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sábado, 11 de julio de 2026

MALDITA GENERACIÓN

Siempre he considerado a Gregg Araki como uno de los mayores oportunistas del "boom indie" de los noventa. Cuando la etiqueta petó, convirtiéndose en una manera establecida de hacer cine, corrió a producir películas que cumpliesen a rajatabla con las expectativas de público y media, alineando en riguroso orden todos y cada uno de sus dogmas, especialmente aquellos referidos a lo que en esos entonces era conocido como "Queer Cinema" ya que Araki era/es gay, uno de tirón combativo (o así se vendía él, claro). Todavía dispuesto a comprarle la moto ingenuamente, acudí al cine para ver "Vivir hasta el fin" que, de tan predecible y acomodaticia como era, me dijo cero. Aunque hubo una experiencia peor, "Nowhere", consumida en el Festival de Sitges. Una auténtica super-paja de un Araki descojonándose en el proceso, cuyo lefazo resultante iba directo a la jeta del personal. Y me parece bien... salvo por el hecho de que la broma se antojaba insufrible. Cuando tocó ver "Doom Generation", la evité. Ya tenía clichado al muchacho y, en fin, apestaba a aquel tipo de "rollo indie" tan de los noventa que detestaba, apoltronado en el efectismo, la violencia "cool", un desarraigo generacional del todo sintético y forzado, rebozado en el cansino "Tarantinismo" que ya todo lo impregnaba. Como decía, una vez más Araki se apuntaba a la tendencia reinante, tanto como para atenuar sus obsesiones homosexuales, remarcando la oportuna y conveniente heterosexualidad del film. Esta vez no piqué. Mi repulsión superaba a mi improbable curiosidad. Y así ha seguido la cosa hasta día de hoy. Nunca jamás vi ni una jodida película más del filmmaker y mucho menos le di una oportunidad a "Doom Generation". Localizarla en vhs como "Maldita Generación" entre la colección de un colega motivó que me replanteara la posibilidad de, por fin, romper con el tabú auto impuesto. He invertido el máximo de paciencia para evitar que mis muchos prejuicios y manías influyeran en el visionado. Ha costado mazo. En los noventa había demasiadas películas "indie" sobre jovenzuelos enfadados que la emprenden a tiros con todo (en lugar de buscar una vía más creativa e individualista... pero claro, eso no vende entradas). Todas artificiosas, desesperadas por llamar la atención a través del impacto y protagonizadas por la clase de chavalada que se consideraba alternativa en los años noventa, una profundamente estúpida (sobre todo porque, por entonces, lo alternativo había caído en las zarpas de las grandes corporaciones, del mainstream, por lo que aquellos que se sumaban asumiendo así una diferencia, únicamente demostraban su simpleza e ignorancia). En fins, vamos allá...
Una pareja de jóvenes desubicados, cabreados y atormentados por sus trifulcas existenciales, se hacen amigos de un tercero como ellos, pero peor, porque este no tiene reparos en matar si es necesario. Y ocurre que el trío protagoniza un homicidio bastante sangriento que les llevará a una eterna huida, carretera mediante, en la que seguirán con sus desmanes asesínicos (© Víctor), casi siempre propiciados por el tercero en discordia. Cuando no matan, follan (llega a oficializarse su condición de trío amoroso), devoran grasiento "fast food", discuten a base de extenso catálogo de tacos variados (con, y no podía ser de otro modo, "fuck" encabezando la lista) o, contrariamente, mantienen estúpidas y elementales charlas profundas sobre el por qué de todo, nada y lo demás.
En contra de "Doom Generation" puedo soltar muchas más cosas de las que ya he soltado, como sus maneras caóticas, la relativa repetición de esquemas narrativos, el que realmente no cuente una historia, sino muestre una sucesión de situaciones, ese "hago cosas raras porque mola, y así soy distinto y más cool" propio del "indie" de la época, sus ansias de transgredir a base de blasfemia y anti-patriotismo tan de manual, etc, etc. Pero también hay cosas buenas. Para comenzar la duración. Agradecidamente escueta. Igualmente, ver en tetas a una joven Rose McGowan como chica mala. Luego, pues cierto sentido del humor más que evidente (en ningún momento Araki se toma en serio su película), una violencia exagerada, truculenta, tan gran guiñolesca que apesta a dibujo animado y, sobre todo, el desenlace, donde adquiere un tono más malrollero, sórdido y medianamente brutal. Eso lo agradecí y ahí se me medio ganó. No obstante, antes de continuar, toca hacer una puntualización.
En su imagen "indie" tan perfectamente milimetrada, Gregg Araki solía mentar al puñetero Jean-Luc Godard como máxima influencia (cineasta al que todos aquellos yankis situados en el supuesto cine independiente, o que pretenden dárselas de artista, citan siempre, tanto que se ha convertido en un cliché). Sin embargo, para "Doom Generation" no fue del gabacho del que más mangó la mariquilla, en realidad eso lo hizo de otro caballero, uno tan asiaticoamericano como él y que responde al nombre de Jon Moritsugu.
Moritsugu llevaba desde finales de los ochenta produciendo cortos y largometrajes desde la más -esta vez sí- genuina independencia (algunos usan el término underground, pero lo considero bastante debatible). Todos a base de mucha locura, caos, colorido (salvo cuando tiraba de blanco y negro), personajes extremos, humor extravagante, violencia y actitud (a Moritsugu se le conoce como "el padrino del cine punk"). ¿Títulos? "Hippy Porn", "Terminal USA", "Fame Whore", "Pig Death Machine" y "My degeneration". ¿Estoy insinuando que Gregg Araki robó de aquel? eeeeh.... no sabría decir, porque eran colegas y tal, pero las conexiones apestufan. Ya no solo por la coincidencia relativa de títulos en sendos casos ("Totally f***ed up" de Araki versus "Mod Fuck Explosion" de Moritsugu), también están el prota de "Doom Generation", actor habitual de Moritsugu (James Duval quien, curiosamente, ha terminado saliendo en las películas de Shawn C. Phillips, véase "Amityville Karen") y, bueno, que la misma "My degeneration" moritsuguiana asoma por una pantalla durante una escena del film de Araki. ¿Honesto? Tal vez. Claro que, después de todo Jon Moritsugu no dejaba de inspirarse en John Waters (+ Godard, oooooobvio es)... y John Waters en ya saben quien, así pues...
El resto del reparto lo componen el guaperillas Johnathon Schaech, quien luego haría algo de carrerilla (era el psycho en "Una noche para morir"), Parker Posey, la famosa "proxeneta de Hollywood" Heidi Fleiss y Perry Farrell de los "Jane´s Adiction". Todo muy "cool".
Una vez el "boom indie" noventero pasó, Gregg Araki comenzó a perder fuelle. Lo normal. Hizo algunas películas más que nadie recuerda y terminó dirigiendo episodios sueltos de series varias (entre ellas ese HORROROSO ABORTO titulado "Monster: the Ed Gein story", por el que deberían colgar a sus máximos responsables). Es lo que tiene apuntarse a una moda, o aprovechar su auge para exprimir la mandarina. Cuando se agota, tu te agotas con ella y, lo que es peor, dejas de ser un "auteur" para convertirte en un mero artesano cumplidor de amplias tragaderas. Le ha pasado a tantos otros, entre ellos Tom DiCillo (¿podríamos añadir a Gus Van Sant y Kevin Smith a la lista? ¡¡juas!!).
Cuando cualquier creador medianamente puro logra hacer de su pasión un laburo, inevitablemente algo le muere un poquito en los adentros.

sábado, 7 de marzo de 2026

SILENCIO DESDE EL MAL

Pocos parecen recordar que, tras el notorio éxito de su debut con "Saw", James Wan seguidamente dirigió un par de películas menos afortunadas de cara a la taquilla, "Sentencia de muerte" y "Silencio desde el mal". Pasaron algo desapercibidas y uno podía comenzar a sospechar aquello de que la aparente nueva promesa del cine fantástico -y de género- no era tal, hasta que remontó el vuelo con "Insidious" y "Expediente Warren". Y de ahí, a internarse en el espinoso terreno del "blockbuster", donde perdió de forma inexorable su ya de por sí escasa capacidad de contención, revolcándose como un gorrino en una ristra de títulos excesivos y aturdidores. Que eso mismo lo aplicara cuando retomó el terror con "Maligno" (excesiva + visible + olvidable) confirmó la metástasis creativa. A su vez, ello otorgaba más caché a aquellas dos películas supuestamente fallidas cuyas virtudes se multiplicaban ahora por diez. Ojalá volviera ese James Wan, cosa que reafirmo tras revisar "Silencio desde el mal". Me ha gustado más que nunca. Siempre he tenido una relación positiva con "Sentencia de muerte", pero no terminaba de pillarle el tranquillo a la otra. Nunca hasta el punto de despreciarla, porque desde la primera vez que la descargué he conservado el archivo en mi disco duro. Y la he consumido varias veces, incluso con el fin de reseñarla. Sin éxito.... hasta hoy.
Una pareja joven recibe como regalo un muñeco de ventriloquía de aspecto algo siniestro. Mientras él se ausenta, ella muere. Le arrancan la lengua. Traumado, el maromo decide solventar sendo misterio, aunque no le viene totalmente de nuevas. Digamos que existe cierta indirecta conexión entre su familia y el muñecajo, así que parte para el pueblo natal, "Ravens Fair", y allí retoma contacto con una leyenda local, la de la ventrílocua "Mery Shaw", acompañada por cierta maldición que, sí, podría estar salpicando a nuestro protagonista.
Es un hecho conocido que a James Wan le apasiona el goticismo... y siente ciertas reservas hacia la truculencia desaforada. Así pues, en "Silencio desde el mal" lo primero chorrea por los costados, cual sándwich de queso recalentado, y lo segundo tiende más a escasear (aunque estar, está... demandas mercantiles obligan). ¿¿Tal vez encontremos ahí la clave del poco éxito, más viniendo del director de "Saw", una de las iniciadoras del (¿mal?) llamado "torture porn"?? porque, de verdad, sino, no me lo explico, ya que el film funciona en lo suyo, es entretenido, gasta un ritmo dinámico, las escenas se encadenan sin pausa y siempre narrando una historia interesante a base atmósfera empachante -en el buen sentido- con cementerios repletos de hojas resecas, grandes mansiones, teatros abandonados en medio de islotes, truenos y relámpagos. Lo tiene todo. Especialmente muñecos siniestros, una de las pasiones de Wan (aunque en ese terreno todavía le gane Charles Band), incluido un payaso con sospechosa espiral dibujada en la frente. Aunque el fuerte de "Silencio desde el mal" es su villana, la terrorífica "Mery Shaw", quien se reserva algunas de las escenas más cierra-esfinters y trae muy mucho a la memoria al fantasma vengador de "La gota de agua" -incluido el etéreo modo de desplazarse-, según la antología "Las tres caras del miedo", observación para nada desenfocada considerando la devoción de James Wan por el director de aquella, Mario Bava, de quien también toma el modo de fotografiar y ciertos estilismos coloristas (igualmente me ha parecido detectar guiños a -la misteriosa habitación subacuática de- "Inferno" y "Amityville 2: La posesión"... aunque podría ser "La mansión encantada").
El reparto no cuenta con muchos rostros reconocibles, salvo los de Bob Gunton, Julian Richings (sin acreditar) y Judith Roberts dando vida a "Mery Shaw". El guion lo firma un colaborador habitual de Wan, Leigh Whannell, quien terminaría dirigiendo la decepcionante "Insidious 3", las algo más decentes "Upgrade (Ilimitado)" o "El hombre invisible", aunque patinaría con la reciente, y aburrrrrrrrrrrrida, "Hombre Lobo".
"Silencio desde el mal" me ha proporcionado agradecidos 86 minutos de lo más amenos y agradables. Vale, se le pueden achacar algunos efectismos algo desacertados (sobre todo esa lengua quilométrica -confeccionada a base de tantas otras lenguas-), pero son pocos, especialmente si la comparamos a cómo se desarrollaría la carrera de su indudablemente talentoso director. Algo me dice que, como más películas haga, y más años acumule, "Silencio desde el mal" irá ganando adeptos, sumando puntos y simpatías. Me alegra formar ya parte de tales futuras estadísticas.

sábado, 22 de noviembre de 2025

JOHN CARPENTER´S SUBURBAN SCREAMS

John Carpenter era uno de los pocos viejos maestros -todavía vivos- que no había tirado del todo su carrera por el retrete. Cierto que la última película con cara y ojos del hombre ("Encerrada") quedaba lejos de ser memorable, aunque tampoco llegaba al nivel de la basurilla pura (y, siendo justos, cinco años antes había alcanzado uno de los momentos más inspirados y mejor considerados a esas alturas de su trayectoria). Debíamos tal estatus en parte a que se limitaba a vivir un poco de renta, guionizar tebeos, responder entrevistas y, muy especialmente, componer música, alejado -voluntariamente o no- de las cámaras. Y todo iba así de bien hasta que la plataforma "Peacock" le convenció (muy evidentemente, mediante talonario) para liarse en una serie de historias de terror supuestamente reales. Junto a su señora, Sandy King, mayormente ejercería de productor ejecutivo y, también, compondría las respectivas músicas con ayuda de su hijo -y el resto de la troupe-. Aceptó.
Sin embargo, y tras la primigenia, previsible e ingenua algarabía al respectivo anuncio de su gestación, hubo un silencio sepulcral. Nadie decía nada y, los pocos que lo hacían, soltaban bastante bilis. ¿Realmente "Suburban Screams" -que así se llama el asunto- era TAN mala?... ya sabemos cómo funcionan estas cosas. ¿Carpenter hizo algo más que únicamente poner su nombre (un poco a la manera de George A. Romero con aquella oscura "Deadtime Stories")?. Tenía mucha curiosidad / morbo de echar luz al misterio, y me la agencié, consumiendo pacientemente cada uno de sus capítulos, dispuesto a reseñarlos en riguroso orden.
El resultado, a continuación...

1-  Kelly / Un modo de morir : Unos amigos contactan mediante Ouija con el espíritu atormentado de una chavala cuyo cadáver anda perdido y reclama ser localizado. Era íntima de la novia del prota, que pasó de ella cuando desapareció en su día. Ahora, ante la determinación y obsesión de su maromo por encontrarla, le deja a él. Menuda pájara. Da más miedo pensar que ahí fuera existen personas así, que la misma historia de fantasmas, recuerden, supuestamente verídica. Por lo demás, rutina pura. Es tan de manual, tan previsible en todos los aspectos, que da hasta un pelín de vergüenza ajena. Dirige un tal Jan Pavlacky.

2- A killer comes home / Un asesino viene a casa : El matón oficial de un pequeño pueblo de Canadá comete un crimen. El periodista local que se ceba con él vive atemorizado por las posibles represalias. No obstante el homicida es detenido y encerrado. Todo va bien hasta que, unos pocos años después, escapa, vuelve a su pueblo y comienza a matar a los habitantes de manera indiscriminada, sin que la poli consiga detenerle. No hace falta decir que el periodista pasará de atemorizado a totalmente acojonado. Este capítulo mejora sustancialmente respecto al anterior, cuanto menos la historia -se supone que real, y en este caso sí da miedo planteársela como tal- es lo suficientemente intrigante / inquietante como para evitar la modorra. Por lo demás, estéticamente no hay mucha diferencia, aunque el director, Jordan Roberts -también uno de los productores-, consciente de que a "la trama" le chorrea suficiente fuerza por sí sola, prefiere centrarse en las declaraciones de los testigos antes que recrear hechos mediante actores. Sabia decisión.

3- The house next door / La casa de al lado : Un chaval descubre que el padre de la familia vecina oculta un terrible secreto, goza torturando y matando animales en el desván (eso y que sea dentista de profesión, vendrían a convertirlo en la versión hardcore del "Dr.Orin Scrivello" de "La tienda de los horrores"). Además, tiene sometido al resto del clan, cuya hija adolescente será blanco de los amoríos de nuestro protagonista. Aburridilla a ratos, pero funcional. En esta ocasión, y para darle un poco de color, inyectan dosis de romanticismo a la trama. Como supuesto hecho real, da moderado mal rollo... pero también es cierto que, en algunos pasajes, se les va un poco la pinza haciéndola demasiado peliculera y poco creíble. Echen la culpa a la directora, Michelle Latimer.
Nota graciosa: uno de los testigos entrevistados responde al nombre de Michael/Mike Myers.

4- The Bunny Man / El hombre conejo : A principios de los años setenta, allí en la américa más profunda, alguien decidió otorgar vida a cierta leyenda local en torno a un asesino disfrazado de conejito y armado con un hacha. La diferencia es que esta encarnación "reciente" jamás llegó a matar a nadie, pero sí encogió muchos ojetes. Los testigos de aquello narran la odisea y los peliculantes se encargan de inventarse algunos pasajes, mediante actores, propios de un slasher de quinta regional. Pero el tono a lá reportaje de "Cuarto Milenio" (incluidas sus risibles recreaciones), gana la partida, y por eso este capítulo entra bastante decentemente. Dirige de nuevo Don Jan Pavlacky.

5- Cursed Neighborhood / Vecindario Maldito : Los cabreados espíritus de una panda de colonizadores, asesinados por indios en su día, atormentan a los residentes instalados en el terreno donde fenecieron. El capítulo se centra en las tropelías que gastan a una familia de actores mediocres. Lo que aquí tenemos es el inevitable "Amityville" de chichinabo, o el "Insidious" de "Hacendado" si lo prefieren, especialmente mal interpretado (ojo al padre sobreactuador) y no exento de ciertos apuntes de comedia involuntaria. Este podría ser el punto más bajo de la serie. Repite en la dirección una poco atinada Michelle Latimer.

6- Phone Stalker / Acosador Telefónico : Al poco de arrancar la confección de "Suburban Screams", John Carpenter presumía en redes sociales de dirigir su aportación sin salir de la choza que tiene allá en Los Angeles, apoltronando el arrugado bul en un sillón y lanzando indicaciones a través de pantallas. Las ¿¿ventajas?? de la moderna tecnología (ya que el rodaje se desarrolló en Praga, nada menos... cosas del bajo presupuesto). ¿Iba ello a contribuir negativamente a sus quehaceres?. La cuestión acá es que, al no estar previamente más informado que lo justo y necesario, desconocía la implicación como director del idem de "La Cosa".... cosa de la que me enteré en los créditos finales. ¿Percibí la supuesta mejoría durante el trayecto? Pos no. Se ve como un capítulo más... tal vez algo mejor que otros, pero desde luego nada excepcional. Contribuye a ello, sin duda, la verdadera mandanga que la inspira, el despiadado y brutal acoso telefónico al que es sometido una pobre pava (supongo que los más eruditos encontrarán paralelismos con uno de los primeros trabajos de Carpenter, igualmente destinado a la televisión, "Someone´s watching me!"... pero no me atrevo a tanto porque, sinceramente, recuerdo muy poco de aquel). Que durante la entrevista con la víctima a esta le tiemble sutilmente el perolo, fruto de sendos espasmos nerviosos, es del todo comprensivo atestiguando su drama y, sobre todo, asistiendo al respectivo desenlace. La verdad es que el capítulo acongoja un pelo y, eso sí, es el único que logró darme UN ÚNICO, pero existente, escalofrío. ¿Mérito del señor director? Qui lo sá.
Con todo, pertenece al grupo de los más decentes, al lado del segundo.

CONCLUSIONANDO: ¿Está "Suburban Screams" a la altura de aquel que la apadrina? Hombre, no mucho... aunque, considerando las mandangas audiovisuales ejecutadas por otros compañeros de generación, esto no es lo peor que podría parir un avejentado y evidentemente cansado John Carpenter. Se deja ver, sin más. Y si hicieran una segunda tanda -cosa que dudo-, me la zamparía también. Entretenimiento funcional. Tal como está hoy día el patio, no es la peor clasificación posible.

sábado, 29 de junio de 2024

PROFETAS DE LA CARRETERA

Corría primera mitad de los noventa. Ingenuamente interesado por el, en brevísimo sobreexplotado y desvirtuado, "cine independiente norteamericano", andaba muy enganchado a lecturas como la revista "Film Threat", directores del calibre de Alex Cox (que era inglés, sí, pero ya me comprenden) o Amos Poe y la siempre recurrente, cinematográficamente hablando, estética urbana y decadente transitada por perdedores errantes en busca de una oportunidad. Por eso mismo, el día que leí sobre "Profetas de la carretera" ("Roadside Prophets" 1992) en la mentada publicación, comencé a sentir tembleques. Escrita y dirigida por Abbe Wool, quien había sido pareja sentimental de Alex Cox y es co-autora del guion de la discutible "Sid & Nancy", protagonizada por John Doe (nombre real: John Nommensen Duchac, y anda que no suena bien), actor, cantante y guitarra + bajista de la seminal banda punk "angelina" "X", y, peliculeramente hablando, con toda la pinta de encajar en aquello que ansiaba consumir: Joe, motero de buen corazón, se hace amigo de otro, Dave, recién incorporado a su gris curre en una fábrica. Durante un visita al bar, este le habla de un casino maravilloso donde uno se hace rico y tiene acceso a tías estupendas, situado concretamente en el legendario Eldorado, así todo junto (lugar al que Richard Driscoll dedicó una película entera) Justo entonces, Dave muere electrocutado mientras juega a los marcianitos. A partir de ahí, Joe decide llevar sus cenizas hasta ese supuesto paraíso. Embarcarse en un viaje incierto para localizarlo. Naturalmente, ello desembocará en uno de los formatos predilectos por el cine "indie": la "road movie" de ambientación desértica, con inevitable tufo a "Easy Rider" y, sobre todo, "Paris, Texas", que en "Roadside Prophets" se ve referenciada al incluir al prota de aquella, Harry Dean Stanton, en la banda sonora.
Sin embargo, centrarse en esos datos sería quedarse muy corto. Porque hay mucho, mucho más. "Roadside Prophets" se deja ver, no diré lo contrario, pero al carecer de genuina trama -solo es una acumulación de escenas, en las que el protagonista va conociendo personajes peculiares y viviendo situaciones igualmente nada convencionales- termina siendo un poco coñazo. Esto lo sé ahora, que por fin he tenido oportunidad de verla, porque, aunque sí llegó a España, o nunca la localicé en mis vídeo-clubs (raro considerando que la distribuía MGM) o para entonces todo mi interés se había evaporado, cosa perfectamente posible.
Lo realmente divertido del visionado ha sido, pues eso, ir reconociendo nombres, caras, voces y demás. Un juego que, opino, a poco que sean ustedes unos cinéfilos medianamente curiosos, e interesados por cierta subcultura o contra-cultura a la que el film apela completamente, disfrutarán.
Pero comencemos por el principio, la directora y guionista Abbe Wool. Asumo que "Roadside Prophets" no funcionó ni medianamente, porque jamás retomó las tareas de dirección, limitándose a formar parte de los equipos técnicos en un porrón de títulos más que variados, hasta 2014. Luego desapareció.
El productor, Peter McCarthy, tampoco era manco. Debutó junto a Alex Cox en "Repo Man". Siguió con "No me grites que ya te veo" (vehículo para John Cusack y Tim Robbins en plan pareja cómica), "Voy a por ti" (la "célebre" parodia del "blaxploitation" cortesía de Keenen Ivory Wayans) y lo probó en la dirección. Suyas son "Floundering" (otra con pinta de encajar a la perfección en el molde noventero del cine "indie") o "Death & Taxes" (que puso fin a su carrera en el fatídico 2014). Aunque el ejemplo más raro lo tenemos con "Motín en el planeta prisión", neo-western futurista a mayor gloria de Michael Paré que, por una serie de conflictos varios, McCarthy se vio obligado a co-dirigir.
Justo, en esta última localizamos al director de fotografía de la reseñada, Tom Richmond, ejerciendo como tal. No sorprende que, igualmente, terminaría colaborando con Alex Cox... pero sí nos deja ojipláticos descubrir en su filmografía títulos del "calibre" de "Hard Rock Zombies", "Kill Bots" o "Amityville IV: La fuga del diablo". Un jefe.
"Roadside Prophets" pertenece al catálogo de "New Line Cinema", todavía interesados en apoyar un cine bastante más minoritario a pesar de llevar poco menos de una década petándolo gracias al fenómeno Freddy. Y si la "New Line" de los noventa andaba de por medio, también lo hacía su presidente Bob Shaye. Y quien dice Bob Shaye, dice Lin Shaye, hermana y actriz "nepotista" (hoy día popular por su recurrente rol en la saga "Insidious") que, pal caso, interpreta a una mujer sidosa casada con un hombre canceroso.
Más nombres curiosos: Timothy Leary, famoso defensor de las drogas alucinógenas (quien, graciosamente, se marca un discurso anti-drogas duras), David Carradine pegándose el gusto de cantarnos una canción propia (no olvidemos que darle al estribillo y las cuerdas era su otra gran pasión. Tal vez la primera), John Cusack como alocado revolucionario tuerto, Arlo Guthrie (hijo de famoso cantautor Woody Guthrie), un joven Don Cheadle, el eterno secundario Stephen Tobolowsky y Adam Horovitz, más conocido como uno de los "Beastie Boys" (bajo el nombre de Ad-Rock) Lo cierto es que co-protagoniza el film junto a John Doe en el rol de un chaval desquiciado que, básicamente, persigue al protagonista desesperado por encontrar a sus desaparecidos progenitores. Lo he relegado a este rincón por una cuestión de gustos personales: su personaje resulta de lo más cargante, irritante y agobioso. A mi juicio, uno de los aspectos más flojos del largometraje.
En un momento dado, la pareja aterriza en un pub donde un grupo "lounge" de lo más hortera ("Too Free Stooges") toca una canción romántica. Uno de sus componentes es el omnipresente Flea (de larga y lustrosa carrera musical y cinematográfica) Junto a él dos "crooners", encarnados por un par de personajes sumamente apetitosos. Dick Rude, uno de los más mejores amigos de Alex Cox, actor en sus primeras películas y co-guionista de "Directos al infierno" y Manny Chevrolet, una especie de showman / humorista de segunda. Se convirtió en habitual de la realizadora de video-clips y cortometrajes Modi, una pava surgida del punk que asistió a Penelope Spheeris en el rodaje de "The Decline of Western Civilization", "Los tachuelas" y "Hollywood Vice Squad", donde tenía un papelito junto a su padre, y actor secundario de carácter Ben Frank (pueden verlo también en "Yo soy la justicia") Esa faceta de actriz la continuó explotando para el SOV de culto "Dark Romances" y el célebre punk-film superochero "Lovedolls Superstar" de Dave Markey. Hizo buenas migas con Exene Cervenka, cantante de los mismos "X" donde pululaba John Doe (él y Exene eran pareja), pariendo a pachas el guion de "Bad Day", cortometraje rodado en super 8 a modo de western de espíritu cómico que contaba en el reparto con el mismo Doe y nada menos que Kevin Costner. Así, Modi debutaba como directora. Aunque seguidamente pasaría a centrarse en el videoclipismo, de vez en cuando volvía a las pequeñas ficciones -siempre currando bajo el nombre de su productora "Modivation"- Muchas de ellas vehículos de lucimiento para, justo, Manny Chevrolet (compartiendo plano con otro de los habituales de Modilandia, Henry Rollins) "Rosa Mi Amor" fue el que lo petó más, llevándose varios premios en sendos festivales. Tal vez alguno de ustedes recuerde el monográfico que el programa de "cultura alternativa" del segundo canal de TVE, "Metrópolis", le dedicó a la chica. Tras aquel pequeño subidón, Manny Chevrolet intentó pasarse a la política sin mucho éxito. Y Modi, viendo el aparente fin del negocio musical con la llegada de "Napster", se piró a Texas, fue mamá y abrió una tienda de temática "vintage". Dice que anda currando en una serie formato "streaming", así que no ha dejado del todo las cámaras. Curiosos, pueden visitar su página web.
Efectivamente, la reseña de "Roadside Prophets" era una excusa para hablar de ella.
Pero volvamos al film de Abbe Wool, en plan colofón.
Como ya supondrán a estas alturas, la música tiene un papel preponderante. Aparte de la presencia de los ya mentados Exene Cervenka y John Doe marcándose un par de canciones, localizamos a -inevitablemente- "Beastie Boys", Gary U.S. Bonds, "The Pogues" o "Pray for Rain" -encargándose de la fanfarria incidental-, estos dos últimos muy presentes en el cine de Alex Cox. Aunque, a mi gusto, la guinda la tenemos al final, con una copla bastante guapa canturreada por la reconocible voz rasposa de Keith Morris, vocalista de los míticos "Circle Jerks" -otros Coxistas convencidos- que, pal caso, se parapeta tras el nombre grupal de "Bug Lamp". No es el único "Jerk" que rula por la banda sonora, Zander Schloss, bajista de aquellos, también participa.

sábado, 2 de marzo de 2024

LA MITAD OSCURA

Thad Beaumont es un escritor la mar de intelectual con un pasado sórdido y, sobre todo, bien secreto. Buscando dinero fácil, ocultó su identidad tras el nombre de George Stark y comenzó a escribir novelas ultra-comerciales repletas de sexo y violencia. Todo iba de maravilla hasta que un tipo que conoce la verdad le chantajea, pidiéndole guita a cambio de no chivarse. Thad decide hacerlo público protagonizando un reportaje en una popular revista, coronado por una foto en la que posa junto a una supuesta lápida del escritor ficticio. ¿Ficticio?. Justo entonces, alguien comienza a asesinar brutalmente a aquellos que intentaron hacer desaparecer a George Stark.
"La mitad oscura" suponía algo así como un acontecimiento. Todos conocíamos y, con mayor o menor intensidad, amábamos a George A. Romero y Stephen King. Juntos habían colaborado previamente, por supuesto... ¡y de qué manera!, pero Romero jamás llegó a adaptar oficialmente una novela del escritor. ¿Qué podía salir mal?. Pues, básicamente, que estábamos en los noventa. El género del terror comenzaba su peculiar descenso a los infiernos, uno del que nunca se recuperó del todo. Tampoco las inspiraciones y trayectorias de esos dos titanes vivían momentos de gloria (aunque ambos hicieron cosas mucho peores a posteriori) ¿Resultado? sigan leyendo... 
La vi en el Festival de Sitges. Y las expectativas hicieron su agosto. El público allí congregado aplaudió los respectivos nombres de Romero y King cuando aparecieron en pantalla. Era un ritual bastante común que también se dio con John Carpenter y una de sus películas más flojitas, "El pueblo de los malditos". En cualquier caso, la audiencia Sitgetana llegaba tarde. Es decir, pillaba a todos estos autores a los que tanto habían admirado y amado en el inicio de sus respectivas decadencias. Para cuando "La mitad oscura" terminó, el entusiasmo inicial se había desvanecido. No convenció.
Se decía -injustamente- que George A. Romero contaba por primera vez con un actor "de verdad" al fichar a Timothy Hutton como protagonista. También asomaban Michael Rooker y dos más acostumbrados a aquel tipo de verbenas, Robert Joy y Rutanya Alda quienes, by the way, en su día formaron parte de la saga "Amityville". Aunque el nivel de truculencia era muy escaso, iba incluida una escena hacia el final -que no desvelaré- bastante cañera y muy bien acabada en cuanto a trucajes (si se lo preguntan, sí, Tom Savini anda por ahí metido, pero en un plano mucho más segundón de lo habitual).
El verdadero problema con "La mitad oscura" es que, siendo correcta como es, acaba resultado aburridilla. Sosa. Desapasionada. Desangelada. No deja ninguna huella. De hecho, en mi más reciente visionado caí rendido de sueño antes de llegar al final. Y, créanme, fue una de esas sobadas intensas y babeantes.

lunes, 1 de enero de 2024

AMITYVILLE KAREN

No hace demasiado tiempo, quizás con el uso de las redes sociales, se implantó en la jerga estadounidense el término “Karen”. Este sirve para referirse de manera despectiva a un estereotipo concreto: la típica cuarentona, bocazas, irrespetuosa y que a menudo suele llevar el pelo corto estilo chico. Aquí en España no se maneja  —todavía— porque el castellano es rico en terminologías peyorativas y, de toda la vida, hemos empleado vocablos que vienen a significar lo mismo que “Karen”: “Maruja” o “Choni”, serían buenos ejemplos. Es más, diría que el más aproximado al término anglosajón sería concretamente “Choni”.
Una vez sabido esto, comprenderemos la estúpida broma perpetrada por el infame, calvo y miserable Shawn C. Phillips, uno de los nombres más recurrentes del SOV actual que, aparte de realizar sus películas grabadas en vídeo, tiene un canal de Youtube de gama media tirando a baja, en la que opera bajo el irritante nombre de “Coolduder”.
Como ya saben, lo de ambientar cualquier película de baja estofa en el “barrio” de Amityville, no es una cuestión homenajística (en algún caso sí, como en “The Amityville Legacy”), es pura rutina para aparecer primero en las búsquedas de las plataformas en las que se suelen alojar todas estas cosas (porque Amityville comienza por la letra “A”), y esa es la única razón de ser del “Amityvillexploitation”.
En esta ocasión, la acción se centra dentro del vecindario de Amityville, donde tenemos una “Karen” que además de depilarse los sobacos, ponerse mascarillas y perfume barato, gusta de coquetear con los hombres rudos y fortachones (los llamados “Guidos”) y echar reprimendas sin sentido a sus congéneres.
Cerca de donde vive hay un restaurante en crisis, así que Karen aprovechará para robarles una botella de vino que se beberá al calor de su hogar. Claro, la botella está maldita y, en consecuencia, Karen vivirá toda suerte de sucesos paranormales para luego ella asesinar a quien se ponga en su camino.
Al margen de que esta sinopsis suena algo mejor de lo que es, no hay nada en “Amityville Karen” novedoso, original o ingenioso. Esto es materia muerta por parte de Shawn C. Phillips, que le pone menos ganas y menos ilusión al asunto que si le tocara realizar un vídeo de boda. Phillips hace alarde de la vagancia más absoluta porque, al fin y al cabo, la película es lo de menos, tan solo está concebida para figurar, para estar en plataformas o, como Naxo diría, para conseguir clicks.
Entonces, "Amityville Karen" es medio visible durante los primeros diez minutos iniciales, que cuentan con un montaje más o menos dinámico y se nos presenta a Karen de manera más o menos divertida. Pasados esos minutos, la cosa va combinando eternos planos medios en los que los actores conversan intrascendentemente, tías escuálidas que muestran sus tetas, maquillajes y efectos especiales de baratillo, y algo de gore para justificar la adscripción de esta ponzoña al género de terror.
En el terreno de las tetas, ni siquiera se las vemos a la protagonista, Lauren Francesca, la que hace de Karen, habitual en cintas de corte independiente de variado pelaje, que es monilla, resultona y la intuimos unos estupendos pechos. Se las vemos, en cambio, a las secundarias esqueléticas y poco apetecibles que se prestan a desnudarse a cambio de un bocadillo de mortadela en la película de Phillips. Lo cual es casi mejor porque va acorde en baja calidad al resto del artefacto y este, en general, se vuelve más desagradable.
Por supuesto, Shawn C. Phillips tiene un ego inmenso equiparable únicamente a su falta de talento y se asigna un papel secundario; es uno de los camareros del restaurante donde la Karen manga el vino maldito, y le vemos en todo su esplendor, luciendo hechuras de ex obeso que va recuperando su estado natural, prominente calva y rodapiés a lo Saza. Y habla, habla, habla, dando vida a un personaje que, como el propio director, intuyo, vive en casa de sus padres.
La producción la firma Ron Bonk, estandarte del SOV noventero, que -tirando erróneamente de la etiqueta underground- gestiona los papeleos legales de toda esta ralea de películas, dándole igual el resultado de las mismas y poniendo el número de cuenta. Al menos no está matando perros.
Y poco más. Como digo, estas cosas no las veo buscando diversión, sino más bien por razones antropológicas y, en ese sentido, “Amityville Karen” cumple con creces su cometido, aunque para ello tenga que soportar una hora y cuarenta y seis minutos de la más absoluta nada.

sábado, 14 de octubre de 2023

IN SEARCH OF DARKNESS PART 3

No debería ser necesario introducir "In Search of Darkness" a estas alturas. En su momento reseñé las entregas precedentes (la UNO y la DOS). Sin embargo, considerando su escasa memoria y nulo interés, les diré que son una serie de documentales en torno al cine de horror facturado en los años ochenta. Todos a base de duraciones mastodónticas de cuatro horas o más... pero siempre extrañamente entretenidos (si te gusta la materia, claro...). ¿Siempre, siempre?... bueno, justo esta tercera y última dosis es el único cuyas casi seis insanas horas pesan un poco. Solo un poco.
Claro, el elemento ameno funciona o no en base a los títulos retratados. El problema con "In search... 3" es que el material disponible ya no brilla tanto como en las dos anteriores. Lo que queda son las sobras, por así decirlo. Ciertamente, podría molar mucho ver a los culpables de películas oscuras, costrosas y generalmente olvidadas hablar de sus pecados, sin embargo los realizadores del documental hacen la elección en función de las "personalidades" disponibles, y no son muchas. Ni acumulan títulos demasiado lustrosos. A lo mejor uno o, siendo generosos, dos. No más. Caroline Munro o Geretta Geretta (más conocida como "la negra de Demons") serían un ejemplo. ¡Pero no importa! ya que están ahí, que cuenten batallitas incluso de ñordos sin mucho donde rascar, en contraposición a tantos otros que darían más juego. Y es que, encima, a los que hay tampoco le sacan todo el jugo disponible. Mentar "Amityville 2" sin regodearse en su sordidez -así como la escena plagiando "Evil Dead"- o "Transylvania 6-5000" ignorando la paternidad de Rudy DeLuca, chirría. Tanto como muchas de las sandeces y morralla Woke esputada por una ristra de "especialistas" con tufo hipster que es pa matarlos. Afortunadamente, por ahí ronda peña del calibre de Joe Bob Briggs, quien suelta un "speech" final sobre el cine de los ochenta, la descontrolada sobrevaloracion y, muy especialmente, las gilipolleces academicistas de mucho flipao, digno de enmarcar. ¡Chapeau!.
La "elección en función de las personalidades disponibles" antes mentada se amplía también a películas difícilmente clatalogables de terror, como "Relentless", más cercana al thriller policial y sin ser un título especialmente representativo de la década, pero, claro... William Lustig, director, andaba por ahí... y de "Maniac" y "Maniac Cop" habíamos hablado ya en los docus previos.
Al final, los personajes más curiosos y simpáticos de ver y escuchar son Rubén Galindo Jr. (a raíz de "Cementerio del terror", "Ladrones de tumbas" y "El secreto de la Ouija". Siendo hoy un feliz realizador televisivo, el hombre habla de ellas tomándoselas a chufla), Harry Bromley Davenport, Frank Dietz -actor y  ex-socio de John Fasano (lo que significa que repasan de pe a pa su terrible filmografía, incluidas "Zombie Nightmare" y "Al filo del infierno")- y Frank LaLoggia.
Completan el lío los habituales mini-reportajes sobre tendencias (el heavy metal en el horror... ¿otra vez? La llegada de los video-clubs... ¿otra vez?) y personalidades (Dee Wallace, Adrienne Barbeau, Screaming Mad George). Por cierto, en las dosis precedentes eché de menos a Bruce Campbell y John Landis, muy habituales en esta clase de documentos audiovisuales. Bien, olvídense de ellos. Pal caso aquello de "a la tercera va la vencida" no se cumple. Raro, raro.
Tampoco diré que "In Search of Darkness part 3" no merezca la pena. Ni que sea un tocho. Porque se disfruta... solo que menos intensamente. La cuestión es que, con esta, se cierra el círculo. Y me alegra. Más cuando, durante los créditos finales, vamos viendo vídeos de fans de la saga, el terror de los ochenta e, intuyo, inversores del extenso clan de "crowdfounders", soltando sandeces y, sí, la mayoría dan grima.
David A. Weiner, director del trío, acaba de terminar un nuevo documental girando en torno al horror de... los 90. ¡¡Glups!! va a ser toda una hazaña sacar algo potable de ahí.

lunes, 21 de agosto de 2023

LOBO SOLITARIO

El director de este bodrio, John Callas, es un currela del mundo audiovisual que lo mismo te dirige una segunda unidad en una película más o menos mainstream —en ese campo es popular por contribuir a “Las colinas tienen ojos 2ª parte”—, que se encarga de dirigir y diseñar la cabecera de Tri-Star Pictures. Cuando no, está trabajando en publicidad y comerciales. En todos estos oficios el individuo se ha ganado cierto respeto, no así como director de largometrajes, sector en el que apenas ha firmado un par de títulos de presupuesto bajísimo y cero repercusión mediática. Las películas de John Callas no se reivindican ni a hostias. Una de ellas data del año 2015 y su existencia no le importó a nadie: “No solicitors” con Eric Roberts —no les digo nada y les digo todo…—, y, la otra, la que nos ocupa, “Lobo solitario”, entra dentro de esa maravillosa categoría que es la serie Z americana ochentera y, aunque tampoco tiene un culto destacable como algunas de sus coetáneas, sí dispone de algún fan a lo largo y ancho del mundo.
El ininteligible argumento trata sobre un profesor de informática con cierta obsesión con las computadoras, un grupo de estudiantes de instituto que deambula a lo largo del metraje y una banda heavy metal que se marca sendos numeritos musicales sin saber muy bien por qué, pero de manera obligatoria al tratarse de una película del año 1988, cuando el heavy estaba en alza. Entre todo este alboroto aparece un hombre lobo que se carga a un par de estudiantes. En consecuencia, unos muchachuelos intentarán eliminarlo. La identidad del hombre lobo en su forma humana es una de las sorpresas del final.
Se trata de una película incompetente de principio a fin, que parece concebida con una única finalidad: Que el espectador sea testigo de la transformación de baratillo directamente inspirada (por no decir plagiada) de la de “Un hombre lobo americano en Londres”. Una secuencia que llama la atención porque es una versión cutre de aquella, pero que deja a uno pasmado porque, aún siendo más pobre, cutre y chabacana, no acaba de estar mal del todo y hasta se parece un poco a la de Rick Baker. Y es que tras los efectos especiales de “Lobo solitario” se encuentra Ted A. Bohus, productor de “Night Beast” o “Criaturas asesinas”, y director ocasional, que también le daba a los F/X y al maquillaje de vez en cuando en películas de su competencia. En ningún caso, el licántropo que vemos en pantalla es tan aterrador y espeluznante como el que luce el póster.
Nada nuevo en el horizonte más allá de esta escena de transformación; se trata de la típica mala película zetosa de finales de los 80, rodada en algo parecido a los 16 mm y tan aburrida, tan tomada en serio y tan serena, que —por suerte— no ha generado un inmerecido culto después. Que se jodan todos esos alelados que solo disfrutan de la serie Z cuando es posmoderna o, en su defecto, cuando es tan mala que les hace reír. Esto es genuino cine malo del que provoca sufrimiento, pero con cierto encanto.
“Lobo solitario” es una producción de Michael Krueger, quien fuera en su momento uno de los editores de la revista "Fantastic Films", fan del cine de terror absoluto que, en cuanto reunió tres o cuatro perras las invirtió en hacer películas como esta, la más "popular" "Transformator" (donde dirigía) o “La casa maldita ” (a.k.a “Amityville 5: La maldición de Amityville”) con las que, no mucho, pero ganaría algunos dinerillos. Contrató los servicios en funciones de director de un currela del cine como era John Callas, dando resultado a esta película de hombres lobo un tanto deslavazada. Pero ahí queda.
“Lobo solitario” llegó a nuestro país en formato vídeo en aquella maravillosa época en la que cualquier cosa que os podáis imaginar llegaba a las estanterías del vídeo-club.

lunes, 6 de marzo de 2023

AMITYVILLE COP

Yo supongo que, por lo que sea, la mera existencia de esto, aún a sabiendas de que me voy a encontrar con una puta mierda me provoca cierta curiosidad, habrá a lo largo y ancho del mundo personas que, al igual que a mí, en un momento dado les apetezca verlo aunque sea para comprobar en carnes propias qué demonios es. Porque por lo demás clama al cielo la poca vergüenza de sus artífices. Y es que en pleno 2022, cuando el espectador de cine ya está curado de todo espanto y, al contrario que en los años 70 u 80 es bastante difícil de engañar, lo que se vende con “Amityville Cop” es precisamente esa poca vergüenza que más arriba venía denunciando.
Entonces tenemos un nuevo exploit de Amityville que, para más inri, expolia el argumento —y hasta alguna escena— de “Maniac Cop”. Para acabar de hacerla atractiva, el otro reclamo que posee es que se rodó en medio de la pandemia de Covid-19.
Yo dudo bastante que, salvo los gacetilleros de poca monta como servidor, el público estándar de las plataformas de streaming —lugar para el que la película ha sido concebida— tenga el más mínimo interés en ver un impostado exploit de “Amityville” y “Maniac Cop”, entre otras cosas porque esas franquicias ya no son populares entre el espectador medio, así que van destinadas a un público muy concreto: El fan del cine de terror que consume muchas veces confundiendo velocidad con tocino. Pero no me refiero al fan respetable, aquél con cierto criterio y gusto por las buenas películas de terror, sino a aquél granudo, camisetero, heavymetalero y virgen que consume compulsivamente y que al ver la mezcla de ambas franquicias añejas suelta un “¡Wooow!” que quita el sentido. De esos debe haber unos cuantos que hagan rentable este tipo de productos, porque sino, no me lo explico. Un producto que peca, además, de autoparódico desde el primer momento, porque la cabecera de la productora de esto, que luce orgullosamente la etiqueta de “independiente”, no es más que un plagio de la de Fox Searchline elaborada de forma consciente con el fin de que el espectador piense: “Mira, han plagiado la cabecera de Fox Searchline”. No me creo que la cabecera esté hecha así para despistar.
La película se la pueden imaginar.
Un buen día comienzan a aparecer cadáveres de vagabundos. Por ese motivo, los miembros del cuerpo inician una investigación cuando se dan cuenta que los asesinatos han sido perpetrados por un policía de aspecto demoníaco que pulula por la zona. Pronto sabremos que este ha sido víctima de una especie de acto de posesión por parte de una sacerdotisa milenaria. Después de un par más de asesinatos, le dan caza y… fin.
El 85% de la película son conversaciones sin sentido, el siguiente 10% apariciones del policía endemoniado —y negro, por cierto, como la mayoría del reparto— y el 5% restante asesinatos fuera de cámara en los que, con suerte, veremos salpicaduras de sangre contra la pared. Y por supuesto ni está ambientada en Amityville, ni el argumento guarda relación alguna con la casa de los De Feo, pero supongo que comenzando el título por A, servirá a la película para aparecer de las primeras en las búsquedas en las plataformas de rigor.
La ley del mínimo esfuerzo  para una película semi amateur cuyo resultado no importa en absoluto porque, como ya he dicho, lo que se vende es la poca vergüenza.
Por aquello del guiño al fan —y supongo que para limpiar su conciencia— te meten en una escena a Laurene Landon que aparecía en “Maniac Cop” y “Maniac Cop 2” y a tomar por culo.
Lo curioso del caso es quien se encuentra tras el engendro. Gregory Tanaka se autoproclama fan del cine de culto asiático y su negocio es la distribución de películas raras, misteriosas y desperadas en los Estados Unidos. Culpa suya es la reedición de algunas de las películas de Ed Wood, así como se encargó de distribuir en USA clásicos del cine de oriental como pueda ser “La guillotina voladora” o algunos de los primeros títulos de John Woo… no se que necesidad tenía de hacer “Amityville Cop”.
Como director solo ha hecho mierdas del estilo de esta, siendo probablemente la más popular la secuela tardía —de 2015— y posmoderna de una cosa que ya era posmoderna el año de su producción, 1991, muy popular entre los fans del cine malo titulada “Samurai Cop”.
En fin, una cosa de estas más. Lo inquietante es que, echando un ojo a las distintas plataformas cutres de streaming o a poco que investiguemos, nos daremos cuenta de que este tipo de morrallas se cuentan por cientos… Hombre, eso no es malo del todo, pero, sin duda, bueno tampoco.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 18 - TAQUILLA 82/83

¡Taquillazos! de eso va hoy la cosa. Reunimos sendas listas de éxitos situadas a lo largo de 1982 y 1983, todas extraídas de las páginas de la revista "Casablanca".
Revisándolas, localizamos algunos títulos curiosos que llaman la atención por figurar en lo más alto, como unas pocas "comedias teen", nuestras queridas "Creepshow", "Amityville 2", "Curso 1984" o "Tenebre", la secuela de "Aterriza como puedas", "El sentido de la vida" de los Monty Python o "El señor de las bestias" (todo un éxito en París) En el apartado español gana "Todos al suelo" de Mariano Ozores, la prueba de que el buen funcionamiento en su época de esta clase de materia no es una leyenda urbana.
Ctrl + boton izquierdo del ratón para ampliar imágenes.
Tras suspirar y maldecir el paso de los años, no olviden al de siempre: "¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!" 

Agosto, Octubre, Septiembre de 1982 :


Enero, Febrero, Marzo de 1983:


Mayo, Junio, Noviembre, Diciembre de 1983:


viernes, 26 de agosto de 2022

AMITYVILLE IN THE HOOD

Tras la repercusión de su “The Amityville Legacy”, Dustin Ferguson continuó haciendo películas amateur como churros y a medida que se iba imponiendo el estilo idiotesco de “The Asylum” con los sharknados y demás, Ferguson, por demanda popular, fue idiotizando su estilo al mismo tiempo.  Eso no fue óbice para que le sacara partido a su preciosa maqueta de la casa de Amityville y al hecho de que podía hacer tantas películas sobre el tema como le apeteciera puesto que no había derechos que amparasen a la franquicia. Así que grabó una segunda, más exagerada y con más efectos especiales que la primera, titulada “Amityville: The Evil never dies” (también conocida como “Amitivylle Clownhouse”) en la que esta vez se disponía de un payaso como móvil de la endeble trama.
Pero claro, cada vez es todo más como el coño de la Bernarda y se empiezan a estilar toda suerte de crossovers extraños, lo que propicia que montones de directores SOV quieran sacar provecho del nombre de Amityville rodando variantes a cada cual más desquiciada. El amigo Mark Polonia se saca de la manga “The Amityville Exorcism” y, más alocada todavía, “Amityville in Space”, pero también tenemos cosas ya absolutamente ridículas como “Amitivylle Thanksgivin”, una cosa cuya caratula expone en primer plano a un pavo de acción de gracias y, en la lejanía, la casa de Amityville (?) dirigida por un tal Will Collazo Jr., “Amityville Bigfoot” del youtuber/actor Shawn C. Phillips y, ya el colmo de la desfachatez, “Amityville Cop” de Gregory Hatanaka.
“Amityville in the hood” responde a una de estas variantes estúpidas, y la cosa consiste en ambientar Amityville en el gueto. Nada nuevo por otro lado, esto ya se ha hecho con anterioridad en la franquicia Leprechaun que llevaba al duende a los suburbios negros en dos películas, e incluso en el cine mainstream se ha coqueteado con mezclar horror y gangstas en films como “Bones” o “El convento del diablo”.
Así tenemos un grupo de pandilleros que roban una partida de marihuana cultivada en la casa de Amityville (??) y la distribuyen en Compton, en la otra punta del país, y como la marihuana está poseída por espíritus malignos se arma la marimorena. Una excusa como otra cualquiera para mostrarnos un par negratas (solo un par, que en el ambiente de Ferguson no debe haber demasiados) diciendo mother fucker continuamente y poco más.
Se trata de una película absolutamente incompetente que pretende tener una continuidad con los Amityvilles originales y con los títulos pergeñados por Ferguson, pero el individuo esta vez solo tiene la idea loca, sin nada que contarnos. Así, se la toma a total cachondeo e incluye escenas humorísticas, como la inicial en que una prostituta suelta chascarrillos con un pandillero que quiere que se la chupe por 20 dólares, para acto seguido ser eliminada de un disparo por el jefe de la pandilla por chuparla mal (otra vez ??). Por otro lado tenemos un detective que conduce por Compton y de esta manera Ferguson se quita de encima como diez minutazos de metraje, solucionando esto con un viajecito en coche por el gueto, grabando desde el asiento del copiloto y mostrándonos la miseria del suburbio en una travesía en coche real. También usa mucho relleno de exteriores filmados con drones, donde se saca de la manga una bonita panorámica nocturna de la estatua de la libertad que no viene ni a cuento. Y para rematar, y al mas puro estilo Amityville, más de media hora de metraje se compone de flashbacks que nos recuerdan acontecimientos de las dos anteriores películas de Ferguson sobre la celebre casa encantada… pero todo es impostado, nada genuino y hasta esos flashbacks están ahí de manera homenajística, (sin duda Ferguson podría haber desarrollado más la trama y ahorrarse el cortapega… pero hace cortapega porque en las películas originales de la saga se hacía y eso mola…) así que no tienen valor trash alguno. En letra de molde: “Amityville in the hood” es una basura. Y una estafa.
Ferguson además debe ser incluso consciente de esto, porque aunque todo el que la ha visto sabe que es una película suya, decide firmarla bajo el seudónimo Dark Infinity, váyanse ustedes a saber por qué.
Y sin más… Como siempre digo, estas películas sirven para saciar la curiosidad de uno, pero en pleno 2022 ni siquiera algo tan marciano como llevar Amityville al gueto es original o gracioso. Esto es ya el exploitation del exploitation del exploitation… pero en malo, mal hecho y aburrido.
Y todavía algún gilipollas se atreve a asegurar en la prensa especializada que Dustin Ferguson es el Roger Corman del siglo XXI. Algún amigo suyo, supongo. O algún gacetillero con cierto retraso mental. O algún desgraciado. O váyanse ustedes a saber.

lunes, 22 de agosto de 2022

THE AMITYVILLE LEGACY

Desde que es vox populi que cualquiera puede hacer una película de Amityville, uno llega a perder  la cuenta de los títulos que se han facturado en el cine de bajo presupuesto y, sobre todo, en ese tipo de películas amateur que, al menos en los Estados Unidos, gozan de distribución comercial, antes en formato físico, ahora a través de las plataformas de streaming.
Lo curioso del asunto es que el fanatismo en USA muchas veces se presta a confundir velocidad con tocino y, una afamada web dedicada al cine de terror llamada 1428 Elm, elaboró un ranking con todas las películas de la saga Amityville, oficiales o no,  ordenándolas de mejor a peor y, dentro de esta, aparece en el puesto número 11 la que nos ocupa, “The Amityville legacy”, quedando por encima de otras oficiales como por ejemplo “La casa de muñecas de Amityville”. Tampoco es que quedar el undécimo de un ranking de quince títulos sea gran cosa, y menos en una página destinada a pajilleros, pero esto le sirvió al director de esta cosa, Dustin Ferguson, para adquirir cierta notoriedad dentro del fandom. Al fin y al cabo se trataba de una película bastante fiel, no ya a los títulos originales, si no al caso real centrado en la familia De Feo, y que llevó adelante con tremenda seriedad y presupuesto nimio; “The Amityville Legacy” —también conocida como “The Amityville Toybox”— es una película amateur con todas las de la ley.
Explica el caso real de los De Feo en un flashback para pronto trasladar la acción a la actualidad y situarnos en el hogar de una familia que, celebrando el cincuenta cumpleaños del cabeza de familia, le regalan un mono con platillos que él había tenido cuando era pequeño (el típico mono con platillos que aparecía en las viejas películas de casas encantadas tipo “El regalo del diablo” o “El desván”). Resulta que este monito provenía de la choza de Amityville y, por lo tanto, está poseído por un demonio. De este modo el caballero que cumple años acabará igualmente poseído y, escopeta en ristre, arrasará con unos cuantos miembros de su familia.
Por supuesto, la película no tiene nada de especial más allá de lo en serio que se toma a sí misma y la intención de ser una secuela más de la franquicia pero facturada con tan solo una cámara de vídeo. También hay que darle crédito a la chulísima maqueta de la casa original que utiliza Ferguson, así como la suerte de ser el propietario de uno de esos terroríficos monitos con platillos, pero más allá de eso, nada. Aburrimiento, aburrimiento y más aburrimiento. Añádanle eternas conversaciones sostenidas por actores no profesionales que no ayudan a que la hora y cinco que pase en un santiamén. Nada nuevo en el horizonte.
Tampoco la película ha de desmerecer ese undécimo puesto en la lista de películas sobre Amityville elaborada por 1428 Elm porque, en justicia, hay que decir que muchas de las originales son peores que esta.
Por su lado, Dustin Ferguson era un individuo apasionado del cine de terror que desde bien pequeñito tenía claro que quería ser propietario de un videoclub, y eso era a lo que se quería dedicar profesionalmente. Acabaría sus estudios y, después, abriría su propio establecimiento. Sin embargo para cuando se graduó en la universidad, los videoclubes estaban desapareciendo y, aunque tuvo una intentona, montar un videoclub ya no era una opción de futuro, así que lo desechó. Como hacía pequeños cortos en sus ratos libres, a partir de 2007 se dedicó casi en exclusiva a la manufacturación personal y casera de largometrajes para su explotación en vídeo. Y, paradójicamente, no le ha ido mal. Desde entonces ha editado más de 100 títulos de variado pelaje, todo homenajes a sus títulos favoritos y que van desde el culto al mondo con “Faces of Dyin” al rape & revenge con “I drip blood on your grave”, convirtiéndose en los últimos tiempos en uno más de esos directores mercenarios de distribuidoras que hace 15 años podían tener algo de gracia, pero que a día de hoy no tienen ninguna y facturan imposibles e irritantes híbridos mezclando conceptos como dinosaurios y ébola en “Ebola Rex”, arañas y tornados en “Arachnado” y demás morralla sin alma para que piquen, en la venta de vídeos o plataformas de streaming, todos esos incautos rednecks de la América profunda que gustan de visionar estas basuras carentes de originalidad alguna.
Sin embargo, Ferguson se ha hecho un pequeño nombre con esto, sobre todo gracias a “The Amityville Legacy” que es su película más popular, y, visto lo visto, puede que la mejor de su extensa filmografía.
No se quedó contento con un solo Amityville, y destrozó el concepto más adelante, como verán el próximo día…

sábado, 20 de agosto de 2022

DIRECT TO VIDEO: STRAIGHT TO VIDEO HORROR OF THE 90´S

Dustin Ferguson es uno de esos "filmmakers de la era digital" que, gracias a las nuevas herramientas económicas y las plataformas, producen películas de terror como rosquillas, entre diez y veinte al año. No le falta nada, tiene varias de tiburones que cantan y bailan, sendas seudo-secuelas de Amityville, la del payaso asesino, la de zombies, el retro slasher. Todas las tendencias habidas y por haber en el submundo del zetismo, y en riguroso orden, perfectamente dispuestas en sendas plataformas de streaming a la desesperada búsqueda del click ("clickxploitation" lo llamo, algún día les hablaré a fondo de ello). Del montonazo destacan varios documentales que delatan sus apetencias pero, también, sus carencias, entre ellas el acabado algo costroso y descuidado de "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s".
Resulta complicado valorar cualquier tendencia creativa surgida en los noventa. No fueron años de mucho esplendor, siendo el terror donde la cosa andaba más jodida. Pero, claro, ahora que es tan "cool" reivindicarlo absolutamente todo, hasta los vídeos de YouTube donde se explica cómo cocinar croquetas, pues resulta desconcertantemente normal que a alguien le de por decir que los productos de tercera destinados al vídeo-club paridos en aquellos tiempos merecen ser atendidos. Pos fale. De todo tiene que haber en este mundo. Yo, como degustador insaciable y curioso incurable, me moría por ver cómo coño se lo montaban para defender tanta basurilla. Además, la ristra de cabezas parlantes era atractiva (siguiendo el mismo orden de Imdb): Clint Howard, Kelly Maroney, Lloyd Kaufman, Brinke Stevens, Tiffany Shepis, Fred Olen Ray, (el auténtico "hero" de Ferguson, quien comenzó su andadura amateur pariendo una secuela casera de "Scalps"!!), Jim Wynorski, Debra Lamb, Kevin Tenney, Rolfe Kanefsky, Jeff Burr, C.Courtney Joyner y el gran Chuck Cirino. Gracias al bueno de Romerito ayer mismo pude desquitarme.
Realmente, mi gran temor antes de darle al "Play" era la sobredosis de "geekismo" descontrolado que hoy lo salpica todo. Donde la desmedida pasión por cualquier chuminada ciega a los que la defienden, impidiéndoles comportarse como personas justas y racionales. Y de entrada, dichos temores parecían justificados: Ver al inicio dos logotipos de sendas productoras, uno imitando el rollo "grindhouse" setentero, y el otro el rollo "vhs rancio", me acojonaron. Tampoco ayudó la inmediata presencia de dos mongos esputando las tonterías de rigor, especialmente el que vende la moto de su condición punk-skater, recurriendo a la cantinela del "chico solitario que alquilaba esas películas con las que era feliz", para luego afirmar, sin ruborizarse, que sus "amigos" en realidad eran los personajes que pululaban por las producciones "Full Moon" de la década.
Comenzaba a sentir deseos de subirme por las paredes, cuando la cosa se calma y Dustin Ferguson da pie a los que de verdad interesan, los creadores de todo aquel cine (o "cine") que le dan al pico que da gusto, contando mil batallitas. Algunas no especialmente interesantes, ni divertidas (por mucho que el entrevistado se descojone durante el proceso), pero en general amenas.
Entre medias, cuela trailers o momentos concretos de las películas comentadas, pero procede de modo bastante poco certero, muy bruscamente, haciendo gala de cierto patosismo caótico a la hora del montaje, sobre todo introduciendo avances sin que veamos el título y, por ende, cuando aparece el invitado hablando, todavía no sepamos de qué jodida película se trata. En general es todo como muy deslavazado, una mera acumulación de peña dándole a la sin hueso carente de trama interna, ni nada específico.
Aunque lo verdaderamente ofuscante fue que, a pesar de toda la información recibida, no me estaba divirtiendo. Ni emocionando. Ni nada. El aburrimiento iba ganando la partida a cada minuto que se sumaba (porque, como todo creador de la era digital, Ferguson es incapaz de contenerse. Lo mete todo, a lo bestia, y suma casi dos horas de documental) ¿Cuál sería la causa? ¿Tal vez que, hasta hace poco que me reconcilié con el cine de los 90, tenía un muy bajo concepto del mismo? Tras mucho reflexionar, lo entendí: el terror de baja estofa de ese periodo es demasiado malo, demasiado olvidable, realmente no hay NI UNA peli memorable en todo el documental... son todas malas, desalmadas, con ese look telefílmico, esos abusos de diálogos, esos pre-efectos infográficos tan mierdosos. Claro, así es imposible emocionarse ni un ápice.
Cuando salen a relucir algunos más o menos interesantes, te esperanzas... hasta que descubres que se está recurriendo a sus secuelas... las peores, además. El tercer "Night of the demons" y el cuarto "Ghoulies". Más fatídico es el caso de "El Dentista", que siendo uno de los pocos subproductos potables de la época (ni que sea por cuando lo vi en el Festival de Sitges, con toda la platea gritando en los momentos de truculencia dental), ¡resulta que se decantan por su horrible segunda parte!
Al final, "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s", como buen documental parido en una época de incontinencia y sobreproducción, deja la sensación de ser algo muy desaprovechado, en perfecta consonancia con las películas y -a rasgos generales- la década a las que dedica su contenido.
La providencia ha querido que para la semana entrante mi compañero Víctor haya reseñado dos películas del colega Dustin. Así, a lo tonto, este escrito pasa a ser el pistoletazo de salida de lo que podríamos llamar la "Ferguson Week". Que les sea leve.

sábado, 6 de agosto de 2022

ASSAULT ON THE SNAKEMEN

Tratado "a fondo" el "fenómeno" Chris Seaver, llegó la hora de centrarse en alguno de sus imitadores. El más descarado y pionero de todos tal vez sea el gordaco Kevin Strange, que desde su imperio "Hack Movies" anduvo un tiempo fotocopiando todos los movimientos del clan "Low Budget Pictures". Sin embargo, hay otro que me llama más, ni que sea por su condición de auténtico "loser" entrañable -siento insana debilidad por estos especímenes-, el canadiense Adam Thorn.
Se le podría considerar más divulgador que videoasta, pero ha aportado su granito de arena también en este campo. Graba vídeos para YouTube, escribe críticas en redes sociales, organiza pases de "cine malo" en vivo -o a través de "Twitch"- y, de vez en cuando, pilla la cámara y hace mierdas... pero unas bien tochas. Bastante peores que las de Chris Seaver. Ya saben, la imitación de la imitación (que a su vez lo era de todo el monopolio Troma) no es más que una mala interpretación, deformada y ensuciada, de aquella.
Luego, cuando las visitas a sus vídeos no alcanzan cifras notables, o a sus proyecciones acuden los cuatro colegas de siempre, publica storys en Instagram donde se lamenta de todo, e incluso le dan lloreras. Pobre iluso. Es el típico fan que no entiende lo que dice adorar y, cuando lo aplica a sus propios video-churros, queda delatado. Bajo el nombre genérico de "Riot at the movies" da la barrila sobre cuanto le pone el "cine malo", que pal caso son basuras de tiburones pluriempleados, secuelas tercermundistas de Amityville, payasos asesinos en forma de boniato, etc, etc. Toda la agotadora roña surgida del posmodernismo auto-consciente propio de la era digital. El anti-"cine trash" que, equivocadamente, se jacta de serlo y mantiene a flote gracias a indocumentados como Adam, quien tiene el valor de tirar de las etiquetas "serie B" (la utiliza igual que si se tratara de un género donde cabe absolutamente todo, incluidas patéticas películas amateurs. Un error demasiado común), underground, cine casero o Do It Yourself. Dices adorarlas, pero las metes en el saco de lo "malo" únicamente porque el resultado no luce limpio, pulcro y perfecto como el cine mainstream. ¿Es "mala" una película únicamente porque se nota pobre? ¿porque su acabado no es perfecto? ¿porque no sigue las reglas del academicismo más rancio? ¿No es esa una visión, en esencia, muy conservadora y limitada?
Si al mejunje añadimos la semi obsesión que el tipo tiene con las maneras de Chris Seaver (en algunas ocasiones sale luciendo camiseta de "Warlock Home Video", el segundo proyecto de aquel tras "Low Budget Pictures"), entonces la movida se torna apocalíptica, ya que Thorn no se limita a la adoración, también a la mimetización. Verle poner muecas en sus vídeos resulta un juego lamentable (remarcar que Seaver le conoce y puso verde en un podcast, calificándolo de puto pesao)
Apliquen todo esto a su "cine". Adam comenzó tardíamente haciendo el tonto con sus amigos y una vídeo-cámara para parir dos cutre-películas sobre un alien invasor con aspecto de simio, "Personal Space Invader" y secuela. Luego, en redes, presume de lo horribles que son, lo mal paridas que están. Ya saben, el elemento "trash" forzado hasta hacerlo sangrar, lejos, muy lejos de la honestidad que es donde reside la verdadera gracia / esencia de toda esta movida. Total, que en 2020 el caballero (porque de chaval nada, ya gasta canas) se lanza con una especie de spin off de "Personal Space Invader", "Assault on the snakemen".
Resulta que la invasión del simio terminó, dejando como daño colateral una plaga capaz de convertir a las personas en serpientes dispuestas a dominar el mundo. El presidente de los USA encarga a un militar medio lerdo que acabe con la amenaza.
Adam Thorn pone unas baquetas de batería en la boca a sus colegas a modo de colmillos. Acentúa la incapacidad, la nulidad, en un todo vale sumamente irritante, haciendo de la vergüenza ajena una forma de estilo. Uno ya duda si los errores de montaje, las miradas a cámara o las risas inadecuadas son algo forzado o no. En un momento dado, y buscando el efecto cómico, puede funcionar. Pero se abusa de ello. Como se abusa de los cromas chungos, algún molesto efecto infográfico de quinta regional y chistes de metacine.
Si "Assault on the snakemen" se hubiese hecho en España, la odiaría hasta las trancas y no la incluiría en el blog. Si viniese facturada por cualquier otro individuo de habla inglesa, francesa, italiana o chiquitistaní, quizás le daría una oportunidad. Pero lo cierto es que he sufrido sus 50 minutos seguidos porque el gilipuertas de su responsable me cae en cierta (des)gracia.
Entre los implicados encontramos a Justin Decloux, colega de Thorn. Otro de esos incansables fricazos que se dedican a escribir reseñas, grabar podcasts y youtubismos, firmar libros autoparidos, editar películas oscuras y, obvio, facturar su propio "cine de terror" vídeo mediante. Pal caso se pone una hoja de papel de plata en la cara y da vida a un "Robocop" de risas.
Actualmente Adam Thorn acaba de terminar una de las pocas ideas genuinamente loables que ha tenido, parodiar la fiebre de secuelas chusqueras de Amityville con "Amityville Outhouse", sobre una letrina encantada. En estos momentos, entre mueca y mueca, o lamento y lamento, anda gestando "Rock and Roll Asylum". Veremos cuanto más dura.
Sobre "Assault on the snakemen" (editada por un minúsculo sello, en su sección destinada a cosas aún más insignificantes, "Basement Videos") no se puede decir que sea ni mala, ni buena, ni horrible, ni ingeniosa, ni patética, ni entrañable, ni vergonzante. Digamos que es una mezcla de todo eso y algo más. Indudablemente destinada a panolis perdidos como el mismo Adam Thorn o idiotas enfermizamente curiosos que no escarmientan nunca, like myself.