Originalmente, "The Hunger" era una serie comandada por los hermanos Ridley y Tony Scott. Su loable intención consistía en producir capítulos de terror destinado a un público adulto, sobre todo porque mucho de ello giraba en torno al erotismo. Hoy es algo más normal, pero en 1997 desde luego se trataba de una tarea arriesgada y novedosa. Tal vez por ello tampoco funcionó estratosféricamente, ni dejó una huella indeleble. Aunque, cuanto menos, contó con dos temporadas. En la primera el, por así decirlo, "Guardián de la Cripta" de cada capítulo era Terence Stamp (con unas "cápsulas" que aturden a base de excesos estilísticos videocliperos). En la segunda le sustituyó nada menos que David Bowie, lo que creaba un vínculo más evidente entre "The Hunger" serie y "The Hunger" película o, tal y como se llamó en España, "El Ansia". Muchos son los que no se explican por qué Tony Scott se decantó por el título de su propio largometraje para bautizar un producto televisivo en principio sin relación, desde luego no narrativamente. Sin embargo, bien mirado, sí hay un cordón umbilical -más allá de la presencia de Bowie- y consiste en las maneras, ese terror adulto "bonito" basado, como decía, en el deseo, el sexo, la pasión como elemento que consume, destruye y/o mata.
Pero no nos pongamos "profusdos", que todavía no he desayunado. La cuestión acá es que, por alguna razón desconocida, "The Hunger" -serie- a España primero llegó como largometraje compilador destinado a las salas de cine, que es donde yo la vi. Los motivos, aluego. Quedémonos con el hecho de que "Manga Films", su distribuidora, decidió rebautizarla como leen al encabezamiento. Y que unos años después, por fin, se atrevieron a lanzar el resto (lo que quedaba de la primera temporada y toda la segunda) vía formato dvd. De este modo, el film destinado a salas recogía los tres primeros capítulos de la primera temporada, que son los siguientes:
"Las espadas" cuenta la historia de una bella mujer (Amanda Ryan) destinada a no palmar nunca por mucho que le atraviesen el torso con una afilada espada. Protagoniza un espectáculo al que acude un yuppie ex-drogata (Balthazar Getty) que se pirra por tirarse a la muchacha, y lo consigue. Ella se enamora como una tonta, lo que, inevitablemente, dará pie al drama de rigor. Completa lo interesante del reparto el siempre eficaz Timothy Spall. Dirige Tony Scott himself.
La historia que suma dos llama la atención por varios factores. Primero, el título, "Menage a Trois". Después el director, Jake Scott, hijo de Ridley. Enchufe total. Y finalmente el reparto, encabezado por un joven Daniel "James Bond" Craig, seguido de la mítica Karen Black, la bella Lena Heady y un fugaz Joason Flemyng con algunos quilos de más. La cosa va de una vieja algo excéntrica cuidada por una enfermera recién llegada. Esta y el chapuzas del lugar comenzarán un tórrido romance... pero tiene truco, y no uno bonito.
"Menage a Trois" vendría a ser la más "thriller psicológico" del pack, por eso para la siguiente y tercera el cuerpo pedía género, terror puro, incluso gran guiñol. Y esta fue, justamente, la que me convenció para acudir al cine. Las críticas la destacaban especialmente por su delirio, incluso su lado risible. Y aunque nunca he confiado mucho en los gacetilleros (y menos los de la prensa de los noventa, cuando todos querían ser el más "cool" de la clase) me dije "Venga, vamos a probar". Y no, no es para tanto. Ya les decía. Pero bueno, cierto que "Necros" -así se titula- sería la más tradicional en cuanto a elemento horrorífico. No en balde está inspirada en un relato del escritor lovecraftiano Brian Lumley (ver anexo inferior). Y presenta una diabla con lengua quilométrica, rabo y que absorbe la energía vital de sus amantes hasta convertirlos en.... en.... en algo que merece verse. Dirige Russell Mulcahy, de cuando comenzaba ya a adentrarse en terrenos pantanosos. La única cara conocida del reparto es la de Leonardo Cimino, que hemos visto en chorromil películas. Algunos le recordarán como el "temible alemán" luego buen tipo de "Una pandilla alucinante". Aunque vale la pena mencionar también a la fémina, la gabacha Céline Bonnier, sin problemas a la hora de despelotarse completamente. Es decir, todas las actrices de la película salen en tetas (cosa que, viendo como anda el panorama, con señoritas luciendo decente sujetador a la hora de echar un caliqueño, es gustoso no... lo siguiente), pero Bonnier, de atractivo peculiar, es la más generosa.
Lo que queda es... pues una cosa medianamente entretenida y consumible, pero desde luego nada memorable. Sobre todo porque, si lo miras detenidamente, te darás cuenta que tras todo ese destete y esos contraluces y humaredas tan bonitas lo que queda, es decir, la narración, es de lo más tonta, elemental y poco original. Todas las tramas son muy previsibles y trilladas aunque, supongo, es el cómo vienen presentadas en imágenes donde estaría la gracia... digo yo.
Imposible resistirse a mencionar que cuando "The Hunger, el lado salvaje del deseo" fue editada a posteriori en Blu-Ray, los distribuidores exprimieron la presencia del entonces ya famoso Daniel Craig, hasta el punto de convertirlo casi en el único protagonista (en algunos casos incluso como imagen central de la carátula). Así mismo, mientras en el dvd se tiraba sutilmente de los dos hermanos Scott en plan gancho, sin especificar del todo bien su función y haciendo desaparecer a Mulcahy y al hijo de Ridley, para el Blu-Ray les otorgan directamente la película como totalmente de su autoría. Una indecorosa práctica por entonces ya algo olvidada pero, afortunadamente, no del todo muerta.
Anexo: El caprichoso pero, ocasionalmente, agradecido destino ha querido que disponga entre mis posesiones del relato impreso de Brian Lumley que inspira el capítulo titulado igual, "Necros". Cuando hace ya unos cuantos años, metido de lleno en mi recuperación de la obra de Richard Laymon, me hice con varios libros de la colección "Super Terror" de Martínez Roca, uno resultó ser la novena entrega de su famosa antología "Las mejores historias de terror". La pillé por meros motivos nostálgicos, sin genuina intención de consumirla. Hasta que, tras una breve búsqueda, descubrí que "Necros" formaba parte del contenido, así que me animé a leerlo, por aquello de la comparativa y la curiosidad. Bien, debo decir que el parecido es meramente superficial. La obra de Lumley y la de Mulcahy comparten la trama de base, el pipiolo que se encapricha de una misteriosa dama -de ciertas tendencias vampíricas- casada con un anciano, pero en lo demás no podrían ser más diferentes. Mientras el relato se decanta por sugerir de forma sobria y contenida, el producto audiovisual apuesta por el delirio de látex y sendas ideas descabelladas -y tetas-. Digamos que, si yo fuese Brian Lumley, me cabrearía el modo en que los cineastas convierten mi elegante historia en un perfecto gran guiñol a base de excesos. Por contra, el escritor nunca quiso pronunciarse al respecto.
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sábado, 10 de octubre de 2026
sábado, 27 de diciembre de 2025
NUNCA DIGAS NUNCA JAMÁS
Tranquilos, no me voy a poner con la barrila consiguiente de por qué "Nunca digas nunca jamás" se considera un "James Bond pirata". A estas alturas deberían saberlo de sobras y, si no, tiren de "Google" que, a buen seguro, otros lo habrán explicado ya (y, probablemente, mejor de como yo procedería). Baste decir que representó el regreso de Sean Connery al papel que le hizo inmortal, justo cuando era Roger Moore quien dominaba el cotarro (y la prensa especializada de la época se hizo eco de dicha confrontación). A mi, en general, me gustan las pelis de este último. Son aquellas con las que crecí. No obstante, es cierto que, en ocasiones, podían pecar de excesivamente tontas, a base de mucha chufla, locura, inverosimilitud a cholón y, en fin, que eran puro espectáculo pirotécnico diseñado para plateas de todas las edades. 007 había perdido su lado más oscurillo, más cabroncete, y eso se suponía que iba a recuperar "Nunca digas nunca jamás". Y sí, pero no tanto. Al final, aún siendo más sobria, "realista" (con un extra de comillas a las expuestas), comedida y "seudo-adulta", la vuelta de Connery sigue haciendo gala un humor puntual tirando a "too much" aunque, paradójicamente, funcione. Es especialmente llamativo en lo tocante a la "vejez" del agente secreto, que se ve obligado a acudir a un centro de salud para ponerse en forma. Allí comenzarán las primera pesquisas en lo que será su cometido el resto de la película ("Spectra" ha robado un par de cabezas nucleares con ayuda de un ricacho medio tarao y toca detenerlos). Si han visto "Nunca digas nunca jamás" coincidirán conmigo que el mejor gag cae en esos primeros treinta minutos, cuando el agente detiene a un mortal enemigo lazándole sus propios orines a la cara (interpretado por Pat Roach, hecho trizas vía hélice en la primera aventura de "Indiana Jones"). Aquello inducía al descojono general en las salas de cine, y lo sé porque estuve allí. Fui a ver "Nunca digas nunca jamás", acompañado de sendos familiares, cuando aterrizó en las Españas. Y, eso, recuerdo reacciones de notorio jolgorio con todos los toques humorísticos. También cuando el agente secreto y su némesis se enfrentan mediante un juego computeril donde deben bombardear países a cambio de dinero. El primero, definido como modesto, resulta ser España, valorado con la paupérrima cantidad de 9.000 dólares. Como digo, la platea entera se vino abajo (el cameo de nuesa piel de toro, entonces normalmente ignorada en esta clase de productos, tal vez esté justificado porque sirvió de plató para algunas porciones del film). Luego el cachondeito involuntario se va moderando.... o así era en 1983, porque, consumida hoy, resulta de lo más hilarante ver a un cincuentón "James Bond" provocar el supuramiento vaginal general allá andevaya. De verdad, es acojonante la facilidad de este (super)hombre a la hora de agenciarse mostrencas, aunque tengan chorromil años menos que él, caso de la coprotagonista, una espléndida Kim Basinger en su primer papel tocho. Todo ello hoy se consideraría bastante políticamente incorrecto, consecuente cantinela no por recurrente menos cierta. Complementan a la dupla una Barbara Carrera como el contrapunto cabrón femenino, la villana odiahombres especialmente sádica tan propia de las aventuras de 007 -pero que él se folla previamente a su confrontación, faltaría más- (como Grace Jones en "Panorama para matar" o Famke Janssen en "Goldeneye"), Klaus Maria Brandauer en el rol de odioso más carismático villano comandado por un Max Von Sydow -y su precioso gato blanco- encabezando "Spectra", Bernie Casey en plan compañero -negro- de "Bond", y Edward Fox como su encabritado superior, "M". Sorprende la presencia de un joven Rowan Atkinson incorporando el contrapunto payasístico extra.
Por supuesto, en esos entonces no teníamos ni pajolera idea de que aquel 007 era de "Hacendado" (con todos mis respetos hacia Connery). Cierto que me pareció raro no localizar la clásica intro a través del cañón de un pistola o la inconfundible música, pero, simplemente, nos limitamos a disfrutar del show. Sin complejos. ¿Y se puede, es disfrutable?. Sí, bastante. Tampoco hace vibrar ni entretiene de modo infalible, pero se deja consumir agradablemente y, bueno, digamos que queda a medio camino entre el "James Bond" más delirante y el más sobrio, sin llegar a los excesos melodramáticos corta-rollos de un Daniel Craig, donde, básicamente, se cargarán la esencia -al menos cinematográfica- del personaje, hasta el punto incluso de quitar la escena de los gadgets, bien presente en "Nunca digas nunca jamás", dentro de sus coordenadas algo más reposadas respecto a las del universo Moore, pero igualmente divertida y entrañable. No sé ustedes, pero yo echo de menos a ese agente doble cero.
Dirige el rey de los artesanos, Irvin Kershner.
Por supuesto, en esos entonces no teníamos ni pajolera idea de que aquel 007 era de "Hacendado" (con todos mis respetos hacia Connery). Cierto que me pareció raro no localizar la clásica intro a través del cañón de un pistola o la inconfundible música, pero, simplemente, nos limitamos a disfrutar del show. Sin complejos. ¿Y se puede, es disfrutable?. Sí, bastante. Tampoco hace vibrar ni entretiene de modo infalible, pero se deja consumir agradablemente y, bueno, digamos que queda a medio camino entre el "James Bond" más delirante y el más sobrio, sin llegar a los excesos melodramáticos corta-rollos de un Daniel Craig, donde, básicamente, se cargarán la esencia -al menos cinematográfica- del personaje, hasta el punto incluso de quitar la escena de los gadgets, bien presente en "Nunca digas nunca jamás", dentro de sus coordenadas algo más reposadas respecto a las del universo Moore, pero igualmente divertida y entrañable. No sé ustedes, pero yo echo de menos a ese agente doble cero.
Dirige el rey de los artesanos, Irvin Kershner.
sábado, 29 de noviembre de 2025
LASSITER
Tom Selleck vivió su pequeño momento de gloria en los ochenta protagonizando vehículos de lucimiento como "La gran ruta hacia China", "Runaway, brigada especial" -que podría ser la mejor del "pack"- y su verdadero "hit", "Tres solteros y un biberón". Bien, justo entre medias cae esta "Lassiter", donde interpreta a un experto ladrón de joyas presionado por las autoridades para, en pleno Londres del año 1939, mangar unos diamantes a los nazis. Deberá ganarse las atenciones de una pava de lo más pérfida, lo que creará un conflicto en su relación formal. Además, aquellos que le han hecho la comanda piensan meterle entre rejas cumpla o no su cometido, así pues se las tendrá que ingeniar para librarse de ellos.
Si "La gran ruta hacia China" era el seudo-"Indiana Jones" de Selleck (conllevando todo lo que conllevaba), "Lassiter" gastaría un poco tufo a "James Bond". Lo reconozco, está cogido con pinzas, pero algo hay. Ver al ex-"Magnum P.I." acudiendo a un casino con su smoking y dándoselas de antihéroe irresistible para las féminas, contribuye. La misma escena introductoria, con él robando en casa de un ricachón cuya joven y atractiva esposa le descubre y, lejos de denunciarle, se le ofrece carnalmente, también trae un poco a la mente los arranques de las aventuras del famoso agente secreto del cine. Sin embargo, él la rechaza. Y ¡cuidao! que la pava se queda en tetas ante sus ojos y los nuestros. Semejante gesto rompe con la idea preconcebida de que íbamos a consumir una de aventuras alegre y desenfadada, encontrándonos de bruces con un thriller serio y realista de tintes dramáticos destinado a plateas adultas. Dicho desnudo no es el único, el mismo Tom Selleck muestra su deseado trasero. Añadan al cocktail unas dosis de violencia justas pero contundentes y detalles perversos como las aficiones de la mujer fatal que guarda las preciadas joyas. Se pone cachonda con la sangre ajena y disfruta matando. Su introducción es especialmente llamativa, desnuda y clavándole un punzón en la nuca a su amante. A este le da (escueta) vida nada menos que David Warbeck, nuestro querido "star" del "exploitation" italiano. No le dejan lucirse demasiado, apenas dura tres minutos en pantalla, sin frase alguna, para terminar como cadáver desnudo en plena calle. Pobre hombre. Aunque no está solo. La pava del arranque, la que se ofrece a Selleck, es nada menos que Belinda Mayne, a la que has visto en marcianadas como "Alien 2", "No abrir hasta Navidad" o "White Fire". Curioso localizar en un mismo film "mainstream" -y en situación desinhibida- a dos rostros habituales del subproducto.
Completan la jugada, ya en categorías superiores, Jane Seymour (también desnuda, aunque de modo más sutil), el gran Bob Hoskins encarnando a un policía de tremenda mala leche, Lauren Hutton (igualmente en tetas y cepillándose -en todos los sentidos- a David Warbeck), Ed Lauter y Joe Regalbuto como ingenuo agente del "FBI". No mucho después se convertiría en el mejor amigo del "Halcón Callejero". Otro rostro complementario y curioso -además de los citados- es el de Warren Clarke en plan nazi cabrón -volveríamos a verle como uno de risas en "Top Secret". También formó parte de los "drugos" de "La naranja mecánica"-.
Produce -entre otros- Raymond Chow de "Golden Harvest", guioniza David Taylor (previamente co-firmó los libretos de "Volverse loco" y "Hanky Panky: Una fuga muy chiflada") y dirige Roger Young, caballero habituado a la caja tonta, medio que nunca lograría abandonar del todo (salvo puntuales incursiones en la gran pantalla como "Los tramposos de la loto" o "Besar el cielo"), por lo que, asumo, "Lassiter" funcionó tirando a mal. De ser así, podríamos culpar a su desubicación genérica, el no acabar de decidirse entre el thriller duro o la desenfadada aventura. Esas cosas siempre confunden a la audiencia lerda (que es la mayoría).
Vista hoy, pasa por efectivo producto de sobremesa, que ni deslumbra ni ofende. La consumí a la hora de mi siesta sin que los párpados descendieran un milímetro. Tómenlo como garantía.
Si "La gran ruta hacia China" era el seudo-"Indiana Jones" de Selleck (conllevando todo lo que conllevaba), "Lassiter" gastaría un poco tufo a "James Bond". Lo reconozco, está cogido con pinzas, pero algo hay. Ver al ex-"Magnum P.I." acudiendo a un casino con su smoking y dándoselas de antihéroe irresistible para las féminas, contribuye. La misma escena introductoria, con él robando en casa de un ricachón cuya joven y atractiva esposa le descubre y, lejos de denunciarle, se le ofrece carnalmente, también trae un poco a la mente los arranques de las aventuras del famoso agente secreto del cine. Sin embargo, él la rechaza. Y ¡cuidao! que la pava se queda en tetas ante sus ojos y los nuestros. Semejante gesto rompe con la idea preconcebida de que íbamos a consumir una de aventuras alegre y desenfadada, encontrándonos de bruces con un thriller serio y realista de tintes dramáticos destinado a plateas adultas. Dicho desnudo no es el único, el mismo Tom Selleck muestra su deseado trasero. Añadan al cocktail unas dosis de violencia justas pero contundentes y detalles perversos como las aficiones de la mujer fatal que guarda las preciadas joyas. Se pone cachonda con la sangre ajena y disfruta matando. Su introducción es especialmente llamativa, desnuda y clavándole un punzón en la nuca a su amante. A este le da (escueta) vida nada menos que David Warbeck, nuestro querido "star" del "exploitation" italiano. No le dejan lucirse demasiado, apenas dura tres minutos en pantalla, sin frase alguna, para terminar como cadáver desnudo en plena calle. Pobre hombre. Aunque no está solo. La pava del arranque, la que se ofrece a Selleck, es nada menos que Belinda Mayne, a la que has visto en marcianadas como "Alien 2", "No abrir hasta Navidad" o "White Fire". Curioso localizar en un mismo film "mainstream" -y en situación desinhibida- a dos rostros habituales del subproducto.
Completan la jugada, ya en categorías superiores, Jane Seymour (también desnuda, aunque de modo más sutil), el gran Bob Hoskins encarnando a un policía de tremenda mala leche, Lauren Hutton (igualmente en tetas y cepillándose -en todos los sentidos- a David Warbeck), Ed Lauter y Joe Regalbuto como ingenuo agente del "FBI". No mucho después se convertiría en el mejor amigo del "Halcón Callejero". Otro rostro complementario y curioso -además de los citados- es el de Warren Clarke en plan nazi cabrón -volveríamos a verle como uno de risas en "Top Secret". También formó parte de los "drugos" de "La naranja mecánica"-.
Produce -entre otros- Raymond Chow de "Golden Harvest", guioniza David Taylor (previamente co-firmó los libretos de "Volverse loco" y "Hanky Panky: Una fuga muy chiflada") y dirige Roger Young, caballero habituado a la caja tonta, medio que nunca lograría abandonar del todo (salvo puntuales incursiones en la gran pantalla como "Los tramposos de la loto" o "Besar el cielo"), por lo que, asumo, "Lassiter" funcionó tirando a mal. De ser así, podríamos culpar a su desubicación genérica, el no acabar de decidirse entre el thriller duro o la desenfadada aventura. Esas cosas siempre confunden a la audiencia lerda (que es la mayoría).
Vista hoy, pasa por efectivo producto de sobremesa, que ni deslumbra ni ofende. La consumí a la hora de mi siesta sin que los párpados descendieran un milímetro. Tómenlo como garantía.
sábado, 6 de septiembre de 2025
LA LOCA PANDILLA DE CHRIS COLUMBUS 1493 1/69...
En 1992 se cumplían quinientos años del descubrimiento de las américas por parte de Cristóbal Colón, y el cine se sumaba oportunamente a la celebración con varias películas. Teníamos la solemne y aspirante al trono del prestigio, "1492: La Conquista del Paraíso" según Ridley Scott. Y luego estaba "Cristóbal Colón: El Descubrimiento" de John Glen, que era así como la versión más Hollywood (en la época se decía despectivamente que incluía amoríos, combates a espada y demás zarandaja aventurera). En cualquier caso, no puedo opinar porque no llegué a ver ninguna de las dos. Yo y casi nadie, ya que fracasaron a su paso por salas. Lo que sí puedo aportar es que hubo una más, no tan conocida, "La loca pandilla de Chris Columbus 1493 1/69...". Podría dármelas de enrollao afirmando que era mejor que las otras... pero lo dudo. Y mucho.
Para hablar de ella, antes toca hacerlo de la franquicia a la que pertenece -en versión original-, la de "Carry on....". Una saga interminable de productos de comedia eminentemente británica que arrancó a finales de los 50 y se mantuvo hasta casi finiquitados los 70. De espíritu "music hall", populacheras y con una serie de nombres fijos -delante y detrás de las cámaras-, la serie "Carry on..." hacía chanza de cualquier tema de actualidad, fuese social, político o cinematográfico. Llegaron a parodiar sagas como las de "James Bond" o incluso "Emmanuelle" -titulada aquí "Jugando a Emmanuelle"-. Justo esta fue la que, tras 30 películas (más telefilms, especiales y obras teatrales), puso fin a la marca en 1978. Hasta que 14 añazos después se tuvo la poco afortunada idea de revivirla, coincidiendo, como decía, con la celebración del descubrimiento de américa. Así las cosas, tenemos un "Carry on Columbus" (¡Olé al título patrio!. Nótese la inclusión de un "1493 1/69" en evidente referencia a las graciosas numeraciones de las secuelas de "Agárralo como puedas") que, aún conservando a algunos de los supervivientes de la generación original (los que no, o estaban muertos o vieron que la cosa pintaba fatal y decidieron mantenerse al margen), pretendieron "modernizar" el asunto fichando a cómicos "del momento", especialmente varios surgidos de "The Comic Strip" -y, por tanto, la serie "The Young Ones"- como Rik Mayall, Nigel Planer y Alexei Sayle. Al colaborador habitual de "Monty Python", John Du Prez, para la banda sonora (no es el único, también está el productor John Goldstone, quien hizo lo suyo con las pelis del sexteto). Y a Malcom McLaren, célebre manager de los "Sex Pistols", para que se currara una canción temática que suena muy estridente y "chunda-chunda" en los créditos finales de esta.... ¿cómo decirlo?.... esta tragedia. Es curioso que, con la buena prensa que gasta la comedia inglesa, cuando no atina se convierte justo en lo contrario, auténtica bazofia (un caso que me recuerda mucho a "Los desmadrados piratas de Barba Amarilla"). Poco importaba que contaran con Mayall, Planer, Sayle o la madre que los parió si los guionistas, Dave Freeman y John Antrobus, en 1992 eran ya un par de vejestorios con experiencia en "Carry ons" previos -y de los primigenios- y, por tanto, un sentido del humor anticuado. Exactamente lo mismo que el director, Gerald Thomas, quien se opuso bordemente a los métodos improvisatorios del "cast" más joven.El problema de "La loca pandilla de Chris Columbus 1493 1/69..." no es que se vea pobretona y cutre (gasta un aire telefílmico y teatrero muy tocho, en parte gracias a esos decorados super-artificiales que cantan como una almeja), o apueste por chistes picantes de barra de bar (una de las características reconocibles de la franquicia), o se pase los hechos históricos por el forro de los cojones (Colón cuenta únicamente con una carabela -aunque eso será por cuestiones presupuestarias-, a los Pinzones no los vemos por ningún lado, durante el viaje se topan un barco fantasma, etc, etc...), o pueda pecar de políticamente incorrecta (algo a considerar como favorable, aunque en realidad pintan a los indios más listos y espabilados que aquellos que les descubren), el problema es que, quitando un par o tres de gags, no hace ninguna gracia y, además, le pesa el culo de mala manera. Ritmo escaso, dirección plana como el coeficiente de un "Otaku", insípida, acartonada, rancia.... nada ayuda a que "La loca pandilla... bla, bla" se limite a ser, única y exclusivamente, una curiosidad. Para testimoniar su existencia y olvidarla a velocidad de la luz.
En el reparto destacan otros nombres interesantes como los de Burt Kwouk (el "Cato" de la saga de "La Pantera Rosa"), Martin Clunes, Bernard Cribbins, Jon Pertwee (uno de los varios "Dr.Who"), Julian Clary (con un remalazo notable a Jim Parsons. Encima interpreta a una marica loca, lo que incrementa el asunto) o el inquietante careto de Charles Fleischer (lo has visto en mogollón de films bien populares, aunque a mí me llamó la atención -porque daba mal rollo- en el "Zodiac" de David Fincher. No obstante, se le conoce especialmente como la voz de "Roger Rabbit", nada menos). Mentaría a los veteranos del "Carryonismo" pero, en fin, me da pereza ponerme a buscar.
A pesar del descalabro financiero y crítico, a finales de los 2010 hubo un nuevo intento de revivir el asunto. Uno que, muy sabiamente, detuvo el Covid-19. Bueno, oye, algo bueno tenía que aportar ¿no?. Aunque nada garantiza que dejen de insistir. A veces, es mejor estar muerto...
sábado, 19 de julio de 2025
BERT RIGBY, YOU´RE A FOOL
En un pequeño pueblo minero inglés vive enamorado de los viejos musicales de Fred Astaire y Gene Kelly, "Bert Rigby", al que le chifla cantar y bailar. Además, lo hace bastante bien. Su sueño consiste en devolverle la dignidad al cine local, convertido ahora en un bingo. Un día se presenta a un concurso de aficionados y causa sensación, por lo que pasa a ser fijo del espectáculo. En pleno tour, un director yanki de publicidad lo ve y decide llevárselo a Hollywood, donde las cosas le irán de mal en peor.
Curiosa y poco conocida comedia semi-musical del año 1989 con todo un peso pesado orquestándola, Carl Reiner, afamado hombre de comedia que, en su faceta como director, firmó algunos títulos de indiscutible solera, veámoslos: "¿Dónde está papá?" o la divertidísima "Un loco anda suelto", inicio de una aventura colaborativa junto a Steve Martin, con quien seguidamente haría "Cliente muerto no paga", "Un genio con dos cerebros" y "Dos veces yo". Terminada la asociación, Reiner firmó "Bert Girby, you´re a fool" entre "Malditas Vacaciones" (cambiando a Steve Martin por John Candy), la actualmente "cult-movie" "Loca juerga tropical", "Hay un muerto en mi cama" y "Distracción Fatal". Entonces, ante semejante reguero de títulos cuanto menos populares y recurrentes, ¿¿cómo es que casi nunca habías oído hablar de la reseñada??, pues porque fue un fracasazo de proporciones épicas. Según "la secre", hubo un cine concreto que, ante el desolador panorama, decidió ahorrar electricidad el resto de jornadas programadas, apagando el proyector y las luces de una sala siempre vacía. Por todo eso, suponemos, "Bert Rigby, you´re a fool" nunca llegó a España. Ni se estrenó en salas, ni salió en vídeo. Únicamente fue emitida bastantes años después, subtitulada, en un canal digital con el título de "Bert Rigby, eres un tonto" (traducción literal del original) y actualmente consta en redes como "Bert Rigby, estás loco".
Bueno, ¿y tan mala es?. Pues no, la verdad. Se trata de una comedia amable, no exenta de sus gags un pelín picantones / cabroncetes. Producida por "Warner". Bien parida técnicamente. Decentemente interpretada... vamos, que tiene toda la pinta de un producto "mainstream" listo para ser consumido sin problemas. Y sí, funciona. Entretiene, sonríes con algunos momentos... en fin, es agradable de ver. Pero, y ese creo que fue su gran "fallo", se percibe como anticuada. Esa reivindicación constante y continua a los clásicos muuuy clásicos, los números musicales canturreando temas de idéntico origen y época, pues difícilmente iba a conectar con las plateas de 1989. Lo que no deja de ser curioso porque en la misma trama se hace mención a ello. Uno de los "spots" que interpreta "Bert Rigby", imitando a Buster Keaton, es cancelado porque, según las encuestas, los jóvenes no saben quien es este último. Francamente, lo dudo -de 1989-. Hoy -en pleno 2025- ya sería otro cantar.
Podríamos achacarle también cierta hipocresía. Ya se saben el cuento: es mejor ser un pringadillo sin un duro pero feliz con tu pareja y vida sencilla, que lograr fama, éxito y dinero a espuertas. Ya, claro. Siempre me ha resultado cómico que tales "mensajes moralistas" surjan de mentes perfectamente arrulladas por ese mismo binomio infernal de "éxito + dinero". Los veo escribiendo en sus amplias mansiones, junto a la piscina, deseando contentar a la plebe que, a fin de cuentas, es la que paga entrada y, por ende, la que le permite pegarse semejante vidorra. Así pues, mejor celebrar la insignificancia. Es "más comercial".
Se deja el alma canturreando y dando brincos Robert Lindsay, actor inglés que no ha parado de currar, aunque casi siempre para la caja tonta. Le acompañan una sobreactuada y cargante Anne Bancroft (probablemente enchufada, no olvidemos que era la esposa de Mel Brooks, amiguísimo y eventual colaborador de Carl Reiner). Robbie Coltrane, quien alcanzaría notoriedad no mucho antes de palmar por su papel de "Rubeus Hagrid" en las pelis de "Harry Potter" o como el mafioso ruso "Valentin Zukovsky" en dos del "James Bond" noventero. Bruno Kirby y el televisivo Corbin Bernsen. El oscuro grupo de "art-punk" "Slaughterhouse 5" aparece tocando y la dirección fotográfica corre a cargo de Jan de Bont.
La historia, así como la presencia de Robbie Coltrane, me han traído a la memoria cierto producto de comedia inglesa televisiva, producida un año antes de "Bert Rigby, you´re a fool" y emitida en "TV3" no mucho después. Todo giraba en torno a otro pueblo minero del Reino Unido, donde uno de sus currelas escribe un guion titulado "The Strike" ("La Huelga", también se habla de ello en el film de Reiner) que consigue interesar a Hollywood. Estos mandan toda una troupe de personal dispuesto a rodar la película y, no solo ponen patas parriba el lugar, comienzan a introducir cambios en el guion para hacerlo más comercial, con escenas de acción y demás americanadas. Me llamó la atención, esencialmente, porque el reparto incluía a muchos de los actores habituales de la legendaria serie "The Young Ones" y es que, en esencia, se trataba de una creación del grupo al que aquellos pertenecieron (junto a Coltrane), "The Comic Strip". El asunto en sí parodiaba muy evidentemente el cine yanki de la época, con su tendencia al espectáculo exacerbado e incluía a unos Al Pacino y Meryl Streep de cucamona en plan divo. Molaría recuperarlo. El parecido formal con la peli reseñada, y la proximidad de fechas (más la presencia de uno de sus actores), lo hace todo un pelo sospechoso. ¿Copia, casualidad?... a saber.
Bueno, ¿y tan mala es?. Pues no, la verdad. Se trata de una comedia amable, no exenta de sus gags un pelín picantones / cabroncetes. Producida por "Warner". Bien parida técnicamente. Decentemente interpretada... vamos, que tiene toda la pinta de un producto "mainstream" listo para ser consumido sin problemas. Y sí, funciona. Entretiene, sonríes con algunos momentos... en fin, es agradable de ver. Pero, y ese creo que fue su gran "fallo", se percibe como anticuada. Esa reivindicación constante y continua a los clásicos muuuy clásicos, los números musicales canturreando temas de idéntico origen y época, pues difícilmente iba a conectar con las plateas de 1989. Lo que no deja de ser curioso porque en la misma trama se hace mención a ello. Uno de los "spots" que interpreta "Bert Rigby", imitando a Buster Keaton, es cancelado porque, según las encuestas, los jóvenes no saben quien es este último. Francamente, lo dudo -de 1989-. Hoy -en pleno 2025- ya sería otro cantar.
Podríamos achacarle también cierta hipocresía. Ya se saben el cuento: es mejor ser un pringadillo sin un duro pero feliz con tu pareja y vida sencilla, que lograr fama, éxito y dinero a espuertas. Ya, claro. Siempre me ha resultado cómico que tales "mensajes moralistas" surjan de mentes perfectamente arrulladas por ese mismo binomio infernal de "éxito + dinero". Los veo escribiendo en sus amplias mansiones, junto a la piscina, deseando contentar a la plebe que, a fin de cuentas, es la que paga entrada y, por ende, la que le permite pegarse semejante vidorra. Así pues, mejor celebrar la insignificancia. Es "más comercial".
Se deja el alma canturreando y dando brincos Robert Lindsay, actor inglés que no ha parado de currar, aunque casi siempre para la caja tonta. Le acompañan una sobreactuada y cargante Anne Bancroft (probablemente enchufada, no olvidemos que era la esposa de Mel Brooks, amiguísimo y eventual colaborador de Carl Reiner). Robbie Coltrane, quien alcanzaría notoriedad no mucho antes de palmar por su papel de "Rubeus Hagrid" en las pelis de "Harry Potter" o como el mafioso ruso "Valentin Zukovsky" en dos del "James Bond" noventero. Bruno Kirby y el televisivo Corbin Bernsen. El oscuro grupo de "art-punk" "Slaughterhouse 5" aparece tocando y la dirección fotográfica corre a cargo de Jan de Bont.
La historia, así como la presencia de Robbie Coltrane, me han traído a la memoria cierto producto de comedia inglesa televisiva, producida un año antes de "Bert Rigby, you´re a fool" y emitida en "TV3" no mucho después. Todo giraba en torno a otro pueblo minero del Reino Unido, donde uno de sus currelas escribe un guion titulado "The Strike" ("La Huelga", también se habla de ello en el film de Reiner) que consigue interesar a Hollywood. Estos mandan toda una troupe de personal dispuesto a rodar la película y, no solo ponen patas parriba el lugar, comienzan a introducir cambios en el guion para hacerlo más comercial, con escenas de acción y demás americanadas. Me llamó la atención, esencialmente, porque el reparto incluía a muchos de los actores habituales de la legendaria serie "The Young Ones" y es que, en esencia, se trataba de una creación del grupo al que aquellos pertenecieron (junto a Coltrane), "The Comic Strip". El asunto en sí parodiaba muy evidentemente el cine yanki de la época, con su tendencia al espectáculo exacerbado e incluía a unos Al Pacino y Meryl Streep de cucamona en plan divo. Molaría recuperarlo. El parecido formal con la peli reseñada, y la proximidad de fechas (más la presencia de uno de sus actores), lo hace todo un pelo sospechoso. ¿Copia, casualidad?... a saber.
En cualquier caso "Bert Rigby, you´re a fool" sigue siendo, cuanto menos, un eficiente mata-ratos.
sábado, 5 de abril de 2025
TRAXX
Ya que últimamente he largado tanto sobre mi juvenil obsesión justiciera, ha llegado el momento de echar mano de una película que me llevaba loco, aunque no entiendo el motivo. Anduvo reseñada por acá en los albores de este blog y terminó reciclada / estampada -no muy certeramente- en las páginas de "Malas pero divertidas". Les estoy hablando de "Traxx", producción del año 1988 cuya finalidad consistía en, por un lado, convertir en estrella cinematográfica a una personalidad mediática en los USA, aquí cero conocida, de nombre Shadoe Stevens y, por otro, parodiar alegremente el género que nos interesa, con continuas alusiones a "Harry Callahan", "Rambo" y demás.
Contado así, por encima, el argumento no dista nada de cualquier producto serio sobre vengadores urbanos: Traxx es expulsado de la policía por sus violentas maneras. Ello le obliga a convertirse en mercenario, participando en cualquier guerra disponible. No obstante, un día, cansado, decide abandonar y regresar al hogar. Allí descubrirá que el crimen se ha apoderado de todo, por lo que desempolva las armas y toma medidas. El capo de la mafia local contratará a unos asesinos implacables para ponérselo difícil.
Bien, ahora añadan detalles como que, en su retiro, Traxx decide dedicarse a cocinar galletas (cosa que se le da fatal). O que nunca sale herido de ninguna refriega, aniquilando a sus enemigos con mortal precisión sin perder esa blanca sonrisa suya, una a juego con unos brillantes ojos azules y sendas chollas rubias dolorosamente ochenteras (como toda la película en sí, incluidas las canciones seudo-funky). Deduzco que mi mediana obsesión tendría algo que ver con la exagerada condición semi-superhumana del personaje, pues hasta cierto punto le emparentaba con otra fijación recurrente, "Charles Bind". Todo ello remojado a base de un humor muy muy tonto, algo políticamente incorrecto (con gags en los que fenecen impedidos u otros de orden semi-homofóbico sin desperdicio. "Mata a esta maricona", ordena el capo a uno de sus esbirros cuando ve las amaneradas maneras de su estilista) y ciertas similitudes con el universo Troma que en la época me pasaron totalmente desapercibidas. No hacía tanto que "El Vengador Tóxico" lo había petado y, oiga, ¿¿por qué no??. Traxx es también un justiciero dedicado en cuerpo y alma a limpiar de escoria una ciudad sumida en el caos, con gente cayendo por las ventanas, grotescas bandas criminales en cada esquina y villanos de pura caricatura. El pueblo llano le adora y compra camisetas con su imagen. Incluso hay ciertas transiciones a base de canción horterilla en las que le vemos triunfar en su gesta, igual que ocurría con las desventuras del deforme "Melvin". Incrementado todo ello por el tufo a desmadre y unos actores exagerando sus interpretaciones a base de mueca y exceso (atención al "hijo punki" del capo y su estrafalario aspecto). La escabechina es menos licuosa que en un film de la (ex)factoría de New Jersey, pero está presente. Los muertos se suman por decenas. También asoman algunas breves ubres. Y hay buenos gags. Me encanta el principio, con unos tipos tomando por rehenes a los animales de una tienda. Llega Traxx, se carga a los criminales y cuando su superior le recrimina, él exclama "Dígale eso a la madre del perrito muerto". Igualmente funciona muy bien la inesperada y estupidísima defunción del capo mafioso. Aunque, en general, y a pesar de los esfuerzos, lo más que consiguen sacarte es una sonrisilla afectuosa. La salva de ser un desastre total el que, con tanta locura, no resulte demasiado previsible. Tiene cierta capacidad de sorprender, aunque sea a base de sacrificar una historia genuinamente interesante. Defecto que conocían muy bien los reyes del "spoof", los ZAZ (en paz descanse la A) y, por ello, siempre procuraban dejar una buena base bien escrita antes de comenzar a trufarla de ocurrencias absurdas (por cierto, Shadoe Stevens llegó a colaborar con ellos, prestando su radiofónica voz para "Made in USA", nada menos). Decía que el film no es un desastre completo.... creativamente hablando, pero sí financieramente. De ahí que Stevens nunca despegara como comediante cinematográfico. El mismo año que hizo "Traxx" participó en "El superdetective de la costa oeste" (producto televisivo distribuido en España como si fuesen dos películas) y regresó a la gran pantalla durante los 90 junto a Billy Cristal en "El showman de los sábados" (eso sí, mediante rol diminuto), pero sería la última vez. A partir de ahí mutó en carne de caja tonta, desarrollando paralelamente otras actividades como radio -su especialidad- o escribir libros para críos. Entre la roña previa hay una joyita que merece ser destacada, "Shadoevision" de 1986, telefilm ultra-barato hoy casi inencontrable a mayor gloria del individuo. Una comedia de ciencia ficción dirigida nada menos que por ¡Chuck Cirino! (y con cameo coleguero de Jon Lovitz).
El resto del reparto de "Traxx" no tiene desperdicio. La chica guapa es Priscilla Barnes, actriz que a lo largo de su carrera ha alternado mucho telefilm, alguna película de cierta solera ("Mallrats", "Mumford, algo va a cambiar tu vida", "Los renegados del diablo") y una variada gama de subproductos según las artes de Roger Corman, Fred Olen Ray, Jeff Leroy o la productora "TomCat Films". Entre los títulos destacados de su currículum localizamos "Licencia para matar", el fracasado intento de modernizar a "James Bond". Allí coincidió por segunda vez con uno de los rostros más reconocibles de "Traxx", Robert Davi. También te sonarán los de Willard E. Pugh -el alcalde de "Robocop 2"-, John Hancock, Hugh Gillin, la mirada de loco de Raymond O'Connor y Wally Amos.
Como director Jerome Gary nunca hizo, ni ha hecho, gran cosa (incluida la reseñada). Por contra, en tareas de productor su nombre va asociado a "Pumping Iron", el documental a mayor gloria de un jovenzuelo Arnold Schwarzenegger. Y, justo, este es el protagonista de uno de los guiones previos de Gary DeVore, responsable del libreto de "Traxx", "Ejecutor". Debía de ser colega de su director, John Irvin, porque para él también escribió "Los perros de la guerra". Otra de sus amistades recurrentes era Peter Hyams, a quien le tecleó "Apunta, dispara... y corre" y supervisó "Timecop", "Muerte Súbita" y "The Relic". El último libreto original de DeVore fue "Pentathlon", tardío vehículo de lucimiento para Dolph Lundgren dirigido por Bruce Malmuth.
Lo crean o no, "Traxx" lleva el sello "De Laurentiis Entertainment Group".
Contado así, por encima, el argumento no dista nada de cualquier producto serio sobre vengadores urbanos: Traxx es expulsado de la policía por sus violentas maneras. Ello le obliga a convertirse en mercenario, participando en cualquier guerra disponible. No obstante, un día, cansado, decide abandonar y regresar al hogar. Allí descubrirá que el crimen se ha apoderado de todo, por lo que desempolva las armas y toma medidas. El capo de la mafia local contratará a unos asesinos implacables para ponérselo difícil.
Bien, ahora añadan detalles como que, en su retiro, Traxx decide dedicarse a cocinar galletas (cosa que se le da fatal). O que nunca sale herido de ninguna refriega, aniquilando a sus enemigos con mortal precisión sin perder esa blanca sonrisa suya, una a juego con unos brillantes ojos azules y sendas chollas rubias dolorosamente ochenteras (como toda la película en sí, incluidas las canciones seudo-funky). Deduzco que mi mediana obsesión tendría algo que ver con la exagerada condición semi-superhumana del personaje, pues hasta cierto punto le emparentaba con otra fijación recurrente, "Charles Bind". Todo ello remojado a base de un humor muy muy tonto, algo políticamente incorrecto (con gags en los que fenecen impedidos u otros de orden semi-homofóbico sin desperdicio. "Mata a esta maricona", ordena el capo a uno de sus esbirros cuando ve las amaneradas maneras de su estilista) y ciertas similitudes con el universo Troma que en la época me pasaron totalmente desapercibidas. No hacía tanto que "El Vengador Tóxico" lo había petado y, oiga, ¿¿por qué no??. Traxx es también un justiciero dedicado en cuerpo y alma a limpiar de escoria una ciudad sumida en el caos, con gente cayendo por las ventanas, grotescas bandas criminales en cada esquina y villanos de pura caricatura. El pueblo llano le adora y compra camisetas con su imagen. Incluso hay ciertas transiciones a base de canción horterilla en las que le vemos triunfar en su gesta, igual que ocurría con las desventuras del deforme "Melvin". Incrementado todo ello por el tufo a desmadre y unos actores exagerando sus interpretaciones a base de mueca y exceso (atención al "hijo punki" del capo y su estrafalario aspecto). La escabechina es menos licuosa que en un film de la (ex)factoría de New Jersey, pero está presente. Los muertos se suman por decenas. También asoman algunas breves ubres. Y hay buenos gags. Me encanta el principio, con unos tipos tomando por rehenes a los animales de una tienda. Llega Traxx, se carga a los criminales y cuando su superior le recrimina, él exclama "Dígale eso a la madre del perrito muerto". Igualmente funciona muy bien la inesperada y estupidísima defunción del capo mafioso. Aunque, en general, y a pesar de los esfuerzos, lo más que consiguen sacarte es una sonrisilla afectuosa. La salva de ser un desastre total el que, con tanta locura, no resulte demasiado previsible. Tiene cierta capacidad de sorprender, aunque sea a base de sacrificar una historia genuinamente interesante. Defecto que conocían muy bien los reyes del "spoof", los ZAZ (en paz descanse la A) y, por ello, siempre procuraban dejar una buena base bien escrita antes de comenzar a trufarla de ocurrencias absurdas (por cierto, Shadoe Stevens llegó a colaborar con ellos, prestando su radiofónica voz para "Made in USA", nada menos). Decía que el film no es un desastre completo.... creativamente hablando, pero sí financieramente. De ahí que Stevens nunca despegara como comediante cinematográfico. El mismo año que hizo "Traxx" participó en "El superdetective de la costa oeste" (producto televisivo distribuido en España como si fuesen dos películas) y regresó a la gran pantalla durante los 90 junto a Billy Cristal en "El showman de los sábados" (eso sí, mediante rol diminuto), pero sería la última vez. A partir de ahí mutó en carne de caja tonta, desarrollando paralelamente otras actividades como radio -su especialidad- o escribir libros para críos. Entre la roña previa hay una joyita que merece ser destacada, "Shadoevision" de 1986, telefilm ultra-barato hoy casi inencontrable a mayor gloria del individuo. Una comedia de ciencia ficción dirigida nada menos que por ¡Chuck Cirino! (y con cameo coleguero de Jon Lovitz).
El resto del reparto de "Traxx" no tiene desperdicio. La chica guapa es Priscilla Barnes, actriz que a lo largo de su carrera ha alternado mucho telefilm, alguna película de cierta solera ("Mallrats", "Mumford, algo va a cambiar tu vida", "Los renegados del diablo") y una variada gama de subproductos según las artes de Roger Corman, Fred Olen Ray, Jeff Leroy o la productora "TomCat Films". Entre los títulos destacados de su currículum localizamos "Licencia para matar", el fracasado intento de modernizar a "James Bond". Allí coincidió por segunda vez con uno de los rostros más reconocibles de "Traxx", Robert Davi. También te sonarán los de Willard E. Pugh -el alcalde de "Robocop 2"-, John Hancock, Hugh Gillin, la mirada de loco de Raymond O'Connor y Wally Amos.
Como director Jerome Gary nunca hizo, ni ha hecho, gran cosa (incluida la reseñada). Por contra, en tareas de productor su nombre va asociado a "Pumping Iron", el documental a mayor gloria de un jovenzuelo Arnold Schwarzenegger. Y, justo, este es el protagonista de uno de los guiones previos de Gary DeVore, responsable del libreto de "Traxx", "Ejecutor". Debía de ser colega de su director, John Irvin, porque para él también escribió "Los perros de la guerra". Otra de sus amistades recurrentes era Peter Hyams, a quien le tecleó "Apunta, dispara... y corre" y supervisó "Timecop", "Muerte Súbita" y "The Relic". El último libreto original de DeVore fue "Pentathlon", tardío vehículo de lucimiento para Dolph Lundgren dirigido por Bruce Malmuth.
Lo crean o no, "Traxx" lleva el sello "De Laurentiis Entertainment Group".
sábado, 28 de septiembre de 2024
EL ARCA DEL DIOS DEL SOL
Hace un par de semanas hablábamos de David Warbeck, y aquí lo tenemos de nuevo, perfectamente integrado en el exploitation made in italy. Justo, si a algo hemos dedicado letras y más letras en este blog ha sido al oportunismo cinematográfico, el plagio -italoparlante o no-, los mockbusters -cuando eran "divertidos"-, etc, etc, etc. Siempre resulta de lo más dicharachero y disfrutoso. Pero si nos dejamos de risitas nerviosas y actitudes arrogantes y/o soberbias, y lo miramos con frialdad, intentando ser analíticos, la verdad es que cuesta comprender cómo una serie de señores invirtieron dinero, tiempo, trabajo, recursos y demás zarandajas logísticas en facturar algo que ellos mismos sabían robaba de otras películas y, además, del modo más rastrero. No sé, puestos a dejarse el coño confeccionando un largometraje, ¿no tiene más sentido proceder con algo TUYO? tampoco hablo de rollo autoral, hablo de un producto comercial pero en el que desarrolles un tema, historia o maneras de tu paternidad, sin mimetizar a nadie. Y no me vendan la moto del homenaje / guiño fanatista, aquel que procede por admiración hacia el éxito de turno, porque eso no existía en la época dorada de la explotación y a sus artífices les molaban más los billetes verdes que el cine (y en caso de ser el amor hacia este el motor, por cuestiones generacionales su fanatismo apuntaría a títulos clásicos de décadas previas).
La incomprensión de todo ello se acrecienta cuando, encima, la película resultante NO se parece tantísimo a la copiada. Incluso gasta sus propias virtudes y algo de dignidad. Por ejemplo, me viene a la mente ese famoso "Alien 2" de Ciro Ippolito (y Biagio Proietti), con conexión nivel CERO respecto al clásico de Ridley Scott. Entonces, ¿por qué titularlo así? Sí, te aseguras ciertas ganancias de cara a la taquilla pero, en realidad, le estás restando méritos a algo que podría tener entidad propia (se podría esgrimir que a sus responsables les importaba tan poco ese posible reconocimiento autoral, como el cabreo del público al considerarse engañado, siempre y cuando el montante chorreara generosamente).
Todo este rollo me atusó las meninges durante los créditos iniciales de "El arca del dios del sol" (era eso, o sufrir la horripilante canción que los acompaña) uno de los dos exploits perpetrados por Antonio Margheriti a la sombra de "En busca del arca perdida". Y especifico "En busca del arca perdida" porque es un dato que incluso despierta en mí cierta fascinación: Por entonces, el icono que con los años supuso "Indiana Jones" todavía no se había desarrollado. Eso ocurriría, sobre todo, a partir de su segunda película en 1984. Antes, y especialmente con 1981 todavía cerquita, lo suyo consistía en imitar el gran éxito de Hollywood, y ese era "En busca del arca perdida", una de aventuras con regusto clásico a base de tesoros ocultos en tumbas repletas de trampas, parajes exóticos y un prota guaperas que no importaba mucho si se llamaba "Indiana" o Ramón o Bonifacio, y tampoco si llevaba sombrero de ala, látigo o macuto.
Ya, ya, todo este pajillismo lo solté cuando, justo, publiqué los fotocromos de "Los aventureros del tesoro perdido", primera de las dos aportaciones firmadas por don Margheriti, "regista" clásico del cine popular italiano, quien supo ver perfectamente la deuda de la creación de Spielberg / Lucas con "James Bond", de ahí que "El arca del dios del sol" chupe también un poco de este y, literalmente, le mencione en un diálogo.
Aquí el prota es un ladrón de guante blanco al que contratan para localizar un tesoro legendario que, se supone, dispone de poderes mágicos (aunque nunca lleguemos a verlos en acción) En el trayecto deberá enfrentarse a una especie de secta de turcos tarados dispuestos a arrebatárselo.
Todo ello a las maneras de como se lo montaban los fetuccini en 1984, pero relativamente bien. "El arca del dios del sol" (que cuenta con una maravillosa caratula de vídeo, algo tramposilla -la jodida arca es casi idéntica a la que buscaba el "Dr.Jones"-, capaz de disparar la imaginación del teenager que era yo cuando la sujetaba entre mis cayosas y temblorosas manos. Se la dejamos enterita al final, cortesía de Mr.Enorm) es soportable. Tiene su ritmo decente. Sus escenas de acción más o menos llevaderas (destacando el uso y abuso de maquetas para las persecuciones de automóviles, táctica esta que se la ponía morcillona a Margheriti. Y con razón, la cosa está bastante bien), peleas un poco torpes pero simpáticas, y toda la parte propiamente rollo "arca perdida", a base de templo maldito, lava, oro, momias y trampichuelas. Destacar, como curiosidad, la escena en la que el prota y su socio se meten en unas alcantarillas infestadas de ratas, materia que veríamos unos años después en, justo, el tercer "Indiana Jones" (la diferencia es que, en esta, evitan maltratar a las criaturas, mientras que a los italianos les importa un pimiento).
El reparto es perfecto. El sueño húmedo de cualquier devoto de la explotación transalpina. Mister Warbeck, con ese jeto de héroe de comic, dando vida al ladrón aventurero y haciendo gala de sus notables limitaciones interpretativas, a base de muchas cucamonas. Le sigue un inmenso Ricardo Palacios, replicando un poco el rol de John Rhys-Davies en la epopeya Spielbergiana, y otro par de legendarios, John Steiner y Luciano Pigozzi / Alan Collins. Cierra el círculo la supuesta novia del héroe, Susie Sudlow en su única película, que, como dato característico y máximo gracejo, se pasa el puto largometraje entero perfectamente maquillada, sin importar la situación (sea de buena mañana recién despierta, sea en medio del caos aventurero...).
Un agradable divertimento beneficiado, muuuuy beneficiado, por el efecto nostalgia.
La incomprensión de todo ello se acrecienta cuando, encima, la película resultante NO se parece tantísimo a la copiada. Incluso gasta sus propias virtudes y algo de dignidad. Por ejemplo, me viene a la mente ese famoso "Alien 2" de Ciro Ippolito (y Biagio Proietti), con conexión nivel CERO respecto al clásico de Ridley Scott. Entonces, ¿por qué titularlo así? Sí, te aseguras ciertas ganancias de cara a la taquilla pero, en realidad, le estás restando méritos a algo que podría tener entidad propia (se podría esgrimir que a sus responsables les importaba tan poco ese posible reconocimiento autoral, como el cabreo del público al considerarse engañado, siempre y cuando el montante chorreara generosamente).
Todo este rollo me atusó las meninges durante los créditos iniciales de "El arca del dios del sol" (era eso, o sufrir la horripilante canción que los acompaña) uno de los dos exploits perpetrados por Antonio Margheriti a la sombra de "En busca del arca perdida". Y especifico "En busca del arca perdida" porque es un dato que incluso despierta en mí cierta fascinación: Por entonces, el icono que con los años supuso "Indiana Jones" todavía no se había desarrollado. Eso ocurriría, sobre todo, a partir de su segunda película en 1984. Antes, y especialmente con 1981 todavía cerquita, lo suyo consistía en imitar el gran éxito de Hollywood, y ese era "En busca del arca perdida", una de aventuras con regusto clásico a base de tesoros ocultos en tumbas repletas de trampas, parajes exóticos y un prota guaperas que no importaba mucho si se llamaba "Indiana" o Ramón o Bonifacio, y tampoco si llevaba sombrero de ala, látigo o macuto.
Ya, ya, todo este pajillismo lo solté cuando, justo, publiqué los fotocromos de "Los aventureros del tesoro perdido", primera de las dos aportaciones firmadas por don Margheriti, "regista" clásico del cine popular italiano, quien supo ver perfectamente la deuda de la creación de Spielberg / Lucas con "James Bond", de ahí que "El arca del dios del sol" chupe también un poco de este y, literalmente, le mencione en un diálogo.
Aquí el prota es un ladrón de guante blanco al que contratan para localizar un tesoro legendario que, se supone, dispone de poderes mágicos (aunque nunca lleguemos a verlos en acción) En el trayecto deberá enfrentarse a una especie de secta de turcos tarados dispuestos a arrebatárselo.
Todo ello a las maneras de como se lo montaban los fetuccini en 1984, pero relativamente bien. "El arca del dios del sol" (que cuenta con una maravillosa caratula de vídeo, algo tramposilla -la jodida arca es casi idéntica a la que buscaba el "Dr.Jones"-, capaz de disparar la imaginación del teenager que era yo cuando la sujetaba entre mis cayosas y temblorosas manos. Se la dejamos enterita al final, cortesía de Mr.Enorm) es soportable. Tiene su ritmo decente. Sus escenas de acción más o menos llevaderas (destacando el uso y abuso de maquetas para las persecuciones de automóviles, táctica esta que se la ponía morcillona a Margheriti. Y con razón, la cosa está bastante bien), peleas un poco torpes pero simpáticas, y toda la parte propiamente rollo "arca perdida", a base de templo maldito, lava, oro, momias y trampichuelas. Destacar, como curiosidad, la escena en la que el prota y su socio se meten en unas alcantarillas infestadas de ratas, materia que veríamos unos años después en, justo, el tercer "Indiana Jones" (la diferencia es que, en esta, evitan maltratar a las criaturas, mientras que a los italianos les importa un pimiento).
El reparto es perfecto. El sueño húmedo de cualquier devoto de la explotación transalpina. Mister Warbeck, con ese jeto de héroe de comic, dando vida al ladrón aventurero y haciendo gala de sus notables limitaciones interpretativas, a base de muchas cucamonas. Le sigue un inmenso Ricardo Palacios, replicando un poco el rol de John Rhys-Davies en la epopeya Spielbergiana, y otro par de legendarios, John Steiner y Luciano Pigozzi / Alan Collins. Cierra el círculo la supuesta novia del héroe, Susie Sudlow en su única película, que, como dato característico y máximo gracejo, se pasa el puto largometraje entero perfectamente maquillada, sin importar la situación (sea de buena mañana recién despierta, sea en medio del caos aventurero...).
Un agradable divertimento beneficiado, muuuuy beneficiado, por el efecto nostalgia.
lunes, 8 de abril de 2024
EMMANUELLE'S SUPERNATURAL SEXUAL ACTIVITY
Me declaro fan de la franquicia “Emmanuelle” y de todas sus variantes y explotaciones. Los italianos lograron cambiar la raza de esta diva del erotismo de origen franchute y hacerla viajar por el mundo hasta llegar incluso a ser poseída —sexualmente— por caníbales en “Emanuelle y los últimos caníbales”. Es cosmopolita y se ha acostado con toda suerte de hombres y mujeres en las más exóticas situaciones. Incluso Jess Franco la puso a presidir orgías (pese a que en su película el personaje aparecía solamente en el título) en “Las orgías inconfesables de Emmanuelle” del mismo modo que Ignacio F. Iquino le buscó una amiguita casi tan atrevida como ella en “Emmanuelle y Carol”, por no hablar de que los chinos la metieron dentro de un desbarajuste en el que aparecían Clint Eastwood, Bruce Lee, James Bond o Popeye en “El Dragón Ataca”
Pero lo más importante de Emmanuelle, es como creó tendencia en el erotismo hasta tal punto de convertirse en una marca. De hecho, una marca que lleva 50 años activa.
Curiosamente, el personaje-marca, pasó de ser una cosa sofisticada para pajilleros de alto copete (el primer “Emmanuelle” es un alarde estético y erótico. Un film para que se hicieran pajas los ricos y las gentes de buen gusto), a ser lo más chabacano, tosco y cutre del mundo. A partir de los dosmiles la marca empieza a operar en las programaciones nocturnas de la televisión por cable, perdiendo, en cualquier caso, el toque de calidad y sofisticación, convirtiéndose el producto en una majadería con toques autoparódicos (o directamente paródicos) adscrito al peor subgénero que hay en el mundo, que es el soft del nuevo milenio.
Tras la saga principal de películas, y los innumerables exploits (que podemos distinguir por la variación de consonantes en el nombre de Emmanuelle), la franquicia original comenzó a ser explotada en televisión o directa a vídeo, en series de TV Movies de baja estofa que, con actrices porno de tercera, iban reduciendo la calidad de producción en cosas como “Emmanuelle in Space”, “Emmanuelle 2000” y, ya en manos de los americanos, la serie en la que se encuentra la película que nos ocupa, que es “Emmanuelle Trougth Time” (“Emmanuelle a través del tiempo” ) de 2011. Una serie de películas soft grabadas en videaco de la época para su explotación directa a vídeo, que con dirección del infame Rolfe Kanefsky (que comenzó metido en el terror salchichero con cosas como “El libro del mal” o “Nightmare man” para terminar en el porno soft más inicuo). Nos muestra a Emmanuelle, esta vez interpretada por Allie Haze, viajando a través del tiempo en una nave espacial desde la que vivirá las aventuras eróticas más desangeladas que se puedan imaginar. Básicamente esta serie de telefilmes se reducen a argumentos endebles para filmar en espantosos cromas a actores y actrices porno fingiendo follar ante la cámara, para aburrimiento y escarnio de los espectadores, dando igual si estos buscan pajearse o si estos, como es mi caso, son seguidores del fenómeno Emmanuelle (que para pajearme buscaría cosas más duras que esto, aunque nada me pone más cachondo que el primer “Emmanuelle”). Como fuera, fue sonado el momento en el que en el festival de Cannes de 2011 se anunció que Alli Haze, actriz porno medio principiante, iba a ser la nueva Emmanuelle. Claro, en círculos eruditos, más allá del interés antropológico que pueda suscitar la película inicial, poco puede aportar una vuelta del personaje en telefilms directos a vídeo, pero lo desconcertante es que los productores tuvieran la poca vergüenza de promocionar esto en Cannes, teniendo en cuenta que el resultado de estas películas es más pobre que el de cualquier porno de hace unos años.
Con todo, me hizo gracia que una de esas películas, la que nos ocupa, “Emmanuelle’s Supernatural Sexual Activity”, mezclara el mito de Emmanuelle con la maneras del found footage en plena eclosión en el año del rodaje de este subproducto, 2011. Por supuesto, parodiaba la franquicia de “Paranormal Activity”. Y es lo de siempre… una vez tenemos el concepto, la película importa un carajo, por lo que nos cuenta como en la nave donde Emmanuelle viaja por el tiempo, se han colado una serie de espíritus cachondos, que mantienen sexo con toda la tripulación; así Emmanuelle y el resto, se convierten en pícaros fantasmas. Lo curioso del invento es que se insinúa que el fantasma del primer “Paranormal Activity”, en realidad eran Emmanuelle y dos amigos intentando tener sexo con los protagonistas, y que los portazos y quitadas de sábana que tantos escalofríos nos provocaban no eran más que los fantasmas de Emmanuel y sus amigos folleteando, entrando y saliendo de la habitación en su afán swinger de tener sexo hasta con los vivos, a los que también vemos follando, como no.
Por supuesto, salvo por un par de planos que nos trasladan al universo “Paranormal Activity”, no se hace uso de las maneras del found footage, que se queda en mera anécdota y sirve como excusa para tener un endeble argumento bajo el que ambientar los polvos toscos, falsos, anti libido que han de pegar delante del croma los protagonistas de la cinta. Algo de lo más frío y desalentador. No se dejen engañar por la posible gracia del crossover, “Emmanuelle’s Supernatural Sexual Activity” no tiene ningún interés, ninguna gracia y además es un insulto para la franquicia, el personaje y lo que hizo con él Just Jaeckin. Entonces, ver al mito reducido a esto, lo más bajo de lo más bajo, da mucha pena y es totalmente desesperanzador en lo que a cine eminentemente erótico se refiere.
Para que se hagan cargo de que esto es más un capricho de la gentuza del porno que una continuidad del clásico, se le da un papel, además cómico, a Ron Jeremy que está por ahí en la nave espacial tomando contacto con un fantasma.
Asimismo, la nave en la que transcurre todo, está decorada con posters de las anteriores películas de Emmanuelle de a partir del 2000 y con el mítico sillón de mimbre sobre el que se recostaba Silvya Kristel en los 70, y que decoró los salones de toda una generación de matrimonios poco conservadores.
Como les digo, una auténtica mierda lo que hicieron en los últimos años con Emmanuelle. Ahora para 2024 se ha anunciado un reboot cinematográfico de la primera película. Veremos en qué acaba aquello.
Pero lo más importante de Emmanuelle, es como creó tendencia en el erotismo hasta tal punto de convertirse en una marca. De hecho, una marca que lleva 50 años activa.
Curiosamente, el personaje-marca, pasó de ser una cosa sofisticada para pajilleros de alto copete (el primer “Emmanuelle” es un alarde estético y erótico. Un film para que se hicieran pajas los ricos y las gentes de buen gusto), a ser lo más chabacano, tosco y cutre del mundo. A partir de los dosmiles la marca empieza a operar en las programaciones nocturnas de la televisión por cable, perdiendo, en cualquier caso, el toque de calidad y sofisticación, convirtiéndose el producto en una majadería con toques autoparódicos (o directamente paródicos) adscrito al peor subgénero que hay en el mundo, que es el soft del nuevo milenio.
Tras la saga principal de películas, y los innumerables exploits (que podemos distinguir por la variación de consonantes en el nombre de Emmanuelle), la franquicia original comenzó a ser explotada en televisión o directa a vídeo, en series de TV Movies de baja estofa que, con actrices porno de tercera, iban reduciendo la calidad de producción en cosas como “Emmanuelle in Space”, “Emmanuelle 2000” y, ya en manos de los americanos, la serie en la que se encuentra la película que nos ocupa, que es “Emmanuelle Trougth Time” (“Emmanuelle a través del tiempo” ) de 2011. Una serie de películas soft grabadas en videaco de la época para su explotación directa a vídeo, que con dirección del infame Rolfe Kanefsky (que comenzó metido en el terror salchichero con cosas como “El libro del mal” o “Nightmare man” para terminar en el porno soft más inicuo). Nos muestra a Emmanuelle, esta vez interpretada por Allie Haze, viajando a través del tiempo en una nave espacial desde la que vivirá las aventuras eróticas más desangeladas que se puedan imaginar. Básicamente esta serie de telefilmes se reducen a argumentos endebles para filmar en espantosos cromas a actores y actrices porno fingiendo follar ante la cámara, para aburrimiento y escarnio de los espectadores, dando igual si estos buscan pajearse o si estos, como es mi caso, son seguidores del fenómeno Emmanuelle (que para pajearme buscaría cosas más duras que esto, aunque nada me pone más cachondo que el primer “Emmanuelle”). Como fuera, fue sonado el momento en el que en el festival de Cannes de 2011 se anunció que Alli Haze, actriz porno medio principiante, iba a ser la nueva Emmanuelle. Claro, en círculos eruditos, más allá del interés antropológico que pueda suscitar la película inicial, poco puede aportar una vuelta del personaje en telefilms directos a vídeo, pero lo desconcertante es que los productores tuvieran la poca vergüenza de promocionar esto en Cannes, teniendo en cuenta que el resultado de estas películas es más pobre que el de cualquier porno de hace unos años.
Con todo, me hizo gracia que una de esas películas, la que nos ocupa, “Emmanuelle’s Supernatural Sexual Activity”, mezclara el mito de Emmanuelle con la maneras del found footage en plena eclosión en el año del rodaje de este subproducto, 2011. Por supuesto, parodiaba la franquicia de “Paranormal Activity”. Y es lo de siempre… una vez tenemos el concepto, la película importa un carajo, por lo que nos cuenta como en la nave donde Emmanuelle viaja por el tiempo, se han colado una serie de espíritus cachondos, que mantienen sexo con toda la tripulación; así Emmanuelle y el resto, se convierten en pícaros fantasmas. Lo curioso del invento es que se insinúa que el fantasma del primer “Paranormal Activity”, en realidad eran Emmanuelle y dos amigos intentando tener sexo con los protagonistas, y que los portazos y quitadas de sábana que tantos escalofríos nos provocaban no eran más que los fantasmas de Emmanuel y sus amigos folleteando, entrando y saliendo de la habitación en su afán swinger de tener sexo hasta con los vivos, a los que también vemos follando, como no.
Por supuesto, salvo por un par de planos que nos trasladan al universo “Paranormal Activity”, no se hace uso de las maneras del found footage, que se queda en mera anécdota y sirve como excusa para tener un endeble argumento bajo el que ambientar los polvos toscos, falsos, anti libido que han de pegar delante del croma los protagonistas de la cinta. Algo de lo más frío y desalentador. No se dejen engañar por la posible gracia del crossover, “Emmanuelle’s Supernatural Sexual Activity” no tiene ningún interés, ninguna gracia y además es un insulto para la franquicia, el personaje y lo que hizo con él Just Jaeckin. Entonces, ver al mito reducido a esto, lo más bajo de lo más bajo, da mucha pena y es totalmente desesperanzador en lo que a cine eminentemente erótico se refiere.
Para que se hagan cargo de que esto es más un capricho de la gentuza del porno que una continuidad del clásico, se le da un papel, además cómico, a Ron Jeremy que está por ahí en la nave espacial tomando contacto con un fantasma.
Asimismo, la nave en la que transcurre todo, está decorada con posters de las anteriores películas de Emmanuelle de a partir del 2000 y con el mítico sillón de mimbre sobre el que se recostaba Silvya Kristel en los 70, y que decoró los salones de toda una generación de matrimonios poco conservadores.
Como les digo, una auténtica mierda lo que hicieron en los últimos años con Emmanuelle. Ahora para 2024 se ha anunciado un reboot cinematográfico de la primera película. Veremos en qué acaba aquello.
sábado, 3 de septiembre de 2022
OJOS TENEBROSOS
Lana Wood era hermana de Natalie Wood y quería ser actriz. Pero, claro, con una competencia en la familia de semejante porte, la cosa estaba complicada. Así, decidió aceptar la propuesta de "Playboy" para posar en pelotas. Y podemos dar gracias al cielo porque sus encantos eran... ¿Cómo decirlo? fascinantes. Gastaba un par de aldabas, con unos pezones tamaño galleta María, que curan todas las enfermedades. Y le fue bien. Los capitostes de la saga "James Bond" se la debieron pelar tan a gusto con sus fotos, que decidieron ficharla para lucir tremendo escote junto a Sean Connery en "Diamantes para la eternidad". A pesar del subidón, en realidad Lana nunca logró las atenciones de las que gozó Natalie. De hecho, hace un escaso año era entrevistada por un periódico español para hablar de... ¿su lustrosa carrera? No, del prematuro fallecimiento de su hermana, sobre lo que incluso ha escrito un libro. Vamos, que vive un poco de ella, le guste o no. Y viendo "Ojos Tenebrosos", tampoco sorprende. La chica quedó atrapada de por vida en la caja tonta y/o los subproductos donde se explotaba su belleza. Es decir, sus dos enormes ubres. Cierto que cuando se rodó "Ojos Tenebrosos" Lana ya no era una jovencita. Los apéndices mamarios le cuelgan más que otra cosa, pero, ¡da igual! siguen siendo deliciosamente comestibles. Pal caso, da vida a una maruja atormentada porque su marido no se la folla. Así de claro. Va tan y tan cachonda, que comienza a ver cómo Sandokan se cuela en su dormitorio y le quita las penas. Cuando el marido coge consciencia de sus obligaciones maritales, y decide llacer con su esposa, Sandokan se cabrea y comienza a joder la marrana.
Evidentemente al fantasma follador le da vida Kabir Bedi. Otros rostros populares del reparto son Britt Ekland y John Carradine interpretando al religioso que aclara todo el movidón. Dirige y co-guioniza James Polakof, responsable de esa legendaria -por los motivos equivocados- "Swim Team" bautizada poco afortunadamente en las Hispanias como "Desmadre a la americana 2" (comentada a fondo por Víctor en su libro "Screwballs: 101 Comedias Sexuales") También es responsable de otra comedia que tal vez les suene, "Las chicas del valle". Y luego, poco más.
Bromas, chascarrillos y datos curiosos a un lado, no hay mucho que rascar en "Ojos Tenebrosos". Es un coñazo y de los gordos. Nos quedamos pues con las tetas de Lana Wood, una única escena truculenta con una decapitación por guillotina y el final más o menos delirante, situado en el sótano familiar convertido para la ocasión en el mismísimo infierno. Es aquí cuando el personaje de Britt Ekland fallece pasto de las llamas. Que en los créditos finales se haga un tributo a Odile Astie, doble de Ekland, y que su última película oficial sea la reseñada, nos invita a pensar mal. Astie falleció en 1980, sí, pero "Ojos Tenebrosos" fue rodada en 1978 -aunque no estrenada hasta cuatro años después- ergo, la "stunt" no palmó durante el rodaje. Me alegro, hombre.
Evidentemente al fantasma follador le da vida Kabir Bedi. Otros rostros populares del reparto son Britt Ekland y John Carradine interpretando al religioso que aclara todo el movidón. Dirige y co-guioniza James Polakof, responsable de esa legendaria -por los motivos equivocados- "Swim Team" bautizada poco afortunadamente en las Hispanias como "Desmadre a la americana 2" (comentada a fondo por Víctor en su libro "Screwballs: 101 Comedias Sexuales") También es responsable de otra comedia que tal vez les suene, "Las chicas del valle". Y luego, poco más.
Bromas, chascarrillos y datos curiosos a un lado, no hay mucho que rascar en "Ojos Tenebrosos". Es un coñazo y de los gordos. Nos quedamos pues con las tetas de Lana Wood, una única escena truculenta con una decapitación por guillotina y el final más o menos delirante, situado en el sótano familiar convertido para la ocasión en el mismísimo infierno. Es aquí cuando el personaje de Britt Ekland fallece pasto de las llamas. Que en los créditos finales se haga un tributo a Odile Astie, doble de Ekland, y que su última película oficial sea la reseñada, nos invita a pensar mal. Astie falleció en 1980, sí, pero "Ojos Tenebrosos" fue rodada en 1978 -aunque no estrenada hasta cuatro años después- ergo, la "stunt" no palmó durante el rodaje. Me alegro, hombre.
miércoles, 15 de junio de 2022
EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 12 (SUPERMAN + JAMES BOND)
¡Y qué divertido es echar un vistazo a las páginas de "Casablanca" y encontrarse con noticias de futuros estrenos gordos, también conocidos como blockbusters!. Esos que fuimos a ver con la familia, o amigos del cole, y nos dejaron una huella más o menos imborrable!.
Pal caso tenemos dos. Por un lado, el tercer "Superman". Conocemos de sobras el supuesto tirón de "Casablanca" hacia un cine más, digamos, de autor. Por ello, cuando abordaban aquel abiertamente comercial, lo hacían con un tonito burlón, algo que se traslada totalmente al texto sobre la tercera aventura del superhéroe de la capa roja. Dispondrían de cuatro líneas publicitarias y las estiraron como pudieron a base de divagar y soltar gracietas rancias. Nótese como Richard Pryor es tildado de magnífico actor. Esa no me la esperaba. Publicada en verano del 83.
La siguiente, más formal, habla de James Bond. Concretamente de aquel momento en el tiempo donde coincidieron la nueva entrega del 007 entonces activo, es decir, "Octopussy" - Roger Moore, y el sonado regreso del clásico, osea, "Nunca digas nunca jamás" - Sean Connery. Publicada en Septiembre del 82.
Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón.
Luego griten a los cuatro vientos aquello de: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!
Pal caso tenemos dos. Por un lado, el tercer "Superman". Conocemos de sobras el supuesto tirón de "Casablanca" hacia un cine más, digamos, de autor. Por ello, cuando abordaban aquel abiertamente comercial, lo hacían con un tonito burlón, algo que se traslada totalmente al texto sobre la tercera aventura del superhéroe de la capa roja. Dispondrían de cuatro líneas publicitarias y las estiraron como pudieron a base de divagar y soltar gracietas rancias. Nótese como Richard Pryor es tildado de magnífico actor. Esa no me la esperaba. Publicada en verano del 83.
La siguiente, más formal, habla de James Bond. Concretamente de aquel momento en el tiempo donde coincidieron la nueva entrega del 007 entonces activo, es decir, "Octopussy" - Roger Moore, y el sonado regreso del clásico, osea, "Nunca digas nunca jamás" - Sean Connery. Publicada en Septiembre del 82.
Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón.
Luego griten a los cuatro vientos aquello de: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!
sábado, 11 de junio de 2022
CONDORMAN
No puedo evitar sentir cierto regocijo cada vez que me enfrento al lado más exploitation de la todopoderosa Disney. De cuando intentaba apuntarse a -sacar tajada de- la moda del momento. Procedió así con el "boom" de "La guerra de las galaxias", dando como resultado "El abismo negro". Y lo mismo ocurrió cuando el "Superman" de Richard Donner lo petó. En este caso hablamos de "Condorman", película que, siendo un ilusionado infante, fui a ver al cine con algún familiar. Tan obsesionado estaba, que llegué a crear mi propia mini-explotación en formato tebeo cutre titulada "Halcon Man". O tal vez intentase plasmar en viñetas aquello que la película, por desgracia, no supo darme. O no quiso. Ni a mi, ni al 99% de los chavales del planeta que la vieron. De ahí, probablemente, el sonado fracaso y posterior ausencia de esa secuela que Disney había planeado. Si lo miramos bien, también "El abismo negro" fue un batacazo gordo. Supongo que la compañía del ratón de voz aflautada no tardaría mucho en entender que lo suyo quedaba lejos del oportunismo cinematográfico (en su vertiente de imagen real, se entiende)
El problema de "Condorman" es que, así a lo lejos, se vende como una de super-héroes. Cosa que queda acrecentada con los fabulosos créditos iniciales, donde una versión genialmente animada del personaje sobrevuela París. Ayudan el tema musical -cortesía de Henry Mancini- a base de coros esputando el nombre del héroe y esas tipografrías tan descaradamente Supermanianas. Pero no. De super-héroes poco. En realidad "Condorman" es una peli de espías. O una parodia amable del género y, muy concretamente, James Bond, incluidos villanos tremendos y carismáticos, escenarios internacionales y toda la retahíla de chucherías high-tech. Claro, así no mola. Salí del cine brutalmente decepcionado.
"Condorman" cuenta la historia de un dibujante de cómics de super-héroes que, de rebote y por culpa de un amigo afiliado a la CIA, termina liado en tejemanejes espiosos. Le motiva el amor hacia una tipa y vivir aventuras para plasmar luego en viñetas. Llegado el momento, adoptará la identidad de su héroe alado y se enfrentará a los malos. Todo ello en un tono de comedia bastante comedida. Escasa en estridencias y exageraciones. Hay violencia, y los esbirros mueren, pero sin recrearse. Al fin y al cabo era la Disney company.
¿Qué quieren que les diga, carayo? Vista hoy, inevitablemente, despierta en mi cierta ternura. Está más o menos maja. Agradable. Tonta. Se puede ver. Pero, engaños aparte, "Condorman" queda muy lejos de ser memorable. Casi casi les aconsejaría que se limitaran a la escena inicial de créditos. Es lo mejor de todo el pitote.
El reparto luce sabroso y colorido. Michael Crawford da vida al dibujante y su vertiente heróica. Había currado junto a nada menos que Barbara Streisand en "Hello, Dolly!" y luego se haría muy popular protagonizando la comedia televisiva "Some Mothers Do 'Ave 'Em" (aquí conocida en la caja tonta catalana como "N'hi ha que neixen estrellats" y que disfruté a partir de su -tardía- emisión en el sagrado año 1985) La gloria le llegaría cuando fue fichado para poner voz y presencia al primer "Fantasma de la ópera" de Andrew Lloyd Webber. Inevitablemente, por apariencia, pelo rizado y tema super-heróico, recuerda al William Katt de "El gran héroe americano". Le acompañan Oliver Reed en plan super-villano. Barbara Carrera en plan chica guapa y misteriosa (irónicamente, dos años después haría un papel parecido en "Nunca digas nunca jamás", el regreso de Sean Connery al personaje que le hizo célebre) Y James Hampton como el amigo gordito y gracioso. Fue el padre hombre-lobo de Michael J. Fox en "Teen Wolf".
"Condorman" se supone basada en una novela titulada "The Game of X", pero de un modo tan asá que, directamente, en los créditos usan la palabra "sugerida". El dire, Charles Jarrott, es uno de esos artesanos incansables que tiene de todo. Para la misma Disney hizo también "El último vuelo del arca de Noé". Y luego un montón más de cosas entre las que, honestamente, no localizo nada que merezca la pena ser mentado.
Como apunte curioso, destacar la aparición de "Condorman" en el reciente corto "Pequeño Gran Buzz", perteneciente a los "Toy Story Cartoons". Pal caso, da vida a un juguete con el que ningún niño quiere jugar. Cruel, certero, gracioso.
El problema de "Condorman" es que, así a lo lejos, se vende como una de super-héroes. Cosa que queda acrecentada con los fabulosos créditos iniciales, donde una versión genialmente animada del personaje sobrevuela París. Ayudan el tema musical -cortesía de Henry Mancini- a base de coros esputando el nombre del héroe y esas tipografrías tan descaradamente Supermanianas. Pero no. De super-héroes poco. En realidad "Condorman" es una peli de espías. O una parodia amable del género y, muy concretamente, James Bond, incluidos villanos tremendos y carismáticos, escenarios internacionales y toda la retahíla de chucherías high-tech. Claro, así no mola. Salí del cine brutalmente decepcionado.
"Condorman" cuenta la historia de un dibujante de cómics de super-héroes que, de rebote y por culpa de un amigo afiliado a la CIA, termina liado en tejemanejes espiosos. Le motiva el amor hacia una tipa y vivir aventuras para plasmar luego en viñetas. Llegado el momento, adoptará la identidad de su héroe alado y se enfrentará a los malos. Todo ello en un tono de comedia bastante comedida. Escasa en estridencias y exageraciones. Hay violencia, y los esbirros mueren, pero sin recrearse. Al fin y al cabo era la Disney company.
¿Qué quieren que les diga, carayo? Vista hoy, inevitablemente, despierta en mi cierta ternura. Está más o menos maja. Agradable. Tonta. Se puede ver. Pero, engaños aparte, "Condorman" queda muy lejos de ser memorable. Casi casi les aconsejaría que se limitaran a la escena inicial de créditos. Es lo mejor de todo el pitote.
El reparto luce sabroso y colorido. Michael Crawford da vida al dibujante y su vertiente heróica. Había currado junto a nada menos que Barbara Streisand en "Hello, Dolly!" y luego se haría muy popular protagonizando la comedia televisiva "Some Mothers Do 'Ave 'Em" (aquí conocida en la caja tonta catalana como "N'hi ha que neixen estrellats" y que disfruté a partir de su -tardía- emisión en el sagrado año 1985) La gloria le llegaría cuando fue fichado para poner voz y presencia al primer "Fantasma de la ópera" de Andrew Lloyd Webber. Inevitablemente, por apariencia, pelo rizado y tema super-heróico, recuerda al William Katt de "El gran héroe americano". Le acompañan Oliver Reed en plan super-villano. Barbara Carrera en plan chica guapa y misteriosa (irónicamente, dos años después haría un papel parecido en "Nunca digas nunca jamás", el regreso de Sean Connery al personaje que le hizo célebre) Y James Hampton como el amigo gordito y gracioso. Fue el padre hombre-lobo de Michael J. Fox en "Teen Wolf".
"Condorman" se supone basada en una novela titulada "The Game of X", pero de un modo tan asá que, directamente, en los créditos usan la palabra "sugerida". El dire, Charles Jarrott, es uno de esos artesanos incansables que tiene de todo. Para la misma Disney hizo también "El último vuelo del arca de Noé". Y luego un montón más de cosas entre las que, honestamente, no localizo nada que merezca la pena ser mentado.
Como apunte curioso, destacar la aparición de "Condorman" en el reciente corto "Pequeño Gran Buzz", perteneciente a los "Toy Story Cartoons". Pal caso, da vida a un juguete con el que ningún niño quiere jugar. Cruel, certero, gracioso.
sábado, 6 de febrero de 2021
PESADILLA EN DELMER HOUSE
Mi interés en ver esta película era básicamente antropológico y venía motivado por la vil y más rastrera de las nostalgias. Seguramente los de mi quinta recuerden la llamativa y bellísima caratula y, sobre todo, el descarado título español. Sí, eran los tiempos en los que la primera aventura de Freddy Krueger lo había petado, así que uno de nuestros avispados distribuidores tuvo la descacharrante idea de pillar un telefilm canadiense del año 1982 (dos menos que el clásico de Wes Craven), originalmente bautizado "Till Death Do Us Part" (es decir, "Hasta que la muerte nos seapre"), titularlo "Pesadilla en Delmer House", mangar la tipografía de "Pesadilla en Elm Street" (+ el "elm" de "Delmer", innecesario remarcar que en la peli no se refieren a la "house" en ningún momento con ese nombre) y currarse una ilustración propia de un slasher (el asesino jamás tira de gancho para cometer sus fechorías, por supuestísimo). ¿Picamos? Pues yo no. Supongo que por entonces ya tenía aprendida la lección, y aunque me tiraba mucho la curiosidad, nunca jamás la alquilé, ni la vi, hasta ayer por la tarde, cortesía de la amabilidad y el talento rastreador de mi amigo Enorm.
Tres parejas en permanente conflicto llegan hasta la mansión de un famoso psiquiatra, dispuestas a recuperar el amor a base de terapias bastante extravagantes. Alguien ataviado con unas botas negras comienza a matarlos. Lo normal tras el primer crimen hubiese sido salir pitando de allí, pero no, los pacientes se quedan y el homicida continúa con lo suyo. ¿Quién será el culpable?
Básicamente estamos ante un "whodunit" de manual, con regusto a Agatha Christie rancia, todo lo elemental y desalmado que tocaría por su condición telefílmica, aunque, eso sí, luciendo puntuales arrebatos absurdos que agradeces. Por ejemplo, la pareja de sexagenarios con él soltándole sin cesar crueles e hilarantes insultos a ella. El mismo psiquiatra, en apariencia mucho más tarado que sus pacientes. O sendos escuetos más poco inspirados momentos de humor. Tampoco son moco de pavo los títulos de crédito, a base de recolectar, tal y como si se tratara de un trailer cualquiera, algunos de los momentos de la película que nos disponemos a deglutir ¿¿??
Naturalmente, el recuento de cadáveres es escaso y la sangre prácticamente nula. No la esperen, como tampoco esperen un despliegue de tremebundos efectos especiales porque, ni por el forro.
Y pasa lo que pasa, que al sentarme esperando una pedazo de mierda de proporciones bíblicas, me he encontrado con algo semi-simpático, semi-digerible y semi-entrañable que, desde luego, no es para conservar ni volver a ver. Pero ahí queda. Al menos ahora ya puedo ponerle cuerpo a aquella mítica caratula.
En el reparto destacan algunos rostros reconocibles. Especialmente si hablamos de la tocha de Matt CRAVEN (la coincidencia de apellidos no creo que fuera inspiración para el distribuidor), que le viene ideal al farlopero que interpreta y al que hemos visto en chorrocientas películas, destacando por adecuada "Cumpleaños mortal". También les sonará James Keach, básicamente por ser el hermano de Stacy y encarnar al instructor cabrón de "Locademia de conductores". Y finalmente damos con Jack Creley, el misterioso "Brian O'Blivion" del clásico "Videodrome" y que hace el papel de marido mal hablado (que su personaje se apellide Kroog, leáse "Krug", tampoco creo que fuera inspiración para el distribuidor).
Timothy Bond, director, (podríamos referirnos a él chistosamente como Timothy "Dalton as James" Bond) se pasó media vida currando en la tele. Entre sus pocos largos para cine destaca "Cosecha Mortal", cuya reseña fue escrita por Aratz en nuestro pest-seller.
El guion lo firma Peter Jobin, en cuyo curriculum localizamos un episodio de la serie "Misterio para tres" ("Friday the 13th: the series" en v.o.) y, sobre todo, el libreto completo de "Cumpleaños mortal" en cuyo rodaje, supongo, haría buenas migas con Matt Craven.
A saber...
Tres parejas en permanente conflicto llegan hasta la mansión de un famoso psiquiatra, dispuestas a recuperar el amor a base de terapias bastante extravagantes. Alguien ataviado con unas botas negras comienza a matarlos. Lo normal tras el primer crimen hubiese sido salir pitando de allí, pero no, los pacientes se quedan y el homicida continúa con lo suyo. ¿Quién será el culpable?
Básicamente estamos ante un "whodunit" de manual, con regusto a Agatha Christie rancia, todo lo elemental y desalmado que tocaría por su condición telefílmica, aunque, eso sí, luciendo puntuales arrebatos absurdos que agradeces. Por ejemplo, la pareja de sexagenarios con él soltándole sin cesar crueles e hilarantes insultos a ella. El mismo psiquiatra, en apariencia mucho más tarado que sus pacientes. O sendos escuetos más poco inspirados momentos de humor. Tampoco son moco de pavo los títulos de crédito, a base de recolectar, tal y como si se tratara de un trailer cualquiera, algunos de los momentos de la película que nos disponemos a deglutir ¿¿??
Naturalmente, el recuento de cadáveres es escaso y la sangre prácticamente nula. No la esperen, como tampoco esperen un despliegue de tremebundos efectos especiales porque, ni por el forro.
Y pasa lo que pasa, que al sentarme esperando una pedazo de mierda de proporciones bíblicas, me he encontrado con algo semi-simpático, semi-digerible y semi-entrañable que, desde luego, no es para conservar ni volver a ver. Pero ahí queda. Al menos ahora ya puedo ponerle cuerpo a aquella mítica caratula.
En el reparto destacan algunos rostros reconocibles. Especialmente si hablamos de la tocha de Matt CRAVEN (la coincidencia de apellidos no creo que fuera inspiración para el distribuidor), que le viene ideal al farlopero que interpreta y al que hemos visto en chorrocientas películas, destacando por adecuada "Cumpleaños mortal". También les sonará James Keach, básicamente por ser el hermano de Stacy y encarnar al instructor cabrón de "Locademia de conductores". Y finalmente damos con Jack Creley, el misterioso "Brian O'Blivion" del clásico "Videodrome" y que hace el papel de marido mal hablado (que su personaje se apellide Kroog, leáse "Krug", tampoco creo que fuera inspiración para el distribuidor).
Timothy Bond, director, (podríamos referirnos a él chistosamente como Timothy "Dalton as James" Bond) se pasó media vida currando en la tele. Entre sus pocos largos para cine destaca "Cosecha Mortal", cuya reseña fue escrita por Aratz en nuestro pest-seller.
El guion lo firma Peter Jobin, en cuyo curriculum localizamos un episodio de la serie "Misterio para tres" ("Friday the 13th: the series" en v.o.) y, sobre todo, el libreto completo de "Cumpleaños mortal" en cuyo rodaje, supongo, haría buenas migas con Matt Craven.
A saber...
viernes, 20 de noviembre de 2020
07 CON EL 2 DELANTE (AGENTE JAIME BONET)
La de los sesenta tal vez sea la década de mayor esplendor de la españolada, los años en que esta era un seguro de vida en taquilla y los años en los que una comedia española de fácil digestión era lo que el público demandaba. Y por allí andaba el productor Ignacio F. Iquino tomando buena nota e ingeniándoselas para con el mínimo de dinero invertido en una producción, conseguir el máximo rendimiento económico en la taquilla. Sin embargo,
Iquino sabía en qué destinar el dinero de sus producciones, y si bien es cierto que en algunas de sus películas no era necesaria una gran factura, para otras como la que nos ocupa, “07 con el 2 delante (Agente Jaime Bonet)”, era imprescindible que, si no lo era, pareciera una película de alto copete.
Así que desde su flamante empresa, Ifisa, Iquino produce y se pone detrás de las cámaras para dirigir una película que, usando como principal reclamo a Cassen (humorista español de la época que tan buenos resultados había obtenido en el cine con la obra maestra de Luis García Berlanga “Plácido” y que luego haría protagónicos en toda suerte de films menores, desmadrados y quizás desprovistos –según se mire- de calidad), parecía concebida para el éxito. No es para menos, una película para lucimiento de Cassen que parodia el género de espías y más concretamente las películas de James Bond, tan de moda en los años sesenta, no podía salir mal. De hecho, dos millones de españoles se desplazaron a los cines a ver el invento.
Por otro lado, la parodia empieza, no solo en el argumento, sino que da señales de vida desde el mismo título, así, juguetea con el número del súper espía; si James Bond es el agente 007, Cassen sería nada menos que el 07; si el espía Inglés es el Agente James Bond, Cassen, Catalán de nacimiento, sería el Agente Jaime Bonet, y, para acabar de rematar el gag, el 07 llevaría el 2 delante en referencia a los prefijos telefónicos de Madrid en los años sesenta. Con lo que el título en si ya mete, gratis, tres chistes.
Iquino tenía mucho olfato para hacer dinero, de hecho a este tipo de películas producidas bajo su sello se las conocía como “Iquinadas” y “07 con el 2 delante (Agente Jaime Bonet)” lo sería a todos los efectos y con todos los lujos. Pero luego, si buceamos en la profundidad de la película, veremos que es un producto de lo más mediocre en el que no hay ni un solo momento de valor cómico o cinematográfico más allá de contemplar a Cassen en todo su esplendor —que incluso se marca un numerito cómico sobre el escenario como los que solía interpretar en teatro— que al fin de al cabo era lo que el público de esta película quería ver. Y en ese sentido, con un protagonista que entre payasadas, malentendidos y una gran capacidad para la actuación de tipo facial, la película cumple con su cometido. A fin de cuentas esta posee el suficiente número de gracietas, chistes y actuaciones musicales para que, aún siendo testigos del cutrerío y dejadez propias de la factoría Iquino, la película se deje ver, ya que no tiene mayor pretensión —a parte de la de conseguir pasta, gansa y rápida— que la de hacer pasar un ratillo simpático al espectador.
La película cuenta la historia de una agencia de espías que hartos sus responsables de que sus agentes caigan en misión debido a que los malos los reconocen por su aspecto de espía —esto es estilizados, altos y guapos— deciden ejecutar un plan B en la búsqueda de un balón de fútbol que oculta en su interior un importante microfilm; usar un agente, feo, bajito y con cara de tonto que pase inadvertido durante su misión. Al no haber agentes con similares características, embaucan al camarero de la agencia, Cassen, para llevar la misión a buen puerto.
Muy regular, pero entrañable en cualquier caso.
Junto a Cassen, en el reparto tenemos a una pizpireta Encarnita Polo, que se marca dos canciones que, en forma de single y como soundtrack de la película, vendería un buen número de unidades.
Como la película, a pesar de lo pomposo de su fotografía y el buen hacer del equipo técnico es de bajo presupuesto, aunque plagada de buenos actores, no cuentan con más estrellas en el reparto que Cassen y la Polo. En ese sentido está huérfana.
Curiosa sin embargo, para pasar la sobremesa del domingo, cincuenta años después de su estreno en cines, todavía sirve.
Iquino sabía en qué destinar el dinero de sus producciones, y si bien es cierto que en algunas de sus películas no era necesaria una gran factura, para otras como la que nos ocupa, “07 con el 2 delante (Agente Jaime Bonet)”, era imprescindible que, si no lo era, pareciera una película de alto copete.
Así que desde su flamante empresa, Ifisa, Iquino produce y se pone detrás de las cámaras para dirigir una película que, usando como principal reclamo a Cassen (humorista español de la época que tan buenos resultados había obtenido en el cine con la obra maestra de Luis García Berlanga “Plácido” y que luego haría protagónicos en toda suerte de films menores, desmadrados y quizás desprovistos –según se mire- de calidad), parecía concebida para el éxito. No es para menos, una película para lucimiento de Cassen que parodia el género de espías y más concretamente las películas de James Bond, tan de moda en los años sesenta, no podía salir mal. De hecho, dos millones de españoles se desplazaron a los cines a ver el invento.
Por otro lado, la parodia empieza, no solo en el argumento, sino que da señales de vida desde el mismo título, así, juguetea con el número del súper espía; si James Bond es el agente 007, Cassen sería nada menos que el 07; si el espía Inglés es el Agente James Bond, Cassen, Catalán de nacimiento, sería el Agente Jaime Bonet, y, para acabar de rematar el gag, el 07 llevaría el 2 delante en referencia a los prefijos telefónicos de Madrid en los años sesenta. Con lo que el título en si ya mete, gratis, tres chistes.
Iquino tenía mucho olfato para hacer dinero, de hecho a este tipo de películas producidas bajo su sello se las conocía como “Iquinadas” y “07 con el 2 delante (Agente Jaime Bonet)” lo sería a todos los efectos y con todos los lujos. Pero luego, si buceamos en la profundidad de la película, veremos que es un producto de lo más mediocre en el que no hay ni un solo momento de valor cómico o cinematográfico más allá de contemplar a Cassen en todo su esplendor —que incluso se marca un numerito cómico sobre el escenario como los que solía interpretar en teatro— que al fin de al cabo era lo que el público de esta película quería ver. Y en ese sentido, con un protagonista que entre payasadas, malentendidos y una gran capacidad para la actuación de tipo facial, la película cumple con su cometido. A fin de cuentas esta posee el suficiente número de gracietas, chistes y actuaciones musicales para que, aún siendo testigos del cutrerío y dejadez propias de la factoría Iquino, la película se deje ver, ya que no tiene mayor pretensión —a parte de la de conseguir pasta, gansa y rápida— que la de hacer pasar un ratillo simpático al espectador.
La película cuenta la historia de una agencia de espías que hartos sus responsables de que sus agentes caigan en misión debido a que los malos los reconocen por su aspecto de espía —esto es estilizados, altos y guapos— deciden ejecutar un plan B en la búsqueda de un balón de fútbol que oculta en su interior un importante microfilm; usar un agente, feo, bajito y con cara de tonto que pase inadvertido durante su misión. Al no haber agentes con similares características, embaucan al camarero de la agencia, Cassen, para llevar la misión a buen puerto.
Muy regular, pero entrañable en cualquier caso.
Junto a Cassen, en el reparto tenemos a una pizpireta Encarnita Polo, que se marca dos canciones que, en forma de single y como soundtrack de la película, vendería un buen número de unidades.
Como la película, a pesar de lo pomposo de su fotografía y el buen hacer del equipo técnico es de bajo presupuesto, aunque plagada de buenos actores, no cuentan con más estrellas en el reparto que Cassen y la Polo. En ese sentido está huérfana.
Curiosa sin embargo, para pasar la sobremesa del domingo, cincuenta años después de su estreno en cines, todavía sirve.
miércoles, 15 de julio de 2020
LOS FOTOCROMOS DE "EL CABALLERO VERDE"
James Bond contra Ator. Y los dos luciendo atuendos ridículos. Estos son los fotocromos completos de una marcianada acojonante que nunca he tenido el valor de ver.
¿Osarían ustedes?
¿Osarían ustedes?
sábado, 3 de agosto de 2019
ESCAPE ROOM
Un poquito de "Saw", otro de "Cube" e incluso un chorrito de "Destino Final". Añade a la mezcla un buen puñado de guita, consecuencia de ir apadrinado por una "major", y obtendrás "Escape Room", intento desesperado por arrastrar a las butacas de los cines los culos milenials echando mano de la nueva tonterida de moda, las mentadas escape rooms.
A una que se anuncia como el copón bendito son invitados un puñado de personajes ultra estereotipados. Los tenemos todos: el yuppie desalmado, el nerd adicto a los vídeo juegos, la chica tímida, el don nadie de mediana edad, etc, etc. El vencedor se llevará un fajo de billetes a casa. Pronto descubren que el juego es más mortal de lo previsto, lo que les obligará a entenderse y unir fuerzas si quieren sobrevivir. Ni falta hace mentar los traumas que todos ellos arrastran, perfectamente aprovechados por los creadores del pasatiempo asesino. Estos últimos son el punto más flojo. Los guionistas no saben cómo terminar la peli y pierden un poco el pedal liando la troca en busca del gran "Cáspita!" final, lo que induce a la aparición de un villano propio del James Bond más "camp".
No es la primera vez que veo una peli en la que se explota el rollo de las escape rooms (¿escaperoomxploitation?), la diferencia es que la otra era una cosa de bajo presupuesto destinada a la tele por cable. La reseñada es más lujosa, y hace gala de un diseño de producción espectacular e imaginativo, además de unos trucajes convincentes. Pero en realidad, ambas cuentan exactamente lo mismo. Solo que "Escape Room" gana en lo que respecta al factor entretenimiento. De Domingo por la tarde, vamos.
El único rostro del reparto que he reconocido es el de Deborah Ann Woll, la "Karen Page" del "Daredevil" según Marvel/Netflix.
El director, Adam Robitel, venía de rodar el pasable found footage "The Taking of Deborah Logan" y la bastante horrible "Insidious : La última llave". Tiene un futuro prometedor en el que asoman una segunda parte de "Escape Room" y un thriller sobrenatural producido por Sam Raimi.
A una que se anuncia como el copón bendito son invitados un puñado de personajes ultra estereotipados. Los tenemos todos: el yuppie desalmado, el nerd adicto a los vídeo juegos, la chica tímida, el don nadie de mediana edad, etc, etc. El vencedor se llevará un fajo de billetes a casa. Pronto descubren que el juego es más mortal de lo previsto, lo que les obligará a entenderse y unir fuerzas si quieren sobrevivir. Ni falta hace mentar los traumas que todos ellos arrastran, perfectamente aprovechados por los creadores del pasatiempo asesino. Estos últimos son el punto más flojo. Los guionistas no saben cómo terminar la peli y pierden un poco el pedal liando la troca en busca del gran "Cáspita!" final, lo que induce a la aparición de un villano propio del James Bond más "camp".
No es la primera vez que veo una peli en la que se explota el rollo de las escape rooms (¿escaperoomxploitation?), la diferencia es que la otra era una cosa de bajo presupuesto destinada a la tele por cable. La reseñada es más lujosa, y hace gala de un diseño de producción espectacular e imaginativo, además de unos trucajes convincentes. Pero en realidad, ambas cuentan exactamente lo mismo. Solo que "Escape Room" gana en lo que respecta al factor entretenimiento. De Domingo por la tarde, vamos.
El único rostro del reparto que he reconocido es el de Deborah Ann Woll, la "Karen Page" del "Daredevil" según Marvel/Netflix.
El director, Adam Robitel, venía de rodar el pasable found footage "The Taking of Deborah Logan" y la bastante horrible "Insidious : La última llave". Tiene un futuro prometedor en el que asoman una segunda parte de "Escape Room" y un thriller sobrenatural producido por Sam Raimi.
sábado, 4 de mayo de 2019
SESIÓN DOBLE : JEEPERS CREEPERS 3 + JIGSAW : EL JUEGO CONTINÚA
JEEPERS CREEPERS 3 : Pasados dieciséis largos años desde la segunda parte, no esperaba nada demasiado bueno de "Jeepers Creepers 3". Me había auto-convencido de que era una película a destiempo. También de que, probablemente, se habría facturado con muchos menos medios que sus predecesoras y con fines meramente mercantiles. Ahora que la he visto, puedo decir aquello de: Celebro haberme equivocado. Puede que esté hecha con menos medios, pero desde luego no se nota.
"Jeepers Creepers 3" se sitúa justo entre las dos primeras entregas. La ya icónica criatura alada se limita a ir cazando seres humanos que guarda en su destartalada furgoneta mientras los agentes de la ley, y un grupo de linchamiento, van tras su pista. Paralelamente tenemos a una mujer en cuyo jardín reposa enterrado cierto "objeto" que el monstruo reclama y el inevitable romance adolescente que, para variar, no molesta ni irrita.
Lo que más me sorprendió de esta tercera parte es que evita caer en lo acomodaticio y resulta hasta medianamente imprevisible. No es que sea lo más original del mundo, pero su director y guionista, Victor Salva, aporta ideas, giros y enfoques un poco distintos, desviándose de caminos trillados. Eso en lo narrativo, porque en lo visual también logra momentos
genuinamente potentes, destacando en especial el cara a cara del monstruo y el personaje armado con una potente ametralladora que interpreta Stan Shaw. Puro suspense. Y luego tenemos la furgoneta, que es casi como la versión diabólica de un automovil própio del James Bond de los buenos tiempos.
En resumen, no es que me haya hecho vibrar ni alucinar, pero sí reconozco que "Jeepers Creepers 3" logró superar mis expectativas (que eran muy bajas) y prácticamente salvarme del aburrimiento, cosa esta que es lo que me suelen aportar últimamente casi todas las películas que veo, especialmente las de género fantástico.
JIGSAW:EL JUEGO CONTINÚA : Nueve años después del último título de la franquicia "Saw", y cuando ya la dábamos por enterrada, sale a la luz una octava entrega. ¿El motivo?, desconocido. Pero es evidente -y significativo- que ha sido confeccionada pensando en aquel público que no ha visto todas o ninguna de las previas, y aquel -en el que me incluyo- que las ha visto y, llegado cierto punto, se perdió completamente.
El escenario es familiar: Varias víctimas obligadas a jugar a uno de los mortales, ingeniosos y retorcidos juegos de Jigsaw, deben confesar crímenes ocultos o morirán de las formas más dolorosas imaginables. Paralelamente tenemos a los policías y forenses investigando e intentando localizar la guarida antes de que no quede nadie vivo. El tiempo corre y el suspense se acumula. Ambas tragedias se van entrecruzando, lo que le da al conjunto un ritmo imparable que se mantiene hasta el final y hace el visionado un rato entretenido.
La truculencia es algo más contenida que los dos títulos previos, pero sigue presente y reserva alguna "joya" como la brutal muerte que cierra el show. El elemento sorpresa propio de la saga -siempre discutible pero efectivo- también está.
Dirigen los solventes Hermanos Spierig.
"Jeepers Creepers 3" se sitúa justo entre las dos primeras entregas. La ya icónica criatura alada se limita a ir cazando seres humanos que guarda en su destartalada furgoneta mientras los agentes de la ley, y un grupo de linchamiento, van tras su pista. Paralelamente tenemos a una mujer en cuyo jardín reposa enterrado cierto "objeto" que el monstruo reclama y el inevitable romance adolescente que, para variar, no molesta ni irrita.
Lo que más me sorprendió de esta tercera parte es que evita caer en lo acomodaticio y resulta hasta medianamente imprevisible. No es que sea lo más original del mundo, pero su director y guionista, Victor Salva, aporta ideas, giros y enfoques un poco distintos, desviándose de caminos trillados. Eso en lo narrativo, porque en lo visual también logra momentos
genuinamente potentes, destacando en especial el cara a cara del monstruo y el personaje armado con una potente ametralladora que interpreta Stan Shaw. Puro suspense. Y luego tenemos la furgoneta, que es casi como la versión diabólica de un automovil própio del James Bond de los buenos tiempos.En resumen, no es que me haya hecho vibrar ni alucinar, pero sí reconozco que "Jeepers Creepers 3" logró superar mis expectativas (que eran muy bajas) y prácticamente salvarme del aburrimiento, cosa esta que es lo que me suelen aportar últimamente casi todas las películas que veo, especialmente las de género fantástico.
JIGSAW:EL JUEGO CONTINÚA : Nueve años después del último título de la franquicia "Saw", y cuando ya la dábamos por enterrada, sale a la luz una octava entrega. ¿El motivo?, desconocido. Pero es evidente -y significativo- que ha sido confeccionada pensando en aquel público que no ha visto todas o ninguna de las previas, y aquel -en el que me incluyo- que las ha visto y, llegado cierto punto, se perdió completamente.
El escenario es familiar: Varias víctimas obligadas a jugar a uno de los mortales, ingeniosos y retorcidos juegos de Jigsaw, deben confesar crímenes ocultos o morirán de las formas más dolorosas imaginables. Paralelamente tenemos a los policías y forenses investigando e intentando localizar la guarida antes de que no quede nadie vivo. El tiempo corre y el suspense se acumula. Ambas tragedias se van entrecruzando, lo que le da al conjunto un ritmo imparable que se mantiene hasta el final y hace el visionado un rato entretenido.
La truculencia es algo más contenida que los dos títulos previos, pero sigue presente y reserva alguna "joya" como la brutal muerte que cierra el show. El elemento sorpresa propio de la saga -siempre discutible pero efectivo- también está.
Dirigen los solventes Hermanos Spierig.
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