Estamos en el Nueva York del año 1981, así que ya conocen los elementos con los que contamos: una ciudad degradada con un índice de criminalidad descontrolado y calles llenas de mierda. Ante semejante panorama, no es de extrañar que la pobre chavala protagonista de este drama cruento, que además de un poco retraída es muda (rarita Zoë Lund), reciba la visita el mismo día, y con apenas minutos de diferencia, de dos asaltantes que la fuerzan sexualmente. Al segundo logra cargárselo y hacerse con su pistola, una que, visto lo visto, dispone de munición infinita. A causa del trauma, la muchacha coge un asco incontrolado a cualquier espécimen humano que disponga de colgajo entre las piernas y, aunque de primeras se dedica a matar a aquellos que lo merecen (chuloputas, ligones infieles, acosadores...), luego, y a la vez que le pilla gusto (mutación producida de un día para otro), también se aficiona a cepillarse a los que, así de entrada y en apariencia, no han hecho nada... únicamente nacen con la testosterona descontrolada. Maldita madre naturaleza, ¡¿por qué, por qué nos dotaste con el don, y la obligación, de esputar la semillita dentro de una vagina, aka las puertas del infierno??.
Es muy fácil caer en dos trampas a la hora de hablar de "Ángel de venganza" (título españolo -no confundir con este otro- para el mucho más molón "Ms.45", "Señora 45"), segundo largometraje del, a veces interesante, a veces detestable, Abel Ferrara -interpretando además al primero de los dos violadores, ¡¡que hijoputa!!- tras decepcionar a medio fandom con "El asesino del taladro" (curiosa, pero poco más). Primero, calificarla de "exploitation" de "El justiciero de la ciudad". O película de justicieros estándar. Hombre, algo hay, sí, PERO para nada hablamos acá de un caso flagrante. De hecho, si yo fuese un crítico de cine serio y sesudo (y no soy nada de las tres cosas), diría que "Ángel de venganza" subvierte los esquemas de esa clase de productos. Para empezar, como digo, no todas las víctimas se han ganado ser aniquiladas (por mucha feminazi ahí fuera que opine lo contrario), una incluso decide quitarse la vida por propia voluntad. Y la protagonista poco tiene de heroica, especialmente con respecto a su destino. El otro error común -tal y como yo lo veo- es encasquetarle el sello de feminista. ¿De verdad?. Vale que en estos tiempos que corren la gente vitorea y aplaude una película en la que una tía revienta a mil machos hasta dejarlos hechos picadillo. Y si, siendo hembra, vas por ahí pregonando tu absoluto odio por el sexo opuesto, nadie te señalará con un dedo acusador. Al contrario, lo aceptarán de buen grado con una sonrisa cómplice. Pero las capas de "Ángel de venganza" son muchas más, y algo más profundas. Es demasiado trágica para "disfrutarla". Y, después de todo, el director y el guionista son dos hombres. ¿De verdad el feminismo acepta que sean un par de penes los que firmen el supuesto título estandarte / decálogo -ochentero, al menos- de su causa? Más sabiendo que, como contaba el mismo Abel Ferrara en entrevistas, cuando le ficharon como director para sendos capítulos de "Corrupción en Miami", él y el respectivo productor acompañaban la charleta con dos señoras putas debajo de la mesa succionando sus respectivos falos. Mmmmmh.
Independientemente de todos estos tejemanejes, y todas estas cuchufleteces, ciñéndonos a "Ángel de venganza" como película, como producto de entretenimiento, la verdad es que funciona. Y muy bien. Pasa volando, tiene sus momentos de intensidad, sus leves sorpresas y un clímax final sensacional situado en una fiesta de disfraces que, por efecto de la cámara lenta y una música tan rallante como maravillosa (implacables esos "golpes de saxo"), se vuelve casi el mismísimo purgatorio.
Muy recomendable.
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sábado, 19 de septiembre de 2026
martes, 20 de enero de 2026
FIESTA DE EMPRESA
“Fiesta de empresa” es una película que sirvió para hacer un balance del mal estado de la comedia americana en salas de exhibición españolas.
Es muy triste, inaudito y sorprendente que una película como esta, una comedia de 40 millones de presupuesto, que consigue recaudar algo más de 100 millones en todo el mundo, en España tan solo recaude 17.391 euros. Se desplazaron a verla unos paupérrimos 2.930 espectadores. Muy atrás quedan los tiempos en los que las comedias americanas llegaban a pasar del millón de espectadores. Ya andaba mal la cosa en 2016, año de producción de esta película, pero ahora, en pleno 2026, con la asentación de las plataformas de streaming y la exhibición tocada tras la pandemia, la poca comedia americana que se produce actualmente ha quedado relegada al nicho de las plataformas.
Al margen de esta observación, hay que decir que “Fiesta de empresa” es una de esas comedias navideñas que lejos de ensalzar los valores familiares a raíz de la reivindicación del espíritu navideño, los destruye, al igual que ocurre en otras películas navideñas de los últimos años como por ejemplo “Los Tres Reyes Malos” al servicio de Seth Rogen y amigos.
Una empresa de redes y tecnología no pasa su mejor momento; los pocos ingresos que obtienen propician que una de sus sucursales esté en el punto de mira, a no ser que logren embaucar a alguna otra empresa que quiera trabajar junto a ellos. De hecho, la gerente y hermana del director de la sucursal que va a iniciar un viaje a Londres, advierte que si no consiguen que cierto cliente invierta en dicha sucursal antes de que ella llegue a su destino, cerrará la misma inmediatamente. Es por ello que el director de la empresa gasta todo el dinero que le queda en organizar una gran fiesta de empresa para sorprender al posible inversor, impresionarle y cerrar un trato. Sin embargo, esta fiesta se les irá de las manos convirtiéndose en algo absolutamente salvaje.
No está nada mal esta “Fiesta de empresa”. Se trata de una comedia muy solvente y bien ejecutada que, no obstante, se vende a sí misma como mucho más desmadrada de lo que en realidad es. Y el humor va de menos a más sal gruesa según le conviene. La fiesta de empresa, con toda la locura que esta conlleva, al final es una trama muy secundaria, dando más prioridad a los avatares por los que han de pasar nuestros protagonistas para cerrar el trato con el inversor, que están solucionados de manera más blanca. En definitiva, que la gran fiesta que da título a la película, ocurre de pasada.
El film se inspira en un sketch de “Saturday Night Live” en el que los empleados de una empresa montan en la oficina una fiesta salvaje. Un sketch de unos minutos que sirvió de gen para toda una película que contará en su reparto con los miembros del “SNL” Kate McKinnon, Jillian Bell y Vanessa Bayer, tres mujeres que son máquinas de hacer reír y se echan la película a la espalda a pesar de representar roles muy secundarios.
A parte de las chicas “SNL”, los principales reclamos son un rescatado —y ahora también prestigioso— Jason Bateman, lejos de sus tiempos de actor más odiado a raíz de “Teen Wolf II”, y Jennifer Aniston en plena madurez física e interpretativa que está francamente bien en “Fiesta de empresa”. Acostumbrado como está el público a verla hacer de pija mona y afable, el verla aquí interpretar a una autentica arpía no tiene precio, máxime cuando consigue con tanta convicción que el personaje caiga mal al espectador. Su papel es odioso. Josh Gordon, uno de los directores, declaró que estaba pensado para Jennifer Aniston ya que él sabía que a la hora de encarnar a un personaje cabrón, la Aniston lo haría a la perfección. Dio en el clavo porque está memorable.
Completan el elenco principal T. J. Miller, actor de la última hornada al que le queda todavía un largo trecho para despuntar, y el veterano Courtney B. Vance, que nos ofrece, sin duda, los momentos más hilarantes del film. A Vance le hemos visto, por ejemplo, en títulos como “La mujer del predicador” o “D-Tox (Ojo asesino)”.
Dirigiendo tenemos a los dos chicos a los que les tocó la china tras pasar algún que otro año moviendo el guion que tenían en su poder, Josh Gordon y Will Speck, cuyo trabajo de mayor repercusión hasta la fecha es “Patinazo a la gloria”, vehículo para el lucimiento cómico de Will Ferrell.
Gran anécdota la que cuenta que para el rodaje se compraron montones de muebles que deberían quedar destrozados al final de la película. Sin embargo, muchos permanecieron intactos, y lejos de poder usarlos en futuras producciones, fueron donados al "Furniture Bank of Metro Atlanta", una fundación benéfica que provee de muebles de manera gratuita a aquella gente que, por problemas de índole doméstica, tiene que cambiar de domicilio de manera inesperada.
No es mala película esta “Fiesta de empresa”.
Es muy triste, inaudito y sorprendente que una película como esta, una comedia de 40 millones de presupuesto, que consigue recaudar algo más de 100 millones en todo el mundo, en España tan solo recaude 17.391 euros. Se desplazaron a verla unos paupérrimos 2.930 espectadores. Muy atrás quedan los tiempos en los que las comedias americanas llegaban a pasar del millón de espectadores. Ya andaba mal la cosa en 2016, año de producción de esta película, pero ahora, en pleno 2026, con la asentación de las plataformas de streaming y la exhibición tocada tras la pandemia, la poca comedia americana que se produce actualmente ha quedado relegada al nicho de las plataformas.
Al margen de esta observación, hay que decir que “Fiesta de empresa” es una de esas comedias navideñas que lejos de ensalzar los valores familiares a raíz de la reivindicación del espíritu navideño, los destruye, al igual que ocurre en otras películas navideñas de los últimos años como por ejemplo “Los Tres Reyes Malos” al servicio de Seth Rogen y amigos.
Una empresa de redes y tecnología no pasa su mejor momento; los pocos ingresos que obtienen propician que una de sus sucursales esté en el punto de mira, a no ser que logren embaucar a alguna otra empresa que quiera trabajar junto a ellos. De hecho, la gerente y hermana del director de la sucursal que va a iniciar un viaje a Londres, advierte que si no consiguen que cierto cliente invierta en dicha sucursal antes de que ella llegue a su destino, cerrará la misma inmediatamente. Es por ello que el director de la empresa gasta todo el dinero que le queda en organizar una gran fiesta de empresa para sorprender al posible inversor, impresionarle y cerrar un trato. Sin embargo, esta fiesta se les irá de las manos convirtiéndose en algo absolutamente salvaje.
No está nada mal esta “Fiesta de empresa”. Se trata de una comedia muy solvente y bien ejecutada que, no obstante, se vende a sí misma como mucho más desmadrada de lo que en realidad es. Y el humor va de menos a más sal gruesa según le conviene. La fiesta de empresa, con toda la locura que esta conlleva, al final es una trama muy secundaria, dando más prioridad a los avatares por los que han de pasar nuestros protagonistas para cerrar el trato con el inversor, que están solucionados de manera más blanca. En definitiva, que la gran fiesta que da título a la película, ocurre de pasada.
El film se inspira en un sketch de “Saturday Night Live” en el que los empleados de una empresa montan en la oficina una fiesta salvaje. Un sketch de unos minutos que sirvió de gen para toda una película que contará en su reparto con los miembros del “SNL” Kate McKinnon, Jillian Bell y Vanessa Bayer, tres mujeres que son máquinas de hacer reír y se echan la película a la espalda a pesar de representar roles muy secundarios.
A parte de las chicas “SNL”, los principales reclamos son un rescatado —y ahora también prestigioso— Jason Bateman, lejos de sus tiempos de actor más odiado a raíz de “Teen Wolf II”, y Jennifer Aniston en plena madurez física e interpretativa que está francamente bien en “Fiesta de empresa”. Acostumbrado como está el público a verla hacer de pija mona y afable, el verla aquí interpretar a una autentica arpía no tiene precio, máxime cuando consigue con tanta convicción que el personaje caiga mal al espectador. Su papel es odioso. Josh Gordon, uno de los directores, declaró que estaba pensado para Jennifer Aniston ya que él sabía que a la hora de encarnar a un personaje cabrón, la Aniston lo haría a la perfección. Dio en el clavo porque está memorable.
Completan el elenco principal T. J. Miller, actor de la última hornada al que le queda todavía un largo trecho para despuntar, y el veterano Courtney B. Vance, que nos ofrece, sin duda, los momentos más hilarantes del film. A Vance le hemos visto, por ejemplo, en títulos como “La mujer del predicador” o “D-Tox (Ojo asesino)”.
Dirigiendo tenemos a los dos chicos a los que les tocó la china tras pasar algún que otro año moviendo el guion que tenían en su poder, Josh Gordon y Will Speck, cuyo trabajo de mayor repercusión hasta la fecha es “Patinazo a la gloria”, vehículo para el lucimiento cómico de Will Ferrell.
Gran anécdota la que cuenta que para el rodaje se compraron montones de muebles que deberían quedar destrozados al final de la película. Sin embargo, muchos permanecieron intactos, y lejos de poder usarlos en futuras producciones, fueron donados al "Furniture Bank of Metro Atlanta", una fundación benéfica que provee de muebles de manera gratuita a aquella gente que, por problemas de índole doméstica, tiene que cambiar de domicilio de manera inesperada.
No es mala película esta “Fiesta de empresa”.
martes, 30 de septiembre de 2025
VAYA RESACA
Obvia película para lucimiento del palmito y supuesta vis cómica de Elisabeth Banks, que en un principio se las antoja irreverente a costa de un puñado de chistes sobre tetas, culos, crack y putas, pero que, imponiéndose la más repugnante moralina americana, al final se convierte en una película para todos los públicos. Y la Banks, siempre en plano y guapa aunque la arrastren por el fango, posiblemente sea la culpable de que al final el desmadre no vaya a más. La película entera parece concebida para que, con una iluminación muy tenue, veamos a la actriz en ropita interior. El verdadero protagonista es el vestidito amarillo de putón —así se refieren al mismo en la película— que viste Elisabeth Banks y la mete en mil y un líos durante el viajecito a pie que realizará para atravesar la ciudad desde la cama del individuo que se la liga en una noche de fiesta, hasta el estudio de televisión donde trabaja.
Y es que Meghan (la Banks), una reportera pulcra y sin escándalos sexuales o de drogas, pierde el puesto de presentadora de noticias ante su única rival. En consecuencia, sale de de juerga por la noche para celebrar su fracaso y, a la mañana siguiente, en la cama de un desconocido, descubre que finalmente va a ser a ella a la que van a contratar para el puesto en lugar de su rival, con un pasado controvertido. De manera que sale de la casa de ese tío a mitad de la noche sin dinero, sin vehículo, y vestida únicamente con el vestido amarillo antes mencionado. En adelante, sufrirá todo tipo de vicisitudes (como que la confundan constantemente con una prostituta que la chupa a cambio de crack) hasta que llega a su destino.
“Vaya resaca” es del montón. Se deja ver, sin más, y se olvida antes de que termine. Puro “fast food” del "Wendi’s" (no del "McDonalds").
Durante una de las muchas desventuras que sufre nuestra protagonista, acaba en una casa de crack haciendo amistad con unos yonkies. Curiosamente, aparece el actor Alphonso McAuley interpretando a un adicto que recuerda ligeramente al que interpretó el cómico Chris Rock en “New Jack City” de Mario Van Peebles. Poco a poco, cuando vemos como suelta líneas de diálogo exactas a las que soltaba Rock en aquella película, nos damos cuenta de que se trata de un guiño paródico, y ya salimos de toda duda cuando llaman al personaje por el mismo nombre, "Pookie". Lo que sigo sin entender es por qué el guiño y a cuento de qué. Una bizarrada.
Sin mucho más que destacar, decir que el personaje de la Banks llega a sacar de quicio al espectador, pero no tanto como su partenaire masculino, James Mardsen, quien de puro meloso lamentamos que su muerte como "Cíclope" en “X-Men: La decisión final” sea solo una ficción.
El título original de la cinta me parece estupendo: “The walk of shame”, es decir, “El camino de la vergüenza”. Una vergüenza, sin duda, es también el título elegido para distribuirla en nuestro país.
Dirige el asunto Steven Brill, actor ocasional y responsable de insulsas comedias como, por ejemplo, “De perdidos al río”. Un director tan del montón, igual que la película recién reseñada, cuya filmografía ha llegado a España con cuenta gotas y para el mercado del vídeo, excepto si alguna de sus películas estaba diseñada al servicio de Adam Sandler.
Y es que Meghan (la Banks), una reportera pulcra y sin escándalos sexuales o de drogas, pierde el puesto de presentadora de noticias ante su única rival. En consecuencia, sale de de juerga por la noche para celebrar su fracaso y, a la mañana siguiente, en la cama de un desconocido, descubre que finalmente va a ser a ella a la que van a contratar para el puesto en lugar de su rival, con un pasado controvertido. De manera que sale de la casa de ese tío a mitad de la noche sin dinero, sin vehículo, y vestida únicamente con el vestido amarillo antes mencionado. En adelante, sufrirá todo tipo de vicisitudes (como que la confundan constantemente con una prostituta que la chupa a cambio de crack) hasta que llega a su destino.
“Vaya resaca” es del montón. Se deja ver, sin más, y se olvida antes de que termine. Puro “fast food” del "Wendi’s" (no del "McDonalds").
Durante una de las muchas desventuras que sufre nuestra protagonista, acaba en una casa de crack haciendo amistad con unos yonkies. Curiosamente, aparece el actor Alphonso McAuley interpretando a un adicto que recuerda ligeramente al que interpretó el cómico Chris Rock en “New Jack City” de Mario Van Peebles. Poco a poco, cuando vemos como suelta líneas de diálogo exactas a las que soltaba Rock en aquella película, nos damos cuenta de que se trata de un guiño paródico, y ya salimos de toda duda cuando llaman al personaje por el mismo nombre, "Pookie". Lo que sigo sin entender es por qué el guiño y a cuento de qué. Una bizarrada.
Sin mucho más que destacar, decir que el personaje de la Banks llega a sacar de quicio al espectador, pero no tanto como su partenaire masculino, James Mardsen, quien de puro meloso lamentamos que su muerte como "Cíclope" en “X-Men: La decisión final” sea solo una ficción.
El título original de la cinta me parece estupendo: “The walk of shame”, es decir, “El camino de la vergüenza”. Una vergüenza, sin duda, es también el título elegido para distribuirla en nuestro país.
Dirige el asunto Steven Brill, actor ocasional y responsable de insulsas comedias como, por ejemplo, “De perdidos al río”. Un director tan del montón, igual que la película recién reseñada, cuya filmografía ha llegado a España con cuenta gotas y para el mercado del vídeo, excepto si alguna de sus películas estaba diseñada al servicio de Adam Sandler.
sábado, 12 de julio de 2025
DESTINO FINAL : LAZOS DE SANGRE
Diríase que el éxito indiscutible de la franquicia "Terrifier", y en especial su reciente tercera dosis, ha revitalizado el asunto de los efectos prácticos. Los gerifaltes de las compañías tochas han descubierto asombrados que la chavalada se ha puesto farruca con los excesos de látex y pintura roja propias de las aventuras del payaso "Art", unos que no solo son ya el "leitmotiv" de todo ello, sino que, a posteriori, su creador, padre y ejecutor, Damien Leone, mostraba en redes sociales cómo habían sido llevados acabo. Así las cosas, y considerando las maneras de Hollywood, esos mismos ejecutivos encorbatados decidieron replicarlo con sus productos horroríficos de pronto estreno. Tenemos el ejemplo de la ultra-mediocre hasta el dolor "Until Dawn". En las promos su director, el otrora prometedor David F. Sandberg, cuya puesta al servicio de las grandes corporaciones de su ojete ha terminado por enterrarlo en la más obtusa medianía, reivindicaba el uso de los trucos de antaño. "Aquellos que crecí viendo" decía, y los incorporaba alegremente a su peliculita, además de mostrar el "making of" de los mismos en un desesperado intento por atraer las atenciones y favores del fandom, ese gran idiota. Si podemos considerar "Until Dawn" un producto netamente "mainstream", la cosa se torna todavía más llamativa cuando esas mismas estrategias fueron seguidamente adoptadas por otro aún mayor en su pertenencia a la "corriente reinante", en su intención "crematística", la nueva entrega de "Destino Final".
Lo habré comentado mil veces antes, sea acá, sea en papel fotocopiado, pero siempre he sido un defensor tanto de esta franquicia como de la otra que iba sumando entregas a la par, "Saw". En su momento de auge, cuando no recibían más que palos por parte de prensa y -otra vez tu- fandom, acusándolas de repetitivas y poco imaginativas, me alzaba como su gran defensor, alegando que ambas eran a esos tiempos lo que "Viernes 13" y "Pesadilla en Elm Street" a los suyos, allá cuando, justo, también eran objeto de críticas duras y reproches, especialmente en lo referente a la acumulación de secuelas. Igualmente, anuncié sin ninguna clase de duda que, con los años, "Destino Final" y "Saw" no solo ganarían peso a nivel subcultural, sino que generarían continuaciones tardías, "reboots" y demás zarandajas. Bien, es exactamente lo que ha ocurrido. Así pues, pónganme la medalla y no se les ocurra intentar arrebatármela.
La cuestión es que esta "Destino Final: lazos de sangre" vendría a ser la sexta entrega, rodada trece años después de la que, en su día, se anunció como la última (y dieciséis de la única que fue tratada en este ciber-antro). ¿Y saben qué? pues que la jodía ha sido un éxito de taquilla, acumulando más billetes verdes que ninguna. Así pues, den por sentado que vendrán más (lo mismo que "Saw", de la que "Blumhouse" se ha agenciado los derechos con intención de seguir explotándola). ¿¿Y nos alegramos por ello?? Pues sí, porque resulta que "Destino Final: lazos de sangre" está un rato bien.
Pero antes de entrar en materia, déjenme finiquitar lo que comentaba al arranque de los efectos prácticos usados cual anzuelo. También los artífices de este "Destino Final 6" publicaban vídeos en redes sociales demostrándonos lo "cool" que eran al decantarse por ellos. Por supuesto, y como ocurre exactamente en el caso de "Until Dawn", luego, en pantalla, esos mismos truquitos de goma siguen cantando considerablemente a CGI. No creo que nos hayan estafado, no, pero seguramente tampoco pudieron evitar darles posteriormente un baño de infografía para perfeccionarlos, arrebatándoles toda su fisicidad, adquiriendo esa molesta pátina de artificio desaborío propio de la técnica en cuestión. ¿Perjudica ello pues a la película? No. Al fin y al cabo todas estas mandangas son solo materia que "preocupa" al aficionado, al fan, al pajero, pero al público mayoritario le importan un pimiento. Este únicamente demanda un producto entretenido y ameno, listo para escapar de la burda y apestosa realidad, práctica que últimamente veo como se considera reprochable, pero a mi me parece maravillosa y aplaudo. En ese sentido "Destino Final: lazos de sangre" no falla.
Como ocurre con todas las franquicias del horror, la historia de base es la misma de siempre. Y, no se engañen, así debe ser. Es lo que queremos ver. Lo que nos gusta. Luego, si los guionistas son lo suficientemente hábiles para añadirle unas goticas de algo un pelo distinto, pues mira, mejor, pero sin alejarse demasiado de la formula. Así pues, la novedad acá es que todo el asunto de las víctimas de un accidente terrible que se salvan gracias a una premonición y, aluego, son perseguidas por la señora muerte, se reduce a un círculo familiar, a padres, hijos, tíos y primos. Con el añadido extra de que, el origen de todo, ocurrió cincuenta años atrás. Las personas a despachar eran tantas que la de la guadaña ha tardado varias décadas en alcanzar a los protagonistas, porque su plan consistía desde el principio en cargarse hasta el último de los linajes de aquellos que no fenecieron cuando debían. Voltereta narrativa bastante ingeniosa y bien resuelta. Además, a ese salto temporal se vincula el personaje de Tony Todd, quien, como sabrán, ha ido ejerciendo de ¿cómo definirlo? experto en escapar de las garras de la codiciosa muerte, siempre aconsejando a las futuras víctimas que recurrían a él en busca de ayuda. También sabrán que Todd murió al poco de terminar la película, así que su despedida en la ficción se torna especialmente emotiva.
Pero, vamoh a vé, julai, déjate de mierdas, ¿¿molan o no molan las escenas donde palman los protagonistas?? Sí, molan. Y muchísimo. Es más, me atrevería a decir que son las más retorcidamente creativas, originales y espectacularmente sanguinolentas de todos los "Destinos Finales". El gore es "mainstream" en su mayoría, sí, pero les hará babear por su exageración y brutalidad. Voy a contenerme las ganas de describir aquellas que más me impactaron, por tentador que sea, y diré que no pude evitar soltar una satisfactoria risotada como consecuencia / válvula de escape ante la barbaridad de algunas. También por el placer de ver cómo son espachurrados, reventados o partidos en dos personajes sumamente desagradables y que lo merecen.
Así, a base de sangre a borbotones, gran guiñol, una narrativa perfectamente equilibrada entre le repetición y cierta novedad, y un ritmo acelerado y constante, resulta que la peli termina cumpliendo su cometido, entretener, divertir, ayudar a desconectar del mundanal ruido y, en fin, que la recomiendo.
Obviamente, por su condición de producto puro y duro, me saltaré la parte de la reseña en la que cito nombres y currículums. La verdad, importan un carajo. Pero, por cumplir, mencionaré a uno de los productores, y responsable de la "story" de base, Jon Watts, director en su día de las apreciables "Clown" y "Coche Policial", finalmente reciclado a paridor de "hits" taquilleros con las aventuras de "Spider-man" auspiciadas por "Marvel Studios".
Lo habré comentado mil veces antes, sea acá, sea en papel fotocopiado, pero siempre he sido un defensor tanto de esta franquicia como de la otra que iba sumando entregas a la par, "Saw". En su momento de auge, cuando no recibían más que palos por parte de prensa y -otra vez tu- fandom, acusándolas de repetitivas y poco imaginativas, me alzaba como su gran defensor, alegando que ambas eran a esos tiempos lo que "Viernes 13" y "Pesadilla en Elm Street" a los suyos, allá cuando, justo, también eran objeto de críticas duras y reproches, especialmente en lo referente a la acumulación de secuelas. Igualmente, anuncié sin ninguna clase de duda que, con los años, "Destino Final" y "Saw" no solo ganarían peso a nivel subcultural, sino que generarían continuaciones tardías, "reboots" y demás zarandajas. Bien, es exactamente lo que ha ocurrido. Así pues, pónganme la medalla y no se les ocurra intentar arrebatármela.
La cuestión es que esta "Destino Final: lazos de sangre" vendría a ser la sexta entrega, rodada trece años después de la que, en su día, se anunció como la última (y dieciséis de la única que fue tratada en este ciber-antro). ¿Y saben qué? pues que la jodía ha sido un éxito de taquilla, acumulando más billetes verdes que ninguna. Así pues, den por sentado que vendrán más (lo mismo que "Saw", de la que "Blumhouse" se ha agenciado los derechos con intención de seguir explotándola). ¿¿Y nos alegramos por ello?? Pues sí, porque resulta que "Destino Final: lazos de sangre" está un rato bien.
Pero antes de entrar en materia, déjenme finiquitar lo que comentaba al arranque de los efectos prácticos usados cual anzuelo. También los artífices de este "Destino Final 6" publicaban vídeos en redes sociales demostrándonos lo "cool" que eran al decantarse por ellos. Por supuesto, y como ocurre exactamente en el caso de "Until Dawn", luego, en pantalla, esos mismos truquitos de goma siguen cantando considerablemente a CGI. No creo que nos hayan estafado, no, pero seguramente tampoco pudieron evitar darles posteriormente un baño de infografía para perfeccionarlos, arrebatándoles toda su fisicidad, adquiriendo esa molesta pátina de artificio desaborío propio de la técnica en cuestión. ¿Perjudica ello pues a la película? No. Al fin y al cabo todas estas mandangas son solo materia que "preocupa" al aficionado, al fan, al pajero, pero al público mayoritario le importan un pimiento. Este únicamente demanda un producto entretenido y ameno, listo para escapar de la burda y apestosa realidad, práctica que últimamente veo como se considera reprochable, pero a mi me parece maravillosa y aplaudo. En ese sentido "Destino Final: lazos de sangre" no falla.
Como ocurre con todas las franquicias del horror, la historia de base es la misma de siempre. Y, no se engañen, así debe ser. Es lo que queremos ver. Lo que nos gusta. Luego, si los guionistas son lo suficientemente hábiles para añadirle unas goticas de algo un pelo distinto, pues mira, mejor, pero sin alejarse demasiado de la formula. Así pues, la novedad acá es que todo el asunto de las víctimas de un accidente terrible que se salvan gracias a una premonición y, aluego, son perseguidas por la señora muerte, se reduce a un círculo familiar, a padres, hijos, tíos y primos. Con el añadido extra de que, el origen de todo, ocurrió cincuenta años atrás. Las personas a despachar eran tantas que la de la guadaña ha tardado varias décadas en alcanzar a los protagonistas, porque su plan consistía desde el principio en cargarse hasta el último de los linajes de aquellos que no fenecieron cuando debían. Voltereta narrativa bastante ingeniosa y bien resuelta. Además, a ese salto temporal se vincula el personaje de Tony Todd, quien, como sabrán, ha ido ejerciendo de ¿cómo definirlo? experto en escapar de las garras de la codiciosa muerte, siempre aconsejando a las futuras víctimas que recurrían a él en busca de ayuda. También sabrán que Todd murió al poco de terminar la película, así que su despedida en la ficción se torna especialmente emotiva.
Pero, vamoh a vé, julai, déjate de mierdas, ¿¿molan o no molan las escenas donde palman los protagonistas?? Sí, molan. Y muchísimo. Es más, me atrevería a decir que son las más retorcidamente creativas, originales y espectacularmente sanguinolentas de todos los "Destinos Finales". El gore es "mainstream" en su mayoría, sí, pero les hará babear por su exageración y brutalidad. Voy a contenerme las ganas de describir aquellas que más me impactaron, por tentador que sea, y diré que no pude evitar soltar una satisfactoria risotada como consecuencia / válvula de escape ante la barbaridad de algunas. También por el placer de ver cómo son espachurrados, reventados o partidos en dos personajes sumamente desagradables y que lo merecen.
Así, a base de sangre a borbotones, gran guiñol, una narrativa perfectamente equilibrada entre le repetición y cierta novedad, y un ritmo acelerado y constante, resulta que la peli termina cumpliendo su cometido, entretener, divertir, ayudar a desconectar del mundanal ruido y, en fin, que la recomiendo.
Obviamente, por su condición de producto puro y duro, me saltaré la parte de la reseña en la que cito nombres y currículums. La verdad, importan un carajo. Pero, por cumplir, mencionaré a uno de los productores, y responsable de la "story" de base, Jon Watts, director en su día de las apreciables "Clown" y "Coche Policial", finalmente reciclado a paridor de "hits" taquilleros con las aventuras de "Spider-man" auspiciadas por "Marvel Studios".
sábado, 22 de marzo de 2025
STONEY, EL FRÍO
No solemos ser tan oportunos, pero el cruel destino ha obrado en nuestro favor. Tenía el siguiente tocho programado para dentro de dos semanas.... y justo me entero del fallecimiento de Wings Hauser, legendario astro del cine barato y prota absoluto del film en cuestión. Es por ello que he decidido adelantar su publicación a modo de tributo. Descanse pues en paz, caballero.
Dice asín...
En la reseña de "Police Force" acusaba al productor, mister todoterreno Sandy Howard, de haberme engañado con otra de sus películas previas, "Stoney, el frío", vendiendo -por título- una falsa epopeya justiciera "a lá Harry Callahan". Luego, en -precisamente- frío, lo consideré un poco injusto por mi parte, ya que la "estafa" fue cosa de los distribuidores españoles (el único país donde se tiró de tal estratagema) quienes optaron por ese bautismo troleante, cuando en realidad la película fue estrenada en USA como "Deadly Force", un rato molón (claro que traducido suena más genérico, "Fuerza Mortal"). Sin embargo, me informo -es decir, visito Imdb- y descubro que el film SÍ nació con la intención de arrancar una nueva franquicia de vigilante repartiendo tiros, citándose muy claramente "Harry, el sucio" y "Death Wish" como inspiración (así lo de "Deadly Force" cobra más sentido. Un título al que le pega mucho una posible numeración continua, "Deadly Force 2", "Deadly Force 3"... ¿a que sí?). Desconcertante, muy desconcertante, porque una vez consumida por segunda vez -cortesía de mi querido "consiguietor" Enorm- tras la inevitable y mentada decepción juvenil, no veo paralelismos por ningún lado. La cuestión es que Sandy Howard quedó impresionadísimo con el carisma y talento desplegado por Wings Hauser en su colaboración anterior, "La jauría del vicio", donde hacía de villano ultra-cabrón, y decidió fabricarle un vehículo de lucimiento, con el protagonista -esta vez un héroe- totalmente diseñado para él. No obstante, Hauser desenmascaró su limitado registro interpretándolo casi como si fuese otro villano -o eso dicen los que saben-, de ahí la imposibilidad de conectar con su condición supuestamente heróica y, de rebote, con el público. El inevitable fracaso resultante puso fin a la intención "franquiciadora" y a las colaboraciones entre productor y actor. A saber el mal rollo que generaría todo ello.
No obstante, según mi teoría -la de los que saben poco-, el descalabro no solo es cosa del amigo Wings. La película, toda ella, carece de elementos medianamente llamativos. Tal vez el enfrentamiento final entre el héroe y su némesis resulte algo más interesante, ni que sea por la inhabitual cantidad de estopa que recibe el primero. Pero, en general, abunda el muermo. Falta acción, falta violencia, falta sordidez, falta de todo. Podría pasar como semi entretenimiento de tarde de domingo, consumido mientras miras el móvil o piensas en tus mierdas, pero nada más. No deja ninguna clase de poso y Hauser da vida a un tipo demasiado normal como para resplandecer en el rol de justiciero. Es sociable, simpático, enseña el culo, está enamorado de su mujer a la que ama (fuerza un polvete reconciliador) y, en fin, no hay mucho de duro, frío y despiadado en él. Tampoco nadie se venga aquí, lo que rebaja totalmente la posible adrenalina que ello provocaría en nosotros, ilusos consumidores, y eso incluye la poco gustosa muerte del malo... uno que se supone sorpresa, pero ves venir desde lejos y sobradamente. Al parecer, el director, Paul Aaron (a quien debemos films como el "Fuerza 7" con Chuck Norris, la comedia "Maxie" con Glenn Close o -en funciones únicamente de productor- "El alucinante viaje de Bill y Ted"), aseguraba a los medios del momento que había evitado rodar "la típica peli de polis matando a diestro siniestro". Considerando ello, casi podríamos señalarle a él como total y absoluto culpable. Eso es justo lo que tendría que haber sido "Stoney, el frío".
Hay un maníaco suelto en la ciudad que elige sus víctimas a boleo. Ha asesinado a una jovenzuela cuyo abuelo pide ayuda a su amigo Stoney Cooper para que averigüe algo. Este, detective de profesión -fue expulsado de la policía, no dicen por qué razón, pero suponemos que será cosa de métodos expeditivos... ¿no es siempre así?-, se dedicará a resolver el entuerto, recuperar a su ex y, de paso, enfrentarse a viejos enemigos.
Inevitablemente, y siendo una película del año 1983, localizamos unos cuantos nombres curiosos. En cuestiones de reparto, destacan Paul "El precio del poder" Shenar, Al "El padrino parte III" Ruscio, Lincoln "Fortaleza Infernal" Kilpatrick -ambos de extensísima y sorprendente carrera-, la Estelle Getty de "Las chicas de oro" (haciendo gala ya de ese desparpajo que, en su vejez, la catapultaría hacia lo más alto), Aaron Norris -hermano de Chuck, es decir, enchufado- como policía y el bueno de Ned Eisenberg en plan ratero callejero, lo reconocerás como chico malo / víctima en "La Quema", pandillero en "El Exterminador", soldado israelí en "Ultimatum" y aficionado a la ultra-violencia en "Locademia de conductores". ¡¡Carrerón!!.
El caso de la "partenaire" de Hauser es un poco atípico. Joyce Ingalls venía de interpretar a una prostituta en "La cocina del infierno" de / con Stallone. Por lo visto, en la época el famoso actor y ella fueron pareja, o follamigos (me pregunto si cuando Estelle Getty y Sly coincidieron años después en "¡Alto! o mi madre dispara", cuchichearían al respecto). Tras "Stoney, el frío", Ingalls se lió con movidas beatas. A causa de ello, dejó la interpretación, que no retomó hasta 1998 con "Arma Letal 4". Eso sí, en un rol de enfermera, casi como extra. Debió satisfacerla más bien poco porque ya no reincidió. En 2015 abandonó esta dimensión.
En los efectos de maquillaje un clásico, Mark Shostrom, de más que lustrosa trayectoria. Aquí no es que le dejen lucirse mucho, pero cumple.
Y, ya concluyendo, en tareas de guion tenemos a un "mostro" del "exploitation" como era Robert Vincent O´Neil, padre de la saga "Angel". A Barry Schneider, responsable del libreto de "Ruby", del de la comedia "Apáñatelas como puedas" y de dos para Mark Lester, "Roller Boogie" y nada menos que "Curso 1984". Vale la pena señalar que en esta no figura acreditado, siendo el reputado Tom Holland quien se lleva la medalla. He buscado información (es decir, he vuelto a mirar a fondo Imdb), pero sin suerte. Aunque para misterios, el tercer guionista de "Stoney, el frío" (¡¡tres personas pa escribir esto!! tiene delito) Ken Barnett. Posee un único segundo crédito como guionista, otro producto Sandy Howard titulado "Las aventuras de Hambone". Lo llamativo es que, justo Ken Barnett, fue el nombre elegido por Freddie Francis y Ken Wiederhorn para ocultar sus respectivas (ir)responsabilidades con respecto a la fallidísima "Torre de cristal", recuerden, aquella de terror rodada en Barcelona el año 1987 usando como escenario exterior la Torre Trade. Aquí pueden leer al respecto. Ya, ya, seguramente haya unos cuantos Ken Barnett pululando por los USA, pero la coincidencia tiene su coña y la duda no se disipa del todo al descubrir que "Torre de cristal" venía producida por el amigo Sandy Howard..... ¡¿hein?!.
Dice asín...
En la reseña de "Police Force" acusaba al productor, mister todoterreno Sandy Howard, de haberme engañado con otra de sus películas previas, "Stoney, el frío", vendiendo -por título- una falsa epopeya justiciera "a lá Harry Callahan". Luego, en -precisamente- frío, lo consideré un poco injusto por mi parte, ya que la "estafa" fue cosa de los distribuidores españoles (el único país donde se tiró de tal estratagema) quienes optaron por ese bautismo troleante, cuando en realidad la película fue estrenada en USA como "Deadly Force", un rato molón (claro que traducido suena más genérico, "Fuerza Mortal"). Sin embargo, me informo -es decir, visito Imdb- y descubro que el film SÍ nació con la intención de arrancar una nueva franquicia de vigilante repartiendo tiros, citándose muy claramente "Harry, el sucio" y "Death Wish" como inspiración (así lo de "Deadly Force" cobra más sentido. Un título al que le pega mucho una posible numeración continua, "Deadly Force 2", "Deadly Force 3"... ¿a que sí?). Desconcertante, muy desconcertante, porque una vez consumida por segunda vez -cortesía de mi querido "consiguietor" Enorm- tras la inevitable y mentada decepción juvenil, no veo paralelismos por ningún lado. La cuestión es que Sandy Howard quedó impresionadísimo con el carisma y talento desplegado por Wings Hauser en su colaboración anterior, "La jauría del vicio", donde hacía de villano ultra-cabrón, y decidió fabricarle un vehículo de lucimiento, con el protagonista -esta vez un héroe- totalmente diseñado para él. No obstante, Hauser desenmascaró su limitado registro interpretándolo casi como si fuese otro villano -o eso dicen los que saben-, de ahí la imposibilidad de conectar con su condición supuestamente heróica y, de rebote, con el público. El inevitable fracaso resultante puso fin a la intención "franquiciadora" y a las colaboraciones entre productor y actor. A saber el mal rollo que generaría todo ello.
No obstante, según mi teoría -la de los que saben poco-, el descalabro no solo es cosa del amigo Wings. La película, toda ella, carece de elementos medianamente llamativos. Tal vez el enfrentamiento final entre el héroe y su némesis resulte algo más interesante, ni que sea por la inhabitual cantidad de estopa que recibe el primero. Pero, en general, abunda el muermo. Falta acción, falta violencia, falta sordidez, falta de todo. Podría pasar como semi entretenimiento de tarde de domingo, consumido mientras miras el móvil o piensas en tus mierdas, pero nada más. No deja ninguna clase de poso y Hauser da vida a un tipo demasiado normal como para resplandecer en el rol de justiciero. Es sociable, simpático, enseña el culo, está enamorado de su mujer a la que ama (fuerza un polvete reconciliador) y, en fin, no hay mucho de duro, frío y despiadado en él. Tampoco nadie se venga aquí, lo que rebaja totalmente la posible adrenalina que ello provocaría en nosotros, ilusos consumidores, y eso incluye la poco gustosa muerte del malo... uno que se supone sorpresa, pero ves venir desde lejos y sobradamente. Al parecer, el director, Paul Aaron (a quien debemos films como el "Fuerza 7" con Chuck Norris, la comedia "Maxie" con Glenn Close o -en funciones únicamente de productor- "El alucinante viaje de Bill y Ted"), aseguraba a los medios del momento que había evitado rodar "la típica peli de polis matando a diestro siniestro". Considerando ello, casi podríamos señalarle a él como total y absoluto culpable. Eso es justo lo que tendría que haber sido "Stoney, el frío".
Hay un maníaco suelto en la ciudad que elige sus víctimas a boleo. Ha asesinado a una jovenzuela cuyo abuelo pide ayuda a su amigo Stoney Cooper para que averigüe algo. Este, detective de profesión -fue expulsado de la policía, no dicen por qué razón, pero suponemos que será cosa de métodos expeditivos... ¿no es siempre así?-, se dedicará a resolver el entuerto, recuperar a su ex y, de paso, enfrentarse a viejos enemigos.
Inevitablemente, y siendo una película del año 1983, localizamos unos cuantos nombres curiosos. En cuestiones de reparto, destacan Paul "El precio del poder" Shenar, Al "El padrino parte III" Ruscio, Lincoln "Fortaleza Infernal" Kilpatrick -ambos de extensísima y sorprendente carrera-, la Estelle Getty de "Las chicas de oro" (haciendo gala ya de ese desparpajo que, en su vejez, la catapultaría hacia lo más alto), Aaron Norris -hermano de Chuck, es decir, enchufado- como policía y el bueno de Ned Eisenberg en plan ratero callejero, lo reconocerás como chico malo / víctima en "La Quema", pandillero en "El Exterminador", soldado israelí en "Ultimatum" y aficionado a la ultra-violencia en "Locademia de conductores". ¡¡Carrerón!!.
El caso de la "partenaire" de Hauser es un poco atípico. Joyce Ingalls venía de interpretar a una prostituta en "La cocina del infierno" de / con Stallone. Por lo visto, en la época el famoso actor y ella fueron pareja, o follamigos (me pregunto si cuando Estelle Getty y Sly coincidieron años después en "¡Alto! o mi madre dispara", cuchichearían al respecto). Tras "Stoney, el frío", Ingalls se lió con movidas beatas. A causa de ello, dejó la interpretación, que no retomó hasta 1998 con "Arma Letal 4". Eso sí, en un rol de enfermera, casi como extra. Debió satisfacerla más bien poco porque ya no reincidió. En 2015 abandonó esta dimensión.
En los efectos de maquillaje un clásico, Mark Shostrom, de más que lustrosa trayectoria. Aquí no es que le dejen lucirse mucho, pero cumple.
Y, ya concluyendo, en tareas de guion tenemos a un "mostro" del "exploitation" como era Robert Vincent O´Neil, padre de la saga "Angel". A Barry Schneider, responsable del libreto de "Ruby", del de la comedia "Apáñatelas como puedas" y de dos para Mark Lester, "Roller Boogie" y nada menos que "Curso 1984". Vale la pena señalar que en esta no figura acreditado, siendo el reputado Tom Holland quien se lleva la medalla. He buscado información (es decir, he vuelto a mirar a fondo Imdb), pero sin suerte. Aunque para misterios, el tercer guionista de "Stoney, el frío" (¡¡tres personas pa escribir esto!! tiene delito) Ken Barnett. Posee un único segundo crédito como guionista, otro producto Sandy Howard titulado "Las aventuras de Hambone". Lo llamativo es que, justo Ken Barnett, fue el nombre elegido por Freddie Francis y Ken Wiederhorn para ocultar sus respectivas (ir)responsabilidades con respecto a la fallidísima "Torre de cristal", recuerden, aquella de terror rodada en Barcelona el año 1987 usando como escenario exterior la Torre Trade. Aquí pueden leer al respecto. Ya, ya, seguramente haya unos cuantos Ken Barnett pululando por los USA, pero la coincidencia tiene su coña y la duda no se disipa del todo al descubrir que "Torre de cristal" venía producida por el amigo Sandy Howard..... ¡¿hein?!.
sábado, 28 de diciembre de 2024
CAMPAMENTO SANGRIENTO 3
Aquel fue un sábado intensamente lluvioso, lo que me condenó a un enclaustramiento total y el visionado de hasta tres películas en busca de la más desesperada evasión. Vi "Indiana Jones y el dial del destino", "Hellboy: El hombre retorcido" y "Campamento Sangriento 3". La primera sabía que cumpliría su función, y cumplió (me gusta más incluso que la previa, la de la calavera de cristal), la segunda fue un varapalo de tres pares de cojones que ni terminé y la tercera... reconozco que la puse ya entrada la medianoche con el fin de coger el sueño. Paradójicamente, acabé consumiéndola entera y fue la que me gustó más de la extensa velada. No digo que sea mejor que la del arqueólogo del látigo, pero, no sé, creo que su procedencia del año 1989, su brutal honestidad y ese look de cine-cine, sin la frialdad digital hoy día como parte de la norma, contribuyeron.
A estas alturas no es necesario entrar mucho en detalles. Hablamos de la tercera entrega de la saga "cult" de slashers segundones "Sleepaway Camp", con una ensalada de títulos (o, mejor dicho, de numeraciones) algo liosa. Hablé de todo ello cuando reseñé la primera, la fundacional. Luego vinieron la productora "Double Helix", el director Michael A. Simpson y la actriz Pamela Springteen (siiii, hermana de...) y se sacaron dos entregas más de la manga, rodadas back-to-back en un periodo de seis semanas. Sobre la segunda ya di la brasa cuando fue de menester, "Campamento Sangriento" (e, insisto, que no lleve el 2 tras el título tiene su explicación), a esta tercera la mencioné de pasada tras fracasar en un primer intento de deglutirla. Iba siendo hora de darle un segundo muerdo.
La famosa asesina "trans" (¿¿se consideraría hoy ofensivo??) Angela se carga a la monitora de un campamento. Haciéndose pasar por ella, acude al susodicho donde formará parte de un "experimento social". Por un lado están los campistas pijos, y por otro los menos favorecidos. Naturalmente, estos responden a una serie de estereotipos exagerados, casi de dibujo animado, un rato graciosos. No hace falta decir que, aprovechando una acampada bosquil, Angela se los irá cepillando uno a uno, en riguroso orden, sin considerar clase social pero sí maneras (el motivador homicida de la muchacha sigue siendo su recta moral, solo que, en ocasiones, se pasa de exigente)
Es muy evidente que Michael A. Simpson y la "Double Helix" abordaron "Sleepaway Camp 3: Teenage Wasteland" a piñón, asaco, sin plantearse ofrecer mucho más allá de los mínimos requeridos. El mismo director reconoce la escasez de tiempo para todo y su preferencia por la entrega previa. "Campamento sangriento 3" es tosca, cutrona, elemental como ella sola y tira de diálogos de mierda... pero hay muchas tetas (nada más comenzar vemos dos, y luego tenemos las increíbles perlas de Stacie Lambert, actriz que no volvería a rodar nada más) y no menos asesinatos. Eso sí, poco sucosos. Por desgracia, la censura metió mano, a lo bestia, llevándose por delante material gráfico y truculento. Era una práctica muy común entonces, ya terminando los ochenta y con los temibles noventa a la vuelta de la esquina. Sin embargo, y eso no dice nada bueno de mí, actualmente lo percibo hasta como entrañable.
La ausencia de chicha -es decir, la razón de ser de un slasher- contribuye a incrementar la sensación de que la peli se hizo por hacer. De que el equipo responsable no estaba para puñetas. Había prisa y, total, aquello era basura. Ellos lo sabían, la futura audiencia lo sabía... ¿para qué complicarse? Déjate de florituras y pijadas, julai. Todo hace suponer, pues, que estamos ante una sagrada puta mierda sin el más mínimo elemento redentor. Y no vale la pena ni verla. Mmmmmh... sí, pero no.
Ese escaso interés de sus autores acaba beneficiándola porque, al no molestarse en humanizar a los personajes, ni sorprender con giros, ni, por supuesto, abusar de guiños a los clásicos añejos (salvo una graciosa cita de manual a Jason / "Viernes 13". Angela encuentra una máscara de hockey y, cuando alguien le pregunta de dónde la ha sacado, exclama "De una cloaca"), dicho de otro modo, al no currárselo ni unos mínimos, pues les sale un slasher en el que, cuando se mata, no importa si está justificado o no, si la víctima lo merecía o no, si era buena gente o no, o si era un padre en busca de venganza por la muerte de su hijo en la peli previa, cosa que, por norma, se incluiría en el guion con la intención de sacarle alguna clase de jugo narrativo. ¡¡Pa un personaje con enjundia que hay!!. Pos no, hija. Ni eso.
Alguien se quejaba en redes porque, decía el infeliz, Angela mataba a "campistas majos". Nos han acostumbrado demasiado a que en los slashers modernos las víctimas sean tan irritantes y gilipollas que casi celebremos su muerte (ejemplo: "Black Friday"). Pero en 1989 eso todavía no pasaba. Y menos en manos de unos mercenarios del cine. Así pues, a lo tonto, se podía decir que "Campamento Sangriento 3" "sorprende". O, cuanto menos, no nos resulta tan previsible y monótona. Eso es bueno.
Cumplida la papeleta, Michael A. Simpson continuó su errática trayectoria hasta que dejó la dirección para ejercer solo en producción, y la cosa le fue mejor (podemos ver su nombre como tal en "Corazón Rebelde" o "El caso Heineken", ambas muy buenas). Pamela Springteen hizo una película más, una comedia que nadie recuerda, y dejó la interpretación para convertirse en fotógrafa de músicos (vamos, que aceptó el enchufe de su hermano). Es por ello que nunca llegaría a protagonizar el "Sleepaway Camp 4" que "Double Helix" estaba decidida a facturar (en la que tampoco iba a intervenir el director de las dos previas). Rodó algunas escenas de prueba y se fue a la quiebra, dejando el asunto en ascuas. Años después, ya con el fandom descontrolado (especialmente el dedicado a la franquicia en cuestión. Tanto es así que dispone de hasta dos páginas web oficiales) alguien se hizo con el material y contrató nada menos que al temible Dustin Ferguson para que, montaje mediante, y a base de reciclar escenas de las entregas precedentes, se cascara un largometraje con todo ello. Uno del que nadie dice nada bonito.
Finalmente existió otro "Sleepaway Camp 4", con parte del equipo original -incluido director y la auténtica Angela, Felissa Rose- que ignoraba las secuelas. Fue una decepción tocha para los devotos. También entonces Simpson se planteó parir tardíamente una nueva dosis de SU porción de la saga, adentrándose en terreno sobrenatural. Pero de ello únicamente quedó la intención. Que extraño e incomprensible es todo este mamoneo en torno a los "Sleepaway Camp", oiga.
Volviendo a la tercera parte, cabe mencionar que, en su condición de producto desalmado y crematístico, dispuesto a complacer sin cansarse demasiado los más bajos instintos de su público teenager, tiran de lo facilón trufando la banda sonora a base de heavy metal cutre. No niego que queda de lo más chulo.
En el reparto destacan algunas caras curiosas (de las tetas ya he hablado) Comenzando por una bien fea, Michael J. Pollard quien, a pesar de ello, y su ya edad considerable (seguramente la mía), se enrolla con la campista de ubres bonitas (tal vez fuese ello un guiño al tono vicioso del "Sleepaway Camp" original, en el que también teníamos a una jovencita pirrándose por los huesos de un vejestorio, aunque allí nunca pasaban a la acción) Le sigue, en el terreno de los veteranos, Sandra Dorsey. Estuvo en "Grizzly", la del setentero oso encabronado, y sus últimas dos películas las firmaban nada menos que los hermanos Farrelly (anda que no debe molar formar parte del rodaje de una producción medianamente mainstream, y descubrir que el actor o actriz entrado/a en años de al lado participó siendo joven en sendas y oscuras películas "cult") Centrándonos en el reparto de menor edad, destaca Kim Wall, quien hizo algo de carrerilla posterior, podemos verla -por los pelos- en "La niebla" de Stephen King o "American Pie: El reencuentro", donde se marca un rol algo más destacado.
A la hora de elegir una imagen ilustrativa, en lugar de echar mano de la caratula yanki, muy llamativa ella, preferí rescatar la española en su edición para DVD -nunca la hubo en VHS- por lo feísima que era. Al final resultaron ser dos.... ambas idénticamente horribles. Imposible resistirse a colarlas juntitas. Menudo país el nuestro, amigos.
A estas alturas no es necesario entrar mucho en detalles. Hablamos de la tercera entrega de la saga "cult" de slashers segundones "Sleepaway Camp", con una ensalada de títulos (o, mejor dicho, de numeraciones) algo liosa. Hablé de todo ello cuando reseñé la primera, la fundacional. Luego vinieron la productora "Double Helix", el director Michael A. Simpson y la actriz Pamela Springteen (siiii, hermana de...) y se sacaron dos entregas más de la manga, rodadas back-to-back en un periodo de seis semanas. Sobre la segunda ya di la brasa cuando fue de menester, "Campamento Sangriento" (e, insisto, que no lleve el 2 tras el título tiene su explicación), a esta tercera la mencioné de pasada tras fracasar en un primer intento de deglutirla. Iba siendo hora de darle un segundo muerdo.
La famosa asesina "trans" (¿¿se consideraría hoy ofensivo??) Angela se carga a la monitora de un campamento. Haciéndose pasar por ella, acude al susodicho donde formará parte de un "experimento social". Por un lado están los campistas pijos, y por otro los menos favorecidos. Naturalmente, estos responden a una serie de estereotipos exagerados, casi de dibujo animado, un rato graciosos. No hace falta decir que, aprovechando una acampada bosquil, Angela se los irá cepillando uno a uno, en riguroso orden, sin considerar clase social pero sí maneras (el motivador homicida de la muchacha sigue siendo su recta moral, solo que, en ocasiones, se pasa de exigente)
Es muy evidente que Michael A. Simpson y la "Double Helix" abordaron "Sleepaway Camp 3: Teenage Wasteland" a piñón, asaco, sin plantearse ofrecer mucho más allá de los mínimos requeridos. El mismo director reconoce la escasez de tiempo para todo y su preferencia por la entrega previa. "Campamento sangriento 3" es tosca, cutrona, elemental como ella sola y tira de diálogos de mierda... pero hay muchas tetas (nada más comenzar vemos dos, y luego tenemos las increíbles perlas de Stacie Lambert, actriz que no volvería a rodar nada más) y no menos asesinatos. Eso sí, poco sucosos. Por desgracia, la censura metió mano, a lo bestia, llevándose por delante material gráfico y truculento. Era una práctica muy común entonces, ya terminando los ochenta y con los temibles noventa a la vuelta de la esquina. Sin embargo, y eso no dice nada bueno de mí, actualmente lo percibo hasta como entrañable.
La ausencia de chicha -es decir, la razón de ser de un slasher- contribuye a incrementar la sensación de que la peli se hizo por hacer. De que el equipo responsable no estaba para puñetas. Había prisa y, total, aquello era basura. Ellos lo sabían, la futura audiencia lo sabía... ¿para qué complicarse? Déjate de florituras y pijadas, julai. Todo hace suponer, pues, que estamos ante una sagrada puta mierda sin el más mínimo elemento redentor. Y no vale la pena ni verla. Mmmmmh... sí, pero no.
Ese escaso interés de sus autores acaba beneficiándola porque, al no molestarse en humanizar a los personajes, ni sorprender con giros, ni, por supuesto, abusar de guiños a los clásicos añejos (salvo una graciosa cita de manual a Jason / "Viernes 13". Angela encuentra una máscara de hockey y, cuando alguien le pregunta de dónde la ha sacado, exclama "De una cloaca"), dicho de otro modo, al no currárselo ni unos mínimos, pues les sale un slasher en el que, cuando se mata, no importa si está justificado o no, si la víctima lo merecía o no, si era buena gente o no, o si era un padre en busca de venganza por la muerte de su hijo en la peli previa, cosa que, por norma, se incluiría en el guion con la intención de sacarle alguna clase de jugo narrativo. ¡¡Pa un personaje con enjundia que hay!!. Pos no, hija. Ni eso.
Alguien se quejaba en redes porque, decía el infeliz, Angela mataba a "campistas majos". Nos han acostumbrado demasiado a que en los slashers modernos las víctimas sean tan irritantes y gilipollas que casi celebremos su muerte (ejemplo: "Black Friday"). Pero en 1989 eso todavía no pasaba. Y menos en manos de unos mercenarios del cine. Así pues, a lo tonto, se podía decir que "Campamento Sangriento 3" "sorprende". O, cuanto menos, no nos resulta tan previsible y monótona. Eso es bueno.
Cumplida la papeleta, Michael A. Simpson continuó su errática trayectoria hasta que dejó la dirección para ejercer solo en producción, y la cosa le fue mejor (podemos ver su nombre como tal en "Corazón Rebelde" o "El caso Heineken", ambas muy buenas). Pamela Springteen hizo una película más, una comedia que nadie recuerda, y dejó la interpretación para convertirse en fotógrafa de músicos (vamos, que aceptó el enchufe de su hermano). Es por ello que nunca llegaría a protagonizar el "Sleepaway Camp 4" que "Double Helix" estaba decidida a facturar (en la que tampoco iba a intervenir el director de las dos previas). Rodó algunas escenas de prueba y se fue a la quiebra, dejando el asunto en ascuas. Años después, ya con el fandom descontrolado (especialmente el dedicado a la franquicia en cuestión. Tanto es así que dispone de hasta dos páginas web oficiales) alguien se hizo con el material y contrató nada menos que al temible Dustin Ferguson para que, montaje mediante, y a base de reciclar escenas de las entregas precedentes, se cascara un largometraje con todo ello. Uno del que nadie dice nada bonito.
Finalmente existió otro "Sleepaway Camp 4", con parte del equipo original -incluido director y la auténtica Angela, Felissa Rose- que ignoraba las secuelas. Fue una decepción tocha para los devotos. También entonces Simpson se planteó parir tardíamente una nueva dosis de SU porción de la saga, adentrándose en terreno sobrenatural. Pero de ello únicamente quedó la intención. Que extraño e incomprensible es todo este mamoneo en torno a los "Sleepaway Camp", oiga.
Volviendo a la tercera parte, cabe mencionar que, en su condición de producto desalmado y crematístico, dispuesto a complacer sin cansarse demasiado los más bajos instintos de su público teenager, tiran de lo facilón trufando la banda sonora a base de heavy metal cutre. No niego que queda de lo más chulo.
En el reparto destacan algunas caras curiosas (de las tetas ya he hablado) Comenzando por una bien fea, Michael J. Pollard quien, a pesar de ello, y su ya edad considerable (seguramente la mía), se enrolla con la campista de ubres bonitas (tal vez fuese ello un guiño al tono vicioso del "Sleepaway Camp" original, en el que también teníamos a una jovencita pirrándose por los huesos de un vejestorio, aunque allí nunca pasaban a la acción) Le sigue, en el terreno de los veteranos, Sandra Dorsey. Estuvo en "Grizzly", la del setentero oso encabronado, y sus últimas dos películas las firmaban nada menos que los hermanos Farrelly (anda que no debe molar formar parte del rodaje de una producción medianamente mainstream, y descubrir que el actor o actriz entrado/a en años de al lado participó siendo joven en sendas y oscuras películas "cult") Centrándonos en el reparto de menor edad, destaca Kim Wall, quien hizo algo de carrerilla posterior, podemos verla -por los pelos- en "La niebla" de Stephen King o "American Pie: El reencuentro", donde se marca un rol algo más destacado.
A la hora de elegir una imagen ilustrativa, en lugar de echar mano de la caratula yanki, muy llamativa ella, preferí rescatar la española en su edición para DVD -nunca la hubo en VHS- por lo feísima que era. Al final resultaron ser dos.... ambas idénticamente horribles. Imposible resistirse a colarlas juntitas. Menudo país el nuestro, amigos.
jueves, 30 de noviembre de 2023
GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 28 (+ TRUCULENCIA)
Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique", "Impact" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90.
El destino y la fuckin´casualidad han querido que, justo diez entradas después de una galería dedicada a imágenes truculentas, reincida con esta segunda dosis. Así que ya saben lo que viene a continuación, hemoglobina a tutiplen, asquerosidades y un endiablado maravilloso mal gusto.
Y, justamente, arrancamos con dos películas sobre las que ya hablé entonces, "The Abomination" y "Ozone: Attack of the redneck mutants", ambas creaciones superocheras de Matt Devlen y Bret McCormick.
El destino y la fuckin´casualidad han querido que, justo diez entradas después de una galería dedicada a imágenes truculentas, reincida con esta segunda dosis. Así que ya saben lo que viene a continuación, hemoglobina a tutiplen, asquerosidades y un endiablado maravilloso mal gusto.
Y, justamente, arrancamos con dos películas sobre las que ya hablé entonces, "The Abomination" y "Ozone: Attack of the redneck mutants", ambas creaciones superocheras de Matt Devlen y Bret McCormick.
Recientemente "The Abomination" ha sido lanzada en blu-ray por algún sello
flipao de esos que se curran versiones en 4K de ñordos gigantescos. Así que, tal
vez, en breve tengamos acceso a ella y le echemos cojones... aunque, honestamente,
cada vez me cuesta más sufrir estas demencias (hace nada lo intenté con "New
York Ninja", sin éxito... y sin risas). De hecho, y como narré la vez anterior, ya me la
puse una vez en inglés a pelo. Todavía la tengo, por si alguien gusta. Tampoco entonces
flipao de esos que se curran versiones en 4K de ñordos gigantescos. Así que, tal
vez, en breve tengamos acceso a ella y le echemos cojones... aunque, honestamente,
cada vez me cuesta más sufrir estas demencias (hace nada lo intenté con "New
York Ninja", sin éxito... y sin risas). De hecho, y como narré la vez anterior, ya me la
puse una vez en inglés a pelo. Todavía la tengo, por si alguien gusta. Tampoco entonces
conseguí llegar al final sin bostezar. Y es una puta pena, porque esa imagen es alucinante.
Mi respectivo desvirgue fue todo lo entusiasta y obsesivo que era común y corriente
entonces. ¿Cómo no me iba a molar? El tipo de mierda gran guiñolesca con la que eyaculaba....
Un bichejo dentro del armario, los litros de sangre por toda la estancia, el maromo con sierra mecánica
y gafas de sol aparentemente intentando salvar a la chavala.
En realidad no es un héroe, es el psycho killer del film y, cual Seymour Krelborn,
alimenta al monstruo con seres humanos. Pero para mis inocentes ojos era
un San Jorge de chichinabo luchando contra el dragón. Y molaba muchísimo.
Mi respectivo desvirgue fue todo lo entusiasta y obsesivo que era común y corriente
entonces. ¿Cómo no me iba a molar? El tipo de mierda gran guiñolesca con la que eyaculaba....
Un bichejo dentro del armario, los litros de sangre por toda la estancia, el maromo con sierra mecánica
y gafas de sol aparentemente intentando salvar a la chavala.
En realidad no es un héroe, es el psycho killer del film y, cual Seymour Krelborn,
alimenta al monstruo con seres humanos. Pero para mis inocentes ojos era
un San Jorge de chichinabo luchando contra el dragón. Y molaba muchísimo.
.
Viendo todas estas imágenes de "Ozone: attack of the
redneck mutants" (+ la otra) cualquiera diría que nos encontramos
ante una auténtica obra maestra del delirio sanguinolento.
¿Lo es? Si la he visto, que podría ser, no lo recuerdo. Y si no, pues
a saber. La experiencia me ha demostrado que es mejor desconfiar
de estas cosas.... no obstante, tanta burrez se la pone a uno morcillona.
Lo mismo va por las caratulas de algunas de sus ediciones en
formato VHS. ¿Se imaginan rular por el vídeo club y localizarlas en los
estantes? ¿se puede ser menos sutil y más directo? Imágenes listas
para enganchar al devoto y espantar al profano, escandalizado ante
tanta disparatada y maravillosa "repulsividad" y violencia....
¿Lo es? Si la he visto, que podría ser, no lo recuerdo. Y si no, pues
a saber. La experiencia me ha demostrado que es mejor desconfiar
de estas cosas.... no obstante, tanta burrez se la pone a uno morcillona.
Lo mismo va por las caratulas de algunas de sus ediciones en
formato VHS. ¿Se imaginan rular por el vídeo club y localizarlas en los
estantes? ¿se puede ser menos sutil y más directo? Imágenes listas
para enganchar al devoto y espantar al profano, escandalizado ante
tanta disparatada y maravillosa "repulsividad" y violencia....
Sigamos....
Este salvaje instante es lo único realmente sangriento de un film de terror
más, mmmmh, ¿psicológico?. Pero no por ello menos gustoso. Les hablo de
"La Centinela", el clásico setentero de Michael Winner, surgido a rebufo de todo
el paripé satanista tan de moda entonces. No solo es un instante truculento, también
da muchos escalofríos. Y fue estupendamente parido -FX mediante- por el gran Dick Smith.
"La Centinela", el clásico setentero de Michael Winner, surgido a rebufo de todo
el paripé satanista tan de moda entonces. No solo es un instante truculento, también
da muchos escalofríos. Y fue estupendamente parido -FX mediante- por el gran Dick Smith.
Lo hemos dicho antes, y no nos cansaremos de decirlo, Troma lleva años
siendo una mierda. Una auto-parodia patética. Pero en sus buenos tiempos
lograron parir algunas películas bastante disfrutables. Y puede que
"Mutantes en la universidad" sea la mejor de todas ellas. Sí, por encima del
"Vengador Tóxico" (que también mola, no digo lo contrario). Les dejo dos
siendo una mierda. Una auto-parodia patética. Pero en sus buenos tiempos
lograron parir algunas películas bastante disfrutables. Y puede que
"Mutantes en la universidad" sea la mejor de todas ellas. Sí, por encima del
"Vengador Tóxico" (que también mola, no digo lo contrario). Les dejo dos
sabrosas instantáneas, de esas que a un adolescente de mi porte hacían
ver estrellitas. Muy características respecto al modo en que la factoría del puto
pesao de Lloyd Kaufman (y Michael Herz) entendían el término truculencia. Siempre
muy licuosa, pringosa, rematadamente exagerada y echando mano de sus
más que reconocibles babas verdes.
Sí, cierto, Troma llegó a parir nosecuantas secuelas más de "Mutantes en
la universidad" (Víctor reseñó una de ellas en su día) pero, en fin, son todas
espantosas y no merecen más atenciones.
ver estrellitas. Muy características respecto al modo en que la factoría del puto
pesao de Lloyd Kaufman (y Michael Herz) entendían el término truculencia. Siempre
muy licuosa, pringosa, rematadamente exagerada y echando mano de sus
más que reconocibles babas verdes.
Sí, cierto, Troma llegó a parir nosecuantas secuelas más de "Mutantes en
la universidad" (Víctor reseñó una de ellas en su día) pero, en fin, son todas
espantosas y no merecen más atenciones.
Y terminamos con uno de nuestros directores favoritos.
Es decir, corrijo: con uno de nuestros directores de nombre raro favoritos.
El gran Sisworo Gautama Putra, Indonesio para servirle.
Ya saben lo torraos que estaban allí, haciendo dramas históricos en los
que, eventualmente, chorreaba sangre por doquier. Pal caso tenemos
"The hungry snake woman" (arriba) y "Revenge of Samson" (debajo.
Naturalmente son los títulos internacionales. Los originales no hay
Es decir, corrijo: con uno de nuestros directores de nombre raro favoritos.
El gran Sisworo Gautama Putra, Indonesio para servirle.
Ya saben lo torraos que estaban allí, haciendo dramas históricos en los
que, eventualmente, chorreaba sangre por doquier. Pal caso tenemos
"The hungry snake woman" (arriba) y "Revenge of Samson" (debajo.
Naturalmente son los títulos internacionales. Los originales no hay
quien los entienda y reproduzca). Concretamente, es la segunda imagen, la
de Samson partiendo a un pavo en dos, la que más me alucinó en su día.
Nunca llegué a ver la peli... hasta hace pocos meses, dispuesta en la red
(manda cojones). Y, en fin, ya se imaginan el percal. Súbitamente sentí una
envidia incontrolable por el yo jovenzuelo que en su momento no pudo acceder
a ella y babeaba fascinado por la foto. Efectivamente, Sisworo -y tantos otros
de su calaña- entra de cabeza en el grupo de filmmakers cuya obra mola más
leída (o diseccionada en imágenes y pósters) que consumida.
de Samson partiendo a un pavo en dos, la que más me alucinó en su día.
Nunca llegué a ver la peli... hasta hace pocos meses, dispuesta en la red
(manda cojones). Y, en fin, ya se imaginan el percal. Súbitamente sentí una
envidia incontrolable por el yo jovenzuelo que en su momento no pudo acceder
a ella y babeaba fascinado por la foto. Efectivamente, Sisworo -y tantos otros
de su calaña- entra de cabeza en el grupo de filmmakers cuya obra mola más
leída (o diseccionada en imágenes y pósters) que consumida.
viernes, 20 de enero de 2023
THE DIABOLICAL
A estas alturas de la vida no deja de sorprenderme cómo —creyendo yo que me las se todas— acabo picando con cualquier mierda de película con tan solo ver un cartel. “The diabolical” en todo caso no tiene más que eso, un cartel. Encima uno bien posmoderno que intenta recrear, para más inri, el estilo de los slashers ochenteros cuando en realidad se trata de una película de casas encantadas. Algo que se supone que estoy entrenado para detectar. Pues nada más ver el cartel, le di al play con un contundente y erróneo pensamiento: “Esta tiene buena pinta”.
“The diabolical” cuenta la historia de la madre de dos cabezones que, soltera, vive en una casa adosada bastante tocha. Sin venir demasiado a cuento, la madre y los hijos comienzan a ser víctimas de fenómenos paranormales, por norma general, un individuo deforme y calvo que se arranca trozos de su cara delante de ellos y cosas así. Lo grave del asunto no es que se les aparezca aparezca, sino que directamente intenta asesinarlos. Así, parapsicólogos llegaran a la casa con la intención de solucionar ese problema sin éxito. Hasta que aparece el novio de nuestra protagonista, profesor de ciencias de uno de sus cabezones, que llena el lugar de parafernalias parapsicológicas y trampas con el fin de capturar esa presencia tan agresiva. El desenlace es tan estúpido y sencillo que provoca en el espectador vergüenza ajena a paladas.
Se trata de una de esas producciones de terror medianas lo suficientemente baratas como para considerarlas amateur, pero a un paso de una producción mainstream gracias al acabado, que ni de lejos llega a un presupuesto que podamos considerar holgado. Una de esas películas que se quedan en tierra de nadie. Mediana.
Por supuesto, el lugar natural de este tipo de films son los festivales de cine en los que languidecen tras un par de pases —en este caso “The diabolical” es pasto del conglomerado del SXSW de Texas—, para después pasar a los consabidos estrenos limitados y, con suerte, acabar su vida comercial en DVD o en canales de pay per view (actualmente las plataformas de streaming), para poco después ser olvidadas para siempre mientras flotan en el ciberespacio.
Lo curioso de todo el asunto, y en particular de esta “The diabolical”, es que aun siendo un producto profundamente mediocre, no tiene mal aspecto. Si no fuera por la cadencia, la incapacidad absoluta por envolver al espectador en cualquier tipo de atmósfera y, por ende, de generar miedo, lo cierto es —aunque suene a puto cliché— que posee una estupenda fotografía que por momentos nos hace creer que quizás estamos ante un producto que merece la pena. A los pocos minutos de visionado nos damos cuenta de que veremos justo lo que creemos; En su conjunto, una puta mierda.
El director que le pone ganas (pero poco más) responde al nombre de Alistair Legrand y dispone de una escueta filmografía compuesta en su mayoría por videoclips para grupos intrascendentes, y otro largometraje más, “Clinical”, esta vez concibiendo un producto original para Netflix. Y ¡venga peliculillas a cubos!
En el reparto tenemos como protagonista principal a Ali Larter, que comenzó su carrera con más o menos tino en cosas trascendentes tipo “House of Haunted Hill”, “Destino Final” o “Una rubia muy legal”, para con los años acabar haciendo papeles a duras penas alimenticios como “The diabolical” o, más lucrativos, en series de televisión de variado pelaje.
Sin más. El cartel, eso sí, aun siendo un reclamo postmoderno que tira de espaldas de manera hedionda, he de reconocer que es bastante vistoso, bonito y sugerente. La peli, no.
“The diabolical” cuenta la historia de la madre de dos cabezones que, soltera, vive en una casa adosada bastante tocha. Sin venir demasiado a cuento, la madre y los hijos comienzan a ser víctimas de fenómenos paranormales, por norma general, un individuo deforme y calvo que se arranca trozos de su cara delante de ellos y cosas así. Lo grave del asunto no es que se les aparezca aparezca, sino que directamente intenta asesinarlos. Así, parapsicólogos llegaran a la casa con la intención de solucionar ese problema sin éxito. Hasta que aparece el novio de nuestra protagonista, profesor de ciencias de uno de sus cabezones, que llena el lugar de parafernalias parapsicológicas y trampas con el fin de capturar esa presencia tan agresiva. El desenlace es tan estúpido y sencillo que provoca en el espectador vergüenza ajena a paladas.
Se trata de una de esas producciones de terror medianas lo suficientemente baratas como para considerarlas amateur, pero a un paso de una producción mainstream gracias al acabado, que ni de lejos llega a un presupuesto que podamos considerar holgado. Una de esas películas que se quedan en tierra de nadie. Mediana.
Por supuesto, el lugar natural de este tipo de films son los festivales de cine en los que languidecen tras un par de pases —en este caso “The diabolical” es pasto del conglomerado del SXSW de Texas—, para después pasar a los consabidos estrenos limitados y, con suerte, acabar su vida comercial en DVD o en canales de pay per view (actualmente las plataformas de streaming), para poco después ser olvidadas para siempre mientras flotan en el ciberespacio.
Lo curioso de todo el asunto, y en particular de esta “The diabolical”, es que aun siendo un producto profundamente mediocre, no tiene mal aspecto. Si no fuera por la cadencia, la incapacidad absoluta por envolver al espectador en cualquier tipo de atmósfera y, por ende, de generar miedo, lo cierto es —aunque suene a puto cliché— que posee una estupenda fotografía que por momentos nos hace creer que quizás estamos ante un producto que merece la pena. A los pocos minutos de visionado nos damos cuenta de que veremos justo lo que creemos; En su conjunto, una puta mierda.
El director que le pone ganas (pero poco más) responde al nombre de Alistair Legrand y dispone de una escueta filmografía compuesta en su mayoría por videoclips para grupos intrascendentes, y otro largometraje más, “Clinical”, esta vez concibiendo un producto original para Netflix. Y ¡venga peliculillas a cubos!
En el reparto tenemos como protagonista principal a Ali Larter, que comenzó su carrera con más o menos tino en cosas trascendentes tipo “House of Haunted Hill”, “Destino Final” o “Una rubia muy legal”, para con los años acabar haciendo papeles a duras penas alimenticios como “The diabolical” o, más lucrativos, en series de televisión de variado pelaje.
Sin más. El cartel, eso sí, aun siendo un reclamo postmoderno que tira de espaldas de manera hedionda, he de reconocer que es bastante vistoso, bonito y sugerente. La peli, no.
lunes, 17 de octubre de 2022
COPPER MOUNTAIN
Telefilm canadiense del año 1983 que por derecho propio se merece una entrada en este blog, por ser una cosa más rara que un perro verde y más malo que pegarle a un padre.
La gracia del asunto consiste en que este telefilm se rodó con fines comerciales para ser emitido en su momento en la televisión canadiense y, décadas después, ser lanzado en DVD como si se tratara de una película nueva de Jim Carrey, como ya pasaba con “Rubberface”, por aprovechar la rematada celebridad con la que contaba el actor en la era del disco versátil digital. Sin embargo, cuando rodó esto, era semi-desconocido.
Le secunda en el reparto Alan Thicke, quien pronto conocería asimismo la fama gracias a interpretar al padre de Kirk Cameron en la serie “Los problemas crecen”.
La película tan solo dura una hora, no tiene un argumento reconocible y, viéndola, tuve la sensación de estar contemplando una especie de recuperación de latas perdidas de algo inconcluso que había visto la luz por que en ese metraje aparecía Jim Carrey, pero no, resulta que es que el corte final de esto es así de malo.
“Copper Mountain” sirve para mostrar al espectador las bondades del resort vacacional de Club Med, que cuenta con su estación de esquí que, como el título indica, se encuentra situado en el pueblo de Copper Mountain en Colorado. Este pueblo sigue siendo destino de vacaciones actualmente en la vida real y, prácticamente, se siguen realizando el mismo tipo de actividades que se nos muestran en la película.
Dos jóvenes acuden a Club Med a pasar sus vacaciones y a disfrutar de las distintas opciones de ocio del lugar, por lo que mientras uno decide dedicarse en cuerpo y alma al esquí, el otro utilizará su gracejo natural para seducir a las chicas.
Como una de las principales atracciones del lugar son las actuaciones en directo, veremos tocando a una serie de grupos folk (¿o es country?), ocupando más de tres tercios del metraje total, dejando tan solo uno para los avatares lúdico-eróticos de Carrey y Thicke. Al espectador no le importa una mierda ni una cosa ni la otra.
Al mismo tiempo y, supongo que como comediante que empieza, hay momentos para el lucimiento de Jim Carrey, concretamente una imitación que hace de Sammy Davis Jr. bastante buena, pero en absoluto su buen hacer salva de la quema una película que, aun durando tan solo una hora, a los 10 minutos de visionado se convierte en una tortura cruel e implacable. En serio, es muy mala.
En una ocasión, ya siendo una celebridad, le preguntaron a Alan Thicke por la película, y él respondió que era tan mala que ni siquiera Jim Carrey estaba gracioso.
Sin embargo como objeto raro, misterioso y desperado, “Copper Mountain” no tiene precio, ya que se trata de una de esas películas que junto a “Greetings” con Robert De Niro, "No hay lugar para esconderse" con Stallone o “Las burbujas mágicas” con George Clooney, fueron explotadas hasta la saciedad una vez sus protagonistas se convirtieron en estrellas, y eso siempre mola, es curioso o llama la atención de los responsables de este maravilloso blog.
Lógicamente, “Copper Mountain” tiene varias caratulas según sus ediciones de DVD, una más honesta con un Carrey jovencito en primer plano, otra que intenta parecer, no se, “Mentiroso compulsivo” y esta con la que yo ilustro la entrada de hoy, que me ha parecido especialmente espantosa.
Dirige este spot publicitario largo, un canadiense llamado David Mitchell que ha producido posteriormente mogollón de películas de tercera categoría y dirigido sucedáneos de esta con “Loca academia de esquí 2”, “Sky Hard” o vehículos para el lucimiento de Lorenzo Lamas como “La máscara de la muerte”. Casi nada, señoras.
La gracia del asunto consiste en que este telefilm se rodó con fines comerciales para ser emitido en su momento en la televisión canadiense y, décadas después, ser lanzado en DVD como si se tratara de una película nueva de Jim Carrey, como ya pasaba con “Rubberface”, por aprovechar la rematada celebridad con la que contaba el actor en la era del disco versátil digital. Sin embargo, cuando rodó esto, era semi-desconocido.
Le secunda en el reparto Alan Thicke, quien pronto conocería asimismo la fama gracias a interpretar al padre de Kirk Cameron en la serie “Los problemas crecen”.
La película tan solo dura una hora, no tiene un argumento reconocible y, viéndola, tuve la sensación de estar contemplando una especie de recuperación de latas perdidas de algo inconcluso que había visto la luz por que en ese metraje aparecía Jim Carrey, pero no, resulta que es que el corte final de esto es así de malo.
“Copper Mountain” sirve para mostrar al espectador las bondades del resort vacacional de Club Med, que cuenta con su estación de esquí que, como el título indica, se encuentra situado en el pueblo de Copper Mountain en Colorado. Este pueblo sigue siendo destino de vacaciones actualmente en la vida real y, prácticamente, se siguen realizando el mismo tipo de actividades que se nos muestran en la película.
Dos jóvenes acuden a Club Med a pasar sus vacaciones y a disfrutar de las distintas opciones de ocio del lugar, por lo que mientras uno decide dedicarse en cuerpo y alma al esquí, el otro utilizará su gracejo natural para seducir a las chicas.
Como una de las principales atracciones del lugar son las actuaciones en directo, veremos tocando a una serie de grupos folk (¿o es country?), ocupando más de tres tercios del metraje total, dejando tan solo uno para los avatares lúdico-eróticos de Carrey y Thicke. Al espectador no le importa una mierda ni una cosa ni la otra.
Al mismo tiempo y, supongo que como comediante que empieza, hay momentos para el lucimiento de Jim Carrey, concretamente una imitación que hace de Sammy Davis Jr. bastante buena, pero en absoluto su buen hacer salva de la quema una película que, aun durando tan solo una hora, a los 10 minutos de visionado se convierte en una tortura cruel e implacable. En serio, es muy mala.
En una ocasión, ya siendo una celebridad, le preguntaron a Alan Thicke por la película, y él respondió que era tan mala que ni siquiera Jim Carrey estaba gracioso.
Sin embargo como objeto raro, misterioso y desperado, “Copper Mountain” no tiene precio, ya que se trata de una de esas películas que junto a “Greetings” con Robert De Niro, "No hay lugar para esconderse" con Stallone o “Las burbujas mágicas” con George Clooney, fueron explotadas hasta la saciedad una vez sus protagonistas se convirtieron en estrellas, y eso siempre mola, es curioso o llama la atención de los responsables de este maravilloso blog.
Lógicamente, “Copper Mountain” tiene varias caratulas según sus ediciones de DVD, una más honesta con un Carrey jovencito en primer plano, otra que intenta parecer, no se, “Mentiroso compulsivo” y esta con la que yo ilustro la entrada de hoy, que me ha parecido especialmente espantosa.
Dirige este spot publicitario largo, un canadiense llamado David Mitchell que ha producido posteriormente mogollón de películas de tercera categoría y dirigido sucedáneos de esta con “Loca academia de esquí 2”, “Sky Hard” o vehículos para el lucimiento de Lorenzo Lamas como “La máscara de la muerte”. Casi nada, señoras.
sábado, 5 de marzo de 2022
SCREAM 2022
Cuando me enfrento a la enésima entrega -tardía y motivada por la nostalgia más mercantilista- de un film de mi género favorito, tiendo a deglutir todas las pelis precedentes, en orden, antes de llegar a la más reciente. Es un juego divertido que incluye ver evolucionar la historia y envejecer a los personajes / actores. Procedí así con la saga "Saw", por ejemplo. Ahora, con el lanzamiento de la nueva "Scream" (la quinta, aunque no lo ponga en el título), me animé a repetir la hazaña. Vi las cuatro previas. A una por día. La intención original consistía en escribir sobre todas. Un repaso escueto, pero conciso, como el que en su día dediqué a "Phantasma". El problema es que, a rasgos generales, las "Scream" movies no me inspiraron ni una sola línea. Seloplico...
Nunca he sido fan de la saga. Reconozco que el primer "Scream" -que vi en su día en el cine- dispone de un sutil encanto. Es razonablemente entretenida. Un genuino film de terror. Las tonterías posmodernas y auto conscientes aún suenan algo novedosas. Y se ciñe con bastante dignidad al modelo slasher. Es cierto que sus tics noventeros irritan (ese reparto repleto de niños guapos, blanquitos y ricos, la sobre iluminación, la ausencia de genuinos elementos exploitation), pero incluso, vistos hoy, tienen su gracia. Así que esta puedo tolerarla. Sin embargo, las consiguientes continuaciones son terriblemente malas. De la segunda a la cuarta. En muchos casos casi parecen telefilms. Y ni siquiera de terror. Da la sensación que en cualquier momento, en cualquiera de ellos, entrará en escena Angela Lansbury.
Tal vez por eso afronté este "Scream 2022" con desgana (aunque curiosidad). Y, tal vez, esa es la razón por la que me sentó mejor. O quizás sea, simplemente, una buena película, lista para ver y olvidar.
La cuestión es que entramos en el terreno de lo que, en la misma trama, califican de "recuela". Es decir, un remake disfrazado de secuela tardía y que incorpora personajes avejentados de los films "antiguos". En este caso Neve Campbell, David Arquette, una feísima Courtney Cox (da grima compararla con la versión monísima y pizpireta que aparecía en "Masters del universo") y Skeet Ulrich. Podríamos añadir también a Marley Shelton, que salía en la cuarta. Estos se entremezclan con los personajes nuevos, una panda de jovenzuelos no excesivamente repugnantes (y donde, por supuesto, caben un gay, una lesbiana y uno de piel tirando a oscura). Juntos tendrán que descubrir la identidad del nuevo Ghostface, al que le ha dado por asesinar peña relacionada con aquellos que murieron en las pelis previas. Los crímenes son un pelín más gráficos de lo que la franquicia nos tenía acostumbrados (¡¡han tenido que pasar 26 años para ello!!). Y, esto sí sorprende, la figura del psycho-killer resulta más amenazante que nunca. Impone, a pesar de lucir el disfraz reglamentario que todos conocemos. Eso significa que, por primera vez, alguien ha sabido filmarlo debidamente. ¿Tal vez el problema que tenían los "Scream" precedentes era.... Wes Craven? Al fin y al cabo, ya entonces encajaba como un guante en el rol de "cineasta maduro hastiado de su vinculación con el género". En esta ocasión no dirige por razones obvias, de eso se encargan Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, responsables de una peli que parece gustar a todo el mundo menos a mi, "Noche de bodas". Tampoco el guion es de Kevin Williamson, sino de James "Zodiac" Vanderbilt y Guy Busick quien, por cierto, ha escrito la nueva "Destino Final". Ambos se aferran bien fuerte, y con delectación, a los tropos de la franquicia. Si en las entregas previas se hacían "discursos" -tirando a críticos- sobre la nueva tendencia en cine de terror del momento, ahora toca meterle un -merecido- cachete a esa cosa aburrida y pedante que algunos llaman "terror elevado" (la única que me funciona del pack es "Midsommar"). Luego, la "friki" del grupo (que pal caso folla con otros coños, todo un cambio) suelta un "speech" muy logrado, y perfectamente medido, sobre el mentado fenómeno de la "recuelas". Uno que encaja mucho y muy bien en lo que cuenta la misma "Scream 2022".
Pues lo dicho, una cosa más o menos entretenida. Nada que nos haga vibrar, ni saltar del sillón (salvo algunos sustos que te funcionarán si no estás muy puesto en estas lides). Pero se deja ver y, sobre todo, devuelve cierta "dignidad" a la saga, una que no lucía desde 1996.
sábado, 22 de enero de 2022
CREEPSHOW TV (2ª TEMPORADA)
Asumida la poca naturaleza "Creepshowiana" de esta versión para la caja tonta, y que cualquier intento de mandar un guiño al clásico (como la música de los feísimos créditos iniciales) únicamente incrementa la dolorosa comparativa, me agencio las segunda y tercera temporadas completas. Me las veo (no sin cierta ilusión, lo reconozco) y las reseño. Aquí tienen todos los capítulos de la que hace dos. En breve, la otra.
CAPÍTULO 1 - "Model Kid" / "Public Television of the Dead": Rememoremos la historia que introduce y cierra el "Creepshow" de George A. Romero: un crío abroncado por su severo padre, que le tira los tebeos a la basura, recibirá justa venganza cuando se agencie un muñeco vudú. Bien, esa es la base de este "Model Kid". Cambiamos al padre por el tío. Cambiamos al niño morenito por uno rubito (probablemente alter ego del Greg Nicotero infante). Y al muñeco vudú por una figurita de esas de la marca "Aurora" (no en balde es ese un nombre que sale varias veces a lo largo del capítulo). Se agradecen estas movidas de niños fans del terror marginados por adultos o matones en el colegio, y que se toman la revancha. Pero la verdad es que ya comienza a ser un recurso trillado y cansino. Al villano lo interpreta Kevin Dillon. El guionista, John Esposito, tiene una larga experiencia en el género, aunque tal vez su logro más peculiar sea esa cosa de nefasto recuerdo titulada "La sombra del faraón". En cualquier caso, aquí el efecto comparativo es TOTAL y, obviamente, muy dañino.
La siguiente historia, "Public Television of the Dead", debería fliparme porque es un absoluto tributo a "Evil Dead" (y un poco al Sr.Romero y su recurrente Pittsburgh). El mismo Ted Raimi -haciendo de Ted Raimi- acude a un programa de antigüedades a mostrar el "Necronomicón" (ya que, como aclara, pertenece a su familia desde hace muchos años, ¡¡juas!!). Lo leen en directo y se arma la marimorena. Uno de los encargados de poner orden será un relajado pintor televisivo visiblemente basado en otro real redescubierto y reivindicado recientemente -a través de la bufa, algo muy común hoy día-: Bob Ross. Viene aliñado con unas gotillas a lo Mr.Rogers, para quien Romero curró en su época. Precisamente, otro de los héroes de la función es un cámara y realizador regordete de nombre George. Todo muy familiar. Uno de lo momentos más graciosos consiste en el pintor recreando en un lienzo el escenario al completo de "Terroríficamente muertos". Lo demás, puro manual.
Bien, una característica común en la serie a partir de aquí (y que se extenderá a la tercera temporada) es su obsesión por comerle la polla indiscriminadamente al fan medio a base de guiños, homenajes, tributos y lameculadas. Y funciona, según he podido leer muchos pican. A mi me irrita bastante. Lo veo un modo muy ruin de parapetar la falta de buenas ideas propias. En otras palabras, no van a lograr cegarme por mucha rosca que hagan al fan nostálgico que hay en mí. No me vendo tan fácil.
Dirige ambos capítulos el mismo Greg Nicotero.
CAPÍTULO 2 - "Dead and Breakfast" / "Pesticide": "Dead and Breakfast" gira en torno a los nietos de una vieja asesina psicópata que se mueren por convertir la mansión que aquella usó para sus escabechinas como marco turístico. Y forrarse en el camino, claro. Pero el público la ignora, así que invitan a una youtuber especializada en crímenes reales para que pase allí unos días y la promocione. Lo malo es que la chavala comenzará a poner en duda la veracidad de todo ello. Este capítulo es tan entretenido como interesante. Los personajes gastan carisma, la youtuber es genuinamente odiosa y repugnante y, en fin, ¡sale C.Thomas Howell! (compartiendo protagonismo con Ali Larter, superviviente de algunas entregas de "Destino Final"). El desenlace no decepciona. Parte de ello se lo debemos a los guionistas Erik Sandoval y Michael Rousselet (que repetirán en la temporada 3) y a la señora directora, Axelle Carolyn, responsable de la reciente "La mansión", que no funciona tan bien como su aportación al "Creepshow" televisivo, pero se deja ver.
Por desgracia "Pesticide" no repite la hazaña. La idea de que un tipo contrate a un exterminador de plagas para acabar con unos vagabundos que okupan su fábrica está bien. Pero, a partir de ahí, la cosa se torna un caos, un delirio que no entiendo a donde va ni que pretende, a pesar de contar con unos notables efectos especiales. Lástima. Obviamente las referencias, sobre todo sonoras, a la famosa historia de las cucarachas del "Creepshow" original son unas cuantas. Entre el reparto destacan el Carpenteriano Keith David y Ashley ("Hellraiser") Laurence. Dirige Don Nicotero.
CAPÍTULO 3 - "The Right Snuff" / "Sibling Rivalry": "The right snuff" está un rato chula (aunque, eso sí, el "Creepshowismo" sigue brillando por su ausencia). Protagonizan el culebrón unos astronautas en pleno viaje experimental para probar una máquina capaz de juguetear con la gravedad. El inventor de esta recibe todos los laureles, mientras que el piloto vive acomplejado porque su padre, un astronauta famoso, le hace mucha sombra. Dicho complejo se acrecentará cuando les anuncien que han de entrar en contacto con vida alienígena por primera vez y el elegido sea el inventor. La envidia del otro estalla y, en fin, corre la sangre. Pues sí, para estar todo el episodio ambientado en una nave (a base de decorados y efectos bastante potables) y dos personajes, la cosa se aguanta bien gracias a lo interesante de la trama, científicamente (todo el tema de la gravedad artificial) y humanamente hablando (lo de las envidias y frustraciones. Algo que, viviendo como vivimos en este país, nos cae muy cerquita). El único pero que le pongo es el aspecto de los aliens, un poco chungo. Se agradece que estén hechos a mano y, supongo, gasten unas formas voluntariamente "camp", pero no creo que case bien con el tono del capítulo. Protagonizan Breckin Meyer de "Pesadilla final: La muerte de Freddy" y Ryan Kwanten de "Silencio desde el mal". El dire es el normalmente insufrible Joe Lynch.
La historia que sigue desciende unos peldaños. Arranca como una comedia "teen" de pijas histéricas, lo que justifica la presencia de Molly Ringwald como directora de un instituto a la que una adolescente lerda le cuenta que su hermano ha intentado matarla. Las cosas derivarán por derroteros vampíricos. Lo mejor lo tenemos cuando la adolescente comenta que sus únicas experiencias sexuales compartidas consisten en hacer pajas. Lo demás, extremadamente tontuno y olvidable. Guioniza una tipa. Dirige Rusty Cundieff de "Tales from the hood" o "Fear of a Black Hat".
CAPITULO 4 - "Pipe Screams" / "Within the Walls of Madness": Retomamos la movida del "monstruo usado como arma arrojadiza contra un ser humano detestable" -es decir, la historia del bicho de la caja en el "Creepshow" original- y lo hacemos de la mano de la entrañable Barbara Crampton, que pal caso da vida a una casera despiadada y racista (hay incluso un momento que aparece medio borracha con un vaso en la mano, igual que Adrienne Barbeau). La acompañan Eric Edelstein (uno de los nazis malotes de "Green Room") y un bicho no especialmente mal logrado a base de pelos y suciedad que se oculta en las tuberías. Una historia muy tonta, que no aporta nada, pero tampoco ofende. Dirige Joe Lynch.
Con "Within the Walls of Madness" me perdí un poco, resulta algo liosa, pero digamos que gira en torno a un tipo condenado a muerte por una serie de asesinatos que, dice él, fueron cometidos en realidad por un demonio surgido de una dimensión paralela gracias a los esfuerzos de una científica interpretada por Denise Crosby, de "El Cementerio Viviente". Sin más. Dirige todo un VIP del club "Creepshowiano", John Harrison.
Aprovecho el inciso para comentar que las transiciones animadas de esta segunda temporada molan bastante. Se alejan del tono realista de la anterior (y el film original), y evitan el look "flash" que veremos en la siguiente. Las que nos ocupan tiran de rollo caricaturesco y denotan mucho estilo. Un toque original de la serie que, por raro que suene, funciona.
CAPITULO 5 - "Night of the Living Late Show" : A modo de colofón, Nicotero y los suyos cierran la temporada con un capítulo especial de duración doble, donde retoman el "servicio oral para el fandom" pero, al menos, de un modo más inteligente, integrándolo en la trama sin que irrite excesivamente. Y pal caso, además del inevitable guiño con posterior moratón en el ojo al recurrente Señor Romero y sus zombies, tenemos una referencia constante y sangrante nada menos que a nuestra "Pánico en el Transiberiano". Se lo explico.
Justin Long -al que hemos visto en "Jeepers Creepers" o "Arrástrame al infierno"- da vida al inventor de la máquina de realidad virtual definitiva, una que permite al usuario formar parte de sus películas favoritas. En su caso se trata del clásico dirigido por Eugenio Martín. No solo lo disfruta, además anda enamorado del personaje que interpreta ¡¡¡Silvia Tortosa!!!. De esta manera el inventor huye de su mediocre realidad y, muy especialmente, su señora esposa, con la que se casó por dinero y que, obviamente, no luce tampoco muy apetecible (aunque ni mucho menos es el cayo que nos pretenden vender). La cornuda, harta de desprecios e infidelidades -virtuales-, usará la misma máquina para vengarse.
Lo cierto es que, llegado el momento, comencé a pensar aquello de "Me aburroooo", antes de descubrir que consumía un capítulo más extenso de lo habitual. Pero no está demasiado mal. Las escenas en las que Justin Long entra a formar parte de "Pánico en el Transiberiano" e interactúa con Christopher Lee, Peter Cushing o la misma Tortosa, tienen su gracejo, aunque tampoco es que estén estupendamente facturadas. Llama la atención que se busquen a una doble de la actriz catalana cuyo parecido resulta bastante discutible.
El guion corre a cargo de Dana Gould, todo un personaje mediático ligado a cosas tan distintas y curiosas como "Los Simpson", "Mystery Men" o esa rareza titulada "Me levanté temprano el día de mi muerte". Dirige Greg Nicotero.
CAPÍTULO 1 - "Model Kid" / "Public Television of the Dead": Rememoremos la historia que introduce y cierra el "Creepshow" de George A. Romero: un crío abroncado por su severo padre, que le tira los tebeos a la basura, recibirá justa venganza cuando se agencie un muñeco vudú. Bien, esa es la base de este "Model Kid". Cambiamos al padre por el tío. Cambiamos al niño morenito por uno rubito (probablemente alter ego del Greg Nicotero infante). Y al muñeco vudú por una figurita de esas de la marca "Aurora" (no en balde es ese un nombre que sale varias veces a lo largo del capítulo). Se agradecen estas movidas de niños fans del terror marginados por adultos o matones en el colegio, y que se toman la revancha. Pero la verdad es que ya comienza a ser un recurso trillado y cansino. Al villano lo interpreta Kevin Dillon. El guionista, John Esposito, tiene una larga experiencia en el género, aunque tal vez su logro más peculiar sea esa cosa de nefasto recuerdo titulada "La sombra del faraón". En cualquier caso, aquí el efecto comparativo es TOTAL y, obviamente, muy dañino.
La siguiente historia, "Public Television of the Dead", debería fliparme porque es un absoluto tributo a "Evil Dead" (y un poco al Sr.Romero y su recurrente Pittsburgh). El mismo Ted Raimi -haciendo de Ted Raimi- acude a un programa de antigüedades a mostrar el "Necronomicón" (ya que, como aclara, pertenece a su familia desde hace muchos años, ¡¡juas!!). Lo leen en directo y se arma la marimorena. Uno de los encargados de poner orden será un relajado pintor televisivo visiblemente basado en otro real redescubierto y reivindicado recientemente -a través de la bufa, algo muy común hoy día-: Bob Ross. Viene aliñado con unas gotillas a lo Mr.Rogers, para quien Romero curró en su época. Precisamente, otro de los héroes de la función es un cámara y realizador regordete de nombre George. Todo muy familiar. Uno de lo momentos más graciosos consiste en el pintor recreando en un lienzo el escenario al completo de "Terroríficamente muertos". Lo demás, puro manual.
Bien, una característica común en la serie a partir de aquí (y que se extenderá a la tercera temporada) es su obsesión por comerle la polla indiscriminadamente al fan medio a base de guiños, homenajes, tributos y lameculadas. Y funciona, según he podido leer muchos pican. A mi me irrita bastante. Lo veo un modo muy ruin de parapetar la falta de buenas ideas propias. En otras palabras, no van a lograr cegarme por mucha rosca que hagan al fan nostálgico que hay en mí. No me vendo tan fácil.
Dirige ambos capítulos el mismo Greg Nicotero.
CAPÍTULO 2 - "Dead and Breakfast" / "Pesticide": "Dead and Breakfast" gira en torno a los nietos de una vieja asesina psicópata que se mueren por convertir la mansión que aquella usó para sus escabechinas como marco turístico. Y forrarse en el camino, claro. Pero el público la ignora, así que invitan a una youtuber especializada en crímenes reales para que pase allí unos días y la promocione. Lo malo es que la chavala comenzará a poner en duda la veracidad de todo ello. Este capítulo es tan entretenido como interesante. Los personajes gastan carisma, la youtuber es genuinamente odiosa y repugnante y, en fin, ¡sale C.Thomas Howell! (compartiendo protagonismo con Ali Larter, superviviente de algunas entregas de "Destino Final"). El desenlace no decepciona. Parte de ello se lo debemos a los guionistas Erik Sandoval y Michael Rousselet (que repetirán en la temporada 3) y a la señora directora, Axelle Carolyn, responsable de la reciente "La mansión", que no funciona tan bien como su aportación al "Creepshow" televisivo, pero se deja ver.
Por desgracia "Pesticide" no repite la hazaña. La idea de que un tipo contrate a un exterminador de plagas para acabar con unos vagabundos que okupan su fábrica está bien. Pero, a partir de ahí, la cosa se torna un caos, un delirio que no entiendo a donde va ni que pretende, a pesar de contar con unos notables efectos especiales. Lástima. Obviamente las referencias, sobre todo sonoras, a la famosa historia de las cucarachas del "Creepshow" original son unas cuantas. Entre el reparto destacan el Carpenteriano Keith David y Ashley ("Hellraiser") Laurence. Dirige Don Nicotero.
CAPÍTULO 3 - "The Right Snuff" / "Sibling Rivalry": "The right snuff" está un rato chula (aunque, eso sí, el "Creepshowismo" sigue brillando por su ausencia). Protagonizan el culebrón unos astronautas en pleno viaje experimental para probar una máquina capaz de juguetear con la gravedad. El inventor de esta recibe todos los laureles, mientras que el piloto vive acomplejado porque su padre, un astronauta famoso, le hace mucha sombra. Dicho complejo se acrecentará cuando les anuncien que han de entrar en contacto con vida alienígena por primera vez y el elegido sea el inventor. La envidia del otro estalla y, en fin, corre la sangre. Pues sí, para estar todo el episodio ambientado en una nave (a base de decorados y efectos bastante potables) y dos personajes, la cosa se aguanta bien gracias a lo interesante de la trama, científicamente (todo el tema de la gravedad artificial) y humanamente hablando (lo de las envidias y frustraciones. Algo que, viviendo como vivimos en este país, nos cae muy cerquita). El único pero que le pongo es el aspecto de los aliens, un poco chungo. Se agradece que estén hechos a mano y, supongo, gasten unas formas voluntariamente "camp", pero no creo que case bien con el tono del capítulo. Protagonizan Breckin Meyer de "Pesadilla final: La muerte de Freddy" y Ryan Kwanten de "Silencio desde el mal". El dire es el normalmente insufrible Joe Lynch.
La historia que sigue desciende unos peldaños. Arranca como una comedia "teen" de pijas histéricas, lo que justifica la presencia de Molly Ringwald como directora de un instituto a la que una adolescente lerda le cuenta que su hermano ha intentado matarla. Las cosas derivarán por derroteros vampíricos. Lo mejor lo tenemos cuando la adolescente comenta que sus únicas experiencias sexuales compartidas consisten en hacer pajas. Lo demás, extremadamente tontuno y olvidable. Guioniza una tipa. Dirige Rusty Cundieff de "Tales from the hood" o "Fear of a Black Hat".
CAPITULO 4 - "Pipe Screams" / "Within the Walls of Madness": Retomamos la movida del "monstruo usado como arma arrojadiza contra un ser humano detestable" -es decir, la historia del bicho de la caja en el "Creepshow" original- y lo hacemos de la mano de la entrañable Barbara Crampton, que pal caso da vida a una casera despiadada y racista (hay incluso un momento que aparece medio borracha con un vaso en la mano, igual que Adrienne Barbeau). La acompañan Eric Edelstein (uno de los nazis malotes de "Green Room") y un bicho no especialmente mal logrado a base de pelos y suciedad que se oculta en las tuberías. Una historia muy tonta, que no aporta nada, pero tampoco ofende. Dirige Joe Lynch.
Con "Within the Walls of Madness" me perdí un poco, resulta algo liosa, pero digamos que gira en torno a un tipo condenado a muerte por una serie de asesinatos que, dice él, fueron cometidos en realidad por un demonio surgido de una dimensión paralela gracias a los esfuerzos de una científica interpretada por Denise Crosby, de "El Cementerio Viviente". Sin más. Dirige todo un VIP del club "Creepshowiano", John Harrison.
Aprovecho el inciso para comentar que las transiciones animadas de esta segunda temporada molan bastante. Se alejan del tono realista de la anterior (y el film original), y evitan el look "flash" que veremos en la siguiente. Las que nos ocupan tiran de rollo caricaturesco y denotan mucho estilo. Un toque original de la serie que, por raro que suene, funciona.
CAPITULO 5 - "Night of the Living Late Show" : A modo de colofón, Nicotero y los suyos cierran la temporada con un capítulo especial de duración doble, donde retoman el "servicio oral para el fandom" pero, al menos, de un modo más inteligente, integrándolo en la trama sin que irrite excesivamente. Y pal caso, además del inevitable guiño con posterior moratón en el ojo al recurrente Señor Romero y sus zombies, tenemos una referencia constante y sangrante nada menos que a nuestra "Pánico en el Transiberiano". Se lo explico.
Justin Long -al que hemos visto en "Jeepers Creepers" o "Arrástrame al infierno"- da vida al inventor de la máquina de realidad virtual definitiva, una que permite al usuario formar parte de sus películas favoritas. En su caso se trata del clásico dirigido por Eugenio Martín. No solo lo disfruta, además anda enamorado del personaje que interpreta ¡¡¡Silvia Tortosa!!!. De esta manera el inventor huye de su mediocre realidad y, muy especialmente, su señora esposa, con la que se casó por dinero y que, obviamente, no luce tampoco muy apetecible (aunque ni mucho menos es el cayo que nos pretenden vender). La cornuda, harta de desprecios e infidelidades -virtuales-, usará la misma máquina para vengarse.
Lo cierto es que, llegado el momento, comencé a pensar aquello de "Me aburroooo", antes de descubrir que consumía un capítulo más extenso de lo habitual. Pero no está demasiado mal. Las escenas en las que Justin Long entra a formar parte de "Pánico en el Transiberiano" e interactúa con Christopher Lee, Peter Cushing o la misma Tortosa, tienen su gracejo, aunque tampoco es que estén estupendamente facturadas. Llama la atención que se busquen a una doble de la actriz catalana cuyo parecido resulta bastante discutible.
El guion corre a cargo de Dana Gould, todo un personaje mediático ligado a cosas tan distintas y curiosas como "Los Simpson", "Mystery Men" o esa rareza titulada "Me levanté temprano el día de mi muerte". Dirige Greg Nicotero.
lunes, 8 de noviembre de 2021
HAROLD Y MAUDE
Película seminal del new Hollywood realizada por uno de los directores más representativos de la época, Hal Ashby. Se trata de uno de esos solventes directores que mueren con la década, pero que deja, con el puñado de películas que realizó, una impronta y un estilo muy reconocibles. “Harold y Maude” es, además, un perfecto ejemplo de película de culto, un film cuyo destino era fracasar —su guion no gustaba ni al estudio que le dio luz verde— y a la que el tiempo ha dejado indudablemente en su lugar, siendo hoy en día una de las películas más respetadas de la época, una de esas de las que tanto les gusta hablar a plumillas y culturetas varios, y adoradores de libros de esos de “1001 películas que tienes que ver antes de morir”.
Al margen de su estatus dentro de la cinefilia, “Harold y Maude” es una película divertida, negrísima y valiente, una suerte de comedia romántica que se atreve con una relación sentimental imposible y que se posiciona al lado de los marginados, aquellos que no encajan en la sociedad simplemente porque lo establecido les amarga la existencia y tan solo pretenden vivir tranquilos, que es lo que desean en esencia los protagonistas de la peli.
Cuenta la historia de un adolescente de 16 años, Harold, de buena familia, que obsesionado con la muerte, encuentra en el asistir a entierros su más preciado hobby a la vez que, para que le dejen en paz, suele fingir elaborados y aparatosos suicidios que le costarán visitas al psiquiatra que no servirán más que para hacerle perder el tiempo.
En una de sus frecuentes visitas al cementerio, se encontrará con una anciana de 79 años, Maude, que también visita funerales como opción de ocio, y disfruta de ellos comiendo manzanas como el que come palomitas en el cine.
Mientras la madre de Harold le prepara citas a través de agencias matrimoniales, este se topará más veces con la anciana y descubrirá que, a parte de la obsesión por la muerte, son muchas las cosas en común que tiene con ella. Además está chiflada abuelilla roba coches y conduce temerariamente por la carretera. Comenzarán a verse habitualmente y se sucederán las situaciones disparatadas, hasta que, en un momento dado, surge el amor entre ambos, cosa que se verá mal en el círculo social del muchacho, y cosa que, a nuestra pareja, se la trae muy floja.
Con dos cojones. Estamos ante una historia de amor entre un menor de edad y una anciana al borde de la muerte, además de mostrarnos la película esta relación de forma tan honesta que el espectador, lejos de repugnarle semejante aberración, comprende los motivos por los que el muchacho y la anciana se han enamorado y empatiza con ellos. Normal, por otro lado, que los estudios no estuvieran muy entusiasmados con este guion y, en general, la película sufriera rechazo, más en 1971 que esta premisa resultaría más controvertida que vista con los ojos de hoy, que nos parece sin duda mucho más ingenua. De hecho, Ashby sudó la gota gorda cuando trató de filmar una escena de sexo entre el adolescente y la vieja, a la cual el estudio se opuso completamente. Como fuera, lo cierto es que “Harold y Maude” es una estupenda comedia negra, con ese tempo y esa tranquilidad de las películas del Hollywood de los 70 que, 50 años después de su concepción, hace que se disfrute mucho más que cualquier película facturada en nuestros tiempos. Al menos a los que ya sobrepasamos cierta edad.
Escrita por Colin Higgins, que luego dirigiría “Juego peligroso”, “Cómo eliminar a su jefe” y “La casa más divertida de Texas” como un complemento para su tesis doctoral, lo estudios rechazaron que este la dirigiera debido a su inexperiencia en la dirección de películas, así que el proyecto pasó a manos de Ashby cuya afición a las drogas psicotrópicas le habían valido una mala fama dentro de Paramount, que le adjudicó la dirección de la película porque, a pesar de tratarse de un proyecto al que habían dado luz verde, en realidad querían quitárselo de encima. Se lo dieron a Ahsby, y a otra cosa mariposa. Tampoco depositaron mucha confianza en el rendimiento de la cinta. Y así fue, porque cuando se estrenó, no solo recibió críticas negativas, sino que había pasado totalmente desapercibida. Sin embargo, poco a poco, el boca a boca hizo que, de vez en cuando, la gente fuera más numerosa en las salas en las que se proyectaba, por lo que los cines la fueron manteniendo.
12 años después de su estreno, en 1983, un buen día la protagonista de la película, Ruth Gordon, a la que ya le quedaban tres telediarios porque contaba con 86 años de edad, recibió un cheque por 50.000 dólares en concepto de royalties por su intervención en esta película de la que ya ella ni se acordaba. Pensó que podía tratarse de una broma y a punto estuvo de tirar el cheque, sin embargo, pronto se dio cuenta de que no, que esos emolumentos eran los que le correspondían por aquella película que protagonizó años atrás y fracasó en taquilla. Resulta que “Harold y Maude” poco a poco había encontrado su público natural en sesiones golfas y cineclubes y se había mantenido en cartel una buena ristra de años, ahora sí, haciendo algo de dinero, por lo que en 1983, ya había generado beneficios a largo plazo. La película se convirtió en pieza de culto por sí sola, sin necesidad del pábulo del estudio.
A día de hoy, como ya digo, es una de las imprescindibles del público cultureta, una película prestigiosa y a tener en cuenta, pero, como buen título de culto que al final es, popularmente tampoco es que se la reivindique mucho o que se la recuerde tanto como los clásicos del nuevo Hollywood que todos conocemos, pero yo creo que, sin duda, merece la pena acercarse a ella, porque se trata de una buena película con un sutil humor negro que mantiene al espectador entretenido e interesado todo el tiempo.
En cuanto a sus protagonistas, Ruth Gordon, la señora que interpreta a Maude, provenía del Hollywood clásico y, a la vejez viruelas, se llevó el Oscar como mejor actriz secundaria por “La semilla del diablo”, mientras que Bud Cort, con esa inquietante cara de desequilibrado de la que hace gala y que ya tenía 23 años cuando hizo la película, era un actor fetiche de Robert Altman que anduvo con sumo cuidado a la hora de elegir sus papeles para no encasillarse tras “Harold y Maude”, sin embargo, no tuvo ningún éxito y su carrera posterior no fue para nada relevante; al igual que la película por la que es popular se convirtió en una presencia de culto y, a partir de ahí, sus siguientes intervenciones fueron en calidad de actor raro, misterioso y desperado, por lo que pudimos verle en “Hysterical”, "Bates Motel", “Dogma” o “Aquatic Life”, entre muchas otras.
En cuanto a Hal Ashby, es un director del que se ha escrito mucho en contraste a la cantidad de películas que realizó, obviamente es un nombre intrínseco al movimiento cinematográfico al que pertenece y, antes de desaparecer entre mierdas insustanciales en los 80, dirigió otros clásicos estupendos como puedan ser “El último deber”, con Jack Nicholson como marinero que se va de putas, “Shampoo”, con Warren Beaty follándose a todas las clientas de una peluquería o “Bienvenido Mr. Chance”, que devolvió la dignidad a Peter Sellers dando vida a un jardinero deficiente mental.
No podemos dejar de mencionar la banda sonora con canciones de Cat Stevens, que en cierto modo marcan el ritmo de la acción, y que tiene más fans que la propia película. A mí su música no me dice nada. Por cierto, que Stevens aparece en un cameo, con una barba larga repugnante y llena de ácaros bastante desagradable.
Al margen de su estatus dentro de la cinefilia, “Harold y Maude” es una película divertida, negrísima y valiente, una suerte de comedia romántica que se atreve con una relación sentimental imposible y que se posiciona al lado de los marginados, aquellos que no encajan en la sociedad simplemente porque lo establecido les amarga la existencia y tan solo pretenden vivir tranquilos, que es lo que desean en esencia los protagonistas de la peli.
Cuenta la historia de un adolescente de 16 años, Harold, de buena familia, que obsesionado con la muerte, encuentra en el asistir a entierros su más preciado hobby a la vez que, para que le dejen en paz, suele fingir elaborados y aparatosos suicidios que le costarán visitas al psiquiatra que no servirán más que para hacerle perder el tiempo.
En una de sus frecuentes visitas al cementerio, se encontrará con una anciana de 79 años, Maude, que también visita funerales como opción de ocio, y disfruta de ellos comiendo manzanas como el que come palomitas en el cine.
Mientras la madre de Harold le prepara citas a través de agencias matrimoniales, este se topará más veces con la anciana y descubrirá que, a parte de la obsesión por la muerte, son muchas las cosas en común que tiene con ella. Además está chiflada abuelilla roba coches y conduce temerariamente por la carretera. Comenzarán a verse habitualmente y se sucederán las situaciones disparatadas, hasta que, en un momento dado, surge el amor entre ambos, cosa que se verá mal en el círculo social del muchacho, y cosa que, a nuestra pareja, se la trae muy floja.
Con dos cojones. Estamos ante una historia de amor entre un menor de edad y una anciana al borde de la muerte, además de mostrarnos la película esta relación de forma tan honesta que el espectador, lejos de repugnarle semejante aberración, comprende los motivos por los que el muchacho y la anciana se han enamorado y empatiza con ellos. Normal, por otro lado, que los estudios no estuvieran muy entusiasmados con este guion y, en general, la película sufriera rechazo, más en 1971 que esta premisa resultaría más controvertida que vista con los ojos de hoy, que nos parece sin duda mucho más ingenua. De hecho, Ashby sudó la gota gorda cuando trató de filmar una escena de sexo entre el adolescente y la vieja, a la cual el estudio se opuso completamente. Como fuera, lo cierto es que “Harold y Maude” es una estupenda comedia negra, con ese tempo y esa tranquilidad de las películas del Hollywood de los 70 que, 50 años después de su concepción, hace que se disfrute mucho más que cualquier película facturada en nuestros tiempos. Al menos a los que ya sobrepasamos cierta edad.
Escrita por Colin Higgins, que luego dirigiría “Juego peligroso”, “Cómo eliminar a su jefe” y “La casa más divertida de Texas” como un complemento para su tesis doctoral, lo estudios rechazaron que este la dirigiera debido a su inexperiencia en la dirección de películas, así que el proyecto pasó a manos de Ashby cuya afición a las drogas psicotrópicas le habían valido una mala fama dentro de Paramount, que le adjudicó la dirección de la película porque, a pesar de tratarse de un proyecto al que habían dado luz verde, en realidad querían quitárselo de encima. Se lo dieron a Ahsby, y a otra cosa mariposa. Tampoco depositaron mucha confianza en el rendimiento de la cinta. Y así fue, porque cuando se estrenó, no solo recibió críticas negativas, sino que había pasado totalmente desapercibida. Sin embargo, poco a poco, el boca a boca hizo que, de vez en cuando, la gente fuera más numerosa en las salas en las que se proyectaba, por lo que los cines la fueron manteniendo.
12 años después de su estreno, en 1983, un buen día la protagonista de la película, Ruth Gordon, a la que ya le quedaban tres telediarios porque contaba con 86 años de edad, recibió un cheque por 50.000 dólares en concepto de royalties por su intervención en esta película de la que ya ella ni se acordaba. Pensó que podía tratarse de una broma y a punto estuvo de tirar el cheque, sin embargo, pronto se dio cuenta de que no, que esos emolumentos eran los que le correspondían por aquella película que protagonizó años atrás y fracasó en taquilla. Resulta que “Harold y Maude” poco a poco había encontrado su público natural en sesiones golfas y cineclubes y se había mantenido en cartel una buena ristra de años, ahora sí, haciendo algo de dinero, por lo que en 1983, ya había generado beneficios a largo plazo. La película se convirtió en pieza de culto por sí sola, sin necesidad del pábulo del estudio.
A día de hoy, como ya digo, es una de las imprescindibles del público cultureta, una película prestigiosa y a tener en cuenta, pero, como buen título de culto que al final es, popularmente tampoco es que se la reivindique mucho o que se la recuerde tanto como los clásicos del nuevo Hollywood que todos conocemos, pero yo creo que, sin duda, merece la pena acercarse a ella, porque se trata de una buena película con un sutil humor negro que mantiene al espectador entretenido e interesado todo el tiempo.
En cuanto a sus protagonistas, Ruth Gordon, la señora que interpreta a Maude, provenía del Hollywood clásico y, a la vejez viruelas, se llevó el Oscar como mejor actriz secundaria por “La semilla del diablo”, mientras que Bud Cort, con esa inquietante cara de desequilibrado de la que hace gala y que ya tenía 23 años cuando hizo la película, era un actor fetiche de Robert Altman que anduvo con sumo cuidado a la hora de elegir sus papeles para no encasillarse tras “Harold y Maude”, sin embargo, no tuvo ningún éxito y su carrera posterior no fue para nada relevante; al igual que la película por la que es popular se convirtió en una presencia de culto y, a partir de ahí, sus siguientes intervenciones fueron en calidad de actor raro, misterioso y desperado, por lo que pudimos verle en “Hysterical”, "Bates Motel", “Dogma” o “Aquatic Life”, entre muchas otras.
En cuanto a Hal Ashby, es un director del que se ha escrito mucho en contraste a la cantidad de películas que realizó, obviamente es un nombre intrínseco al movimiento cinematográfico al que pertenece y, antes de desaparecer entre mierdas insustanciales en los 80, dirigió otros clásicos estupendos como puedan ser “El último deber”, con Jack Nicholson como marinero que se va de putas, “Shampoo”, con Warren Beaty follándose a todas las clientas de una peluquería o “Bienvenido Mr. Chance”, que devolvió la dignidad a Peter Sellers dando vida a un jardinero deficiente mental.
No podemos dejar de mencionar la banda sonora con canciones de Cat Stevens, que en cierto modo marcan el ritmo de la acción, y que tiene más fans que la propia película. A mí su música no me dice nada. Por cierto, que Stevens aparece en un cameo, con una barba larga repugnante y llena de ácaros bastante desagradable.
sábado, 4 de septiembre de 2021
ARTIK
Desde luego, sentarse en la butaca convencido de que vas a ver un mierdote, ayuda a que luego las cosas se salden más positivamente. Así fue -en mi caso- con "Artik". Descubrir al inicio que venía apadrinada por la marca "Dread" no presagiaba nada bueno. Primero porque recientemente había consumido otros títulos bastante olvidables de su catálogo. Segundo porque he llegado a la conclusión que no hay veneno más mortal para el terror que aquellos dedicados de forma única y exclusiva a producirlo y/o distribuirlo. De fans para fans. Haciendo gala así de una estrechez de miras, y una dependencia de las fórmulas, que deteriora el producto final. O al menos, en la mayoría de los casos porque, siendo un poco benevolentes, es algo que no acaba de pasarle a "Artik".
Narra la historia de un psicópata y su señora que viven en una granja y disponen de un puñado de críos que usan cual esclavos. Uno de ellos, con algo así como trato de favor, sale al exterior a jugar y matar insectos. Un día conoce a un tipo que le come la cabeza con monsergas sobre ser libre, que no te controlen, hacer lo que te plazca, etc. El chaval queda maravillado y surge una relación de amistad entre ambos. Cuando, por los designios del destino, el tipo acabe en las zarpas del psycho-killer, el crío tendrá que debatirse entre seguir siendo fiel a este último o salvar la vida a su nuevo coleguita.
A medida que me hago vieja, cada vez me cuesta más tolerar el horror ultra-realista a base de psicópatas mutilando gente (como me pasó recientemente viendo "Wolf Creek 2". La escena en la que el asesino decapita de forma despiadada a un simpático chavalillo -frente a los horrorizados ojos de su novia- me ofendió tanto que apagué el televisor y me puse hecho un basilisco. Ni yo me lo creía... pero así fue) y, también, ciertas maneras del ya olvidado mal llamado "torture porn", sobre todo cuando se facturan buscando la complacencia del aficionado medio, material este presente en "Artik". Pero si se hace bien, y con gusto dentro del mal gusto, soy capaz de consumirlo e incluso apreciarlo. Como es el caso. Me sorprendió la buena factura de la película, lo interesante de sus personajes (especialmente ese asesino con pinta de troglodita al que le flipan los tebeos de superhéroes) y lo conciso de la trama, que va a piñón, no se pierde en tonterías inservibles ni se complica las cosas al llegar al clímax final. Que este no se haga esperar mucho, gracias a los escasos 78 minutos que dura la peli (aleluya!), también ayuda.
Otro aspecto que me sorprendió es que el personaje protagonista pertenezca al llamado Straight Edge, esa vertiente del hardcore-punk basada en el respeto al cuerpo a base de evitar la ingesta de alcohol, drogas o incluso carne. Y digo que me sorprende porque hace poco vi otra peli, también de terror, y también de naturaleza fans-para-fans (de hecho, viene apadrinada por la revista "Fangoria"), con un Straight Edge de protagonista... aunque más en tono de guasa (hablo de "Porno", con un arranque simpático pero un desarrollo plomizo que se lo carga todo). Tal vez se estén poniendo de moda en estos tiempos tan políticamente correctos que vivimos. El caso es que su presencia en "Artik" supone la incursión en la banda sonora de sendas canciones hardcore-punk cortesía de "Black Flag" (que no era un grupo Straight Edge... pero pal caso, no importa mucho) y Jay Reatard.
Escribe y dirige un tipo llamado Tom Botchii Skowronski en el que es su primer largometraje.
Recomendable... aunque sin hacer aspavientos.
Narra la historia de un psicópata y su señora que viven en una granja y disponen de un puñado de críos que usan cual esclavos. Uno de ellos, con algo así como trato de favor, sale al exterior a jugar y matar insectos. Un día conoce a un tipo que le come la cabeza con monsergas sobre ser libre, que no te controlen, hacer lo que te plazca, etc. El chaval queda maravillado y surge una relación de amistad entre ambos. Cuando, por los designios del destino, el tipo acabe en las zarpas del psycho-killer, el crío tendrá que debatirse entre seguir siendo fiel a este último o salvar la vida a su nuevo coleguita.
A medida que me hago vieja, cada vez me cuesta más tolerar el horror ultra-realista a base de psicópatas mutilando gente (como me pasó recientemente viendo "Wolf Creek 2". La escena en la que el asesino decapita de forma despiadada a un simpático chavalillo -frente a los horrorizados ojos de su novia- me ofendió tanto que apagué el televisor y me puse hecho un basilisco. Ni yo me lo creía... pero así fue) y, también, ciertas maneras del ya olvidado mal llamado "torture porn", sobre todo cuando se facturan buscando la complacencia del aficionado medio, material este presente en "Artik". Pero si se hace bien, y con gusto dentro del mal gusto, soy capaz de consumirlo e incluso apreciarlo. Como es el caso. Me sorprendió la buena factura de la película, lo interesante de sus personajes (especialmente ese asesino con pinta de troglodita al que le flipan los tebeos de superhéroes) y lo conciso de la trama, que va a piñón, no se pierde en tonterías inservibles ni se complica las cosas al llegar al clímax final. Que este no se haga esperar mucho, gracias a los escasos 78 minutos que dura la peli (aleluya!), también ayuda.
Otro aspecto que me sorprendió es que el personaje protagonista pertenezca al llamado Straight Edge, esa vertiente del hardcore-punk basada en el respeto al cuerpo a base de evitar la ingesta de alcohol, drogas o incluso carne. Y digo que me sorprende porque hace poco vi otra peli, también de terror, y también de naturaleza fans-para-fans (de hecho, viene apadrinada por la revista "Fangoria"), con un Straight Edge de protagonista... aunque más en tono de guasa (hablo de "Porno", con un arranque simpático pero un desarrollo plomizo que se lo carga todo). Tal vez se estén poniendo de moda en estos tiempos tan políticamente correctos que vivimos. El caso es que su presencia en "Artik" supone la incursión en la banda sonora de sendas canciones hardcore-punk cortesía de "Black Flag" (que no era un grupo Straight Edge... pero pal caso, no importa mucho) y Jay Reatard.
Escribe y dirige un tipo llamado Tom Botchii Skowronski en el que es su primer largometraje.
Recomendable... aunque sin hacer aspavientos.
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