Mostrando las entradas para la consulta "Sam Raimi" ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta "Sam Raimi" ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de septiembre de 2026

SANGRE FRESCA (UNA CHICA INSACIABLE)

Hace unos días gocé como un enano viendo "Michael", el biopic sobre Michael Jackson. Que sí, lo digo en serio. Una entretenida epopeya de dos horas que pasan volando. Da igual si el prota de la historia te mola o no (mi caso), la peli funciona como tal y eso es lo que importa. Obviamente, uno de sus pasajes se centra en la confección de "Thriller". Incluso vemos brevemente a un sosías de John Landis (y a otro de Rick Baker). Que lo sitúen tan de refilón tal vez obedezca a que, hoy, el otrora exitoso cineasta ejerce de oveja negra. Ya lo fue en los ochenta a partir de la movida de "En los límites de la realidad", y siguió siéndolo en los noventa y dos mil. Pero ahora, con el despuntar del Wokeismo y la caza de brujas imperante, esa mala prensa ha escalado muchos peldaños y si ya era malo entonces, ahora es el demonio (incluso ni tan siquiera sale en la ficha de "la secre"... laméntense por el pobre extra que le confiere vida).
Fue desconcertante recordar esa versión de un Landis pletórico y surfeando la cresta de la ola (gracias a "Michael") para, escasamente un día después, encontrarme con el otro, el decadente, incapaz de recuperar su buena estrella por mucho que lo intentara (la peli reseñada). Apenas habían pasado diez años desde la realización de "Thriller", curro que le fue adjudicado gracias a lo mucho que Michael Jackson disfrutó con la, hasta entonces, primera y única incursión de John Landis en el terror (mezclado con una comedia muy relativa), "Un hombre lobo americano en Londres". Justo por eso, cuando a principios de los noventa anunció que, por fin, regresaba al género / formato, los "fans" tuvimos claras dos cosas: Uno, aquella era una ocasión especial y, dos, el tipo debería estar muy muy desesperado como para intentarlo de nuevo con la fórmula que tanto le había funcionado en el pasado. La diferencia es que esta ocasión cambiábamos hombres lobo por los siempre aburridos vampiros. El invento respondería al título de "Innocent Blood" (aquí "Sangre Fresca (una chica insaciable)". En Australia "Un vampiro francés en América", ¡¡ja!!) y todos los medios especializados se hicieron eco de ello, empezando por "Fangoria" (incluida su entonces ya activa hermana española). Y así, de lejos, la premisa era prometedora, tenía potencial: Una vampira de buen corazón únicamente ataca a gente mala, en este caso mafiosos. Siempre procura pegarles un tiro a posteriori para, así, evitar que revivan convertidos en parte de su especie. Pero un día, y por sendas movidas, no logra dar el toque de gracia a su nueva cena, nada menos que un capo de lo más poderoso y malvado. Inevitablemente, este regresará de la muerte con nuevos poderes y decidirá convertir en vampiros al resto de su "famiglia" para, asín, hacerse invencibles. Por supuesto la vampira, con ayuda de un policía / interés amoroso, le parará los pies.
John Landis contaba con todo lo necesario para lograr un pleno. Su, como digo, vuelta al género con el beneplácito de todo el "fandom". "Warner Brothers" abrazando el proyecto. Un reparto de primera, con la francesita Anne Parillaud, caliente aún de "Nikita, dura de matar", en lo que se prometía su deseada incursión Hollywoodiense -sale en pelota picada nomás arrancar el film-, seguida de nombres del calibre de Anthony LaPlagia (el poli / interés amoroso), Robert Loggia (algo sobreactuado), Angela Bassett, Don Rickles y los habituales de cualquier peli con mafiosos que se precie, David Proval, Rocco Sisto + Chaz Palminteri. Un montón de cameos guapos (Tom Savini, Sam Raimi, Frank Oz, Dario Argento, Forrest J. Ackerman, Michael Ritchie....). El inevitable chiste privado habitual de "See you next Wednesday", efectos especiales punteros y sendas referencias cinéfilas, todas vistas a través de televisores y algo cansinas en su insistencia. Sin embargo, "Sangre Fresca" fracasó, en todos los aspectos y sentidos. Fue un hostiazo tremendo, el "fandom" le dio la espalda, la Parillaud entró en el cine yanki por la puerta de atrás y John Landis tampoco recuperó el brillo perdido, ni la buena prensa.
Pero ¿¿por qué?? ¿¿qué falla?? Pues no sabría decirles... no soy tan ducho en estas lides, aunque afirmo sin despeinarme que es una película aburrida de cojones. Carece de ritmo y dinamismo. Las escenas de acción -pocas, por cierto- no hacen vibrar. La química entre la pareja protagonista es inexistente. Incluso su escena de sexo resulta incómoda de ver. Y todo ello rematado por un abuso de diálogos y la continua sensación de estar ante algo muy atropellado, patoso, sin foco ni finalidad. Tal vez Landis dudó por donde tirar (¿terror, comedia, thriller?) y, al final, al no quedarse con ninguna opción, ni mezclarlas inteligentemente como hiciese con la del licántropo desubicado, pues el plato supo a nada, a vacío. Habría que ver cuanta culpa de ello tuvo el guionista Michael Wolk, quien no había escrito nada previo, ni lo haría a posteriori.
En realidad lo único bueno de todo el desastre es una escena de efectos especiales cortesía de Steve Johnson, en la que un Don Rickless vampirizado se tosta al sol de forma espectacular (hacer notar que Linnea Quigley aparece como enfermera chillona. Aunque seguramente se deba a que en esos días era pareja de Johnson). Tampoco podemos pasar por alto la agradecida y generosa cantidad de tetas, destacando especialmente -por dimensión- las de la actriz porno Teri Weigel.
"Sangre Fresca" es una película absolutamente fallida y olvidable. 
Si les apetece, en su día publicamos los respectivos fotocromos.

sábado, 29 de agosto de 2026

TETSUO: THE IRON MAN

Uno de los fenómenos más celebrados del cine fantástico de los años noventa, salido de Japón y previo a las pelis de disparos y fantasmas que de allá nos llegaron a paladas no mucho después, fue "Tetsuo: The iron man". O, podría decir, "fueron las primeras películas de Shinya Tsukamoto", su máximo creador, porque para cuando cruzaron la frontera en dirección a occidente, lo hicieron en formato "pack". Eran la mentada, su directa secuela e "Hiruko the goblin". Pero vayamos por partes.
La primera vez que leí sobre "Tetsuo" fueron sus supuestas referencias externas aquello que llamó mi atención: se citaba el dinamismo visual de Sam Raimi, el "body horror" de David Cronenberg y los delirios de un nombre entonces muy de moda, casi inevitable, David Lynch. Y ya no solo Lynch, más bien su legendario largometraje de debut, "Cabeza Borradora". "Tetsuo" compartía con esta el blanco y negro crudo y la "extrañez" de todo ello, mientras que, por otro lado, había sido rodada a lo "Posesión Infernal", osea, una panda de amigos con ganas de epatar pillan una cámara de 16mm, unos pocos yenes y, echándole muchas ganas, mucha ilusión y mucho sacrificio, se sacan de la manga un primer largometraje (aunque durando una hora, alcanza tal categoría por los pelos) que rompe esquemas e impacta, repleto de ideas frescas, inventiva y la valentía propia del debutante, sobre todo aquel movido por la pasión. Si eso era algo que ya denotaban los mentados debuts de Lynch y Raimi, en el caso de Shinya Tsukamoto hablamos de Japón... y ya saben que allí las cosas y, sobre todo las películas, funcionan de otra manera.
Como todo film de naturaleza anómala, "Tetsuo" arrastraba la etiqueta de incomprensible, de rara. "Prepárate a no entender nada, pero flipar mucho con el empaque visual". Y así la vimos todos entonces. Sin embargo, si le pones un poco de atención, y la deglutes tantas veces como yo, descubrirás con asombro que SÍ hay una historia tras la amalgama de imágenes, una, además, bastante simple y, desde luego, no tan difícil de pillar. Es la manera de contarla lo que puede llevar uno a la confusión (o la locura), pero sería algo parecido a esto: Un tipo le coge gusto al metal a base de recibir palizas por parte de un vagabundo (¿o es su padre borrachuzo?). Tanto que se agencia el tubo que aquel usa para las agresiones y, tras el correspondiente tajo, se lo introduce a lo bestia en la pierna esperando así lograr una fusión. Al día siguiente lo que se encuentra en su lugar son un puñado de gusanos. Horrorizado, sale despavorido y es atropellado por una pareja de yuppies que decidirán abandonarlo en una cuneta... no sin antes echar un caliqueño por aquello del subidón. Pero el tipo sobrevive y -tal vez gracias a ello, al golpe, el shock- logra unificar carne y acero, otorgándole una serie de poderes que utilizará para vengarse del yuppie y la parienta. Especialmente en el caso de él, al que convertirá en un monstruo de metal cuya finalidad, una vez unido a su creador, consistirá en destruir el mundo.
Todo esto contado... pues lo que les decía, a base de muchísima, pero muchísima locura, gritos, berridos, destellos, sonidos estridentes, risas histéricas, un montaje acelerado, blanco y negro contrastado y chorreando grano, caos, desorden voluntario, atmósfera opresiva, agobiante, sudorosa y claustrofóbica y las escenas de stop-motion más flipantes que he visto en mi vida. Y no por la técnica, porque en ese sentido, y afín al origen casero de "Tetsuo", todo es un pelo crudo y rudimentario... pero funciona, y no poco, le deja a uno boquiabierto, con los ojos como platos, incapaz de desconectar de la pantalla, totalmente absorto ante semejante estallido de genio visual, de creación total llevada al cubo. Shinya Tsukamoto no se contentó en dirigir, además actúa, escribe, filma, monta, se curra los trucajes y seguramente algo más... menos la música. Esta, de voluntaria y efectiva naturaleza semi-industrial, viene firmada por Chu Ishikawa y es absolutamente brillante. Casa a la perfección con una película única, irrepetible y alucinante. Tengo claro cual es mi siguiente objetivo en la vida: comprar el blu-ray. Necesito que forme parte de mi colección.
Siempre he tenido buenas palabras para "Tetsuo", desde la primera vez que la vi en el Festival de Sitges. Luego repetí y, en fin, que sí, que me moló... pero es cierto que no ha sido hasta mi más actual (re)visionado que no me he dado cuenta de lo realmente MUCHÍSIMO que me pone. Proceder sin la "presión" del momento (en este caso, autoimpuesta... tenía que molarme sí o sí) ha sido decisivo.
Lo curioso del asunto es descubrir y confirmar que, en todas partes del mundo, las cosas funcionan igual. Y con "Tetsuo" y Tsukamoto ocurrió lo que con tantos otros cineastas, padres de un éxito inesperado: Seguidamente son fichados por una gran compañía que les ofrecen el oro y el moro para que hagan algo más comercial, pero sale mal, fracasa. Así, en su tercer proyecto, el cineasta opta por dar un paso atrás, regresar a la modestia, y modestia es igual a libertad creativa o, ya directamente, parir una segunda parte del film que le catapultó. En el caso de Tsukamoto, hablamos de "Hiruko the goblin" como su acercamiento al mainstream (no me gustó cuando la vi, pero tengo pendiente una revisión) y de, claro, "Tetsuo 2: The body hammer" que, al llegar a España de la mano de la otra, se benefició en parte y, sí, está un rato bien, es perfectamente consumible... pero anda muy por debajo de la primera parte. La profesionalidad no siempre sienta bien, especialmente a aquellos cuyo desvirgue oficial (no cuentan cortometrajes previos) ha sido creado desde las entrañas, por pura y dura necesidad. En sus siguientes pasos uno siempre echa de menos esa estrella, esa chispa que los hizo especiales una vez. Shinya Tsukamoto, ya reconocido como cineasta, siguió rodando, aunque nunca logró igualar el éxito de "Tetsuo: the iron man". Por ejemplo, tiene "Tokyo Fist", que vendría a ser como aquella pero ambientada en el mundo del boxeo. O, seguramente, su mayor error, "Tesuo 3: The bullet man". Podríamos decir que estamos ante otro caso habitual: en época de vacas flacas, intentar revivir el pasado. El resultado, enfocado para un mercado mucho más occidental (el actor lo es, y no casa nada bien), es brutalmente mediocre, plano, desaborío o, peor, convencional. Uno no puede evitar pensar en su director como "cineasta de UNA sola película". Claro que me faltarían por ver unas pocas más, así que de momento me callo cual puta y el tiempo dirá.
No puedo chapar sin recordar la ocasión en la que, visitando el Salón del Cómic de Barcelona (año 1993), descubrí el "stand" de la distribuidora española de los dos "Tetsuo", "Oro Films" -futura "Manga Films"-, donde lucían los posters de las interfectas. Me aproximé para pillármelos, cuando me dijeron que, si volvía en unos minutos, Tsukamoto andaría por allá y podría dedicarme una bonita estampa. Dicho y hecho. El Japonesito dibujó un simpático garabato, se hizo la foto de rigor conmigo y, lo más llamativo, seguidamente me pidió que le echara yo una a él junto al "stand" empapelado con carteles de sus dos películas. Un tipo agradable y un recuerdo bonito. Dejo la respectiva galería a continuación (sí, ese era yo en 1993... lo lamento) y remato con la instantánea que saqué en el Festival de Sitges durante la presentación de "Tetsuo 2" (era demasiado tímido para aproximarme al escenario, está hecha desde mi lejana butaca... ¡es lo que hay!).

sábado, 30 de noviembre de 2024

TIMECOP: POLICÍA EN EL TIEMPO

Una de las desventajas de llevar acumulados ya diecisiete años de reseñas es que, inevitablemente, tiendes a repetirte. No digo películas concretas, serían más bien apreciaciones. Comentarios. Ya, en realidad importa poco, dada la nula capacidad que tienen hoy día los humanos, y mucho menos ustedes, de retener absolutamente nada. Así pues, tampoco se acaba el mundo si vuelvo a aclarar, antes de comenzar, que me pirro por las historias de viajes temporales y demás paradojas. Y ello contribuye, muchas veces, al disfrute de las respectivas películas. Por eso, seguramente, "Timecop: Policía en el tiempo" me cae tan bien. Me gusta. Un perfecto divertimento para pasar el rato la mar de agradablemente, más si lo acompañas con una bolsa de patatas "chips", aunque sufras hipertensión. ¿Qué quieren que les diga? en ocasiones merece la pena jugarse la salud. Esta fue una de ellas.
Los viajes en el tiempo son una realidad, aunque tampoco es que tengan verdadera utilidad... salvo si eres un político corrupto dispuesto a financiar tu campaña para la presidencia enviando asesinos al pasado, en busca de tesoros de incalculable valor, o alterando los acontecimientos en tu favor. Es por eso que el gobierno de los USA crea un cuerpo de policías dedicado a evitarlo. El más mejor de ellos, y más "cool", es Walker (nombre de héroe por antonomasia), quien vive atormentado al no haber logrado impedir la muerte de su queridísima mujer en manos de unos villanos con un gusto horrible a la hora de elegir vestuario y peluquero. Lo que desconoce aún es que tal acontecimiento guarda mucha relación con su actual condición de policía del tiempo, y no solo dispondrá de una oportunidad para impedirlo, también la de detener al político malísimo que todo lo enmierda con sus feos actos.
Estamos en 1994, hace un año que Jean-Claude Van Damme lo petó con "Blanco Humano" y las puertas de Hollywood se le han abierto de par en par. Así, los estudios "Universal" deciden ficharle y crearle este vehículo de lucimiento, contando de nuevo con Sam Raimi y Robert Tapert para la producción (es decir, "Renaissance Pictures", quienes también apadrinaron "Blanco Humano") y al entrañable artesano -dicho sin tono peyorativo- Peter Hyams en la dirección. La materia de base es, nada menos, un comic editado por "Dark Horse" y serán algunos de sus propios responsables quienes se encarguen del guion. Así ya tenemos alguien a quien aplaudir los muchos aciertos, pero también señalar por algunas cagadillas. "Timecop" se desarrolla en un futuro ya por entonces no muy lejano, 2004 y, en fin, aunque los adelantos tecnológicos no son demasiados, los que se muestran dejan bastante que desear. Especialmente esos feísimos + aparatosos automóviles con supuesta autonomía. Y hablando de vehículos, no acabo de entender por qué los viajeros del tiempo se suben a uno para partir, pero cuando llegan a su destino, van a pata. ¿Dónde han aparcado? Tiene que haber sido en algún sitio porque, a la hora de regresar al presente, vuelven a echar mano del vehículo. Aunque para paradojas inexplicables, la teoría de los mismos viajes temporales. Según la película, ir al futuro es imposible porque todavía no ha ocurrido. Bien, en realidad es justo lo contrario. O al menos eso dicen los astrofísicos, con el añadido de que, una vez en marcha, jamás podríamos regresar al punto de partida. Ténganlo en cuenta por si algún día se les presenta la ocasión.
Pero nada de todo eso importa, solo son apreciaciones pajilleras. Cuando una historia es interesante, y viene cargada de secuencias resultonas de acción, yoyas por doquier, diálogos chispeantes, un héroe simpático y un malo odioso -como es el caso- se le perdona todo, incluidos esos costrosos efectos CGI, especialmente en lo referente al poco aciago destino del villano, tan espectacular como chirriante.
A Van Damme lo acompañan Ron Silver dando vida al carismático político corrupto, la guapa Mia Sara enseñando brevemente las ubres y el gran Bruce McGill como jefazo de los polis viajeros.
A diferencia de lo que he creído durante todo este tiempo, "Timecop" fue un éxito. De hecho, es la película de Van Damme que más pasta ha recaudado en toda su carrera, una que comenzó a hacer aguas justo después. Hasta el culo de divismo, drogas y bebercio, el belga se convirtió en un apestado, algo a lo que contribuyó su fracasadísima siguiente película, "Street Fighter: La última batalla". No obstante, aún tendría tiempo de protagonizar algunas cosas potables y volver a colaborar con Peter Hyams en la poco inspirada "Muerte Súbita" (retomando dicha asociación un puñado de añacos después con "Cerco al enemigo"). Supongo que esa caída al vacío impidió la existencia de un "Timecop 2"... es decir, uno financiado generosamente y con Van Damme de prota. Lo que hubo en su lugar fue una serie de televisión de la que nadie se acuerda y una secuela tardía -año 2003- directa pal mercado del dvd con el sosainas de Jason Scott Lee en plan héroe y el hoy recuperado Thomas Ian Griffith (de "Karate Kid 3" / "Cobra Kai") en plan villano. También hubo más comics, algún vídeo-juego y se habló de un remake jamás materializado.

sábado, 31 de agosto de 2024

EL GRAN SALTO

Ando leyendo un libro sobre el cine de Joel y Ethan Coen, escrito por Ian Nathan, que le da mil patadas a aquella cosa pretenciosa editada en su día bajo el funesto sello "Cátedra". Consecuentemente, me ha dado por revisar algunas de sus películas. Hurgando, me topé con "La balada de Buster Scruggs" y aluciné pepinillos al comprobar que seguía siendo inédita para mis cansados ojos. Lo solucioné esa misma noche y, créanme, disfruté como un cochinillo. Muy buena, muy sorprendente e imprevisible. Se nota que "Netflix", sedienta por contar en sus filas con cineastas de prestigio, dio un cheque en blanco a los hermanos para que hiciesen lo que les saliera del coño. Y joder si lo aprovecharon.
No era la primera vez que la gentuza de los dineros confiaba plenamente en ellos. Ocurrió ya en los noventa, cuando, estando ambos de moda, el mega productor de "actioners" tan míticos como "Commando", "Arma Letal" o "Jungla de cristal", Joel Silver, les apadrinó para que dieran su (gran) salto al cine más "comercial". Y el proyecto elegido nos retrotrae a otra historia de la que ya he hablado antes, la fascinante amistad humana y colaborativa de los Coen con Sam Raimi.
Según el libro de Ian Nathan, esas supuestas deudas de "Arizona Baby" con "Posesión Infernal", a las que aludía en mi reseña, no son delirios de un anormal -que diría Ze-. Existen. Motivado por el éxito de su debut, Raimi se instaló un tiempo en Los Ángeles, a la búsqueda de fama y fortuna. En eso que los Coen pasaron por allí, esperando dar con un distribuidor para la entonces recién terminada "Sangre Fácil". Decidieron acampar en el cuchitril de su amigo y, por aquello de combatir el aburrimiento, juntos y revueltos se sentaban frente a la máquina de escribir, pariendo de este modo un guion a pachas. Uno basado, hasta cierto punto, en la misma aventura angelina de Raimi. El paletillo "de pueblo" que va a la gran ciudad en busca de una oportunidad. Con este metido en el ajo, les salio una cosa muy ambiciosa, difícil de producir en aquel momento, siendo novatillos desconocidos. Pero ahí quedó, en el congelador, a la espera de que algún día alguien soltara el montante. Por supuesto, estamos hablando de la futura "El gran salto", título españolo algo absurdo para "The Hudsucker Proxy" y "Hudsucker" era un gag recurrente en el universo Coenraiminiano. Lo habíamos oído en la mentada "Arizona Baby" y también en "Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas)" cuyo libreto, les recuerdo, iba igualmente firmado a seis manos por los chavales.
Es un dato bien conocido que aquel intento de Joel & Ethan por integrarse en el mainstream se saldó con un hostiaco de los gordos. Fracasó estrepitosamente en su paso por salas, de ahí que el libro que ando leyendo le dedique cuatro únicas páginas (y, muy extrañamente, apenas mente la citada "Crimewave"). Pero no fue en balde. De rebote, los brothers regresaron a su terreno natural, pariendo el film que les acabó de catapultar, funcionó de mil maravillas en todos los aspectos y les valió un Oscar (como guionistas) Además, resultaría ser su mayor logro y una de las dos que poseo en formato doméstico, "Fargo" (por si les pica la curiosidad, la otra es "Arizona Baby").
Pero centrémonos en "El gran salto", fechada el año 1994. Como decía, cuenta la historia de un pobre diablo, más tonto que una almeja (interpretado por un muy adecuado Tim Robbins, sacándole máximo rendimiento a esa cara de bobo. Según el libro, primeramente se pensó en Tom Cruise), al que una gran corporación comandada por un malvado gerifalte (un genial Paul Newman. Según el libro, de entrada se pensó en Clint Eastwood... joder, ¡habría molado!) utiliza a su antojo. La compañía pretende devaluar sus acciones, para poder comprarlas después a precio irrisorio, y necesitan un tonto que pague el pato. Solo que este sorprenderá a propios y extraños pariendo un producto de éxito -el Hula-Hoop-. En medio, como no, habrá una chavala con la que nacerá el amor (Jennifer Jason Leigh. Según el libro, papel destinado a Winona Ryder) y al tonto se le subirán los humos, ascendiendo a cretino. Luego caerá hacia lo más bajo, aprendiendo una lección en el camino.
Acompañan a los tres astros mencionados rostros tan familiares -y agradables de ver- como los de Charles Durning, Bill Cobbs, Joe Grifasi, Roy Brocksmith, Peter Gallagher, Steve Buscemi o Jon Polito. Por ahí anda John Goodman en plan cameo. Y la neumática y malograda Anna Nicole Smith (ese mismo año interpretó a una grotesca mujer fatal en el tercer "Agárralo como puedas") La gran sorpresa viene dada por la presencia, bastante destacada, de Bruce Campbell, demostrando más que nunca sus limitaciones interpretativas. Recordemos que había intervenido en el pre-trailer de "Sangre Fácil", parido para engatusar a posibles inversores, y volvería a tener escasas y muy breves apariciones en "Fargo", "Crueldad Intolerable", "¡Ave, César!" o la entretenidísima "Ladykillers", sin embargo, me sorprende que, dadas las amistades comunes, los Coen no hayan contado con él para nada más sucoso. Obviamente, Sam Raimi también se marca un papelillo, pero esta vez mediante sombras chinescas. Le acompaña en tal función John Cameron, otro de los integrantes del clan Raimi que abandonaría el barco para quedarse exclusivamente con los hermanos.
Vi "El gran salto" en una sala considerada "de arte y ensayo", lugar de peregrinaje para los fracasados escarceos con el mainstream de cineastas, hasta entonces, considerados minoritarios (ocurrió también con Kevin Smith y su "Mallrats"). Lo comento por el par de anécdotas conjuntas. El "tío de la puerta" resultó ser un viejo compañero de EGB. Así que me dejó entrar gratis. Mientras charlaba con él, apareció un ya entonces reputado crítico de cine,"gurú" de la cultura popular, habitual de las páginas de "Fotogramas". Le conocía personalmente por senda ocasión pasada y creyó que andaba camelando al responsable del cine para entrar por la pati. Terminado el film, volvimos a encontrarnos (digo el crítico y yo). Preguntó que qué me había parecido. "Psé" esputé yo. "A ti es que no te gusta nada" contestó. Entonces me escaseó el ingenio, pero lo suyo habría sido contraatacar con: "Pues a tenor de tu trabajo, ¡a ti te gusta todo!".
Sí, "El gran salto" no me convenció en su momento. La encontré demasiado convencional, dentro de lo que es, y medianamente previsible, considerando lo poco que eso suele darse en el cine Coeaniano (una de sus mayores virtudes, añado con admiración). Son las secuencias a base de pura narrativa visual, dinamismo e inventiva chorreante, las que se quedan grabadas en la retina. Me vienen a la mente la del "ataque de risa conjunto" y, sobre todo, la del hula-hoop. Decir que -nuevamente según el libro- fue Sam Raimi quien se encargó de dirigir esta última, en plan segunda unidad.
Consumida hace escasos días, "El gran salto" me resultó muy buenrollera y agradable
, aunque sí es cierto que, a ratos, su estultismo deliberado cargaba un poco las tintas en plan "no, no es tan gracioso". Pero, ¡ei!, tampoco diré nada malo. Si buscas evasión saludable, sobra y basta.
Epílogo: Gracias al libro, me he reconciliado con algunas de mis menos favoritas películas de los hermanos, caso de "Crueldad Intolerable" (de "imposible de terminar" ha pasado a amena y dinámica) o "Quemar después de leer", y también ha sido útil para
 redescubrir tantas otras ("El hombre que nunca estuvo allí", "A propósito de Llewyn Davis"...). Por todo ello, Joel y Ethan han ascendido unos cuantos puestos en mi actual lista de cineastas favoritos.

sábado, 6 de abril de 2024

CRIMEWAVE (OLA DE CRÍMENES... OLA DE RISAS!!) + UNA REFLEXIÓN

Siempre me ha parecido jodidamente curioso que, siendo un fan de la comedia como es Sam Raimi (la inmensa mayoría de sus cortos adolescentes encajaban en esos parámetros), nunca ha logrado rodar una en condiciones. De hecho, cada vez que lo ha intentado, se ha metido un buen batacazo. Tal vez por eso, cuando se alejó del terror, que como sabéis es el género en el que quedó encasillado, prefirió optar por el western o el drama antes que la comedia.
Obviamente, estoy hablando de "Ola de crímenes... ola de risas!!" ("Crimewave" en v.o.), pero semejante mala suerte no le ha acompañado únicamente cuando se ha sentado en la silla del director. Con "The Nutt House" (alocada bufonada del año 92 con Traci Lords en el reparto) le pasó tres cuartos de lo mismo, solo que en esa ocasión se limitaba a las funciones de guionista, junto a sus colegas Robert Tapert, Bruce Campbell, Ivan Raimi y Scott "Intruso en la noche" Spiegel, que se encargaba de dirigir. Serios problemas con el productor, empujaron a la sustitución de Spiegel y a que Raimi y cía se parapetaran tras un seudónimo al comprobar que el resultado final les avergonzaba. O la enigmática "Motor Baby" ("Easy Wheels" en v.o.), con el director de "Darkman" produciendo una de risas que apenas tuvo distribución (y acá se lanzó únicamente en vídeo y como supuesto exploit de  "Arizona Baby").
Sam Raimi reniega de "Ola de crímenes... ola de risas!!", su segundo largometraje tras la maravillosa "Posesión Infernal". Dice que los productores se la cambiaron, que a nadie le gusta y no la considera suya, a pesar de contar con los prestigiosos hermanos Coen como co-guionistas (quienes se marcan un cameo disfrazados de periodistas). Era su primer rodaje realmente profesional, y por lo visto fue una pesadilla para él y sus amigos / colaboradores. Muerto de curiosidad, releí el respectivo capítulo en las memorias de Bruce Campbell, donde lo cuenta todo, pero no me aportó prácticamente nada. La clásica historia del estudio presionando al joven equipo de inexpertos, con un director subido a la parra tomándose más tiempo del deseado para sus complicados planos y, por tanto, doblando el presupuesto original. Finalmente, el estudio montó la película y, a tenor de lo consumido, tal vez no fue tan mala idea, porque a mí me gusta. ¿Cómo hubiese sido la versión de  Raimi? ¿Necesariamente mejor?.
Tuve la fortuna de verla en el cine, siendo chaval y acompañado por mi padre. Entonces ya andaba yo enamorado de "Posesión Infernal" y, en cuanto vi el -minúsculo- cartel en la prensa diaria, reconocí el nombre de Sam Raimi. Aquí se estrenó un poco de tapadillo, sin hacer mucho ruido. Y pasó por una sala de mi barrio ya extinta. La percepción que me dejó fue la de una comedia extraña y extravagante, cruel incluso, con momentos muy delirantes de esos que no se olvidan nunca. En una palabra: Rara, y muy coherente respecto al film precedente de su director (por lo visto fue algo que no gustó a los productores, quienes le acusaron de haber hecho otro "Evil Dead"). Y es que, claro, en aquellos entonces todo resultaba nuevo y excitante, Sam Raimi era un "secreto" al que solo podíamos acceder unos pocos y... en fin, que molaba, y molaba encontrarse de nuevo a Bruce Campbell, recién salido de su noche demoníaca (¡conservando el flequillo!), quien tendría que haber sido protagonista, pero quedó relegado a secundario por imposición de los que tenían el dinero.
Si lo miras detenidamente, verás que "Ola de crímenes..." era un producto genuinamente original en su época. No había nada como ella, una de risas demasiado normal para ser un "spoof", demasiado "spoof" para ser convencional. En tierra de nadie. Gira en torno a un empresario que quiere deshacerse de su socio, este se entera y contrata a dos asesinos profesionales para que se lo carguen. Ni que decir que todo irá mal y por medio acabará liado el prota, un panoli enamorado de una chica imposible a la que los asesinos secuestrarán.
"Ola de crímenes... ola de risas!!" es tremendamente tontuna. Lo pretende y está orgullosa de ello. Tiene un aire a "slapstick", a vieja escuela, solo que bañado en una pátina de modernidad y el inconmensurable ingenio visual de un Raimi enamorado de la cámara. Las secuencias para el recuerdo son muchas, pero casi todas tienen como eje central a los asesinos, muy conseguidos en aspecto y personalidad (ahí conocí yo a Brion James, cuyo parecido a una rata es explotado a conciencia). El acoso que uno de ellos (tremendo Paul Smith, al que también has visto en "Mil gritos tiene la noche") somete a la mujer de uno de los empresarios (Louise Lasser), el tenedor clavado en su nariz, la alfombra arrancada de cuajo cual maremoto y la famosa secuencia de las puertas de colores que caen en efecto dominó. El tipo que se lanza desde una ventana y se estrella... sin morir (¿gracias a la espuma que lleva en la cara?), el concurso de baile que termina en la cocina con los platos sucios, un tremendo Bruce Campbell dando forma a una sugerente silueta femenina con el humo de su cigarrillo y etc, etc... una lista interminable de momentos totalmente brillantes (aunque sea a nivel únicamente visual) en los que el director comenzaba a experimentar, y mucho, con la estética, los colores (muchos rojos y azules) y el ritmo del "cartoon", algo del todo asentado en su siguiente película ("Evil Dead 2", por supuesto).
Vale, recientemente la sometí a un revisionado y pude comprobar que, tal vez, al final le pesa un poco el culo. Se alarga en exceso. Y, justo, sobre eso quería yo vomitar la siguiente reflexión...

Resulta chocante ver el salto de "Posesión Infernal" a "Ola de crímenes..." y maravillarse asumiendo que Raimi seguía siendo un veinteañero cuando la facturó, porque es un film cargado hasta las trancas de escenas complicadísimas de ejecutar, rodar y planificar, con explosiones, persecuciones, coches volando por los aires, intrincadas "set-pieces" humorísticas (muy Coen, las desarrollarían igual luego en "Arizona Baby" o "El gran salto". Por cierto, ambas incorporan en sus tramas el nombre "Hudsucker", bien presente en "Ola de crímenes...". Un chiste recurrente), hasta números de baile.... es la leche, ¿cómo el chaval que a finales de los setenta se puso a rodar esa pequeña peliculita casera de terror, con sus colegas, una cámara de 16 mm prestada, cuatro dólares y una vieja cabaña, pudo pasar en cuestión de tres años a algo como "Ola de crímenes..." (sin contar aquí el corto superochero que hizo justo en medio, por aquello de desquitarse, "The Sappy Sap" -con protagonismo de Scott Spiegel-)? ¿de dónde sacó la capacidad para arramblar con todo aquello, tirarlo palante y estrenarlo? ¿tal vez, justamente, de ahí la polémica, que Raimi aún estaba demasiado verde para un producto de semejante envergadura, obligando a los mecenas a intervenir?.
Si algo denotan "Ola de crímenes...", y "Terroríficamente muertos", y "Darkman", y "El ejército de las tinieblas" y todo lo que vino después, es que Sam Raimi era ambicioso y apuntaba alto (¡sambicioso!). Con una visión enorme de las cosas. Hay que estar muy seguro de uno mismo para eso. Como a muchos de los de su quinta, y tantos otros que vinieron después (¡hola James Wan!) le pierde el exceso por el exceso, un mal muy de Hollywood. ¿Por qué todas las películas de género hechas allí han de cargar tanto las tintas en el desenlace? a mi gusto, lo estropean un poco bastante. Ahora con el CGI se ha desmadrado, alcanzándose cotas de delirio pornográfico aturdidoras, especialmente gracias al imparable bombardeo de emociones extremas y manipulantes que nos sacuden sin descanso hasta, casi, la náusea. Justamente, el final de "Terroríficamente muertos" nunca me ha gustado. Es aturdidor. Todo el rollo del monstruo cabezón, las ramas destruyendo la cabaña a golpes, las continuas luces estroboscópicas, el torbellino, la fanfarria de un desatado Joe Lo Duca a la batuta... ¿por qué? Sin embargo, el caso de la primera, la original, es un pelo distinto.
El joven Raimi aplicó su visión grandilocuente al desenlace. Y sí, es lo que contribuyó a separarla del montonazo de basuras zetoides operativas entonces dentro del cine de terror independiente, obteniendo unos resultados demenciales, delirantes, con toda esa orgía de stop-motion, plastilina y yogur verde absolutamente maravillosa. En su época se veía cutre, y se sigue viendo cutre, pero molaba muchísimo, por lo excesivo y el encanto de las técnicas empleadas. Ahí las limitaciones propias de la época -y el presupuesto- jugaron en su favor, obligando a cierta contención y, casi accidentalmente, logrando un equilibrio muy beneficioso para ese "grand finale" y la película resultante.
Al contar el director con más medios en "Ola de crímenes... ola de risas!!", perdió los papeles y pasó lo que pasó. Un desenlace agotador. Es estupendo que una película vaya a toda hostia, evitando desesperadamente aburrir a su audiencia (y ya sabemos lo extremadamente condicionado a la misma que está Raimi), pero, ocasionalmente, puede darse el caso inverso. Amuermar por abuso de ritmo desbocado. Creo que es bueno detenerse unos minutos, dejar respirar al público y, luego, ¡pam! presionar el acelerador otra vez. El jovenzuelo Sam no lo sabía aún y, en fin... lo dicho.
Con todo, tampoco comprendo la mala fama que gasta el largometraje. No es redondo, pero sí muy simpático y generoso en momentos irrepetibles. Así pues, si no lo has visto y echas de menos al buen Sam Raimi, ni lo dudes.

miércoles, 20 de marzo de 2024

"CREEPSHOW", A DOS GRADOS DE SEPARACIÓN

Desde los albores de este blog, escribir maravillas con respecto a "Creepshow" ha sido una obsesiva constante. Hasta hartar. Bien, lo que igual desconocen es que el clásico de George A. Romero guarda una serie de conexiones muy particulares con otros asuntos de índole igualmente apasionante, al menos para el que suscribe.
Tan apasionantes como mi otra película favorita (y que cae un puesto por delante de "Creepshow"), "Posesión Infernal". Ambas vienen emparentadas por un mismo nombre, el del agente Irvin Shapiro y, más gracioso aún, un pedazo de tema musical "vintage" de naturaleza "stock". Concretamente "Jazz Traditional - Charleston" de Erik Markman.
Se puede oír en los créditos finales de "Posesión Infernal" (o cuando el personaje de Bruce Campbell corre al sótano a por munición) y en una escena de la de George A. Romero. Mientras aquí tiene toda la lógica del mundo, sonando jukebox mediante junto a otras partituras del mismo periodo, en la previa... ¿por qué? Lo tenemos tan asumido que no vemos extrañeza en ello, ¿decantarse por un tema tan alegre y dicharachero al final de un film de horror tan intenso y más después de ver morir a su héroe? Bien, según se dice por ahí, consciente Sam Raimi de lo crudo, sangriento y oscuro del film, quiso compensarlo finalizando con semejante pieza. Tiene sentido. Sonaba tal que asín...

Habrá quien diga "También las dos películas comparten año de producción". Vale, pero eso creo que es más circunstancial, teniendo en cuenta que “Posesión…” tardó varios en completarse. Todo ello -y la presencia de Shapiro, supongo- permitió que ambas joyas acudiesen al festival de Cannes de aquel año mano con mano, dejando para la posteridad imágenes tan legendarias como las respectivas pancartas promocionales, una al lado de la otra, o la instantánea histórica de Sam y George juntos en el balcón de un hotel de la población franchute. Irrepetible.


Pero no acaba aquí la cosa.
¿Cómo se quedan si les digo que existe otro hilo conector entre "Creepshow" y.... mi héroe, George Kuchar? ¿Y qué tiene ello de extraño? Hombre, lo del clásico de Sam Raimi dispone de cierta lógica por año de producción, género y naturaleza... pero Kuchar pertenece a otro universo, otro nivel -uno más subterráneo-, y por ello la movida se torna exótica y marciana. Eso sí, para nada es una cuestión directa, que los dos Georges se conocieran y fuesen de cañas. En realidad, se debe a una tercera persona, Peggy Ahwesh.
En los ochenta Peggy era una punkilla que, además de ir a conciertos, pillaba una cámara de súper 8 y confeccionaba cortos con los colegas. Algunos de orden seudofeminista (al menos procedía en una época que eran poco comunes, ahora es feminista hasta el anuncio de cocacola). Un día, organiza una serie de proyecciones y, puesto que su hábitat natural resulta ser Pittsburgh, invita al cineasta más relevante del lugar, Don Romero. Se hacen amigos y, para cuando este arranca con "Creepshow", enchufa a la muchacha en funciones de asistente de algunos actores, entre ellos Ed Harris, quien se unió a ella, y su pandi, para terminar bailando pogo en algún concierto punk. Mítico. Ya puestos, fue la niñera de Joe King (hijo de Stephen, el niño del vudú/lector del tebeo y actual reputado escritor de terrores por... ¿cuenta propia?) y ayudó a ensuciar de verde el decorado de "La solitaria muerte de Jordy Verrill". ¡¡Vaya suertuda!!. Si se fijan bien en los títulos de crédito finales, la localizarán con la versión "seria" de su nombre, Margaret. 
Conclusa esta etapa (de la que aprendió tanto como para reconocer la gran influencia que tuvo en su cine el director de "La noche de los muertos vivientes", junto a otros ilustres: Dario Argento, Mario Bava y Lucio Fulci), Peggy, más en consonancia con su naturaleza “underground”, termina metida en los caóticos y alocados rodajes que el gran George Kuchar se marca como profesor en el "San Francisco Art Institute". 
Concretamente, sale caracterizada con un atuendo extravagante -algo muy propio de las Kucharadas- y haciendo el ridículo -algo muy propio de las Kucharadas- en una de las epopeyas más demenciales, extrañas y escatológicas del Maestro, "Evangelust", un palo desalmado a los tele predicadores que Kuchar grabó vídeo mediante a finales de los ochenta a base de caca y vómitos. Ahí va imagen del histórico encuentro...

Paralelamente, Peggy Ahwesh también se dejó ver en algunos video-diarios de Kuchar (concretamente: "Rainy Season", "Return to the House of Pain", "Fill Thy Crack with Whiteness" y "Munchies of Melody Manor"), pero esa es otra historia. En cuanto a su propia carrera, pues siguió pariendo cortos raros, dio el salto a los 16mm, luego al vídeo y finalmente las imágenes generadas por ordenador. Se hizo profa de bellas artes y hoy rula por Vimeo publicado las cosicas que inmortaliza mediante celular. Nada, todo muy aburrido y pretencioso... lo realmente interesante acá era contar su apasionante vínculo directo con sendas apasionantes movidas.
La próxima vez que entren en este blog y se encuentren con la enésima entrada dedicada al clásico de Romero (o al de Raimi), conténganse las ganas de destruir el ordenador. Como ven, hay motivos de sobras para amar a la(s) jodida(s).

sábado, 16 de marzo de 2024

POSESIÓN INFERNAL, EL DESPERTAR

A estas alturas no es necesario que hable de mi devoción por "Posesión Infernal". Sintiendo una indudable simpatía hacia toda la saga, la marca al completo, dicho amor se centra básicamente en el film de origen, el de 1981. Es algo sobre lo que he escrito muchísimo. Por todo ello, enfrentarme a cada nueva entrega posterior, especialmente aquellas facturadas en tiempos modernos, es un auténtico reto. Y ante el primer visionado, inevitablemente las expectativas pesan un huevo, generando una opinión normalmente poco favorable. Se hace pues necesario un segundo intento. O un tercero. Pasó con el remake de 2013 que, poco a poco, logró ganarse mi afecto. Tanto como para pillarlo en blu-ray.
Bien, ahora le toca el turno a "Posesión Infernal, el despertar". La primera vez me pareció un truño gordo, gordo. Así, esperé a la siguiente intentona para formarme una impresión más fiable. Y de eso va esta reseña.
¿Es "Evil Dead Rise" (título en v.o.) un reboot, una precuela o secuela del film del 2013?. ¿O de 1981? Pues no me ha quedado claro, la verdad. A mí lo que me ha parecido es un remake del remake. Comparten estética, "look" fotográfico -digital, me supongo-, y unas cuantas ideas. Lo más desconcertante de este nuevo "Evil Dead" es que, por mucho que venden la moto de la novedad, del cambio de un bosque siniestro a un apartamento, de personajes más o menos masculinos a mayormente femeninos, incluso la incorporación de adolescentes - + una infante (estoy tan cansado de películas de terror con críos... parece casi una obsesión pederasta por parte de los mandamases de Hollywood)- que lo van a pasar putas, en lo narrativo es exactamente igual que la original y el remake. Es decir: Grupo de personajes metidos entre cuatro paredes desatan el mal mediante "Necronomicón" formato audiolibro (tres vinilos con los pasajes grabados en ellos. El último incluye una advertencia sobre sus peligros. Coño, ¿no habría sido más lógico que eso estuviese en el primero? digo yo), los unos van siendo poseídos, los otros tendrán que combatirlos, etc, hasta que al final sale el gran "mostro", alegremente despachado vía sierra mecánica. Ea!
¿Debería ello haber garantizado cierto disfrute y placer entre los devotos de mi porte, así como más canosos y nostálgicos?, pues tal vez sí... aunque, primero, puestos a repetir la jugada, no te alejes de la cabaña y el bosque, que ello garantizaba una atmósfera cojonuda (inquietante y de puro aislamiento), ¡¡se echa mucho de menos!!, y segundo, complicado va a ser con unos personajes tan poco interesantes. Tan poco carismáticos. Tan antipáticos. Y no, no lo digo por la cacareada ausencia de Bruce Campbell / "Ash". Ya saben, o deberían, lo que pienso al respecto. Esa manía de asociar al actor a la saga es muy lógica y razonable, pero en el primer film, el del 81, era un personaje más. Algo tontaina y cobardica, sin toda la ristra de macarradas, chascarrillos graciosos y demás que, a la larga, han acabado definiéndolo (y ya no insisto en el hecho de que moría, dato que hizo mucho por dejarnos un regusto duradero a los que la vimos cuando aún no había secuelas. Aquellos que crecieron a partir de "Terroríficamente Muertos", jamás entenderán tan determinante impacto).
Alguien descontento -y canadiense- dispuesto a mandar una reprimenda a los responsables de "Evil Dead Rise" afirmó que, a diferencia de esta última dosis, "Evil Dead" solía ser una franquicia que revolucionaba el género, ofreciendo nuevas ideas a base de desbordante imaginación. Francamente, creo que exagera. "Evil Dead", especialmente la que todo lo inauguró, tira de una trama super-trillada (chavales que van de "vacas" a un sitio aislado, donde serán víctimas de algo malo. Si lo miran detenidamente, así pueden resumirse films previos como "Viernes 13" o, especialmente, "La matanza de Texas" que, pa algo, ejerció de notable influencia en Sam Raimi y cía), es el cómo está desarrollada y contada en lo visual, donde sí resulta novedoso. Y, además, parte de ello fue casi accidental. Raimi solo quiso hacer una peli de terror convencional, pero le salió así porque era joven, ambicioso y desbordaba pasión. Ahora es un señor mayor, profesional en lo suyo, cansado, acomodado... además de que los aspectos originales del "Evil Dead" primigenio ya han sido muy imitados. Muy explotados.
Entre las cosas que me molan menos seguramente estén algunas ideas chorras que se pretenden epatantes, como cuando la mamá poseída usa la uña a modo de aguja de tocata (y lo que sigue, que no lo explico por si no la han visto). Ya les va a los cerebros tras la franquicia tirar de conceptos así. No olvidemos todo el rollo MacGyver del final del remake, con la batería conectada a la jeringa para revivir a la poseída y bla, bla. Son chuminadas, lo sé. Y que me irriten será culpa de mí ya galopante espíritu conservador con respecto al cine, al género y, particularmente, la saga. Pero es así. Y luego, la actriz que interpreta a la madre... me pone nervioso... tiene una cara muy rara... como si alguien tirase de sus orejas 
para atrás. Entiendo perfectamente que le dieran el papel de super-poseída.
Aunque es un dato que no ha sido muy explotado, al parecer en su día Dario Argento quiso producirle a Sam Raimi la secuela de "Posesión Infernal". Sin embargo, otro italiano se adelantó (Dino de Laurentiis) y el director de "Tenebre" se quedó con las ganas. Desquitándose posteriormente al producir "Demons", que no es más que un remedo de "Evil Dead". Descarao. Resultó funcionar muy bien en taquilla, lo que les obligó a parir una secuela, cambiando el escenario de un cine a un edificio. Una decisión muy lógica y práctica. Y, claro, ahora, décadas después, a Raimi y la pandi se les ocurre esa misma alteración de decorado para la nueva entrega. E, inevitablemente, nacen ciertos parecidos. El fandom, ese gran idiota, corre a gritar que se trata de un homenaje, un guiño de la yanki a la italiana. ¿En serio?. De haberse hecho a posta, estaríamos siendo testigos de cómo los expoliados se inspiran voluntariamente y felizmente en los expoliantes. Como si me dijeran que George Miller se basó en las películas posnucleares de Cirio H. Santiago para su nuevo "Mad Max" o que Disney se inspiró en "Star Crash, choque de galaxias" para la última trilogía de "Star Wars". Suena bastante ridículo. Me pregunto cuando los fans del género aprenderán, y asumirán, que sus cineastas favoritos no comparten con ellos necesariamente esa pasión. Esa devoción ciega. Es más, seguramente ninguno de los responsables de "Evil Dead" habrá visto "Demons 2". Y si la han visto, ni pensarían en ella, considerándola un mero, sucio y vil robo a sus ideas originales.
Epílogo: No, definitivamente no me gusta "Evil Dead Rise" o "Posesión Infernal, el despertar". Me aburrió, bostecé, no me dio miedo (eso ya lo daba por sentado), no me llevé sustos, no me divertí y el gore no me pareció tan excesivo como lo pintaban (de hecho, creo que es más sangrienta la del 2013). Fue "una más". Sin alma. Incapaz de provocarme nada de nada. Y estoy hablando tanto del primer visionado, como del segundo. Parece bastante improbable, sino imposible, que se me gane con el tiempo.
Ya lo decía un amigo mío: Cuando a los yankis algo les funciona, lo repiten hasta la saciedad. Hasta quemarlo. Destruirlo. Que gran verdad... y que gran tragedia... sobre todo si el decrépito concepto resultante al que impiden morir dignamente se llama "Evil Dead".

sábado, 2 de septiembre de 2023

THE HOPEWELL HAUNTING

El caso de "The Hopewell Haunting" es muy muy curioso. No estamos ante una gran película de terror, desde luego, pero sí algo distinto, singular y con mucha personalidad. Uno de esos títulos que no se lo ponen fácil al espectador medio, de ahí que, si proceden como yo y buscan opiniones por la red (jamás en suelo patrio, aquí solo localizarán paletos e ignorantes vociferando en youtube gilipolleces sin sentido), descubrirán que despierta pasiones y odios. Y eso, como suelo decir, nunca es malo. Luego, dependerá de los gustos de cada cual que la película le funcione. Conmigo lo ha hecho.
Todo comienza por ahí 2006, cuando Dane Sears descubre que su tatarabuela se enfrentó en 1919 a un espíritu enfadado y decide rodar un corto superochero inspirado en los hechos. Sin embargo, no queda saciado, así que, una década y pico después, se lanza con la versión largometraje.
Nos situamos en los años cuarenta. Un hombre de dios, tremendamente amargado -por causas que iremos descubriendo a medida que la trama avanza-, recibe en su iglesia la visita de una pareja que no puede vivir tranquila por culpa de una indeseada presencia. Le piden al religioso que vaya y bendiga su hogar. Este, muy a regañadientes, accede. Pero no parece servir de mucho. Así que, presionado por el ricacho del pueblo, decide pasar allí la noche e intentarlo de nuevo. Esta vez sí, dará con el espíritu, que se lo hará pasar canutas. A él y a nosotros.
¿Historia genérica y simple? Cierto. Pero en este caso dichos adjetivos adquieren un tono harto positivo. Precisamente, si al cine moderno algo le sobra, especialmente el de terror -y muy especialmente el de fantasmas-, son excesos. Todo está sobre-producido. Aturde. Los efectos especiales CGI, el sonido a volumen desatado, sustos y más sustos. Y esos desenlaces, siempre verbeneros, inflados como globos. Agotadores. Por eso uno agradece la ultra sencillez de algo como "The Hopewell Haunting", una película de terror.... o, mejor, una de miedo en la que no hay CGI, no hay sustos, no hay fanfarria de ninguna clase, no hay adolescentes histéricos que salen de acampada, no hay humor tonto... por no haber no hay ni sangre, ni tramas enredadas y complicadas en busca de una forzada originalidad. Nada, cero. Todo es elemental y cristalino, comedido, termina cuando y como debe terminar.
Vale, sí, suena muy bien. Pero, si no hay sangre, sustos y demás desmanes ¿donde está la gracia? pues, justamente, en que, como producto de su género, da miedo. Y para lograrlo se vale, ante todo, de aquello que es fundamental: el sonido. Muchas de las mejores escenas de la película, las que proporcionan más yuyu, se limitan a un señor mayor, encerrado en una casa vieja, rodeado de oscuridad. Escuchando pasos en el piso superior, cuando no debería haber nadie. Asomando por puertas que se abren misteriosamente, con un crujido. O escaleras adentrándose en la penumbra más absoluta. Créanme si les digo que todo ello te pone el culo prieto. Sentí escalofríos recorriendo mi espinazo unas cuantas veces. Y la presencia misteriosa, cuando se deja ver, da jodido canguelo. Es decir, si te van estas movidas, si te va el terror de atmósfera pura y dura, de sutilidades.... porque, si no, te aburrirás como un demonio. Vale, lo reconozco, eso mismo estuve bordeando yo tras la primera escena genuinamente terrorífica. Pero no caí. Y para cuando volvió a pasar, el "The End" ya se encontraba cerca, muy cerca. E, igual que el prota, lo recibí con una sonrisa de satisfacción.
Otra de las muchas manías del terror moderno es el aluvión de guiños y referencias a títulos considerados clásicos. Bien, en "The Hopewell Haunting" también los hay, pero, acordes a su naturaleza atípica, no los encontrarán en la trama. Ni el casting. Los localizarán en el diseño de los créditos y, sobre todo, el mentado uso de sonidos. O la extraña música, que más bien podríamos tildar de ruido. Ello retrotrae mucho, muchísimo, a "La matanza de Texas" original. Incluso casi podríamos usar la palabra hurto. Pero uno bien aplicado y altamente beneficioso para el conjunto. Tanto como los zooms setenteros y ese "Fake Shemps" en los créditos finales, etiqueta esta que inventaron Sam Raimi y los suyos durante el rodaje de ya saben cual.
Los productores de "The Hopewell Haunting", Duane Graves y Justin Meeks, tienen en su haber varias películas de bajo presupuesto como directores, todas de horror. La primera de ellas es "The wild man of the Navidad", reseñada por Víctor en su día.
Cuando escribí sobre "The Comic", maldije el llamado "cine digital". Bien, la película de Dane Sears me devuelve ciertas esperanzas, recordándome que generalizar nunca es una opción recomendable. Consumir "The Hopewell Haunting" sí lo es.

viernes, 13 de enero de 2023

ANGUSTIA A FLOR DE PIEL

Una mujer un tanto tiesa y antipática hereda una enorme residencia de ancianos. El mismo día que llega a echar a un vistazo a su propiedad, ingresa una vieja de aspecto un tanto escalofriante.  Con la llegada de ambas, se comienza a respirar un extraño ambiente en la residencia cuando, para más inri, un día aparece un anciano ahogado en la bañera. La muchacha no le da más importancia al asunto que la justa, pero se empezará a acojonar el día que encuentra un diario que perteneció a su madre y en el que dice sentirse acosada por presencias indeterminadas. Y a nuestra protagonista, le comenzará a pasar lo mismo. Por supuesto, la sensación de ser observada por lo que ella cree que es el espíritu de su tía, irá acrecentando con cada nuevo viejo que aparece muerto en la residencia en extrañas circunstancias.
Título clásico del ozploitation, “Angustia a flor de piel”, que en 1982 ganó el premio a la mejor película y al mejor director en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, el mismo año que andaba por allí Sam Raimi con “Posesión infernal” —esta obtendría premios menos ostentosos, como el de efectos especiales y una mención especial del jurado, pero, a posteriori, saldría ganando—, más cercana al thriller psicológico que al de terror, tendría en su atmósfera reposada y la creación de expectativas su mayor baza. Se trata de una de esas películas que se toma su tiempo en avanzar y cuyos momentos más inquietantes son aquellos en los que parece que va a pasar algo pero luego no pasa nada, recordando ligeramente y, precisamente, a los mejores momentos de “La casa del diablo” de Ti West, intuyendo que, quizás, West hubiera podido inspirarse en este clásico de la explotación australiana. En ese sentido “Angustia a flor de piel” tiene media hora central absolutamente excepcional e inquietante y que hace justo honor a su título en castellano. Sin embargo, en la otra mano, como el resto de la película es asimismo lenta y reposada —cosa que es necesaria para llegar con cierta coherencia a esos momentos angustiosos—, extiende secuencias relativas a la residencia de ancianos y, si hacemos un balance global, es mayor el tiempo que pasamos aburridos que acongojados, pero en resumidas cuentas la película es como artesanal, está bien dirigida y, pese a todo, yo creo que bien merece la pena un visionado completo.
Por supuesto, a “Angustia a flor de piel”, “Next of kin” en su versión original, se le comenzó a procesar culto en el momento en el que al Tarantino de los cojones se le ocurrió compararla con “El resplandor” en el célebre documental “Not quite Hollywood”. Hombre, no creo que “Angustia a flor de piel” sea mala, pero tampoco creo que tenga que ver nada con la de Kubrick. Lo que sí que creo es que a Tarantino le gusta hablar y hablar, y a veces demasiado.
Dirige el asunto el extraño Tony Williams, que previamente —y valga la redundancia— solo tenía una película previa titulada “Solo”. Y después de esta, ya no volvió a dirigir cine. Aunque también es cierto que la explotación australiana estaba respirando sus últimos estertores por aquél entonces.

sábado, 24 de diciembre de 2022

EL GRITO

Takashi Shimizu debió ser uno de los cineastas más frustrados y quemados entre el 2000 y el 2006. Básicamente porque, durante ese periodo, hizo la misma película hasta seis veces. Una por año. Incluso en su deseado paso por Hollywood. Efectivamente hablo de la saga "Ju-On". Primero, la versión grabada en vídeo directamente para el mercado doméstico y televisivo -que podría ser la mejor de todas- y su respectiva secuela (donde se reutilizan 40 minutos de la original, olé sus nipones cojones) Segundo, la traslación al cine con "La maldición" (muy floja) seguida de una aburridísima segunda entrega (que se suponen continuaciones de las primigenias, pero no sabría yo qué decir) y, terceramente, las versiones norteamericanas, "El Grito 1 y 2", con Shimizu dirigiendo, y "El grito 3" donde produce (lo mismo hace con un corto del 2016, pero no lo he incluido en la lista por ser, en fin... un jodido corto, sí) Apadrinada nada menos que por Sam Raimi, auténtico forofo del terror nipón. Doy por sentado que si a día de hoy le hablas de "El Grito" a Shimizu, seguramente te responda con un idem.
En el fondo, lo que cuenta la película no deja de ser la eterna historia de casa encantada, pero procede con ese "touch" tan propio de los Japoneses, lo que la aparta de terreno excesivamente trillado. Dejando a un lado estéticas, maneras de rodar y fantasmas (nada que reprochar a estos, maravillosa idea lo de dotarles de esa capacidad para emitir terroríficos sonidos guturales), lo cierto es que "El Grito" está construida a base de mini-historias. Conectadas entre ellas, sí, pero "desordenadas" a lo largo de los 91 minutos que dura. En ese sentido mi favorita es la protagonizada por la hermana de uno de los protas masculinos. Acosada fantasmalmente en su lugar de trabajo, huye hasta el hogar. Allí vivirá uno de los momentos más efectivos en su sencillez (acojonilmente hablando), cuando su hermano la llama para indicarle que está en el portal dispuesto a subir, ella le abre por el interfono e, instantáneamente, suena el timbre de la puerta. Una absoluta genialidad. Contrasta también con los clichés del cine yanki que el policía de rigor vea al fantasma a través de las grabaciones de una cámara de seguridad. En Hollywood seguramente no vería nada, ya que su función sería no creer a la protagonista. Y, en fin, la misma esencia de la trama es tan simple como efectiva, allá donde se comete un crimen violento surge una maldición capaz de impregnarse en todos aquellos que visiten el lugar. Da igual si tienes vínculos o no con los implicados, a partir de ahí los espíritus te perseguirán sea donde sea, y a cualquier hora del día. Sensacional.
En general la película está más que resultona. Es cierto que se echa en falta un poquito de brío, de energía, puede ser un pelo plomiza, pero está tan bien parida y las escenas de miedo son tan efectivas, que se lo perdonas. Y sí, es mejor que la original. Igual que ocurría con el remake de la odiosa "Rec", los yankis MEJORAN el material de base, desprendiéndolo de las malas ideas (en este caso, toda la movida con las escolapias) y puliendo las buenas.
En el reparto, y hablando de maldiciones, Sarah Michelle Gellar, eternamente anclada al "Buffy" televisivo y al terror, por mucho que le pese. Seguida de Bill Pullman en un papel secundario, Grace "Twin Peaks" Zabriskie o Ted Raimi, visiblemente enchufado por su hermano (¿como siempre?). En el lado de los japoneses sobresale Ryo Ishibashi, el pobre infeliz torturado de "Audition" pero que destaco, esencialmente, por su adorable cara de buena persona.

sábado, 2 de julio de 2022

SHOCK CINEMA

Hacía ya la hostia de tiempo que conocía este documental apadrinado y producido por David DeCoteau desde su flamante "Cinema Home Video" (y presentado por la "scream queen" Brinke Stevens). Recuerdo verlo anunciado en cierta prensa alternativa yanki (a base de pequeños recuadros en blanco y negro) y me moría de ganas de consumirlo por quienes andaban implicados. Algunos, auténticos héroes del que suscribe. Es decir, en esa época. Gente como Fred Olen Ray o DeCoteau himself (jóvenes y dedicados en cuerpo + alma a su mejor época) Leído así no suena especial. Pero tengan en cuenta la fecha de creación del documento: 1991. Todavía no se había producido la explosión "geek" en el mundo. El cine de serie Z o de culto seguía siendo algo oscuro y minoritario. Y, más importante aún, la nostalgia y autoconsciencia respecto a la naturaleza "trash" de estas obras quedaba lejos. Así que imaginen el gustazo que da ver a los mentados, a Charles Band (con la "Full Moon" a todo trapo), un Jeff Burr caliente de su paso por "Leatherface: La matanza de Texas 3", al bueno de Scott "Intruso en la noche" Spiegel luciendo una impresionante mullet o al SOVista J.R.Bookwalter (seguidos por, entre otros, Ernest Farino y C. Courtney Joyner) hablando, todos y cada uno de ellos, de sus inicios en la industria, sus experiencias buenas y malas, aconsejando, rajando y chorreando frustración a espuertas. Especialmente el amigo Ray, que estaba hasta los cojones de lo mal que se le trataba y no para de justificarse cual llorica desesperado. O Bookwalter, narrando por enésima vez sus trifulcas con Sam Raimi.
Aunque hay un tema recurrente en todos los casos: la guita. Es evidente que estos señores se metieron en el cine de explotación teniendo muy claro cual era la meta, sacar cuartos de donde fuese, y eso es lo que más les preocupa por encima de todo (especialmente, e inevitablemente, a Ray y DeCoteau). No me encanta, yo soy más de amor al arte y esas pérdidas de tiempo, pero lo comprendo y acepto.
En cualquier caso, hablamos de 60 minutos de puras cabezas parlantes. Nada más. Escasean muy mucho las
 imágenes de archivo y/o carteles (es de suponer que el presupuesto era tan escaso que resultaba imposible pagar los derechos de todo eso) y, por suerte, el director (Robert Hayes) no aparece en ningún plano ni aporta nada suyo. Solo deja hablar.
Muy interesante, muy ameno y muy recomendable.
Su éxito generó unas cuantas entregas, que también he tenido "el placer" de visionar. La segunda mantiene lo de los cabolos dándole a la sin hueso sobre sus experiencias en el cine de explotación, siendo buena parte de estos supervivientes de lo acontecido en los setenta (o antes), de ahí que abunde mucho discurso contra el "moderno de cine de horror" y sus excesos truculentos. Inevitable. Los interfectos más notorios son Forrest J. Ackerman, Gary Graver, Melissa Moore, Ted Newsom y Robert Quarry. No es tan disfrutable como el anterior, pero se deja ver agradablemente.
A partir de aquí, "Shock Cinema" abandona las entrevistas para centrarse en explotar el material de archivo de "Cinema Home Video". En el volumen tres nos comemos un porrón de tomas falsas de "Nightmare Sisters" y "Dr.Alien" (ambos, films de DeCoteau), además de algunos trailers. Muy muy aburrido todo. Completamente ignorable.
La cuarta y última entrega está un pelín mejor, pues se centra en el making of -y, muy especialmente, la confección de efectos especiales- de productos como "Al filo de la venganza", "Robot Ninja", "Skinned Alive" o "Ghoul School". En ese sentido, destaca que muestren cómo se facturó el impresionante aplastamiento craneal en "Al filo...", pero también la patética degollación con la hoja del cuchillo puesta de canto. O el caso de "Ghoul School" que, en cada una de sus muchas mutilaciones, los recurrentes condones rellenos de sangre falsa no se rompen cuando deben. Así, cada vez que desgarran carne, los vemos estirarse cual chicle descaradamente hasta ceder. El (d)efecto es raro, porque da cierta grima, parecen tendones o algo así. Desde luego, como película de terror no se yo... pero como anuncio de gomas efectivas para evitar embarazos indeseados, "Ghoul School" es la bomba.
Superadas las cuatro entregas de "Shock Cinema", me vi otros tantos documentales dispuestos en la misma plataforma. Al ser materia actual, pecaban ya del abuso de "geek"-ismo + "nerd"-ismo, con un montón de supuestos expertos (blogeros, algún organizador de Cons...) y/o filmmakers de la era digital dando su opinión sobre títulos clásicos. Sin embargo, no todos resultaron desdeñables, siendo "Survival of the Film Freaks" el que mejor me entró, a pesar de (o a causa de) que le di al "play" cargado de pesimismo.

sábado, 30 de abril de 2022

LA DAMA DE BLANCO

Ver en su día -alquilada- "La dama de blanco" fue un auténtico palo. Se trataba de la segunda película del poco prolífico Frank LaLoggia, director de la simpática "Lucifer" ¿Cómo no tener ciertas expectativas? Mis queridas revistas franchutes ya me habían advertido que la cosa iba de "terror blando", todo muy light y tal, pero aún así, no me esperaba semejante nivel de ñoñería y mariconismo. La decepción fue tal, que no quise saber más de ella hasta ayer, cuando la localicé en Amazon Prime y pensé aquello de las segundas oportunidades.
Frankie es un niño atontao y debilucho al que sus amiguitos de clase gastan una broma pesada, encerrándolo en el guardarropía del colegio, donde pasará la noche y será testigo, mediante visiones fantasmales, de un asesinato cometido en el pasado pero cuyo responsable aún colea. De hecho, intenta cargarse a Frankie sin conseguirlo, por lo que el crío tratará de descubrir su identidad con ayuda de espíritus y señoras de blanco.
Es evidente que, con esta peli, LaLoggia se hacía un gran pajote nostálgico. No creo que de chaval fuese testigo de lo que narra, pero que el niño se llame como él, tenga un origen italianini, le gusten las películas de monstruos y escriba historias de miedo, resulta tan sospechoso como que, cuando nos lo muestran adulto, lo interprete el propio director (eso sí, de espaldas y reservándose un único primer plano de los ojos).
Tal vez por eso el film sea tan y tan... pasteloso. Sí, amigo lector, mis impresiones juveniles se reafirmaron ayer sufriendo esta sobredosis de azúcar y buenos sentimientos. Realmente empalagoso. Es cierto que, siendo ya un señor mayor como soy, en algunos momentos me tocó la fibra. Aquellos más terrenales, por así decirlo. Pero cuando entra en escena el rollo fantástico, y a LaLoggia se le va la pinza con fantasmas voladores que echan chispas y tal, roza incluso el ridículo. Casi de comedia involuntaria. Además, retuerce tanto la trama, intentando contar tres historias a la vez, que todo adquiere unos tintes un pelo caóticos y confusos (como el hecho de que la dama de blanco sea presentada como una fantasma, deslizándose por el aire, para luego resultar que era de carne y hueso) Destaca el culebrón del negro acusado injustamente por los crímenes, rollo panfleto brasas de esos que quieren otorgar más caché al producto. Pero lo cierto es que no lleva a ningún lado.
Se dice que todo el desmadre final de "Lucifer" a base de rayos de colores fue una imposición de la distribuidora, por aquello de darle lustre. Teniendo eso en cuenta, sorprende mucho ver que el clímax del film reseñado cuente también con una buenas dosis de lucecitas y mandangas tricolor altamente vergonzantes.
"La dama de blanco" fue la última película con cara y ojos (y orejas, si tenemos en cuenta a su protagonista infantil, Lukas Haas) de Frank LaLoggia -luego rodó un "direct to video" titulado "Posesión Maldita" y el resto fueron intervenciones como actor segundón- por todo lo expuesto, me pregunto si el dichoso despliegue de luces no sería otra imposición, lo que acabaría de quemar al cineasta y alejarle de la profesión.
Encima, los efectos visuales dejan bastante que desear, muy especialmente los cromas, realmente horribles para ser un film medianamente mainstream. Que su máximo responsable, Ernest D. Farino, se iniciara en esto del cine de la mano de Don Dohler, tal vez daría sentido al descalabro.
En su día Sam Raimi comentaba en las entrevistas lo mucho que le había gustado "La dama de blanco". Visto cómo se desarrolló el resto de su carrera a partir de ahí, confirma que aquellas declaraciones fueron un auténtico aviso de lo que estaba por venir (lejos, muy lejos, quedaban los tiempos en los que, a la hora de mentar sus favoritas, se decantaba por títulos como "Creepshow" y "La Cosa" -aquí- Snif)
Para su actual edición en dvd -pirata, creo-, se han sacado otro título de la manga: "El misterio de la dama blanca".

sábado, 2 de abril de 2022

ARIZONA BABY

Hay mucha gente fascinada por la historia de Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert. El grupito de colegas que crecieron como cineastas sin perder nunca su amistad, siempre de la mano. Sí, es muy bonito. Pero lo cierto es que a mi me fascina un poco más la relación de Raimi con Joel y Ethan Coen. Una fábula que se remonta a los tiempos en los que el primero andaba liado supervisando el montaje de "Posesión Infernal" y Joel asistía a Edna Ruth Paul en tales tareas. Luego, cuando los hermanos quisieron hacer su propia película (la muy recomendable "Sangre Fácil"), siguieron un poco la estrategia de su amigo y rodaron un trailer para convencer a posibles inversores, uno que contaba con protagonismo de Bruce Campbell himself (es feo que, luego, cuando facturaron la peli en sí, no le ficharan ni como secundario... pero lo pasaremos por alto) Y no olvidemos la primera colaboración oficial de los Coen con Raimi en la divertida "Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas)" (donde surgiría el nombre de "Hudsucker", que los hermanos reciclaron para la misma peli ahora reseñada y, de forma más llamativa, su simpática-pero-poco-más "El gran salto") Con los años, unos y otros se harían un nombre en la industria. Raimi apostando por un cine abiertamente comercial, y los Coen por uno un pelo más autoral, que les valió mucho prestigio y, por supuesto, algún que otro Oscar. Pero la amistad de los cineastas siguió. Podemos ver a Raimi acribillado en "Muerte entre las flores" o a Campbell en una pantalla de televisión en la estupenda "Fargo". Según leí, el director de "Darkman" anda rodando un documental sobre los Coen que, dijo, terminará el día que uno de los dos palme.
Cuando Sam Raimi decidió apuntarse a un cine un poco más "serio", más "de personajes", lo hizo con una película nada desdeñable, "Un plan sencillo". Inevitablemente, por su condición de thriller, sus poso dramático y su ambientación nevada, recordaba un poco bastante a "Fargo". Sí. Es posible. Y pronto cayeron acusaciones de "copia" o "imitación". Lo que nadie parece ver, o querer ver, es que años antes los Coen se habían inspirado en el cine de su amigo, concretamente con "Arizona Baby". Así pues, el caso de "Un plan sencillo" estaba perfectamente justificado.
Que después de una peli tan "indie", tan "arty", reposada y relajada como "Sangre Fácil", Joel y Ethan Coen dieran el salto a cierto cine mainstream con una comedia desmadrada, loca y excéntrica como es "Arizona Baby", seguro les valió muchos palos de cierta crítica sesuda. No me extrañaría que incluso llovieran acusaciones de "vendidos". Todo es posible. Obviamente, vista hoy, está claro que "Arizona Baby" poco tiene de convencional. A pesar incluso de su mensaje "conservador" (la familia es lo primero) y su "happy end". Suerte que los Coen son los Coen, y abordan todo ello con cierta ironía.
H.i. es un delincuente de baja estofa que no para de entrar y salir de la cárcel. Hasta que un día se enamora de una policía. Deciden casarse y formar una familia. Pero ella no puede tener hijos, así que, ante el desespero, le mangan el bebé a un magnate que ha tenido nada menos que cinco... con el consiguiente y consecuente lío.
Está asumido y demostrado que el fuerte de los Coen es el thriller, porque cuando se meten en una abiertamente de risas les suelen salir irregulares, ninguna terriblemente mala, pero con distintos niveles de inspiración. Afortunadamente, "Arizona Baby" pertenece al grupo de las más acertadas. Como decía, destaca el dinamismo y la velocidad que gasta, con unas maneras de "cartoon" (el personaje de Nicolas Cage es casi la versión carne y hueso del Pájaro Loco. También están esas llamaradas de fuego en plan Coyote & Correcaminos que deja la moto del caza recompensas ... entre otras ideas) y, pues eso, los ya citados préstamos del cine de Sam Raimi, como los frenéticos steadycams (hay quien los cita como directo homenaje a "Posesión Infernal"... no se yo), la cámara subjetiva, planos aberrantes, bizarros y forzados, etc.
Añadan al caldo las clásicas "set pieces" de comedia puramente visual que los Coen hacen tan bien (y que abundaban generosamente en "El gran salto", siendo lo mejor de la misma). La parte intermedia del atraco al supermercado es de órdago. Pero hay más. Todas estupendas, muy conseguidas, y que le dan a la película un aire muy fresco, muy vivo, enormemente agradecido. Incluso los diálogos tienen un chorro de chispa, y hay chascarrillos que se te quedan grabados, como ese "Pues entonces, adelante!".
El reparto está cojonudo, del primero al último. Un Nicolas Cage casi irreconocible. Una guapísima, pero guapísima, Holly Hunter (aún fresca de su paso por "La quema"), haciendo de mujer inquisidora y agotadora en su deseo de tener prole. Un sensacional John Goodman (puede que sea lo mejor de la peli), acompañado de un pizpireto William Forshyte. La inevitable Frances McDormand como maruja insufrible y M. Emmet Walsh, repitiendo ambos con los Coen tras "Sangre Fácil", o Randall 'Tex' Cobb en su impagable parodia de un guerrero de la carretera propio de "Mad Max 2" (detalle que cobra todo el sentido cuando vemos a los hermanos, en una entrevista publicada en la revista "Fangoria", referirse a aquella como su película favorita de todos los tiempos. Ahí es nada)
Si algo saben hacer bien Joel y Ethan Coen es elegir canciones para la banda sonora. Lo han demostrado de sobras con "Sangre Fácil", "A propósito de Llewyn Davis" u "O brother!". Y aquí ocurre otra vez. El tema central, a base de banjo, aullidos y silbidos, es una delicia.
Como dato alternativo, señalar la posterior, curiosa y "exploitable" -al menos para el mercado nacional- aparición de una oscurilla película que llegó a nuestros estantes videocluberos con el muy evidente título -y una no menos parecida caratula- de "Motor Baby" ("Easy Wheels" en v.o.) En su época la ignoré. Y así ha sido durante décadas hasta que hace poco, y de modo totalmente accidental, descubrí que venía producida por Sam Raimi, Robert Tapert + Bruce Campbell y coguionizada por el hermano Ivan Raimi (hay quien sitúa a Sam también como responsable del liberto pero, a menos que se oculte tras seudónimo, en los créditos no figura como tal)
Lo dicho, "Arizona Baby" es una estupenda película, y una no menos estupenda comedia, muy recomendable.