Esto va a sonar fatal, pero siempre que pienso en Wes Craven no puedo evitar acompañarlo de una sensación lastimera. Tal vez sea por esa eterna mueca de tristeza que gastaba... o, más probable, la causa esté entre las páginas del libro "Sesión Sangrienta", donde se le dedicaba un buen pasaje narrando sus arranques como hippie aspirante a pintor y/o poeta. Luego se encoñó, tuvo hijos y, aunque intentó dejarlos de lado para seguir sus elevadas inclinaciones artísticas, al final le tocó pringar. Y de ahí, pues ya saben, a rodar porno y luego terror ultra-violento, donde quedó encasillado de por vida gracias a su éxito y, por ende, una posterior integración en el mainstream (incluido fracasado intento de pasarse al drama de alto standing) que le iría desprendiendo progresivamente de gracia y espíritu. Es decir, la fama y las riquezas hicieron aflorar, ya de modo total y definitivo, al hombre de negocios oculto tras el "auteur", y no digamos "el artista". Por eso, seguramente, sus películas iban sumando elevadas dosis de mediocridad a medida que acumulaba años de profesión, porque el interés invertido iría de casi cero a casi menos cien. Y eso, amigos, se nota. Si a todo este cocktail amargo añadimos un rodaje super-caótico y problemático con los terribles gerifaltes Weinstein y su "Dimension Films" al frente (subproductora destinada a confeccionar cine puramente de género, considerado basura por los hermanos), que acabó de traumar a Craven hasta el punto de decidir no aceptar ningún proyecto más únicamente motivado por el montante (promesa, opino, incumplida), pues apaga y vámonos.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.
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sábado, 10 de enero de 2026
sábado, 8 de noviembre de 2025
LA RESURRECCIÓN DEL MAL
Hace casi quince años aseguraba con bravuconería que jamás vería esta película. Y aquí me tienen, escribiendo sobre ella. ¡Ay, bocazas!. ¿A causa de qué solté tal sentencia? Pues acababa de pimplarme el título que la precedía, "Algunas veces ellos vuelven", telefilm basado en un relato de Stephen King cuyo éxito generó dos continuaciones directas a los estantes del vídeo-club que, dado el escaso entusiasmo provocado por aquella primera dosis, decidí ignorar. Concretamente, esta segunda juega al papel de remake disfrazado. Carece de conexión narrativa con la previa, pero viene a repetir el mismo esquema argumental salvo puntuales variaciones. Por lo que, si la presencia de King en aquella ya sería algo diluida (considerando que convertía en largometraje un relato corto), aquí directamente pasa a excusa.
Los gamberros del pueblo (el "leitmotiv" de la franquicia) son tan malos que realizan rituales satánicos. Aquello que un chaval es testigo de cómo sacrifican a su hermana de dieciocho recién cumplidas primaveras. Lógicamente ofuscado, acaba con ellos en plena celebración de la efeméride diabólica. Pasan treinta años, ahora el chaval es padre soltero de una hija apunto de cumplir mayoría de edad. Ello provoca que los gamberros regresen de los avernos con intención de usar a la moza para concluir el ritual interrumpido en su día.
Cambiar la tele por el vídeo-club (suspiro...) aporta ciertas ventajas, como poder incluir algo de sangre (muy comedida. De efectos especiales prácticos la cosa anda bien, aunque parapeten muertes tan risibles como la chavala cosida a "cartazos". Los visuales, en cambio, resultan menos convincentes, rozando por momentos un doloroso cutrismo) y unas pocas tetillas bonitas de ver. Pero ahí termina toda diferencia. Como producto noventero de terror de escaso montante, "La resurrección del mal" (traducción porculera de "Sometimes they comeback... again", "Algunas veces ellos vuelven, otra vez"), se deja ver sin mayores aspavientos. Es puro "fast food" de manual, con algunas salidas narrativas ridículas, de esas que parece que te tomen por tonto (como ver al protagonista librarse alegremente y sin mayores dificultades de la cadena que le inmoviliza. O la desesperada búsqueda de un objeto que, al final, resulta estar a la vista, fácilmente localizable...) y un "tic" muy irritante y de su tiempo, las maneras "a lá Freddy Krueger" que gasta el satánico jefe de la pandilla, es decir, "verborreando" hasta el paroxismo cada vez que asesina a alguien a base de pretendidas gracietas (algunas tan lamentablemente inimaginativas como cuando a un manco recién amputado le suelta aquello de "Gracias por echarme una mano").
A este le otorga (sobre)vida Alexis Arquette, perteneciente a la famosa casta y de rostro bastante peculiar. Llegó a dejarse ver en "Pulp Fiction" y luego fue el novio gótico de "La novia de Chucky" (donde, esta vez, él era el sacrificado durante un ritual). Posteriormente cambió de sexo, pero apenas tuvo tiempo de disfrutarlo ya que falleció en 2016.
Se enfrentan a él Michael Gross, eternamente ligado a la "sitcom" "Enredos de familia" y a otra franquicia segundona, "Temblores", y su hija, interpretada por una jovencita y muy bella Hilary Swank años antes de dar el salto a primera división. Les acompañan Patrick Renna, al que reconocía por su oronda figura y feo careto. Creía situarle en alguna película de cierto peso, pero no, se trata del tardío y aburrido slasher "Dark Ride" ("La casa del terror" en las españas). Su físico también le llevó a formar parte del cast de una comedia -igualmente tardía- de "National Lampoon", "Escuela de novatos". Otro rostro bastante familiar es el de Molly Hagan, que "En la resurrección del mal" hace de sheriff.
Igual que "Algunas veces ellos vuelven", y varias de las adaptaciones de Stephen King de esos años, produce -entre otros- el ex-"Amicus" Milton Subotsky. Guioniza Guy Riedel (siendo el único libreto de su filmografía, más centrada en labores de producción) a pachas con el director debutante, Adam Grossman. La experiencia le otorgaría puntos para responsabilizarse dos años después, bajo mandato "productil" de Wes Craven, de "El carnaval de las almas", supuesto remake de aquella cult-movie aburrida de cojones y con la que nunca he conseguido congeniar, "Carnival of Souls". Las malas críticas y, presupongo, escasa recaudación le condenaron a la inopia, salvo cuando co-escribió el guion de, justo, la tercera parte de la saga que nos ocupa, "Sometimes They Come Back... for More" ("Algunas veces ellos vuelven... a por más"), aquí marcianamente titulada "Infierno blanco" y situada esta vez en el inhóspito escenario de una base científica del ártico. No me pregunten sobre ella porque, ciertamente, mis recuerdos son escasos... casi inexistentes.
Los gamberros del pueblo (el "leitmotiv" de la franquicia) son tan malos que realizan rituales satánicos. Aquello que un chaval es testigo de cómo sacrifican a su hermana de dieciocho recién cumplidas primaveras. Lógicamente ofuscado, acaba con ellos en plena celebración de la efeméride diabólica. Pasan treinta años, ahora el chaval es padre soltero de una hija apunto de cumplir mayoría de edad. Ello provoca que los gamberros regresen de los avernos con intención de usar a la moza para concluir el ritual interrumpido en su día.
Cambiar la tele por el vídeo-club (suspiro...) aporta ciertas ventajas, como poder incluir algo de sangre (muy comedida. De efectos especiales prácticos la cosa anda bien, aunque parapeten muertes tan risibles como la chavala cosida a "cartazos". Los visuales, en cambio, resultan menos convincentes, rozando por momentos un doloroso cutrismo) y unas pocas tetillas bonitas de ver. Pero ahí termina toda diferencia. Como producto noventero de terror de escaso montante, "La resurrección del mal" (traducción porculera de "Sometimes they comeback... again", "Algunas veces ellos vuelven, otra vez"), se deja ver sin mayores aspavientos. Es puro "fast food" de manual, con algunas salidas narrativas ridículas, de esas que parece que te tomen por tonto (como ver al protagonista librarse alegremente y sin mayores dificultades de la cadena que le inmoviliza. O la desesperada búsqueda de un objeto que, al final, resulta estar a la vista, fácilmente localizable...) y un "tic" muy irritante y de su tiempo, las maneras "a lá Freddy Krueger" que gasta el satánico jefe de la pandilla, es decir, "verborreando" hasta el paroxismo cada vez que asesina a alguien a base de pretendidas gracietas (algunas tan lamentablemente inimaginativas como cuando a un manco recién amputado le suelta aquello de "Gracias por echarme una mano").
A este le otorga (sobre)vida Alexis Arquette, perteneciente a la famosa casta y de rostro bastante peculiar. Llegó a dejarse ver en "Pulp Fiction" y luego fue el novio gótico de "La novia de Chucky" (donde, esta vez, él era el sacrificado durante un ritual). Posteriormente cambió de sexo, pero apenas tuvo tiempo de disfrutarlo ya que falleció en 2016.
Se enfrentan a él Michael Gross, eternamente ligado a la "sitcom" "Enredos de familia" y a otra franquicia segundona, "Temblores", y su hija, interpretada por una jovencita y muy bella Hilary Swank años antes de dar el salto a primera división. Les acompañan Patrick Renna, al que reconocía por su oronda figura y feo careto. Creía situarle en alguna película de cierto peso, pero no, se trata del tardío y aburrido slasher "Dark Ride" ("La casa del terror" en las españas). Su físico también le llevó a formar parte del cast de una comedia -igualmente tardía- de "National Lampoon", "Escuela de novatos". Otro rostro bastante familiar es el de Molly Hagan, que "En la resurrección del mal" hace de sheriff.
Igual que "Algunas veces ellos vuelven", y varias de las adaptaciones de Stephen King de esos años, produce -entre otros- el ex-"Amicus" Milton Subotsky. Guioniza Guy Riedel (siendo el único libreto de su filmografía, más centrada en labores de producción) a pachas con el director debutante, Adam Grossman. La experiencia le otorgaría puntos para responsabilizarse dos años después, bajo mandato "productil" de Wes Craven, de "El carnaval de las almas", supuesto remake de aquella cult-movie aburrida de cojones y con la que nunca he conseguido congeniar, "Carnival of Souls". Las malas críticas y, presupongo, escasa recaudación le condenaron a la inopia, salvo cuando co-escribió el guion de, justo, la tercera parte de la saga que nos ocupa, "Sometimes They Come Back... for More" ("Algunas veces ellos vuelven... a por más"), aquí marcianamente titulada "Infierno blanco" y situada esta vez en el inhóspito escenario de una base científica del ártico. No me pregunten sobre ella porque, ciertamente, mis recuerdos son escasos... casi inexistentes.
sábado, 9 de marzo de 2024
LA TIERRA DE LOS MUERTOS VIVIENTES
Y seguimos con Romero, Romerito, Romerales. Guardo un grato recuerdo de "La tierra de los muertos vivientes" ("Land of the dead" en v.o.). No tanto por ella misma como por el contexto en el que la vi. Aquel fin de semana estrenaba pisito (o mini-pisito). Uno situado en el centro de la ciudad. Así, decidí celebrarlo acudiendo a las pinículas (solo, como siempre)... dos veces, ya que tenía las respectivas salas más o menos próximas. Primero fui a ver la reseñada. Terminó y corrí hasta la segunda sesión de la otra, "The Descent". Una jornada intensa, feliz y muy satisfactoria. Ya adelanto que ambas me gustaron. ¿Influyó el mentado contexto en ello?. Es probable... aunque, a estas alturas, pasados tantos años, las he revisionado suficientes veces como para poder afirmar que, sí, en general, y sin deslumbrar, mantengo esas buenas impresiones primigenias. En este caso, referidas al film de George A. Romero.
El mundo sigue infestado de zombies y los humanos han tenido que adaptarse. Aquellos con mayor poder adquisitivo viven en un edificio convertido en una especie de paraíso de cristal. El resto, pues ejerce de su servidumbre, saliendo al exterior con un macro-camión armado dispuestos a localizar víveres, exterminar revividos y lo que haga falta. Así van las cosas, más o menos bien, hasta que, por un lado, los explotados se hartan de serlo y, por otro, los zombies o, mejor, uno de ellos comienza a demostrar ciertos signos de inteligencia, tanta como para acudir al edificio fortificado en busca de alimento, bien acompañado por los de su prole.
Es un dato bien conocido que con "El día de los muertos" (supuesto cierre oficial de la trilogía zombie Romeriana original y, a mi gusto, broche de oro) George A. tenía en mente algo mucho más espectacular. Su guion chorreaba acción, explosiones, etc. Pero la panoja que le entregaron no daba para tanto, así que, muy frustrado, se vio obligado a reducir los elementos hasta lo clásico, pocos personajes encerrados y asediados por zombies. Bien, a la hora de enfrentarse a "La tierra de los muertos vivientes", desempolvó aquel libreto inproducible, rescatando algunas ideas y lanzándose, por fin, a rodar su aparatosa película de acción. Todo ello gracias al "boom" del cine de muertos vivientes que, por entonces, aún se encontraba en pleno despegue. Era, pues, lógico rescatar al padre de la criatura, al iniciador de todo ello, y darle la oportunidad de situarse de nuevo en primera fila, tras años de cierto olvido. Fue la última ocasión que tuvo George A. Romero de recuperar el brillo perdido. Más teniendo en cuenta que se le consideró para dirigir la primera entrega de "Resident Evil", finalmente descartado al juzgar sus maneras demasiado clásicas y "viejunas" para la platea moderna. Y algo de razón tendrían, porque, finalmente, "La tierra de los muertos vivientes" fue el inevitable fracaso taquillero que fue. Aquello terminó de matar al cineasta, quien acabó sus días -muy a su pesar- rodeado de zombies, contando con mucho menos presupuesto y pariendo películas entre la mediocridad y el horror absoluto. Luego, palmó. Y lo hizo frustrado. Jamás logró despegarse del terror (cada vez que lo intentaba se pegaba unos hostiacos gordos, viéndose obligado a regresar con el rabo entre las piernas) y nunca pudo rodar aquel drama victoriano con el que pretendía debutar a finales de los sesenta pero aparcó, consciente que recaudaría escaso montante en taquilla. No puedo evitar pensar en él, u otros de idéntico calibre como Wes Craven o Tobe Hooper, y sentir cierta lástima. Todos parieron grandes obras, pero ¿a qué precio?.
Perdonen el lapsus. Volvamos a "La tierra de los muertos vivientes" y confirmemos que, yes!, sigue siendo un film muy entretenido, de buen ritmo y que pasa bastante rápido. En ese sentido, es uno de los más llevaderos de Don Romerales. La historia resulta interesante, los personajes carismáticos y la supuesta morralla "social" habitual del cineasta prácticamente desaparece (o es tan evidente y trillada, que ni se nota ni traspasa). Hay las esperadas secuencias de truculencia chorreante, aunque sin llegar -obvio, estaba "Universal" detrás- a la crudeza y brutalidad de "El día de los muertos". No obstante, se agradece (a pesar de fugaces feos destellos de CGI) porque somos testigos de una práctica que, lentamente, y a medida que el "boom" zombie crecía y se asentaba, iba desapareciendo: el efecto de los ataques de revividos sobre los humanos. Se ha convertido ya en norma cebarse con los zombies, que son quienes sufren la inmensa ristra de mutilaciones y barbaridades. Pero ya resulta raro ver a una persona con la panza abierta y las tripas siendo devoradas. Eso todavía se da en "La tierra de los muertos vivientes" y, aunque suene enfermizo, uno lo celebra.
En el reparto, unas cuantas caras interesantes. Simon "El mentalista" Baker, el todoterreno pero eficiente Dennis Hopper, un macarra John Leguizamo, el habitual del género Robert Joy y la nota sentimental con el fichaje de la bambina de Dario Argento, Asia (no hace falta hablar a estas alturas de la más que notable relación creativa que Romero y el italiano mantuvieron en el pasado). Todo ello coronado por tres cameos de lujo: Tom Savini retomando su personaje de "Dawn of the dead" (ahora, lógicamente, zombificado) y Simon Pegg + Edgar Wright, por entonces frescos del éxito obtenido con "Shaun of the dead", de la que George A. Romero era fan.
El mundo sigue infestado de zombies y los humanos han tenido que adaptarse. Aquellos con mayor poder adquisitivo viven en un edificio convertido en una especie de paraíso de cristal. El resto, pues ejerce de su servidumbre, saliendo al exterior con un macro-camión armado dispuestos a localizar víveres, exterminar revividos y lo que haga falta. Así van las cosas, más o menos bien, hasta que, por un lado, los explotados se hartan de serlo y, por otro, los zombies o, mejor, uno de ellos comienza a demostrar ciertos signos de inteligencia, tanta como para acudir al edificio fortificado en busca de alimento, bien acompañado por los de su prole.
Es un dato bien conocido que con "El día de los muertos" (supuesto cierre oficial de la trilogía zombie Romeriana original y, a mi gusto, broche de oro) George A. tenía en mente algo mucho más espectacular. Su guion chorreaba acción, explosiones, etc. Pero la panoja que le entregaron no daba para tanto, así que, muy frustrado, se vio obligado a reducir los elementos hasta lo clásico, pocos personajes encerrados y asediados por zombies. Bien, a la hora de enfrentarse a "La tierra de los muertos vivientes", desempolvó aquel libreto inproducible, rescatando algunas ideas y lanzándose, por fin, a rodar su aparatosa película de acción. Todo ello gracias al "boom" del cine de muertos vivientes que, por entonces, aún se encontraba en pleno despegue. Era, pues, lógico rescatar al padre de la criatura, al iniciador de todo ello, y darle la oportunidad de situarse de nuevo en primera fila, tras años de cierto olvido. Fue la última ocasión que tuvo George A. Romero de recuperar el brillo perdido. Más teniendo en cuenta que se le consideró para dirigir la primera entrega de "Resident Evil", finalmente descartado al juzgar sus maneras demasiado clásicas y "viejunas" para la platea moderna. Y algo de razón tendrían, porque, finalmente, "La tierra de los muertos vivientes" fue el inevitable fracaso taquillero que fue. Aquello terminó de matar al cineasta, quien acabó sus días -muy a su pesar- rodeado de zombies, contando con mucho menos presupuesto y pariendo películas entre la mediocridad y el horror absoluto. Luego, palmó. Y lo hizo frustrado. Jamás logró despegarse del terror (cada vez que lo intentaba se pegaba unos hostiacos gordos, viéndose obligado a regresar con el rabo entre las piernas) y nunca pudo rodar aquel drama victoriano con el que pretendía debutar a finales de los sesenta pero aparcó, consciente que recaudaría escaso montante en taquilla. No puedo evitar pensar en él, u otros de idéntico calibre como Wes Craven o Tobe Hooper, y sentir cierta lástima. Todos parieron grandes obras, pero ¿a qué precio?.
Perdonen el lapsus. Volvamos a "La tierra de los muertos vivientes" y confirmemos que, yes!, sigue siendo un film muy entretenido, de buen ritmo y que pasa bastante rápido. En ese sentido, es uno de los más llevaderos de Don Romerales. La historia resulta interesante, los personajes carismáticos y la supuesta morralla "social" habitual del cineasta prácticamente desaparece (o es tan evidente y trillada, que ni se nota ni traspasa). Hay las esperadas secuencias de truculencia chorreante, aunque sin llegar -obvio, estaba "Universal" detrás- a la crudeza y brutalidad de "El día de los muertos". No obstante, se agradece (a pesar de fugaces feos destellos de CGI) porque somos testigos de una práctica que, lentamente, y a medida que el "boom" zombie crecía y se asentaba, iba desapareciendo: el efecto de los ataques de revividos sobre los humanos. Se ha convertido ya en norma cebarse con los zombies, que son quienes sufren la inmensa ristra de mutilaciones y barbaridades. Pero ya resulta raro ver a una persona con la panza abierta y las tripas siendo devoradas. Eso todavía se da en "La tierra de los muertos vivientes" y, aunque suene enfermizo, uno lo celebra.
En el reparto, unas cuantas caras interesantes. Simon "El mentalista" Baker, el todoterreno pero eficiente Dennis Hopper, un macarra John Leguizamo, el habitual del género Robert Joy y la nota sentimental con el fichaje de la bambina de Dario Argento, Asia (no hace falta hablar a estas alturas de la más que notable relación creativa que Romero y el italiano mantuvieron en el pasado). Todo ello coronado por tres cameos de lujo: Tom Savini retomando su personaje de "Dawn of the dead" (ahora, lógicamente, zombificado) y Simon Pegg + Edgar Wright, por entonces frescos del éxito obtenido con "Shaun of the dead", de la que George A. Romero era fan.
domingo, 5 de noviembre de 2023
UNA RESURRECCIÓN Y UN PARECIDO RAZONABLE
El pasado 21 de Octubre tuve un despertar de lo más hilarante. Tomando mi preciado café con leche y dando un repaso a páginas webs, blogs y demás, me topo de morros con la siguiente noticia: "Wes Craven se dispone a rodar la última entrega de "Pesadilla en Elm Street"". ¡¿Cómo, qué, perdona?!... pero, el director de "Las colinas tienen ojos" no anda bajo tierra desde hace años.... ¿y esa peli no se hizo ya en su momento?... comprobé bien la fecha a ver si es que el respectivo blog llevaba treinta años sin actualizarse (chas-pun!). No, no, se suponía una buenanueva de rabiosa actualidad. Por supuesto, los responsables (¿unos robots de esos enchufados a la corriente que se pasan el día sentados frente al portátil actualizando desalmadamente?) se limitaron a mangar un artículo ajeno, de una web yanki, para reciclarlo de modo totalmente descontextualizado y sin sentido. ¿Efecto "clickbait"?... ¿de verdad alguien cree que esto puede generar muchos "clicks"? Eso no sé, pero risas, unas cuantas. Y un poquillo de vergüenza ajena también.
Para lo siguiente no tengo mucho que decir. Es una chuminada a la que no he podido resistirme, y pido disculpas por ello... (si no conocen a qué films pertenecen las imágenes, tampoco deberían conocer este blog)
sábado, 30 de septiembre de 2023
THE PHANTOM (EL HOMBRE ENMASCARADO)
Según este humilde reseñador, el super-bombazo del "Batman" de Tim Burton en 1989 puso de moda el cine de superhéroes a lo largo de los primeros 90. Un poco como ocurrió con el despuntar de Marvel Studios, pero bastante menos febrilmente. De hecho, la mayoría de esas adaptaciones serían sonoros fracasos, de ahí que la cosa muriera pronto. Curiosamente, algunas se inspiraban en héroes añejos y, por ello, sus versiones fílmicas también se situaban en épocas tan distantes para el jovenzuelo medio (es decir, la audiencia potencial de esta clase de productos) como los años 30 o 40. Cosa que, supongo, contribuyó al respectivo descalabro. Uno de esos títulos fue la mediocre traslación a la gran pantalla de "La Sombra", de la que hablamos profusamente en formato podcast. Dos años después, se estrenaría otra con la que tenía muchísimos puntos en común, "The Phantom", más conocido por estos lares en formato viñetil como "El hombre enmascarado". Y cuando digo "puntos en común" no me refiero únicamente a que ambas se desarrollan en décadas pasadas, o que se inspiraban en superhéroes primigenios, hablo también de lo plano, aburrido y poco lustroso del resultado. Y su respectivo hostiazo taquillero. Así mismo, fui a ver ambas en su estreno y, en fin, la tremenda decepción es otra conexión que comparten.
A "The Phantom" lo parió Lee Falk en 1936. No fue el primer enmascarado (antes estaba El Zorro, por ejemplo), pero sí el primero que llevaba un disfraz completo. Así que, en cierto modo, se ganó la medalla de ser el superhéroe original, tal y como los conocemos hoy. Siendo chaval, leí algunos de sus tebeos, pero eran demasiado retro para mí, aunque las portadas hechas al óleo en plan super-realista me flipaban mucho. Supongo que eso fue lo que me animó a acudir al cine a ver esta adaptación de 1996 que, en realidad, apuntaba más al rollo "Indiana Jones".
Aunque no puedo estar seguro, diría que "El hombre enmascarado" era más serio y sombrío que como el pizpireto Billy Zane lo interpreta. Fue su gran oportunidad perdida...o, mejor, totalmente destruida. Lo mismo podemos decir de su partenaire, la guapísima Kristy Swanson. Llevaba años intentándolo, pero la suerte nunca le sonrió. Recordemos que fue la primera "Buffy", así como la "Amiga Mortal" de Wes Craven. Incluso llegó a hacer realidad el sueño húmedo de un servidor cuando en 1995 compartió escena de amor lésbico con otra de mis debilidades, la Jennifer Connelly joven y carnosa. También a esta le costó lo suyo ser considerada para roles serios y lograr cierto estatus (incluido papel en otra de superhéroes del periodo, igualmente ambientada en los años 30 y fracasada, "Rocketeer"), pero lo consiguió, cosa que nunca ocurrió con la Swanson. Aquí el único rostro que sí tuvo una carrera posterior de éxitos fue Catherine Zeta-Jones, haciendo de una villana que se pasa al lado de los buenos tras escuchar un simple comentario. Eso es persuasión, oiga. El resto del reparto estaba acostumbrado a nadar entre mediocridades, como Treat Williams, James Remar, Cary-Hiroyuki Tagawa, David Proval, John Capodice, Patrick McGoohan o una fugaz Samantha Eggar. El director, Simon Wincer, nació en Australia ("The Phantom" lo es en un 50%) y venía de dirigir cosas como "D.A.R.Y.L.", "Liberad a Willy!", "Dos duros sobre ruedas", "Relámpago Jack", "Cocodrilo Dundee en Los Angeles", "Operación Elefante" y varios capítulos de la serie de "Las aventuras del joven Indiana Jones" que, supongo, le valdrían como garantía a la hora de ser fichado. El guionista, Jeffrey Boam, había firmado los libretos de "La zona muerta", "Arma Letal", "El chip prodigioso", "Jóvenes ocultos" e "Indiana Jones y la última cruzada", lo que confirmaría la vinculación de este "Hombre Enmascarado" con el tono propio del famoso personaje del látigo. By the way, Boam fue el creador de "Las aventuras de Brisco County", serie protagonizada por Bruce Campbell, de ahí que se le considerase momentáneamente como posible "Phantom" antes de que el papel recayera en Billy Zane. ¿Se imaginan cómo podría haber sido la peli con Campbell oculto tras el antifaz?
"The Phanom (El hombre enmascarado)" nos presenta a un malvado magnate interesado en hacerse con tres calaveras místicas capaces de convertirse en un arma super poderosa. El "Hombre Enmascarado" se pondrá manos al asunto para impedirlo.
A ver, en su día, consumida en el cine, me pareció una película rematadamente insulsa, previsible y hasta aburrida. Vista ayer, pues.... bueno, puedo entender esas apreciaciones originales, pero también comprendo a los gacetilleros esnobs de la época que la defendían alegando su encanto, su recuperación de un espíritu más "pulp", más inocentón que, por entonces, ya se consideraba demodé. Es una peli regulera, con sus buenas escenas de acción, entretenida por los pelos, un poco ridícula, pero saludable y simpática. Cuesta detestarla, así que, si quieren pasar un rato tonto, rozando el retraso mental, "The Phantom (el hombre enmascarado)" es una opción más que razonable.
Como dato curioso, añadir que el personaje fue readaptado para la pequeña pantalla en 2009 con una serie donde se apostaba por un tono más "high-tech". Las respectivas imágenes dan bastante grima.
A "The Phantom" lo parió Lee Falk en 1936. No fue el primer enmascarado (antes estaba El Zorro, por ejemplo), pero sí el primero que llevaba un disfraz completo. Así que, en cierto modo, se ganó la medalla de ser el superhéroe original, tal y como los conocemos hoy. Siendo chaval, leí algunos de sus tebeos, pero eran demasiado retro para mí, aunque las portadas hechas al óleo en plan super-realista me flipaban mucho. Supongo que eso fue lo que me animó a acudir al cine a ver esta adaptación de 1996 que, en realidad, apuntaba más al rollo "Indiana Jones".
Aunque no puedo estar seguro, diría que "El hombre enmascarado" era más serio y sombrío que como el pizpireto Billy Zane lo interpreta. Fue su gran oportunidad perdida...o, mejor, totalmente destruida. Lo mismo podemos decir de su partenaire, la guapísima Kristy Swanson. Llevaba años intentándolo, pero la suerte nunca le sonrió. Recordemos que fue la primera "Buffy", así como la "Amiga Mortal" de Wes Craven. Incluso llegó a hacer realidad el sueño húmedo de un servidor cuando en 1995 compartió escena de amor lésbico con otra de mis debilidades, la Jennifer Connelly joven y carnosa. También a esta le costó lo suyo ser considerada para roles serios y lograr cierto estatus (incluido papel en otra de superhéroes del periodo, igualmente ambientada en los años 30 y fracasada, "Rocketeer"), pero lo consiguió, cosa que nunca ocurrió con la Swanson. Aquí el único rostro que sí tuvo una carrera posterior de éxitos fue Catherine Zeta-Jones, haciendo de una villana que se pasa al lado de los buenos tras escuchar un simple comentario. Eso es persuasión, oiga. El resto del reparto estaba acostumbrado a nadar entre mediocridades, como Treat Williams, James Remar, Cary-Hiroyuki Tagawa, David Proval, John Capodice, Patrick McGoohan o una fugaz Samantha Eggar. El director, Simon Wincer, nació en Australia ("The Phantom" lo es en un 50%) y venía de dirigir cosas como "D.A.R.Y.L.", "Liberad a Willy!", "Dos duros sobre ruedas", "Relámpago Jack", "Cocodrilo Dundee en Los Angeles", "Operación Elefante" y varios capítulos de la serie de "Las aventuras del joven Indiana Jones" que, supongo, le valdrían como garantía a la hora de ser fichado. El guionista, Jeffrey Boam, había firmado los libretos de "La zona muerta", "Arma Letal", "El chip prodigioso", "Jóvenes ocultos" e "Indiana Jones y la última cruzada", lo que confirmaría la vinculación de este "Hombre Enmascarado" con el tono propio del famoso personaje del látigo. By the way, Boam fue el creador de "Las aventuras de Brisco County", serie protagonizada por Bruce Campbell, de ahí que se le considerase momentáneamente como posible "Phantom" antes de que el papel recayera en Billy Zane. ¿Se imaginan cómo podría haber sido la peli con Campbell oculto tras el antifaz?
"The Phanom (El hombre enmascarado)" nos presenta a un malvado magnate interesado en hacerse con tres calaveras místicas capaces de convertirse en un arma super poderosa. El "Hombre Enmascarado" se pondrá manos al asunto para impedirlo.
A ver, en su día, consumida en el cine, me pareció una película rematadamente insulsa, previsible y hasta aburrida. Vista ayer, pues.... bueno, puedo entender esas apreciaciones originales, pero también comprendo a los gacetilleros esnobs de la época que la defendían alegando su encanto, su recuperación de un espíritu más "pulp", más inocentón que, por entonces, ya se consideraba demodé. Es una peli regulera, con sus buenas escenas de acción, entretenida por los pelos, un poco ridícula, pero saludable y simpática. Cuesta detestarla, así que, si quieren pasar un rato tonto, rozando el retraso mental, "The Phantom (el hombre enmascarado)" es una opción más que razonable.
Como dato curioso, añadir que el personaje fue readaptado para la pequeña pantalla en 2009 con una serie donde se apostaba por un tono más "high-tech". Las respectivas imágenes dan bastante grima.
lunes, 25 de septiembre de 2023
SUEÑOS TORTUOSOS
“Sueños tortuosos” es una de tantas consecuencias del éxito de “Pesadilla en Elm Street”, y que vendría a ratificar lo original e imaginativa que era la película de Wes Craven: Todos su exploits son poco menos diarrea en comparación. Y “Sueños tortuosos” es especialmente aburrida y está especialmente desangelada. Un tostón de los buenos.
La película se agarra a la estructura del slasher convencional, que es más sencillo a la hora de rodar, pero, con el fin de asemejar a su villano con el inmortal Freddy Krueger, añade esos elementos sobrenaturales tan de moda en la época que, por problemas presupuestarios, más que mostrársenos en pantalla, se las ingenian para que algún personaje nos lo narre, y de este modo ya sabemos que nuestros protagonistas se las tienen que ver con entes paranormales. Sin embargo, paradójicamente, parece ser que la película está rodada en el mismo set en el que se rodó “Viernes 13 Parte III”. Así, tenemos a un muchacho homosexual y deficiente mental que sufre el bullying al que le someten unos jóvenes descerebrados en un campamento de verano. Apesadumbrado por todo esto, se va al granero y, allí, muere en llamas por obra y gracia de ¡La combustión espontánea! Dos años más tarde, la hermana del interfecto recibe una invitación para ir al campamento de verano donde murió su hermano y reunirse con sus antiguos compañeros, los mismos que se reían de aquel. Allí serán masacrados de las más variopintas formas, hasta que, hacia el final, el espectador será partícipe de uno o dos descubrimientos.
Mal horror ochentero de manual. Un espanto sin apenas iluminación, un asesino exento de todo carisma, crímenes bastante insulsos y demasiados tempos muertos. Lo que se dice un coñazo.
La película se agarra a la estructura del slasher convencional, que es más sencillo a la hora de rodar, pero, con el fin de asemejar a su villano con el inmortal Freddy Krueger, añade esos elementos sobrenaturales tan de moda en la época que, por problemas presupuestarios, más que mostrársenos en pantalla, se las ingenian para que algún personaje nos lo narre, y de este modo ya sabemos que nuestros protagonistas se las tienen que ver con entes paranormales. Sin embargo, paradójicamente, parece ser que la película está rodada en el mismo set en el que se rodó “Viernes 13 Parte III”. Así, tenemos a un muchacho homosexual y deficiente mental que sufre el bullying al que le someten unos jóvenes descerebrados en un campamento de verano. Apesadumbrado por todo esto, se va al granero y, allí, muere en llamas por obra y gracia de ¡La combustión espontánea! Dos años más tarde, la hermana del interfecto recibe una invitación para ir al campamento de verano donde murió su hermano y reunirse con sus antiguos compañeros, los mismos que se reían de aquel. Allí serán masacrados de las más variopintas formas, hasta que, hacia el final, el espectador será partícipe de uno o dos descubrimientos.
Mal horror ochentero de manual. Un espanto sin apenas iluminación, un asesino exento de todo carisma, crímenes bastante insulsos y demasiados tempos muertos. Lo que se dice un coñazo.
No es de extrañar que “Sueños tortuosos” (“Twisted Nightmare” en su versión original, título que, sin duda, mola bastante más. Vendría ser algo así como “Pesadilla retorcida”) sea uno de tantos slashers de segunda categoría ochenteros que no ha trascendido ni lo más mínimo. El culto o seguimiento que tiene en la actualidad la cinta es más bien tirando a discreto, por no decir nulo, cosa que, tras un visionado, no me extraña ni lo más mínimo.
Los perpetradores de todo esto son Charles Philip Moore al guion y Paul Hunt a la dirección. Al primero podemos reconocerle por ser el director de otra película con intenciones similares a la que nos ocupa, solo que en esa ocasión expoliaba a “Posesión Infernal”, que era “Viento del infierno”, mientras que Hunt provenía del mundo del nudie y desarrolló una carrera en la que tocaría diferentes palos y en la que, lastimosamente, “Sueños tortuosos” sería probablemente su film más popular.
“Sueños tortuosos” tuvo un estreno regional en los Estados Unidos antes de ser pasto de los cines del Deuce neoyorquino, pero a nuestro país llegó, como no, directamente en vídeo, eso sí, curiosamente distribuida por la división videográfica de una major como era RCA-Columbia Pictures al igual que su prima-hermana “Viento del infierno”.
Por lo demás, como a la mosca, tenle miedo… mucho miedo…
Curiosos, disponen aquí de la mini-reseña que Naxo, con la excusa de un visionado grupal de varias películas, le dedicó a "Sueños Tortuosos". Básica e inevitablemente, viene a decir lo mismo que esta.
Los perpetradores de todo esto son Charles Philip Moore al guion y Paul Hunt a la dirección. Al primero podemos reconocerle por ser el director de otra película con intenciones similares a la que nos ocupa, solo que en esa ocasión expoliaba a “Posesión Infernal”, que era “Viento del infierno”, mientras que Hunt provenía del mundo del nudie y desarrolló una carrera en la que tocaría diferentes palos y en la que, lastimosamente, “Sueños tortuosos” sería probablemente su film más popular.
“Sueños tortuosos” tuvo un estreno regional en los Estados Unidos antes de ser pasto de los cines del Deuce neoyorquino, pero a nuestro país llegó, como no, directamente en vídeo, eso sí, curiosamente distribuida por la división videográfica de una major como era RCA-Columbia Pictures al igual que su prima-hermana “Viento del infierno”.
Por lo demás, como a la mosca, tenle miedo… mucho miedo…
Curiosos, disponen aquí de la mini-reseña que Naxo, con la excusa de un visionado grupal de varias películas, le dedicó a "Sueños Tortuosos". Básica e inevitablemente, viene a decir lo mismo que esta.
sábado, 15 de abril de 2023
LOS OJOS DEL MAL
Supongo que usar el término "muy dosmilera" puede considerarse perfectamente legítimo a estas alturas. "Los ojos del mal" ("See no evil" en v.o.) encaja como un guante en dicha etiqueta. No ya porque sea del 2006, que también, sino por muchos de sus "tics".
Aunque el "nuevo slasher" catapultado a raíz del éxito de "Scream, vigila quien llama" diez años antes ya agonizaba, aún le quedaba algo de oxígeno. Más si lo mezclabas con la tendencia entonces imperante: "Saw" (o torture porn) Así pues, "Los ojos del mal" combina un poco de cada y, de paso, se apunta a esa ambientación sucia -aunque muy Hollywoodiense, es decir, artificial- que pretendía "recuperar" el horror setentero en contraposición al rollo mega-limpio e inofensivo impuesto durante demasiado tiempo por el mentado "hit" de Wes Craven. Aquí cabrían un mayor uso del elemento truculento -tampoco excesivo- y algo de sexy-ismo, aunque no tanto como para poder MOSTRAR un par de tetillas, lo que me parece ridículo (más teniendo en cuenta la peculiar naturaleza del director, como luego veremos) Otros "tics" recurrentes son la sobredosis de hip-hop en la banda sonora, el abuso de imágenes fragmentadas, flashes y otras pijadas tan irritantes como habituales, y que todos los teenagers protas estén de rechupete -especialmente ellas- aunque pertenezcan al lumpen (no hay cosa más desquiciante que la típica actriz mona interpretando a una chica mala a base de poner morritos) Todo ello amparado por Lionsgate (distribuidores oficiales de, yes!, la "Sawga") y "WWE", productora surgida del mundo de la lucha libre emperrada en parir vehículos de lucimiento para algunos de sus hostiadores profesionales. En este caso hablamos de un armario llamado Kane, cuyo aspecto le va de perlas al psycho-killer protagonista de sonoro pero ridículo nombre: Jacob Goodnight. Por lo demás, "Los ojos del mal" es tan trillada que da dolor de cabeza. Ni siquiera tenía pensado incluirla en este blog, hasta que vi que mi compañero no lo había hecho. Y aquí ando.
Un grupo de delincuentes juveniles son reclutados para limpiar un viejo hotel pasto de las llamas. Resulta que un chalado enorme vive oculto entre las paredes y se pirra por agenciarse los ojos de todos los presentes. Puesto que cualquier psycho-killer que se precie debe disponer de su arma "cool" reglamentaria, este se vale de un enorme gancho que lanza para atrapar a sus víctimas. Los últimos supervivientes de la escabechina tendrán que enfrentarse a la bestia y vencerla.
Es cierto que "Los ojos del mal" pretende alejarse de algunos tropos propios del "slasher", pero se queda en un nada llamativo y loable intento. Por ejemplo, que el "final boy" sea el más odioso de todos y, por tanto, aquel al que pensabas iban a destripar primero. O cierta mala uva, como que la chica vegetariana amante incondicional de los animales -en especial los perros- sea devorada en vida por una manada de estos. El elemento truculento está presente, pero poco. Cuando el asesino arranca ojos, no lo vemos en plan gráfico (únicamente si procede con un cadáver) y, siguiendo los cánones del Hollywood más cobarde, es en el palmamiento del malo donde está la chicha. Ya saben, recrearse con la muerte del villano -sea pyscho killer, monstruo o, sobre todo, zombie- se supone menos traumático que si hablamos de inocentes -independientemente de lo aborrecibles que sean- Obviamente, y por año, los CGI comienzan a dar la tabarra, aunque todavía queda sitio para trucajes prácticos.
Hablaba antes de la peculiar naturaleza del director. Pues bien, se trata de Gregory Dark, un señor mucho más conocido por sus aportaciones al cine abiertamente pornográfico. Uno de tirón mainstream -siendo metesaca-, así como bien considerado, estilizado y, por tanto, tremendamente aburrido. Veneno para la libido. Dark se había pasado a la realización de video-clips y su asociación con Britney Spears le otorgó cierto lustre y respetabilidad.
A diferencia de otros de sus compañeros, Kane no logró dar el salto y siguió atrapado en la lucha libre hasta hoy. En 2014 bajó unos peldaños al retomar a Jacob Goodnight en "Los ojos del mal 2" que, seguramente, llegaría directamente en formato doméstico (la primera sí se estrenó en salas) Dirigieron entonces las incapaces -aunque sorprendemente reputadas- Soska Sisters, lo que es sinónimo de mucho malo y nada bueno (¿han visto su horrendo remake de "Rabia"?) El típico e hipócrita caso de alabar dos pavas únicamente por ser pavas, independientemente de sus capacidades, aunque los "fricardos" que así proceden las usen como materia para aligerar el abundante sobrepeso de sus testículos.
El día que llegue la nostalgia de los dosmiles, seguro que a algún cazurro se le ocurre hacer una tercera.
Lo sé, ha sido una reseña desapasionada y funcional... pero, pal caso, va en perfecta consonancia con "Los ojos del mal". Se ve, se soporta y se olvida.
Aunque el "nuevo slasher" catapultado a raíz del éxito de "Scream, vigila quien llama" diez años antes ya agonizaba, aún le quedaba algo de oxígeno. Más si lo mezclabas con la tendencia entonces imperante: "Saw" (o torture porn) Así pues, "Los ojos del mal" combina un poco de cada y, de paso, se apunta a esa ambientación sucia -aunque muy Hollywoodiense, es decir, artificial- que pretendía "recuperar" el horror setentero en contraposición al rollo mega-limpio e inofensivo impuesto durante demasiado tiempo por el mentado "hit" de Wes Craven. Aquí cabrían un mayor uso del elemento truculento -tampoco excesivo- y algo de sexy-ismo, aunque no tanto como para poder MOSTRAR un par de tetillas, lo que me parece ridículo (más teniendo en cuenta la peculiar naturaleza del director, como luego veremos) Otros "tics" recurrentes son la sobredosis de hip-hop en la banda sonora, el abuso de imágenes fragmentadas, flashes y otras pijadas tan irritantes como habituales, y que todos los teenagers protas estén de rechupete -especialmente ellas- aunque pertenezcan al lumpen (no hay cosa más desquiciante que la típica actriz mona interpretando a una chica mala a base de poner morritos) Todo ello amparado por Lionsgate (distribuidores oficiales de, yes!, la "Sawga") y "WWE", productora surgida del mundo de la lucha libre emperrada en parir vehículos de lucimiento para algunos de sus hostiadores profesionales. En este caso hablamos de un armario llamado Kane, cuyo aspecto le va de perlas al psycho-killer protagonista de sonoro pero ridículo nombre: Jacob Goodnight. Por lo demás, "Los ojos del mal" es tan trillada que da dolor de cabeza. Ni siquiera tenía pensado incluirla en este blog, hasta que vi que mi compañero no lo había hecho. Y aquí ando.
Un grupo de delincuentes juveniles son reclutados para limpiar un viejo hotel pasto de las llamas. Resulta que un chalado enorme vive oculto entre las paredes y se pirra por agenciarse los ojos de todos los presentes. Puesto que cualquier psycho-killer que se precie debe disponer de su arma "cool" reglamentaria, este se vale de un enorme gancho que lanza para atrapar a sus víctimas. Los últimos supervivientes de la escabechina tendrán que enfrentarse a la bestia y vencerla.
Es cierto que "Los ojos del mal" pretende alejarse de algunos tropos propios del "slasher", pero se queda en un nada llamativo y loable intento. Por ejemplo, que el "final boy" sea el más odioso de todos y, por tanto, aquel al que pensabas iban a destripar primero. O cierta mala uva, como que la chica vegetariana amante incondicional de los animales -en especial los perros- sea devorada en vida por una manada de estos. El elemento truculento está presente, pero poco. Cuando el asesino arranca ojos, no lo vemos en plan gráfico (únicamente si procede con un cadáver) y, siguiendo los cánones del Hollywood más cobarde, es en el palmamiento del malo donde está la chicha. Ya saben, recrearse con la muerte del villano -sea pyscho killer, monstruo o, sobre todo, zombie- se supone menos traumático que si hablamos de inocentes -independientemente de lo aborrecibles que sean- Obviamente, y por año, los CGI comienzan a dar la tabarra, aunque todavía queda sitio para trucajes prácticos.
Hablaba antes de la peculiar naturaleza del director. Pues bien, se trata de Gregory Dark, un señor mucho más conocido por sus aportaciones al cine abiertamente pornográfico. Uno de tirón mainstream -siendo metesaca-, así como bien considerado, estilizado y, por tanto, tremendamente aburrido. Veneno para la libido. Dark se había pasado a la realización de video-clips y su asociación con Britney Spears le otorgó cierto lustre y respetabilidad.
A diferencia de otros de sus compañeros, Kane no logró dar el salto y siguió atrapado en la lucha libre hasta hoy. En 2014 bajó unos peldaños al retomar a Jacob Goodnight en "Los ojos del mal 2" que, seguramente, llegaría directamente en formato doméstico (la primera sí se estrenó en salas) Dirigieron entonces las incapaces -aunque sorprendemente reputadas- Soska Sisters, lo que es sinónimo de mucho malo y nada bueno (¿han visto su horrendo remake de "Rabia"?) El típico e hipócrita caso de alabar dos pavas únicamente por ser pavas, independientemente de sus capacidades, aunque los "fricardos" que así proceden las usen como materia para aligerar el abundante sobrepeso de sus testículos.
El día que llegue la nostalgia de los dosmiles, seguro que a algún cazurro se le ocurre hacer una tercera.
Lo sé, ha sido una reseña desapasionada y funcional... pero, pal caso, va en perfecta consonancia con "Los ojos del mal". Se ve, se soporta y se olvida.
sábado, 18 de marzo de 2023
ALMAS CONDENADAS
Han pasado 16 años desde que el llamado "El Destripador" rebanara el cuello a unas cuantas víctimas, incluida su propia esposa. Aunque supuestamente fue cazado, no consiguieron encontrar el cadáver y los chavales nacidos el último día que actuó (entre ellos su hijo), viven convencidos de su pronto regreso para seguir matando. Como era de esperar, comienza la escabechina y los caídos son esos mismos teenagers ¿Es uno que se está cepillando al resto o el criminal original?
Le tenía muchas ganas a "Almas Condenadas". Y no porque la recordara con cariño, más bien lo contrario. Pero era uno de los títulos olvidados e ignorados de la filmografía de Wes Craven. Un Craven que, entre mediados y finales de los 2000, andaba más de capa caída que nunca. Tuvo mogollón de problemas con "La maldición (Cursed)", el plomo aquel sobre hombres lobo protagonizado por la otrora apetecible Christina Ricci (que mal le sentó adelgazar, oiga) Se apartó un poquito del terror metiéndose de lleno en el thriller con "Vuelo Nocturno", una cosucha pasable con regusto a telefilm. Y volvió al género que le vio alcanzar el estrellato con "Almas Condenadas" ("My soul to take" en v.o.) Siempre hemos sabido que tío Wes estaba hasta el gorro de su vinculación con el terror. Como hombre de negocios y frustrado intelectual, lo abordaba progresivamente con menos pasión y entusiasmo. Lo que también es lógico. En "Almas Condenadas" la cosa anda ya bajo mínimos. No se muy bien qué pasó por su cabeza cuando se puso con el guion. Por un lado, estamos ante una tortilla confusa y caótica con ribetes de psicología de manual. Y por otro, un slasher en el que, incluso, parece que el cineasta intenta sacarse otro Freddy de la manga (como ya hiciera con "Shocker, 100.000 voltios de terror") a base de asesino de voz rara esputando puntuales chascarrillos. En fin, todo muy confuso, muy plasta, especialmente cuando nos metemos de lleno en terreno "adolescentes con problemas". La película todavía cuenta con una introducción intensa, pero la posterior caída a los abismos lo manda todo al carajo.
Encima, dura 1 hora y 47. ¡No hacía falta, leñe! Le sobran 15 minutos, como poco. El clímax es un coñazo, me dormí en mi más reciente intentona. Y el enigma muy fácil de resolver. Más potables son los créditos finales, sobre todo por el despliegue del story-board casi completo.
El fracaso de la película (no me extraña que nadie hable de ella, nació para ser olvidada... hasta que vengan los esnobs de Bloody Disgusting y sentencien que en realidad es una obra maestra incomprendida) no contribuyó nada a hacer despegar la carrera de su joven reparto. El único que ha logrado algo a posteriori ha sido Frank Grillo. El resto, pues muchos terminaron como carne de serie televisiva. Destacaría a Emily Meade, solo por la cara de hijaputa que gasta, dando vida a un rol muy típico en el cine norteamericano ambientado en instis, el de la estudiante con alma de líder a la que todos siguen, escuchan y temen. No sé si eso se da mucho en los colegios actuales desssspaña, pero en mi época no ocurría y, por ello, me cuesta tanto entenderlo.
Entre la peña currando tras la cámara, encontramos al bueno de Kenneth J. Hall, uno de esos personajes que merecerían más atenciones. Eventualmente se ocupa de efectos especiales, moldear criaturas o fabricar disfraces estrambóticos (y le va muy bien, es a lo que se dedica profesionalmente hoy día), pero también pasaba el rato escribiendo guiones para leyendas de la serie Z y, directamente, dirigiendo. Suya es la mítica -por las razones equivocadas- "Engendro Satánico", incluida en nuestro pest-seller.
Desesperado ante la situación, el siguiente paso de Wes Craven fue obvio y previsible, retomar su éxito más reciente en el tiempo, "Scream, vigila quien llama", con una cuarta y también muy poco recordable entrega. Y de la tumba creativa, a la humana. Descansen en paz, él y "Almas Condenadas"
Le tenía muchas ganas a "Almas Condenadas". Y no porque la recordara con cariño, más bien lo contrario. Pero era uno de los títulos olvidados e ignorados de la filmografía de Wes Craven. Un Craven que, entre mediados y finales de los 2000, andaba más de capa caída que nunca. Tuvo mogollón de problemas con "La maldición (Cursed)", el plomo aquel sobre hombres lobo protagonizado por la otrora apetecible Christina Ricci (que mal le sentó adelgazar, oiga) Se apartó un poquito del terror metiéndose de lleno en el thriller con "Vuelo Nocturno", una cosucha pasable con regusto a telefilm. Y volvió al género que le vio alcanzar el estrellato con "Almas Condenadas" ("My soul to take" en v.o.) Siempre hemos sabido que tío Wes estaba hasta el gorro de su vinculación con el terror. Como hombre de negocios y frustrado intelectual, lo abordaba progresivamente con menos pasión y entusiasmo. Lo que también es lógico. En "Almas Condenadas" la cosa anda ya bajo mínimos. No se muy bien qué pasó por su cabeza cuando se puso con el guion. Por un lado, estamos ante una tortilla confusa y caótica con ribetes de psicología de manual. Y por otro, un slasher en el que, incluso, parece que el cineasta intenta sacarse otro Freddy de la manga (como ya hiciera con "Shocker, 100.000 voltios de terror") a base de asesino de voz rara esputando puntuales chascarrillos. En fin, todo muy confuso, muy plasta, especialmente cuando nos metemos de lleno en terreno "adolescentes con problemas". La película todavía cuenta con una introducción intensa, pero la posterior caída a los abismos lo manda todo al carajo.
Encima, dura 1 hora y 47. ¡No hacía falta, leñe! Le sobran 15 minutos, como poco. El clímax es un coñazo, me dormí en mi más reciente intentona. Y el enigma muy fácil de resolver. Más potables son los créditos finales, sobre todo por el despliegue del story-board casi completo.
El fracaso de la película (no me extraña que nadie hable de ella, nació para ser olvidada... hasta que vengan los esnobs de Bloody Disgusting y sentencien que en realidad es una obra maestra incomprendida) no contribuyó nada a hacer despegar la carrera de su joven reparto. El único que ha logrado algo a posteriori ha sido Frank Grillo. El resto, pues muchos terminaron como carne de serie televisiva. Destacaría a Emily Meade, solo por la cara de hijaputa que gasta, dando vida a un rol muy típico en el cine norteamericano ambientado en instis, el de la estudiante con alma de líder a la que todos siguen, escuchan y temen. No sé si eso se da mucho en los colegios actuales desssspaña, pero en mi época no ocurría y, por ello, me cuesta tanto entenderlo.
Entre la peña currando tras la cámara, encontramos al bueno de Kenneth J. Hall, uno de esos personajes que merecerían más atenciones. Eventualmente se ocupa de efectos especiales, moldear criaturas o fabricar disfraces estrambóticos (y le va muy bien, es a lo que se dedica profesionalmente hoy día), pero también pasaba el rato escribiendo guiones para leyendas de la serie Z y, directamente, dirigiendo. Suya es la mítica -por las razones equivocadas- "Engendro Satánico", incluida en nuestro pest-seller.
Desesperado ante la situación, el siguiente paso de Wes Craven fue obvio y previsible, retomar su éxito más reciente en el tiempo, "Scream, vigila quien llama", con una cuarta y también muy poco recordable entrega. Y de la tumba creativa, a la humana. Descansen en paz, él y "Almas Condenadas"
sábado, 18 de febrero de 2023
PHANTOMS
En sus primeros pinitos, Ben Affleck daba el pego como jovenzuelo sufriendo alguna clase de crisis romántica o de identidad, pero si lo metías encabezando un reparto en plan estrella o semi-héroe de acción, comenzaban a aflorar todas sus limitaciones. Una sosería, una falta de carisma, y una limitadísima colección de expresiones faciales que daban grima. Es algo que detecté recientemente tras revisar la flojita-pero-pasable "Operación Reno". Viéndola se me despertó el recuerdo de "Phantoms", producidas ambas por la discutible "Dimension Films", compañía creada por los hermanos Weinstein y centrada exclusivamente en producir un tipo de cine que detestaban (de género, básicamente)
Pasé de consumir "Phantoms" en salas y fui directo al alquiler. Como ya ocurría con muchas, y sigue ocurriendo, arrastraba fama de ser un mojón de cuidado, risible. Una vez apretado el "Play", lo que vi no me pareció tan terrible. Especialmente esos primeros 30 minutos con los que, incluso, pasé algo de miedo. Miedito, si lo prefieren. Luego sí, la cosa se desmadra y pierde enteros. Pero el arranque molaba. Con tal idea anclada en el cerebelo, volví a verla unos años después y, esa vez, no me funcionó. Así que, como se suele decir, a la tercera va la vencida. Y eso ocurrió ayer noche.
Un par de jovenzuelas, y un grupo de policías, recalan en un pueblo inexplicablemente desierto situado en medio de las montañas. A este misterio hay que añadir la presencia de algún que otro cadáver, de imprevistos apagones, extraños ruidos en plena noche y un bicho de aterrador aspecto. ¿¿Qué demonios está pasando??. Puede que la clave resida en el nombre que alguien dejó escrito en un espejo y hace referencia a, por un lado, una maldad infinita de abstracta presencia y, por otro, el tipo que habló de ella en una sucia revista sensacionalista.
Normalmente el cine norteamericano adscrito al terror hace gala de un mismo defecto: Comienza muy bien, con una trama interesante que te atrapa y entretiene a lo largo de, pongamos, 45 o 60 minutos, hasta que, llegado un punto, los autores del guion, el director y demás peña implicada se ven incapaces de seguir. Cuando toca aclarar el misterio, resolverlo, todo cae en picado y te deja mal sabor de boca. Bien, el caso de "Phantoms" es ese mismo, salvo por un detalle: Se desploma bastante antes de lo habitual. La respuesta al enigma es un pelo confusa y no funciona. Los estallidos de efectos especiales -tan inevitables ya entonces- cargan las tintas de lo que en principio era suspense puro. Y la resolución es de manual. Vamos, que sin alcanzar el nivel de ñorda, queda como una cosilla tirando a mediocre, visible si no tienes nada mejor que hacer.
Siendo como era una producción de 1998, su estreno coincidió con el auge del "nuevo slasher" impulsado por el éxito de "Scream, vigila quien llama", no en balde parida por "Dimension Films" (y compartiendo parte del reparto) Cosa esta delatada por el póster original. Los que estuvieron allí recordarán que el film de Wes Craven impuso ese diseño basado en anteponer el -guapo- rostro de los protagonistas a cualquier otro elemento.
Escribe el reconocido autor de terrores Dean R. Koontz, quien adapta su propia novela. Dirige Joe Chapelle, que venía de rodar la espantoide "Halloween: La maldición de Michael Myers" y no haría gran cosa más, terminando con sus huesos en la tele. Si se fijan en los créditos finales, descubrirán un agradecimiento a Peter Jackson y "un tal" Bud Cardos como uno de los transportistas. Según "la secretaria" sí se trata de ESE Bud Cardos, quien se supone ejerció como tal en una larga lista de títulos. Curioso.
Las influencias en "Phantoms" de otras películas previas y mejores cantan como una almeja, tenemos "La Cosa", "El terror no tiene forma" y el "gag" final parece la combinación perfecta entre los desenlaces de "Aullidos" y "En los límites de la realidad".
Completan el reparto un cargante Liev Schreiber, una morbosa Rose McGowan y un Peter O´Toole totalmente desubicado (más incluso que en esta ocasión). En cuanto a Ben Affleck, la madurez le ha beneficiado en todos los aspectos, tanto física como interpretativamente.
Pasé de consumir "Phantoms" en salas y fui directo al alquiler. Como ya ocurría con muchas, y sigue ocurriendo, arrastraba fama de ser un mojón de cuidado, risible. Una vez apretado el "Play", lo que vi no me pareció tan terrible. Especialmente esos primeros 30 minutos con los que, incluso, pasé algo de miedo. Miedito, si lo prefieren. Luego sí, la cosa se desmadra y pierde enteros. Pero el arranque molaba. Con tal idea anclada en el cerebelo, volví a verla unos años después y, esa vez, no me funcionó. Así que, como se suele decir, a la tercera va la vencida. Y eso ocurrió ayer noche.
Un par de jovenzuelas, y un grupo de policías, recalan en un pueblo inexplicablemente desierto situado en medio de las montañas. A este misterio hay que añadir la presencia de algún que otro cadáver, de imprevistos apagones, extraños ruidos en plena noche y un bicho de aterrador aspecto. ¿¿Qué demonios está pasando??. Puede que la clave resida en el nombre que alguien dejó escrito en un espejo y hace referencia a, por un lado, una maldad infinita de abstracta presencia y, por otro, el tipo que habló de ella en una sucia revista sensacionalista.
Normalmente el cine norteamericano adscrito al terror hace gala de un mismo defecto: Comienza muy bien, con una trama interesante que te atrapa y entretiene a lo largo de, pongamos, 45 o 60 minutos, hasta que, llegado un punto, los autores del guion, el director y demás peña implicada se ven incapaces de seguir. Cuando toca aclarar el misterio, resolverlo, todo cae en picado y te deja mal sabor de boca. Bien, el caso de "Phantoms" es ese mismo, salvo por un detalle: Se desploma bastante antes de lo habitual. La respuesta al enigma es un pelo confusa y no funciona. Los estallidos de efectos especiales -tan inevitables ya entonces- cargan las tintas de lo que en principio era suspense puro. Y la resolución es de manual. Vamos, que sin alcanzar el nivel de ñorda, queda como una cosilla tirando a mediocre, visible si no tienes nada mejor que hacer.
Siendo como era una producción de 1998, su estreno coincidió con el auge del "nuevo slasher" impulsado por el éxito de "Scream, vigila quien llama", no en balde parida por "Dimension Films" (y compartiendo parte del reparto) Cosa esta delatada por el póster original. Los que estuvieron allí recordarán que el film de Wes Craven impuso ese diseño basado en anteponer el -guapo- rostro de los protagonistas a cualquier otro elemento.
Escribe el reconocido autor de terrores Dean R. Koontz, quien adapta su propia novela. Dirige Joe Chapelle, que venía de rodar la espantoide "Halloween: La maldición de Michael Myers" y no haría gran cosa más, terminando con sus huesos en la tele. Si se fijan en los créditos finales, descubrirán un agradecimiento a Peter Jackson y "un tal" Bud Cardos como uno de los transportistas. Según "la secretaria" sí se trata de ESE Bud Cardos, quien se supone ejerció como tal en una larga lista de títulos. Curioso.
Las influencias en "Phantoms" de otras películas previas y mejores cantan como una almeja, tenemos "La Cosa", "El terror no tiene forma" y el "gag" final parece la combinación perfecta entre los desenlaces de "Aullidos" y "En los límites de la realidad".
Completan el reparto un cargante Liev Schreiber, una morbosa Rose McGowan y un Peter O´Toole totalmente desubicado (más incluso que en esta ocasión). En cuanto a Ben Affleck, la madurez le ha beneficiado en todos los aspectos, tanto física como interpretativamente.
sábado, 5 de marzo de 2022
SCREAM 2022
Cuando me enfrento a la enésima entrega -tardía y motivada por la nostalgia más mercantilista- de un film de mi género favorito, tiendo a deglutir todas las pelis precedentes, en orden, antes de llegar a la más reciente. Es un juego divertido que incluye ver evolucionar la historia y envejecer a los personajes / actores. Procedí así con la saga "Saw", por ejemplo. Ahora, con el lanzamiento de la nueva "Scream" (la quinta, aunque no lo ponga en el título), me animé a repetir la hazaña. Vi las cuatro previas. A una por día. La intención original consistía en escribir sobre todas. Un repaso escueto, pero conciso, como el que en su día dediqué a "Phantasma". El problema es que, a rasgos generales, las "Scream" movies no me inspiraron ni una sola línea. Seloplico...
Nunca he sido fan de la saga. Reconozco que el primer "Scream" -que vi en su día en el cine- dispone de un sutil encanto. Es razonablemente entretenida. Un genuino film de terror. Las tonterías posmodernas y auto conscientes aún suenan algo novedosas. Y se ciñe con bastante dignidad al modelo slasher. Es cierto que sus tics noventeros irritan (ese reparto repleto de niños guapos, blanquitos y ricos, la sobre iluminación, la ausencia de genuinos elementos exploitation), pero incluso, vistos hoy, tienen su gracia. Así que esta puedo tolerarla. Sin embargo, las consiguientes continuaciones son terriblemente malas. De la segunda a la cuarta. En muchos casos casi parecen telefilms. Y ni siquiera de terror. Da la sensación que en cualquier momento, en cualquiera de ellos, entrará en escena Angela Lansbury.
Tal vez por eso afronté este "Scream 2022" con desgana (aunque curiosidad). Y, tal vez, esa es la razón por la que me sentó mejor. O quizás sea, simplemente, una buena película, lista para ver y olvidar.
La cuestión es que entramos en el terreno de lo que, en la misma trama, califican de "recuela". Es decir, un remake disfrazado de secuela tardía y que incorpora personajes avejentados de los films "antiguos". En este caso Neve Campbell, David Arquette, una feísima Courtney Cox (da grima compararla con la versión monísima y pizpireta que aparecía en "Masters del universo") y Skeet Ulrich. Podríamos añadir también a Marley Shelton, que salía en la cuarta. Estos se entremezclan con los personajes nuevos, una panda de jovenzuelos no excesivamente repugnantes (y donde, por supuesto, caben un gay, una lesbiana y uno de piel tirando a oscura). Juntos tendrán que descubrir la identidad del nuevo Ghostface, al que le ha dado por asesinar peña relacionada con aquellos que murieron en las pelis previas. Los crímenes son un pelín más gráficos de lo que la franquicia nos tenía acostumbrados (¡¡han tenido que pasar 26 años para ello!!). Y, esto sí sorprende, la figura del psycho-killer resulta más amenazante que nunca. Impone, a pesar de lucir el disfraz reglamentario que todos conocemos. Eso significa que, por primera vez, alguien ha sabido filmarlo debidamente. ¿Tal vez el problema que tenían los "Scream" precedentes era.... Wes Craven? Al fin y al cabo, ya entonces encajaba como un guante en el rol de "cineasta maduro hastiado de su vinculación con el género". En esta ocasión no dirige por razones obvias, de eso se encargan Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, responsables de una peli que parece gustar a todo el mundo menos a mi, "Noche de bodas". Tampoco el guion es de Kevin Williamson, sino de James "Zodiac" Vanderbilt y Guy Busick quien, por cierto, ha escrito la nueva "Destino Final". Ambos se aferran bien fuerte, y con delectación, a los tropos de la franquicia. Si en las entregas previas se hacían "discursos" -tirando a críticos- sobre la nueva tendencia en cine de terror del momento, ahora toca meterle un -merecido- cachete a esa cosa aburrida y pedante que algunos llaman "terror elevado" (la única que me funciona del pack es "Midsommar"). Luego, la "friki" del grupo (que pal caso folla con otros coños, todo un cambio) suelta un "speech" muy logrado, y perfectamente medido, sobre el mentado fenómeno de la "recuelas". Uno que encaja mucho y muy bien en lo que cuenta la misma "Scream 2022".
Pues lo dicho, una cosa más o menos entretenida. Nada que nos haga vibrar, ni saltar del sillón (salvo algunos sustos que te funcionarán si no estás muy puesto en estas lides). Pero se deja ver y, sobre todo, devuelve cierta "dignidad" a la saga, una que no lucía desde 1996.
sábado, 6 de noviembre de 2021
13 FANBOY
Un super-fan de la franquicia "Viernes 13" al completo (y "La noche de Halloween") acosa a las actrices de aquella(s) y luego las asesina.
Leído así, "13 Fanboy" suena a thriller trillado. A peli de terror del montonazo. Y eso es exactamente lo que sería -a lo que contribuye cierto sopor, su extensa duración y el aire cutrilongo que gasta- si no fuese por una serie de características que la hacen destacar, todas situadas tras la cámara.
Resulta que "13 Fanboy" viene co-escrita y dirigida por Deborah Voorhees. Sí, niños, la tremenda pechugona que se dejaba asesinar por "Jason Voorhees" (lo del apellido es una graciosa coincidencia) en el quinto "Viernes 13". No nos vamos a engañar a estas alturas. Todos la recordamos y valoramos por... bueno, no por su talento interpretativo, precisamente. Eso es así, jorobe a quien jorobe (y a ella la que más, seguramente). Tras ese papel, y verse encasillada en roles de prostituta y demás, dejó la interpretación y se puso a dirigir comedias "indies" sentimentaloides. Hasta que estalló el fenómeno fan y pasó a formar parte del personal habitual en las convenciones de cine de terror. Allí entabló amistad con otros supervivientes de la saga sedientos de trabajo y, un día, decidió reunirlos a todos en una película. No podía ser otra comedia sentimental de espíritu "indie" porque eso no querría verlo ni el tato. Así que tiró por lo obvio, una de terror. Concretamente, un slasher. Y en formato meta-cine. No creo que a Deborah le guste mucho el género, pero dado su currículum (y el de sus colegas) era la opción más lógica si quería que los fanes aportaran dineros mediante crowdfunding, y así es como fue.
La verdad, no sé qué careto se les quedará cuando vean la peli terminada. No porque sea mala o buena... eso da igual, le pondrán tanta voluntad que les encantaría aunque fuese el mayor ñordo del siglo. Es porque ellos, los fans, no salen demasiado bien parados.
Por ejemplo, en una escena una de las actrices del cuarto "Viernes 13" hace fotos artísticas semi-góticas a una modelo medio desnuda cubierta de sangre. "¿Quién quiere ver esta clase de fotos?" pregunta la ingenua moza, a lo que la otra responde con desdén "Los fans del cine de terror". Corey Feldman, el famoso Tommy Jarvis jovenzuelo, no hace de sí mismo, sino de un fan. Uno con cierto retraso mental, salido como una mona, cuya máxima en la vida es poder ver a sus actrices favoritas en tetas.
Es cierto que este drama tiene una base más o menos real. Precisamente, la protagonista del primer "Viernes 13" sufrió acoso en su época. Así que sí, hay tarados de esos por el mundo. Y, cojones, no voy a ser yo quien defienda a los fanes del terror -aunque pertenezca a la especie-, pues es un mundillo repleto de retrasados mentales, vírgenes desesperados por meterla en un agujero y algún demente que goza con vídeos de violencia genuina... pero, en fin, no creo que se pueda generalizar. Ni siquiera en ese caso. Y, además, está un poco "feo", porque Deborah y sus colegas, a fin de cuentas, viven de toda esta peña. De cobrarles dineros por hacerse una jodida foto con ellos, cosa que me parece lamentable.
No es la primera vez que vemos algo así. Wes Craven pintó a los devotos del terror como gorilas descerebrados en "Scream 2". Y las "scream queens" de la "serie B/Z" al completo, con ayuda de Charles Band, se marcaron un tanto parecido en una cosucha titulada "Trophy Heads".
¡Eh! Tiene máximo sentido. Piénsenlo: estos actores/filmeiquers han quedado atrapados en el cine de terror -un género que tampoco es que sea del agrado de todos- por culpa de sus adoradores. Les obligan a viajar al pasado continuamente, a lo que hicieron hace 40 años, sin dejarles evolucionar. O cambiar de registro. Incluso tienen que vestirse con las ropas del personaje que interpretaran entonces o soltar sus chascarrillos. El mismo Kane Hodder, es decir, el "Jason" más célebre, se marca un discurso en "13 Fanboy" quejándose de que no le dan papeles por haber interpretado a un asesino y, luego, demostrando que es "de carne y hueso" dando la turra entre lágrimas sobre lo mucho que quiere a su señora y sus retoños. Todos los actores salidos de "Viernes 13" se encabezonan en demostrar su condición de gente normalísima con aburridas vidas en las que pierden el culo por sus asquerosos niños y/o nietos.
Sin embargo, Deborah Voorhees se guarda un as en la manga. Uno que no desvelaré para evitar joderles el pastel. Digamos que aplaca un poco esa sensación de que están pintando a los fans como tarados peligrosos (solo un poco). Y, de paso, pone luz a una duda que me embargaba mientras veía la película: ¿qué pinta ahí Dee Wallace? Ciertamente, tiene más caché que muchos de su compañeros. Estuvo en "Aullidos" y, sobre todo, "E.T. El extraterrestre". Se supone blanco de interés del asesino por su papel en ¡¡el remake de "La noche de Halloween"!! flaco favor le hacen destacando ese rol por encima de otros mucho más jugosos e icónicos.
Completan el pastel unos cuantos asesinatos más o menos logrados, gracias al buen uso de efectos "old school", y una escenita de folli folli, para que no se diga.
Leído así, "13 Fanboy" suena a thriller trillado. A peli de terror del montonazo. Y eso es exactamente lo que sería -a lo que contribuye cierto sopor, su extensa duración y el aire cutrilongo que gasta- si no fuese por una serie de características que la hacen destacar, todas situadas tras la cámara.
Resulta que "13 Fanboy" viene co-escrita y dirigida por Deborah Voorhees. Sí, niños, la tremenda pechugona que se dejaba asesinar por "Jason Voorhees" (lo del apellido es una graciosa coincidencia) en el quinto "Viernes 13". No nos vamos a engañar a estas alturas. Todos la recordamos y valoramos por... bueno, no por su talento interpretativo, precisamente. Eso es así, jorobe a quien jorobe (y a ella la que más, seguramente). Tras ese papel, y verse encasillada en roles de prostituta y demás, dejó la interpretación y se puso a dirigir comedias "indies" sentimentaloides. Hasta que estalló el fenómeno fan y pasó a formar parte del personal habitual en las convenciones de cine de terror. Allí entabló amistad con otros supervivientes de la saga sedientos de trabajo y, un día, decidió reunirlos a todos en una película. No podía ser otra comedia sentimental de espíritu "indie" porque eso no querría verlo ni el tato. Así que tiró por lo obvio, una de terror. Concretamente, un slasher. Y en formato meta-cine. No creo que a Deborah le guste mucho el género, pero dado su currículum (y el de sus colegas) era la opción más lógica si quería que los fanes aportaran dineros mediante crowdfunding, y así es como fue.
La verdad, no sé qué careto se les quedará cuando vean la peli terminada. No porque sea mala o buena... eso da igual, le pondrán tanta voluntad que les encantaría aunque fuese el mayor ñordo del siglo. Es porque ellos, los fans, no salen demasiado bien parados.
Por ejemplo, en una escena una de las actrices del cuarto "Viernes 13" hace fotos artísticas semi-góticas a una modelo medio desnuda cubierta de sangre. "¿Quién quiere ver esta clase de fotos?" pregunta la ingenua moza, a lo que la otra responde con desdén "Los fans del cine de terror". Corey Feldman, el famoso Tommy Jarvis jovenzuelo, no hace de sí mismo, sino de un fan. Uno con cierto retraso mental, salido como una mona, cuya máxima en la vida es poder ver a sus actrices favoritas en tetas.
Es cierto que este drama tiene una base más o menos real. Precisamente, la protagonista del primer "Viernes 13" sufrió acoso en su época. Así que sí, hay tarados de esos por el mundo. Y, cojones, no voy a ser yo quien defienda a los fanes del terror -aunque pertenezca a la especie-, pues es un mundillo repleto de retrasados mentales, vírgenes desesperados por meterla en un agujero y algún demente que goza con vídeos de violencia genuina... pero, en fin, no creo que se pueda generalizar. Ni siquiera en ese caso. Y, además, está un poco "feo", porque Deborah y sus colegas, a fin de cuentas, viven de toda esta peña. De cobrarles dineros por hacerse una jodida foto con ellos, cosa que me parece lamentable.
No es la primera vez que vemos algo así. Wes Craven pintó a los devotos del terror como gorilas descerebrados en "Scream 2". Y las "scream queens" de la "serie B/Z" al completo, con ayuda de Charles Band, se marcaron un tanto parecido en una cosucha titulada "Trophy Heads".
¡Eh! Tiene máximo sentido. Piénsenlo: estos actores/filmeiquers han quedado atrapados en el cine de terror -un género que tampoco es que sea del agrado de todos- por culpa de sus adoradores. Les obligan a viajar al pasado continuamente, a lo que hicieron hace 40 años, sin dejarles evolucionar. O cambiar de registro. Incluso tienen que vestirse con las ropas del personaje que interpretaran entonces o soltar sus chascarrillos. El mismo Kane Hodder, es decir, el "Jason" más célebre, se marca un discurso en "13 Fanboy" quejándose de que no le dan papeles por haber interpretado a un asesino y, luego, demostrando que es "de carne y hueso" dando la turra entre lágrimas sobre lo mucho que quiere a su señora y sus retoños. Todos los actores salidos de "Viernes 13" se encabezonan en demostrar su condición de gente normalísima con aburridas vidas en las que pierden el culo por sus asquerosos niños y/o nietos.
Sin embargo, Deborah Voorhees se guarda un as en la manga. Uno que no desvelaré para evitar joderles el pastel. Digamos que aplaca un poco esa sensación de que están pintando a los fans como tarados peligrosos (solo un poco). Y, de paso, pone luz a una duda que me embargaba mientras veía la película: ¿qué pinta ahí Dee Wallace? Ciertamente, tiene más caché que muchos de su compañeros. Estuvo en "Aullidos" y, sobre todo, "E.T. El extraterrestre". Se supone blanco de interés del asesino por su papel en ¡¡el remake de "La noche de Halloween"!! flaco favor le hacen destacando ese rol por encima de otros mucho más jugosos e icónicos.
Completan el pastel unos cuantos asesinatos más o menos logrados, gracias al buen uso de efectos "old school", y una escenita de folli folli, para que no se diga.
sábado, 22 de mayo de 2021
SPAWN
Si hay un fenómeno que pueda catalogarse sin pestañear de "totalmente noventero" ese es "Spawn", personaje de comic creado por Todd McFarlane y publicado por la editorial "Image". No voy ahora a dármelas de experto porque, no, aunque leer comics me gusta, no llega a la devoción que despierta en mi el cine. Sin embargo, si estabas un poco situado en "fricolandia", conocías a "Spawn", te dejabas impresionar por esos barrocos dibujos del tipo sentado con la mega-capa al viento y, sobre todo, babeabas con sus curradísimas y detalladas figuras, cortesía de "McFarlane Toys", un poco antes de que lo acabara de petar -al menos para mí- con la tremenda colección "Movie Maniacs" (y, de paso, cambiara totalmente la faz del mercado de las figuritas). Tienen muestras de ello aquí y aquí. Los 90 fueron años de mucho goticismo de chichinabo. Molaba lo oscuro, lo tormentoso, lo "mal lechado". A nivel cinematográfico, y a nivel superheróico, la culpa de todo la tuvo el "Batman" de Tim Burton. Sin duda. Tendencia a la que se apuntaron otros ilustres como "Flash" (¡al que le quedaba fatal!) y "El Cuervo", mucho más adecuado. Gracias al hombre murciélago, vivíamos entonces una oleada de tipos con mallas -negras-, mucho más modesta que la actual, pero notable. Así que, entre eso y la tendencia al goticismo de la chavalada, llevar "Spawn" a la gran pantalla era lo que se dice una decisión lógica, a la que se apuntó la entonces poderosa "New Line", con producción y -supongo- supervisión de Todd McFarlane himself.
Los habitantes de infernalandia pretenden destruir la tierra, para lo que están organizando un super ejército de "Spawns". Necesitan uno que ejerza de cabecilla, así que convencen al mandamás de una agencia de asesinos para que se cepille al mejor de los suyos y lo mande a los infiernos, donde será convertido en el "Spawn" supremo. Lo logrará, sí, pero de vuelta a la tierra -y removido por el amor a su esposa.... ¡buargh!- el tipo se revotará contra sus diabólicos jefes y pasará de villano a héroe.
La popularidad "subcultural" de "Spawn" motivó que, cuando se anunció -en 1997- que se había hecho una peli e iba a estrenarse en el Festival de Sitges, todos corriéramos a verla entusiasmados. ¿Y qué pasó? Pues la decepción fue tan, tan y tan gorda, que salimos con el rabo entre las piernas y nunca jamás volvimos a hablar de ella. Así ha sido en mi caso hasta que, el otro día, pensé aquello de "¿Cómo me sentará hoy?".
Sí, "Spawn" es bastante terrible toda ella. Sin duda, lo que más impacta al verla es la bajísima, pero bajísima, calidad de sus trucajes visuales. El CGI es tercermundista. Horripilante. Hay momentos en los que incluso vemos el corte del recuadro que enmarca la luzecita verde brillante. Cierto que en los 90 el CGI todavía andaba muy virgen, pero es que hablamos de un producto "mainstream" bajo el sello "New Line". No de una serie Z tipo "The Asylum", entre otras cosas porque el cine barato de esos años no podía permitirse filigranas informáticas. Tal vez piensen que el paso del tiempo ayude a superar el shock, pero no. Especialmente porque en el clímax final estalla a lo bestia, acompañado de unos cromas desconcertantemente mal ejecutados. Demencial, en serio. Los efectos físicos, de látex y tal, están bastante mejor y corren de la mano de la mítica KNB Group que, aunque se lo curran un rato -sobre todo por la versión animatrónica de "Violator"-, no pueden evitar el efecto "Tortuga Ninja" en lo que respecta al traje/look del mismo "Spawn".
Si repasamos el reparto, encontramos a un John Leguizamo la mar de bien caracterizado al que dejaron hacer demasiado y carga bastante (salvo alguna puntilla graciosa. Y esos chistes de pedos). Tampoco convence mucho el héroe de la función, un Michael Jai White que únicamente sabe poner cara y poses de malote, sin aportar mucho más (como producto superheróico de la década, que no falte el maldito plano de "Spawn" apoltronado sobre la cruz de una catedral gotiquísima en plan vigía, acompañado de rimbombante música orquestal. Recurso cansino que llegó a durar demasiado). Una Melinda Clarke recién salida de aquella ñorda infame titulada "La lengua asesina" (precedida unos pocos años antes por "Mortal Zombie", ¡anda que seleccionabas bien tus papeles, niña!) y un Martin Sheen al que, supongo, debería avergonzar soltar todos esos discursos de villano de opereta que quiere dominar el mundo. También rula por ahí Miko Hughes, el niño de "El Cementerio viviente" y "La nueva pesadilla de Wes Craven".
Para añadir más leña noventera al fuego, tenemos una banda sonora trufada de lo que era habitual entonces, grupos de metal gótico y tecno-chunda-cool como "Orbital", "Korn", "Marilyn Manson" o "Prodigy" (alguno de ellos firma el resultón tema que acompaña a los feísimos y agotadores títulos de crédito. Mención también para los del final, muy inspirados en los de "Seven", algo bastante común entonces).
El guionista principal no es otro que Alan B. McElroy, a quien debemos títulos como "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" o "Km.666".
El director de discordante nombre, Mark A.Z. Dippé, venía del mundo de los efectos visuales para títulos de relumbrón, lo que aún hace más incomprensible la incapacidad destilada en "Spawn". Habrá quien piense que el dinero invertido terminó destinándose a otras cosas, como cocaína y putas. O será que Dippé es un negado cuando se trata de dirigir. En cualquier caso, perdió la oportunidad brindada y acabó a la riendas de subproductos como "Frankenfish: La criatura del pantano", mucha televisión y películas de "Garfield" destinadas a mercados menores. Bien le deben de ir cuando su film más reciente sigue por esos derroteros, solo que cambiando al gato gordo naranja por el perro "Marmaduke".
"Spawn" podría ser uno de esos extrañísimos productos "mainstream" que alcanzan el renglón de lo involuntaria y puramente "trash", aunque si debo decir algo positivo de ella, por mucho que cueste, es que no es excesivamente aburrida. Tiene su ritmillo y, entre vergüenza ajena y vergüenza ajena, hasta puede verse entera sin morir en el intento.
Un anti-clásico de su década.
Los habitantes de infernalandia pretenden destruir la tierra, para lo que están organizando un super ejército de "Spawns". Necesitan uno que ejerza de cabecilla, así que convencen al mandamás de una agencia de asesinos para que se cepille al mejor de los suyos y lo mande a los infiernos, donde será convertido en el "Spawn" supremo. Lo logrará, sí, pero de vuelta a la tierra -y removido por el amor a su esposa.... ¡buargh!- el tipo se revotará contra sus diabólicos jefes y pasará de villano a héroe.
La popularidad "subcultural" de "Spawn" motivó que, cuando se anunció -en 1997- que se había hecho una peli e iba a estrenarse en el Festival de Sitges, todos corriéramos a verla entusiasmados. ¿Y qué pasó? Pues la decepción fue tan, tan y tan gorda, que salimos con el rabo entre las piernas y nunca jamás volvimos a hablar de ella. Así ha sido en mi caso hasta que, el otro día, pensé aquello de "¿Cómo me sentará hoy?".
Sí, "Spawn" es bastante terrible toda ella. Sin duda, lo que más impacta al verla es la bajísima, pero bajísima, calidad de sus trucajes visuales. El CGI es tercermundista. Horripilante. Hay momentos en los que incluso vemos el corte del recuadro que enmarca la luzecita verde brillante. Cierto que en los 90 el CGI todavía andaba muy virgen, pero es que hablamos de un producto "mainstream" bajo el sello "New Line". No de una serie Z tipo "The Asylum", entre otras cosas porque el cine barato de esos años no podía permitirse filigranas informáticas. Tal vez piensen que el paso del tiempo ayude a superar el shock, pero no. Especialmente porque en el clímax final estalla a lo bestia, acompañado de unos cromas desconcertantemente mal ejecutados. Demencial, en serio. Los efectos físicos, de látex y tal, están bastante mejor y corren de la mano de la mítica KNB Group que, aunque se lo curran un rato -sobre todo por la versión animatrónica de "Violator"-, no pueden evitar el efecto "Tortuga Ninja" en lo que respecta al traje/look del mismo "Spawn".
Si repasamos el reparto, encontramos a un John Leguizamo la mar de bien caracterizado al que dejaron hacer demasiado y carga bastante (salvo alguna puntilla graciosa. Y esos chistes de pedos). Tampoco convence mucho el héroe de la función, un Michael Jai White que únicamente sabe poner cara y poses de malote, sin aportar mucho más (como producto superheróico de la década, que no falte el maldito plano de "Spawn" apoltronado sobre la cruz de una catedral gotiquísima en plan vigía, acompañado de rimbombante música orquestal. Recurso cansino que llegó a durar demasiado). Una Melinda Clarke recién salida de aquella ñorda infame titulada "La lengua asesina" (precedida unos pocos años antes por "Mortal Zombie", ¡anda que seleccionabas bien tus papeles, niña!) y un Martin Sheen al que, supongo, debería avergonzar soltar todos esos discursos de villano de opereta que quiere dominar el mundo. También rula por ahí Miko Hughes, el niño de "El Cementerio viviente" y "La nueva pesadilla de Wes Craven".
Para añadir más leña noventera al fuego, tenemos una banda sonora trufada de lo que era habitual entonces, grupos de metal gótico y tecno-chunda-cool como "Orbital", "Korn", "Marilyn Manson" o "Prodigy" (alguno de ellos firma el resultón tema que acompaña a los feísimos y agotadores títulos de crédito. Mención también para los del final, muy inspirados en los de "Seven", algo bastante común entonces).
El guionista principal no es otro que Alan B. McElroy, a quien debemos títulos como "Halloween 4: El regreso de Michael Myers" o "Km.666".
El director de discordante nombre, Mark A.Z. Dippé, venía del mundo de los efectos visuales para títulos de relumbrón, lo que aún hace más incomprensible la incapacidad destilada en "Spawn". Habrá quien piense que el dinero invertido terminó destinándose a otras cosas, como cocaína y putas. O será que Dippé es un negado cuando se trata de dirigir. En cualquier caso, perdió la oportunidad brindada y acabó a la riendas de subproductos como "Frankenfish: La criatura del pantano", mucha televisión y películas de "Garfield" destinadas a mercados menores. Bien le deben de ir cuando su film más reciente sigue por esos derroteros, solo que cambiando al gato gordo naranja por el perro "Marmaduke".
"Spawn" podría ser uno de esos extrañísimos productos "mainstream" que alcanzan el renglón de lo involuntaria y puramente "trash", aunque si debo decir algo positivo de ella, por mucho que cueste, es que no es excesivamente aburrida. Tiene su ritmillo y, entre vergüenza ajena y vergüenza ajena, hasta puede verse entera sin morir en el intento.
Un anti-clásico de su década.
sábado, 20 de marzo de 2021
MORTUARY
Se ha hablado ya mucho sobre el descenso de calidad y talento que el cineasta Tobe Hooper sufrió a lo largo de los años, hasta el día de su muerte. Es algo sumamente trágico. Sin embargo, hay un aspecto en todo ello que me parece incluso más deprimente que el mero hecho de rodar cada vez con menos dinero y peores guiones: La pérdida de valores personales. Ver como un joven, rebelde y melenudo Hooper acabó convertido en el artesano incapaz de incorporar nada personal a su cine. Cómo dejó de luchar (míticas son las historias que se cuentan sobre sus enfrentamientos con los ejecutivos de los estudios) para asumir el rol de director de encargo. Y, encima, hacerlo en el peor momento. Cuando más acabada estaba su carrera. Digo yo, pienso, opino, que tal vez ese era, justamente, el momento adecuado para actuar de forma opuesta, teniendo en cuenta que arriesgaba mucho menos que en los tiempos de "Poltergeist" o sus productos para la "Cannon". Pero imagino que a esas alturas ya estaría cansado, hastiado, y no le quedaban fuerzas. La irrebatible frustración de alguien que comenzó desde el hippismo, filmando manifestaciones y debutando con una película totalmente experimental / arty, y terminó abocado a tener que considerarse un especialista en el género del terror. Sí, cierto, en parte fue culpa suya cuando decidió hacer "La matanza de Texas" con fines estrictamente comerciales. Creo que ni él se esperaba que le quedaría tan bien y condenaría de por vida. En realidad, es algo por lo que han pasado todos los cineastas legendarios del fantástico. Personas frustradas del primero al último, aunque siempre he creído que Hooper era el caso más flagrante... peleando por el puesto con Wes Craven.Una madre viuda con dos retoños recala en un pueblucho donde pretende ejercer de tanatpractora.... es decir, maquillar cadáveres. Para ello se agencia una vieja y sucia funeraria con un secreto. Bueno, dos. Por un lado, la muerte del antiguo dueño y la desaparición de su hijo deforme. Por otro, una especie de sustancia negra que recorre el lugar y reaviva a los muertos. Será el hijo adolescente -como no- el que se vea obligado a desentrañar el misterio y combatir el mal.
Hooper venía de rodar justo el año previo "La masacre de Toolbox" que, sin ser la repanocha, era de lo más digno que había parido los últimos tiempos. Tan contentos estaban todos con el resultado, que los mismos guionistas y el productor decidieron rejuntarse con el amigo Tobe para parir otra de terrores, y eso es "Mortuary", que comparte un poco cierta estética con "La masacre de Toolbox", pero nada más. En general, anda muy por debajo. La historia es mucho más previsible, los personajes nos interesan una mierda, la truculencia es casi inexistente y el clímax final roza el más absoluto de los ridículos. Ver a los chavales corriendo por la casa combatiendo a torpes zombies lanzándoles sal es sumamente patético. Además, facturado todo ello de forma caótica y desganada, algo muy lógico si tenemos en cuenta todo lo antes expuesto con respecto a su director.
El protagonismo recae en Dan Byrd (que al año siguiente de "Mortuary" se desquitó participando en el remake de "Las colinas tienen ojos") y Denise Crosby (la madre de "El Cementerio Viviente").
Aburrida y jodidamente mala.
sábado, 6 de febrero de 2021
PESADILLA EN DELMER HOUSE
Mi interés en ver esta película era básicamente antropológico y venía motivado por la vil y más rastrera de las nostalgias. Seguramente los de mi quinta recuerden la llamativa y bellísima caratula y, sobre todo, el descarado título español. Sí, eran los tiempos en los que la primera aventura de Freddy Krueger lo había petado, así que uno de nuestros avispados distribuidores tuvo la descacharrante idea de pillar un telefilm canadiense del año 1982 (dos menos que el clásico de Wes Craven), originalmente bautizado "Till Death Do Us Part" (es decir, "Hasta que la muerte nos seapre"), titularlo "Pesadilla en Delmer House", mangar la tipografía de "Pesadilla en Elm Street" (+ el "elm" de "Delmer", innecesario remarcar que en la peli no se refieren a la "house" en ningún momento con ese nombre) y currarse una ilustración propia de un slasher (el asesino jamás tira de gancho para cometer sus fechorías, por supuestísimo). ¿Picamos? Pues yo no. Supongo que por entonces ya tenía aprendida la lección, y aunque me tiraba mucho la curiosidad, nunca jamás la alquilé, ni la vi, hasta ayer por la tarde, cortesía de la amabilidad y el talento rastreador de mi amigo Enorm.
Tres parejas en permanente conflicto llegan hasta la mansión de un famoso psiquiatra, dispuestas a recuperar el amor a base de terapias bastante extravagantes. Alguien ataviado con unas botas negras comienza a matarlos. Lo normal tras el primer crimen hubiese sido salir pitando de allí, pero no, los pacientes se quedan y el homicida continúa con lo suyo. ¿Quién será el culpable?
Básicamente estamos ante un "whodunit" de manual, con regusto a Agatha Christie rancia, todo lo elemental y desalmado que tocaría por su condición telefílmica, aunque, eso sí, luciendo puntuales arrebatos absurdos que agradeces. Por ejemplo, la pareja de sexagenarios con él soltándole sin cesar crueles e hilarantes insultos a ella. El mismo psiquiatra, en apariencia mucho más tarado que sus pacientes. O sendos escuetos más poco inspirados momentos de humor. Tampoco son moco de pavo los títulos de crédito, a base de recolectar, tal y como si se tratara de un trailer cualquiera, algunos de los momentos de la película que nos disponemos a deglutir ¿¿??
Naturalmente, el recuento de cadáveres es escaso y la sangre prácticamente nula. No la esperen, como tampoco esperen un despliegue de tremebundos efectos especiales porque, ni por el forro.
Y pasa lo que pasa, que al sentarme esperando una pedazo de mierda de proporciones bíblicas, me he encontrado con algo semi-simpático, semi-digerible y semi-entrañable que, desde luego, no es para conservar ni volver a ver. Pero ahí queda. Al menos ahora ya puedo ponerle cuerpo a aquella mítica caratula.
En el reparto destacan algunos rostros reconocibles. Especialmente si hablamos de la tocha de Matt CRAVEN (la coincidencia de apellidos no creo que fuera inspiración para el distribuidor), que le viene ideal al farlopero que interpreta y al que hemos visto en chorrocientas películas, destacando por adecuada "Cumpleaños mortal". También les sonará James Keach, básicamente por ser el hermano de Stacy y encarnar al instructor cabrón de "Locademia de conductores". Y finalmente damos con Jack Creley, el misterioso "Brian O'Blivion" del clásico "Videodrome" y que hace el papel de marido mal hablado (que su personaje se apellide Kroog, leáse "Krug", tampoco creo que fuera inspiración para el distribuidor).
Timothy Bond, director, (podríamos referirnos a él chistosamente como Timothy "Dalton as James" Bond) se pasó media vida currando en la tele. Entre sus pocos largos para cine destaca "Cosecha Mortal", cuya reseña fue escrita por Aratz en nuestro pest-seller.
El guion lo firma Peter Jobin, en cuyo curriculum localizamos un episodio de la serie "Misterio para tres" ("Friday the 13th: the series" en v.o.) y, sobre todo, el libreto completo de "Cumpleaños mortal" en cuyo rodaje, supongo, haría buenas migas con Matt Craven.
A saber...
Tres parejas en permanente conflicto llegan hasta la mansión de un famoso psiquiatra, dispuestas a recuperar el amor a base de terapias bastante extravagantes. Alguien ataviado con unas botas negras comienza a matarlos. Lo normal tras el primer crimen hubiese sido salir pitando de allí, pero no, los pacientes se quedan y el homicida continúa con lo suyo. ¿Quién será el culpable?
Básicamente estamos ante un "whodunit" de manual, con regusto a Agatha Christie rancia, todo lo elemental y desalmado que tocaría por su condición telefílmica, aunque, eso sí, luciendo puntuales arrebatos absurdos que agradeces. Por ejemplo, la pareja de sexagenarios con él soltándole sin cesar crueles e hilarantes insultos a ella. El mismo psiquiatra, en apariencia mucho más tarado que sus pacientes. O sendos escuetos más poco inspirados momentos de humor. Tampoco son moco de pavo los títulos de crédito, a base de recolectar, tal y como si se tratara de un trailer cualquiera, algunos de los momentos de la película que nos disponemos a deglutir ¿¿??
Naturalmente, el recuento de cadáveres es escaso y la sangre prácticamente nula. No la esperen, como tampoco esperen un despliegue de tremebundos efectos especiales porque, ni por el forro.
Y pasa lo que pasa, que al sentarme esperando una pedazo de mierda de proporciones bíblicas, me he encontrado con algo semi-simpático, semi-digerible y semi-entrañable que, desde luego, no es para conservar ni volver a ver. Pero ahí queda. Al menos ahora ya puedo ponerle cuerpo a aquella mítica caratula.
En el reparto destacan algunos rostros reconocibles. Especialmente si hablamos de la tocha de Matt CRAVEN (la coincidencia de apellidos no creo que fuera inspiración para el distribuidor), que le viene ideal al farlopero que interpreta y al que hemos visto en chorrocientas películas, destacando por adecuada "Cumpleaños mortal". También les sonará James Keach, básicamente por ser el hermano de Stacy y encarnar al instructor cabrón de "Locademia de conductores". Y finalmente damos con Jack Creley, el misterioso "Brian O'Blivion" del clásico "Videodrome" y que hace el papel de marido mal hablado (que su personaje se apellide Kroog, leáse "Krug", tampoco creo que fuera inspiración para el distribuidor).
Timothy Bond, director, (podríamos referirnos a él chistosamente como Timothy "Dalton as James" Bond) se pasó media vida currando en la tele. Entre sus pocos largos para cine destaca "Cosecha Mortal", cuya reseña fue escrita por Aratz en nuestro pest-seller.
El guion lo firma Peter Jobin, en cuyo curriculum localizamos un episodio de la serie "Misterio para tres" ("Friday the 13th: the series" en v.o.) y, sobre todo, el libreto completo de "Cumpleaños mortal" en cuyo rodaje, supongo, haría buenas migas con Matt Craven.
A saber...
viernes, 3 de julio de 2020
THE SEXPLOITERS
El título no puede ser más explícito ni más acertado, ya que
estamos ante un genuino nudie cutie de mediados de los sesenta —de los de más
baja estofa— que, efectivamente, tiene como principal premisa explotar el sexo.
Pero en este film, el término “Sexploiter” es utilizado para
denominar a señoras y señoritas que se prostituyen a cambio de unas monedas.
Obviamente, los sesenta y el subgénero son muy ingenuos, y el tipo de prostitución
que estas señoras ofrecen es tan solo dejarse fotografiar por señores de
mediana edad que lucen las sienes plateadas en el mejor de los casos, son
calvos en el peor o, directamente, igual de feos que gorilas. La cosa comienza con
un prólogo en el que una de nuestras protagonistas acude a casa de un gañán que
pide ser fustigado con un látigo, en una secuencia desopilante.
Así, estas señoras (o señoritas), acuden a lo que se supone
que es una academia de modelos desde la cual les indicarán cual es el servicio
que deben ofrecer al cliente. Y, de esta forma, tenemos el festival de
bailecitos, destetes, tías jamonas posando en pose provocativa, y tíos
asquerosos sacándoles fotos mientras ponen cara de salidos. No hay más.
La gracia del asunto está en el poco cuidado que se le pone
a todo lo técnico en la película, por lo que predomina un montaje terrible con
saltos de eje criminales, desencuadres a cascoporro, y una escena que representa
una sesión de fotos en la que, mientras que las chicas que posan están en el
interior de un estudio, el tipo que les saca fotos están en plena calle, en el
campo, pero se supone que están todos en el mismo lugar... Por lo demás, nada
nuevo que no hayamos visto en otros nudies. No tenemos atisbos de comedieta a
lo Herschell Gordon Lewis, no tenemos imaginería pop a la “La vida sexual deFrankenstein”, ni tenemos nada. Si acaso un par de jamelgas muy monas y otras
que parecen orcos.
Sin embargo es una película que goza de cierto culto en los
USA por tratarse de uno de los nudies más olvidados de la época, que estaba
práctimente olvidado hasta que, en un alarde de postmodernismo, alguna
distribuidora lo recuperó, restauró —de aquella manera— y lo puso a disposición
de los retro-pajilleros.
Más interesante resulta alguno de los implicados en esta
película porque, por un lado, tenemos a la dirección a Al Ruban, que firma con
esta su única película como director, pero que en años posteriores se convertiría
en productor de los films más populares de John Cassavetes (“Opening Night”,
“Así habla el amor”) o cintas mainstream como “París Texas”, mientras que toda su
carrera la desarrolló haciendo distintos oficios para el cine, ya fuera como
actor (aparece en “La cosa del pantano” de Wes Craven) o como director de
fotografía de las más variopintas y oscuras películas. También aparece como
actor en esta, sin acreditar, del mismo modo que lo hace C. Davis Smith,
también involucrado en el cine de Cassavetes, director de sexploits los cuales
firmaba con diversos pseudónimos (Charles Lamont sería el más conocido) y que
cogió la cámara en infinidad de películas. Ambos, Ruban y Davis Smith, dan vida
en “The Sexploiters” a los señores calvos, feos y agorilados a los que hacía
mención al principio de la reseña.
Por lo demás, poca cosa. Una gota en un mar de nudies. Ni
tan siquiera destaca por ser la niña fea de la clase.
sábado, 18 de abril de 2020
TRICK
Hay una escena en "Trick" que dice mucho de sí misma. Es la noche de Halloween. En la iglesia del pueblo, y como parte de una maratón de películas de terror, se ha montado un cine donde proyectan "La noche de los muertos vivientes" original. Entre el público están los gamberros autóctonos. En un momento dado, el cabecilla califica al clásico de George A. Romero de "aburrido" y "pedazo de mierda". Es uno de los personajes negativos del film que estamos deglutiendo, por lo que entendemos que le están mostrando como un paleto sin gusto ni sensibilidad. Sacamos la conclusión de que a alguien como él deben molarle más esas pelis de terror tan modernas en las que todo va a mil por hora, en una sucesión continua de efectistas estallidos de imágenes violentas, música a todo volumen, sustos estridentes y cero atmósfera/suspense. Dicho de otro modo, es el público ideal para el mismo tipo de peli que le está asestando una colleja, es decir, "Trick". Con todo lo expuesto, ni defiendo "La noche de los muertos vivientes", porque sí, es un coñazo (aunque tampoco la calificaría de pedazo de mierda) ni ataco al film reseñado, como verán a continuación. Únicamente expongo los hechos.
Halloween del 2015. En plena fiesta, un chaval enmascarado (y con la cara pintada debajo), pilla un cuchillo y, sin comerlo ni beberlo, mata a unos cuantos de los presentes. Resulta que se llama Patrick, pero le llaman Trick (por lo de "trick or treat", "truco o trato", muy ingenioso detalle). Es detenido y llevado a un hospital, donde el policía encargado del caso se dispone a interrogarle. Sin embargo, el asesino consigue no solo escapar, también sobrevivir a unos cuantos disparos y una caída de seis pisos. Luego, desaparece. Un año después, en otra fiesta de Halloween de un pueblo distinto, se producen otra serie de crímenes muy parecidos a los que Trick acometió 360 días antes. Y el año siguiente, vuelve a pasar lo mismo. ¿Son todos obra del mismo psycho-killer supuestamente inmortal?. Uno que no tardará nada en reaparecer dispuesto a liarla parda durante el nuevo Halloween, para mayor desesperación del policía que le lleva persiguiendo obsesivamente desde que se le escurriera entre los dedos.
Cosas buenas a decir de "Trick": Que siendo un "slasher", ni aburre -como decía al principio, va a toda pastilla desde el minuto uno. Y no descansa hasta que aterrizamos en el desenlace- ni abusa de homenajes y guiños. Alguno hay (como la presencia de Jamie Kennedy, que salía en los "Scream" de Wes Craven, o la del gran gran Tom Atkins). Incluso por ahí aparece un pseudo-"Leatherface". Pero son pocos, no demasiado evidentes y tampoco molestan. Los asumes como algo que "tiene que estar", más situando la acción en la noche de Halloween. "Trick" no es retro, para nada, y esto está bien. Además de ciertas dosis de gore, sin llegar a resultar excesivas.
Cosas malas: Por supuesto, la falta de ideas medianamente originales. Pero no creo que ni las esperemos, ni sus responsables pretendan aportarlas. Saben perfectamente en qué liga juegan. Estos no son otros que Patrick Lussier, director de "San Valentín sangriento 3D", "Furia Ciega", "White noise 2: La luz" y "Drácula 2001" y Todd Farmer en funciones de guionista (a quien debemos los libretos de varios de los títulos mentados y, por supuesto, "Jason X"). Ambos, expertos en el tipo que producto que finalmente termina siendo "Trick", uno más bien convencional que ni gusta ni disgusta. Que pasará inadvertido, que nadie recordará dentro de unos años, pero que funciona en su condición de entretenimiento tontaina para la noche del Sábado. Ustedes deciden si eso es bueno o malo.
Halloween del 2015. En plena fiesta, un chaval enmascarado (y con la cara pintada debajo), pilla un cuchillo y, sin comerlo ni beberlo, mata a unos cuantos de los presentes. Resulta que se llama Patrick, pero le llaman Trick (por lo de "trick or treat", "truco o trato", muy ingenioso detalle). Es detenido y llevado a un hospital, donde el policía encargado del caso se dispone a interrogarle. Sin embargo, el asesino consigue no solo escapar, también sobrevivir a unos cuantos disparos y una caída de seis pisos. Luego, desaparece. Un año después, en otra fiesta de Halloween de un pueblo distinto, se producen otra serie de crímenes muy parecidos a los que Trick acometió 360 días antes. Y el año siguiente, vuelve a pasar lo mismo. ¿Son todos obra del mismo psycho-killer supuestamente inmortal?. Uno que no tardará nada en reaparecer dispuesto a liarla parda durante el nuevo Halloween, para mayor desesperación del policía que le lleva persiguiendo obsesivamente desde que se le escurriera entre los dedos.
Cosas buenas a decir de "Trick": Que siendo un "slasher", ni aburre -como decía al principio, va a toda pastilla desde el minuto uno. Y no descansa hasta que aterrizamos en el desenlace- ni abusa de homenajes y guiños. Alguno hay (como la presencia de Jamie Kennedy, que salía en los "Scream" de Wes Craven, o la del gran gran Tom Atkins). Incluso por ahí aparece un pseudo-"Leatherface". Pero son pocos, no demasiado evidentes y tampoco molestan. Los asumes como algo que "tiene que estar", más situando la acción en la noche de Halloween. "Trick" no es retro, para nada, y esto está bien. Además de ciertas dosis de gore, sin llegar a resultar excesivas.
Cosas malas: Por supuesto, la falta de ideas medianamente originales. Pero no creo que ni las esperemos, ni sus responsables pretendan aportarlas. Saben perfectamente en qué liga juegan. Estos no son otros que Patrick Lussier, director de "San Valentín sangriento 3D", "Furia Ciega", "White noise 2: La luz" y "Drácula 2001" y Todd Farmer en funciones de guionista (a quien debemos los libretos de varios de los títulos mentados y, por supuesto, "Jason X"). Ambos, expertos en el tipo que producto que finalmente termina siendo "Trick", uno más bien convencional que ni gusta ni disgusta. Que pasará inadvertido, que nadie recordará dentro de unos años, pero que funciona en su condición de entretenimiento tontaina para la noche del Sábado. Ustedes deciden si eso es bueno o malo.
viernes, 17 de enero de 2020
BLACK SOCKS
Un gerifalte televisivo, harto de ofrecer una parrilla sosa
y para todos los públicos, decide ofrecer un programa-contenedor que consiste
en mostrar una serie de cortes de tipo sexual, así como ofrecerá spots
televisivos que sobrepasen las fronteras de lo permisivo.
Casi como si se tratara de una película de sketches con un
hilo conductor que sirve de nexo de unión, “Black Socks” básicamente es una
película en la que su primer tercio es palique insustancial por parte de este
señor que quiere revolucionar la televisión y, el resto del film, lo compone el supuesto programa televisivo que
este produce en el que vemos una serie de secuencias picantes en teoría graciosas
y provocaciones de todo tipo. No contentos con filmar a señoritas de buen ver
en distintas situaciones de tipo sexual, también veremos una secuencia en la
que una de ellas recibe una brutal paliza a base de cinto, cañería, fusta y
látigo, que podría ofender a cualquiera de no ser porque la simulación es
demasiado mala; se nota demasiado, diría que intencionadamente, que el
individuo golpea el suelo y no a la señorita.
Un batiburrillo de lo más estúpido y falto de carisma,
aburrido, sin mucho interesante que ofrecer, que se deja ver por liviano, pero
que no supera ningún tipo de expectativas. Su naturaleza exploiter es la única
razón de ser para interesarse por ella, pero yo creo que ni por esas. Se estrenó con un cartel que ofrecía un elenco que no salía en la
película, pero en posteriores ediciones videográficas a cargo de la Troma, el
pirata de Lloyd Kaufman hizo exactamente lo mismo; darnos carátulas de vídeo
que ofrecían chicas que no aparecían en la película y situaciones que tampoco.
Con el título inicial de “Black Socks” y en un intento de
aprovecharse del tirón de las películas de Russ Meyer, esta sandez en celuloide
pronto pasó a titularse “Video Vixens!” y así es como se la conoce hoy en día,
incluida en la versión que distribuyó la Troma y que es la que rula en DVD por
todo el mundo. Es precisamente por el parecido de su título con el de los más
populares de Meyer que esta película está en el mapa. La gente la ve, porque en
su ignorancia, cree que va a ver los súper melones de las películas de Meyer. Y
verá alguno que otro, pero esta cinta va por otros derroteros.
Con gran parte del equipo técnico de “La última casa a la
izquierda” de Wes Craven implicado en la producción, la película la dirige una
leyenda de los nudies —y los roughies—, Red Sullivan, quien algo raro le vería
a esta película cuando decidió firmarla
bajo un pseudónimo, Henri Pachard. Después continuaría firmando sus películas
con su nombre real hasta que en los 80 se pasó al porno y a partir de entonces
solo utilizaría su seudónimo. “The Devil in Miss Jones Part. II” o
“Sexcapades”, serían dos de sus películas porno más populares.
En el reparto, donde abunda el seudónimo a tutti pleni por
parte de los actores, cabe destacar la presencia de ese entrañable actor de
tercera fila habitual en todo tipo de subproductos (y también películas
mainstream) que es George “Buck” Flower que aquí da vida a un extraño director
de cine.
Bastante prescindible y, como digo siempre, solo
recomendable a los que les pueda la curiosidad; esta siempre será saciada.
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