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sábado, 5 de septiembre de 2026

SANGRE FRESCA (UNA CHICA INSACIABLE)

Hace unos días gocé como un enano viendo "Michael", el biopic sobre Michael Jackson. Que sí, lo digo en serio. Una entretenida epopeya de dos horas que pasan volando. Da igual si el prota de la historia te mola o no (mi caso), la peli funciona como tal y eso es lo que importa. Obviamente, uno de sus pasajes se centra en la confección de "Thriller". Incluso vemos brevemente a un sosías de John Landis (y a otro de Rick Baker). Que lo sitúen tan de refilón tal vez obedezca a que, hoy, el otrora exitoso cineasta ejerce de oveja negra. Ya lo fue en los ochenta a partir de la movida de "En los límites de la realidad", y siguió siéndolo en los noventa y dos mil. Pero ahora, con el despuntar del Wokeismo y la caza de brujas imperante, esa mala prensa ha escalado muchos peldaños y si ya era malo entonces, ahora es el demonio (incluso ni tan siquiera sale en la ficha de "la secre"... laméntense por el pobre extra que le confiere vida).
Fue desconcertante recordar esa versión de un Landis pletórico y surfeando la cresta de la ola (gracias a "Michael") para, escasamente un día después, encontrarme con el otro, el decadente, incapaz de recuperar su buena estrella por mucho que lo intentara (la peli reseñada). Apenas habían pasado diez años desde la realización de "Thriller", curro que le fue adjudicado gracias a lo mucho que Michael Jackson disfrutó con la, hasta entonces, primera y única incursión de John Landis en el terror (mezclado con una comedia muy relativa), "Un hombre lobo americano en Londres". Justo por eso, cuando a principios de los noventa anunció que, por fin, regresaba al género / formato, los "fans" tuvimos claras dos cosas: Uno, aquella era una ocasión especial y, dos, el tipo debería estar muy muy desesperado como para intentarlo de nuevo con la fórmula que tanto le había funcionado en el pasado. La diferencia es que esta ocasión cambiábamos hombres lobo por los siempre aburridos vampiros. El invento respondería al título de "Innocent Blood" (aquí "Sangre Fresca (una chica insaciable)". En Australia "Un vampiro francés en América", ¡¡ja!!) y todos los medios especializados se hicieron eco de ello, empezando por "Fangoria" (incluida su entonces ya activa hermana española). Y así, de lejos, la premisa era prometedora, tenía potencial: Una vampira de buen corazón únicamente ataca a gente mala, en este caso mafiosos. Siempre procura pegarles un tiro a posteriori para, así, evitar que revivan convertidos en parte de su especie. Pero un día, y por sendas movidas, no logra dar el toque de gracia a su nueva cena, nada menos que un capo de lo más poderoso y malvado. Inevitablemente, este regresará de la muerte con nuevos poderes y decidirá convertir en vampiros al resto de su "famiglia" para, asín, hacerse invencibles. Por supuesto la vampira, con ayuda de un policía / interés amoroso, le parará los pies.
John Landis contaba con todo lo necesario para lograr un pleno. Su, como digo, vuelta al género con el beneplácito de todo el "fandom". "Warner Brothers" abrazando el proyecto. Un reparto de primera, con la francesita Anne Parillaud, caliente aún de "Nikita, dura de matar", en lo que se prometía su deseada incursión Hollywoodiense -sale en pelota picada nomás arrancar el film-, seguida de nombres del calibre de Anthony LaPlagia (el poli / interés amoroso), Robert Loggia (algo sobreactuado), Angela Bassett, Don Rickles y los habituales de cualquier peli con mafiosos que se precie, David Proval, Rocco Sisto + Chaz Palminteri. Un montón de cameos guapos (Tom Savini, Sam Raimi, Frank Oz, Dario Argento, Forrest J. Ackerman, Michael Ritchie....). El inevitable chiste privado habitual de "See you next Wednesday", efectos especiales punteros y sendas referencias cinéfilas, todas vistas a través de televisores y algo cansinas en su insistencia. Sin embargo, "Sangre Fresca" fracasó, en todos los aspectos y sentidos. Fue un hostiazo tremendo, el "fandom" le dio la espalda, la Parillaud entró en el cine yanki por la puerta de atrás y John Landis tampoco recuperó el brillo perdido, ni la buena prensa.
Pero ¿¿por qué?? ¿¿qué falla?? Pues no sabría decirles... no soy tan ducho en estas lides, aunque afirmo sin despeinarme que es una película aburrida de cojones. Carece de ritmo y dinamismo. Las escenas de acción -pocas, por cierto- no hacen vibrar. La química entre la pareja protagonista es inexistente. Incluso su escena de sexo resulta incómoda de ver. Y todo ello rematado por un abuso de diálogos y la continua sensación de estar ante algo muy atropellado, patoso, sin foco ni finalidad. Tal vez Landis dudó por donde tirar (¿terror, comedia, thriller?) y, al final, al no quedarse con ninguna opción, ni mezclarlas inteligentemente como hiciese con la del licántropo desubicado, pues el plato supo a nada, a vacío. Habría que ver cuanta culpa de ello tuvo el guionista Michael Wolk, quien no había escrito nada previo, ni lo haría a posteriori.
En realidad lo único bueno de todo el desastre es una escena de efectos especiales cortesía de Steve Johnson, en la que un Don Rickless vampirizado se tosta al sol de forma espectacular (hacer notar que Linnea Quigley aparece como enfermera chillona. Aunque seguramente se deba a que en esos días era pareja de Johnson). Tampoco podemos pasar por alto la agradecida y generosa cantidad de tetas, destacando especialmente -por dimensión- las de la actriz porno Teri Weigel.
"Sangre Fresca" es una película absolutamente fallida y olvidable. 
Si les apetece, en su día publicamos los respectivos fotocromos.

sábado, 2 de mayo de 2026

PESADILLA (WITCH STORY)

En 1989 el cine de terror italiano, sobre todo aquel de baja estofa (es decir, saquen a Dario Argento y Michele Soavi de la ecuación. Tal vez también a Pupi Avati), llevaba casi una década intentando que sus productos pasaran por norteamericanos, generalmente a base de pseudónimos anglófilos, actores yankis en horas bajas, salidas narrativas propias de aquel cine, etc, etc (habrá quien considere que eso no ocurría con las de caníbales... y yo digo, ok, pero es que, para mí, esas eran de aventuras, de supervivencia, pero ni mucho menos terror en el sentido estricto) Normalmente nunca colaba. La cosa cantaba como una almeja. Sin embargo, poco a poco, y a base de intentarlo, al final lograron su objetivo. Al final, final. Ello coincidió, no por casualidad, con la decadencia de su respectiva micro-industria. Y el mejor ejemplo es esta "Witch Story" -título internacional, lo de "Pesadilla" para su versión patria obedecerá, supongo, a que por entonces el fenómeno "Freddy" comenzaba a despuntar con mucha fuerza-. Es la peli italiana más yanki concebible... el problema es que, para lograrlo, el "fetuccini horror" tuvo que deshacerse de todas y cada una de sus señas de identidad. Cero delirio, cero tetas, escasísima truculencia (¿se pueden creer que en un momento dado alguien utiliza una sierra mecánica para agredir y el asunto se desarrolla fuera de cuadro?) y todo cocinado casi a la manera de un telefilm, uno de esos entonces, que eran especialmente insulsos y muermos. Visto así, entiendo que el grifo dejara de chorrear porque el resultado es, ¿Cómo decirlo, diáfanamente? Espantoso. "Pesadilla" no es una película, es un generador de bostezos, y de gama alta. Mira que hace relativamente poco hablaba de otra de las producciones de tan gris periodo, "Specters", pero es que, comparándola a la ahora reseñada, y con todas sus carencias, aquella parecía un dechado de virtudes e imaginación, porque lo que es "Pesadilla"... en fin, no he visto cosa más muerta, genérica, plana, desalmada, perezosa y aburrrrrrrrrrida en mi puta vida. La odio.
Una turba descontrolada de pueblerinos cabreados prenden fuego a la bruja local. Esta, como no podía ser de otro modo, manda una maldición antes de fenecer y les asegura que sus parientes futuros pagarán el pato. Damos un salto de sesenta años. El ¿nieto? del dueño de la casa llega dispuesto a adecentarla con ayuda de unos amigos. Ello despertará las iras de la bruja en, primero, formato de niña chunga con camisón y pelotita (inevitablemente retrotrayendo a la cría fantasmagórica del capítulo que Federico Fellini rodó como parte de esa -pretenciosa y plasta- antología titulada "Historias extraordinarias") y, aluego, la posesión de algunos de los presentes, lo que les permitirá regodearse en sobreactuaciones descojonables. El problema está en que estos son una panda de adolescentes estereotipados, típicamente yankis de los ochenta, absolutamente insufribles. Detestables. Lo tenemos todo, la prota virginal, la golfa del grupo (se marca un bailecito sensual, sí, pero en ningún momento asoma una triste ubre), el mazas posesivo.... incluso el puto gordo gracioso que solo piensa en comer y se pasa media peli recibiendo toda clase de bromas crueles y desprecios. Si fuese una película actual habría un "friki" con camiseta de "La noche de Halloween", pero, afortunadamente, por entonces todavía no era algo recurrente. En cualquier caso, la chica virginal y su noviete, conscientes del cristo, deciden pedir ayuda... ¿a quién? la salida más recurrente y previsible, un cura.
Por lo visto en los USA este furruño se vende como una secuela de "Superstición" y, oiga, aquella tampoco es que fuese una joya, pero ya le gustaría a la que nos ocupa poder disponer de algunos de sus atributos (graciosamente, en Alemania pasa por segunda entrega de ¡¿"La bruja de mi madre?!"). ¿Y a quién tenemos que culpar? pues a unos cuantos, aunque comenzaremos por el padre del todo ello, el co-guionista, co-productor y director debutante, un señor que responde al gracioso nombre de Alessandro Capone. Sí, en serio, ¡Al Capone!. La cosa daría para unos cuantos chistes ("¡deja el cine y vuelve al contrabando de alcohol, desgraciao!"), pero no hace falta, él mismo se encarga de proporcionarnos materia cuando, al terminar el film, se lo dedica "a su familia". Da que pensar. Según declaraciones de la época para la añorada revista "Impact", se vendía como fan del género, pero enemigo del gore por el gore y, sobre todo, la escuela "exploit" italiana previa aunque, curiosamente, confesaba simpatías hacia "Evil Clutch"... ¡¿ma cosa dicce?!... sin embargo, para parafraseos absurdos, cuando asegura que su intención quedaba lejos de intentar mimetizar el cine yanki. ¡¡Aaaaaaro!!.
La consiguiente carrera del muchacho se desarrollaría de la misma poco emocionante manera a base de comedias, thrillers.... en fin, todo muy genérico. Tal vez únicamente destacaría, por la curiosidad implícita, la serie televisiva "El maxipolicía" a mayor gloria de un desubicado Bud Spencer. No es baladí porque, justo, el hijo de este, Giuseppe Pedersoli, ejerce de co-productor en "Witch Story". ¿¿Cómo se dice "¡enchufe!" en italiano??.
El otro único nombre destacable es el del compositor de la banda sonora, Carlo Maria Cordio, un habitual de ese "ítaloexploit" (con especial predilección por la factoría de Aristide Massaccesi) que tanto detestaba Al.
Decía que a la hora de culpar de semejante desaguisado tocaba señalar a más individuos que al mismo director (y a Spencer Junior). Pues bien, ahí va: primero a los señores de "Vinegard Syndrome", quienes tomaron la absurda decisión de sacar "Pesadilla" en blu-ray previa restauración en ¡¡4K!! ¡¡¿¿PARA ESTO??!! De verdad, lo de los yankis es preocupante. Y, justo, esta edición ha sido la culpable de que un puñado de mongolos la descubrieran tardíamente (como siempre) y reseñaran en sus redes sociales (ahí tenemos al resto de conspiradores). Claro, echando a la paella las gotas de nostalgia, el aparente exotismo (lo de su procedencia italiana, por mucho que no se note en ninguno de los fotogrumos) y la indulgencia + tragaderas propias del atontado fandom moderno del horror -más el de esos lares-, pues te encuentras que incluso la dejan medianamente bien. MEDIANAMENTE BIEN. ¡¡¿¿A ESTO??!!. De verdad, compañeros, algo no funciona en nuestro planeta. Maldigo el día que el cine de terror, incluido aquel de naturaleza más "anómala", pasó a ser materia aceptada y normalizada. Algo murió en ese fatídico momento.. y, por desgracia, no fue Alessandro Capone.

sábado, 25 de abril de 2026

CARNE PARA FRANKENSTEIN

Recuerdo perfectamente la rabieta de Forrest J. Ackerman en las páginas de un añejo "Famosos Monsters del Cine" a la hora de escribir sobre esta película. La ponía a bajar de un burro, especialmente centrando sus dardos en los excesos de hemoglobina e inmoralidad y machacando en el trayecto al padrino de todo ello, Andy Warhol, calificando sus nada complacientes primeras películas underground de insufribles. A ver, era una reacción lógica, al fin y al cabo Ackerman representaba al ayer, al cine fantástico apolillado, los clásicos vetustos e intocables, mientras los responsables de "Carne para Frankenstein" estaban, justo, en el espectro opuesto, la modernidad, además una salpicada de contra cultura, transgresión y provocación, más considerando el bagaje de sus responsables. Warhol abrazando el proyecto, aunque muy de aquella manera, casi más por hacer un favor al verdadero instigador, su pupilo Paul Morrissey, quien co-guioniza y dirige... ¿¿o co-dirige?? Siempre hubo un debate de cuanta fue la implicación del eterno y aplicado artesano Antonio Margheriti en la confección de este film (y el otro con el que va de la mano, "Sangre para Drácula", parido al año siguiente y de idénticas intenciones rupturistas -reseña en breve-) como parte del equipo italiano (de donde también sale el responsable de los efectos especiales, el mítico padre -físico- de "E.T.", Carlo Rambaldi). Unos decían que él era el genuino director y que el resto, cumpliendo con su imagen de ex-undergrounds, vivían en el caos y el hedonismo, sin aplicarse demasiado. Otros aseguraban que allí dirigía hasta el apuntador. Y Morrissey intentando convencer de que era SU obra y Margheriti solo respaldó la filmación de las escenas con trucos, pero nada más. Existe otra versión según la cual el director de "Virus" únicamente prestó su nombre al productor, colega suyo, para poder vender mejor la película. En fin, supongo que jamás sabremos la verdad absoluta pero... ¿a quién demonios importa?.
El doctor Frankenstein anda construyendo los cuerpos apolíneos y perfectos del hombre y la mujer del futuro. Tal es su dedicación, que doña Frankenstein se busca mozos atractivos entre la plebe para que la satisfagan sexualmente. Da la casualidad que el último de ellos era amigo del pobre desgraciado al que Doc decapitó para usar el cabolo como el idem de su criatura. En el momento que esta cobre vida (de manera bastante menos aparatosa a lo que nos tienen acostumbrados) y se encuentre con su ex-amigo, las cosas comenzarán a desmadrarse, mucho y muy sangrantemente, sobre todo porque al pobre mastuerzo ya no le tiraba eso del follamen en vida, y ahora, resurrecto, sigue pensando igual para mayor desespero de su creador.
Forrest J. Ackerman tenía razón en dos cosas, la cantidad de sexo y sangre que rula por los fotogramas de esta pieza -encima, toma marcada de paquete, parida en 3D- es generosa. Casi diría que hay más folli folli que hemoglobina, pero está la cosa bastante equilibrada. Tal vez sea el tremebundo desenlace cuando de verdad necesitaremos un chubasquero, rodado ello además con un gran guiñolesco sentido del espectáculo y el drama exacerbado. A ver, no es que la peli chorree humor (menos que sangre, seguro), pero está claro que tampoco se la tomaron muy en serio, había intención de dotarla de un aire delirante y culebronesco que el espectador más avezado seguramente captará. El resultado, pues hombre, está simpático. No es un peliculón, pero tampoco te aburres demasiado. Dejémoslo en astracanada chispeante, consumible, y estupendo reflejo de las libertades y desprejuicios del cine de aquella década.
En ese sentido, el reparto está a la altura. Un sensacional Udo Kier como desquiciado Barón Von Frankenstein de actitud arrogante e ideas prácticamente nazis. Su esposa, la extraña Monique van Vooren, en cuyo currículum localizamos materia tan variada como un capítulo del "Batman" sesentero, "El Decamerón", "Lesbianismo Asesino" o el "Wall Street" de Oliver Stone (!!!). De la prole resultante destaco a la niña, por fea y malrollera, Nicoletta Elmi, que había intervenido en sendos clásicos del fantástico fetuccini del calibre de "¿Quién la ha visto morir?" u "Orgía de sangre" y lo haría en tantos otros como "Rojo Oscuro", "El medallón ensangrentado" o, sobre todo, "Demons", dando vida a la siniestra acomodadora. Hablando de mujeres, la criatura con vagina, y que se pasa toda la peli en pelotas, es Dalila Di Lazzaro, cuyo bello palmito luciría en unas cuantas pelis para pajeros o en el "Phenomena" (the movie, no the horrible evento) de Dario Argento. El restante reparto viene repleto de segundones extraídos del cine popular ítalo parlante, especialmente mucho "peplum" y no menos "giallos". Sin embargo, sería feo obviar la presencia de Arno Jürging, quien interpreta al "Igor" de r-igor (ejem...) de la película, y lo hace a lo grande, histriónicamente, soltando tremebundas miradas y, sobre todo, sacando lascivamente la lengua viperina o, directamente, lamiendo las recientes cicatrices de la criatura con vagina. Toda una puesta a prueba del estómago de los sufrientes espectadores.
Del clan de los estrictamente Warholianos -director aparte-, rescatamos al guapo pero soso Joe Dallesandro, mostrando hasta el rabo (le vimos de idéntica tesitura en los tres clásicos de Paul Morrissey, "Trash", "Flesh" y "Heat") y en funciones de co-guionista Pat Hackett, quien hizo tres cuartos de lo mismo para Warhol con "Bad", sin embargo, no aparece acreditada. Tampoco el prestigioso Tonino Guerra, guionista de exquisiteces para el esnob medio como "Amarcord", "La Aventura" o "Blow-Up". Supongo que el ego de Paul Morrissey era demasiado grande como para asumir una co-paternidad.

sábado, 18 de abril de 2026

SPECTERS

Aunque, paradójicamente, 1987 sea el año en que el terror italiano parió su mejor película, es decir, "Aquarius", es un hecho patente y demostrando que para cuando llegaron los últimos coletazos de la sagrada década, la confección de esa clase de materia, desde aquel punto concreto del planeta, comenzaba a declinar. No hay más que ver qué andaban produciendo los 
-entonces todavía no tan- viejos maestros como Lucio Fulci y su aenémica "Aenigma", Lamberto Bava y su ristra de mortecinos telefilms o Luigi Cozzi y la sosísima "Paganini Horror". Solo Dario Argento mantenía el listón más o menos dignamente... claro que para eso era el niño mimado de la pandi (y contaba con medios solventes, lo que no es una razón, pero ayuda). A toda esta amalgama de cosas olvidables podemos sumar incursiones outsiders como "Pesadillas" de Alessando Capone (reseña en breve) o la que toca hoy, "Specters", de Marcello Avallone (según donde, y por no perder las viejas costumbres, mutado a Mark Vallone), el típico artesano de no muy extensa pero variada filmografía (con la inevitable presencia de comedias picantes y materia pajera en general) que, un par de años después, reincidiría en eso del terror con una cosa inédita para mis sufridos ojos, "Maya".
"Specters", como digo, se diferencia escasamente de la normalidad reinante. Por entonces el fetuccini horror (y, una vez más, descarto acá a Soavi y Argento) se regía, sobre todo, por una extraña estética tirando como a artificial, de karaoke rancio, vídeo-clip de saldo, con preferencia por empaquetarlo todo a base de luces, humo, un rollo así como muy moderno 
-para la época- pero frío y desangelado. A ello sumen un guion.... sin guion. Lo trágico acá es que uno de los -demasiados- responsables es el gran Dardano Sacchetti, que, como el terror que él ayudó a moldear unos años antes, se encontraba ahora en horas bajas de inspiración. También ronda un actor tan socorrido en esos entonces/parajes como Donald Pleasence y los efectos especiales en manos de la nueva superstar del gremio, Sergio Stivaletti. Así las cosas, tenemos unos arqueólogos que, sin comerlo ni beberlo, liberan un monstruo en las catacumbas de la ciudad de Roma (estamos ante una de esas raras películas del género que no ocultan su nacionalidad) dispuesto a cepillarse al reparto según convenga. Para dar algo más de lustre, se sacan la subtrama seudo-romántica entre el ayudante del arqueólogo jefe y una rubia sexy que, entre queja y berrinche (se siente totalmente abandonada por él, hasta el punto de, en pleno follaje, dejarla ahí abierta de piernas, supurante, y salir por patas... un modo como cualquier otro de asegurarte sus atenciones), se dedica a cantar canciones pop y actuar en películas de terror. Así, con la excusa, se marcan un guiño a "La mujer y el monstruo" y aluego otro a "Nosferatu", pero este en formato pesadilla (referenciar a clásicos incunables siempre aporta algo de caché, contribuye a que tu condición de renegado director de una de terror d/huela menos). Llegado el momento, y de modo completamente arbitrario, la churri terminará como "damisela en peligro", lista para ser rescatada. De por medio, pues una criatura de pasable aspecto y sendas muertes más o menos truculentas, pero sin llegar a los excesos de los "golden years".
"Specters" se sitúa en esa nada envidiable lista de películas que ni gustan, ni disgustan. Es completamente prescindible lo que, en el fondo, vendría a ser la peor de las calificaciones posibles. Y por una vez, y en perfecta concordancia con el mondongo, el cartel del siempre magnífico E.Sciotti tampoco brilla especialmente.

jueves, 13 de noviembre de 2025

CUANDO LOS ÁRBOLES NO DEJAN VER "IL BOSCO 1"

En 1987 Andreas Marfori proyectaba su cortometraje "Sabbia Insanguinatta ("Gory Sand" como título internacional. Traducido al españolo sería "Arena Ensangrentada") dentro del marco del "Mysfest" o "Festival Internazionale del Giallo e del Mistero" -evento italiano dedicado al fantástico y todavía activo- donde fue muy bien recibido, a tenor de las letras que le dedicó el -siempre maravilloso- "Mad Movies" respectivo. Tras situarlo genéricamente entre la comedia y el gore, se rendía a sus capacidades -"gran dominio de la técnica"- y al hecho de estar confeccionado con medios más que solventes, cosa evidenciada por el uso de Steadycam y sonido Dolby. No era baladí, porque Marfori lo parió como parte de su paso por el prestigioso "Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma", lo que explica su presencia, nada menos, que en nuestra "Semana Internacional de Cine de Valladolid", edición 32. Curioso.

En cualquier caso, el joven cineasta comentaba que aquel corto era un "test" para su primer largometraje, entonces titulado "Horror Queen". Dadas las circunstancias, nadie vio venir el desastre que se avecinaba.
"Horror Queen" acabó siendo materializado en 1988 gracias a unos cien millones de liras, la incorporación del mismo "Sabbia Insaguinatta" como parte de sus 85 minutos de duración y el llamativo protagonismo de Carolina Cataldi-Tassoni, hoy reconocida profesional, entonces "garantía" para el consumidor medio del terror tras sus papeles previos en dos productos marca Dario Argento, "Demons 2" y "Ópera". La diferencia es que, ahora, "Horror Queen" gastaba otro título, "Il Bosco 1", "El bosque 1". A Marfori le encanta aclarar que incluyó ese 1 como coña directa al abuso de secuelas que entonces era común en el cine fantástico. Pofale. Es posible, pero a mí me suena a efecto tardío en busca de cierta justificación. Sobre todo, considerando que en algunas muestras de prensa de la época aparece como "Presa Tenace". Aunque no adelantemos acontecimientos.
La cuestión es que hacía años que el terror italiano andaba bajo mínimos, ya casi sin dar señales de vida tras haber alegrado la existencia del aficionado desde los sesenta hasta los ochenta. Primero con altas dosis de goticismo, seguidos por la explosión del "giallo", hasta los inolvidables baños de ultra-gore licuoso protagonizados por zombies. Así, de entrada, la prensa especializada recibió al film con entusiasmo, anunciándolo como la necesaria y esperada "Nueva Ola del Horror Italiano".

Incluso Marfori logró venderla al mercado americano. Fue la inevitable "Troma" de Lloyd Kaufman (y Michael Herz) la que se llevó el gato al agua, retitulándolo "Evil Clutch" (garra maléfica, más o menos. Desconozco pues si la traducción al italiano de ese mismo título -"Presa Tenace"- vino antes o después del rebautismo por parte de los yankis) currándose un cartel tan llamativo y espectacular como la ex-factoría de New Jersey solía hacer. Desde luego, mucho mejor que el previo.

Pero claro, que "Troma" arramblara oficial y finalmente con los derechos de explotación en USA del debut de Andreas Marfori era, a la larga, una mala noticia. Más considerando las expectativas puestas en "Il Bosco 1". Conocemos de sobras, y hemos sufrido en general, el catálogo de títulos distribuidos por la compañía. Salvo excepciones, muy excepcionales, suelen tirar de auténtica roña cochambrosa rechazada previamente por todo ente humano racional dedicado al negocio. ¿Estaban pues justificados dichos temores?. Pregúntenle al fanzinero ilustre Lucas Balbo, quien dijo de todo menos bonito respecto a "Evil Clutch" en las páginas del británico "Shock Xpress". 

"Un plagio muy malo de "Posesión Infernal" dirigido por un adicto a "Fangoria" con una edad mental de trece años - y estoy siendo generoso". Así se las gastó el colega en su reseña, completada con puyas a la ausencia de una genuina trama, los interminables paseos de los protagonistas por aquello de alargar metraje, la escasa imaginación dispensada al -más o menos- generoso gore, el aburrimiento de todo ello y la incapacidad del señor director. Algo de razón tendría, porque aquella supuesta revitalización del horror “made in Italy” no fue tal.
La carrera de Marfori, no obstante, continuó. Llegaría a rodar tres películas más, de entre las que destaca el thriller de acción y disparos "Il ritmo del silenzio". Parido con miras internacionales, y lanzado en los USA como "Desperate Crimes", contaba en su reparto con una Traci Lords ya reconvertida a actriz legítima, por así decirlo. En 1993 firma "La forza della terra", comedia con presencia del filósofo del LSD Timothy Leary, y ahí acaba todo. Al menos, por un tiempo.
Como ha pasado en los USA con muchos cineastas originalmente considerados escoria (toda la ralea de "exploiters" de los sesenta hasta los ochenta) o en España (mírese el desvarío formado en torno al llamado "fantaterror"), la nueva generación italiana de fans del fantástico descubre la existencia de una película autóctona de terror a finales de los ochenta que, por singular, merece ser atendida (especialmente considerando su incursión en el catálogo de la “adorada” "Troma"). Ello insufla nueva vida a "Il Bosco 1" y a un Andreas Marfori retirado del cine y dedicado a la ventriloquía (¡¿?!). Claro, ya se conocen la cantinela, el desmadre es absoluto. Se tilda al film de legendario, se organizan tours por los lugares donde se rodó, Marfori es entrevistado, invitado a festivales especializados y el largometraje se reedita con todos los honores. No obstante, por mucho que los fans se dejen la piel intentando parapetar la verdadera naturaleza chusca del material, este es lo que es... solo que ahora no mola decirlo, a menos que sea con una sonrisilla y el ojo en efecto guiño. Así las cosas, Marfori corre a asegurar el tiro declarando que la hizo aposta de esa manera, regodeándose especialmente, como decía, en lo del 1 tras el título. Sí, ya, ahora cuéntame una de piratas, Andreito.
En cualquier caso, y dentro del tornado de descontrol, el director anuncia un "Il Bosco 1, 2" -bautismo inventado por mí, siguiendo la lógica de las cosas- rodada en formato digital y tira de "YouTube" para pedir montante. A día de hoy todavía no hay noticia de esa improbable secuela tardía, aunque sí de otro par de películas marca Marfori... por supuesto, acordes a su nuevo público, a tono con la imagen que se tenía de él, dentro del género con el que se le vinculaba y bien amarrado a las tendencias del momento. Se trata de dos extrañas coproducciones entre Italia y Rusia (¡ugh!), "Ataka sovetskikh zombi", que no falte una de muertos vivientes, y "Quest of fear", sobre un juego de mesa mortal. Todo ello parido a lo digital, claro y, desde luego, levantando muchas menos pasiones entre el fandom que aquel razonable viagra titulado "Il Bosco 1". La segunda de las películas mentadas está fechada el año 2018 y, desde entonces, Andreas Marfori no ha rodado nada más. Ni se sabe demasiado de él, ni de, por supuesto, su película de debut, beneficiada por el clásico arrebato de entusiasmo pasajero -y pajero- del fan medio, ese al que todo quisqui se apunta oportunamente y, tal como viene, se esfuma cuatro días después cual humareda (véanse los casos de "Troll 2", "Birdemic", "The Room", "Fateful Findings" etc, etc, etc...)

jueves, 30 de octubre de 2025

PARECIDOS (IR)RACIONALES

Estaremos de acuerdo en que Mick Garris nunca ha sido un gran cineasta, pero sí un insuperable organizador de eventos. A mediados de los dos mil impulsó la creación de "Masters of Horror", celebérrima serie cuya "raison d'être" consistía en dar carta blanca a muchos de los más emblemáticos directores del cine de terror para, básicamente, hacer lo que les saliera de la pepitilla. Es cierto que no todos los implicados en las dos temporadas podrían considerarse "Masters". Y que algunos acabaron confeccionando piezas muy poco inspiradas (Don Coscarelli, Tobe Hooper, Stuart Gordon…). Supongo que llevaban tantos años arrastrados por la marea de la mediocridad que no supieron aprovechar la oportunidad. Sin embargo, hubo unos poquísimos que sí. Como Dario Argento y el que nos ocupa hoy, John Carpenter.
El respetado responsable de "La noche de Halloween", "La Cosa" o "El príncipe de las tinieblas" llevaba tiempo anclado en la nadería más absoluta, y terminaría rodando dos capítulos para la serie de Mick Garris. El primero partió la pana. Al instante se consideró el mejor y su genuina resurrección (promesa finalmente incumplida). Cuantos más años pasan, más buena prensa adquiere. Estoy hablando de "Cigarette Burns" o, como la titularon absurdamente por acá, "El fin del mundo en 35 mm". Contaba la interesante epopeya de un buscador de películas raras que recibe el encargo de localizar una con muy muy mala reputación, "La Fin Absolue du Monde", dirigida en los setenta por un tal “Hans Backovic”. Al parecer, durante su paso por el Festival de Sitges de la época, volvió loca a la platea, que comenzó a agredir al prójimo o a sí misma. Y eso es algo que, dice la leyenda, le ocurre a todo aquel que la consume. Según iremos viendo a medida que la trama avanza, "La Fin Absolue du Monde" es, esencialmente, una pretenciosa película de arte y ensayo muy de su década, a base de impactantes imágenes surrealistas y sin genuina trama. Al final del capítulo terminaremos descubriendo que la maldad implícita en sus fotogramas obedece a una única razón, la presencia de un genuino ángel que el director logró capturar y retener.

A una trama tan llamativa y, sí, unos resultados tan estupendos, añadan el hecho de que "Cigarette Burns" no se andaba con mojigaterías a la hora de mostrar chicha. Truculencia. Gore. Cosa que resultó bien llamativa entonces porque, a diferencia de muchos de sus coetáneos, no era ese un elemento habitual en la larga filmografía de John Carpenter. Somos testigos de una decapitación que pone los pelos de punta, situada, además, en un contexto de cine "snuff", que siempre da mu mal rollo. Esto abriría otro melón, el de que "Masters of Horror" permitía a sus realizadores llevar el asunto de la violencia gráfica a los límites, aunque, finalmente, ello acabó pasándole factura a Dario Argento con sus aportaciones y, muy especialmente, a Takashi Miike con la suya. Pero no toca hablar del cineasta japonés, toca hacerlo de otro, uno alemán.
Marian Dora es un personaje sumamente misterioso. Nadie conoce su verdadera identidad. Aunque se ha dejado ver como actor brevemente en una película donde curró de machaca, básicamente su efigie no rula oficialmente por ninguna parte. En las entrevistas se sitúa a contraluz. Y tampoco suele acudir a festivales, básicamente porque le han amenazado de muerte un porrón de veces. Y con razón, añado yo. Es responsable de una serie de películas en las que se tiende a lo extremo. Aunque su verdadera "seña de identidad" consiste en que en muchas de ellas torturan y/o matan animales delante de la cámara, sin truco. Y, ocasionalmente, de modo bastante hijoputesco. Además, incluyen sexo explícito, desviado o no, escatología igualmente genuina, violencia a raudales y, en fin, que la obra de Marian Dora da mucha grima y, lógicamente, no cuenta con amplios canales de distribución. Por su nacionalidad y condición, habrá quien lo emparente con el ultra-gore germano que asoló nuestras retinas en los noventa, pero no. Aquellos eran unos papanatas sin mucho talento que se limitaban a imitar el terror yanki, solo que aumentado las dosis de carnicería. Dora estaría más cerca del Jörg Buttgereit de "Nekromantik", básicamente porque a ambos les perdía cierta pedantería, ciertas maneras "artys" que "justificaban" la brutalidad de sus imágenes, aparentemente desproveyéndolas de una intención "exploitativa" para aproximarlas a cuestiones más "respetables". De hecho, lo de Dora es especialmente exagerado. No digo ya el elemento "shock", me refiero a sus ventosidades intelectuales. Graba en vídeo, pero sacándole bastante más jugo que sus coetáneos (descarten aquí a Buttgereit, que tiraba de 16 mm). El hijo de perra sabe encuadrar, sabe iluminar y, ocasionalmente, lograr extraer belleza a las imágenes. Lástima de... todo lo demás.
En cualquier caso, y aparcando juicios morales, el "Magnus Opus" del tiparraco es una cosa larguísima de casi tres horas con la que lleva todas sus malas maneras hasta el borde del abismo. Pedantería para parar un tren. Sexo y guarradas a cholón. Y, lastimosamente, imágenes de violencia real contra animales en todo su crudo esplendor. Es aquella en la que más pueblos se pasa. La cosa gira en torno a cuatro personajes que se piran hasta un casoplón en plena montaña y allí, básicamente, se dedican a hacer todas las burradas mentadas, entre diálogos profundos y metafísicos. ¿El título? "Melancholie der Engel", es decir, la melancolía del ángel.

Déjenme añadir que, aunque costó muchísimo, finalmente logré verla entera. Fue una experiencia muy intensa y para nada divertida. Lo pasé bastante mal (obviamente, con las barrabasadas acometidas contra pobres criaturas) y sí, me dejó muy mal cuerpo. Enhorabuena Marian, lo conseguiste. La cuestión aquí es que andaba obsesionado con "Melancholie der Engel". Había leído tanto, y daba tanto miedo su mera existencia, que prefería enfrentarme a ella antes que seguir alimentando mi imaginación. Era, en cierto modo, una película legendaria y evitable. Era, por así decirlo, mi "La Fin Absolue du Monde" particular.
Con el tiempo llegué a sospechar que, tal vez, los guionistas de "Cigarette Burns" habían tomado "el clásico" de Marian Dora como fuente de inspiración para la película maldita de su trama. Hay ciertas similitudes, comenzando por el hecho de que todo en "La Fin Absolue du Monde" gira en torno a un ángel real pasándolo putas. Vale, no hay ángeles en "Melancholie..." salvo el del título, su sentido metafórico y el cartel, donde vemos la estatua de uno. Es interesante reseñar que el de la misma "La Fin Absolue du Monde" también incluye uno esculpido en mármol.


Y el de "Cigarette Burns" muestra al de "carne y hueso" que aparece en el capítulo (ver más arriba). Quizás los guionistas ni siquiera llegaron a consumir la peli del alemán torrao, solo leyeron y vieron algunas capturas, haciendo así su propia versión de lo que podría ser una cinta perversa, capaz de generar locura en sus espectadores, a base de imágenes tremebundas. Por otro lado, el director ficticio de "La Fin Absolue du Monde" es tan misterioso, enigmático y, sí, europeo como Marian Dora. Hay, también, cierta relación con la idea del cine "snuff" en "Cigarette Burns", cosa esta que revolotea continuamente en torno a "Melancholie der Engel" porque, aunque no se sesguen las vidas de “seres humanos” sin efectos de por medio -poco les falta-, sí ocurre con animales, por lo que la sensación de estar viendo "snuff" tampoco se diluye del todo.
Dora hizo su película en el año 2009, no obstante siempre menciona la cosecha audiovisual de los setenta como gran influencia, algo muy evidente. Y, ya rizando el rizo, uno de los protagonistas de "Cigarette Burns" es Udo Kier, actor alemán habitual de un cine como tirando a alternativo, radical o, directamente, marginal. Y no lo digo por sus intervenciones en las dos epopeyas de Andy Warhol / Paul Morrissey sobre "Drácula" y "Frankenstein", pal caso me refiero más al cineasta -ya fallecido-, también germano, Christoph Schlingensieff, cuya filmografía viene cargadita de esas películas entre lo "arty" y lo "shock", rodadas en 16mm desde la guerrilla, siendo su peculiar versión de "La matanza de Texas" la más conocida y que, sí, cuenta con Kier como uno de sus rostros principales.
Vivía convencido de que estos paralelismos entre "La Fin Absolue du Monde" y "Melancholie der Engel" eran cosa mía, pero no. Hace ya trece largos años alguien en un foro llegó a la misma conclusión. De hecho, lo explicaba mejor que yo sin necesitar tanta letra, le bastó con decir que la película de Dora "evoca el contenido siniestro y extremo en la elusiva "La Fin Absolue du Monde"". Totalmente. El resto del personal de ese mismo foro, no obstante, se decantaba más por el famoso -y aburrido- "Begotten" de E. Elias Merhige como genuino referente.
En fin, la cuestión aquí era aportar mi versión del asunto. Podríamos acudir a los guionistas de "Cigarette Burns" para preguntarles, pero mola más que toda esta movida siga siendo un misterio. Hoy día no abundan y se agradecen.

sábado, 13 de septiembre de 2025

IL GATTO NERO

Siempre pensé que "La madre del mal", última aportación de Dario Argento a su particular saga de las progenitoras cabronas (ya saben, precedida por "Suspiria" e "Inferno"), era lo que normalmente llamamos un "final deslucido". El fandom -y nuestro Víctor- flipó con ella, pero por la cantidad insalubre de gore bruto y desaforado. Sin embargo, tras la hemoglobina, no había nada. Y lo que había, tampoco valía mucho. De hecho, en mi más reciente revisión, no pude ni terminarla y me fui a dormir pensando aquello de "¿Podría haber un cierre peor que este?". Pues sí, podría. Tal y como descubrí con horror hace unas cuantas lunas.
Dicha joya comporta, además, una serie de problemas extra. De entrada, la ensalada de títulos. Me decantaré por el más "oficioso", "Il gatto nero" (tengan en cuenta que en algunos países llegó a estrenarse como ¡¡la sexta entrega de "Demons"!!). El otro problema es su director, el entrañable Luigi Cozzi / Lewis Coates. Me cae bien, la verdad, y duele admitir que su película es un truño inconmensurable.
Al mentado empacho de títulos debemos añadir un origen "caotizante". De primeras el proyecto nació como esa tercera parte oficial -mucho antes de "La madre del mal"- con guion de Daria Nicolodi y supuesta dirección de Dario Argento. Sin embargo, el asunto se fue al agua y, años después, la Nicolodi cedió su libreto a Cozzi quien, al no querer asumir la responsabilidad de poner fin a una franquicia tan respetada, se sacó de la manga un seudo homenaje, incluyendo en la trama referencias directas a "Suspiria", a Argento y reciclando la famosa banda sonora de "Goblin" para sendos pasajes (también hay guiño a "Seis mujeres para el asesino", recreando a su famoso psycho-killer, cosa que repetirá en el futuro). A Daria Nicolodi no le gustó el desaguisado y se apartó. Entonces, entra en escena Menahem Golan con su nueva y flamante "21st Century" dispuesto a adquirir la cinta. El hombre se había comprometido a rodar una adaptación de "El gato negro" según Edgar Allan Poe (muy de moda entre gerifaltes del subproducto por ahí finales de los ochenta) y, a falta de nada concluso, decide que la peli de Cozzi, con oportunos cambios y añadidos, daría el pego. Así, le pide al director que meta alguna referencia al relato de Poe y filme sendas escenas de un felino negro andando por ahí. El italiano accede (¡faltaría!), dando como resultado el esputo del que ahora les hablo. La presencia de la obra literaria es nula. Se justifica como la película dentro de la película que anda protagonizado la protagonista, ¿suena a galimatías?... pues eso no es nada. Como resultado obtenemos el gag más simpático de "It gatto nero", el director de dicha película dentro de la película no es otro que Michele Soavi, quien por la misma época rodaría "El engendro del diablo" -nacida de primeras como el "Demons 3" oficial. Sin embargo, trifulcas legales desestimarían su pertenencia a la saga... aunque en algunos mercados así es como se vendió, esta vez de manera no oficial. ¡¡Menudas paradojas pajeras!!-.
El caso es que la mentada actriz es pareja de un director de éxito especializado en horrores, quien anda preparando su nuevo gran proyecto, nada menos que un film basado en la existencia de otra de las terribles brujas de Thomas De Quincey (al que ya estrujaron Argento y la Nicolodi en su día), "Levana". Al ser mentada la invocan y despierta muy cabreada, con ganas de reencarnarse en el bebé de la protagonista... o eso creo. Por ello, se pasa el rato atormentándola a base de visiones propias de un mal refrito de "Pesadilla en Elm Street", mientras va despachando al resto del reparto en secuencias de licuosa y divertida truculencia, destacando ese estómago estallando al que tanto partido había sacado ya Cozzi en su "Contaminación: Alien invade la tierra".
Sentadas las bases, lo que queda es jolgorio narrativo y aburrimiento al peso.  Efectivamente, NO estamos ante la tercera de la saga, pero PODRÍA haberlo sido y eso provoca cagarrinas. Como parte del asunto "tributoso", Cozzi procura imitar las maneras de Argento recurriendo a luces de colorines y un inadecuadísimo rock duro -cortesía del grupo de tercera "Bang Tango"- ambientando sonoramente los momentos intensos, aunque luego se expanda a casi toda clase de situaciones. Por supuesto, el afán mimetizador no garantiza nada, porque lo que queda va trufado de muchas incongruencias + momentos absurdos y ridiculizables (con especial fijación en el careto de patata rancia que gasta la temible "Levana", así como esa desconcertante escena en la que todo se revela un disfraz, pero no, pero sí, pero tampoco...)
El reparto viene compuesto por una galería de nombres condenados a participar en esta clase de simpáticos furruños. Florence Guérin (con cierta retirada a Rose Byrne), Urbano Barberini (prota masculino del "Demons" original), Brett Halsey (de impresionante filmografía en la que no falta nadie: Antonio Margheriti, Lucio Fulci, Bruno Mattei, Jesús Franco o ¡Francis Ford Coppola!), Luisa Maneri ("Vicios Pequeños", "Body Count") y, por supuesto, una madurita Caroline Munro haciendo lo que puede.
Me da penica, de verdad, pero esto no hay dios que lo soporte.

sábado, 5 de julio de 2025

PAGANINI HORROR

Mientras hace siete días veíamos al Luigi Cozzi más despendolado, hoy toca centrarse en el "profesional", el artesano cumplidor, el director de cosas ultra-mediocres destinadas únicamente a rejuntar unas cuantas buenas liras para morir olvidadas. Toca hablar de "Paganini Horror", concebida por el cineasta -recurriendo, según el mercado, al seudónimo habitual de Lewis Coates - en plena etapa gris de su trayectoria, dejando atrás aquellos títulos que, no por menos chuscos, le habían proporcionado velados momentos de notoriedad, y viendo un futuro -el suyo y el del negocio- bastante poco halagüeño (justificadamente, añado).
Un grupo de pop-rock horterísimo anda en crisis. No logran componer un gran "hit", lo que cabrea como una mona a su agente. En eso que el teclista consigue la partitura original de una pieza inédita compuesta en su día por el célebre violinista Niccolò Paganini, con la idea de adaptarla a sus maneras. La elección del músico les viene de coña -al grupo y a la película misma- ya que arrastra la leyenda de haber vendido su alma al diablo a cambio de capacidades y gloria.
Embriagados de entusiasmo, deciden contratar a un famoso director de películas de terror para hacerles un vídeo-clip chévere que rodarán, nada menos, en la misma mansión veneciana donde Paganini hizo el diabólico trámite y, ya puestos, asesinó a la parienta (esto último invención de la película). Como es de ley, al poco de andar por ahí retozando y dándole lustro al instrumental, aparecerá ¿el fantasma? del violinista con ganas homicidas y pasarán un montón de cosas raras, entre ellas la apertura de un portal al mismísimo infierno.
Bien, "Paganini Horror" viene fechada el año 1988, ya con el cine fantástico "fetuccini" -sobre todo aquel de naturaleza "explioter"- dando sus últimos estertores. Según datos consultados, Cozzi pretendía inyectar a la trama su obsesión con los universos paralelos y demás zarandajas metafísicas, pero el productor, el célebre Fabrizio de Angelis -a quien como mecenas debemos buena parte de lo mejor del terror italiano de los ochenta (incluidos "clásicos" de Lucio Fulci o Enzo G. Castellari) y otros tantos furruños como director bajo el alias de Larry Ludman- le dijo que se dejara de monsergas y rodara una de terror convencional. Extrañamente, la versión que he visto sí lleva parte de todo ese material, así pues, o se trataba de un "director´s cut" (cosa bien dudosa, no es algo que se estile entre artesanos del ítalo-"trash") o en el guion original de Cozzi el asunto era todavía más desmadrado. Este venía co-escrito a medias con una de las actrices del film, la legendaria -y ya bajo tierra- Daria Nicolodi, entonces ex esposa y ¿ex? mano derecha de Dario Argento, quien le había negado sus créditos en aquellas películas de autoría compartida, incluida la intocable "Suspiria". Dicha elección narrativa -lo de las dimensiones y bujeros astrales- se agradece, porque otorga a "Paganini Horror" un algo levemente distinto, sin caer en la monotonía propia del slasher que, en principio, parece. No obstante, tampoco la salva de ser el pedazo de mediocridad que finalmente es, condimentada por actores acartonados y limitados, diálogos idiotas, truculencia discretita, ausencia de tetismo e incapacidad de provocar ninguna sensación salvo la del aburrimiento más atroz en infinitas dosis cuánticas.
Luigi Cozzi pudo desquitarse poco menos de treinta años después, desvariando a gusto en "Blood on Méliès´Moon". Algo es algo. Y, diré más, con todo lo "pura" que es "Paganini Horror" en su condición de "película de verdad" rodada a base de granulosos 35 milímetros y bla, bla, bla, me quedo con el despropósito digital posterior. Resulta bastante menos mortecino y denota el gozo que su director invirtió al realizarlo, todo lo contrario que el título ahora reseñado.
Por lo demás, pues un Donald Pleasence visto y no visto cumpliendo la papeleta a cambio de un bocata (luciendo esa sonrisilla golfa a la que solía recurrir para disimular las pocas ganas), un puñado de actores habituales de esta clase de materia (la negadísima Jasmine Maimone estuvo en "Demons", Pascal Persiano -gran apellido- en "Demons 2", Maria Cristina Mastrangeli repetiría en el futuro con el Cozzi más digital y Pietro Genuardi se prestaría a actuar en "Las puertas del infierno" de Umberto Lenzi o "Mi novia es un zombie" de Michele Soavi) y, como solía ser habitual, un maravilloso póster confeccionado -muy evidentemente antes de rodarse la película, pues la coincidencia de elementos es mínima- por ese "mostro" llamado Enzo Sciotti.

sábado, 28 de junio de 2025

BLOOD ON MELIES´MOON

El entrañable
Luigi Cozzi lleva décadas a la sombra de Dario Argento. No sé muy bien cómo se lo debe tomar, supongo y espero que bien, pero así es como es. Su última película con cara y ojos, rodada en 1989, "Il gatto nero", ya era un refrito del "universo argentiano". Curiosamente, coincide con el año que el director de "Suspiria" abrió las puertas de su celebérrima tienda "Profondo Rosso", donde Cozzi ejerce como de encargado. A aquella película le siguieron varios documentales, casi todos en torno a Argento y dirigidos por su amigo, pupilo y empleado. Así que, como quien dice, Luigi acumulaba más de 25 añazos sin dirigir ficción alguna (y propia). Entonces, ocurrió. El pequeño italiano sufrió la picadura de un bichito terrible, uno que ya había infectado previamente a un puñado de cineastas en horas bajas: el peliculismo digital. O la manera respetable de llamar a "grabar en vídeo". Aquel nuevo juguete le permitía crear sin invertir demasiado dinero, tirando de una vídeo-cámara común y un ordenador para la pos-producción, evitando rendir cuentas a productores mafiosos o mecenas inquisitivos. Luigi iba a poder hacer su nueva película desde la absoluta libertad, cosa esta que, como se había visto previamente, y se vería después, no siempre es algo bueno. El proyecto terminó titulado "Blood on Méliès´Moon", una carta de amor al cine en su forma más primigenia.
Confieso que, en cuanto tuve conocimiento de su existencia, me volví loco. Sonaba a puro delirio gozoso. Era consciente de que estos cineastas más bien limitados perdían el pedal en cuanto arramblaban herramientas digitales. Y, aún así, algo me decía que "Sangre en la luna de Méliè" (traducción del título al castellano) contaba con un "no se qué" distinto. Como consecuencia, me obsesioné. Llegué a soñar con la jodida película e interesarme por la filmografía de uno de los directores que aparecen efectuando un cameo (Luigi Pastore, del que me zampé una cosa horrible titulada "Violent Shit: The Movie" que, encima, se pretendía puesta al día de aquel cáncer audiovisual perpetrado por el insufrible Andreas Schnaas en su momento... ya, la combinación de factores produce escalofríos, ¿verdad?). Aunque, quizás, la anécdota más llamativa se produjo cuando, visitando Roma en plan turista el 2016, inevitablemente acudí a la tienda "Profondo Rosso", donde pregunté a Luigi Cozzi in person por "Blood on Méliès´Moon" (gracias a lo cual el hombre puso interés en nuestra hasta entonces fría charleta. Adjunto una imagen del encuentro). Ya regresado a la patria, me planteé comprarla vía "Amazon"... suerte que no lo hice.
La trama de la vídeo-movie resulta harto confusa. Vamos a ver si logro explicarla. Digamos que los distintos universos paralelos que nos rodean andan desmadrados. Se ha abierto una puerta interdimensional y la tierra va a ser totalmente destruida a menos que el director de "Star Crash, Choque de galaxias" intervenga. Ya, ya, cuesta entender por qué él nada menos, pero al final queda más o menos justificado. En cualquier caso, por ahí ronda un asesino enmascarado cargándose a la peña que le ayuda en sus pesquisas y... da igual. Solo les diré que "Blood on Méliès´Moon" es, literalmente, un PAJOTE INMENSO (dura dos horas y cinco minutos, nada menos. Uno de los muchos peligros propios de esa "libertad digital" antes aludida) que se hace Luigi Cozzi. Y, cuidao, no me parece mal. Para nada.
Él es el protagonista absoluto de la película, mostrándonos sus capacidades histrónicas y su afición por las muecas. Se marca un puñado de auto-felaciones (cita varias de sus obras, imágenes incluidas), se ríe un poco de sí mismo (es especialmente gracioso cuando toca el hecho de que le comparen con Ed Wood, cosa que le provoca pesadillas, literalmente) y, por supuesto, homenajea, guiña, recrea, plagia y roba toda suerte de films ajenos y añejos de los que, se entiende, es fan. No solo eso, además tira de agenda telefónica para solicitar cameo a todos sus colegas y, claro, algunos de ellos valen su peso en oro. Tal vez el más llamativo sea el de Lamberto Bava. Y ello da pie a tratar las, a mi parecer, genuinas virtudes de "Blood on Méliès´Moon".
Esta no deja de ser una película amateur. Y son las partes en las que Cozzi, directamente, recicla material propio de un vídeo casero las más disfrutables y honestas. Citaba el cameo de Bava Hijo, bien, ese material se grabó aprovechando un comida en comuna. Así, vemos momentos de pura realidad, con todos los comensales charlando, riendo y hablando de los comestibles preparados por el propio director de "Demons". Es tal el disfrute, que Cozzi saca la cámara del trípode y, sin querer, incluye este dentro del cuadro. Ahí, gráficamente dispuesto, cosa que me parece maravillosa. Luego, tenemos un puñado de imágenes de viajes turísticos del colega, como la visita que efectúa a México o a un París bien presente en la "trama". Por supuesto, también Dario Argento se deja ver, lo justo y sin mojarse demasiado. Puede que el hombre lleve años sin atinar, pero no es tonto y sabe que, mucho o poco, debe mantener impoluto el escaso prestigio que le queda. Por eso, únicamente le vemos durante una sesión de firmas de su autobiografía en la misma "Profondo Rosso". Lo de actuar lo reserva solo para ocasiones especiales bajo el mandato de directores con "pedigree", caso de ese reciente "Vortex" según Gaspar Noé. La tienda, eso sí, tiene mogollón de presencia en "Blood on Méliès´Moon". Casi continua. Y ya no digamos el cacareado sótano de los horrores, donde se graban muchos momentos de "importancia para la "historia"", incluido el desenlace.
Vale, lo reconozco, la peli en sí es un puto caos, un lío tremendo, un exceso absoluto que no hay por donde pillarlo. Cozzi se muestra totalmente auto-indulgente, haciendo literalmente lo que le da la putísima gana y eso, repito, lo aplaudo... aunque, obvio, el resultado final esté lejos de apasionarme. De hecho, al principio parecía que la cosa iba a molar, por su ritmo acelerado y la cantidad de movidas que se desarrollan en poco tiempo. Sin embargo, al descubrir que únicamente habían transcurrido 45 minutos, comenzaron los sudores fríos y tembleques.
Pero, a pesar de eso, y los bostezos, semi-disfruté de "Blood on Méliès´Moon". Al menos tiene cierta originalidad. Cozzi podría haber grabado una secuela tardía de alguno de sus títulos "con solera" (ya nos entendemos). O confeccionar algo al servicio / gusto de los fans, darles lo que él creía podrían esperar. O caer en lo más trillado y mortecino con un slasher del montón. Pero no, el hombre se curra la peli que él querría ver, y eso es admirable. Y lo respeto. Lástima que se pase tres pueblos con los efectos digitales, los filtros y todas las pijadas y mandangas propias de esta (ya no tan) nueva tecnología. Un caramelo demasiado jugoso del que uno puede correr el riesgo de abusar, hasta el empacho. El asunto se torna aturdidor y agobiante.
Ante tal panorama, el que "Blood on Méliès´Moon" no pertenezca a un género concreto, sino mezcle varios, resulta de lo más lógico. En esencia no deja de ser una peli de fantasía pura, casi para niños -un "La invención de Hugo" versión "trash"-, trufada de mucha ciencia-ficción (y ahí es donde detectamos al Cozzi más Cozzi, con todos los colorines, lucecitas y rayitos que tan cachondo le han puesto siempre), solo que, ocasionalmente, se suman dosis de terror puro, incluso de truculencia. A la manera de Argento, pero en plan zaparruco. Ejemplo: el asesino enmascarado apuñala a sus víctimas mientras de fondo oímos los desvaríos de alguna banda metalera marca "Hacendado", al son de la chorreante hemoglobina.
En fin, voy a ir terminando ya o no acabaré nunca. Como decía, "Blood on Méliès´Moon" anda hasta las trancas de referencias, citas afectuosas y personal de interés, pero no me apetece ponerme a indagar en "Imdb". Háganlo ustedes. Simplemente diré que, desde luego, se hace pesada de cojones y te pierdes al minuto cinco, pero tampoco carece de su encanto, su gracejo, ni que sea por ver a Luigi Cozzi disfrutando como un crío con zapatos nuevos y, también, perder mucho peso de un plano a otro. El cabrón hasta lo justifica en un auto-diálogo... porque, sí, como buen italiano no puede evitar acompañar sus acciones con palabras en las que explica lo que ya estamos viendo.
Tan bien lo pasó, que desde entonces no ha podido evitar seguir explotando lo digital hasta hacerlo sangrar. Las siguientes locuras que perpetró fueron "I piccoli maghi di Oz" y "La battaglia di Roma 1849", es decir, una vuelta de tuerca al famoso libro de L. Frank Baum y una bélica de época recreando sendo hecho histórico. Válgame cristo. Claro que estas han tenido muchísima menos repercusión que "Blood on Méliès´Moon", seguramente por su total desvinculación con el terror y, también, porque la peña escarmentó con aquella y ya no estaba dispuesta a picar de nuevo.

sábado, 20 de julio de 2024

VIAJE AL CENTRO DE LOS CRAMPS + AXEGRINDER 666

Siempre he sentido bastante simpatía por "The Cramps". Desde que los descubrí a mediados de los ochenta adquiriendo el vinilo de "El regreso de los muertos vivientes", sin saber ande coño me metía, pero sistemáticamente atraído por esa irrepetible y maravillosa cubierta. Y redondeado, el mismo periodo, por su entonces recién editado "A date with Elvis", regalo cumpleañoso de mi hermana. Con el tiempo me pillaría más material del combo y, aunque no lo escucho asiduamente, de vez en cuando cae y entra bien (o mal, pero simplemente porque no es el momento adecuado. Esas cosas pasan con sonidos tan específicos). Llegados los noventa, "The Cramps" comenzó su lento y progresivo declive, hasta la muerte del frontman, y absoluta mitad de su mero existir, Lux Interior. El otro cincuenta por ciento, como saben, era cosa de la carismática guitarrista, Poison Ivy. Pues, justo, sobre ellos gira este "Viaje al centro de los Cramps", firmado Dick Porter, una notable biografía por la que sentía franca curiosidad y anduve persiguiendo hasta dar con ella en una biblioteca. Así, en plan revisión generalista, se puede decir que la lectura es amena, genuinamente entretenida, con buen ritmo... aunque, al chaparlo, te queda una sensación raruna de la que aluego hablaré.
"The Cramps" eran Lux e Ivy. Ivy y Lux. El resto, peña que pasaba por allí, dejaba más o menos huella, y terminaban largándose por distintos motivos. La historia de aquel par es sanamente envidiable. Dos personas de apetencias peculiares y un pelo excéntricas se conocen, se gustan, se aman, echan adelante su sueño de tener un grupo de genuino rock and roll, a pesar de no disponer de la mínima experiencia, y triunfan. Vivieron juntitos las décadas siguientes, gozando de la aventura musical y alguna extra de tipo cinematográfica que, obvio, son las que más cosquillas me daban mientras leía. Que sí, que el cine es mi primer amor, a pesar de los pesares.
Los "Cramps" participaron como actores en "The Foreigner" de Amos Poe (donde agredían con genuinas navajas y consiguientes cortes reales a su protagonista, Eric Mitchell, dato este ignorado en el libro). Aportaron una canción fabulosa a la mentada "El regreso de los muertos vivientes" (en la época se decía que también salían interpretando a unos zombies, pero el tochito no lo confirma... ni desmiente). Colaboraron en el "Drácula" de Coppola. John Waters rechazó unos temas que grabaron para "Cry-Baby, el lágrima" (básicamente porque dejó el curro a un subordinado. Otra muestra más de la discutible "autenticidad" del mangante y vendido director de "Pink Flamingos", ¡¡¡espero que ardas en el infierno!!!) y, por supuesto, Lux puso voz a una resultona copla de "Bob Esponja".
El resto, lo estrictamente musical, no se sale de la norma. Disco nuevo, consiguiente gira. Y así todo el rato, con pequeños momentos de pausa para contarnos puntuales trifulcas. Pero sin mucha variación. Y, de hecho, pasa con la bio de los "Cramps" lo mismo que con la de Mel Brooks. O la de Dario Argento. A medida que los años van sumándose, y el grupo asentando y profesionalizando, todo se vuelve más monótono. Desapasionado. Rutinario. Lux e Ivy se limitaban a cumplir con su curro y poco más, materia esta que contribuye al poso raro del que hablaba. Pero esas cosas ocurren cuando, como digo, alcanzas ciertas cotas de popularidad y credenciales. Nada que criticar al respecto. Desde el principio, Lux e Ivy tenían clarísimo que no deseaban ser de culto, su intención consistía en triunfar a lo grande y formar parte del mainstream, solo que sin cambiar un ápice su manera de hacer. Obviamente iba a ser prácticamente imposible... pero consiguieron aproximarse mucho.
Y, justo, gracias a la lectura, me dio por revisar algunos de sus discos. Decidí que serían el acompañamiento ideal para ilustrar sonoramente el visionado de sendas ponzoñas. A estas alturas ya deberían conocer mi hobby. Y, buscando, me decanté por una titulada "Axegrinder 666" (no lo niego, su llamativa caratula contribuyó).
Es un fenómeno tan fascinante como desconcertante. El mundillo del SOV y, por ende, el de las plataformas, anda plagado de auténticas franquicias adscritas al slasher. Títulos compuestos de interminables entregas, con sus propios pseudo-Jasons (la verdadera razón de que existan), siendo "Truth or Dare" (cuya primera dosis llegó acá bajo el título de "Eliminator") o "Camp Blood" las más extensas. Incluyan en el pack a "Axegrinder" y sus seis chutes. Ninguno consumible más allá de su terreno. Sin embargo, y ahí viene la parte fascinante, es tanto el tirón que gastan esta clase de subsubproductos que, eventualmente, su responsabilidad "directiva" recae en manos de ciertos "nombres" -dentro de lo suyo, el "clickxploitation"- como los de Mark Polonia, Joe Sherlock o Dustin Ferguson.
La parte desconcertante viene dada por el hecho de que, en fin, como dijo aquel en una ocasión, ¿qué sentido tiene querer situarse tras una cámara para dejar explotar tu creatividad y, luego, decantarse por el más rutinario, inimaginativo y hueco de los subgéneros? ¿cuánto más dará de sí el asunto de los campistas acosados y espachurrados por un tipo con careta? En el fondo, si lo miras bien, el devoto de esta clase de películas dedica gran parte de su tiempo de ocio a ver personas insufribles haciendo cosas inútiles y dialogar sin decir nada, a base de cháchara interminable y vacía, durante minutos y minutos y minutos... solo para poder presenciar un par de tetas -otra reflexión: ¿qué son sino dos bolsas de grasa colgantes?, ¿de verdad nos ponen tanto como para justificar tal mandanga?- y un par de crímenes que, encima, ni son creativos ni espectaculares. Triste y miserable existencia la nuestra, amigos.
En el caso de "Axegrinder 666" todo eso se multiplica por diezmil. Para empezar, la pandi de víctimas son un grupo de góticos -en su universo no existe nadie más que no pertenezca al gremio- que ya suman unos cuantos años de edad -incluso más de unos cuantos- y otros tantos de grasa, especialmente si nos referimos a las señoritas. Hablan y hablan, sobreactúan, dicen sandeces sin descanso, son absolutamente inaguantables, irritantes, totalmente "anti-empatizantes", para, finalmente, caer en las zarpas del asesino de rigor. ¿Merece la pena la espera? No mucho, la verdad...
Los efectos gore resultan de lo más rudimentario, echando mano de material de un "Party Fiesta" al que han añadido algo de pintura roja y algún cacho de carne cruda sacada del supermercado, pero poco más. El mismo asesino luce, tras la reglamentaria careta, otra en plan cadavérico que, se supone, es su verdadero rostro. La embadurnan de tomate para disimular, pero los agujeros de los ojos siguen dando el cante. No me entiendan mal, ¡adoro esas tácticas! pero solo cuando no pretenden hacerse pasar por genuinas, menos formando parte de algo que intenta desesperadamente parecerse al cine de verdad, sin lograrlo. Y uno se ofusca porque, entiende, un producto de esta naturaleza debería cuanto menos ofrecer ingentes cantidades de la más extrema violencia, a base de detallada carnicería efectuada látex mediante por algún voluntarioso fan del género. Si le quitas eso, ¡¿qué demonios queda?! y, por ende, ¡¿qué sentido tiene su mero existir?!
En fin. ¿Algo bueno que decir? pues sí, Cara Fay, actriz de talento y belleza que merecería más suerte, y el desenlace, no del todo desdeñable. El único momento de la función donde, por fin, osan transgredir un pelín la biblia del slasher. Lástima que, para entonces, ya sea demasiado tarde.

miércoles, 20 de marzo de 2024

"CREEPSHOW", A DOS GRADOS DE SEPARACIÓN

Desde los albores de este blog, escribir maravillas con respecto a "Creepshow" ha sido una obsesiva constante. Hasta hartar. Bien, lo que igual desconocen es que el clásico de George A. Romero guarda una serie de conexiones muy particulares con otros asuntos de índole igualmente apasionante, al menos para el que suscribe.
Tan apasionantes como mi otra película favorita (y que cae un puesto por delante de "Creepshow"), "Posesión Infernal". Ambas vienen emparentadas por un mismo nombre, el del agente Irvin Shapiro y, más gracioso aún, un pedazo de tema musical "vintage" de naturaleza "stock". Concretamente "Jazz Traditional - Charleston" de Erik Markman.
Se puede oír en los créditos finales de "Posesión Infernal" (o cuando el personaje de Bruce Campbell corre al sótano a por munición) y en una escena de la de George A. Romero. Mientras aquí tiene toda la lógica del mundo, sonando jukebox mediante junto a otras partituras del mismo periodo, en la previa... ¿por qué? Lo tenemos tan asumido que no vemos extrañeza en ello, ¿decantarse por un tema tan alegre y dicharachero al final de un film de horror tan intenso y más después de ver morir a su héroe? Bien, según se dice por ahí, consciente Sam Raimi de lo crudo, sangriento y oscuro del film, quiso compensarlo finalizando con semejante pieza. Tiene sentido. Sonaba tal que asín...

Habrá quien diga "También las dos películas comparten año de producción". Vale, pero eso creo que es más circunstancial, teniendo en cuenta que “Posesión…” tardó varios en completarse. Todo ello -y la presencia de Shapiro, supongo- permitió que ambas joyas acudiesen al festival de Cannes de aquel año mano con mano, dejando para la posteridad imágenes tan legendarias como las respectivas pancartas promocionales, una al lado de la otra, o la instantánea histórica de Sam y George juntos en el balcón de un hotel de la población franchute. Irrepetible.


Pero no acaba aquí la cosa.
¿Cómo se quedan si les digo que existe otro hilo conector entre "Creepshow" y.... mi héroe, George Kuchar? ¿Y qué tiene ello de extraño? Hombre, lo del clásico de Sam Raimi dispone de cierta lógica por año de producción, género y naturaleza... pero Kuchar pertenece a otro universo, otro nivel -uno más subterráneo-, y por ello la movida se torna exótica y marciana. Eso sí, para nada es una cuestión directa, que los dos Georges se conocieran y fuesen de cañas. En realidad, se debe a una tercera persona, Peggy Ahwesh.
En los ochenta Peggy era una punkilla que, además de ir a conciertos, pillaba una cámara de súper 8 y confeccionaba cortos con los colegas. Algunos de orden seudofeminista (al menos procedía en una época que eran poco comunes, ahora es feminista hasta el anuncio de cocacola). Un día, organiza una serie de proyecciones y, puesto que su hábitat natural resulta ser Pittsburgh, invita al cineasta más relevante del lugar, Don Romero. Se hacen amigos y, para cuando este arranca con "Creepshow", enchufa a la muchacha en funciones de asistente de algunos actores, entre ellos Ed Harris, quien se unió a ella, y su pandi, para terminar bailando pogo en algún concierto punk. Mítico. Ya puestos, fue la niñera de Joe King (hijo de Stephen, el niño del vudú/lector del tebeo y actual reputado escritor de terrores por... ¿cuenta propia?) y ayudó a ensuciar de verde el decorado de "La solitaria muerte de Jordy Verrill". ¡¡Vaya suertuda!!. Si se fijan bien en los títulos de crédito finales, la localizarán con la versión "seria" de su nombre, Margaret. 
Conclusa esta etapa (de la que aprendió tanto como para reconocer la gran influencia que tuvo en su cine el director de "La noche de los muertos vivientes", junto a otros ilustres: Dario Argento, Mario Bava y Lucio Fulci), Peggy, más en consonancia con su naturaleza “underground”, termina metida en los caóticos y alocados rodajes que el gran George Kuchar se marca como profesor en el "San Francisco Art Institute". 
Concretamente, sale caracterizada con un atuendo extravagante -algo muy propio de las Kucharadas- y haciendo el ridículo -algo muy propio de las Kucharadas- en una de las epopeyas más demenciales, extrañas y escatológicas del Maestro, "Evangelust", un palo desalmado a los tele predicadores que Kuchar grabó vídeo mediante a finales de los ochenta a base de caca y vómitos. Ahí va imagen del histórico encuentro...

Paralelamente, Peggy Ahwesh también se dejó ver en algunos video-diarios de Kuchar (concretamente: "Rainy Season", "Return to the House of Pain", "Fill Thy Crack with Whiteness" y "Munchies of Melody Manor"), pero esa es otra historia. En cuanto a su propia carrera, pues siguió pariendo cortos raros, dio el salto a los 16mm, luego al vídeo y finalmente las imágenes generadas por ordenador. Se hizo profa de bellas artes y hoy rula por Vimeo publicado las cosicas que inmortaliza mediante celular. Nada, todo muy aburrido y pretencioso... lo realmente interesante acá era contar su apasionante vínculo directo con sendas apasionantes movidas.
La próxima vez que entren en este blog y se encuentren con la enésima entrada dedicada al clásico de Romero (o al de Raimi), conténganse las ganas de destruir el ordenador. Como ven, hay motivos de sobras para amar a la(s) jodida(s).