipo de filmación hasta la prisión de Huesca donde Cerveto cumple condena en 1978, con el fin de entrevistarlo profusamente y con cinco semanas por delante de filmación. También entrevistaría a personas cercanas.
El caso es que al individuo le da por contarle al director con pelos y señales, y una locuacidad que asusta, como planeó, ejecutó y manejó el famoso asesinato, y, ya que estaba, también confesaría gran parte de sus delitos sexuales contra menores, quedándose él mismo sorprendido al narrar que abusó, incluso, de un niño de 7 años.
Obviamente, la salud mental de Cerveto está altamente trastocada hasta tal punto que él mismo se cuestiona frente a la cámara su cordura y pide ayuda desesperadamente, si bien, y ante la imposibilidad de redención, también pide a gritos la pena de muerte.
Un ser despreciable, peligroso e inquietante que, desde luego, es nocivo para la sociedad.
Entonces el documental, formal, sin aspavientos, recoge un testimonio sobrecogedor que le pone a uno de mal cuerpo, primero por el grafismo de las narraciones de Cerveto, al que da gusto oírle, y al que le intuimos una inteligencia natural muy peligrosa, y en segundo lugar porque el espectador se hace una imagen de lo que se está contando y, claro, se pone malo. Además, la mirada del asesino de Pedralbes, aturde. Está claramente muy loco.
En definitiva, un interesante documental, de los que una vez se ha terminado pasan un par de días y uno sigue acordándose de él, y una prueba de lo mal que anda la justicia; por sus delitos fue condenado a dos penas de muerte, pero se libró del garrote vil tras la abolición de la misma. Un tipo con suerte.
El documental acaba con José Luis Cerveto condenado a las dos penas, así que buscando info para ver que fue de él, descubro que 10 años después, en 1988, el individuo es puesto en libertad, se busca la vida como artesanal fabricante de caretas que pone a la venta en un mercadillo de Vallecas, y allí es de nuevo detenido y acusado por abusar de dos menores de 11 y 13 años.
No encuentro mucha más info al respecto, pero en un acto ya de sensacionalismo al cubo, cuando el programa de La 2 de RTVE “Versión española” emite el documental en 2001, resulta que uno de los invitados que va a hablar de la película ¡Es el propio Cerveto! que, por supuesto, se crece ante la cámara dando pie a su elaborada verborrea.
Y, llámenme conservador si quieren, pero yo no hago más que preguntarme “¿qué hace un asesino y pederasta confeso que fue condenado a dos penas de muerte, vivo, coleando y comentando sus fechorías en completa libertad en un programa de televisión?” Claro que igual le sacaron de la prisión donde se pudre para el programa y después volvió al hoyo, no he sido capaz de corroborarlo.
Como sea, un documental recomendable y altamente sobrecogedor.
Se estrenó en pases pequeños en Madrid y Barcelona para después distribuirse en vídeo de alquiler. Y me resulta fascinante el póster promocional con el que se estrenó, ya que, según este, la prensa le acusó de sádico, de asesino… y de homosexual.  Como si ser homosexual fuera equiparable a ser un sádico y un asesino (jajajajaja!). Cosas de la época.

lunes, 25 de abril de 2022

WEST END JUNGLE

Documental sensacionalista y absolutamente falseado que, en cierto modo, adelantaría por la derecha las intenciones y maneras del mondo italiano, concibiéndose en el tiempo tan solo un año antes de que se estrenase “Este perro mundo”. Sin embargo “West End Jungle” no llegaría a causar polémica tan siquiera, porque, parido en la Gran Bretaña, país este donde la censura estuvo tan de moda gubernamentalmente que se inventaron años después aquello de los Video Nasties, fue prohibida tajantemente por las autoridades competentes quedando encerrada en sus latas hasta que fue rescatada para ser lanzada en DVD allá en 2008 cuando la mayoría de sus artífices hace tiempo ya que están criando malvas.
En los años 50 las calles céntricas de Londres eran poco menos que un lupanar, puesto que entonces no era ilegal allí darle unas cuantas libras a una señorita a cambio de que, por ejemplo, te chupe la polla. No existía una ley que regularizase la prostitución y las putas, los chulos y los puteros campaban a sus anchas por la ciudad impunemente. Por supuesto, el gobierno, con un afán desmedido por limpiar las calles de la ciudad, decretó en 1959 la conocida como Street Offences Act,  una ley que castigaba los delitos callejeros, entre ellos la oferta y demanda de prostitución, y de esta manera se consiguió liberar el centro de rameras o actos sexuales clandestinos ante los ojos de la respetable ciudadanía. Se ilegalizó la prostitución. Pero que se ilegalizara no es óbice para que esta dejara de ejercerse, así que el negocio del sexo prosperó en la clandestinidad.
“West End Jungle”, en un tono tan exagerado que casi parece pitorreo, viene a denunciar la situación de esta ilegalidad, sugiriendo que aunque a primera vista no veamos nada, encontraremos la lujuria y la depravación a poco que la busquemos. Así, y siempre en un tono despectivo y de denuncia, la película nos muestra todas las modalidades existentes de prostitución en Londres que van desde la puta de esquina, pasando por los burdeles y cabaretes, para acabar ahondando en la prostitución de alto copete, donde además sugiere que quienes frecuentan esta modalidad suelen ser importantes hombres de negocios, ministros, etc.
En el momento de ser calificada para su exhibición, a pesar de no mostrar ningún tipo de desnudez, el BBFCI (la Junta Británica de Censores de Cine) consideró que la película ensuciaba el buen nombre de la ciudad, así que la prohibió.
Le hicieron la pascua a su director y productor Arnold L. Miller, pero, esta sentencia no le amilanó, y se tiró la mayor parte de su carrera filmando este tipo de documentales pre-mondo con el sexo y su relación con Londres como premisas principales —y primordiales— en títulos como “Nudes of the World” o “Primitive London”. Y lo continuó haciendo casi hasta llegar a los años 80 cuando quizás este tipo de documentales ya no tenían tirón alguno. Toda su filmografía responde a estos parámetros.
Quizás en los años sesenta la ingenuidad estaba demasiado a flor de piel, ya que lo cierto es que el estilo de cómo está rodado el documental, a poco que hayamos visto, canta a la legua que es falso. Miller recrea todas las situaciones a modo de ficción y desde tantos ángulos como le viene en gana, como el que rueda una película, lo único que lo hace sin sonido directo y, una vez montada, una voz en off nos narra lo que estamos viendo. Cuando hay personas conversando en cuadro, los diálogos también serán recreados en off con unas voces que, sobre todo cuando se recrea las frases de las putas, son demasiado chistosas, por lo que queda todo de lo más falso y bochornoso que se pueda imaginar uno.
Sin embargo, tan ingenua, tan sesentera, y con tan mala hostia al fin y al cabo, amen de unas interpretaciones no profesionales que ayudan lo suyo, la película, que apenas llega a la hora de duración, es tan inocente, tan kitch, que resulta de lo más simpática. Arnold L. Miller se rodeó de amigos y familiares para que interpretasen algunos de los roles principales, que junto con los actores profesionales contratados dan como resultado una cosa de lo más divertida.
Eso sí, mucha puta, mucho putero ávido de hembra y perturbado sexualmente, mucha transparencia y ropa interior sexy, pero no vemos ni una sola tetilla. Los americanos con el nudie en alza, les sacaban ya algo de ventaja a estos puñeteros ingleses, me cago en la madre que los parió.

viernes, 25 de febrero de 2022

MR. MIKE'S MONDO VIDEO

Tenía yo ganas de hincarle el diente a este documento muy buscado durante los 90 por los aficionados, pero que en plena era Internet ya está disponible para todos aquellos que lo deseen en cualquier formato imaginable. “Mr. Mike’s Mondo Video” es una prueba de que no todo lo que salió del “Saturday Night Live” tiene por qué ser genial o divertido, es más, esto es bastante desagradable, poco gracioso y desconcertante, y desde luego, es un producto concebido al amparo de las toneladas de cocaína que consumían sus artífices.
En los años 70, el documental mondo italiano estaba en auge, y en concreto “Este perro mundo”, había suscitado la controversia de rigor, sobre todo, en los Estados Unidos que es el lugar idóneo para que el populacho pique el anzuelo de los italianos.
Por otro lado Michael O’Donoghue, por aquel entonces valor en alza de la National Lampoon y guionista destacado de “SNL”, tenía un encargo de la NBC para que realizara un especial que sirviera para sustituir el programa madre durante las vacaciones, y a Donoghue no se le ocurrió otra cosa que hacer una particular parodia en clave humorística de los documentales mondo, fijándose sobre todo en la estructura, precisamente, de “Este perro mundo”. El resultado del experimento es este “Mr. Mike’s Mondo Video” que utiliza la estructura del mondo para hilvanar una serie de sketchs que, no solo no tienen puta gracia, sino que incluso se pasan de la raya mostrándonos imágenes de ligero maltrato animal —de las que no entraré en detalles— quizá no tan denunciables como las que nos ofrecía el género mondo en sí, pero igual de deleznables, porque encima se conciben con el fin de hacer reír al respetable. Una absoluta ida de pinza de un Michael O’Donoghue en su momento de mayor megalomanía en un producto que pretendiendo ser de mal gusto, resulta ser el delirio de un drogadicto que se cree muy gracioso.
Así, van desfilando los sketchs ante la impasibidad del espectador, destacando en todo caso uno en el que Dan Aykroid dice ser un mutante real y muestra a cámara los dedos palmeados de sus pies demostrando que son reales con la ayuda de un destornillador, o uno en el que el elenco femenino de “SNL” se dirige a cámara para decir que son las cosas que más les ponen de los hombres y estas, en tono sexy, dicen que las uñas negras, el mal aliento o la grasa en el pelo. A parte de eso, el resto, mierda. Y estos que he destacado tampoco es que sean un alarde de genialidad.
Los sketchs van unidos a través de presentaciones que hace el propio O’Donoghue e incluyen actuaciones musicales como la de Sid Vicious cantando el “My Way”.
Cuando O’Donoghue presentó esta basura a los ejecutivos de NBC, estos, rechazaron de facto el especial alegando la vulgaridad y baja calidad del mismo, por lo que lo nunca llegó a emitirse. Sin embargo, se le ofreció a O’Donoghue la cesión de derechos del especial por los 300.000 dólares que había costado producirlo, siempre y cuando no se emitiera en ningún canal televisivo, es decir, que si quería exhibir su trabajo tendría que ser en cine. Michael O’Donoghue aceptó el trato.
Por supuesto, el material había sido grabado en vídeo, por lo que tuvo que inflar este a 35 mm, además de buscar más material para poder llegar a la duración mínima de un largometraje si quería estrenarlo, así que incluyó unos cortometrajes de animación con plastilina sobrantes de una de las secciones de “SNL” que fueron cedidos por su autor. Así llegamos a la hora y media de metraje.
“Mr. Mike’s Mondo Video” se estrenó en cines con más pena que gloria, pero al final resultó un producto rentable porque O’Donoghue pudo venderlo a la televisión por cable donde se emitiría con los pertinentes cortes, así como se distribuiría en vídeo en los albores de los 80, convirtiéndose en una película de culto para los adoradores de “SNL”, aunque solo sea porque no es un producto demasiado bueno.
Asimismo esta película generó controversia cuando se editó en DVD por primera vez, puesto que Paul Anka, autor de la letra del “My Way” que en la película canta Sid Vicious, se negó en rotundo a que su canción apareciera en “Mr Mike’s Mondo Video”, así que en formato digital la escena en cuestión aparece sin audio y con una inscripción que reza que Paul Anka no ha dado su permiso para que suene la canción en la película. En su estreno teatral o en su primigenia edición en vídeo, sí que se podía escuchar.
De este modo tenemos una autentica rareza proveniente del mainstream que, más allá de eso, no sirve para nada. Es tonta, confusa y desagradable, pero sobre todo, nada graciosa.
Como en esencia se trata de un producto “SNL”, muchos de los sketchs están interpretados por el elenco original del programa o personalidades afines al mismo,  por lo que podremos ver, además de al anteriormente citado Dan Aykroid, a Bill Murray, Carrie Fisher, Terri Garr, Margot Kidder, Deborah Harry o Gilda Radner.
Sin embargo, esto es purria de primer orden, además de, como diría José Mójica Marins, delirios de un anormal.